sábado, 21 de abril de 2012

Francia da la espalda a la realidad

André Glucksmann
El País

The Economist se burlaba, a fines de marzo, de “la más frívola de las campañas electorales” y parodiaba en su portada el Desayuno en la hierba de Manet, al mostrar a Sarkozy y Hollande coqueteando en una pradera, vestidos de oscuro, con una bella joven desnuda. Tanto la izquierda como la derecha se indignaron con los anglosajones. Sarkozy criticó al Financial Times y el equipo de Hollande negó a los ultraliberales el derecho a insultar al pueblo francés. Pero, por desgracia para nuestros virtuosos candidatos, ese sentimiento de inutilidad está también extendido en la propia Francia: los votantes consideran que se trata de una campaña de lo más aburrida y la abstención puede alcanzar cifras sin precedentes. No hace ninguna falta ser fanáticamente liberal para constatar, como el arzobispo de París, André Vingt-trois, que “en el fondo, las cuestiones que abordan los candidatos son solo francofrancesas y clientelistas” (Le Monde, 8-9 de abril). Sí, se da la espalda a la realidad. Pero ¿a qué realidad? La campaña presidencial francesa se desarrolla a puerta cerrada. Y los candidatos, pequeños y grandes, con toda su rivalidad, se ponen de acuerdo para no traspasar los límites de esa puerta.

Si alguno habla de lo que ocurre fuera de las fronteras es para mejor vender su desglobalización sin concepto. Hasta los europeistas convencidos, de cualquier ideología, tratan de aguar su fervor y su audacia. Los temas de la Europa colador, burocrática y entregada a una austeridad empobrecedora, tienen éxito: los consejeros de nuestros príncipes se consideran autorizados por un cuerpo electoral supuestamente esquivo y hostil. No cabe duda de que la precariedad del poder adquisitivo, el aumento del paro, las deslocalizaciones de las herramientas de producción y la inseguridad son asuntos que inquietan, pero ¿de dónde surge la descabellada idea de hablar de estos problemas tan importantes como si los países vecinos y los demás continentes, hoy tan próximos, no existieran (a excepción de una Alemania que unas veces es maravillosa y otras veces es el hombre del saco)? Francia, quinta economía mundial, segunda de Europa, parece tan dispuesta a inventar el “capitalismo en un solo país” como los estalinistas, en su tiempo, a fantasear con la idea de la fortaleza socialista asediada, con puertas y ventanas cerradas.

No somos más que sesenta y tantos millones de habitantes, en medio de los que pronto serán siete mil millones de seres humanos en plena mutación, siete mil millones que interfieren, se quiera o no, por las buenas o por las malas, en nuestra existencia. Seguí las primarias socialistas con gran atención y un asombro creciente. En tres sesiones televisadas de hora y media, ninguno de los candidatos se atrevió a hacer la menor reflexión sobre lo que ha dado en llamarse la “política exterior”. Algo que habría sido lógico en la logorrea de los líderes de extrema izquierda y extrema derecha, apóstoles de un proteccionismo de hierro y promotores de una nación solitaria y congelada, resultaba sorprendente en quienes aspiran a ejercer la función suprema; ¿o es que no van a viajar más que para hacer ofrendas florales?

Con una complicidad extraña y clandestina, los grandes partidos se ponen de acuerdo en no decir lo que piensan sobre las primaveras árabes, sus otoños ni sus posibles veranos; se ponen de acuerdo en no hablar jamás de Putin, su mandato vitalicio ni su emparejamiento con el PC chino en unos niveles de corrupción inimaginables; no dicen ni una palabra sobre Irán, su tiranía teocrática ni su bomba... Los apasionantes peligros de la actualidad internacional no deben agitar las aguas. Hemos conocido a un Sarkozy más locuaz, más enérgico (en Georgia, en Libia). En su discurso de Grenoble, con sus críticas sobre la invasión de los gitanos y otros marginados sin tierra —una falta moral y un error estratégico—, se desliza en el jardín de Marine Le Pen. ¿Se ha olvidado de 2007 y su exigencia de una política mundial que asegurase el respeto a los derechos humanos? Hoy, Hollande lleva la voz cantante, y los 10 años que transcurrió en la secretaría del PS, resolviendo querellas internas, demuestran que el mundo exterior sigue siendo para él completamente exterior.

En un quid pro quo, la izquierda y la derecha se otorgan mutuamente una plena y total absolución. El hecho de que Nicolas Sarkozy venda buques de guerra y de desembarco (Mistral) al pacífico ejército ruso, ávido de reconquistar el perímetro del imperio, no parece preocupar a Hollande; por lo menos, no dice ni una palabra al respecto. Los camaradas Mubarak, Ben Alí y Gbagbo siguen siendo miembros de la Internacional Socialista hasta que caen derrocados, pero en la UMP no sueltan prenda, sino que fingen ignorarlo. Lo que pasa más allá de nuestro patio trasero no nos importa nada.

La función real —el supuesto dominio reservado— del presidente de la República Francesa consiste en la gestión de los intereses y los ideales de Francia en el mundo. Sarkozy la ha ejercido, a veces con fortuna, a veces sin ella, a veces, perdido. ¿No ha extraído ninguna enseñanza? ¿Niguna reflexión que transmitirnos? ¿Y qué piensa de ello Hollande, encerrado en su mutismo? Hoy, en Siria, El Asad aniquila una ciudad detrás de otra, China y Rusia bloquean cualquier decisión de la ONU y, mientras tanto, Teherán y Moscú proveen de armas al asesino. ¿No hay nada que decir de este eje dañino? ¡Basta ya! El elector francés no asume responsabilidades, está infantilizado. Dando vueltas sin parar, deslumbrado por Bolloré, Le Fouquet’s, hasta la nausea. Mientras tanto, la tierra sigue girando, con sus buenas y sus malas noticias.

Acurrucado en sus vergüenzas familiares, el país renuncia. Angela Merkel, por sí sola, no va a salvar Europa, tan propensa —digna heredera del canciller Schroeder, vendido a Gazprom— a dar prioridad a la alianza con Rusia, su petróleo y su gas, en perjuicio de los “pequeños europeos” del este, que el Kremlin pretende volver a colonizar. No será Obama, por sí solo, quien resuelva los conflictos y las guerras que se ciernen, con toda su prisa en retirarse porque cree que así minimiza los riesgos. Y, por desgracia, no es la Francia autista que nos ofrecen la que sabrá afrontar los peligros y las oportunidades de una sociedad mundial intrínsecamente globalizada.

Desde el hundimiento del comunismo en el mundo, como realidad y como aspiración, la nueva globalización lo inunda todo. Trastorna equilibrios geopolíticos, sociales y mentales que se remontan a milenios y se proyecta en la producción y los intercambios de miles de millones de individuos, chinos, indios, brasileños, etcétera. Un maremoto así no tiene nada de idílico. La explotación salvaje, el nihilismo y la destrucción están en pleno apogeo, pero, al mismo tiempo, poblaciones inmensas observan su situación con ojos desengañados. Se rebelan por su supervivencia, su dignidad, su futuro. Empiezan a hacer caer a déspotas que se creían garantes del orden mediante la fuerza de las armas, la mentira, la prevaricación y los prejuicios étnicos y religiosos. Hasta los faraones rojos de Pekín se preocupan, mientras que la cleptocracia de Putin hace aguas.

Acabemos con las lamentaciones. Después de haber inventado la guerra total y la revolución totalitaria, Europa, en la segunda mitad del siglo pasado, elaboró con sumo cuidado el antídoto, el espíritu de una disidencia contra las dictaduras que se extendió desde Praga (Carta 77) hasta Pekín (Carta 08). La Unión Europea encarna ante el mundo una zona privilegiada de democracia y prosperidad. Una prosperidad relativa y frágil, sin duda. Una democracia que aún hay que perfeccionar, extender y defender. No está mal como programa para el siglo actual, lejos del decadentismo absurdo y suicida de las izquierdas y las derechas francesas.

Abramos las ventanas, que un viento de libertad despierte las valentías y arrastre los tabúes, ¿es que acaso Francia debe darse por vencida y encerrarse en vida?

quinta-feira, 19 de abril de 2012

Subúrbios franceses, territórios esquecidos, até a campanha eleitoral

Eduardo Febbro
Carta Maior

Há muito que não se tinha notícias deles. A última vez que eles foram vistos foi há pouco mais de um ano, em março de 2011, quando se celebraram as eleições regionais que a esquerda ganhou. Nem antes nem depois teve-se notícias tangíveis “dos representantes do povo”. Para a classe política, os subúrbios não existem, ou só adquirem uma vigência momentânea durante as campanhas eleitorais. Por isso Samir se surpreendeu quando, há alguns dias, encontrou pendurado na maçaneta da porta de seu apartamento um panfleto que dizia: “Vote François Hollande 2012”.

Samir mora há cerca de 10 anos em um desses monoblocos depressivos que enchem a paisagem dos subúrbios de Paris e das grandes cidades da França. ”Os políticos são como os cachorros maus: ficam mansos quando têm fome de eleitores”, diz. Em seu subúrbio de Antony, os políticos não fazem muitas paradas. Entre cinco e oito milhões de pessoas, desemprego, insegurança, ausência de infraestruturas adequadas, pobreza, exclusão social e racial, os subúrbios são um país dentro de outro, uma realidade à parte, outra dimensão.

Em Paris, esse território no esquecimento começa depois de atravessar o famoso Boulevard Periférico. ”Aqui vivemos em um apartheid disfarçado”, diz Georges Rahdam enquanto mostra com um amplo gesto do braço as torres e os monoblocos da Cité des 4.000, na localidade da Courneuve, um dos subúrbios quentes da capital francesa. Nestas semanas de campanha eleitoral para as eleições presidenciais de fins de abril e princípios de maio, os candidatos deram uma volta pelos subúrbios. O resto do trabalho é feito pelos militantes, que operam o “porta a porta” na busca dos votos. ”Mas somos invisíveis. Em 2007, o assunto dos subúrbios esteve presente na campanha. Agora somos os esquecidos da festa democrática”, constata Samir.

Basta dar uma volta por Clichy-sous-bois, o subúrbio de onde partiu, em 2005, a revolta dos bairros populares que se alastrou por toda a França. Parece que o tempo parou: ninguém veio melhorar a vida desta localidade onde a metade dos 30.000 habitantes tem 35 anos e onde o desemprego afeta 40% da população. Escadas sujas, elevadores quebrados, coletores destroçados e os muros cobertos com uma interminável ladainha de pichações e insultos, oferecem uma radiografia instantânea do estado da população: “Sarko, Marine (Marine Le Pen, a candidata da extrema direita), Hollande, todos podres”, diz um grafite pintado em preto. Aziz, um morador de Clichy diz cheio de cólera: “eles vão comer no Ritz (hotel de cinco estrelas), nós comemos arroz”.

Em francês, é um jogo de palavras entre Ritz e Riz – arroz. Há algumas semanas, a associação AC-Le Feu ocupou um Hotel parisiense para instalar ali “o ministério da crise dos subúrbios”. Mohamed Mechmache, presidente desta associação que agrupa os habitantes dos subúrbios, explicou que se “os candidatos à eleição presidencial não atravessam o periférico, nós viemos até onde eles estão”. Selma Merabtine, uma habitante de Clichy-sous-bois e militante da AC-Le Feu, reclama “da escassa importância que nos dão. A abstenção nos subúrbios nasce dessa indiferença dos políticos. Como ninguém atende nossos pedidos e nossa situação, então não votamos".

A ocupação do hotel alcançou sua meta: o candidato socialista François Hollande visitou o local ocupado e Nicolas Sarkozy, presidente em exercício e candidato a sua reeleição, enviou dois emissários. A AC-Le Feu pediu a mesma coisa que todos os subúrbios do país: “trabalho, escolas, transportes e uma política habitacional coerente”, explica Mohamed Mechmache. O responsável pela AC-Le Feu lamenta que o tema dos bairros populares tenha sido deixado totalmente de lado na campanha.

Fatima Hani, Secretária Geral da AC-Le Feu, reconhece que, no geral, quando se “fala dos bairros populares é para vê-los como lugares inseguros, onde falta repressão e não desenvolvimento. Depois, a tentação de misturar imigração com insegurança ganha terreno. Assim convertem um tema central da agenda política em uma mera questão de oportunismo eleitoral”. Em 2005, Sarkozy havia dito que era preciso limpar os bairros populares com “karcher”, um compressor de alta potência. Depois das revoltas de 2005, a direita governante prometeu um presente de Dia dos Reis. Nada.

Durante a campanha eleitoral para as eleições de 2007, os subúrbios e sua degradada situação foram objeto de inumeráveis promessas. O tempo passou e tudo continua igual. A direita desmontou os dispositivos instalados pelos socialistas e deixou em suspenso os bairros populares. “Ninguém se interessa pela nossa situação porque todos pensam que não somos franceses, que não somos iguais a eles”, diz com uma remota amargura Ibrahim, um vizinho de outro subúrbio quente, Grigny.

As pessoas oriundas dos subúrbios sofrem uma discriminação brutal. “O fato de ter um nome árabe e de estar domiciliado em um subúrbio com má fama basta para que nos recusem em um trabalho”, conta Albert Rahmed, um jovem morador de Clichy que há um ano estreou seu diploma de engenheiro de sistemas, sem encontrar trabalho. “Muita gente consegue um domicílio falso em Paris ou em um lugar com melhores referências”, diz Rahmed. Aqui a vida é dura, solitária, isolada. A insegurança é vivida a céu aberto. Nas entradas dos edifícios um montão de jovens passa o dia vendendo droga, provocando os passantes, procurando briga com o primeiro cachorro que passa.

”Não há trabalho nem nada que fazer. É um gueto de miséria”, diz Ahmad Chibil. Apenas 27 anos, um corpo de atleta, um diploma de analista financeiro de primeira categoria, mas sem trabalho. “Morar num subúrbio de má fama é como estar condenado: no trem, a polícia te para, na rua a polícia te para, de moto, a polícia te para. E se te perguntam o que você faz e você diz que tem um diploma e está procurando trabalho, ninguém acredita. Acham que é ladrão. No mês passado, às seis da tarde, uns policiais me disseram: não tem cara de diploma”.

As associações que agrupam os habitantes dos chamados “bairros populares” estão mudando sua posição. “Desta vez será diferente”, assegura Ahmad. Com a AC-LE Feu à cabeça, outras tantas associações se lançaram em um tour por toda a França para fazer aprovar as 23 propostas que submeteram aos candidatos. Depois das eleições pensam converter as associações em um movimento político específico dos subúrbios. “Talvez seja melhor assim – diz Ahmad --. Perdemos todas as esperanças, só nos resta a ação coletiva como horizonte”. A vida é áspera nestas zonas. Insegurança, desemprego e o silencioso assédio do desprezo social e racial, fizeram dos bairros populares uma realidade paralela. Tudo é diferente, como se falassem outro idioma e não fosse a mesma cultura, a mesma raiz, a mesma sociedade.

quarta-feira, 18 de abril de 2012

Petróleo y democracia

Horacio González
Página 12

Las medidas de democratización financiera, recomposición empresaria, soberanía energética, federalismo no estamental y autonomismo nacional que la Presidenta tomó sobre YPF pueden –y deben– significar una nueva perspectiva para la hipótesis general de una sociedad argentina emancipada. Los atributos de una democracia capaz de revisar con más fuerza las rigideces y desigualdades de nuestra sociedad siempre tuvieron que ver con la cuestión petrolífera. Esta no fue solo una cuestión de tecnología, perforación y metros cúbicos, sino también de sentido de la economía compartida y equitativamente distribuida. Y un poco más allá, de un llamado a construcciones políticas novedosas enraizadas en la conciencia colectiva. YPF no se equivocaba, desde sus orígenes, en ninguna de las tres letras que forman su sigla. “Yacimientos”, que significaba la economía descubierta en las napas profundas del territorio y una sutil apelación a lo que “subyace” y hay que recobrar; “petrolíferos”, porque la vieja y enigmática palabra que ya tiene varios siglos de antigüedad significaba el óleo que viniendo de rocas y huesos milenarios irrumpía en la era del capitalismo para definir, a favor o en contra, la suerte de los pueblos. En cuanto a “fiscales”, la expresión hoy suena un poco anacrónica o dislocada, entre tanta diversificación de su uso y tantas teorías del Estado decisionistas y no decisionistas. Pero no era así cuando en la época de Yrigoyen se le puso nombre. Fiscal significaba el poder público democrático operante, construyendo escuelas, viviendas, incluso poblaciones enteras y empresas fundadas en el interés público. Y aún hoy debe seguir significando eso.

La expresión Repsol obedece en cambio a un impulso publicitario de la globalización, de la cual son especialistas las agencias de creación de significantes deshabitados. Fueron tomados de una pequeña empresa de lubricantes española (Repesa), y lo completaron con la palabra “Sol”, la del astro, dijeron sus creadores, que “identifica a España en las culturas del norte”. He aquí un caso en que una sigla con tres consonantes que solo atípicamente pueden conjugarse y que son fonéticamente impronunciables de seguido, YPF, pero que se torna un trípode lingüístico de vasta resonancia social e histórica, mientras que poco puede significar una idea publicitaria alrededor del Astro Rey, que apenas nos dice lo que todo pueblo ha pensado de manera inmemorial sobre el sol. Pero en este caso se le agrega un pequeño pigmento suplementario, en el que ni querríamos esforzarnos para verle una resonancia, si bien lejana, añoradamente imperial. Nuestra España no es eso, sino un debate sobre la lengua, y un oído argentino siempre presto a escuchar a un Miguel Hernández, Cansinos Assens, Antonio Machado, Jiménez de Azúa, Claudio Sánchez Albornoz, Francisco Ayala, cada uno de ellos, maestros en su tema, y maestros de muchos argentinos.

YPF fue tema notorio de Raúl Scalabrini Ortiz, que lo toma como argumento central de sus escritos de la época frondizista –en un debate sobre quién debería encarnar la parte empresarial extranjera en los nuevos convenios—, y mucho antes fue palabra oscura lugoniana. Este gran autor argentino y hombre desdichado contribuye al golpe del ’30 contra Yrigoyen criticando erradamente el “estanco petrolífero”, pues así llamaba a la política de Mosconi, a la que le agregaba la crítica de que se había realizado un acuerdo con la compañía petrolífera soviética. Mosconi influyó en la creación de Ancap, la compañía energética uruguaya, y de YPFB, la compañía boliviana, que en algún momento expropió establecimientos de la Standard Oil. Por su parte, el Conselho Nacional do Petróleo, antecedente de Petrobras, no poco le debe a Mosconi, que era ingeniero militar y también ingeniero civil. Fue también el petróleo notorio tema de Arturo Frondizi, que en 1954 publica Petróleo y política, un libro de gran significación en la historia de las ideas argentinas, de posiciones estatistas y nacionalizadoras –luego abandonadas– y que se inspiraba en reflexiones que no poco tomaban de un marxismo de “estructuras y superestructuras”, desnutrido de mejores lazos con una imaginación social de mayor espesura, pero una gran novedad entonces por provenir del ámbito político del cual participaba esta notoria y ambigua figura política. Al comienzo del siglo XX no era ignorado el petróleo en la publicística argentina. Jorge Newbery y el ingeniero Tierry, en 1910, publican el primer libro argentino sobre petróleo, cuya reedición en la década pasada lleva prólogo de Fernando Solanas y Félix Herrero.

El golpe de 1955 tuvo también escenas petrolíferas sobre las cuales meditar hoy. Se recuerda la discusión en ese año sobre los contratos con la empresa California, subsidiaria de la Standard Oil, contratos que Perón defiende, Frondizi en su momento critica y los golpistas lo toman como pretexto para sus acciones (Lonardi anula ese convenio; poco después, Perón, en su opúsculo “Del poder al exilio”, lo justifica con argumentos desarrollistas –la necesidad de inversiones extranjeras– pero asemeja su caída a la del primer ministro Mossaddeg, de Irán, que en 1953 había intentado nacionalizar el petróleo y es derrocado por acciones cuyo origen tenía el sello de los intereses británicos y norteamericanos).

La cuestión petrolífera nunca fue, ni en la Argentina ni en ninguna otra parte, un hecho solamente de dimensiones ingenieriles, tecnológicas y empresariales. Todo eso principalmente lo es, pero la significación del petróleo –como la del oro– adquiere fuertes simbolismos y nos lleva a la relación entre la economía del subsuelo natural y las regiones de la cultura crítica y la historia de las ideas. “Petróleo” es una pieza retórica fundamental de la modernidad, como el ejemplo de los diques y aviones que daba Heidegger en “La pregunta por la técnica” o el estudio de la simbología del oro que se puede leer en El Capital de Marx. Decir petróleo es dar el nombre de una antigua encrucijada cultural en nuestro país, al que se le dice “país con petróleo pero no petrolífero”. No cambia con esta sutileza la cuestión. El petróleo, motivo de guerras, luchas empresariales, golpes de Estado, creación de naciones ficticias y puesta en rediscusión la era de los imperialismos, es una categoría intelectual del pensamiento político, demasiadas veces central en la comprensión de los acontecimientos históricos. No porque se trata de un determinismo que haría elemental cualquier razonamiento que no se base en él, sino al contrario, porque allí se sintetizan múltiples determinaciones de la conciencia pública y de la cimentación democrática, esto es, de nuestra sociodicea liberacionista.

Con la medida anunciada por la Presidenta, que es audaz y prudente al mismo tiempo, se liberan nuevas discusiones que involucran al conjunto del tejido histórico nacional. La íntima relación de esta decisión petrolífera la vemos tanto con la creación de una economía pública democrática, autosustentable y de tecnologías sobre las que puedan pesar decisiones autónomas, como con la primicia que aún está latente en la sociedad nacional, su lógica política emancipatoria registrada en todos los planos de la acción colectiva. En el de la política, la cultura, la lengua, los frentes sociales que laboren el espíritu público democráticamente movilizado y la cuestión nacional, siempre viva, tratada no con cerrazones de la racionalidad instrumental revestida de abstractas leyendas, sino con el verdadero carácter de las epopeyas que saben innovarse a sí mismas, en su pedagogía, en sus poéticas y en sus convocatorias a la vida intelectual y popular. Esto, en su triple dimensión de saber social, saber técnico y saber simbólico. Ni más ni menos que una nueva conjunción de la naturaleza con la historia nos depara esta significativa decisión sobre la cuestión petrolífera en la Argentina.

terça-feira, 17 de abril de 2012

Tragedia griega

Natalia Aruguete
Página 12

Ya lo había advertido en reiteradas oportunidades: Grecia debe defoltear su deuda y salirse del euro. Y una vez más, el griego Costas Lapavitsas lo repitió enfático: si los griegos “aceptan ser un rincón de Europa para vacacionar, entonces se pueden quedar en la Unión. Si no aceptan eso, deben irse del euro”. Destacado economista marxista, el profesor de la Universidad de Londres fue uno de los invitados para participar en Buenos Aires del Congreso de Economistas Heterodoxos, organizado por la Universidad Nacional de Quilmes.

¿Cuál es la principal causa de la crisis europea?

La causa más profunda es la estructura del sistema monetario europeo, que genera diferencias entre los países centrales y periféricos. Concretamente genera deuda en los países periféricos con respecto a los centrales. Pero la forma que toma este tipo de problema es distinta en cada país periférico.

¿Por ejemplo?

En el caso de Grecia, el problema es la deuda pública. En Irlanda, la deuda de los bancos. En Portugal, los créditos privados y las hipotecas. Un aspecto muy importante es que la crisis europea, que nació como crisis de la periferia, ahora se está moviendo hacia los países centrales europeos, y allí también la deuda aparece en el centro de la crisis. Ahora la deuda es importante, pero es el epifenómeno, por detrás hay otro fenómeno.

¿Cuál?

Se están desarrollando dos tendencias clave. La primera es la persistencia del déficit de acumulación, los países maduros (centrales) tienen problemas de dinamismo de su capitalismo y no encuentran nuevas áreas, lo cual deviene en problemas para la capitalización: su tasa de ganancia no cae, pero no crece. Eso evidencia su imposibilidad de poder seguir. Hay un estancamiento salarial en Alemania y Estados Unidos. La segunda tendencia es la financiación. Como el capital pierde dinamismo productivo, la financiación va ganando espacio y empieza a intervenir en sectores en que antes no intervenía. La combinación actual es producción débil y deuda alta. Es una pelea de burbujas.

¿Cuál es la diferencia entre la crisis bancaria y la crisis de deuda? Angela Merkel hace esta distinción y atribuye responsabilidades diversas respecto de cada una.

La deuda es importante en todos los rangos: hogares, empresas del Estado y bancos. El tema deuda se metió en todos lados y va a quedarse por muchos años. Pero la deuda es el resultado, no la causa de todo lo que estamos hablando. La deuda bancaria está relacionada, pero es diferente. Es un aspecto particular y muy peligroso de la crisis capitalista.

¿Por qué?

Porque los bancos son el sistema nervioso del capitalismo actual. En la crisis financiera de 2007, los Estados intervinieron rápidamente y se hicieron cargo para evitar el colapso bancario. Si hubiese habido una crisis bancaria, habría sido otra crisis. Cuando se habla de crisis financiera, se piensa en falta de liquidez. Pero la crisis financiera es una cosa muy amplia. En una crisis bancaria, que es algo muy específico, los bancos están en el centro. En este caso es distinto porque los bancos fueron salvados. El problema es que los bancos tienen deudas de mala calidad. Esto se vuelve un problema de solvencia. Las crisis financieras son crisis de liquidez; en las crisis bancarias, en cambio, no se paga, hay una quiebra. Eso hace la diferencia. En los últimos cuatro o cinco años, los Estados han estado muy atentos a que la crisis financiera no deviniera en un colapso bancario.

¿Cómo describiría la dinámica de los Estados para enfrentar la crisis?

El Estado es el alma del capitalismo y el neoliberalismo. El neoliberalismo sin el Estado no tiene posibilidad de existir. Por lo pronto, el Estado previno que no fuera una crisis del alcance de la del ’30. Esta dinámica tomó tres formas. La primera forma de intervenir fue bajar la tasa de interés. Esto supone subsidiar a los bancos que toman los créditos muy baratos del Estado, con tasa casi cero, y luego lo prestan. La segunda forma fue, directamente, capitalizar a los bancos con dinero público. Cuando a los bancos les va mal, tienen al sector público para capitalizarlos. ¡Es muy barato eso! La tercera fue darles liquidez para que tuvieran la ventanilla abierta y sacar dinero en cualquier momento. El Estado maneja el control, el monopolio de la emisión monetaria. También controla los ingresos fiscales. Ambos mecanismos le dan el poder para intervenir y subsidiar a los bancos.

¿Cómo evalúa este comportamiento del Estado?

El Estado interviene como clase: utiliza recursos sociales para subsidiar al sector financiero. No todos los Estados pueden operar de la misma manera y esa diferencia debe tenerse en cuenta. Los países periféricos intentaron hacer lo mismo, utilizar los mismos mecanismos, pero ellos también son débiles, y sus propios problemas les impidieron participar en esta crisis. Cuando el sector financiero funciona mal, el Estado lo salva y, al mismo tiempo, el sector financiero daña al Estado, lo debilita porque le pone una carga que es enorme. Es un tema contradictorio: el Estado salva y, al mismo tiempo, se hunde.

¿Encuentra alguna relación entre esta actitud de los Estados y el creciente poder del sector financiero y su influencia en el sistema político?

En lo inmediato, este sector tiene gran incidencia en la acción política en países como Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Grecia, Portugal, Irlanda. Es difícil de comparar, pero tiene influencia en todos lados. Hay intereses cruzados, dependencias, ese tipo de vínculo hace que puedan tener poder. De hecho, el sector que produce problemas también provee ministros. Sin embargo, no es verdad lo que muchos dicen sobre que ellos manejan todo. Hay que desmitificar esa idea.

¿Cómo se genera entonces?

En realidad hay una relación compleja, de alta interrelación, entre el sector industrial, el comercial y el financiero. Pero no es la misma relación que a principios de siglo XX, cuando los bancos con mucho poder compraban todo. Hoy, otras entidades van a los bancos, toman dinero, hacen ganancias también con el dinero financiero. Hay una alta relación porque hay intereses complementarios. Muchos en Europa estaban esperando que se diera un conflicto entre sector comercial y financiero, pero nada de eso ha ocurrido.

¿Qué problemas está causando el intento por mantener el euro?

Es muy llamativo el comportamiento de los países centrales europeos con respecto al euro: saben que mantenerlo es peligroso, pero, sin embargo, no han hecho nada para cambiar este desequilibrio entre países periféricos y centrales. No hubo cambios con respecto al desequilibrio, que se profundiza más con la austeridad y el ajuste.

¿Cómo ve el caso de Alemania en este contexto?

El caso de Alemania es muy particular porque hay un encuentro de intereses entre grandes bancos y exportadores, que son la columna vertebral del euro. Para ellos, el dinamismo no está en el mercado interno. El mercado doméstico alemán no ha mejorado la situación de los empleados y no tiene dinamismo. Entonces, muchos bancos y exportadores pueden unir fuerzas, ya que son muy influyentes, y tomar la posición de Alemania para el resto del mundo. Alemania cuida muy celosamente estas relaciones. Un tema importante es la austeridad, que forma parte de esta lógica y también va hacia adentro. Y al mismo tiempo la trasladan hacia afuera, planteando que “ustedes tienen que hacer lo que nosotros hicimos: mantener los salarios bajos”. Lo que pasa es que cuando se crea una comunidad económica de este tipo, hacer lo que hace Alemania es insostenible porque está quebrando al resto de Europa.

¿Cree que es posible que los gobiernos fuertes de Europa escuchen voces alternativas?

Lo que han hecho es todo lo contrario: afirmar la austeridad, la baja de salarios, la crisis en la periferia y suponer que esto va a solucionarse. Por eso creo que la capacidad de cambiar es muy limitada.

En el escenario que describe, ¿qué análisis hace del canje de deuda en Grecia?

Lo más importante que pasó en Europa en los últimos meses es que Mario Draghi (presidente del Banco Central Europeo) ha provisto de liquidez a los bancos por un billón de euros. Y al mismo tiempo se hizo un acuerdo sobre qué hacer con la deuda griega respecto de los tenedores privados. Este acuerdo supone algún tipo de pérdida a los tenedores de deuda, pero una pequeña porción de esa deuda fue tomada por bancos internacionales mientras que la mayor parte la tomaron los bancos griegos. El Estado tomó deuda otra vez para darles crédito a los bancos, de manera que los sectores privados han sido retirados de la crisis con este “salvataje”. Y además, el total de la deuda griega no va a caer mucho, quizás un 10 por ciento.

Pero fue presentado como una quita muy importante.

Lo que ha pasado con esta situación es lo siguiente: los bancos internacionales no están muy involucrados, sí lo están los bancos griegos, que obtienen dinero por parte del Estado para no hundirse. Si uno hace el cálculo general, la quita de deuda es muy baja, menos del 10 por ciento. Entonces, a esa deuda, que hace dos años era casi toda privada, la convirtieron en una deuda centralmente pública. Desde el punto de vista de los bancos da esa sensación (que ha sido una quita importante). Pero ésa es la perspectiva de los bancos porque, en realidad, la deuda griega ahora pasó a ser una deuda entre Estados.

¿En qué sentido?

Los fondos que se han provisto para salvar a Grecia vienen del Fondo Monetario Internacional y de algunos países, de manera que ahora es un tema entre gobiernos y no de los privados con Grecia. El costo es más austeridad y más liberalización. La economía griega ya está en depresión y esto va a profundizar esa depresión. Por lo tanto, las condiciones de la quiebra van a ser peores para Grecia porque tendrá menos capacidad de afrontar la deuda.

¿Cree que en este escenario Grecia debe seguir dentro de la Unión Europea?

Los griegos tienen su opción: si ellos aceptan un salario de 300 euros por mes, pensiones de 150 euros, un desempleo del 20 por ciento, falta de trabajo para los jóvenes, es decir, convertirse en una esquina insignificante, chica, lateral y paralizada, ser un rincón de Europa para vacacionar, entonces se pueden quedar en la Unión. Si no aceptan eso, si quieren un mejor futuro, deben irse del euro.

segunda-feira, 16 de abril de 2012

España: Izquierda Plural a favor de la desaparición de la Monarquía

Fernando Garea
El País

Izquierda Unida (IU) ha insistido hoy en que quiere que se celebre un referéndum para que los ciudadanos decidan si prefieren un Estado monárquico o republicano. Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida y portavoz del Grupo de Izquierda Plural, ha afirmado que no habrá "democracia plena" en España hasta que el jefe del Estado pueda ser elegido por todos los ciudadanos. "Cada vez más gente asiste atónita a la jefatura del Estado que tenemos, la forma de elección y también las actividades que estamos conociendo y que dicen muy poco de la actitud ética que tiene que mantener", ha avisado en rueda de prensa después de que el Rey haya tenido que ser operado de la cadera tras una caída accidental cuando se encontraba en Botsuana en un viaje para cazar elefantes.

Izquierda Unida llevará este asunto al Congreso con una batería de preguntas con la que, entre otras cuestiones, quiere saber quién financió el viaje y si participaron en él empresas privadas. A juicio de Lara, el monarca está dando "malas señales" al exterior de la 'marca España'. Lara ha censurado la "falta de ética" que ha mostrado el Rey con su viaje para cazar elefantes, "por no englobar en falta de ética total y alguna cosa más de todo lo que está rodeando a la Casa Real en las últimas semanas y los últimos meses".

Por ello, ha anunciado que su formación llevará este asunto al Congreso y pedirá al Gobierno que informe por escrito si todos los gastos del safari fueron pagados con cargo al presupuesto público de la Casa Real, que, según ha recordado, este año se acercará a los nueve millones de euros. A este respecto, el líder de IU ha recordado que la partida de la Casa Real sólo bajará un 2% este año y la de la Iglesia no será modificada. "Son las dos instituciones que menos están colaborando a salir de la crisis", ha remarcado. Y también quiere saber si el viaje del Rey ha acarreado gastos a otros ministerios por asuntos relacionados con la seguridad o protocolo y si el Rey fue al viaje acompañado por empresarios. "Y vamos a preguntar si alguna de las empresas que le acompañó pudo financiar el viaje", ha incidido Cayo Lara.

Entre las cuestiones, IU también pedirá detalles de los protocolos de relación entre la jefatura del Estado y el Gobierno, ya que a su juicio "no se puede disociar el estatus privado y el público" del Rey, especialmente en viajes de la magnitud del realizado a Botsuana. Lara ha lamentado que, de no haber sido por la caída accidental del Rey, el viaje hubiera quedado oculto y ha censurado que, si el Gobierno ya tenía conocimiento de él, no informara a los grupos parlamentarios en la Junta de Portavoces celebrada en el Congreso la pasada semana.

Según ha subrayado, las actividades del Rey afectan a todos los españoles independientemente de su opinión sobre cuál debería ser el modelo de Estado, por lo que ha exigido "paredes de cristal y puertas abiertas" en la Casa Real para lograr "transparencia plena". Iniciativa per Catalunya (ICV-EUiA), su partido hermano en Cataluña, ha emplazado por su parte al Rey a que abdique cuanto antes. "Con lo que está pasando en el país, con el riesgo de ser intervenidos y con miles de personas en el paro, merece ser reprobado", ha señalado su portavoz, Dolors Camats.

Desde el mismo partido, Joan Coscubiela y Laia Ortiz han justificado los requerimientos de información "ante la inquietud generada en la ciudadanía en relación a diferentes aspectos de este viaje, de las actividades con él relacionadas y ante la falta de información por parte de la Casa Real".

A todas estas preguntas se sumarán las 28 que va a presentar Esquerra Republicana (ERC). Como en los casos anteriores, consistirán en pedir al Gobierno que explique qué conocimientos tenía sobre el viaje y cuánto costó a las finanzas públicas, entre otros datos. Estas cuestiones se suman a las más de 100 que ya registró ERC a raíz del caso Urdangarin, y se dirigen al Ejecutivo por la condición jurídica de "irresponsable" que tiene el Monarca por sus hechos, según interpreta la Constitución. El portavoz de ERC en el Congreso, Alfred Bosch, ha pedido que se regulen por ley los regalos que puede recibir la Casa Real, tal y como ya pidieron en una de las preguntas anteriores. Para el republicano, esta última no es una cuestión secundaria porque bajo forma de regalo se pueden incluir "prácticas que nadie desea". Desde Navarra, los portavoces de Nafarroa Bai, Bildu e Izquierda-Ezkerra se han mostrado a favor de la desaparición de la Monarquía.

segunda-feira, 9 de abril de 2012

A esquerda após a crise de 2008

Eleonora de Lucena
Folha

Para o sociólogo Göran Therborn, que vem ao Brasil para lançar Do Marxismo ao Pós-Marxismo?, movimentos como o Occupy e os indignados espanhóis se caracterizam como defensivos, sem virar o jogo político. Aqui, ele analisa economia e política na Europa e nos EUA.

A crise financeira não tirou a esquerda da defensiva; a direita derrotou a social-democracia na Europa. Mas a falta de saídas neoliberais deve fazer o pêndulo do ciclo eleitoral mudar de tendência. A avaliação é do sociólogo marxista Göran Therborn, professor emérito aposentado da universidade de Cambridge. Nesta entrevista, concedida por e-mail, Therborn, 70, fala das principais eleições no mundo neste ano, do declínio dos EUA e do individualismo.

No seu livro Do Marxismo ao Pós-Marxismo?, de 2008, o sr. diz que a esquerda está na defensiva. Ainda está?

No conjunto, sim. O crash financeiro e a aceleração da desigualdade econômica não colocaram a esquerda na ofensiva social em lugar nenhum. Existiram, e ainda existem, alguns movimentos inovadores, como a Democracia Real Ya! e o 15-M, na Espanha, e o Occupy Wall Street. Mas eles não foram capazes de mudar os parâmetros básicos do jogo político nacional. Os grandes protestos na Grécia têm sido claramente lutas defensivas. O movimento estudantil chileno, contra a mercantilização do ensino superior, é uma exceção. Ele foi capaz de se conectar com outras forças sociais e empurrou o arrogante governo Piñera para a defensiva.

Muita coisa mudou de 2008 para 2012: a crise financeira global, a Primavera Árabe. As mudanças o surpreenderam? O seu livro ficou desatualizado por causa delas?

Crises em economias capitalistas não surpreendem um cientista social ou um historiador social, embora prever as datas dos seus surtos seja tão difícil como prever as datas dos verões europeus. Os problemas sociais estavam se acumulando sob as envelhecidas ditaduras e oligarquias árabes, como indico em meu livro. Os incipientes movimentos de protestos foram colocados em um livro que publiquei depois, em dezembro de 2010 - "The World" (ed. Polity). Mas eu não esperava a primavera de revoltas.

É possível dizer que, com essas mudanças, o neoliberalismo está perdendo a hegemonia?

Muitas mudanças estão acontecendo sem uma causa em comum. O crash financeiro do Atlântico Norte não estava conectado com a Primavera Árabe, por exemplo. O crash sacudiu as próprias bases do sistema bancário anglo-saxônico. A crise de 2011 na Eurozona mostrou a capacidade de autodestruição das bolhas de fluxo de capital.

A Primavera Árabe também destacou que a liberalização das economias árabes nada havia conseguido de significativo em relação ao desemprego e às perspectivas sociais dos grandes grupos de jovens. Por enquanto, nenhuma força política está argumentando que a única via para um futuro melhor são mais privatizações e desregulamentações. Por outro lado, nos países mais ricos nenhuma alternativa articulada apareceu.

Alguns pensam que a crise põe a democracia em perigo, como nos anos 1930. O sr. concorda?

A democracia, no seu sentido mais limitado, de eleições livres e competitivas, não está em perigo. O amplo e diversificado estabelecimento do Estado de bem-estar social capitalista significa que os efeitos sociais dos choques econômicos hoje são incomparáveis com a miséria e o desespero criados pela depressão dos anos 1930.

Na Europa Ocidental não há movimentos fascistas com algum significado. O que há são xenófobos, principalmente islamofóbicos. Mas eles não ameaçam a democracia. Na Europa Ocidental, a ameaça à democracia vem da tecnocracia. A crise na Eurozona levou à suspensão de governos democráticos, eleitos, na Grécia e na Itália. Na Europa Oriental a situação é mais incerta.

A social-democracia perdeu credibilidade ao ser parceira do neoliberalismo europeu?

Sim, foi claramente o que aconteceu nas derrotas social-democratas na Grã-Bretanha, na Hungria, em Portugal e na Espanha. Mas, como não há solução liberal, o pêndulo do ciclo eleitoral tende a mudar. A social-democracia alemã está crescendo em pesquisas e nas eleições provinciais, e a vitória do socialista François Hollande na França é ainda uma boa aposta.

Como o sr. analisa as eleições na França, na Grécia e no México?

Hollande está à frente em questões sociais e econômicas. A guerra na Líbia não impulsionou a posição precária de Sarkozy, mas ele agora está ganhando força entre a direita xenófoba. A França é o único grande país capitalista com significativas correntes de extrema esquerda, que ganham entre 10% e 20% dos votos.

A Grécia tem uma esquerda com organização bem mais forte do que a Espanha. Tem chance de se tornar a maior força eleitoral no país. Mas está dividida entre três partidos e outras correntes que não convivem bem entre si. O conservador Nova Democracia pode ganhar por causa da divisão da esquerda. Os social-democratas, que se renderam às pressões da crise, serão os grandes perdedores.

O México tem um habilidoso porta-bandeira da esquerda, López Obrador, que organizou um vasto movimento com raízes nacionais. Mas tem a oposição da mídia e das máquinas do clientelismo. Não é provável que vença.

Qual sua previsão para os EUA?

Obama se revelou um presidente fraco, moderadamente conservador, completamente subserviente aos interesses imperiais dos EUA, o que eu esperava. Está enfrentando uma notável reação da direita. O movimento Tea Party logrou explorar a crise financeira com uma linha de extrema direita, que habilmente deixou de lado questões da crise e da desigualdade econômica. Comparativamente, o movimento Occupy Wall Street é pequeno e pobre. Como as primárias têm demonstrado, o Tea Party e os cristãos fundamentalistas moveram o Partido Republicano de volta para uma era [Barry] Goldwater. Com a incipiente recuperação econômica, é provável que Obama vença, mas certamente não de forma esmagadora como a de Lyndon Johnson em 1964.

Por que o sr. considera a influência dos EUA decadente?

Não considero "decadente", que é um termo moralista, mas em declínio, enfraquecida. O declínio é óbvio. No Egito, os EUA nada puderam fazer para preservar o seu segundo cliente mais caro do mundo (depois de Israel), nem foram capazes de impor um novo regime satélite. Em dezembro, Hugo Chávez lançou uma nova organização latino-americana fora da influência dos EUA, a Celac. Antes de 2000, isso seria impensável.

O declínio da influência norte-americana é acima de tudo geopolítico e ideológico. Suas bases são a ascensão de novos e grandes agentes econômicos (China, Índia, Brasil). Há perda de significado da liderança ideológica dos EUA após o fim da Guerra Fria e a óbvia incapacidade das receitas neoliberais anglo-saxônicas para a nova economia mundial.

A tentativa de substituir a Guerra Fria por uma caçada em grande escala, a guerra ao Terror, nunca foi levada a sério por ninguém fora dos EUA. Cada vez menos pessoas e políticos enxergam os seus interesses como coincidentes com os dos EUA. O risco de ignorar os interesses norte-americanos também diminuiu.

É preciso enfatizar onde não há declínio ou onde ele é muito pequeno. Enquanto a relativa predominância econômica dos EUA decai significativamente, não se deve esquecer que boa parte da vanguarda da economia mundial ainda é norte-americana: Apple, Microsoft, Facebook, Amazon, Boeing. Os EUA ainda são o centro do entretenimento de massa e da pesquisa científica. São a única superpotência militar, e seus gastos militares são mais do que o dobro dos gastos de China, Reino Unido, França, Rússia e Japão juntos.

Como analisa o marxismo hoje?

O marxismo é uma original unidade entre filosofia, análise social e política. Muito dessa unidade foi quebrada. Os políticos comunistas se desvincularam de Marx. Foi decisiva a transformação do capitalismo, com desindustrialização, revolução eletrônica e emergência do capital financeiro.

Tudo isso parou e inverteu a tendência de longo prazo anterior: propriedade coletiva, regulação pública e fortalecimento da classe trabalhadora. A queda da URSS foi um propulsor político, mas, sob uma perspectiva histórica de longo prazo, os impasses do socialismo soviético e da social democracia europeia tiveram as mesmas raízes. O marxismo como identidade coletiva foi seriamente enfraquecido e é improvável que torne a ter a sua força anterior.

Como o sr. analisa a questão do individualismo hoje?

É crucial distinguir entre o individualismo egoísta, fundamentado, do individualismo econômico, do solidário, essencialmente um individualismo existencial. O individualismo egoísta econômico existe no Tea Party. Exemplo. Uma apresentadora de TV protesta contra uma abordagem coletiva para a crise: por que ela deveria pagar a hipoteca do vizinho?

É um individualismo burguês na sua forma extrema, e tanto hoje como historicamente é coabitado com familismo patriarcal. O polo oposto está em movimentos juvenis mais progressistas. É um individualismo existencial, que afirma o direito a um estilo de vida individual, ter cabelo verde, ser bissexual, vegan, punk etc. Mas é capaz de ter empatia com os outros, dando apoio e solidariedade.

quarta-feira, 4 de abril de 2012

Os rebeldes na rua: O Partido de Wall Street encontra um adversário

David Harvey
Verso Books

O Partido de Wall Street controlou os Estados Unidos sem dificuldades por tempo demais. Controlou totalmente (em contraste com parcialmente) as políticas dos presidentes por pelo menos quatro décadas (para não dizer mais), independentemente de se algum presidente individual foi ou não seu agente por vontade própria. Corrompeu legalmente o Congresso por meio da dependência covarde de políticos dos dois partidos em relação ao poder do dinheiro e ao acesso à mídia comercial que controla. Graças a nomeações feitas e aprovadas pelos presidentes e Congresso, o Partido de Wall Street domina muito do aparato estatal e do Judiciário, em especial a Suprema Corte, cujas decisões estão crescentemente a favor dos interesses venais do dinheiro, em esferas tão diversas quanto eleitoral, trabalhista, ambiental e comercial.

O Partido de Wall Street tem um princípio universal de dominação: não pode haver qualquer adversário sério ao poder absoluto do dinheiro de dominar absolutamente. E esse poder é para ser exercido com um único objetivo. Os detentores do poder do dinheiro não devem apenas ter o privilégio de acumular riqueza sem fim a seu gosto, mas também de herdar o planeta, tomando direta ou indiretamente o domínio da terra, todos os seus recursos e as potencialidades produtivas que nela residem. O resto da humanidade se torna nessa visão supérfluo.

Esses princípios e práticas não surgem da ganância individual, falta de horizonte ou abusos (por mais que todos esses ocorram aos montes). Esses princípios se formaram no corpo político de nosso mundo por meio da vontade coletiva de uma classe capitalista instigada pelas leis coercivas da competição. Se meu grupo de pressão gasta menos do que o seu, então receberei menos favores. Se esse departamento gasta para atender às necessidades das pessoas, então se torna menos competitivo.

Muitas pessoas decentes estão presas a um sistema que está completamente podre. Se querem ter um salário razoável não têm outra opção além de se render à tentação do diabo: só estão “seguindo ordens”, como Eichmann disse, “fazendo o que o sistema pede”, como se diz hoje em dia, aceitando os princípios e práticas bárbaras e imorais do Partido de Wall Street. As leis coercivas da competição nos forçam todos, em diferentes níveis, a obedecer às regras desse sistema cruel e insensível. O problema é sistêmico, não individual.

Os ideais de liberdade e autonomia do partido, a serem garantidos pelos direitos à propriedade privada, livre-mercado e livre-comércio, se traduzem na realidade pelo direito de explorar o trabalho alheio, de despossuir as pessoas de seus bens a seu bel prazer e a liberdade de saquear o meio ambiente para seus benefícios individuais ou de classe.

No controle do aparato estatal, o Partido de Wall Street geralmente privatiza todos os ramos de atividade interessantes, abaixo do valor de mercado, para abrir novas frentes para a acumulação do capital. Arranja esquemas de subcontratação (do qual o complexo militar industrial é um exemplo claro) e de tributação (subsídios ao agronegócio e baixos impostos sobre os ganhos do capital) que lhe permitem limpar livremente os cofres públicos. Estimula deliberadamente sistemas regulatórios complicados e níveis surpreendentes de incompetência administrativa no resto do aparato estatal (vide a Agência de Proteção Ambiental sob Reagan e a Agência Federal de Gestão de Emergências e o “baita trabalho” de Brown sob Bush), de modo a convencer um público inerentemente cético de que o Estado não consegue ter um papel construtivo ou de apoio para melhorar a vida ou as perspectivas futuras das pessoas. Por fim, usa o monopólio da violência, que todo Estado soberano reivindica, para excluir o público do espaço público e para por pressão, vigiar e, se necessário, criminalizar e prender quem não aceitar de modo amplo suas ordens. É exímio nas práticas de tolerância repressiva que perpetuam a ilusão de liberdade de expressão enquanto essa expressão não expuser claramente a natureza verdadeira de seu projeto e o aparato repressivo sobre o qual repousa.

O Partido de Wall Street articula incessantemente a guerra de classes: “Claro que há uma guerra de classes”, disse Warren Buffett, “e é minha classe, os ricos, que a está fazendo e vencendo”. Em grande parte, essa guerra é articulada em segredo, atrás de uma série de máscaras e ilusões pelas quais os planos e objetivos do Partido de Wall Street se escondem.

O Partido de Wall Street sabe muito bem que quando perguntas políticas e econômicas se transformam em questões culturais não há como respondê-las. Geralmente aciona uma enorme variedade de opiniões de especialistas cativos, na sua maior parte empregados em institutos de pesquisa e universidades que financia e espalhados na mídia que controla, para criar controvérsias sobre assuntos que de fato não importam e sugerir soluções a perguntas que de fato não existem. Num instante, só fala da austeridade necessária a todas as outras pessoas para tratar do déficit e, num outro, propõe a redução de sua própria tributação sem se importar sobre o impacto no déficit. A única coisa que nunca pode ser debatida ou discutida é a verdadeira natureza da guerra de classes que tem mantido de modo incessante e tão cruel. Descrever algo como “guerra de classes” é, no clima político atual e no julgamento dos especialistas, colocar-se fora do espectro de considerações sérias, sendo chamado de imbecil, senão de sedicioso.

Mas agora pela primeira vez há um movimento explícito que enfrenta o Partido de Wall Street e seu mais puro poder do dinheiro. A street (rua) de Wall Street está sendo ocupada — ô, horror dos horrores — por outros! Espalhando-se de cidade em cidade, as táticas do Ocupem Wall Street são tomar um espaço público central, um parque ou uma praça, próximo a onde muitos dos bastiões do poder estão localizados, e fazer com que corpos humanos convertam esse lugar de espaço público em uma comunidade de iguais, um lugar de discussão aberta e debate sobre o que esse poder está fazendo e as melhores formas de combater seu alcance. Essa tática, mais conspicuamente presente nas lutas nobres e atuais da praça Tahrir, no Cairo, se alastrou por todo o mundo (praça do Sol, em Madri, praça Syntagma, em Atenas, agora as escadarias de Saint Paul, em Londres, além da própria Wall Street). Mostra como o poder coletivo de corpos no espaço público continua sendo o instrumento mais efetivo de oposição, quando o acesso a todos os outros meios está bloqueado. A praça Tahrir mostrou ao mundo uma verdade óbvia: são os corpos na rua e praças, não o fluxo de sentimentos no twitter ou facebook, que realmente importam.

O objetivo desse movimento nos Estados Unidos é simples. Diz: “Nós, as pessoas, estamos determinadas a retomar nosso país dos poderes do dinheiro que atualmente o controlam. Nosso objetivo é mostrar que Warren Buffett está enganado. Sua classe, os ricos, não vai mais governar sem oposição e não vai mais herdar automaticamente a terra. Sua classe, os ricos, não está destinada a sempre vencer”.

Diz “Somos os 99%”. Somos a maioria e essa maioria pode, deve e vai prevalecer. Na medida em que todos os outros canais de expressão estão fechados por causa do poder do dinheiro, não temos outra opção a não ser ocupar os parques, praças e ruas de nossas cidades até que nossas opiniões sejam ouvidas e nossas necessidades atendidas.

Para ter êxito, o movimento precisa alcançar os 99%. Conseguirá e o está fazendo um passo por vez. Primeiro, há todas as pessoas jogadas na miséria pelo desemprego e aquelas que foram ou estão sendo despossuídas de suas casas e bens pela falange de Wall Street. Deve formar grandes coalizões entre estudantes, imigrantes, sub-empregados e todos os que estão ameaçados pelas políticas de austeridade, totalmente desnecessárias e draconianas, impostas sobre a nação e o mundo para atender ao Partido de Wall Street. Deve por o foco nos níveis estarrecedores de exploração nos locais de trabalho — dos empregados domésticos imigrantes que os ricos exploram tão cruelmente em suas casas aos funcionários de restaurantes que são escravizados por quase nada nas cozinhas dos estabelecimentos onde os ricos comem tão copiosamente. Deve unir os trabalhadores criativos e artistas cujos talentos são transformados tantas vezes em produtos comerciais pelo grande poder do dinheiro.

O movimento deve especialmente atingir todos os alienados, os insatisfeitos e os descontentes, todos os que reconhecem e sentem nas entranhas que há algo de muito errado, que o sistema que o Partido de Wall Street criou não é só bárbaro, antiético e moralmente errado, mas também está falido.

Tudo isso tem de ser unido democraticamente em uma oposição coerente, que também tem de contemplar livremente com o que se parecem uma cidade alternativa, um sistema político alternativo e, por fim, uma forma alternativa de organizar a produção, distribuição e consumo para o benefício do povo. Se não o fizer, o futuro para os jovens que se encaminha para uma crescente dívida privada e austeridade pública profunda, em benefício ao um porcento, não é um futuro.

Em resposta ao movimento Ocupem Wall Street, o Estado, apoiado pelo poder da classe capitalista, tem um argumento surpreendente: ele, e só ele, tem o direito exclusivo de regular e organizar o espaço público. O público não tem o direito comum ao espaço público! Com que direito prefeitos, chefes de polícia, oficiais militares e autoridades do Estado dizem ao povo que têm o direito de determinar o que é público em “nosso” espaço público e quem pode ocupar esse espaço? Quando consideram em seu interesse expulsar-nos, o povo, de qualquer espaço que nós, o povo, decidamos ocupar coletiva e pacificamente? Dizem que agem no interesse público (e se referem a leis para prová-lo), mas somos nós o povo! Onde está “nosso interesse” nisso tudo? E, aliás, não é “nosso” dinheiro que os bancos e financistas usam tão descaradamente para acumular “seus” bônus?

Diante do poder organizado do Partido de Wall Street de dividir e conquistar, o movimento que está emergindo também deve ter como um de seus princípios fundadores que não será dividido nem se desviará de seu curso até que o Partido de Wall Street caia na real — para ver que o bem comum tem de prevalecer sobre os estreitos interesses do dinheiro — ou de joelhos. Os privilégios corporativos de ter todos os direitos dos indivíduos sem as responsabilidades de verdadeiros cidadãos têm de ser eliminados. Os bens públicos, como educação e saúde, têm de ser oferecidos publicamente e acessíveis a todos. Os poderes monopolistas na mídia têm de ser abalados. A compra de eleições tem de ser considerada inconstitucional. A privatização do conhecimento e cultura tem de ser proibida. A liberdade de explorar e despossuir outras pessoas tem de ser controlada e, no fim, impedida.

Os estadunidenses acreditam na igualdade. Pesquisas de opinião pública mostram (independentemente da filiação partidária) que, para a população, os 20% deveriam ter 30% da riqueza total. O fato de os 20% mais ricos deterem 85% da riqueza é inaceitável. O fato de que a maior parte disso seja controlada pelos 1% mais ricos é totalmente inaceitável. O que o movimento Ocupem Wall Street propõe é que nós, o povo estadunidense, nos comprometamos a reverter esse nível de desigualdade, não só de riqueza ou salários, mas, ainda mais importante, o poder político que essa disparidade gera. O povo estadunidense tem orgulho, com razão, de sua democracia, mas ela está à mercê do poder de corromper do capital. Agora que é dominada por esse poder o tempo de fazer outra Revolução Estadunidense, como Jefferson sugeriu ser necessário há muito tempo, está se aproximando: e que seja baseada em justiça social, igualdade e cuidado e contato consciente na relação com a natureza.

A luta que se criou — o Povo contra o Partido de Wall Street — é crucial para nosso futuro coletivo. A luta é global assim como local em sua natureza. Reúne estudantes chilenos confinados a uma luta de vida ou morte contra o poder político para criar um sistema de educação gratuito e de qualidade para todos, desmantelando o modelo neoliberal que Pinochet impôs tão brutalmente. Engloba os ativistas da praça Tahrir que reconhecem que a queda de Mubarak (como o fim da ditadura de Pinochet) foi apenas o primeiro passo de uma luta para emancipar-se do poder do dinheiro. Inclui os indignados da Espanha, os trabalhadores em greve na Grécia, a oposição militante que surge em todo o mundo, de Londres a Durban, Buenos Aires, Shenzhen e Mumbai. A dominação brutal do grande capital e o poder do dinheiro estão na defensiva em todos os lugares.

De que lado vamos estar, nós, indivíduos? Que rua vamos ocupar? Só o tempo dirá. Mas o que sabemos é que o tempo é agora. O sistema não está só quebrado e exposto, mas também incapaz de qualquer resposta a não ser a repressão. Então nós, o povo, não temos outra opção senão lutar pelo direito coletivo a decidir como o sistema será reconstruído e com base em qual modelo. O Partido de Wall Street teve sua vez e fracassou miseravelmente. Como construir uma alternativa em suas ruínas é tanto uma oportunidade inescapável quanto uma obrigação que nenhum de nós pode ou vai querer deixar de lado.

terça-feira, 3 de abril de 2012

Elecciones en Francia

Ignacio Ramonet
Le Monde diplomatique

Por el momento, nadie tiene la partida ganada, aunque -según todas las encuestas- la final parece que se jugará entre dos candidatos: el presidente conservador saliente Nicolas Sarkozy, y el líder socialista, François Hollande. Pero quedan todavía varias semanas de campaña en las que muchas cosas pueden ocurrir. El entusiasmo popular que está levantando Jean-Luc Mélenchon da una nueva esperanza a las clases trabajadoras, a los militantes veteranos y a la multitud de los jóvenes indignados.

En Francia, la elección presidencial es "la madre de todas las votaciones" y el punto incandescente del debate político. Tiene lugar cada cinco años. Es un sufragio universal directo a dos vueltas. En principio, cualquier ciudadano francés se puede presentar a la primera vuelta, que tiene lugar esta vez el 22 de abril. Aunque debe cumplir una serie de requisitos. Entre ellos, contar con el apoyo de 500 cargos electos de al menos 30 departamentos (provincias) distintos. Si ningún candidato obtiene mayoría absoluta (más del 50% de los votos), se impone una segunda vuelta dos semanas después. Desde la instauración de la Quinta República en 1958, siempre hubo un segundo turno. A él acceden tan sólo los dos candidados que encabezan el primer turno. O sea, habrá que esperar hasta el próximo 6 de mayo para conocer el resultado. Entre tanto, toda la vida política gira en torno a ese acontecimiento central.

Por el momento, nadie tiene la partida ganada, aunque -según todas las encuestas- la final parece que se jugará entre dos candidatos: el presidente conservador saliente Nicolas Sarkozy, y el líder socialista, François Hollande. Pero quedan todavía varias semanas de campaña en las que muchas cosas pueden ocurrir. Y además, un tercio de los electores no ha decidido aún por quién votará.

Los debates se desarrollan en un contexto marcado por dos fenómenos principales: 1) la mayor crisis económica y social que Francia ha conocido en los últimos decenios; 2) una creciente desconfianza hacia el funcionamiento de la democracia representativa.

La Constitución sólo autoriza dos mandatos consecutivos. El presidente Sarkozy se declaró oficialmente, el 15 de febrero pasado, candidato a su propia succesión. Desde entonces la poderosa maquinaria de su partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), se ha puesto briosamente en marcha. Y ha conseguido que todos los demás candidatos de derecha (excepto el soberanista Nicolas Dupont-Aignan) se retiren de la contienda para dejarle como único representante de la corriente conservadora. La batalla sin embargo no será facil. Todos las encuestas lo dan por derrotado en la segunda vuelta frente al candidato social-demócrata François Hollande.

Sarkozy se ha vuelto muy impopular. En el extranjero, muchas personas no lo conciben porque unicamente perciben su imagen de líder internacional enérgico dirigiendo, junto con Angela Merkel, las Cumbres europeas o las del G-20. Además, en 2011, asumió también una postura de jefe militar y consiguió ganar dos guerras, en Costa de Marfil y en Libia. Por otra parte, en el aspecto "glamour", su matrimonio con la célebre ex-modelo Carla Bruni, con quien acaba de tener una niña, contribuye a hacer de él un actor permanente de la prensa del corazón. De ahí la perplejidad de la opinión pública extranjera ante su eventual derrota electoral.

Pero hay que tener en cuenta, en primer lugar, un principio político casi universal: no se ganan unas elecciones gracias a un buen balance de política exterior, por excelente que sea. El ejemplo histórico más conocido es el de Winston Churchill, el "viejo león" británico vencedor de la Segunda Guerra Mundial y derrotado en las elecciones de 1945. O el de Richard Nixon, el presidente estadounidense que puso fin a la guerra de Vietnam y reconoció a China popular, pero se vio obligado a dimitir para no ser destituido. Hay que añadir que otra ley parece haberse establecido en Europa estos últimos años en el contexto de la crisis financiera: ningún gobierno saliente ha sido reelegido.

En segundo lugar, está el balance de su mandato, que es execrable. Además de los numerosos escándalos en los que se ha visto envuelto, Sarkozy ha sido el "presidente de los ricos" a quienes ha hecho regalos fiscales inauditos, mientras sacrificaba a las clases medias y desmantelaba el Estado de bienestar. Esa actitud ha alimentado las críticas de todos los ciudadanos que, poco a poco, se han visto engullidos por las dificultades: pérdida de empleo, reducción del número de funcionarios, retraso de la edad de jubilación, aumento del costo de la vida... No cumplió sus promesas. Y la decepción de los franceses se amplificó.

Sarkozy cometió también garrafales errores de comunicación. La noche misma de su elección en 2007 se exhibió en un célebre restaurante parisino de los Camps Eliseos festejando sin complejos en compañía de un puñado de multimillonarios. Aquella interminable juerga en el Fouquet's quedó como el símbolo de la vulgaridad y la ostentación de su mandato. Los franceses no lo han olvidado y muchos de sus propios electores modestos jamás se lo perdonaron.

Con su hiperactivismo, su voluntad de estar presente en todas partes y de decidirlo todo, Sarkozy olvidó una regla fundamental de la Quinta República: el presidente -que posee más poder que cualquier otro jefe de ejecutivo de las grandes democracias mundiales- debe saber guardar las distancias. Dosificar con prudencia sus intervenciones públicas. Ser el señor de la penumbra. No quemarse por exceso de sobreexposición. Y es lo que le ha pasado. Su hipervisibilidad desgastó pronto su autoridad, y lo convirtió en su propia caricatura, la de un dirigente permanentemente acalorado, impetuoso, excitado.

Ni una sola encuesta, hasta ahora, lo da vencedor de estas elecciones. Pero Sarkozy es un guerrero dispuesto a todo. Y también, a veces, un golfo sin escrúpulos, capaz de actuar como un auténtico aventurero. De tal modo que, desde que se lanzó a la campaña el mes pasado, con un descaro monumental no ha dudado en presentarse -él, que ha sido el "presidente de los ricos"- como "el candidato del pueblo" esgrimiendo argumentos próximos de la xenofobia para robarle votos a la extrema-derecha. No sin eficacia electoral. Y en las intenciones de voto, inmediatamente ganó varios puntos hasta conseguir situarse por encima del candidato socialista.

Éste, François Hollande es, por el momento, el favorito de los sondeos. Todos, sin excepción, lo dan vencedor el 6 de mayo próximo. Poco conocido en el extranjero, Hollande es considerado por sus propios electores como un burócrata por haber sido durante más de once años (1997-2008) Primer secretario del Partido socialista. Contrariamente a su ex-compañera Segolène Royal, nunca fue ministro. Y su nombramiento como candidato de los socialistas no resultó evidente. Sólo fue designado después de unas durisimas elecciones primarias en el seno de su partido (a las que, por razones harto conocidas, Dominique Strauss-Kahn, el preferido de los electores socialistas, no pudo competir).

François Hollande es un social-liberal del centro, conocido por sus habilidades de negociador y su dificultad a tomar decisiones. Se le reprocha ser demasiado blandengue y mantener en permanencia la confusión. Su programa económico no se distingue netamente, en el fondo, del de los conservadores. Después de haber afirmado en un discurso electoral que "el enemigo principal" eran las finanzas, se apresuró de ir a Londres a tranquilizar a los mercados recordándoles que nadie había privatizado más y liberalizado más que los socialistas franceses. En lo que respecta al euro, a la deuda soberana o a los déficits presupuestarios, Hollande -que afirma ahora querer renegociar el Pacto fiscal- está en la misma linea que otros dirigentes social-demócratas, como Yorgos Papandreou (Grecia), José Socrates (Portugal) y José Luis Zapatero (España), quienes, después de haber abjurado sus principios y aceptado las horcas caudinas de Bruselas, fueron electoralmente expulsados del poder.

La flacidez política de François Hollande aparece aún más flagrante cuando se le compara con el candidato del Frente de Izquierda, Jean-Luc Melenchon. Con 14% de las intenciones de voto, éste está resultando la gran revelación de estas elecciones. Sus mítines son los que reunen el mayor número de personas, y sus discursos, verdaderos modelos de educación popular, los que levantan el mayor entusiasmo. El domingo 18 de marzo, aniversario de la revolución de la Comuna de Paris, consiguió movilizar a unas 120 000 personas en la plaza de la Bastilla, cosa jamás vista en los últimos cincuenta años. Todo ello debería favorecer un viraje a la izquierda de los socialistas y de François Hollande. Aunque las diferencias de lineas son abismales.

El programa de Jean-Luc Melenchon, resumido en un librito titulado L'Humain d'abord! (¡Primero lo humano!) del que ya se han vendido centenares de miles de ejemplares, propone, entre otras medidas: repartir la riqueza y abolir la inseguridad social; arrebatarle el poder a los bancos y a los mercados financieros; una planificación ecológica; convocar una Asamblea constituyente para una nueva República; liberarse del Tratado de Lisboa y construir otra Europa; iniciar la desmondialización...

El entusiasmo popular que está levantando Jean-Luc Mélenchon da una nueva esperanza a las clases trabajadoras, a los militantes veteranos y a la multitud de los jóvenes indignados. Es también una respuesta a una democracia en crisis en la que muchos ciudadanos ya no creen en la política ni en el ritual de las elecciones.

Mientras se desinfla la extrema derecha y fracasa la tentativa de revivirla mediante el experimento de Marine Le Pen, estas elecciones presidenciales francesas podrían demostrar que, en una Europa desorientada y en crisis, sigue viva la esperanza de construir un mundo mejor.

domingo, 1 de abril de 2012

Malvinas: Contarlo desde marzo

Mario Wainfeld
Página 12

Las dictaduras prolongadas pueden llegar a parecer eternas (al menos para quienes las sufren). Impenetrables como un bloque de cemento. Pero un día se resquebrajan. Ese día, de ordinario, no surge de milagro ni de improviso: el deterioro es progresivo, pero no siempre se percibe. De pronto, por así decir, lo sólido se muestra vulnerable, se cuartea. Así ocurrió, casi textualmente, con el Muro de Berlín, que sirve de ejemplo y de parábola al efecto. Así parece haber sido en las revoluciones de los países árabes ocurridas recientemente. La dictadura que arrasó con la Argentina se cuarteó el 30 de marzo de 1982, cuando una multitud la desafió en las calles, se movilizó tras una consigna sencilla y básica: “Paz, pan y trabajo”. El avance popular se hizo grito en estrofas que se venían coreando (cada vez con más adhesiones y menos pruritos) en las canchas de fútbol: “Se va a acabar/ se va a acabar/ la dictadura militar”. Cuando muchos creen que se puede acabar, sacuden sus temores y exponen sus cuerpos al efecto, es el comienzo del fin.

El 30 de marzo la dictadura empezó a caer. Reprimió ferozmente, pero los manifestantes no cejaban. Hubo un muerto, Dalmiro Flores, imposible reconstruir la cantidad de heridos. Columnas organizadas, militantes sueltos que recobraban viejas prácticas, jóvenes que hacían su bautismo de lucha tratando de llegar a la Plaza de Mayo, ¿dónde si no?

Hay un dato siempre ilustrativo para “leer” una movilización realizada en un día laborable, enfrentando carros de asalto, gases y perros: ver qué hacen quienes no participan. No hablamos de “la minoría silenciosa” o de la opinión pública, sino de las miles de personas de a pie que, de movida, son testigos presenciales. Los que estaban en la pura calle, en oficinas, en bares, en la zona que va desde Tribunales a la Plaza, el epicentro de la represión. “Los demás” eran muy mayoritariamente solidarios con los que más se jugaban: aplaudían, daban una mano o acercaban una botella de agua, abrían una puerta generosa para darle una aliviada a un prófugo, asistían a los golpeados. Puteaban (fuerte o por lo bajo, según su temperamento o su coraje) a “los milicos”, los que gobernaban y los que reprimían a su propio pueblo.

El célebre 2 de abril, es consabido, llegó tres días después. La decisión del desembarco, comentan los historiadores buceando en la turbia información dictatorial, estaba tomada antes. Como fuera, empíricamente ocurrió pocas horas después, cuando muchos manifestantes seguían presos, incluyendo a Saúl Ubaldini, que despuntaba como protagonista de los años venideros.

¿Pudo haber 2 de abril sin 30 de marzo? Es una hipótesis probable. En la tozuda realidad, que pesa más, no lo hubo. También es evidente que Malvinas fue una decisión de la Junta Militar para contrarrestar el deterioro de la dictadura. La fantasía de la “cría del Proceso” (una fuerza política democrática que la perpetuara, como pudo lograr más adelante el pinochetismo) se diluía. Hay otro factor esencial, que describe bien el juez Daniel Rafecas en su más que recomendable libro Historia de la solución final: uno de los objetivos estratégicos de todo genocidio es garantizar la impunidad futura. Para las mentes pensantes de la dictadura (que las tenía y por eso duró lo que duró y consiguió varios de sus objetivos) debía ser notorio que la impunidad se le escurría entre los dedos. Malvinas fue, pues, un intento de relegitimación, tal su matriz, su objetivo estratégico principal. Escindirlo de otros aspectos es un ejercicio conceptual posible, quién le dice necesario, pero imperfecto desde el vamos.

Apoyos y manipulación

Es imposible cuantificar el apoyo popular a la invasión y luego a la guerra. Las elecciones democráticas añaden a sus tantas virtudes la de medir con precisión el pronunciamiento soberano. En tiempos de dictadura los cálculos son más imprecisos. La primera reacción, según la mirada del cronista entonces y ahora, fue de un aval mayoritario, cuanto menos muy extendido. La manipulación del régimen, cabe acotar, no existió en ese primer momento. La dictadura difundió su propio imaginario: el golpe de mano sería exitoso, no habría guerra. Era un punto de vista descolocado, primitivo... pero hasta ahí, era sincero. Quienes lo acompañaban, por muy loables que fueran sus designios, resultaban funcionales al afán de perpetuación de la dictadura. El cronista expone su parecer, en un tiempo propicio para la reflexión y el debate: fue un error colectivo, tomando en cuenta costos políticos y beneficios virtuales. Más aún con el 30 de marzo fresquito en las conciencias.

A poco andar, los hechos contrariaron las torpes predicciones de los tiranos. Gran Bretaña y Estados Unidos no toleraron la afrenta, su historia lo anticipaba, ciego era quien no quería verlo. Desde que el plan inicial falló, comenzó un proceso de manipulación y desinformación mediática gigantesco en el que intervinieron los medios públicos y también los privados más importantes. Su impacto y credibilidad fueron inmensos. Es posible asumir la vulnerabilidad de una población embotada tras años de dictadura. Los autoritarismos extremos resienten la capacidad de pensar de todos sus súbditos, aun de aquellos que no son sus partidarios o se le oponen. La carencia de libertades públicas, de debate democrático, afecta a todos, aunque en proporciones disímiles. La mentira repetida era imposible de contrarrestar en el ágora. El sentimiento patriótico conspiraba contra la posibilidad de discernir entre verdad y mentira.

La perversidad de las autoridades fue muy lejos: convocaban a los alumnos a escribir cartas dirigidas a los conscriptos que, a poco andar, ni fueron remitidas. Se movilizó a miles de personas a que donaran sus bienes para un fondo patriótico. Personas conmovidas donaban lo mejor de sus patrimonios, lo que “no tenían”, los anillos de la familia, en un desfile conmovedor transmitido durante 24 horas seguidas por tevé. Fueron choreados, sin más.

En ese estadio, tal vez era muy complicado sustraerse al clima emocional reinante. De cualquier modo, sigue siendo chocante que se hayan sumado grupos militantes con saberes propios, conocedores y víctimas del terrorismo de Estado, exiliados que tenían formación ideológica, martirio sobre sus espaldas y otros modos de informarse.

Sin salida

La historia tiene trances difíciles, encrucijadas sin salida virtuosa posible. Malvinas lo fue por antonomasia. Racionalmente, en un documento o en un análisis, podía escindirse la reivindicación histórica de la motivación de la dictadura, del espaldarazo que le valió “la gesta”, del oxígeno que propiciaría una victoria o un pacto ventajoso. En el teatro de operaciones políticas, dentro del espacio continental que albergaba los campos de exterminio, la distinción era una sutileza imposible. Si se ganaba, del modo que fuera, era un golazo de los represores.

Y, de cualquier manera: ¿qué pensar y hasta qué desear cuando el propio país está en guerra, los soldados exponen la vida y los ingleses hunden el General Belgrano? León Rozitchner, un intelectual único y provocador, se atrevió a decir que deseaba la derrota argentina, pensando en las consecuencias aciagas de la victoria bélica. Había que tener coraje cívico para enunciar eso... no dejaba de ser un punto de vista aislado, muy ajeno al contexto. El cronista, que compartía la predicción, no pudo pensar igual. ¿Cómo anhelar la derrota y, sobre todo, los costos humanos que recaían en cuerpos que no eran los de los represores?

Como en ese pasado remoto, este escriba cree que, ante dilemas tales, es imposible desear ni imaginar nada bueno, que las cartas estaban echadas para un final trágico. La mezcla era insalvable, la coartada patriótica se puso al servicio de la prolongación del peor régimen que jamás tuvimos.

Llegó la rendición, que se avizoraba leyendo entre líneas la información del régimen. No fueron tantos los que se fueron percatando. Estalló la reacción popular, quizá con más furia por la mentira que por todo lo realizado. En el ínterin, una muchedumbre recibió al papa Juan Pablo II y coreó “queremos la paz”. En tres meses, las posiciones se fueron reformulando a ritmo de vértigo. Hubo desvaríos, duraron bien poco, se dejaron de lado para siempre. O por decir lo palpable, durante 30 años.

El sueño y la pesadilla de los héroes

La dictadura implotó con Malvinas, se derrumbó como los edificios sabiamente preparados al efecto. El saldo más terrible: centenares de soldados muertos, miles de vidas arrasadas, otra deuda de sangre generada por los represores. Quienes combatieron sin ánimos de blanquear la dictadura cumplieron su deber ciudadano, entregaron todo. La sociedad les debe agradecimiento, reparación, contención, homenajes.

¿Merecen ser llamados “héroes de Malvinas” todos los que empuñaron las armas? De nuevo, es forzoso distinguir. Los represores que (con emoción patriótica o sin ella, tanto da) combatían en pos de su impunidad y la conservación del poder son un conjunto bien distinto del de los conscriptos. Atávicamente, varios reiteraron en las islas sus hábitos de torturador, no con el enemigo en combate, sí con argentinos jóvenes, sus subordinados. Otros jóvenes, la misma praxis.

Todo rescate de Malvinas exige el beneficio de inventario. Los héroes de Malvinas, los hay, son los que viajaron sin fines subalternos. En parte fueron víctimas de la estulticia militar, muchos de su brutalidad. Pero también fueron protagonistas de una historia que no podía terminar bien. No lo sabían, no especularon, sólo merecen respeto y gratitud.

Treinta años después

Alguna vez el historiador Luis Alberto Romero preguntó si la bronca popular con los militares fue por haber iniciado la guerra o por haberla perdido. La pregunta es sugestiva, su respuesta tal vez varió (para mejor) con el andar del tiempo. No sólo en las palabras sino especialmente en el macizo terreno de los hechos.

La sociedad civil y el Estado argentinos construyeron en casi tres décadas una saga consistente de rechazo a la guerra y en general al uso de la fuerza. Los conflictos limítrofes con países vecinos se dirimieron por medios pacíficos, las relaciones con el vecindario son las más cooperativas de la historia, sin hipótesis de conflicto bélico que interfieran. En la política doméstica, con el ejemplo insigne de Madres y Abuelas, los movimientos sociales (aun los más radicales y afectos a la acción directa) son no violentos, en esencia.

Más en general y más retrospectivamente, los gobiernos nacionales y populares buscaron, con tendencia a la unanimidad, resolver los conflictos internacionales de modo pacífico, muy a menudo siendo concesivos en el plano territorial. Los presidentes Juan Domingo Perón y Raúl Alfonsín son ejemplos concordantes en ese aspecto. La tradición de los partidos nacional populares fue procurar la integración regional y ninguno de sus líderes jamás fantaseó con invadir Malvinas. Vale la pena resaltar el precedente, para contraponerlo a la ligereza con que se avaló el aventurerismo de la dictadura.

Son válidas las credenciales argentinas para peticionar negociaciones por Malvinas. Tres décadas de pacifismo ininterrumpido, la procura paciente ante los organismos internacionales, el repudio interno a la dictadura y juicios a sus responsables.

Ejercicios de introspección como el que propone el cronista líneas arriba son deseables, pero son exóticos a las tratativas internacionales. Los Estados y los pueblos no van a las mesas de negociaciones clamando autocríticas. No lo hicieron los alemanes y franceses como paso previo a construir el Mercado Común Europeo. No lo hacen los países que fueron colaboracionistas con el nazismo. La rectificación, los cambios de paradigma son el rumbo, se vienen emprendiendo.

Tácticas

Los sucesivos gobiernos surgidos desde 1983 elaboraron diferentes tácticas respecto de Malvinas. Los discursos que las sostuvieron también marcaron diferencias. El potente común denominador fue la vía pacífica y el ejercicio de la paciencia. Hasta la más necia y concesiva de todas, la menemista, se inscribe en el virtuoso denominador común, lo que no la absuelve pero la integra al conjunto.

Nadie puede sincerar en medio de un tira y afloje que espera poco del futuro inminente, pero todos los mandatarios asumieron ese condicionante. También los gobiernos kirchneristas que han sido activos en los foros internacionales y ganaron terreno en el conteo de aliados, en especial en América del Sur. El avance no establece un giro copernicano ni abrevia a meses lo que insumirá años, si hay grandes progresos. Pero combina, en dosis razonables, ambición de cambio y sensatez. Ni la dictadura ni la guerra están en la agenda de los argentinos. Desde ese salto de calidad histórico se recorre el espinel internacional.

Contarlo desde marzo

Puertas adentro, en la revisión permanente de las luchas populares, la crónica de la guerra de Malvinas debe contarse desde el 30 de marzo. Esa movida fue una epopeya popular, mucho más nítida y rescatable que el apoyo a un manotazo de ahogado de la dictadura, con un envoltorio grato a las tradiciones nacionales.

El 2 de abril es un feriado extraño, restaurado en democracia por el gobierno de Fernando de la Rúa. El 24 de marzo de 2001, al cumplirse 25 años del golpe militar, hubo actos masivos repudiándolo. El presidente y en especial su ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, quisieron compensar a las Fuerzas Armadas (bien mirado, a un sector retrógrado de ellas) reponiendo la fecha elegida por la dictadura. Es el Día del Veterano y de los Caídos en las Islas Malvinas: nada se celebra de la guerra ni del desembarco... aun así la fecha sigue siendo indigesta. Puede haber otras, menos connotadas por la demasía dictatorial. La Presidenta discurrió al respecto en discursos pronunciados este año, tal vez en 2013 la efemérides quede mejor situada.

El 30 de marzo no figura en rojo en el almanaque. No le hace: es una fecha gloriosa. El cronista no es un entusiasta de la instalación de efemérides, pero se pregunta por qué en la Argentina no las hay de grandes movilizaciones. El 17 de octubre, se dirá, sigue teniendo la sospecha del partidismo... en fin. El 30 de marzo, tras la convocatoria del sector rebelde del movimiento obrero, marcharon laburantes y militantes peronistas, también jóvenes integrantes de la Coordinadora radical y ciudadanos de izquierda. Si, más adelante, se agrega otro número rojo al calendario, vendría bien considerar esa jornada de gesta, con el pueblo en la calle, como para matizar la secuencia de necrológicas, días infaustos, hechos institucionales. Tal vez, quién sabe.