domingo, 27 de agosto de 2023

Pinochet desclassificado: os arquivos secretos dos Estados Unidos sobre Chile

Dorrit Harazim
O Globo

Para Kissinger, militares golpistas eram ‘um bando de incompetentes’ por não terem conseguido impedir a diplomação do eleito

Peter Kornbluh é incansável no seu pacto com a verdade e a História. Aos 67 anos, continua a não dar sossego a ditaduras, ditadores e ao governo que mais vezes incentivou a treva em terras estrangeiras — os Estados Unidos. Além de pesquisador sênior do National Security Archive (NSA), instituição que obtém, analisa e publica documentos secretos do governo americano graças à Lei de Liberdade de Informação, Kornbluh também dirige o Projeto de Documentação sobre o Chile, da mesma NSA.

Às vésperas do 50º aniversário do feroz 11 de setembro de 1973 chileno, ainda resta muito a desenterrar sobre o golpe militar que matou, prendeu ou torturou pelo menos 40.018 pessoas. Mas Kornbluh tem método. E paciência. De garimpo em garimpo, ele desenterra novos documentos.

Semanas atrás divulgou a transcrição de um telefonema do então presidente dos Estados Unidos, Richard Nixon, a seu assessor de Segurança Nacional, Henry Kissinger. Datado de 15 de setembro de 1970, o telefonema contém comentários de Nixon sobre seu encontro de véspera, ultrassecreto, com o todo-poderoso Agustín Edwards — dono do maior conglomerado de mídia do Chile. (Contexto: dez dias antes desse encontro, o socialista Salvador Allende conseguira surpreender meio mundo derrotando por estreitíssima margem o ultraconservador Jorge Alessandri. Pela legislação da época, o Congresso chileno precisava ratificar o resultado das urnas, abrindo o caminho para o presidente eleito assumir o Palacio de la Moneda.)

Edwards tinha ido a Washington justamente para arredondar com o governo Nixon o plano em curso que impediria esse rumo da história: as Forças Armadas chilenas assumiriam o poder, dissolveriam o Congresso, e Allende não seria empossado. Soa familiar? Os conspiradores receberiam seguro de vida, armamentos e munição, além de garantias “claras e específicas de não serem abandonados ou postos no ostracismo” e US$ 50 mil em espécie. Tudo cortesia da CIA. O plano incluía sequestrar o comandante em chefe do Exército, general René Schneider, considerado um entrave constitucionalista. Só que deu tudo errado. Em novo telefonema de Nixon para Kissinger, desta vez já em outubro, o ocupante da Casa Branca pergunta:

O que está acontecendo no Chile?

Kissinger respondeu ter havido um revertério para pior. O planejado sequestro do general, a dois dias da diplomação de Allende, fora um fiasco — a vítima acabou sendo mortalmente ferida à bala, e a população condenara a ação.

O passo seguinte — continuou Kissinger — deveria ter sido a tomada do poder, mas também isso não ocorreu. Provavelmente agora é tarde demais.

Concluiu, com desprezo, que os militares golpistas eram “um bando de incompetentes” por não terem conseguido impedir a diplomação do eleito. A partir daquele 24 de outubro de 1970, em nenhum momento o magnata Edwards, os militares chilenos, a CIA, Kissinger ou Nixon deixaram de tramar, por um só dia, a queda do socialista dos Andes. Era só questão de tempo. O golpe veio nas primeiras horas do 11 de setembro de 1973, feroz, brutal, sanguinário. Durou 17 anos e teve no general Augusto Pinochet seu ditador-modelo: corrupto, obcecado e desumano.

Entre os múltiplos eventos idealizados para marcar os 50 anos daquele trauma está uma edição em espanhol do trabalho de Kornbluh, pela Catalonia Books chilena: “Pinochet desclasificado: los archivos secretos de Estados Unidos sobre Chile”. Um documentário em quatro partes, baseado no esforço do pesquisador para desenterrar a documentação secreta do papel dos Estados Unidos na trama, também será transmitido por uma grande emissora de TV do país.

O Chile representa uma das mais infames operações clandestinas da CIA -diz Kornbluh-, pois é onde você tem um elo explícito de um presidente dos Estados Unidos ordenando a derrubada de um governo democraticamente eleito.

Simples assim. O atual presidente chileno, Gabriel Boric, já solicitou ao governo do democrata Joe Biden a liberação de documentos da Casa Branca referentes ao Chile nos anos 1973 e 1974. Pedido difícil de atender, justamente pela ausência de escrúpulos que a papelada ainda poderá revelar.

A ditadura chilena caminhava para seu 13º ano de abusos quando Boric nasceu, portanto o atual ocupante do La Moneda nada testemunhou. Por isso mesmo, quer que sua geração tenha acesso pleno e transparente a um passado nacional que muitos já tentam adulterar. De um ano para cá têm surgido postagens de extremistas rebatizando o 11 de setembro de “escolha pela liberdade” feita por chilenos patriotas. Soa familiar?

Pela mesma razão, recomenda-se a leitura mais completa sobre a contribuição da ditadura brasileira ao golpe e à repressão da era Pinochet. “O Brasil contra a democracia – A ditadura, o golpe no Chile e a Guerra Fria na América do Sul”, do jornalista e analista internacional Roberto Simon, é leitura obrigatória para que esse capítulo trevoso da História do Brasil também seja corretamente aprendido.

quarta-feira, 23 de agosto de 2023

Milei en el país de las maravillas


Jorge Majfud
Página 12

En 1942 la británica Juliet Rhys-Williams propuso un impuesto negativo: aquellos con ingresos por debajo de una línea mínima, debían recibir la diferencia de aquellos que ganaran por encima, hasta llegar al mínimo establecido por ley. La idea fue retomada por el ícono del neoliberalismo, Milton Friedman y por el presidente Richard Nixon, pero nunca prosperó. ¿Por qué este repentino gesto de ternura, cuando otros miembros del clan, como la escritora Ayn Rand eran partidarios del egoísmo como fundamento moral? Porque la solidaridad no solo es lo mejor que tenemos los humanos, sino que también conviene.

Las neocolonias fueron más radicales en su fe neoliberal, desde el “sinceramiento” del ministro de economía de Isabel Perón (y López Rega) en los 70, la privatización de bienes y nacionalización de deudas de la dictadura militar, hasta los años 90 de Menem-Cavallo y del resto de América latina. La motosierra volvió con Mauricio Macri en 2015 quien repitió el verso del “sinceramiento de la economía”, quitando subsidios a necesidades básicas y desarmando el frágil tejido social, que es el que, en cualquier sociedad civilizada, previene que el castillo de naipes se desmorone. Todos los casos terminaron en catástrofes sociales.

“Ajustar y ahorrar” siempre significa más sacrificios para los de abajo, y una forma de hacerlos “votar bien” es recurrir a otras pasiones, como la religión. En diciembre de 2021, en el Congreso, Javier Milei justificó su fobia a los impuestos porque “los egipcios, ante el avance de los judíos [sic], le habían puesto impuestos… y los judíos se fueron para salir del yugo opresor del Estado”. Con frecuencia, recurre a “Moshé” como ejemplo ideológico, pero Moisés nunca defendió la propiedad privada ni el libre mercado. Todo lo contrario. Cuando le quitó las tierras a los cananeos, las repartió entre sus seguidores. Una reforma agraria, socialista pero nacionalista y autoritaria. Quien no obedecía era castigado. La libertad del pueblo elegido no tenía nada que ver con la libertad individual.

El mundo fantástico de Milei nunca existió. Las únicas democracias que prosperaron con el libre mercado de las colonias fueron los brutales imperios de Europa y Estados Unidos, los que vampirizaron el mundo por la fuerza de sus cañones, la impresión e imposición de sus monedas y la masiva propaganda de sus medios. Por eso, para que la colonización sea completa, Milei propone adoptar el señorío del dólar como moneda nacional, como los países africanos deben usar el franco francés para ser explotados mejor. Como si las eternas deudas en dólares no fuesen suficiente esclavitud.

¿Por qué un gran número de jóvenes lo votó? Por generaciones, los jóvenes se habían educado en los libros y en cierto respeto por la herencia milenaria de la humanidad. Aunque muchos continúan esa tradición en las nuevas plataformas, una mayoría está educada en la frivolidad sin memoria y en el desesperado deseo de ser ricos y famosos. Según el viejo fenómeno del “pay dispersion”, la mayoría trabaja gratis o por monedas, porque aspira a llegar algún día a los ingresos de los pocos que se benefician del sistema.

En un mundo mercantilizado, donde la ley es “matar o morir”, el sadismo no es un ejercicio gratuito sino un negocio. Los influencers multiplicaron este mercado. Excluyendo cuatro o cinco millonarios, son millones de entrepreneurs que pierden años de educación tratando día y noche de hacer cien o mil dólares por mes, burlándose o atacando a alguien más. Esta cultura vacía provee la sensación de libertad, no muy diferente a la de un drogadicto con su primera dosis, o de los ratones de laboratorio que pasan el día apretando un botón porque cada tanto, sin una frecuencia predecible, cae una semilla. Esta cultura del entretenimiento perenne no sólo evita el pensamiento crítico sino que induce a la explosión violenta cuando la adicción no genera el resultado esperado.

Al tiempo que la infantilización de las sociedades se radicaliza, sus pataletas también. El hábito de reaccionar con violencia verbal a las opiniones ajenas se ha transferido a algo más serio, como es votar y elegir líderes que luego nos llevan a otras formas de violencia―e injusticias. Un voto no es un like.

La propuesta de Milei de destruir la educación pública es una de sus coherencias internas. Luego esos mismos entrepreneurs culpan al Estado de sus fracasos. Si vemos al Estado como el padre (según ellos), se trata de la proyección de un complejo de culpa: nuestro padre es el culpable de todas nuestras frustraciones―en el caso de Milei, como lo ha hecho público, sería un problema personal. Cuando pase la juventud, la fama, el dinero y los sueños de ser millonarios, recurrirán al Estado o, según la prédica de los Milei, tendrán que vender sus cadáveres para que sus hijos puedan comer (todo muy freudiano), como lo profetizó la película Soylent Green en 1973.

Milei es una copia tardía de Ayn Rand, quien llevó al extremo el dogma liberal sobre las bondades del egoísmo y las maldades del altruismo. Aparte de Kropotkin, estudios más recientes han demostrado lo contrario: la cooperación y el altruismo no son ajenos a la naturaleza humana; son mejor valorados en la infancia antes de ser corrompida por una educación egocéntrica y mercantilista.

Todas las grandes religiones y filosofías siempre pusieron un especial acento en la solidaridad y el altruismo. El héroe podía ser un guerrero tribal, pero su sacrificio era siempre altruista. Hasta dioses o semidioses, como Prometeo, Quetzalcóatl y Jesús se sacrificaron en vida por el resto de la humanidad. Ninguno era ni moral ni estéticamente inferior por eso.

Hasta el calvinismo, el egoísmo y la avaricia (cupiditas) fueron pecados capitales. Como lo hemos explicado en Moscas en la telaraña, a partir de la mercantilización de la tierra en la Inglaterra del siglo XVI, de la mano de obra desplazada por el enclosure y la privatización del despojo de las colonias por parte de las poderosas compañías imperiales como la East India Company (con el mismo modelo democrático de los piratas), el egoísmo y la avaricia pasaron a ser valores dominantes: la búsqueda del bienestar individual (bienestar, no bienser) es éticamente superior porque a largo plazo conduce al bienestar del resto―por supuesto que las clases dominantes y los imperios nunca dejaron de saquear y exterminar el resto del mundo en procura del bienestar propio.

Recientemente, un argentino me dijo que “el triunfo electoral de Milei en las primarias fue un voto castigo”, que la gente estaba harta de los políticos. Esto último es comprensible, pero recordemos que lo mismo dijeron los alemanes en 1933 (también Hitler fue un hijo que sufrió violencia física y también amaba a los perros) y no pocos argentinos que apoyaron el golpe fascista de 1976 decían lo mismo. Si uno está harto de que le roben la casa, tal vez prenderla fuego no sea la solución.

El fascismo no es una ideología; es una condición mental y debe ser tratada con más educación, más cultura, más equidad y más empatía por los débiles. Todo eso que el fascismo siempre intenta destruir.

terça-feira, 22 de agosto de 2023

¿Qué está faltando para que Jair Bolsonaro sea encarcelado?

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

Esta es una pregunta que se hacen muchas personas en la actualidad, dado que luego de toda la información de los diversos crímenes cometidos por el ex presidente parece casi obvio que el mismo sea arrestado inmediatamente para responder por sus acciones delictivas ante la justicia brasileña.

El Ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, ya ha definido las diversas líneas de investigación por las que el ex capitán podría ser encuadro por los variados ilícitos cometidos durante su gestión a la cabeza del Ejecutivo. Ellas son cinco, a saber: a) Difusión de noticias falsas por medio de milicias digitales; b) Negligencia en el enfrentamiento a la pandemia y ataque a las vacunas contra el Covid-19; c) Descalificación injustificada del sistema de votación y de las urnas electrónicas; d) Supresión violenta del Estado Democrático de Derecho e Incitación al Golpe de Estado; y e) Abuso de poder en el ejercicio de sus funciones como Presidente de la República y uso de la estructura gubernamental para la obtención de ventajas.

Cada uno de estas líneas de acusación tienen sus respectivos desdoblamientos. Por ejemplo, el último ítem se puede descomponer en otras 3 acusaciones: 1) Uso malicioso de las tarjetas corporativas; 2) Inserción de datos falsos sobre la gestión administrativa; y 3) Apropiación indebida de recursos fiscales y de bienes recibidos en visitas de Estado (caso de las joyas y relojes regalados por los gobiernos de Arabia Saudita y del Reino de Bahréin).

Sin embargo, a pesar de todas las acusaciones que pesan sobre el ex Presidente, la Justicia no puede ordenar su prisión antes de emitir la condenación judicial por sus crímenes. Lo que podría hacer el Ministro Moraes, en una posible hipótesis, es solicitar la prisión de Bolsonaro como medida cautelar con el argumento de que manteniéndolo en libertad éste puede representar un obstáculo para el buen encaminamiento de las investigaciones, por la adulteración, ocultación o destrucción de pruebas, por una eventual coacción de testigos o destrucción de pruebas o por el riesgo que emprenda una fuga del país para escapar del proceso judicial en su contra.

Aunque conociendo la forma minuciosa y cautelosa con la cual opera el Ministro Alexandre de Morais en la elaboración de sus sentencias, es difícil pensar que sea capaz de decretar la detención de Bolsonaro sin tener un volumen contundente de pruebas que lo incriminen. Elementos para procesarlo existen y muchos. Bolsonaro ha sido citado permanentemente como el mentor intelectual de los atentados ocurridos el día 8 de enero y su huida para Orlando antes de concluir su mandato no lo exime de la culpa por haber tramado una conspiración con el apoyo de muchos militares y, especialmente, de su Ayudante de Ordenes, el Teniente Coronel Mauro Cid, que en estos momentos se encuentra encarcelado por otra ilegalidad cometida para proteger al ex Presidente: la falsificación de los certificados de vacuna que Bolsonaro y su esposa mostraron ante las autoridades de Estados Unidos para que les permitieron ingresar a ese país.


Es más, ahora también se sabe que el ex mandatario trasladó clandestinamente -en el avión presidencial que lo llevó a Orlando- una maleta llena de los obsequios que había recibido de delegaciones extranjeras y jefes de Estado de otros países en visitas oficiales. Ello con el propósito de vender tales bienes (joyas y relojes de lujo) en el país del Norte. Bolsonaro alega que estos regalos son “personalísimos” y que, por lo tanto, no tiene la obligación de inscribirlos como parte del acervo de la República. Por su parte, el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), le exigió a Bolsonaro devolver todos los objetos de alto valor recibidos , cuestión que el ex mandatario ha hecho solo en parte, pues todavía faltan algunos ítems para ser reincorporados al patrimonio público.

Ya está demostrada la participación de Bolsonaro en el esquema montado para la venta de estos bienes en el exterior, pero aun así el Ministro Alexandre de Moraes se encuentra recabando más pruebas concretas que permitan demostrar fehacientemente la participación del ex Presidente en los diversos delitos que pesan en su contra. Por lo mismo, es incierto saber cuándo podrá salir efectivamente una orden de detención, aunque existe casi consenso entre abogados y miembros de la Policía Federal de que dicha orden podrá ser emitida a cualquier momento.

Una de las aristas del “caso joyas” que no ha sido investigada en profundidad, es la razón por la cual las autoridades de Arabia Saudita y Bahréin se mostraron tan generosas con el gobierno Bolsonaro. Lo que se sabe hasta ahora, es que existían negociaciones con autoridades para comprar algunas refinerías de petróleo ubicadas en territorio brasileño y también realizar importantes inversiones en el ámbito del agronegocio.

Al escenario de una posible prisión de Bolsonaro por el crimen de apropiación indebida de bienes del Estado, hay que sumarle el reciente fallo de inelegibilidad por ocho años decretado por el Tribunal Superior Electoral (TSE). Por este motivo, la extrema derecha brasileña se encuentra volcada a la búsqueda de un o una substituta del condenado líder que no podrá concurrir a las elecciones de 2026. Candidatos no faltan y algunos de ellos ya han señalado que quieren tener al lado a Jair Bolsonaro como “imagen propaganda” para conquistar el voto de los electores que continúan apoyando al ex capitán. Resta saber, si un Bolsonaro procesado y encarcelado podrá servir para sus campañas en un futuro no muy lejano.

terça-feira, 8 de agosto de 2023

La policía brasileña opera como una máquina de exterminio

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

¿Cuántos más necesitan morir para que esta guerra acabe?
Marielle Franco, un día antes de ser asesinada

En la última semana, tres masacres cometidas por miembros de la Policía Militar y la Policía Civil de los Estados de Sao Paulo, Rio de Janeiro y Bahía, pusieron nuevamente en discusión la fuerza desmedida de que hacen uso las fuerzas policiales del país. Hasta el momento, por lo menos 45 personas fueron ultimadas en operaciones realizadas en esos Estados, aunque el número puede subir de acuerdo a defensores de los Derechos Humanos que siguen recabando informaciones sobre las víctimas.

En los tres casos, por relatos de habitantes de esas comunidades se sabe de situaciones en que pobladores y trabajadores desarmados fueron fusilados sumariamente por la policía, sin derecho a legítima y amplia defensa. Solo en la ciudad de Rio de Janeiro, en lo que va de este año se han producido 33 masacres en favelas y áreas periféricas con 125 personas fallecidas. El perfil de la mayoría de los muertos o presos en estos “enfrentamientos” es el mismo: son jóvenes, pobres y negros.

El 6 de mayo de 2021, una tropa de la policía civil de Río de Janeiro entró en la comunidad de Jacarezinho y mató a 27 moradores, todos hombres jóvenes, negros y pobres. Según consta en las investigaciones posteriores, la mayoría de estas personas fue ejecutada sumariamente, con disparos en la nuca después de haberse rendido (La banalización de la muerte y la masacre de los pobres).

Algunos casos tienen mayor cobertura periodística, como fue el desaparecimiento en julio del 2013 de Amarildo de Souza desde el interior de una Unidad de la Policía Pacificadora (UPP) en la favela de la Rocinha o el más reciente asesinato de un conductor de motocicleta en Alagoas, Genivaldo Jesus dos Santos, quien fue asfixiado por una bomba lacrimógena lanzada dentro del portaequipaje del furgón de la Policía Rodoviaria Federal (PRF), cuando este ya se encontraba esposado dentro del vehículo.

Esta enorme letalidad plantea seriamente la discusión sobre el carácter violento y extralegal que promueve el Estado brasileño para enfrentar a aquellos grupos o individuos que considera “criminales”. Es decir, dicho Estado se ha caracterizado por haber ejercido una violencia permanente sobre las poblaciones más pobres y vulnerables. La secuencia sostenida de asesinatos y masacres provocadas por agentes del Estado durante el gobierno de Bolsonaro, solo vino a confirmar la dimensión de cuanto se encuentra enquistado en el aparato público el desprecio por la vida de pobres, negros e indígenas.

En el primer año de gobierno del ex capitán, fueron más de 47 mil muertes violentas en el país, de las cuales el perfil de la mayoría de los fallecidos era similar, 74% de ellos eran negros que residían en áreas pobres y la mitad tenía entre 15 y 29 años. Aun cuando una parte de los fallecidos en estas acciones se encuentra vinculado con actividades de tráfico de drogas, ellos forman parte de una estadística entre aquellos que fueron ejecutados por la policía y agentes de seguridad sin derecho a un juicio previo. Pero, además muchas de las muertes corresponden indudablemente a personas inocentes que fueron ejecutadas por causa de una simple sospecha o porque fueron alcanzadas por las llamadas balas perdidas.

Esta “incompetencia” de las Policías de Rio de Janeiro ya fue contabilizada por investigadores de la Universidad Federal Fluminense (UFF) que analizaron 11.323 operaciones en el Estado durante los últimos 15 años, llegando a la conclusión que, del número total de muertos, heridos y presos, en el 85 por ciento de estos casos las acciones fueron ineficientes o directamente desastrosas.

El mismo informe apunta que “las actuaciones policiales pueden ciertamente ser impulsadas por la emoción y, consecuentemente, por motivaciones que pueden extrapolar los límites del deber funcional de los policiales”. Lo anterior solo viene a confirmar la falta de preparación que poseen dichos agentes en muchos aspectos de su formación profesional.


La violencia policial desde la formación del Estado brasileño

En su análisis del Estado moderno, Max Weber definía tal Estado como una asociación de dominación con carácter institucional que ha tratado, con éxito, de monopolizar dentro de un determinado territorio la violencia física legitima como medio de dominación. Dicho Estado, por lo tanto, se encontraría avalado por la aceptación de la ciudadanía para ejercer el uso exclusivo de la violencia a partir de la legitimidad que le otorgaría la propia población que decide voluntariamente obedecer a este poder por un fin superior de la sociedad.

Entonces surge la siguiente interrogante: ¿Cuál es la legitimidad que posee un Estado que traiciona la confianza de sus ciudadanos cuando reprime a los grupos más desprotegidos? En rigor, lejos de cumplir y respetar este compromiso con los habitantes del país, el Estado brasileño se ha constituido desde sus orígenes como un Estado policial, represivo, miliciano y autoritario, destinado a aplicar una violencia desmesurada e intencional sobre sus poblaciones más pobres y vulnerables. Desde los tiempos del descubrimiento, las agencias de seguridad del Estado se han encargado de criminalizar y masacrar a los pobres, como ha sido estudiado y documentado por centenas de trabajos relativos a la violencia policial durante el Brasil Colonial, Imperial y Republicano.

A fines del siglo XIX los primeros asentamientos urbanos ubicados en los morros recibieron el nombre de “barrios africanos” y posteriormente de favelas. Con la aparición de las favelas más modernas a comienzos de los años setenta, estas áreas de la ciudad fueron consideradas un verdadero caldo de cultivo de violencia y criminalidad. El proceso de producción de los espacios de la favela fue tradicionalmente marcado por la oposición entre el mundo de la sana convivencia del asfalto (ciudad baja) y el mundo conflictivo y peligroso de los morros, foco de la criminalidad y la delincuencia.

Por lo mismo, las favelas han sido identificadas durante mucho tiempo como zonas dominadas por el miedo y por prácticas ilegales que es necesario combatir con excesivo y ejemplar rigor. Entonces, las policías fueron preparadas durante décadas para considerar a los habitantes de estas comunidades como enemigos de la Patria. Ni siquiera el Proyecto de las Unidades de la Policía Pacificadoras (UPP) logró superar esta visión de que las favelas son un espacio de terror que incuba un “enemigo interno”, reproduciendo al final el mismo padrón represivo utilizado históricamente como mecanismo de control y sumisión por la Policía Militar.

El aumento de la pobreza, la disminución de las garantías laborales y sociales, la fragilización del empleo y, en general, la precarización de la vida impulsados por el neoliberalismo salvaje solo ha provocado una profundización de las condiciones de sobrevivencia de la población brasileña, especialmente claro, de los habitantes más vulnerable del país. La respuesta del Estado frente este escenario ha sido la instalación de mayores grados de vigilancia y represión sobre estas comunidades, asociando a sus habitantes –especialmente los más jóvenes- a potenciales criminales.

Frente a los “excesos” de la Policía, las autoridades responden con la impunidad de los victimarios, cuando no con la displicencia de sus instituciones. Ello porque para el Estado brasileño -desde hace muchos años-, el combate a los pobres pasó a ser el combate de los pobres por medio de la penalización, la cárcel o el asesinato. Como certeramente nos advierte Loïc Wacquant, “la penalización funciona como una técnica para la invisibilización de los problemas sociales que el Estado ya no puede o no quiere tratar desde sus causas, y la cárcel actúa como un contenedor judicial donde se arrojan los desechos humanos de la sociedad de mercado”.

Y el asesinato, diríamos, opera como una estrategia del terror para propagar el miedo y la subordinación incondicional al Estado y a los designios del mercado entre la población más pobre. La consigna repetida incansables veces por la extrema derecha de que “bandido bueno es bandido muerto” se internalizó en las instituciones policiales y su consiguiente huella mortífera que se sigue arrastrando por el territorio brasileño hasta el presente momento.

¿Qué respuesta pueden dar las instituciones del Estado Democrático de Derecho y la propia sociedad? Quizás esta sea la hora más precisa para que el actual gobierno transforme sustancialmente esta realidad macabra que continúa perpetuándose al interior de las fuerzas de seguridad, muchas veces con el respaldo o la omisión aberrante del sistema judicial amparado por un ficticio Estado Democrático de Derecho.

Y, por cierto, también el conjunto de la sociedad brasileña deberá desempeñar un papel protagónico en la denuncia permanente y en el enfrentamiento movilizado contra las acciones de estas policías que siguen escudándose en la displicencia de los ciudadanos, así como también continúan refugiándose en la impunidad que otorgan las instituciones del Estado.

quinta-feira, 3 de agosto de 2023

De las palabras a los hechos: las leyes raciales del nazismo


Francisco Javier Blázquez
The Conversation

El 14 de julio de 1933 el gobierno de Hitler aprobó la Ley para la Prevención de Progenie con Enfermedades Hereditarias con el objetivo de esterilizar a personas que eran consideradas biológicamente inferiores.

En principio, esta ley había sido promulgada para impedir la trasmisión de enfermedades hereditarias. Pero en realidad sirvió para llevar a cabo una política general de esterilización obligatoria, así como de exterminio, de las personas que padecían defectos físicos o mentales.

Adolf Hitler, considerado por algunos especialistas como el gran simplificador, estaba convencido de que la supremacía de los arios solo era posible a través de la regeneración y purificación de la sangre germana.

De ahí que dos años después, el 15 de septiembre de 1935, promulgara la “Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes” y promoviera la aplicación del Programa Aktion T4, en virtud del cual perdieron la vida más de 70 000 enfermos de párkinson, alzhéimer o epilepsia a los que practicaron la “eutanasia compasiva”.

El motivo no ofrecía lugar a dudas para los dirigentes nazis. La salud e “higiene racial” eran prioritarias. Inexcusablemente. El racismo biológico debía imponerse sacrificando los principios de igualdad, libertad o dignidad emanados del liberalismo precedente.

El racismo histórico

 Es preciso recordar que, con anterioridad, teóricos racistas como el Conde Bufon en Historia Natural, así como el Conde de Gobineau, a través del Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas en 1853, habían defendido que la raza blanca ocupaba el nivel superior y que la mezcla racial resultaba degenerativa.

Sin embargo, conviene precisar a este respecto que el concepto de “raza”, al igual que el de “población”, no deja de ser tan solo una abstracción de carácter especulativo, que carece de correspondencia empírica alguna. De hecho, el término “raza” no describe ninguna cualidad humana, específica, que sea diferenciada, y menos hace referencia a ningún dato objetivo.

No obstante, una vez más, el mito de la raza tan extendido por Europa, irrumpía de nuevo. La puesta en práctica de la política racial nazi era la prueba de que los mitos, más allá de su eventual atractivo romántico o literario, pueden erigirse en armas poderosas que entrañan graves peligros. Podría decirse que están preñados de fantasmas y que son capaces de engendrar barbarie.

A veces, los mitos salen de las cavernas en las que hibernan, entran en acción seduciendo a las mentes y entonces se tornan mortíferos, pues se comportan, tal y como advierten Yves Ternon y Socrate Helman, “como el gas que desintegra el alma, degrada la razón y aniquila la voluntad de ser libre”.

No ha de extrañar que, a partir de esas coordenadas, tanto los judíos como los gitanos, los minusválidos o los enfermos mentales, fueran percibidos por el nazismo como un claro peligro para el desarrollo del ideal de la pureza genética del pueblo alemán, eje central de su proyecto político.

Crisis económica y proyecto totalitario

Conviene recordar que tanto la situación económica que padecía Alemania por la hiperinflación de 1923 como la crisis de 1929 acentuaron las dificultades de un país estragado tras la derrota de la Primera Guerra Mundial en un proceso de creciente inestabilidad política y fragilidad institucional.

La firma del Tratado de Versalles había desplazado a Alemania del puesto que ostentaba anteriormente, reservado a las grandes potencias. Previamente, el representante del gobierno británico, J. M. Keynes, había anticipado las consecuencias que podrían derivarse de unas condiciones de reparación de guerra tan exigentes. A partir de entonces, numerosos desempleados, comerciantes y empresarios arruinados se dejaron seducir por las expectativas que generaba el discurso nacionalsocialista.


Entre tanto, los dirigentes nazis se sirvieron de técnicas de propaganda de masas e hicieron uso de un lenguaje metafórico, a veces eufemístico. Hablaban en términos de “plaga” aludiendo a los judíos y de “bacilos” o “bacterias” para referirse a los gitanos, y los consideraban nocivos para el organismo social, es decir para la salud del Estado.

La expresión habitual de “sobres vacíos” o “cuerpos sin alma” asignada a los enajenados mentales, así como “solución final” para apelar al holocausto, formaban parte de una estrategia planificada que perseguía como objetivo vaciar de contenido y alterar el significado de las palabras.

Advertencias del riesgo totalitario

Pocos autores como el escritor judío de origen austríaco Stefan Zweig fueron capaces de hacer público, antes de la llegada al poder del nacionalsocialismo, el grave riesgo en el que estaba incurriendo Alemania. En reiteradas ocasiones advirtió que el gobierno del país podía caer en manos de un régimen totalitario de carácter fascista, tal y como sucedía ya en Italia. Esto haría retroceder al continente europeo a periodos históricos de crueldad y violencia prácticamente olvidados.

Sus palabras siguen siendo tan expresivas como elocuentes cuando afirmaba, para referirse al ambiente que impregnaba el avance de la ideología nazi: “la mentira extiende descaradamente sus alas y la verdad ha sido proscrita; las cloacas están abiertas y los hombres respiran su pestilencia como un perfume”.

Del mismo modo, el creador del psicoanálisis Sigmund Freud, igualmente judío de origen, había manifestado, antes huir de Viena para vivir en Londres: “Nunca se sabe adónde se irá por ese camino. Primero uno cede en las palabras, después poco a poco en la cosa misma”.

Han pasado ya nueve décadas, pero el deber de recordar aquellos hechos ignominiosos se ha convertido en un imperativo moral que no podemos eludir. Ignorarlos u olvidarlos sería un acto de negligencia. Máxime, teniendo en cuenta la fuerza que está adquiriendo en los últimos años el discurso xenófobo y ultranacionalista de la extrema derecha.

En última instancia, tal y como advertía el Premio Nobel de Literatura José Saramago: “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizás no merezcamos existir”.

quarta-feira, 26 de julho de 2023

Comienza a aclararse el rompecabezas del asesinato de Marielle Franco

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

A partir de la delación premiada efectuada por el ex Policial Militar (PM), Élcio de Queiroz, se empieza a armar el puzle de la ejecución de la concejala Marielle Franco y su chofer Anderson Gomes el día 14 de marzo de 2018. En parte de su declaración, Queiroz ratifica que fue su colega y ex PM Ronnie Lessa quien efectuó los disparos que terminaron con la vida de ambos. Y también entregó el nombre de quien actuó de intermediario con el mandante del crimen, que era el sargento de la PM llamado Edimilson Oliveira da Silva, conocido como Macalé. Esta pieza clave en la investigación fue asesinada en extrañas circunstancias en noviembre de 2021, por lo cual todo hace sospechar que su muerte es parte de un caso típico de “quema de archivo”.

Otro importante desdoblamiento de la delación del ex PM es la confirmación de que Marielle estaba siendo vigilada desde hacía ocho meses antes del atentado y que un intento frustrado por acabar con su vida ya había sido realizado a fines de 2017. Por lo tanto, la sucesión de afirmaciones permite corroborar que el crimen no fue la consecuencia de un odio repentino contra la concejala (como afirmaban algunos miembros de la Policía Civil de Rio de Janeiro), sino que fue un acto premeditado y planificado con mucha antelación a la fecha de su ejecución. Es decir, se está ante la existencia de uno o varios mandantes que deseaban eliminar políticamente a Marielle por sus actividades en defensa de los derechos humanos de las poblaciones más pobres y vulnerables que habitan en las áreas periféricas de Rio de Janeiro, especialmente en las comunidades y barrios de la Baixada Fluminense. Desde que fue electa en 2016, Marielle Franco tuvo una actuación destacada y fue una luchadora incansable para proteger la vida de la población pobre, negra y LGBTQIA+ que vive en esas regiones.

Además, la delación de Queiroz llevó a la captura del Bombero Maxwell Simões quien era el encargado de destruir las evidencias de la “operación”, específicamente la subametralladora y el auto utilizado por los criminales en la ejecución de Marielle y Anderson. Por esta razón, él ya estaba procesado y condenado a seis años por su responsabilidad en perjudicar la investigación en curso. Ahora, Maxwell acumula una nueva acusación, la de vigilar los pasos de Marielle Franco durante los ocho meses anteriores al crimen. Al momento de su nueva detención -en una operación conjunta entre la Policía Federal y el Ministerio Público de Rio de Janeiro- se encontraba en su casa disfrutando del beneficio de prisión domiciliar concedido por la justicia.

Según han señalado miembros de la Policía Federal que reabrieron el caso en febrero de este año, la decisión de Élcio de denunciar a sus colegas se debió a que tuvo conocimiento de nuevas pruebas que incriminaban a Ronnie Lessa, específicamente, la consulta por parte de este último de datos bancarios de Marielle Franco y de su hija dos días antes del asesinato. Y se agrega a esto un dato no menor: la propia esposa de Lessa negó que ellos estuvieran en casa a la hora del crimen esperando asistir un partido de Flamengo por televisión, destruyendo cualquier posibilidad de credibilidad en la coartada inventada por los autores del delito. Con estas nuevas pruebas en contra, el delator se sintió fragilizado y optó por ayudar a los investigadores a desvendar aspectos desconocidos del itinerario de esa acción criminal ocurrida el día 14 de marzo.

La importancia de las revelaciones efectuadas por Élcio de Queiroz es que ellas vienen a confirmar efectivamente todos los indicios que había recopilado el Ministerio Público y la Policía Federal para trazar el mapa y la cronología del crimen, con todas las etapas, desde la planificación previa hasta la destrucción de las pruebas comprometedoras, o sea, el desmantelamiento del auto y la destrucción del arma utilizada, la desaparición de los casquillos de bala que quedaron dentro del vehículo, la incineración del pasamontaña y la vestimenta utilizada por el ejecutor. Inclusive, ahora se conocen algunos detalles escabrosos del rumbo seguido por los criminales luego de consumado el homicidio, como el hecho de que esa noche fueron a celebrar en un bar de Barra de Tijuca hasta altas horas de la madrugada.

Cuando se cumplieron cinco años del asesinato de Marielle Franco sosteníamos la importancia de aclarar este crimen como una respuesta imprescindible para recuperar la confianza y la credibilidad del sistema policial y judicial brasileño (El asesinato de Marielle Franco continúa en la impunidad). La solución de este caso comienza a arrojar sus primeros resultados después de seis meses desde que asumieron las nuevas autoridades.

Sin embargo, hasta el momento existen tres interrogantes interrelacionadas que se mantienen sin aclarar y que siguen empañando la vida y la convivencia democrática entre los brasileños: ¿Quién mandó a matar a Marielle, por qué motivo y cuáles son las razones de por qué las investigaciones se hayan mantenido por tanto tiempo paralizadas y obstaculizadas? Probablemente la respuesta se sepa en las próximas semanas y, según las conjeturas concebidas por especialistas y funcionarios policiales, se puede sostener que este crimen fue encomendado por los jefes de las milicias del Estado de Rio de Janeiro con el apoyo y la complicidad de políticos locales cercanos a la familia del ex presidente Jair Bolsonaro.

Lo que parece increíble al final de esta historia trágica y conmovedora, es que una parte significativa del electorado brasileño haya optado por poner al mando de la Nación y, por lo tanto, en el corazón del poder, a un individuo tan próximo y cómplice de milicianos y traficantes que actúan en la más completa impunidad. Con su proyecto de liberación de armas, el ex capitán intentó transformar a Brasil en una tierra de nadie, de pistoleros y matadores por encomienda. Ese peligro que sigue latente tiene que ser desmontado definitivamente por el conjunto de la sociedad que aspira a construir un país en que el diálogo y el pluralismo democrático imperen en la relación entre sus ciudadanos.

quarta-feira, 12 de julho de 2023

Brasil: La reforma tributaria y el retorno de la política

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

La contundente aprobación de la reforma tributaria en la Cámara de diputados dejó a las fuerzas bolsonaristas más debilitadas, inclusive divididas entre las diversas fracciones que aparecieron a partir de esa misma derrota. Quizás este sea un momento singular para pensar en el comienzo del declinio de la extrema derecha brasileña. En rigor, la necesidad de esta reforma tributaria estaba siendo discutida desde hace mucho tiempo, prácticamente junto con la promulgación de la Constitución de 1988, es decir, hace 35 años.

Sin entrar en el detalle del complejo articulado de esta reforma, la mayoría de los especialistas apuntan al hecho de que el sistema de tributación se tornará menos engorroso para todos los contribuyentes luego de la integración de los múltiples impuestos que existen en la actualidad, a nivel Federal, Estadual y Municipal. Se estima que ello permitirá un repunte de la economía nacional a mediano plazo, según las previsiones de los economistas. La reforma también incluye -en una segunda etapa- un aumento de la tasación de las grandes fortunas y las herencias, con lo cual el Estado espera recaudar más recursos que podría destinar a las políticas sociales que son indispensables para incluir a vastos sectores de la población y también para mejorar la situación laboral y salarial de los trabajadores y trabajadoras.

En un intento desesperado por rechazar la reforma, Bolsonaro y sus seguidores trataron de asociar su puesta en discusión con una perspectiva ideológica de izquierda y petista, ignorando al conjunto de actores políticos, sociales y empresariales que abogaban por su aprobación. Bolsonaro y la mayoría de sus correligionarios del Partido Liberal optaron por hacer una oposición al proyecto de reforma motivados casi exclusivamente por su animadversión al gobierno, restándose del debate político y técnico de la propuesta a ser votada. Perdieron desastrosamente y ahora tienen que reponerse de la derrota a través de la negociación política, algo impensable hace algunos pocos meses atrás cuando confiaban en la mera descalificación del adversario (o enemigo) para imponer su agenda ultra liberal en lo económico, autoritaria en lo político y conservadora en el ámbito cultural y comportamental.

Por el contrario, Lula y sus ministros del área política y económica optaron por negociar con el conjunto de partidos de oposición moderada o pragmática que integran el Congreso, manteniendo un diálogo permanente tanto en la Comisión de Finanzas y Tributación de la Cámara como en otras instancias de debate programático. Este proceso ha recolocado la importancia de la política en la conducción de las temáticas esenciales para mejorar la vida de la población, después de años en que una parte significativa de los habitantes renegó de la política y la transformó en una especie de ámbito atestado de criminales que quieren usufructuar de los cofres públicos y de los impuestos de los contribuyentes. En efecto, los adherentes al ex capitán se han caracterizado por despreciar a la clase política y a las instituciones republicanas, apostando casi siempre a una salida autoritaria para resolver los inevitables conflictos surgidos en el seno de la sociedad.

Faltó poco para que esa concepción de país se impusiera por la fuerza de las armas y el despotismo reaccionario impulsado por Bolsonaro y sus hordas, cuando en una acción planificada desde la derrota en las urnas, decidieron invadir las sedes de los Tres Poderes el día 8 de enero a la espera de la movilización de las Fuerzas Armadas. Junto a ellas, las diversas Policías y Milicianos prevenidos y concertados asestaría un Golpe de Estado al recién instalado gobierno de Lula da Silva que, al decir de los sediciosos, “limpiaría definitivamente a la patria de esa plaga de comunistas aprovechadores y corruptos”.

Esta visión que fue montada sobre bases ideológicas radicales, sin capacidad de dialogar en un ambiente pluralista -mucho menos de construir cualquier tipo de consenso-, es la que ahora está siendo superada con el empeño del gobierno de establecer una línea de interlocución permanente con todos los actores políticos y de la sociedad civil que estén dispuestos a conversar sobre los diversos planes, programas y proyectos contemplados en la carta de navegación gubernamental o en temáticas afines con las acciones impostergables de políticas públicas y sociales que requiere el país

Desde que comenzó su vida como parlamentario en los años noventa, el ex militar Bolsonaro denigró la actividad política, auto confiriéndose el título de representante del pueblo fuera del establishment político, abjurando de su propio papel como legislador en el Congreso Nacional por más de treinta años. Con un discurso simplista y “antipolítico”, el diputado Jair fue aumentando su influencia entre el electorado, aprovechándose de la crisis generalizada que fue tomando cuenta del país. Se presentó como una alternativa a los políticos deshonestos y a los empresarios inescrupulosos para erigirse en una especie de salvador de la patria ante la acumulación de desastres y miserias que angustiaban a la población brasileña.

Dicho discurso fue introyectado en electores cansados y con poca capacidad crítica que vieron en el ex capitán una salida para sus frustraciones y una solución al vaciamiento y dilapidación de las arcas fiscales y los recursos nacionales por parte de una “clase de parásitos” que solo buscaban su beneficio personal. En ese escenario nefasto, el surgimiento de una persona que se presentaba como “fuera del sistema” terminó por encandilar a una parcela expresiva del electorado que, renegando del espacio de la política, lo elevó en 2018 a la condición de primer mandatario.

A partir de una narrativa plagada de mentiras y promesas mesiánicas, Bolsonaro fue forjando un proyecto de extrema derecha que apuntó su batería demoledora contra las instituciones de la República, el Estado Democrático de Derecho, la izquierda y otros sectores opositores, las universidades, la prensa y, en definitiva, contra la política como una pieza fundamental para debatir y resolver los problemas del país.

De esta manera, el protagonismo de la política regresa como valorización de la disputa legitima para resolver las discrepancias y las diferentes visiones que se tienen sobre la nación. En ese sentido, el actual Ejecutivo brasileño viene apostando en la generación de acuerdos políticos destinados a aumentar la gobernabilidad e implementar aquellas políticas públicas que le permitan a la población alcanzar una mejoría en su calidad de vida. Y por esta vía ir consolidando el aislamiento de la extrema derecha que, históricamente se ha nutrido de las crisis sistémicas y del malestar acumulado entre los ciudadanos.

terça-feira, 4 de julho de 2023

La inelegibilidad de Bolsonaro y el desmonte de la extrema derecha

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

“Nada es más importante que acabar con el fascismo, 
porque de lo contrario, el fascismo va a acabar con nosotros”.
Fred Hampton

Cuando restaban pocas horas para que el Sistema Judicial brasileño concluyera sus actividades semestrales para entrar en el receso de invierno -por un mes a partir del 1 de julio-, el Supremo Tribunal Federal (STF) determinó la inelegibilidad de Jair Messías Bolsonaro por los próximos ocho años. Este proceso que le impide al ex presidente presentarse a cualquier elección por ese periodo, es el primero entre muchos otros procesos (16 en total) que continúan pendientes por los diversos delitos cometidos por el ex presidente durante su mandato.

En este caso, la acusación que fue juzgada tuvo relación con la insistencia del ex mandatario en poner en duda la transparencia y licitud del sufragio electrónico en una reunión oficial convocada por el entonces gobernante en el Palacio da Alborada, ante decenas de embajadores, periodistas y miembros de organizaciones internacionales. Según el Ministerio Publico, en aquella ocasión el ahora condenado habría cometido abuso de poder político, desvío de finalidad y uso indebido de los medios de comunicación.

Concretada entonces la inelegibilidad del ex capitán, surge casi que naturalmente la interrogante sobre cuál será el destino de la extrema derecha en Brasil. Existe una infinidad de tesis especulativas sobre este asunto, aunque en términos generales existe un consenso que la extrema derecha en Brasil llegó para quedarse. Quizás pierda gran parte de su fortaleza en los próximos años, no solamente por la sanción aplicada a su líder indiscutible, sino porque ese mismo líder tendrá que enfrentar una avalancha de procesos en su contra, ya sea en el Tribunal Superior Electoral (TSE) que lo juzgó en esta oportunidad, como también en una serie de otros procesos penales que envuelven casos de corrupción, abuso de autoridad, enriquecimiento ilícito, genocidio de los indígenas Yanomami y otros pueblos originarios, vinculación con las milicias de Rio de Janeiro y un largo etcétera.

Es decir, Bolsonaro debe ser punido no solamente en el ámbito de la justicia electoral, como también debe ser procesado penalmente por el cúmulo de crímenes cometidos durante su gestión. Sin embargo, ver al ex capitán en la cárcel no le va a restituir su vida a los casi 700 brasileños que murieron víctimas del Covid-19, las florestas no se van a recuperar de la devastación y las quemadas indiscriminadas, los pueblos aborígenes no superarán el genocidio cometido contra ellos, los pobres no volverán automáticamente a tener mejores condiciones de vida y de alimentación, las familias no se recobrarán de las fracturas sufridas en su interior por las disputas ideológicas.

Bolsonaro preso es una necesidad urgente, aunque sea irrecuperable el daño causado por él y sus huestes a la enorme mayoría de los brasileños. Por lo menos, el encarcelamiento de quien causó tanto daño al país durante su gestión, puede ayudar a sanar las heridas abiertas en el imaginario de la nación.

No obstante, el bolsonarismo como fenómeno político y social continuará ensombreciendo al país, porque este se asienta sobre bases históricas consistentes que extienden sus profundas raíces desde el periodo de la Colonia y del consiguiente régimen esclavista, el que fue abolido solamente a fines del siglo XIX, específicamente, el 13 de mayo de 1888.

La huella esclavista y explotadora que asentó sus bases en el desprecio por los negros, los pobres, los indígenas, las mujeres y los excluidos en general, se ha introyectado comprobadamente en la sociedad brasileña y germinó desde las cloacas de la historia a partir de los eventos y movilizaciones de 2013, para comenzar a emerger rápidamente hacia la superficie de la escena social y política brasileña en esta última década.

En ese contexto, Bolsonaro llegó a asumir la presidencia por la profundización de esta matriz autoritaria, racista, clasista, xenofóbica, homofóbica, misógina, aporofóbica que se instaló como un tumor maligno al interior de la sociedad, alimentada –como decíamos- de la propia experiencia histórica secular, así como de la agudización de la corrupción y la escandalosa impunidad de miembros de la clase política, de grandes conglomerados y consorcios empresariales, de familias de terratenientes y de los altos mandos militares que se han dedicado durante décadas a lucrar y beneficiarse con los recursos públicos.

La redemocratización y el posterior proceso de reconstrucción de las instituciones democráticas no fue suficiente para acabar con los resabios del autoritarismo que permanecieron latentes en el seno de la sociedad brasileña y que resurgieron a la luz del descontento y el malestar acumulado, las carencias insufribles en los servicios básicos, la corrupción, el desempleo y los bajos salarios, la presencia endémica del hambre, la violencia cotidiana, la inepcia del Estado, la exclusión y el abandono que experimenta una parte significativa de la población.

La extrema derecha y el bolsonarismo se nutrieron de este caldo nefasto y corrosivo que fue minando la coexistencia entre los brasileños, manifestándose bajo las más diversas formas del prejuicio y la intolerancia para enfrentar las supuestas amenazas que encarnaban y siguen personificando los segmentos más pobres y miserables del país.

En función de lo anterior, uno de los mayores desafíos que tiene ahora el gobierno de Lula da Silva –además de resolver los problemas más prominentes como el hambre y la desigualdad- es desmontar los cimientos de esta construcción nefasta y destructiva del odio visceral, de una completa ausencia de identidad, de la negación de un sustrato común, de un sentido de comunidad de destino que aqueja a este país de dimensiones y complejidad continental.

Si bien la reciente condenación de Bolsonaro representa una respuesta imprescindible para el conjunto de los demócratas brasileños, los riesgos del radicalismo de la extrema derecha seguirán ensombreciendo el futuro de Brasil, obstaculizando sus capacidades para desarrollar todas sus potencialidades como nación. Enfrentar estas modalidades contemporáneas del fascismo se transformó en una tarea urgente no solo para la actual administración, sino para la totalidad del cuerpo social que aspira a construir una nación norteada por los principios de la tolerancia, el pluralismo, el respeto a la diversidad y la convivencia democrática.

domingo, 2 de julho de 2023

Para trazer o corpo de volta à política

Amador Fernández-Savater
Outras Palavras

“Só o amor nos permite escapar da repetição” (Jorge Luis Borges)

O que significa “a onda reacionária” globalmente e aqui na Espanha? Como entender esse fenômeno complexo e multifacetado, para melhor combatê-lo? Proponho a seguinte interpretação: a onda reacionária está tentando sustentar um mundo em crise, um modelo que se esvai em toda parte.

O que hoje se chama de “policrise” (conjunto de crises climáticas, energéticas, alimentares, econômicas, etc.) refere-se basicamente a uma “crise de presença”, entendida como a crise do modo de vida ocidental que é baseado no impulso constante à expansão, ao crescimento e à conquista. Uma crise civilizacional de alcance planetário.

As diversas crises são sintomas de um modo de estar em um mundo consumista e predador que já atinge seus limites por todos os lados: o esgotamento de corpos, o esgotamento de vínculos, o esgotamento de recursos, um colapso que é ao mesmo tempo psíquico, social e ambiental.

O chamado “negacionismo” da onda reacionária, no que diz respeito à emergência climática, desigualdade social ou violência contra as mulheres, é a vontade premeditada de não ver nenhum desses sintomas, de não ouvir ou pensar nada sobre isso, de não empreender nenhuma mudança a partir desses fatos para, assim, ir em frente como se nada estivesse acontecendo.

Esses sintomas, visto a partir desse esquema cognitivo, são interpretados como “danos” que alguns poderes malignos infligem à ordem social. A supressão desses inimigos permitiria restaurar o bom estado das coisas, a presença dominadora no mundo.

Nenhuma responsabilidade a assumir, então, pelo curso catastrófico do mundo. A onda reacionária desafia substancialmente os sujeitos que se assumem como vítimas da situação. A vítima delega a elaboração de seu desconforto a certos poderes que prometem um “retorno à normalidade” uma vez que os males tenham sido erradicados: “Make America great again” (Trump), “Let’s take back control” (Brexit).

O caso do Vox é muito claro nesse sentido. Pode ser lido como um verdadeiro “contragolpe” em relação a tudo o que o modelo em crise havia questionado a partir dos sintomas do mal-estar: primeiro o 15M, depois o Podemos, depois o feminismo e, finalmente, o referendo de 1º de outubro [para a independência da Catalunha].

Os “inimigos da Espanha” devem ser jogados no lixo da História, como explica muito graficamente o cartaz pendurado pelo partido de Abascal em Madri, para recuperar a ordem e a hierarquia de raça e nação, de gênero e poder de classe, da propriedade e de suas prerrogativas.

A lógica do bode expiatório

O que se desencadeou, em escala global e local, é uma lógica de bode expiatório que necessariamente desencadeia a violência generalizada. Há muitos inimigos a eliminar, muitos movimentos sociais a reprimir, muitos corpos a sacrificar, para se continuar vivendo como se nada tivesse acontecido. Essa lógica e essa paixão pelo sacrifício é o que Freud pensou há 100 anos, no calor da primeira grande carnificina do século XX, como a “pulsão de morte”. Ou Tânatos.

A pulsão de morte, segundo o psicanalista vienense, é a busca instintiva de um estado de “tranquilidade psíquica” anterior à própria vida. Thanatos dá um empurrão para retornar à inércia do inorgânico, suprimindo as tensões da existência.

Essa tranquilidade psíquica, no campo social e político, se expressa como um ideal de normalidade perdida, quase sempre puramente fantasiada. A pátria quando não havia estrangeiros; a raça quando os brancos imperavam; o sexo quando os homens mandavam sem serem contestados; a vizinhança antes daquela primeira mulher pobre se mudar…

Do lado de fora, o instinto de morte se projeta como energia destrutiva contra tudo aquilo que perturbe a ordem. Por dentro, o sujeito se volta contra ele mesmo numa espiral autodestrutiva de culpa e dívida. Ambos os movimentos se retroalimentam: o sentimento (interior) de culpa é satisfeito ao procurar culpados (externos). O ódio à primeira mulher pobre na vizinhança canaliza essa maldita inquietação interior de não entender…

As tensões por serem eliminadas diferem de acordo com as geografias e as histórias políticas nacionais, mas sem dúvida existe uma chave comum às mil faces com que hoje se mostra a onda reacionária: a promessa de segurança. Uma segurança contra, uma segurança na desigualdade, uma segurança que passa pela insegurança do outro. Odiamos tudo o que evoca sintomas, tudo o que indica que “algo não está bem”, tudo o que nos lembra que as mudanças são necessárias e urgentes.

A desigualdade é afirmada brutalmente, contra qualquer tentação de “bondade”, como se denomina de forma perjorativa ter um mínimo de sensibilidade social ou compaixão. É aderente ao que existe: a liberdade já está aí, pode-se fazer o que quiser, é a liberdade de fruição privada, de consumo, de desconsiderar o comum, a liberdade de [Isabel] Ayuso [liderança política do conservadorismo espanhol].


Um problema corporal

Como escapar dessa lógica de bode expiatório, dessa paixão pelo sacrifício, dessa pulsão de morte desenfreada? O pessimismo freudiano nos dá mais pistas do que o idealismo progressista. Perto do fim de sua vida, e depois de acumular anos e anos de experiência clínica, Freud observou o seguinte: muitos pacientes simplesmente não querem ser curados. Observação terrível.

A cura psicoanalítica consiste em um longo processo de mudança e metamorfose. Mas há pacientes que preferem se contentar com a repetição do mal-estar, a satisfazer-se com o status de vítima, ainda que isso doa, a limitar-se a apontar os culpados e exigir punição, tudo ao invés de embarcar nessa difícil aventura que é a transformação pessoal, a mudança de pele.

Em seu artigo “Análise terminável e interminável”, Freud nos oferece três explicações possíveis para esse fenômeno: 1) a resistência impostas às mudanças de proteções que o sujeito vem construindo ao longo de sua vida, o peso temível da inércia, o esgotamento da capacidade física e a plasticidade mental; 2) a própria ação da pulsão de morte, agora expressa como “narcisismo de defesa”: a ideia de que minha segurança passa pela insegurança do outro, mors tua vita mea; e 3) a rejeição visceral da feminilidade, ou seja, a recusa de se abrir ao outro para receber ajuda, de mostrar fragilidade, de entregar-se a um certo não saber.

Não é uma questão de vontade, mas de corpo. Corpos atados, emparedados e narcisistas são incapazes de autotransformação e cura. Eles preferem se acomodar na repetição e apontar inimigos-culpados do lado de fora, mesmo que o mal-estar os devore por dentro.

Levando isso para o plano político, o problema é que a esquerda não sabe o que fazer com os corpos. Ela acredita que a mudança é uma questão de pedagogia, de moral, de argumentos, de explicações, de números, de gráficos, de histórias, de significantes, de imaginários. Ela é profundamente idealista. Um verdadeiro materialismo só pode passar pelos corpos e suas pulsões. Não é que as pessoas sejam más, estúpidas ou desinformadas. Não se trata de comunicar melhor, ter mais meios ou apresentar bem os números. A onda reacionária se expande graças à tensão dos corpos.

O clima físico e afetivo hoje é revanchista, desigual, sacrificial aos mais fracos. É neste clima que se inflamam as mensagens da onda reacionária. Não tanto por sua força de convicção, persuasão ou sedução, mas porque ressoam com corpos tensos.

Um Eros social e político

Só um afeto pode curar outro, só um clima pode deslocar outro, só o amor permite escapar à repetição, “só Eros pode conter a pulsão de morte”, diz Freud no final de O mal-estar na civilização. Esta é a chave para entender como, enquanto em toda a Europa as plantas venenosas da onda reacionária já germinavam após a crise de 2008, na Espanha a saída da crise foi depositada em um impulso igualitário e nas mudanças, justamente o inverso da lógica do bode expiatório.

O 15M foi sem dúvida a expressão política de um Eros social, uma qualidade que continua sem ser totalmente pensada 12 anos depois, devido a incapacidade de pensar politicamente os afetos e a partir dos afetos. Diante da vitimização ressentida, da responsabilidade, do comando e da proeminência de qualquer um. Diante do apontamento de inimigos, da culpabilização e do desejo de punição, da ação transformadora e não delegada, da expansão da sensibilidade social, do contágio da empatia.

Diante do narcisismo mortal das pequenas diferenças, da inclusividade e da cooperação, da abertura e do gosto pela pluralidade. Diante da violência contra os fracos, uma força dos fracos, uma raiva que não é desencadeada contra ninguém e de forma alguma, mas é ativada em defesa da vida, “raiva digna” como chamam os zapatistas.

Um Eros social e político é a pulsão organizada para frear a destruição, é a pulsão de cooperação que inventa formas de se estabelecer e perdurar, a arte da composição sensível com o outro. Um amor a partir da autonomia de pessoas, vínculos ou territórios, amor entendido como o cuidado com potencial libertador.

Hoje, Eros é destruído diariamente, devastado em uma sociedade que faz da extração do lucro e controla o vínculo com as coisas e com o mundo. Na escola, no trabalho, nos bairros, impõe-se a guerra de todos contra todos. Mas apenas a força de Eros pode recapacitar os corpos para a mudança, reinventar as proteções da vida a partir da segurança mútua, permitir uma doce abdicação da presença dominadora dos modos “femininos” de estar no mundo.

Como vamos reativar a força de um Eros social hoje, em meio às ruínas deixadas pela guerra cotidiana de todos contra todos? É, politicamente, a questão mais difícil e urgente. Eros também busca a “tranquilidade psíquica”, explica Freud, mas não através da supressão das tensões das anomalias, das diferenças e das alteridades, não como a paz dos cemitérios, mas a partir do cuidado, do enriquecimento e do embelezamento da vida. Por isso apenas Eros pode conter Tânatos: ele satisfaz o mesmo desejo da pulsão, mas de outras maneiras.

quinta-feira, 29 de junho de 2023

Los profesionales de la política y la búsqueda del bienestar social

Fernando de la Cuadra
El Desconcierto

En una conferencia dictada en 1917 que tenía por título “La política como vocación”, el sociólogo alemán Max Weber destacaba el riesgo de generar un tipo de políticos que viven exclusivamente de la política. En dicho escrito, Weber llama la atención para la diferencia que existiría entre quienes viven para la política y quienes viven de la política. Los primeros, por razones obvias, serían aquellas personas que tienen los recursos necesarios para dedicarse a la política sin tener que ocuparse prioritariamente por generar las condiciones materiales de sustento. Por lo mismo, el pensador alemán destaca que en “la dirección de un Estado o de un partido por gentes que, en el sentido económico, viven para la política y no de la política, significa necesariamente un reclutamiento plutocrático de las capas políticas dirigentes”.

Ya en el caso de quienes viven de la política, ellos deben forzosamente buscar una remuneración por su trabajo puesto que carecen de los medios de supervivencia necesarios para mantenerse en esta actividad sin obtener una gratificación monetaria a cambio. Sin embargo, lo anterior no quiere decir que este tipo de políticos no tengan también “una causa” por la cual luchar. El punto es que, en el proceso de construcción de la carrera política, muchos de estos miembros van privilegiando la desviación patrimonialista de la acción política, confundiendo la vocación pública con el interés privado.

En este movimiento de tránsito hacia los intereses particulares, los partidos políticos también han desempeñado un papel relevante, pues ellos se han transformado en un reducto de ascensión social u operan como agencias de empleo, en donde aquellas personas que hacen su “ingreso” a la política se benefician de prebendas y cargos en diversas instituciones o reparticiones del Estado y del sistema público en general, ya sea a nivel central, regional, provincial o municipal.

Ello es precisamente lo que ha venido ocurriendo con la gran mayoría de la clase política mundial, la cual ha descartado el carácter social de su quehacer por una opción casi exclusiva por las aspiraciones pecuniarias que les proporciona dicha actividad. El debate de ideas, el recurso de la retórica, el respeto por las opiniones de los otros, la búsqueda de la pluralidad y la tolerancia se han reducido al acuerdo mezquino con un reducido círculo de correligionarios y amigos, acuerdos permeados por el interés económico inmediato o de corto plazo. La política se ha volcado hacia el frío cálculo racional de costo-beneficio, determinada por una estructura de preferencias individuales en la cual cada agente evalúa los mejores escenarios y situaciones que les permitan adquirir más poder, dinero y prestigio.

En realidad, este fenómeno no es nuevo y sus mecanismos funcionan desde hace siglos y fueron expuestos con suma claridad por Nicolás Maquiavelo en su ensayo El Príncipe, el cual se propone estudiar la verità effetualle del mundo político de comienzos del siglo XVI. En esta obra fundacional de la Ciencia Política, Maquiavelo, entre otras cosas, nos advierte respecto de las motivaciones egoístas que encarnan los seres humanos y que se expresan especialmente en quienes desean detentar el poder político. Ellos deben actuar por el interés propio, por la voluntad de dominio y por la ambición: “De allí que nace una controversia, que resulta en sí es mejor ser amado o temido. Se puede responder que todos gustarían de ser ambas cosas; sin embargo, como es difícil conciliarlas, es más seguro ser temido que amado en el caso de que falte una de las dos. Porque, de manera general, se puede decir que los hombres son ingratos, volubles, fingidos y disimulados, reacios al peligro, ávidos de ganancia”.

En esta breve y contundente definición de la naturaleza humana, Maquiavelo consigna como el quehacer de la humanidad y, especialmente de su clase política, no refleja los principios y valores que inspiraron la voluntad de quienes desean dedicarse al “servicio público”. Si por una parte es cierto que muchos políticos con vocación se preocupan por el bienestar de la Nación, en la mayoría de los casos se puede observar que la tendencia es conseguir y mantenerse en el poder, como lo constató el pensador florentino hace más de 500 años atrás. Para él, la virtù y la fortuna son los dos recursos con que cuentan los “príncipes” para ejercer el arte de la política, es decir, para organizar sus ciudades-Estados y librarlas de los efectos destructivos y de las ambiciones desmesuradas de sus habitantes. En tal sentido, los condottiere son imprescindibles para imponer la dominación a sus súbditos y, a través de ella, proteger el principado y controlar las pulsiones desintegradoras de sus miembros. El poder en sí mismo es el objetivo de la acción política.

La diferencia con los tiempos actuales es que ahora la política ha terminado siendo dominada por las empresas, los consorcios y las grandes fortunas, que imponen su lógica competitiva y su impronta darwinista cuando direccionan el financiamiento de futuras campañas entre aquellos candidatos que tienen mayores posibilidades de sobrevivir y que además se comprometen a retornar para estos conglomerados o agentes individuales las inversiones que se han realizado en su provecho. Los políticos profesionales quedan, de esta manera, rehenes de los propósitos para asegurar y aumentar la obtención de lucro por parte de empresas o personas que han financiado las campañas o proyectos de los aspirantes a algún cargo político.

La secuencia interminable de escándalos de corrupción que salen a la luz cada semana en diversos países del planeta representan un funesto indicador del compromiso de la clase política con los intereses de empresarios inescrupulosos que solo desean enriquecerse a costa del erario público. ¿Cómo se puede revertir este cuadro en que los políticos puedan asumir una postura coherente, honesta y transparente para desempeñar las funciones por las cuales fueron electos? ¿Cómo imprimir los principios republicanos a una clase que se ha acostumbrado a recibir privilegios durante décadas? ¿Cómo inducir el respeto por las leyes en actores que han navegado durante años en las aguas de la impunidad y la displicencia institucional?

Por cierto, las respuestas a estas interrogantes son complejas y multidimensionales. Quizás un esbozo de respuesta pase por aquello que el mismo Weber llamaba de “ética de la responsabilidad”, es decir, una ética que sea capaz de tomar en cuenta las consecuencias previsibles de la propia acción. Ello implicaría asumir conscientemente el conjunto de decisiones que asumen los políticos, no solamente a partir de sus convicciones sino de un auténtico interés por las personas que lo han mandatado para mejorar la vida de sus comunidades y perseverar en la búsqueda del bien común y el bienestar social.

https://www.eldesconcierto.cl/opinion/2023/06/29/los-profesionales-de-la-politica-y-la-busqueda-del-bienestar-social.html

sábado, 24 de junho de 2023

Morte em meio ao “luxo experiencial”


Molly Osberg
Outras Palavras

Não é só o Titan. A classe de bilionários deseja consumir aventuras que ofereçam, além do luxo, exclusividade, reconhecimento e… perigo! Surgem façanhas nas Maldivas, escaladas gourmet do Everest, paintball extremo com agentes da DEA

Não se recomenda que um completo amador participe do Rally Dakar, a competição de resistência off-road em que os pilotos percorriam Paris, a Argentina (e, agora, a Arábia Saudita) no veículo de sua escolha. A paisagem é deslumbrante e ameaçadora por projeto. Pense em descer uma imensa duna de areia numa moto de motocross, depois subir literalmente uma montanha e continuar fazendo isso por cerca de duas semanas. O evento tem uma média de mais de uma morte por edição desde que começou, em 1978.

Mas por um preço que começa em torno de US$ 1,2 milhão, a agência de turismo de luxo Momentum oferece a um cliente um Land Rover customizado e o leva até o deserto, fornecendo suporte logístico e treinamento de pilotagem para ajudá-lo – pelo menos teoricamente – a conquistar a glória. E os prêmios em dinheiro relativamente insignificantes da corrida. “Nossos clientes estão procurando uma experiência autêntica e inspiradora”, disse o fundador da Momentum, Matthew Robertson, à revista Maxim em 2020. “É exatamente o que oferecemos!”.

As cinco pessoas ficaram sem ar a bordo do Titan após seu desaparecimento a caminho do Titanic são, como os clientes de Robertson, parte de uma indústria de viagens de aventura de US$ 683 bilhões que cresceu nas últimas duas décadas. Cada lugar de 6,7m² no Titan, custou 250 mil dólares, apesar dos alertas sobre a falta de certificação da embarcação e a pouca sabedoria da viagem recreativa. “Para quem acha caro, vale lembrar que é uma fração do custo de ir ao espaço”, disse o fundador da empresa que construiu o submersível.

O Boston Consulting Group acompanha o crescimento exponencial do mercado de “luxo experiencial” pelo menos desde 2013. Agora, acrescenteou, marcadores mais tradicionais de extrema riqueza – o complexo à beira-mar em Miami, a casa em Sun Valley – para avaliar os milionários (ou bilionários) interessados em se intitular os próximos Richard Branson ou Stephen Long. (Um dos membros da tripulação que pagou uma pequena fortuna para descer 4,3 quilômetros abaixo do nível do mar em um navio não classificado, operado por um controlador de videogame, é Hamish Harding, o fundador de uma empresa de investimentos cujos hobbies incluem perseguir recordes do Guinness e ir ao espaço). Nos anos seguintes ao surgimento do covid-19, esperava-se que o faturamento do setor aumentasse em até 70%.

As aventuras são variadas por princípio, e geralmente facilitadas por “designers de viagens”, que personalizam experiências com a promessa de que serão totalmente exclusivas. Entre os clientes pode estar um herdeiro do setor de combustíveis fósseis gastando US120 mil dólares em uma viagem ao topo do Everest, com um guia que fornece chuveiros movidos a gás e bifes preparados por um chef pessoal. Ou um corretor de fundos de hedge organizando, para seus amigos, uma excursão de US$ 50 mil, que inclui um jogo de “paintball extremo de aventura” com ex-agentes antidrogas dos EUA.

Um operador de luxo descreveu a criação de uma experiência de “ilha deserta” em Fiji, que retém um cliente por um determinado número de dias. Naturalmente, esse tipo de turismo também se tornou um canal para negociações políticas ocultas: esta semana, o site ProPublica informou que um juiz da Suprema Corte dos EUA, Samuel Alito, fez uma viagem de pesca de salmão real no valor de US$ 1mil por dia no Alasca paga por Paul Singer, um bilionário de fundos de hedge que repetidamente pediu ao tribunal que decidisse a favor de sua empresa.

Há uma série de razões pelas quais os ultrarricos podem estar se voltando para aventuras radicais. Uma série de histórias de tendências detalhando as aventuras de bilionários nas Maldivas ou num snowboard de helicóptero no Alasca surgiu nos anos seguintes à crise financeira de 2008. Comentava-se que o “consumo conspícuo” havia se tornado menos popular, depois de milhões de pessoas perderem empregos ou casas em nome de alguns ternos muito bons. Apontou-se também o efeito do Instagram, onde qualquer pessoa com um navegador da Web e os meios necessários pode postar uma experiência exclusiva.

Mas a explicação mais natural é que, para as pessoas a quem os luxos mais inimagináveis estão ao alcance, simplesmente sentar em um iate sem ser reconhecido não é suficiente. O status de bilionário tornou-se significativamente mais difuso nos últimos anos. Um herdeiro de diamantes obtidos com sangue quer se tornar um explorador espacial. Alguém que fez fortuna especulando com móveis e despejos prefere ser conhecido como um filantropo que também detém o recorde de maior permanência no fundo do oceano. (Além disso, os troféus de safári, a bugiganga original dos intrépidos e superricos, agora são considerados de mau gosto).

Recentemente, em sequência ao desaparecimento do Titan, o New York Times entrevistou serviços de viagens de luxo sobre os riscos que os ultra-ricos estão correndo. “Há muitas pessoas viajadas por aí que constantemente ultrapassam os limites de suas viagens para reivindicar o direito de se gabar”, disse um deles ao jornal. Acrescentou que naturalmente essas pessoas em busca de aventura procuram “experiências únicas” que “envolvem um grau de risco”.

Mas quando o objetivo final é ultrapassar os limites do que uma pessoa razoável consideraria férias, alguns bilionários querem uma experiência ainda mais exclusiva do que visitar o Titanic e arriscar a morte. Alguns anos atrás, a BBC entrevistou um agente de viagens cujo cliente pediu para detonar uma ogiva nuclear. O agente de viagens recusou. Quem quer morrer nas férias?