terça-feira, 22 de julho de 2014

Sobre los dilemas del crecimiento

Mateo Aguado
Dominio público

El escritor y filósofo Augusto Klappenbach publicó el pasado 9 de julio un artículo en el blog Dominio Público titulado “Perplejidades sobre el crecimiento” que me gustaría comentar, tratando de sugerir respuestas a algunas de las muchas preguntas y dudas que en él se plantean.

Klappenbach presenta en su escrito una aproximación a la contradicción que, según él, existe entre “la necesidad de recuperar el crecimiento de la economía y la necesidad de un decrecimiento global para mantener el equilibrio del planeta”. El autor contrapone así dos ideas básicas: 1ª) que el crecimiento económico es, a largo plazo, una fuente de insostenibilidad ecológica (pues induce -a través del sistema capitalista y de su devoción por el consumo constante- una tremenda presión sobre la biosfera); y 2ª) que el crecimiento económico es, a su vez, una herramienta para luchar contra la pobreza y la miseria (en busca, se entiende, de que todos logremos alcanzar una vida digna).

Este dilema aparece bien reflejado cuando Klappenbach sugiere lo siguiente: “Si se pretende alimentar a los 850 millones de personas que pasan hambre, construir viviendas para quienes no la tienen, educar a los cientos de millones de analfabetos, asegurar asistencia médica a quienes carecen de ella y atender a la discapacidad, hará falta construir edificios, utilizar tractores, camiones, trenes, ordenadores, laboratorios, etc. con la enorme utilización de recursos, de gasto de energía y emisiones contaminantes que ello implica”. Y continúa con la siguiente pregunta: “¿Es posible satisfacer las necesidades elementales de miles de millones de personas sin proseguir con la destrucción de los recursos naturales y la contaminación del medio ambiente?”

Desde mi punto de vista hay dos cuestiones fundamentales que deben sopesarse adecuadamente para abordar correctamente este asunto -aparentemente- contradictorio. La primera de ellas es la cuestión de la escala. La segunda la del reparto.

Respecto a la primera cuestión cabe mencionar que las dos ideas contrapuestas por el autor respecto al crecimiento (recordemos: crecimiento como fuente de insostenibilidad global Vs crecimiento como herramienta frente a la pobreza) no tienen en realidad por qué ser enfocadas como contradictorias, pues actúan a diferentes escalas espacio-temporales: mientras que el crecimiento de la economía supone -efectivamente- una seria amenaza para la sostenibilidad del planeta cuando se produce a escala global y de forma continuada, no debería significar ninguna amenaza grave para la biosfera cuando tiene lugar a una escala menor (local o regional) y durante un periodo corto y determinado de tiempo (se entiende, el necesario para que su población salga de situaciones indeseadas de hambruna, pobreza o miseria alcanzando una vida digna).

Sin embargo, tal y como Klappenbach aborda este asunto pareciera que nos encontramos abocados a un callejón sin salida. O aceptamos el deterioro ecológico del planeta o aceptamos que exista la miseria social en ciertas regiones del mundo. Y aquí es donde cobra fuerza la segunda cuestión clave: la cuestión del reparto. O dicho de otra forma, la cuestión de que algunos deberían aprender a vivir bien con menos para que todos podamos -simplemente- vivir con dignidad. Se trataría, en último término, de una especie de confluencia social entre pueblos y naciones amparada en el concepto supremo de justicia y que bajo ninguna circunstancia debería sobrepasar, a nivel global, los límites biofísicos que el planeta nos impone.

De esta manera la verdadera salida al complejo trinomio crecimiento-sostenibilidad-justicia pasa en el fondo por que las naciones más ricas y opulentas decrezcan de un modo contundente en aras de disminuir nuestra presión global sobre la biosfera y en aras, también, de que las naciones más desfavorecidas puedan avanzar hacia una vida buena y digna sin que ello signifique incurrir en insostenibilidad. Debemos comprender, como argumentaba Yayo Herrero el pasado año en una entrevista, que “si vivimos en un planeta con recursos naturales limitados, es evidente que el reparto de riqueza es la única forma de caminar hacia la justicia”. A lo que habría que añadir que es también la única forma de avanzar hacia la sostenibilidad socio-ecológica.

Por lo tanto, las dos ideas que contrapone Klappenbach no son, según mi opinión, conceptos contrapuestos ni contradictorios sino más bien todo lo contrario: son concepciones complementarias de lo que significa la sostenibilidad ecológica y la justicia social; son, al fin y al cabo, dos caras inseparables de una misma moneda.

Me gustaría terminar este artículo recomendando una lectura: el Manifiesto Ultima llamada; un valioso texto hecho público el pasado 7 de julio que cuenta con el apoyo de cerca de 250 científicos, académicos, intelectuales, activistas y políticos de toda España. Se trata de un llamamiento esencial a cambiar radicalmente nuestro modelo económico, energético, social y cultural para lograr mantenernos dignamente sobre un planeta justo y sano en los complejos albores del siglo XXI.

quinta-feira, 5 de junho de 2014

La barbarie deportiva. Crítica de una plaga mundial

Marc Perelman
Rebelión

Cuando la conflictividad social se acentúa en Brasil a las puertas del mundial, este libro analiza qué hay detrás de la industria deportiva

Fue lanzada recientemente la versión en español del libro La barbarie deportiva. Crítica de una plaga mundial de Marc Perelman. Cuando la conflictividad social se acentúa en Brasil a las puertas de un mundial de fútbol que ha generado principalmente descontento e indignación, este libro analiza en perspectiva lo que hay detrás de un concepto tan incuestionado como el de deporte. Marc Perelman propone una crítica que abarca desde el papel de instituciones internacionales como la FIFA o el COI, hasta la manera en que la competición impregna moral e ideológicamente la vida cotidiana. La naturalización de las lógicas competitivas en la vida social, la normativización estética, la sexualidad y la homosexualidad en el deporte, o el transfondo religioso de los acontecimientos de masas, son algunos de los temas que aborda Perelman. Para él, el deporte se ha convertido en el hecho religioso del modo de producción capitalista.

En pocos decenios, el deporte se ha convertido en una potencia mundial ineludible, la nueva y verdadera religión del siglo XXI. Su liturgia singular moviliza al mismo tiempo y en todo el mundo a inmensas masas agolpadas en los estadios o congregadas ante las pantallas de todo tipo y tamaño que los aficionados visualizan de manera compulsiva. Estas masas gregarias, obedientes, muchas veces violentas, movidas por pulsiones chovinistas, a veces xenófobas o racistas, están sedientas de competiciones deportivas y reaccionan eufóricas a las victorias o a los nuevos récords, mientras permanecen indiferentes a las luchas sociales y políticas, sobre todo la gente joven.

La propia organización de un deporte de alcance planetario, fundamentado en un orden piramidal opaco, se ha erigido y consolidado como un modo de producción y reproducción socioeconómico que lo invade todo. El deporte, convertido ya en espectáculo total, se afirma como el medio de comunicación exclusivo, capaz de estructurar en toda su profundidad el día a día de millones de personas, desde la fisonomía de las ciudades, hasta los ritmos de trabajo y la estructuración del tiempo libre.

El nuevo récord, la mejora del rendimiento, el sometimiento del cuerpo por encima de los límites humanos, se convierte en la base del espectáculo, en su única motivación, en el fin que lo justifica todo, por lo que el dopaje y las intervenciones-agresiones en el cuerpo del atleta se han convertido en la normalidad de un deporte que juega al escondite con los controles antidoping, mientras los deportistas se lanzan a una carrera alocada contra su propia vida. Apisonadora aniquiladora de la Modernidad decadente, el deporte-espectáculo lamina todo a su paso y deviene el proyecto de una sociedad sin proyecto.

segunda-feira, 2 de junho de 2014

España: Miles de ciudadanos se manifiestan a favor de la república

Redacción
El País

Varios miles de ciudadanos se manifiestan a esta hora en decenas de ciudades españolas a favor de la república y para reclamar un referéndum en el que el pueblo decida si quiere que continúe o no la monarquía tras la abdicación del Rey. La protesta, difundida a través de las redes sociales, es especialmente numerosa en Madrid: en la Puerta del Sol hay concentradas al menos 20.000 personas, según fuentes policiales.

También en la plaza de Catalunya, en Barcelona, varios miles de personas se concentran portando banderas independentistas catalanas y republicanas españolas. Los manifestantes en Madrid se han congregado en un ambiente tranquilo, pacífico y con numerosas banderas republicanas, gritando consignas como "Lárgate, Felipe, rájate", "El Borbón, sin pensión" o "España, mañana, será republicana".

La protesta, que no ha sido comunicada a la Delegación del Gobierno en Madrid y por lo tanto —según ha indicado esta institución a Europa Press— es ilegal, se desarrolla también en más de medio centenar de ciudades españolas y algunas ciudades europeas como París, Bruselas, Oporto o Berlín.

A la convocatoria en la capital han acudido cinco diputados de Izquierda Unida, encabezados por su coordinador general, Cayo Lara, y miembros de Equo, liderados por Juan López de Uralde. "La República no ha llegado todavía pero ya está cerca con la abdicación del Rey", ha asegurado el coordinador general de IU, para quien "es el momento de dar la palabra al pueblo soberano para que los ciudadanos decidan si quieren, mediante referéndum, una Monarquía o una República".

Juan López de Uralde también ha reclamado la convocatoria de una consulta. "Más aún cuando estamos inmersos en una crisis institucional", ha asegurado. Bajo las etiquetas #ElReyAbdica #ReferendumYA #APorLaTercera y #IIIRepublica, los usuarios de la red social están enviando mensajes de apoyo a la República y en los que piden que el pueblo sea consultado tras la abdicación del Rey.

En Madrid, la concentración estaba convocada a partir de las ocho en la Puerta del Sol, en Barcelona, en la Plaza de Catalunya a la misma hora; en Bilbao, en la Plaza Arriaga; en Sevilla, en la Plaza Nueva y en Valencia en la Plaza del Ayuntamiento.

Izquierda Unida, Podemos y Equo han reclamado la celebración de un referéndum sobre el modelo de Estado ante el anuncio de don Juan Carlos. Las tres formaciones han pedido que la renuncia del monarca sirva para consultar a la ciudadanía si prefiere una monarquía o una república. La izquierda española se ha movido este lunes entre la versión más comedida y oficialista del PSOE; y las reivindicaciones de las fuerzas emergentes. En el primer bando se ha situado el secretario general de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, que ha afirmado que la abdicación del Rey abre un tiempo nuevo en el que don Felipe de Borbón representa el respeto a la Constitución y la normalidad institucional.

En el segundo, el eurodiputado de Izquierda Unida Willy Meyer ha abogado por una consulta ciudadana. "La democracia del siglo XXI exige que se convoque un referéndum vinculante a todo el pueblo para decidir si se quiere república o monarquía", ha afirmado, mientras que, a través de Twitter, la formación ha reclamado que "el pueblo decida". A modo de reivindicación, el grupo de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Madrid ha colgado una bandera republicana en el balcón que la formación tiene en el Consistorio, y cuya foto ha difundido también por la red social.

También Equo ha manifestado que "es el momento de dar la voz a la ciudadanía para que esta decida sobre el modelo de Estado", pues la renuncia del Rey "no debe saldarse con una simple sucesión sino por una salida democrática con la puesta en marcha de un proceso constituyente en el que se incluya un referéndum que permita elegir entre monarquía o república".

Esta posición ha sido canalizada mediante una proposición no de ley que ha presentado hoy mismo en el registro del Congreso el diputado de Compromís Joan Baldoví. En el texto, plantea que todos los cargos públicos y representativos del Estado español, incluida la Jefatura del Estado, sean designados mediante elección de los ciudadanos, ya sea de manera directa o a través de sus representantes, como establece el artículo 23 Constitución Española. Así, Compromís propone que el Congreso de los Diputados inste al Gobierno a impulsar el proceso legislativo que regule la situación creada ante la abdicación del rey, estableciendo el principio de elección directa o a través de sus representantes de todos los cargos públicos e institucionales, incluida la Jefatura del Estado, por parte de los ciudadanos.

En esta misma línea se ha pronunciado el líder de Podemos, Pablo Iglesias, quien ha afirmado que "la democracia implica que la gente pueda votar", por lo que si el Gobierno entiende que Felipe de Borbón tiene la confianza de los ciudadanos, debe convocar un referéndum. Iglesias ha invitado al PSOE a "ser valiente" ya no respaldar la ley orgánica necesaria para formalizar la abdicación y permitir que "el pueblo" se pronuncie.

quinta-feira, 29 de maio de 2014

Argentina se acerca al grupo que emerge

Nicolás Lantos
Página 12

La Argentina fue invitada a participar de la sexta cumbre del Brics, el principal bloque de países emergentes, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que se en julio en la ciudad de Fortaleza, en Brasil. Según informó ayer el canciller ruso, Sergei Lavrov, tras una reunión con su par argentino, Héctor Timerman, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner participará del encuentro, que tendrá lugar en la ciudad brasileña de Fortaleza, donde también podría mantener una reunión bilateral con el presidente ruso, Vladimir Putin. El convite es una nueva señal del interés de este grupo de países por acercar a la Argentina, luego de que el mandatario chino Xi Jinping anunciara una visita de Estado a Buenos Aires para julio, y fue celebrado en la Casa Rosada como “una nueva señal de que el país no sólo no se encuentra aislado del mundo, sino que está cada vez más y mejor integrado”.

Señal de los tiempos que corren, la noticia fue dada a conocer a través de Twitter, en la cuenta del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso: Estamos invitando a la Argentina a un encuentro durante la cumbre BRICS en Brasil este mes de junio. En su viaje a América Latina, Vladimir Putin tendrá la oportunidad de encontrarse con CFK y otros presidentes, informó la Cancillería de Moscú a través de dos mensajes publicados minutos después de que concluyera la reunión bilateral y el almuerzo de trabajo entre Lavrov y Timerman, en el que el ruso manifestó el interés de su país de incrementar las inversiones en la Argentina, particularmente en el sector energético.

Según un comunicado difundido luego por el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, durante la reunión ambos diplomáticos “repasaron la situación internacional a nivel global y regional, asumiendo que los conflictos internacionales tienen una solución sustentable únicamente si se trabaja en el fortalecimiento de un sistema multilateral sólido basado en la cooperación y la colaboración mutua y la no intervención en asuntos internos de otros estados por medios económicos, políticos o militares”, en la línea de la protesta contra los “dobles estándares” en materia de política global que manifestó Fernández de Kirchner en foros internacionales.

En el encuentro entre los dos cancilleres se firmó también una declaración conjunta sobre la abstención de emplazamiento de armamento en el espacio extraterrestre, y dieron los primeros pasos para cerrar en un futuro próximo acuerdos en diversas materias que van desde cooperación penal judicial, usos pacíficos de la energía nuclear, cooperación tecnológica y temas relativos a la defensa. Además, ambos destacaron la cooperación del Estado ruso en el desarrollo de la campaña antártica argentina correspondiente a este año.

“Con relación a las relaciones económicas, se plantearon los aspectos necesarios para continuar intensificando el comercio bilateral, promoviendo a su vez inversiones y emprendimientos conjuntos”, agrega el comunicado, que también menciona la voluntad rusa de estrechar relaciones con toda la región dentro del marco del Mercosur. Y por último hubo una reafirmación, por parte de Moscú, del apoyo a la posición argentina en el reclamo por la disputa de la soberanía de las islas Malvinas y el Atlántico Sur, que Rusia sostiene de forma consistente tanto en ámbitos bilaterales como en los organismos internacionales.

El comunicado de Timerman, en tanto, puso énfasis en la asociación estratégica que existe entre los dos países. “Tiene base en una visión común sobre la esencia de las relaciones internacionales y los valores y objetivos de bienestar común que ambas naciones estamos construyendo.” Timerman expuso sobre la creciente cooperación Sur-Sur que busca llevar adelante la Argentina y propuso incluir a Rusia en proyectos de cooperación triangular, propuesta que Lavrov consideró “una excelente oportunidad de cooperación conjunta”, en pos del objetivo ruso de acercarse a América latina y a Africa.

Con todo, la noticia más relevante es la invitación extendida por Rusia a la Argentina para que participe en junio de la cumbre del Brics, sigla formada por las iniciales de los nombres de los miembros que conforman lo que es el principal bloque de países emergentes del mapa: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que en conjunto comprenden una cuarta parte del Producto Bruto del planeta, el 20 por ciento de todas las inversiones y casi la mitad de la población mundial. “La invitación reafirma la revalorización de la Argentina en el concierto de naciones, donde pasó en la última década a ser una voz cada vez más escuchada”, se jactaban en la Casa Rosada luego del anuncio.

Fernández de Kirchner es, entonces, la primera jefa de Estado de un país no miembro en ser invitada a la cumbre de Fortaleza, a la que ya confirmaron asistencia, además de Putin y la anfitriona Dilma Rousseff, el presidente chino Xi Jinping, el indio Pranab Mukherjee y el sudafricano Jacob Zuma. La posibilidad de que esta invitación termine decantando en la incorporación definitiva de la Argentina al bloque es todavía incierta: aunque ese asunto “aún no está en discusión” de manera oficial “es cierto que se está hablando en canales paralelos”, reconocen en el Gobierno, donde mencionan el antecedente de Sudáfrica, que se sumó al bloque en 2010, dos años después de que se conformara, transformando el BRIC en Brics. “Quién dice el año que viene sea Bricsa”, se entusiasmaban.

El bloque se conformó en 2008 para formalizar el fortalecimiento de las relaciones entre sus miembros que había comenzado algunos años antes: el intercambio comercial entre las economías que lo integran pasó de 21 mil millones de dólares anuales en 2001 a más de 280 mil millones de dólares en la actualidad, más de trece veces más y casi el 15 por ciento del comercio global. Este crecimiento se mantiene aún hoy a una tasa del 28 por ciento por año y apunta a alcanzar los 500 mil millones en 2015. “Esto evidencia el desarrollo de las relaciones Sur-Sur, que se tornan cada vez más importantes y de las que la Argentina no puede ser excluida por tratarse de uno de los países más grandes del hemisferio”, analizan fuentes oficiales.

sexta-feira, 23 de maio de 2014

Homo Futbolensis: A los primates nos gusta jugar

Pablo Herreros
El Mundo

Un amigo de la infancia de Charles Darwin contaba que cuando los niños invitaban a jugar al fútbol al futuro padre de la Evolución, prefería explorar por su cuenta en el bosque. Pero a principios del siglo XIX todavía no existía la pasión actual por este deporte. Hoy la fiebre futbolera sin duda hubiera llamado la atención del naturalista británico, ya que los comportamientos y actitudes que mostramos en los encuentros deportivos son universales. La histeria colectiva que desatan en todo el planeta partidos como la final de la Champions que enfrentará al Real Madrid con el Atleti nos lleva a pensar en sus orígenes biológicos, hundiendo sus raíces en el pasado hace cientos de miles de años.

El fútbol fue introducido en España a finales del siglo XIX por inmigrantes británicos que vinieron a trabajar en las minas. Estos obreros formaron los primeros equipos para pasar las horas muertas jugando entre ellos. Rápidamente se extendió por el resto de la población española debido a la facilidad con la que se puede practicar. A diferencia de otros deportes que requieren complejos equipamientos e instalaciones, en el fútbol sólo es necesario un balón. Pero según los antropólogos, la época en que emerge no es casualidad. En Europa, el fútbol se hace popular al mismo tiempo que desaparece la importancia de la caza para el sustento, es decir, cuando comienza la Revolución Industrial. Desde aquellos años, el fútbol se ha convertido en el deporte más extendido, practicado o seguido en los cinco continentes por cientos de millones de personas.

Entonces, ¿esta pasión universal es producto de la casualidad o es consecuencia de alguna necesidad adaptativa? Desde la ciencia creemos que su éxito se debe a que el fútbol posee características que conectan con nuestro pasado más tribal, así como también con el desarrollo de las capacidades necesarias para ser un buen cazador y guerrero. Por esta razón, el fútbol -aunque también otros deportes de equipo como el rugby, el béisbol o el baloncesto- son los que más éxito han tenido en las sociedades contemporáneas, precisamente las que han sustituido el modo de vida del cazador-recolector por el trabajo asalariado y la industria. Pero también en las que el número de hombres que van a la guerra es mínimo comparado con tiempos anteriores. El deporte vendría a llenar ese vacío.

La relación que existe entre la lucha y el deporte es patente. Perseguir, golpear objetivos con proyectiles o acechar a los enemigos son exigencias que encontramos en ambas actividades. Por ello, otros ven las raíces del deporte en las batallas bélicas. Una evidencia de la conexión entre la guerra y el deporte la encontramos en los Juegos Olímpicos de la antigüedad, que se celebraron durante más de 400 años en la ciudad griega de Olimpia. En ellos era costumbre llegar a una tregua que permitiera concentrarse y diera libertad de movimiento a los deportistas. Se enfrentaban varias ciudades independientes, muchas de las cuales estaban en guerra entre sí. Las disciplinas consistían en correr, saltar, luchar, lanzar jabalinas y competir en carreras de cuadrigas. Todas las pruebas ensalzaban virtudes que eran imprescindibles para los guerreros de entonces.

Primates juguetones

A los primates nos gusta jugar. Somos un orden de especies muy juguetonas de nacimiento porque nos permite explorar el entorno y a los compañeros en un contexto de seguridad, sin que tenga graves consecuencias. De hecho, las especies más inteligentes del reino animal son las que más tiempo dedican al juego. En los juegos de persecución y localización humanos, como los indios y vaqueros o el escondite, detectamos huellas de nuestro pasado evolutivo como cazadores-recolectores y guerreros. También los grandes simios juegan ensayando esas mismas capacidades.

Hasta hace bien poco, el éxito en la caza y en la guerra era fundamental para la supervivencia del grupo. Aún hoy en día lo es para los chimpancés. Para los humanos de hace miles de años, conseguir carne era mucho más complicado que en la actualidad. No había supermercados ni carnicerías donde te la daban a cambio de dinero. Muy al contrario, en la selva o en la sabana, a veces se regresaba a casa con las manos vacías, lo que tenía consecuencias negativas para la viabilidad del grupo.

Por si fuera poco, las batallas con otras tribus vecinas eran frecuentes. Por eso los mejores cazadores y guerreros obtenían gran prestigio en la comunidad y gozaban de una alta posición social. Éste es el origen de nuestra fascinación por deportistas de élite como Cristiano Ronaldo o Diego Costa. De vivir aún en el Paleolítico, todos querríamos tenerlos como miembros de nuestra tribu. Varios estudios antropológicos entre los hazda de Tanzania y los aché de Paraguay han demostrado que los hombres prefieren cazar con los que son hábiles en estas actividades, porque así tienen más probabilidades de conseguir carne de calidad. Es decir, estas tribus también eligen a los Ronaldos.

La demostración de habilidades físicas y mentales en público proporciona a los deportistas un escenario ideal para probar que poseen las características deseadas por la tribu, lo que provoca un aumento en su estatus. En Grecia, los atletas más famosos se hacían millonarios y sus ganancias eran mayores en términos relativos que las de muchos deportistas en el presente. En algunas tribus de Brasil, como es el caso de los canela, sucedía idéntico fenómeno. Los ganadores de unas carreras en los que cargan troncos podían elegir mujer y eran premiados con alimentos y otros bienes.

En nuestras sociedades ocurre algo similar. Es un hecho que los atletas resultan más atractivos para el sexo contrario. Un estudio llevado a cabo en Francia con deportistas universitarios llegó a esta conclusión. En otra investigación se demostró que los militares americanos tienen el doble de éxito para encontrar pareja que los civiles. La razón es que las hembras pueden escoger a un macho con mejores genes si saben su estado físico y otras habilidades mentales, que son visibles cuando practicamos deportes o peleamos. Esto ayuda a explicar las innumerables conquistas de las estrellas del fútbol entre las top model más cotizadas del planeta.

Simios tribales

Pero el fútbol no se puede reducir a lo que sucede en el campo entre los jugadores. De manera simultánea se producen diversos fenómenos sociales en las gradas, los bares y en los sofás de las casas. Porque si algo llama la atención es que los humanos también disfrutamos al observar a otros hacer deporte, como le sucede a Homer Simpson y a todos los aficionados al sillón ball. ¿Por qué? Mediante la observación de otros medimos y evaluamos las fuerzas de nuestro equipo pero también las del contrario. Es como cuando dos adolescentes se enzarzan en juegos de pelea, en la que tanto los protagonistas como los observadores extraen valiosa información: cuál es su agilidad, fuerza, rapidez, etc. Con esos datos puedes elegir mejor a quién enfrentarte y a quién es preferible evitar. Además, estas peleas en broma no son sólo un juego. También son una manera de mantener la dominancia y el liderazgo. Los simios también observan a otros jugar y pelearse. A veces hasta parece que tomen parte por uno de los contrincantes por las vocalizaciones que emiten. Si en broma no puedes con el alfa, ¿para qué intentarlo de verdad? Por eso algunos dictadores del pasado se tomaron tan en serio los encuentros deportivos y los mostraban como victorias de guerra o símbolos de supremacía.

Los seres humanos hemos vivido cientos de miles de años en tribus y anteriormente en comunidades de primates, por lo que nuestra psicología se desarrolló para responder a las necesidades de aquella época. De ahí proviene nuestra tendencia a crear continuamente grupos y subgrupos de aliados en los que encontrar seguridad. En ellos también construimos nuestra identidad, la cual se define en oposición a otras identidades. No nos manejamos bien en comunidades numerosas y por eso creamos divisiones, para poder gestionar las relaciones de manera más controlada.

Los equipos de fútbol reflejan esta necesidad, como también los barrios, el lugar de nacimiento u otras características que permitan identificarnos con grupos de menor escala y a la vez nos diferencien de otros. Lo interesante es que estas tribus enfrentadas en la final de Lisboa, como les pasa a las tribus africanas ante una amenaza de mayor tamaño, se fusionarán y se opondrán a otras en el Mundial de Brasil pocas semanas después. Por lo tanto, hay una constante dinámica de fusión y fisión en la que unos se necesitan a otros dependiendo del contexto y el peligro externo.

La creación de equipos locales e hinchas sigue la misma lógica. O con otras palabras, la tribu del Real Madrid, no podría existir sin las tribus del Barcelona o el Atlético, o a la inversa. Por ejemplo, en estudios sobre la modernización en Latinoamérica, se ha comprobado que tanto Argentina como Brasil han usado el fútbol para inculcar una identidad o carácter nacional basado en el éxito en contraste con otros países de la zona. Un análisis sociológico de mitos como Garrincha o Maradona llegó a esta conclusión.

En las gradas, los aficionados también nos comportamos como verdaderas tribus: gritos, ritos de transición, cantos especiales, demostraciones de agresividad, etc. Ser socio o aficionado de un equipo de fútbol es como ser miembro de una religión. Tantos los seguidores del Real Madrid como del Atlético lo son en su mayoría desde nacimiento y se trata de un asunto familiar. Los padres llevan a sus hijos al Calderón o al Bernabéu, por lo que la lealtad se hereda de una generación a la siguiente. Algunos los hacen socios incluso antes de nacer y los bautizan con bufandas. Son como rituales de adscripción a la manada, de la misma manera en que la etnia de los nuer, en Sudán, pintan a sus hijos con los símbolos de la tribu.

Así que el próximo 24 de mayo en la final de Lisboa, cuando dé comienzo el partido, recuerden que hay algo más en juego que una copa de metal. Es la final de las finales para las tribus europeas. Una prueba más de que nuestra mente, lo queramos o no, sigue atrapada en nuestro pasado tribal de primates cazadores y guerreros.

quinta-feira, 22 de maio de 2014

Algunas ideas sobre el Capital de Piketty

David Harvey
Rebelión

A continuación publicamos la reseña que el profesor David Harvey ha hecho del libro de Thomas Piketty El Capital en el siglo XXI. David Harvey es profesor en la City University of New York, y lleva más de 40 años enseñando, divulgando e investigando sobre la opera magna de Marx, El Capital.

Algunas ideas sobre Piketty

Thomas Piketty ha escrito un libro llamado El Capital en el Siglo XXI que ha causado un cierto revuelo. Defiende los impuestos progresivos y un impuesto global sobre la riqueza como la única forma de contrarrestar las tendencias hacia la creación de una forma de capitalismo “patrimonial” marcada por lo que califica como desigualdades de riqueza y renta “aterradoras”. A su vez, documenta de una forma minuciosa y difícil de refutar, cómo la desigualdad social tanto en riqueza como en renta ha evolucionado a lo largo de dos siglos, con un énfasis particular en el rol de la riqueza. Destruye la idea ampliamente extendida de que el capitalismo de libre mercado extiende la riqueza y que el mayor bastión en la defensa de libertades individuales. El capitalismo de libre mercado, cuando se hayan ausentes las intervenciones redistributivas del Estado produce olgarquías antidemocráticas, tal y como demuestra Piketty. Esta demostración ha dado alas a la indignación liberal mientras que ha enfurecido al Wall Street Journal.

El libro se ha presentado a veces como el sustituto del siglo XXI a la obra del XIX de mismo título de Karl Marx. Piketty ha negado que ésta sea su intención, lo cual parece justo dado que su libro no trata en absoluto del capital. No nos explica por qué se produjo el crash de 2008, ni por qué a la gente le está costando tanto tiempo salir del mismo bajo la carga doble del desempleo prolongado y los millones de hogares desahuciados. No nos ayuda a entender por qué el crecimiento se halla ahora mismo ralentizado en los EEUU en comparación con China, ni por qué Europa se halla atrapada entre las políticas de austeridad y el estancamiento económico. Lo que Piketty nos muestra mediante estadísticas (y ciertamente estamos en deuda con él y sus colegas por ello) es que el capital ha tendido a crear, a lo largo de su historia, niveles cada vez mayores de desigualdad. Esto, para muchos de nosotros, no es ninguna novedad. Era exactamente la conclusión teórica de Marx en el Volumen Primero de su versión del Capital. Piketty no resalta esto, lo cual no es ninguna sorpresa, ya que para defenderse de varias acusaciones de la prensa de derechas de que se trata de un criptomarxista, ya ha señalado en varias entrevistas que no ha leído el Capital de Marx.

Piketty recoge muchos datos para apoyar sus argumentos. Su explicación de las diferencias entre renta y riqueza es útil y convincente. Y desarrolla una defensa razonable de los impuestos sobre sucesiones, la tributación progresiva y un impuesto global a la riqueza como un posible antídoto (aunque con toda seguridad, inviable políticamente) a la creciente concentración de riqueza y poder.

Pero ¿por qué se produce esta tendencia a una mayor desigualdad a medida que pasa el tiempo? A partir de sus datos (condimentados con algunas interesantes alusiones literarias a Jaune Austen y Balzac) deriva una ley matemática para explicar lo que pasa: la incesante acumulación de riqueza por parte del famoso uno por ciento (un término popularizado gracias al movimiento “Occupy”, por supuesto) es debido al simple hecho de que la tasa de retornos del capital (r) siempre supera a la tasa de crecimiento de renta (g). Piketty dice que ésta es y ha sido siempre la “contradicción central” del capital.

Pero una periodicidad estadística de este tipo difícilmente puede constituir una explicación adecuada, y mucho menos una ley. Así que ¿qué fuerzas producen y mantienen dicha contradicción? Piketty no nos lo dice. La ley es la ley y punto. Marx obviamente habría atribuido la existencia de dicha ley al desequilibrio de poder entre capital y trabajo. Y esa explicación todavía se sostiene. El declive constante en la participación del trabajo en la renta nacional desde los años 70 se deriva del poder político y económico en decadencia del trabajo mientras que el capital movilizaba tecnología, desempleo, deslocalizaciones y políticas anti-trabajo (como las de Margaret Thatcher y Ronald Reagan) para aplastar a su oposición. Como Alan Budd, un asesor de Margaret Thatcher, confesó en un descuido, las políticas contra la inflación de los años 80 resultaron ser una “muy buena forma de aumentar el desempleo, y aumentar el desempleo fue una forma extremadamente atractiva de reducir la fuerza de la clase trabajadora… lo que se diseño allí fue, en términos marxistas, una crisis del capitalismo que recreaba un ejército de reserva del trabajo y que ha permitido a los capitalistas generar grandes beneficios desde entonces”. La diferencia en remuneración entre un trabajador promedio y un alto directivo estaba alrededor de 30:1 en 1970. Hoy en día se halla fácilmente sobre los 300:1 y en el caso de McDonald’s, sobre los 1.200:1.

Pero en el Volumen Segundo del Capital (el cual Piketty no ha leído, a pesar de que alegremente lo deseche) Marx señaló que la tendencia del capital a la depresión salarial en algún momento llega a restringir la capacidad del mercado de absorber el producto del propio capital. Henry Ford reconoció este dilema hace tiempo, cuando instituyó los 5 dólares por día para sus trabajadores para, según decía, aumentar la demanda de los consumidores. Muchos pensaron que la falta de demanda efectiva era lo que se hallaba tras la Gran Depresión de los años 30. Esto es lo que inspiró las políticas expansivas keynesianas después de la Segunda Guerra Mundial y produjo como resultado cierta reducción en las desigualdades de renta (aunque no tanto en las de riqueza) junto a un crecimiento estimulado por una intensa demanda. Pero esta solución descansaba en el empoderamiento relativo del trabajo y la construcción de un “estado social” (según el término que usa Piketty) financiado por una tributación progresiva. “Y así “ escribe “durante el periodo 1932-1980, casi medio siglo, el mayor impuesto federal sobre la renta en los Estados Unidos era como promedio del 81 por ciento”. Y esto no limitaba de ninguna forma el crecimiento (otra de las pruebas que Piketty aporta para refutar ideas de la derecha).

Hacia el final de los años 60, estaba claro para muchos capitalistas que necesitaban hacer algo acerca del poder excesivo del trabajo. Y así, la retirada de Keynes del panteón de economistas respetables, la transición al pensamiento de Milton Friedman, la cruzada para estabilizar cuando no reducir los impuestos, para desmontar el estado social y para castigar a las fuerzas del trabajo. Después de 1980, los tipos impositivos máximos descendieron y las ganancias de capital –una de las mayores fuentes de renta de los ultraricos- tributaban a un índice mucho inferior en los Estados Unidos, canalizando de el flujo de riqueza de forma intensa hacia el uno por ciento. Pero el impacto en el crecimiento, según muestra Piketty, fue negligible. Así que el “goteo” [trickle down] de los benefícios desde los ricos al resto (otra de las creencias favoritas de la derecha) no funciona. Nada de esto fue el resultado de una ley matemática. Todo era política.

Pero entonces, la ruleta dio una vuelta entera y la pregunta se convirtió en: ¿dónde está la demanda? Piketty ignora de forma sistemática esta pregunta. En los años 90, la respuesta fue escamoteada gracias a una enorme expansión del crédito, incluyendo la extensión de las finanzas hipotecarias a los mercados sub-prime. Pero la burbuja resultante estaba condenada a estallar, tal y como hizo entre el 2007-2008, llevándose consigo a Lehman Brothers y al sistema de crédito. Sin embargo, los índices de beneficios y la concentración aún mayor de riqueza privada se recuperaron muy rápidamente después de 2009, mientras el resto del mundo aún lo seguía pasando mal. Los índices de beneficios empresariales están ahora tan altos como siempre en los Estados Unidos. Las empresas están sentadas sobre montones de billetes, y se niegan a gastarlos porque las condiciones del mercado no son sólidas.

La formulación que hace Piketty de la ley matemática esconde más de lo que revela acerca de las políticas de clase que están en juego. Tal y como Warren Buffet señaló: “por supuesto que hay una lucha de clases, y es mi clase, la de los ricos, los que la están librando, y vamos ganando”. Una de las formas clave de medir esta victoria son las desigualdades de riqueza y renta crecientes del uno por ciento respecto al resto del mundo.

Hay, con ello, un problema central al argumento de Piketty. Y éste descansa en la definición errónea que hace del capital. El capital es un proceso, no una cosa. Es un proceso de circulación en el cual el dinero se utiliza para crear más dinero a menudo, pero no exclusivamente, a través de la explotación de la fuerza de trabajo. Piketty define el capital como el stock de todos los valores que son propiedad privada de los individuos, corporaciones y gobiernos, y que pueden servir para el comercio en el mercado, sin importar si estos valores están siendo utilizados o no. Esto incluye los terrenos, la propiedad inmobiliaria y los derechos de propiedad intelectuales, así como también mi colección de obras de arte y joyería. El cómo determinar el valor de todas estas cosas es un problema técnico difícil al que todavía no se ha dado una solución satisfactoria. A fin de calcular una tasa de retorno, r, tenemos que disponer primero de una forma de otorgar valor al capital inicial. Por desgracia, no hay forma de valorarlo independientemente del valor de los bienes y servicios que se usa para producir, o de por cuánto se puede vender en el mercado. El conjunto de la escuela neoclásica de economía (que es la base de las ideas de Piketty) está basado en una tautología. La tasa de retorno del capital depende de forma crucial en el índice de crecimiento porque el capital se valora en base a lo que produce y no según lo que se ha utilizado para su producción. Su valor está altamente influenciado por las condiciones especulativas y puede verse distorsionado por la famosa “exuberancia irracional” que Greenspan supo detectar como característica de los mercados de acciones y vivienda. Si quitamos las casas y la propiedad inmobiliaria – y eso sin hablar del valor de las colecciones de arte de los hedge funders – de la definición de capital (y la razón para incluirlas es bastante floja) entonces la explicación de Piketty para las desigualdades crecientes en riqueza y renta se desmorona, incluso aunque su descripción del estado de las desigualdades en el pasado y el presente todavía permanezca en pie.

El dinero, los terrenos, la propiedad inmobiliaria, las fábricas y las máquinas que no se utilizan de forma productiva no son capital. Si la tasa de retorno del capital que se utiliza es alta, es porque una parte del capital se retira de la circulación y a efectos prácticos, está de huelga. Restringir el suministro de capital a las inversiones nuevas (un fenómeno que podemos observar que ocurre ahora mismo) garantiza una alta tasa de retorno en el capital que sí que está en circulación. La creación de esta escasez artificial no es algo que sólo hagan las compañías petroleras para garantizar sus altas tasas de retorno: es lo que hace todo capital cuando tiene la oportunidad de hacerlo. Esto es lo que se halla tras la tendencia para que la tasa de retorno del capital (no importa cómo se defina o mida) siempre supere la tasa de crecimiento de renta. Es así como el capital garantiza su propia reproducción, sin que le importen las desafortunadas consecuencias que pueda tener para el resto de nosotros. Y es así como vive la clase capitalista.

Hay muchas cosas valiosas en los datos ofrecidos por Piketty. Pero su explicación de por qué las desigualdades y las tendencias oligárquicas aumentan incurre en un error de bulto. Sus propuestas para remediar dichas desigualdades son inocentes, si no utópicas. Y ciertamente, no ha ideado un modelo que explique el capital del siglo XXI. Para ello, todavía necesitamos a un Marx, o a su equivalente actual.

segunda-feira, 19 de maio de 2014

Sonámbulos: Las lecciones de 1914

Guillermo Altares
El País

El historiador Christopher Clark defiende en ‘Sonámbulos’ que la I Guerra Mundial fue una elección de los hombres de Estado.

Pocas veces un libro de historia consigue un éxito global tan contundente como el que ha logrado el profesor de Cambridge Christopher Clark (Sidney, 1960) con Sonámbulos, un ensayo de 800 páginas (más de 100 son notas) sobre el principio de la I Guerra Mundial publicado en castellano por Galaxia Gutenberg. Harold Evans lo calificó en The New York Times de “brillante” y “fascinante”, mientras que el historiador R. J. W. Evans escribió en The New York Review of Books que era “el más consistente, sutil, perspicaz y provocador” de todos los libros publicados en el centenario del principio del conflicto, que se conmemora este verano.

El libro ha sido un best seller en Reino Unido y en Alemania, y acaba de ganar en Francia el Premio Aujourd’hui a la mejor investigación histórica. “Los protagonistas de 1914 eran como sonámbulos, vigilantes, pero ciegos, angustiados por los sueños, pero inconscientes ante la realidad del horror que estaban a punto de traer al mundo”, escribe en este ensayo, en el que trata de cambiar la pregunta que permite entender el comienzo de la catástrofe de las catástrofes: no responder al porqué, sino responder al cómo.

Clark, que confiesa que tiene el correo electrónico saturado de peticiones tras el éxito de su libro, visitó Madrid este lunes, invitado por la Fundación Ramón Areces, donde dio una conferencia dentro de un ciclo dedicado al aniversario. “Más que intentar cambiar la respuesta, mi objetivo era tratar de cambiar la pregunta”, explica en una entrevista. “Responder al porqué plantea muchos problemas, ya que nos lleva a respuestas muy abstractas: imperialismo, chovinismo, nacionalismo, y se van añadiendo causas hasta que se crea la ilusión óptica de que Europa era un volcán a punto de estallar, como si hubiese algo inevitable, como si las personas que tomaron las decisiones que llevaron a la guerra fuesen víctimas de otras fuerzas. Pero me parece una visión equivocada. Esta guerra fue elegida por los hombres de Estado que la desencadenaron. Pensar en cómo explica mucho mejor cómo ocurrieron las cosas”.

Este historiador, profesor en Cambridge desde 1987 y autor de un famoso libro sobre Prusia, Iron Kingdom, lanza un puñado de ideas polémicas sobre aquellos días que pasaron entre el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, el 28 de junio, y el inicio de las hostilidades, el 3 de agosto. La primera de ellas es que no hay un culpable claro, la segunda es que la guerra era evitable, incluso, escribe en Sonámbulos, “improbable”. No está claro si resulta inquietante o reconfortante la idea de que con otras decisiones de un puñado de actores se hubiesen evitado cuatro años de destrucción total y 20 millones de muertos, entre militares y civiles.

“Imagine que el complot para asesinar al archiduque hubiese fracasado. Sabemos que hubiese regresado a Viena y que habría ido a despedir a su muy belicoso jefe del Estado Mayor, Franz Conrad von Hötzendorf. Las voces a favor de la paz hubiesen prevalecido. El peligro de guerra entre Austria y Serbia hubiese estado mucho más lejano. Imagine también otro posible camino: los británicos estaban barajando en el verano de 1914 abandonar su relación con Rusia y buscar una alianza con Berlín, lo que hubiese ocurrido en julio, pero no pasó a causa de la crisis. Se abre una constelación totalmente diferente. Las causas que explican cómo pasamos de Sarajevo a una guerra en Europa 37 días después son decisiones a muy corto plazo, muy rápidas”.

“Todos son responsables, aunque algunos son más responsables que otros. Creo que las mayores responsabilidades se reparten entre Viena, Berlín y París. Quería huir de la noción de que la culpabilidad debe ser el concepto que lo organiza todo”, prosigue. “Hay que reconocer que con pequeños cambios, las cosas hubiesen sido diferentes”.

Clark ha escrito bastantes artículos sobre los paralelismos entre 1914 y 2014 porque terminó de escribir su libro cuando el euro estaba al borde del precipicio. Cree que la comparación con la crisis de Ucrania es “superficial”, pero que sí se puede establecer un paralelismo más profundo con la actuación de los Gobiernos europeos durante la crisis. “Todos los actores eran conscientes en 1914 de que existía el peligro de un desastre total, pero no era suficiente para superar su egoísmo. Los dirigentes de 1914 me recuerdan a los jugadores en un casino: existe una desconexión total entre las ganancias que los jugadores creen que van a conseguir y el hecho mismo de que el casino existe, y es un negocio precisamente porque, al final, siempre pierden”.

Sonámbulos es una mina de información sobre la Europa de principios de siglo, sobre los actores que empujaron el mundo hacia la guerra —todos hombres, destaca Clark, que “hacen referencias constantes a su masculinidad en su lenguaje”, otra idea del libro que ha provocado muchos comentarios—, sobre la diplomacia europea, sobre los conflictos anteriores a la Gran Guerra (Libia, 1911). Pero también es una obra que enseña a leer el pasado con la mirada puesta en el futuro. “La gran lección de 1914 es que nos enseña hasta qué punto las cosas pueden ir mal cuando la gente deja de hablar, cuando el compromiso es imposible. 1914 también nos recuerda que las guerras pueden llegar como consecuencia de decisiones rápidas y de cambios súbitos e imprevisibles en el sistema”.