sábado, 17 de setembro de 2011

Las prostitutas de Berlusconi



Elena Llorente
Página 12


“¿A quién me traes esta noche, Gianpi?” Silvio Berlusconi repetía esta frase cuando el empresario Gianpaolo Tarantini lo llamaba por teléfono para ofrecerle mujeres. Luego de cada encuentro amoroso, Berlusconi y Tarantini comentaban los detalles y el físico de la muchacha. Así lo aseguran, según la prensa italiana, los documentos de la fiscalía de Bari (sudeste de Italia), que el jueves dio por terminadas sus investigaciones sobre Tarantini. Los jueces analizaron unas cien mil escuchas telefónicas y llegaron a la conclusión de que en ese tráfico hubo más de 30 mujeres implicadas, contactadas por Tarantini y otras siete personas, que trataban de convencerlas para que se prostituyeran con Berlusconi a cambio de dinero o regalos. Pero entre los ocho acusados no está incluido el primer ministro.

A veces, Il Cavaliere hablaba personalmente con las bellas al teléfono para cortejarlas. Este fue el caso de la argentina Belén Rodríguez, ahora famosa en la televisión italiana y que comenzará dentro de pocos días una temporada como copresentadora del programa Colorado café de Italia 1, uno de los canales televisivos de la Fininvest, grupo de la familia Berlusconi. Al parecer, el premier le dijo al teléfono: “Me gustas mucho. Eres bellísima”. Y después se informó sobre su trabajo en televisión. Pero Il Cavaliere habría asegurado por otra parte que a Belén no le había hecho “los tiros” porque estaba con uno de sus futbolistas, es decir Marco Borriello, que entonces jugaba en el club Milan, del que es propietario Berlusconi. Por Colorado café pasó también otra latinoamericana implicada en las fiestas de Il Cavaliere en Milán, conocida como “Bunga Bunga”: la dominicana Maristel García Polanco.

El caso Tarantini fue uno de los primeros escándalos sexuales que salió a relucir sobre Berlusconi, allá en 2010, poco después de que la segunda esposa del premier pidiera el divorcio, argumentando que su marido necesitaba un tratamiento médico. En ese momento se conoció sólo el caso de una prostituta de lujo, Patrizia D’Adario, quien dijo a los jueces haber sido contactada por Tarantini para que se prostituyera con Berlusconi. D’Adario proveyó a los fiscales algunas fotos hechas con su teléfono celular y grabaciones sobre esos encuentros.

Los jueces de Bari han escuchado decenas de llamadas telefónicas entre Berlusconi y Tarantini, y en ellas no se habla sólo de mujeres sino que el empresario trata al mismo tiempo de concluir algunos negocios. A menudo pide al primer ministro que le facilite encontrar a dirigentes de Finmeccanica –el primer grupo industrial italiano en el sector de la alta tecnología y entre los primeros diez en el mundo en materia de aeroespacio, defensa y seguridad– y de otras empresas relacionadas con ella, además de contactar al jefe de la Protección Civil, y amigo personal de Berlusconi, Guido Bertolaso. De ahí el temor de los fiscales de que Tarantini y su gente pudieran haber extorsionado a Berlusconi para obtener algunos beneficios. Incluso se habló de unos 500 mil euros que el primer ministro habría girado a Tarantini. Según sus abogados, se trató de una ayuda que Berlusconi dio a Tarantini y su esposa porque estaban pasando un difícil momento económico.

Las ocho personas sospechosas han sido investigadas por la Justicia de Bari por más de 20 acusaciones, dos de ellas muy graves como “asociación para delinquir” y “fomento de la prostitución”. Se trata de empresarios, de un abogado y de algunas mujeres. Todos ellos habrían sacado provecho de ese tráfico de prostitutas para que sean enviadas a las distintas residencias del primer ministro en Arcore (cerca de Milán, norte de Italia), en la isla de Cerdeña y en Roma. Tarantini y los otros contribuían a organizar las fiestas en las casas del premier y se ocupaban de buscar prostitutas o jóvenes dispuestas a prostituirse. Tarantini se ocupaba de seleccionar las mujeres en base a ciertas características físicas. Debían ser jóvenes, graciosas y delgadas. Pero al parecer el empresario cuidaba también los detalles y daba órdenes a las mujeres sobre la ropa que tenían que vestir y sobre su comportamiento. De ningún modo debían usar tacos altos para no ofender la altura del primer ministro. El empresario pagaba los gastos de viaje y les ponía a disposición un auto para llevarlas hasta el lugar del encuentro.

“Eran elegantes cenas de tipo social”, aseguran los abogados de Berlusconi. Este escándalo de 2010, ahora profundizado y ampliado por los fiscales, se agrega al proceso Ruby en el que el primer ministro está acusado de prostitución de menores y de abuso de poder en Milán.

Sus correligionarios mientras tanto están tratando de hacer aprobar en el Parlamento una nueva ley contra las escuchas telefónicas, específicamente para que no puedan ser publicadas por la prensa. Pero el presidente de la República, Giorgio Napolitano, que según la Constitución italiana debe firmar las leyes para que entren en vigor, no tendría intenciones de firmar.

sexta-feira, 16 de setembro de 2011

El fantasma de la moratoria recorre Europa



Alejandro Nadal
La Jornada


La crisis en Europa comienza una nueva y peligrosa etapa. Ya casi nadie descarta la posibilidad de una moratoria en Grecia, ya sea unilateral o dictada por los poderes de la Unión Europea. Parece que la única pregunta es ¿cuándo?

Sencillamente, el plan de rescate para Grecia no funcionó. Era lógico: los paquetes de rescate de corte neoliberal condujeron a una contracción brutal de la economía: el PIB se redujo 7.3 por ciento el segundo trimestre del año. Con esas recetas de austeridad es normal que las metas de recaudación no se hayan alcanzado. En pocas palabras, los planes de rescate terminaron por hundir a la economía de ese país.

Por otro lado, el programa de restructuración de la deuda griega tampoco se ha desempeñado bien. Ese plan requiere que 90 por ciento de los tenedores de bonos griegos acepten el nuevo calendario de vencimientos, pero hasta el momento sólo 68 por ciento de los acreedores ha firmado las nuevas condiciones.

Los números son claros: aún suponiendo que se pueda llevar a cabo esta primera restructuración, Grecia deberá pagar o refinanciar cerca de 137 mil millones de euros para 2020. Para poder hacer frente a esta carga, el país tendría que realizar sacrificios que nadie en su sano juicio le impondría a una nación.

Para comenzar, tendría que mantener un superávit primario (ingresos y gastos netos de cargas financieras) superior a 5 por ciento del PIB sólo para mantener su deuda en el nivel actual de 180 por ciento del PIB. Y para ir reduciendo este gravamen, tendría que alcanzar durante los próximos 20 años un superávit primario cercano a 10 por ciento, para generar los recursos que permitan reducir el peso de la deuda a 90 por ciento del PIB.

Simplemente no hay manera de que Grecia pueda lograr hacer frente a su deuda sin una restructuración bien pensada y ejecutada de la deuda. Como el liderazgo político para avanzar por este sendero no está a la vista, parece que la moratoria es la única salida. Quizás es por eso que la señora Merkel hizo referencia ayer a la necesidad de evitar una moratoria desordenada.

Tal vez ya es demasiado tarde para evitar la pesadilla de la Merkel. La realidad es que la perspectiva de una moratoria griega ya afecta negativamente todos los rincones del espacio bancario y financiero de Europa.

Los bancos europeos con mayor exposición han visto desplomarse sus activos y, en caso de moratoria, habrá que inyectarles fuertes cantidades de recursos. El costo del fondeo de países como España e Italia tendrá que incrementarse y ahí es muy difícil que la intervención del Banco Central Europeo (BCE) o del Fondo Europeo de Estabilización Financiera, pueda surtir efecto.

El mercado de bonos soberanos de Grecia pudo ser afectado por la acción del BCE en su programa de compra de bonos, pero el gigantesco mercado de esos dos países rebasa los 2 billones (castellanos) de euros.

La verdad es que tanto Grecia como la Europa del euro, enfrentan alternativas dolorosas. Por un lado se puede optar entre la moratoria y una eventual salida del euro, regresando al dracma y recuperando su política monetaria y cambiaria. La economía griega sufriría un costo muy elevado en varios frentes (para empezar, su sistema bancario probablemente se colapsaría porque el BCE ya no le inyectaría recursos).

El otro camino es continuar por el sendero de las restructuraciones, con el fin de sacar a Grecia del agujero. Los números mencionados arriba indican que ese camino no es fácil. Para poder superar los obstáculos, la Europa del euro tendría que aceptar que la fusión económica debe ir más lejos que la simple unión monetaria.

El BCE ha intensificado su programa de compra de bonos de deuda soberana y ya ha adquirido 143 mil millones de euros en bonos de España, Grecia, Irlanda, Italia y Portugal.

La medida no ha tenido los efectos esperados: ayer Italia tuvo que pagar las tasas más elevadas desde que adoptó el euro en 1999 para vender bonos a cinco años. Además, el programa del BCE está rodeado de una fuerte controversia. El último episodio se produjo con la renuncia de Jürgen Stark, miembro del consejo ejecutivo del Banco Central Europeo. Su salida es una forma extrema de protesta en contra del giro que ha tenido que adoptar el BCE frente a la crisis.

Por estos días se ofrecen en los mercados financieros swaps de deuda sobre bonos griegos de deuda a cinco años, con tasas que implican una probabilidad de 100 por ciento de que habrá moratoria.

Una suspensión de pagos afectaría a los principales bancos europeos y el efecto de contagio tendría repercusiones impredecibles. El BCE tendría que intervenir con cantidades sin precedentes de compras de bonos. Eso casi sería equivalente a introducir la flexibilización monetaria de la Fed (la famosa QE) en Europa. Por el momento, la visión monetarista alemana se opone a este tipo de medidas.

¿Podrán las autoridades económicas europeas superar la crisis? Para ello será necesario vencer el dogmatismo neoliberal en Europa y encaminarse por otro sendero.

segunda-feira, 12 de setembro de 2011

Trocando mitos por história



Laura Greenhalgh
O Estado de São Paulo


O ataque às torres gêmeas do World Trade Center, há exatos dez anos, num atentado que não só amputou a paisagem de Nova York, mas acima de tudo tirou a vida de milhares de pessoas, acordando o mundo para tensões inauditas, foi a mais completa experiência de uma catástrofe de que se tem notícia, afirma com convicção o historiador britânico Eric Hobsbawm, nesta entrevista exclusiva ao Aliás. "Porque foi vista em cada aparelho de TV, nos dois hemisférios", justifica em seguida. Mas, quando ele coloca a mesma catástrofe no plano maior da história das civilizações, daí faz com que afirmação superlativa submeta-se a outras associações de ideias, que nos convidam a pensar. E pensar muito.

Aos 94 anos, Eric John Ernest Hobsbawm mais uma vez dá provas de que o caminhar da humanidade se faz com passos que medem séculos e a melhor unidade da história, no seu jeito de ver o mundo, é a "era", e não os dias, os anos, nem mesmo as décadas. Aqui mesmo, nestas páginas, ele nos contará por que acha que já entramos na ‘era do declínio americano’, sem em nenhum momento subestimar o país que por muito tempo ainda exportará seu formidável "soft power" - o cinema, a música, a literatura, a moda, os estilos de vida, enfim, todo um aparato cultural.

Hobsbawm concedeu esta entrevista dias atrás, de regresso a Londres depois do descanso de verão. Respondeu por escrito ao conjunto de perguntas. Ao construir as respostas, vê-se como selecionou os exemplos que melhor ilustram seu raciocínio, sempre com invejável disposição intelectual. Ao final do questionário, e depois de revelar até os projetos que gostaria de desenvolver "se fosse mais jovem", terminou a entrevista com a seguinte afirmação: "Isso é tudo o que eu quero dizer".

Autor de A Era das Revoluções, A Era do Capital, A Era dos Impérios e a A Era dos Extremos, em que tece uma ‘breve história’ do século 20, questiona assimilações como a superioridade cultural do Ocidente, por vezes invólucro de uma arrogância histórica que hoje mal disfarça a incapacidade de entender, afinal de contas, o que vem a ser uma sociedade tribal ou um califado. Por outro lado, acha que a intensificação dos fluxos migratórios, levando incessantemente gente jovem de um canto a outro do planeta, embora gere muita xenofobia, gera também uma visão mais disseminada da diversidade do mundo. Visão que a geração de Hobsbawm, nascido em 1917 no Egito sob domínio inglês, numa família judia mais tarde perseguida pelo nazismo, definitivamente não teve.

Professor (emérito) da Universidade de Cambridge, na Inglaterra, e da New School for Social Research, em Nova York, Hobsbawm só é capaz de compreender o historiador como um "observador participante", além de se autodefinir também como um "viajante de olhos abertos e jornalista ocasional". Chega a recomendar aos seus leitores que tentem tomar o que ele escreve "na base da confiança", porque embora pesquise incansavelmente, se dispensa das referências bibliográficas sem fim e das enfadonhas exibições de erudição. Por isso, seguramente, seu estilo é inconfundível.

Marx, ele descobriu na juventude. Ao fixar-se em Londres, logo alistou-se no Partido Comunista e, depois, no exército britânico, para combater Hitler. Evidentemente Hobsbawm foi cobrado pelo método marxista de análise que ainda hoje utiliza, especialmente quando muitos dos seus pares trataram de rever posições, a partir do desmoronamento do mundo soviético. Em sua autobiografia, Tempos Interessantes (lançada em 2002 pela Companhia das Letras, assim como outros títulos importantes do autor), ele próprio já tratava de acalmar os fustigadores: "A história poderá julgar minhas opiniões políticas - na verdade em grande parte já as julgou - e os leitores poderão julgar meus livros. O que busco é o entendimento da história, e não concordância, aprovação ou comiseração".

No livro Globalização, Democracia e Terrorismo, de 2007, o senhor passa para os leitores certo pessimismo ao lhes colocar uma perspectiva crucial e ao mesmo tempo desconfortante: 'Não sabemos para onde estamos indo', diz, referindo-se aos rumos mundiais. Olhando as últimas décadas pelo retrovisor da história esse sentimento parece ter se intensificado. Em que outros momentos a humanidade viveu períodos marcados por essa mesma sensação de falta de rumos?

Embora existam diferenças entre os países, e também entre as gerações, sobre a percepção do futuro - por exemplo, hoje há visões mais otimistas na China ou no Brasil do que em países da União Europeia e nos Estados Unidos -, ainda assim acredito que, ao pensar seriamente na situação mundial, muita gente experimente esse pessimismo ao qual você se refere. Porque de fato atravessamos um tempo de rápidas transformações e não sabemos para onde estamos indo, mas isso não constitui um elemento novo em tempos críticos. Tempos que nos remetem ao mundo em ruínas depois de 1914, ou mesmo a vários lugares daquela Europa entre duas grandes guerras ou na expectativa de uma terceira. Aqueles anos durante e após a 2ª Guerra foram catastróficos, ali ninguém poderia prever que formato o futuro teria ou mesmo se haveria algum futuro. Cruzamos também os anos da Guerra Fria, sempre assustadores pela possibilidade de uma guerra nuclear. E, mais recentemente, notamos a mesma sensação de desorientação ao vermos como os Estados Unidos mergulharam numa crise econômica que até parece ser o breakdown do capitalismo liberal.

Nações saíram empobrecidas, arruinadas mesmo, das guerras mundiais, mas é adequado pensar que havia naqueles escombros o desenho de um futuro?

Sim. Se de um lado o futuro nos era desconhecido e cada vez mais inesperado, havia por outro lado uma ideia mais nítida sobre as opções que se apresentavam. No entreguerras, a escolha principal de um modelo se dava entre o capitalismo reformado e o socialismo com forte planejamento econômico - supremacia de mercado sem controle era algo impensável. Havia ainda a opção entre uma democracia liberal, o fascismo ultranacionalista e o comunismo. Depois de 1945, o mundo claramente se dividiu numa zona de democracia liberal e bem-estar social a partir de um capitalismo reformado, sob a égide dos EUA, e uma zona sob orientação comunista. E havia também uma zona de emancipação de colônias, que era algo indefinido e preocupante. Mas veja que os países poderiam encontrar modelos de desenvolvimento importados do Ocidente, do Leste e até mesmo resultante da combinação dos dois. Hoje esses marcos sinalizadores desapareceram e os ‘pilotos’ que guiariam nossos destinos, também.

Como o senhor avalia o poder das imagens de destruição nos ataques do 11/9 a Nova York, tão repetidas nos últimos dias? Tornaram-se o símbolo de uma guinada histórica, apontando novas relações entre Ocidente e Oriente? Por que imagens do cenário de morte de Bin Laden surtiram menos impacto?

A queda das torres do World Trade Center foi certamente a mais abrangente experiência de catástrofe que se tem na história, inclusive por ter sido acompanhada em cada aparelho de televisão, nos dois hemisférios do planeta. Nunca houve algo assim. E sendo imagens tão dramáticas, não surpreende que ainda causem forte impressão e tenham se convertido em ícones. Agora, elas representam uma guinada histórica? Não tenho dúvida de que os Estados Unidos tratam o 11/9 dessa forma, como um turning point, mas não vejo as coisas desse modo. A não ser pelo fato de que o ataque deu ao governo americano a ocasião perfeita para o país demonstrar sua supremacia militar ao mundo. E com sucesso bastante discutível, diga-se. Já o retrato de Bin Laden morto (que não foi divulgado) talvez fosse uma imagem menos icônica para nós, mas poderia se converter num ícone para o mundo islâmico. Da maneira deles, porque não é costume nesse mundo dar tanta importância a imagens, diferentemente do que fazemos no Ocidente, com nossas camisetas estampando o rosto de Che Guevara.

Mas além da chance de demonstrar poderio militar, os Estados Unidos deram uma guinada na sua política externa a partir de 2001, ajustando o foco naquilo que George W. Bush batizou como ‘war on terror’. Outro encaminhamento seria possível?

Eu diria que a política externa americana, depois de 2001, foi parcialmente orientada para a guerra ao terror, e fundamentalmente orientada pela certeza de que o 11/9 trouxe para os EUA a primeira grande oportunidade, depois do colapso soviético, de estabelecer uma supremacia global, combinando poder político-econômico e poder militar. Criou-se a situação propícia para espalhar e reforçar bases militares americanas na Ásia central, ainda uma região muito ligada à Rússia. Sob esse aspecto, houve uma confluência de objetivos - combate-se o inimigo ampliando enormemente a presença militar americana. Mas, sob outro aspecto, esses objetivos conflitaram. A guerra no Iraque, que no fundo nada tinha a ver com a Al-Qaeda, consumiu atenção e uma enormidade de recursos dos EUA, e ainda permitiu à organização liderada por Bin Laden criar bases não só no Iraque, mas no Paquistão e extensões pelo Oriente Médio.

Os Estados Unidos lançaram-se nessa campanha sabendo o tamanho do inimigo?

O perigo do terrorismo islâmico ficou exagerado, a meu ver. Ele matou milhares de pessoas, é certo, mas o risco para a vida e a sobrevivência da humanidade que ele possa representar é muito menor do que o que se estima. Exemplo disso são as importantes mudanças que ocorreram neste ano no mundo árabe, mudanças que nada devem ao terrorismo islâmico. E não só: elas o deixaram à margem. Agora, o mais duradouro efeito da war on terror, aliás, uma expressão que os diplomatas americanos finalmente estão abandonando, terá sido permitir que os Estados Unidos revivessem a prática da tortura, bem como permitir que os cidadãos fossem alvo de vigilância oficial. Isso, claro, sem falar das medidas que fazem com que a vida das pessoas fique mais desconfortável, como ao viajar de avião.

Diante dos problemas econômicos que hoje afligem os Estados Unidos, ainda sem um horizonte de recuperação à vista, o senhor diria que seguimos em direção a um tempo de declínio da hegemonia americana?

Nós de fato caminhamos em direção à Era do Declínio Americano. As guerras dos últimos dez anos demonstram como vem falhando a tentativa americana de consolidar sua solitária hegemonia mundial. Isso porque o mundo hoje é politicamente pluralista, e não monopolista. Junto com toda a região que alavancou a industrialização na passagem do século 19 para o século 20, hoje a América assiste à mudança do centro de gravidade econômica do Atlântico Norte para o Leste e o Sul. Enquanto o Ocidente vive sua maior crise desde os anos 30, a economia global ainda assim continua a crescer, empurrada pela China e também pelos outros Brics. Ainda assim, não devemos subestimar os Estados Unidos. Qualquer que venha a ser a configuração do mundo no futuro, eles ainda se manterão como um grande país e não apenas porque são a terceira população do planeta. Ainda vão desfrutar, por um bom tempo, da notável acumulação científica que conseguiram fazer, além de todo o soft power global representado por sua indústria cultural, seus filmes, sua música, etc.

Não só por desdobramentos político-militares do 11/9, mas também pela emergência de novos atores no mundo globalizado, criam-se situações bem desafiadoras. Por exemplo, o que o Ocidente sabe do Islã? E dos países árabes que hoje se levantam contra seus regimes? Qual é o grau de entendimento da China? Enfim, o Ocidente enfrenta dificuldades decorrentes de uma certa superioridade cultural ou arrogância histórica?

Ao longo de toda uma era de dominação, o Ocidente não só assumiu que seus triunfos são maiores do que os de qualquer outra civilização, e que suas conquistas são superiores, como também que não haveria outro caminho a seguir. Portanto, ao Ocidente restaria unicamente ser imitado. Quando aconteciam falhas nesse processo de imitação, isso só reforçava nosso senso de superioridade cultural e arrogância histórica. Assim, países consolidados em termos territoriais e políticos, monopolizando autoridade e poder, olharam de cima para baixo para países que aparentemente estavam falhando na busca de uma organização nas mesmas linhas. Países com instituições democráticas liberais também olharam de cima para baixo para países que não as tinham. Políticos do Ocidente passaram a pensar democracia como uma espécie de contabilidade de cidadãos em termos de maiorias e minorias, negando inclusive a essência histórica da democracia. E os colonizadores europeus também se acharam no direito de olhar populações locais de cima para baixo, subjugando-as ou até erradicando-as, mesmo quando viam que aqueles modos de vida originais eram muito mais adequados ao meio ambiente das colônias do que os modos de vida trazidos de fora. Tudo isso fez com que o Ocidente realmente desenvolvesse essa dificuldade de entender e apreciar avanços que não fossem os próprios.

Essa superioridade do Ocidente pode mudar com a emergência de uma potência como a China?

Mas mesmo a China, que no passado remoto era tida como uma civilização superior, foi subestimada por longo tempo. Só depois da 2ª Guerra é que seus avanços em ciência e tecnologia começaram a ser reconhecidos. E só recentemente historiadores têm levantado as extraordinárias contribuições chinesas até o século 19. Veja bem, ainda não sabemos em que medida a cultura, a língua e mesmo as práticas espirituais da Pérsia, hoje Irã, enfim, em que medida aquele fraco e frequentemente conquistado império influenciou uma grande parte da Ásia, do Império Otomano até as fronteiras da China. Sabemos? Temos grande dificuldade em compreender a natureza das sociedades nômades, bem como sua interação com sociedades agrícolas assentadas, e hoje a falta dessa compreensão torna quase impossível traduzir o que se passa em vastas áreas da África e da região do Saara, por exemplo, no Sudão e na Somália. A política internacional fica completamente perdida quando confrontada por sociedades que rejeitam qualquer tipo de estado territorial ou poder superior ao do clã ou da tribo, como no Afeganistão e nas terras altas do sudoeste asiático. Hoje achamos que já sabemos muito sobre o Islã, sem nem sequer nos darmos conta de que o radicalismo xiita dos aiatolás iranianos e o sonho de restauração do califado por grupos sunitas não são expressões de um Islã tradicional, mas adaptações modernistas, processadas o longo século 20, de uma religião prismática e adaptável.

Com todos esses exemplos de 'mundos' que se estranham, o senhor diria que a história corre o risco das distorções?

Apesar de todos esses exemplos, sou forçado a admitir que a arrogância histórica ocidental inevitavelmente se enfraquece, exceto em alguns países, entre eles os EUA, cujo senso de identidade coletiva ainda consiste na crença de sua própria superioridade. Nos últimos dez anos, a história tomou outro curso, muito afetada pelas imigrações internacionais que permitem a mulheres e homens de outras culturas virem para os "nossos" países. Dou um exemplo: hoje a informação municipal na região de Londres onde vivo está disponível não apenas em inglês, mas em albanês, chinês, somali e urdu. A questão preocupante é que, como reação a tudo isso, surge também uma xenofobia de caráter populista, que se propaga até nas camadas mais educadas da população. Mas, inegavelmente, numa cidade como Londres ou Nova York, onde a presença dos imigrantes de várias partes é forte, existe hoje um reconhecimento maior da diversidade do mundo do que se tinha no passado. Turistas que buscam destinos na Ásia, África ou até mesmo no Caribe costumam não entender a natureza das sociedades que cercam seus hotéis, mas jovens mulheres e homens que hoje viajam, a trabalho ou estudos, para esses lugares, já criam outra compreensão. Em resumo, apesar da expansão de xenofobia, há motivos para otimismo porque a compreensão abrangente do nosso tempo complexo requer mais do que conhecimento ou admiração por outras culturas. Requer conhecimento, estudo e, não menos importante, imaginação.

Imaginação?

Sim, porque essa compreensão abrangente é frequentemente dificultada pelo persistente hábito de políticos e generais passarem por cima do passado. O Afeganistão é um clamoroso exemplo do que estou dizendo. Temo que não seja o único.

Na sua opinião, estaríamos atravessando um momento regressivo da humanidade quando fundamentalismos religiosos impõem visões de mundo e modos de vida?

O que vem a ser um momento regressivo? Esta é a pergunta que faço. Não acredito que nossa civilização esteja encarando séculos de regressão como ocorreu na Europa Ocidental depois da queda do Império Romano. Por outro lado, devemos abandonar a antiga crença de que o progresso moral e político seja tão inevitável quanto o progresso científico, técnico e material. Essa crença tinha alguma base no século 19. Hoje o problema real que se coloca, o maior deles, é que o poder do progresso material e tecnocientífico, baseado em crescente e acelerado crescimento econômico, num sistema capitalista sem controle, gera uma crise global de meio ambiente que coloca a humanidade em risco. E, à falta de uma entidade internacional efetiva no plano da tomada de decisão, nem o conhecimento consolidado do que fazer, nem o desejo político de governos nacionais de fazer alguma coisa estão presentes. Esse vazio decisório e de ação pode, sim, levar o nosso século para um momento regressivo. E certamente isso tem a ver com aquele "sentido de desorientação" que discutimos no início da entrevista.

Apoiado na sua longa trajetória acadêmica, que conselhos o senhor daria aos jovens historiadores de hoje?

Hoje pesquisar e escrever a história são atividades fundamentais, e a missão mais importante dos historiadores é combater mitos ideológicos, boa parte deles de feitio nacionalista e religioso. Combater mitos para substituí-los justamente por história, com o apoio e o estímulo de muitos governos, inclusive. Se eu fosse jovem o suficiente, gostaria de participar de um excitante projeto interdisciplinar que recorresse à moderna arqueologia e às técnicas de DNA para compor uma história global do desenvolvimento humano, desde quando os primeiros Homo sapiens tenham aparecido na África oriental e como elas se espalharam pelo globo. Agora, se eu fosse um jovem historiador latino-americano, daí eu poderia ser tentado a investigar o impacto do meu continente sobre o resto do mundo. Isso, desde 1492, na era dos descobrimentos, passando pela contribuição material desse continente a tantos países, com metais preciosos, alimentos e remédios, até o efeito da América Latina sobre a cultura moderna e a compreensão do mundo, influenciando intelectuais como Montaigne, Humboldt, Darwin. E, evidentemente, eu pesquisaria a riqueza musical do continente, fosse eu um latino-americano. Isso é tudo o que eu quero dizer.

domingo, 11 de setembro de 2011

11 de septiembre de 1973



Editorial
El Siglo


A muchos les incomoda la sola mención de la fecha. Se ha intentado echar tierra a los hechos que la precedieron, en busca de un blanqueo de culpables y responsables en grados diversos, incluyendo el silencio cómplice. “La historia juzgará”, dicen otros, mientras disfrutan de los dividendos del golpe de estado, botín escandalosamente sustraído al pueblo de Chile.

Mediante el expediente hipócrita de las “responsabilidades compartidas”, se omiten datos tan innegables y contundentes como la traición de los altos mandos castrenses, la conspiración de las derechas política y económica y, sobre todo, el decisivo accionar del imperialismo, personificado en la siniestra pareja Nixon-Kissinger.

La honda fisura instalada en el subsuelo de la conciencia de millones de chilenas y chilenos, ha jugado un papel de difícil cuantificación, aunque innegable, en los acontecimientos que han tenido lugar en los últimos años de nuestra historia política y social.

Grandes masas sufrían los diarios embates de la dictadura, con un repertorio que incluía desde la violencia extrema –asesinatos, desaparecimientos, torturas, relegaciones y exilio- hasta las más o menos sutiles formas de penetración vía terror, introducción de la droga para favorecer su consumo masivo particularmente en los combativos sectores de las periferias urbanas, las presiones vía políticas laborales, etc., etc. Pero esas mismas masas eran las que, de mil formas, participaban en las movilizaciones, luchas, protestas y formas agudas de resistencia para oponerse al opresivo dominio ejercido con el apoyo terrorista del estado.

La transición pactada, cuya propiedad intelectual sería ridículo discutirle al Departamento de Estado norteamericano, inauguró un nuevo estilo de gobierno y de relación entre una dirigencia –concertacionista- auto erigida en una “clase política” que monopolizaba la expresión libre de la ciudadanía.

Fue necesario que las limitaciones de los sucesivos gobiernos de “la transición” quedaran al desnudo ante el país, para que los millones de personas que se habían embarcado en la embriaguez del consumo y abandonado en manos ajenas su presente y su futuro, se liberaran de los espejismos y asumieran una conducta como la que vemos hoy en las calles y plazas de todo Chile.

Es claro, también ocurrió la vuelta de la derecha al gobierno, luego de 20 años de haber sido desalojada junto con el dictador, y tras más de medio siglo sin haberlo conseguido por la vía democrática.

Lo sustantivo del momento actual es que los grandes anhelos -“utopías”, por qué no- que marcaron el Chile de las primeras décadas de la segunda mitad del siglo pasado, han vuelto a transitar de la mano, particularmente, de las nuevas promociones de estudiantes de todos los niveles de la educación: secundarios, universitarios, y con la participación a su lado y activamente del extenso contingente de profesores y el apoyo aplastante de la ciudadanía.

Las palabras que hace 38 años pronunciara Salvador Allende en medio del bombardeo a La Moneda, alcanzan plena vigencia: “volverán otros hombres a abrir las anchas alamedas por donde pase el hombre libre del mañana”.

No se trata de tender un puente que desde el hoy alcance a ese año 1973, como si nada hubiera pasado. No, porque lo ocurrido fue terrible en demasía y las lecciones extraídas de los largos años de dolor y de lucha no pueden de ninguna manera ni bajo pretexto alguno ser olvidadas u omitidas.

Pero salgan a ver a la gente por las calles, pongan atento oído: ya este Chile no es el mismo de ayer. En las manos y los cantos de miles y miles de chilenos, y en primer lugar de su juventud, está el porvenir. Gracias a ellos, a su conciencia y su capacidad de encender con su decisión las certezas y esperanzas de todo un país, Salvador Allende no habrá muerto en vano.

sábado, 10 de setembro de 2011

A matemática macabra do 11 de setembro



Marco Aurélio Weissheimer
Carta Maior


A resposta dos EUA ao ataque contra o World Trade Center engendrou duas novas guerras e uma contabilidade macabra. Para vingar as mais de 2.900 vítimas do ataque, algumas centenas de milhares de pessoas foram mortas. Para cada vítima do 11 de setembro, algumas dezenas (na estatística mais conservadora) ou centenas de pessoas perderam suas vidas. Mas essa história não se resume a mortes. A invasão do Iraque rendeu bilhões de dólares a empresas norteamericanas. Essa matemática macabra aparece também no 11 de setembro de 1973. O golpe de Pinochet provocou 40 mil vítimas e gordos lucros para os amigos do ditador e para ele próprio: US$ 27 milhões, só em contas secretas.

O mundo se tornou um lugar mais seguro, dez anos depois dos atentados de 11 de setembro e da “guerra ao terror” promovida pelos Estados Unidos para se vingar do ataque? A resposta de Washington ao ataque contra o World Trade Center e o Pentágono engendrou duas novas guerras – no Iraque e no Afeganistão – e uma contabilidade macabra. Para vingar as mais de 2.900 vítimas do ataque, mais de 900 mil pessoas já teriam perdido suas vidas até hoje. Os números são do site Unknown News, que fornece uma estatística detalhada do número de mortos nas guerras nos dois países, distinguindo vítimas civis de militares. A organização Iraq Body Count, que usa uma metodologia diferente, tem uma estatística mais conservadora em relação ao Iraque: 111.937 civis mortos somente no Iraque.

Seja como for, a matemática da vingança é assustadora: para cada vítima do 11 de setembro, algumas dezenas (na estatística mais conservadora) ou centenas de pessoas perderam suas vidas. Em qualquer um dos casos, a reação aos atentados supera de longe a prática adotada pelo exército nazista nos territórios ocupados durante a Segunda Guerra Mundial: executar dez civis para cada soldado alemão morto. Na madrugada do dia 2 de maio, quando anunciou oficialmente que Osama Bin Laden tinha sido morto, no Paquistão, por um comando especial dos Estados Unidos, o presidente Barack Obama afirmou que a justiça tinha sido feita. O conceito de justiça aplicado aqui torna a Lei do Talião um instrumento conservadora. As palavras do presidente Obama foram as seguintes:

"Foi feita justiça. Nesta noite, tenho condições de dizer aos americanos e ao mundo que os Estados Unidos conduziram uma operação que matou Osama Bin Laden, o líder da Al Qaeda e terrorista responsável pelo assassinato de milhares de homens, mulheres e crianças."

O conceito de justiça usado por Obama autoriza, portanto, a que iraquianos e afegãos lancem ataques contra os responsáveis pelo assassinato de milhares de homens, mulheres e crianças. E provoquem outras milhares de mortes. E assim por diante até que não haja mais ninguém para ser morto. A superação da Lei do Talião, cabe lembrar, foi considerada um avanço civilizatório justamente por colocar um fim neste ciclo perpétuo de morte e vingança. A ideia é que a justiça tem que ser um pouco mais do que isso.

Nem tudo é dor e sofrimento

Mas a história dos dez anos do 11 de setembro não se resume a mortes, dores e sofrimentos. Há a história dos lucros também. Gordos lucros. Uma ótima crônica dessa história é o documentário “Iraque à venda. Os lucros da guerra”, de Robert Greenwald (2006), que mostra como a invasão do Iraque deu lugar à guerra mais privatizada da história: serviços de alimentação, escritório, lavanderia, transporte, segurança privada, engenharia, construção, logística, treinamento policial, vigilância aérea...a lista é longa. O segundo maior contingente de soldados, após as tropas do exército dos EUA, foi formado por 20 mil militares privados. Greenwald baseia-se nas investigações realizadas pelo deputado Henry Waxman que dirigiu uma Comissão de Investigação sobre o gasto público no Iraque.

Parte dessa história é bem conhecida. A Halliburton, ligada ao então vice-presidente Dick Cheney, recebeu cerca de US$ 13,6 bilhões para “trabalhos de reconstrução e apoio às tropas. A Parsons ganhou US$ 5,3 bilhões em sérvios de engenharia e construção. A Dyn Corp. faturou US$ 1,9 bilhões com o treinamento de policias. A Blackwater abocanhou US$ 21 milhões, somente com o serviço de segurança privada do então “pró-Cônsul” dos EUA no Iraque, Paul Bremer. Essa lista também é extensa e os números reais envolvidos nestes negócios até hoje não são bem conhecidos. A indústria da “reconstrução” do Iraque foi alimentada com muito sangue, de várias nacionalidades. Os soldados norte-americanos entraram com sua quota. Até 1° de setembro deste ano, o número de vítimas fatais entre os militares dos EUA é quase o dobro do de vítimas do 11 de setembro: 4.474. Somando os soldados mortos no Afeganistão, esse número chega a 6.200.

A matemática macabra envolvendo o 11 de setembro e os Estados Unidos manifesta-se mais uma vez quando voltamos a 1973, quando Washington apoiou ativamente o golpe militar que derrubou e assassinou o presidente do Chile, Salvador Allende. Em agosto deste ano, o governo chileno anunciou uma nova estatística de vítimas da ditadura do general Augusto Pinochet (1973-1990): entre vítimas de tortura, desaparecidos e mortos, 40 mil pessoas, 14 vezes mais do que o número de vítimas dos atentados de 11 de setembro de 2001. Relembrando as palavras do presidente Obama e seu peculiar conceito de justiça, os chilenos estariam autorizados a caçar e matar os responsáveis pelo assassinato de milhares de homens, mulheres e crianças.

Assim como no Iraque, nem tudo foi morte, dor e sofrimento na ditadura chilena. Com a chancela da Casa Branca e a inspiração do economista Milton Friedman e seus Chicago Boy’s, Pinochet garantiu gordos lucros para seus aliados e para si mesmo também. Investigadores internacionais revelaram, em 2004, que Pinochet movimentava, desde 1994, contas secretas em bancos do exterior no valor de até US$ 27 milhões. Segundo um relatório de uma comissão do Senado dos EUA, divulgado em 2005, Pinochet manteve elos profundos com organismos financeiros norte-americanos, como o Riggs Bank, uma instituição de Washington, além de outras oito que operavam nos EUA e em outros países. Segundo o mesmo relatório, o Riggs Bank e o Citigroup mantiveram laços com o ditador chileno durante duas décadas pelo menos. Pinochet, amigos e familiares mantiveram pelo menos US$ 9 milhões em contas secretas nestes bancos.

Em 2006, o general Manuel Contreras, que chefiou a Dina, polícia secreta chilena, durante a ditadura, acusou Pinochet e o filho deste, Marco Antonio, de envolvimento na produção clandestina de armas químicas e biológicas e no tráfico de cocaína. Segundo Contreras, boa parte da fortuna de Pinochet veio daí.

Liberdade, Justiça, Segurança: essas foram algumas das principais palavras que justificaram essas políticas. O modelo imposto por Pinochet no Chile era apontado como modelo para a América Latina. Os Estados Unidos seguem se apresentando como guardiões da liberdade e da democracia. E pessoas seguem sendo mortas diariamente no Iraque e no Afeganistão para saciar uma sede que há muito tempo deixou de ser de vingança.

quinta-feira, 8 de setembro de 2011

México, objetivo de EU para expandir su guerra contra el terrorismo



David Brooks
La Jornada


A lo largo de los últimos 10 años, México se transformó de ser un "socio" en la lucha antiterrorista de Estados Unidos a nivel internacional, a un país que requiere ser rescatado con algunas de las mismas estrategias y tácticas diseñadas por Washington para combatir el terror al otro lado del mundo.

El mismo comando, cuya unidad de fuerzas especiales militares Seals aniquiló a Osama Bin Laden y con ello de cierta manera se cerró un capítulo de la historia que empezó con los atentados del 11 de septiembre de 2001, está deseoso ahora de aplicar sus talentos a México, reportó el Washington Post.

En un amplio reportaje sobre el Comando Conjunto de Operaciones Especiales del Pentágono (JSOC), la fuerza militar secreta más poderosa de este país que ha multiplicado su tamaño y operaciones en torno a la guerra contra el terrorismo proclamada por el 11-S, los reporteros Dana Priest y William Arkin informan que "México está primero en su lista de deseos", pero que el gobierno mexicano, limitado por la Constitución, depende de otras agencias federales para asistencia en inteligencia y otras actividades. Sin embargo, JSOC colabora en asuntos antiterroristas con la agencia de Inmigración y Aduanas (ICE) y otras en aspectos relacionados con el tema.

De hecho, revelaciones en meses recientes señalan que las tácticas y enfoque de la guerra antiterrorista estadunidense ya se emplean en México. "Los militares (de EU) intentan aplicar en México lo mismo que hicieron en Afganistán", declaró un oficial estadunidense al New York Times recientemente, al describir el trabajo de algunos en el Comando Norte.

El Times reportó el mes pasado que el Pentágono está empleando lecciones aprendidas en una década de combate contrainsurgente en Afganistán e Irak en la lucha antinarcóticos. En el Comando Norte (cuya área de responsabilidad comprende Estados Unidos, Canadá y México) "varios altos oficiales con años de experiencia en la lucha contra Al Qaeda y grupos afiliados examinan inteligencia sobre las redes de droga mexicanas", informó el rotativo.

El centro de fusión de inteligencia en una base militar en el norte de México, integrado por personal de la DEA, la CIA y civiles del Comando Norte del Pentágono (entre ellos militares retirados) está modelado sobre los centros de inteligencia empleados en Afganistán e Irak. Las naves aéreas no tripuladas a control remoto, los llamados drones, que han sido la tecnología bélica más moderna y más utilizada en Afganistán, Pakistán y Yemen, las emplean ahora (aunque no artillados, se asegura) las agencias estadunidenses en México. Algunas de las técnicas de operaciones clandestinas, y todo tipo de instrucción contrainsurgente, afinadas en los campos de guerra de Irak y Afganistán, actualmente forman parte de la capacitación estadunidense de fuerzas de seguridad pública mexicanas.

Algunos análisis militares estadunidenses en el pasado reciente han comparado algunos aspectos de la situación en México con la de Pakistán e incluso con Afganistán. Aunque el Departamento de Estado y otros descartan estas comparaciones, no ayuda su argumento cuando nombran al segundo en rango de la embajada estadunidense en Afganistán, E. Anthony Wayne, como próximo embajador de Estados Unidos en México.

El gobierno de Vicente Fox expresó su solidaridad con Estados Unidos poco después de los atentados, aunque hubo controversia sobre si se demoró en hacerlo formalmente, y casi de inmediato se empezó a implementar todo tipo de cooperación con Washington en torno a la "seguridad"; de hecho, horas después de los atentados, México selló sus fronteras. Desde entonces México también empezó una mayor coordinación sobre monitoreo de extranjeros –sobre todo musulmanes– y vigilancia de puertos de entrada, fronteras y tránsito aéreo con sus contrapartes en Washington.

En los siguientes meses, México procedió de manera cautelosa en el ámbito diplomático. Subrayó su cooperación con la "comunidad internacional", y no directamente con Washington, para enfrentar el terrorismo. Después, México evitó sumarse a cualquier coalición de países que proclamaban la guerra contra el terrorismo, lo que provocó irritación en Washington.

De hecho, el gobierno mexicano fue víctima de constante presión y hasta de espionaje en la misión de México ante la Organización de Naciones Unidas por Estados Unidos, el cual buscaba promover el endoso de la comunidad internacional para su guerra contra Irak.

El voto no se realizó, aunque México indicaba que rechazaría el uso de fuerza contra Irak. Estados Unidos lanzó su guerra de manera unilateral. Pero meses más tarde, ya ante los hechos, México sí endosó en la ONU la legitimidad de la autoridad estadunidense en el país invadido.

En el ámbito bilateral, México prometió a políticos estadunidenses que se dedicaría a "asegurar" la frontera con Estados Unidos ante una creciente presión desde Washington que transformó el tema fronterizo y de la migración en asunto de seguridad nacional. Así, a partir del 11-S, la relación bilateral se transformó; antes, las prioridades eran el comercio y la migración tras los ataques, la seguridad se volvió el eje central.

Así, en las siguientes reuniones entre los entonces presidentes Vicente Fox y George W. Bush, todo giraba en torno al tema de seguridad, y elaboraron acuerdos que incluso convirtieron la tan elogiada zona de libre comercio del TLC, en una zona de seguridad de América del Norte que sería bautizada bajo el nombre de Asociación de Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN) en 2005.

Sin embargo, el gobierno de Bush, bajo la repetida justificación de seguridad, decidió militarizar su frontera sur e instaló más equipo electrónico, construyó un muro fronterizo y desplegó más agentes de seguridad incluida la Guardia Nacional, algo que continúa en la presidencia de Barack Obama.

Con la declaración de la guerra del presidente Felipe Calderón contra el narcotráfico y la detonación de la ola de violencia extrema en el país vecino, la relación dio otro giro. México pasó de pronto de ser "socio" en la lucha antiterrorista, a "víctima" de la violencia terrorista del narcotráfico.

Bajo el rubro de la Iniciativa Mérida, esta óptica se hizo extensiva a Centroamérica. La relación con Estados Unidos hoy gira cada vez más en torno a las definiciones de la visión estratégica estadunidense que se aplica a la gran mayoría de países del mundo, y donde casi todo es percibido como una posible "amenaza" a la seguridad estadunidense.

La violencia y las drogas en México, hasta los migrantes, se perciben como graves amenazas potenciales a la seguridad nacional estadunidense por Washington. Las consecuencias del 11-S, como lo aprendido en la respuesta bélica estadunidense, definen ahora la relación bilateral.

quarta-feira, 7 de setembro de 2011

11 de setembro: 2001, 2011 e muitos outros



Cristina Soreanu Pecequilo
Carta Maior


Dentre os muitos clichês que se associaram ao 11 de setembro logo após os atentados atingirem as cidades de Nova Iorque e Washington, um se tornou bastante popular: a afirmação de que os Estados Unidos (EUA), e o mundo, nunca mais seriam os mesmos. Apesar de conter grande fundo de verdade, simplesmente baseada no senso comum, e na observação dos fatos, a potência hegemônica fora atacada em seu território continental sem praticamente poder de reação estratégico ou moral, muitas das transformações na política interna e externa que foram atribuídas aos ataques terroristas já se encontravam em andamento na sociedade norte-americana e no cenário global.

Ainda que os atentados tenham passado à história como motivadores desta mudança, os mesmos devem ser entendidos sob um prisma múltiplo: como motivadores até, mas também como válvula de escape de pressões neoconservadoras e sintoma do gradual desgaste da liderança dos EUA no sistema internacional. Até mais importante do que 11/09 para a hegemonia e o mundo foram os dias que se seguiram ao evento, traduzido em espetáculo midiático e até cinematográfico, que obscureceu, e permanece obscurecendo os “porquês” e os “comos” do atentado.

Do 11/09 emergiu um nacionalismo “fácil” nos EUA, uma retórica de união e consenso que não passou dos primeiros testes em sua solidez na defesa da democracia e da América, simplesmente aceitando, pelo medo e pela unanimidade, a pressão da “necessária” guerra contra o terror. Um terror tanto dentro quanto fora das fronteiras norte-americanas, que, para ser combatido, demandava que as sociedades ocidentais abrissem mão de seus direitos fundamentais básicos, simplesmente identificando, no outro, no diferente, aquele que poderia ser o inimigo. E, do 12/09 em diante, revelou um país cada vez mais belicoso com seus pares, mesmo seus aliados, e com seus cidadãos.

Assim, os atentados permitiram a edição de leis de emergência controversas como o Ato Patriota que delegava ao Estado poderes quase sem controle para a espionagem, a prisão e interrogatórios de suspeitos, o memorando do Departamento de Justiça autorizando práticas invasivas para o questionamento de indivíduos, i.e, tortura, validando o radicalismo de medidas de proteção da liberdade por meio de seu esvaziamento.

Para os neoconservadores, esta foi a válvula de escape de uma agenda de relações internacionais agressivas em nome da defesa do país, sustentando, por uma nova retórica o anunciado reposicionamento estratégico pretendido pelos defensores do unipolarismo e unilateralismo.

Defensores estes que se tornaram visíveis em Bush filho (2001/2008), mas que, desde Bush pai (1989/1992) no contexto do encerramento da Guerra Fria, buscavam, eles mesmos, o seu espaço dentro das estruturas de poder. Derrotados pelo democrata Bill Clinton (1993/2000) nas primeiras eleições pós-bipolaridade, estes republicanos reorganizaram-se em torno de movimentos religiosos e de grupos de interesse do complexo militar-industrial-energético, em consultorias e na mídia, preparando sua ofensiva que chegaria com o escândalo Monica Lewinski no biênio 1998/1999 e a tentativa fracassada de impeachment de Clinton.

No meio tempo, a vitória nas eleições de meio de mandato de 1994 com o “Contrato com a América”, plataforma de defesa do Estado mínimo, de controle dos “excessos liberais” ganhara terreno. E, em 2000, uma nação dividida vai às urnas, em uma eleição cercada de controvérsias, decidida pela Suprema Corte, permitindo, finalmente a este grupo o controle da Casa Branca.

E, para os que se surpreenderam com o silêncio e a tolerância demonstradas com os desrespeitos às liberdades individuais depois dos ataques, basta lembrar o silêncio e a tolerância da sociedade norte-americana diante da própria eleição de George W. Bush. Um Presidente que não venceu com a maioria dos votos populares, mas ganhou uma eleição indireta, em um Colégio Eleitoral criado no século XVIII pelos pais fundadores do país e seus mecanismos constitucionais. Mais de 500 mil votos separaram o candidato republicano do oponente democrata Al Gore, muitos grupos da sociedade civil relataram, como o fizeram em 2004 e 2008, pleitos presidenciais seguintes, constrangimentos a seu voto em distritos de maioria negra, hispânica e de baixo nível de renda como a ausência de cédulas eleitorais, fiscais e desvio de votos. Diante dos fatos, mais uma vez o silêncio, seja de outros grupos da sociedade civil, como da classe política à exceção de algumas poucas manifestações de protestos diante do arcaísmo e elitismo do sistema. Mudanças práticas? Quase nenhuma.

Ou por que não recordar a aceitação passiva dos primeiros atentados ao World Trade Center em 1993, praticamente ignorados pela mídia em suas retrospectivas sobre. E, mais adiante, o atentado de um grupo fundamentalista branco a um prédio federal em Oklhoma City em 1995, e episódios correlatos de violência social e política. Em uma sociedade fragmentada tanto antes, quanto depois, a violência surgia, e permanece, como resposta à exclusão. Economicamente, um declínio anunciado desde a década de 1970 que gera ainda mais conflitos.

Assim, se foi válvula de escape destes movimentos represados que produziram a Doutrina Bush, as guerras no Afeganistão e no Iraque, a intolerância e a xenofobia, o 11/09 também é, e foi, sintoma destes mecanismos de poder e sentimentos de inadequação social que revelam a decadência das bases liberais do país.

E, igualmente, deixam cada vez mais aparentes os sintomas da fragilidade e vulnerabilidade da hegemonia diante de suas contradições e de um mundo que muda a uma velocidade mais rápida do que sua liderança compreende. Sem esquecer que parte desta mesma velocidade acelerada no sistema deriva mais do unilateralismo neoconservador de Bush do que de um claro desafio sistêmico à ordem dominada pelos EUA. Seja antes ou depois do 11/09, a transição do sistema internacional pós-Guerra Fria já indicava sinais de multipolarização do equilíbrio de poder, com o eixo dinâmico da política internacional se transferindo do ocidente “tradicional”, EUA e Europa, para os “novos” ocidente e oriente de China, Brasil, Índia e Rússia. Bush filho apenas acelerou este movimento que Obama tenta administrar, alternando políticas de engajamento progressista destas nações com ações de contenção político-econômica, mescladas ao isolacionismo e a “democratização” das crises econômicas norte-americanas por meio de emissões de moeda, pressões sobre o câmbio e comércio global e permanência das estruturas de poder global no âmbito multilateral.

Em uma linha de tempo, 11/09 talvez tenha nos trazido Barack Obama como símbolo da superação e renovação norte-americana, direta ou indiretamente. Entretanto, seguindo neste raciocínio, o mesmo evento nos legou Sarah Palin e o Partido do Chá, cujo radicalismo e contestáveis práticas políticas dificilmente passariam pelo crivo da política democrática. Mas a democracia é peculiar, ela traz ao poder o reflexo de uma sociedade e de suas motivações, sejam elas Obama, Palin ou o Chá, revelando esta disputa permanente entre valores de progresso e regressão nos EUA.

Frente a isso, os “porquês” de 11/09 ligam-se não somente ao fatores externos de reação à hegemonia, de ataque moral e factual a suas bases, mas à polarização interna na qual se debate a América desde os meados dos anos 1990, com a ascensão de uma nação multiracial e étnica, associada a perda da hegemonia branca, anglo-saxã-protestante. Mas muitos destes motivos ainda nos escapam e não será em uma década que conseguiremos respondê-los, sem cair no jogo fácil das teorias conspiratórias ora sobre a Al-Qaeda, ora sobre os fundamentalistas dos EUA. Da mesma forma, sabemos os “comos” imediatistas, as imagens de aviões chocando-se em torres, heróis em um avião derrubado antes de atingir seu alvo, mas nada muito além.

Sem Bin Laden, estes serão dez anos de homenagens aqueles que sucumbiram, e irão sucumbir, aos efeitos de 11/09 e a sua instrumentalização como motivador de políticas de combate ao terror, da guerra contra o “outro", dentro e fora dos EUA. Porém, dez anos sem celebração de qualquer tipo de vitória, independente do que se pense sobre a hegemonia ou de seus atos: da América ao mundo, não podemos abdicar de nossa lucidez, ainda que todos tenhamos perdido um pouco de nossa humanidade naquela manhã de setembro.

segunda-feira, 5 de setembro de 2011

Metade dos somalis já enfrentam emergência alimentar


The Independent

Para toda uma geração, a primeira imagem da catástrofe da fome em massa ficou amalgamada nos relatos vindos de uma desconhecida região africana que a guerra tirou da obscuridade e jogou nas páginas dos jornais no fim dos anos 1960. Da tragédia de Biafra para o drama seguinte, na Etiópia, em meados dos anos 1980, os protagonistas continuaram os mesmos - africanos submetidos às privações da seca e dos conflitos armados - mas a mobilização internacional mudou, capitaneada por uma constelação de cantores pop americanos no memorável esforço do "USA for Africa".

Um quarto de século depois, outra geração se depara com as mesmas imagens de décadas passadas, apenas com o foco do drama centrado em outro país. Hoje, a ONU vai anunciar que a fome na Somália já atinge mais da metade da população - deixando quatro milhões de pessoas numa situação crítica - e se espalha para outras regiões do depauperado país africano. E, desde doming, a entidade patrocina na capital somali, Mogadíscio, uma reunião de cúpula para ajudar a encontrar um caminho à realização de eleições em 2012.

No total, as agências humanitárias estimam que 13 milhões de pessoas na África Oriental - incluindo a Etiópia e o Quênia - estão em emergência alimentar, causada em parte pela pior seca em 60 anos na região e em parte por conflitos que dificultam a entrega de ajuda. Desde 1991, a Somália - mergulhada no caos da guerra civil - deixou de ser um Estado funcional.

Rebeldes islamistas dificultam ajuda

Agora, se as chuvas não caírem até outubro, o futuro de milhões de pessoas ainda encurraladas sem comida no meio da guerra civil no Sul da Somália parece ainda mais incerto. Mesmo que as chuvas não falhem, não haverá colheitas até o início de 2012, o que significa que a emergência permanecerá por meses. O acesso das organizações de ajuda humanitária ainda é um problema sério nas áreas mais atingidas do centro-sul. Com exceção de alguns poucos grupos, a maioria das agências ocidentais de assistência está banida da região pelo grupo rebelde al-Shabaab, que tem conexões com a al-Qaeda. A maior parte da ajuda é distribuída a pessoas que conseguem chegar a Mogadíscio ou a campos de refugiados em Quênia e Etiópia.

- É o problema mais sério. A comida está chegando a Mogadíscio, mas fazê-la chegar às pessoas que necessitam (em outras regiões) vai continuar sendo um enorme problema - desabafa Unni Karunakara, presidente da organização Médicos Sem Fronteiras (MSF).

Após uma visita ao Sul da Somália na semana passada, o alto comissário da ONU para Refugiados, António Guterres, alertou que o pico da crise ainda está por vir: "Do ponto de vista da segurança alimentar das pessoas, obviamente, à medida que o tempo passa, até que a próxima colheita seja possível, a situação vai ficar cada vez pior."

Uma cúpula começou ontem em Mogadíscio visando a criar condições para a eleição de um novo presidente em agosto de 2012. O encontro de três dias, organizado pela ONU, é a primeira grande conferência política em quatro anos na devastada cidade. Se o fraco governo de transição da Somália, apoiado pelo Ocidente, não for reforçado, a ilegalidade que permitiu que a fome prosperasse e a paz se esquivasse não vai diminuir. Na semana passada, pelo menos 27 pessoas morreram em combates pesados na região semiautônoma de Galmudug. O doutor Karunakara estava entre muitos daqueles que duvidaram que uma cúpula da ONU poderia trazer estabilidade: "Realmente tenho dificuldades para imaginar o que a ONU pode fazer."

No entanto, Augustine Mahiga, enviado especial do secretário-geral da organização, defendeu a cúpula. "Esta reunião histórica é um processo liderado por somalis e para os somalis". A ONU está facilitando o encontro, tal como solicitado pelos somalis - disse.

Hamdi Bashir, 46, estava entre os primeiros a se mudar para um recém-aberto campo de refugiados no Quênia. Ele veio há duas semanas de Buale, na Somália, com a mulher e 13 filhos. Enquanto a emergência alimentar foi o que levou Bashir ao Quênia, é o fim da guerra em seu país - mais do que a chuva - o que ele deseja: "Nós, somalis, vivemos sem segurança em nosso país, e fugimos para diferentes regiões do mundo. Paz e segurança são as coisas mais importantes na vida de um ser humano."

domingo, 4 de setembro de 2011

A militarização da política no México



Luis Hernández Navarro
Carta Maior


O presidente mexicano Felipe Calderón fez da guerra contra o narcotráfico o eixo de seu governo. O combate ao crime organizado proporcionou a seu mandato uma via de legitimação que as urnas tinham negado. A militarização da política forneceu a ele as ferramentas para administrar o país com medidas de exceção. A politização da segurança pública facilitou a recomposição da cadeira de mando-obediência.

Da mesma maneira que o 11 de setembro de 2011 permitiu a George W. Bush tentar fazer da guerra o poder constituinte da nova ordem neoconservadora, a batalha contra os cartéis da droga possibilitou ao chefe do Executivo mexicano tratar de afiançar e perpetuar seu governo. Mas, ao invés de enviar tropas ao Iraque e ao Afeganistão, o mandatário mexicano retirou-as de seus quartéis para tomar posições dentro do território nacional.

O exército está nas ruas de muitas localidades do país, desempenhando funções que não correspondem às suas atribuições. Estabeleceu detenções, toques de recolher de fato e inspeções. Os comandos militares ocuparam os postos policiais. No que parece o ensaio geral do que se pensa fazer em vários estados do norte, em lugares como Ciudad Juárez e Chihuahua, vive-se uma situação muito próxima a de um estado de exceção não decretado pelo Congresso.

Seu antecessor, Vicente Fox, começou seu sexto ano de governo, em 2000, com uma festa popular. Felipe Calderón iniciou o seu, em 2006, com uma parada militar. Transcorreram quase cinco anos desde que o novo inquilino da casa presidencial assumiu o cargo e o que sobressai de seu mandato é sua predileção por uniformes militares, as fanfarras e os atos públicos com as Forças Armadas como tela de fundo.

No dia 3 de janeiro de 2007, em Apatzingán, no estado de Michoacán, onde nasceu, durante sua primeira atividade pública naquele ano, o chefe do Executivo se apresentou com um uniforme de campanha, com uma boina de cinco estrelas e o escudo nacional. Quatro meses mais tarde, no dia 8 de maio, também em Apatzingán, a foto era uma continuação da do dia 3 de janeiro: elementos do exército, utilizando veículos blindados e lança-granadas, se enfrentavam com supostos narcotraficantes.

No curto prazo, a politização da segurança pública proporcionou ao chefe do Executivo saldos positivos. As pesquisas apontam níveis de aceitação razoáveis, ainda que tenham caído sistematicamente nos últimos meses. As violentas manifestações de descontentamento social vistas em 2006 pararam de acontecer.

Entre as primeiras baixas da guerra que vivemos encontram-se os direitos humanos. O marco jurídico foi transformado a despeito deles. Na macabra conta de crimes, o assassinato de líderes sociais é mera contabilidade. A criminalização do protesto social avança a cada dia.

Não parece importar ao chefe do Executivo que, ao militarizar a política, a tenha desgastado e degradado. Não parece se preocupar, tampouco, que, em plena crise econômica, com a produção nacional estagnada, o desemprego crescendo e a válvula de escape da migração para os Estados Unidos, obstruída, suas margens de manobra se reduziram. A única saída que vislumbra é intensificar ainda mais essa guerra.

Em 2012, serão realizadas novamente eleições para a presidência da República. As pesquisas anunciam o regresso do Partido Revolucionário Institucional (PRI), que governou o México ao longo do século XX. Para evitá-lo, Felipe Calderón parece disposto a utilizar a guerra contra o narcotráfico como um fator eleitoral, procurando envolver importantes membros do PRI com o crime organizado.

Em 2006, ano em que se orquestrou a fraude eleitoral para impedir a chegada de Andrés Manuel López Obrador à presidência da República, o direitista PAN e os poderes econômicos não hesitaram em polarizar o país e leva-lo à beira do enfrentamento violento. Apesar do PRI não ser igual a López Obrador, a situação não tem por que ser distinta em 2012. Mais ainda se a rota traçada pela atual presidência é a de incrementar a presença dos militares nas ruas, mantê-los longe dos quarteis e colocá-los a fazer o trabalho de agentes civis. Nesta lógica, parece inevitável que a militarização da política no México prossiga e a violência cresça.

sábado, 3 de setembro de 2011

Camila Vallejo: “A classe dominante não tem interesse em mudar a educação”



Christian Palma
Carta Maior


O peso de seus argumentos em programas de televisão, a clareza de suas intervenções diante das autoridades que dobram sua idade e a capacidade inata de aglutinar as massas, converteram-a na líder mais visível deste movimento que já derrubou um ministro e jogou o governo de Sebastián Piñera nas cordas. Usando um jeans surrado, um lenço artesanal no pescoço, um piercing no nariz e esse olhar que esconde uma das mentes políticas mais brilhantes que apareceram no Chile nos últimos anos.

Há três meses, Camila Vallejo, a carismática presidenta da Federação de Estudantes da Universidade do Chile (Fech), podia tomar um metrô tranquilamente e caminhar sem chamar a atenção mais do que qualquer outra mulher bonita chilena. Nesse tempo, os estudantes universitários e secundaristas iniciavam um movimento sem precedentes que inclui até hoje ocupações e greves nas escolas do país e diversas marchas pelas principais cidades chilenas pedindo fundamentalmente o fim do lucro no sistema educacional, mais qualidade nos conteúdos ministrados nas salas de aula e gratuidade completa na educação pública.

Ela, com paciência, visitava os colégios explicando ponto por ponto as razões das reivindicações estudantis e parava para conversar com os jornalistas com calma. Foi em um desses eventos que a conheci. Usando um jeans surrado, um lenço artesanal no pescoço, um piercing no nariz e esse olhar que esconde uma das mentes políticas mais brilhantes que apareceram no Chile nos últimos anos, trocamos algumas palavras.

A revolução estudantil se incendiou, os argumentos dos estudantes foram entendidos e valorizados pela cidadania e Camila Vallejo demonstrou que é muito mais do que um rosto bonito. O peso de seus argumentos em programas de televisão, a clareza de suas intervenções diante das autoridades que dobram e triplicam a idade e a capacidade inata de aglutinar as massas, converteram-a na líder mais visível deste movimento que já derrubou um ministro e obrigou o governo de direita de Sebastián Piñera a oferecer três alternativas para destravar o conflito. Mas nenhuma delas satisfez os estudantes.

Tamanha foi a pressão sobre o governo, que o próprio Piñera chamou os jovens para uma conversa neste sábado no palácio de La Moneda. Um dia antes deste convite que pode marcar o início do fim da crise, Camila Vallejo, achou um espaço em sua agenda e concedeu esta entrevista exclusiva à Carta Maior, recém chegada de Brasília, onde se reuniu com seus pares brasileiros. Ela reconhece que tem tempo apenas para comer.

Considerando as dezenas de pedidos de entrevistas solicitadas por meios de comunicação chilenos e estrangeiros, interessados nesta jovem mulher, alguns minutos com ela são um luxo. Estrela das redes sociais – como boa parte de sua geração – convocou milhares por meio do Facebook e do Twitter, mas também foi ameaçada de morte ou insultada covardemente pela web. Tranquila, diz que está consciente dos riscos que isso significa, mas, mais importante ainda, sabe a tremenda responsabilidade que passa a ter com apenas 23 anos. A seguir, a entrevista a Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling, a menina que jogou o governo de direita de Sebastian Piñera nas cordas.

Você diz que as demandas estudantis não são um assunto de direita ou esquerda, mas sim de toda a sociedade chilena. Acredita que a cidadania entendeu isso?

Este movimento alcançou uma massividade e uma transversalidade que nunca tinham sido vistas desde o retorno à democracia (1990). Uma enorme parcela daqueles que, em um determinado momento, apoiaram Piñera, hoje se dá conta de que este não é um ataque direto à sua posição, mas sim a um modelo de educação que concebe a educação como um bem de mercado e não como um direito, e também a um sistema democrático que hoje, se reconhece , é muito estreito. O questionamento à conduta do governo, inclusive de cidadãos que pertencem a setores que, em um determinado momento, apoiaram o atual presidente, deixa evidente que existe o entendimento de que a luta que hoje travamos é pelo direito à educação e por uma mudança de sistema que beneficie toda a sociedade e o desenvolvimento do Chile. Ela não se limita a buscar benefícios para um setor político particular.

O movimento se polarizou entre direita e esquerda. Isso é prejudicial?

Para entender esse conflito é preciso analisá-lo a partir de duas perspectivas. Por um lado, é preciso considerar que, junto à população, a problemática educacional se transversalizou de uma forma nunca vista, o que tem gerado um apoio massivo ao movimento vindo de diversos setores e atores ligados à educação. Por outro lado, temos um setor muito mais minoritário e ideológico representado pelas classes dominantes, que não estão interessadas em uma mudança na educação, tanto porque o atual sistema beneficia diretamente seus bolsos, como porque ele os mantêm em sua posição de privilegiados frente a uma população com fraca educação. A polarização de duas grandes alternativas educacionais é produto da postura intransigente desse setor. Ou seja, a polarização não se encontra no interior do movimento estudantil – que tem sabido priorizar a unidade atuando de forma conjunta -, mas sim representa uma enorme contradição entre as mudanças que a cidadania está exigindo hoje frente uma minoria conservadora cujos interesses são representados pelo Executivo.

Qual a consistência deste movimento para resistir às artimanhas urdidas no espectro político da direita e também do governo?

Hoje o movimento conta com uma série de fortalezas, tais como a amplitude que ultrapassa o meramente estudantil e o transforma em um movimento social; a unidade dos diferentes atores ligados ao mundo educacional, que após um longo processo conseguiram conjugar esforços em torno de pautas unificadas; a representatividade dos anseios da cidadania, na medida em que tem ocorrido processos democráticos por meio dos quais se definem as melhores estratégias a utilizar; e, finalmente, conta com a experiência histórica dos diferentes movimentos que nos precederam como o foi o movimento estudantil dos “pinguins” (estudantes secundaristas) de 2006. O movimento se vale de todas essas ferramentas para fazer frente às diferentes artimanhas que podem surgir tanto da articulação da direita como do governo, as quais, até aqui, temos sabido enfrentar.

Atuação do governo

Para entender um pouco mais o sistema educacional chileno e por que a direita não quer transformá-lo é preciso ter em mente que há três tipos de escolas de educação superior herdados da ditadura de Pinochet. Há os centros de formação técnica, os institutos profissionais e as universidades que se dividem em tradicionais, com aportes do Estado, e privadas. O ingresso nelas passa por uma prova de conhecimentos e, para os que não têm dinheiro, há um sistema de créditos outorgados pelo setor privado quase sem nenhuma regulação e com juros altíssimos. Em 2006, a presidenta Michelle Bachelet se complicou com a “Revolução dos Pinguins” que mobilizou só os estudantes secundaristas. Eles receberam promessas que não foram cumpridas e agora, com 80% da cidadania aprovando as mobilizações, o governo de Piñera recebeu os protestos na sua porta.

Qual sua avaliação sobre a atuação do governo no tema? Não deu resposta às suas demandas, faz declarações infelizes saindo da boca do próprio presidente (“não há nada grátis na vida”, “as pedras nos levaram à ruptura da democracia”) e tenta dar um perfil violento às marchas (com infiltração de policiais).

O governo não está escutando a cidadania, o que mostra que está disposto a seguir defendendo intransigentemente seu modelo educativo, inclusive assumindo o custo de omitir o que o povo tem demandado massivamente durante mais de três meses. Não contente com isso, tem explorado ao máximo as ferramentas com as quais conta o governo e a direita chilena – meios de comunicação, força policial e militar, respaldo dos grandes grupos econômicos – para deslegitimar o movimento, baseando-se na mentira por trás de estratégias populistas.A pressão social que este movimento conseguiu acumular obrigou Piñera a mostrar do que é feito este governo, quais são os limites democráticos que ele está disposto a cruzar e quem representa realmente, o que constitui um enorme desprestígio e desaprovação de sua gestão, o que já foi expresso nas últimas pesquisas que, historicamente, eles mesmos têm validado. O questionamento à incapacidade de manejar a demanda social por uma educação pública gratuita e de qualidade para todos alcança novos níveis na medida em que o grau de repressão ultrapassou qualquer limite de tolerância de um Estado de Direito. Durante esses meses de protesto, temos sido testemunhas de aberrantes abusos por parte do corpo policial, sob ordens do Executivo, através do Ministro do Interior e Segurança Pública, Rodrigo Hinzpeter, o que atingiu seu ápice com a morte de um estudante na semana passada.

Qual sua opinião sobre o papel da Concertação (oposição) em tudo isso?

A Concertação desemprenhou um papel bastante oportunista tentando obter ganhos políticos com o que ocorre hoje no país. Neste sentido vemos hoje representantes dessa coletividade criticando o modelo educacional, como, por exemplo, o ex-presidente Ricardo Lagos que diz “que o modelo não já não aguenta mais”, esquecendo-se que foram eles mesmos que administraram e aprofundaram a mercantilização da educação e que, por outro lado, um importante setor dessa organização é formado por proprietários de colégios, por investidores no negócio da educação superior.Apesar disso, dado o nível de participação que a Concertação tem no Parlamento, corresponde a eles agora responder a altura de suas declarações em favor do movimento. Ou seja, devem assegurar que os projetos de lei que surgiram dessas mobilizações representem integralmente o que as demandas sociais estabeleceram e, por motivo nenhum, devem voltar a negociar pelas costas do movimento, como terminou ocorrendo com o processo da Revolução dos Pinguins de 2006.

Com a foice e o martelo no coração

Camila Vallejo é filha de ex-militantes allendistas e referência das Juventudes Comunistas. Na atualidade, foi obrigada a congelar a tese para se formar em geografia. Ela não reconhece abertamente, mas tampouco descarta seguir uma carreira política.

Já pensou em seguir sendo dirigente no futuro, ainda mais em um país carente de líderes jovens?

Sobre o meu futuro, tenho dito que tenho um projeto pessoal de caráter acadêmico, ou seja, gostaria de terminar meu curso e seguir neste caminho. No entanto, concebo os cargos de representação como uma responsabilidade e de modo algum como um privilégio, pelo que, a priori, não posso dizer que não continuarei tendo cargos de representação popular.

Alguns dirigentes estudantis internacionais olham com especial atenção para o Chile, depositam esperança neste movimento e estão atentos para que as conquistas não sejam perdidas. Como avalia essa tremenda responsabilidade?

Creio que a esperança de que as conquistas desse movimento não sejam perdidas, assim como a responsabilidade por elas é compartilhada pela totalidade dos envolvidos. Se é verdade que, às vezes, minha pessoa é transformada em ícone do movimento, temos claro que a sua construção é uma conquista que pertence a todos. Confio que temos feito as coisas corretamente, o que é demonstrado pelo incrível apoio cidadão que nos acompanha três meses depois de iniciada essa mobilização. Sob estas condições, se o governo não tiver suas demandas satisfeitas, isso será responsabilidade da intransigência do governo e da traição da cidadania por parte da direita chilena, o que não estamos dispostos a tolerar.

O que te parece o modelo educacional de Lula (ProUni) que estabelece um mecanismo de bolsas de estudo para estudantes de universidades privadas com finalidade lucrativa, mas que está dirigido especialmente para estudantes de baixa renda e é financiado com isenções fiscais para esses estabelecimentos?

Para além do detalhe técnico das propostas, o que hoje estamos defendendo no Chile são ideias políticas muito concretas. E o fim do lucro na educação é uma das consignas que teve maior adesão da cidadania. A própria lei chilena de Educação criada na ditadura proíbe o fim do lucro em todas as universidades. O cumprimento dessa lei é um dever que esse governo descumpriu grosseiramente e que, após essa mobilização, não nos contentaremos com a continuidade dessa situação. É preciso avançar na direção da proibição do lucro em todo o sistema educacional, desde o pré-escolar a todos os setores de educação superior, assegurando sanções para aqueles que descumprirem esta lei e para aqueles que fizeram isso durante os últimos 30 anos.

Qual sua impressão sobre o apoio dos trabalhadores às mobilizações estudantis e sobre a convocação de outra mobilização massiva para 8 de setembro?

O fato de os trabalhadores apoiarem as mobilizações é algo fundamental para cada processo histórico revolucionário, pois como sujeito histórico o trabalhador que hoje se encontra diretamente explorado pelo processo produtivo sobre o qual se sustenta nossa sociedade capitalista neoliberal. Se nós, jovens estudantes, somos chamados a gerar e fomentar as mudanças, temos que ter claro que estes devem se realizar junto aos trabalhadores, pois são eles, finalmente, o real motor da história.

Você sofreu críticas e ataques, sem sentido, maliciosos. Você disse que eles fazem parte do jogo, mas alguns ultrapassam todos os limites, como o de que é manipulada pelo Partido Comunista. O que diz sobre isso?

Efetivamente, eu sou militante das Juventudes Comunistas do Chile e isso é algo que nunca escondi, muito pelo contrário, é algo do que sinto muito orgulho, pois é uma grande escola que me permitiu crescer e desenvolver-me politicamente. Além disso, é de se esperar que, na atual situação, aqueles que não estão à altura do conflito busquem argumentos como estes para atacar, não somente a mim, mas também ao resto dos dirigentes. Mas o certo é que hoje eu represento não só os estudantes da Universidade do Chile, cuja Federação presido, mas também me toca ser a voz de todos os estudantes do Chile, enquanto porta-voz da Confederação de Estudantes do Chile (Confech) e a legitimidade que tanto os estudantes como a cidadania concederam a meu desempenho evidencia que essas acusações não passam de sujas estratégias desesperadas de quem, como disse anteriormente, não tem sido capaz de ganhar o debate.

sexta-feira, 2 de setembro de 2011

Los límites de la política sin actores sociales



Sebastián Etchemendy
Página 12

El modelo económico-político chileno, ese que hoy explota entre marchas multitudinarias, bombas de gas lacrimógeno y un muerto a manos de la policía del Estado nacional, fue hasta no hace mucho el mimado de los intelectuales neoliberales, pero también de cierto progresismo apologista de la moderación y el respeto del statu quo. Para los neoliberales era el caso exitoso y de manual: reformas de mercado que habían ido más lejos que en el resto de América latina bajo la dictadura de Pinochet, privatizando la salud, desregulando completamente el mercado laboral y municipalizando la educación, habían resultado, en esta visión, en un crecimiento económico sostenido. Para el progresismo de corte tecnocrático y liberal, Chile era el ejemplo de una coalición de centroizquierda prolija y efectiva, que en el marco del respeto por las instituciones heredadas del pinochetismo desarrolló políticas consistentes para bajar los niveles de pobreza.

Los sucesos de estos días, y los resultados concretos del modelo chileno, muestran que estos enfoques tienen bases de arena. Como Argentina, Chile vivió una etapa de crecimiento con alto desempleo bajo el neoliberalismo, una crisis social enorme a la salida del tipo de cambio fijo en 1982 y una recuperación sostenida posterior. La consecuencia en Chile hoy, sin embargo, es una economía sin industria pesada, que no genera valor agregado, con un mercado de trabajo de condiciones paupérrimas (donde sólo el 5,6 por ciento de los empleados está cubierto por la negociación colectiva) y niveles de desigualdad africanos. La Concertación de centroizquierda en los años ’90, por su parte, apostó a un enfoque tecnocrático que ampliaba las políticas de transferencias sociales heredadas de la dictadura. Así, Chile se convirtió en el paraíso de las ONG despolitizadas, mientras su “progresismo” y sistema político eludían cualquier relación organizativa fuerte con actores sociopolíticos juveniles-estudiantiles, sindicales o movimientos sociales.

La reacción en Chile hoy, entonces, evidencia, no sólo a los sofismas neoliberales que se caen como un castillo de naipes, sino los límites de un centroizquierda que tuvo una mirada casi exclusivamente tecnocrática de lucha contra la pobreza extrema, y desechó las alianzas con actores sociales. Esos mismos actores en Chile, juveniles, sindicales, movimientos sociales, cuando encuentran su ventana de oportunidad, se enfrentan a las herencias desreguladoras del neoliberalismo por fuera del sistema político, en las calles y en la lucha directa. Las declaraciones del presidente del Partido Socialista chileno, humilde, participando de las marchas en cuyo origen nada tuvo que ver, y diciendo “tenemos que aprender de este movimiento” son elocuentes.

El contraste con la Argentina desde 2003 no puede ser mayor. Aquí, el giro en la izquierda que abarcó a toda América latina significó, con el kirchnerismo, alianzas centrales con los actores socioeconómicos, con el sindicalismo del sector privado de la CGT, con el sindicato nacional mayoritario de la CTA, la Ctera, y con variados movimientos sociales y juveniles-estudiantiles. A diferencia del centroizquierda chileno, el kirchnerismo fue, es, un movimiento nacional popular y progresista de actores y no sólo de política social. Una construcción así de un movimiento transformador trae, como se ocupan de destacar los medios hegemónicos, momentos de mayor polarización política. Pero la alianza con los actores sociales no sólo permite disputar más y mejor a los sectores dominantes para correr el límite de los derechos, sino que canaliza demandas y aspiraciones que se procesan mediante el sistema político y no terminan en un mar de represión y gas lacrimógeno.