sexta-feira, 13 de março de 2009

La crisis jaquea a Sarkozy


Eduardo Febbro
Página 12

Los desaciertos de su gestión, la omnipresencia de su persona, las promesas electorales incumplidas, las protestas sectoriales que acarrean sus reformas y los privilegios fiscales que otorgó conformaron una auténtica oposición ciudadana.

El antisarkozismo es un negocio fructífero y un movimiento de oposición aún desorganizado que va ganando espacios a medida que crecen los descontentos. Entre huelgas, bloqueos sectoriales, alejamiento de la base electoral que lo votó, protestas por las reformas que lleva a cabo y rechazo virulento a lo que él representa, se va formando poco a poco un sólido eje de oposición. Los estantes de las librerías rebasan de libros –ahora críticos– sobre el presidente francés y algunos de sus emblemáticos ministros. Los medios de prensa de alcance nacional no reflejan aún con pertinencia esa realidad, pero lo cierto es que el presidente Nicolas Sarkozy paga en los sondeos de opinión y en muchos núcleos de adversarios el tributo de lo que, antaño, construyó su propio éxito.

Sarkozy paga también de forma indirecta el precio del escandaloso chupamedismo verticalista que impera en casi todos los medios de comunicación, radio, prensa escrita y televisión. Hay una generación de periodistas hechos a la medida del presidente, cuya actitud agranda la impresión de que Sarkozy no sólo ocupa todos los espacios públicos sino que, además, les impone su ley. Una idea exagerada pero que se ha impuesto con fuerza.

Los pro Sarkozy y los anti Sarkozy se disputan a menudo el premio de la virulencia. Entre ambos no cabe la más estrecha conciliación. El publicista Jacques Séguéla fue durante muchos años un hombre de izquierda a quien se le atribuye el mérito de haber contribuido a la victoria del difunto presidente socialista François Mitterrand. Ahora, como otros líderes socialistas de gran notoriedad, Jacques Séguéla es un sarkozista. Hace poco, en medio de un debate televisado sobre el pronunciado gusto que tiene el presidente francés por algunos objetos de lujo como los relojes Rolex, Séguéla dijo “vamos, un hombre que a los 50 años no tiene un Rolex es un fracasado en la vida”. Frente a un argumento tan brutal e insultante para el común de los mortales, el otro campo organiza su respuesta.

Hace unos días, a un joven informático se le ocurrió idear un plugin para el navegador Firefox que hace desaparecer las imágenes y las referencias sobre Nicolas Sarkozy en Internet. El geek francés desarrolló un programa libre que convierte a Sarkozy en un hombre invisible. Ocurre que la obsesión del presiente por la acción y, por consiguiente, por estar siempre presente, suscitó una vocación contraria: la obsesión de no verlo más. El creador del programa, que se hace llamar Tifrice, explica así su gesto: “A todos aquellos a quienes la hipermediatización y la hiperpersonalización de la presidencia francesa indigestan por una razón o por otra –angustia, náuseas, úlcera, insomnio, pesadillas, etc.– propongo que se declare invisible a Nicolas Sarkozy. Pero no soñemos tanto, sólo en Internet”. En lo concreto, una vez que el plugin se integra a Firefox basta con hacerlo funcionar y poner una cruz donde dice “limpiar las páginas” y así desaparecerán de la navegación todas las fotos y las frases donde figura el nombre deSarkozy y su esposa, Carla Bruni.

Al final, los desaciertos de su gestión, la omnipresencia de su persona en cuanta ventana pública aparece por ahí, las promesas electorales incumplidas, las protestas sectoriales que acarrean sus reformas, los evidentes privilegios fiscales que otorgó a los poderosos antes de la crisis mundial, los efectos de la crisis y el desencanto han terminado por conformar una auténtica oposición ciudadana.

No hay hoy un partido político para organizarla. Entre los socialistas que se pasaron al campo de Sarkozy, los pocos que se salvaron de las luchas internas, los que carecen de ideas y los que siguen enfrascados en peleas fratricidas, no parece haber espacio para darle voz y sentido a esa oposición. Nicolas Sarkozy gobierna sin que nadie sea capaz de oponerse a él. Los únicos que sacan provecho de la situación son los miembros de la extrema izquierda, los antiguos trotskistas que disolvieron la Liga Comunista Revolucionaria para fundar el NPA, el Nuevo Partido Anti Capitalista.

La oposición a Nicolas Sarkozy tiene un perfil muy peculiar, ya que es una ola en constante movimiento compuesta por una multitud de aportes: los médicos de urgencia, los universitarios, los anti OGM, los magistrados, los investigadores, los que se oponen a la existencia de ficheros policiales, los que están contra su intervención directa en la administración de los medios de comunicación, los psicoanalistas y los que, de manera global, están en contra de su política. Todos estos anti se fueron aunando al “llamado de los llamados”, un llamado de protesta que se fomentó a principios de año en los medios del psicoanálisis y que luego sumó muchas otras voces. El llamado dice así: “Nosotros, profesionales de la salud, del trabajo social, de la educación, de la justicia, de la información y de la cultura, llamamos la atención de los poderes públicos y de la opinión pública sobre las desastrosas consecuencias sociales de las reformas aplicadas de forma apurada en los últimos tiempos. En la universidad, en la escuela, en los servicios de salud y de trabajo social, en los medios de la justicia, de la información y la cultura, el sufrimiento social no cesa de acrecentarse”. El psicoanalista Roland Gori, uno de los iniciadores de esta llamado, explica hoy que “ha llegado la hora de coordinar esos movimientos diferentes y extraer todo el sentido político”.

Los observadores políticas destacan que esos movimientos, aunque atomizados, compiten con el movimiento eterno de Nicolas Sarkozy. Citado por el vespertino Le Monde, Vincent Tiberj, investigador en el Instituto de Estudios Políticos de París, explica que “la lógica del movimiento eterno querida por Nicolas Sarkozy llegó a su agotamiento porque el movimiento social logró establecer el lazo entre movilizaciones tan diferentes como la de los profesores-investigadores y la que estaba contra los despidos en el sector automotriz y en los hospitales”. Un péndulo frente a otro. La lógica de los movimientos perpetuos ha cambiado porque a las preferencias políticas de unos y otros se les ha impuesto otra, que es la lógica del antisarkozismo capaz de federar opiniones y sectores muy dispares.

quinta-feira, 12 de março de 2009

México: Los marines llegaron ya

Carlos Fazio
La Jornada

Finalmente, Estados Unidos tiene a México donde quería: en la fase de colombianización. Es decir, al borde de una intervención larvada y por etapas del Pentágono. Pasaron 13 años desde que el entonces secretario de Defensa estadunidense William Perry dijera ante 10 mil soldados y cadetes y la plana mayor de las fuerzas armadas mexicanas, en el Campo Militar No. 1, que la seguridad nacional entre su país y México era el tercer vínculo sobre el que ambas naciones cimentarían una relación unida, ya, por lazos políticos y económicos. Desde entonces, la sana distancia que había prevalecido en las relaciones entre los ejércitos de Estados Unidos y México comenzó a acortarse, y los últimos residuos de nacionalismo castrense cedieron paso a una remozada doctrina contrainsurgente de cuño estadunidense, que tomó como el enemigo interno al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y al Ejército Popular Revolucionario (EPR), y en años recientes a los ejidatarios de Atenco y La Parota y los pueblos de Oaxaca.

Con la coartada de la soberanía limitada y la seguridad democrática, valiéndose de eufemismos tales como la cooperación militar y las acciones mancomunadas de las fuerzas armadas de ambos países contra los cárteles de la droga, el intervencionismo bueno del Pentágono no será ahora con bombas, misiles y proyectiles, sino con asesores, agentes encubiertos y mercenarios (que bajo la fachada de contratistas privados de seguridad serán los encargados del trabajo sucio en la guerra de Felipe Calderón contra los malos).

Todo eso ya existe, claro. Pero se intensificará con la ampliación de la llamada Iniciativa Mérida, que al final resultó que era el Plan México disfrazado, símil del fracasado Plan Colombia, según reveló sin aspavientos Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. Y cosa curiosa: Mullen, el militar de más alto rango de la administración de Barack Obama, cuyo comando había identificado a México como un Estado fallido próximo a un colapso rápido y repentino, y por tanto sujeto de una intervención militar de Estados Unidos, no acaparó las primeras planas a su paso por México.

La razón es obvia: ya había hecho su tarea. La guerra de intoxicación mediática que arreció en vísperas y tras la asunción de Obama en la Casa Blanca en enero pasado, en la que participaron el presidente saliente, George W. Bush (México, primera línea de guerra), el jefe del Pentágono, Robert Gates, y los titulares de los principales organismos de seguridad e inteligencia de la administración demócrata (CIA, FBI, DEA, Seguridad Interna) lograron construir la noción de México como Estado fallido, para el aterrizaje suave, ahora, de la ayuda invasora que salvará a México de los malos.

Como en la ex Yugoslavia –balcanizada en siete pequeñas naciones por la alianza occidental comandada por Estados Unidos–, y después del 11 de septiembre de 2001 en Afganistán, Irak, Pakistán, Irán, Venezuela, Cuba, Bolivia y otros puntos calientes del orbe, Washington libra una guerra asimétrica contra México, con apoyo de sus alfiles locales. La guerra infinita de Bush contra el terrorismo –un enemigo sin fronteras– fue impuesta a Canadá y México por conducto de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN, 2005), y ante los fracasados intentos por fabricar una narcoguerrilla creíble, bajo el calderonismo adquirió la forma de una guerra a los cárteles de la droga, como elemento idóneo para la construcción social del caos y el miedo.

En ello han venido trabajando, sin éxito aparente por ahora, expertos en detonar desenlaces sociales y políticos mediante operaciones de guerra sicológica orientadas a direccionar y controlar la conducta social masiva.

La guerra asimétrica o de cuarta generación es descentralizada, dispersa y utiliza escenarios combinados sobre un territorio. En su desarrollo se borran las fronteras entre el soldado y los civiles, entre los campos de batalla y la seguridad urbana, y adquiere la forma de una violencia social extrema y sin orden aparente de continuidad. Elementos que están presentes en el México actual, un día en Ciudad Juárez, otro en Uruapan o Reynosa, otro más en Cancún o La Marquesa.

Dado que el empleo planificado de la propaganda y el uso de tácticas y estrategias de control social mediante la manipulación informativa y la acción sicológica le son consustanciales, en este tipo de guerra los medios de difusión masiva son los nuevos ejércitos de conquista. El bombardeo militar es sustituido por el bombardeo mediático. Las consignas y las imágenes sustituyen a las armas de destrucción masiva. Sólo que las consignas de Calderón en pro de una cruzada masiva contra los malos (vamos ganando por goleada, “negociar con el narco, idea estúpida”, sin esta guerra el próximo presidente sería narcotraficante) y las imágenes con montañas de decapitados desnudos y otras expresiones de violencia extrema, así como la operación limpieza de malos funcionarios (impuesta por el Congreso bipartidista de Estados Unidos para liberar los fondos del Plan México) y los llamados a los comunicadores a ejercer un periodismo patriótico no prenden todavía en las audiencias objetivo del mensaje.

En el fondo, se busca anular la capacidad de pensar. Son consignas dirigidas a destruir el pensamiento reflexivo (información-procesamiento-síntesis) y a sustituirlo por una sucesión de imágenes sin resolución de tiempo y espacio (alienación controlada). El objetivo es que la gente no piense información (el qué, por qué y para qué de cada noticia), sino que consuma órdenes sicológicas direccionadas, de manera acrítica y pasiva. Cuando los medios bombardean a Bin Laden o Al Qaeda, se están consumiendo consignas de miedo asociadas con el terrorismo islámico. Igual ocurre con Los Zetas y otras fabricaciones en México. Sólo que aquí es una guerra de malos contra malos en un Estado fracasado. Y para que México no colapse, Obama ya enviará a sus marines. A eso vino el almirante Mullen.

quarta-feira, 11 de março de 2009

Frei Betto: “A Igreja fica encastelada em seu principismo abstrato”


Michelle Amaral
Brasil de Fato

Dois recentes casos – o da excomunhão dos envolvidos no aborto da menina pernambucana e do afastamento do padre Luiz Couto de suas atividades eclesiásticas em decorrência das declarações controversas às da doutrina católica -, suscitaram o debate em torno do conservadorismo ainda defendido pela Igreja Católica em contrapartida à realidade de seus fiéis.

Nas duas situações, o posicionamento da Igreja causou grande polêmica. Dom José Cardoso Sobrinho excomunhou a mãe e a equipe médica que realizaram o aborto de uma menina de 9 anos, que foi violentada por seu padrasto e acabou grávida de gêmeos. Sem considerar os riscos que a menina corria, Dom José afirmou que cumpria uma lei católica.

No caso do padre Luiz Couto, Dom Aldo di Cillo Pagotto o suspendeu do uso de Ordem até que se retrate em público sobre declarações feitas por ele em uma entrevista, na qual defende o fim do celibato, o uso de preservativos e o combate à discriminação de homossexuais. O padre é também deputado federal e atual presidente da Comissão de Direitos Humanos e Minoria (CDHM) da Câmara dos Deputados.

Em entrevista ao Brasil de Fato, o frade domicano Frei Betto fala sobre os dois casos e explica como o conservadorismo da Igreja Católica contribui para um afastamento de seus fiéis. Segundo ele, os casos “demonstram a dificuldade de a Igreja Católica se adaptar à realidade atual”.

Como o senhor avalia a posição da Igreja Católica frente a estes dois recentes casos, da excomunhão (por Dom José Cardoso Sobrinho) pelo aborto da menina de 9 anos e do afastamento do padre Luiz Couto (por Dom Aldo Pagotto) por suas declarações controvérsias ao pensamento conservador católico?

Penso que demonstram a dificuldade de a Igreja Católica se adaptar à realidade atual. Comparo a atitude do arcebispo de Olinda e Recife com a de Jesus diante da mulher adúltera... Que diferença! Jesus foi capaz de compreender, perdoar, acolher. Os médicos agiram corretamente, para salvar a vida da menina e evitar o risco de três mortes. E manifesto todo o meu apoio ao padre Luiz Couto, de quem sou amigo e admirador.

Dessa forma a Igreja se afasta da realidade vivida pelas pessoas atualmente?

Sim, a Igreja fica encastelada em seu principismo abstrato, sem considerar o que a teologia chama de "moral de situação", a partir da realidade concreta. Assim, os fiéis buscam outras denominações religiosas, onde se sentem mais acolhidos pela compaixão, o perdão, a misericórdia divina manifestada através de seus pastores. A cada ano a Igreja Católica perde, no Brasil, 1% dos fiéis.

Para um católico, o que representa a excomunhão?

A exclusão da instituição eclesiástica e da participação em seus sacramentos, jamais a ruptura com Deus e com o próximo.

As mudanças propostas por Luiz Couto fazem parte de um debate estabelecido por muitos segmentos da sociedade e da própria igreja. O senhor acredita que a polêmica em torno de seu afastamento, pode contribuir para que essas propostas ganhem mais força?

É bom esclarecer aos leitores que o padre Luiz Couto foi suspenso de ordens - proibido de celebrar os sacramentos - por defender o fim do celibato e da discriminação aos homossexuais, bem como o uso de preservativos. Acho que ele está coberto de razão. A Igreja teve apóstolos casados, como Pedro (Jesus curou a sogra dele), e sacerdotes casados nos primeiros séculos. A vocação ao sacerdócio não coincide necessariamente com a vocação ao celibato. Quanto à homossexualidade, defendo que é uma tendência natural do ser humano e, como tal, deve ser respeitada, e não discriminada ou condenada como ocorria em sociedades patriarcais, machistas, como as que estão espelhadas no Antigo Testamento. E concordo com o cardeal Arns quanto ao preservativo: é um mal menor frente à epidemia que leva à morte milhões de pessoas.

E como a Igreja deveria se posicionar?

Sempre em favor da vida e do amor, como o que une um casal do mesmo sexo.

De que forma a Teologia da Libertação contribui para as mudanças na forma de se praticar o cristianismo da Igreja Católica?

A Teologia da Libertação faz uma nova leitura das fontes da revelação cristã, como o Bíblia e a tradição da Igreja, assim como fizeram Santo Agostinho, no século 4, e Santo Tomás de Aquino, no século 13.

Decrecimiento y Posdesarrollo. El pensamiento creativo contra la economía del absurdo


El modelo occidental de desarrollo ha entrado en una etapa crítica. Sus negativos efectos sobre la mayor parte de la humanidad y el medio ambiente son evidentes. Y el estallido sucesivo de sus diversas burbujas produce crisis también en el propio Occidente, donde provoca además el aumento de las desigualdades. Es necesario, por tanto, frenarlo, ralentizarlo, intentar detenerlo antes de que se desencadenen más cataclismos o más guerras.

Es por ello que por todo el mundo aparecen islotes de un nuevo pensamiento creativo que aspira a configurar una vida social y económica más equilibrada y más justa. Un pensamiento creativo que establece una crítica del desarrollo que zarandea nuestras certidumbres y cuestiona el pensamiento y la práctica económicos de Occidente.

terça-feira, 10 de março de 2009

Consejo de Defensa Sudamericano: ¿Alianza por la paz regional?


Página 12

Los ministros de Defensa de los doce países que integran Unasur sesionarán en plenario hoy en Chile para conformar un consejo regional. La iniciativa propuesta por Brasil se originó tras el ataque de Colombia a territorio de Ecuador para combatir a las FARC.


El Consejo de Defensa Sudamericano (CDS) será creado oficialmente hoy “no como una fuerza militar regional” sino para fortalecer la confianza mutua y consolidar una zona de paz, por iniciativa de Brasil tras el conflicto generado hace un año por el ataque colombiano a las FARC en territorio de Ecuador. La ministra de Defensa, Nilda Garré, se reunió ayer con sus pares de Chile, José Goñi, y de Uruguay, José Bayardi, en el marco de la primera reunión del CDS que culminará hoy en la capital chilena.

Representantes de los doce países que integran la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) darán nacimiento a este consejo que “no pretende crear una fuerza militar que opere internacionalmente” al estilo de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), afirmó el presidente pro témpore del organismo, el titular de Defensa chileno, José Goñi. El CDS, que adoptará sus decisiones por consenso, también permitirá “mejorar la comunicación y trabajar en el proceso de creación de confianza entre los países”, agregó el ministro.

Por su parte, la viceministra de Defensa de Ecuador, Lourdes Rodríguez, sostuvo que la creación del CDS constituye un “momento histórico” porque permite formar “un espacio de paz” en la región. “Creemos que un mecanismo de cooperación como éste contribuirá a que América latina sea una zona de paz”, manifestó Rodríguez en relación con la capacidad del nuevo organismo para evitar conflictos como el surgido hace un año a raíz de la incursión militar colombiana en la frontera norte de Ecuador. Esta acción, en la que murieron 26 guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) –entre ellos el número dos de esa organización, Raúl Reyes– fue la que motivó que el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, propusiera en mayo pasado la creación de este consejo. Sobre las relaciones de Colombia con Ecuador y Venezuela, que se vieron seriamente afectadas a raíz del bombardeo al campamento de las FARC, la viceministra comentó que “éste es un momento en que hay un proceso histórico en América latina, con un nuevo aire de soberanía, de dignidad”.

El cónclave reunido en Santiago de Chile también debe definir un plan de acción que establece el intercambio de políticas de defensa hasta el 2012, la homologación de los métodos para medir los gastos de defensa, el fortalecimiento de la capacidad de producción de la industria militar de la región y la coordinación de misiones de paz y acciones humanitarias.

En tanto, el viceministro de Defensa de Perú, José Bellina, afirmó que su gobierno no está obligado a informarle a Chile las renovaciones de armamentos que realiza porque no existe un tratado que lo exija. El clima de tensión entre ambos países se acentuó en enero del año pasado, cuando Perú demandó a Chile ante la Corte de La Haya por la redefinición de los límites marítimos.

Garré tendrá hoy reuniones bilaterales con sus pares de Paraguay, Bolivia y Ecuador. Dentro del plenario, la Argentina presentará la iniciativa para formar el Consejo Sudamericano de Estudios Estratégicos de Defensa (Cseed). Ayer, Garré mantuvo conversaciones con sus pares de Chile, José Goñi, y de Uruguay, José Bayardi. Con Bayardi trabajó sobre el borrador de un Convenio de Cooperación en materia de defensa entre ambos países, que incluye aspectos estratégicos, acciones de cooperación tecnológica y aspectos relativos al tráfico aéreo regular.

segunda-feira, 9 de março de 2009

Cuba: El socialismo no se puede escindir de la democracia


Guillermo Almeyra
Sin permiso

En los recientes cambios gubernamentales en Cuba se presentan dos tipos de problemas: los de fondo y los de forma. En cuanto a los primeros, nadie, en el campo oficial y ni Raúl ni Fidel Castro, ha tenido en consideración la necesidad de practicar una economía alternativa a la actual, que está basada en las reglas que dicta el mercado y, por consiguiente, en la necesidad de utilizar como forma económica la democracia directa y la autogestión, o sea, la participación activa en la adopción de las decisiones y en la aplicación de las mismas de los ciudadanos-productores cubanos. Más centralización, más institucionalización, más decisiones desde el vértice, desde el poder, más economía de guerra, ha sido la consigna, e incluso los cambios de Pérez Roque y de Lage han sido efectuados en el nombre del funcionamiento de las instituciones, en crítica implícita al voluntarismo que caracterizó tanto a los que aparecían como hombres de Fidel como a Fidel mismo. Se abre así una especie de camino cubano a la vía china… que todos sabemos adónde condujo. O sea, a un poder fuerte basado en el partido único monolítico que trata de pilotar una apertura pragmática al mercado capitalista para modernizar la economía del país, aumentar la productividad de los trabajadores y reducir los costos de los productos, sin tener demasiado en cuenta las consecuencias sociales.

Pero Cuba no es China: tiene una población escasa, de alto nivel cultural pero de bajo crecimiento demográfico, y una escasa productividad histórica. Además, no tiene la posibilidad de recurrir a inmensas masas de capitales venidos del exterior porque su mercado interno es muy reducido y no hay en el exterior una fuerte y rica burguesía cubana nacionalista dispuesta a invertir en la isla; por si esto fuera poco, la escasez relativa de jóvenes hace cara la mano de obra, los cubanos no aceptan cualquier cosa pues la revolución les enseñó a protestar y exigir y, sobre todo, Cuba no puede aplicar la receta china en medio de una terrible crisis mundial que se agravará.

Eso en cuanto al fondo: en vez de democratizar el país y de abrir la vía a un gobierno planificado desde abajo por el poder de los consejos de trabajadores, reduciendo el papel del aparato burocrático estatal, el establishment cubano prefirió intentar la utopía de racionalizar la burocracia y darle eficacia a la arbitrariedad y el despilfarro propios de todo sistema verticalista.

Además, discrepo igualmente en lo que se refiere a la forma: ¿por qué no se informó y se discutió con los cubanos de a pie lo que estaba pasando en el aparato? ¿Por qué no se discutieron abiertamente los méritos y defectos de cada dirigente y, en cambio, se prefirió presentar hechos consumados, sin explicarlos y en la oscuridad tan característica de la prensa oficial que teme el pensamiento crítico y subestima la capacidad de comprensión de los trabajadores? Si el canciller y el vicepresidente del Consejo de Ministros fueron indisciplinados y poco institucionales, como sugiere el comunicado, ¿cuál es la responsabilidad de sus colegas dirigentes, empezando por Fidel y Raúl? Si para el comunicado eran compañeros y siguieron ocupando altos cargos (en el Buró Político, el Comité Central y el gobierno) hasta que renunciaron con lamentables autocríticas de tipo estalinista, reconociendo todos sus errores que ni siquiera mencionan, ¿por qué Fidel Castro, a cuyo lado trabajaron por muchos años, dice que eran ambiciosos e indignos, cebados en las mieles del poder y proclives a ser utilizados por el enemigo? ¿Raúl y la dirección política y estatal califican de compañeros y dan responsabilidades a indignos y potencialmente traidores como sugiere Fidel, o éste utiliza sus declaraciones como torpedos contra otra línea, la triunfante?


¿No fue un gafe sino una maniobra interna el arrojarle a Michelle Bachelet la reivindicación de la salida al mar para Bolivia cuando el gobierno cubano callaba al respecto para aprovechar la visita de la presidenta chilena para afianzar su retorno al concierto de los países latinoamericanos? ¿La furia fuera de lugar que empapa las declaraciones de Fidel no es una manifestación de senilidad sino una cobertura para un torpedo político destinado a impedir un modus vivendi entre las diversas facciones burocráticas, la vencedora, la militar burocrática centralista, y la perdedora?

¿Qué tendría que ver esa fronda en el aparato con una batalla por las ideas, o sea, con la educación moral y política socialista? (que ahora Raúl ha dejado en manos del ex jefe de policía Ramiro Valdés). ¿Qué discutieron con Hugo Chávez? ¿La posibilidad de que Venezuela pueda verse obligada a reducir su ayuda a Cuba ante la caída del precio del petróleo y la necesidad, por consiguiente, de que Cuba tome desde ya medidas económicas? ¿Por qué no informar, no discutir abiertamente las perspectivas y las tareas, sobre todo en un periodo de preparación del congreso del partido y de reorganización del aparato del Estado? ¿Los linchamientos morales de los dirigentes que siempre responden a organismos colectivos y están controlados por éstos no son acaso un golpe a la ética y al respeto a los militantes?

El socialismo no se puede escindir de la democracia y ésta exige libertad de información, plena discusión de ideas y propuestas. El secreto burocrático abre el flanco al enemigo y a éste sirven también los que dicen sí a todo lo que viene del Olimpo estatal y están dispuestos a escupir hoy sobre quienes hasta ayer consideraban sus dirigentes. Particularmente en las épocas difíciles es criminal confundir, desinformar y despolitizar a quienes deberán superar las dificultades con su creatividad, su comprensión, su esfuerzo.

domingo, 8 de março de 2009

Homenaje al Día Internacional de la Mujer


Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1789)

En plena Revolución Francesa, Olympe de Gouges (1748-1793) hace pública la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en réplica a la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, por considerar que excluía a las mujeres. Opositora a Robespierre, fue acusada de sediciosa y monárquica, siendo condenada a morir en la guillotina.

Preámbulo

Las madres, hijas, hermanas, representantes de la nación, piden que se las constituya en Asamblea Nacional. Por considerar que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de 105 gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes, a fin de que los actos del poder de las mujeres y los del poder de los hombres puedan ser, en todo instante, comparados con el objetivo de toda institución política y sean más respetados por ella, a fin de que las reclamaciones de las ciudadanas, fundadas a partir de ahora en principios simples e indiscutibles, se dirijan siempre al mantenimiento de la Constitución, de las buenas costumbres y de la felicidad de todos. En consecuencia, el sexo superior tanto en belleza en coraje, como en los sufrimientos maternos, reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los Derechos siguientes de la Mujer y de la Ciudadana.

1- La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos, Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.

2- El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

3- El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.

4- La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

5- Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

6- La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

7- Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

8- La Ley sólo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.

9- Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

10- Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

11- La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

12- La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

13- Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

14- Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

15- La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

16- Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

17- Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

Epílogo

Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ;Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuando dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la Revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible... ¿Qué os queda entonces?, la convicción de las injusticias del hombre.

sábado, 7 de março de 2009

Em busca de novo modelo civilizatório

Tiago Thuin
Carta Maior

Somos todos keynesianos? A questão foi qualificada no debate sobre o papel do estado brasileiro frente à crise. De um lado, a aposta no PAC, Territórios da Cidadania e programas de garantia do emprego via BNDES. De outro, o alerta de que a atração de investimentos externos via juros anômalos não será suficiente para o país proteger-se da crise. Transferência de renda do público para o privado - os bancos - tem marcado um keynesianismo de matiz conservadora que desafia o Brasil.

Somos todos keynesianos? Com essa questão Tânia Bacelar, professora de economia da UFPE abriu o painel O Papel do Estado no mundo pós-crise e os desafios do estado brasileiro do seminário do CDES, na tarde do dia 5. A questão foi qualificada por seus colegas de debate, que vêem na crise econômica a oportunidade e a necessidade de se superar o modelo de desenvolvimento capitalista-fordista, impondo ao Brasil e ao mundo não apenas um novo modelo econômico mas, nas palavras do pesquisador Ignacy Sachs, “um novo modelo civilizatório.”

Estaríamos, segundo o professor Sachs, no limiar de uma nova revolução tecnológica, que encerraria o “hiato” de alguns séculos de utilização de combustíveis fósseis, equiparando-se em importância às revoluções neolítica e industrial. Apenas através de “avanços nessa direção, via sistemas integrados adaptados aos biomas e voltados para a agricultura familiar” é que se poderá superar a crise econômica – e, de quebra, as crises sistêmicas que a precederam, do emprego e da segurança alimentar. Para o professor Sachs, os países tropicais levariam uma vantagem natural nesse novo modelo, devido à maior incidência de luz solar.

O presidente do IPEA, Márcio Pochman, também falou da necessidade de se adotar um novo modelo econômico, adaptado às novas realidades tecnológicas e ambientais. Segundo ele, nesse novo modelo, o cidadão começaria a trabalhar aos vinte e cinco anos (uma realidade já conhecida entre os filhos dos ricos no Brasil), permaneceria no local de trabalho por 16 horas por semana, e viveria até os 100 anos. Esses números, segundo ele, parecem radicais, mesmo utópicos, mas apenas do mesmo modo como os atuais – de oito horas por dia de trabalho, começar a trabalhar aos 18, e viver até os 75 anos – pareceriam utópicos numa reunião realizada em 1850, quando a tecnologia já permitia a situação atual, mas a sociedade ainda se pautava pelo paradigma agrário, de trabalho começando na infância, se extendendo ao longo do dia, e expectativa de vida de 35 anos. Porém, para que sejam alcançados, esses índices demandarão o aumento dos recursos estatais, que de 5% do PIB na era agrária passaram para 35 a 55% do PIB na era industrial e, agora, deveriam passar para pelo menos 2/3 do PIB – uma decisão política radical, que talvez a própria crise torne possível.

Voltando à descrição da crise econômica, Sachs notou que, após a crise de 29 o intervencionismo estatal suscitou três respostas, todas calcadas no planejamento estatal: o keynesianismo, o socialismo real, e o fascismo; com a derrota deste último, os dois primeiros disputaram uma corrida econômica no pós-guerra, que ficou conhecida depois, nos países centrais, como a “era de ouro” (nos EUA) ou os “trinta [anos] gloriosos” (França). O liberalismo somente voltou à cena com o declínio e eventual queda dos regimes do socialismo real – e se impôs, com sua ideologia da supremacia do livre mercado a tal ponto que, como notou o professor James Galbraith, um período de supremacia liberal na qual o sentimento de abdicação de controle do estado sobre o sistema capitalista chegou a tal ponto que um membro da SEC (a CVM americana) se fez filmar destruindo com uma motosserra o cartapácio de leis e regulamentos que ele mesmo deveria aplicar.

Sachs e Galbraith notaram, ainda, que assim como no começo dos anos 30 o enfrentamento da crise de 29 pelos governantes inicialmente tinha a meta de “regressar à prosperidade dos anos 20,” hoje os liberais, tornados keynesianos, se perguntam quanto tempo até voltarmos ao crescimento do começo do século. Mas Roosevelt, ao pôr em marcha o New Deal, não pretendia uma volta aos anos 20, mas uma garantia de segurança social, e foi apenas deste modo que a crise pôde ser efetivamente enfrentada e um novo modelo criado. Hoje, mencionou Galbraith, os governos jogam dinheiro sobre os bancos, como se o problema fosse de uma escassez de crédito, e não de uma escassez de confiança nos bancos e no próprio sistema, plenamente justificada depois que esses mesmos bancos “justificaram, celebraram e recompensaram” os instrumentos de mercado arriscados e/ou criminosos empregados pelo sistema financeiro.

Menos radical que Pochman e Sachs, Galbraith não se arriscou a indicar ou prever um novo modelo após a superação da crise, limitando-se a frisar o papel da segurança social no enfrentamento das dificuldades econômicas, e a necessidade da cooperação internacional para resolver uma crise que não se prende a nenhum país em particular.

A nota de pessimismo do painel foi dada pelo analista Jan Kregel, que alertou para o que chama de vício brasileiro: “Em quase qualquer crise internacional, a resposta inicial brasileira é de que o Brasil é muito forte, de que não poderia ser afetado. O Brasil será afetado, e mais do que geralmente se reconhece.” Segundo Jan Kregel, as respostas à crise tomadas até agora pelo Estado brasileiro vão no sentido de tentar preservar a situação anômala dos altos juros e atração de investimento externo, o que é insustentável no médio prazo e não será o suficiente para se proteger da crise global.

Kregel afirmou que o país tem, de fato, uma resposta eficaz para a crise em seus programas de governo, que está nos programas de médio prazo – o PAC, os territórios da cidadania, o PDE, o estímulo às empresas de pequeno e médio porte – mas estas respostas têm sido sacrificadas, ou pelo menos competido com a política de curto prazo de estabilidade macroeconômica à custa de altos juros. Alguns dos fatores apontados como forças positivas do Brasil frente à crise, na verdade, são a consequência inesperada dessa política danosa – por exemplo, os bancos brasileiros nunca precisaram investir em instrumentos exóticos como os derivativos de hipotecas americanos, simplesmente porque o rendimento fornecido pelo estado, a transferência de renda do público aos bancos, era mais lucrativa ainda. No mesmo sentido, Pochman demonstrou que a transferência de renda ao setor financeiro no período 1998-2003 foi superior à totalidade do PIB, muito acima das transferências sendo feitas hoje nos países desenvolvidos.

Encerrando o painel, o diretor do BNDES Luciano Coutinho traçou uma visão mais otimista, segundo a qual o Brasil, através do Estado cujo papel de indutor e planejador do crescimento foi reconstruído desde 2003, está se não imune pelo menos mais bem aparelhado para enfrentar a crise do que a maioria dos países. Comparou o PAC ao pacote de estímulo do Congresso americano, que segundo ele “de 800bn, quase um trilhão, menos de 200bn poderão ser gastos este ano, porque não há planejamento, experiência, licenças locais, nada,” enquanto no Brasil o programa de incentivo econômico já vinha se estruturando desde antes da crise. A única alteração mencionada aos planos pré-crise do BNDES, fora o simples aumento do capital e empréstimos do banco, foi o interesse demonstrado por programas de garantia de emprego, mencionados por Sachs e Kregel, no qual o estado ofereceria a garantia de um emprego por salário mínimo em obras de infraestrutura e em obras locais, o que também implicaria na manutenção da qualificação da mão de obra durante a crise.

sexta-feira, 6 de março de 2009

Universalización de los Derechos Sociales


Antonio Baylos
La Factoría

El reconocimiento internacional de los derechos sociales es un hecho de civilización democrática. Se incorporan a las declaraciones generales de derechos humanos –como la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, de 1948– o a declaraciones que tienen por objeto específico este tipo de derechos cualificados por la posición de subordinación social y económica de la persona -como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), de 1966, o, más específicamente, la Convención Internacional de la ONU para la protección de los trabajadores migrantes y los miembros de sus familias, de 1990. Además, la ingente obra de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) es extraordinariamente relevante en orden a la regulación internacional de los derechos laborales y de protección social.

El reconocimiento de los derechos sociales requiere su efectividad. Y esta se logra mediante su recepción en un ordenamiento estatal en el que se articulan determinadas medidas para la aplicación de los mismos, normalmente a través de la acción administrativa y prestacional de la Administración y la garantía judicial de los derechos por las jurisdicciones nacionales. La propia recepción de los tratados internacionales requiere su interiorización en los ordenamientos nacional–estatales mediante la firma y posterior ratificación por parte del Estado. Esta mediación estatal necesaria es la condición de vigencia de los derechos reconocidos internacionalmente, lo que supone que si el Estado no incorpora el Tratado internacional a su ordenamiento jurídico interno, estos derechos no podrán ser aplicados en el interior de sus fronteras. Y también ello implica que corresponde al Estado la disposición de los medios que hagan posible la realización práctica de estos derechos una vez interiorizados en el sistema jurídico nacional.

En muchas ocasiones, por tanto, no basta con la recepción formal de las declaraciones de derechos, sino que se requiere que en el ordenamiento jurídico en concreto se prevean las medidas para su actuación, cuestión mucho mas importante tratándose de derechos sociales que en muchas ocasiones requieren una actuación administrativa y prestacional coherente, o un sistema judicial que sea eficaz y no inoperante o insensible a la garantía de los mismos. Por lo demás, la responsabilidad en el plano internacional por el incumplimiento de estos derechos sociales corresponde al Estado y no a los particulares o empresas que los violen efectivamente, cuya responsabilidad concreta solo puede hacerse efectiva en el marco del ordenamiento interno del Estado incumplidor.

La universalización

Las insatisfacciones que ha generado esta dimensión necesariamente estatal del reconocimiento internacional de los derechos de la persona ha llevado, a partir del tránsito entre estos dos siglos, a la elaboración de técnicas que desarrollan la eficacia de los derechos más allá de la recepción formal y material de los mismos en los ordenamientos jurídicos nacionales, y esta preocupación fundamentalmente guiada por lograr el respeto de derechos humanos fundamentales, en particular el derecho a la vida, también se extiende a la tutela de los derechos de las personas que se encuentran en una situación de subordinación social y económica frente a la cual es necesario plantear medidas que logren una progresiva nivelación o igualación.

A esta tendencia se la denomina universalización de los derechos, que pretende, como señalaba el art. 28 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, el establecimiento de “un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”. La primera manifestación de esta tendencia la dio en 1998 la Declaración sobre Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo de la OIT, que segregó un grupo de cuatro derechos básicos para su enunciación como derechos universales, con independencia de su ratificación o no por parte de los Estados.

La abolición del trabajo forzoso, la prohibición del trabajo infantil, el reconocimiento del derecho de libertad sindical y de negociación colectiva y la preservación de la igualdad de oportunidades, constituyen un “cuerpo” de derechos sobre el trabajo que deben ser mantenidos de forma universal. La fuerza de esta declaración no reside en los mecanismos de control que pone en práctica la propia OIT, que carecen en última instancia de fuerza ejecutiva, sino en su carácter prescriptivo que los ha ido extendiendo hacia fórmulas regulativas muy diversas no limitadas a la clásica recepción del tratado internacional en el seno del Estado.

Así desde cláusulas sociales en los tratados de libre comercio hasta otras fórmulas que no necesariamente involucran a los estados, sino que precisamente se centran en compromisos asumidos por las empresas transnacionales o en acuerdos concluidos entre éstas y los sindicatos “globales”. Otro tipo de derechos sociales son mas difícilmente concebibles como “universales” en el sentido que por el momento se encuentran muy ligados a la acción de los aparatos administrativos públicos, como el derecho a la educación, a la vivienda o a la protección social. En estos casos la tendencia es a perfeccionar los mecanismos internacionales de control de la actuación de los Estados.

La tutela judicial

El otro vector por el que se ha desarrollado la universalización efectiva de los derechos es a través de la universalización de la tutela judicial, es decir la capacidad de un tribunal de un país determinado de perseguir judicialmente hechos que se han desarrollado fuera de sus fronteras sobre la base de que se trata de actos que violan derechos universales. Este es un tema de extremo interés en la jurisdicción penal, y en concreto en la jurisdicción penal española, que acoge el principio de justicia universal en el art. 23.4 LOPJ al establecer el compromiso del estado en la persecución de los crímenes mas graves con trascendencia internacional, con el caso paradigmático que establece la STC 237/2005 sobre el caso Guatemala y los hechos denunciados por Rigoberta Menchú.

Sin embargo, las peores formas de quebrantamiento de los derechos sociales no son todavía objeto de persecución penal internacional. Hay sin embargo presiones importantes para que se incorporen a este principio de justicia universal las violaciones de los principios fundamentales de la OIT, la represión del trabajo infantil y del trabajo forzoso, pero también y fundamentalmente, la negación de la libertad sindical y la persecución –que en muchos países todavía acarrea muerte y tortura– de los sindicalistas.

En esa misma línea, de expandir la característica de la universalización a estos derechos sobre el trabajo a través de la jurisdicción universal de un tribunal estatal, caminan experiencias que logran exigir responsabilidad civil a las empresas transnacionales por la vulneración de estos derechos laborales universales. Es el caso de los tribunales norteamericanos en la aplicación de responsabilidad por daños, pero sería también el caso del ordenamiento español en la exigencia de responsabilidad por incumplimientos contractuales fijados en acuerdos globales con las empresas transnacionales y los sindicatos internacionales o en los códigos de conducta. Igualmente, iniciativas como la de crear un Tribunal Internacional que juzgue los desmanes más graves de las transnacionales en materia de violación de derechos laborales universales –que se debatió en el último congreso de CC.OO. como una propuesta para que sea asumida por la CSI– resultan también especialmente interesantes.

quinta-feira, 5 de março de 2009

De Guadalupe al movimiento social en Francia

Regis Labedan & Jon Bernat Zubiri-Rey
Diagonal

La “isla de las bellas aguas” se ha levantado contra la carestía de la vida. La unión de los isleños contrasta con la desmembración del movimiento en el continente.

La dignidad y la determinación del pueblo de Guadalupe convirtió esta provincia francesa del Caribe en el centro de atención. A partir del 20 de enero, empezó allí una huelga general organizada por el Liyannaj Kont Pwofitasyon (LKP: Colectivo contra la Explotación). El LKP –que agrupa diversas organizaciones y colectivos de Guadalupe – se constituye en una plataforma con 146 reivindicaciones, que abarcan todos los aspectos de la situación económica, social y cultural, y que denuncia el hecho de que las élites descendientes de colonos blancos y las empresas multinacionales se benefician de la explotación de la mayoría.

65.000 personas se manifestaron en las calles de Pointe-à-Pitre el 30 de enero y 100.000 en toda la isla el 9 de febrero (Guadalupe tiene 440.000 habitantes). El conflicto se agudizó con la vuelta a París del secretario de Estado de Ultramar, Yves Jégo, llamado al orden por el Gobierno en mitad de las negociaciones (que incluían el aumento en 200 euros de los bajos salarios).

El LKP llama al bloqueo de rutas y el Estado aumenta la presencia de la Gendarmerie en la isla. Represión de bloqueos, violencia y racismo policial, sindicalistas heridos y, el 18 de febrero, la muerte por disparo del militante del LKP, Jacques Bino, en condiciones aún muy turbias. La reanudación de las negociaciones no ha paralizado la movilización, que se expande con fuerza a otras provincias francesas de ultramar (la Martinica antillana y la isla de La Reunión en el Índico).

En Francia continental, el Gobierno francés teme que esta situación “preinsurreccional” se extienda a la metrópoli continental. En la huelga general del 29 de enero, 2,5 millones de manifestantes salieron a la calle. Los sindicatos en Francia no se apoyan en una plataforma global de reivindicaciones, tal como la que propone en Guadalupe el LKP, que fue la que permitió construir una verdadera huelga general. En la Francia continental algunos sectores comienzan a organizarse contra la crisis y las múltiples reformas gubernamentales. El principal campo es la educación, donde la movilización contra los recortes de personal, la “masterización” de la formación del profesorado, los dispositivos de control y la reforma del bachillerato, llevaron en diciembre a la paralización de la educación secundaria con el fin de apaciguar el movimiento.

Las universidades hace unas semanas que han cogido el relevo. La crisis, los despidos y cierres de empresas ponen la pelota en el tejado de la clase trabajadora. El encuentro de Sarkozy con los sindicatos mayoritarios, el 18 de febrero, dio lugar a mucho ruido y pocas nueces. La convocatoria de un solo día de huelga general el 19 de marzo, no será suficiente para seguir el ejemplo de Guadalupe, ya que las frustraciones e injusticias estructurales que hoy se intensifican en Francia, requieren de amplios frentes de acción y propuestas radicales de cambio social.

Guadalupe y Martinica: La crisis, los estallidos sociales y el socialismo

Angel Guerra
La Jornada

La huelga general y manifestaciones callejeras estremecen a Guadalupe y Martinica, “departamentos franceses de Ultramar”, eufemismo que designa a las que han sido dependencias de la metrópoli desde la conquista. Iniciada en Guadalupe (500 mil habitantes) el 20 de enero y en Martinica (400 mil habitantes) el 5 de febrero, los movimientos se organizan en torno a una amplia conjunción de sindicatos y asociaciones ciudadanas en protesta contra la crisis social, agravada por las políticas neoliberales de París.

El costo de la vida en las islas es mucho más alto que en Francia y el desempleo altísimo, sobre todo entre los jóvenes. Las protestas exigen un aumento del salario mínimo, la rebaja de los precios de la canasta básica y de los servicios, derecho al trabajo, a la educación y la salud, pero tras semanas de dilatadas negociaciones con las autoridades y de renuencia de los patronos a ceder, han tomado ya un cariz político. Afloran el sentimiento de independencia y la disputa por el poder político entre la mayoría de la población de origen africano y los llamados béké, exigua minoría blanca descendiente de franceses que controla la economía y el gobierno desde la época colonial. Si a veces suele olvidarse en América Latina que Haití es fundador de la lucha por nuestra primera independencia, con más frecuencia ocurre respecto a Guadalupe y Martinica como parte de la historia y cultura que nos une. Allí, aunque aplastados en sus comienzos, se produjeron grandes levantamientos de esclavos a fines del siglo XVIII, al unísono que en Haití.

Ambos territorios poseen también una fecunda historia de luchas obreras y sociales desde el siglo XX. El malestar se ha extendido a las otras dependencias francesas: Guayana, en Suramérica, y la isla de Reunión, cercana a la costa africana del Pacífico sur, donde está convocada la huelga para el 5 de marzo.

Los movimientos guadalupano y martiniqués pueden servir de valiosa experiencia en muchos sentidos a la nueva generación de levantamientos sociales detonados por el monumental trastorno económico iniciado en Estados Unidos. Varios autores respetables concuerdan en que no se trata de otra recesión cíclica y pasajera de la economía capitalista. Es un fenómeno mucho más complejo, de larga e imprevisible duración, una auténtica quiebra civilizatoria impulsada por crisis financiera, económica, alimentaria, energética, militar, medioambiental, institucional y de valores, que interactúan y se retroalimentan entre sí, multiplicándose, extendiéndose y complicándose sucesivamente.

Como correlato, se vaticina la pérdida de decenas de millones de puestos de trabajo, millones de familias sin hogar, hambrunas severas, derrumbe de las economías de muchos países del tercer mundo y postración de segmentos importantes de la población de los países desarrollados. Este desastroso costo social y la tendencia de la mayoría de los gobiernos y de la maquinaria mediática a no reconocer la gravedad del fenómeno mientras “rescatan” a los más ricos en detrimento de sus empobrecidas poblaciones, conduce a una crisis de confianza en las instituciones que llevará a la ingobernabilidad y a inevitables estallidos sociales de gran envergadura. Estos no podrán controlarse por los clásicos procedimientos antimotines y no será extraño que rebasen a las fuerzas armadas, pero si no existen en las sociedades, como en Guadalupe y Martinica, fuerzas capaces de dotarlos de una organización, un programa y una orientación política popular, pueden evolucionar hacia la derecha e incluso hacia modalidades del fascismo o ser muy vulnerables.

La amenaza de violencia parecería inevitable en muchos casos, ya sea fruto de la desesperación o de la necesidad de las masas, de la represión o de eventuales conflictos entre Estados por causas económicas, pero donde existan movimientos populares con organización y claridad de propósitos es más probable que pueda ser conjurada, o al menos encausada a los objetivos del progreso social. En América Latina se ha demostrado en la última década que las demandas populares pueden articularse en movimientos sociales que luchan por vía política, logran acceder al gobierno mediante elecciones y desde allí inician procesos constituyentes de orientación socialista. El socialismo renovado, sostenido desde abajo, es lo único que puede salvar a la humanidad de la debacle que viene.

terça-feira, 3 de março de 2009

Robert Fishman: "La democracia necesita tanto partidos políticos como movimientos sociales..."


Robert M. Fishman es profesor de la Universidad de Notre Dame (EE.UU.) y profesor visitante de la Universidad Pompeu Fabra. Especialista en temas de democracia, sindicalismo y movimientos sociales, ha estudiado en profundidad la importancia del movimiento obrero en la lucha antifranquista y en los años de la transición política española. Además de todo ello, es un magnifico conferenciante bilingüe y un sensible contador de historias. La entrevista es de Salvador López Arnal.

En España, durante el franquismo, ¿cree usted que hubo movimientos sociales de importancia? ¿No estaban muy guiados, dirigidos o controlados por los partidos de la oposición antifranquista?

Obviamente los movimientos sociales tuvieron mucha importancia en la oposición al franquismo, en la conquista de esferas de libertad a pesar de la represión que existía. No se trata solo del movimiento obrero, probablemente el más importante de los movimientos de oposición, sino también de los movimientos vecinales y estudiantiles, y del nacionalismo alternativo, por decirlo así, en Catalunya y Euzkadi.

Todos estos movimientos compartían dos rasgos que fueron fundamentales para su éxito: en primer lugar la capacidad de incorporar en sus actividades y movilizaciones a personas que no estaban afiliados a ningún partido político y que en muchos casos no sentían ningún tipo de vínculo permanente o de organización con la oposición, y en segundo lugar la utilización a veces de formas de expresión que se entrelazaban con la vida cotidiana de personas no especialmente politizadas. Los movimientos sociales ofrecen una puerta abierta a la participación para personas que no están dispuestos a vivir una vida de militante “full-time” o una vinculación oficial con una organización de carácter político. Este aspecto de los movimientos sociales les presta mucha capacidad de convocatoria en los momentos en que sus objetivos reflejan sentimientos ampliamente compartidos pero también hace que estos movimientos siempre sean menos previsibles que un partido político.

Usted ha hablado alguna vez del conjunto de los movimientos antifranquistas como una especie de orquesta…

Una de las formulaciones teóricas más interesantes que surge de la lucha antifranquista fue la observación aguda de Nicolás Sartorius que comparaba el liderazgo de Comisiones Obreras bajo la dictadura al director de una orquesta. Según esta interpretación, el papel de CCOO como organización fue el de liderar y coordinar la expresión conjunta de todos los “músicos” en esa gran orquesta. Pero yo he defendido en uno de mis libros, Organización obrera y retorno a la democracia en España, la idea de que muchos trabajadores que participaron en movilizaciones colectivas no se veían a si mismos como parte de un movimiento colectivo, y en ese sentido y siguiendo la metáfora de Sartorius, algunos instrumentos que sonaban en esa gran orquesta no se veían a si mismos como integrantes de ella. Más bien se fijaban en sus actividades puntuales y no en las conexiones entre esas actividades y las de otros. Ahí está la fuerza y también la debilidad de los movimientos sociales.

Durante el franquismo y los primeros años del postfranquismo se señaló que algunos de esos movimientos sociales –pienso, por ejemplo, en las Comisiones Obreras o en asociaciones vecinales– eran simples correas de transmisión de tal o cual partido. Concretamente, del PCE-PSUC. ¿Eran justas esas valoraciones, o eran simple retórica, algo agresiva por cierto, de la lucha política del momento?

Sería injusto –y fue injusto– alegar que esos movimientos sociales fueron sólo una correa de transmisión del PCE-PSUC pero obviamente sí existía una conexión real importante entre la estrategia y los militantes comunistas y el trabajo de esos movimientos sociales. La versión injusta que, de forma errónea, solo ve una correa de transmisión pierde de vista varios elementos claves de esa realidad. En primer lugar, el propio PCE fue internamente heterogéneo, como quedó cada vez más claro después de la vuelta de la democracia. Algunos de los comunistas que trabajaban dentro de esos colectivos más amplios no estaban completamente de acuerdo –o incluso discrepaban enérgicamente– con la línea oficial de su partido. También fueron heterogéneos esos movimientos sociales y muchos de sus militantes eran más afines a otras formaciones o tradiciones políticas. Pero la clave está en la dinámica propia de los movimientos sociales que lleva a las personas más involucradas a ver la necesidad de fomentar la autonomía de los movimientos y su talante de inclusión.

En resumen, el PCE desempeñó un papel crucial en esos movimientos pero éstos no pueden reducirse a la caricatura injusta que les tacha de meras correas de transmisión. Todo esto se podría matizar algo en función del año en que nos centramos, pero en líneas generales la realidad fue ésta.

Hablaba usted de la utilización, por parte de estos movimientos sociales de formas de expresión que se entrelazan con la vida cotidiana de las personas. ¿A qué se refería? ¿Podría precisar más este punto?

Las protestas de los movimientos sociales muchas veces se entrelazan con componentes de la vida cotidiana como hablar una lengua más o menos prohibida, cantar una canción ilegalizada o llevar un tipo de ropa que para algunos tiene significado político y de protesta. En el caso del importante movimiento social de derechos civiles en Estados Unidos, algunas de las protestas claves consistieron en sentarse en la sección principal de un autobús –y no atrás, en la parte designada para los negros, o sentarse en la barra de una cafetería que se negaba a servir a gente afro-americana. Para los que hicieron estas protestas, su vida cotidiana formaba parte del movimiento al no aceptar restricciones injustas en aspectos muy básicos de sus vidas. Aquí en Catalunya, prácticas tan básicas como hablar catalán en contextos donde esta lengua había sido excluido, bailar la sardana, etc. representaban para algunas personas una especie de movimiento social –y un espacio de libertad compartida con otros– basado en la vida cotidiana. En todos estos casos la línea divisoria entre el movimiento y la vida es difícil de trazar.

¿Cree que la forma de organización Partido y los movimientos sociales son procesos de resistencia social incompatibles o acaso, modero el tono, no totalmente paralelos?

Puede haber tensiones, a veces importantes, entre los partidos y los movimientos. Y puede haber tensiones dentro de los partidos entre los que se dedican sobre todo al trabajo de partido como tal y los que se dedican a las conexiones con los movimientos sociales. Pero a pesar de esas tensiones que a veces son importantes, existe una enorme complementariedad entre los movimientos y los partidos. Ninguno de los dos puede hacer todo lo que hace el otro.

Los movimientos sociales suelen ser especialmente importantes en los países que han vivido momentos en los que los partidos han sido incapaces de canalizar y expresar muchos sentimientos y deseos políticos o sociales. Esta circunstancia se puede dar por diferentes razones: por la existencia de represión y, por tanto, debido a la dificultad de asumir los riesgos de la afiliación política; por la dificultad de englobar todos los esfuerzos colectivos en acciones políticas en el sentido más convencional, como puede pasar fácilmente en temas lingüísticos, nacionales o raciales; y por el surgimiento más o menos inesperado de expresiones colectivas de crítica social. En todos estos casos, y en otros, las bases sociales pueden saltar por delante de las estrategias o capacidades incluso de los partidos políticos afines a esos movimientos.

La capacidad de reflexión, organización e institucionalización de los partidos es totalmente necesaria pero puede resultar insuficiente, o en algún sentido contraproducente, ante los sentimientos y aspiraciones de las bases sociales de esos mismos partidos por diversas razones y cuando eso pasa el papel de los movimientos sociales acaba siendo especialmente importante.

Los partidos políticos han de desarrollar un sentido de responsabilidad y una estrategia ante los retos de estado que ellos perciben y ante el conjunto de problemas y desafíos políticos que les rodean, entre ellos el propio reto de competir en las elecciones. Por lo menos en algunos contextos concretos, esos retos y responsabilidades pueden dificultar la capacidad de los partidos políticos a representar y liderar algunos sentimientos y reivindicaciones de sus bases sociales. Hay momentos en que algunos partidos pueden parecer más cautelosos –o en otros casos más predispuestos a la movilización– que muchos de los que les votan. En esos momentos los movimientos pueden iniciar o liderar movilizaciones aunque no cuenten con el apoyo de partidos normalmente afines. La democracia necesita tanto partidos políticos como movimientos sociales y ninguno de los dos puede sustituir el otro.

¿Los movimientos sociales no tienen el problema de ser movimientos de resistencia de un solo asunto, perdiendo con ello visión global?

No necesariamente. Sí es cierto que difícilmente puede tener un movimiento social una visión tan global como debería tener un partido político, pero los movimientos sociales varían mucho los unos de los otros en la amplitud de sus enfoques, sus reivindicaciones y los sectores sociales que movilizan. Un movimiento vecinal puede plantear muchos temas, desde la vivienda a los servicios públicos, el tráfico, la atención médica, la aceptación o no de la diversidad, etc etc. El movimiento obrero muchas veces no se limita a resistir intentos de empeorar las condiciones de trabajo o de cerrar centros de trabajo. No tiene por qué limitarse a reivindicar mejoras en esas condiciones o en el nivel de empleo. Queda bien claro que el movimiento obrero en muchos contextos ensancha sus propuestas y críticas. El movimiento de derechos civiles en los Estados Unidos no se limitó a reivindicar la igualdad para los negros. También planteó el tema general de la pobreza y de las grandes desigualdades económicas. Todos estos movimientos pueden ser –y han sido– más o menos globales en diferentes contextos y momentos.

En mi trabajo sobre la movilización y el discurso del movimiento obrero y los partidos afines en España encontré una gran diversidad entre localidades y líderes que articulaban sus reivindicaciones y propuestas en torno a horizontes discursivos globalizadores y otros que se limitaban a actos y un discurso defensiva y localista. Lo que me parece especialmente significativo –como defiendo en Voces de la Democracia, un libro que ya ha sido publicado en inglés [Democracy’s Voices] y que saldrá pronto en castellano– es que localidades obreras que se parecen muchísimo en su voto político y su estructura económica pueden ser bien diferentes en su tendencia hacia horizontes globalizadores o localistas. La tendencia a globalizar se encuentra en todo tipo de poblaciones y movimientos pero también se encuentra el localismo en poblaciones del mismo tipo. Defiendo la tesis de que son precisamente las conversaciones y conexiones sociales de los líderes y militantes las que llevan a algunos hacia la capacidad de globalizar y a otros hacia planteamientos mucho más estrechos.

Los movimientos sociales pueden globalizar de una forma muy llamativa e importante.

¿Podría darnos algún ejemplo de esas tendencias hacia horizontes globalizadores o localistas que acaba de citar?

Cuando se lucha por la reindustrialización de una comarca industrial, si los objetivos y propuestas que se desarrollan hacen hincapié en la política económica del gobierno, en las directivas de la Unión Europea o en el comportamiento de las empresas multinacionales, por ejemplo, estamos ante horizontes discursivos globalizadores – que vinculan los intereses locales a fenómenos y actores lejanos. Pero cuando sólo se lucha por la defensa de unos puestos de trabajo ya existentes en empresas concretas estamos ante horizontes estrictamente localistas.

¿Cuáles son hoy, en su opinión, los movimientos sociales más importantes en el mundo y, más concretamente, en España?

Bueno, podemos valorar la importancia de un movimiento social o bien por su capacidad de movilización o bien por su impacto, es decir, por su capacidad de provocar cambios. La respuesta varía según el tipo de importancia que nos interesa. Los movimientos organizados en torno al tema de vivienda están movilizando a muchas personas en España pero queda por ver si serán capaces de cambiar de forma sustancial la agenda política del país por encima de los cambios inducidos por el parón económico del sector de la construcción. Habría que decir que hay movimientos sociales de mucha relevancia que son de derechas o incluso extrema derecha, como por ejemplo los movimientos anti-inmigrantes. Pero la importancia principal de los movimientos sociales se fundamenta en su capacidad de reflejar las voces de personas de relativamente poco poder para cambiar el rumbo del país – o bien de esferas más amplias, de esferas trasnacionales – y, en ese sentido, el mayor peso de los movimientos sociales sigue situándose a la izquierda del espectro político.

Pero para usted, permítame que insista, ¿cuáles serían los movimientos más importantes?

El movimiento ecologista es de los más importantes hoy en día –tanto en España como en otros países– y las movilizaciones y reivindicaciones en torno al proceso del calentamiento de la tierra tienen la potencialidad de reorientar la vida política y económica de muchos países. Este tema, el del cambio climático, tiene la capacidad de movilizar no tan sólo a los sectores más politizados sino también a muchísimas otras personas que no suelen involucrarse mucho en la vida política. Además el cambio climático afecta, por definición, a todo el mundo y es un tema intrínsecamente global y mundial. Muchos movimientos sociales surgen, crecen y entran en declive en función de cuestiones más o menos coyunturales pero el problema climático no tiene nada de coyuntural. Así que si tuviera que hacer una especie de apuesta por un solo movimiento social de cara a su importancia durante las próximas dos o tres décadas me inclinaría por el movimiento ecologista.

De todas formas uno no tiene que apostar por un solo movimiento social. Los diversos movimientos sociales no son auto-excluyentes. Pueden trabajar juntos y de forma separada en función de consideraciones coyunturales y estratégicas. Nunca hay un solo movimiento social de relevancia si bien a veces uno puede parecer mucho más importante que otros como, por ejemplo, en el caso de un movimiento pacifista cuando se aproxima la amenaza de la guerra o un movimiento anti-racista ante un crecimiento en las ofensas de tipo racista.

Ese movimiento pacifista que acaba de citar tuvo un momento de gran auge antes de la intervención angloamericana en Iraq y ahora, después de años de catástrofes y muertes, parece que se ha paralizado o, como mínimo, ha perdido mucha de su gran fuerza. Razones no faltan para movilizarse; en cambio, las ciudadanías no están en pie de paz.

La sostenibilidad –o no– de los movimientos es un tema importante e indudablemente algunos movimientos pasan por momentos de desmovilización sin haber conseguido sus objetivos principales. Pero esto no significa que la movilización no pueda volver a aparecer con fuerza, por los mismos objetivos o bien por otros.. Los movimientos sociales son menos previsibles que las organizaciones convencionales con afiliación fija y pueden dar sorpresas tanto en cuanto a movilizaciones inesperadas como en fases de desmovilización.

¿Cree que los movimientos sociales siguen vivos en sociedades a veces muy conservadores como los Estados Unidos?

Por supuesto que sí. Los Estados Unidos no es siempre ni necesariamente un país conservador, aunque a veces lo parece, tanto en temas internacionales como en temas socio-económicos. La historia de Estados Unidos no se puede entender sin referencia al enorme papel de los movimientos sociales en la eliminación de la esclavitud en el siglo XIX y la conquista de los derechos civiles en el siglo XX. La eliminación del servicio militar obligatorio en los años setenta y el fracaso de la intervención militar de Estados Unidos en Vietnam están, en ambos casos, estrechamente vinculados con el impacto del movimiento pacifista, sobre todo entre los jóvenes. Se ha comentado muchas veces que algunos movimientos sociales estadounidenses de alta capacidad movilizadora, como por ejemplo el movimiento de derechos civiles, se definen de forma claramente moral y que esta tendencia ha sido muy cambiante en la historia del país. La preocupación de muchos sectores de la población estadounidense por temas de moralidad colectiva parece dominar la agenda política en algunas épocas mientras que parece prácticamente ausente en otras épocas. Lo más importante de la candidatura de Obama, en este año electoral, es precisamente su llamamiento a la participación y movilización de los ciudadanos en causas colectivas con fundamentos morales y progresistas. El cambio progresista ha sido posible en varios momentos históricos en Estados Unidos y siempre que se ha dado de una forma importante se ha basado en la confluencia de movilizaciones sociales importantes con una correlación de fuerzas en las instituciones políticas favorables a la introducción de cambios importantes. La principal diferencia entre las candidaturas de Obama y H. Clinton durante las primarias demócratas ha sido precisamente el hecho de que la campaña del senador afro-americano ha tenido aires de movimiento social y que el propio candidato llama explícitamente a la movilización social.

¿Y qué movimientos sociales son en estos momentos importantes, es decir, cuentan realmente en la vida política de Estados Unidos?

Hay muchos. Se está gestando un movimiento importante en defensa de los derechos de los inmigrantes, incluyendo los “sin papeles”. Existe una fuerte movilización en torno al tema del aborto, tanto en sentido permisivo como en sentido restrictivo. Sigue habiendo un movimiento importante contra la guerra y si el próximo presidente del país no acaba con la guerra de Irak ese movimiento crecerá. El movimiento obrero sigue siendo enormemente importante y los ecologistas crecen en importancia.

¿Por qué cree que tienen tanta importancia los aspectos simbólicos, culturales, incluso musicales, en la lucha de estos movimientos?

La relevancia de los movimientos se basa en su capacidad de mover a las personas que no obedecen una disciplina de partido, que no tienen mucho poder y que muchas veces no tienen una organización férrea o previsible detrás de lo que hacen. Para estas personas el significado de lo que hacen y su valor tanto emotivo como de cara a una visión socio-política tiene que radicarse no tan solo en el análisis de un partido político sino también en los discursos, prácticas y expresiones culturales de gente cercana al movimiento. Las canciones pueden ayudar mucho a fomentar un sentido de identificación con el movimiento, de fuerza e incluso a veces de alegría en el esfuerzo colectivo. A veces se habla de la relevancia de la poesía en la vida pública pero la música tiene una potencia todavía mayor ya que llega a un público más amplio que la poesía. Prácticamente todos los movimientos que han conseguido cambiar el mundo tienen su canción o canciones emblemáticas. Motivar a la gente a luchar y movilizarse puede ser difícil y los movimientos masivos lo suelen hacer mediante múltiples recursos incluyendo los simbólicos.

A propósito de esto último, usted ha explicado alguna vez una historia que tiene que ver con el movimiento de derechos civiles y con el “We shall overcome”. ¿Nos la puede recordar?

Esa canción tan emblemática del movimiento por los derechos civiles y del movimiento obrero estadounidense tiene una historia fascinante en la que intervienen tanto colectivos en lucha como cantautores famosos como Pete Seeger. Lo que fue la versión inicial fue cantada por ex esclavos negros en el sur de Estados Unidos en sus luchas por la libertad y varias décadas después algunos trabajadores negros en huelga en el sur del país durante los años cuarenta cantaban una versión de la canción para darse ánimos. La canción fue adoptada en una forma u otra por colectivos de trabajadores y negros en lucha y en una intervención musical clave, el famoso cantante Pete Seeger lo transformó con el objetivo de incrementar su impacto musical y emocional. Él ha comentado que la potencia enorme de la canción radica en su sencillez, una calidad que él intentó fortalecer. Posteriormente, colectivos en lucha lo siguieron transformando, añadiendo versos nuevos.

Cuando, en un incidente llamativo, la policía local de un estado del sur entró en un centro de voluntarios del movimiento de derechos civiles durante la noche y cortaron la luz, los militantes de derechos civiles consiguieron mantener sus ánimos en la oscuridad durante esa operación policial cantando “We Shall Overcome” para que todos supiesen que sus compañeros seguían estando allí y en ese contexto una de la militantes empezó a cantar “We are not afraid”, en vez de “We shall overcome”. Esas palabras nuevas se han mantenido.

Esta historia, que resumo de una forma muy abreviada, tiene sus paralelos en otras canciones y eslóganes que surgen –a veces de forma anónima– en el contexto de luchas importantes. Sería absurdo reducir las luchas sociales a estos fenómenos culturales pero de la misma manera sería poco creíble negar la importancia de este componente de la protesta. La fuerza de los movimientos sociales se basa en parte en su capacidad de movilizar a personas que no tienen muchos recursos o poder y para conseguir ese objetivo los movimientos han de utilizar una gama muy amplia de instrumentos de movilización, entre los cuales las canciones tienen un papel muy relevante. Habría que recordar que el objetivo de los movimientos sociales como el de derechos civiles no es la mera expresividad de sus voces sino el intento de ganar victorias concretas. Sin embargo, en un mundo en el que todo movimiento ha de asumir no solo victorias sino también derrotas, las canciones pueden ayudar a los activistas a seguir luchando en contextos y momentos difíciles.

segunda-feira, 2 de março de 2009

Movimentos sociais urbanos


Em Movimentos sociais urbanos, Regina Bega dos Santos reflete sobre como, a partir do final da década de 70, novos movimentos foram surgindo e ganhando destaque nos meios de comunicação. Caso do feminismo, da ecologia e da luta contra a discriminação ética ou sexual, assim como movimentos de ação urbana ligados às Comunidades Eclesiais de base da Igreja Católica e aos sindicatos que organizaram as grandes greves do ABC paulista.

A autora mostra o que são estes movimentos e os impasses contemporâneos que levam ao debate sobre as possibilidades de construção de uma nova forma de cidadania. Discute a origem dos problemas urbanos a partir da pressão social exercida pela urbanização capitalista, analisando as estratégias e práticas de luta que buscam modificar as estruturas sociais, coagindo o poder público a atender suas reivindicações. Nesse cenário compreender o processo contraditório do desenvolvimento capitalista, onde a exploração da força de trabalho é concentrada nas cidades é fator primordial para estudar e analisar os movimentos sociais urbanos.

Com o passar dos anos novos movimentos foram surgindo e ganhando destaque perante a sociedade. Embasado por um amplo trabalho de pesquisa, o livro aponta que raramente os movimentos urbanos usaram a força física. Apesar disso, distinções entre os diferentes movimentos são perceptíveis. De um lado, temos os meramente reivindicatórios, que são passageiros e se dissolvem depois que suas cobranças são atendidas. No outro extremo, aparecem grupos contrários ao Estado e a suas instituições, que anseiam por transformações do sistema político.

México: Frontera norte, violencia y descomposición social

La Jornada

Con el telón de fondo de la denominada guerra contra el narcotráfico que ha emprendido el gobierno federal, se han recrudecido las expresiones de violencia en distintas localidades de la frontera norte del país –Reynosa y Nuevo Laredo, en Tamaulipas; Ciudad Juárez, en Chihuahua, y Tijuana, en Baja California, por mencionar sólo algunas– y se ha profundizado el clima de creciente tensión e ingobernabilidad que prevalece en esa región.

Ante un escenario dominado por las cuotas diarias de ejecuciones, levantones y balaceras –ya sea entre las bandas criminales o entre éstas y elementos de la fuerza pública–, el calderonismo no ha podido o no ha querido ensayar una respuesta diferente que el mantenimiento de la misma política de supuesta seguridad que ha seguido desde hace más de dos años, y la defensa de un discurso cuya premisa fundamental es la necesidad de confrontar, cada vez de forma más violenta, a los cárteles de las drogas. Es ilustrativa, al respecto, la decisión oficial de enviar otros 5 mil militares a Ciudad Juárez, apenas unos días después del atentado en contra del gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza.

No puede pasarse por alto, en cambio, que la crisis de seguridad que se vive en esa región difícilmente se podrá contrarrestar con medidas exclusivamente policiales o con el despliegue de efectivos militares, pues tal deterioro es saldo de una profunda descomposición del entramado social a lo largo de toda la franja fronteriza, entre cuyas causas destacan el desempleo, la pobreza, el abandono del campo, la migración económica, la desigualdad y la indiferencia e incapacidad del Estado mexicano para hacer frente y resolver estos problemas. Estos elementos, en conjunto, han hecho de la frontera norte un caldo de cultivo idóneo para el despegue y el desarrollo de expresiones delictivas como el narcotráfico, actividad extraordinariamente rentable que, hasta donde puede verse, ha ampliado su influencia más allá del traslado de estupefacientes ilícitos. Baste mencionar, como botón de muestra, la enorme influencia que el cártel del Golfo tiene en un porcentaje importante de los procesos productivos y los negocios de Tamaulipas, bastión de esa organización criminal, y los indicios de que ha logrado establecer una basta red económica en la que se cuentan el cobro de cuotas a empresarios y a la población en general a cambio de protección, y el control y operación de bandas dedicadas al tráfico de indocumentados.

Es sabido que el narcotráfico posee, además de un enorme poder de fuego, recursos y capacidad para infiltrar a las corporaciones de seguridad pública y a la institucionalidad política del país. En los últimos años, por añadidura, esa actividad ha adquirido una importante dimensión económica tanto en la frontera norte como en el resto del territorio nacional –los cárteles de la droga emplean a medio millón de personas en el país, según cifras de la Secretaría de la Defensa Nacional–, y no puede descartarse, por desgracia, que otro tanto esté ocurriendo en el ámbito social y que las protestas recientes en contra del Ejército sean impulsadas de manera subrepticia por esas organizaciones. Tales escenarios, por indeseables que resulten, deben ser considerados y analizados por las autoridades, si lo que se quiere es evitar que se consoliden o profundicen.

No puede negarse que el gobierno tiene la obligación de vigilar el cumplimiento de la legalidad y el estado de derecho, así como de garantizar la seguridad pública al conjunto de la población, y que la existencia de expresiones criminales como el narco constituyen lastres para la plena realización de esas tareas. Sin embargo, las autoridades deben actuar con sensibilidad e inteligencia, reconocer las distintas dimensiones de esos fenómenos –la policial, la política, la económica, la social– y atender, en consecuencia, los factores que se encuentran en la base de su surgimiento y desarrollo.

domingo, 1 de março de 2009

La política del desastre económico

Immanuel Wallerstein
La Jornada

Todos los días leo que otro economista, periodista o funcionario del gobierno opina sobre la mejor manera de lograr una recuperación económica en éste o en otro país. No es necesario decir que tales remedios se contradicen, todos, unos con otros. Mas todos estos expertos parecen vivir en fantasilandia. Parecen creer que sus remedios funcionarán en un periodo de tiempo relativamente corto.

El hecho es que el mundo está apenas en el inicio de una depresión que durará bastante y que se pondrá mucho peor de lo que es ahora. El asunto inmediato para los gobiernos no es cómo recuperarnos, sino cómo sobrevivir al creciente enojo popular que, sin excepción, enfrentan todos.

Comencemos con las realidades económicas del presente. Casi todo el mundo –gobiernos, empresas, individuos– ha estado viviendo por encima de su ingreso durante los últimos 10 o 30 años, y lo ha hecho pidiendo prestado. El mundo se hizo frívolo con ingresos inflados y un consumo también inflado. Pero las burbujas tienen que estallar. Ahora, ésta ha estallado (o de hecho varias burbujas estallaron). La imposibilidad de continuar por este sendero ha penetrado en la conciencia y de repente todos se asustan de que se les agota el dinero real: gobiernos, empresas e individuos.

Cuando ese miedo se apodera de la gente, ésta deja de gastar y de prestar. Y cuando gastar y prestar bajan significativamente, las empresas dejan de producir o disminuyen su paso. Pueden cerrar por completo, o por lo menos despedir trabajadores. Esto es un círculo vicioso, debido a que cerrar o despedir trabajadores conduce a reducir la demanda real y causa una reticencia adicional a gastar o prestar. Se le llama depresión y deflación.

Hasta el momento, el gobierno de Estados Unidos, que todavía está en posición de pedir dinero prestado o imprimir dinero, intenta lanzar algún dinero nuevo a la circulación. Esto podría funcionar si el gobierno lanzara grandes cantidades de este dinero, y lo circulara sabiamente. Pero es muy probable que no lo haga con sabiduría. Y es muy probable que lanzar la cantidad que podría funcionar no signifique mucho más que crear otra burbuja. Y el dólar caería entonces mucho más rápido que las otras divisas, hundiendo el último soporte importante de la economía-mundo.

Entre tanto, hay menos y menos dinero para el consumo diario de todo tipo para 90 por ciento inferior de la población del mundo (y tampoco se ve muy bien la cosa para 10 por ciento superior). La gente comienza a inquietarse. Justo el pasado mes, hemos visto gente que protesta en las calles por las dificultades económicas, en un número creciente de países –Grecia, Rusia, Letonia, Gran Bretaña, Francia, Islandia, China, Corea del Sur, Guadalupe, Reunion, Madagascar, México– y probablemente en muchos más que no se notan aún en la prensa mundial. De hecho, ha estado relativamente leve hasta ahora, pero los gobiernos, todos, están en gran tensión.

¿Qué hacen los gobiernos cuando su principal preocupación es lidiar con el desasosiego interno? Tienen en realidad dos opciones: disparar a los manifestantes o apaciguarlos. Dispararles funciona solamente hasta cierto punto. Para empezar, los agentes de esta fuerza deben estar también lo suficientemente remunerados y deseosos de hacerlo. Y cuando hay un descalabro económico, arreglar esto no es fácil para los regímenes.

Entonces los regímenes comienzan a apaciguar a sus poblaciones. ¿Cómo? Primero que nada mediante el proteccionismo. Todo el mundo ha comenzado a quejarse del proteccionismo de los otros países. Pero los quejosos lo practican también. Y le sacarán mucho más provecho. Todos los economistas neoliberales nos dicen que el proteccionismo empeora la situación económica general. Tal vez eso sea cierto, pero es bastante irrelevante en lo político cuando hay gente en las calles que quiere empleos ¡ahora!

La segunda forma en que los gobiernos apaciguan cuando hay desasosiego es mediante las medidas de bienestar socialdemócrata. Pero para emprenderlas los gobiernos necesitan dinero. Y los gobiernos obtienen dinero de los impuestos. Todos los economistas neoliberales nos dicen que subir impuestos (de cualquier tipo) durante un descalabro económico torna la situación económico general aún más difícil. Eso puede ser cierto, pero en el corto plazo también eso es irrelevante. La cosa es que en un descalabro, la recepción de impuestos cae. Los gobiernos no pueden lidiar ni siquiera con los gastos actuales, ya no digamos con el pago de gastos mayores. Así que impondrán impuestos de un modo o de otro.

Finalmente, el tercer modo de apaciguar es mediante una saludable dosis de populismo. La brecha real de ingresos entre uno por ciento superior y 20 por ciento inferior dentro de los países y a escala mundial ha crecido enormemente en los últimos 30 años. La brecha se reducirá ahora a la más normal que existía en 1970, que sigue siendo muy grande, pero de algún modo menos escandalosa. Como tal, tenemos gobiernos que hablan ahora de un tope al ingreso para los banqueros, como sucede en Estados Unidos y Francia. O se puede procesar a la gente por corrupción, como en China.

Es un poco como estar en el sendero del tornado. Lo peor puede caerle a los gobierno de repente. Cuando eso ocurra, tendrán apenas unos minutos para refugiarse en sus sótanos. Cuando el tornado haya pasado, y si queda alguien vivo, uno sale a evaluar el daño. Resultará que los daños son muy extensos. Sí, puede uno reconstruir. Pero ahí es donde comienza la verdadera discusión. ¿Cómo puede uno reconstruir, y qué tan justamente uno comparte los beneficios de la reconstrucción?

¿Cuánto tiempo durará el sombrío panorama? Nadie lo sabe ni puede estar seguro, pero probablemente un buen número de años. Entretanto, los gobiernos enfrentan periodos electorales, y los votantes no serán afables con los gobernantes. El proteccionismo y los programas de bienestar socialdemócrata le sirven a los gobiernos del mismo modo que un sótano sirve durante un tornado. La cuasi nacionalización de los bancos es otro modo de refugiarse en los sótanos.

Lo que la gente debe pensar es qué vamos a hacer cuando emerjamos del sótano, cuando sea que esto ocurra, y prepararnos para ello. La pregunta fundamental es cómo vamos a reconstruir. Ésa será la batalla política real. El paisaje será poco familiar. Y toda nuestra retórica anterior será sospechosa. El punto clave que hay que reconocer es que reconstruir nos puede llevar a un mundo mucho mejor, pero también nos puede meter a uno peor. En cualquier caso, será uno muy diferente.