quinta-feira, 22 de abril de 2021

De Dilma a Bolsonaro. Itinerario de la tragedia sociopolítica brasileña


Editorial RIL

¿Qué pasó con el país que aspiraba a constituirse en una tierra justa y solidaria, dejando para el pasado la impronta esclavista incrustada en las entrañas de su sociedad? ¿Cómo se llegó al momento actual, en que las instituciones democráticas están siendo desmanteladas diariamente por un gobernante despótico que hace apología de la tortura y de la muerte?

Estas son algunas de las interrogantes que pretenden responder estos escritos, realizados al calor de los hechos y las sinuosidades de la historia reciente de este país/continente. Comenzando por analizar los conflictos que surgieron durante la presidencia de Dilma Rousseff, estos textos abordan un periodo que nos muestran el acelerado proceso de degradación de la vida sociopolítica brasileña, que culmina con la elección de un gobierno de extrema derecha que combina las formas deletéreas de un autoritarismo impúdico en el plano político, con un proyecto ultra liberal en lo económico y con la instalación definitiva de un modelo de conservadurismo retrógrado en el ámbito sociocultural, educativo, de los valores morales y de las costumbres.

Sin embargo, en medio de la crisis sistémica y de la tragedia humanitaria causada por la pandemia, se abre un horizonte de esperanza de una ciudadanía que comienza a movilizarse, en principio dentro del campo electoral, por la recuperación de sus derechos -laborales, sociales, étnicos, culturales- precisamente porque ellos han sido conquistados con mucho esfuerzo a través de largos años de luchas, frustraciones y coerción. A partir de estas demandas concretas y unificadoras deben converger las fuerzas que permitirán la construcción de una nación digna de asumir las tareas del futuro en paz, justicia social y prosperidad colectiva.

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quarta-feira, 31 de março de 2021

Los cambios que se vislumbran en un escenario siniestro


Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

En su novela El Gatopardo, el escritor italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa pone en boca del personaje Tancredi -el sobrino del príncipe Fabrizio Salina-, aquella frase que se ha transformado en un arquetipo clásico del análisis y la acción política: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Este parece ser el espíritu de los cambios ministeriales realizados por el ex capitán en puestos importantes de la estructura de poder, es decir, de aquellos ministerios más cercanos al Palacio do Planalto (Relaciones Exteriores, Casa Civil, Secretaria de Gobierno, Justicia y Seguridad Pública, Defensa y Abogacía General de la Unión). La mitad de ellos son enroques entre ministros, ajustes de piezas en un tablero pensado para darle mayor capacidad de articulación al gobierno.

El nuevo canciller que reemplaza a Ernesto Araujo, se caracteriza por su bajo perfil y por ser una figura irrelevante, también adicta a las ideas de Olavo de Carvalho, el delirante astrólogo que dirige desde Virginia a sus seguidores antiglobalistas y ultraconservadores. Por lo tanto, nada parece mudar bajo el sol de Brasilia en un contexto de indiscutible desgaste del gobierno y en especial de la figura del presidente que se siente arrinconado y muestra los dientes.

Quizás si el cambio más sensible en este momento sea el efectuado en la pasta de Defensa, pues repercutió inmediatamente en la decisión de los tres comandantes de las Fuerzas Armadas de solicitar la renuncia a sus respectivas jefaturas. Previamente, en su carta de despedida, el General Fernando Azevedo había expresado que trató de preservar al máximo la autonomía de la Fuerzas Armadas, considerando que ellas son instituciones del Estado brasileño y no una milicia de apoyo a los arrebatos gubernamentales, como ha sido la pretensión de Bolsonaro y de su grupo ideológico más radicalizado.

En definitiva, el ex ministro Azevedo se opuso a una operación militar como deseaba el mandatario, que implicaba decretar el estado de sitio y, de esa manera, intervenir en los Estados de la Federación para obligar a los gobernadores a suspender las medidas de aislamiento y lockdown que muchos de ellos han decretado, como uno de los mecanismos necesarios para impedir la expansión de la pandemia. El ex capitán se resiste tajantemente a acatar estas medidas por el impacto que ellas tienen sobre la economía de las regiones. La decisión sobre la salida del ministro de defensa sería también una señal para las Fuerzas Armadas certifiquen su apoyo incondicional a un gobierno delirante que lucha contra enemigos poderosos, es decir, todos los detractores de su política de negar la gravedad de la pandemia a partir de una visión obtusa por recuperar la “normalidad”. Aún más, en estos días el ex capitán supone que cuenta con la complicidad de los militares cuando el 31 de marzo se rememora un nuevo aniversario del Golpe Militar de 1964, que derrocó al gobierno democrático de João Goulart, instalando una dictadura cruenta que duraría más de dos décadas.

Por lo mismo, la renuncia de los Comandantes en Jefe reposiciona el debate sobre la posible gestación de un autogolpe dentro del gobierno, el cual tendría como objetivo entregarle poderes extraordinarios al Ejecutivo para hacer y deshacer a su antojo, dentro del complejo escenario político en que se encuentra el país, marcado por la tragedia del Covid-19, el colapso sanitario, la recesión económica, el desempleo y el aumento acelerado de la pobreza. Sin embargo, más que una asonada golpista avalada por los nuevos comandantes, lo que se puede producir es un distanciamiento cada vez mayor entre la cúpula militar y los anhelos del núcleo ideológico del gobierno que intentan cooptar y presionar a las Fuerzas Armadas para obtener su apoyo en el endurecimiento de las posiciones frente al Parlamento, gobernadores, alcaldes y Poder Judicial, especialmente sobre el Supremo Tribunal Federal.

Difícilmente las Fuerzas Armadas se involucrarán en el actual contexto en una aventura tan bizarra como un autogolpe. Este es sin indiscutiblemente uno de los peores periodos de la historia de Brasil, cuando su desprestigio por ser el mayor reservatorio del coronavirus en el planeta es del consenso de toda la comunidad científica y de organismos multilaterales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Brasil se ha transformado en un paria dentro de la comunidad internacional, no solamente debido a su ausencia de voluntad para combatir la pandemia, sino también por su política medioambiental de destrucción del ecosistema, de violación a los Derechos Humanos de Pueblos Indígenas, comunidades negras y grupos LGBTI, así como por su displicencia frente a los casos de corrupción que han recrudecido en los últimos dos años.

Efectivamente, la actual administración ha destinado una parte significativa del PIB para equipar y mejorar la infraestructura y las condiciones salariales de las diversas ramas del Ejercito, la Marina y la Aeronáutica, pero ello no ha sido suficiente para obtener el apoyo incondicional a su gestión desastrosa, que viene siendo cada vez más cuestionada en las esferas militares. Asumiéndose como los “salvadores de la patria”, las Fuerzas Armadas se han empeñado en trabajar para acabar con la mortandad y la crisis humanitaria desatada en el país, entrando en ruta de colisión con el negacionismo mostrado por Bolsonaro y sus asesores más acérrimos.

Por su parte, el Congreso dominado por un agregado de partidos fisiologistas y pragmáticos (Centrão), también viene acusando recibo del colapso generalizado de hospitales, clínicas y hasta de los servicios funerarios, que compromete la reelección de muchos de sus miembros. La iniciación de un proceso de impeachment, que parecía improbable hace dos meses atrás, es una posibilidad que no se puede descartar de plano en este nuevo escenario crítico y caótico que apunta a Bolsonaro como el principal responsable.

Con más de 320 mil fallecidos y casi 13 millones de contagiados, la tragedia de los brasileños no parece tener fin. Con un gobernante incompetente y extremista apoyado por una horda de simpatizantes neofascistas y oscurantistas, Brasil parece una nave a la deriva en un mar tempestuoso con una tripulación desesperada y acorralada entre el delirio y la ignorancia. Por lo mismo, es de suma urgencia convocar a todas las fuerzas políticas y sociales que estén dispuestas a participar en la construcción de un pacto de salvación nacional que permita salir cuanto antes de esta pesadilla que amenaza seriamente la vida y los proyectos de la inmensa mayoría de sus habitantes.

quinta-feira, 18 de março de 2021

A cartilha de um genocida


Ruth de Aquino
O Globo


Chamar Bolsonaro de genocida parece provocação. Genocídio é o extermínio deliberado de uma coletividade indefesa, por diferenças étnicas, nacionais, religiosas ou sociopolíticas. O massacre de milhões de judeus por Hitler cunhou a expressão. Esse crime contra a humanidade é julgado em tribunais internacionais, com pena de até 30 anos de prisão. Não prescreve. Raramente os crimes de gestão pública chegam a Haia, na Holanda.

Por que então esse aprendiz de ditador que bajula as Forças Armadas, ameaça poderes, despreza minorias e persegue a imprensa é acusado de genocida? Em julho de 2020, quando os mortos por Covid eram 85 mil no Brasil, já havia em Haia três denúncias contra Bolsonaro por incitar mortes, asfixiar indígenas e propagar o vírus. No Supremo Tribunal Federal, há na pauta uma notícia-crime de genocídio. Um líder pode construir ou destruir consciência cívica. No início da pandemia, a população era mais comedida. Depois, imitou os negacionistas.

Como Bolsonaro boicotou as vacinas e nos aproximamos de 300 mil mortos, sua rejeição aumentou. Não importa quem é o ministro da Saúde (aliás, não importa quem é ministro de pasta nenhuma). É Bolsonaro quem manda. As pesquisas mostram. É Bolsonaro o culpado. É Bolsonaro o incapaz de governar. É Bolsonaro o autor do colapso do Brasil. 

Fiz uma cartilha com sete fatos. Um bê-a-bá de como se tornar ou se reconhecer um potencial genocida. Não listei características pessoais. A frieza, por exemplo. Só um genocida não se emociona com a morte de milhares de pessoas – especialmente idosos, vulneráveis, ou não produtivos. Que tomem tubaína. O deboche diante do luto nacional pode ser traço de um genocida. As ações são ainda mais gritantes e perniciosas. Aí vão elas:

1 – Negar a pandemia. É uma gripezinha. Nada vai acontecer se você tiver histórico de atleta. Todos vamos morrer um dia. Não podemos ser maricas e ficar em casa. Isolamento social não adianta nada. 

2 – Não usar máscara e promover aglomerações em bares, ruas, praias, contrariando os especialistas. Propagar o vírus. Apertar a mão, abraçar, beijar, tirar selfie, repreender ministros com máscara, vetar máscaras em presídios.

3 – Demitir um médico, Mandetta, como ministro da Saúde, por suas entrevistas diárias, explicando à luz da Ciência como reduzir contágio e mortes. Emparedar outro ministro da Saúde, também médico, por condenar a cloroquina. Gastar R$ 90 milhões em remédios ineficazes e fazer propaganda, tentar impor aos médicos. Efetivar na Saúde um general boneco de ventríloquo e incompetente. 

4 – Vetar divulgação de mortos e contaminados, optando por revelar apenas quem se curou. A censura foi contornada com o consórcio inédito de jornais e TV Globo. 

5 – Criar conflitos com o Supremo e a Câmara, incitando extremistas de direita a atacar essas instituições, nas redes sociais e fisicamente. Ameaçar ruptura institucional. Só mudar de atitude depois que a família começou a ser investigada por corrupção, rachadinhas e ligação com milícias. Trocar cargos e verbas por apoio no Congresso.

6 – Rachar com governadores e prefeitos, relegando a eles a condução da pandemia. Inventar que o Supremo Tribunal Federal tirou sua autonomia como presidente. Estrangular estados com a falta de liderança federal e de cilindros de oxigênio. Chantagear quem impõe lockdown ou restrições de circulação. 

7 – Boicotar as vacinas. Rejeitar a Coronavac, por ser chinesa e “do Doria”. Recusar vacinação obrigatória. Desencorajar. Não se vacinar. Não comprar milhões de doses da Pfizer que estariam aqui em dezembro. Proibir negociações com os laboratórios. Barganhar o preço até obrigar estados a suspender a vacinação. Solapar o SUS, a Fiocruz, o Butantan e todos os que poderiam já estar produzindo e imunizando em massa. Talvez estejam no seu colo 100 mil cadáveres. 

Como você chamaria quem age assim? 

sexta-feira, 12 de março de 2021

Ausencia y presencia de Marielle Franco


Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

¿Qué paga este sudor del tiempo que se va?

¿Qué tiempo están pagando el de su vida?

¿Qué vida están sangrando por la herida?

De virar esta tierra de una vez…

(De una vez, Silvio Rodríguez)

 

Este 14 de marzo se cumplen 3 años desde el cobarde asesinato de Marielle Franco y Anderson Gomes en una emboscada perpetrada por dos Policías Militares que operaban como sicarios de una organización criminal de milicianos con sede en Rio das Pedras conocida como “Escritorio del crimen”. Los ahora ex PM, Ronnie Lessa y Élcio Vieira de Queiroz continúan presos a la espera del juicio que será realizado con la participación de un jurado popular.

A pesar de que existen fuertes indicios del vínculo que tiene la familia Bolsonaro con este grupo miliciano, hasta ahora la Policía Federal y la justicia no han podido recoger las pruebas necesarias y suficientes que permitan demostrar fehacientemente la asociación del Clan con dicha organización. En parte, ello es debido a un conjunto de obstáculos que se han interpuesto para que los investigadores puedan efectuar su tarea de la manera más acuciosa y pormenorizada posible, con el objetivo de conocer los motivos de los mandantes y la cadena de responsables que existen hasta que se consumó la ejecución del crimen.

Por lo mismo, sigue abierta la pregunta que se ha transformado en el lema de la campaña para obtener la verdad y la justicia en el caso de Marielle y Anderson: ¿Quién mandó a matar Marielle y por qué? Tal como nos recuerda el proverbio “la justicia tarda, pero llega” y en este caso quizás estemos cada vez más cerca de conocer la verdad sobre este atentado, a la luz de todos los elementos probatorios que se han ido acumulando a lo largo de estos tres años de pesquisas.

Solamente señalaré algunos de los principales antecedentes recabados hasta el momento. Adriano da Nóbrega, un miliciano amigo de la familia Bolsonaro fue ultimado en extrañas circunstancias al interior del Estado de Bahía, donde se había ocultado luego que la justicia determinó su captura por diversos delitos. Ex capitán del Batallón de Operaciones Especiales de la Policía Militar (BOPE), Adriano era considerado el jefe del Escritorio del crimen, además de ser un estrecho colaborador de Flávio Bolsonaro. En efecto, la esposa y la madre de Adriano trabajaron en el gabinete del entonces Diputado Estadual y participaron activamente en el esquema de desvíos de salarios de funcionaros que había montado Flávio (la conocida “rachadinha”) que hasta ahora es investigada por la Justicia de Rio de Janeiro. Otro actor clave en el funcionamiento de dicho esquema era el chofer y guardaespaldas del diputado, el también ex PM y miliciano Fabricio Queiroz, el cual se encuentra actualmente con prisión domiciliar por este y otros delitos.

Si Adriano de Nóbrega fue el mandante del crimen de Marielle Franco es una incógnita, difícil de resolver en la medida que ya no podrá comparecer ante la justicia, pues su muerte puede ser considerada ciertamente como una estrategia de “quema de archivo”. Sin embargo, otras pruebas pueden surgir hasta el día del juicio y es muy probable que ellas permitan comprobar el involucramiento del Clan Bolsonaro en el asesinato de Marielle.

En el documental Marielle realizado en 2020, el director Caio Cavechini realiza un recuento cronológico de las últimas horas de la concejala asesinada junto a su chofer Anderson. En el documental, se van intercalando aspectos de la vida de Marielle, desde la infancia y hasta el fatídico día de su homicidio. Nacida en la favela Complexo da Maré en Rio de Janeiro, Marielle, desde muy joven manifestó una fuerte sensibilidad social. Ello la llevó justamente a elegir la carrera de sociología, la cual concluyó en 2007. Luego, realizó estudios en el Programa de Postgrado en Administración de la Universidad Federal Fluminense (UFF). Su disertación de Magister se transformó ulteriormente en el libro “UPP. A redução da favela a três letras: uma análise da Política de Segurança Pública do Estado do Rio de Janeiro”, la cual se transformó al poco tempo en una referencia obligada entre quienes se dedican a la problemática del papel desempeñado por las políticas estatales en materia de seguridad pública y ciudadana.

En ese periodo comenzó a incorporarse más activamente a la actividad política, militando en el Partido Socialismo y Libertad (PSol). Posteriormente, en 2017, fue electa concejala por este partido, desde el cual desplegó una enorme energía en la defensa de los derechos de los residentes en comunidades pobres, los grupos LGBTI, las mujeres, la población negra y todos quienes experimentaron alguna violación a sus derechos por agentes del Estado o por grupos paramilitares, como las milicias y los escuadrones de la muerte. En su actividad política, Marielle fue reconocida por muchas organizaciones nacionales e internacionales (como Amnistía o Human Rights Watch) en su lucha por la defensa de los Derechos Humanos.


El 8 de marzo de 2018 (6 días antes de su muerte) con ocasión del día Internacional de la Mujer, Marielle realizó un discurso memorable en la Asamblea Legislativa del Estado de Rio en el cual señala en una de sus partes:

“El golpe para quien viene de la favela es atroz, nosotras somos violadas y violentadas hace mucho tiempo y en muchos momentos. En ese período, por ejemplo, donde la intervención federal se concretiza en la intervención militar, quiero saber ¿Cómo quedan las madres y los familiares de las niñas revisadas? ¿Cómo quedan las médicas que no pueden trabajar en sus puestos de salud? ¿Cómo quedan las mujeres que no tienen acceso a la ciudad? Esas mujeres son muchas. Son mujeres negras, mujeres lésbicas, mujeres trans, mujeres campesinas, mujeres que construyen esta ciudad…”

Por lo mismo Marielle representaba un obstáculo indiscutible para la expansión de estas bandas criminales en las comunidades pobres de Rio. Y no solo eso, ella también era una amenaza para la hegemonía política del Clan Bolsonaro en los sectores periféricos de la ciudad de Rio, una alternativa poderosa a los esfuerzos de esa familia para imponer su proyecto de extrema derecha entre los grupos más carentes de esos territorios, especialmente entre los adherentes al pentecostalismo. Proyecto que se vio concretizado con el triunfo del neofascismo en las elecciones de octubre de 2018.

Un cómplice miliciano de los criminales dijo en una entrevista, pocos días después del homicidio, que luego la sociedad brasileña se olvidaría de Marielle. Al contrario de la profecía de este emisario de la muerte, la figura de Marielle Franco ha ido creciendo cotidianamente, transformándose en una gran inspiración y baluarte en la defensa de los derechos de las minorías violentadas por los poderes abyectos del Estado y la necropolítica. Su presencia no solo se encuentra inmortalizada en millares de murales que surgen en diversas ciudades de Brasil y América Latina, sino que también su sonrisa seguirá iluminando eternamente todas las manifestaciones y movilizaciones que se convoquen en defensa de la vida, la justicia y la dignidad de las personas.

 

quinta-feira, 11 de março de 2021

Por que Lula seria hoje o único capaz de destronar Bolsonaro?


Juan Arias
El País

Existe como um sentimento de culpa na sociedade depois de ter constatado a atitude da Lava Jato que atacou o petista por motivos políticos, o que acabou entregando o país a instintos de morte e destruição

A liberação de Lula para poder disputar eleições foi um terremoto que revirou todas as cartas da política e de alguma forma antecipou a disputa das próximas eleições presidenciais. A recente entrevista de Lula a este jornal e a pesquisa do Ipec Inteligência sobre o potencial de voto de 10 possíveis candidatos em que Lula seria o único com potencial para vencer Bolsonaro já tinham sido reveladoras. Duas coisas ficaram claras: se Lula fosse liberado para poder disputar as eleições seria o candidato do PT e, portanto, da esquerda.

Lula afirmou na entrevista que se sentia com forças para travar essa batalha e que seus 75 anos não seriam um empecilho, já que Biden é presidente dos Estados Unidos com 78. Agora, na primeira entrevista coletiva depois do anúncio do Supremo Tribunal Federal de que pode disputar as eleições, ficou claro que a partir de hoje Lula já está em campanha eleitoral e começa a aparecer um Lula ressuscitado e com a intenção de vestir mais a figura do estadista conciliador do que a do sindicalista enfurecido. Apareceu mais o Lula de seu primeiro mandato e da famosa Carta ao Brasil, em que anunciava seu desejo de governar apoiado pelas forças de centro-direita em diálogo com o mundo da indústria e do mercado com fortes apelos a uma revolução social.

A forte rejeição que ainda existe em boa parte da sociedade contra a esquerda foi o que deu a vitória à extrema direita golpista. E pelo menos até ontem era verdade que Bolsonaro, se não for apeado do poder antes das eleições, contará para se reeleger com a poderosa máquina do Estado à sua disposição e com a força dos militares que agora terão apenas duas opções: apoiar Bolsonaro que os colocou no Governo ou confessar sua derrota e seu fracasso ao governar lado a lado com o discutido capitão, cujos impulsos ditatoriais tentam em vão amansar.

Ao mesmo tempo fica cada vez mais evidente que milhões de pessoas que votaram no mito estão arrependidas e repetem o mantra: “Como pude votar nesse fascista genocida sem compaixão pelas vítimas da pandemia?”. A rejeição visceral a Lula e à esquerda parece estar se desvanecendo. Existe como um sentimento de culpa na sociedade depois de ter constatado a atitude da Lava Jato que atacou Lula por motivos políticos, o que acabou entregando o país a Bolsonaro e seus instintos de morte e destruição.

Hoje o que se ouve na rua e nos corredores sobre a possível reeleição de Bolsonaro é “qualquer candidato menos ele”. A cada dia fica mais claro que tantos arrependidos por terem votado na extrema direita de morte bolsonarista constatam cada vez mais que o mito se tornou um presidente que está empobrecendo e envergonhando o país ao distanciá-lo do concerto internacional.

Por tudo isto e pelas incógnitas que o complexo quebra-cabeça das eleições ainda encerra, todas as possibilidades permanecem abertas, inclusive que Bolsonaro seja destituído do cargo dada a incapacidade cada vez mais evidente de governar um país que hoje se vê, por sua culpa, mergulhado na maior crise sanitária de sua história que preocupa não só dentro do país, como também mundialmente.

Para derrotar Bolsonaro, porém, será necessário confrontá-lo com um candidato com carisma popular. Não se pode esquecer que se trata de um país em que a grande maioria que vai às urnas é a massa das classes mais pobres, que nunca votarão, por melhor que seja, em um candidato que não se apresente como um salvador ou redentor, alguém que vá resgatá-las da pobreza e do esquecimento.

Não podemos esquecer que Bolsonaro não teria sido eleito se não fosse o misterioso atentado que de repente transformou um simples capitão reformado do Exército em um mito, no messias escolhido por Deus. Nesse sentido, desta vez esse mito se deteriorou e chega à reeleição com sua coroa destroçada. E é nesse sentido que os hoje decepcionados com o mito vão em busca de outro mito.

E neste caso Lula, vítima da Lava Jato, pode ressuscitar como uma fênix de suas cinzas, capaz de vencer novamente sua batalha. Isso explicaria por que Lula aparece com maior potencial político do que todos os demais possíveis candidatos. No inconsciente de milhões de pobres e de certa classe média esclarecida existe a convicção de que Lula pode ressurgir como uma nova esperança.

Diz-se e repete-se que o sonho de Bolsonaro é enfrentar Lula. Talvez se as pesquisas continuarem dando a Lula uma força política capaz de derrotar a extrema direita golpista, Bolsonaro tente, instigado pelos próprios militares, a mudar de camisa para aparecer menos provocador e negacionista. Finalmente está se revelando que a alardeada valentia do mito contém uma boa dose de covardia.

A hipótese de um acordo do centro-esquerda também está desmoronando porque com Lula não existe a possibilidade de que as outras forças progressistas cheguem a um acordo eleitoral. Lula ocupa todo o arco da esquerda e, além disso, já demonstrou que é capaz de fazer um Governo no qual participem partidos de centro, como aconteceu em seus dois Governos anteriores. Isso enfraquece a possibilidade do centro-direita optar por um Bolsonaro desgastado por seu comportamento durante a pandemia que a cada dia acumula mais mortes e mais sofrimento nacional.

Este país parece cada dia mais cansado de todo esse ódio semeado pelos boslonaristas e busca um período de paz política. Por isso é fundamental que Lula apareça depois de seu calvário judicial não mais como o político do nós contra eles, mas como o político da reunificação nacional.

Isso também poderia contribuir para a recuperação econômica e para a tranquilidade dos mercados e empresários se entenderem que o novo Lula volta renovado e capaz de dialogar e negociar com todos e que apresenta um novo projeto de Brasil. Um projeto capaz de convencer até mesmo aqueles que confiaram no projeto do mito da extrema direita que chega à reeleição, se chegar, desgastado e maltratado como um presidente incapaz de apostar na vida, mais preocupado em salvar da justiça sua família mergulhada na corrupção do que com os problemas urgentes do país.

Bolsonaro chega à reeleição como quem traiu todas as bandeiras e promessas com as quais foi eleito e como quem usou a pandemia como arma para seus interesses em se reeleger, com uma atitude suicida que ensanguentou o país ao mesmo tempo em que o transformou em um pária aos olhos do mundo.

Os primeiros sinais de que hoje a comparação entre Lula e Bolsonaro começa a se inclinar a favor do primeiro é que de repente seu nome aparece nas redes sociais com uma força que não tinha até ontem. E os mesmos políticos de centro-direita começam a fazer comparações entre o atual presidente golpista e fascista e o Lula democrático capaz de dialogar com todas as forças políticas.

Um sinal claro acaba de ser dado pelo ex-presidente da Câmara dos Deputados, Rodrigo Maia, de centro-direita, que fez uma interessante comparação entre Lula e Bolsonaro no Twitter. Segundo Maia, enquanto Lula “tem visão de país”, Bolsonaro “só enxerga o próprio umbigo”. Segundo Maia, “Lula, ao contrário de Bolsonaro, respeita e defende a democracia”. E acrescenta que “enquanto Lula defende uma política externa independente, Bolsonaro defende a subserviência”. E conclui: “Você não precisa gostar do Lula para entender a diferença dele para o Bolsonaro”.

São os primeiros sinais de que a candidatura de Lula começa a destroçar a atual política de morte do capitão e a ver sua chegada como uma nova forma de fazer política respeitando os valores da civilização e oferecendo ao mundo uma nova esperança de sair do túnel tenebroso de um bolsonarismo que acabou rebaixando o país à categoria de república de bananas que ele deseja manejar à vontade, esquecendo que o Brasil é uma das potências econômicas do mundo e coração do continente latino-americano.

Os sonhos loucos do capitão começam a perder força inclusive dentro da direita não fascista, que vê na chegada do velho Lula o fim de um pesadelo do qual o Brasil já está cansado e com vontade de virar a página.

quinta-feira, 4 de março de 2021

¿Quién puede detener al genocida?

 

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

El mayor enemigo del pueblo brasileño tiene nombre y apellido, es su presidente y se llama Jair Bolsonaro. Su personalidad psicopática está causando la muerte de miles de ciudadanos que se encuentran amenazadas no solo por las diversas mutaciones del Covid-19, sino especialmente por una política que está siendo ejecutada ex professo para aumentar el número de víctimas fatales.

No es mera negligencia e inoperancia, es una acción deliberada de negar los efectos del coronavirus sobre la población. La secuencia de declaraciones contra las medidas de precaución es larga, siendo que el ex capitán ha conspirado contra el distanciamiento social, contra el uso de la vacuna y, en su última y desastrosa manifestación, cuestionando el uso de las mascarillas, afirmando que podría tener efectos colaterales para quienes la usan, especialmente los niños. En su escalada genocida, Bolsonaro continúa insistiendo en el uso de la cloroquina como tratamiento precoz, un fármaco que ha sido descartado como remedio para el Covid-19 por todos los estudios científicos realizados hasta el presente. Al contrario, existen muchas más evidencias de que su utilización en pacientes infectados ha provocado la muerte y no la recuperación de los enfermos.

Brasil se encuentra en este momento en la peor fase de la pandemia, llegando casi a los 2.000 decesos por día, con hospitales colapsados, sin camas UCI para pacientes en situación grave, que se mueren en las salas de espera de los centros asistenciales, con un crecimiento acelerado de los contagiados y sin un programa de vacunación nacional que permita abrigar alguna esperanza sobre la superación de la crisis sanitaria que se instaló en el país. Además, por la falta de lechos en las Salas de cuidados intensivos, también están muriendo pacientes que tienen otras enfermedades que requieren atención de emergencia (infartos agudos al miocardio, accidentes vasculares, peritonitis, comas diabéticos, traumatismos, etc.).

Después de negarse a conversar y negociar con las farmacéuticas, Brasil se encuentra sin dosis para ofrecer a la población, inoculando con suma lentitud a su población más vulnerable y alcanzando a inmunizar a esta altura a solo un 3 por ciento de un universo de 109 millones de personas que requieren la vacuna con mayor urgencia (el país posee una población total de 210 millones de habitantes).

¿Qué han hecho hasta el presente las instituciones para resguardar la vida de los brasileños? Muy poco o casi nada. El Supremo Tribunal Federal se ha mantenido omiso frente a la grave crisis humanitaria decurrente de la ausencia de planificación y de la inexistencia de una política de salud. Cuando mucho, permitió que gobiernos estaduales y municipales puedan comprar sus propias vacunas en función de la incapacidad del gobierno federal de proveer de dosis al conjunto de la nación. Los gobernadores se han resistido a declarar la cuarentena de sus respectivos estados para no perjudicar aún más el comercio y las actividades productivas. Recién ahora las medidas de lockdown están siendo tomadas en varios estados de la federación, pues la situación actual de los contagios, muertes y colapso de los servicios es insoportable.

Por su parte, los alcaldes, también han sido timoratos y negligentes en la adopción de medidas para revertir la expansión desmesurada de los contaminados. Muchos de ellos, transfieren la responsabilidad de la enfermedad a los individuos que no han tomado en serio las medidas de precaución, siendo que la ausencia de una política pública efectiva en las tres esferas de la federación ha sido indudablemente la causa principal del colapso sanitario. Del Congreso Nacional no se puede esperar nada, pues la mayoría de los “honorables” parlamentarios han sido comprados con recursos de enmiendas al presupuesto en proyectos para continuar engañando a sus respectivos electores. Los más de 70 pedidos de impeachment del mandatario, ciertamente seguirán esperando y vegetando en la gaveta del presidente de la Cámara de diputados, Arthur Lira, hasta el final de su mandato.

Según el científico y gran especialista en virología y pandemia, Dr. Miguel Nicolelis, Brasil se está transformando en el mayor reservatorio biológico de coronavirus en el mundo. Ello debido a que el aumento exponencial de los contagios viene provocando no solamente el crecimiento de las defunciones, sino lo que es más grave, nuevas mutaciones del virus que pueden ser mucho más agresivas y nocivas que las cepas conocidas del Covid-19 y por lo mismo más inmunes a las vacunas actualmente disponibles. “Brasil es un laboratorio a cielo abierto para que el virus prolifere y eventualmente produzca mutaciones más letales. Infelizmente en la actualidad somos un paria mundial”.

Mientras tanto, Bolsonaro sigue gobernando y la diseminación del coronavirus es una acción premeditada del genocida y sus secuaces del gobierno, es una política de muerte o necropolítica pensada y ejecutada con perversidad y frialdad. El ex capitán considera que mientras más individuos sean contaminados con la “gripezinha”, la inmunidad de rebaño hará el resto y se podrán retomar las actividades económicas restringidas por la existencia de la pandemia. Pero los contagios y las muertes siguen aumentando de manera asustadora. El Covid-19 ya mató más de 260 mil personas hasta ahora. Si las previsiones de óbitos siguen la curva estimada por los especialistas de la Fiocruz y otros centros de investigación, en menos de 3 meses se llegará a la escalofriante cifra de medio millón de defunciones a causa del coronavirus. Por su obstinación en recusarse a combatir el Covid-19, Bolsonaro debería ser juzgado por el Tribunal Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad contra la población brasileña.

Si las instituciones no funcionan, es la ciudadanía y las organizaciones de la sociedad civil las que deben levantarse para frenar esta máquina de exterminio en que se ha transformado el gobierno brasileño. Pero la población se encuentra aislada en sus casas y es un peligro salir a manifestarse en las calles. Sin embargo, tímidamente las personas están saliendo en bicicleta o en auto para expresar su rechazo al genocida, su defensa de la democracia y de la vida. También cada cierto tiempo se escuchan protestas y cacerolazos en las principales ciudades del país. Es una lucha desigual y persistente por preservar los valores de una comunidad que desea sobrevivir a la muerte y al abandono. Como nos advierte muy acertadamente la escritora Eliane Brum: “La alternativa es seguir asistiendo a Bolsonaro ejecutar su política de muerte, hasta que no podamos más asistir porque también estaremos muertos”.

segunda-feira, 22 de fevereiro de 2021

Albert Camus y 'La Peste': libertad y existencia bajo asedio


Antonio Soria
La Jornada

En la famosa novela del gran escritor Albert Camus (1913-1960), 'La peste', se plantean de manera magistral, lúcida y sin concesiones, los rasgos esenciales de la condición humana ante la enfermedad, quizás en su forma más severa, la epidemia, y se pone en evidencia el profundo pensamiento humanista de su autor, merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1957, a los cuarenta y cuatro años de edad. En nuestros tiempos de Covid-19, su lectura es mucho más que pertinente.


Perspectiva Histórica: pandemias de ayer y de hoy

La ruta de la pandemia ocasionada por el virus Sars-Cov-2, causante de Covid-19, que sigue provocando estragos a nivel mundial, es bien conocida: grosso modo, de Asia pasó a Europa –con especial presencia en Italia– y de ahí se extendió a todo el planeta. Precisamente el primer caso mexicano fue el de una persona que había viajado a Italia.

De inmediato, la epidemia por un virus cuyo origen todavía se discute –se habla de murciélagos, pangolines y otros posibles transmisores originarios– cobró dimensiones globales y, en el particular caso de México, tres meses y once días después de iniciada en la que hasta ese momento era la internacionalmente ignota ciudad de Wuhan, en el sureste de la República Popular China, la pandemia quedó instalada no como tema único, pero, de manera inevitable, sí como el principal, recurrente y subordinante de cualquier otro asunto, que sin remedio quedó supeditado a lo que sucediera o dejara de suceder a consecuencia de la pandemia.

Como se ha insistido desde el principio, la actual crisis sanitaria sólo puede ser comparada con la pandemia que tuvo lugar a principios del siglo xx, también ocasionada por la expansión irrefrenable de un virus, para decirlo en términos técnicos, de influenza tipo a, subtipo H1N1, pero que (des)consideraciones de orden geopolítico movieron a denominarla, no sin insidia, como la gripe española.

Entre febrero de 1918 y hasta abril de 1920, lapso que a grandes rasgos es considerado como su duración real, aquella peste cobró la vida de aproximadamente 50 millones de personas alrededor del mundo, para un porcentaje apocalíptico si se pone en la perspectiva de dos datos duros, tanto de aquel tiempo como de éste: en 1920, la población mundial rondaba los mil 800 millones de habitantes; eso significa que, en sólo veintiséis meses, la influenza de 1918-1920 cortó la vida del 2.7 por ciento de la población mundial, para un promedio de 63 mil 291 muertes diarias. Un siglo más tarde, a la Tierra la poblamos alrededor de 7 mil 500 millones de seres humanos, y aunque la cifra de contagios y decesos naturalmente sigue y seguirá aumentando durante un lapso imposible de conocer, al día de hoy no rebasa los 2 millones 400 mil muertes, para un promedio aproximado de 5 mil 700 fallecimientos diarios por Covid-19, o 0.03 por ciento de la población mundial. Por supuesto, este comparativo numérico de ningún modo tiene la intención de minimizar la emergencia y la tragedia actuales; sólo pretende mirar el actual estado de las cosas desde una perspectiva histórica.

La de principios del siglo xx y la del Covid-19, como es natural y como, a estas alturas, lo sabe incluso el menos enterado, no son las únicas –y tampoco las peores– epidemias que la humanidad ha sufrido: sería imposible agotar el registro en un espacio como éste, pero apúntense al menos un par: la tristemente célebre peste negra medieval, que en el siglo xiv cortó la existencia de aproximadamente 200 millones de seres humanos en Europa y Asia, y otra que tuvo lugar en el siglo xix, pocos años antes de la acaecida en 1918-1920: la que asoló la ciudad argelina de Orán en 1849, de la cual se hace eco La peste, la conocida novela de Albert Camus, que en los días que corren ha cobrado nueva relevancia, como resulta obvio considerando tanto el tema del libro como la relevancia mundial de su autor

Perspectiva literaria: una y todas las pestes.

Breve, concisa, espléndida y durísima, La peste no fue ni el primer libro ni la primera novela publicada por Camus: un lustro antes había dado a la imprenta El extranjero, esa otra obra maestra, así como publicado alrededor de siete títulos, entre piezas teatrales y ensayos, incluyendo esa cúspide del pensamiento occidental llamada El mito de Sísifo

Publicada en 1947 –una década antes de que Camus recibiera, a sus cuarenta y cuatro años de edad, el Premio Nobel de Literatura–, a La peste se le ha querido entender como una gran metáfora de la invasión nacionalsocialista alemana en territorio francés. Asimismo, se le ha querido interpretar como si se tratara de una enorme alegoría relativa a la amenaza permanente de la maldad, contra la cual el género humano debe permanecer alerta si acaso lo que busca es no sólo sobrevivir y prevalecer sino realmente vivir o, quizá mejor dicho, realmente existir, y que la existencia misma tenga algún sentido, para expresarlo en los términos filosóficos que alguna vez le fuesen caros al propio Camus: los del existencialismo.

En tanto La peste se hace eco de un hecho histórico verídico, sólo que adaptado a la realidad de mediados del siglo xx, cabe por supuesto la interpretación más sencilla de todas: una evocación, estremecida y estremecedora, del pasado relativamente reciente, así como una revisión de la idiosincrasia nacional del propio autor, nacido en Argelia a finales de 1913 –en otras palabras, a los cinco años de edad Camus vivía en un mundo azotado por una pandemia. No en balde, los acontecimientos de ficción de La peste tienen lugar casi exactamente un siglo después de los que asolaron a la ciudad de Orán.

Empero, y sin demérito de las interpretaciones arriba apuntadas, con su segunda novela Camus alcanzaría, y de igual manera con una novela más bien corta –apenas arriba de doscientas páginas que, dicho clásicamente, se leen de un tirón porque resulta imposible soltar el libro sin llegar hasta el final–, lo mismo que Thomas Mann tres décadas y un lustro antes, con su también celebérrima Muerte en Venecia –contextualizada, como bien se sabe, durante una epidemia de cólera–: hablar no de una, sino de todas las epidemias, presentes, pasadas e incluso futuras, como los actuales habitantes de esta Tierra podemos constatar.

En aras de comprobar lo antedicho, es grande y difícil de resistir la tentación de citar profusamente, pero se hará un esfuerzo de brevedad, comenzando por el final de la novela, incluida la idea que, para muchos, sintetiza el existencialismo según Albert Camus, que no sería otra cosa que un humanismo profundo, diríase telúrico y, en su caso, henchido de generosidad y calidez:

El viejo tenía razón, los hombres eran siempre los mismos. Pero esa era su fuerza y su inocencia y era en eso en lo que, por encima de todo su dolor, Rieux sentía que se unía a ellos. […] para testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Lo que el narrador dice de Rieux, ese doctor infatigable para quien la piedad con sus semejantes tiene forma de persistencia, disciplina y olvido de sí mismo, es por supuesto lo que movió al propio Camus no sólo en la escritura de La peste y de otros libros suyos, en particular El hombre rebelde y El mito de Sísifo: la resistencia, casi que la obcecación ciega, contra la adversidad o la indiferencia de un mundo al que ni le sobra ni le falta la presencia o la ausencia del ser humano en su seno.

Sigue hablando el narrador, a nombre de ese espíritu noble del doctor Rieux, acerca de la conveniencia de no cantar victoria nunca, en particular si el enemigo a combatir es la peste, ya sea que se trate de un virus, del desaliento, del egoísmo o de la indiferencia respecto de la suerte del prójimo:

…sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva. No puede ser más que el testimonio de lo que fue necesario hacer y que sin duda deberían seguir haciendo contra el terror y su arma infatigable, a pesar de sus desgarramientos personales, todos los hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a admitir las plagas y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos. Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.

El doctor Rieux y, a su personalísimo modo, el resto de los personajes que pueblan la historia –Tarrou y su desapegado escepticismo, paradójicamente no exento de ternura; el anciano Grand y su contribución tan discreta como indispensable en la ejecución de las faenas a que la epidemia obliga; Rambert, uno de quienes “llegaron incluso a pensar que seguían siendo hombres libres, que podían escoger”, más el resto, unos escépticos, otros exasperados, otros más esperanzados, otros todo lo contrario–, todos sin excepción viven, cada uno, su propia epidemia y reivindican su derecho a ser libres, así sea solamente para volver a la molicie prepandémica o, si la libertad bien entendida y mejor aprovechada es mucho pedir en medio de la tragedia, al menos reclaman su derecho -tan inalienable en la Edad Media como en los siglos xiv, xix, xx y el actual, sea en Wuhan, Orán o Ciudad de México- a seguir existiendo.