segunda-feira, 24 de novembro de 2008

Luis Sepúlveda: “La democracia chilena es todavía una democracia vigilada”


Geraldina Colotti
Il Manisfesto

«Chile es todavía una democracia vigilada», dice el escritor Luis Sepúlveda en la entrevista concedida a la periodista Geraldina Colotti de Il Manifesto, aprovechando la estancia de Sepúlveda en Italia para presentar su última colección de cuentos (La lámpara de Aladino).

En las recientes elecciones municipales la derecha ha conseguido la mayoría de concejales, y ahora trata de ponerse al frente de la protesta contra el gobierno. ¿Qué sucederá de aquí a las próximas elecciones presidenciales de 2009, cuando Michele Bachelet no podrá ya presentarse?

No creo que la derecha sea muy fuerte. Lo que ha ocurrido en las municipales es más bien que una izquierda que durante tantos años no ha podido participar en el juego político ha demostrado tener una enorme importancia. Durante la dictadura, un tercio de la población quedó fuera del juego político, no tenía derecho a tener candidatos al parlamento, mientras que ahora tiene el 30% de los representantes electos, y si considera que de toda la población chilena, sólo ha votado el 52%, quiere decir que sólo una minoría no está de acuerdo con el cambio en curso. La verdad es que la chilena es una democracia vigilada: no por los militares, sino por una constitución heredada de la dictadura. En estos 18 años, nadie ha tenido el valor de modificarla con un referéndum como querrían los ciudadanos, y como sería preciso para finalmente culminar lo que ha venido en llamarse transición a una democracia plena. Ahora sabemos todos que ésa es la fuerza política de la derecha y de los reciclados que negociaron con la dictadura el fin del gobierno dictatorial de Pinochet con la condición de que el modelos chileno, fundado en la injusticia absoluta, no fuera modificado. Chile es un país sin escuela pública, porque la escuela fue privatizada, como la sanidad. Si tienes dinero, te curas, si no, te mueres. La inflación avanza, pero Chile no es todavía un país en crisis; sin embargo, el crecimiento económico sólo ha beneficiado a una parte de la población, y todavía somos un país económicamente dependiente.

También la política hacia los indígenas mapuches se ha hecho basándose en las leyes de emergencia aprobadas por Pinochet, y sólo ahora parece vislumbrarse algún atisbo de apertura por parte de Bachelet.

Tengo una gran simpatía por el movimiento mapuche, que desarrolla la defensa del derecho natural a la tierra, aunque es evidente que, al punto en que están ahora las cosas, no se puede regresar a la situación anterior a la colonia. Pero creo que aceptar algunas reivindicaciones culturales y políticas de los mapuches es un buen punto de partida para cambiar las cosas. En este sentido, la izquierda tradicional tiene todavía que andar un buen trecho para combatir la desafección a la política institucional expresada por una gran parte de los movimientos, así como para asumir las aportaciones positivas procedentes de esos movimientos. Muchísimo de lo positivo sucedido en Chile desde el fin de la dictadura es fruto del movimiento altermundialista reunido en el fórum social chileno, que ha conservado la cultura política de una parte de la sociedad y sostenido el diálogo con el movimiento indígena, que ha estimulado las luchas por los derechos de las mujeres, de los gays y que hoy se bate contra la ofensiva conservadora de la Iglesia católica.

Ayer domingo hubo elecciones municipales en Venezuela. ¿Cómo valora usted el “experimento bolivariano” de Hugo Chávez en el que participa también el indígena Evo Morales?

Evo me parece una figura respetable, un dirigente indígena y cocalero votado democráticamente por el 70% de la población de su país. Pero no creo en el sedicente proyecto bolivariano. ¿Pero ha leído usted el documento fundacional? Es una grosera simplificación de la historia de América Latina, es la negación de la complejidad de la historia y de la realidad, y cuando se niega la complejidad de las cosas, siempre se termina mal. Y además, yo creo que esta idea del socialismo bolivariano es más interesante para la población urbana de Caracas que para una población amazónica que vive en una especie de comunismo primitivo.

En la Constitución bolivariana se presta mucha atención a la cuestión indígena.

Lo siento, pero a mí me parece un manual para boy scouts. Las constituciones serias son las de Andrés Bello, padre de todas las constituciones: Chile, Argentina… Por lo demás, ¡el librito tiene 1200 páginas!

Pero aquellas constituciones se quedaron en papel mojado. Ahora, en cambio, se ven hechos: las nacionalizaciones, el regreso de la soberanía popular, la participación…

… Y la demagogia de Chavez. El presidente del Ecuador, Correa, estuvo a punto de perder las elecciones por la intromisión de Chávez; tuvo que frenarlo. Y el presidente del Paraguay, Lugo, envió una delegación de urgencia a Caracas mandando decir a Chávez: te ruego te abstengas de mencionar al Paraguay, porque la verdad es que tengo posibilidades de ganar. Chávez es una figura compleja, de acuerdo, pero yo no puedo olvidar que es un militar, y yo no tengo simpatía por ningún militar latinoamericano.

Pero la historia del ejército en Venezuela no pasó por el adiestramiento en las escuelas de tortura de los Estados Unidos.

Es verdad, pero yo prefiero pensar en una América Latina que se atiene a la propia diversidad y desarrolla en cada país cursos de acción autónomos.

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