quinta-feira, 3 de agosto de 2023

De las palabras a los hechos: las leyes raciales del nazismo


Francisco Javier Blázquez
The Conversation

El 14 de julio de 1933 el gobierno de Hitler aprobó la Ley para la Prevención de Progenie con Enfermedades Hereditarias con el objetivo de esterilizar a personas que eran consideradas biológicamente inferiores.

En principio, esta ley había sido promulgada para impedir la trasmisión de enfermedades hereditarias. Pero en realidad sirvió para llevar a cabo una política general de esterilización obligatoria, así como de exterminio, de las personas que padecían defectos físicos o mentales.

Adolf Hitler, considerado por algunos especialistas como el gran simplificador, estaba convencido de que la supremacía de los arios solo era posible a través de la regeneración y purificación de la sangre germana.

De ahí que dos años después, el 15 de septiembre de 1935, promulgara la “Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes” y promoviera la aplicación del Programa Aktion T4, en virtud del cual perdieron la vida más de 70 000 enfermos de párkinson, alzhéimer o epilepsia a los que practicaron la “eutanasia compasiva”.

El motivo no ofrecía lugar a dudas para los dirigentes nazis. La salud e “higiene racial” eran prioritarias. Inexcusablemente. El racismo biológico debía imponerse sacrificando los principios de igualdad, libertad o dignidad emanados del liberalismo precedente.

El racismo histórico

 Es preciso recordar que, con anterioridad, teóricos racistas como el Conde Bufon en Historia Natural, así como el Conde de Gobineau, a través del Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas en 1853, habían defendido que la raza blanca ocupaba el nivel superior y que la mezcla racial resultaba degenerativa.

Sin embargo, conviene precisar a este respecto que el concepto de “raza”, al igual que el de “población”, no deja de ser tan solo una abstracción de carácter especulativo, que carece de correspondencia empírica alguna. De hecho, el término “raza” no describe ninguna cualidad humana, específica, que sea diferenciada, y menos hace referencia a ningún dato objetivo.

No obstante, una vez más, el mito de la raza tan extendido por Europa, irrumpía de nuevo. La puesta en práctica de la política racial nazi era la prueba de que los mitos, más allá de su eventual atractivo romántico o literario, pueden erigirse en armas poderosas que entrañan graves peligros. Podría decirse que están preñados de fantasmas y que son capaces de engendrar barbarie.

A veces, los mitos salen de las cavernas en las que hibernan, entran en acción seduciendo a las mentes y entonces se tornan mortíferos, pues se comportan, tal y como advierten Yves Ternon y Socrate Helman, “como el gas que desintegra el alma, degrada la razón y aniquila la voluntad de ser libre”.

No ha de extrañar que, a partir de esas coordenadas, tanto los judíos como los gitanos, los minusválidos o los enfermos mentales, fueran percibidos por el nazismo como un claro peligro para el desarrollo del ideal de la pureza genética del pueblo alemán, eje central de su proyecto político.

Crisis económica y proyecto totalitario

Conviene recordar que tanto la situación económica que padecía Alemania por la hiperinflación de 1923 como la crisis de 1929 acentuaron las dificultades de un país estragado tras la derrota de la Primera Guerra Mundial en un proceso de creciente inestabilidad política y fragilidad institucional.

La firma del Tratado de Versalles había desplazado a Alemania del puesto que ostentaba anteriormente, reservado a las grandes potencias. Previamente, el representante del gobierno británico, J. M. Keynes, había anticipado las consecuencias que podrían derivarse de unas condiciones de reparación de guerra tan exigentes. A partir de entonces, numerosos desempleados, comerciantes y empresarios arruinados se dejaron seducir por las expectativas que generaba el discurso nacionalsocialista.


Entre tanto, los dirigentes nazis se sirvieron de técnicas de propaganda de masas e hicieron uso de un lenguaje metafórico, a veces eufemístico. Hablaban en términos de “plaga” aludiendo a los judíos y de “bacilos” o “bacterias” para referirse a los gitanos, y los consideraban nocivos para el organismo social, es decir para la salud del Estado.

La expresión habitual de “sobres vacíos” o “cuerpos sin alma” asignada a los enajenados mentales, así como “solución final” para apelar al holocausto, formaban parte de una estrategia planificada que perseguía como objetivo vaciar de contenido y alterar el significado de las palabras.

Advertencias del riesgo totalitario

Pocos autores como el escritor judío de origen austríaco Stefan Zweig fueron capaces de hacer público, antes de la llegada al poder del nacionalsocialismo, el grave riesgo en el que estaba incurriendo Alemania. En reiteradas ocasiones advirtió que el gobierno del país podía caer en manos de un régimen totalitario de carácter fascista, tal y como sucedía ya en Italia. Esto haría retroceder al continente europeo a periodos históricos de crueldad y violencia prácticamente olvidados.

Sus palabras siguen siendo tan expresivas como elocuentes cuando afirmaba, para referirse al ambiente que impregnaba el avance de la ideología nazi: “la mentira extiende descaradamente sus alas y la verdad ha sido proscrita; las cloacas están abiertas y los hombres respiran su pestilencia como un perfume”.

Del mismo modo, el creador del psicoanálisis Sigmund Freud, igualmente judío de origen, había manifestado, antes huir de Viena para vivir en Londres: “Nunca se sabe adónde se irá por ese camino. Primero uno cede en las palabras, después poco a poco en la cosa misma”.

Han pasado ya nueve décadas, pero el deber de recordar aquellos hechos ignominiosos se ha convertido en un imperativo moral que no podemos eludir. Ignorarlos u olvidarlos sería un acto de negligencia. Máxime, teniendo en cuenta la fuerza que está adquiriendo en los últimos años el discurso xenófobo y ultranacionalista de la extrema derecha.

En última instancia, tal y como advertía el Premio Nobel de Literatura José Saramago: “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizás no merezcamos existir”.

quarta-feira, 26 de julho de 2023

Comienza a aclararse el rompecabezas del asesinato de Marielle Franco

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

A partir de la delación premiada efectuada por el ex Policial Militar (PM), Élcio de Queiroz, se empieza a armar el puzle de la ejecución de la concejala Marielle Franco y su chofer Anderson Gomes el día 14 de marzo de 2018. En parte de su declaración, Queiroz ratifica que fue su colega y ex PM Ronnie Lessa quien efectuó los disparos que terminaron con la vida de ambos. Y también entregó el nombre de quien actuó de intermediario con el mandante del crimen, que era el sargento de la PM llamado Edimilson Oliveira da Silva, conocido como Macalé. Esta pieza clave en la investigación fue asesinada en extrañas circunstancias en noviembre de 2021, por lo cual todo hace sospechar que su muerte es parte de un caso típico de “quema de archivo”.

Otro importante desdoblamiento de la delación del ex PM es la confirmación de que Marielle estaba siendo vigilada desde hacía ocho meses antes del atentado y que un intento frustrado por acabar con su vida ya había sido realizado a fines de 2017. Por lo tanto, la sucesión de afirmaciones permite corroborar que el crimen no fue la consecuencia de un odio repentino contra la concejala (como afirmaban algunos miembros de la Policía Civil de Rio de Janeiro), sino que fue un acto premeditado y planificado con mucha antelación a la fecha de su ejecución. Es decir, se está ante la existencia de uno o varios mandantes que deseaban eliminar políticamente a Marielle por sus actividades en defensa de los derechos humanos de las poblaciones más pobres y vulnerables que habitan en las áreas periféricas de Rio de Janeiro, especialmente en las comunidades y barrios de la Baixada Fluminense. Desde que fue electa en 2016, Marielle Franco tuvo una actuación destacada y fue una luchadora incansable para proteger la vida de la población pobre, negra y LGBTQIA+ que vive en esas regiones.

Además, la delación de Queiroz llevó a la captura del Bombero Maxwell Simões quien era el encargado de destruir las evidencias de la “operación”, específicamente la subametralladora y el auto utilizado por los criminales en la ejecución de Marielle y Anderson. Por esta razón, él ya estaba procesado y condenado a seis años por su responsabilidad en perjudicar la investigación en curso. Ahora, Maxwell acumula una nueva acusación, la de vigilar los pasos de Marielle Franco durante los ocho meses anteriores al crimen. Al momento de su nueva detención -en una operación conjunta entre la Policía Federal y el Ministerio Público de Rio de Janeiro- se encontraba en su casa disfrutando del beneficio de prisión domiciliar concedido por la justicia.

Según han señalado miembros de la Policía Federal que reabrieron el caso en febrero de este año, la decisión de Élcio de denunciar a sus colegas se debió a que tuvo conocimiento de nuevas pruebas que incriminaban a Ronnie Lessa, específicamente, la consulta por parte de este último de datos bancarios de Marielle Franco y de su hija dos días antes del asesinato. Y se agrega a esto un dato no menor: la propia esposa de Lessa negó que ellos estuvieran en casa a la hora del crimen esperando asistir un partido de Flamengo por televisión, destruyendo cualquier posibilidad de credibilidad en la coartada inventada por los autores del delito. Con estas nuevas pruebas en contra, el delator se sintió fragilizado y optó por ayudar a los investigadores a desvendar aspectos desconocidos del itinerario de esa acción criminal ocurrida el día 14 de marzo.

La importancia de las revelaciones efectuadas por Élcio de Queiroz es que ellas vienen a confirmar efectivamente todos los indicios que había recopilado el Ministerio Público y la Policía Federal para trazar el mapa y la cronología del crimen, con todas las etapas, desde la planificación previa hasta la destrucción de las pruebas comprometedoras, o sea, el desmantelamiento del auto y la destrucción del arma utilizada, la desaparición de los casquillos de bala que quedaron dentro del vehículo, la incineración del pasamontaña y la vestimenta utilizada por el ejecutor. Inclusive, ahora se conocen algunos detalles escabrosos del rumbo seguido por los criminales luego de consumado el homicidio, como el hecho de que esa noche fueron a celebrar en un bar de Barra de Tijuca hasta altas horas de la madrugada.

Cuando se cumplieron cinco años del asesinato de Marielle Franco sosteníamos la importancia de aclarar este crimen como una respuesta imprescindible para recuperar la confianza y la credibilidad del sistema policial y judicial brasileño (El asesinato de Marielle Franco continúa en la impunidad). La solución de este caso comienza a arrojar sus primeros resultados después de seis meses desde que asumieron las nuevas autoridades.

Sin embargo, hasta el momento existen tres interrogantes interrelacionadas que se mantienen sin aclarar y que siguen empañando la vida y la convivencia democrática entre los brasileños: ¿Quién mandó a matar a Marielle, por qué motivo y cuáles son las razones de por qué las investigaciones se hayan mantenido por tanto tiempo paralizadas y obstaculizadas? Probablemente la respuesta se sepa en las próximas semanas y, según las conjeturas concebidas por especialistas y funcionarios policiales, se puede sostener que este crimen fue encomendado por los jefes de las milicias del Estado de Rio de Janeiro con el apoyo y la complicidad de políticos locales cercanos a la familia del ex presidente Jair Bolsonaro.

Lo que parece increíble al final de esta historia trágica y conmovedora, es que una parte significativa del electorado brasileño haya optado por poner al mando de la Nación y, por lo tanto, en el corazón del poder, a un individuo tan próximo y cómplice de milicianos y traficantes que actúan en la más completa impunidad. Con su proyecto de liberación de armas, el ex capitán intentó transformar a Brasil en una tierra de nadie, de pistoleros y matadores por encomienda. Ese peligro que sigue latente tiene que ser desmontado definitivamente por el conjunto de la sociedad que aspira a construir un país en que el diálogo y el pluralismo democrático imperen en la relación entre sus ciudadanos.

quarta-feira, 12 de julho de 2023

Brasil: La reforma tributaria y el retorno de la política

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

La contundente aprobación de la reforma tributaria en la Cámara de diputados dejó a las fuerzas bolsonaristas más debilitadas, inclusive divididas entre las diversas fracciones que aparecieron a partir de esa misma derrota. Quizás este sea un momento singular para pensar en el comienzo del declinio de la extrema derecha brasileña. En rigor, la necesidad de esta reforma tributaria estaba siendo discutida desde hace mucho tiempo, prácticamente junto con la promulgación de la Constitución de 1988, es decir, hace 35 años.

Sin entrar en el detalle del complejo articulado de esta reforma, la mayoría de los especialistas apuntan al hecho de que el sistema de tributación se tornará menos engorroso para todos los contribuyentes luego de la integración de los múltiples impuestos que existen en la actualidad, a nivel Federal, Estadual y Municipal. Se estima que ello permitirá un repunte de la economía nacional a mediano plazo, según las previsiones de los economistas. La reforma también incluye -en una segunda etapa- un aumento de la tasación de las grandes fortunas y las herencias, con lo cual el Estado espera recaudar más recursos que podría destinar a las políticas sociales que son indispensables para incluir a vastos sectores de la población y también para mejorar la situación laboral y salarial de los trabajadores y trabajadoras.

En un intento desesperado por rechazar la reforma, Bolsonaro y sus seguidores trataron de asociar su puesta en discusión con una perspectiva ideológica de izquierda y petista, ignorando al conjunto de actores políticos, sociales y empresariales que abogaban por su aprobación. Bolsonaro y la mayoría de sus correligionarios del Partido Liberal optaron por hacer una oposición al proyecto de reforma motivados casi exclusivamente por su animadversión al gobierno, restándose del debate político y técnico de la propuesta a ser votada. Perdieron desastrosamente y ahora tienen que reponerse de la derrota a través de la negociación política, algo impensable hace algunos pocos meses atrás cuando confiaban en la mera descalificación del adversario (o enemigo) para imponer su agenda ultra liberal en lo económico, autoritaria en lo político y conservadora en el ámbito cultural y comportamental.

Por el contrario, Lula y sus ministros del área política y económica optaron por negociar con el conjunto de partidos de oposición moderada o pragmática que integran el Congreso, manteniendo un diálogo permanente tanto en la Comisión de Finanzas y Tributación de la Cámara como en otras instancias de debate programático. Este proceso ha recolocado la importancia de la política en la conducción de las temáticas esenciales para mejorar la vida de la población, después de años en que una parte significativa de los habitantes renegó de la política y la transformó en una especie de ámbito atestado de criminales que quieren usufructuar de los cofres públicos y de los impuestos de los contribuyentes. En efecto, los adherentes al ex capitán se han caracterizado por despreciar a la clase política y a las instituciones republicanas, apostando casi siempre a una salida autoritaria para resolver los inevitables conflictos surgidos en el seno de la sociedad.

Faltó poco para que esa concepción de país se impusiera por la fuerza de las armas y el despotismo reaccionario impulsado por Bolsonaro y sus hordas, cuando en una acción planificada desde la derrota en las urnas, decidieron invadir las sedes de los Tres Poderes el día 8 de enero a la espera de la movilización de las Fuerzas Armadas. Junto a ellas, las diversas Policías y Milicianos prevenidos y concertados asestaría un Golpe de Estado al recién instalado gobierno de Lula da Silva que, al decir de los sediciosos, “limpiaría definitivamente a la patria de esa plaga de comunistas aprovechadores y corruptos”.

Esta visión que fue montada sobre bases ideológicas radicales, sin capacidad de dialogar en un ambiente pluralista -mucho menos de construir cualquier tipo de consenso-, es la que ahora está siendo superada con el empeño del gobierno de establecer una línea de interlocución permanente con todos los actores políticos y de la sociedad civil que estén dispuestos a conversar sobre los diversos planes, programas y proyectos contemplados en la carta de navegación gubernamental o en temáticas afines con las acciones impostergables de políticas públicas y sociales que requiere el país

Desde que comenzó su vida como parlamentario en los años noventa, el ex militar Bolsonaro denigró la actividad política, auto confiriéndose el título de representante del pueblo fuera del establishment político, abjurando de su propio papel como legislador en el Congreso Nacional por más de treinta años. Con un discurso simplista y “antipolítico”, el diputado Jair fue aumentando su influencia entre el electorado, aprovechándose de la crisis generalizada que fue tomando cuenta del país. Se presentó como una alternativa a los políticos deshonestos y a los empresarios inescrupulosos para erigirse en una especie de salvador de la patria ante la acumulación de desastres y miserias que angustiaban a la población brasileña.

Dicho discurso fue introyectado en electores cansados y con poca capacidad crítica que vieron en el ex capitán una salida para sus frustraciones y una solución al vaciamiento y dilapidación de las arcas fiscales y los recursos nacionales por parte de una “clase de parásitos” que solo buscaban su beneficio personal. En ese escenario nefasto, el surgimiento de una persona que se presentaba como “fuera del sistema” terminó por encandilar a una parcela expresiva del electorado que, renegando del espacio de la política, lo elevó en 2018 a la condición de primer mandatario.

A partir de una narrativa plagada de mentiras y promesas mesiánicas, Bolsonaro fue forjando un proyecto de extrema derecha que apuntó su batería demoledora contra las instituciones de la República, el Estado Democrático de Derecho, la izquierda y otros sectores opositores, las universidades, la prensa y, en definitiva, contra la política como una pieza fundamental para debatir y resolver los problemas del país.

De esta manera, el protagonismo de la política regresa como valorización de la disputa legitima para resolver las discrepancias y las diferentes visiones que se tienen sobre la nación. En ese sentido, el actual Ejecutivo brasileño viene apostando en la generación de acuerdos políticos destinados a aumentar la gobernabilidad e implementar aquellas políticas públicas que le permitan a la población alcanzar una mejoría en su calidad de vida. Y por esta vía ir consolidando el aislamiento de la extrema derecha que, históricamente se ha nutrido de las crisis sistémicas y del malestar acumulado entre los ciudadanos.

terça-feira, 4 de julho de 2023

La inelegibilidad de Bolsonaro y el desmonte de la extrema derecha

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

“Nada es más importante que acabar con el fascismo, 
porque de lo contrario, el fascismo va a acabar con nosotros”.
Fred Hampton

Cuando restaban pocas horas para que el Sistema Judicial brasileño concluyera sus actividades semestrales para entrar en el receso de invierno -por un mes a partir del 1 de julio-, el Supremo Tribunal Federal (STF) determinó la inelegibilidad de Jair Messías Bolsonaro por los próximos ocho años. Este proceso que le impide al ex presidente presentarse a cualquier elección por ese periodo, es el primero entre muchos otros procesos (16 en total) que continúan pendientes por los diversos delitos cometidos por el ex presidente durante su mandato.

En este caso, la acusación que fue juzgada tuvo relación con la insistencia del ex mandatario en poner en duda la transparencia y licitud del sufragio electrónico en una reunión oficial convocada por el entonces gobernante en el Palacio da Alborada, ante decenas de embajadores, periodistas y miembros de organizaciones internacionales. Según el Ministerio Publico, en aquella ocasión el ahora condenado habría cometido abuso de poder político, desvío de finalidad y uso indebido de los medios de comunicación.

Concretada entonces la inelegibilidad del ex capitán, surge casi que naturalmente la interrogante sobre cuál será el destino de la extrema derecha en Brasil. Existe una infinidad de tesis especulativas sobre este asunto, aunque en términos generales existe un consenso que la extrema derecha en Brasil llegó para quedarse. Quizás pierda gran parte de su fortaleza en los próximos años, no solamente por la sanción aplicada a su líder indiscutible, sino porque ese mismo líder tendrá que enfrentar una avalancha de procesos en su contra, ya sea en el Tribunal Superior Electoral (TSE) que lo juzgó en esta oportunidad, como también en una serie de otros procesos penales que envuelven casos de corrupción, abuso de autoridad, enriquecimiento ilícito, genocidio de los indígenas Yanomami y otros pueblos originarios, vinculación con las milicias de Rio de Janeiro y un largo etcétera.

Es decir, Bolsonaro debe ser punido no solamente en el ámbito de la justicia electoral, como también debe ser procesado penalmente por el cúmulo de crímenes cometidos durante su gestión. Sin embargo, ver al ex capitán en la cárcel no le va a restituir su vida a los casi 700 brasileños que murieron víctimas del Covid-19, las florestas no se van a recuperar de la devastación y las quemadas indiscriminadas, los pueblos aborígenes no superarán el genocidio cometido contra ellos, los pobres no volverán automáticamente a tener mejores condiciones de vida y de alimentación, las familias no se recobrarán de las fracturas sufridas en su interior por las disputas ideológicas.

Bolsonaro preso es una necesidad urgente, aunque sea irrecuperable el daño causado por él y sus huestes a la enorme mayoría de los brasileños. Por lo menos, el encarcelamiento de quien causó tanto daño al país durante su gestión, puede ayudar a sanar las heridas abiertas en el imaginario de la nación.

No obstante, el bolsonarismo como fenómeno político y social continuará ensombreciendo al país, porque este se asienta sobre bases históricas consistentes que extienden sus profundas raíces desde el periodo de la Colonia y del consiguiente régimen esclavista, el que fue abolido solamente a fines del siglo XIX, específicamente, el 13 de mayo de 1888.

La huella esclavista y explotadora que asentó sus bases en el desprecio por los negros, los pobres, los indígenas, las mujeres y los excluidos en general, se ha introyectado comprobadamente en la sociedad brasileña y germinó desde las cloacas de la historia a partir de los eventos y movilizaciones de 2013, para comenzar a emerger rápidamente hacia la superficie de la escena social y política brasileña en esta última década.

En ese contexto, Bolsonaro llegó a asumir la presidencia por la profundización de esta matriz autoritaria, racista, clasista, xenofóbica, homofóbica, misógina, aporofóbica que se instaló como un tumor maligno al interior de la sociedad, alimentada –como decíamos- de la propia experiencia histórica secular, así como de la agudización de la corrupción y la escandalosa impunidad de miembros de la clase política, de grandes conglomerados y consorcios empresariales, de familias de terratenientes y de los altos mandos militares que se han dedicado durante décadas a lucrar y beneficiarse con los recursos públicos.

La redemocratización y el posterior proceso de reconstrucción de las instituciones democráticas no fue suficiente para acabar con los resabios del autoritarismo que permanecieron latentes en el seno de la sociedad brasileña y que resurgieron a la luz del descontento y el malestar acumulado, las carencias insufribles en los servicios básicos, la corrupción, el desempleo y los bajos salarios, la presencia endémica del hambre, la violencia cotidiana, la inepcia del Estado, la exclusión y el abandono que experimenta una parte significativa de la población.

La extrema derecha y el bolsonarismo se nutrieron de este caldo nefasto y corrosivo que fue minando la coexistencia entre los brasileños, manifestándose bajo las más diversas formas del prejuicio y la intolerancia para enfrentar las supuestas amenazas que encarnaban y siguen personificando los segmentos más pobres y miserables del país.

En función de lo anterior, uno de los mayores desafíos que tiene ahora el gobierno de Lula da Silva –además de resolver los problemas más prominentes como el hambre y la desigualdad- es desmontar los cimientos de esta construcción nefasta y destructiva del odio visceral, de una completa ausencia de identidad, de la negación de un sustrato común, de un sentido de comunidad de destino que aqueja a este país de dimensiones y complejidad continental.

Si bien la reciente condenación de Bolsonaro representa una respuesta imprescindible para el conjunto de los demócratas brasileños, los riesgos del radicalismo de la extrema derecha seguirán ensombreciendo el futuro de Brasil, obstaculizando sus capacidades para desarrollar todas sus potencialidades como nación. Enfrentar estas modalidades contemporáneas del fascismo se transformó en una tarea urgente no solo para la actual administración, sino para la totalidad del cuerpo social que aspira a construir una nación norteada por los principios de la tolerancia, el pluralismo, el respeto a la diversidad y la convivencia democrática.

domingo, 2 de julho de 2023

Para trazer o corpo de volta à política

Amador Fernández-Savater
Outras Palavras

“Só o amor nos permite escapar da repetição” (Jorge Luis Borges)

O que significa “a onda reacionária” globalmente e aqui na Espanha? Como entender esse fenômeno complexo e multifacetado, para melhor combatê-lo? Proponho a seguinte interpretação: a onda reacionária está tentando sustentar um mundo em crise, um modelo que se esvai em toda parte.

O que hoje se chama de “policrise” (conjunto de crises climáticas, energéticas, alimentares, econômicas, etc.) refere-se basicamente a uma “crise de presença”, entendida como a crise do modo de vida ocidental que é baseado no impulso constante à expansão, ao crescimento e à conquista. Uma crise civilizacional de alcance planetário.

As diversas crises são sintomas de um modo de estar em um mundo consumista e predador que já atinge seus limites por todos os lados: o esgotamento de corpos, o esgotamento de vínculos, o esgotamento de recursos, um colapso que é ao mesmo tempo psíquico, social e ambiental.

O chamado “negacionismo” da onda reacionária, no que diz respeito à emergência climática, desigualdade social ou violência contra as mulheres, é a vontade premeditada de não ver nenhum desses sintomas, de não ouvir ou pensar nada sobre isso, de não empreender nenhuma mudança a partir desses fatos para, assim, ir em frente como se nada estivesse acontecendo.

Esses sintomas, visto a partir desse esquema cognitivo, são interpretados como “danos” que alguns poderes malignos infligem à ordem social. A supressão desses inimigos permitiria restaurar o bom estado das coisas, a presença dominadora no mundo.

Nenhuma responsabilidade a assumir, então, pelo curso catastrófico do mundo. A onda reacionária desafia substancialmente os sujeitos que se assumem como vítimas da situação. A vítima delega a elaboração de seu desconforto a certos poderes que prometem um “retorno à normalidade” uma vez que os males tenham sido erradicados: “Make America great again” (Trump), “Let’s take back control” (Brexit).

O caso do Vox é muito claro nesse sentido. Pode ser lido como um verdadeiro “contragolpe” em relação a tudo o que o modelo em crise havia questionado a partir dos sintomas do mal-estar: primeiro o 15M, depois o Podemos, depois o feminismo e, finalmente, o referendo de 1º de outubro [para a independência da Catalunha].

Os “inimigos da Espanha” devem ser jogados no lixo da História, como explica muito graficamente o cartaz pendurado pelo partido de Abascal em Madri, para recuperar a ordem e a hierarquia de raça e nação, de gênero e poder de classe, da propriedade e de suas prerrogativas.

A lógica do bode expiatório

O que se desencadeou, em escala global e local, é uma lógica de bode expiatório que necessariamente desencadeia a violência generalizada. Há muitos inimigos a eliminar, muitos movimentos sociais a reprimir, muitos corpos a sacrificar, para se continuar vivendo como se nada tivesse acontecido. Essa lógica e essa paixão pelo sacrifício é o que Freud pensou há 100 anos, no calor da primeira grande carnificina do século XX, como a “pulsão de morte”. Ou Tânatos.

A pulsão de morte, segundo o psicanalista vienense, é a busca instintiva de um estado de “tranquilidade psíquica” anterior à própria vida. Thanatos dá um empurrão para retornar à inércia do inorgânico, suprimindo as tensões da existência.

Essa tranquilidade psíquica, no campo social e político, se expressa como um ideal de normalidade perdida, quase sempre puramente fantasiada. A pátria quando não havia estrangeiros; a raça quando os brancos imperavam; o sexo quando os homens mandavam sem serem contestados; a vizinhança antes daquela primeira mulher pobre se mudar…

Do lado de fora, o instinto de morte se projeta como energia destrutiva contra tudo aquilo que perturbe a ordem. Por dentro, o sujeito se volta contra ele mesmo numa espiral autodestrutiva de culpa e dívida. Ambos os movimentos se retroalimentam: o sentimento (interior) de culpa é satisfeito ao procurar culpados (externos). O ódio à primeira mulher pobre na vizinhança canaliza essa maldita inquietação interior de não entender…

As tensões por serem eliminadas diferem de acordo com as geografias e as histórias políticas nacionais, mas sem dúvida existe uma chave comum às mil faces com que hoje se mostra a onda reacionária: a promessa de segurança. Uma segurança contra, uma segurança na desigualdade, uma segurança que passa pela insegurança do outro. Odiamos tudo o que evoca sintomas, tudo o que indica que “algo não está bem”, tudo o que nos lembra que as mudanças são necessárias e urgentes.

A desigualdade é afirmada brutalmente, contra qualquer tentação de “bondade”, como se denomina de forma perjorativa ter um mínimo de sensibilidade social ou compaixão. É aderente ao que existe: a liberdade já está aí, pode-se fazer o que quiser, é a liberdade de fruição privada, de consumo, de desconsiderar o comum, a liberdade de [Isabel] Ayuso [liderança política do conservadorismo espanhol].


Um problema corporal

Como escapar dessa lógica de bode expiatório, dessa paixão pelo sacrifício, dessa pulsão de morte desenfreada? O pessimismo freudiano nos dá mais pistas do que o idealismo progressista. Perto do fim de sua vida, e depois de acumular anos e anos de experiência clínica, Freud observou o seguinte: muitos pacientes simplesmente não querem ser curados. Observação terrível.

A cura psicoanalítica consiste em um longo processo de mudança e metamorfose. Mas há pacientes que preferem se contentar com a repetição do mal-estar, a satisfazer-se com o status de vítima, ainda que isso doa, a limitar-se a apontar os culpados e exigir punição, tudo ao invés de embarcar nessa difícil aventura que é a transformação pessoal, a mudança de pele.

Em seu artigo “Análise terminável e interminável”, Freud nos oferece três explicações possíveis para esse fenômeno: 1) a resistência impostas às mudanças de proteções que o sujeito vem construindo ao longo de sua vida, o peso temível da inércia, o esgotamento da capacidade física e a plasticidade mental; 2) a própria ação da pulsão de morte, agora expressa como “narcisismo de defesa”: a ideia de que minha segurança passa pela insegurança do outro, mors tua vita mea; e 3) a rejeição visceral da feminilidade, ou seja, a recusa de se abrir ao outro para receber ajuda, de mostrar fragilidade, de entregar-se a um certo não saber.

Não é uma questão de vontade, mas de corpo. Corpos atados, emparedados e narcisistas são incapazes de autotransformação e cura. Eles preferem se acomodar na repetição e apontar inimigos-culpados do lado de fora, mesmo que o mal-estar os devore por dentro.

Levando isso para o plano político, o problema é que a esquerda não sabe o que fazer com os corpos. Ela acredita que a mudança é uma questão de pedagogia, de moral, de argumentos, de explicações, de números, de gráficos, de histórias, de significantes, de imaginários. Ela é profundamente idealista. Um verdadeiro materialismo só pode passar pelos corpos e suas pulsões. Não é que as pessoas sejam más, estúpidas ou desinformadas. Não se trata de comunicar melhor, ter mais meios ou apresentar bem os números. A onda reacionária se expande graças à tensão dos corpos.

O clima físico e afetivo hoje é revanchista, desigual, sacrificial aos mais fracos. É neste clima que se inflamam as mensagens da onda reacionária. Não tanto por sua força de convicção, persuasão ou sedução, mas porque ressoam com corpos tensos.

Um Eros social e político

Só um afeto pode curar outro, só um clima pode deslocar outro, só o amor permite escapar à repetição, “só Eros pode conter a pulsão de morte”, diz Freud no final de O mal-estar na civilização. Esta é a chave para entender como, enquanto em toda a Europa as plantas venenosas da onda reacionária já germinavam após a crise de 2008, na Espanha a saída da crise foi depositada em um impulso igualitário e nas mudanças, justamente o inverso da lógica do bode expiatório.

O 15M foi sem dúvida a expressão política de um Eros social, uma qualidade que continua sem ser totalmente pensada 12 anos depois, devido a incapacidade de pensar politicamente os afetos e a partir dos afetos. Diante da vitimização ressentida, da responsabilidade, do comando e da proeminência de qualquer um. Diante do apontamento de inimigos, da culpabilização e do desejo de punição, da ação transformadora e não delegada, da expansão da sensibilidade social, do contágio da empatia.

Diante do narcisismo mortal das pequenas diferenças, da inclusividade e da cooperação, da abertura e do gosto pela pluralidade. Diante da violência contra os fracos, uma força dos fracos, uma raiva que não é desencadeada contra ninguém e de forma alguma, mas é ativada em defesa da vida, “raiva digna” como chamam os zapatistas.

Um Eros social e político é a pulsão organizada para frear a destruição, é a pulsão de cooperação que inventa formas de se estabelecer e perdurar, a arte da composição sensível com o outro. Um amor a partir da autonomia de pessoas, vínculos ou territórios, amor entendido como o cuidado com potencial libertador.

Hoje, Eros é destruído diariamente, devastado em uma sociedade que faz da extração do lucro e controla o vínculo com as coisas e com o mundo. Na escola, no trabalho, nos bairros, impõe-se a guerra de todos contra todos. Mas apenas a força de Eros pode recapacitar os corpos para a mudança, reinventar as proteções da vida a partir da segurança mútua, permitir uma doce abdicação da presença dominadora dos modos “femininos” de estar no mundo.

Como vamos reativar a força de um Eros social hoje, em meio às ruínas deixadas pela guerra cotidiana de todos contra todos? É, politicamente, a questão mais difícil e urgente. Eros também busca a “tranquilidade psíquica”, explica Freud, mas não através da supressão das tensões das anomalias, das diferenças e das alteridades, não como a paz dos cemitérios, mas a partir do cuidado, do enriquecimento e do embelezamento da vida. Por isso apenas Eros pode conter Tânatos: ele satisfaz o mesmo desejo da pulsão, mas de outras maneiras.

quinta-feira, 29 de junho de 2023

Los profesionales de la política y la búsqueda del bienestar social

Fernando de la Cuadra
El Desconcierto

En una conferencia dictada en 1917 que tenía por título “La política como vocación”, el sociólogo alemán Max Weber destacaba el riesgo de generar un tipo de políticos que viven exclusivamente de la política. En dicho escrito, Weber llama la atención para la diferencia que existiría entre quienes viven para la política y quienes viven de la política. Los primeros, por razones obvias, serían aquellas personas que tienen los recursos necesarios para dedicarse a la política sin tener que ocuparse prioritariamente por generar las condiciones materiales de sustento. Por lo mismo, el pensador alemán destaca que en “la dirección de un Estado o de un partido por gentes que, en el sentido económico, viven para la política y no de la política, significa necesariamente un reclutamiento plutocrático de las capas políticas dirigentes”.

Ya en el caso de quienes viven de la política, ellos deben forzosamente buscar una remuneración por su trabajo puesto que carecen de los medios de supervivencia necesarios para mantenerse en esta actividad sin obtener una gratificación monetaria a cambio. Sin embargo, lo anterior no quiere decir que este tipo de políticos no tengan también “una causa” por la cual luchar. El punto es que, en el proceso de construcción de la carrera política, muchos de estos miembros van privilegiando la desviación patrimonialista de la acción política, confundiendo la vocación pública con el interés privado.

En este movimiento de tránsito hacia los intereses particulares, los partidos políticos también han desempeñado un papel relevante, pues ellos se han transformado en un reducto de ascensión social u operan como agencias de empleo, en donde aquellas personas que hacen su “ingreso” a la política se benefician de prebendas y cargos en diversas instituciones o reparticiones del Estado y del sistema público en general, ya sea a nivel central, regional, provincial o municipal.

Ello es precisamente lo que ha venido ocurriendo con la gran mayoría de la clase política mundial, la cual ha descartado el carácter social de su quehacer por una opción casi exclusiva por las aspiraciones pecuniarias que les proporciona dicha actividad. El debate de ideas, el recurso de la retórica, el respeto por las opiniones de los otros, la búsqueda de la pluralidad y la tolerancia se han reducido al acuerdo mezquino con un reducido círculo de correligionarios y amigos, acuerdos permeados por el interés económico inmediato o de corto plazo. La política se ha volcado hacia el frío cálculo racional de costo-beneficio, determinada por una estructura de preferencias individuales en la cual cada agente evalúa los mejores escenarios y situaciones que les permitan adquirir más poder, dinero y prestigio.

En realidad, este fenómeno no es nuevo y sus mecanismos funcionan desde hace siglos y fueron expuestos con suma claridad por Nicolás Maquiavelo en su ensayo El Príncipe, el cual se propone estudiar la verità effetualle del mundo político de comienzos del siglo XVI. En esta obra fundacional de la Ciencia Política, Maquiavelo, entre otras cosas, nos advierte respecto de las motivaciones egoístas que encarnan los seres humanos y que se expresan especialmente en quienes desean detentar el poder político. Ellos deben actuar por el interés propio, por la voluntad de dominio y por la ambición: “De allí que nace una controversia, que resulta en sí es mejor ser amado o temido. Se puede responder que todos gustarían de ser ambas cosas; sin embargo, como es difícil conciliarlas, es más seguro ser temido que amado en el caso de que falte una de las dos. Porque, de manera general, se puede decir que los hombres son ingratos, volubles, fingidos y disimulados, reacios al peligro, ávidos de ganancia”.

En esta breve y contundente definición de la naturaleza humana, Maquiavelo consigna como el quehacer de la humanidad y, especialmente de su clase política, no refleja los principios y valores que inspiraron la voluntad de quienes desean dedicarse al “servicio público”. Si por una parte es cierto que muchos políticos con vocación se preocupan por el bienestar de la Nación, en la mayoría de los casos se puede observar que la tendencia es conseguir y mantenerse en el poder, como lo constató el pensador florentino hace más de 500 años atrás. Para él, la virtù y la fortuna son los dos recursos con que cuentan los “príncipes” para ejercer el arte de la política, es decir, para organizar sus ciudades-Estados y librarlas de los efectos destructivos y de las ambiciones desmesuradas de sus habitantes. En tal sentido, los condottiere son imprescindibles para imponer la dominación a sus súbditos y, a través de ella, proteger el principado y controlar las pulsiones desintegradoras de sus miembros. El poder en sí mismo es el objetivo de la acción política.

La diferencia con los tiempos actuales es que ahora la política ha terminado siendo dominada por las empresas, los consorcios y las grandes fortunas, que imponen su lógica competitiva y su impronta darwinista cuando direccionan el financiamiento de futuras campañas entre aquellos candidatos que tienen mayores posibilidades de sobrevivir y que además se comprometen a retornar para estos conglomerados o agentes individuales las inversiones que se han realizado en su provecho. Los políticos profesionales quedan, de esta manera, rehenes de los propósitos para asegurar y aumentar la obtención de lucro por parte de empresas o personas que han financiado las campañas o proyectos de los aspirantes a algún cargo político.

La secuencia interminable de escándalos de corrupción que salen a la luz cada semana en diversos países del planeta representan un funesto indicador del compromiso de la clase política con los intereses de empresarios inescrupulosos que solo desean enriquecerse a costa del erario público. ¿Cómo se puede revertir este cuadro en que los políticos puedan asumir una postura coherente, honesta y transparente para desempeñar las funciones por las cuales fueron electos? ¿Cómo imprimir los principios republicanos a una clase que se ha acostumbrado a recibir privilegios durante décadas? ¿Cómo inducir el respeto por las leyes en actores que han navegado durante años en las aguas de la impunidad y la displicencia institucional?

Por cierto, las respuestas a estas interrogantes son complejas y multidimensionales. Quizás un esbozo de respuesta pase por aquello que el mismo Weber llamaba de “ética de la responsabilidad”, es decir, una ética que sea capaz de tomar en cuenta las consecuencias previsibles de la propia acción. Ello implicaría asumir conscientemente el conjunto de decisiones que asumen los políticos, no solamente a partir de sus convicciones sino de un auténtico interés por las personas que lo han mandatado para mejorar la vida de sus comunidades y perseverar en la búsqueda del bien común y el bienestar social.

https://www.eldesconcierto.cl/opinion/2023/06/29/los-profesionales-de-la-politica-y-la-busqueda-del-bienestar-social.html

sábado, 24 de junho de 2023

Morte em meio ao “luxo experiencial”


Molly Osberg
Outras Palavras

Não é só o Titan. A classe de bilionários deseja consumir aventuras que ofereçam, além do luxo, exclusividade, reconhecimento e… perigo! Surgem façanhas nas Maldivas, escaladas gourmet do Everest, paintball extremo com agentes da DEA

Não se recomenda que um completo amador participe do Rally Dakar, a competição de resistência off-road em que os pilotos percorriam Paris, a Argentina (e, agora, a Arábia Saudita) no veículo de sua escolha. A paisagem é deslumbrante e ameaçadora por projeto. Pense em descer uma imensa duna de areia numa moto de motocross, depois subir literalmente uma montanha e continuar fazendo isso por cerca de duas semanas. O evento tem uma média de mais de uma morte por edição desde que começou, em 1978.

Mas por um preço que começa em torno de US$ 1,2 milhão, a agência de turismo de luxo Momentum oferece a um cliente um Land Rover customizado e o leva até o deserto, fornecendo suporte logístico e treinamento de pilotagem para ajudá-lo – pelo menos teoricamente – a conquistar a glória. E os prêmios em dinheiro relativamente insignificantes da corrida. “Nossos clientes estão procurando uma experiência autêntica e inspiradora”, disse o fundador da Momentum, Matthew Robertson, à revista Maxim em 2020. “É exatamente o que oferecemos!”.

As cinco pessoas ficaram sem ar a bordo do Titan após seu desaparecimento a caminho do Titanic são, como os clientes de Robertson, parte de uma indústria de viagens de aventura de US$ 683 bilhões que cresceu nas últimas duas décadas. Cada lugar de 6,7m² no Titan, custou 250 mil dólares, apesar dos alertas sobre a falta de certificação da embarcação e a pouca sabedoria da viagem recreativa. “Para quem acha caro, vale lembrar que é uma fração do custo de ir ao espaço”, disse o fundador da empresa que construiu o submersível.

O Boston Consulting Group acompanha o crescimento exponencial do mercado de “luxo experiencial” pelo menos desde 2013. Agora, acrescenteou, marcadores mais tradicionais de extrema riqueza – o complexo à beira-mar em Miami, a casa em Sun Valley – para avaliar os milionários (ou bilionários) interessados em se intitular os próximos Richard Branson ou Stephen Long. (Um dos membros da tripulação que pagou uma pequena fortuna para descer 4,3 quilômetros abaixo do nível do mar em um navio não classificado, operado por um controlador de videogame, é Hamish Harding, o fundador de uma empresa de investimentos cujos hobbies incluem perseguir recordes do Guinness e ir ao espaço). Nos anos seguintes ao surgimento do covid-19, esperava-se que o faturamento do setor aumentasse em até 70%.

As aventuras são variadas por princípio, e geralmente facilitadas por “designers de viagens”, que personalizam experiências com a promessa de que serão totalmente exclusivas. Entre os clientes pode estar um herdeiro do setor de combustíveis fósseis gastando US120 mil dólares em uma viagem ao topo do Everest, com um guia que fornece chuveiros movidos a gás e bifes preparados por um chef pessoal. Ou um corretor de fundos de hedge organizando, para seus amigos, uma excursão de US$ 50 mil, que inclui um jogo de “paintball extremo de aventura” com ex-agentes antidrogas dos EUA.

Um operador de luxo descreveu a criação de uma experiência de “ilha deserta” em Fiji, que retém um cliente por um determinado número de dias. Naturalmente, esse tipo de turismo também se tornou um canal para negociações políticas ocultas: esta semana, o site ProPublica informou que um juiz da Suprema Corte dos EUA, Samuel Alito, fez uma viagem de pesca de salmão real no valor de US$ 1mil por dia no Alasca paga por Paul Singer, um bilionário de fundos de hedge que repetidamente pediu ao tribunal que decidisse a favor de sua empresa.

Há uma série de razões pelas quais os ultrarricos podem estar se voltando para aventuras radicais. Uma série de histórias de tendências detalhando as aventuras de bilionários nas Maldivas ou num snowboard de helicóptero no Alasca surgiu nos anos seguintes à crise financeira de 2008. Comentava-se que o “consumo conspícuo” havia se tornado menos popular, depois de milhões de pessoas perderem empregos ou casas em nome de alguns ternos muito bons. Apontou-se também o efeito do Instagram, onde qualquer pessoa com um navegador da Web e os meios necessários pode postar uma experiência exclusiva.

Mas a explicação mais natural é que, para as pessoas a quem os luxos mais inimagináveis estão ao alcance, simplesmente sentar em um iate sem ser reconhecido não é suficiente. O status de bilionário tornou-se significativamente mais difuso nos últimos anos. Um herdeiro de diamantes obtidos com sangue quer se tornar um explorador espacial. Alguém que fez fortuna especulando com móveis e despejos prefere ser conhecido como um filantropo que também detém o recorde de maior permanência no fundo do oceano. (Além disso, os troféus de safári, a bugiganga original dos intrépidos e superricos, agora são considerados de mau gosto).

Recentemente, em sequência ao desaparecimento do Titan, o New York Times entrevistou serviços de viagens de luxo sobre os riscos que os ultra-ricos estão correndo. “Há muitas pessoas viajadas por aí que constantemente ultrapassam os limites de suas viagens para reivindicar o direito de se gabar”, disse um deles ao jornal. Acrescentou que naturalmente essas pessoas em busca de aventura procuram “experiências únicas” que “envolvem um grau de risco”.

Mas quando o objetivo final é ultrapassar os limites do que uma pessoa razoável consideraria férias, alguns bilionários querem uma experiência ainda mais exclusiva do que visitar o Titanic e arriscar a morte. Alguns anos atrás, a BBC entrevistou um agente de viagens cujo cliente pediu para detonar uma ogiva nuclear. O agente de viagens recusou. Quem quer morrer nas férias?

segunda-feira, 19 de junho de 2023

Las alucinaciones de un Golpe de Estado frustrado


Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

El fascismo es un virus mutante. El nunca murió.
Nosotros nunca lo matamos. Y ahora está de vuelta, transformado.
Andrea Camilleri

A medida que pasan los días, como en una caja de pandora, se conocen cada vez más detalles de la intentona de Golpe fracasada que planificaron personas del entorno más cercano del ex Presidente Bolsonaro. Con la información obtenida desde los archivos del celular incautado a su ex ayudante de órdenes, Teniente-Coronel Mauro Cid, se están conociendo los detalles más escabrosos y bizarros de una conspiración en varias etapas que culminaría el día 8 de enero con la instauración de un Consejo Militar destinado a restablecer el “orden y la tranquilidad” en Brasilia y las principales ciudades del país.

Con el sugerente título de “Las Fuerzas Armadas como poder moderador”, uno de estos documentos expone los caminos a seguir y las medidas que serían tomadas por los golpistas luego de la derrota en las urnas de Bolsonaro, con el propósito de trazar una hoja de ruta que les permitiera implementar y consolidar su embestida contra el Estado Democrático de Derecho y la Constitución.

En algunos trechos de los mensajes enviados desde el celular de Mauro Cid se puede ver que existe un conjunto de instrucciones organizadas “paso a paso” para proceder a la ejecución de este Golpe, entre las cuales se pueden destacar la recomendación de que Bolsonaro debería encaminar las supuestas inconstitucionalidades practicadas por el Poder Judicial a los Comandantes de las Fuerzas Armadas, para que ellos seguidamente nombrasen un interventor investido de poderes absolutos.

O sea, de acuerdo con el guion encontrado en el celular, ante la presencia de un fraude electoral y de la consiguiente movilización popular contra los resultados del sufragio, las Fuerzas Armadas intervendrían el Supremo Tribunal Electoral (TSE) y destituirían a todos sus integrantes, especialmente a su presidente, el Ministro Alexandre de Morais, la ministra Carmen Lúcia y Ricardo Lewandowski, para nombrar a dos de los nuevos ministros nombrados por Bolsonaro durante su mandato.

De esta forma, serían convocados los ministros Nunes Marques, André Mendonca y Dias Toffolli (nombrado en un anterior mandato de Lula), para substituir a los anteriormente mencionados. En otra de sus recomendaciones, el documento señala que “siendo reconocida la actuación en desacuerdo con la Constitución de la Corte Electoral, deberá el interventor fijar plazo para la realización de nuevas elecciones, que serán coordinadas por el TSE en su nueva composición”. Es decir, en el delirante plan diseñado por los conspiradores, los nuevos ministros darían su aval para anular las elecciones y organizarían el nuevo pleito electoral, impidiendo de esta forma que el candidato vencedor, Lula da Silva, asumiera la Presidencia.

El fallido Golpe no se llegó a concretizar debido a la incompetencia de sus instigadores. Sin embargo, ello no le suministra atenuantes a las responsabilidades de sus mentores y posibles ejecutores. Es decir, independientemente de la incapacidad y estulticia de los golpistas para llevar a cabo con éxito sus objetivos, llama la atención y también es motivo de alerta que muchos de los involucrados en esta trama grotesca corresponde a miembros de las Fuerzas Armadas en plena actividad.

Desde el triunfo de Lula en la segunda vuelta a fines de octubre del año pasado, importantes círculos militares se mantuvieron en la expectativa para consumar una rebelión elaborada en las filas castrenses, sumándose a las demandas forjadas desde asociaciones y partidos de la extrema derecha, productores agrícolas y ganaderos, madereros, ocupadores de tierras indígenas (grileiros), empresas mineras y grupos extractivistas (garimpeiros), pescadores ilegales, pastores pentecostales, organizaciones criminales de milicianos, clubes de caza y tiro, etc.


Las revelaciones que se han ido recopilando recientemente, confirman el hecho de que existían movimientos concretos por parte de muchos miembros de las Fuerzas Armadas tanto a nivel de Comando como entre los puestos medios para impedir que Lula asumiera la presidencia del país el 1 de enero de este año. Existía una coordinación entre oficiales a cargo de tropas en diversas unidades del país que, ante una orden del ex presidente, ellos movilizarían inmediatamente a sus contingentes para intervenir y ocupar las principales instalaciones gubernamentales e institucionales del país, partiendo por las sedes de los Tres Poderes en Brasilia: Palacio do Planalto, Congreso Nacional y Corte Suprema.

Inclusive, también se sabe por la información filtrada desde el celular de Mauro Cid, que el también teniente-coronel Marcelino Haddad había enviado al ayudante de órdenes de Bolsonaro tres documentos que fueron utilizados para redactar el plan que anularía las elecciones, destituiría a los ministros del TSE y decretaría a seguir el Estado de Sitio en toda la Nación. En síntesis, las pruebas de la colaboración de militares activos y en la reserva son cada vez más contundentes y funcionarios de la Policía Federal han señalado que las evidencias recabadas hasta ahora son apenas una parte de todo el arsenal de informaciones que eran intercambiadas entre los golpistas. Por esta misma razón es urgente imponer las sanciones respectivas a los participantes de la conjura como una forma de marcar precedentes que inhiban la aparición de futuras intentonas sediciosas.

Que tan poco faltaba para que se consumase esta escalada golpista es parte de una especulación que puede extenderse por mucho tiempo. Ahora se sabe que el ex capitán se recusó a dar la ordenanza para activar el Golpe de Estado pues desconfiaba del apoyo que tendría por parte del Alto Comando del Ejército. Lo que no se conoce a ciencia cierta es la correlación de fuerzas que existe actualmente dentro de la estructura de mando del Ejército brasileño, ya que las intrigas y pugnas dentro de las Fuerzas Armadas son una verdadera “caja negra” y es muy difícil, hasta este momento, determinar con exactitud cuántos oficiales se encuentran en el campo legalista y cuantos oficiales forman parte del ala golpista.

Por otra parte, como ya es de público conocimiento, si esta primera propuesta de intervención militar fracasaba, la idea de los golpistas consistía en impedir posteriormente que el Presidente Lula ya asumido pudiera continuar con su gobierno. Para ello se planificaron las movilizaciones e invasiones del 8 de enero que instalarían una situación de caos e ingobernabilidad que le permitiera a las Fuerzas Armadas hacer uso del artículo 142 de la Constitución que las autorizaría como un “Poder Moderador” para intervenir en el caso de producirse una situación de “desorden social” y de riesgo para las instituciones de la República.

Esta semana el Supremo Tribunal Federal puede determinar la inelegibilidad de Bolsonaro por los próximos ocho años, por uno entre muchos otros delitos cometidos durante su mandato. En este caso, la acusación que se encuentra siendo juzgada es por poner en duda la transparencia y licitud del sufragio electrónico en una reunión oficial convocada por el gobernante, ante decenas de embajadores y la comunidad internacional. Según el Ministerio Público, en aquella ocasión el ex presidente habría cometido abuso de poder político, desvío de finalidad y uso indebido de los medios de comunicación.

Si bien, esta es una respuesta esperada y deseable para el conjunto de los demócratas brasileños, los riesgos de una nueva aventura golpista estimulada por la extrema derecha y las diversas organizaciones de inspiración fascista seguirá pendiendo como una sombra siniestra sobre la sociedad. Por lo mismo, es urgente redoblar los esfuerzos para sancionar efectivamente a sus instigadores y acabar definitivamente con este virus mutante que viene asolando al pueblo brasileño y destruyendo la convivencia pacífica, pluralista y tolerante entre sus ciudadanos.

quarta-feira, 14 de junho de 2023

Conversaciones sobre el miedo y la solidaridad que puede vencerlo


Jesús Aller
Rebelión

La escritora norteamericana Fiona Jeffreys entrevista en este volumen a nueve investigadores y activistas sobre el rol del miedo en el mundo desequilibrado que nos ha tocado vivir.

Las reflexiones y experiencias reunidas permiten concluir que esta emoción, frustrante y desmovilizadora en un principio, puede servir sin embargo para encontrar respuestas afectivas que enriquezcan nuestra visión. El libro, aparecido en inglés en 2015, acaba de ser editado en castellano en Chile por Tiempo Robado.

En la introducción de esta nueva versión, Jeffreys confiesa que cuando comenzaba a trabajar en el proyecto le impresionó la idea de los zapatistas mexicanos sobre el miedo y la soledad que marcan a la sociedad humana en el capitalismo tardío y sobre el papel positivo que pueden llegar a jugar si nos impulsan a la acción colectiva contra sus causas. Estos pensamientos maduraron luego durante la pandemia y contemplando las luchas sociales que emergen en nuestros días en escenarios muy diversos, y propiciaron la conclusión de que las crisis y el temor que éstas crean pueden ser un catalizador del sentimiento comunitario. Resulta así que el antídoto contra el miedo no es la valentía, sino la solidaridad a través de la cual somos capaces tal vez no de superarlo completamente, pero sí de dotarlo de sentido.

Historia y teoría contra el desasosiego del capital

El primer entrevistado es el historiador Marcus Rediker, que ha estudiado los movimientos de resistencia de los siglos XVII y XVIII contra la globalización de la explotación económica, protagonizados por esclavos, marineros y piratas. Él comienza comentando algo de su propia biografía, marcada por unos orígenes de clase obrera y las luchas sociales de los 60 y 70. Investigador de la vida en el entorno del Atlántico, Rediker enfatiza la violencia que caracterizaba el trabajo en los barcos, incluso los no esclavistas. Los que perdían su forma de existencia en el campo, por los cercamientos, eran condenados de aquella a una dura odisea a través de los mares que solían concluir mendigando tullidos por los puertos, y por esto el salto a la piratería era algo normal. Es esencial considerar que la violencia marca todo el proceso, y no es difícil darse cuenta de que ésta se prolonga en las de hoy mismo. Sin embargo, la historia demuestra que la organización de “los de abajo” puede siempre resistir esa violencia y crear alternativas. Se descubre también que contra el miedo que nos imponen, es posible además la catarsis luminosa de un sano humor. Reírse de todo y poner la propia vida en juego podría ser una buena síntesis de la existencia que escogían los piratas.

La socióloga Silvia Federici, que ha destacado por sus críticas a la globalización capitalista, señala en su entrevista la importancia de las luchas comunitarias para superar el efecto paralizante del miedo impuesto desde el poder. Resalta sin embargo la diferencia entre el combate contra el fascismo, por ejemplo, y las batallas más desdibujadas del presente, en las que uno no tiene claro por qué debe correr riesgos y la autocensura es frecuente. Su experiencia en Nigeria en los años 80 le permitió comprobar los resultados devastadores de las políticas exigidas por el BM y el FMI, que suponen otra vuelta de tuerca de la opresión colonial. Allí tomó contacto con movimientos vigorosos de comunalismo y pugna por la tierra, objetivos demasiado marchitos en Europa, que se convirtieron en ejes de su pensamiento. En sus respuestas afloran también otros temas de sus investigaciones, como la caza medieval de brujas o la violencia actual contra las mujeres, en la que ve en muchos casos una secuela brutal del miedo que generan en los varones sus intentos de emancipación.

El geógrafo David Harvey ha escrito extensamente sobre ciudades y cambio social. Según él, el miedo a las represalias de los poderosos puede resultar paralizante mucho tiempo, hasta que bruscamente se impone la opinión de que es imprescindible luchar, a pesar de los riesgos, y se produce un levantamiento. Insiste también en que el temor es universal, y el de la clase dominante a perder sus privilegios es otro factor esencial en la historia. El rediseño urbano de París, por ejemplo, durante el II Imperio está marcado por ese recelo, y de la misma manera, en los Estados Unidos tras la II Guerra Mundial, la inquietud ante el experimento del socialismo real promovió la creación de una clase media vigorosa que compartiera algunos de los bienes generados por el sistema. Sin embargo, el modelo se agotó y el recambio fue el neoliberalismo, que se desarrolló en una serie de etapas: Nueva York, México, y al fin las privatizaciones y desregulaciones globales, al tiempo que el capitalismo reducía su tasa de ganancia y se hundía en una espiral financiera. En este contexto, las inevitables crisis sucesivas tensan a la clase obrera y no es descartable que el miedo pueda pasar de producir parálisis a catalizar un estallido. Para que esto fructificase serían necesarios intelectuales capaces de ver más allá de la política convencional. La conciencia del desastre en el que estamos inmersos y no hace más que agravarse debe ser el revulsivo para aguzar el ingenio y buscar alternativas.

La socióloga Nandita Sharma es una experta en las migraciones contemporáneas que impulsa el mercado globalizado. De joven vivió en la India la fascinación de los colonizados por un nacionalismo liberador, pero pronto aprendió que los estados y sus fronteras forman parte más del problema que de la solución. Estas barreras defensoras de privilegios ejercen una violencia física y psicológica, pero son incapaces de detener la marea humana que movilizan las guerras y desgracias del capital. El estado crea enemigos amenazantes y blinda su territorio, pero permite el paso a algunos, con escasos derechos, que serán explotados al límite. Sharma critica la mentalidad “anti-tráfico”, que esquematiza demasiado y no aborda el origen de los males. En su opinión, la frontera funciona como “un organizador de los límites del amor”, y el “nacionalismo asustado” es en realidad un eficaz instrumento del capital para extraer sus ganancias y mantener el orden. La única solución sería la construcción de un “nosotros” planetario, sujeto de derechos, empeño en el que trabajan los movimientos No Borders, dispuestos a superar el apartheid global que caracteriza nuestro mundo.

El sociólogo John Holloway se declara inspirado por los zapatistas y por las experiencias autónomas que crecen en los márgenes del sistema y evidencian su vulnerabilidad. Procedente de la tradición marxista, insiste sin embargo en sus libros en las posibilidades de emancipación que pueden plantearse sin tomar el poder. Su punto de partida teórico es la idea de que el estado es una construcción del capitalismo y por tanto cualquier transformación del modelo económico ha de requerir un trabajo al margen del estado. En este sentido, asegura que su traslado de Inglaterra a América fue iluminador, pues acá existe un cuestionamiento del capitalismo que no se da en Europa. En su opinión, el miedo juega un papel crucial en la dominación que se nos impone, pero el control nunca es total por la conciencia de la propia dignidad, que nos demuestra que el capital depende en realidad de nosotros. Las grietas en el muro del sistema de explotación se abren cuando manifestamos nuestro rechazo a ser impotentes frente a él y esto implica grandes planes y estrategias, pero también un cambio de mentalidad y mucho sentido del humor. Los zapatistas construyen una nueva sociedad, pero no renuncian a la imaginación y la poesía, y a poner en el centro a los que siempre han sido orillados.

Las ideas en la práctica

La escritora y periodista Lydia Cacho ha investigado asuntos clave de violencia contra los más débiles en su México natal. De la mano de su madre activista conoció ya de niña la marginación y la injusticia, y creció con el anhelo de hacer algo por aliviarlas. Actualmente vive en Cancún, donde ha creado el primer refugio para mujeres maltratadas de la ciudad, un lugar secreto y muy protegido que cumple la labor esencial de defender a las que todos abandonan. En México la corrupción es universal, ya desde la colonia, y la forma política de los últimos decenios puede definirse como una dictadura, aunque en el mundo no tenga imagen de tal. El machismo impregna la vida social y ése ha sido el principal caballo de batalla de una mujer que ha sido amenazada e intimidada y ha visto sus alegaciones a favor de niñas violadas estrellarse en los tribunales. Respecto a la violencia sexual, su conclusión es que más allá de ésta, lo más traumatizante para las víctimas es el abuso de confianza y la traición.

La escritora y organizadora social Sandra Morán ha trabajado con el Movimiento de Mujeres de Guatemala, que busca justicia para las víctimas del feminicidio ocurrido en el país tras la guerra civil, entre 2000 y 2012, y ha resistido a pesar del hostigamiento, derrochando coraje. En sus respuestas Morán describe el proceso que se vivió desde los años 90, en el que hallaron su propio camino rechazando la tutela del Estado. Las escuelas fueron un instrumento importante, incentivando la alfabetización y el análisis de los problemas sociales, e indagando las raíces profundas de la violencia y la desigualdad. En este empeño se reveló extraordinariamente útil un arte vigoroso de poesía, música y murales, que llama a la indignación y afirma la dignidad. Esto es heroico en un país en que la impunidad de los poderosos es un vicio secular.

Gustavo Esteva, recientemente fallecido, fue un sociólogo mexicano, fundador de la Universidad de la Tierra, en Oaxaca. En sus respuestas recogidas en el libro repasa la trayectoria de esta institución, surgida para atender a la formación de los hijos de los indígenas que rechazaban la escolarización. Recuerda también su colaboración con los zapatistas y su interés por los movimientos sociales, actividades alimentadas siempre por la esperanza, un antídoto contra la resignación que nos paraliza. Confiesa que unas tentativas guerrilleras en su juventud hicieron de él un partidario convencido de la no violencia, pero cree que es justo defenderse de una agresión si no hay otra alternativa, y por eso apoyó el levantamiento de los zapatistas en 1994, cuando todos los intentos pacíficos se rebelaron impotentes ante la persecución que sufrían. La comuna de Oaxaca en 2006 ha dejado muchas heridas abiertas y una penosa sensación de miedo, pero la resistencia está viva y se trata de organizarla, sin caer en la trampa de una violencia que sólo favorece a los poderosos. En opinión de Esteva, las armas deben ser sólo un recurso extremo para aquellos cuya debilidad los condena al exterminio.

La artista teatral y educadora guatemalteca Wendy Méndez cofundó la sección en su país de HIJOS, movimiento que agrupa a los descendientes de víctimas de desaparición forzada por su militancia política en toda Latinoamérica, y conjuga arte urbano, teatro callejero y activismo en su afán por la memoria y la justicia. En su aportación al libro, Méndez recuerda las torturas que sufrió en 1984 junto a su madre, después asesinada, y su exilio posterior en Canadá. Tras su regreso a su país, se dedicó al activismo sintiendo que sólo éste podía ayudarla a cerrar las heridas del pasado, y acabó descubriendo que toda la sociedad se beneficiaba de esta labor, pues a través de ella lo reprimido salía a la luz. Su trabajo plantea además una esperanza para el porvenir, imprescindible pues la injusticia secular no ha cesado e incluso siguen dándose casos de desapariciones hoy día. Los murales a veces son borrados y no faltan coacciones, pero reivindicar la memoria histórica es la única forma de combatir la ignominia y comprometerse por un futuro mejor.

El miedo es la gran arma del poder, y trabaja para él en el interior de cada uno, a través de una domesticación que ha sido un éxito completo. Sin embargo, ese sentimiento casi siempre paralizante, es capaz a veces de impulsarnos a la acción, cuando vemos amenazadas raíces poderosas que la doma no ha conseguido destruir: la dignidad de sentirnos humanos, y un espíritu solidario que nos hace agitarnos ante la injusticia. Con Nada que perder, salvo nuestro miedo, Fiona Jeffreys nos ofrece una melodía coral de reflexiones y experiencias que muestran cómo en ocasiones el miedo encuentra alivio en juntarse con otros miedos para trabajar por un mundo libre de su maleficio.

segunda-feira, 5 de junho de 2023

El gobierno Lula cercado por las fuerzas retrógradas


Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

Desde que asumió la presidencia de la República, Lula da Silva ha tenido que sortear innumerables obstáculos para poder gobernar y llevar adelante sus principales promesas de campaña, como el aumento del salario mínimo, la eliminación de la miseria a través de las transferencias directas del Estado o la salida de Brasil del Mapa del Hambre por medio de políticas activas de enfrentamiento de este flagelo mundial.

En ruta de colisión, la extrema derecha y la derecha –que la prensa llama eufemísticamente de centrão- se han empecinado en colocar incalculables escollos a casi todas las iniciativas emanadas desde el Ejecutivo. Recordemos que ya antes de asumir su mandato en enero del presente año, el gobierno entrante tuvo que negociar con un Congreso chantajista la aprobación del presupuesto de 2023, que incluía los recursos necesarios para sacar adelante las políticas apuntadas anteriormente. (Los principales escollos del gobierno Lula).

En el caso de la superación de la pobreza, la complicada y extenuante negociación para obtener los recursos necesarios para implementar el renovado Programa Bolsa Familia dentro del Presupuesto de 2023, necesitó de mucha transacción política, renuncia programática e inclusión de políticos de derecha en el cuadro ministerial del nuevo gobierno. Solo de esta manera se pudo aprobar la Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) que incluyera en las cuentas de este año los valores para asegurar el financiamiento de una política de transferencia directa imprescindible, vistos los altos niveles de pobreza y hambre que acumuló la población más vulnerable del país durante el ciclo funesto de la administración anterior.

En estos primeros meses del gobierno Lula, los sectores de la derecha y extrema derecha siguen desatando sus bloqueos a la implementación de los planes que buscan mejorar las condiciones de vida de dichos sectores más vulnerables, tratando paralelamente de influir en decisiones del ejecutivo para la nominación de un conjunto de entidades estatales y paraestatales con el fin de lograr el control político y financiero de órganos centrales en el andamiaje gubernamental. Utilizan el control sobre estas instituciones como moneda de cambio para aceptar la promulgación de la Medida Provisoria (MP) que oficializa el aumento del número de Ministerios, incluyendo importantes carteras como las de Planificación, Desarrollo e Industria, Pueblos Indígenas, Desarrollo Agrario, Transportes, Cultura e Igualdad Racial.

Para obtener el respaldo de esta Medida Provisoria, la nueva gestión tuvo que negociar su consentimiento junto con la mantención de la Fundación Nacional de la Salud (FUNASA), órgano que ha sido evaluado negativamente por el gobierno que aspiraba a su extinción. Los partidos del centrão condicionaron la aprobación de esta MP a la reconsideración de las autoridades sobre la viabilidad de dicho organismo y de la consiguiente distribución de cargos entre los principales partidos con representación mayoritaria en la Cámara. Y también con la aprobación de esta MP se tuvo que aprobar el Proyecto de Ley del Marco Temporal que amenaza el Derecho Constitucional de los Pueblos Originarios , además de incluir en esta negociación una nueva legislación que busca minar la actual ley que vela por la protección de la Mata Atlántica, que actualmente se encuentra en serio riesgo de extinción.

A pesar de su triunfo en la segunda vuelta en octubre de 2022, el actual mandatario no fue acompañado por una parte significativa de sus electores en las votaciones para elegir a los representantes del Congreso. De hecho, del total de 513 diputados, la coalición de gobierno puede contar solamente con 95 diputados que respaldan sus iniciativas. El resto de los miembros de la Cámara deben ser “conquistados” en función de intereses sectoriales y particulares que puedan movilizar eventuales apoyos a las medidas y proyectos emanados desde el Ejecutivo.

De estos 418 diputados restantes, los que militan en el PSB, PDT, MDB y el PSD se pueden sumar con mayor facilidad a las fuerzas que promueven algunos cambios y reformas impulsadas por el gobierno, aunque su respaldo es casi siempre condicionado a algunos beneficios que puedan obtener por parte de la administración central. El resto forma parte de una corriente moderada o “independiente” más o menos oportunista que se puede sumar en determinadas circunstancias (Unión Brasil, Partido Popular, Republicanos) y una oposición más férrea, ideológicamente identificada con el Bolsonarismo, como es el caso del Partido Novo y del Partido Liberal, que es el mismo donde milita el ex capitán.

En el Senado la situación no es muy diferente. De sus 51 integrantes, la base del gobierno cuenta con 8 miembros del PT, más otros 32 integrantes de partidos aliados o de cierta proximidad auspiciados por motivos instrumentales (caso del MDB y el PSD).

Efectivamente, la actual configuración del Congreso Nacional que tiene un perfil conservador –quizás más conservador que durante el propio gobierno Bolsonaro- ya venía anticipando una relación conflictiva entre el gobierno Lula y sus detractores de derecha y de extrema derecha. En ese contexto, se puede apreciar los denodados esfuerzos de estos sectores por desplegar una enorme cantidad de estrategias para descalificar todos los esfuerzos del actual gobierno en pos de políticas sociales más justas e inclusivas y, lo que resulta aún más evidente, evitar que ellas se implementasen por medio de su aprobación en el Legislativo.

Dichas estrategias se vienen amparando en el enorme sustento otorgado por los medios de comunicación y sus campañas violentas de desinformación. Se sabe que tales campañas de desprestigio mediático representan una fórmula de uso común por aquellos grupos empresariales que buscan erosionar la imagen y credibilidad de los proyectos progresistas, dirigiendo especialmente su artillería hacia los líderes de tales proyectos.

Decíamos que, en el caso del gobierno Lula, la ultraderecha y los partidos del centrão vienen difundiendo -con la complicidad de los medios- información falsa sobre las iniciativas del Ejecutivo, recurriendo a narrativas y fake news que tienen por objetivo desmontar o generar dudas sobre la viabilidad de esas propuestas. Son frecuentes las acusaciones de irresponsabilidad fiscal ante cualquier indicio de aumento del gasto público destinado a profundizar las políticas sociales. Ello incluye chantajes como que aumentarán los riesgos de una depreciación de la moneda (subida del dólar) o la caída estrepitosa de las cotizaciones de la bolsa, como ya se pudo constatar claramente inclusive desde antes de iniciarse la nueva gestión.

Ciertamente, parece que Brasil se encuentra organizado por un tipo de régimen semi-presidencialista, con la salvedad de que el Congreso no asume ninguna de las responsabilidades emanadas de las decisiones que recaen exclusivamente sobre el Ejecutivo. De esta forma, en el Palacio do Planalto existe plena consciencia de que actualmente no cuenta con los votos suficientes para sacar adelante los principales proyectos que le permitirá cumplir cabalmente con el Programa que le propuso a la ciudadanía. En los hechos, el enorme desgaste que experimentó el Ejecutivo para la aprobación de la MP que aumentaba el número de Ministerios, demostró la fragilidad que posee el gobierno con relación al Congreso.

Delimitando un futuro escenario posible, Lula tiene la posibilidad de intentar una salida como su par colombiano Gustavo Petro, que después de nueve meses de sufrir la resistencia a su programa de reformas sociales, decidió realizar un cambio abrupto en su gabinete, pidiéndole la renuncia a todos los ministros que formaban parte de la coalición con el Partido Liberal. Lo que no debe hacer Lula da Silva es renunciar a su legado y a sus promesas de gobierno, brindándole a los sectores reaccionarios el beneplácito de conseguir su propósito de imponer la impronta patrimonialista y plutocrática sobre los destinos de Brasil.

Apoyado por una reinserción internacional favorable, la viabilidad del proceso de cambios ineludibles que se deben emprender en los próximos meses depende no solo de la capacidad del Presidente Lula de llegar a acuerdos con un Legislativo que bloquea y extorsiona sistemáticamente la carta de navegación progresista, sino sobre todo va a depender de la determinación que tenga el gobierno para profundizar una correlación de fuerzas favorables y mantener una movilización activa de sus seguidores que le permita cumplir con su programa, reconstruyendo lo que fue destruido por el nefasto mandato anterior y proponiendo nuevas reformas estructurales para mejorar la vida del pueblo brasileño.