domingo, 16 de março de 2014

También nos robaron el fútbol

Ángel Cappa
La Marea

El fútbol, que nació plebeyo y pertenecía a la clase obrera, era una fiesta que los pueblos se daban a sí mismos hasta que el negocio se apoderó de él y lo convirtió en un gigantesco objeto de consumo, del que obtiene incalculables ganancias y además le sirve como entretenimiento y distracción de las mayorías oprimidas. Al fin y al cabo, “el futbol es una metáfora de la vida”, como decía Sartre, y lo que ocurre en ese ámbito es más o menos lo que sucede en la sociedad. El tsunami neoliberal aprovechó la crisis que provocaron los especuladores financieros para arrasar con casi todas las pertenencias y derechos de la gente. El beneficio rápido, como valor máximo del capitalismo, puede asemejarse al “ganar como sea” de un fútbol que dejó de lado el gusto por el juego para valorar única y exclusivamente el resultado.

El que gana siempre tiene razón, del mismo modo que el que tiene dinero hace lo que quiere. Dos conceptos que impuso la ideología dominante para justificar las obscenas desigualdades que genera. Hasta los años 60 del siglo pasado, aproximadamente, el fútbol tenía valores tan importantes que hasta pensadores como Camus, que fue jugador también, se animó a decir que todo lo que sabía de la moral y de las obligaciones de los hombres se lo debía al fútbol, o intelectuales comunistas como Antonio Gramsci, quien definió este deporte como “el reino de la lealtad al aire libre”.

Siempre el resultado fue lo mas importante, pero no lo único, y menos conseguido de cualquier manera. Di Stefano ha contado muchas veces que en aquellos tiempos no solían festejarse los goles de penalti; en todo caso se hacía muy prudentemente por la considerable ventaja que tenía el que lo tiraba sobre el portero. Algo parecido le ocurría a Armando Galuchi, un habilidoso jugador de Bahia Blanca (Argentina) de los años cuarenta, que, a pesar de su modestia, en los partidos oficiales tiraba los penaltis de rabona para equiparar posibilidades con el arquero.

Hoy en día, que se festejan alborozadamente hasta los goles en contra que se hacen los rivales, es muy raro encontrar a alguien del fútbol que declare como Iniesta: “A mí me enseñaron que hay que ganar, pero no de cualquier manera”. Es decir, no es frecuente encontrarse con jugadores, entrenadores o inclusive periodistas que valoren el juego al menos tanto como el resultado.

Una de las primeras cosas que hizo el negocio cuando intervino decididamente en el fútbol (y en los demás deportes también) fue quitarle al jugador el placer de jugar. La palabra “trabajo” sustituyó a “entrenamiento” y “sacrificio” lo hizo con “jugar”. Lo único que importó desde entonces fue el éxito, y el éxito en este contexto tiene un solo significado: ganar. Al placer se lo identificó con la despreocupación y a la diversión se le dio carácter de irresponsabilidad, inadmisibles ambas cosas para el criterio comercial que todo lo mercantiliza.

La avalancha de dinero fue tal que los jugadores también perdieron el sentido de pertenencia y ya no supieron a quien representaban cuando entraban a una cancha, ni para quien jugaban. Eso resultó fatal porque empezaron a pensar como profesionales y se olvidaron o confundieron el amor al juego con los privilegios de la fama y el aparente poder que les da la abundancia económica. En otras palabras, dejaron de sentir como amateurs. Claro que siempre hay excepciones como la de Xavi Hernández, quien confesó dolerle más fallar un pase que un gol, palabras que resultan incomprensibles para la mayoría de sus colegas y de los hinchas. Porque, como dice el pensador polaco Zygmunt Bauman, también “la gente tenía sentido de pertenencia y solidaridad” que ya no tiene, atomizada por la filosofía del capitalismo neoliberal ultra-individualista.

La FIFA es una de las organizaciones más poderosas del mundo, por la cantidad de dinero que maneja y la influencia que tiene en los ámbitos político y social. Sus criterios y decisiones están mucho más cerca de la lógica comercial que del deporte. Las marcas de ropa deportiva tienen en el fútbol y en los ídolos de los que se sirve el mejor escaparate posible para sus ventas súpermillonarias.

Y así como en la sociedad las desigualdades son cada vez más escandalosas, ocurre lo mismo entre los clubes más poderosos y el resto. El precio de un jugador del Madrid o del Barcelona puede ser el presupuesto anual de varios de los equipos de primera división. La competencia está prácticamente desnaturalizada y las diferencias son cada más acentuadas. Solo de la televisión, el Madrid y el Barcelona reciben anualmente 100 millones de euros más que los otros equipos.

Los precios de la entradas, excesivas siempre -y más en esta época de castigo a los trabajadores- y los horarios de los partidos que fijan las televisiones a su conveniencia, junto a otros detalles de incomodidad para los hinchas, la cantidad exagerada de partidos que se juegan y la frecuencia casi diaria, aleja a la gente de los estadios y la acerca a los televisores y a los anunciantes, que, finalmente, es el objetivo buscado.

El fútbol que era nuestro es ahora de ellos, que ni lo respetan, ni lo quieren; solo lo usan para su beneficio y lo vacían de identidad. Muchas veces quisieron matarlo -y otras tantas resucitó- pero parece que esta vez van en serio. Sin embargo siempre nos quedará alguna jugada magnífica, colectiva o individual, que nos devuelva la esperanza. Siempre habrá un Iniesta, un Xavi, un Silva, un Valerón, que amaguen una cosa para hacer otra y recuperen la esencia. Siempre habrá un Messi que deje sentados a los defensas sin saber por dónde pasó. O un Ronaldo que sacuda las redes de cualquier portería y nos deje el asombro a flor de piel. Siempre aparecerá un Oliver o un Jesé para seguir creyendo. Y también siempre habrá un equipo modesto que nos recuerde la dignidad de este juego haciendo 10 pases seguidos. Y siempre estaremos nosotros, como dice Eduardo Galeano, mendigando por los estadios “una linda jugadita, por amor de Dios”.

sábado, 15 de março de 2014

CIA: espionaje, tortura y mentiras

Amy Goodman y Denis Moynihan
Democracy Now!

"Lo que no me deja dormir por la noche es la posibilidad de que haya otro atentado contra Estados Unidos", afirmó la Senadora Dianne Feinstein el mes pasado en lo que en ese momento era su defensa habitual del amplio programa de espionaje a nivel mundial de la Agencia de Seguridad Nacional y de otras agencias de inteligencia de Estados Unidos. Todo eso cambió ahora que piensa que la CIA espió y les mintió a miembros de la comisión que preside, la poderosa Comisión Selecta de Inteligencia del Senado. La comisión se creó después de que el escándalo de Watergate provocara la caída del Gobierno de Nixon. La Comisión de Control de las Actividades de los Servicios de Inteligencia, presidida en aquel entonces por el senador demócrata de Idaho Frank Church, realizó una investigación exhaustiva de los abusos cometidos por las agencias de inteligencia de Estados Unidos, con respecto a todas sus actividades, desde el espionaje de manifestantes opositores a la guerra, hasta el asesinato de líderes extranjeros. Así comenzó la era moderna de la supervisión de las actividades de inteligencia de Estados Unidos por parte del Congreso y el Poder judicial.

La pelea pública entre la defensora de la CIA, Feinstein, y la propia agencia ocurrida esta semana podría alterar brevemente el statu quo, pero se reconciliarán. Lamentablemente, esta pelea no permite ver un problema más grave: la historia jamás contada de la política secreta del gobierno de Estados Unidos de tortura y entrega de prisioneros (el modo eufemístico de la Casa Blanca de denominar el secuestro).

El conflicto está relacionado con el descomunal informe clasificado de la Comisión de Inteligencia acerca de este tristemente célebre programa del Gobierno de Estados Unidos. Feinstein y otros senadores procuraron que se desclasificara el documento de 6.300 páginas. Ahora nos enteramos a través de información de la prensa y por un discurso pronunciado esta semana por Feinstein en el Senado que miembros de la Comisión de Inteligencia obtuvieron acceso a documentos de la CIA en un establecimiento secreto de alta seguridad de la CIA, en algún lugar fuera de la sede de la agencia. Feinstein describió lo sucedido: "La CIA comenzó a enviar documentos en formato electrónico a los miembros de la Comisión en un establecimiento alquilado por la CIA a mediados de 2009. El número de páginas llegó a ser rápidamente de miles, decenas de miles, cientos de miles, y luego millones. Los documentos facilitados no tenían índice ni una estructura organizativa. Era una verdadera pila de documentos que los miembros de nuestra comisión tuvieron que examinar y tratar de interpretar".

Aún no sabemos si estaba entre esas millones de páginas o fue proporcionado a los miembros de la Comisión de Inteligencia a través de un informante de la CIA, pero encontramos un documento denominado "Examen Interno Panetta", claramente denominado así por León Panetta, el entonces director de la CIA. Feinstein dijo en su discurso ante el Senado: "Creemos que estos documentos los escribió personal de la CIA para resumir y analizar los materiales que proporcionó al comité para su examen. Los documentos del Examen Panetta no eran más confidenciales que otra información que recibimos para nuestra investigación. De hecho, los documentos parecían estar basados en la misma información que ya había sido proporcionada al comité. Lo que era singular e interesante acerca de los documentos internos no era que estuvieran clasificados, sino su análisis y reconocimiento de las irregularidades graves cometidas por la CIA". El “Examen Interno Panetta” se contradice específicamente con la propia declaración por escrito que la CIA envió al Comité de Inteligencia. Sí, pescaron a la CIA mintiendo.

Pero la cosa no termina allí. Mike German, profesor adjunto del Centro Brennan para la Justicia de la Universidad de Nueva York, que durante 15 años fue agente del FBI especialista en la lucha contra el terrorismo a nivel nacional, dijo en Democracy Now!: "Es una situación realmente fuera de lo común. Se supone que la tarea del Senado es vigilar a la CIA, no permitir a la CIA determinar las condiciones de la supervisión de su propio trabajo". Feinstein informó que cientos de los documentos proporcionados inicialmente más tarde fueron eliminados de los archivos por la CIA. Por si fuera poco, resulta que la CIA presentó acusaciones penales contra los miembros de la Comisión, aparentemente, por haber robado el informe Panetta.

Ray McGovern es un ex analista de alto nivel de la CIA que criticó públicamente la información de inteligencia utilizada para justificar la invasión de Irak. McGovern me dijo: "Esto nos remite a la cuestión fundamental de la supervisión de la comunidad de inteligencia. En la década de 1970, la Comisión de Control de las Actividades de los Servicios de Inteligencia investigaba los abusos de todo tipo, como las escuchas telefónicas ilegales y los asesinatos, y se admitía que la supervisión del Congreso era necesaria. Eso significaba supervisión del Congreso, no que el Congreso hiciera la vista gorda, que es lo que ha ocurrido en los últimos años. Y si adelantamos el tiempo hasta el 11 de septiembre, la gente siempre dice 'después del 11 de septiembre, todo cambió'. Y es cierto que cambió. En la noche del 11 de septiembre, el Presidente dijo: 'No me interesa lo que digan los abogados internacionales. Vamos a reventarlos'. ¿Qué fue lo que hicieron a continuación? Bueno, tomaron prisioneros en Afganistán y la primera persona torturada fue John Walker Lindh, un ciudadano estadounidense".

La tortura era una práctica extendida y sanguinaria, practicada en los centros de detención secretos de todo el mundo. Esto es lo que se pierde de vista en la lucha por el poder en Washington D.C. entre la Senadora Feinstein y la CIA. Muchas vidas han sido destruidas, algunas personas han muerto violentamente en custodia de Estados Unidos de manos de sus captores. En el sombrío gulag estadounidense en Bahía de Guantánamo hay prisioneros en huelga de hambre que no han sido acusados de cometer ningún delito, muchos de los cuales tienen orden de liberación hace más de diez años. Los detenidos en huelga de hambre son alimentados por la fuerza y sometidos a técnicas de tortura de la época de la inquisición.

Esperemos que a Feinstein le dure la indignación y que la supervisión de la Comisión de Inteligencia del Senado de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, que tienen cada vez más poder, realmente tome nuevo impulso. El informante de la NSA Edward Snowden opinó desde su asilo político en Rusia: "Somos testigos de otro 'efecto Merkel', donde a un funcionario público no le interesa que los espías violen los derechos de millones de ciudadanos comunes y corrientes, sino que, de pronto, resulta escandaloso que un político se entere de que lo mismo le sucede a él".

sexta-feira, 14 de março de 2014

Los duros del Maidán quieren estar en política

Silvia Blanco
El País

El líder de la extrema derecha, Dimitro Yarosh, lanza un partido tras ganar visivilidad en las revueltas.

Los recepcionistas del hotel donde se ha instalado Dimitro Yarosh van con chaleco antibalas negros. Dentro hay otro puñado de hombres vestidos como militares, con ropa de camuflaje. Uno de ellos pide los pasaportes. Para llegar al jefe del Sector de Derechas, el grupo más radical de los violentos del Maidán, hay que atravesar una cafetería setentera, varios pasillos y subir unas plantas en ascensor. El líder de la extrema derecha recibe en un cuarto de paredes rosadas y cortinas tupidas para que casi no entre la luz natural. Todos salen. No hay jefes de prensa ni vigilantes. Entrelaza los dedos de las manos, apoya los codos y explica sus planes: “Para nosotros, la revolución continúa. El Maidán nació para cambiar el sistema, no las caras de los que están en el poder”.

Yarosh, filólogo de 42 años, empezó a ser alguien durante las protestas, cuando la represión policial hizo ganar visibilidad a la minoría que sabía pelear y estaba organizada. Él era el líder uno de los grupúsculos ultranacionalistas que han acabado integrándose en el Sector de Derechas bajo un mando único, el suyo. Yarosh pretende trasladar todo ese mundo marcial y radicalizado a la política. Hace unos días anunció que se presenta candidato a las presidenciales del 25 de mayo, con muy escaso apoyo, según los analistas. Ahora explica, con su tono de voz bajo, que su organización tendrá un bloque militar y otro político que pretenden lanzar este sábado.

Lleva un jersey de canalé negro con coderas de tela y el pelo muy corto. En el pasillo enmoquetado donde está su habitación, hay una cámara de seguridad y detrás una pantalla para vigilar la calle. Rusia ha lanzado una orden de arresto contra él por incitación pública al terrorismo, algo que él niega. A la propaganda del Kremlin Yarosh le sirve, sobre todo, de modelo de fascista. El objetivo es hacer creer que toda la protesta ha estado y está dominada por estos grupos radicales, aunque constituyan solo una parte del Maidán y además minoritaria. El Sector de Derecha busca ahora ganar influencia dentro del sistema, como partido.

Yarosh adelanta parte del programa. “Empezamos con la limpieza del poder y luego hay que reorganizar el Ministerio del Interior, los servicios secretos y las fuerzas armadas”, enumera despacio. “Hace falta extirpar la matriz oligárquica que estaba en la base del régimen de Víctor Yanukóvich. Si no creamos una clase media y apoyamos a las pymes, no se pueden esperar cambios drásticos en el país. Los oligarcas pueden invertir y ayudarnos en ese cambio”, plantea.

El héroe de Yarosh es Stepán Bandera, el aliado de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial que ha salido a relucir en estas protestas presentado como un luchador por la independencia ucrania. El líder del Sector de Derecha trata de mostrar su perfil más moderado. “¿De extrema derecha? ¿Fascista yo?”, sonríe. “El nacionalismo ucranio no es xenófobo ni antisemita. Buscamos proteger lo nuestro, garantizar que los ucranios vivan tranquilos en su territorio, y eso incluye a las minorías nacionales”, se defiende. Sobre los derechos, por ejemplo de los homosexuales, tiene una postura bastante próxima al Kremlin que tanto detesta: “Soy cristiano y mi actitud es negativa hacia ellos. Entiendo que la gente con una sexualidad diferente tenga derecho a vivir como quiera, pero no acepto la propaganda de todo eso ni los matrimonios gays. Estamos a favor de la familia tradicional”, afirma. ¿Pueden estar tranquilos los ucranios que no apoyan la revolución? “Si, solo las acciones antiEstado deben estar castigadas por la ley, como colocar la bandera rusa en un edificio público”, asegura.

Nada más comenzar la amenaza rusa en Crimea, el Sector de Derechas llamó a la movilización general de voluntarios. Han colocado mesas de reclutamiento y teléfonos para los que quieran unirse. Calcula que tienen unos 10.000 hombres, pero dice Yarosh que “cada día se alistan cientos”, que reciben formación militar y “educación patriótica”. Se han ganado fama de duros. “No se consigue nada viniendo al Maidán a cantar canciones”, dice uno de sus miembros, Alexei, de 18 años y la cara llena de heridas de balines de goma. Está en el puesto principal del Sector de Derechas del Maidán. Por detrás pasa un grupo marchando. Muchos consideran que están en guerra. Un par ensaya cómo inmovilizar con una llave a un tercero. Otros meten cajas de naranjas en el edificio que ocupan. “Son los únicos que de verdad hacen algo”, comenta otro. A su lado, un chaval con gafas de hipster y traje de camuflaje explica que estudia para ser fiscal y que es judío antes de cerrar la boca por orden de un tipo con un walkie talkie cosido al hombro que dice ser el jefe.

En su austero despacho del hotel, custodiado fuera por hombres armados en una sala que debía ser el baño porque cuelga de la pared un secador, Yarosh explica que está intentando que se legalicen las armas que han acumulado, que contribuye a crear una ley sobre tenencia de armas, ofrece colaboración a las fuerzas del orden y afirma que, pase lo que pase en Crimea el domingo, “el Sector de Derechas va a estar bajo las órdenes del Estado, no aceptamos la anarquía”, explica tranquilo. “La reacción del Gobierno [a Rusia] ha sido adecuada, pero los militares deberían haber sido más activos”, critica. “Desde hace años, los rusos se han infiltrado en los jefes de las Fuerzas Armadas, han llevado a cabo una desmoralización y liquidación de las unidades de combate”.

La relación de Yarosh con las nuevas autoridades es, dice, de diálogo. Con una especie de sentido de Estado, explica: “No hemos entrado en las estructuras de poder, pero tenemos buena relación con ellos, porque ahora no se puede desestabilizar el sistema político. Eso daría ventaja a Rusia. Pero cuando ganemos las presidenciales”, afirma sonriente pese a sus raquíticas posibilidades, “nuestra influencia será mayor”.

quinta-feira, 13 de março de 2014

Francisco, a un año: demasiadas expectativas

Bernardo Barranco
La Jornada

Sin duda, la presencia de Bergoglio en la cabeza de la Iglesia ha sido refrescante. A un año del pontificado podemos advertir claramente las enormes expectativas que ha despertado para renovar tanto el estilo de la Iglesia así como el esfuerzo que el Papa infunde para dialogar con la cultura moderna. Los obstáculos que enfrenta Francisco son inmensos y son notables las resistencias internas. El hecho de ser latinoamericano ha desacomodado el eurocentrismo con que se conducía la Iglesia y ofrece un nuevo lenguaje simbólico.

Francisco, tanto para la sociedad secular como para los propios católicos, representa oportunidades y esperanza de innovaciones que despierten el entusiasmo en un catolicismo (institución/doctrina) que parecía haberse encapsulado herméticamente en la tradición. Digámoslo de otra manera: en Francisco se respira aquella atmósfera de aperturas en torno al Concilio. El Papa opta por el diálogo en vez de evangelizar a bastonazos inquisitoriales.

Sin embargo, Bergoglio ha enfrentado obstáculos. Primero, fue impugnado por católicos progresistas, quienes denunciaron condescendencia golpista y su actitud de silencio cómplice con la dictadura militar argentina. Después la derecha católica se escandalizó por sus posturas frente a la pobreza, la injusticia y sus durísimas críticas al sistema económico. Sin embargo, el motivo de mayor preocupación es su nueva actitud frente a las mujeres, divorciados y especialmente ante los homosexuales. Sin que haya cambiado una coma de la doctrina de la Iglesia, Francisco ha provocado colapsos e infartos entre los viejos dinosaurios de la fe, quienes no dudan en corregirlo o interpretarlo. Se le acusa también de guardar un incierto estilo populista, de talante peronista, simultáneamente conservador y progresista, con proclividad a satisfacer a las audiencias que tiene enfrente. Otros piden una lectura pastoral de Francisco, quien acompaña con apertura y bondad las vicisitudes de su grey. Por otra parte, la burocracia romana tiembla ante las anunciadas reformas de la curia y la financiera.

Pese a las críticas, el peso de Francisco durante este primer año se sustenta en su inmensa popularidad. Son apreciados los cambios introducidos por este Papa: sencillez, humildad y austeridad. Francisco despresurizó la presión mediática que clamaba nuevos escándalos institucionales; en cambio, el nuevo Papa introdujo diferentes temas en una agenda estropeada por los escándalos de pederastia y encubrimiento institucional. Declarado el hombre del año 2013 por diversas revistas, muchos sondeos y encuestas locales lo refrendan. Por ejemplo, la encuesta realizada por Univisión en 12 países de los cinco continentes nos muestra un sorprendente grado de aceptación de desempeño del papa Francisco entre los católicos, con 97 por ciento, que lo califica de excelente a bueno. Curiosamente, en México la calificación de Francisco es de las más bajas; 23 por ciento le atribuyen desempeño mediocre a malo. Ya lo hemos tratado: sin duda se debe a la apatía y deficiente recepción que los obispos mexicanos han tenido del papa Francisco y de sus reformas.

Es importante recordar que Bergoglio asciende al pontificado tras el desfondamiento de los sectores conservadores de la Iglesia. Este conservadurismo que se impuso después del Concilio, acusando al progresismo de llevar al caos a la Iglesia por una apertura indiscriminada a la modernidad que conduciría irremediablemente a la pérdida de identidad. Paradójicamente este mismo conservadurismo clerical provocó la debacle de la Iglesia, una crisis de quebranto del capital moral y de la autoridad religiosa. Las luchas palaciegas, las intrigas curiales y la lucha por el poder bajo Benedicto XVI sólo mostraron que el pacto conservador se fracturó. Bergoglio asciende en medio de dicha fractura. Ratzinger simboliza toda esta crisis: un papa deprimido que de manera inesperada abdica a su trono. Como diría el teólogo jesuita González Faus: "El problema ya no es el Papa, el problema es el papado". La crisis de corto plazo es la dramática confrontación curial, recogida en el Vatilileaks. La crisis de largo plazo es repensar el modelo vertical y centralizador de la Iglesia hizo que crac con Benedicto.

El gran mérito de Francisco es el retorno a lo pastoral. Tanto en entrevistas como en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Papa afirma la opción pastoral como eje de su pontificado. De ahí que cuestione el clericalismo, es decir, el eclesiocentrismo, y sobre todo el estilo burocrático y monárquico de muchos actores religiosos. Es evidente que Bergoglio no modificará la tradicional doctrina de la Iglesia ante temas como celibato, sacerdocio femenino, aborto. Pero ha dejado claro que el Papa no va absolutizar la agenda moral como obsesión. Y sí ha insistido en abrir otras agendas pastorales y sociales, como la opción por los pobres, la defensa de los derechos humanos y de los migrantes, la justicia social y la crítica a la idolatría del poder y del dinero.

La luna de miel del papa Francisco ha terminado justo al cumplir su primer año. Su manejo ante los cuestionamientos de la ONU sobre pederastia clerical y la supuesta renovación de los legionarios han sido decepcionantes e inerciales. Todo el encanto de un religioso bien intencionado ha quedado atrás. Los gestos y los símbolos con que inició son importantes en las sociedades mediáticas. Pero ni han resuelto la crisis de la curia romana, ni aún significan una nueva y soñada primavera eclesial. ¿Podrá Francisco cambiar la Iglesia desde arriba? ¿Hasta qué punto las iglesias locales seguirán al Papa en la renovación que propone? ¿Realmente tendrán gran calado las reformas estructurales de la Iglesia? ¿O será una renovación de saliva?

Francisco deberá ir más allá de los gestos. Puede estar en juego un grandísimo desencanto ante las expectativas que el propio Francisco ha levantado. La Iglesia necesita una nueva síntesis de fe y cultura, nuevas hipótesis pastorales que le permitan acompañar con riqueza los grandes cambios de nuestra civilización contemporánea. Retomar los pasos del Concilio Vaticano II, a 50 años, sin nostalgias. Aún hay demasiada soberbia en la Iglesia. Por ello es necesario escuchar y abrirse a las demandas del mundo. O de plano convocar un Concilio Vaticano III que replante los horizontes.

terça-feira, 11 de março de 2014

Los grandes enemigos de la Democracia

Juan Pablo Cárdenas
Clarín

Estimada como el gobierno del pueblo, lo cierto es que la democracia es apenas una promesa, todavía en el mundo, como una ilusión en nuestro país. Por más que los ciudadanos concurran a votar periódicamente para elegir a sus autoridades, la práctica del sufragio no garantiza necesariamente que los gobernantes tengan en consideración el deseo de sus ciudadanos, como tampoco los pueblos tienen realmente la posibilidad de mandatarlos y removerlos si incumplen con ellos. A lo más, ocurre, que el pueblo propone, pero la política dispone.

Al término de la Dictadura Militar, el clamor nacional fue la recuperación de nuestra democracia, pero a más de dos décadas vemos que en Chile sigue vigente la constitución pinochetista y su institucionalidad. Ni siquiera el régimen electoral binominal ha sido reemplazado, como tampoco todavía hemos consolidado el sufragio universal, cuando aún no tienen voto los chilenos del exterior, y lo que han hecho los últimos gobiernos ha sido desincentivar la concurrencia electoral mediante un acuerdo político en que se determinó la voluntariedad de este derecho y deber cívico. El 58 por ciento de abstención en las últimas elecciones presidenciales habla de la poca representatividad que tendrá el gobierno elegido por aquella minoría que concurrió a votar por las candidatas que llegaron a la segunda vuelta.

En relación al Parlamento, es evidente, asimismo, que su correlación de fuerzas ha resultado más de los conciliábulos cupulares que de la competencia amplia y plural de los postulantes. En este sentido, de no operar los pactos entre los partidos, habría una buena cantidad de diputados y senadores que no habrían ganado su escaño en las cámaras legislativas, como hay tantos otros que se postulan sin posibilidad alguna de romper el binominalismo.

Sin embargo, con una pavorosa falta de autoridad moral, se critica desde Chile los sistemas políticos de otras naciones. Y lo hacen, principalmente, los mismos que instigaron a los militares en 1973 y prescribieron por largos años la suspensión de todos los derechos ciudadanos, además de justificar la represión y las severas violaciones de los DDHH. Muchos de los cuales en estos años se han asegurado continuidad en el gobierno y en el Congreso Nacional después de haber sido colaboradores del Dictador.

No solo aquí, sino en todos los países que presumen ser democráticos se reconoce la inmensa influencia del dinero en la elección y el sostenimiento de las clases políticas, caudillos y partidos. Ello no significa otra cosa que es en las grandes empresas y los multimillonarios donde radica más soberanía que entre los trabajadores y la sociedad civil. Sobre todo en aquellos países, como el nuestro, en que se ha deteriorado el espíritu cívico de la población y el cohecho está institucionalizado, incluso, con los incentivos y falta de regulación de las normativas electorales respecto del gasto electoral, los aportes de las empresas y las erogaciones anónimas a los candidatos. Por algo la Dictadura eliminó las clases de educación cívica en los colegios, decisión que han mantenido los cinco gobiernos que la han seguido.

Es público y notorio que en las últimas elecciones generales superamos todas las cifras anteriores en relación al gasto publicitario. Así es como es posible demostrar que los que ganaron las elecciones son, salvo contadas excepciones, los que más gastaron en propaganda. También desde aquí se objeta la calidad de algunas democracias que ciertamente han definido normas mucho más estrictas que las nuestras para controlar el gasto y perseguir el cohecho.

Aunque ya se reconoce universalmente a la libertad de prensa como un soporte y condición fundamental de la Democracia, nuestro país es indudablemente uno de los que tiene peores estándares en diversidad informativa. Dichos informes son certeros en señalar la grosera concentración mediática en la prensa, la radio y la televisión, donde prevalece una visión única en orientación política, económica y cultural. De allí es que resulte jocoso que los medios que en Chile se enseñorean en el periodismo y la comunicación social se atrevan a criticar la situación del periodismo en Venezuela y otros países del Continente donde es cosa de pararse frente a un kiosco de diarios o encender la televisión para darse cuenta que los medios que mandan y están perfectamente financiados son los de la oposición. Curioso es que sean otra vez los que persiguieron a los periodistas y encarcelaron el pensamiento disidente los que rasguen vestiduras desde nuestro Parlamento para condenar las supuestas transgresiones del gobierno de Maduro. Secundados, desde luego, por aquellos que luego financiaron la política de exterminio del gobierno de Patricio Aylwin y siguientes contra los medios independientes que se habían destacado en la lucha contra la Dictadura, y ahora se proponían exigir el cumplimiento de las promesas democráticas. Cuya existencia ciertamente amenazaba esta interminable posdictadura que vivimos.

Bochornoso nos parece que en nuestros canales de TV y de radio, especialmente, los mismos rostros de la farándula y de la autocensura periodística sean los adalides de la denuncia contra nuestros países hermanos, bien financiados como están aquí por las cadenas informativas estadounidenses y españolas posicionados de nuestro espectro radiofónico y televisivo. Algunos de los cuales nunca levantaron un dedo para protestar contra las persecuciones de Pinochet a la prensa. Animadores y opinólogos que viven en plena convivencia con los desnudistas, chistólogos y otros que encarnan la principal “oferta cultural” del país y al cual la chabacanería le pone alfombra roja y pasarelas, como es el Festival de Viña del Mar, los realities y las teleseries.

A lo anterior, cómo no agregar el que es, acaso, el peor enemigo de la democracia, cual es la intolerancia de los gobernantes al disenso, la persecución de las demandas callejeras y la intimidación de las organizaciones sociales. No en vano es que a los conspiradores venezolanos les han servido algunas imágenes de los apaleos policiales chilenos para imputárselos al gobierno de ese país. Por cierto que en una clara muestra de que nuestro pretendido régimen democrático lleva la voz cantante en las golpizas a los estudiantes, en el cerco y militarización de regiones indígenas, cuanto en la aplicación de una Ley Antiterrorista que impide los debidos procesos, fomenta la delación y la infiltración policial de las organizaciones que luchan por sus derechos y contra de las múltiples impunidades que se perpetúan.

Bajo el imperio de un régimen represivo, en que los ciudadanos tienen muy precaria capacidad de expresarles a las autoridades su parecer o exigir la remoción de los que le incumplen, cuestión ésta que ya se establece como consustancial a un régimen de real soberanía popular. En un Estado, como el nuestro, que lo que menos tiene es de “derecho” cuando observamos, por ejemplo, la ira gubernamental y los improperios que se le lanzan desde La Moneda a los jueces y a las resoluciones que incomodan a sus moradores de turno. Cuando los militares que agreden a los civiles continúan siendo “juzgados” por los tribunales castrenses. En una realidad política en que campean, por lo demás, los operadores, el clientelismo y la falta de probidad. Donde muchas veces la Transparencia es ley muerta y hasta cómplice.

segunda-feira, 10 de março de 2014

¿Hacia dónde se inclinará Bachelet?

Roger Burbach
Punto Final

Las elecciones en Venezuela y Chile, en diciembre de 2013, proporcionaron un nuevo impulso a los gobiernos de Izquierda en América Latina y al avance de las políticas posneoliberales. En los últimos quince años elascenso de la Izquierda ha estado inextricablemente ligado a procesos electorales. En Venezuela, Bolivia y Ecuador, con los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, el electorado ha ido a las urnas en promedio una vez al año, votando en referéndums, asambleas constituyentes y elecciones generales.

En noviembre de 2013 la derecha apareció tomando la iniciativa en Honduras, gracias a la oligarquía y a los partidos conservadores respaldados por Estados Unidos que usaron represión y manipulación de la segunda vueltapara mantener el control de la Presidencia. En Venezuela se temía que la derecha pudiera ganar en las elecciones municipales del 8 de diciembre del pasado año. Después de la estrecha victoria de Nicolás Maduro por apenas 1,5% en las elecciones presidenciales de abril, la oposición se lanzó a la ofensiva, denunciando fraudes y desatando una guerra económica. Si la coalición de oposición hubiera ganado las elecciones municipales, o incluso si hubiera estado más cerca en la votación popular, se cernía la amenaza de demostraciones militantes para desestabilizar y derrocar al gobierno de Maduro. Esa ofensiva finalmente se desató el pasado 12 de febrero con extrema violencia. Ha causado numerosas víctimas y cuantiosas pérdidas materiales, pese a que el PSUV y los partidos aliados ganaron el 72% de las municipalidades y derrotaron a la oposición con el voto popular: 54% contra 44%.

Sin embargo, hay en Venezuela una guerra de clases focalizada en la economía, especialmente en aquellos que quieren controlar la renta que proporcionan los inmensos recursos petroleros que significan más del 95% de las exportaciones del país.

El caso de Chile

En el otro extremo del continente, una semana más tarde Michelle Bachelet obtuvo una resonante victoria en la carrera presidencial chilena, con 62% de la votación. Ella ha planteado un ambicioso programa de propuestas que subiría los impuestos a las empresas del 20 al 25%; que amplía fuertemente el acceso a la educación superior, mejora la salud pública y reforma la Constitución de 1980, impuesta por la dictadura de Pinochet.

Chile tiene la mayor desigualdad de ingresos dentro de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE) entre 34 países. Bachelet ha prometido que dentro de los primeros cien días redactará la legislación que aumentará los impuestos en alrededor de un 3% del Producto Interno Bruto. En la noche de la elección Bachelet proclamó: “Chile se ha mirado a sí mismo, ha mirado su camino, su historia reciente, sus heridas, sus hazañas, sus proyectos inconclusos y luego, Chile ha decidido que es el tiempo de iniciar transformaciones profundas… No debe discutirse lo siguiente: el lucro no puede ser el motor de la educación porque la educación no es una mercancía y porque los sueños no son bienes de consumo”.

Si esas políticas se ponen en práctica, sacudirán el paradigma neoliberal que hasta ahora ha sido seguido por todos los gobiernos desde ladictadura de Pinochet, incluyendo el gobierno de Bachelet durante su primerperiodo (2006-2010). Tal como muchos otros candidatos que hacen numerosas promesas antes de ser presidentes, después la realidad de dichos cambios puede ser bastante más opaca que las promesas. Pero el creciente movimiento estudiantil y la reactivación de los movimientos sociales en los últimos cuatro años ha sacado al movimiento popular a las calles, algo sin precedentes desde los tiempos de Pinochet. Militantes de Izquierda ya han dejado en claro quedesafiarán a Bachelet desde el primer día de su gestión.

Las elecciones en Venezuela y Chile también son parte del escenario para enfrentar a la última iniciativa comercial respaldada por EE.UU.: la Asociación Transpacífico (TPP en inglés) que incluye una docena de países ribereños. Desde que Chávez llegó a ser presidente, Venezuela ha encabezado la oposición a los esfuerzos de EE.UU. para dominar el intercambio comercial en el hemisferio, que partió con el Area de Libre Comercio de las Américas (Alca) que George W. Bush lanzó en abril de 2001. El Alca sufrió una suerte mortal en la IV Cumbre de las Américas, en Argentina en 2005, bajo el liderazgo de Hugo Chávez, Inacio Lula da Silva y Néstor Kirchner, que defendieron la integración latinoamericana sin EE.UU.

El camino bolivariano

Con la victoria en las elecciones municipales como respaldo, Nicolás Maduro quedó en condiciones de jugar un rol central diez días más tarde en la segunda cumbre del Alba, la Alianza Bolivariana para Nuestra América, y Petrocaribe, un bloque de 18 países quereciben petróleo a precios preferenciales. El Alba, fundada en 2004 por Venezuela y Cuba, se basa en el principio de “comercio justo, no comercio libre”. Ahora incluye a Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otras cinco naciones caribeñas.

Todos esos países se reunieron con las naciones de Petrocaribe en un acuerdo comercial basado en petróleo a precio preferencial para impulsar unprograma para crear “una zona especial de complementación económica” entre los países miembros para erradicar la pobreza. Maduro proclamó que la zona económica “es un plan especial… para continuar avanzando hacia la seguridad alimentaria y la soberanía de nuestros pueblos y para compartir inversiones, experiencias y acciones que promuevan el desarrollo (de la agricultura)”. El plan de acción para implementar la propuesta incluye la cooperación con la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Un comité ejecutivo para coordinar el plan regional funciona en Ecuador.

Maduro presentó el documento para la creación de una zona económica complementaria en la reunión del Mercosur en Caracas, “para avanzar en la gran zona Mercosur, Petrocaribe, Alba”. En todos esos proyectos económicos y comerciales, Venezuela juega un rol neoeconómico. Es el principal productor de petróleo y está ubicado en el costado sur de la cuenca petrolera caribeña y en el extremo norte del continente sudamericano. Venezuela ya es miembro del Mercosur con Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, mientras Chile, Bolivia, Colombia, Guyana, Ecuador, Perú y Surinam son miembros asociados. El presidente de Bolivia, Evo Morales, dijo en la conclusión de la cumbre Alba-Petrocaribe: “Nunca deberemos dejar de fortalecer nuestra integración, la integración de los países antimperialistas”.

Chile es la incógnita

Un asunto clave es el rol que Chile, bajo el gobierno de Bachelet, jugará en el creciente movimiento por una integración latinoamericana. Durante el gobierno de su multimillonario antecesor, Sebastián Piñera, Chile aceptó incorporarse a la Asociación Transpacífico, encabezada por EE.UU., y es miembro fundador de la Alianza del Pacífico, grupo de comercio e inversiones que incluye a Colombia, Perú y México. Estados Unidos tiene ahí el estatus de observador.

Michelle Bachelet ha dado señales de que no sería del interés de Chile pertenecer exclusivamente a uno de los grupos de comercio y que intentará evitar que se profundice la brecha entre el área Pacífico y el acuerdo Atlántico-Caribeño. En su programa señala: “Chile ha perdido presencia en la región, las relaciones con sus vecinos son problemáticas, una visión comercial se ha impuesto sobre nuestros vínculos latinoamericanos”. Ella está particularmente interesada en estrechar relaciones con Brasil, país en que se identifica con Dilma Rousseff, que también forjó su identidad política como una joven activista clandestina que estuvo en la cárcel y fue torturada bajo una dictadura represiva. Es destacable que en el año 2000, durante su anterior gobierno, Bachelet consiguió que se realizara una sesión de emergencia de Unasur para apoyar a Evo Morales ante un intento de “golpe cívico” de derecha que tenía directo apoyo material de la embajada de EE.UU.

Es imposible, por supuesto, predecir hacia dónde se inclinará Bachelet. El compromiso con la Alianza del Pacífico y el TPP (Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica) podría erosionar su apoyo interno y los desafíos internacionales al neoliberalismo. Será crucial la fuerza de las movilizaciones internas que la presionen y los desafíos internacionales al neoliberalismo.

En Venezuela, Maduro enfrenta angustiantes problemas económicos mientras trata de poner bajo control a la inflación y al mercado negro, combatiendo serios problemas de corrupción dentro y fuera del gobierno. A su vez, la oposición ha lanzado una embestida para derrocarlo. La maniobra cuenta con apoyo norteamericano.

domingo, 9 de março de 2014

Ucrânia: Hora da Frieza

John Judis
The New Republic

Na sexta-feira, quando o governo de Kiev anunciou que guardas de fronteira ucranianos já estimavam em 30 mil o número de militares russos de prontidão na Crimeia, a temperatura subiu de vez entre os dois países. Enquanto isso, esforços dos EUA e da União Europeia para esfriar os ânimos na região continuaram desastrados e insuficientes. Pressão sobre a Rússia na crise com a Ucrânia pode levar a situação pior que qualquer outra presenciada na Guerra Fria, diz o moscovita Dmitri K. Simes, presidente do Center for the National Interest e editor da revista especializada em política externa The National Interest.

Na entrevista que você lê a seguir -concedida ao escritor e jornalista americano John Judis, editor sênior do The New Republic-, Simes, que presidiu o Center for Russian and Eurasian Programs no Carnegie Endowment for International Peace e dirige um programa centrado na União Soviética na Universidade John Hopkins, alerta que "ecos de 1914" e de uma nova Guerra Fria podem se fazer ouvir se o Ocidente não agir com mais estratégia e menos verborragia na condução da crise que representa, segundo ele, "uma situação muito grave para os EUA".

O que está acontecendo na Ucrânia? É provável o cenário de uma guerra civil?

Acho que uma guerra civil é improvável, não impossível. Ficou muito claro que a Crimeia está sob controle russo e isso dificilmente mudará. Não há nada que possa ser feito no caso, exceto negociar. E se Moscou utilizar a força na região pode haver uma escalada perigosa do conflito. Mas a presença da Rússia não significa ainda que a Crimeia se tornará parte da Rússia. Tivemos um sinal positivo no início da semana, quando o novo primeiro-ministro da Crimeia anunciou que adiaria o referendo sobre o estatuto da península - declaração claramente coordenada com o Kremlin. De modo que esta pode ser uma oportunidade, se quisermos aproveitá-la, de negociar sobre o que trataria exatamente o referendo (na quinta-feira, após a realização desta entrevista, legisladores da Crimeia marcaram o referendo para o dia 16/3): uma união com a Rússia, independência plena ou uma autonomia ampliada. A Crimeia provavelmente não será mais parte integral da Ucrânia. Quanto à entrada de tropas russas na região leste do país, ainda considero isso altamente improvável e evitável, mas também vai depender do que o governo de Kiev fará.

Os russos acusam os EUA e a União Europeia de interferência. Como o sr. avalia o comportamento do governo Obama até agora?

Acho que ele tem contribuído para a crise. Porque havia um governo legítimo em Kiev, liderado pelo presidente Viktor Yanukovich, que é uma figura desprezível, incompetente e o principal arquiteto do próprio fim, mas um presidente legalmente eleito. Liderou uma nítida maioria no Parlamento ucraniano. E basicamente os EUA e a União Europeia decidiram se aliar aos manifestantes. E permita-me dizer que se os últimos estivessem usando esse tipo de força e essas técnicas contra um governo amigo não seriam qualificados como manifestantes, mas rebeldes. Ou seja, colocamo-nos do lado desses manifestantes/rebeldes. E os usamos para pressionar Yanukovich a negociar um acordo que os governos europeus endossaram totalmente, com o aval do governo Obama. Quando os rebeldes aproveitaram o motivo do acordo para depor Yanukovich e todo seu governo, aceitamos a situação como se fosse normal destituir à força um governo eleito. Mais de cem deputados da Rada (o parlamento ucraniano), membros do antigo partido no governo, o Partido das Regiões, não compareceram e os deputados do partido que votaram com a oposição tiveram permissão para ingressar no governo. E, embora esses deputados pertencessem ao Partido das Regiões, eram controlados pelos oligarcas pressionados pelo Ocidente a mudar de lado. Assim foi formado o novo governo que assumiu o poder em Kiev. Não podemos ignorar esse processo se quisermos saber por que os russos decidiram interferir agora. Digo isso não para justificar o que Putin fez, os russos não têm direito de usar suas tropas em território de outro Estado. Mas os delitos cometidos pelos russos não devem ser usados como álibi para a incompetência do governo Obama.

Uma das decisões do novo Parlamento foi revogar a lei que estabelecia o russo como segunda língua do país.

Exatamente. E eles também começaram a afastar governadores nas províncias do leste. Esses governadores, naturalmente, foram nomeados por Yanukovich, mas eram russos ou pelo menos falavam russo. Nas províncias do leste a impressão que prevalece é de que o novo governo é hostil à população de língua russa. Foi dito que seria formado um governo de coalizão na Ucrânia. Mas se você observar a composição desse governo, não se trata de coalizão - no máximo de uma coalizão entre a oposição moderada e a oposição radical. Com certeza esse governo não inclui políticos que representam a parte da população que fala o russo. Uma política responsável não desencadearia um processo que levasse a essa cadeia lamentável de eventos. Havia uma situação em que Yanukovich era muito impopular em toda a Ucrânia, incluindo a região leste e a Crimeia. Todas as pesquisas de opinião indicavam que muitas pessoas na Ucrânia, e também na Crimeia, estavam dispostas a que a Ucrânia aderisse à União Europeia. Mas isso não significava que todas desejassem cortar seus vínculos com a Rússia. E não significava que esperassem uma investida contra sua língua, nem desejassem que governadores fossem nomeados pelos dirigentes em Kiev, considerados hostis a seus interesses. Essa foi a dinâmica que levou a Rússia a interferir.

O objetivo de Putin é apenas a Crimeia, o leste da Ucrânia ou o país inteiro?

Estou certo de que, do fundo do seu coração, Putin gostaria de se apossar da Ucrânia inteira. Mas é algo totalmente irrealista -e suponho que ele seja suficientemente pragmático para entender isso. No caso da região leste da Ucrânia a situação é muito mais difícil do que na Crimeia porque há muita gente que não quer uma união com a Rússia, ou pelo menos ter uma autonomia muito maior em relação a Kiev. Já outras regiões se opõem tenazmente a isso. Portanto, acho que será muito problemático para a Rússia usar a força basicamente para trazer as províncias do leste ucraniano para sua esfera. Onde seria demarcada uma nova fronteira? Acho que Putin é pragmático o bastante para não fazer algo assim, a menos que o governo de Kiev lance realmente uma grande ofensiva contra os governos locais do leste da Ucrânia. Aparentemente já existem, de acordo com os russos, mais de 100 mil refugiados do leste ucraniano chegando à Rússia. Se esse número se transformar em centenas de milhares, ou milhões, penso que os cálculos de Putin podem ser modificados. Mas neste momento tanto seu plano como sua preferência são de não se envolver no leste da Ucrânia.

O que achou de Obama afirmar que ‘a Rússia pagará alto preço’ se continuar a intervir?

Esta é uma situação muito grave para os EUA. Independentemente da importância da Crimeia para os americanos, que na minha opinião é ínfima, penso que está muito claro que, se permitirmos que a Crimeia se una à Rússia, estaremos enviando uma mensagem bastante séria para todos os outros países da região. Seria claramente um golpe para a credibilidade geopolítica americana na região e mais além. Não nos envolvemos muito na Síria ou no caso do Irã e agora parece que estamos dispostos a aceitar essa humilhação política na Crimeia e no leste da Ucrânia. De modo que não tenho dúvidas de que os Estados Unidos têm a responsabilidade de agir. Mas o que Obama está fazendo é exatamente o oposto do que deveria ter feito, na minha opinião.

Obama está errando por quê?

Em primeiro lugar, o presidente aprecia fazer comentários dissimulados sobre o que é o interesse russo. Mencionou isso duas vezes em seu rápido comunicado, no dia 28. Dizer aos russos o que é do interesse deles é um exercício de futilidade. Dizer que arcarão com um alto custo... Bem, claro que eles sabem qual será o preço a pagar. Tampouco irá intimidá-los ameaçando se retirar do G-8 ou expulsando a Rússia do G-8. Ou, ainda, suspender os preparativos para essa cúpula. Se pretendemos ser sérios, temos de nos perguntar não só o que podemos fazer contra a Rússia. Claro que podemos punir a Rússia, mas é provável também que a Rússia dará o troco. Podemos infligir danos econômicos severos a ela. Podemos fazer coisas que isolariam a Rússia no plano internacional. Mas não devemos nos surpreender se os russos, para compensar os prejuízos e a perda de prestígio, assinarem um acordo de segurança com o Irã e fornecerem ao Irã mísseis S-300 ou talvez S-400, por exemplo. Não devemos nos surpreender se a Rússia oferecer apoio maior ao presidente Assad. Nem devemos nos surpreender se a Rússia introduzir um novo elemento de instabilidade global, assinando um acordo de segurança com Pequim. Há forte interesse de Pequim em fortalecer laços de segurança com a Rússia. Sob muitos aspectos, essa seria uma situação muito pior que qualquer outra que presenciamos durante a Guerra Fria. Ouviríamos os ecos de 1914.

O que deveria ser feito, então?

Acho que precisamos abrandar nossa retórica e refletir seriamente sobre nossos objetivos. Não entendo como uma maior autonomia da Crimeia afetará negativamente interesses nacionais americanos fundamentais. E não vejo como o fato de se proporcionar maior autonomia às províncias do leste da Ucrânia, dando a elas basicamente o que os Estados americanos têm, será algo terrível também. Na verdade, isso promoveria a estabilidade na Ucrânia. Eu tentaria uma aproximação de Putin com o governo ucraniano para negociar um amplo acordo. Diria aos nossos protegidos em Kiev que desejamos ajudá-los e nos esforçaremos nesse sentido - mas que, ao mesmo tempo, eles precisam refrear sua retórica e começar a responder seriamente aos pedidos das províncias do leste. Acho também que precisamos, sem ameaças vazias, mobilizar tropas e instalar algumas forças adicionais nas fronteiras da Otan de modo a incutir algum senso de realidade no Kremlin. Demonstrar que, se a coisa deteriorar de vez, eles podem se ver numa situação muito difícil.

O sr. está dizendo então que os americanos estão fazendo muito alarde e mostrando pouca força?

Estamos de fato fazendo muito alarde e mostrando pouca força. Não estamos na verdade disciplinando os russos. Não estamos definindo o que é importante para nós. Estamos agindo como o Rei Lear: fazendo declarações patéticas que ninguém leva a sério. Quando vi o secretário John Kerry na TV... Na minha opinião, sua apresentação foi lamentável. Ele estava visivelmente enraivecido. E na defensiva. Acusou os russos usando termos muito duros, referindo-se a violações da lei internacional. Sua descrição do processo político na Ucrânia que levou à atual situação foi incompleta e, no melhor dos casos, de má fé. E, depois de falar tudo isso, ele não disse: "Como os russos violaram a lei internacional, ameaçam a segurança internacional, e por causa disto o presidente dos EUA está deslocando suas forças navais para o Mar Negro". A maneira como ele se expressou é o que esperávamos que dissesse como conclusão. Mas ele mostrou pouca força. Retórica não é política e mostrar-se duro não fará com que a Rússia retroceda. O governo Obama terá de fazer algo a que não está acostumado: pensar estrategicamente. Isso significa adotar medidas, preferivelmente sem alarde, para demonstrar nosso compromisso com a segurança dos Estados Bálticos. Significa pensar num fortalecimento do Exército ucraniano, se o conflito deteriorar. Mas significa também evitar ameaças públicas vazias, respeitando a dignidade da Rússia e se abstendo de criar uma impressão de que ou é do nosso jeito ou não existe solução.

quarta-feira, 5 de março de 2014

¿Por qué la Copa no tiene respaldo popular?

Fernando de la Cuadra
Rebelión

Faltan poco más de 3 meses para el inicio de la Copa del Mundo y pese a toda la excesiva campaña que invade permanentemente los hogares brasileños, muchos aspectos relacionados a este deporte en el “país del futbol”, permiten plantear una interrogante válida: ¿Cuál es el respaldo popular a la Copa del Mundo? o ¿que tan entusiasmados se encuentran los brasileños con esta Copa? Hasta ahora diríamos que poco o muy poco.

Un estudio realizado recientemente por un centro de estudios de opinión (Datafolha) constató que la Copa del Mundo solamente tiene el respaldo del 52 por ciento de los brasileños, una formidable caída considerando el apoyo expresado por el 79 por ciento en noviembre del 2008. Además, el 51 por ciento de los entrevistados declaró que hoy no respaldaría la elección para que Brasil sea la sede del evento. Entre las razones declaradas en esta disminución del apoyo a la Copa, las personas señalaron los excesivos costos destinados a la organización y la infraestructura asociada con la realización del torneo (estadios especialmente) y el papel desempeñado por la FIFA exigiendo un padrón de calidad altísimo, lo que no sucede con la mayor parte de los servicios prestados por el Estado (centros de salud y policlínicos, escuelas, sistemas de movilidad urbana, habitación popular, etc.). En ese sentido, un 76 por ciento de los consultados respondió que los gastos requeridos para efectuar este evento son totalmente superfluos e innecesarios y que dichos recursos podrían ser aplicados en otros sectores como salud o educación. Finalmente, un 38 por ciento de los entrevistados dijo ser contrario a la realización de la Copa en Brasil, porcentaje bastante mayor que el 10 por ciento que se manifestó contra la Copa en noviembre de 2008.

Este aumento significativo en el rechazo de la población es un motivo de enorme preocupación para el gobierno, evaluando que un fracaso de la selección en el torneo, asociado a todo el descontento acumulado desde las manifestaciones de junio del año pasado, puede significar la derrota de la reelección del gobierno de la presidenta Dilma Rousseff en las próximas elecciones convocadas para el 5 de octubre, es decir, menos de tres meses después de terminada la Copa. El Palacio do Planalto estaría pensando en lanzar en estos días una extensa y agresiva campaña de propaganda con la finalidad de revertir parte de las opiniones negativas que existe entre la ciudadanía con respecto a las altas inversiones realizadas para esta competición.

Efectivamente, los brasileños cuestionan el enorme esfuerzo económico que se ha destinado para la reforma de los estadios, cuatro de los cuales todavía no se encuentran completamente concluidos para recibir los partidos de la Copa. Inicialmente considerada –especialmente en el discurso oficial- una gran oportunidad para mejorar la infraestructura del país, el Mundial se fue transformando en un retrato de la inoperancia del pacto federativo -la relación virtuosa entre las instancias Federal, Estadual y Municipal- en la administración y ejecución de las políticas públicas, con innumerables casos de improbidad, sobrefacturamiento de obras, emprendimientos atrasados y abandono de proyectos. Muchas carreteras se encuentran paralizadas por orden del Tribunal de Cuentas de la Unión (Contraloría) ya que se han constatado casos de pago “propinas” en las licitaciones. Aeropuertos se encuentran sin la capacidad disponible para atender a los hinchas que se desplazaran por el país. Por ejemplo, en el aeropuerto de Fortaleza cuyas obras de ampliación no podrán ser entregadas antes de la Copa, se dispuso la habilitación de un sector transitorio anexo al terminal principal, área que será cubierta por una gran carpa de lona. La verdad es que el circo que se está armando trasciende las suspicacias generadas por esta improvisada carpa.

Los fantasmas que amenazaron la realización de la Copa de las Confederaciones continúan flotando en el aire, como un manto gris que cubre las actividades del día a día de los ciudadanos. Una tensión larvada se ha ido apoderando de la gente y los casos de corrupción continúan apareciendo cotidianamente en los noticiarios. Casi no existen políticos, ni partidos, ni empresarios libres de esta lacra. Los contribuyentes observan impotentes cómo sus elevados impuestos se escurren entre las aristas del poder, las empresas contratistas, los ilustres parlamentarios y los funcionarios inescrupulosos que hacen uso indebido y fraudulento de su función pública.

Resulta sumamente extenuante este control permanente y esta demanda por mayor accountability por parte de las autoridades administrativas y el poder público, y las organizaciones de la ciudadanía y de consumidores se ven sobrepasadas por el enorme caudal de casos que deben fiscalizar y denunciar. Un neoinstitucionalista diría que en Brasil los costos de transacción son exageradamente altos. Para empeorar la situación, los empresarios del sector turístico y los comerciantes en general han decidido aumentar los precios de manera exorbitante, pues en su lógica cortoplacista de lucrar “aquí y ahora”, han visto la Copa como la gran oportunidad de engrosar sus cuentas a costa no sólo de los visitantes desinformados, sino también de los nativos de esta tierra. Muchos sitios y comunidades con el nombre $urreal (Brasil $urreal, Rio $urreal, Salvador $urreal, Belo Horizonte $urreal, etc.) se han dedicado a denunciar los precios abusivos que cobran restaurantes, hoteles, supermercados y tiendas en general, para lo cual comparten a través de las redes sociales las innumerables experiencias de cobranzas tan excedidas, que realmente parecen surrealistas.

Por su parte, el gobierno preocupado con esta escalada inflacionaria ha tratado de tener un papel más activo, a través de los órganos de defensa del consumidor (PROCON) y otras agencias reguladores, reuniéndose permanente con las asociaciones de hoteleros, restaurantes, empresas de turismo y comercio en general, para intentar moderar esta alza artificial de los precios con su correspondiente aumento de la inflación y del costo de vida de la población.

Según las informaciones proporcionadas por el Banco Central, parece cada vez más evidente que la economía brasileña todavía no alcanza un nivel de inversión y actividad que le permita iniciar una consistente retomada de su crecimiento y continua siendo, en el acumulado de los últimos tres años, el peor desempeño entre las economías de los llamados países emergentes. De hecho, el PIB divulgado para el último trimestre de 2013 alcanzó el 0,7 por ciento, llegando a un PIB acumulado para todo el año 2013 de solo un 2,3 por ciento. En una perspectiva de largo plazo, los especialistas auguran que Brasil no se encuentra con la capacidad y potencia que lo caracterizaron hace menos de una década, durante el primer gobierno del partido de los Trabajadores (PT). Más bien el país viene revelando claras señales de desindustrialización y falta de inversión contundente en diversas áreas productivas (minería, industria, agricultura), a pesar del alto volumen de recursos destinados a los proyectos de infraestructura vinculados a la Copa.

A esta situación de cierta desaceleración de la economía, se suma el hecho de que el actual modelo de inclusión social en Brasil se ha realizado principalmente a través del acceso a bienes de consumo propiciado por una política asistencialista de transferencia directa de renta o vía endeudamiento por la mayor disponibilidad de créditos blandos con bajas tasas de interés. El aumento del salario mínimo real se ha visto comprometido por el aumento de la canasta de productos de primera necesidad y el mito de la “nueva clase media” se ha ido disolviendo en el seno de un endeudamiento en ascensión de las familias. Ello se debe precisamente porque no ha sido este un modelo que se caracteriza por una inserción efectiva de los trabajadores en la estructura productiva. El proceso de reprimarización de la economía brasileña ha provocado que importantes contingentes de trabajadores se hayan incorporado al sector informal o de microempresas apoyadas por programas específicos de amparo a los emprendedores.

Y también han surgido en muchos conglomerados urbanos un tipo de trabajador que según el sociólogo inglés Guy Standing representaría la emergencia de una “nueva clase social” definida por él como el precariado. Es decir, aquello que encarnan actualmente los jóvenes con enseñanza superior con una inserción precaria en el mundo laboral o los hijos de operarios tradicionales que no consiguen un empleo estable y bien remunerado y deben resignarse a ocupar puestos de menor estatus socioeconómico. [1] De acuerdo a este sociólogo, las personas se miran al espejo en la mañana y experimentan un sentimiento de privación profunda que va creciendo y de la cual emerge una rabia asociada a su condición. La espontaneidad de las protestas atestigua esta energía que se encuentra en las calles: “En breve el establishment político va a tener que despertar y mirar para el precariado. De lo contrario, será purgado para fuera de la escena”. [2]

Si bien es cierto que el neodesarrollismo de los gobiernos Lula y Dilma ha creado muchos puestos de trabajo, ellos no han representado una mejoría substantiva en las condiciones laborales de los operarios ni en los horizontes identitarios de trabajadores que se sienten realizados en su tarea. Dichas condiciones se rigen más por factores como la flexibilización y los contratos a corto plazo. La realización de las promesas de inclusión aún no es percibida como tal y los sueños profesionales de muchos se han visto postergados para un futuro incierto.

Junto a estas restricciones de carácter más estructural, se suman una constelación de problemas y miserias que asolan cotidianamente a los brasileños, como el enorme tiempo perdido diariamente en los traslados de las personas hacia sus lugares de trabajo o estudio, la ausencia de servicios de buena calidad, la escasez de espacios públicos, plazas y áreas de recreación para los jóvenes y las familias, la violencia extrema que toma cuenta de las principales ciudades, la desconfianza existente entre los habitantes, el estado calamitoso de las vías urbanas y de muchas carreteras, el abandono de muchas comunidades a su suerte, especialmente en la región Norte y Noreste. Todo ello ha ido generando un panorama desolador y pesimista que no tiene ninguna relación con la imagen glamurosa, descontraída y alegre que se pretende imponer a través de los reiterados mensajes publicitarios vehiculados por los diversos medios.

Por estos y otros motivos, la que ha sido llamada por la presidenta Dilma Rousseff como la “Copa de las Copas” no ha generado la pasión y la religiosa seducción que ejercieron las anteriores Copas en que este país ha participado. Antes era posible apreciar que ya a inicios del año correspondiente al Mundial, las calles y paredes de un sinfín de ciudades y pueblos ya se encontraban pintadas con los colores de la bandera y los retratos de ídolos de la “verde-amarela”. Este año las calzadas y los muros se encuentran intactos hasta el momento, la euforia que se apoderaba de los hinchas parece haberse metamorfoseado en un silencio expectante de que la situación puede mejorar, pero no se sabe a ciencia cierta por dónde y cómo va a mejorar.

La única certeza que existe hasta ahora, es que para la época de la Copa las manifestaciones van a recrudecer y ya se han producido movilizaciones importantes contrarias a la Copa en algunas capitales. Y es previsible que muchas personas y grupos se van a congregar durante ese periodo. Seguramente existirán manifestaciones contra la Copa en las cercanías de los estadios y en puntos emblemáticos de las ciudades sedes y de otras importantes zonas urbanas. También se espera que la respuesta del gobierno pueda adquirir un perfil violento. Para mantener el orden y la seguridad, las autoridades han convocado a las tres ramas de las Fuerzas Armadas lo cual ha generado serias críticas y legítimas dudas. El tema es que si la Policía Militar demostró estar poco preparada para contener a los manifestantes, el ejército y las otras ramas no están mejor preparados para enfrentar a una población civil movilizándose. Las previsiones son que las escenas de represión y truculencia pueden agudizarse y aumentar en vez de disminuir.

Sabemos sobradamente que los brasileños viven el futbol con notable fervor y pasión, pero una cierta inquietud en el aire y una tensión social in crescendo nos alertan sobre los efectos inesperados que puede tener esta Copa. Puede ser una catarsis generalizada de alegría y confraternización si Brasil se consagra hexacampeón del Mundo, pero también puede ser el estallido una “olla a presión” social que se sume a la derrota de la selección canarinho. En este escenario, por cierto indeseable, un conjunto de otras frustraciones acumuladas en estos últimos años probablemente saldrán a la calle en un gran estallido de descontento, cuyas consecuencias son todavía impredecibles para Brasil y para el resto de la región.

Notas
[1] En la concepción de Standing, el precariado no representa solamente un aspecto de empleo inseguro, de mal remunerado y de duración limitada. La condición de precariado implica una falta de horizonte e identidad ocupacional, una ausencia de sentido y proyección como sujetos activos en la realidad laboral y social. Sobre esta cuestión se puede consultar Guy Standing, El precariado: una nueva clase social, Barcelona, Editorial Pasado & Presente, 2013. Para el caso brasileño una referencia importante es el libro de Ruy Braga, A política do precariado: do populismo à hegemonía lulista, São Paulo, Boitempo Editorial, 2012.
[2] Entrevista realizada por Leonardo Cazes para el Cuaderno Prosa del diario O Globo, 19/10/2013.

domingo, 2 de março de 2014

Crimea: la escalada y su trasfondo

Editorial
La Jornada

El parlamento ruso dio luz verde ayer a la solicitud formulada por el presidente del país euroasiático, Vladimir Putin, para desplegar sus tropas militares en la península de Crimea, enclave que formalmente pertenece a Ucrania, pero que cuenta con una población mayoritariamente rusoparlante y en el que se encuentra asentada una de las principales bases militares de Moscú, Simferopol. El despliegue militar, que inició casi de manera simultánea a la autorización referida, fue calificado por la Unión Europea como una escalada injustificada de tensiones por parte de Rusia. A su vez, Estados Unidos fue mucho más lejos en el tono discursivo al advertir al Kremlin sobre un aislamiento político y económico en caso de no revertir su operación militar en Crimea.

Si bien es cierto que la decisión adoptada por Moscú constituye un factor de tensión indeseable para la región y para el mundo, debe señalarse que la disputa territorial y geopolítica por Crimea no es un fenómeno reciente, y que antes bien ha sido recurrente a lo largo del pasado siglo: a partir de la revolución rusa de 1917, y tras haber formado parte de la Rusia zarista, la península se incorporó como una más de las repúblicas socialistas que integraron la Unión Soviética, y dicha condición prevaleció hasta 1954, cuando Crimea fue integrada a Ucrania por el dirigente soviético Nikita Jruschov. Reactivada a raíz de la independencia de Ucrania en 1991, la disputa por el control de Crimea entre Kiev y Moscú se ha acentuado desde principios de este año, como consecuencia de la violenta crisis política que derivó en el derrocamiento del presidente Viktor Yanukovich.

En efecto, desde que la oposición logró la salida del ex mandatario y la institución de un gobierno interino pro europeo en Ucrania, la mayoría rusa que habita en Crimea inició movilizaciones para desconocer al nuevo régimen de Kiev y exigir un mayor acercamiento con Moscú. Tal postura es, por lo demás, consecuente con las tradicionales aspiraciones hegemónicas del Kremlin en la región.

Visto más a fondo, la escalada de tensiones por Crimea se inscribe en la pugna geopolítica que sostienen Occidente y Rusia por situar a Ucrania en sus respectivas órbitas de influencia. Para Moscú, el territorio de Crimea y el de Ucrania en general tienen un elevado valor geoestratégico, no sólo por la perspectiva indeseable de un acercamiento a Washington, sino por ser territorios de paso obligado para las rutas de hidrocarburos a Europa, así como por razones de índole étnica, histórica, cultural y militar.

Por lo demás, no puede pasarse por alto que el anuncio de ayer formulado por Moscú y las reacciones de Washington y Bruselas prefiguran un ahondamiento de las divergencias entre Rusia y las potencias occidentales, y continúa una larga cadena de tensiones que han sido atizadas por estas últimas, en torno a temas como la pretensión de Washington de emplazar un escudo antimisiles en Europa del este, la secesión de Kosovo y el acercamiento de naciones como Georgia y la propia Ucrania a los gobiernos del Atlántico Norte.

Rusia, aun después de la caída del bloque soviético y del fin del llamado orden bipolar, sigue siendo la segunda potencia militar del mundo, y la perspectiva de un conflicto con Occidente, por indeseable que resulte para la de por sí precaria estabilidad mundial, no puede descartarse.

quinta-feira, 27 de fevereiro de 2014

Entre el capitalismo y la ecología

Daniel Mathews Carmelino
Quemanta

En las Conferencias Internacionales sobre Desarrollo Sostenible un tema que está lamentablemente ausente es el de la adaptación de nuestros sistemas económicos a los cambios climáticos. Pareciera que las distintas oficinas de las Naciones Unidas caminan por carriles paralelos, nunca se encuentran. Y sin embargo la realidad es una misma y no habrá más desarrollo si no nos fijamos en los informes sobre calentamiento global. Algo hay que hacer. La gran pregunta que anima el artículo es ¿Puede un gobierno ser capitalista y defensor de la ecología al mismo tiempo? Para eso le doy una mirada a las políticas de Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador.

En los cuatro casos se han dictado una serie de disposiciones legales e incluso constitucionales que pretenden proteger la naturaleza. En los cuatro se han desarrollado procesos de cambios que deberían haber potenciado estas políticas. El Perú logro derrotar la dictadura de Fujimori y comenzó un proceso de “transición a la democracia” que incluye la prisión del dictador. Ecuador, Bolivia, Colombia, han tenido importantes cambios constitucionales que incluyen artículos con contenido ecológico. Y sin embargo vemos en los cuatro que el extractivismo está ganando la batalla.

El nuevo siglo se inició en el Perú con un Gobierno de Transición, al ser declarado con incapacidad moral el Presidente Alberto Fujimori, por haberse fugado del país en medio de una grave crisis política. Durante el corto periodo de ocho meses de gobierno de Valentín Paniagua, se restableció el estado de derecho en el país, se logró estabilidad política y respeto a la institucionalidad democrática. Alejandro Toledo, luego de un proceso electoral democrático, se convirtió en el presidente del Perú para el periodo del 2001 al 2006.

El 2005 se dictó la Ley General del Ambiente que establece los principios y normas básicas para el efectivo ejercicio del derecho constitucional al ambiente saludable, equilibrado y adecuado para el pleno desarrollo de la vida. Regula la gestión del ambiente y sus componentes en el Perú, y estipula la aplicación de medidas de adaptación y mitigación para eliminar o controlar las causas que generan la degradación ambiental. El 2008 se crea el Ministerio del Ambiente con el fin de aplicar políticas acordes con dicha ley y los compromisos internacionales adquiridos.

Y sin embargo son cada vez más los espacios agrarios que pasan a convertirse en zonas mineras. En un país que en los años 60 produjo una importante reforma agraria que puso las tierras en manos de quienes la trabajan esto ha significado un constante enfrentamiento entre la política extractivista del gobierno y el movimiento social: 12 muertos durante el gobierno de Alejandro Toledo, 67 durante el segundo gobierno de Alan García y 27 muertos durante el gobierno Ollanta Humala.

Bolivia es un país que resulta importante por varias razones. Tiene un gobierno que resulta de luchas ambientales y que corresponde al liderazgo del cocalero Evo Morales. Tiene una actitud de mayor independencia frente al mercado internacional. Promueve mayor inversión social, cambios institucionales que favorecen la participación ciudadana y fortalecimiento del Estado. Ha elevado el Buen Vivir a categoría constitucional lo que supone una relación más positiva entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza. Por último hay que destacar el liderazgo mundial que dio lugar a su momento más destacado: la Cumbre de Cochabamba de 2010.

A fines de la década del 2000, e inicios de la siguiente, los temas de cambio climático ocuparon un lugar central en la agenda política del país, de la mano del presidente Evo Morales, para quien es central la interpelación a las causas estructurales del cambio climático y la demanda a los países desarrollados a reducir sus Gases de Efecto Invernadero (GEI) en sus fuentes domésticas y no a través de los mecanismos financieros de mercado.

El 2013 sin embargo estuvo marcado por el conflicto de la carretera TIPNIS. Se trata de un proyecto de unir el Pacifico con el Atlántico y que sin embargo afecta a un país que hace más de un siglo reclama su salida al mar. Evidentemente los beneficiados son Chile y Brasil. Pero también hay intereses Bolivianos, nuevamente relacionados a la política extractivista. En el plano de la institucionalidad del cambio climático, se genera el debilitamiento progresivo del Programa Nacional de Cambio Climatico hasta su cierre en 2012, así como el cierre del Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático en 2011.

En Colombia desde finales de la década del ochenta, la economía ha venido siendo objeto de una significativa diversificación hacia la superación del modelo mono exportador del café, por uno que incluye múltiples productos primarios, mediante el auge de industrias extractivas (minerales e hidrocarburos), manufacturas y prestación de servicios. Todo a partir de la implementación del modelo económico neoliberal impulsado por el Consenso de Washington de 1989.

Si bien la Constitución Política de 1991 no contiene disposiciones que aludan directamente al cambio climático, si contempla un amplio catálogo de normas en materia ambiental y reconocimiento de la diversidad cultural. A esto se suma la Ley 99 de 1993, que creó el sistema nacional ambiental y reconoció los principios de la Declaración de Río de Janeiro de 1992 —sobre medioambiente y desarrollo— como principios orientadores de la política. Además, el desarrollo jurisprudencial de la Corte Constitucional, en particular en materia de derechos ambientales y la protección de los territorios, han hecho de Colombia un país bandera en esta materia.

Algunas organizaciones de la sociedad civil, con experticia en materia de cambio climático y áreas prioritarias para la conservación, decidieron formar una Mesa para apoyar las iniciativas del gobierno. Además, participaron en la realización conjunta de talleres de información y diálogo temprano con pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas. Lastimosamente las recomendaciones y estrategias formuladas por la Mesa prácticamente se quedaron en la mesa, por no tener la capacidad de articularse con sectores gubernamentales.

Colombia es, de los cuatro, el país con menos preocupación ambiental. En la actualidad, la economía del país se encuentra en un proceso dirigido a alcanzar mejores niveles de competitividad, lo cual se acompaña de la flexibilización de la normatividad ambiental y la no definición de salvaguardas socioambientales.

La Constitución de la República que actualmente rige la vida jurídica del Ecuador es fruto de un proceso profundo de cambios en la estructura institucional del Estado, que inició en septiembre de 2007 con la inauguración de los trabajos de la Asamblea Constituyente de Montecristi, y que culminó con la promulgación de la nueva Constitución en octubre de 2008 luego de su aprobación mayoritaria en referéndum. El nuevo texto constitucional incorpora tres pilares fundamentales sobre los que sustenta su visión de país. Los tres resultan de gran relevancia en relación a la naturaleza, la diversidad cultural y los derechos vinculados a ellas: el buen vivir o sumak kawsay, el reconocimiento de derechos a la naturaleza y el carácter plurinacional del Estado ecuatoriano. Con respecto al cambio climático, la Constitución establece que el Estado adoptará medidas adecuadas y transversales para la mitigación del cambio climático, mediante la limitación de las emisiones de gases de efecto invernadero, la deforestación y la contaminación atmosférica; además, tomará medidas para la conservación de los bosques y la vegetación, y protegerá a la población en riesgo (art. 414).

Y sin embargo la iniciativa más atrevida del gobierno ecuatoriano muestra claramente sus límites. Se trata del compromiso del país para mantener indefinidamente inexplotadas las reservas de 846 millones de barriles de petróleo en el campo ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini), equivalentes al 20% de las reservas del país, localizadas en el Parque Nacional Yasuní en la Amazonía ecuatoriana. Pero es un compromiso condicionado a lo que haga la banca mundial. El Presidente Correa propuso que la comunidad internacional contribuya financieramente con al menos 3.600 millones de dólares, equivalentes al 50% de los recursos que percibiría el Estado en caso de optar por la explotación petrolera. Como la comunidad internacional no ha respondido el gobierno ecuatoriano piensa pasar por encima de los artículos que hablan de los derechos de la naturaleza, que prohíben la deforestación y que protegen a las comunidades en aislamiento voluntario.

En resumen: no puede haber cambio social que no pase por la ruptura con el capitalismo. Los intentos han sido saludables. Las propuestas de defender la naturaleza están ahí y seguramente son honestas. Pero no bastan. Y ya en los cuatro países los pueblos han comenzado a andar en la dirección del ecosocialismo. En esa dirección nos apuntamos.

segunda-feira, 24 de fevereiro de 2014

La geopolítica del cisma en Ucrania

Immanuel Wallerstein
La Jornada

Ucrania ha estado sufriendo un profundo cisma interno por algún tiempo ya. Éste amenaza con convertirse en una de esas feas guerras civiles que están ocurriendo en más y más países. Las fronteras de la Ucrania actual incluyen una grieta oriente-occidente que es lingüística, religiosa, económica y cultural, y cada bando es cercano a 50 por ciento del total.

El gobierno actual (que se supone dominado por la mitad oriental) es acusado de corrupción y autoritarismo por el otro bando en manifestaciones publicas. No hay duda de que esto es cierto, por lo menos en parte. Sin embargo, no queda claro que un gobierno dominado por la parte occidental pudiera ser menos corrupto o menos autoritario. En cualquier caso, el punto se propone internamente en términos geopolíticos: ¿debe Ucrania ser parte de la Unión Europea o tejer fuertes vínculos con Rusia?

Es, por tanto, quizá inesperado que YouTube muestre ahora una filmación donde la secretaria de Estado adjunto de Estados Unidos para Asuntos Europeos y Euroasiáticos, Victoria Nuland, discutiendo la estrategia política estadunidense sobre Ucrania vis-à-vis con el embajador de Estados Unidos. En esta cinta, la señora Nuland plantea el punto como una pugna geopolítica entre Estados Unidos y Europa (y más en particular Alemania). Es capturada en la diatriba al momento de decir: que se jodan los europeos –los europeos, no los rusos.

Antes de proceder con el análisis, ofrezcamos un poco de compasión hacia todas las personas importantes del momento. En años recientes ha habido mucha discusión acerca de la pérdida de privacidad en las comunicaciones. Pero esta discusión siempre ha estado relacionada con la gente común que es objeto del espionaje de los gobiernos, en particular la Agencia de Seguridad Nacional estadunidense (NSA, por sus siglas en inglés). Sin embargo, parece que esta pérdida de privacidad ahora se extiende a gente como la señora Nuland. Hay mucha especulación acerca de quién intervino su conversación y quién la tornó viral en el YouTube. El punto es que la pobre señora Nuland ya no está a salvo al decir nada –o al menos nada que ella no quiera que el mundo entero sepa.

Echemos un vistazo a quién es Victoria Nuland. Ella es una superviviente de la clíque neoconservadora que rodeaba a George W. Bush, en cuyo gobierno ella servía. Su marido, Robert Kagan, es uno de los ideólogos mejor conocidos del grupo de neoconservadores. Es interesante entender qué está haciendo alguien como ella en una posición clave dentro del Departamento de Estado de la presidencia de Obama. Lo menos que él y el secretario de Estado John Kerry hubieran podido hacer era retirar a los neoconservadores de un papel así.

Ahora, recordemos cuál fue exactamente la línea neoconservadora en Europa durante los días de Bush. El entonces secretario de Estado, Donald Rumsfeld, fue famoso por decir de Francia y Alemania que eran la vieja Europa en contraste con lo que él consideraba la nueva Europa, es decir, países que compartían los puntos de vista de Rumsfeld entorno a la inminente invasión de Irak. Para Rumsfeld, la nueva Europa eran Gran Bretaña, especialmente, y Europa centro-oriental, los países que fueron alguna vez parte del bloque soviético. La señora Nuland parece tener esa misma percepción respecto de Europa.

Entonces déjenme proponerles que Ucrania es meramente una excusa conveniente o específica para una división geo-política mayor que no tiene nada que ver con su cisma interno. Lo que acosa a los Nulands de este mundo no es la absorción putativa de Ucrania por Rusia –una eventualidad con la que ella podría vivir. Lo que la acosa a ella y a quienes comparten sus puntos de vista es una alianza geopolítica de Alemania/Francia y Rusia. La pesadilla de un eje París-Berlín-Moscú ha amainado un poco desde su clímax en 2003, cuando los esfuerzos estadunidenses de hacer que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas respaldara la invasión de Irak de 2003 fueron frenados por Francia y Alemania.

La pesadilla amainó un poco, pero sigue acechando justo bajo la superficie, y por alguna buena razón. Una alianza así tiene mucho sentido geopolítico para Alemania/Francia y Rusia. Y en geopolítica, lo que tiene sentido es una restricción a la que no puede afectarle mucho insistir en diferencias ideológicas. Las opciones geopolíticas pueden torcerse por parte de los individuos que ostentan el poder, pero la presión ejercida por los intereses nacionales de largo plazo permanece fuerte.

¿Por qué tiene sentido un eje París-Berlín-Moscú? Hay buenas razones. Una es el viraje de Estados Unidos hacia un Pacífico-centrismo, lo que remplaza su larga historia de Atlántico-centrismo. La pesadilla de Rusia, como la de Alemania, no es una guerra China-Estados Unidos, sino una alianza China-Estados Unidos (una que incluyera a Japón y a Corea también). La única manera que tiene Alemania de disminuir esta amenaza a su propia prosperidad y poder es una alianza con Rusia. Y su política hacia Ucrania muestra precisamente la prioridad que le otorga a resolver los asuntos europeos incluyendo a Rusia, en vez de excluirla.

En cuanto a Francia, Hollande ha estado intentando encantar a Estados Unidos actuando como si fuera parte de la nueva Europa. Pero desde 1945 el gaullismo ha sido la postura geopolítica básica de Francia. Presidentes supuestamente no gaulistas como Mitterrand y Sarkozy, de hecho han proseguido políticas gaulistas. Y Hollande descubrirá pronto que no tiene mucha opción, sino la de ser gaullista. El gaullismo no es izquierdismo, sino el entendimiento de que es Estados Unidos lo que amenaza el papel geopolítico de Francia, y que Francia tiene que defender sus intereses abriéndose a Rusia para contrabalancear el poder de Estados Unidos.

¿Quién ganará este juego? Eso sigue por verse. Pero Victoria Nuland se asemeja un poco al rey Canuto al ordenarle a los mares que amainen. Y los pobres ucranianos pueden descubrir que son forzados a coser sus heridas internas, les guste o no.