segunda-feira, 16 de janeiro de 2017

Davos: Oxfam relata que desigualdade é maior do que se pensava

Flavio Aguiar
Carta Maior

Começa nesta segunda-feira (16.01) o Fórum Econômico Mundial, em Davos, na Suíça. O ministro Henrique Meirelles comparecerá levando a missão de atrair investimentos, comprovando que agora o Brasil é um país “sério” que finalmente está enfrentando “seus problemas”. Naturalmente a mídia conservadora brasileira deverá apresentar o esforço de Meirelles como bem sucedido. Não se esperam surpresas deste lado.

Mas mais uma vez o esforço do governo brasileiro estará na contramão. Desde pelo menos o ano passado o Fórum Econômico, ao contrário do que fazia antes, quando apresentava quase sempre uma visão positiva na economia mundial, vem apresentando um balanço problemático do tema, apontando o aprofundamento da desigualdade como a espinha dorsal dos problemas do planeta.

Os dados são cada vez mais estarrecedores. No ano passado o relatório da Oxfam - um conglomerado de dezenas de ONGs e associações semelhantes que atuam em mais de 90 países, apresentado no mesmo Fórum, dizia que 62 bilionários detinham tanta riqueza quanto 50% da população mundial. Desta vez o relatório diz que este número se reduz a oito. Se levarmos em conta os outros 56 do relatório passado, a desigualdade terá dados mais dramáticos ainda.

Estes bilionários são: Bill Gates, da Microsoft, Amansio Ortega, da Zara, Carlos Slim Helm, da mexicana Carso, Warren Buffet, da Berkshire Hathaway, Jeff Rezos, da Amazon, Mark Zuckerberg, da Facebook, Larry Ellison, da Oracle tech, e Michael Bloomberg, da Bloomberg News. Juntos, eles detém uma riqueza avaliada em 426 bilhões de dólares, que corresponde ao valor das posses de 3,6 bilhões de pessoas na outra ponta da pirâmide social planetária. Diz a Oxfam que a reavaliação decorreu da obtenção de dados mais precisos sobre estas empresas e também sobre a pobreza no mundo, sobretudo na Índia e na China.

Olhando-se o universo destas empresas, observa-se que:

1.Microsoft, Oracle, e Facebook atuam na frente virtual e proximidades.

2.A Amazon também atua na frente virtual, especializada em vendas de produtos editoriais.

3.A Berkshire Hathaway é uma empresa especializada em administrar outras empresas, e faz algum tempo se especializa em compra-las, agregando-as ao seu conglomerado.

4.A mexicana Carso se especializa em infra-estrutura e energia, macro-construções e no varejo destes setores.

5.A Bloomberg News é hoje um conglomerado de empresas especializadas em informações para o setor financeiro.

6.A galega Zara é uma rede de vestimentas, calçados e produtos afins para mulheres e crianças.

Todas elas têm uma atuação em escala planetária.

Foi-se o tempo, portanto, em que o Fórum de Davos e o Fórum Social Mundial, que nasceu em 2001, em Porto Alegre, eram antípodas. O FSM perdeu muito de seu ímpeto, ao recusar uma aproximação mais diretamente política (sem cair no partidarismo) dos temas mundiais. O Fórum de Davos continua em grande parte dedicado a apresentar soluções paliativas para os problemas mundiais, mas pelo menos vem se aproximando mais de um quadro realista da desigualdade planetária.

Quanto a Porto Alegre, hoje presa de uma plêiade de políticos e de uma classe média que se tornou largamente conservadora, deixou de ser “a capital do século XXI” que já foi. E como um todo o Brasil do governo ilegítimo de Michel Temer se afunda cada vez mais no pântano da desigualdade. Segundo dados da OIT, em 2017 um entre cada três novos desempregados no mundo será brasileiro.

quinta-feira, 5 de janeiro de 2017

La patética estrategia del gobierno Temer para adquirir popularidad

Fernando de la Cuadra
Rebelión

La acelerada impopularidad del gobierno Temer viene dando muchos dolores de cabeza a sus asesores comunicacionales, dado que todos los recientes sondeos de opinión pública destacan el fuerte descenso de apoyo por parte de la población y la carencia abrumadora de cualquier resquicio de carisma y simpatía que posee el gobierno y el propio Michel Temer entre los ciudadanos.

Ante este escenario, una de estas estrategias elaboradas por los funcionarios del Palácio do Planalto, consiste en tratar de estimular la alicaída economía. Un de estas medidas anunciada poco antes de la navidad, busca permitir que 10,2 millones de trabajadores puedan hacer uso del dinero inmovilizado que actualmente se encuentra bloqueado en cuentas inactivas del Fondo de Garantía del Trabajador Social (FGTS) en la Caixa Económica Federal. Este dinero que llega a la suma R$30 mil millones (cerca de 10 mil millones de dólares) corresponde a las contribuciones que todo trabajador realiza durante su periodo activo y que debería retirar al concluir sus labores en determinada empresa pública o privada. Hasta ahora, el trabajador que había solicitado su despido de un empleo podía sacar su dinero del fondo de garantía solamente tres años después sin poseer ningún otro empleo con contrato. Ese motivo fue eliminado con la actual resolución. Se calcula que este FGTS acumulado permitirá inyectar nuevos recursos a la economía y generar un impulso que equivale a aproximadamente el 0.5% del PIB. Y claro, de paso permitir a los trabajadores una mayor holgura en tiempos de ajuste y recortes, procurando estabilizar o recuperar ciertos apoyos a la actual administración.

La segunda acción impulsada por el gobierno Temer, consistió en anunciar un conjunto de iniciativas destinadas a estimular el crecimiento económico y generar empleo. Entre los instrumentos más importantes destacan: el acceso a crédito de micro, pequeñas y medianas empresas a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES); la reducción de los intereses cobrados por las administradoras de tarjetas de crédito; el incentivo a la oferta de crédito para la construcción civil y el refinanciamiento de las deudas tributarias. Este paquete de medidas ha sido pensado como una forma de recrear la agenda del gobierno en un escenario marcado por la persistencia de datos negativos y también por la crisis política que va a producir la delación premiada de los 77 ejecutivos de la contratista Odebrecht.

Las medidas anteriores se ubican en el ámbito de la economía. Pero existe una estrategia para obtener el apoyo de los brasileños que se ubica en el ámbito de la imagen. En ese contexto, la última apuesta diseñada para intentar aumentar el apoyo de la ciudadanía consiste en una idea un tanto esdrújula -introducida por los publicistas del gobierno- de transformar a la primera dama en la cara amigable del gobierno, a partir de lo que denominan como “una agenda positiva”. En efecto, el último número de la revista Veja dedica su portada a la esposa del presidente, Marcela Temer, anunciada como la nueva carta del gobierno para ganar alguna adhesión entre los brasileños. En el artículo se menciona que la “estrella” de la primera dama se vislumbra como la más reciente apuesta para aumentar los bajos índices de popularidad que muestra el mandatario y su equipo de colaboradores. El problema es que Marcela Temer no reúne ninguna de las condiciones que se requieren para sustentar esta nueva estrategia, que parece condenada al fracaso desde antes de su inicio. Primero que nada, ella muestra y ha expresado en repetidas oportunidades un total desinterés por la política. Asomó en la vida del actual gobernante a partir de un arreglo perpetrado por su madre hace más de una década, cuando quería casar a la hija bonita (segundo lugar en un concurso de belleza local) con un señor rico y poderoso. Por esta misma razón, la vida de Marcela Temer siempre estuvo reducida al ámbito familiar, siendo el prototipo de la mujer tradicional dedicada al hogar y la crianza de los hijos. De hecho, desde que Michel Temer fue instalado en el primer cargo de gobierno a mediados de mayo de 2016, las apariciones públicas de la primera dama han sido muy esporádicas. Es reconocida como una persona a la cual no le gustan las recepciones y eventos políticos, realizándose en su vida de reclusión hogareña, digna de una figura “recatada y del hogar”, como fue ampliamente difundido por los medios de comunicación.

Tratando de inspirarse en Hillary Clinton y su política de asistencia orientada hacia los hijos de migrantes, Marcela Temer surge como la principal impulsora del Programa Criança Feliz, que se dedicará a atender a los hijos de familias beneficiarias de programas sociales del gobierno, especialmente del Bolsa Familia. A pesar de los esfuerzos de los asesores, la capacidad demostrada hasta ahora por la primera dama no la califica para ejercer estas funciones ni menos para revertir el cuadro de impopularidad que presenta el actual gobernante. La mayoría de las previsiones apuntan a que dicho desgaste va a experimentar un aumento en los próximos meses. Mientras tanto, el gobierno continúa inventando estrategias para recuperar el apoyo de la población, intentos que parecen condenados a un absoluto fiasco.

Ciertamente es unánime el sentimiento de que el pueblo brasileño desea salir de la crisis y recibe con renovada esperanza el año que se inicia, pues hasta ahora no existe evidencia verificable de alguna comunidad humana que desee vivir en permanente sufrimiento. Es por lo mismo, una gran contradicción la que se genera entre un deseo entrañable de que la situación mejore para todos los habitantes y la existencia, por otra parte, de un gobierno en el cual no se tiene confianza ni fe, que está integrado por personas involucradas en actos de corrupción y cuyo principal compromiso es con su interés individual y patrimonial. En las calles el ánimo y la expectativa es que las cosas mejoren, pero no se vislumbran salidas ni a corto ni a mediano plazo para salir del impasse en que se encuentra el país. Dios ya no es brasileño.

quarta-feira, 4 de janeiro de 2017

La era del humanismo está terminando

Achille Mbembe
Mail & Guardian

No hay indicios de que el 2017 vaya a ser muy diferente del 2016. Bajo ocupación israelí por décadas, Gaza seguirá siendo la mayor prisión a cielo abierto de la Tierra. En los Estados Unidos, la matanza de gente negra a manos de la policía continuará ininterrumpidamente y cientos de miles más se unirán a los que ya están alojados en el complejo industrial-carcelario que vino a instalarse tras la esclavitud de las plantaciones y las leyes de Jim Crow.

Europa continuará su lento descenso hacia el autoritarismo liberal o lo que el teórico cultural Stuart Hall llamó populismo autoritario. A pesar de los complejos acuerdos alcanzados en los foros internacionales, la destrucción ecológica de la Tierra continuará y la guerra contra el terror se convertirá cada vez más en una guerra de exterminio entre varias formas de nihilismo.

Las desigualdades seguirán creciendo en todo el mundo. Pero lejos de abastecer un ciclo renovado de luchas de clase, los conflictos sociales tomarán cada vez más la forma de racismo, ultranacionalismo, sexismo, rivalidades étnicas y religiosas, xenofobia, homofobia y otras pasiones mortales.

La denigración de virtudes como el cuidado, la compasión y la generosidad va de la mano con la creencia, especialmente entre los pobres, de que ganar es lo único que importa y que quién gana –en virtud del medio que sea necesario– es en última instancia el que está en lo correcto.

Con el triunfo de este acercamiento neo-darwiniano al hacer-historia, el apartheid bajo diversas modulaciones será restaurado como la nueva vieja norma. Su restauración pavimentará el camino hacia nuevos impulsos separatistas, a la construcción de más muros, a la militarización de más fronteras, a formas mortales de policialización, a guerras más asimétricas, a alianzas rotas y a innumerables divisiones internas, incluso en democracias establecidas.

Nada de lo señalado más arriba es accidental. En todo caso, es un síntoma de cambios estructurales, cambios que se harán cada vez más evidentes a medida que se despliegue el nuevo siglo. El mundo tal como lo conocíamos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, con los largos años de la descolonización, la Guerra Fría y la derrota del comunismo, ese mundo ha terminado.

Ha comenzado otro largo y mortífero juego. El principal choque de la primera mitad del siglo XXI no será entre religiones o civilizaciones. Será entre la democracia liberal y el capitalismo neoliberal, entre el gobierno de las finanzas y el gobierno del pueblo, entre el humanismo y el nihilismo.

El capitalismo y la democracia liberal triunfaron sobre el fascismo en 1945 y sobre el comunismo a principios de los 90 cuando colapsó la Unión Soviética. Con la disolución de la Unión Soviética y el advenimiento de la globalización, sus destinos fueron destrenzados. La creciente bifurcación entre la democracia y el capital es la nueva amenaza para la civilización.

Apoyado por el poder tecnológico y militar, el capital financiero ha logrado su hegemonía sobre el mundo mediante la anexión del núcleo de los deseos humanos y, en el proceso, convirtiéndose él mismo en la primera teología secular global. Fusionando los atributos de una tecnología y una religión, se basó en dogmas incuestionables que las formas modernas de capitalismo habían compartido a regañadientes con la democracia desde el período de posguerra –la libertad individual, la competencia en el mercado y la regla de la mercancía y de la propiedad, el culto a la ciencia, la tecnología y la razón.

Cada uno de estos artículos de fe está bajo amenaza. En su núcleo, la democracia liberal no es compatible con la lógica interna del capitalismo financiero. Es probable que el choque entre estas dos ideas y principios sea el acontecimiento más significativo del paisaje político de la primera mitad del siglo XXI, un paisaje formado menos por la regla de la razón que por la liberación general de pasiones, emociones y afectos.

En este nuevo paisaje, el conocimiento se definirá como conocimiento para el mercado. El mercado mismo será re-imaginado como el mecanismo primario para la validación de la verdad. A medida que los mercados se convierten cada vez más en estructuras y tecnologías algorítmicas, el único conocimiento útil será algorítmico. En lugar de gente con cuerpo, historia y carne, las inferencias estadísticas serán todo lo que cuenta. Las estadísticas y otros datos importantes se derivarán principalmente de la computación. Como resultado de la confusión de conocimiento, tecnología y mercados, el desprecio se extenderá a cualquier persona que no tenga nada que vender.

La noción humanista y de la Ilustración del sujeto racional capaz de deliberación y elección será reemplazada por la del consumidor conscientemente deliberante y elector. Ya en construcción, triunfará un nuevo tipo humanidad. Este no será el individuo liberal que, no hace mucho tiempo atrás, creíamos que podría ser el tema de la democracia. El nuevo ser humano será constituido a través y dentro de las tecnologías digitales y los medios computacionales.

La era computacional –la era de Facebook, Instagram, Twitter– está dominada por la idea de que hay pizarras limpias en el inconsciente. Las formas de los nuevos medios no sólo han levantado la cubierta que las eras culturales previas habían puesto sobre el inconsciente, sino que se han convertido en las nuevas infraestructuras del inconsciente. Ayer, la socialidad humana consistía en mantener los límites sobre el inconsciente. Pues producir lo social significaba ejercer vigilancia sobre nosotros mismos, o delegar a autoridades específicas el derecho a hacer cumplir tal vigilancia. A esto se le llamaba represión. La principal función de la represión era establecer las condiciones para la sublimación. No todos los deseos pueden ser cumplidos. No todo puede ser dicho o hecho. La capacidad de limitarse a sí mismo era la esencia de la propia libertad y de la libertad de todos. En parte gracias a las formas de los nuevos medios y a la era post-represiva que han desencadenado, el inconsciente puede ahora vagar libremente. La sublimación ya no es necesaria. El lenguaje se ha dislocado. El contenido está en la forma y la forma está más allá, o excediendo el contenido. Ahora se nos hace creer que la mediación ya no es necesaria.

Esto explica la creciente posición anti-humanista que ahora va de la mano con un desprecio general por la democracia. Llamar a esta fase de nuestra historia fascista podría ser engañoso, a menos que por fascismo nos refiramos a la normalización de un estado social de la guerra. Tal estado sería en sí mismo una paradoja, pues en todo caso la guerra conduce a la disolución de lo social. Y sin embargo, bajo las condiciones del capitalismo neoliberal, la política se convertirá en una guerra apenas sublimada. Esta será una guerra de clases que niega su propia naturaleza: una guerra contra los pobres, una guerra racial contra las minorías, una guerra de género contra las mujeres, una guerra religiosa contra los musulmanes, una guerra contra los discapacitados.

El capitalismo neoliberal ha dejado en su estela una multitud de sujetos destruidos, muchos de los cuales están profundamente convencidos de que su futuro inmediato será una exposición continua a la violencia y a la amenaza existencial. Ellos desean genuinamente un retorno a cierto sentido de certeza –lo sagrado, la jerarquía, la religión y la tradición. Ellos creen que las naciones se han convertido en algo así como pantanos que necesitan ser drenados y que el mundo tal como es debe ser llevado a su fin. Para que esto suceda, todo debe ser limpiado. Están convencidos de que sólo pueden salvarse en una lucha violenta para restaurar su masculinidad, cuya pérdida atribuyen a los más débiles entre ellos, los débiles en que no quieren convertirse.

En este contexto, los emprendedores políticos más exitosos serán aquellos que hablen de manera convincente a los perdedores, a los hombres y mujeres destruidos por la globalización, y a sus identidades arruinadas. La política se convertirá en la lucha callejera, la razón no importará. Tampoco los hechos. La política se revertirá a un asunto de supervivencia brutal en un ambiente ultracompetitivo.

En estas condiciones, el futuro de la política de masas de izquierda, progresista y orientada hacia el futuro, es muy incierto. En un mundo centrado en la objetivación de todos y de todo ser viviente en nombre del lucro, la borradura de lo político por el capital es la amenaza real. La transformación de lo político en negocio plantea el riesgo de la eliminación de la posibilidad misma de la política. Si la civilización puede dar lugar a alguna forma de vida política, tal es el problema del siglo XXI.

terça-feira, 3 de janeiro de 2017

Un mundo sin guerras

Domenico Losurdo
El Viejo Topo

La idea de un mundo sin guerras en cinco momentos cruciales de la historia contemporánea

Entre finales de los años ochenta y principios de los noventa el fin de las guerras parecía al alcance de la mano: la Guerra Fría había terminado con la disolución del «campo socialista» encabezado por la Unión Soviética y con el triunfo de Occidente y su país guía. ¿Quién podía imaginar que, a esas alturas, estallaran conflictos graves y devastadores a escala internacional? «La historia mundial», caracterizada en sus momentos más significativos y decisivos por contradicciones agudas, rupturas, revoluciones, guerras y conflagraciones, «no es el terreno de la felicidad», había observado en su momento Hegel. Pero la victoria indiscutible de los principios liberales y democráticos, encarnados por Occidente, parecía haber acabado con todo eso: 1989 se presentaba como el alba de un mundo nuevo de paz, en el que por fin se pudiera gozar de una serenidad y una felicidad libres de los miedos y las angustias del pasado. Hablar de historia mundial ¿seguía teniendo sentido? Ese mismo año un filósofo estadounidense, Francis Fukuyama (filósofo influyente, por haber sido al mismo tiempo funcionario del Departamento de Estado), anunciaba el «fin de la historia».

Bien es cierto que una nubecilla asomaba en el horizonte: se aceleraban los preparativos diplomáticos y militares para una intervención armada decisiva en Oriente Próximo. Pero no se podía llamar guerra: se trataba de restablecer la legalidad internacional, poniendo fin a la invasión de Kuwait perpetrada por el Irak de Sadam Hussein. Era una operación de policía internacional sancionada por el Consejo de Seguridad de la ONU. El «Nuevo Orden Mundial» había empezado su andadura, y nadie podía sustraerse a la ley y al gobierno de la ley, que debían hacerse respetar en cualquier rincón del mundo, sin ningún miramiento. Empezaba a tomar forma una suerte de estado mundial, es más (a decir de Fukuyama), un «estado universal homogéneo» que impondría su autoridad sin tener en cuenta las fronteras estatales y nacionales. Ya esto era un indicio de que estaba desapareciendo el flagelo de la guerra, que por definición es un conflicto armado entre estados soberanos, es decir, entre entidades que, al menos desde el punto de vista de la ideología dominante, en 1989 y en los años inmediatamente posteriores se encaminaban a su extinción.

Un ilustre sociólogo italiano explicaba cuál era el destino que estaba reservando a la guerra la parte más avanzada de la humanidad, «en el Norte del planeta»: «Estamos expulsándola de nuestra cultura como hicimos con los sacrificios humanos, los procesos contra las brujas, los caníbales» (Alberoni, 1990). A la luz de todo esto, la expedición contra el Irak de Sadam Hussein, más que una operación de policía internacional, era la expresión de una pedagogía de la paz, sin duda enérgica, pero en realidad beneficiosa para los mismos que debían padecerla.

Poco más de dos décadas después, tras una serie de guerras, cientos de miles de muertos, millones de heridos y millones de fugitivos, Oriente Próximo es un montón de ruinas y un foco de nuevas conflagraciones. Y es solo uno de los focos; otros, quizá más peligrosos aún, están apareciendo en otras partes del mundo, como Europa Oriental o Asia. Proliferan artículos, ensayos y libros que hablan de una guerra a gran escala o incluso de una nueva guerra mundial, que podría cruzar el umbral nuclear. ¿Cómo explicar este paso en poco tiempo del sueño de la paz perpetua a la pesadilla del holocausto nuclear? Antes incluso de tratar de contestar a esta pregunta conviene plantearse una cuestión previa: ¿es la primera vez que la humanidad sueña con la paz perpetua y experimenta un brusco y doloroso despertar, o este ideal y el amargo desencanto posterior tienen una larga historia, que puede ser interesante y útil indagar?

Lo que se pretende aquí, más que analizar una por una las posiciones de una serie de autores fascinados por el ideal de un mundo libre del flagelo de la guerra y del peligro de guerra, es indagar los momentos históricos en que dicho ideal ha inspirado, junto a personalidades ilustres, a sectores considerables de la opinión pública y en ocasiones a masas de hombres y mujeres, convirtiéndose así en una fuerza política real. Nos hallamos ante cinco momentos fundamentales de la historia contemporánea.

El primero empieza en 1789 con las promesas y esperanzas de la revolución francesa (según las cuales el derrocamiento del Antiguo Régimen acabaría no solo con las guerras dinásticas y de gabinete tradicionales, sino también con el flagelo de la guerra como tal) y termina con las incesantes guerras de conquista de la era napoleónica. El segundo momento es menos importante: durante un breve periodo la Santa Alianza se apropia o trata de apropiarse de la bandera de la paz perpetua para justificar y legitimar las intervenciones militares, las guerras que emprende contra los países propensos a dejarse contagiar por la revolución que, pese a haber sido derrotada, sigue representando un peligro para la Restauración y el orden consagrado por el Congreso de Viena tras la caída de Napoleón. En un tercer momento, el desarrollo del comercio mundial y de la sociedad industrial crea la ilusión de que la nueva realidad económica y social apagará el espíritu de conquista mediante la guerra: es una ilusión que cierra los ojos ante las matanzas del expansionismo colonial, más vivo que nunca en esta época, y a la que pone fin la carnicería de la Primera Guerra Mundial. El cuarto momento crucial, inaugurado por la revolución rusa de octubre de 1917 (que estalla como reacción contra la guerra), pretende acabar con el capitalismo-colonialismo-imperialismo para allanar el camino a la realización de la paz perpetua, y termina con los conflictos sangrientos y las auténticas guerras que desgarran el propio «campo socialista». Por último, el último momento crucial: tras una larga y heterogénea fermentación ideológica, empieza propiamente con la intervención de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, intervención decidida por el presidente Woodrow Wilson en nombre de la «paz definitiva» (que requería derrotar el despotismo encarnado sobre todo por la Alemania de Guillermo II), y llega a su apogeo con el triunfo de Occidente en la Guerra Fría y la consiguiente «revolución neoconservadora».

A partir de este momento se proclama que la difusión planetaria de las instituciones liberales y democráticas y del libre mercado es la condición para el triunfo definitivo de la causa de la paz; una pretensión, sin embargo, que pierde credibilidad con la sucesión de una «operación de policía internacional» y una «guerra humanitaria» tras otra, y con la agudización de conflictos y tensiones que amenazan con el estallido de guerras no menos sangrientas que las del siglo XX. Son cinco momentos cruciales que de una u otra forma se originan en cinco países: la Francia revolucionaria que surge tras al derrocamiento del Antiguo Régimen; Austria, o el imperio de los Habsburgo, que encabeza políticamente la Santa Alianza (a cuya ideología contribuye en gran medida la cultura alemana en conjunto); Gran Bretaña, protagonista de la revolución industrial y la edificación de un gran imperio; la Rusia soviética, que inspira un movimiento revolucionario de alcance planetario; y Estados Unidos, con su revolución (o contrarrevolución) neoconservadora que, después de ganar la Guerra Fría, trata de establecer durante algún tiempo una pax americana imperial en el mundo. Son estos cinco momentos cruciales –que no siempre se suceden linealmente, pues a veces se solapan en un mismo periodo histórico– los que deben reconstruirse ante todo para hacer un balance útil que ayude a explicar las ilusiones y desilusiones del pasado, que permita analizar y enfrentar los crecientes peligros de guerra del presente.

¿Nos hallamos ante cinco momentos cruciales que siempre empiezan con promesas exaltadas y esperanzadoras y terminan siempre con cinco fracasos catastróficos? Sería una conclusión precipitada y unilateral, porque presentaría como homogéneos unos procesos políticos y sociales muy distintos y los nivelaría pasando por alto su complejidad y sus contradicciones. Solo al final de la exposición se podrá hacer un balance equilibrado. Pero vamos a adelantar dos resultados de la investigación.

Quien crea que el ideal de un mundo sin guerras es un sueño sereno y feliz, no perturbado por los conflictos políticos y sociales del mundo circundante, debería cambiar de opinión. La historia grande y terrible de la edad contemporánea es también la historia del choque entre distintos proyectos e ideales de paz perpetua. Lejos de ser sinónimo de armonía y concordia, por lo general son el fruto de grandes crisis históricas y a su vez han provocado agrias batallas ideológicas, políticas y sociales, y han instigado conflictos agudos, a veces devastadores.

Hay un segundo resultado, quizá más inquietante. La raya que separa a los defensores y los críticos del ideal de un mundo sin guerra no coincide en absoluto con la raya que separa a los pacifistas y los belicistas, o a las “almas cándidas” por un lado y los “cínicos que practican la Realpolitik” por otro: puede ocurrir que los primeros sean más belicistas y cínicos que los segundos. En otras palabras, la consigna de la paz perpetua, permanente o definitiva no implica en sí misma nobles ideales; no pocas veces la esgrimen fuerzas interesadas en practicar o legitimar una política de dominio, opresión e incluso violencia genocida. Como la guerra de la que habla Karl von Clausewitz, también la paz, una paz perpetua, permanente o definitiva, es la «continuación de la política por otros medios» y quizá la continuación de la guerra por otros medios.

Mi libro se propone hacer un repaso de las batallas ideológicas y políticas y de los conflictos, a veces sangrientos, que jalonan el ideal de un mundo sin guerras, reconstruyendo su génesis y su desarrollo, y analizándolos en el plano político y filosófico. Una reconstrucción y un análisis que considero tanto más urgentes cuanto más amenazadoramente se condensan en el horizonte los nubarrones de nuevas tormentas bélicas.

sábado, 31 de dezembro de 2016

Felices fiestas y un mejor 2017


Estimad@s amig@s:

Llegando al final de un año difícil, pero de importantes movilizaciones y luchas democráticas, les deseo a tod@s unas muy felices fiestas de navidad y que el 2017 sea un tiempo cargado de energía para enfrentar nuevos desafíos y redoblar las luchas para mejorar nuestra vida colectiva y nuestro planeta.

Fraternalmente, Fernando

terça-feira, 27 de dezembro de 2016

Brasil: Redoblando la convicción en la lucha democrática

Fernando de la Cuadra
Rebelión

El desastroso año de 2016 termina con su impronta trágica y lamentable, marcada por una arremetida de las fuerzas conservadores en diversos rincones del planeta. Y como corolario de una fase para olvidar, un gobernante ilegitimo e impopular viene a anunciar la reforma laboral, presentándola como un regalo de Navidad al pueblo brasileño, expresando sin ningún pudor su desprecio por el bienestar de los trabajadores y sus familias. Entre otras medidas esta reforma plantea la posibilidad de aumentar la jornada diaria de 8 horas a 12 horas, manteniendo el límite de 220 horas mensuales. Otra medida propuesta es la disminución de tiempo entre jornadas o tiempo de almuerzo, pasando de una hora para 30 minutos. El proyecto que debe ser ratificado por el Congreso, también considera el pago parcelado de las vacaciones en hasta tres veces, con valores proporcionales a los respectivos períodos, siendo que una de las fracciones debe corresponder al menos a dos semanas de trabajo.

No es por casualidad que el rechazo del presidente y especialmente del gobierno Temer en su conjunto sigue creciendo aceleradamente. Si se analizan las cifras de apoyo al gobierno y al propio Temer desde que fue aceptada la admisibilidad de la denuncia contra la presidenta Dilma y el vice-presidente Temer acabó instalado para asumir la presidencia interina del país a mediados de mayo, el índice de popularidad de Temer siempre fue muy bajo. Según la última encuesta realizada por Datafolha hace un par de semanas, el nivel de satisfacción de los brasileños con el gobierno Temer alcanza a solo un 10 por ciento, casi el mismo porcentaje que tenía en mayo (11 por ciento).

En cambio la evaluación negativa del gobierno (malo o pésimo) subió 20 puntos porcentuales, desde un 31 por ciento en julio a los actuales 51 por ciento que mencionas. En esta misma encuesta, la gran mayoría de los entrevistados, el 63 por ciento, son favorables a la inmediata renuncia de Temer durante lo que queda del año para que se pueda convocar a elecciones directas para el período que resta de mandato. Es por cierto una posibilidad muy remota, pero es un buen indicador de cuanto la población desea la salida de Temer y su reemplazo por un presidente que cuente con la legitimidad que otorga el voto popular.

Aparte del casi inexistente carisma de Temer y de la corrupción que aqueja ostensiblemente a sus ministros, es indudable que junto con la mencionada reforma laboral, la reforma del sistema previsional y la voluntad de congelar los gatos para los próximos 20 años, son factores que inciden en una desaprobación in crescendo de su gobierno. A ello se puede sumar algunos proyectos de claro sesgo conservador, como la Escuela sin Partido o la tentativa fracasada de eliminar disciplinas como filosofía, sociología, artes y hasta educación física de la malla curricular de la enseñanza media.

Por otra parte, el gobierno ha iniciado el proceso venta de recursos naturales a corporaciones transnacionales, comprometiendo la soberanía de Brasil sobre dichos recursos. Específicamente en el caso de los hidrocarburos, Petrobras acaba de firmar un acuerdo con la petrolera francesa Total por un valor de 2,2 billones de dólares, que incluye la venta para explotación de los campos del pre-sal existentes en la Bahía de Santos. Dicho convenio es parte de una extensa lista de concesiones y ventas realizadas a favor de corporaciones multinacionales para la explotación de las reservas de hidrocarburos que se encuentran en el subsuelo territorial. Muchas de estas medidas no son conocidas por la población, aunque tanto la reforma de las jubilaciones como el techo del gasto público para las próximas dos décadas son cuestiones que afectan directamente la calidad de vida de los brasileños y por lo mismo son temas más prominentes a la hora de generar un debate sobre los derroteros del gobierno Temer.

Sumado a lo anterior, las disputas entre los diversos poderes y la desmoralización que sufrió el Supremo Tribunal Federal (STF) en el caso del senador Renán Calheiros dejan la sensación de que existe un total descrédito en las instituciones de la república por parte de la población. En términos muy resumidos, la ley establece que ninguna persona que está siendo juzgada en tribunales sea parte de la línea sucesoria del presidente en caso de ausencia, enfermedad, renuncia o impedimento. Renán Calheiros que es el segundo en la línea sucesoria después del presidente de la Cámara de Diputados (Rodrigo Maia) fue objeto de un recurso impetrado por el Partido PSOL para que fuese cesado en sus funciones de presidente del Senado, precisamente por una causa antigua que pesa en su contra y que fue recientemente sancionada por ese mismo STF. Entonces, ¿que resolvieron los miembros del máximo tribunal? Pues que Renán Calheiros podía continuar como presidente del senado, pero inhabilitado para ocupar en cualquier circunstancia el cargo de presidente interino, siendo por tanto eliminado por un pase de mágica de jurisprudencia de la línea sucesoria de la presidencia. Según la opinión de diversos especialistas en Derecho Constitucional esa decisión de los ilustres miembros del Supremo es inconstitucional y hace recordar otras decisiones polémicas de los ministros de la Corte.

Pero la abdicación del STF en su papel de velar y garantizar el cumplimiento de la constitución también se debe a motivos de interés corporativo del poder judicial. La “salvación” del senador Calheiros es también una carta de negociación que ha utilizado el Supremo para impedir la discusión de la ley sobre Abuso de Autoridad que se encuentra empantanada en el Congreso, debate que es fundamental para tratar de democratizar las instituciones y eliminar las injusticias cometidas no solo por los tribunales, sino que también por el conjunto de los agentes públicos que cuentan con prerrogativas especiales para hacer un uso arbitrario y desmedido de la ley. Y por último, pero no menos importante, el STF fue presionado por el presidente Temer para dejar en el cargo a Calheiros, pues el mencionado senador se había comprometido con el gobierno a llevar adelante la votación de la PEC 55 (congelamiento del gasto público), la cual fue aprobada finalmente por el Senado.

Las operaciones contra la corrupción y amenazas de la ultraderecha

Diversas voces esperanzadas han señalado que lo positivo de la operación Lava Jato y de otras como Zelotes, Calcuta, etc… es que representan un terremoto en la clase política y en la sociedad brasileña, situando el problema de la corrupción como un factor central a ser enfrentado para pensar cualquier posibilidad de desarrollo. Sin embargo, existen bastantes dudas con relación a si la clase política ha hecho su mea culpa y por la calidad deplorable de sus miembros y especialmente de los representantes del Congreso, la única alternativa que resta es continuar denunciando a todos quienes se encuentran envueltos en actos de corrupción. Y junto con ello, difundir la idea sobre la importancia de la participación y la emisión de un voto informado entre los electores. Un voto consciente y reflexivo podría eventualmente alterar la actual composición de fuerzas de este Congreso atravesado por intereses patrimonialistas y corporativistas del peor tipo.

En ese sentido, los innumerables procesos abiertos en contra de políticos, empresarios y altos ejecutivos de empresas estatales son una parte más de un fenómeno de descomposición de la clase política y de una rutina de escándalos que no parece acabar. Por lo mismo, existe un enorme riesgo que se fortalezcan aquellas posiciones más reaccionarias que se alimentan con esta crisis política y con la falta de credibilidad en los partidos y en las instituciones democráticas. Esto ya se puede observar en el crecimiento meteórico de figuras como Jair Bolsonaro, un ex militar apologista de la tortura y de la eliminación física de quienes se sitúan en la izquierda. El triunfo de Donald Trump y la ascensión de Marine le Pen en Francia, Nigel Farage en el Reino Unido o Frauke Petry en Alemania representan un peligroso viraje hacia la extrema derecha en el mundo y su impacto en un Brasil desorientado por la crisis no es un dato menor.

Junto con ello, pastores evangélicos ultra conservadores se han proyectado a partir de un número cada vez mayor de iglesias y grupos evangélicos que son conducidos como rebaños obedientes y acríticos de la realidad. Con un discurso simplista y “anti-político”, estos personajes que surgen en momentos de desajuste se presentan como seres mesiánicos que salvarán a la patria de todas las penurias causadas por políticos, empresarios y funcionarios de gobierno, discurso que es literalmente introyectado en electores cansados de ver como los recursos públicos se desvanecen entre las manos de políticos y administradores corruptos. Sectores del poder judicial también se han atribuido el papel de heroicos combatientes contra los enemigos de la patria, asumiendo en demasiadas oportunidades un protagonismo desmedido, haciendo uso y abuso de la norma jurídica que aplican arbitrariamente sobre quienes consideran sospechosos de infringir la ley. Ya no son necesarias las pruebas, ahora solamente bastan los indicios y los presentimientos, como declaró hace poco tiempo uno de los promotores de la operación Lava-Jato.

Los retos de la izquierda brasileña

Frente a este escenario, ¿que se vislumbra en el campo de izquierda como alternativa a un gobierno impopular? Lo primero, es que una parte importante de la izquierda brasileña se encuentra actualmente en un franco proceso de refundación, incluida aquella que está implicada en casos de corrupción. La cuestión es que una eventual alianza o frente unido de las izquierdas en este país debe superar años de discordias, luchas intestinas y fraccionamientos traumáticos entre sus huestes. Sin ir más lejos, el propio PT ha sido objeto de varios fraccionamientos internos y de la salida de importantes facciones y de militantes emblemáticos que han dado paso a otros referentes como el Partido de la Causa Operaria (PCO) formados por ex militantes de la corriente Causa Operaria que fueron expulsados del PT en 1991; el Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU) que surgió en 1994 entre militantes de una vertiente trotskista; el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) que se fundó luego de la salida de un grupo de importantes dirigentes del PT en 2004 y el Partido Rede Sustentabilidad, que surge oficialmente en 2015 con militantes que estaban en el PSOL, a los cuales se agregaron nuevos grupos que se escindieron del PT en el transcurso de los últimos años. Además, el PT mantiene todavía un importante sector que posee una filiación doctrinaria con el trotskismo internacional que se denomina Democracia Socialista (DS) y que en cualquier momento puede pasar a transformarse en un partido autónomo.

El Partido Socialista Brasileño (PSB) que había sido un aliado histórico del PT, participó en la aprobación del impedimento de la presidenta Dilma, lo cual también implicó que se originasen rupturas internas y la salida de figuras emblemáticas como su ex presidente Roberto Amaral. Por su parte, los sectores tradicionales de la izquierda del tronco comunista (PCB y PC do B) se encuentran relegados a una mínima expresión, producto también de fisuras internas a los largo de sus respectivas historias partidarias. Un partido que surgió del PCB inspirado por la experiencia renovadora o aggiornamento del comunismo italiano encarnado en el Partito Democratico della Sinistra (PDS) conformó el Partido Popular Socialista que actualmente es parte del gobierno Temer, inclusive con dos ministerios. Existe asimismo una gran variedad de corrientes de izquierda que dejan la sensación de un movimiento pulverizado y difícil de articular, cuyo único eje común está representado por la oposición al gobierno actual. Eso es muy poco si se desea construir un gran frente o bloque histórico (utilizando la expresión de Gramsci) para realizar las transformaciones que Brasil necesita.

La izquierda brasileña debe tener la generosidad para superar las odiosidades del pasado e intentar construir un frente amplio que permita no solamente elaborar una coordinación nacional -junto a los movimientos sociales- en el marco de una movilización activa contra el gobierno ilegitimo, así como debe fundamentalmente ser capaz de crear las bases de una alianza programática que permita consolidar las conquistas acumuladas en las últimas dos décadas y doblegar la embestida de los grupos conservadores que desean naturalizar la exclusión y la desigualdad.

Siempre la virada del año nos proporciona la oportunidad para enfrentar un nuevo periodo con renovada esperanza de que se producirán efectivamente los cambios que deseábamos para el año que nos deja. En el caso de 2016, esta posibilidad se torna aún más prominente considerando los eventos desastrosos y deprimentes que marcaron su paso por Brasil y el mundo. Sin lugar a dudas, este redoblamiento de las luchas democráticas debe pasar necesariamente por una reconstrucción del PT dado su papel protagónico en el escenario político de los últimos 36 años y porque pese a todos los ataques y procesos judiciales que vienen enfrentando sus principales militantes, el PT continua siendo el principal referente de una generación que aspiraba a construir un país más justo, inclusivo y democrático. Quizás la propia agonía en que se debate actualmente el PT, le permita reestructurarse radicalmente y recuperar la mística y los principios fundacionales que lo aproximen a otras fuerzas de izquierda que se han apartado del PT precisamente por el surgimiento de prácticas indeseables que ciertamente serán descartadas en la retomada de un esfuerzo colectivo que pretende encarnar la voz y los anhelos de los más necesitados.

sexta-feira, 23 de dezembro de 2016

Brasil: Tiempos difíciles para un gobernante impopular

Meritxell Freixas
El Ciudadano

Mientras la popularidad del presidente brasileño, Michel Temer, baja en picada, los sondeos rescatan nombres como el de la candidata verde Marina Silva para entrar en la carrera presidencial de 2018.

Temer enfrenta no sólo un escenario complejo por el poco apoyo popular y las marchas en contra de sus políticas de austeridad, sino que también se las tiene que ver con un proceso judicial que le salpica directamente y que se ha cargado a seis de los miembros de su gabinete.

En conversación con El Ciudadano, el doctor en Ciencias Sociales y Editor del Blog Socialismo y Democracia, Fernando de la Cuadra, analiza -con poco optimismo- el escenario social y político brasileño. Opina que “no existen condiciones para destituir a Temer” y que la crisis política que acecha al país fortalece “las posiciones más reaccionarias”.

A la vez, apuesta por una renovación de los liderazgos de la izquierda brasileña, que considera muy fragmentada, e indudablemente del Partido de los Trabajadores.

En los últimos días se conoció que el proyecto de reformas económico de Temer está perdiendo apoyos por las medidas impopulares como la aprobación del congelamiento del gasto público o la que prevé aumentar la edad mínima de jubilación. Muchos medios han atribuido a eso la pérdida de apoyos de Temer, que un 51% valora como mala o pésima su gestión. Sin embargo, ¿es sólo ese el motivo de la pérdida de popularidad?

Si se analizan las cifras de apoyo al gobierno y al propio Temer desde que fue aceptada la admisibilidad de la denuncia contra la presidenta Dilma, a mediados de mayo, instalada por el vice-presidente Temer para asumir la presidencia interina del país, el índice de popularidad de Temer siempre fue muy bajo. Según la última encuesta realizada por Datafolha hace un par de semanas, el nivel de satisfacción de los brasileños con el gobierno Temer alcanza a solo un 10%, casi el mismo porcentaje que tenía en mayo (11%). En cambio, la evaluación negativa del gobierno (malo o pésimo) subió 20 puntos porcentuales, desde un 31% en julio a los actuales 51% que mencionas.

Aparte del casi inexistente carisma de Temer y de la corrupción que aqueja ostensiblemente a sus ministros, es indudable que la reforma del sistema previsional y la voluntad de congelar los gatos para los próximos 20 años, son factores que inciden en una desaprobación in crescendo de su gobierno. A ello se puede sumar algunos proyectos de claro sesgo conservador, como la Escuela sin partido o la tentativa fracasada de eliminar disciplinas como filosofía, sociología, artes y hasta educación física de la malla curricular de la enseñanza media.

Por otra parte, el gobierno ha iniciado el proceso de venta de recursos naturales a corporaciones transnacionales, comprometiendo la soberanía de Brasil sobre dichos recursos. Específicamente en el caso de los hidrocarburos, Petrobras acaba de firmar un acuerdo con la petrolera francesa Total por un valor de 2,2 billones de dólares, que incluye la venta para explotación de los campos del pre-sal existentes en la Bahía de Santos. Dicho convenio es parte de una extensa lista de concesiones y ventas realizadas a favor de corporaciones multinacionales para la explotación de las reservas de hidrocarburos que se encuentran en el subsuelo territorial. Muchas de estas medidas no son conocidas por la población, pero tanto la reforma de las jubilaciones como el techo del gasto público para las próximas dos décadas son cuestiones que afectan directamente la calidad de vida de los brasileños y en función de ello aparecen como más prominentes a la hora de generar un debate sobre los derroteros del gobierno Temer.

Pienso que en una eventual candidatura de Temer, sus posibilidades de elección son nulas no solamente por las medidas anti-populares que viene aplicando su gobierno, como por el hecho de que independiente del lugar que ocupaba en la coyuntura que derivó en la destitución de la presidenta Dilma, su figura no tiene ningún respaldo ciudadano y es claramente un personaje acartonado y desabrido que no concita la más mínima adhesión por parte del electorado. Por ejemplo, la misma encuesta Datafolha revela que la gran mayoría de los entrevistados, el 63%, son favorables a la inmediata renuncia de Temer durante lo que queda del año para que se pueda convocar a elecciones directas para el período que resta de mandato. Es una posibilidad muy remota, pero es un buen indicador de cuanto la población desea la salida de Temer y su reemplazo por un presidente que cuente con la legitimidad que otorga el voto popular.

La salvación del presidente del Senado, Renán Calheiros, por parte del Supremo Tribunal Federal (STF) supone un poco más de aire para seguir con las medidas de austeridad de la administración Temer. ¿Qué coste puede tener para él seguir en este lado de la cancha, considerando la carrera presidencial para 2018?

El episodio Renán Calheiros demostró que el STF buscó llegar a una resolución que evitase un conflicto directo entre el Poder Legislativo y el Judicial, pero que como en otras situaciones anteriores, representa una violación flagrante de la Constitución, según la opinión de diversos especialistas en Derecho Constitucional. En términos muy resumidos, la ley establece que ninguna persona que está siendo juzgada en tribunales sea parte de la línea sucesora del presidente en caso de ausencia, enfermedad, renuncia o impedimento.

Renán Calheiros, que es el segundo en la línea sucesora después del presidente de la Cámara de Diputados (Rodrigo Maia), fue objeto de un recurso impetrado por el Partido PSOL para que fuese cesado en sus funciones de presidente del Senado, precisamente por una causa antigua en su contra que fue recientemente sancionada por ese mismo STF. ¿Que resolvieron los miembros del máximo tribunal? Que Renán Calheiros podía continuar como presidente del senado, pero inhabilitado para ocupar en alguna circunstancia el cargo de presidente interino. Esa decisión del Supremo es inconstitucional y hace recordar otras decisiones polémicas de los ministros de la Corte. Esta “salvación” del senador Calheiros es una carta de negociación que ha utilizado el STF para impedir la discusión de la ley sobre Abuso de Autoridad que se encuentra empantanada en el Congreso, debate que es fundamental para tratar de democratizar las instituciones y eliminar las injusticias cometidas no solo por los tribunales, sino que también por el conjunto de los agentes públicos que cuentan con prerrogativas especiales para hacer un uso arbitrario y descomedido de la ley. Y claro, el STF también fue presionado por el presidente Temer para dejar en el cargo a Calheiros, con el compromiso de este último de llevar adelante la votación de la PEC 55 (congelamiento del gasto público), la cual fue aprobada finalmente por el Senado.

A Temer lo acusan también de vinculación con el escándalo de corrupción Petrobras, pidiendo dinero a la constructora Odebrecht para financiar al PMDB. En el marco de la Operación Lava Jato, ya cayeron varios de los miembros de su gabinete. ¿Podría ese factor situarlo en una posición similar a la de Dilma Rousseff cuando se impulsó su proceso de impeachment o “golpe de estado”?

No creo, son procesos diferentes. Primero porque las fuerzas que impulsaron el proceso contra Dilma utilizaron un recurso que se encuentra estipulado en la Constitución con respecto a la responsabilidad fiscal (aplicación de recursos complementarios sin autorización del Congreso y pedaladas fiscales). Eso va a ser una materia de debate ad infinitum.

Por su parte, Temer está envuelto en varios casos de corrupción y de entrega de recursos para financiar el partido a través del mecanismo conocido como “Caixa dois”. Después, existe un proceso en el Supremo Tribunal Electoral de financiamiento ilegal junto con Dilma, eran de la misma chapa. Pero el tema más gravitante es conocer cómo las fuerzas políticas se han venido articulando para mantener a Temer en el poder, hacer el “trabajo sucio” de las reformas ya comentadas y después seguir con la agenda electoral con las presidenciales marcadas para octubre del 2018.

Algunos analistas dicen que Temer no pasará de marzo del próximo año, pero como ya he insinuado, mi lectura del escenario brasileño es que no existen condiciones para destituir a Temer. En caso de que Temer sea destituido en el curso de 2017, estaríamos frente a una elección indirecta que realizaría el Congreso Nacional. Y este mare magnum brasileño se encuentra tan revuelto que no se vislumbra ninguna alternativa para comandar este país por los próximos dos años. Temer es mediocre, sin carisma, una especie de marioneta de los grandes intereses empresariales y del centro que conforma las llamadas bancadas de la B: Bala (empresas de seguridad y vigilancia), Boi (agropecuaria) y Biblia (Evangélicos).

Más allá de la crisis social y económica que enfrenta el país, otro factor se impone cada vez con más fuerza. Es una suerte de guerra de poderes entre el legislativo y el judicial, este último encabezado por el juez Sergio Moro, que en el marco de la operación Lava Jato ha abierto investigaciones a más de 50 cargos políticos tanto de derecha como de izquierda. De hecho, esta semana se conoció la quinta investigación abierta contra el ex presidente Lula en el marco de este caso. ¿Qué implicará este desmantelamiento político para la sociedad brasileña y su sistema político?

Diversas voces esperanzadas han señalado que lo positivo de la operación Lava Jato y de otras como Zelotes, Calcuta, etc… es que representa un terremoto en la clase política y en la sociedad brasileña, situando el problema de la corrupción como un factor central a ser enfrentado para pensar cualquier posibilidad de desarrollo. Tengo bastante dudas respecto a si la clase política ha hecho su mea culpa y por la calidad deplorable de los miembros del Congreso, la única alternativa que resta es informar y formar a la ciudadanía sobre la importancia de la participación y la emisión del voto. Un voto consciente y reflexivo podría eventualmente alterar la actual composición de fuerzas de este Congreso atravesado por intereses patrimonialistas y corporativistas del peor tipo. En ese sentido, los cinco procesos abiertos contra el ex presidente Lula son una parte más de un fenómeno de descomposición de la clase política y de una rutina de escándalos que no parece acabar.

Por lo mismo, existe un enorme riesgo que se fortalezcan aquellas posiciones más reaccionarias que se alimentan con esta crisis política y con la falta de credibilidad en los partidos y en las instituciones democráticas. Esto ya se puede observar en el crecimiento meteórico de figuras como Jair Bolsonaro, un ex militar apologista de la tortura y de la eliminación física de quienes se sitúan en la izquierda. Junto con ello, pastores evangélicos ultra conservadores se han proyectado a partir de un número cada vez mayor de iglesias y grupos evangélicos que son conducidos como rebaños obedientes y acríticos de la realidad. El triunfo de Donald Trump y la ascensión de Marine le Pen en Francia, Nigel Farage en el Reino Unido o Frauke Petry en Alemania representan un peligroso viraje hacia la extrema derecha en el mundo y su impacto en un Brasil desorientado por la crisis no es un dato menor. Con un discurso simplista y “anti-político”, estos personajes que surgen en momentos de desajuste se presentan como seres mesiánicos que salvarán a la patria de todas las penurias causadas por políticos, empresarios y funcionarios de gobierno. Un discurso que es literalmente introyectado en electores cansados de ver como los recursos públicos se desvanecen entre las manos de políticos y administradores corruptos.

En los últimos días se conoció el aumento de la popularidad de la líder verde Marina Silva, quien disputó la carrera presidencial con Rousseff en 2014. ¿Qué tantas posibilidades tendría de ganar Silva, más allá de lo pronosticado por las encuestas?

A pesar de su actual posición en las encuestas en que aparece con un 47 % de intención de voto en la segunda vuelta, creo que la candidatura de Marina Silva se va a ir diluyendo en el transcurso de la actual campaña. El histórico de Marina le juega en contra. Fue candidata para las elecciones de 2010 y 2014. En ambas, mantuvo en determinado momento una expresión significativa de las intenciones de sufragio manifestadas por el electorado. Se generaron grandes expectativas entre sus partidarios, pero finalmente se desinfló. En parte, este proceso de declive en el apoyo de los votantes se debe a que Marina Silva tuvo campañas poco convincentes, ya sea por la incapacidad de seducir con un proyecto que sumara al conjunto de las fuerzas progresistas, como por su postura ambigua y errática en diversos temas de economía, política, sociedad, cultura o ética.

Por ejemplo, su filiación a la iglesia evangélica provocó cambios drásticos de su posicionamiento en temas sensibles como el aborto, las relaciones homo-afectivas o la adopción de hijos por parejas del mismo sexo. Además, me gustaría destacar que Marina Silva se ha mantenido bastante ausente en los debates sobre la legalidad y legitimidad del gobierno Temer, sin cuestionar el impeachment, o cuestionando tímidamente el curso que ha tomado el nuevo gobierno en una constelación de temas fundamentales, como los anteriores. Su propio partido, la Rede, se encuentra dividido en relación a las más variadas temáticas, lo cual expresa sin muchos eufemismos, la falta de capacidad de liderazgo que muestra la propia Marina Silva a la hora de orientar o influir en la opinión de sus correligionarios. Lo que no deja de ser paradójico es el hecho de que una persona que ha brillado por su ausencia en los debates durante este último tiempo es indicada por muchos electores como la candidata favorita para presidir los destinos de Brasil.

¿Cuál puede ser la incidencia de los liderazgos de la izquierda brasileña que no están implicados en corruptelas para promover el cambio en miras a 2018?

Parte de la izquierda brasileña se encuentra en un franco proceso de refundación, incluida aquella que está implicada en casos de corrupción. La cuestión es que una eventual alianza o frente unido de las izquierdas en este país debe superar años de discordias, luchas intestinas y fraccionamientos traumáticos entre sus huestes.

Sin ir más lejos, el propio PT ha sido objeto de varios fraccionamientos internos y de la salida de facciones importantes de militantes emblemáticos que han dado paso a otros referentes como el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) o el Partido Rede, que surge con militantes que estaban en el PSOL y a la cual se agregó una fracción del PT. Además, el PT mantiene todavía un importante sector que posee una filiación doctrinaria con el trotskismo internacional que se denomina Democracia Socialista (DS) y que en cualquier momento puede pasar a transformarse en un partido autónomo.

Por otro lado, los sectores tradicionales de la izquierda del tronco comunista (PCB y PC do B) se encuentran relegados a una mínima expresión, producto también de fisuras internas a los largo de sus respectivas historias partidarias. Un partido que surgió del PCB inspirado por la experiencia renovadora o “aggiornamento” del comunismo italiano encarnado en el Partito Democratico della Sinistra (PDS) conformó el Partido Popular Socialista que actualmente es parte del gobierno Temer, inclusive con dos ministerios. Existe además una gran variedad de corrientes de izquierda que dejan la sensación de un movimiento pulverizado y difícil de articular, cuyo único eje común está representado por la oposición al gobierno actual. Eso es muy poco si se desea construir un gran frente o bloque histórico (utilizando la expresión de Gramsci) para realizar las transformaciones que Brasil necesita.

Una renovación de los liderazgos de la izquierda brasileña debe pasar necesariamente por una renovación del PT, dado su papel protagónico en el escenario político de los últimos 36 años y porque pese a todos los ataques y procesos judiciales que vienen enfrentando sus principales militantes, el PT continua siendo el principal referente de una generación que aspiraba a construir un país más justo, inclusivo y democrático. Quizás la propia agonía en que se debate actualmente el PT, le permita reestructurarse radicalmente y recuperar los principios fundacionales que lo aproximen a otras fuerzas de izquierda que se han le han apartado precisamente por el surgimiento de prácticas indeseables.