domingo, 21 de janeiro de 2018

Santa Olga un año después de la tragedia: Nada para conmemorar

Fernando de la Cuadra
El Desconcierto

La madrugada del 26 de enero de 2017 enormes llamaradas de fuego provenientes de diversas direcciones cubrieron la localidad de Santa Olga, devastándola casi por completo y convirtiendo a este poblado en un montón de cenizas y fierros retorcidos. Prácticamente toda la localidad se vio consumida por las llamas, en un incendio de proporciones monumentales, afectando a mil viviendas y todas las instalaciones y servicios públicos existentes, incluidos entre otros inmuebles, el liceo, el jardín infantil, la comisaria de Carabineros y el Cuartel de bomberos. Aldeas próximas a Santa Olga también fueron consumidas por el fuego en un radio de varios kilómetros de devastación total. A un año de esa tragedia, todavía se pueden apreciar los vestigios del incendio, a pesar del esfuerzo de reconstrucción de la localidad, especialmente en lo que dice relación con las viviendas y la infraestructura del lugar.

La observación en terreno permite apreciar que todavía falta mucho por hacer y el área afectada se ha transformado en un gran cantero de obras. Algunas pocas casas se encuentran habitadas por familias que regresaron al poblado, pero aún se puede observar que muchas viviendas se encuentran en proceso de construcción, las calles sin pavimentación y muchos escombros esparcidos por toda la localidad. También se pueden ver restos de árboles calcinados y vehículos quemados en algunos sectores. Una empresa de bebidas instaló unos 14 contenedores a la entrada del poblado para tratar de reestablecer el comercio local. Bajo un cartel que dice “Centro Comercial Nueva Santa Olga” se instalaron los contenedores en dos filas frente a frente, entre los cuales se abre un espacio cubierto por una enorme lona que protege a los visitantes y compradores, que en su gran mayoría son los obreros que se encuentran realizando las faenas de reconstrucción del villorrio.

Independiente de los avances que deben seguir ocurriendo en el proceso de reconstrucción de Santa Olga, no se vislumbran muchas perspectivas de que esta localidad recupere la vitalidad que tenía antes del incendio. Muchas familias se muestran reticentes a volver a un lugar que ha sido escena de varios incendios a través de su historia, desde los primeros tiempos de su formación, allá por la década del sesenta, cuando surgió como una toma de terreno realizada por los trabajadores de la Celulosa Arauco.

Un año después de la tragedia, sus habitantes han comenzado a repoblar tímidamente la aldea, en una tensión permanente entre la esperanza de que dicha localidad se pueda recuperar y las dudas sobre el destino que le depara a una localidad que apenas sobrevive con la ayuda del Estado y que no conseguirá en el futuro próximo recobrar la base productiva que le aseguraba el sustento a las familias residentes. Sin trabajo en el horizonte, no es posible reinstalar a las familias que residían en Santa Olga. Por lo menos pueden pasar 12 años para que las acciones de reforestación del área que fue destruida por el incendio pueda dar sus frutos y generar el empleo necesario para sus población.

Actualmente, el comercio local se encuentra muy afectado por la ausencia de vecinos y si dicho fenómeno no se revierte después de concluidos los trabajos de reconstrucción -y la consiguiente retirada de los trabajadores-, la tendencia es que dicho comercio no tendrá condiciones de sobreponerse a las cuantiosas pérdidas dejadas por el siniestro y todas sus secuelas en los días actuales.

En estos momentos el panorama en Santa Olga es muy incierto. Además de la Celulosa Arauco, están las plantaciones menores y los aserradores que generan parte importante del empleo en la zona. Con el riesgo de futuros incendios, existe una aprensión legitima por parte de estos agentes para retomar las inversiones en nuevas plantaciones y equipamientos. Sin actividad forestal para sustentar un proyecto de reconstrucción económica, de infraestructura y de servicios en Santa Olga y sus alrededores, el escenario se presenta muy precario para sus habitantes. Pienso que muchos decidirán radicarse definitivamente en Constitución, ciudad en la cual pueden emprender una nueva vida, con acceso a servicios de todo tipo, escuela para sus hijos, centros de salud y todo lo que les puede proveer dicha ciudad -y otras ciudades intermedias de la región- para desarrollar sus vidas.

En definitiva, el desafío de reconstruir Santa Olga y hacerla nuevamente habitable es titánico y sin duda se requiere del esfuerzo y el compromiso de un conjunto de actores, entre los cuales desempeñan un papel relevante los órganos del poder público, empresarios, universidades y centros de investigación. Hay que pensar muchos temas, superar muchos traumas, recuperar muchas heridas, pero si no se piensa creativamente en nuevas alternativas y posibilidades productivas y laborales que le den un sustento digno a los trabajadores y moradores de Santa Olga, ésta se puede transformar en un pueblo fantasma en medio de un paisaje marcado por el abandono y la desolación.

quinta-feira, 18 de janeiro de 2018

Bernie Sanders: É hora de nova rebeldia global

Bernie Sanders
Outras Palavras

Às vésperas do Fórum de Davos, ex-candidato rebelde à presidência dos EUA propõe um movimento articulado para enfrentar, em todo o mundo, os poderosos, os bilionários e a desigualdade estrutural

Eis onde estamos como planeta em 2018: depois de todas as guerras, revoluções e grandes encontros internacionais nos últimos 100 anos, vivemos em um mundo onde um pequeno punhado de indivíduos incrivelmente ricos exercem níveis desproporcionais de controle sobre a vida econômica e política da comunidade global.

Difícil de compreender, o fato é que as seis pessoas mais ricas da Terra agora possuem mais riqueza do que a metade mais empobrecidada população mundial — 3,7 bilhões de pessoas. Além disso, o top 1% tem agora mais dinheiro do que os 99% de baixo. Enquanto os bilionários exibem sua opulência, quase uma em cada sete pessoas luta para sobreviver com menos de US$ 1,25 [algo como R$ 4] por dia e – horrivelmente – cerca de 29 mil crianças morrem diariamente de causas totalmente evitáveis, como diarreia, malária e pneumonia.

Ao mesmo tempo, em todo o mundo, elites corruptas, oligarcas e monarquias anacrônicas gastam bilhões nas mais absurdas extravagâncias. O Sultão do Brunei possui cerca de 500 Rolls-Royces e vive em um dos maiores palácios do mundo, um prédio com 1.788 quartos, avaliado em US$ 350 milhões. No Oriente Médio, que possui cinco dos 10 monarcas mais ricos do mundo, a jovem realeza circula pelo jet set ao redor do mundo, enquanto a região sofre a maior taxa de desemprego entre os jovens no mundo e pelo menos 29 milhões de crianças vivem na pobreza, sem acesso a habitação digna, água potável ou alimentos nutritivos. Além disso, enquanto centenas de milhões de pessoas vivem em condições de vida indignas, os comerciantes de armas do mundo enriquecem cada vez mais, com os gastos governamentais de trilhões de dólares em armas.

Nos Estados Unidos, Jeff Bezos — fundador da Amazon, e atualmente a pessoa mais rica do mundo — tem um patrimônio líquido de mais de US$ 100 bilhões. Ele possui pelo menos quatro mansões que, em conjunto, valem várias dezenas de milhões de dólares. Como se isso não bastasse, está gastando US$ 42 milhões na construção de um relógio dentro de uma montanha no Texas, que supostamente funcionará por 10.000 anos. Mas, nos armazéns e escritórios da Amazon em todo o país, seus funcionários usualmente trabalham em jornadas longas e extenuantes e ganham salários tão baixos que precisam crucialmente do Medicaid, de cupons de alimentos e subsídios públicos para habitação, pagos pelos contribuintes dos EUA.

Não só isso: neste momento de riqueza concentrada e desigualdade de renda, pessoas em todo o mundo estão perdendo a fé na democracia. Eles percebem cada vez mais que a economia global foi manipuladapara favorecer os que estão no topo à custa de todos os demais — e estão revoltados.

Milhões de pessoas estão trabalhando mais horas por salários mais baixos do que há 40 anos, tanto nos Estados Unidos quanto em muitos outros países. Elas olham à frente e sentem-se indefesas diante de poucos poderosos que compram eleições e uma elite política e econômica que se torna mais rica, enquanto futuro de seus próprios filhos torna-se cada dia mais incerto.

Em meio a toda essa disparidade econômica, o mundo está testemunhando um aumento alarmante do autoritarismo e do extremismo de direita — que alimenta, explora e amplifica os ressentimentos dos que ficaram para trás e inflamam o ódio étnico e racial.

Agora, mais do que nunca, aqueles que acreditamos na democracia e em governos progressistas devemos mobilizar as pessoas de baixa renda e trabalhadoras em todo o mundo para uma agenda que atenda suas necessidades. Em vez de ódio e divisão, devemos oferecer uma mensagem de esperança e solidariedade. Devemos desenvolver um movimento internacional que rejeite a ganância e a ideologia da classe bilionária e conduza-nos a um mundo de justiça econômica, social e ambiental. Isso será uma luta fácil? Certamente não. Mas é uma luta que não podemos evitar. Os riscos ao futuro são altos demais.

Como o Papa Francisco observou corretamente em um discurso no Vaticano em 2013: “Criamos novos ídolos; a adoração do antigo bezerro de ouro encontrou uma nova e impiedosa imagem no fetichismo do dinheiro e na ditadura da economia sem rosto nem propósito verdadeiramente humanos.” Ele continuou: “Hoje, tudo está sob as leis da competição e da sobrevivência dos mais aptos enquanto os poderosos se alimentam dos sem poder. Como consequência, milhões de pessoas encontram-se excluídas e marginalizadas: sem trabalho, sem possibilidades, sem meios de escapar”.

Um novo movimento progressista internacional deve comprometer-se a enfrentar a desigualdade estrutural tanto entre as nações como em seu interior. Tal movimento deve superar o “culto do dinheiro” e a “sobrevivência dos mais aptos”, como advertiu o Papa. Deve apoiar políticas nacionais e internacionais destinadas a aumentar o nível de vida das pessoas pobres e da classe trabalhadora — desde o pleno emprego e salário digno até o ensino superior e saúde universais e acordos de comércio justo. Além disso, devemos controlar o poder corporativo e interromper a destruição ambiental do nosso planeta que tem resultado nas mudanças climáticas.

Este é apenas um exemplo do que precisamos fazer: apenas alguns anos atrás, a Rede de Justiça Fiscal (Tax Justice Network) estimou que as pessoas mais ricas e as maiores corporações em todo o mundo esconderam entre US$ 21 trilhões e US$ 32 trilhões em paraísos fiscais, para evitar o pagamento de sua justa contribuição em impostos. Se trabalharmos juntos para eliminar o abuso tributário offshore, a nova receita que será gerada poderá pôr fim à fome global, criar centenas de milhões de novos empregos e reduzir substancialmente a concentração de renda e a desigualdade. Tais recursos poderão ser usados para promover de forma acelerada uma agricultura sustentável e para acelerar a transição de nosso sistema de energia dos combustíveis fósseis e para as fontes de energia renováveis.

Rejeitar a ganância de Wall Street, o poder das gigantescas corporações multinacionais e a influência da classe dos bilionários globais não é apenas a coisa certa a fazer — é um imperativo geopolítico estratégico. Pesquisa realizada pelo Programa de Desenvolvimento das Nações Unidas mostrou que a percepção dos cidadãos sobre a desigualdade, a corrupção e a exclusão estão entre os indicadores mais consistentes para definir se as comunidades apoiarão o extremismo de direita e os grupos violentos. Quando as pessoas sentem que as cartas estão empilhadas na mesa contra si e não veem caminho para o recurso legítimo, tornam-se mais propensas a recorrer a soluções prejudiciais a elas próprias e que apenas exacerbam o problema.

Este é um momento crucial na história do mundo. Com a explosão da tecnologia avançada e os novos paradigmas que ela permitiu, agora temos a capacidade de aumentar substancialmente a riqueza global de forma justa. Os meios estão à disposição para eliminar a pobreza, aumentar a expectativa de vida e criar um sistema de energia global barato e não poluente.

Isto é o que podemos fazer se tivermos a coragem de nos unir e confrontar os poderosos que querem cada vez mais para si mesmos. Isto é o que devemos fazer pelo bem de nossos filhos, netos e o futuro do nosso planeta.

segunda-feira, 8 de janeiro de 2018

Sobre la intersección rural urbana

Karen Gil
Movimiento Regional por la Tierra

El Centro de Estudios Urbano Territoriales (CEUT) de Maule, Chile, y el investigador Fernando de la Cuadra forman parte de los nuevos aliados del Movimiento Regional por la Tierra y Territorio. De la Cuadra sistematizó el caso 149: Familia Moons Herrera y la opción por habitar poéticamente la provincia y prepara el caso sobre un joven que decidió irse a vivir al campo y ahora es promotor del comercio justo de productos agroecológicos.

Este Centro nació en 2011 como iniciativa de la Universidad Católica del Maule y ONG Surmaule. Está formado por un grupo de académicos, profesionales y estudiantes de variadas disciplinas e instituciones. De la Cuadra es uno de los investigadores y cuenta con un doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro.

El CEUT tiene su sede en Maule, centro sur de Chile, y surgió por la necesidad de contar a nivel de la región con una institución que se propusiera comprender las transformaciones ocurridas en las últimas tres décadas en esa región. Puso énfasis en “los procesos de interconexión e hibridación territorial entre el campo y la ciudad, especialmente en la relación con la emergencia de ciudades intermedias que articulan las actividades del medio rural, agrícolas y no agrícolas, con las nuevas formas de asentamientos humanos que se constituyeron en el último periodo y que, con un componente urbano, se vinculan estrechamente con su entorno rural”.

El Movimiento entrevistó a De la Cuadra sobre los intereses y caracterísicas del CEUT; sus investigaciones en conflictos socio-ambientales y la importancia de generar vínculos alrededor de las experiencias del acceso a la tierra y territorio en Sudamérica.

¿Por qué uno de los intereses de la CEUT es hacer foco a los territorios y localidades rurales?

Son aquellos espacios en la intersección rural urbana o rurbanos en los cuales se desarrollan un conjunto de actividades vinculadas a la vida rural y al agro en su componente silvoagropecuario y agroindustrial, proveyendo fuerza de trabajo, insumos y servicios a estas actividades productivas, como a otras formas de producir y vivir en el ámbito regional.

En este sentido, sin desconsiderar las dinámicas que se producen en el ámbito urbano, el CEUT privilegia las articulaciones entre las ciudades intermedias y los procesos de desarrollo local en el contexto de una región (Maule) que se sitúa entre dos polos importantes de producción académica como son Santiago y Concepción. De esta manera, el Centro ha definido como temáticas prioritarias la planificación territorial, los territorios no-metropolitanos, la política ambiental y los procesos de mitigación, adaptación y resiliencia de los territorios rurbanos ante el impacto del cambio climáticos.

Lo rural o lo nuevo de lo rural se perfila, entonces, como un espacio en el cual confluyen diversos actores y que va siendo construido y modificado permanentemente, tanto por quienes lo habitan como por aquellos que no viven en él pero que tienen intereses en los recursos que éste proporciona, ya sean de supervivencia, crematísticos, estéticos o recreacionales. El CEUT procura estudiar las relaciones sociales que mantienen y disputan el sentido con que se construyen y transforman estos territorios. Se propone conocer esta realidad a través de un abordaje multidimensional con tres ejes o líneas de trabajo: la política (formas de construir el territorio); la sociocultural (dinámicas de inclusión-exclusión en las prácticas cotidianas del territorio) y la económica (valoración y producción del territorio, posibilidades y conflictos).

¿En Chile se acostumbra que la Academia, instituciones y el Estado den importancia al área rural? Y si es así ¿a partir de qué concepto y visión sobre el área rural se lo hace?

Es una pregunta compleja y que requeriría una respuesta muy extensa. Pero sintetizando, y con el riesgo de parecer un poco esquemático, pienso que históricamente la preocupación por los espacios rurales en Chile ha tenido momentos de avances y retrocesos, flujos y reflujos. Quizás el periodo en que se discutió más sobre el mundo rural y las comunidades que habitaban en él, fue durante el proceso de la reforma agraria a mediados de la década del sesenta y hasta el golpe cívico militar de 1973. Después de eso, el mundo rural quedó restringido a su función como proveedor de alimentos y productos primarios con poco valor agregado (frutas y hortalizas, madera y celulosa, vinos) que le dio a Chile la posibilidad de aprovechar sus “ventajas comparativas” en los mercados internacionales. Esta expansión de la vocación agroexportadora del país se realizó —como sabemos— a partir de la imposición de una política económica neoliberal en el contexto de un régimen autoritario y represivo, que restringía los derechos de los trabajadores y mantenía un férreo control sobre los habitantes del campo: campesinos, pobladores rurales, pueblos originarios, etc..

A partir del advenimiento en 1990 de la democracia este enfoque fue alterado, aunque no en lo sustancial, asignándole al sector rural un papel de continuidad en la matriz agroexportadora sustentada por todos los gobiernos que se sucedieron en el poder durante los últimos 27 años. Con algunos matices, las políticas públicas destinadas a los sectores que habitan en el medio rural se han dedicado a mantener una agricultura familiar de subsistencia, especialmente en las zonas de secano, con fuertes inversiones en los valles regados del centro-sur del país, donde se observa la fuerte presencia de empresas y corporaciones transnacionales dedicadas preferencialmente a la producción y exportación de fruta fresca y de vinos. También en la parte centro y centro sur del país se ha producido una notable expansión de la actividad forestal, especialmente en las zonas de pre-cordillera y en el secano costero. Más al sur la producción cerealera junto con la ganadería bovina, porcina y ovina destacan como las principales actividades agropecuarias.

En ese contexto, la política implementada en estos años para los sectores de pequeña agricultura familiar ha sido la de proporcionar diferentes tipos de instrumentos orientados a la mantención de un tipo de agricultora dedicada a la producción de alimentos para el mercado interno y para el autoconsumo –en el caso de los campesinos más pobres y con menor dotación de recursos– (…).

Pero el actual espacio rural también se ha visto enriquecido por otras actividades que no son necesariamente silvoagropecuarias, lo cual se enmarca en las nuevas configuraciones que adquiere el territorio rural como espacio multifuncional y diversificado de producción y de vida. Junto con procesos de reasentamiento de habitantes urbanos en el medio rural (neorurales) también se observa un fenómeno de desruralización o desplazamiento de la población rural de los sectores llamados de ruralidad profunda hacia pueblos y ciudades intermedias, especialmente de los estratos más jóvenes.

Por lo tanto, las visiones y las políticas destinadas a los sectores rurales se insertan en este escenario diverso y complejo del actual mundo rural, tratando de comprender estos importantes cambios que vienen alternado las formas de producir y de habitar el espacio rural, con la emergencia de nuevos actores y la desaparición de actores tradicionales que habitaban la escena rural y que ya se han reconfigurado o simplemente desaparecieron, como por ejemplo, el inquilino, el peón de la hacienda o el afuerino.

A partir de sus líneas de trabajo ¿qué temas actualmente están investigando actualmente los miembros de la CEUT?

En el ámbito político (…) dos proyectos en curso se relacionan a programas de investigación financiados por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt), que son: a) “Habitar intermedio, un análisis de dos ciudades vulnerables”, en asociación con la Universidad Central de Chile; y b) “Modernización ecológica en Chile. La ruta modernizadora chilena en el contexto de las economías basadas en las industrias extractivas y la construcción de un modelo para análisis comparativo”, en asociación con la Universidad de la Frontera, Temuco.

En el ámbito sociocultural destacan los estudios sobre los procesos migratorios, la integración, identidades territoriales, acción colectiva, diferencias de género y segregación socio-espacial. En ese espectro de estudios hay que destacar “Identidad e identidades del Maule”, el cual fue financiado por el gobierno regional. En dicho estudio se busca entender las dinámicas identitarias de una región que se encuentra en una tensión permanente entre lo urbano y lo rural. Tales temáticas son especialmente significativas en una región que ha experimentado un intenso proceso de profundización y aceleración de los flujos de migrantes, especialmente de países como Colombia, Venezuela o Haití. Otro proyecto que se encuentra en espera de obtener financiamiento aborda el tema de las nuevas formas de asentamiento que se constituyen en la región, específicamente, los poblados, aldeas o villorrios rurales que han surgido a la luz de la expansión de empresas agrícolas, agroindustrias y complejos forestales.

En el ámbito económico se ha venido problematizando en torno a los impactos territoriales, económicos y sociales derivados de una inserción económica global basada en la exportación de recursos naturales de bajo valor agregado y otros procesos que contribuyen a la injusticia territorial. En esta línea destacan los proyectos “Inmigración internacional en el Maule: inserción laboral y aportes a la economía regional”, financiado por la Corporación Regional de Desarrollo Productivo del Maule y el estudio “Cartografía de heterogeneidades económicas en el Biobío, Maule y Valparaíso, realizado con otras dos universidades regionales.

Un tema que tú has trabajado son los conflictos socio ambientales ¿cómo has visto que ésos afectan a las poblaciones campesinas e indígenas de Chile?

(…) Estudios difundidos por organizaciones como el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA) o el mismo Instituto para el Desarrollo para el Desarrollo Rural de Sudamérica han permitido visualizar la enorme capilaridad de los conflictos socio-ambientales en la región. Algunos de dichos conflictos los he podido acompañar más de cerca. Tal es el caso de los conflictos entre las comunidades mapuche, las empresas y el Estado chileno, en los cuales he podido constatar en terreno que es casi una constante —tanto en los mega proyectos hidroeléctricos como en el caso de las empresas forestales—, la violación del territorio que sufren dichas comunidades en manos de las empresas que dicen encarnar los ideales del progreso y del crecimiento económico. Estos emprendimientos que se sustentan en una equivocada concepción del desarrollo que tiene su origen en concepciones eurocéntricas, han ocupado los territorios Mapuches con el silencio o la complicidad del Estado chileno, provocando la agudización de la pobreza entre dicha población, la cual finalmente se ha rebelado en algunas zonas, generándose un conflicto de contornos dramáticos, con enfrentamiento y asesinatos, que los sucesivos gobiernos han tratado de resolver por medio de la represión, la ley antiterrorista, la descalificación y el chantaje. Ello ha sido denunciado inclusive por organismos internacionales de Derechos Humanos y por el Relator Especial de Naciones Unidas sobre los Derechos y Libertades Fundamentales de los Pueblos Originarios, Señor James Anaya, el cual en parte de su informe concluye que “el Estado chileno debe terminar con el uso de la fuerza para pasar a construir confianza y espacios de mayor participación en las negociaciones para responder a las diversas demandas de este pueblo”.

¿Cuál crees que es la importancia de articular experiencias sobre el área rural, específicamente de acceso a la tierra y territorio a nivel sudamericano?

El acceso a la tierra y al territorio es un elemento central para mejorar las condiciones y la calidad de vida de las comunidades campesinas y de los pueblos originarios. Eso nos lo advertía ya a comienzos del siglo pasado un lúcido José Carlos Mariátegui, quien en sus “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana” nos dice que el problema del indio es fundamentalmente el problema de la tierra: “No nos contentamos con reivindicar el derecho del indio a la educación, a la cultura, al progreso, al amor y al cielo. Comenzamos por reivindicar, categóricamente, su derecho a la tierra.” Pero claro, la cuestión de la tierra no es exclusiva de los pueblos indígenas del Perú, es una problemática que atraviesa a todos los pueblos que se asientan en los territorios rurales y que necesitan de ese recurso para sustentar y reproducir sus formas de vida.

Por lo mismo, considero de la mayor importancia la difusión de experiencias asociadas al acceso a la tierra a nivel sudamericano, sobre todo de casos que puedan servir como fuente de inspiración para otras personas o comunidades que no cuentan con este recurso y que, a veces, no vislumbran los caminos posibles para conseguir este objetivo. Desde el CEUT pretendemos continuar apoyando en la construcción de este proceso y compartir con el resto de los amigos de la región experiencias que encontremos enriquezcan este acervo, tal como nos hemos enriquecido al conocer muchos de los casos que ya se encuentran publicados en el sitio Movimiento Regional por la Tierra y Territorio.

sexta-feira, 22 de dezembro de 2017

Felices fiestas y un mejor 2018


Estimad@s amig@s:

El mundo y la región pasan por una etapa compleja, de aparente retroceso, aunque también de importantes movilizaciones y luchas democráticas. Con el optimismo de la voluntad, les deseo a tod@s unas muy felices fiestas de navidad y que el 2018 sea un tiempo cargado de energía para enfrentar nuevas batallas y redoblar los esfuerzos para mejorar nuestra vida colectiva y nuestro planeta.

Fraternalmente, Fernando

segunda-feira, 18 de dezembro de 2017

La encrucijada de la redes sociales

Rodrigo de la Cuadra
Socialismo y Democracia

Las redes sociales son estructuras que relacionan y agrupan personas u organizaciones de acuerdo con algún criterio compartido. Surgieron frutos de los medios sociales, definidos por los profesores de la escuela de marketing ESCP Europe, Andreas M.Kaplan y Michael Haenlein, como “un grupo de aplicaciones basadas en Internet que se desarrollan sobre los fundamentos ideológicos y tecnológicos de la Web, y que permiten la creación y el intercambio de contenidos generados por el usuario”. En pocos años se convirtieron en un fenómeno global, siempre en constante expansión, permitiendo amistades a través de un lazo social o familiar que llegan a cruzar el mundo. Esta nueva forma de interacción social es una revolución en la manera en que las personas se relacionan.

Hoy en día vivimos en un mundo tomado por las redes sociales. El informe We Are Social 2017 indica que existen aproximadamente 2.789 millones de usuarios de redes sociales activos, cerca de 37% de la población global. La empresa Statista estima que, en 2020, el 70% de la población mundial tendrá acceso a alguna red social. Quizás ese fenómeno pueda ser explicado por el estilo de vida moderno, donde todo es tan rápido y pasajero y las personas no usan tanto de su tiempo para socializar fuera del espacio de la casa. Las redes y medios sociales permiten una interacción sin ser necesario cualquier compromiso.

En el año 2014 la empresa de estadísticas Statista hizo una investigación con 2.023 personas de los Estados Unidos, siendo la pregunta de la encuesta cuantos amigos tienen en el medio social Facebook. Usando estos datos se obtuvo que una persona tiene en media 350 amigos en la red, siendo el grupo más conectado los jóvenes entre 18 y 24 años, con una media de 649 amigos.

Los datos presentados indican la formación de vínculos sin mucho compromiso y una constante renovación de los contactos, principalmente entre estos jóvenes. En nuestro cotidiano el diálogo real se tornó inexistente y la formación de lazos con personas que piensan de otra forma es muy rara, es fácil evitar un choque de ideas teniendo en mente que puedes controlar la gente con la cual te relacionas con mucha facilidad. Es decir, todos en una red social piensan de una forma similar, vienen de un mismo contorno social y no se relacionan con grupos que no sean las redes que ellos mismos crearon, produciendo una sociedad aún más fragmentada y dividida en categorías. Eso puede ser el motivo de muchos problemas de la actualidad, una generación que no puede comunicarse con aquellos que son distintos de si y no consigue llegar en un consenso con la diferencia.

Como apuntaba el recientemente desaparecido filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman, hoy en día resulta mucho más fácil relacionarse por una red que por una comunidad, ya que uno puede crear su propia red y controlarla como quiera, añadiendo o excluyendo personas de ella. El mismo principio no se aplica a una comunidad, una vez que no se puede crear una, es necesario participar de ella. Otra forma de expresar esa idea es: tú perteneces a una comunidad, ya la red pertenece a ti.

Podemos concluir que, a pesar de una mayor dimensión de los vínculos, que llegan a ultrapasar fronteras geográficas, las redes sociales no generan amistades fuertes entre las personas. Estas no utilizan sus medios sociales para ampliar sus círculos de amistad o establecer relacionamientos más concretos, pero si para encerrarse en zonas de conforto. Esas redes creadas son mucho más confortables y fáciles de convivir, pero en comparación a los otros medios de interacción, tienen poco valor. Desconsideran una de las cosas que más caracteriza al ser humano, las relaciones sociales, la interacción cara a cara y la amistad.

terça-feira, 5 de dezembro de 2017

¿Son compatibles el capitalismo y la democracia?

Alejandro Nadal
La Jornada

La estabilidad social y económica bajo el capitalismo afronta dos problemas esenciales. Por un lado, las continuas crisis y la feroz competencia inter-capitalista hacen de la acumulación de capital un proceso inseguro. Por el otro, el conflicto en la distribución del ingreso constituye una permanente amenaza de ruptura social. La democracia está en el corazón de estas dos fuentes de tensiones sistémicas.

Para introducir un par de definiciones operativas, aquí entendemos por democracia un sistema en el que todos los ciudadanos adultos tienen el derecho al voto (sufragio universal), hay elecciones libres y se protegen los derechos humanos bajo el imperio del estado de derecho. El capitalismo es un sistema en el que una clase dominante se apropia del excedente del producto social ya no por la violencia, sino por medio del mercado.

El surgimiento del capitalismo se llevó a cabo en un entorno de estados monárquicos y autocráticos, por no decir dictatoriales. La necesidad de preservar los derechos de propiedad de la clase capitalista era una de las prioridades de esos estados. El movimiento de ideas comenzó a cambiar con la sacudida de las revoluciones en Estados Unidos y en Francia. Aún así, la constitución de Estados Unidos (1787) no menciona el sufragio universal y en cambio otorgó a cada estado la facultad de regular el derecho al voto. La mayoría sólo otorgó ese derecho a los propietarios. No fue sino hasta la décimo quinta y décimo novena enmiendas (1870 y 1920 respectivamente) que se garantizó el voto universal. En Francia la revolución terminó con la monarquía pero el sufragio universal se otorgó hasta 1946.

La palabra "democracia" fue utilizada hasta principios del siglo veinte en un sentido peyorativo o como sinónimo de un sistema caótico en el que las clases desposeídas terminarían por expropiar a los propietarios del capital. La clase capitalista pensaba que detrás del sufragio universal se ocultaba el peligro de que la mayoría democrática pudiera abolir sus privilegios. Pero gradualmente la presión de una masa que aunque no tenía derecho al voto sí formaba parte de la economía de mercado se hizo irresistible. También la perspectiva de la clase capitalista fue transformándose: un régimen monárquico parecía ser cada vez menos adecuado para garantizar el cumplimiento de los contratos y los derechos de propiedad. A pesar de todo, capitalismo y democracia siguieron siendo vistos como procesos antagónicos hasta bien entrado el siglo veinte.

Al finalizar la primera guerra mundial la reconstrucción de las economías capitalistas en Europa no permitió consolidar un orden social adecuado para el capitalismo y en varios países se abrió paso al fascismo. La Gran Depresión debilitó al capital y generó un sistema regulatorio en el que una adecuada distribución del producto se erigió en prioridad del estado. Ese sistema permitió el crecimiento robusto y la distribución de beneficios a través del estado de bienestar durante las tres décadas de la posguerra. La clase capitalista aceptó a regañadientes la regulación del proceso económico por el estado. La legitimidad del capitalismo se fortaleció a través de una menor desigualdad y un mejor nivel de vida para la mayor parte de la población. En ese período democracia y capitalismo parecían marchar de la mano en sincronía.

Pero en la década de 1970 resurge la tensión por la disminución en la rentabilidad del capital, una caída en la tasa de crecimiento, nuevas presiones inflacionarias y otros desajustes macroeconómicos. La política económica que había mantenido el estado de bienestar fue desmantelada gradualmente, al mismo tiempo que se declaraba la guerra contra sindicatos y las instituciones ligadas a la dinámica del mercado laboral. En ese tiempo comenzó también el proceso de desregulación del sistema financiero. Se acabó por destruir el régimen de acumulación basado en una democracia que buscaba mayor igualdad y se reinició el ciclo natural de crisis que siempre había marcado la historia del capitalismo. El neoliberalismo es la culminación de todo este proceso.

Hoy la democracia se encuentra más amenazada porque la vía electoral no parece permitir cambios en las decisiones fundamentales de la vida económica. Las cosas empeoraron al estallar la crisis de 2008. Los mitos sobre equilibrios macroeconómicos ayudaron a imponer políticas que frenan el crecimiento e intensifican la desigualdad. La austeridad fiscal y la llamada política monetaria no convencional son los ejemplos más sobresalientes. Si a esto agregamos la incompetencia de los funcionarios públicos, su entrega a los intereses corporativos y del capitalismo financiero, así como el tema de la corrupción, tenemos una combinación realmente peligrosa.

El capitalista puede despedir a un obrero, pero no al revés. Por eso capitalismo y democracia no son hermanitos gemelos. Más bien son enemigos mortales. Por eso Hayek, uno de los ideólogos más importantes del neoliberalismo, no titubea en recomendar la abolición de la democracia si se trata de rescatar al capitalismo.

segunda-feira, 27 de novembro de 2017

Las guerras en el siglo 21

Nora Fernández
Rebelión

En el siglo 21 las guerras no han cambiado demasiado, implican muerte, destrucción, dolor, hambre, miedo, inestabilidad, sufrimiento, la población civil bombardeada en las calles, hospitales, escuelas y en sus casas, muertos, heridos, traumatizados. Las guerras pueden pasar desapercibidas solo para quienes no las sufren, porque pueden continuar viviendo como todos los días -trabajando, estudiando, comprando, planeando entretenimientos, pensando en festejar cumpleaños o en la celebración del día de gracias o de la navidad. Los que sufren las guerras no tienen tiempo para esto, para ellos se trata de sobrevivir, de no pensar demasiado, de vivir minuto a minuto, hora a hora, día a día. Las guerras son largas, se sienten eternas, son deshumanizadas y deshumanizantes, son experiencias que no deberían ser experiencias humanas.

Pero las guerras son, y son porque no las deciden quienes las van a sufrir o las sufren. Los costos de guerra han recibido últimamente mayor atención pero todavía ignoramos demasiado, los números en dinero son enormes, casi no tienen sentido. Los costos en personas no pueden entenderse sólo numéricamente, falta estar en los zapatos de los afectados que se presentan siempre lejanos, ajenos, diferentes. En la guerra sufren principalmente los civiles, aunque sin duda sufren también los soldados incluso los mejor equipados, los más aventajados, los que parecen tienen total superioridad, ellos también se traumatizan. En las guerras el costo humano es enorme, tanto que las guerras deberían ya no ser, pero esto no nos ha impedido nunca invadir, destruir y comenzar una guerra. Las razones de guerra se presentan siempre como de defensa, nos atacan los salvajes, los herejes, los desalmados, los otros despojados de humanidad. Las razones verdaderas son prosaicas, hay armas que probar y vender, dineros que ganar, territorios y recursos que asegurar, intereses que proteger, privilegios que defender.

Lo que ignoramos también nos daña

Linda Bilmes (Universidad de Harvard) en su presentación en el Congreso de los Estados Unidos el 8 de noviembre hizo visibles los elementos que han facilitado la ignorancia de los estadunidenses con respecto a los costos billonarios de las últimas guerras, las posteriores a septiembre 11 (2001). Estas guerras, argumentó Bilmes, han sido radicalmente diferentes a las anteriores y aunque su costo en personas y en dinero (estimados en 5,6 billones de dólares) han sido altos son poco visibles para el ciudadano común porque son deferidos. Debido a los procesos presupuestarios aplicados el Congreso tampoco ha podido controlar los costos de estas guerras, se les hace muy difícil seguirles la pista.

En guerras anteriores la ciudadanía estaba informada sobre costos de guerra porque significaban un aumento en sus impuestos a pagar. Hasta Vietnam los gobiernos favorecieron el pago de los gastos de guerra a medida que estos se generaban, pero en las guerras posteriores a septiembre 11 del 2001 los gastos de guerra empiezan a ser deferidos, son gastos a pagar en el futuro, son guerras a crédito. Por ejemplo, mientras el año 2001 y el año 2004 Estados Unidos iba a la guerra con Afganistán y con Irak, se aprobaban en el Congreso cortes a los impuestos tal como proponía el entonces presidente, G.W. Bush (hijo). Por otra parte el proceso presupuestario que se sigue hoy no sólo es menos transparente sino que no cuenta con la supervisión del Congreso porque la mayoría de los gastos de guerra no figuran en el presupuesto del Departamento de Defensa como figuraban antes. Los gastos de guerra se han vuelto proyectos de ley de emergencia y operaciones de contingencia de ultramar (Overseas Contingency Operations, OCO) que no tienen tope y que además no requieren negociaciones como antaño entre el Congreso y el Pentágono para ser aprobados. Hoy un gasto de guerra es aprobado sin que en contrapartida se espere corte de gastos en otras áreas del presupuesto.

En Estados Unidos la población general no es hoy afectada como antes por la guerra, en parte porque las guerras posteriores a septiembre 11 involucran a un porcentaje bajo de ciudadanos (menos del 0.5%) y en parte porque los gastos de guerra al ser menos visibles y pagaderos a futuro no les afecta la calidad de vida en el presente. Por eso no puede sorprendernos tanto que los estadunidenses vivan en guerra por más de 16 años sin casi enterarse de su costo ya que ni han participado ni han pagado por ellas. Eso no quita, si embargo, que los gastos de estas guerras sean billonarios. Lo son, a largo plazo; estamos hablamos de 5,6 billones en gastos de guerra hasta el 2018 y de sus obligaciones a futuro hasta el 2056. Si le agregáramos los intereses por pagos de deudas de guerra hasta el 2056 hablaríamos de 7,9 billones. Las obligaciones a futuro incluyen los beneficios y cuidados de salud de los veteranos de hoy, la mayoría de ellos participantes en los conflictos con Afganistán y con Irak y algunos en la Guerra del Golfo. Estos veteranos no cuentan, en su inmensa mayoría, con retiro militar porque no han servido el mínimo requerido de 20 años en las fuerzas armadas, y en estos momentos son incluso vulnerables de quedar sin protección alguna por lo que Bilmes plantea que el Congreso cree un fondo que los proteja cubriendo estas obligaciones.

Los veteranos marginados de estas guerras

Estas guerras han generado veteranos que el país en general ignora. Si es cierto que la mayoría de los veteranos regresan sin daños físicos ni sicológicos y se ajustan a la vida civil, muchos vuelven con dudas sobre lo que les pidieron hicieran en la guerra y el precio que pagaron y otros sufren daños físicos consecuencia de la guerra. Las imágenes públicas, sin embargo, excluyen a los combatientes tanto como a los civiles dañados y muertos. El discurso público oculta los costos sociales en Estados Unidos y en los países invadidos. La ciudadanía, cansada de la guerra, está desconectada del 0.5% de la población directamente involucrada en ella. En el país no se habla de los países invadidos donde la economía y la infraestructura han sido destruidas por más de 30 años de continuo conflicto.

Muchos de los costos de estas guerras se pagan en los hogares estadunidense mismos, sin que sean vistos ni reconocidos. Los esposos de los combatientes mantienen las familias unidas esperando reunificación, pero pronto entienden que la persona que vuelve no es la que partió. Son padres que cuidan de sus hijos adultos afectados por traumas y persistentes sentimientos de rabia, vergüenza o culpa, padres que sufren el miedo de que su hijo-hija se suicide. Son niños y adolescentes afectados porque sus padres están o han estado en la guerra. Son soldados y veteranos que se auto-medican con drogas o alcohol, tienen problemas en mantener un empleo, sus matrimonios se disuelven y ellos mismos terminan viviendo en las calles. Son comunidades y son instituciones –escuelas por ejemplo, que tienen que responder a los crecientes desafíos que presentan los veteranos que vuelven.

El síntoma de estrés post-traumático afecta al 30% de los veteranos de estas guerras que han recibido ayuda desde el 2002, este diagnostico se combina a veces con daño cerebral traumático y depresión profunda. Aproximadamente un tercio de los veteranos de las guerras posteriores a septiembre 11 vuelven con daños sicológicos y una proporción importante de ellos con más de un daño. Muchos soldados confunden sus esposas con el enemigo y las atacan, muchos abusan alcohol y drogas para aliviar sus síntomas. Un foco angosto en este sindroma no captura los problemas estructurales e históricos que afectan a los veteranos y a sus familias, incluso dificultades artificiales de acceso a servicios, conductas malinterpretadas, pérdida de beneficios por efecto del síndrome mismo.

El 2016 un estudio hecho por organizaciones sin afán de lucro de veteranos descubrió el creciente porcentaje de despidos disciplinarios en las fuerzas armadas de los Estados Unidos; un total del 6.5%, lo que se traduce en 125 000 veteranos, son despedidos de esta forma y pierden sus beneficios. Se trata de despido deshonorable, mala conducta (especial o general) pero particularmente de despido administrativo “otro que honorable”. Los veteranos que reciben “malos papeles” vuelven al país sin protección, excluidos de los beneficios y servicios que les hubiera normalmente brindado la Oficina de Veteranos. Muchos han sido disciplinados por un momento de distracción en su juicio, por haberse auto medicado para lidiar con los efectos de la guerra, por ser sobrevivientes que han reportado violación, o porque sufren una condición de salud mental. Pero cuando la Oficina de Veteranos los excluye el peso y el costo de ayudar a estos veteranos cae sobre las redes informales de ayuda, incluso la familia y amigos, sobre organizaciones de caridad y se usan recursos municipales y del estado. Particularmente, se crea una permanente clase marginada de ex miembros del servicio que no puede acceder a la Oficina de Veteranos debido a transgresiones menores y hasta a victimizaciones o diagnósticos dudosos. Y ellos se vuelven también en serios costos de estas guerras.

El costo humano de estas guerras

El costo humano de las guerras de Afganistán y Pakistán (entre octubre 2001 y julio 2016) y la de Irak (entre octubre 2001 y abril 2015) es de entre 367 mil y 395 mil personas muertas por violencia directa, no incluyen las muertes indirectos que son 800 mil mas. De estas muertas por violencia directa entre 350 mil y 378 mil son locales, del lugar –entre 190 mil y 218 mil son civiles, 109 500 son combatientes enemigos y 50 684 son policías y militares nacionales. Las tropas incluyen 6860 estadunidenses y 1455 tropas aliadas por un total de 8315. Mueren, además, 7071 contratistas de los Estados Unidos, 536 miembros de organizaciones humanitarias y no gubernamentales y mueren también 298 periodistas. A nivel general se repite el padrón que se da país por país de alto número de civiles muertos por violencia directa.

Es importante notar que la mayor parte de los costos humanos de guerra son civiles y locales. En Afganistán, donde el total de muertos es de 111 442, la violencia directa mata a 31 419 civiles –además de a 42 100 combatientes enemigos y 30 470 militares y policías nacionales. Si sumamos todos los locales de los 111 442 muertos por violencia directa 103 989 son afganos. Algo similar, pero en números menores, sucede en Pakistán donde la violencia directa mata a 61 549 de las cuales 61 300 son nacionales -31 000 combatientes, 22 100 civiles y 8214 militares y policías. El padrón se repite en Irak con un estimado de entre 194 mil a 222 mil muertos por violencia directa de los cuales entre 185 400 y 213 400 son del país –entre 137 mil y 165 mil civiles, 36 400 combatientes enemigos y 12 000 militares y policía.

La guerra no termina allí, continúa la destrucción por la inestabilidad en la que los países quedan. UNAMA –la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas a Afganistán, ha reportado que el 2016 hubo un aumento en la letalidad, y entre enero y septiembre del 2017 hubo un total de 8019 civiles muertos o heridos –entre ellos 1000 mujeres y 2480 niños. La mayor parte (20%) son muertos o heridos en ataques suicidas y complejos, el 18% a causa de aparatos explosivos improvisados, un 12 % debido a ataques deliberados, el 6% por ataques aéreos, otro 6 % debido a explosivos remanentes de la guerra y el resto por otras razones. Graves violaciones son cometidas contra niños, a quienes se trata de reclutar para la guerra (por parte de las fuerzas armadas y grupos armados), quienes son asesinados, mutilados, raptados, abusados sexualmente y quienes sufren también ataques en escuelas y hospitales. Afganistán tiene además 1.4 millones de refugiados en su territorio mientras que hay 2.6 millones de afganos refugiados en más de 70 países -la mayoría de ellos en Pakistán e Irán (1.5 millones en Pakistán y 1 millón en Irán). En Irak la situación es también inestable y peligrosa con muchos civiles heridos y muertos. El 2016 murieron 5796 civiles y 11388 fueron heridos; y, entre enero y octubre de este año (2017) hay 3112 civiles muertos y 4375 heridos de acuerdo a reportes de UNAMI la Misión de Asistencia a Irak de las Naciones Unidas.

El siglo 21, como otros siglos

Pensábamos llegar al siglo 21 con un mundo en paz, sin guerras y mejor. Estados Unidos arrastra a occidente a la guerra en el Medio Oriente y replantea las “cruzadas”. David Vine, argumentando en contra de la política de presencia militar de los Estados Unidos con bases en todo el planeta, plantea como las bases de los Estados Unidos en el Medio Oriente facilitaron el lanzamiento de guerras e intervenciones militares encabezadas por los Estados Unidos en al menos once países entre 1980 y el año 2015. El mundo vuelve atrás pero con una tecnología de matar nueva y terrible. Vemos por televisión en tonos verdosos los ataques militares y las guerras, las luces son bombas que caen en la noche sobre poblaciones civiles, una escena surrealista que hoy ya no podemos decir no entender las connotaciones. Bombardeos a hombres, mujeres, niños en ciudades lejanas, en territorios ajenos, que quedan sin alimentos, sin agua, sin hospitales, heridos o sin vida. Estamos lejos todo aquello se siente como realidad ajena, no es nuestra guerra. Nadie nos invade, no caen bombas sobre nuestras ciudades en las noches, el agua sigue corriendo por las cañerías, la electricidad no se interrumpe, los supermercados siguen llenos de alimentos, funcionan las escuelas, los lugares de trabajo, los hospitales y los buses.

El precio que se materializa es en dinero. El precio es en soldados occidentales es menor que en otras guerras aunque los veteranos vuelvan dañados se trata de ignorarlos pero si los profesionales de la guerra sufren traumas seguramente los niveles de trauma de los civiles agredidos han de ser mucho mayores. Se hace hoy imposible seguir ignorando que los muertos y heridos de estas guerras son mayoritariamente civiles y nacionales de los países invadidos, muertos por violencia directa e indirecta. Tampoco podemos ignorar que esta violencia no termina cuando la guerra se decreta finalizada, el caos y la inestabilidad persisten y la población civil queda atrapada en luchas internas que la destrucción de la guerra ha generado, sufriendo abuso, necesidades, tráfico de esclavos, sufrimientos y muerte. Las guerras en el siglo 21 son invasiones que los invadidos sufren pero que al resto han tocado poco, especialmente cuando no tienen familia en el frente.