sexta-feira, 3 de julho de 2015

Três mitos gregos e uma ausência

José Vicente Barcia
Público

A social-democracia europeia, se é que ainda podemos chamá-la assim, é cúmplice ativa das políticas que estão assassinando a sociedade grega.

A Europa já sem alma e armada de capital e tem toda a munição nas mãos para romper, esmagar e difamar uma Grécia ferida de morte com o avanço do duro e planejado processo de empobrecimento de sua sociedade. Com os golpes emerge a aprendizagem, que são os que orientam o machucado povo grego, os suicídios na Praça Sintagma, as chantagens que se acumulam e não param, levando o país a uma espécie de labirinto vivo. Muitos mitos vão sendo construídos sobre a Grécia e é importante que eles sejam esclarecidos, a favor das razões para a mudança.

1. Devolver é o mais urgente. Ainda assumindo a falácia de que a Grécia é única responsável pela origem de sua dívida com os credores europeus, parece incompreensível que, nessa situação atual, o tema principal, o realmente urgente, seja ressarcir a dívida. Os dados da realidade helênica mostram até que ponto a economia europeia vive num esforço constante por manter um conflito que está provocando milhares de mortes e fragilizando a ideia de democracia, o que torna urgente a criação de um plano de emergência humanitária e um projeto internacional de liberação do país das forças que dão as cartas dentro da União Europeia, que acabaram com a soberania e a capacidade de recuperação dos gregos.

2. O problema é a negociação. O argumento proposto pela UE foi assimilado pelos meios de comunicação – em sua imensa maioria, porta-vozes acríticos dos seus desígnios. A partir dessa visão artificializada da situação grega, o problema central parece um obstáculo metodológico no qual a “prepotência dos empobrecidos” bloqueia o processo de negociação. Os credores aparecem como vítimas pacientes mas cansadas, diante de ferozes espartanos que não atuam pela razão. Pois bem, já que é preciso dizer claramente: o problema não é o método – embora ele, claramente, não seja neutro. O problema não é a negociação. O problema é a política rasteira utilizada pelos dirigentes europeus para teatralizar essa negociação, tensionando o conflito e criminalizando os representantes do povo grego.

3. A violação dos direitos humanos é rentável. A “plasticidade” econômica do empobrecimento da Grécia já chegou no limite, não só da dignidade, mas também da capacidade de seguir sendo objeto de saqueamento. Até mesmo os vikings, em suas incursões, mesmo sem serem especialmente inteligentes e diplomáticos, sabiam que não podiam saquear constantemente uma mesma cidade, porque assim não haveria nenhuma capacidade de recuperação e acumulação desse núcleo. O FMI e a Troika atacam, com visceralidade mais embrutecida, uma vítima cujo sangue que resta mal pode ser vampirizado. A violação dos direitos humanos suportada pelo povo grego é um claro exemplo da falta, não só de ética, mas também de inteligência dos mercados e seus donos.

4. A ausência. Finalmente, com tudo isso que está ocorrendo, onde está a voz da social-democracia? Que narrativa diferente está articulando? Perguntas de um verão golpeado sobre o inverno de uma ideologia fracassada. A social-democracia europeia, se é que ainda podemos chamá-la assim, não está adormecida, está entregue, e é cúmplice ativa das políticas macroeconômicas que estão assassinando a sociedade grega. A bipolaridade nunca foi uma alternativa, senão a muleta de um sistema que precisa seguir gerando a ilusão da pluralidade. O nível de contradição do epicentro ideológico e econômico europeu é tanto que não é arriscado dizer que a Alemanha precisa da miséria de outros países para seguir mantendo seu estado de bem-estar social-democrata. François Hollande se agacha. Pedro Sánchez (presidenciável do PSOE) sorri. Muitos têm a consciência limpa, porque não a usam.

quarta-feira, 1 de julho de 2015

El referéndum griego, la vuelta de la democracia en Europa

Jacques Sapir
Le Figaro

El economista reflexiona sobre la decisión Alexis Tsipras para llamar a un referéndum. Él ve un gesto "gaullista" que simboliza el retorno de la democracia en un espacio europeo en el que ella estaba ausente.

Un fantasma recorre Europa

En un gesto de se puede calificar de gaullista [propio del general De Gaulle], Alexis Tsipras ha decidido convocar un referéndum el próximo 5 de julio para pedir al pueblo soberano que resuelva la discrepancia que le opone a los acreedores de Grecia. Tomó esta decisión ante lo que debemos denominar las amenazas, las presiones y los ultimátums a los que se ha tenido que enfrentar en los últimos días de negociación con la Troika, es decir, el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea (CE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al convocar el referéndum ha devuelto deliberadamente al dominio político una negociación que los integrantes de la Troika querían mantener en el dominio técnico y contable. Este gesto ha provocado un reacción extremadamente grave por parte del Eurogrupo que se mide en el comunicado publicado el sábado [27 de junio] el cual confirma en una nota a pie de página la expulsión de hecho de Grecia fuera del Eurogrupo. Nos encontramos ante un verdadero abuso de poder cometido la tarde de este 27 de junio. Lo que está en juego a partir de ahora ya no es solo la cuestión del devenir económico de Grecia. Lo que se plantea abiertamente es la cuestión de la Unión Europea y de la tiranía de la Comisión y del Consejo [Europeos].

La declaración de Alexis Tsipras

El texto de la declaración hecha por Alexis Tsipras la noche del 26 al 27 de junio en la televisión estatal griega es un ejemplo de probidad democrática. Ante el comportamiento de sus interlocutores y en particular lo que él considera un ultimátum, el primer ministro griego apela a la soberanía del pueblo. Desde ese punto de vista el texto es extremadamente claro:

«Tras cinco meses de negociación nuestros socios nos han planteado un ultimátum, lo que contraviene los principios de la UE y mina la reactivación de la sociedad y de la economía griegas. Estas propuestas violan absolutamente los logros europeos. Su objetivo es humillar a todo un pueblo y manifiestan ante todo la obsesión del FMI por un apolítica de austeridad extrema. […] En estos momentos tenemos una responsabilidad histórica de afirmar la democracia y la soberanía nacional, y esta responsabilidad nos obliga a responder al ultimátum basándonos en la voluntad del pueblo griego. He propuesto al consejo de ministros la organización de un referéndum y esta propuesta se ha aceptado por unanimidad».

Es probable que este breve texto henchido de gravedad y determinación entre en la Historia como una de las declaraciones que hacen honor a la democracia. Este texto también refleja la cólera fría y determinada que invade a su autor. Y quizá resida ahí el fracaso principal del Eurogrupo y de las instituciones europeas, el haber transformado a un partidario de Europa en un resuelto adversario de las instituciones europeas.

Las enseñanzas de la declaración Alexis Tsipras

Conviene leer atentamente este texto, que no es circunstancial. En efecto, de esta breve declaración se pueden sacar tres puntos importantes.

El primero es que el desacuerdo entre el gobierno griego y sus socios ha sido de inmediato político. El BCE y la CE no han dejado de buscar una capitulación del gobierno griego, lo que Tsipras denomina «la humillación de todo un pueblo». Lo que busca la UE por medio del Eurogrupo es cauterizar el precedente abierto por las elecciones de enero de 2015 en Grecia. Se trata de demostrar no solo en Grecia sino, lo que de hecho es más importante, en España, Italia y Francia que no se puede «salir del marco de la austeridad» tal como ha sido organizado por los tratados, como afirmó Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, desde las elecciones del 25 de enero.

El segundo punto importante de esta declaración es que por primera vez un dirigente elegido legalmente y en ejercicio declara que las instituciones europeas hacen propuestas que tanto en el fondo como en la forma «violan absolutamente los logros europeos». Es una acusación muy grave. Equivale a decir que las instituciones europeas, supuestamente las garantes de la democracia, actúan al contrario de esta. También equivale a decir que estas mismas instituciones, cuya legitimidad solo existe por delegación de la legitimidad de los Estados miembros, tienen unos comportamientos que violan la legitimidad y la soberanía de uno de dichos Estados miembros. Por consiguiente, equivale a decir que las instituciones de la Unión Europea se han constituido en Tyrannus ab exercitio, es decir, en un poder que aún habiendo surgido de procedimientos legítimos, sin embargo se comporta como un tirano. Equivale a poner radicalmente en tela de juicio toda legitimidad de las instancias de la Unión Europea.

El tercer punto se deduce de los dos primeros. Está contenido en la parte del texto que dice: «En estos momentos tenemos una responsabilidad histórica de afirmar la democracia y de la soberanía nacional y esta responsabilidad nos obliga a responder al ultimátum basándonos en la voluntad del pueblo griego». En adelante sitúa los retos no ya a nivel de la deuda sino al de los principios, tanto de la democracia como de la soberanía nacional. Y es en este sentido en el que se puede hablar de un verdadero «momento gaullista» en Alexis Tsipras. Osó plantear la cuestión de la austeridad y del referéndum, y recibió un apoyo unánime, incluso de los miembros de Anel, el pequeño partido soberanista aliado a Syriza. De este modo ha ascendido a la estatura de un dirigente histórico de su país.

La demostración de fuerza del Eurogrupo

La reacción del Eurogrupo no se hizo esperar. Después de calificar este referéndum de noticia «triste» (sad), su presidente, Jeroen Dijsselbloem, pidió al ministro [de economía] griego, Yanis Varoufakis, que abandonara la sala de reunión. Al hacerlo confirmó las opciones y métodos vigentes hoy en día en el seno de la Unión Europea. Más allá de las palabras están los hechos y estos son de una gravedad extrema. Con un acto que combina la más flagrante ilegalidad con la voluntad de imponer sus puntos de vista a un Estado soberano, el Eurogrupo decidió celebrar una reunión en ausencia de un representante del Estado griego. Por consiguiente, el Eurogrupo decidió de hecho excluir a Grecia del euro, lo que a todas luces constituye un abuso de poder. Y hay que recordar aquí varios puntos que no dejan de tener consecuencias, tanto jurídicas como políticas:

1. Actualmente no existe ningún procedimiento que permita excluir a un país de la Unión Económica y Monetaria (no real de la «zona euro»). En caso de haber una separación solo puede tener lugar de común acuerdo y amistosamente.

2. El Eurogrupo no tiene existencia legal. No es más que un «club» que opera bajo la cobertura de la Comisión Europea y del Consejo Europeo. Esto significa que si el Eurogrupo ha cometido un acto ilegal (y parece que efectivamente lo ha cometido) la responsabilidad de ello incumbe a estas dos instituciones. Por lo tanto, estaría justificado si el Estado griego demandara a la vez a la Comisión y al Consejo ante el Tribunal Europeo de Justicia, pero también ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. En efecto, la base de la Unión Europea es una organización internacional, lo que se constata, por ejemplo, en el estatuto y las exenciones fiscales de los funcionarios europeos. Ahora bien, la regla en toda organización internacional es la unanimidad. El Tratado de Lisboa previó mecanismos de mayoría cualificada, pero estos mecanismos no se aplican al euro ni a las cuestiones de las relaciones fundamentales entre Estados.

3. El demostración de fuerza (porque hay que llamarlo por su nombre) que acaba de hacer el Eurogrupo no concierne solo a Grecia. Otros países miembros de la Unión Europea (y pensamos en Reino Unido o Austria) también podrían denunciar tanto ante la justicia europea como ante la internacional la decisión de hecho que ha tomado el Eurogrupo. En efecto, la Unión Europea se basa en unas reglas de derecho que se aplican a todos. Toda decisión de violar estas reglas contra un país particular constituye una amenaza para el conjunto de los miembros de la Unión Europea.

4. Así pues, hay que ser claro. A largo plazo la decisión que ha tomado el Eurogrupo bien podría significar la muerte de la Unión Europea. O bien los dirigentes europeos, evaluando el abuso de poder que se acaba de cometer, se deciden a anularla, o bien, si perseveran en esta dirección, deben esperar una insurrección de los pueblos contra la Unión Europea, pero también de los gobernantes de determinados países. Así, es difícil ver cómo va a aceptar estas prácticas unos Estados que acaban de recuperar su soberanía, como Hungría, la Republica Checa o Eslovaquia.

Todo esto saca a relucir claramente la naturaleza fundamentalmente antidemocrática de las instituciones de la UE y el hecho de que esta última se esté constituyendo en Tiranía. El silencio de los principales responsables tanto del Partido Socialista [francés] como del antiguo UMP (rebautizado «Los Republicanos») dice mucho sobre el embarazo de una parte de la clase política francesa. Sin excusarlo, resulta comprensible.

El fantasma de la democracia en los pasillos de Bruselas

Por consiguiente, en Francia se siente de manera muy diferente el malestar que provoca la iniciativa de Alexis Tsipras. Ya sea en el Partido Socialista o en los «Republicanos» no se pueden oponer abiertamente a esta decisión sin contradecir inmediata y brutalmente todos los discursos dichos sobre la democracia. Pero, en realidad, el referéndum griego agita el fantasma de otro referéndum, el de 2005 sobre el proyecto del Tratado Constitucional en Europa. Uno de los episodios más vergonzosos y más infamantes de la vida política francesa es la manera como la inmensa mayoría de la clase política francesa, desde Nicolas Sarkozy a François Hollande pasando por los Aubry, Bayrou, Juppé y otros Fillon, fue desautorizada por la victoria del «Non», aunque hizo pasar de contrabando el mismo texto, excepto unas pocas cosas, durante el Tratado de Lisboa ratificado por el Congreso en Versalles.

No se puede ni se debe prejuzgar el resultado de este referéndum. Pero hay que poner de relieve que representa la vuelta de la democracia a un espacio europeo del que estaba ausente. Es probable que los partidos de oposición, tanto Nueva Democracia como el partido de centro izquierda El Río (To Potami) protesten y traten de impedir por medio de diferentes recursos legales la celebración de este referéndum. Estas reacciones son paradigmáticas de los comportamientos antidemocráticos que florecen hoy en Europa. Aportan agua al molino de Alexis Tsipras. Se percibe lo aterrorizados que están hoy por el fantasma de la democracia los actores europeístas de este drama.

Así pues, Alexis Tsipras no debe esperar apoyo alguno de François Hollande, sin querer ofender a Jean-Luc Mélenchon. Nuestro presidente [Hollande] cae sin miramientos en su propia mediocridad. Alexis Tsipras no debe esperar la menor gracia de Angela Merkel cuya política es la verdadera causa de esta crisis. Pero puede esperar el apoyo de todas aquellas personas que en Europa luchan por la democracia y la soberanía.

segunda-feira, 29 de junho de 2015

El desafío griego

Editorial
La Jornada

El Congreso griego aprobó el sábado, por amplia mayoría, el proyecto de referendo propuesto por el primer ministro Alexis Tsipras para que los ciudadanos de la nación mediterránea decidan el próximo 5 de julio si aceptan la última oferta realizada por los acreedores de ese país –la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional–, la cual consiste en extender por cinco meses su programa de rescate, con un financiamiento de al menos 12 mil millones de euros, a cambio de un programa de ajustes fiscales y más reformas de cuño neoliberal. Al exponer la iniciativa, Tsipras instó a sus conciudadanos a que digan "un gran NO al ultimátum" de los acreedores.

El precedente ineludible de esta convocatoria a definir el rumbo de Grecia –y de Europa, en buena medida– mediante el voto popular, es la falta de acuerdo entre el gobierno de Atenas y la troika europea para buscar una salida a la difícil situación económica del país helénico: a pesar de que Atenas puso sobre la mesa la posibilidad de realizar ajustes adicionales que no implicaran un sacrificio mayúsculo de su población, los poderes que dominan de hecho la definición de la política económica en naciones europeas occidentales mantuvieron una postura irreductible y sostuvieron que no sería aceptable ninguna fórmula que se alejara de la preceptiva neoliberal, que consiste precisamente en procurar la salud de los indicadores macroeconómicos aun a costa del sufrimiento de las mayorías.

En ese sentido, mientras que algunos medios internacionales al servicio de los intereses financieros acreedores afirman que la postura del gobierno heleno implica abortar la posibilidad de una solución negociada entre Grecia y sus acreedores, la realidad es que han sido éstos los que han colocado a Atenas ante la perspectiva indeseable de asumir el desgarrador costo social de permanecer en la zona euro o enfrentar la perspectiva de salir de ella.

El gobierno griego, por su parte, no ha hecho sino refrendar el sentido del mandato popular que colocó en el poder a una coalición de izquierdas como Syriza: el rechazo a la mansedumbre que mostraron en su momento los gobiernos de Nueva Democracia y el Partido Socialista Panhelénico (Pasok) frente a la política económica dictada desde Bruselas.

Esa misma vocación democrática se expresará ahora con la consulta sobre la aceptación o no de las condiciones impuestas por la troika europea. En caso de que la mayoría de los griegos se incline por el no, Grecia podría enviar al mundo un mensaje de autodeterminación que más temprano que tarde cundiría entre las sociedades de otras naciones europeas con problemas de endeudamiento.

Al día de hoy están a la vista el dramático y brusco descenso de los niveles de vida, la furia social y la inestabilidad política que producen las recetas emanadas de Bruselas y Washington. Cabe preguntarse si los griegos transigirán ante las campañas internacionales de linchamiento contra su gobierno o si harán valer una soberanía nacional que por ahora se mantiene en un plano meramente teórico y de obligada supeditación a los designios de entidades financieras trasnacionales, acreedores privados y gobiernos de países poderosos.

domingo, 28 de junho de 2015

Devo, não nego. E não vou pagar

Lee Siegel
Estadão

Escrevi um artigo contando que dar o calote nos empréstimos que me permitiram cursar a universidade era minha única chance de viver. Atingi o nervo exposto da oculta tensão de classe nos Estados Unidos.

Há três semanas, escrevi um artigo de opinião para o New York Times no qual descrevi ter chegado a um ponto, quando jovem, em que meus pagamentos do empréstimo estudantil tinham se tornado tão esmagadores, tão proibitivos, que eu decidi que a única maneira em que poderia viver era deixando de pagar esses empréstimos. O artigo se tornou viral. A coisa virou um loucura.

Fui chamado de caloteiro. Fui caracterizado como “um crítico premiado e sanguessuga impenitente”. Algumas pessoas ligaram para o governo vir tirar a casa de minha família. Outras imploraram para as autoridades me enfiarem na cadeia. Um homem telefonou para minha casa e, quando minha mulher atendeu, ameaçou para ela.

Fui retratado como um libertino e um parasita egoísta na sociedade. Houve um lado positivo em tudo isso, também. Para me fazer parecer alguém que havia prosperado às custas do contribuinte americano, meu status foi inflado e distorcido. No auge do furor, eu estava sendo descrito em alguns quadrantes como uma mulher de 62 anos que havia sido indicada para o Prêmio Pulitzer e vivia numa mansão de US$ 2 milhões nos arredores de Nova York. (Aparentemente alguém havia consultado a página da Wikipédia de outro escritor chamado Lee Siegel, que, aliás nunca foi indicado ao Pulitzer, mas parece ter tido a previdência de dizer que fora em seu verbete).

Nenhuma parte dessa caracterização de mim era verdadeira. Tenho 57 anos e, depois de Bruce Jenner (o ex-atleta olímpico transexual que pediu para ser chamado de Caitlyin), posso perfeitamente vir a ser uma mulher daqui a cinco anos, quem sabe? Mas essas imprecisões não foram nada em comparação com a maneira como meu artigo foi deliberadamente mal interpretado.

Fui levado a escrever o artigo pelo simples fato de que, nos Estados Unidos, a universidade não é gratuita. Isso significa que jovens pobres com talento, inteligência e motivação não podem ir à universidade de sua escolha, mas que jovens ricos, com menos dotes, podem ir a qualquer lugar que lhes agrade. Meu artigo era sobre a trágica predestinação de classe nos Estados Unidos. Era também sobre a desigualdade de punição, sobre como a evasão fiscal permanece impune, mas dar o calote num empréstimo estudantil pode arruinar a vida de uma pessoa. Os empréstimos estudantis são os únicos que não podem ser quitados por falência. Por sua vez, Donald Trump, que afirma ter ganhado mais de US$ 2 bilhões, declarou falência corporativa quatro vezes.

As taxas de suicídios de jovens americanos estão mais altas do que nunca. Os níveis de estresse, ansiedade e depressão são maiores entre os jovens do que têm sido desde a Guerra do Vietnã. Parte da razão para isso é o montante de dívida com que os jovens se diplomam - em média US$ 30 mil. Com os juros (minha taxa de juros é de 9%), eles acabam tendo de pagar sua dívida estudantil pelo resto de suas vidas. Isso toma quase impossível muitas pessoas começarem uma família, comprarem uma casa, e mesmo comparem um carro.

Dei uma olhada nesta situação e, num ano em que as campanhas presidenciais estão começando a esquentar, pensei que poderia tentar pôr a questão da dívida estudantil no primeiro plano da consciência das pessoas. Também queria tranquilizar os milhões de jovens que, ou estão inadimplentes, ou estão tremendo de pavor à beira do calote. Perto do fim de meu artigo, num breve parágrafo, ofereci algumas dicas sobre como sobreviver após o calote. As agências de cobrança contratadas pelo governo para ir atrás de estudantes devedores com frequência aterrorizam as pessoas mentindo sobre as consequências do calote. Elas deixam os jovens, em especial jovens deixados vulneráveis por suas origens modestas, humilhados, assustados e envergonhados demais para questionar a veracidade das ameaças. Eu quis dar esperança a essas pessoas.

Sabia que, dada a conexão absurda entre moralidade e dívida, ia enfrentar uma tempestade de ofensas. Mas não esperava um furacão. Pessoas me acusaram de ludibriar o sistema para meu benefício, quando eu pensava ter deixado claro que sofri durante anos após ter ficado inadimplente. Pessoas também usaram o fato de eu ter três diplomas de Columbia para implicar que eu era de certo modo frívolo e autoindulgente com o dinheiro emprestado que havia recebido. Tive de ir à televisão para explicar que eram três diplomas, não três Audis, e que três diplomas são necessários para se tornar um professor universitário, que era o que eu pretendia me tornar antes de me decidir a ser um escritor.

No artigo, expliquei que havia começado numa pequena faculdade privada e que havia saído depois que a falência de meu pai e o divórcio de meus pais tornaram impossível eles arcarem com o custo dessa escola, mesmo com meus empréstimos. Falei de querer uma educação melhor do que as que estava recebendo na universidade estadual - diferentemente do Brasil, onde a educação pública superior é soberba, muitas faculdades e universidades estaduais nos EUA são medíocres - e de largar o estudo para vender sapatos em tempo integral.

A reação me surpreendeu. Disseram-me que, na América democrática, eu devia ter ficado onde estava. Que não devia ter olhado além de minhas origens de baixa classe média. Que devia ter ficado vendendo sapatos e que estava sendo desrespeitoso com as pessoas que vendiam sapatos para viver. E todas essas críticas estavam vindo de jornalistas que vieram de origens privilegiadas e nunca haviam trabalhado em nada remotamente parecido com uma loja de sapatos em todas suas vidas! Eu lhes assegurei, em outra entrevista na televisão, que nenhum vendedor de sapatos deixaria passar uma oportunidade de melhorar sua ocupação.

A resposta mais virulenta foi me chamarem de “criminalmente negligente” por recomendar o calote para as pessoas. As consequências do calote, gritaram meus críticos, eram tétricas. Salários confiscados! Cheques da previdência social confiscados! Crédito arruinado para sempre! Ativos sequestrados! Ações judiciais! De novo, tive de explicar na televisão que não havia escrito uma coluna de consultoria financeira; havia apelado para um ato de desobediência civil para tentar mudar um sistema injusto que estava relegando ao esquecimento social incontáveis jovens talentosos e inteligentes.

O que eu não tive tempo de dizer foi que, de fato, as chamadas consequências tétricas que os críticos estavam descrevendo eram, em sua maioria, conversa para assustar. Eram as mesmíssimas ameaças usadas pelas agências de cobrança - quatro das quais foram recentemente descontratadas pelo Departamento de Educação por mentirem a alunos inadimplentes. A verdade é que, de 7 milhões de estudantes inadimplentes, somente 175 mil estavam tendo seus salários confiscados. Somente 33 mil estavam tendo seus cheques da previdência social confiscados. Os julgamentos de calotes acontecem sete anos após a produção de um relatório a respeito. O Departamento de Educação não tem o poder de sequestrar ativos. E eles quase nunca processam alguém. Uma ação judicial é muito cara. Mas não tive a oportunidade de dizer nada disso. O clamor estava alto demais.

O ponto central de meu artigo foi que o que é legal nem sempre é moral. No meu entender, a educação, como a assistência à saúde, deve ser um direito básico. A mobilidade social - escrevi - é a chave da liberdade americana, e a chave da mobilidade social é a educação.

No dia seguinte à publicação do meu artigo, o Departamento de Educação perdoou bilhões de dólares de empréstimos inadimplentes tomados por estudantes que haviam frequentado universidades com fins lucrativos que os haviam enganado. O caso estivera pendente durante meses. Vários dias depois do artigo, Hilary Clinton e os senadores democratas Elizabeth Warren e Bernie Sanders, que haviam colocado links para o meu artigo em seus sites, fizeram declarações enfáticas sobre a necessidade de a educação ser gratuita ou financeiramente acessível.

Tudo isso poderia não ter acontecido se eu ainda estivesse vendendo sapatos. Quanto a mim, preciso tentar capitalizar minha coluna e ver se consigo meu próprio programa na TV cabo intitulado “A Hora do Caloteiro com Lee Siegel”. Eu daria conselhos sobre como não pagar a babá, como se livrar da mesada dos filhos, coisas assim.

Enquanto isso não acontece, tenho de usar óculos escuros quando saio. Não estou brincando. Atingir o nervo exposto da tensão de classe oculta neste país não é brincadeira. E, no mais, estou ficando preocupado. O dinheiro do empréstimo estudantil está começando a acabar.

sexta-feira, 12 de junho de 2015

Grecia, acorralada por los países ricos

Roberto Savio
IPS

Cincuenta años de Guerra Fría y el hecho que la canciller Angela Merkel creció en la entonces Alemania Oriental, posiblemente pueden explicar el curioso influjo político que Estados Unidos ejerce sobre Europa. Después de una reunión bilateral entre Merkel y el presidente estadounidense, Barack Obama, durante la cumbre del Grupo de los Siete (G-7) países más ricos, en la localidad alemana de Elmau, el 7 y el 8 de este mes, se supo que hubo una solución de compromiso.

La mandataria alemana aceptó que la Unión Europea (UE) continúe aplicando sanciones a Rusia, lo que indujo a los demás países a seguirla. En cambio, Obama modificó la posición de Washington respecto a la ayuda económica a Grecia. Esa postura había sido expresada de manera inequívoca unos días antes a los líderes europeos por el secretario del Tesoro estadounidense, Jack Lew, quien sostuvo que es necesario resolver el problema griego para evitar un impacto global que no nos podemos permitir. Esta posición aceleró repentinamente las negociaciones, con la esperanza que todo se resolvería antes de la cumbre del G-7.

Pero Grecia no aceptó el plan que le presentó el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, porque era sospechosamente cercano a las posiciones de Fondo Monetario Internacional (FMI) a favor de más recortes presupuestarios y más austeridad. En la cumbre, Obama endureció la posición de Estados Unidos respecto a Grecia, e incluso dijo que “Atenas debe ejecutar las reformas necesarias”.

El tira y afloja entre Grecia y sus socios europeos se prolonga desde hace cinco años. La crisis griega se produjo por los gastos excesivos de los gobiernos precedentes al actual gobierno de Alexis Tsipras, que incurrieron en el aumento en gran escala del empleo público y en un sistema de pensiones extremadamente costoso. En 2009, el Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) ganó las elecciones y se descubrió que las cifras que Atenas había estado enviando a Bruselas eran falsas.

El déficit anual real era varias veces superior al declarado, de casi 12,5 por ciento del producto interno bruto (PIB). Se trató de una confirmación de lo que la UE y sus organismos sospecharon por largo tiempo, pese a lo cual nada se había hecho. Sin entrar en detalles sobre las angustiantes negociaciones anteriores entre Grecia y la UE, se llega a las elecciones de enero de este año, que gana el partido progresista de Tsipras, Syriza. Su programa era claro: detener el plan de austeridad de la Troika -FMI, UE y el Banco Central Europeo- impuesto en nombre de los países europeos liderados por Alemania, Holanda, Austria y Finlandia.

Grecia está de rodillas. Oficialmente, el desempleo ha pasado de 11,9 por ciento en 2010 a 25,5 por ciento en la actualidad, pero se coincide que en realidad se sitúa en alrededor de 30 por ciento. Entre los jóvenes, la desocupación está llegando a 60 por ciento. El PIB ha descendido 25 por ciento, los ciudadanos griegos han perdido alrededor de 30 por ciento de sus ingresos y el gasto público se ha reducido de tal manera que los hospitales tienen grandes dificultades de funcionamiento. Empero, la exigencia de la Troika es simple: corten y sigan cortando hasta la eliminación del déficit. Por ejemplo, las pensiones ya han sufrido dos recortes y se pide una nueva reducción. Con esto se obtendrían apenas unos 100 millones de euro, causando un enorme daño a los pensionistas que viven con 685 euros por mes, o aún menos.

Cuando Juncker asumió la Presidencia de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la UE, anunció un grandioso Plan Marshall para Europa. Tras la proclama, el proyecto desapareció totalmente de la escena. La austeridad es la brecha que divide las opciones de Estados Unidos y de la UE. Estados Unidos ha emprendido el camino de la inversión para el crecimiento -a pesar de la presión del opositor Partido Republicano a favor de la austeridad-, y la economía está creciendo de nuevo. En cambio la UE es dirigida por Alemania y los alemanes están convencidos de que lo que hicieron en su país es universalmente válido.

Existe un consenso generalizado de que la crisis de Grecia, que representa solo dos por ciento del PIB de la UE, podría haber sido solucionada cuando comenzó, con un préstamo de entre 50.000 y 60.000 millones de euros (56.600 y 67.800 millones de dólares). Pero desde que Tsipras se convirtió en primer ministro y con el respaldo del apoyo popular comenzó a negarse a aceptar en bloque el plan de los acreedores, Grecia se ha convertido en un tema de gran importancia. Ahora se habla de una “Grexit”, o salida de Grecia del euro y de la UE. Esto tendría un efecto cascada y supondría el fin del sueño común de una Europa basada en la solidaridad y el sentido de comunidad.

En el G-7, Obama insistió en las inversiones y el estímulo a la demanda como una manera de salir de la crisis. Merkel reiteró una vez más que Europa no necesita de estímulos financiados por el endeudamiento sino de incentivos procedentes de la reforma de las economías ineficientes. Este espectáculo me recuerda una frase del prestigioso periodista de Sri Lanka Tarzie Vittachi: “todo es siempre sobre otra cosa”.

Es interesante observar que una de las razones que se aducen para ser tan duros con Syriza es que los ciudadanos de España, Portugal e Irlanda, los primeros que tragaron la amarga píldora de la austeridad, se indignarían si se opta por un camino diferente para Grecia. Se da la casualidad que esos tres países tienen gobiernos conservadores. Todo el sistema político europeo se estremeció cuando Syriza ganó las elecciones, y nuevamente hace algunos días con la victoria de Podemos, el partido de izquierda y adverso a la austeridad en las elecciones municipales en España.

Por alguna razón, el gobierno extremamente autoritario y conservador húngaro de Viktor Orbán, la reciente victoria del muy conservador Andrzej Duda como presidente de Polonia, así como el ascenso en Italia de Matteo Salvini, de la antieuropeísta y xenófoba Liga Norte, no logran crear pánico. Esto es porque en la actualidades es en Grecia donde acecha el verdadero adversario del “statu quo”. Se trata de castigar a una figura antisistema como Tsipras y demostrar que la izquierda radical no puede dirigir un país europeo. Pero ¿alguien realmente cree que masas de ciudadanos en Madrid, Lisboa o Dublín se tomarían las calles para protestar si Europa hiciera un salto mortal de solidaridad e idealismo y decidiera atenuar sus dacronianas exigencias a Grecia?

segunda-feira, 8 de junho de 2015

Afinal, o que é o precariado?

José Soeiro
Expresso

O que terão em comum os distribuidores de pizza que ganham 1 euro e 17 cêntimos por cada entrega e que se mobilizaram recentemente contra a redução desse valor para metade (e ganharam!), os voluntários que esta semana começaram a trabalhar à borla na feira do livro, os trabalhadores de call center que, há alguns meses, fundaram um novo sindicato e os estagiários do IEFP que se organizaram recentemente numa assembleia para combater os abusos? Serão eles o “precariado” emergente?

No final da década de 1990, o sociólogo francês Robert Castel utilizava pela primeira vez este conceito. Observando as mutações na produção, a multiplicação de estatutos entre emprego e não-emprego e a expansão de formas “atípicas” de trabalho, Castel constatava a emergência de uma “condição precária entendida como um registo próprio dentro dos trabalhadores assalariados”. Essa precariedade deixava de ser excecional ou provisória e surgia, para um grupo cada vez maior de pessoas, como um estado permanente. Castel chamou a esse estado de “precariado”. Uns anos mais tarde, um economista inglês, Guy Standing, escreveu um livro polémico (publicado no final do ano passado em Portugal), chamado “O Precariado: A Nova Classe Perigosa”. A sua tese é clara: estamos perante a emergência de uma nova classe, definida pela insegurança laboral, pela dependência do salário direto e pela ausência de uma “identidade baseada no trabalho”, que precisaria de encontrar a sua agenda política e formas próprias de representação.

No início dos anos 2000, primeiro em Milão e depois por toda a Europa, surgia um movimento que dava expressão autónoma a estes trabalhadores. Juntando precários e migrantes, o MayDay era uma manifestação peculiar, com uma estética visual pop que a aproximava mais das Love Parades do que dos tradicionais desfiles sindicais. Em apenas dois anos, a parada dos precários ultrapassava, em dimensão, os desfiles organizados pelas centrais sindicais italianas.

Nos últimos anos, muitos observadores olham para o precariado como o grande protagonista das mobilizações sociais que percorreram o planeta desde o final de 2010. Também por isso, têm chamado a esses protestos “a rebelião do precariado”. Nas recentes eleições espanholas, o terramoto provocado pelos indignados e a mobilização política e eleitoral do “precariado” são dois dos fatores que têm sido utilizados para explicar os resultados do Podemos e das alianças da esquerda alternativa.

Mas fará sentido falar em “precariado”? Será o seu crescimento uma tendência incontornável da economia? Trata-se de uma nova classe? E residirá no precariado a chave para as transformações políticas do futuro?

Mais do que uma classe à parte, o precariado é uma parte da classe trabalhadora. Qual? A que está mais exposta às mutações do mundo do trabalho e à sua desregulação. Também por isso, está mais distante das formas clássicas de representação e organização, como os sindicatos e os partidos. Com vínculos instáveis, empregos periféricos no sector informal da economia, trabalho não declarado, as atividades do precariado exercem-se à margem da proteção social e, muitas vezes, da própria cobertura legal. E a experiência subjetiva do precariado extravasa o domínio laboral. Constitui-se, para alguns, como um modo de vida marcado pela insegurança e pela imprevisibilidade relativamente ao futuro.

No precariado que se tem mobilizado encontram-se os vestígios de uma classe operária afetada pela subcontratação da mão-de-obra, pelo aumento do desemprego e pela precarização dos vínculos (em Portugal, se somarmos os trabalhadores da indústria e da construção, temos 20% da força de trabalho, segundo dados do Banco de Portugal de maio deste ano). Mas encontra-se também grande parte dos trabalhadores “imateriais” e do “conhecimento”, da chamada “classe média” (conceito problemático) vítima da precarização, da austeridade e do empobrecimento. E ainda o novo “proletariado dos serviços” – da caixa do supermercado ao call center –, que partilha os salários baixos, a instabilidade profissional, as tarefas rotineiras, os horários longos e instáveis. A esses, devem somar-se os 70 mil estagiários, os cerca de 50 mil contratos emprego inserção, os bolseiros e o falso voluntariado. Se lhes acrescentarmos os desempregados, temos bem mais de metade da classe trabalhadora do país.

O precariado tem tido voz? Alguma, mas menos do que a que devia. Por um lado porque a precariedade do trabalho inibe a própria organização. Segundo, porque uma parte dos seus segmentos mais ativos emigraram nos últimos anos. O precariado falará neste novo ciclo político? Veremos. Mas o que é certo é que não há nenhuma solução para o país que não passe por ele.

quarta-feira, 3 de junho de 2015

Italia: La primera derrota de Matteo Renzi

Giaime Pala
Mientras tanto

El domingo se celebraron en Italia elecciones para elegir a los presidentes de siete regiones (Toscana, Liguria, Marche, Umbria, Campania y Veneto) y a los alcaldes de 742 ayuntamientos (17 de los cuales, capitales de provincias). Se trataba de un examen importante para Matteo Renzi, presidente del gobierno desde febrero de 2014 y tercer primer ministro no elegido por los ciudadanos desde la caída de Silvio Berlusconi en noviembre de 2011. El Partido Democrático (PD) ha ganado en cinco de las siete regiones y en la mayoría de los 742 ayuntamientos. Sin embargo, estas elecciones representan una primera derrota política para el ex-alcalde de Florencia. Por de pronto porque el PD pierde hasta el 20% de los votos que cosechó en esas mismas regiones y ciudades con ocasión de las elecciones europeas de 2014, además del gobierno de una región históricamente escorada a la izquierda como Liguria. Y en segundo lugar, porque la oposición a su gobierno −que parecía en declive y/o sustancialmente inocua− o bien mantiene posiciones, como el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, o bien vuelve a ser competitiva allá donde la derecha (es decir, Forza Italia y la Liga Norte) se presenta unida. Si el PD ha vuelto a ganar es gracias sobre todo a una abstención enorme (48%), que va camino de volverse crónica y que le beneficia por tener a un núcleo de electores cuya fidelidad de voto aún es elevada.

Con todo, pocas dudas pueden caber acerca de que el primer ministro italiano aspirase a obtener una victoria mucho más contundente que le reforzara después de la aprobación de una nueva ley electoral ultramayoritaria y de una reforma laboral −parecida a la que aprobó en España el gobierno de Mariano Rajoy en 2012− presentada como la panacea para solucionar el problema del paro (que ya roza el 13%). El mismo Renzi presentó implícitamente estas elecciones como una especie de test sobre su acción de gobierno. De modo que los resultados del domingo nos revelan algunos puntos interesantes: que su liderazgo pierde eficacia y que su manera de gobernar empieza a ser vista como arrogante y peligrosamente personalista; que su política económica neoliberal y atenta a respetar todos los insostenibles tratados de la UE, le está enajenando el favor del electorado de izquierdas; y que su gobierno ya no parece tan brillante como antes a la hora de ganar consenso en el electorado de derecha. En suma, su propuesta política muestra ya las primeras grietas pese a contar con el apoyo incondicional de los grandes medios de comunicación, de las organizaciones empresariales y, sobre todo, de Bruselas y Berlín.

Aún es pronto para saber cómo va a evolucionar el panorama político tras las elecciones de domingo. Pero cuesta creer que el ingenuo populismo de Grillo o la xenófoba Liga Norte puedan representar un serio desafío para un PD avalado por la UE y los poderes fácticos italianos. En realidad, su control del país es y será sólido mientras no tenga una alternativa política a su izquierda. Porque, reconozcámoslo, en Italia la izquierda transformadora sigue sumida en la irrelevancia a causa de la lógica electoralista que ha caracterizado la práctica de sus dirigentes. Una práctica que, al menos desde la desastrosa derrota electoral de 2008, ha priorizado el volver al Parlamento y a las instituciones en detrimento de la movilización social y el trabajo capilar en los territorios. Un ejemplo palmario de ello lo encontramos en el naufragio del proyecto “Un’Altra Europa con Tsipras”, una plataforma electoral que el año pasado agrupó a un conjunto de partidos y movimientos alternativos y que se proponía implantar una suerte de franquicia italiana de Syriza (como si el éxito político fuera el fruto de una marca mediáticamente potente y no el resultado de un movimiento real construido desde abajo).

Se trata de la misma lógica que lleva ahora a no pocas personas a pedir un “Podemos italiano” y que esconde un grave problema de fondo: la escasa voluntad de iniciar un lento, desagradecido pero eficaz proceso de reconstrucción político-cultural del que la izquierda italiana anda necesitada. Más claro todavía: su declive se inició (o se acentuó) cuando olvidó el consejo metodológico que le legó su más preciado teórico del siglo XX: el de estudiar en serio los problemas económicos y sociales del país y ofrecer respuestas y estructuras adherentes a la realidad de las clases trabajadoras. En definitiva, cuando renunció a su carácter nacional-popular en nombre de un europeísmo tan abstracto como falsamente internacionalista. Para la izquierda italiana, pues, ha llegado la hora de cambiar categorías interpretativas y métodos de lucha.