sexta-feira, 22 de maio de 2026

Resistencia boliviana

Daniel Gatti
Brecha

Comenzaron hace siete semanas, pero luego las movilizaciones se fueron extendiendo hasta abarcar sectores de lo más diversos: campesinos, indígenas, grupos ambientalistas, cooperativistas mineros, comisiones vecinales, maestros rurales; a punto estuvieron incluso de alcanzar a la Policía. Unos protestaban contra una ley agraria que apuntaba a convertir tierras de propiedad comunal en propiedades individuales; otros, contra la llamada gasolina basura, un combustible de pésima calidad importado con el pretexto de abaratar su precio y que acabó arruinando decenas de miles de vehículos, vendido, además, a precio de oro; otros reclamaban aumentos de sueldos ante una inflación creciente; otros, el restablecimiento de un impuesto a las grandes fortunas, eliminado en una de las primeras decisiones del gobierno de Rodrigo Paz Pereira, asumido en noviembre.

Las protestas fueron escalando, a pesar de que el Senado, para largar lastre, dejó sin efecto –al menos por un tiempo– la ley de contrarreforma agraria. Los campesinos aimaras decidieron seguir saliendo a las calles. Y lo mismo hicieron el grueso de los mineros, y los maestros, y las federaciones sindicales, a pesar de los intentos del gobierno de dividir a esos sectores pactando con algunos de sus componentes. La Central Obrera Boliviana se sumó a las protestas a través de la convocatoria a una huelga general. Una bandera pasó a unificar el movimiento: el reclamo de renuncia del presidente.

Cuando llegó al Palacio Quemado, Rodrigo Paz Pereira no era, de los dos candidatos que disputaron el balotaje, el que estaba más a la derecha. En una elección huérfana de postulantes de izquierda o progresistas, aparecía como un moderado que debió gran parte de su ascenso y su posterior triunfo a los votos prestados que le llegaron desde las bases de un Movimiento al Socialismo atomizado y en acelerada descomposición. También lo ayudaba que su compañero de fórmula, el vicepresidente Edmond Lara, un ex policía que había hecho campaña contra la corrupción en los cuadros policiales y en buena parte de la dirigencia política nacional, le permitiera conectar con sectores populares.

Pero pasados apenas seis meses de su victoria, el hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, puro producto de la «casta» política boliviana, no ve ahora con malos ojos que algunos comiencen a llamarlo «el Milei del Altiplano», una denominación que, en noviembre, le calzaba mucho más a su rival de entonces, Jorge Tuto Quiroga, habitué de las peregrinaciones a Buenos Aires para reunirse con el libertario argentino. El «capitalismo para todos» (ese oxímoron que Paz prometió en campaña) pronto reveló su esencia: leyes, decretos, gestos simbólicos fueron dando la pista de que lo que se proponía Paz era la restauración en el poder de las élites tradicionales.

«Traición», gritaron algunos de los que le habían prestado sus votos en noviembre. «Dijo que no iba a privatizar, que no iba a prestar plata. Y lo primero que hizo fue eliminar el impuesto a la riqueza y sacó una ley donde dice que la tierra puede estar ociosa por diez años. La gente no creía que era un gobierno de derecha. Creía que iba a ser de centro. Pero terminó siendo como cualquier gobierno afiliado a Donald Trump», constató desde La Paz el periodista boliviano Jaime Iturri.

Y así es: desde Washington ha fluido el apoyo al boliviano. También desde la Argentina mileísta, desde el Chile gobernado por José Antonio Kast, de Paraguay, Perú, El Salvador, Honduras. Hay un nuevo Plan Cóndor en marcha en América Latina, otra vez con epicentro en Estados Unidos, pero ahora con una narrativa en la que el nuevo enemigo interior serían los «narcotraficantes» asociados al «terrorismo», apuntó por estos días la militante social boliviana María Galindo. Recordó también que Bolivia es, junto con Chile y Argentina, parte de ese «triángulo del litio» cuyo control Estados Unidos considera vital para su propia seguridad estratégica.

Esta semana, al ratificarle su respaldo al acosado Paz, el vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, afirmó en Washington durante la Conferencia de las Américas que las protestas bolivianas eran parte de un «golpe de Estado financiado por esa alianza perversa entre la política y el crimen organizado», y que su país contribuiría, llegado el caso, con la «defensa del orden constitucional amenazado por la chusma».


El relato mainstream sobre las movilizaciones sociales bolivianas incluye responsabilizarlas a ellas, y no a las políticas del gobierno, del desabastecimiento que estaría «acuciando» a La Paz y a otras ciudades, y hasta de muertes en hospitales «causadas» por los bloqueos de rutas. Otro de los cartones ligadores es Evo Morales, mencionado como «líder» del movimiento a pesar de que este ha tenido como epicentro La Paz y El Alto, muy lejos del Chapare, donde el expresidente se refugia desde hace un par de años.

Por el momento Paz no ha puesto todos los huevos en la canasta de la represión. A que lo haga lo están instando Tuto Quiroga, el también expresidente Carlos Mesa, el capitán retirado y exalcalde de Cochabamba Manfred Reyes y otros dirigentes de extrema derecha. Representantes de las élites empresariales de Santa Cruz de la Sierra «le han ofrecido que gobierne desde esa ciudad, lejos de las hordas populares e indígenas».

También le prometieron apoyarlo si se decide a declarar el estado de excepción en la capital y sus alrededores, donde está la mayoría de los 50 puntos de bloqueo persistentes en el país. El presidente se ha limitado, por ahora, a cambiar su gabinete.

La fuerza del movimiento, escribió Galindo, radica en su horizontalidad, en el hecho de que «no tiene dirección única, ni mando, ni cabeza visible única». «Si es capaz de armar una agenda política colectiva inteligible para el conjunto de la sociedad […], puede lograr instalar un gran antecedente» y dejar atrás las divisiones que lo han debilitado en los últimos tiempos. Sería también la única posibilidad de garantizar, de cierta manera, que las derechas en sentido amplio no se salgan con la suya y descarguen sobre los rebeldes la responsabilidad de una crisis que les es por completo ajena.

quinta-feira, 21 de maio de 2026

John Maynard Keynes salvó al capitalismo de sí mismo


Joseph Stiglitz
The Economist

Hace doscientos cincuenta años, Estados Unidos era en gran medida una economía agraria, afectada, por supuesto, por el clima, pero sin ciclos económicos propiamente dichos. Estos surgieron con el desarrollo del capitalismo en el siglo XIX. Y así comenzaron las profundas fluctuaciones de la era moderna, siendo las dos peores la Gran Depresión de la década de 1930 y la Gran Recesión que comenzó en 2008. Afortunadamente, John Maynard Keynes, el gran economista del siglo XX, nos demostró que no teníamos por qué sufrir estas disfunciones del capitalismo. El gobierno podía hacer algo al respecto.

Como dice el refrán, la necesidad agudiza el ingenio. Para cuando Franklin Roosevelt asumió la presidencia en 1933, Estados Unidos ya había perdido cuatro valiosos años sumiéndose cada vez más en la depresión. Roosevelt no podía esperar a que Keynes explicara qué hacer. Intervino con decisión, incluso podría decirse que con intuición. Algunos aspectos de su programa siguen siendo controvertidos; a pesar de que la tasa de desempleo alcanzó un máximo cercano al 25% durante la Gran Depresión, la mayoría de economistas y empresarios afirmaban: «Déjelo en manos del mercado. Se corregirá solo con el tiempo». Pero, como bromeó Keynes, en el largo plazo, todos estaremos muertos.

El libro de Keynes de 1936, La teoría general del empleo, el interés y el dinero, constituyó una revolución intelectual. Contrariamente a las doctrinas predominantes de la época, argumentó que los mercados, si se dejaban a su suerte, podían permanecer estancados en largos periodos de desempleo profundo. Incluso si existieran "fuerzas" autorreguladoras que impulsaran la economía hacia el pleno empleo, estas actuarían con demasiada lentitud por sí solas para evitar graves dificultades económicas. Explicó por qué la política monetaria -favorecida por muchos economistas conservadores cuando se consideraba necesaria la intervención- sería ineficaz en una profunda recesión. Y lo que es más importante, ofreció una solución: el gasto público podía estimular la demanda y sacar a la economía del estancamiento.

La buena noticia era que la constitución tenía la flexibilidad suficiente para permitir que estas nuevas ideas se pusieran a prueba y demostraran su valía, aunque los Padres Fundadores no pudieron haber previsto este papel fundamental del gobierno. En aquellos tiempos, el gobierno era mucho más pequeño. Durante la primera mitad del siglo XIX, el gobierno federal recaudaba apenas el 2% del PIB y no existía un Banco Central hasta la creación de la Reserva Federal en 1913. El gobierno central no contaba ni con los recursos ni con las herramientas necesarias para estabilizar un sistema capitalista inherentemente inestable.

Keynes no era un radical de izquierdas; no le preocupaba demasiado la desigualdad, creía en la economía de mercado y creía que su intervención propuesta -no una revolución, sino una pequeña "solución"- salvaría la situación.

Sin embargo, muchos desconfiaban de Keynes porque justificaba la necesidad de un gobierno más grande. Algunos ideólogos de derecha hubieran preferido que el país permaneciera en una depresión antes que la intervención del gobierno. Según su perspectiva, si el gobierno podía hacer eso, ¿quién sabe qué más podría hacer? Podría garantizar a todos una pensión mínima, atención médica y educación. Y esas cosas podrían requerir impuestos superiores a las ínfimas cantidades que pagaban los estadounidenses. Esto era especialmente peligroso -para los antepasados ​​de los oligarcas multimillonarios de hoy- porque unos 20 años antes Estados Unidos había adoptado la 16.ª Enmienda a la Constitución, que permitía la imposición de un impuesto sobre la renta.

En retrospectiva, el pragmatismo de Roosevelt y las ideas de Keynes salvaron al capitalismo de los propios capitalistas. Si estos últimos se hubieran salido con la suya, los fracasos del capitalismo sin restricciones, una economía asfixiada por una depresión aparentemente interminable, probablemente habrían significado que no hubiera sobrevivido a las presiones democráticas. En cambio, el presidente John F. Kennedy, bajo la influencia de destacados economistas keynesianos (entre ellos John Kenneth Galbraith, Robert Solow y Paul Samuelson), adoptó las políticas keynesianas como la piedra angular de su marco económico.

A lo largo de la década de 1970, con el país enfrentando inflación (entonces, como ahora, causada en gran medida por aumentos sin precedentes en los precios del petróleo), la derecha afirmaba que Keynes estaba obsoleto. Mientras que Keynes había enfatizado el papel del gobierno en el sostenimiento de la demanda total (o agregada) para que la economía se mantuviera en pleno empleo, Ronald Reagan cambió el enfoque para enfatizar la oferta. Los conservadores argumentaban que si los impuestos eran bajos y las regulaciones laxas, la dinámica del mercado aseguraría el crecimiento con pleno empleo. Eran tan optimistas que incluso afirmaban que las reducciones en las tasas impositivas impulsarían tanto crecimiento que aumentarían los ingresos fiscales. Por supuesto, eso no sucedió.

En las décadas siguientes, Estados Unidos sufrió repetidas recesiones, algunas bastante profundas, demostrando con contundencia que los mercados sin restricciones no eran buenos para autorregularse. Durante la Gran Recesión y, sobre todo, durante la pandemia de COVID-19, las intervenciones keynesianas -el gasto público- demostraron ser enormemente eficaces.

Sin embargo, a pesar de todas las evidencias, la batalla política continúa. A principios de la década de 1990, se intentó aprobar una enmienda para lograr un presupuesto equilibrado, una disposición que prácticamente habría impedido la implementación efectiva de políticas keynesianas. Afortunadamente, fue rechazada por un estrecho margen. Durante el primer mandato del presidente Donald Trump, se produjo un resurgimiento de las políticas de oferta, con una importante reducción de impuestos a las corporaciones y a los multimillonarios. Estas políticas fracasaron, al igual que las anteriores de Reagan: los déficits aumentaron y el impulso al crecimiento fue mínimo, si es que hubo alguno.

Si la constitución se hubiera creado en el siglo XXI, sabiendo que el gobierno tiene la capacidad de garantizar el pleno empleo en la economía, probablemente lo habría estipulado. Lo más cerca que estuvimos fue con la Ley de Empleo de 1946, que creó el Consejo de Asesores Económicos en la Casa Blanca, que presidí durante la presidencia de Bill Clinton. Esta ley comprometía a Estados Unidos a “fomentar… las condiciones que permitan el acceso a un empleo útil para quienes sean capaces, estén dispuestos y busquen trabajo”. A pesar de contar con las herramientas para lograr esta misión, con demasiada frecuencia, y para muchos, hemos fracasado.

segunda-feira, 18 de maio de 2026

Flavio Bolsonaro, el desplome de un corrupto

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

Daniel Vorcaro se ha transformado en el amigo más tóxico de la clase política y de los jueces brasileños. En efecto, son muchos los personajes de la escena política y judicial que se han beneficiado de su generosidad a cambio de influencia y futuros favores en la línea de crédito del “banquero”, actualmente transformado más bien en el jefe de un enorme esquema destinado a fraudar a usuarios, entes públicos, fondos del seguro social y el Banco de Brasilia, al cual le vendió una extensa y billonaria cartera de cuentas deficitarias.

La historia que se conoce hasta ahora es que, liderando un entramado complejo, Vorcaro captó recursos de cientos de clientes e inversionistas a través de captaciones en Depósitos de Renta Fija (CDB) prometiendo tasas de interés espectaculares, muy por encima de los valores promedios existentes en el mercado financiero brasileño. Es decir, tomaba el dinero de clientes de su Banco Master, a sabiendas de que no tenía como sustentar esos compromisos, lo que finalmente transformaba todas las operaciones en un simple fraude, tanto para los inversionistas como, posteriormente, para el Banco de Brasilia al cual le transfirió irregularmente esa cartera de clientes creedores del Banco Master. De esta manera, Vorcaro hizo desaparecer y consiguió también distribuir decenas de millones de reales entre sus “amigos de la vida”, como el senador Ciro Nogueira o su “hermano” Flavio Bolsonaro, producto del robo sistemático perpetrado por el banquero a sus clientes y a otras instituciones financieras.

Desde la fundación del Banco Master en octubre de 2019, Vorcaro fue construyendo una red de influencia basada en aportes millonarios a diversos actores de la vida política institucional de la República. Entre otros, comprometió a dos ministros del Supremo Tribunal Federal (Alexandre de Moraes y Dias Toffoli) a los cuales repasó generosas cifras de millones de reales, al primero, a través de “Consultorías” realizadas por la oficina de abogados de la esposa de Moraes y, al segundo, por medio de la inversión en un resort que es propiedad de la familia del ministro del STF, socio de ese emprendimiento inmobiliario.

También consta en el proceso contra el banquero pagos a parientes del ex ministro de Justicia de Lula, Ricardo Lewandowski y de Guido Mantega, quien consiguió una audiencia entre Vorcaro y el presidente Lula da Silva. Desembolsos millonarios también fueron efectuados para establecer relaciones cordiales con gobernadores, presidentes de partidos del centrão y otros miembros relevantes de la vida pública nacional.

La magnificencia demostrada por Vorcaro no es más que la expresión de la compra de influencia ramificada entre un conjunto significativo de actores de la escena política e institucional, haciendo uso -como ya apuntamos- del dinero generado por medio del mayor fraude bancario cometido en la historia del país, el cual se calcula que llegaría a la exorbitante cifra de 60 mil millones de reales (cerca de 12 mil millones de dólares). Ese es un pasivo que ahora tendrá que compensar el conjunto de la sociedad brasileña.

La reciente revelación de las conversaciones entre Vorcaro y el hijo del excapitán mostraron una intimidad de la cual este último siempre renegaba. Hasta horas antes de que salieran a la luz las donaciones que hiciera Vorcaro para financiar la película Dark Horse, sobre la vida de Jair Bolsonaro, el senador Flavio afirmaba que conocía a Vorcaro solo por las noticias vehiculadas en la prensa. El compromiso original es que ese último entregaría 134 millones de reales a la productora Go Up Entertainment para hacer esa película, en varias cuotas (14 en total), dependiendo del flujo de caja del Banco Master y sus empresas asociadas.

Flavio Bolsonaro, que insistía en desconocer su proximidad con Vorcaro -inclusive para los propios correligionarios y apoyadores cercanos de su candidatura-, se llevó una ingrata sorpresa cuando fue interrogado por un periodista del sitio Intercept, al cual le respondió de forma ríspida y agresiva, “eso es mentira, eres un militante…”. Minutos después fueron difundidas las grabaciones de las conversaciones mantenidas entre ellos, extraídas del celular de Vorcaro por la Policía Federal, en una de las cuales el senador solicitaba la transferencia del resto los valores comprometidos por el banquero para la realización de dicha película (solo se habían depositado hasta ese momento 61 millones). En uno de esos diálogos divulgados por Intercept, Flavio le escribe a Vorcaro: “Hermano, estoy y estaré contigo siempre, no existen medias palabras entre nosotros”. Esto sucedió un día antes de que el banquero fuera detenido por la Policía Federal cuando intentaba huir del país en su avión particular con destino a Dubai.

Por su parte, la productora de la mencionada hagiografía fílmica del ex capitán, anunció que no recibió ese volumen de dinero de Vorcaro o del Banco Master, lo que automáticamente genera la interrogante de hacia donde fueron a parar una parte significativa de los 61 millones de reales (10,5 millones de dólares) que habrían sido contratados para la realización de la mencionada película.

En este momento, la Policía Federal investiga si ese dinero fue destinado para alimentar la cuenta de Eduardo Bolsonaro, que vive en Texas después de abandonar el país, perdiendo en el intertanto su mandato de diputado y su correspondiente salario. Seguidamente se supo que Eduardo es el productor en Estados Unidos de la película y que los recursos para el hermano menor de Flavio fueron depositados en la cuenta de un Fondo de Inversiones Havengate Development Fund LP, administrado por el abogado de Eduardo en Estados Unidos, Paulo Calixto.

¿Y qué impacto tendrá este vínculo entre un candidato a presidente con un mafioso del sistema financiero? Una primera consecuencia del affaire Flavio ha sido la pérdida de confianza en una persona que mantuvo en secreto su estrecha relación con el banquero. Asesores cercanos al candidato señalan que luego de las reiteradas veces que dijo desconocer a Vorcaro, será muy difícil desmontar la imagen de mentiroso frente a sus colaboradores y ante el electorado. La quiebra de confianza también es irreversible, pues si Flavio Bolsonaro escondió su lazo con el banquero a gente muy cercana, puede hacer lo mismo en muchos otros asuntos.

Es decir, un sector del centrão que se encaminaba hacia una alianza estable con el representante del bolsonarismo, ahora se encuentra evaluando postergar la decisión de un apoyo definitivo e incondicional a la espera del resultado que arrojen las próximas encuestas de intención de voto, que represente un reflujo comprometedor luego del impulso que venía tomando la campaña del hijo mayor del ex presidente. Con razón, los miembros del centrão observan con preocupación las consecuencias de este escándalo sobre el electorado, especialmente sobre el casi 20 por ciento que puede definir la contienda del 4 de octubre. Las últimas encuestas realizadas todavía no han permitido captar el impacto del caso “BolsoMaster” sobre las preferencias del electorado brasileño, pero se presume que el mismo podría ser muy relevante.

Líderes y dirigentes de partidos de la base aliancista como el Partido Progresistas, Unión Brasil o Republicanos están a la espera de los nuevos pronósticos electorales para confirmar si continúan en campaña o si piensan en una alternativa para salvar a la derecha, aunque sea a última hora. En definitiva, para estos aliados la crisis producida por esta revelación del vínculo entre Vorcaro y Flavio necesariamente marca una inflexión descendente en su carrera presidencial. Por cierto, ello tendrá fuertes implicaciones en los recursos disponibles y el tiempo disponible en televisión para difusión de la campaña. El actual dilema para los partidos del centrão es que, hasta la presente hora, Flavio Bolsonaro se vislumbra como el único capaz de competir en equilibrio de votantes con relación al presidente Lula. Su caída puede representar el fin da las aspiraciones de la derecha para retomar el control de la máquina del gobierno y sus políticas de fisiologismo, profundización de los privilegios y saqueo de los cofres públicos.

terça-feira, 12 de maio de 2026

Lula, Maquiavel e a eleição

Luiz Filgueiras
Outras Palavras

Mudou a Fortuna, mas a Virtù que acompanhava o presidente dissipou-se. Desatento ao novo cenário, ele insiste em negociar com o Centrão, despreza a mobilização social e abre espaço para a ultradireita. Como salvá-lo, a cinco meses da eleição?

Maquiavel: fortuna e virtude

Nicolau Maquiavel, pensador considerado por muitos como o fundador da Ciência Política, pouco lido hoje, é desde sempre identificado e criticado, de forma equivocada, por supostamente advogar práticas e métodos imorais, desonestos, fraudulentos e violentos – enfim, “maquiavélicos” – em especial expressos no seu livro mais famoso: O Príncipe (escrito em 1513 e com primeira edição em 1532). Na origem dessa (in)compreensão, e de sua difusão, está a Igreja de Roma, que Maquiavel, em seu tempo, identificava como o principal inimigo da unificação da Itália – objetivo maior de seu pensamento e sua ação política.

Com ele, a política ganhou autonomia frente a outras áreas do conhecimento: economia, moral, ética, direito etc. Nessa perspectiva, passou-se a reconhecer que essa área do pensamento e da ação humana tem uma dinâmica própria, que não está subordinada à moral privada e à ética cristã – como os seus antecessores e contemporâneos compreendiam. A política é pensada e praticada a partir da ótica da “razão de Estado”, na qual a guerra não é o seu oposto, mas sim um dos seus possíveis desdobramentos.

Desse modo, a diferença fundamental entre ele e os seus antecessores é que estes trataram e discutiram a política “como ela deveria ser”, enquanto Maquiavel observou, tratou e discutiu a política “como ela é de fato”. Apoiou-se em seus estudos dos filósofos e historiadores da Antiguidade Clássica e, principalmente, tendo por referência a sua experiência de 14 anos como funcionário-Chanceler da Cidade-Estado de Florença.

No seu pequeno livro, Maquiavel, preocupado em evidenciar a “verdade efetiva das coisas”, desnuda para o povo o caráter e a natureza da política e dos governantes, cujo objetivo fundamental é chegar ao poder e mantê-lo. Em particular, aponta os métodos utilizados pelos “Príncipes” que foram bem-sucedidos em suas ações e o comportamento daqueles que fracassaram em atingir os seus objetivos.

Para o fim deste artigo, o que nos interessa de seu pensamento é o que consideramos o seu núcleo central, qual seja: os conceitos de “fortuna” e “virtù”, elaborados por ele, para refletir, respectivamente, sobre as mutáveis circunstâncias (condições) objetivas do ambiente político (distintas conjunturas) e, de outro, sobre a vontade e ação política dos Príncipes (os sujeitos políticos) em cada conjuntura. Para ele a relação fortuna-virtù é decisiva para entender porque alguns vencem e outros fracassam. A ideia é a seguinte:

A fortuna se refere às circunstâncias fundamentalmente imprevisíveis e incontroláveis (externas), com as quais os sujeitos políticos se defrontam em sua ação política, que colocam situações e problemas novos que devem ser enfrentados – cujas soluções estão limitadas por essas mesmas circunstâncias. Mas isso não se confunde com destino, fatalismo inexorável, poder cego e incontrolável; a ação dos sujeitos pode enfrentar a fortuna, influenciá-la e parcialmente direcioná-la. Para isso, estes devem adaptar os seus comportamentos e as suas ações a ela – o que remete ao significado e à importância do conceito de virtù.

A virtù para Maquiavel, diferentemente da concepção de seus contemporâneos, não se identifica com as conhecidas virtudes cristãs, que caracterizam um “homem bom” e estão associadas à salvação da alma. O homem de ação, ele mesmo imerso nos acontecimentos, tem capacidade, determinação, energia e engenhosidade, capacidade de adaptar o seu comportamento e as suas ações às circunstâncias, às necessidades das diversas conjunturas, de acordo com os distintos problemas colocados objetivamente. Assim, o sujeito político deve interferir sobre a fortuna, mas ser guiado pela necessidade política (pragmatismo), e ter a capacidade, caso necessário, de “mudar a sua natureza”, adaptando-a aos tempos. Todas as suas ações políticas devem estar coerentes com esse princípio geral, independentemente de estarem ou não compatíveis com as virtudes cristãs – sob a pena de ser derrotado, inexoravelmente, pela fortuna.

Em suma, a fortuna é algo externo ao sujeito político, está fora de seu controle, não está subordinada a sua vontade e nem pode ser prevista quando vai mudar (a incerteza é própria da política); portanto, o Príncipe virtuoso é aquele que consegue entender as circunstâncias de cada momento, e suas mutações, adaptando a sua vontade e a suas ações a elas, de forma a tirar o máximo proveito da nova situação, procurando direcioná-la a seu favor. E, mais especialmente, a virtude maior do sujeito político é ter a capacidade de se adaptar ativamente à fortuna mesmo que isso signifique contrariar a sua própria natureza.

Lula: fortuna e virtù

Como é do conhecimento de quase todos, os governos Lula, em particular o seu segundo governo, obteve um enorme sucesso, mesmo sem modificar/alterar as características essenciais do Padrão de Desenvolvimento Capitalista Liberal-Periférico – constituído no Brasil desde o início dos anos 1990. Ao fim e ao cabo, os seus resultados econômicosociais o diferenciaram fortemente dos governos de FHC.

Intelectuais e políticos da direita neoliberal explicam esse sucesso como uma questão de “sorte”; o Lula foi um sortudo: além de, supostamente, ter se beneficiado da “casa arrumada” por FHC em razão das reformas neoliberais implementadas por este, teve a sorte grande da China ter ingressado na OMC e alterar completamente os mercados de commodities ofertadas pelos países da periferia do capitalismo. Essa teria sido a razão fundamental do sucesso de Lula, que deixou o governo com 80% de aprovação.

No âmbito da esquerda, para a sua parte majoritária, a causa fundamental teria sido a superação do “Modelo Neoliberal” e a adoção do “Modelo Neodesenvolvimentista”; este último resgatando as políticas econômicas do antigo desenvolvimentismo, mas agora com distribuição de renda, decorrente das políticas sociais adotadas.

Observando o fenômeno do ponto de vista do pensamento de Maquiavel, não resta dúvida que, desde o início dos anos 2000 – portanto, antes mesmo do início do primeiro governo Lula – as circunstâncias internacionais se alteraram, com o crescimento mundial passando a ser “puxado” pelo par China-EUA, com forte impacto sobre as contas externas (balança comercial e de transações correntes) dos países periféricos. Assim, a nova fortuna permitiu a esses países a redução de suas respectivas vulnerabilidades externas conjunturais, ao melhorar os seus balanços de pagamentos.

Diante desse quadro, o governo Lula soube ler e entender a fortuna que estava se constituindo, tendo tido a virtude de flexibilizar a política macroeconômica (metas de inflação, superávit fiscal primário e câmbio flutuante) herdada de FHC – que havia sido mantida rígida durante a primeira metade do primeiro governo, inclusive levando o país em 2003 a uma recessão. Como hoje, essa política, conhecida como o “tripé macroeconômico”, dificultava os gastos do governo (investimento e programas sociais) e mantinha taxas de juros elevadíssimas, com consequências decisivas sobre o baixo crescimento econômico e o elevado desemprego.

Posteriormente contudo, a partir da segunda metade do primeiro governo, ao diminuir o superávit fiscal primário e reduzir a taxa de juros (o mesmo Regime de Política Macroeconômico, mas flexibilizado), em associação com a política de reajuste real do salário-mínimo (acima da inflação) e seus impactos nos benefícios da Previdência Social, juntamente com outras políticas sociais (Bolsa-Família), o resultado foi mais crescimento econômico, redução do desemprego e uma pequena melhora na distribuição de renda (no âmbito dos rendimentos do trabalho). Adicionalmente, a utilização dos bancos públicos e da Petrobrás também foi decisiva para alavancar a economia, que teve como símbolo maior a política “dos campeões nacionais” implementada pelo BNDES.

 Em suma, sem confrontar as reformas neoliberais e o capital financeiro, mas sabendo ler as novas circunstâncias internacionais, o governo Lula flexibilizou o Regime de Política Macroeconômica – que permitiu um desempenho econômico-social muito melhor do que aquele do período dos dois governos FHC. E para isso, Lula não precisou ir de encontro a sua própria natureza conciliadora; as novas circunstâncias (crescimento econômico) possibilitaram-lhe administrar os interesses opostos (capital x trabalho) e deslocar o conflito político para a oposição ricos x pobres.


A natureza conciliadora de Lula e o seu terceiro governo

A natureza conciliadora de Lula, sempre disposto a negociar com todos, é amplamente conhecida pelos que acompanham sua trajetória desde a sua época de dirigente sindical. Como dirigente político a sua tendência à conciliação, particularmente a partir dos anos 1990, se aprofundou – apenas mudando o escopo de negociação, que se ampliou e se tornou mais complexa.

Acontece que a crise geral do capitalismo de 2007/2008, prolongada com a crise do euro em 2010, trouxe uma nova fortuna, novas circunstâncias econômicas e políticas que afetaram as relações internacionais e todos os países do mundo. No Brasil, o impulso econômico propiciado pelas importações chinesas reduziu-se a partir do governo Dilma e o crescimento econômico desacelerou. A tentativa desse governo de se contrapor a essa desaceleração, através de isenções fiscais para o capital, não funcionou. Os capitalistas não investiram os recursos obtidos, mas aplicaram no mercado financeiro com a compra de títulos do governo. E o pior, a redução das receitas públicas, decorrente da política de isenção, criou um problema fiscal, expresso em déficits primários.

Na sequência, o segundo governo Dilma, logo no seu início, implementou um “ajuste fiscal”, a austeridade preconizada e proposta pela direita neoliberal; o resultado todos conhecem: uma enorme recessão, que foi fundamental para a desestabilização do governo e a construção do golpe de Estado de 2016 – com o impedimento da Presidente. Para piorar, assistiu-se, a partir da crise mundial, à ascensão da extrema direita neofascista, expressa no Brasil pelo bolsonarismo, que começou a vir à tona em meio às manifestações de 2013 e da campanha do impeachment em 2015-16, consolidando-se definitivamente com o governo Temer e, a seguir, com a eleição em 2018 de Jair Bolsonaro.

O desastroso governo Bolsonaro, em todas as áreas (economia, educação, saúde, meio ambiente, relações internacionais etc.), abriu as portas para o terceiro mandato de Lula, mas em uma conjuntura completamente distinta da existente durante os seus dois governos anteriores. Nas novas circunstâncias, as forças políticas adversárias ampliaram-se: à direita neoliberal tradicional, cada vez mais caudatária da extrema direita neofascista em todo o mundo, veio juntar-se o bolsonarismo que, apesar de derrotado (por um fio) na eleição para presidente, elegeu uma grande bancada de deputados e senadores. Adicionalmente, o empoderamento do Parlamento desde o governo Temer, com a aprovação do caráter obrigatório para as emendas parlamentares (secretas ou não), enfraqueceu o Poder Executivo na sua relação com o Poder Legislativo. O chamado “Presidencialismo de Coalizão” sofreu um forte abalo, com a perda de poder de negociação do Presidente da República.

Nesse cenário adverso, Lula vem tocando o seu terceiro governo do mesmo modo como fez em seus dois governos anteriores: desconsiderando a necessidade de mobilização popular e com ampla negociação encapsulada no Parlamento, sancionando uma correlação de forças desfavorável. No entanto, em momentos pontuais apostou na mobilização popular e obteve, exemplarmente, a aprovação da isenção do imposto de renda para quem ganha até 5 mil reais, barrou a anistia para Bolsonaro e os golpistas e enfrentou vitoriosamente, de forma soberana, a taxação de Trump contra as exportações brasileiras.

A conciliação com a austeridade expressou-se no Novo Arcabouço Fiscal, substituto do famigerado Teto de Gastos do governo Temer, e na política monetária (juros estratosféricos) do Banco Central – que deram continuação ao Tripé Macroeconômico, agora de forma rígida. Como consequência, os programas e políticas dos governos anteriores de Lula foram reativados, após os ataques de Temer e Bolsonaro, mas de forma mais tímida e precária. Além disso, a desestruturação da cadeia produtiva do petróleo, em particular o fatiamento da Petrobrás promovida pelos governos de Temer e Bolsonaro, retirou do governo um importante instrumento de política econômica.

Apesar disso tudo, a taxa média de crescimento da economia brasileira no atual governo ainda vai se situar em torno de 2,7% e a taxa de desocupação é a menor da série histórica, não podendo deixar de se observar, contudo, que os empregos gerados são de baixíssima qualidade. De qualquer sorte, nas novas circunstâncias, o melhor desempenho da economia, expresso nos diversos indicadores econômicos, não tem se refletido em uma melhor avaliação do governo e de Lula. Apostar que o crescimento, por si só, associado a políticas sociais inclusivas, é suficiente para “ganhar politicamente” a maioria da população não tem se mostrado efetivo. Isso já havia sido constatado quando eclodiram as manifestações de junho de 2013, mas parece que não foi registrado.

Nesse novo contexto, o “Centrão”, a direita neoliberal e o neofascismo passaram durante todo o período emparedando e “disciplinando” o terceiro governo Lula que, após os momentos de mobilização acima citados, continuou com sua “tática negociadora restrita ao Parlamento”. Agora, recentemente, a vitória da “pequena política” mais uma vez se impôs: o amplo leque oposicionista derrotou o governo em duas pautas importantes, reprovando a sua indicação para ministro do STF e derrubando os vetos de Lula na proposta de dosimetria (redução das penas para Bolsonaro e os demais golpistas) que havia sido aprovada pelo Parlamento.

Estamos em um momento decisivo (há apenas cinco meses para a eleição) e não há o menor sinal de se retomar a mobilização popular. Parece que, diferentemente dos seus governos anteriores, Lula não conseguiu ler as novas circunstâncias com que se deparou em seu terceiro governo, isto é, não conseguiu se adaptar à mudança da fortuna, que exigiria ir de encontro a sua própria natureza conciliadora. No passado, a conciliação pôde funcionar, propiciando ganhos econômico-sociais conjunturais para a classe trabalhadora. Em um momento de crescimento econômico e inexistência ainda do movimento neofascista, Lula conseguiu arbitrar o conflito capital-trabalho. Hoje, contudo, a fortuna é outra: exigiria, desde o início do terceiro governo, forte mobilização popular como base para qualquer negociação, dentro e fora do Parlamento.

Mas essa “mudança de chave” não ocorreu, apesar dos dois discursos proferidos por Lula (nos EUA em setembro de 2025 e, mais recentemente, na Espanha) nos quais reconhece e faz a crítica da esquerda por ter abandonado a organização e mobilização popular. O retardatário apoio (mas sem mobilização) do governo Lula, do PT e dos sindicatos em geral, mas particularmente da CUT, ao fim da escala de trabalho 6x1 é exemplar da incapacidade de entender as novas circunstâncias.

E aqui chegamos a um ponto crucial: a leitura de Maquiavel, feita por Gramsci, anota que, no quadro do capitalismo e da luta de classes travada entre capital e trabalho, o “Príncipe” não deve ser entendido e reduzido a um indivíduo – por mais virtuoso que este possa ser. Na condição de “Principe”, mais importante que o indivíduo é o partido político da classe trabalhadora, desde que este assuma a direção do processo político, organizando e mobilizando a classe. Na década de 1980, com a criação do PT e sua forma de atuação, parecia que estávamos assistindo à constituição do “Principe Moderno” no Brasil. No entanto, a partir dos anos 1990, com vitória do neoliberalismo, esse projeto descarrilhou – da mesma forma como havia ocorrido com os partidos social-democratas, socialistas e trabalhistas nos países centrais do capitalismo; o processo de “transformismo” abortou a construção do “Príncipe Moderno”. Por isso, a responsabilidade de todo esse processo não é apenas de Lula e de seu governo; ela é também dos partidos de esquerda, sindicatos e centrais sindicais ligados organicamente a Lula e a este governo.

O resultado disso tudo, é que neofascismo e a direita neoliberal, ambos cada vez mais associados, sentiram-se estimulados e empoderados a “emparedar” o governo. A disputa eleitoral será, ou já está sendo, duríssima. As forças políticas neoliberais, em sua quase totalidade, estão com o bolsonarismo. A resposta a isso, só pode ser a imediata mobilização popular em torno dos temas que ainda estão sendo objeto de decisões do Congresso Nacional (em especial o fim da escala 6x1) e da eleição de Lula. Ou vai-se continuar esperando que o “gênio negociador” de Lula encontre a saída das dificuldades? A hora é agora, é a última hora!

sexta-feira, 8 de maio de 2026

Che Guevara: Os Últimos Companheiros

Farah Nayeri
The New York Times 

Che Guevara é o indiscutível ícone das revoluções do século XX. Com a barba e boina inconfundíveis, se tornou uma marca, estampando camisetas ao redor do mundo até hoje — mesmo tendo morrido em 1967, aos 39 anos, após liderar uma cruzada para fomentar revoluções pela a América Latina. Menos conhecido é o fato de que Guevara foi acompanhado em sua luta continental por cerca de 50 companheiros revolucionários, a maioria dos quais morreu dentro de um ano depois dele.

Agora, o documentário “Che Guevara: Os Últimos Companheiros”, dirigido por Christophe Dimitri Réveille, conta a história dos últimos companheiros de armas de Guevara ainda vivos: três homens que lutaram contra probabilidades incríveis para manter a luta e viveram o suficiente para testemunhar.

O documentário, previsto para estrear no Festival de Cannes, começa com uma cena dramática: pessoas desfilam diante do corpo de Guevara, algumas tirando fotos. É outubro de 1967 e o líder guerrilheiro acaba de ser morto a tiros por tropas em uma escola rural na Bolívia. A poucos metros de distância, seis de seus companheiros de luta se escondem nas árvores enquanto helicópteros de combate sobrevoam o local, à sua procura. Sem saber que o líder acaba de ser executado, eles juram lutar até o último homem.

Apenas três sobrevivem: Pombo (Harry Villegas), o leal tenente de Guevara; Urbano (Leonardo Tamayo Núñez), filho de um camponês que se junta à luta armada aos 15 anos e se torna mensageiro de Guevara (ele é o único ainda vivo hoje); e Benigno (Daniel Alarcón Ramírez), um camponês cuja esposa é assassinada diante de seus olhos e que se torna capitão no exército rebelde de Che.

Esses são os protagonistas do filme. Durante cinco meses extenuantes, eles escapam de mais de 4 mil soldados bolivianos, percorrem 2.400 quilômetros de terreno perigoso e sobrevivem à fome, sede e ferimentos. Sua história é contada por meio de entrevistas filmadas, imagens de locações na Bolívia e — para maior intensidade dramática — segmentos de animação. Em uma entrevista em vídeo recente, Réveille falou sobre seu interesse em Che e seus leais combatentes. A conversa foi conduzida em francês e foi editada e condensada.

Como você descobriu a história desses três homens?

Meu pai me levou em uma viagem a Cuba em 1997, na época em que repatriavam os restos mortais de Che Guevara. Percebi que eu realmente não sabia muito sobre ele e que precisava descobrir mais. Li um livro sobre Che e descobri que havia cubanos que sobreviveram à sua morte. Um deles, Benigno, havia desertado e sido condenado à morte por traição pelo líder cubano Fidel Castro. Ele estava morando na França.

Levei um ano e meio para encontrar Benigno. Quando o conheci, seus editores disseram que eu poderia fazer um documentário sobre ele, desde que terminasse sua biografia primeiro. Pensei comigo mesmo: Este homem está condenado à morte. Vou filmar tudo o que ele disser e mandar traduzir para que fique registrado, caso algo lhe aconteça.

A biografia foi publicada em 2006. Paralelamente, comecei a fazer um documentário sobre ele. Encontrei arquivos e conheci o ator Benicio Del Toro, que estrelava a cinebiografia "Che", de Steven Soderbergh, em 2008. Del Toro me deu a ideia de fazer um documentário sobre todos eles, mas também me disse que era impossível vê-los todos; Soderbergh e sua equipe já haviam tentado.

Pensei: talvez haja algo que possa ser feito. Fiz uma primeira viagem à Bolívia para conhecer pessoas e vasculhar os arquivos. Depois de um tempo, percebi que conseguiria vê-los todos. Foram 20 anos de trabalho árduo.

Por que você inicialmente quis fazer um documentário sobre Benigno?

Achei um personagem interessante. Não era alguém que se juntou à luta armada por razões ideológicas, mas porque viu as forças cubanas matarem sua esposa grávida. Ele perdeu tudo. Mataram até o cachorro dele.

Sempre me interessei por pessoas que vivem nas sombras. O primeiro documentário em que trabalhei foi sobre Jack Waltzer, membro vitalício do Actors Studio em Nova York e um importante preparador de atores, de quem ninguém nunca ouviu falar. Dustin Hoffman, Robert Duvall e Jon Voight estavam no filme porque trabalharam com ele. Che está em todos os livros de história. Eu me concentrei em pessoas que fazem revoluções, mas cujos nomes não aparecem em lugar nenhum.


Por que você se interessa por heróis desconhecidos, por pessoas que poderiam ser descritas como azarões?

Você consegue entender as grandes histórias quando aborda através de pequenas histórias. Além disso — e isso é algo pessoal, mas não me importo de compartilhar — perdi minha mãe aos 17 anos. E naquele dia, decidi que iria aonde quer que antes tivesse medo de ir. Até então, eu era caseiro. Meus pais sempre diziam que era melhor economizar dinheiro agora e viajar depois. Mas a partir daquele dia, viajei muito. Esses sobreviventes deram um significado real à minha vida.

Eu era um garoto que havia mergulhado na anorexia, nas drogas, em tudo isso. E um dia me deparei com essa história. Percebi que existiam homens ainda mais perdidos do que eu, e que decidiram viver suas vidas em busca de um ideal. Percebi que, na vida, existem coisas maiores do que nós, sofrimentos maiores. Se eu tivesse conhecido a história deles antes, isso teria me impedido de ficar à deriva por anos, sem saber o que fazer da minha vida.

Esses homens são heróis para você?

Sim. Eles são heróis porque conquistaram o impossível — mas não por interesse próprio. Não são homens que agem apenas em benefício próprio. Eles querem sair vivos para poderem se rearmar e retomar a luta.

Eles também são muito sensíveis à injustiça.

Porque sofreram. Um deles se lembra de ter visto camponeses sendo espancados diante de seus olhos. Outro conta sobre o assassinato de sua esposa. Como perderam tudo, suas vidas perderam o sentido. É por isso que seguem Che.

Che Guevara é o motivo do interesse público pelo seu filme e da seleção feita pelo Festival de Cannes. O que você acha dele?

Há momentos em que o admiro, mas tenho a impressão de que, eventualmente, ele chegou a um ponto sem volta. Os motivos que o levaram a se engajar na luta são legítimos, mas a maneira como ele buscou mudar o mundo pode ser questionada.

Iniciar revoluções é interessante, mas quando elas são vencidas, transformam o mundo. Muitas vezes, aqueles que lideraram a revolução são traídos por ela. Muitos idealistas inevitavelmente se decepcionam, porque se veem do lado dos opressores.

Como você reagiu ao saber que seu filme havia sido selecionado para uma exibição especial em Cannes?

Fiquei feliz e, ao mesmo tempo, só conseguia sentir tristeza, pensando que Benigno jamais veria. Fiquei tão triste que prometi a mim mesmo que visitaria o túmulo dele antes de ir a Cannes — para lhe contar que havia conseguido. Espero que Urbano consiga vê-lo. Ele é o único dos três homens que ainda está vivo.

É curioso que este documentário tenha acabado no Festival de Cannes. Mesmo que tivesse sido rejeitado, eu não teria tido outra escolha senão terminá-lo — porque este filme simplesmente precisava ser feito.

quinta-feira, 7 de maio de 2026

La patria se defiende

Rosa Miriam Elizalde
La Jornada

El primero de mayo de 2026 quedará como una jornada de enorme densidad política para Cuba. Mientras más de 5 millones de personas se movilizaban en todo el país, con más de 600 mil habaneros concentrados frente a la embajada de Estados Unidos en el malecón, la Casa Blanca respondió con una nueva orden ejecutiva contra la isla. Fue una señal. Cuba llenó las calles para afirmar su voluntad de defenderse; Washington contestó endureciendo el cerco.

La orden ejecutiva firmada por Donald Trump no es simplemente “más bloqueo”. Su gravedad no está sólo en que congela bienes, impide transacciones y amplía castigos. Reside, sobre todo, en que no se dirige únicamente contra estadunidenses que violen las leyes del bloqueo, sino contra “cualquier persona extranjera” que, a juicio del secretario de Estado o del Tesoro, opere en sectores de la economía cubana o preste apoyo material, financiero o tecnológico al gobierno de Cuba. Es decir, convierte a funcionarios estadunidenses en jueces globales con capacidad para castigar a ciudadanos, empresas y bancos de terceros países por relacionarse con la isla.

La discrecionalidad es el corazón del mecanismo. No hace falta una sentencia ni un delito probado ni una violación cometida dentro de Estados Unidos. Basta con que la burocracia de Washington determine que alguien ha tenido relación económica o institucional con Cuba para activar sanciones. Ése es el verdadero salto: el bloqueo deja de ser política bilateral abusiva y se reafirma como pretensión de jurisdicción mundial. Estados Unidos no sólo sanciona: pretende decidir quién puede comerciar, financiar, invertir o cooperar con la nación caribeña.

Por eso la fecha importa. La orden fue emitida el mismo día en que Cuba demostraba músculo político, organización social y capacidad de movilización. El mensaje de la Casa Blanca fue transparente: frente a la calle cubana, más castigo; frente a la soberanía, más presión; frente a la resistencia, más asfixia económica.

Horas después, Trump completó el cuadro con una intervención en Florida en la que afirmó que “tomará el control” de Cuba “casi de inmediato” y que la isla sería su siguiente objetivo después de “terminar” el trabajo en Irán. Añadió que quizá haría detener el portaviones USS Abraham Lincoln a “unas 100 yardas” (91.44 metros) de la costa cubana, hasta que los cubanos dijeran: “muchas gracias, nos rendimos”. La frase no sólo es agresiva: es absurda. Un portaviones de ese tamaño no se coloca a esa distancia de la costa. Sería técnicamente inviable, militarmente irracional y operativamente ridículo.

Pero el problema no es sólo la bravuconería: es la ignorancia con poder. Trump ya había dicho que por Cuba no pasan huracanes, como si desconociera la geografía elemental del Caribe. También afirmó que no le importaba que un buque ruso llevara petróleo a la isla porque “la gente necesita calefacción”, confundiendo la realidad energética cubana con la de países de invierno continental. Ahora imagina un portaviones estacionado a un palmo del malecón. La acumulación de disparates revela que se amenaza alegremente a un país que ni siquiera se conoce.

El primero de mayo mostró dos imágenes opuestas. En La Habana y en toda Cuba, un pueblo movilizado bajo la consigna “La patria se defiende”. En Washington y Florida, un poder que responde con sanciones y fantasías de rendición. Pero cuando se amenaza a una nación que no se conoce, el error no es sólo político, es estratégico.

Cuba es una sociedad organizada, con memoria histórica, con experiencia en resistir bajo duras presiones y con clara disposición a defender su soberanía. Pensar que una aventura bélica sería rápida o indolora es una peligrosa subestimación de la realidad. Lo que Trump imagina como trámite que le reportará el gesto canalla del “muchas gracias, nos rendimos”, en la práctica podría convertirse en conflicto imprevisible, costoso y cualquier otra cosa, menos un “paseo” por el Caribe.

quarta-feira, 6 de maio de 2026

Israel está haciendo desaparecer a la población palestina de todas las maneras posibles

Belén Fernández
Middle East Eye

Los informes sobre niños desaparecidos y cuerpos "evaporados" revelan un patrón cada vez mayor de aniquilación en Gaza, donde familias enteras son asesinadas, se pierden bajo los escombros o quedan reducidas a vestigios biológicos.

El 23 de abril el periódico israelí Haaretz informó de que «decenas de niños desaparecen cada semana» en la Franja de Gaza «en el contexto del caos de la posguerra»; un curioso eufemismo, sin duda, para el genocidio en curso respaldado por EE. UU. en el territorio palestino, que avanza a buen ritmo a pesar del alto el fuego que se implementó ostensiblemente el año pasado.

El artículo comienza con Mohammed Ghaban, de cuatro años, que desapareció a principios de abril en el norte de Gaza: «Estaba jugando con su hermano delante de la tienda de campaña de su familia desplazada. Entró, pidió un abrazo, se puso las sandalias y salió». Y entonces desapareció.

El autor cita una estimación del Centro Palestino para los Desaparecidos y Desaparecidos Forzosamente según la cual 2.900 niños «desaparecieron durante la guerra», y se cree que 2.700 cadáveres quedaron atrapados bajo los escombros, mientras que los 200 restantes simplemente están desaparecidos.

Estas estadísticas concuerdan con el modus operandi del ejército israelí, que, según el recuento oficial de víctimas mortales, ha matado a más de 72.500 palestinos en Gaza desde el inicio del genocidio en 2023, con miles más aún desaparecidos y presuntamente muertos bajo los escombros. La relatora especial de las Naciones Unidas, Francesca Albanese, advirtió ya en septiembre que el verdadero número de víctimas mortales podría rondar ya las 680.000.

Hablando de desapariciones, una investigación de Al Jazeera en árabe reveló en febrero que al menos 2.842 palestinos se habían «evaporado» en la Franja de Gaza desde el inicio de la guerra, un fenómeno que los equipos de defensa civil de Gaza atribuyen al uso por parte de Israel de armas térmicas y termobáricas de fabricación estadounidense, que efectivamente «vaporizan» los cuerpos humanos.

Esta espeluznante cifra quedó rápidamente eclipsada por la desquiciada guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y la catástrofe regional más amplia, que ha acaparado las noticias durante los últimos dos meses. Pero el tema sigue siendo tan siniestro y relevante como siempre.

En unas declaraciones a Al Jazeera en aquel momento, el portavoz de la Defensa Civil, Mahmud Basal, describió el proceso para determinar el número de víctimas «vaporizadas» en las viviendas atacadas por los ataques israelíes: «Si una familia nos dice que había cinco personas dentro y sólo recuperamos tres cadáveres intactos, consideramos que las dos restantes se han «evaporado» únicamente después de que una búsqueda exhaustiva no haya dado más que rastros biológicos: salpicaduras de sangre en las paredes o pequeños fragmentos como trozos de cuero cabelludo».

Cuerpos vaporizados

Tras la publicación de estos macabros hallazgos al ejército israelí le entró un ataque de furia genocida, por lo que emitió un colérico comunicado para, supuestamente, aclarar las cosas. Rechazando la «falsa afirmación de Al Jazeera sobre la evaporación de los cuerpos de Gaza», el ejército insistió en que «solo utiliza municiones legales» y que «ataca objetivos militares de conformidad con el derecho internacional y toma todas las medidas posibles para mitigar el daño a los civiles y a la propiedad civil en la medida de lo posible».

No está claro, por supuesto, por qué un ejército al que se ha acusado de haber matado potencialmente a casi 700.000 personas —y que aniquila familias y barrios enteros sin pestañear— se ofendió tanto por todo el asunto de la «evaporación». Hay que reconocer que hacer desaparecer los cadáveres en el aire es una forma bastante buena de ocultar el verdadero alcance de una matanza masiva. Y aunque la «vaporización» de los cuerpos palestinos quizá no se ajuste a la definición jurídica oficial de desaparición forzada, es, literalmente, exactamente eso.

Según el sitio web de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, «se considera desaparición forzada la detención, el encarcelamiento, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad por parte de agentes del Estado o de personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, lo que la sitúa fuera de la protección de la ley».

Sin embargo, a la luz de la explícita campaña de desapariciones de Israel en Gaza, parecería necesario ampliar considerablemente esa definición. Pero Israel también es culpable de la variedad tradicional de desaparición forzada. El pasado agosto expertos de la ONU denunciaron, con informes, que civiles palestinos hambrientos —entre ellos un niño— estaban siendo víctimas de desapariciones forzadas en los puntos de distribución de ayuda gestionados por la infame Fundación Humanitaria de Gaza.

Respaldada por Israel y Estados Unidos, la fundación también se especializó en masacrar a personas desesperadas que se habían reunido en busca de alimentos y otros artículos necesarios para la supervivencia. Por otra parte, tanto en Gaza como en Cisjordania, las desapariciones forzadas de personal médico, periodistas y todo tipo de personas a manos de Israel se han multiplicado desde el inicio del genocidio, aunque esto no es nada nuevo.


Patrón global

Por su parte, Estados Unidos ha participado en desapariciones forzadas en un montón de lugares de todo el mundo, entre otras cosas ayudando y encubriendo a sanguinarios regímenes de derechas por toda América Latina durante la Guerra Fría. Decenas de miles de personas desaparecieron en Argentina, Guatemala y otros lugares mientras Estados Unidos y sus aliados se dedicaban noblemente a hacer del hemisferio un lugar seguro para el capitalismo.

En México más de 130.000 personas han desaparecido, la gran mayoría de ellas tras el inicio en 2006 de la «guerra contra las drogas» respaldada por Estados Unidos, que se caracterizaría más acertadamente como una guerra contra los pobres.

Pero desde México hasta Oriente Medio el número de desaparecidos apenas refleja el alcance de la victimización. Las familias de los desaparecidos también son víctimas, condenadas como están a un limbo psicológico indefinido ante la falta de información concreta sobre la suerte de sus seres queridos, sin la cual es imposible iniciar el proceso de duelo u obtener el cierre emocional necesario para seguir adelante con la vida.

En el caso de la «evaporación» de palestinos en Gaza por parte de Israel, es difícil decir si el saber que tu ser querido ha sido vaporizado es lo suficientemente concreto como para permitir un eventual cierre. Al fin y al cabo, no hay nada muy concreto en el hecho de desaparecer por la fuerza sin dejar rastro.

De hecho, Al Jazeera cita al padre palestino Rafiq Badran sobre el tormento psicológico casi inconcebible que acompaña a la siniestra nueva versión de Israel sobre el tema de las desapariciones forzadas: «Cuatro de mis hijos simplemente se han esfumado», dijo Badran, conteniendo las lágrimas. «Los he buscado un millón de veces. No ha quedado ni rastro. ¿Adónde han ido?».

Ahora, con la guerra regional en pleno apogeo mientras la industria armamentística se embolsa grandes sumas de dinero, al público mundial le resulta aún más fácil ignorar la singular situación de la población palestina, lo que significa que el genocidio también está desapareciendo de hecho del foco de atención.

Al final, por supuesto, el objetivo de Israel no es otro que hacer desaparecer por la fuerza la idea misma de un pueblo palestino. Pero, por desgracia para Israel, no va a poder ocultar tan fácilmente un legado empapado de sangre.