sábado, 27 de novembro de 2010

La Policía de Río cerca a los narcos del Complexo Alemão


Juan Arias
El País

Los primeros narcotraficantes del Complexo Alemão, cercado por un imponente aparato policial y militar desde la madrugada, han empezado a entregarse. En ese barrio, el mayor y más violento grupo de favelas de Río de Janeiro, se han ido concentrando en los últimos días cerca de 1.000 narcos que huían de los barrios ya pacificados en los que las fuerzas de seguridad habían logrado instalarse.

El comandante de la Policía Militar, coronel Mario Sérgio Duarte, dio el ultimátum hace unas horas: "Quién quiera entregarse, que lo haga ahora". Un portavoz policial, el coronel Lima Castro, ha añadido en rueda de prensa: "Estamos dándoles una oportunidad de no morir. No vamos a desistir de pacificar a Río. Estamos llegando a los momentos finales". Según las últimas cifras oficiales, la batalla que mantienen las Fuerzas de Seguridad contra los traficantes desde el pasado domingo se ha cobrado al menos 45 víctimas mortales.

El coordinador de la ONG AfroReggae, José Junior, ha entrado en la favela con otras cinco personas para intentar un diálogo con los narcos acosados en el conjunto de favelas en guerra. Según ha contado el propio José Junior en su cuenta de Twitter, los primeros narcos ya se están entregando con carteles con la palabra PAZ. Esa misma palabra mostraba sobre su vientre una mujer embarazada que alzaba las manos en medio de la calle desafiando a los tiroteos.

Orden de confinamiento

Las fuerzas del orden han destinado un lugar concreto, en la calle Joaquín Queiroz, donde pueden entregarse los traficantes de droga que lo deseen. La consigna es que lleguen con el fusil encima de la cabeza, entreguen las armas y sean registrados. Pero no se espera que todos lo hagan: los militares han alertado a la población del Complexo Alemão para que se confine en casa cuando los policías y militares entren en conflicto con los narcos que prefieran seguir luchando.

Sin embargo, el hecho de que algunos haya pedido un mediador para negociar la rendición, el propio ha sido interpretado por los analistas como una señal de que esta vez los traficantes han entendido que los responsables del orden público de Río, , no están dispuestos a retroceder. Las autoridades quieren demostrar a la opinión mundial que Río "esta vez va a ser pacificada".

Río se juega, en efecto, mucho si la operación en curso, la primera realmente capaz de dar la batalla final contra los narcos en los últimos 40 años, fracasa. Podría hasta aguarse la posibilidad de que la ciudad realice en paz los Juegos Olímpicos de 2016. Algunos medios extranjeros han señalado en los últimos días que las autoridades olímpicas podrían decidir pasar el relevo a otra ciudad si Río no demostrara que es capaz de mantener el orden público.

La segunda ciudad de Brasil en tamaño, con más de diez millones de habitantes, está continuamente amenazada por los narcos, que hasta ahora han campado a sus anchas demostrando poseer un poder paralelo al Estado y de estar mejor armados que las mismas fuerzas del orden. Eso sin contar con las connivencias que mantienen con algunos políticos locales a los que sufragan campañas electorales o con jueces fáciles de sobornar cuando tienen que juzgar a los suyos.

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