sexta-feira, 21 de novembro de 2008

Guerra sin fin: la brutalidad en Afganistán ha durado siglos


Robert Fisk
La Jornada

De vuelta en Afganistán, la mente se ocupa del insignificante tema del salvajismo. No la rutinaria crueldad de la guerra, sino la inhumanidad deliberada con que nos comportamos. La tortura y el asesinato de prisioneros en este penoso lugar –al estilo estadunidense en Bagram y al estilo talibán en Helmand–, es una rutina de la historia. Existe siempre la intención de volver más dolorosa hasta una ejecución. Un cuchillo es más terrible que una bala.

El culto del atacante suicida en Medio Oriente comenzó sus días en Líbano, se mudó a Palestina, llegó a Irak, se coló a través de la frontera hasta aquí, Afganistán y atravesó sin esfuerzo el paso de Jiber hacia Pakistán, Y Nueva York. Y Washington. Y Londres...

¿Acaso los seres humanos en guerra –en cualquier guerra– están destinados por definición a cometer atrocidades? El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) trató de responder a esta pregunta en un reporte publicado hace cuatro años. ¿Ignoran los combatientes las leyes humanitarias internacionales? Me parece poco probable.

Simplemente no les importa. La Cruz Roja entrevistó a cientos de combatientes en Colombia, Bosnia, Georgia –aquí al parecer el comité advirtió un presagio– y Congo, y sugirió que aquellos que cometieron actos execrables se ven como las víctimas y se convencen de que ello les da el derecho de actuar como salvajes con sus adversarios. Desde luego esto aplica en el conflicto palestino-israelí, definitivamente ocurrió con los serbios de Bosnia –en lo referente a Georgia no estoy seguro– y desde luego así se sienten los talibanes (sobre todo desde que bombardeamos cada vez más bodas).

La crueldad es a menudo defendida por lo que constituye un verdadero guardaespaldas idiomático que consta de frases hechas: “operación policial”, “limpieza”, “barrido”, “ataques con precisión quirúrgica”, sobre todo cuando se puede matar a control remoto, y en especial cuando los medios no están presentes para mostrar la realidad del conflicto.

Este es evidentemente el caso en la actualidad, cuando ningún periodista se atreve a merodear por las calles de los poblados de Helmand, o las calles de Baquba en Irak, o para el caso, las aldeas en la frontera paquistaní. La guerra, al parecer, nunca ha recibido peor cobertura. Y esto complace tanto a los buenos como a los malos; prefieren regodearse en su brutalidad sin ser vistos.

No hay nada nuevo en esto. De la Batalla de Omdurman –en la que los británicos ejecutaron a todos los árabes que quedaron heridos– el joven Winston Churchill describió una escena que ahora es cotidiana en la tierra que entonces se conocía como Mesopotamia y otra que ya entonces se llamaba Afganistán.

Él habló de “espeluznantes apariciones”, de “caballos vomitando sangre, tratando de caminar con tres patas, hombres cojeando, hombres sangrando de heridas terribles, que parecían arponeados, otros tenían los brazos y los rostros hechos pedazos, las entrañas saliéndose. Hombres que gemían, lloraban, caían, expiraban...”. A estos hombres podemos sumar las niñas en edad de escolar víctimas de un atentado suicida con bomba, esta misma semana, en Bagdad.

Durante una anterior campaña militar en la frontera Noroeste, Churchill pudo apreciar cómo los ancestros de los talibanes lidiaban con un militar británico herido: El líder de “media docena de pashtunes armados con espadas que se lanzaron sobre la figura postrada y cada uno le dio tres o cuatro tajos con su espada. En ese momento olvidé todo excepto mi deseo de asesinar a este hombre. Llevaba mi larga espada de batalla bien afilada... El salvaje me vio aproximarme a él...”

Asimismo, vale recordar que las guerras afganas siempre han sido espantosas. Sir Mortimer Durand –el mismo que creó la línea Durand, que finge ser la frontera afgana-paquistaní, y que es cruzada impunemente por estadunidenses y talibanes con el fin de asesinarse mutuamente–, fue testigo de primera mano de la crueldad de la guerra en Afganistán.

“Durante las misión en el valle de Chardeh, el 12 de diciembre de 1879”, escribió, “dos escuadrones de la novena división de lanceros recibió órdenes de atacar a los afganos con la esperanza de ahorrar munición. La embestida fracasó, y más tarde hallamos a algunos de nuestros muertos horriblemente mutilados por los cuchillos de los afganos... yo lo vi todo...”

Sin embargo, el mismo Durand se opuso profundamente a lo dicho por el general Frederick Roberts –quien debe su fama a Kandahar– tras el asesinato de una misión de diplomáticos británicos en Kabul. Describió estas muertes como “un crimen traicionero y cobarde, que ha de causar indeleble vergüenza al pueblo afgano... Todas las personas que resulten detenidas y acusadas de estar involucradas (en los asesinatos) sufrirán la inclemencia propia de los desiertos de estas tierras”.

Durand se opuso a Roberts por esta versión victoriana de la amenaza que George W. Bush lanzaría contra los afganos 122 años más tarde. “Me pareció sumamente erróneo tanto en tono como en contenido”, escribió más tarde Durand, “al grado en que estoy decidido a hacer todo lo posible para contrarrestarlo. Usar ese lenguaje retorcido, y la absurda afectación con la que predica moralidad histórica a los afganos, cuando que todos nuestros problemas con ellos comenzaron por nuestra propia abominable injusticia. Esto me pareció sumamente peligroso para la reputación del general”.

Desde luego, esto a Roberts no le hizo ni cosquillas. En esta época de las tácticas de “shock y pavor”, cuando un general canadiense puede llamar “escorias” a sus adversarios talibanes, los funcionarios de la OTAN permanecen inmutables.

Deberían estudiar más. Montgomery nunca insultó a Rommel; además, llevaba consigo en su caravana una fotografía del comandante de Deutsche Afrika Korps, para recordar al hombre a quien combatía. Al mismo tiempo, Montgomery no combatió en la era del Holocausto, de las matanzas industriales, de los bombardeos sobre Hamburgo y Dresden. Las convenciones de Ginebra del 12 de agosto de 1949 supuestamente pondrían fin a la destrucción masiva de la vida humana. Y el presidente Bush las hizo trizas.

Sé que es fácil ridiculizar a la Cruz Roja. Hay algo pontificante en todas las convenciones posguerra. Sin embargo, aparte de algunos precedentes de ley internacional, es lo único que tenemos. Quizá haya que repartir un millón de ejemplares de la Convención de Ginebra en idioma pashtu a los talibanes y sus seguidores, así como a los combatientes de la OTAN, quienes ganarán la guerra en Afganistán, según cree absurdamente Barack Obama.

Dudo que eso resolviera algo. La condición de víctima se asienta cómodamente en los hombros de todos. Si Osama Bin Laden tiene conciencia, ésta quedará tranquila gracias la destrucción del último califato, la ocupación colonial del mundo musulmán, la muerte de millones de árabes. Y si nosotros tenemos conciencia ¿qué es lo que hacemos? Decir “acuérdense del 9-11”. Y así seguimos incesantemente.

quinta-feira, 20 de novembro de 2008

Orquestando un golpe cívico en Bolivia


Roger Burbach
ALAI

El presidente de Bolivia, Evo Morales, se desplazó a Estados Unidos para intervenir ante las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, con referencias al reciente intento de golpe de Estado de EE.UU. contra su gobierno. El periplo incluye una reunión con miembros del Congreso para tratar sobre "la peor crisis diplomática" en la historia de los dos países, con miras a poder abrir un diálogo para normalizar las relaciones, una vez que el Presidente electo Barak Obama asuma el cargo. A continuación se relata la historia de los esfuerzos de EE.UU. en los últimos tres años para derrocar a Morales.

Entre los presidentes electos democráticamente en América Latina, Evo Morales es el de última data que se ha convertido en blanco de un complot estadounidense para desestabilizar y derrocar su gobierno. El 10 de septiembre de 2008, Morales expulsó al embajador de los EE.UU. Philip Goldberg, porque estaba "conspirando contra la democracia y buscando la división de Bolivia".

Los observadores de la política de Estados Unidos hacia América Latina tienden a considerar que la crisis en las relaciones entre EE.UU. y Bolivia responde a una política de descuido y torpeza hacia América Latina, debido a su participación en las guerras en el Medio Oriente y Asia Central. Al contrario, el intento de golpe en Bolivia fue una política consciente basada en la hostilidad estadounidense hacia Morales, su partido político Movimiento Al Socialismo (MAS) y los movimientos sociales que están alineados con él.

"La Embajada de EE.UU. históricamente está acostumbrada a dictar su voluntad en Bolivia, con violaciones a nuestra soberanía, tratándonos como una república bananera", dice Gustavo Guzmán, quien fue expulsado como embajador de Bolivia en Washington, luego de la expulsión de Goldberg. En 2002, cuando Morales perdió por estrecho margen su primer intento de llegar a la Presidencia, el embajador de EE.UU. Manuel Rocha hizo una campaña abierta en su contra, y amenazó: "si eligen a aquellos que quieren que Bolivia se convierta de nuevo en un gran exportador de cocaína, ello pondrá en peligro el futuro de la ayuda de EE.UU. a Bolivia".

Poco después de su toma de posesión como presidente, Morales recibió una llamada de George Bush, quien ofrecía ayudar a "llevar una vida mejor a los bolivianos". Morales pidió a Bush que reduzca las barreras comerciales para los productos bolivianos, y sugirió que visite el país. Bush no respondió.

El Subsecretario de Estado, Thomas Shannon, el más alto oficial de EE.UU. que asistió a la toma de posesión de Morales, anunció su voluntad de diálogo con Morales. En la práctica, lo que vino después fueron casi tres años de altercados diplomáticos, al tiempo que EE.UU. proporcionaba asistencia directa y encubierta al movimiento de oposición ubicado en los cuatro departamentos orientales conocidos como "La Media Luna", donde se había iniciado una ofensiva por la autonomía regional, poco después de que Morales asumió el cargo.

La administración Bush ha seguido una política de doble filo, similar a la estrategia que ese país empleó para derrocar al gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende en Chile, en 1973. Las negociaciones diplomáticas iniciadas por Shannon se centraron casi exclusivamente en las diferencias políticas en torno a las drogas, en el curso del cual la administración Bush amenazaba constantemente con retirar o reducir la asistencia económica y las preferencias comerciales, si Bolivia no cumplía con la política estadounidense de erradicación y penalización de la coca. Al mismo tiempo, a través de su embajada en La Paz y la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), EE.UU. financiaba las fuerzas políticas opuestas a Morales y al MAS. El Drug Enforcement Administration (DEA) de EE.UU., con 37 agentes en el país, parece haber actuado como la CIA, recopilando inteligencia y participando en operaciones políticas clandestinas con la oposición.

La intervención se hizo evidente desde el inicio de la administración Morales, con las primeras actividades de USAID a través de la Oficina de Iniciativas de Transición (OTI). Luego de que Morales asumió el cargo, documentos de la USAID registran que la OTI se propuso "prestar apoyo a los gobiernos regionales incipientes". En total, la OTI canalizó 116 subsidios por US$ 4'451,249 "para ayudar a los gobiernos departamentales a operar más estratégicamente." En un esfuerzo por establecer vínculos políticos útiles, la OTI también llevó a prefectos departamentales para reunirse con gobernadores de EE.UU.

El National Endowment for Democracy (NED), fundado como un instituto semi-público durante los años de Reagan, ha sido particularmente activo en Bolivia. Financia a varios grupos y organizaciones, con un claro sesgo político, entre ellos el Instituto de Investigación y Capacitación Pedagógica y Social. El Instituto se opuso a Morales en las elecciones de 2005, declarando en un informe sumario presentado a la embajada estadounidense que Morales y el MAS son una "oposición anti-democrática y radical" que no representan a la mayoría. El apoyo de NED a las actividades del Instituto continuó en 2006, luego que éste presentó un informe en el cual hablaba de su intención de "contribuir a mejorar el desarrollo municipal a través del monitoreo social eficiente y eficaz".

A finales de 2007, la Embajada de EE.UU. comenzó a movilizarse más abiertamente y a reunirse con la oposición de extrema derecha en la Media Luna. El Embajador Goldberg fue fotografiado en Santa Cruz junto con un magnate empresarial destacado, partidario del movimiento de autonomías, y un conocido narcotraficante colombiano quien había sido detenido por la policía local. Morales, cuando reveló la foto, dijo que el traficante estaba vinculado a organizaciones paramilitares de derecha en Colombia. Como respuesta, la embajada de EE.UU. afirmó que no podía revisar los antecedentes de cada persona que aparezca en una foto con el embajador.

Luego, en enero de 2008, se detectó que la Embajada estaba dando ayuda a una unidad especial de inteligencia de la policía boliviana. La embajada justificó su asistencia al decir que "el gobierno de EE.UU. tiene una larga historia de ayuda a la Policía Nacional de Bolivia en diversos programas". Las relaciones EE.UU.-Bolivia tuvieron un nuevo remezón en febrero, cuando se reveló que voluntarios del Cuerpo de Paz y un becario Fulbright habían sido presionados por un oficial de la embajada para que vigilen a venezolanos y cubanos en el país. Este hecho violaba los estatutos del Cuerpo de Paz, que prohíben todo tipo de actividades de inteligencia por parte de los voluntarios.

Cuando la Asamblea Constituyente inició la votación sobre el proyecto final de la Constitución, en diciembre de 2007, la oposición tomó las calles en forma violenta y ocupó los principales edificios públicos en Sucre, exigiendo la renuncia del "indio de mierda Morales." Fue entonces que los dirigentes políticos y las organizaciones empresariales en Santa Cruz y otras ciudades de la Media Luna comenzaron a llamar abiertamente a la autonomía y a la secesión del gobierno central boliviano.

Al mismo tiempo, la administración Bush comenzó a utilizar el arma de la ayuda para demostrar su apoyo a los comités cívicos opuestos al Gobierno. La Millennium Challenge Corporation (MCC), creada en 2004 como un organismo del gobierno estadounidense "para trabajar con algunos de los países más pobres del mundo", había estado a punto de aprobar un fondo de US$ 584 millones para financiar la construcción de una gran carretera para unir el norte de Bolivia con el resto del país, así como para realizar inversiones en proyectos agrícolas.

Sin embargo, en una carta dirigida a Morales, en diciembre de 2007, la MCC afirmó que, si bien "reconoce el rendimiento de su país de acuerdo a nuestros 17 indicadores... el estado actual de las relaciones EE.UU.-Bolivia no es consistente para una asociación de trabajo de este tipo". Otro informe de la MCC fue aún más directo: El proyecto "se aplazó a causa de condiciones adversas, incluyendo los disturbios en torno al proceso de la Asamblea Constituyente".

Cuando los Comités Cívicos comenzaron a sembrar la inestabilidad económica, parecido a lo operado en Chile a inicios de los 70, Estados Unidos estuvo involucrado abiertamente en la organización de esta rebelión. El Embajador Goldberg viajó a Santa Cruz el 25 de agosto para reunirse con Rubén Costas, el principal opositor de Morales y prefecto de Santa Cruz, quien se convirtió en el líder de facto de los prefectos rebeldes y del movimiento de autonomía en general. Apenas Goldberg se había ido, Costas se declaró "gobernador" del departamento autónomo de Santa Cruz, y ordenó la toma de las oficinas gubernamentales, incluidas las que recaudan los impuestos. Fue esta visita a Costas que Morales citó como la razón para declarar al Embajador Goldberg "persona non grata", el 10 de septiembre.

Haciendo caso omiso de la Declaración unánime de los doce gobiernos de UNASUR (septiembre), que expresaron su pleno y decidido apoyo al gobierno constitucional del presidente Evo Morales, el Presidente Bush agudizó el conflicto la semana siguiente con la suspensión de la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas, afirmando que "Bolivia no ha cooperado con los Estados Unidos en los importantes esfuerzos para luchar contra el tráfico de drogas”.

La Secretaria de Estado Condoleezza Rice señaló que "no hubo ningún examen ideológico para la cooperación y la amistad con EE.UU." que haya llevado al recorte del acuerdo comercial con Bolivia. Esta declaración fue una mentira diplomática: para el año 2006, el primer año de Morales en el cargo, la Oficina de Políticas Nacionales de Control de Drogas de EE.UU. informó que el cultivo de coca "estadísticamente no registro cambios en comparación con la estimación de 2005". Para 2007, la ONU informó de un aumento de sólo un 5 por ciento en el cultivo de coca. Estos datos, sin embargo, contrastan con Colombia, que registró un aumento de los cultivos de coca en un 27 por ciento, no obstante la fuerte alianza del gobierno colombiano con EE.UU. en los esfuerzos de erradicación de coca.

Luego, el 1 de noviembre, Morales soltó una bomba con el anuncio de la suspensión indefinida de las actividades de la Drug Enforcement Administration de EE.UU. en Bolivia, y la expulsión de los 37 agentes de la DEA del país. Morales declaró que agentes de la DEA habían llevado a cabo actividades de espionaje político, incluida la financiación de grupos de delincuentes. Identificó un agente clave de EE.UU. involucrado en estas actividades: Steven Faucette, el agente regional de la DEA en Santa Cruz, que en una misión diplomática de la Embajada de EE.UU. habría realizado viajes a Trinidad y Riberalta (ciudades de la Media Luna en las provincias de Beni y Pando, respectivamente), con el objetivo de financiar a los Cívicos que buscaban llevar a cabo un golpe cívico.

Morales reveló asimismo que un avión con registro norteamericano llamado Super King había volado a los aeropuertos de la Media Luna sin registro de planes de vuelo ni notificación de la carga, que trasbordó a vehículos al aterrizar en la pista, en clara violación de la soberanía nacional. La inteligencia boliviana también descubrió siete casas de seguridad operadas por EE.UU. que llevaban a cabo actividades de espionaje político, incluyendo la vigilancia telefónica de autoridades políticas, policiales y militares. La DEA y sus 37 agentes fueron expulsados del país. El gobierno boliviano consignó lo que equivale a un arsenal militar de la DEA, incluyendo aviones, barcos, vehículos de transporte terrestre, equipos de comunicaciones y mil ametralladoras M-16.

El golpe cívico ha fracasado. Sin poder recurrir a la embajada de EE.UU., la oposición está en desbandada, y el principal partido de derecha dividido en cuatro fracciones. El referendo sobre la Constitución será probablemente aprobado por un amplio margen. Evo ha convocado a los movimientos sociales y al país a romper con la dominación histórica de EE.UU. sobre Bolivia. Con su viaje a Washington DC, Morales espera abrir un diálogo con la administración del próximo gobierno del presidente electo Barack Obama, quien podría dar paso a un restablecimiento pleno de las relaciones comerciales, al reconocimiento del derecho de Bolivia a determinar sus propias políticas sobre las drogas, la reforma agraria y la nacionalización del gas, y al respeto mutuo entre las dos naciones.

Las oportunidades y desafíos del APEC

AméricaEconomía

Las 21 economías que integran el Foro intentan recuperar la confianza en los mercados en medio de la crisis global y ampliar la construcción de la comunidad Asia Pacífico.

Además de ser uno de los encuentros económicos más importantes del mundo, el Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), representa sin duda un enorme desafío para que los países de América Latina acerquen sus economías, en términos de eficiencia y competitividad, a los estándares de las naciones asiáticas.

En este contexto y en medio de un oscuro panorama financiero internacional, los países miembros del Foro que se desarrolla esta semana en Perú, tendrán como misión principal recuperar la confianza en los mercados en medio de la crisis global y ampliar la participación en el proceso de construcción de la comunidad de Asia Pacífico, promoviendo la integración económica regional y, por sobre todo, destrabando la actividad comercial, que en conjunto representa el 49% de los intercambios a nivel mundial.

Integrada por 21 economías que reúnen a 2.600 millones de habitantes, 40% de la población mundial, y producen aproximadamente US$ 29 billones o 53% del PIB global, el Foro buscará en Lima profundizar el libre comercio frente a las amenazas del proteccionismo, además de darle continuidad a la discusión de la reciente cumbre del G- 20, que se comprometió a potenciar el crecimiento económico y mejorar la regulación de los mercados.

Los líderes del APEC se reunirán el 22 y 23 de noviembre, sin embargo sus ministros de Relaciones Exteriores y Comercio culminarán este jueves un encuentro de dos días en el que han afinado una declaración que pretende incentivar la eliminación de barreras comerciales, que permitan que la inversión extranjera directa garantice la asignación de capitales de la forma más eficiente posible.

Es que, según el estudio “Oportunidades de comercio e inversión entre América Latina y Asia-Pacífico: El vínculo con APEC”, elaborado por la CEPAL, una de las principales razones del bajo nivel de comercio entre ambas regiones es la falta de inversión extranjera directa relacionada con la búsqueda de la eficiencia.

Por otro lado, la cumbre será también una oportunidad para que los países miembros que no tengan Tratados de Libre Comercio entre sí, negocien una disminución recíproca de sus aranceles para lograr un comercio más intenso, como medida para hacer frente a la crisis económica.

Las 21 economías centrarán sus esfuerzos además en reforzar los mecanismos de supervigilancia que deban tener los organismos financieros internacionales, ampliar la participación de los países emergentes en estos mecanismos, profundizar la responsabilidad social de las empresas y fortalecer el desarrollo humano y económico.

En ese sentido, la CEPAL aseguró que los países de Latinoamérica y el Caribe deberán redoblar sus esfuerzos para identificar y aprovechar las posibles complementariedades derivadas de una mayor integración con Asia, ante las oportunidades únicas que ofrece actualmente la región latinoamericana para sentar las bases de un continuo flujo de relaciones comerciales y de inversión con el continente asiático.

Finalmente, la CEPAL sostuvo que los países de la región deberán buscar un mejor acceso a los mercados de Asia-Pacífico, ya sea mediante acuerdos bilaterales individuales o por medio del trabajo coordinado para llegar a acuerdos conjuntos. Según el organismo Chile, México y el Perú deberían desempeñar un papel clave en la coordinación de posiciones y trabajar juntos tanto en APEC como en los esquemas de integración intrarregional.

En la cita de Lima se espera que China dé otro paso importante de acercamiento hacia Latinoamérica, con el anuncio de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Perú, similar al que entró en vigencia con Chile en 2006. China tiene un apetito voraz por las materias primas que producen las economías de la región.

Se estima que al término del encuentro, la APEC generará en el país anfitrión US$ 6.000 millones en compromisos de inversión, los que serán destinados a proyectos de infraestructura hotelera, construcción de carreteras, puertos, en el sector energía y turismo. Actualmente, Perú es uno de los países latinoamericanos que más atrae la inversión extranjera directa gracias a los avances que ha hecho en la economía, contando con una infraestructura adecuada, estabilidad política y buena conectividad.

“Perú ganará oportunidades no sólo de carácter comercial sino también el compromiso de inversiones. Somos un país estable con condiciones favorables para la inversión extranjera, por eso queremos vender al país como un buen centro de inversiones para América Latina y ser la puerta de entrada a otros mercados de Sudamérica”, dijo el investigador peruano de Centrum Católica y experto en APEC, Jorge Torres, a AméricaEconomía.

Respecto de si la crisis financiera podría afectar los proyectos de inversión en el país, el profesional sostuvo que “la crisis sí nos afecta, en cierta forma, ya que los commodities están bajando sus precios, pero creo que nos estamos sobrepreocupando porque las cifras no apuntan a catástrofes. Habrá crisis y recesión, pero la magnitud será limitada y no significará una hecatombe. La desaceleración económica no afectará las oportunidades de inversión”.

quarta-feira, 19 de novembro de 2008

Sheldon S. Wolin: "Democracia S. A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido"


¿Es posible pensar que el país democrático por antonomasia, los Estados Unidos de América, no sea en realidad en absoluto democrático? ¿Que los Estados Unidos se hayan metamorfoseado en una nueva y extraña especie de híbrido político en el que el poder económico y el poder del Estado se han asociado y quedado fuera de control? ¿Es posible que ese país, "el más poderoso de la Tierra", "Superpoder", haya descendido hacia una forma invertida del totalitarismo?

Sheldon Wolin, probablemente el más destacado teórico norteamericano de la democracia, analiza en esta obra los rasgos dominantes de un régimen que, si bien no puede ser comparado moral ni políticamente con los estados totalitarios del siglo XX (la Alemania nazi, la Italia fascista, la Unión Soviética), deriva peligrosamente hacia una situación en la que el descontrolado poder económico puede convertirse en un "poder total", con sus propias patologías. Un régimen cuyos ciudadanos son políticamente apáticos y sumisos, y en el cual las élites desean que sigan siéndolo. En el mejor de los casos, afirma Wolin, los Estados Unidos se han convertido en una "democracia dirigida" en la que el pueblo es manipulado y no soberano y, en el peor de los casos, en un país donde el poder corporativo no responde a los controles del Estado.

De acuerdo con la tesis según la cual "es posible que una forma de totalitarismo diferente de la clásica surja a partir de una supuesta 'democracia' 'fuerte' en lugar de una 'fracasada'", Sheldon Wolin ofrece en este libro, tan oportuno como inquietante, uno de los diagnósticos más oscuros sobre los males de la política que se han realizado en las últimas décadas: un diagnóstico que parece confirmarse a la luz de los acontecimientos actuales y de la crisis de un sistema financiero que escapó a todo control.

Prefacio del libro

Antes de ingresar de lleno al tema de este trabajo, quisiera destacar ciertos aspectos del enfoque adoptado, a fin de evitar posibles malentendidos. Si bien el concepto de totalitarismo es de central importancia en las páginas siguientes, mi tesis 'no' es que el sistema político actual de los Estados Unidos es una réplica inspirada de la Alemania nazi ni que George W. Bush lo es de Hitler. Se introducen las referencias a la Alemania de Hitler para recordarle al lector cuáles fueron los parámetros de un sistema de poder que invadió otros países, justificó la guerra de anticipación como doctrina oficial y reprimió toda oposición en el ámbito local; un sistema cruel y racista en sus principios y sus prácticas, profundamente ideológico y abiertamente decidido a dominar el mundo. Esos parámetros se introducen para poner en evidencia tendencias en nuestro propio sistema de poder que se oponen a los principios fundamentales de la democracia constitucional. Esas tendencias son, en mi opinión, totalizadoras en tanto revelan una obsesión por el control, la expansión, la superioridad y la supremacía.

Como lo demuestran los regímenes de Stalin y Mussolini, el totalitarismo puede adoptar formas diversas. El fascismo italiano, por ejemplo, no adoptó oficialmente el antisemitismo sino hasta último momento en la historia del régimen; aun entonces lo hizo básicamente en respuesta a la presión de Alemania. Stalin introdujo algunas políticas "progresistas": promoción de la alfabetización y la atención sanitaria masivas; estímulo a las mujeres para que emprendieran carreras profesionales y técnicas y -por un breve lapso- promoción de las culturas minoritarias. El caso no es que estos "logros" compensaran crímenes cuyo horror aún no hemos llegado a captar plenamente, sino más bien que el totalitarismo tiene la capacidad de adoptar formas locales diversas; no es imposible que, lejos de haberse agotado en sus versiones del siglo XX, los aspirantes a totalitarios dispongan ahora de tecnologías de control, intimidación y manipulación masiva que superen por lejos las de ese tiempo pasado.

Los regímenes nazi y fascista fueron impulsados por movimientos revolucionarios cuyo objetivo fue no sólo apoderarse del poder del Estado, reconstituirlo y monopolizarlo, sino también lograr el control de la economía. Controlando el Estado y la economía, los revolucionarios lograron la influencia necesaria para reconstruir y luego movilizar la sociedad. El totalitarismo invertido, en cambio, es un fenómeno que sólo se centra en el Estado de manera parcial. Representa fundamentalmente la madurez 'política' del poder corporativo y la desmovilización 'política' de la ciudadanía.

A diferencia de las formas clásicas de totalitarismo, que se jactaban abiertamente de sus intenciones de hacer ingresar a las sociedades por la fuerza a una totalidad preconcebida, el totalitarismo invertido no está conceptualizado expresamente como una ideología ni objetivizado en políticas públicas. Típicamente, es impulsado por quienes poseen el poder y por ciudadanos que a menudo parecen no ser conscientes de las consecuencias más profundas de sus acciones o inacciones. Hay una cierta despreocupación, una incapacidad para considerar seriamente que -aun sin ser preconcebido- puede formarse un patrón de consecuencias de considerable alcance.

La razón fundamental de este descuido -tan profundamente arraigado- se relaciona con el clásico gusto de los estadounidenses por el cambio y -de manera igualmente notable- con su buena fortuna, que los ha dotado de un vasto continente, rico en recursos naturales que invitan a la explotación. Si bien es un cliché que la historia de la sociedad norteamericana ha sido de cambio incesante, las consecuencias del ritmo actual -cada vez más rápido- son menos evidentes. El cambio opera desplazando creencias, prácticas y expectativas existentes. Aunque las sociedades han experimentado el cambio a través de la historia, fue sólo en los cuatro últimos siglos que las políticas públicas se centraron en promover la innovación. Hoy, gracias a la prosecución sumamente organizada de la innovación tecnológica y de la cultura que ésta alienta, el cambio es más rápido, más abarcador, más bienvenido que nunca, y esto significa que las instituciones, los valores y las expectativas comparten una vida útil limitada con la tecnología. Estamos experimentando el triunfo de la contemporaneidad y su cómplice, el olvido o la amnesia colectiva. Dicho en palabras algo diferentes, en los comienzos de los tiempos modernos, el cambio desplazaba tradiciones; hoy el cambio sucede al cambio.

El cambio incesante socava la consolidación. Pensemos, por ejemplo, que a más de un siglo de terminada la Guerra Civil, todavía persisten los efectos de la esclavitud; que a casi un siglo de que las mujeres lograran el voto, aún se discute su igualdad; que después de casi dos siglos en los que se hizo realidad la escuela pública, la educación se está privatizando cada vez más. Para comprender plenamente el problema del cambio, podríamos recordar que en los círculos políticos e intelectuales a partir de la segunda mitad del siglo XVII y especialmente durante el siglo XVIII existió una convicción cada vez mayor de que por primera vez en la historia documentada los seres humanos podían modelar su futuro de manera deliberada. Gracias a los avances en la ciencia y la invención era posible concebir el cambio como "progreso", un avance que beneficiaba a todos los miembros de la sociedad. El progreso representaba un cambio constructivo, que traería algo nuevo al mundo, para bien de todos. Los paladines del progreso creían que, si bien el cambio podía resultar en la desaparición o destrucción de creencias, costumbres e intereses establecidos, éstos merecían desaparecer porque, en su mayor parte, servían a los Pocos mientras que mantenían a los Muchos en la ignorancia, la pobreza y la enfermedad.

Un componente importante de esta concepción moderna del progreso fue que el cambio era fundamentalmente una cuestión de decisión política por parte de aquellos a quienes se podía pedir cuenta de sus decisiones. Esa concepción del cambio se vio sensiblemente excedida por el surgimiento de concentraciones de poder económico en la segunda mitad del siglo XIX. El cambio se convirtió en una empresa privada, imposible de separar de la explotación y el oportunismo, y se constituyó así en un elemento fundamental, si no el único elemento fundamental de la dinámica del capitalismo. El oportunismo implicaba una búsqueda incesante de todo cuanto pudiera explotarse, que muy pronto llegó a significar virtualmente todo, desde la religión hasta la política y el bienestar humano. Ya quedaba muy poco, si es que quedaba algo, que fuera un tabú; el cambio se convirtió rápidamente en objeto de estrategias premeditadas para maximizar beneficios.

Se señala a menudo que el cambio actual es más rápido, más abarcador que nunca. En las páginas posteriores me propongo sugerir que la democracia en los Estados Unidos nunca ha estado verdaderamente consolidada. Algunos de sus elementos clave no se han materializado o se mantienen vulnerables; otros han sido explotados con fines antidemocráticos. Se ha descrito generalmente a las instituciones políticas como los medios por los cuales una sociedad trata de ordenar el cambio. El presupuesto era que las instituciones políticas en sí mismas se mantendrían estables, como estaban ejemplificadas en el ideal de la constitución, como una estructura de naturaleza relativamente permanente que define los usos y los límites del poder público y la responsabilidad de los funcionarios.

Hoy, sin embargo, algunos cambios políticos son revolucionarios; otros son contrarrevolucionarios. Algunos trazan nuevos rumbos para la nación e introducen nuevas técnicas para expandir el poder de los Estados Unidos, tanto internamente -vigilancia de los ciudadanos- como externamente -setecientas bases en el extranjero-, más allá de lo que haya imaginado algún gobierno previo. Otros cambios son contrarrevolucionarios en tanto revierten políticas sociales que habían estado orientadas originalmente a mejorar la situación de las clases media y más pobre.

terça-feira, 18 de novembro de 2008

Tomás Moulian: “Allende era el político más consciente del dilema que representaba la vía chilena al socialismo.”

Fernando de la Cuadra
Gramsci e o Brasil

Allende perdió la primera batalla por un nuevo socialismo. Pero hoy día no es un fantasma agobiado, más bien es la bandera de un combate que sigue vivo, pues el socialismo del siglo XXI tiene que ver con su ideario, con sus luchas por una democratización profunda y también gradual y no violenta de las sociedades capitalistas (“La trayectoria y el gesto de Salvador Allende”, La Nación, 12/07/2008).

Tomás Moulian (Santiago, 21 de septiembre de 1939), sociólogo y cientista político con estudios de post-grado en Bélgica y Francia, es uno de los intelectuales más lúcidos y activos de Chile. Su producción es vasta y fecunda. Entre sus publicaciones más importantes se encuentra Democracia y socialismo en Chile (1983), Chile actual: anatomía de un mito (1997), Conversación interrumpida con Allende (1998) y Socialismo del siglo XXI. La quinta vía (2000).

En esta entrevista, el pensador chileno abordó temas como el futuro de la Concertación y el Pacto Juntos Podemos (del Partido Comunista y el Partido Humanista), los efectos de la crisis financiera mundial sobre el gobierno Bachelet y el legado de Allende para las generaciones de hoy. La entrevista la realizó Fernando de la Cuadra.

Tomás, en primer lugar me gustaría preguntarte como evalúas el resultado de las elecciones municipales y que efectos tendrían en el futuro de la Concertación, en términos de como se proyecta este conglomerado en cuanto bloque de centro que puede abrirse a la inclusión de un Partido Comunista con el cual ya se tuvo una experiencia, en parte exitosa, de un acuerdo por omisión en la reciente contienda electoral?

Mira, creo que el futuro político chileno, por lo menos el de corto plazo, va a depender mucho de las posibilidades que se le abran a la Concertación en esta coyuntura. Y digo de las posibilidades, porque efectivamente la Concertación es una fuerza que puede mirar simultáneamente hacia la izquierda o hacia la derecha. Tiene la gran ventaja de ser un centro no excéntrico, un centro entonces que puede girar hacia la derecha o la izquierda.

Lo más probable es que mire hacia la izquierda, porque allí (en el Partido Comunista) hay una fuerza que ha percibido, en este último tiempo, que su única posibilidad de ser incluida en el sistema político pasa por un pacto con la Concertación. Lo interesante aquí es resaltar que esa fuerza tiene un interés en ser incluida en el sistema. No es una fuerza que diga: a mi me da lo mismo entrar a un pacto de gobierno y donde puedo seguir manteniendo mi posición de protesta y que, por lo tanto, no corresponde que ahora sea parte de él. Entonces, tenemos una fuerza que, manteniendo su política hacia la derecha y manteniendo su crítica al sistema neoliberal, aspira a participar. De todas formas, aunque esta izquierda extraparlamentaria se incorpore al sistema, sus posibilidades de tener parlamentarios son pocas, por lo cual también son pocas sus posibilidades de modificar el sistema o pensar cambios más o menos audaces.

Crees que, al incorporarse al sistema, los comunistas pueden ser cooptados y conducidos a esta especie de inercia de administrar el modelo y no realizar las transformaciones necesarias en pos de una mayor equidad y democratización de la sociedad chilena? Existe ese riego?

Por desgracia se ven signos de eso. Aunque yo creo que, en temas ideológicos, los comunistas van a mantener sus puntos de vista. Con relación a la propiedad privada, los comunistas son de una gran flexibilidad; por ejemplo, en tiempos de la Unidad Popular sostenían la idea de las tres áreas de la economía: un área privada, un área mixta y un área social, y pienso que hoy día no han modificado sustancialmente esta noción.

Pienso que en esta etapa post-dictadura los comunistas chilenos tienen un obsesivo deseo de respetabilidad, por lo cual a veces dicen cosas que los mantienen en un discreto plano medio. Están en la oposición al sistema, pero de pronto realizan gestos que dan la impresión de que son el ala izquierda del sistema. Por ejemplo, en la foto de la noche de la elección, en que están todos los presidentes de partidos de la Concertación, aparece también su Secretario General (Teillier) en primera fila al lado izquierdo de la Presidenta Bachelet. Eso para mi representa una búsqueda de respetabilidad por parte de algunos de sus dirigentes, en particular de la Dirección Nacional, un poco en esta postura de dejar de ser el lado marginal o más crítico del sistema.

Crees que la Concertación se va a seguir fraccionando, sumándose a la salida de los Demócratas Cristianos del PRI [1] y de los disidentes del PPD otros grupos que, en un futuro cercano, se pueden también desprender de este conglomerado?

Yo creo que eso va a depender mucho del comportamiento de otra fuerza excéntrica que existe actualmente, como es, por ejemplo, Alejandro Navarro y algunos parlamentarios y dirigentes que lo acompañan, que saben que, con relación a las elecciones del próximo año, es muy difícil elegirse a ciertos cargos sin el apoyo de la máquina partidaria [2].

Pero de todas formas no creo que se descomponga la Concertación. Estas elecciones son centrípetas y no centrifugas, son una fuerza hacia adentro, son un llamado al orden, a las buenas maneras, etc. En un periodo electoral no se puede estar arriesgando o deshaciendo lo realizado, y además los conflictos ideológicos propiamente tales no son muy profundos, reforzando la tendencia unitaria que existe al interior de este conglomerado y el modo de concebir los procesos políticos que se vienen por delante. Entonces, existen pocas posibilidades que el pacto se desarme, justamente por las dinámicas que provocan las elecciones y porque las disputas ideológicas entre los partidos no son muy fuertes y no constituyen rupturas serias en el terreno de las ideas.

No consideras que la historia y la identidad socialista, enlazadas con una concepción del cambio — que incluso se radicalizó en tiempos de la vía chilena al socialismo —, deberían influir en la profundización de los clivajes ideológicos con el resto de los partidos de la Concertación, especialmente con la Democracia Cristiana?

Bueno, la forma de actuar de la Democracia Cristiana hasta el momento es muy favorable a la manutención de la alianza con el Partido Socialista tal como hasta ahora (desde 1979), en que tenemos un partido con una línea moderada, de acuerdos, y nada hace presagiar que ambos partidos puedan romper su alianza con vistas a las próximas elecciones o que insistan en llevar su candidato presidencial sin realización de primarias. Desde una perspectiva más coyuntural el tema principal es la disputa en torno al próximo candidato presidencial de la Concertación, que está entre Eduardo Frei, de la Democracia Cristiana, y Ricardo Lagos o José Miguel Insulza por el Partido por la Democracia y el Partido Socialista.

Crisis global

Como percibes la respuesta del gobierno chileno ante la crisis, asumiendo esta situación paradójica en que los mercados se tranquilizan cuando existe mayor intervención del Estado, por lo menos en lo que respecta a la inyección de divisas para sanear los “agujeros” financieros?

Claro, aquí es muy interesante lo que dice la Presidenta Bachelet en términos de que Chile es un país regulacionista, comparado a otros países del mundo. Entonces, como somos un país con regulación, no va ser necesario crear tantas decisiones en ese ámbito porque no estamos tan indefensos ante el accionar de los mercados, no somos en definitiva tan neoliberales. En ese sentido, desde hace un tiempo Chile impuso ciertas regulaciones para no repetir la crisis de 1989 y para no repetir la crisis mexicana.

Como la aplicación del sistema de encaje, después abandonado por el gobierno Lagos?

Exactamente, pero lo que dicen los especialistas es que eso no tendría mucha importancia en términos de los grandes volúmenes, lo más importante es obtener un superávit estructural.

La presencia de Allende

Este año en que conmemoramos el Centenario del natalicio de Allende lo que se observa es que existen diversas apropiaciones de su figura, desde un líder democrático consecuente hasta un combatiente que murió con el fusil en la mano defendiendo la revolución. Un Allende que es más exaltado por los comunistas que por los propios socialistas, para los cuales su memoria es un poco incomoda. En ese sentido, como ves el legado de Allende en el Chile actual?

Bueno, veo Allende en esta paradoja, que para algunos socialistas no es más un líder revolucionario. Aunque dicho sea, Allende también vivió la contradicción entre el respeto a la constitución y la defensa revolucionaria de ese proceso. En su momento, para los socialistas con Altamirano a la cabeza, Allende no era un revolucionario. Y ello porque Allende busca los acuerdos con la Democracia Cristiana para realizar las transformaciones necesarias, aunque con la oposición cada vez más declarada de este partido. Por eso al final Allende tuvo que impulsar las reformas a través de una política legal, pero extraparlamentaria, los llamados resquicios legales… Entonces, Allende vive esa paradoja. No te olvides que Allende dice que una revolución democrática, aún una revolución democrática, tiene que ser defendida por las armas. Esa es una construcción que reflexiona sobre las posibilidades de los cambios a ser realizados. Claro que no es una construcción basada en el modelo leninista, en tanto representa una concepción del socialismo futuro que se basa más en empresas mixtas, democracia paritaria, etc.

Pero volviendo a la pregunta, creo que Allende se presenta para las nuevas generaciones como un político y un hombre consecuente que siempre actuó con una impronta ética muy fuerte y que finalmente estuvo dispuesto a morir por sus ideales.

Ahora, con relación al partido socialista, Allende es una presencia que no está de modo explicito, está presente de un modo tal que no pueda quedar evidente este encaje. Por eso incluso la izquierda puede usar su nombre sin citar al Allende realista, al Allende que cree que la vía chilena al socialismo puede ser una vía pacífica. En eso Allende era quizás el político más consciente de ese dilema catastrófico entre quienes aceptaban la necesidad de negociar y quienes postulaban el “avanzar sin transar”. Allende permitía que tu postularas un camino por el lado moderado y también reconocía que tenían razón los altamiranistas, cuando decían que era mucho más difícil llegar al socialismo por la vía pacifica que por un camino que en algún momento va a requerir el uso de la fuerza y en ese instante el enfrentamiento es inevitable.

En todo caso, durante su larga trayectoria socialista Allende creía firmemente en las posibilidades que existían de sumar a amplios sectores sociales y políticos en torno a su programa de transformaciones.

Se podría afirmar que Allende se inspira en Gramsci para pensar en términos de constituir un bloque histórico por los cambios?

Si, aunque no tengo certeza de cuanto Allende conocía Gramsci. En ese tiempo en Chile (entre 1970 y 1973), Gramsci no estaba muy difundido en el país y hoy pienso que para nosotros habría sido un teórico sumamente importante…

NOTAS
[1] El Partido Regionalista Independiente (PRI) es una escisión de sectores hacia la derecha del Partido Demócrata Cristiana. Por su parte, el Partido Chile Primero es una fracción liberal formada por sectores descontentos con la orientación del Partido por la Democracia.
[2] Al día siguiente de esta entrevista, el Senador Navarro decidió renunciar a las filas del Partido Socialista e impulsar su propia Candidatura para las elecciones presidenciales (y parlamentarias) de diciembre de 2009.

segunda-feira, 17 de novembro de 2008

Balanço do G-20: A ação relevante está sendo preparada na equipe de Obama


Fernando Cardim de Carvalho
Carta Maior

Fechadas as janelas anteriores de oportunidade, e tendo a crise financeira contagiado, provavelmente de forma irreversível, a economia real, cabem duas indagações: em que estágio estamos? Foi a reunião do G20 neste último fim de semana uma intervenção significativa para interromper ou atenuar esse processo? A resposta parece ser não.

Como todo processo social, crises econômicas são fenômenos complexos, para cujo perfil contribuem tanto necessidades quanto contingências. Necessidades, porque o capitalismo é um sistema ordenado, onde diferentes grupos sociais exercem papéis específicos, e regras e instituições limitam as escolhas de cada um de nós. Alem disso, as oportunidades abertas e possibilidades oferecidas a cada momento são limitadas pelas heranças do passado, sob a forma de perfis determinados do estoque de capital, habilidades da força de trabalho, obrigações contratuais pré-existentes, etc. Mas também contingências são importantes, porque toda decisão econômica é orientada por expectativas a respeito de seus resultados no futuro.

Todos sabemos, porém, que o futuro é desconhecido. Se existe um livro do destino, nós não temos acesso a ele, e, portanto, ele seria irrelevante de qualquer forma. Eventos imprevistos (e imprevisíveis) podem ocorrer e mudar completamente o futuro real, distanciando-o do esperado. O futuro é incerto em um sentido fundamental e inacessível aos instrumentos usualmente utilizados de previsão estatística. Toda projeção estatística pressupõe que o futuro repetirá de alguma forma o passado. No entanto, como observou Keynes, “o inevitável nunca acontece. É o inesperado sempre.” Entre as contingências mais importantes a determinar o futuro, está a política econômica dos governos.

A maior dificuldade que se encontra ao analisar um fenômeno social, é exatamente a complexidade da interação entre necessidade e contingência na determinação da evolução de um determinado processo. Assim, teria sido possível, talvez, impedir o acúmulo de tensões que levaram à crise financeira, não tivesse sido a regulação financeira tão enfraquecida pela liberalização financeira dos anos 1980. Ou, a crise poderia ter sido contida, por exemplo, no início deste ano, tivessem as autoridades americanas percebido seu potencial de transformação em uma crise sistêmica e tivessem definido uma estratégia de combate, ao invés de socorrer instituições financeiras caso a caso (deixando de fora, naturalmente o Lehman Brothers, o que parece hoje ter sido um grave equívoco).

Fechadas as janelas anteriores de oportunidade, tendo a crise evoluído para a dimensão que assumiu em meados deste ano, cabem duas indagações: em que estágio estamos? Foi a reunião do G20 neste último fim de semana uma intervenção significativa para interromper ou atenuar seu desenvolvimento?

Em resposta à primeira indagação, neste final de 2008, o pânico financeiro parece ter sido deixado para trás, graças à maciça intervenção dos bancos centrais dos países desenvolvidos em apoio às instituições financeiras. A queda livre a que assistimos nos preços de ativos, acompanhada das constantes notícias sobre falência ou compra de instituições financeiras, parece ter dado lugar a uma maior volatilidade do valor de ativos financeiros, em torno de níveis muito menores que aqueles anteriores à eclosão da crise. A Bolsa de Nova York, em particular, passou do mergulho no abismo, para uma montanha russa absolutamente vertiginosa. Essa é boa notícia.

A má notícia é que a crise financeira contagiou, provavelmente irreversivelmente, a economia “real”. A demanda dos consumidores americanos desabou, e a sua confiança no futuro esvaiu-se, criando a expectativa de que a demanda continue a declinar aceleradamente, por causa do desaparecimento do crédito. Com o contágio do consumo, entra em operação o multiplicador keynesiano, segundo o qual, a queda do consumo de alguns leva ao desaparecimento do emprego de outros, que são forçados a reduzir o seu próprio consumo, reduzindo a demanda ainda mais, e assim por diante. O aumento do desemprego nos Estados Unidos já é também uma realidade. Um colapso do consumo, naturalmente, leva ao colapso também o investimento privado: porque aumentar a capacidade produtiva se nem a existente consegue ser ocupada?

Assim, a crise ultrapassa a fronteira do sistema financeiro, contagiando a economia real nos Estados Unidos. É apenas questão de tempo para que seus impactos sejam sentidos na economia “real” do resto do mundo, inclusive nós.

Isto nos leva à segunda indagação: a reunião dos presidentes do G 20 neste último fim de semana em Washington deve nos encher de esperança com relação à mobilização adequada dos governos para combater a crise? Infelizmente, a resposta parece ser um não. A reunião foi um monumento à banalidade, uma festa de despedida para um presidente que deixará poucas saudades e um palco para líderes que precisam dar a impressão de que estão fazendo algo pelas economias de seus países e do mundo todo. Primeiro, porque o Presidente Bush já não fala pela maior economia do mundo. Segundo, porque é duvidoso que o G 20, uma seleção relativamente arbitrária de países, aumentada por alguns “penetras”, como a Espanha e por entidades ectoplásmicas como a União Européia em adição aos países europeus, seja o fórum apropriado para este tipo de discussão de alternativas para uma crise de natureza mundial. Terceiro, porque ela começa pelo fim, pela reunião de presidentes e primeiros ministros que ninguém acredita estarem capacitados a entender por si mesmos o que está acontecendo e identificar as políticas adequadas para a solução da crise. A conferência de Bretton Woods, por exemplo, exigiu três anos de preparação e reuniu experts, não políticos. Políticos tiveram sua vez, naturalmente, nas discussões de ratificação do acordo, que levaram mais dois anos. O que saiu desta reunião? Um longo comunicado sobre coisa alguma.

Não há razão, no entanto, para uma postura excessivamente pessimista. Seria mais do que ingênuo esperar realmente alguma coisa dessa reunião alem da aparência de ação. A ação relevante está sendo preparada em outro lugar, na equipe do Presidente-eleito Obama. Se este tivesse convidado líderes para um encontro deste tipo, aí sim deveríamos estar temerosos. Que ele tenha se recusado sequer a mandar representantes pessoais ao convescote é, em si, razão para otimismo.

Izquierda, discriminación y seguridad


José Natanson
Página 12

Ni la discriminación ni la cuestión de las minorías formaban parte de la agenda clásica de la izquierda. En 1961, el gobierno de Fidel Castro lanzó una serie de redadas en La Habana con el objetivo de detener a prostitutas y homosexuales, que, con el argumento de que no podían formar parte de las fuerzas armadas y participar en la defensa militar contra el imperio, fueron confinados a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Para ello, el gobierno revolucionario se amparaba en la “Ley de ostentación homosexual”, que recién fue derogada del Código Penal en 1988.

En 1983, el gobierno sandinista de Daniel Ortega ordenó la relocalización autoritaria de las comunidades de indígenas miskitos de la orilla del hermoso río Coco bajo la acusación de que colaboraban con la contra, lo que le generó serias denuncias de matanzas y hasta un proceso por genocidio. Por su parte, la Revolución Nacional Boliviana de 1952, que algunos califican como la más radical del siglo XX sudamericano, encaró un proyecto de homogeneización mestiza dentro del cual la cuestión indígena no ocupaba un lugar.

Y no es que los viejos comandantes ignoraran estas cuestiones, sino que se amparaban en la idea de que la igualación económica acabaría automáticamente con todas las demás inequidades, un supuesto que se fue disolviendo con los años. Fueron sobre todo la globalización y la redemocratización las que introdujeron en las anquilosadas agendas izquierdistas la cuestión de la interseccionalidad de las discriminaciones, la idea de que las diferencias sociales, de género, raza y etnia no son excluyentes, sino que, por el contrario, se retroalimentan unas a otras, y que para acabar con una es necesario atacarlas a todas.

Hoy prácticamente todos los gobiernos han incorporado el tema de las minorías cualitativas (mujeres, indígenas en los países andinos) o cuantitativas (indígenas en el Cono Sur, minorías sexuales) a sus repertorios de políticas públicas. Uno de los esfuerzos más importantes en este sentido fue la decisión de Lula de crear la Secretaría Especial de Política de Promoción de la Igualdad Racial (Seppir), que busca, como la Secretaría de la Mujer, transversalizar los criterios de equidad racial a la totalidad de las políticas de Estado.

Como parte de las corrientes que ponen el foco en el carácter mutuamente potenciador de las discriminaciones, la segregación residencial ha ido cobrando una importancia cada vez mayor en las investigaciones sociales y económicas. Por ejemplo, estudios realizados por Luiz César Queiroz Ribeiro para el Observatorio de las Metrópolis de Brasil demuestran que trabajadores de baja escolaridad, el mismo origen social y similar color de piel –es decir, los atributos que suelen incidir en la definición de los salarios– ganan menos si viven en una favela que en un barrio cualquiera. El porcentaje es 14 ciento menor en Río de Janeiro, 19 por ciento menor en San Pablo y 21 por ciento en Belo Horizonte.

Vivir en una favela o en una villa dificulta la creación de lazos sociales o laborales con personas situadas fuera de estos territorios y complica la movilidad por los altos costos de transporte. Pero, además, la estigmatización por lugar de residencia opera negativamente sobre sus habitantes, que se ven obligados a mentir sobre la localización de su hogar, por ejemplo a la hora de buscar trabajo. “Esto afianza la percepción, falsa pero muy extendida, de que los problemas que aquejan a las favelas y periferias tienen que ver con las características propias de estos lugares y no con la organización general de la ciudad”, escribió Queiroz Ribeiro en la última edición de Le Monde Diplomatique Brasil.

En suma, la discriminación residencial refuerza las diferencias de origen social, nivel educativo o color de piel. Y por eso resultan especialmente desafortunadas las declaraciones del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, acerca de las villas como “aguantaderos”, “lugares de alta peligrosidad”, en muchos casos “inaccesibles para la policía” en los que los delincuentes “tienen condiciones para poder refugiarse”. La discriminación que sufren sus habitantes y el trato brutal por parte de las fuerzas de seguridad difícilmente mejorarán si la respuesta de la máxima autoridad política se limita a eso. Porque aunque Scioli habló también de la necesidad de urbanizar las villas, abrir calles y poner luces, una estrategia obviamente progresista de inclusión social, lo cierto es que la idea existe desde siempre y nunca termina de concretarse, sencillamente porque las villas no son un problema de organización urbana, sino la cara visible de tendencias sociales y económicas mucho más profundas (y difíciles de resolver, por supuesto).

Las declaraciones del gobernador avanzaron también sobre el delicado tema de la baja de la edad de imputabilidad, con el argumento de que dio buenos resultados en Brasil y México, aunque cabe preguntarse exactamente a qué se refiere Scioli con progresos en estos dos países, que se encuentran entre los más peligrosos y violentos del continente. En cuanto a Uruguay, el otro caso mencionado, es cierto que la situación es comparativamente buena, pero atribuible menos a las reformas penales que a la historia de cohesión social que caracteriza a esta pequeña nación de clase media.

Pero quizá la responsabilidad no haya que ponerla en Scioli, que durante la campaña electoral fue deliberadamente ambiguo en este tema, sino en la dificultad de las corrientes progresistas para elaborar una respuesta consistente al problema y sostenerla políticamente, en una reedición de la táctica del avestruz de los ’80. En aquel momento, cuando la crisis de inflación y deuda externa acabó con el modelo de sustitución de importaciones y arrasó con la popularidad de los primeros presidentes posautoritarios, la izquierda no logró construir una respuesta económica sólida, que finalmente llegó por derecha, vía ajuste neoliberal y Consenso de Washington.

Durante años, el progresismo prefirió esquivar el tema de la seguridad, un poco como resultado de un diagnóstico simplista (considerar a la inseguridad como un subproducto automático de la pobreza), otro poco por el rechazo a utilizar la represión legítima generado por las dictaduras, o simplemente por pereza. Mientras tanto, se fue construyendo una respuesta, ciertamente equivocada, pero respuesta al fin: más policías, más penas, más cárceles. Una década de neoliberalismo fue el resultado fatal de la debilidad de las alternativas progresistas a la crisis de la deuda. No es tan difícil prever qué ocurrirá con la inseguridad.

domingo, 16 de novembro de 2008

Un plan para que no se vaya a caer el mundo

David Cufré
Página 12

La cumbre extraordinaria del Grupo de los 20 terminó ayer con la presentación de un “plan de acción inmediata” que intenta rescatar del naufragio a la economía mundial. Más que medidas específicas, los países acordaron una serie de lineamientos que dan marco a transformaciones futuras. Algunas de ellas a primera vista lucen resonantes. “Se tocaron temas que antes eran tabú”, según la calificación de la presidenta argentina, Cristina Fernández. La más trascendente es la promesa de reformular el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para dar mayor espacio en su conducción y más poder de voto a las naciones en vías de desarrollo. “Estamos resueltos a hacer avanzar la reforma de las instituciones de Bretton Woods de manera que reflejen mejor la evolución de los respectivos pesos económicos en la economía mundial para incrementar su legitimidad y eficacia”, sostiene la declaración final de los mandatarios.

Para limitar los efectos de la recesión en los países centrales y la desaceleración económica en la mayoría de los emergentes, los presidentes también enumeraron objetivos de corto plazo. Lo más destacado es la utilización de incentivos fiscales y monetarios para reactivar la demanda. Sin embargo, los países evitaron comprometerse a acciones conjuntas en estos ámbitos. Eso no significa que no vayan a hacerlo, como ya ocurrió el mes pasado con la baja de las tasas de interés al unísono en Estados Unidos, Europa, Japón y China, sólo que prefirieron no dejarlo plasmado en la declaración.

La definición de que las naciones aplicarán la clásica receta keynesiana de gasto e inversión pública para superar el bajón económico fue una de las más importantes. Muestra, a la vez, la diferencia de criterio de los países centrales cuando la crisis les toca en carne propia. En los episodios de los ’90, como las caídas del sudeste asiático, de México, de Brasil y de Argentina, la solución propuesta fue siempre la del ajuste, con el FMI como inspector.

Ahora, frente a la necesidad de readecuar los mecanismos de control de los mercados y reactivar las economías, las grandes potencias aceptan revisar el funcionamiento del FMI y el Banco Mundial. “Los países emergentes y en desarrollo, incluidos los más pobres, deberían poder hacer escuchar mejor su voz y estar mejor representados” en esos organismos, sostiene el documento final de la cumbre. “Tenemos que readaptar sus estructuras”, insistió George Bush en conferencia de prensa. La declaración agrega que el FMI y el BM necesitan más recursos para poder aumentar el financiamiento a los países en problemas. En el texto figura la promesa de que así se hará. El gobierno de Japón anunció que ampliará en 100.000 millones su participación en el fondeo del FMI.

La reestructuración de los organismos de crédito fue una de las banderas que levantaron los países en desarrollo en su conjunto, con el decisivo respaldo de China. La potencia emergente exige que el órgano de conducción del FMI represente con fidelidad su peso actual en la economía mundial, con lo cual la reforma en marcha la convertiría en uno de los grandes ganadores. Francia y los países europeos en general acompañaron la solicitud, pues consideran al FMI como un organismo propio que sufrió un desprestigio del que ahora lo podrían rescatar.

Para los emergentes, es clave que las promesas no queden en papeles y los cambios se lleven a la práctica. En particular, que el FMI vuelva a cumplir el rol para el cual había sido creado: asistir a los países sin condicionarlos de una manera asfixiante.

Los cambios alcanzan a la regulación de los mercados financieros en general. Habrá una reingeniería de los controles ante la evidencia de que el paradigma de la desregulación y el corrimiento del Estado terminó en un desastre de proporciones históricas. El documento que enumera las conclusiones de la cumbre incluye una voluminosa agenda de trabajo en esa materia, que cada país irá desarrollando en forma individual y en reuniones de equipos técnicos hasta el 31 de marzo próximo. Antes del 30 de abril, los presidentes volverán a encontrarse para formalizar los avances logrados, según el compromiso asumido. Aunque no se fijó cuál será la sede de la próxima reunión, varios jefes de Estado comentaron que podría ser Londres.

La tarea de establecer nuevas reglas de funcionamiento de los mercados incluye menciones específicas a tres “instituciones” emblemáticas de la última década: el accionar de las calificadoras de riesgo, los instrumentos financieros de máxima sofisticación y máximo riesgo –como los derivados– y las remuneraciones de los ejecutivos de bancos y del mercado de capitales. El gobierno argentino celebró especialmente el punto del documento que hace mención a las agencias evaluadoras. Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch, entre otras, han venido castigando a las administraciones kirchneristas desde un primer momento. Los países del G-20 advirtieron sobre el accionar de las calificadoras en general –sin dar nombres– y pidieron a los gobiernos que las regulan que se aseguren de que se manejen con “los más altos estándares” de calidad y que “eviten conflictos de intereses, proveyendo la mejor información a los inversores y diferenciando los ranking por la complejidad de los productos”.

Cristina Fernández no dejó pasar la oportunidad, servida en bandeja, de remarcar que esas empresas que guían el comportamiento de inversores y colaboran a formar opinión en la sociedad sobre el funcionamiento de la economía quedaron señaladas en una cumbre histórica por su cuestionable desempeño de los últimos años. “Son agencias de descalificación”, les espetó.

En cuanto a los instrumentos financieros de alto riesgo, la declaración del G-20 alerta por “el riesgo sistémico” que implica su propagación descontrolada. Se promete “reforzar la transparencia” de estos activos y aplicarles regulaciones similares a las que rigen sobre el sector bancario. Las hipotecas subprime que detonaron la actual crisis en Estados Unidos estaban al margen de esas reglas, lo mismo que los bancos de inversión que operaban sin los parámetros de las entidades comerciales. Se suponía que el mercado por si sólo administraría los riesgos para que las operaciones fueran seguras, pero nada de eso ocurrió.

Por pedido de Europa, se dejó planteada la preocupación de los gobiernos por las fortunas que ganan los ejecutivos de entidades de mercados de capitales y el mecanismo de premios que podría llevarlos a asumir riesgos indebidos.

Hay otro punto central respecto de la creación de mecanismos que permitan a los países visualizar a tiempo situaciones que puedan derivar en crisis. Los miembros del G-20 resolvieron identificar a los grandes bancos cuya eventual desestabilización podría afectar al sistema en su conjunto. Se trata de entidades transnacionales que administran enormes masas de capital. Cada país del grupo deberá presentar su lista en la próxima cumbre. La mirada inicialmente está puesta en unas treinta instituciones. El problema con ellas es que los bancos centrales de cada país desconocen la situación global del holding en el mundo, con lo cual ahora se proyecta un sistema de mayor intercambio de información entre los reguladores.

En la misma línea, se plantea que las reglas de contabilidad y de funcionamiento deben ser semejantes en los distintos países. “Estamos resueltos a aumentar nuestra cooperación y trabajar juntos para restaurar el crecimiento global y lograr reformas necesarias en los sistemas financieros mundiales”, indicó el comunicado final de las potencias industrializadas –Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Japón, del Grupo de los 7, y la Unión Europea como bloque– y los emergentes –Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Rusia, Sudáfrica y Turquía– que conforman el G-20.

Por pedido de Estados Unidos, en la declaración se especificó que los países no “caerán en el proteccionismo” ni en la aplicación de nuevas medidas que traben el comercio internacional. A su vez, Bush anuncio que los miembros del G-20 –que en conjunto representan el 85 por ciento de la economía mundial– buscarán revivir las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio para fijar nuevas reglas arancelarias para productos industriales y agrícolas. “La Ronda de Doha debería terminar antes de fin de año”, dijo el presidente estadounidense.

Argentina rechazó a mediados de año el acuerdo propuesto porque obligaba a los productores de materias primas a fuertes reducciones de aranceles de productos manufacturados, mientras Europa y Estados Unidos mantenían prácticamente sin cambios los subsidios al agro y los cupos de importación. Bush, en retirada y luego de haber llevado a Estados Unidos a su mayor crisis en un siglo, repitió que sigue creyendo en el libre mercado. Las consecuencias de esa política extrema están a la vista.

Significado


El G-20 tenía que tomar acuerdos y acordó aplazar lo único que debía debatir

Gara

Desde que Nicolas Sarkozy anunciara la muerte de «la dictadura del mercado» el pasado 15 de octubre, transcurrió un mes exacto hasta el diagnóstico de George W. Bush en las horas previas al encuentro del G-20, a saber, que no es preciso reinventar nada, toda vez que la crisis «no es un fracaso del sistema de libre mercado». Entre tanto, la propuesta del presidente francés de una mayor regulación del sistema financiero fue rebajada por ser considerada demasiado proteccionista por algunos socios de la Unión Europea. Con esos antecedentes, ayer, un 15 de noviembre que probablemente no pasará a la historia, tuvo lugar la esperada y, en opinión de algunos, crucial cumbre. Los participantes en el encuentro se mostraron satisfechos y a buen seguro estarán convencidos, o aparentarán estarlo, de haber cubierto las expectativas. Si se refieren a las de quienes esperaban de la cumbre decisiones de calado, difícilmente pueden hacer una valoración mínimamente positiva. Algo imposible para quienes comparaban la cumbre con aquella de Bretton Woods en Nueva Hampsire hace 64 años, en la cual se acordaron las normas comerciales y financieras y la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Claro que aquélla fue preparada a lo largo de dos años, algo más de tiempo que las dos semanas que han precedido a la de ayer. Por otro lado, la situación de EEUU era la de la indiscutible primera potencia mundial, a diferencia del actual país en recesión y originario de la crisis financiera que se ha extendido por el mundo y ha afectado a la economía productiva. En cualquier caso, el hecho de que el G-20 se haya reunido en Washington poco antes del abandono de Bush de la Casa Blanca, cuando EEUU tiene nuevo presidente electo, no auguraba tales decisiones de calado.

Probablemente el principal acuerdo fue posponer el debate sustancial para antes del próximo 30 de abril, seguramente en Gran Bretaña, cuyo presidente entonces ostentará la presidencia de la UE, y posteriormente, en julio, celebrar un tercer encuentro en Italia. En efecto, los miembros del G-20 no lograron unificar sus posturas en lo referente a la regularización de los mercados y la intervención estatal. George Bush, en la línea de lo manifestado el día anterior, advirtió de los peligros de comenzar a aplicar políticas proteccionistas. Georg Bush, el mismo presidente que ha nacionalizado entidades financieras e incluso ha perdonado casi en secreto miles de millones de dólares a los bancos.

Por lo demás, la medidas que tomaron se resumen en la transparencia en el funcionamiento de los mercados y en el control de los reguladores como las agencias de calificación. Medidas que habrán de aplicarse antes del 31 de marzo, pero que, en cualquier caso, era preciso tomar tanto con crisis como sin ella, por lo que resulta inevitable la pregunta de por qué no se tomaron antes. Estos han sido los acuerdos -porque algún acuerdo habían de presentar- de una cumbre que calificaron de éxito, por no reconocer que seguirán poniendo parches a una embarcación atravesada por una importante vía de agua.

Así pues, la «refundación del capitalismo» habrá de esperar. De lo que se trata es de sacar el sistema del bache para volver a las andadas. Es decir, a la especulación sin ningún tipo de control hasta que una nueva crisis haga necesaria la intervención pública para reflotar el sistema con el fin de evitar el desastre colectivo. La responsabilidad de los gobiernos es clara y grave por permitir los actos delictivos, aunque no tipificados como tal, de quienes con su afán de riqueza arrastran a la pobreza a millones de personas, precarizan aún más la situación de los trabajadores y, por si fuera poco, en tiempos de turbulencias financieras son rescatados con dinero público, como si esas turbulencias obedeciesen a impulsos incontrolables de la naturaleza.

En vez de «refundación», cambio estructural

Sin embargo, la solución a esos desmanes y a sus devastadoras consecuencias tampoco puede venir de «refundación» alguna del capitalismo, cuyas crisis no obedecen a la mala cabeza de los responsables de algunas compañías financieras, sino al propio sistema económico cuyo funcionamiento es precisamente el que ponen en práctica los causantes de las crisis, las cuales no se producen como consecuencia de un mal funcionamiento, sino todo lo contrario, toda vez que son una característica estructural de ese sistema. El cambio necesario, por tanto, ha de ser estructural.

Ese cambio exigieron ayer, también en Washington y mientras se celebraba la cumbre del G-20, activistas de todo EEUU, en la que denominaron «cumbre del pueblo». Esa cumbre, aunque apenas concitó la atención de los medios de comunicación mundiales, denunció el intento de la cumbre del G-20 de salvar el capitalismo «para los ricos y poderosos», y exigió, así mismo, medidas económicas que beneficien a los trabajadores en todo el mundo. Ciertamente, ésas medidas son las verdaderamente necesarias, aunque sean incompatibles con el sistema neoliberal, porque los trabajadores, las clases humildes son las más dura y trágicamente golpeadas por la crisis, por los despidos que conlleva y por la precarización económica y laboral. Pero, como también se pudo oír ayer en las calles de Washington, tras décadas de situación crítica de los trabajadores, cuando se hunde Wall Street se reúnen para tomar medidas. Así ha sido.

sábado, 15 de novembro de 2008

Economia impulsiona apoio à democracia na América Latina

Flávia Marreiro
Folha

A América Latina reflete a bonança econômica dos últimos cinco anos -combinada a um processo de relegitimação da política- em índices de apoio à democracia e bom humor: 57% da população da região acha que o regime democrático é o melhor, contabilizadas as imperfeições, e nada menos do que 71% se dizem felizes.

Essa é a fotografia geral dos países do subcontinente captada pela ONG chilena Latinobarómetro, clicada enquanto a crise nos EUA ainda começava a se aprofundar, praticamente decretando o fim de um ciclo tão positivo. Foram feitas 20.204 entrevistas entre 1º de setembro e 11 de outubro, numa amostra dos mais de 500 milhões de latino-americanos.

É o 13º ano da pesquisa, e o apoio à democracia só perde para o índice de 1997 -outro momento de ascensão econômica-, quando alcançou 63%. Em relação a 2007, o respaldo à democracia avançou três pontos percentuais.Não é novidade a vinculação entre democracia e economia na região. O ponto mais baixo do apoio na série é em 2001, ainda sob impacto da crise asiática. Os números mostram que tempos de vacas magras causam mais dano à taxa pró-democracia do que o ciclo de bonança é capaz de impulsioná-la, daí a preocupação da diretora do Latinobarómetro, Marta Lagos, com o cenário vindouro. "A pesquisa mostra que a população não está de nenhuma forma informada sobre a crise. É preciso que ela saiba que o mundo está entrando em recessão, que pode ser prolongada. É dever dos líderes informar", disse ela à Folha.

Além da economia

O casamento entre humor econômico e democracia também fica claro quando 53% do subcontinente respondeu que toparia viver sob uma ditadura caso ela fosse capaz de resolver os problemas econômicos. Mas o próprio Latinobarómetro minimiza previsões de solavancos nos regimes democráticos quando a queda no preço das commodities, petróleo incluído, esvaziar para valer os caixas governamentais.O instituto diz que o amadurecimento democrático representa "de maneira simultânea a consolidação da democracia social, política e econômica".

É a combinação desses fatores que explica, por exemplo, o salto do Paraguai em todos os rankings após a eleição do bispo esquerdista Fernando Lugo, depois de 61 anos de regime conservador. Num dos países mais pobres da região, o apoio à democracia avançou 20 pontos percentuais entre 2007 e 2008. São otimistas: 78% acham que 2009 vai ser melhor. Num dos pontos mais baixos da lista está o Peru -8% de avanço do PIB no período-, onde só 45% apóiam a democracia, mostrando que importa a sensação de distribuição do bolo. Só 8% acham que o governo Alan García "é para o bem de todos" e 22% acham que o país vai melhorar em 2009.

Para reforçar a tese de que, apesar dos 53% que dizem que tolerariam uma ditadura, a região não sofre risco de regressão autoritária, o Latinobarómetro lembra que, em situações reais onde os países poderiam ter se inclinado a essas soluções, como na Bolívia, vingou a opção democrática. As populações veriam a instabilidade política em países como Bolívia e Equador como sinal de mobilidade do sistema e um passo até "sociedades mais democráticas".

A fé de que o voto pode mudar as coisas move 59% dos latino-americanos e retrata o momento das democracias na Venezuela e no Chile. Apesar do hiperpresidencialismo chavista, 80% dos venezuelanos acham isso. "A Venezuela vive um momento de definição, em especial depois do referendo da Constituição [que Chávez perdeu]. O país apóia a democracia, mas está divido sobre qual democracia quer", diz Lagos. Já o Chile, com o desgaste de 18 anos de governo de centro-esquerda, é o campeão no índice dos que dizem que não é possível gerar mudanças: 27%. "A situaçã no Chile pode favorecer a oposição no ano que vem, mas a crise é mais profunda. É de representação. Um em cada cinco chilenos não foi votar nas eleições municipais em outubro. É o índice mais baixo desde a volta de democracia", completa.

Jean-Luc Mélenchon: "Queremos volver a colocar el socialismo republicano en el corazón de la izquierda."


El senador francés Jean-Luc Mélenchon, uno de los artífices de la victoria del No social a la Constitución Europea en 2005, acaba de dar el portazo al Partido Socialista (PS) para fundar el Partido de Izquierda (PdG, en sus siglas en francés), acompañado por el diputado Marc Dolez. El objetivo de Mélenchon es servir de puente y aglutinante en el inmenso mundo de las fuerzas francesas situadas a la izquierda del PS. Un mundo que, desde principios de los años noventa y el referéndum francés sobre el Tratado de Maastricht, reúne entre un 15% y un 20% de votos en las elecciones. La entrevista es de Andrés Pérez.

Cuando el PS empieza a sumirse en tratos oscuros y peleas entre corrientes de cara al congreso de Reims y la elección de primer secretario, Mélenchon espera que la propuesta de un mensaje claro situado a la izquierda pegue en el electorado y provoque el surgimiento de un Die Linke (La Izquierda, el partido alemán de Oskar Lafontaine) a la francesa.

Usted acaba de abandonar el PS para fundar el nuevo Partido de Izquierda ¿Por qué ?

Yo digo a mis camaradas que el PS ya no es el partido al que se afiliaron hace quince, veinte, o treinta años. Hay que calibrar bien lo que significa la victoria de Ségolène Royal, con casi un 30% del voto de los militantes, y casi un 80% de votos en global para las mociones de tendencia social-liberal. Se puede felicitar a Ségolène Royal como mujer política perseverante. Pero la consecuencia de su victoria es, claramente, un partido que evoluciona hacia el centro, se instala en el social-liberalismo y acepta la construcción europea en sus orientaciones actuales. Un partido que ha renunciado a oponerse frontalmente a la derecha y que, a menudo, se abstiene con algunas precauciones formales frente al ataque generalizado a los derechos sociales. Nosotros asumimos nuestras responsabilidades. Hemos decidido correr el riesgo de crear el Partido de Izquierda, siguiendo los pasos de Oskar Lafontaine en Alemania. Queremos volver a colocar el socialismo republicano en el corazón de la izquierda.

¿No tiene miedo de terminar como el precedente escindido, Jean-Pierre Chevènement, que se quedó aislado y acabó buscando un apaño con el PS?

Nosotros vamos a crear un partido, el Partido de Izquierda y no un seguro de vida. Crear el Partido de Izquierda significa ser actor de la escena política e influir en el rumbo de la sociedad a escala europea. Vamos a pelear para crear un Frente de las Izquierdas, con el Partido Comunista (PCF), los republicanos, los socialistas que decidan sumarse a nuestro trabajo y los ecologistas de progreso. Ese Frente de las Izquierdas irá a las elecciones europeas. El sufragio universal dirá si estamos aislados o no, pero no éste u otro comentarista. En cuanto a Chevènement, déjeme que le diga que el Movimiento Republicano y Ciudadano, que él creó es una de las fuerzas con las que ya estamos conversando, al igual que con el PCF y el Nuevo Partido Anticapitalista de Olivier Besancenot.

Usted explica que el giro liberal del PS francés es una deriva general europea, incluida España.

Es un fenómeno mundial. Y la crisis del capitalismo es el colmo del ridículo de esta orientación que destruyó a la izquierda. Italia es el mejor ejemplo.

Usted piensa que no tiene sentido buscar la victoria electoral en el centro, sino yendo en busca del voto de las clases más modestas.

¡Pero eso ya era cierto antes! Fue la deriva socialdemócrata y liberal de los partidos socialistas europeos la que ha llevado a la actual situación. En la Unión Europea, o bien gobierna la derecha con su programa, o bien gobierna la derecha con su programa y el apoyo de un partido social-liberal es el caso de Alemania o bien la izquierda ocupa el espacio de la derecha, como en Reino Unido.

Un detractor de la opción Die Linke podría objetarle que esa fuerza lo único que ha hecho es obligar a los socialdemócratas a inclinarse a la derecha.

¡Ah! ¿Porque si no existiera Die Linke, el SPD se volvería revolucionario? ¡Qué visión absurda! Ahí toca recordar que hoy la izquierda es mayoritaria en Alemania porque surgió Die Linke. El SPD ha tomado una decisión deliberada de gobernar con la derecha.

Pero su escisión del PS... Frente al sarkozysmo agresivo ¿No sería mejor constituir una fuerza de amplia base electoral desde el centro hasta la extrema izquierda, como el PSOE español?

Esa oportunidad no existe concretamente en Francia. La realidad del PS francés es la línea Ségolène Royal y su alianza con el centro.

Dígame tres líneas directrices claras de un programa para un Frente de las Izquierdas europeas.

Respeto de la soberanía del pueblo en Europa, armonización de las normas sociales europeas alineándolas con las mejores que existen en cada país y no con las peores y planificación ecológica.

Ha hablado usted de las tensiones que van a agravarse. ¿En qué está usted pensando?

Por un lado, las tensiones entre clases. Con la crisis financiera, los Gobiernos van a hacer que sean los contribuyentes quienes paguen y las grandes empresas harán que los asalariados paguen. Pero creo que también corremos riesgos de tensiones entre las grandes naciones. Desgraciadamente, de una guerra a otra no hay más que un paso... O sea que el Partido de Izquierda, mejor que seguir servilmente a Estados Unidos a donde quiera hacer la guerra, va a asumir sus responsabilidades. Por eso el 29 de noviembre en la región de París, en nuestro mitin de lanzamiento del Partido de Izquierda estará presente Oskar Lafontaine. Nos damos la mano, alemanes y franceses, porque somos internacionalistas, pacíficos, europeos y solidarios.

¿ Cree usted poder movilizar el voto popular francés?

En cualquier caso es indispensable intentarlo si queremos que algún día llegue a aplicarse un proyecto de izquierda. Y, para eso, es necesario un programa claro dirigido a las clases populares.

¿Para cuándo el momento en que su Frente de las Izquierdas superará a un PS embarrancado en sus alianzas centristas? ¿Para las europeas de 2009?

Sí, ese es nuestro objetivo, alcanzarlo en las europeas de 2009.

Rodríguez Zapatero, con silla francesa, será el único dirigente de izquierdas presente en el G-20 al frente de una nación del primer mundo. ¿Cuál debería ser su posición para que un partido como el suyo pudiera apoyarlo?

Yo tendría mayor confianza si fuera Chávez o Lula quien hablara en nuestro nombre, en nombre de la izquierda.

¿Francia puede resistir sola la ofensiva neoliberal?

Los bolivianos y los ecuatorianos resisten bien y eso que son países pobres y su gente tiene pocos medios. Francia, la quinta potencia mundial, puede hacerlo al menos igual de bien, para cambiar el orden de las cosas y poner la política al servicio de la mayor parte de la gente.

La tormenta ya está sobre América Latina

AméricaEconomía

Mientras Alemania ya se declaró oficialmente en recesión técnica y Estados Unidos enfrenta una fuerte desaceleración, el contagio de la epidemia global comienza a sentirse en la región.

La recesión en Alemania, que el gobierno declaró oficialmente este jueves, y la confirmación de que China se encuentra sumergida en el menor ritmo de crecimiento industrial en siete años, son apenas las más recientes evidencias del declive económico global. Para el 2009, el panorama no será mejor. Estados Unidos, país clave para el desarrollo de América Latina, también está ingresando a un período de desaceleración cuyos efectos ya se sienten en la región.

Según dijo este jueves la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el club de los 30 países más industrializados, la mayor economía del mundo va a arrastrar a muchas naciones a una larga recesión y será la más golpeada por la actual situación. Y aunque muchos especialistas aseguraron en su momento que América Latina no se vería tan afectada por las complicaciones de su vecino, ahora algunos no son tan optimistas.

De forma categórica, Javier Santiso, director del Centro de Desarrollo de la OCDE, declaró que "América Latina no está desacoplada con ninguna región del mundo y en particular con Estados Unidos. No hay inmunidad (...) a un choque que venga de Estados Unidos", aseguró, aunque matizó que hay países latinoamericanos que "han hecho los deberes" o "tienen una mayor capacidad de resistencia".

"Los que han conseguido hacer este esfuerzo de estabilización económica están mejor preparados para absorber choques", dijo, y recordó que "el año pasado, cuando la crisis financiera se estaba desarrollando muy fuertemente, no afectó a los países latinoamericanos (...) ahora sí que alcanza porque está traspasando a la economía real", alertó.

En esa línea, Augusto de la Torre, economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, señaló que “la convergencia de formidables shocks externos -la crisis financiera y desaceleración del crecimiento mundial, junto a la caída de los precios de los commodities- va a golpear a la región”. El experto explica que, en comparación con crisis anteriores, la región navega en un bote mejor construido, aunque señala que “está viviendo una tormenta cada vez más difícil”.

Una opinión similar tiene el profesor de economía en la Universidad de California, Los Angeles (UCLA), Sebastián Edwards. En una columna en el diario Portafolio, señala que “la mayoría de las economías emergentes siguen siendo frágiles y están afectadas por lo que sucede en los países avanzados. Los efectos de esta recesión serán particularmente severos en América Latina”, asegura.

A su juicio, Brasil y México fueron los más afectados hasta el momento. Sin embargo, advierte que de atravesar por una prolongada recesión, Argentina se vería seriamente perjudicada ya que “sus necesidades de financiación externa son inmensas y sus exportaciones caerán marcadamente”.

"En Brasil cada día que pasa sin que Estados Unidos ecuacione su problema, más fuerte será el impacto en la desaceleración en 2009”, dijo el economista Dirceu Bezerra, quien también prevé caídas en el superávit comercial del país, afectado por una caída en la demanda y menores precios de las materias primas.

Para México, la segunda mayor economía de América Latina, las perspectivas de crecimiento fueron revisadas a la baja recientemente por el Fondo Monetario Internacional. La economía se vería afectada por menores envíos a Estados Unidos, mercado al que destina un 80% de sus exportaciones. También disminuiría el ingreso de remesas al país por parte de los emigrados.

En Argentina, la sensación de crisis económica está instalada. Para María Castiglioni, de la consultora Asesores Económicos, "la economía el año que viene va a crecer poco y nada. Hemos revisado nuestro pronóstico de crecimiento real (...) Tenemos un pronóstico del 1,6 por ciento de expansión, con caída de inversión", dijo la analista argentina. La caída de los precios de las materias primas agrícolas resulta especialmente grave, ya que golpea a su poderoso sector rural y por extensión a la agroindustria y al comercio. Ese ciclo negativo golpeará también los ingresos fiscales, que se han nutrido estos años de un impuesto a las exportaciones que representa más de la totalidad del superávit primario del país.

Las perspectivas tampoco son alentadoras para Venezuela, donde el tipo de cambio no oficial se ha disparado por un deterioro de las perspectivas económicas, proporcionales a la caída del precio del petróleo. Con menores ingresos petroleros, analistas como David Duarte, de 4CAST, creen que la nación caribeña, donde el gasto del Gobierno central se ha disparado en un año un 33%, enfrenta el peligro de "una recesión que pueda tener graves consecuencias políticas".

La pequeña economía de Bolivia también se vería afectada por la caída de los precios de los hidrocarburos y una disminución en el envío de remesas, aunque el Gobierno espera una leve desaceleración del crecimiento en el 2009 respecto a este año.

En Perú, el Gobierno del presidente Alan García ya advirtió que el ciclo de explosiva expansión se está moderando. Para este año espera un incremento del PIB del 6,6%. En tanto, analistas económicos esperan una desaceleración a 4,8% en el 2009.

El panorama no es distinto en Chile, considerada una de las economías emergentes más estables del mundo. Pablo Correa, jefe economista en Chile de Santander GBM dijo que la expansión del PIB en el país no será superior a 3% el año próximo, con el impacto de "un menor crecimiento en las exportaciones reales, del consumo privado y de la inversión", lo que afectará el empleo.

Según diversos analistas, los principales bancos centrales han perdido millonarias reservas para contener una depreciación de las monedas, mientras la disminución de la confianza empresaria y de los consumidores anticipan fuertes caídas del consumo, la producción y el empleo.

“La menor demanda por nuestras exportaciones va a tener un efecto adverso importante sobre la actividad económica de la región. Es obvio que los países de Latinoamérica no pueden evadir esta caída cíclica”, concluye De la Torre, del Banco Mundial. Señal de que la tormenta está entre nosotros.