domingo, 9 de março de 2025

Kollontai y Lenin: por un comunismo que libere a las mujeres

Liza Featherstone
Jacobin América Latina

Los pensadores bolcheviques discrepaban, y mucho. Pero los ideales compartidos fueron aún más importantes.

En el centenario de la muerte de Lenin vale la pena exami­nar su papel en los primeros debates socialistas, muchos de los cuales se repiten hasta nuestros días en los argumentos de la izquierda. Sus desacuerdos con la ideóloga, di­plomática y escritora bolchevique Alexandra Kollontai ofrecen una ventana particularmente revelado­ra de su pensamiento.

Los dos líderes comunistas man­tuvieron una profunda camaradería, aunque plagada de conflictos y dis­crepancias sobre muchas cuestiones. Algunas de estas discusiones condu­jeron a profundas y duraderas ruptu­ras políticas y personales entre ellos. Sin embargo, sus puntos de acuerdo pueden ser aún más relevantes para los socialistas de hoy. Lo más signi­ficativo fue que Kollontai y Lenin coincidieron en la centralidad de la liberación de la mujer para el comu­nismo y trabajaron juntos por esos ideales.

Un encuentro valioso

Nacida en la aristocracia, Alexandra Kollontai se convirtió en una de las traidoras de clase más importantes de la historia tras una visita a una fábrica durante la que vio las terri­bles y peligrosas condiciones de las trabajadoras y observó que un niño había muerto en la «guardería» de la fábrica, al cuidado de una «niñe­ra» de seis años. Más tarde escribió sobre esta experiencia: «Comprendí hasta el fondo de mi corazón que no podemos vivir como hemos vivido hasta ahora, cuando existen a nues­tro alrededor unas condiciones de vida tan terribles y un orden tan in­humano».

En otro lugar anotó: «Las mujeres y su destino me ocuparon toda mi vida y la preocupación por su suerte me llevó al socialismo». En los años previos a la Revolu­ción Rusa, Kollontai se erigió como defensora de las mujeres trabajado­ras, así como organizadora, oradora y pensadora. Frente a las feministas burguesas que pretendían dar más igualdad a las mujeres dentro del sistema capitalista, ella sostenía que solo el movimiento de mujeres co­munistas dirigido por la clase obrera podía conseguir la igualdad social. «Al esforzarse por cambiar las con­diciones de vida —escribió sobre las mujeres trabajadoras que se decla­raban en huelga y se organizaban en las calles de Rusia para llevar a cabo la revolución— ellas saben que tam­bién están ayudando a reformar las relaciones entre los sexos».

Pero Kollontai sabía que la igual­dad de la mujer no llegaría automáti­camente con la disolución del capita­lismo, por eso trabajó para construir un comunismo específicamente atento a la liberación de la mujer, luchando a veces contra comunis­tas que no compartían este objetivo.

Lenin no era uno de estos comu­nistas patriarcales. Estaba totalmen­te de acuerdo con Kollontai en que las trabajadoras eran fundamenta­les para la revolución comunista y tenían preocupaciones específicas que solo el comunismo podía abor­dar. Además de ser explotadas por los patrones capitalistas, escribió Lenin, las mujeres eran «esclavas del dormitorio, la guardería y la co­cina». Estaba convencido de que el comunismo liberaría a las mujeres de la subordinación patriarcal y de la monotonía de las tareas domésticas, y argumentaba que estas últimas eran un desperdicio del valioso trabajo de las mujeres y que contribuían a su opresión dentro del hogar, a la que se refería como «esclavitud doméstica».

Lenin estaba profundamente in­fluido por las mujeres comunistas que le rodeaban, y Kollontai a me­nudo formaba parte de ese círculo. Lenin apoyaba el derecho al abor­to, la anticoncepción y el derecho al divorcio, punto este especialmente controvertido entre los socialistas, algunos de los cuales argumentaban que a corto plazo causaría miseria a las mujeres y los niños porque serían demasiado pobres para sobrevivir sin los hombres. Aunque reconocía el problema, Lenin insistía en que si las mujeres no podían tomar decisio­nes sobre sus propias vidas entonces no disfrutaban de plenos derechos democráticos.

Él y Kollontai, junto con su ca­marada alemana Clara Zetkin, des­empeñaron un papel decisivo en la creación del Día Internacional de la Mujer, que todavía se celebra hoy (aunque con una considerable coop­tación capitalista). Lenin escribió, bajo la influencia de Kollontai: «Si no atraemos a las mujeres a la acti­vidad pública, a la milicia, a la vida política —si no arrancamos a las mujeres de la atmósfera mortífera del hogar y la cocina—, será imposi­ble asegurar la libertad real. Será im­posible asegurar la democracia, por no hablar del socialismo». De hecho, la organización de las trabajadoras —profundamente explotadas en el trabajo y agotadas por sus segundos turnos en casa— fue crucial para el éxito de la revolución bolchevique.

No se trataba solo de un acuerdo filosófico entre los dos pensadores sino de un profundo compromiso institucional: tras la revolución, Le­nin nombró a Kollontai comisaria de Bienestar Social, cargo desde el que ayudó a legalizar el aborto, el divorcio y el control de la natalidad. También se impuso la igualdad salarial para las mujeres y una licencia remunerada para las madres primerizas, al tiempo que el matrimonio eclesiástico fue sustituido por el civil. Se despenalizó el trabajo sexual y se abolió el estatus legal de «ilegitimidad» para los hijos de padres no casados.

Kollontai también estableció maternidades gestionadas por el gobierno, en las que tras el parto las madres podían recuperarse jun­to con sus bebés. Se apoyó la lac­tancia materna mediante una serie de políticas gubernamentales y se establecieron cocinas y lavanderías comunales para aliviar a las mujeres trabajadoras de las tareas domésti­cas (estas no tuvieron mucho éxi­to, ya que carecían de financiación adecuada y los servicios acabaron siendo deficientes: la comida era mala y la ropa solía rasgarse en las lavanderías).

En este prometedor periodo, la Unión Soviética también promulgó el sufragio femenino, un par de años antes que Estados Unidos. En 1919, Kollontai e Inessa Armand —otra camarada cercana a Lenin— crea­ron el Zhenotdel, un departamento especial dedicado a las necesidades de las mujeres.

Ninguna guerra salvo la guerra de clases

Con consecuencias menos prác­ticas pero igualmente importan­tes en la historia del pensamiento antimperialista, ambos estuvieron también unidos contra la Primera Guerra Mundial. Mientras los so­cialistas europeos se alineaban con sus gobiernos en torno a este derra­mamiento de sangre épicamente in­útil, Lenin y Kollontai —a menudo adversarios políticos en los años que condujeron a la Revolución de Oc­tubre— se unieron tanto en la opo­sición a la guerra imperialista como en las razones para ello.

Kollontai formó parte de los mencheviques hasta 1914, cuando se unió a los bolcheviques debido a la firme línea antibelicista de es­tos últimos. En 1916 escribió que la causa de la guerra era el capita­lismo y argumentaba que los tra­bajadores de todo el mundo debían unirse contra la clase dominante en lugar de matarse unos a otros. «Mi enemigo está en mi propio país — declaró— y esto aplica para todos los trabajadores del mundo». Ella y Lenin colaboraron estrechamente en ensayos y declaraciones de este tipo, intentando que los partidos so­cialistas de otros países se unieran a esta posición antibélica.

Las discusiones entre Kollon­tai y Lenin sobre cómo enmarcar la oposición comunista a la guerra lle­varon a Lenin a hacer importantes distinciones, rechazando lo que él llamaba el pacifismo «pequeñobur­gués» y «provinciano» que rechaza «la guerra en general». Como expli­có en una carta de 1915 a Kollontai, en la que afinaba una declaración marxista internacional de izquier­da que se oponía a la Primera Gue­rra Mundial para presentarla en la primera Conferencia Socialista Internacional: «Eso no es marxis­ta… Creo que es erróneo en teoría y dañino en la práctica no distinguir entre distintos tipos de guerras. No podemos estar en contra de las gue­rras de liberación nacional» (como, por ejemplo, las luchas anticolonia­listas de países como la India para liberarse de la dominación británi­ca). Kollontai tampoco era pacifista y exhortaba: «Volvamos nuestros fusiles y pistolas contra nuestros verdaderos enemigos comunes», es decir, los capitalistas. Más tarde, los comunistas convertirían esta idea en un eslogan conciso: «¡Ninguna guerra salvo la guerra de clases!».

Discrepancias

Sin embargo, los dos pensadores te­nían algunas diferencias cruciales. Unos años después de la revolución, Kollontai se unió a la tendencia lla­mada Oposición Obrera, crítica de la burocracia del partido y preocu­pada porque ya no se representaba a los trabajadores. En un panfleto de 1921 abogaba por más poder para los sindicatos y contra lo que con­sideraba el creciente poder de los profesionales tecnócratas de clase en el partido y el gobierno. Al año siguiente, Lenin aprobó una reso­lución del partido que prohibía el «fraccionalismo», clausurando de hecho la Oposición Obrera. Ese fue el fin de su influencia sobre Lenin o los bolcheviques.

Después de eso, Kollontai fue marginada dentro del gobierno y del Partido Comunista, aunque tuvo una larga carrera diplomática representando lealmente a la Unión Soviética en Noruega, México y Suecia. Pero tras la marginación de Kollontai la dirigencia soviética se mostró mucho menos comprome­tida con la igualdad de la mujer: el gobierno padecía tanto de falta de recursos como de actitudes patriar­cales hasta que, tras la muerte de Lenin, Stalin disolvió el Zhenotel y volvió a ilegalizar el aborto.

Kollontai y Lenin discreparon también sobre moralidad sexual: mientras que la primera argumen­taba a menudo que el comunismo conduciría a un tipo de amor dife­rente y menos posesivo entre hom­bres y mujeres, así como a un ethos sexual más moderno, el segundo pensaba que tales ideas eran liber­tinas y frívolas. Kollontai no fue la única mujer cercana a Lenin que discrepó con él en estas cuestiones, ya que también discutió con Inessa Armand y Clara Zetkin.

Considerando su apoyo al dere­cho al aborto e incluso a la despena­lización del trabajo sexual, no puede decirse que Lenin fuera conservador en lo social, pero a veces lo irritaba el radicalismo de las mujeres de su círculo. Y no era el único: las ideas de Kollontai sobre moralidad sexual eran con frecuencia objeto de burla por parte de compañeros comunis­tas socialmente muy conservadores, a veces en términos crudos y sexis­tas. Como escribió Sheila Robotham en 1971, también las mujeres de clase trabajadora criticaban a veces sus ideas sobre el amor libre, dado que la anticoncepción no estaba muy ex­tendida; «las campesinas sabían muy bien que —bromeaba Robotham— si te gusta andar en trineo tienes que estar dispuesta a subirlo a la colina».

Socialismo y familia

La gente sigue discutiendo sobre las cuestiones que dividieron a Kollontai y Lenin a lo largo de su camaradería. En Estados Unidos, por ejemplo, se critica a menudo a los Socialistas Democráticos de América (DSA) y a otras organiza­ciones de izquierda por conseguir a gran parte de su membresía y di­rigencia de entre lo que Barbara y John Ehrenreich llamaron alguna vez «la clase profesional-geren­cial» en lugar de nutrirse de la clase trabajadora.

Haciéndose eco del panfleto de Kollontai de 1921 «Oposición obrera», muchos de estos críticos argumentan que el sindicalismo de base es un espacio más sólido pa­ra la organización socialista que la organización electoral o en torno a otros conflictos puntuales. Pero los propios Ehrenreich argumen­taban que la proletarización de las profesiones —y, podríamos añadir, la creciente dificultad de alcanzar una vida de clase media debido al alto costo de la sanidad, la vivienda y la educación superior— crean una situación en la que parte de la llamada «clase directiva profesio­nal» quiere genuinamente el so­cialismo y aporta su educación y conocimientos técnicos a la causa (en cuanto al sindicalismo frente al electoralismo, ambos son crucia­les y no es productivo forzar una elección: en los últimos años los so­cialistas han obtenido algunas vic­torias utilizando ambas tácticas).

La moral sexual también puede ser un factor de división entre so­cialistas. Aunque ya nadie discute si el «amor libre» debería formar parte de una sociedad comunista —tanto el tabú como el exuberan­te ethos liberacionista están obso­letos—, el abolicionismo familiar está teniendo un pequeño retorno entre los intelectuales marxistas. Mientras que algunos pueden aco­ger con satisfacción el socialismo como forma de fortalecer la familia nuclear, dando a la gente más tiem­po fuera de la esclavitud asalaria­da para criar a sus hijos y generar el acceso a guarderías gratuitas y la universidad, otros pueden abrazar el potencial socialista para liberarnos de las relaciones obligatorias, lo que nos permite sobrevivir económica­mente sin el matrimonio o la forma de familia nuclear.

En efecto, el socialismo tiene el potencial de mejorar la vida íntima de las personas de diversas maneras, y estas no están necesariamente en conflicto. En lo personal, prefiero optar por la noción de Kristen Ghod­see de «expansionismo familiar», basado en las ideas de Kollontai so­bre la colectivización de los deberes de la familia, un concepto que deja abierto el horizonte político respec­to a cómo la gente podría elegir or­ganizar su vida privada si contara con más libertad económica.

La propia Kollontai, como Enge­ls antes que ella y Simone de Beau­voir después, era por esa misma razón agnóstica en cuanto a si la fa­milia persistiría o no, pero sabía —e insistía en ello— que se transforma­ría luego de una serie de cambios profundos en la estructura social y las condiciones materiales. Con me­joras en las condiciones materiales de las mujeres, argumentaba, esos cambios en la vida familiar serían para mejor.

Hoy en día, la abolición de la fa­milia plantea solo una división en el ámbito teórico ya que todos los so­cialistas están de acuerdo en que los padres necesitan más apoyo o en que las guarderías deben ser gratuitas, por ejemplo. Pero hay cuestiones sociales contemporáneas que sí divi­den a los socialistas. En México, por ejemplo, el presidente López Obra­dor abrazó muchas políticas econó­micas de izquierdas combinándolas con una retórica antigay o antitrans­género y lo mismo ocurre con los dirigentes chinos. En los círculos intelectuales anglosajones, algunos conservadores sociales poco amigos de los derechos trans han abrazado ideas económicas socialdemócratas.

Sin embargo, gran parte de la iz­quierda global apoya, con razón, los derechos, la seguridad y las libertades de las minorías sexuales tanto por una cuestión de solidaridad como por una visión antipatriarcal que puede verse como una continuación del legado de Kollontai y que probablemente esté en desacuerdo con la perspectiva más conservadora de Lenin.

Actualidad

Aunque sus desacuerdos puedan re­sonar hasta nuestros días, los mo­mentos de convergencia de Lenin y Kollontai tienen incluso mayor relevancia actual en tanto que la guerra y la situación de las mujeres son preocupaciones profundamente mayoritarias.

Con el retorno del fascismo pa­triarcal en todo el mundo y la abso­luta falta de respuestas ofrecidas por los partidos centristas, vale la pena revivir el compromiso compartido de Lenin y Kollontai en lo que hace a los derechos de las mujeres, desde el derecho al aborto hasta las licen­cias remuneradas por maternidad. Y también vale la pena recuperar su coincidencia en la oposición a la guerra imperial, posición que si bien sigue siendo fuerte en todo el Sur Global, en los últimos años se ha debilitado mucho en Estados Unidos y en Europa.

Una reflexión sobre estos dos pensadores comunistas debería inspirarnos para volver a poner a la igualdad de género y al antimperia­lismo en el centro del pensamiento de izquierdas. Las cuestiones sobre las que Lenin y Kollontai discrepa­ron son interesantes y difícilmente irrelevantes hoy en día, pero los so­cialistas realmente hacemos historia cuando somos capaces de encontrar un terreno común. Aunque Lenin y Kollontai no crearon un comunismo que emancipase verdaderamente a las mujeres, sí promulgaron muchas políticas progresistas que marcaron una diferencia en la vida de las mu­jeres soviéticas y, como argumen­tó Kristen Ghodsee, presionaron a los gobiernos capitalistas de todo el mundo para hacer lo mismo.

En marzo de 1917, pocos meses antes de la revolución, Lenin escri­bió a Kollontai una carta cálida y en­tusiasta, llena de promesas sobre el mundo que estaban construyendo juntos. Utilizó rótulos respetuosos pero efusivos —tanto «Suyo» como «Todo lo mejor»— e incluso una exclamación: «¡Le deseo mucho éxito!». En aquel momento, Lenin reflexionaba sobre el poder que es­taban construyendo entre la clase trabajadora para ganar «pan, paz y libertad». Hoy esto funciona como recordatorio de la potencialidad de una camaradería y de unos ideales que el mundo sigue necesitando des­esperadamente.

domingo, 16 de fevereiro de 2025

El nexo entre clima, biodiversidad y agua: la protección de los servicios ecosistémicos en Sudamérica

Carlos Joly y Cristiana Seixas
Latinoamérica21

Los servicios ecosistémicos, que son los beneficios que la naturaleza proporciona a las personas, dependen de la conservación, el uso sostenible y la restauración de la naturaleza.

En los últimos años, incendios forestales sin precedentes han devastado regiones de todo el mundo, entre ellas Australia en 2019-2020, Canadá en 2023 y, más recientemente, Brasil, otros países de América del Sur y California en Estados Unidos. En Brasil, los incendios en la Amazonia y el Pantanal (el humedal tropical más grande del mundo) destruyeron más de 20 millones de hectáreas en 2024, mientras que en Bolivia ardieron al menos 4 millones de hectáreas. Al hacer que las condiciones atmosféricas sean más cálidas y secas, el cambio climático aumenta el riesgo de incendios, causando trágicas pérdidas de vidas humanas, daños económicos extremadamente altos y una pérdida masiva de biodiversidad, con la destrucción de innumerables especies de todo tipo.

No hay evidencia científica de que la tendencia del cambio climático se revertirá en los próximos años. Por el contrario, continuará, y es probable que provoque escasez de agua y alimentos, la desaparición de bosques nativos, menor cantidad de abejas para polinizar los cultivos y menos espacios naturales para que disfrutemos. En otras palabras, la aceleración del cambio climático y los incendios resultantes en todo el mundo no solo están teniendo un enorme impacto en la pérdida de biodiversidad, sino que también están disminuyendo, a un ritmo acelerado, los servicios ecosistémicos, como la regulación de la cantidad y calidad del agua dulce, de la que depende el bienestar humano.

Los servicios ecosistémicos, que son los beneficios que la naturaleza proporciona a las personas, o en términos más simples, todo lo que la naturaleza hace para ayudarnos a tener una vida saludable, dependen de la conservación, el uso sostenible y la restauración de la naturaleza. Un futuro con servicios ecosistémicos en declive es un futuro de menor calidad de vida y mayor inequidad, ya que la escasez de alimentos, energía y agua será la regla y no la excepción.

Las poblaciones ya vulnerables de las áreas rurales y urbanas sufrirán desproporcionadamente los impactos de la pérdida de servicios ecosistémicos. En unas pocas décadas, se espera que el cambio climático sea el principal impulsor de la pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos, lo que conducirá a lo que se conoce como injusticia climática. Los desastres naturales intensificados por el cambio climático, como huracanes e inundaciones, en América Latina y el Caribe, se han triplicado en los últimos 50 años. Los desastres pueden reducir el PIB hasta en un 0,9 por ciento en los países de bajos ingresos del continente, mientras que en el Caribe pueden destruir el 3,6 por ciento. El cambio climático también impulsará la migración de 17 millones de personas para 2050.

Además de reducir el consumismo y el uso de combustibles fósiles, las soluciones basadas en la naturaleza son una de las mejores opciones que tenemos como sociedad global para luchar contra el cambio climático. Estas consisten en acciones que utilizan la naturaleza y los procesos naturales para resolver problemas ambientales, por ejemplo, restaurando o protegiendo los bosques para tener agua limpia o absorbiendo carbono para luchar contra el cambio climático. Estas soluciones pueden mejorar el medio ambiente al tiempo que benefician a las personas, haciendo que las comunidades sean más saludables y resilientes.

Un ejemplo de solución basada en la naturaleza es el Proyecto de Conservación del Agua, en el municipio brasileño de Extrema, Minas Gerais. Se considera un modelo exitoso de Pago por Servicios Ecosistémicos (PSA), donde los agricultores y propietarios de tierras locales son compensados ​​por conservar y restaurar áreas forestales que protegen las fuentes de agua. El proyecto, que comenzó en 2005, ha ganado atención a lo largo de los años por su papel en el aumento de la disponibilidad de agua para las áreas urbanas circundantes, incluida la zona metropolitana de São Paulo. Esta iniciativa ha restaurado además, más de 5.000 hectáreas de bosque, lo que ha permitido proteger la biodiversidad.

Ubicado en el estado de Minas Gerais, el municipio de Extrema prioriza la conservación del agua en la cuenca de los ríos Piracicaba, Capivari y Jundiaí (PCJ). El proyecto ofrece incentivos financieros (unos 70 dólares por hectárea al año) a los propietarios rurales para restaurar áreas degradadas, proteger manantiales y adoptar prácticas sostenibles como la agroforestería. Hasta la fecha, el proyecto ha beneficiado a más de 2.500 familias, ha mejorado las condiciones agrícolas y ha mejorado los servicios ecosistémicos, como la filtración de agua y la resistencia a la sequía.

Las acciones clave de este proyecto incluyen la plantación de más de 80 especies de árboles nativos para restaurar las zonas ribereñas y mejorar el ciclo del agua, la recolección de agua de lluvia, el control de la erosión, la agricultura sostenible y el uso de imágenes satelitales e inspecciones de campo para garantizar el cumplimiento de los objetivos ambientales.

La iniciativa se basa en el liderazgo municipal, la participación de las bases y un modelo de gobernanza de abajo hacia arriba, que fomenta la confianza y la participación a largo plazo. Además, integra tecnologías avanzadas como la teledetección, imágenes satelitales, SIG (sistemas de información geográfica) y sistemas de riego inteligentes para una gestión eficiente de los recursos.

El proyecto Extrema comparte similitudes y diferencias con las iniciativas de PSA en otros países. En comparación con el PSA de Costa Rica, que, desde la década de 1990, comenzó a compensar a los propietarios de tierras por la reforestación, la conservación de la biodiversidad y la protección del agua, el Proyecto Extrema también utiliza los mismos modelos de incentivos financieros financiados por los usuarios de los servicios ambientales (por ejemplo, las empresas hidroeléctricas) para promover prácticas sostenibles. A diferencia del primero, que opera a nivel nacional, el proyecto Extrema está más localizado y se centra en una cuenca hidrográfica específica (la cuenca del río Jaguari). El proyecto también enfatiza la colaboración directa con otros municipios dentro de esta cuenca, promoviendo un mejor enfoque de gobernanza regional.

El Fondo de Agua de Ecuador financia proyectos de conservación en los Andes para proteger las fuentes de agua para el consumo urbano. Tanto esta como la iniciativa de Extrema aprovechan a los beneficiarios de aguas abajo para financiar la conservación aguas arriba. Las diferencias son que este último incorpora amplios esfuerzos de reforestación y agroforestería, mientras que el modelo de Quito se centra más en mantener los ecosistemas existentes a través de la participación y la educación de la comunidad.

El Programa de Conversión de Tierras en Pendiente de China compensa a los agricultores por convertir tierras de cultivo degradadas en bosques o pastizales para combatir la erosión y mejorar la retención de agua. Tanto este proyecto como el de Extrema son similares en lo que respecta a abordar la seguridad hídrica a través de la reforestación y el control de la erosión, centrándose en paisajes vulnerables. Sin embargo, Extrema enfatiza fuertemente la participación de las partes locales interesadas e integra prácticas agrícolas tradicionales, mientras que el SLCP de China funciona más como una política de arriba hacia abajo.

Estas comparaciones resaltan el importante papel del proyecto de Extrema en el nexo entre clima, biodiversidad y agua y su potencial para servir como modelo para regiones con estrés hídrico como Nairobi o Ciudad del Cabo, donde la demanda de agua urbana presiona las cuencas hidrográficas frágiles.

El Proyecto de Conservación del Agua de Extrema demuestra cómo los esfuerzos localizados y centrados en la comunidad pueden abordar los desafíos interconectados del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la escasez de agua. Ampliar estas iniciativas a nivel mundial puede mejorar la resiliencia frente a fenómenos meteorológicos extremos, como los incendios forestales, conservar los ecosistemas y promover el acceso equitativo a los recursos.

Aquí, solicitamos su apoyo a políticas que repliquen soluciones transformadoras como Extrema, garantizando prácticas más sostenibles en su comunidad, como la restauración de la vegetación nativa, programas de reciclaje y compostaje y recolección de agua de lluvia. Compartir historias de éxito puede inspirar la acción colectiva para un futuro sostenible.

terça-feira, 11 de fevereiro de 2025

Hugo Motta, el falsario que preside la Cámara de diputados

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

No había pasado ni siquiera una semana desde que Hugo Motta asumiera la presidencia de la Cámara de diputados, para que declarara que los actos del día 8 de enero de 2023 no pueden ser clasificados como un intento de Golpe de Estado. Además, el ahora presidente afirmó posteriormente que hubo un cierto desequilibrio para parte del Supremo Tribunal Federal (STF) en la aplicación de las penas a quienes fueron condenados por los actos vandálicos y sediciosos cometidos ese día.

Antes de ser electo presidente de la Casa el día 1 de febrero, Motta había conseguido pasar incólume los casi 100 días de su campaña a la presidencia de la Cámara evitando cualquier alusión sobre los condenados del 8 de enero y negándose a dar entrevistas a la prensa para no comprometer su candidatura. Ahora, ya confirmado en el cargo, ha tratado de omitir las responsabilidades de quienes invadieron las sedes de los Tres Poderes, llamándolos simplemente de un grupo minúsculo de vándalos frustrados por el resultado de las urnas, aunque sin atribuirle a estos la pretensión de aplicar un Golpe de Estado encabezado por el ex presidente Bolsonaro.

Las declaraciones realizadas por Motta han recibido el rechazo unánime de muchas autoridades y políticos, entre ellos, de la diputada Eliziane Gama, que fue presidenta de la Comisión Parlamentaria Mixta de Investigación (CPMI) sobre los actos del 8 de enero: “Como relatora de la CPMI puedo atestar categóricamente que después de cinco meses de investigación, de recibir cientos de documentos y de escuchar decenas de testimonios, de que si hubo intención de aplicar un Golpe de Estado y el responsable por liderar esos ataques tiene nombre y apellido, es Jair Messias Bolsonaro”.

Con estas declaraciones Motta está poniendo a prueba la reacción de los parlamentarios, de la clase política, de la prensa y de la sociedad civil para pautar dentro de los trabajos de la corporación la posibilidad de legislar sobre una amnistía para los condenados y conceder un indulto al ex presidente Bolsonaro para que pueda candidatearse en las próximas elecciones presidenciales de 2026.

Condenado por el Tribunal Superior Electoral (TSE), Bolsonaro se encuentra actualmente inelegible hasta octubre de 2030, por dos acciones movidas en su contra: por la diseminación de información falsa sobre las urnas electrónicas en una reunión con diversos embajadores y por los actos del 7 de septiembre en que llamó a sus militantes a preparar un Golpe de Estado y subvertir el Estado Democrático de Derecho. A pesar de ello, sigue promocionándose como el candidato de la extrema derecha para el pleito del próximo año.

Con la anuencia de Motta, las huestes bolsonaristas se han entusiasmado para reactivar su campaña de aprobación de una amnistía general y el perdón incondicional al ex capitán, sobre las condenaciones que posee y sobre los futuros procesos que pesarían en su contra. En noviembre de 2024, la Fiscalía General de la República (PGR) recibió oficialmente el informe final elaborado por la Policía Federal en la cual se inculpa a Bolsonaro y otras 36 personas por intento de Golpe de Estado (¿Qué falta para que Bolsonaro sea encarcelado?). Se espera que la PGR emita su veredicto en este mes, lo cual puede significar ampliar o disminuir la gravedad de los crímenes, entender que se configuraron otros delitos y establecer responsabilidades particulares a cada uno de los denunciados.

Junto con ello, la posición de Motta con relación a la revisión de la Ley de la Ficha Limpia propuesta por aliados de Bolsonaro, también figura en la pauta de nuevo presidente de la Cámara, lo cual reduciría de ocho para solo dos años la punición de inelegibilidad de aquellos políticos que han sido condenados por la Justicia por abuso de poder político o por el uso indebido de los medios de comunicación. Por supuesto, el ex presidente que actualmente se encuentra inelegible hasta el año 2030, podría presentarse a las próximas elecciones de 2026 si entra en vigor esta nueva normativa de la Ficha Limpia impulsada por la derecha.

En los pocos días que lleva al frente de la Cámara, Hugo Motta demostró comportarse como un buen simulador. Luego de elegirse con el apoyo del gobierno y los diputados del PT y de exaltar en su primer discurso, los valores de la democracia y la tolerancia, ahora comienza a dar su viraje hacia las pautas de la derecha y la extrema derecha tratando de congraciarse con los seguidores de Bolsonaro , mudando el discurso de mediación y neutralidad que se había comprometido a implementar junto con la bancada de la situación, para comenzar a debatir los temas más caros a la derecha: amnistía, revisión de la Ficha Limpia con la reducción de los años de inelegibilidad, aumento de los cortes en gastos sociales, seguridad pública.

Asimismo, el actual presidente de la Cámara es un protegido del abyecto y deshonesto diputado Eduardo Cunha, que poco después de abrir y liderar el proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff, fue apartado de su mandato como diputado por orden de la Justicia Federal que lo condenó por corrupción pasiva y lavado de dinero. Según la documentación producida en el proceso, en ese periodo Hugo Motta operaba como intermediario de Cunha, presentando enmiendas y propuestas a nombre del diputado, que se ocultaba de estos requerimientos que podían denunciar sus reales intereses en determinadas tareas legislativas.

A partir del apoyo de Cunha, el joven diputado Motta fue asumiendo importantes funciones dentro de la Cámara, consolidándose como un astuto operador del grupo que comandaba el Centrão en aquel momento. Es decir, ya desde esa época Motta es la cara de un parlamento fisiológico y chantajista que está preferencialmente interesados en sus propios intereses y en reforzar los corrales electorales de los diversos caciques que lo integran. Con la actual presidencia de Motta, se configura un difícil escenario que tendrá el gobierno Lula para sacar adelante los proyectos que le importan al país en los próximos dos años.

quarta-feira, 5 de fevereiro de 2025

Tesis sobre Marx

Bruno Bosteels
Communis

I

La mayoría de las formas existentes del marxismo, si no todas, han intentado desarrollar una teoría o una filosofía de Marx desde Marx para Marx. Esta forma circular de proceder se impone porque en los escritos del propio Marx tal sistema teórico está presente sólo en estado práctico, diseminado en introducciones o prefacios o en notas y manuscritos inéditos. Así, al constituir diferentes formas de marxismo, las y los marxistas han producido un sistema teórico o filosófico, un «ismo» que alternativamente se ha llamado «materialismo dialéctico», «materialismo histórico», «filosofía de la praxis», etcétera. De este modo, sin embargo, siguen una tendencia que va en contra de la reticencia del propio Marx—salvo en intervenciones críticas y polémicas tales como se encuentran en La Sagrada Familia o en La ideología alemana—a escribir un tratado sistemático sobre su (nuevo) tipo de materialismo dialéctico o histórico, al contrario del (viejo) materialismo sensual y contemplativo de tipo feuerbachiano, o sobre su visión de la dialéctica, contrariamente a la versión idealista de Hegel.

II

Las distintas formas históricas y corrientes del marxismo, ya sean ortodoxas, vulgares, humanistas, heréticas, abiertas, etcétera, pueden distinguirse según la primacía que otorgan a ciertos períodos o textos en la producción crítico-teórica de Marx. Algunos prefieren al joven Marx en vez del Marx maduro o, al revés, al Marx científico y antihumanista por encima del Marx humanista. Otros movilizan las tendencias subjetivas-autonomistas de los Grundrisse en contra de las férreas leyes del desarrollo capitalista desplegadas en El capital. O hay quienes contrastan los análisis sistemáticos en la crítica de la economía política con los textos más intervencionistas y coyunturales que son de naturaleza histórica y político-militante. También hay quienes sacan provecho de los escritos, las cartas y los cuadernos del último Marx, donde se aventura en los campos de la antropología histórica y la etnología de las sociedades llamadas primitivas o las comunas agrarias. Considerada aisladamente, como un asunto de rigor teórico y fidelidad hacia el texto, la disputa sobre cuál de esas versiones constituye el «verdadero» marxismo es una cuestión puramente escolástica. De lo que se trata, sin embargo, es de comprender cómo todas esas tendencias se combinan, aun cuando estén sometidas a una escarpada trayectoria de constante auto-rectificación en el conjunto de la obra de Marx.

III

Si el objeto de análisis en El capital es el movimiento contradictorio del desarrollo capitalista, lo que está en la mira de textos militantes como El manifiesto comunista o La guerra civil en Francia es intervenir en ese movimiento, sobre la base de una comprensión sistemática de sus contradicciones internas, desde el punto de vista de una contratendencia comunista.

IV

Toda la obra de Marx presupone una intrincada articulación entre movimiento y sistema, intervención y análisis, acontecimiento y estructura, o historia y lógica.

1. Las formas eurocéntricas y angloamericanas del marxismo tienden a privilegiar el lado de la lógica, el análisis, la estructura y el sistema: es el lado filosófico y metodológico para el cual los conceptos se elaboran sobre el terreno de lo que después de Marx se ha llegado a conocer como materialismo dialéctico, o dialéctica materialista. Aunque se suponen abiertos a la imprevisibilidad del acontecimiento, tales acercamientos filosóficos tienden a rodear a este último con un robusto edificio o una fortaleza teórica para pensar la naturaleza de acontecimiento de un acontecimiento cualquiera.

2. Las formas periféricas del marxismo tales como existen en América Latina, a menos que imiten la moda filosófica de sus contrapartes europeas, tienden a privilegiar el lado de la historia, el acontecimiento, la intervención y el movimiento: es el lado histórico y coyuntural que se estudia en la ciencia de la historia que después de Marx se ha llegado a conocer como materialismo histórico. Aunque se pretenden fieles a la sistematicidad conceptual de la lógica marxista, tienden a caer bajo la presión de tener que re-marcar la particularidad de su situación, lejos de la elevación del concepto al noble nivel de lo universal y el apriori.

No se trata simplemente de elegir entre lo universal que sería inexistente en el centro y los particulares que se darían en las periferias, sino de comprender cómo aquél, en un proceso desigual de abstracción real, surge a partir de la borradura y el desplazamiento de éstos últimos, aun cuando inversamente lo dado siga siendo pensable sólo a través de la generalidad del concepto.

V

Del mismo modo que las lecturas filosóficas anglo-europeas de Marx tienden a privilegiar sus textos más sistemáticos por encima de sus escritos históricos e intervencionistas que las lecturas más militantes de Marx favorecen, dentro de un solo texto como los Grundrisse las primeras favorecen la perspicacia de la «Introducción» por encima de las «Formas que preceden a la producción capitalista», supuestamente historicistas e insuficientemente científicas, las cuales, junto con los borradores y la carta a Vera Zasulich, durante décadas han servido como el pan de cada día para los antropólogos marxistas latinoamericanos.

VI

La ambición de encontrar la articulación apropiada o la síntesis dialéctica entre historia y lógica, entre movimiento y sistema, entre intervención y análisis, o entre acontecimiento y estructura en las diferentes formas de marxismo derivadas de Marx a veces se convierte en un sustituto de la praxis revolucionaria que habría sido el fin de todos sus análisis y críticas. Nos falta todavía hacernos a la idea que afirma una máxima de René Zavaleta Mercado sobre el estatuto único del discurso de Marx para el marxismo: «Ni piedra filosofal ni feliz summa mesiánica.»

VII

Si Marx, según Friedrich Engels, pudo contestarle a gente como Jules Guesde y su yerno Paul Lafargue, quienes se habían proclamado orgullosamente marxistas, «si algo sé es que no soy marxista», aparte de ser una impugnación ingeniosa de la «fraseología revolucionaria» de aquéllos, también puede leerse como un reflejo del hecho de que Marx nunca compuso un tratado o manual sistemático de marxismo o de materialismo dialéctico e histórico, sino tan sólo una teoría o una filosofía marxista «à l’état pratique», como solía decir Louis Althusser, es decir, en estado práctico.

VIII

Proclamarse marxista conlleva siempre el riesgo de traicionar la reticencia de Marx a convertir su pensar en un «ismo» así como su renuencia, su incapacidad o su falta de deseo respecto de escribir un tratado filosófico sistemático o un manual como los que proliferaban en la Unión Soviética. En el mejor de los casos, ser marxista no puede significar sino un intento parcial, selectivo y partidista de seguir uno o varios de los múltiples objetos y orientaciones de análisis presentes en estado práctico en los escritos de Marx, la mayoría de los cuales se presentan no como teorías o filosofías sino como críticas: crítica de la religión, crítica de la dialéctica hegeliana, crítica del Estado, crítica de la economía política.

IX

«Marxismo» es un nombre para el conjunto de los intentos, con mayor o menor fidelidad, de extraer un «ismo» de los escritos de Marx. Los grados de fidelidad marcan las diferencias entre marxistas vulgares, ortodoxos, heterodoxos o críticos, hasta llegar al punto de quiebre que es el posmarxismo en cuanto borde interno o externo del marxismo mismo. Pero mientras que los escritos de Marx son centrífugos, la construcción de varias formas del marxismo tiende a volverse centrípeta. En vez de moverse hacia fuera con un ojo puesto en las intervenciones en la coyuntura, voltean la mirada hacia adentro de la teoría o la filosofía sistemática extraída de Marx para Marx.

X

Muchas formas existentes del marxismo, en nombre de una fidelidad sin igual a la letra o el espíritu del discurso de su fundador, han sustituido por una interpretación teórica o filosófica, ni siquiera del mundo capitalista, sino de los escritos críticos de Marx sobre este mundo, su transformación revolucionaria. De ese modo, se ven arrastrados hacia el interior del «ismo» del marxismo como totalidad discursiva autorreferencial pero también internamente contradictoria, de la misma manera en que los lectores de filosofía tienden a ser tragados por la gran summa de su filósofo continental favorito. La filosofía es el lugar al que las intervenciones marxistas van a morir, sólo para ser enterradas en la pesada tumba de un sistema en múltiples volúmenes.

XI

Hasta que sea imaginable la vida desajenada, toda invocación de la oncena tesis será falsa—incluida ésta.

terça-feira, 28 de janeiro de 2025

El gobierno Lula es rehén del Parlamento brasileño

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

El próximo sábado 1 de febrero se concretizará la elección del nuevo presidente del Senado y de la Cámara de Diputados de Brasil. El favorito para el Senado es Davi Alcolumbre del Partido Unión Brasil. También existe bastante consenso que el candidato “tapado” para presidir la Cámara es Hugo Motta del Partido Republicanos. Lo que también es un hecho confirmado es que, desde antes de la proclamación de ambos candidatos, las demandas y presiones que ejerce el Congreso Nacional sobre el gobierno se ventilan a plena luz del día.

Se sabe que la actual gestión deberá realizar un ajuste ministerial en un futuro mediato, sin embargo, la Cúpula de la Cámara de Diputados aguarda la elección del nuevo comando de la Casa para negociar directamente con el presidente Lula da Silva la reforma ministerial, saltándose la ronda de negociaciones con el actual ministro de la Secretaria de Relaciones Institucionales y, por lo tanto, quien debiera ser el responsable de liderar la articulación política, Alexandre Padilha.

El argumento de los líderes de la Cámara, es que solo van a negociar con el presidente Lula, pues es él quien tiene la discrecionalidad de decidir al final los cupos ministeriales que reivindican los miembros del Centrão, que dominan sobradamente las acciones dentro del Congreso. A pesar de que el cargo de Padilha cuenta con el apoyo de Lula y es parte del andamiaje institucional del gobierno, los diputados no reconocen su legitimidad para realizar las negociaciones sobre el futuro de la composición ministerial.

Ellos también le hicieron llegar al Palácio do Planalto la información de que prefieren que en esta negociación no participen los líderes de los partidos de la amplia coalición, sino que los acuerdos sean realizados directamente por los presidentes de ambas Casas del Congreso Nacional. Para ello, se sabe que existe un diseño con todos los cambios propuestos para la reforma ministerial, con candidatos marcados para asumir los nuevos cargos, todos de partidos de derecha que antes habían formado parte del gobierno de Bolsonaro.

En un acto de chantaje político directo, descarado y sin escrúpulos, los líderes del Congreso vienen señalándole al gobierno que esa es la única manera de mantener los actuales equilibrios de fuerzas entre ambos Poderes del Estado, lo que a su vez es una condición que permitiría afirmar y garantizar la gobernabilidad de la presente gestión.

De hecho, en la primera mitad de este tercer mandato del gobierno Lula ha sido evidente la falta de colaboración y de presiones ejercidas por los Congresistas, quienes se han dedicado a boicotear la mayor parte de los vetos realizados por el Ejecutivo, desconociendo la voluntad del presidente y reponiendo prácticamente todos los proyectos propuestos por el Legislativo, que tiene la prerrogativa de dar la palabra final para la aprobación de las medidas provisorias y las leyes.

Actualmente, las enmiendas parlamentarias son el principal instrumento utilizado por los parlamentarios para reforzar sus corrales electorales, quienes destinan gran parte del tiempo de su labor legislativa a gestionar los recursos para obras e inversiones en sus reductos y articulando con los poderes locales y estaduales mayores cuotas de poder que les permitan la reproducción de su actuación política en esos territorios.

Desde 2015 hasta la fecha, los valores de las enmiendas fueron adquiriendo un crecimiento acelerado que las ha llevado a ocupar un impactante volumen dentro del presupuesto nacional, algo así como 50 mil millones de reales (aproximadamente 8 mil quinientos millones de dólares). Además de este enorme caudal de dinero, el Congreso aprobó la ejecución obligatoria para la mayor parte de estos fondos, inclusive con las contraindicaciones y bloqueos realizados por el Supremo Tribunal Federal, quien ha tratado de velar por la transparencia y trazabilidad de los dineros transferidos desde los cofres públicos.

Con los montos abultados que han acumulado las enmiendas impositivas, que en muchos casos superan los presupuestos de determinados ministerios, el poder de negociación y la influencia de los congresistas viene, en consecuencia, aumentando considerablemente. Anteriormente, tanto la ocupación de ministerios como los recursos públicos destinados a diversos tipos de emprendimientos daban una gran capacidad de negociación a los gobiernos. Actualmente, esta capacidad se encuentra definitivamente concentrada en el parlamento.

El carácter desmedido que ha tomado este empoderamiento de las huestes del atraso fisiológico del Congreso, coincide con la derrota sistemática que vienen sufriendo las fuerzas progresistas y de izquierda en las últimas elecciones parlamentarias y municipales, lo que les otorga a los representantes de la derecha y la extrema derecha una presencia mayoritaria en las decisiones más significativas de la legislatura, la mayoría de ellas marcadas por corrupción y cooptación del aparato institucional del país. En efecto, tales sectores se encuentran más habituados con las prácticas de esta índole durante décadas en la historia política brasileña.

Si bien es cierto Lula da Silva ganó las elecciones de 2022 -y, dicho sea de paso, por un margen estrecho-, la composición del Congreso Nacional le ha sido francamente adversa, debiendo ampliar la base de su administración a partidos de derecha que hasta hace muy poco formaban parte del gobierno Bolsonaro. De esta manera, Lula tuvo que distribuir al inicio de su mandato nada menos que nueve ministerios entre partidos de esta amplia coalición, entre ellos, Unión Brasil, Partido Social Democrático (PSD), Movimiento Democrático Brasileño (MDB), aumentando después la transferencia de nuevos ministerios para otros dos partidos ontológicamente de derecha, el Partido Progresistas (PP) y Republicanos.

No obstante, a pesar de participar en esta “amplísima” base gobiernista, muchos diputados y senadores que militan en los partidos indicados anteriormente, siguen siendo en los hechos de oposición, apoyando en escasas oportunidades las iniciativas emanadas desde el Ejecutivo o directamente boicoteando los proyectos presentados por el Palácio do Planalto.

Si a ello se suma la amenaza siempre latente de una sanción contra el gobierno a causa de cualquier posible acusación por irresponsabilidad fiscal y, por ello mismo, la consecuente aplicación medidas de contención de gastos promovidas por su actual Ministro de Hacienda, Fernando Haddad, hace que este tercer mandato del presidente Lula es claramente más deficitario en la promoción de programas sociales de gran impacto, como es el caso de los Programas Bolsa Família, Fome Zero, Minha Casa/Minha Vida o los diversos tipos de apoyos a la investigación científica y la formación universitaria.

Presionado por una oposición activa, grupos económicos decididamente contrarios, una prensa hostil y acosado por sus propios errores, el gobierno Lula parece una administración debilitada que debe enfrentar a un Congreso empoderado, manipulador y turbinado por el conjunto de enmiendas parlamentarias que le otorgan un poder expresivo a la hora de decidir sobre las políticas públicas y otro sinfín de materias. Estos órganos asumieron un nivel de protagonismo no solamente dentro del proceso político sino especialmente en la definición de las prioridades del presupuesto fiscal, que en concreto son las prioridades de los intereses de cada uno de los “excelentísimos” diputados y senadores.

Lejos del escrutinio popular, los parlamentarios no tienen que rendirle cuentas a nadie, menos a los electores y ciudadanos brasileños que hasta ahora han aceptado pasivamente el curso de los acontecimientos. Es decir, nos encontramos frente a una institución que detenta poderes casi omnímodos y que actúa sin grandes contrapesos institucionales. Ello permite vislumbrar un escenario sombrío y trágico que va a requerir de la movilización activa, comprometida y permanente de la sociedad civil y de los otros poderes, para garantizar una mayor transparencia y un ejercicio efectivamente democrático en los procesos políticos decisorios por parte de los diversos agentes que conforman ambas Casas Legislativas. Si no es así, el despotismo parlamentario puede comprometer seriamente el futuro de Brasil.

segunda-feira, 27 de janeiro de 2025

Invierno del 45. A 80 años de la liberación de Auschwitz

Elina Malamud
Página 12

Era pleno invierno en Europa del Este cuando un fotógrafo ruso, el capitán Alexander Vorontsov, llegó con el Ejército Rojo a las inmediaciones del pequeño pueblito de Osviecim, situado a poco menos de cincuenta kilómetros de Cracovia. Seguramente la imagen más famosa obtenida por Vorontsov que usted haya visto sea la foto que le tomó a trece niños, vestidos con unos harapos a rayas, tras un cerco de alambres de púa. Eran trece de entre los ochocientos prisioneros que habían quedado en la enfermería del lager cuando los alemanes los abandonaron a su suerte porque, en su atropellada huida, no podían cargar con los débiles y enfermos que no estaban en condiciones de soportar esa marcha forzada que se llamó marcha de la muerte.

En ese lugar del mundo, donde las idas y venidas de las guerras, y los consecuentes tratados de paz, dibujaban nuevas líneas de frontera, referenciaban culturas e imponían las nuevas designaciones y topónimos que dictaban las lenguas vencedoras, los alemanes establecieron un campo --que ellos, en su lengua, llamaban lager-- donde concentraron a malhechores y criminales, combatientes enemigos, opositores políticos y gentes de orígenes raciales imperfectos, para ponerlos a trabajar de manera que le dieran un sentido positivo a sus fallas intelectuales, sociales, ideológicas o genéticas disecando pantanos, cascoteando canteras, prestando sus cuerpos a pruebas científicas, ofreciéndose a la esclavitud laboral y/o sexual, tocando el violín en las mañanas heladas, a modo de burla mefistofélica, para acompañar a los que partían al trabajo o, finalmente, y para no andarse con vueltas, reunirlos sin prisa y sin pausa y de tres mil en tres mil, en amplias cámaras donde un soplido del famoso gas ZyklonB acababa con sus vidas en menos de media hora. Sus propios compañeros de prisión transportaban los cadáveres al quemadero para, al tiempo, correr ellos la misma suerte. Como usted ya se estará imaginando, espabilado lector, en la pronunciación y la grafía alemana, el inocente topónimo Osviecim se conoce como Auschwitz.

Fue hace ochenta años, el 27 de enero de 1945, que al ejército soviético se le reveló esa dimensión desconocida que descubrieron al aproximarse a Auschwitz. El doctor en química y escritor judeo italiano, Primo Levi, a quien no será la primera vez que nombro en esta columna, estaba ahí, en medio de un enchastre de nieve e incuria, regresando de depositar a un compañero de la enfermería que acababa de morir, en los afueras de una fosa en la que ya no cabían los cadáveres, cuando aparecieron, recortados en el contraluz del cielo gris, los cuatro primeros jinetes rusos. Primo Levi cuenta cómo le supo la imagen de los cuatro caballos que él veía allá arriba, enormes e imponentes, porque el suelo del lager estaba en un nivel más bajo que el de la carretera que bordeaba las alambradas.

No cuenta de saludos, ni de risas y alegrías, ni de gracias elevadas al cielo. Los soldados rusos se acercaban tímidos y absortos, empuñando sus metralletas desconcertadas, apoyando la mirada de sus ojos quizá incrédulos en los barracones semiderruidos, en los cadáveres descompuestos y olorosos sobre la nieve sucia y en los espectros medio humanos o semimoribundos que los observaban desde abajo. Se recuerda en un sentimiento de vergüenza como la que sentía, al seguir vivo, ante los seleccionados para morir, o la que experimenta el justo frente a la culpa que comete el otro, o porque su voluntad no fue suficiente para contrarrestar el Mal.

En esa nada llena de muerte en la que los sobrevivientes habían vagado durante los diez días que siguieron al desbaratado escape de los alemanes, lo recorría un estremecimiento de pudor por que se le traslucieran las memorias de la suciedad humana que habitaba su conciencia o el penoso asombro de que todo aquello hubiera sucedido, acompañando a esa triste alegría, recién sentida, del fin de la pesadilla nazi, de estrenar la libertad o, quizá sería mejor decir, el regreso de la dignidad al cuerpo y al alma. Un pasado lleno de días oscuros que de pronto convergía, se solidificaba en esos hombres que llegaban armados, pero, a diferencia de lo que venían de vivir, para salvarlos, para acogerlos y protegerlos.

También recuerda a las muchachas polacas que llegaron al lager a limpiar y a cocinar, a alimentar, vestir y abrigar a los redivivos y a atender y curar a los enfermos, de la mejor manera que se les daba, sin poder evitar una mezcla de asco y compasión que se reflejaba en la tiesura de sus mejillas, coloradas por el frío.

Es aquí que quiero decirle ¿tal vez advertirle? prevenido lector, que nada que a posteriori haya sucedido en la historia de Occidente revierte la penosa realidad de los hechos acaecidos, de la devastación humana perpetrada por el nazismo durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado, ni de la desaparición de las hermanas de mi abuela, de las que nunca supe si murieron fusiladas, o de frío y de hambre escondidas en el bosque, si se las llevaron a un campo de exterminio o si perecieron encerradas en un granero al que algún soldado fascista le prendió fuego.

Ochenta años después de aquel día en que el Ejército Rojo llegó a las alambradas de Auschwitz y que acabo de describir con sensaciones robadas a Primo Levi, he de encender una vela en memoria de cada judío, de cada gitano, de cada homosexual, de cada partisano, de todo aquel que por su pensamiento humanista o su raciocinio político haya sido mártir de aquella Barbarie.

Según lo que he podido averiguar, seis de los trece niños fotografiados por Vorontsov se establecieron en Israel, en algún momento después de terminada la guerra. Ochenta años después me pregunto cómo habrá sido la deriva emocional de la ofensa recibida y enquistada en ellos, y cómo se habrá transmitido y encarnado en sus hijos, nietos y bisnietos; si se perpetuó en ellos como cansancio moral y como renuncia, si sus almas desgarradas cedieron al odio y la sed de venganza y disfrutaron de encerrar al vecino entre muros y alambradas, con un instinto genocida parecido al que ellos mismos habían padecido --y que había pasmado a los cuatro jinetes del Ejército Rojo-- o alcanzaron a regodearse en la búsqueda de la justicia y el servicio del otro, en ese nuevo Estado nación que parece embarcado en una insaciable expansión mesiánica a la vez que, en yunta con los imperios atlantistas, se erige en guardián de la costa oriental del Mediterráneo, con la pretensión de ser lo que no es: la totalidad de lo judío.

Leer la historia, recordar los eventos del pasado, abre los ojos al advenimiento de lo que se está cuajando en el futuro. Podemos nombrarlo como lo que nos espera, como lo que nos acecha o con el ansia militante de lo que pretendamos construir.

Me cuesta salirme de mi caprichosa costumbre de andarme con circunloquios, rondando sin nombrar, pero hoy quiero denunciar directamente a Elon Musk, tal como lo vi, estirando todo su brazo derecho pa’lante y p’atrás después de palmotearse el corazón, en claro clamor nazi-fascista, homologado por su apoyo confeso al partido neonazi Alternativa para Alemania. Elon Musk es el dueño desregulado de las verdades o mentiras que se instalarán en las conciencias o inconciencias de miles de millones de seres humanos que votarán y/o portarán armas y es también el patrocinador de la pista resbalosa por la que nuestro presidente avanzará, tuiteo en ristre, contra el fantasma del comunismo soviético del siglo pasado.

Quiero decir que no está demás que esta noche, a la hora de dormir, echemos otra mirada a las alambradas de Auschwitz, antes de apagar la luz.

sexta-feira, 10 de janeiro de 2025

Julio Antonio Mella fue uno de los grandes revolucionarios cubanos


Luiz Bernardo Pericás
Jacobin América Latina

Este 10 de enero se cumple un nuevo aniversario del asesinato del joven revolucionario cubano Julio Antonio Mella, cuyo pensamiento político marcó un hito para la izquierda latinoamericana.

Julio Antonio Mella fue uno de los grandes pioneros del marxismo en América Latina. A lo largo de su breve vida, fue un destacado dirigente del movimiento estudiantil cubano, fundador del Partido Comunista de Cuba e impulsor de diversas organizaciones populares y revolucionarias. También obtuvo un amplio reconocimiento como intelectual audaz y provocador.

Nacido en La Habana en 1903, Mella pasó su juventud estudiando en escuelas de Cuba y Nueva Orleans. Antes de terminar el bachillerato, ya había leído obras de José Enrique Rodó, Manuel González Prada, José Ingenieros y Emilio Roig de Leuchsenring, pero sobre todo recibió la influencia de las ideas de José Martí, una de las figuras clave de la lucha por la independencia de Cuba.

En 1921 ingresó en la Universidad de La Habana como estudiante de Derecho, Filosofía y Letras. Fue a partir de ese momento cuando comenzó realmente la carrera de Mella como activista revolucionario e intelectual. Varios acontecimientos marcarían a la nueva generación, entre ellos las reverberaciones de la Revolución Mexicana, la crisis económica y política tras el final de la Primera Guerra Mundial y la influencia de la Revolución Rusa.

Juventud revolucionaria

La reforma universitaria argentina de 1918, que poco a poco se extendió a otras partes de América Latina, también desempeñó un papel fundamental en la agitación de los ánimos de la juventud cubana. Fue a través de su participación en el movimiento estudiantil que Mella comenzó a destacar. Fue uno de los fundadores (y más tarde presidente) de la Federación de Estudiantes Universitarios, organización creada en diciembre de 1922 por iniciativa suya, además de dirigir la revista Alma Mater, de la que fue fundador. Además, dirigió el primer Congreso Nacional de Estudiantes y creó la revista Juventud.

A partir de este momento, Mella trataría siempre, cuando fuera posible, de unir al movimiento obrero y a los estudiantes en una lucha amplia y unificada. Sus contactos con dirigentes obreros como Carlos Baliño y Alfredo López fueron producto de esa época. Fue uno de los principales protagonistas del movimiento de reforma universitaria y desempeñó un papel clave en la creación de la Universidad Popular José Martí, un experimento que acabaría siendo clausurado por el gobierno de Gerardo Machado, a quien Mella apodó el «Mussolini tropical».

En 1924, Mella fundó la Federación Anticlerical de Cuba como parte de la organización continental del mismo nombre, con sede en México. También creó el Instituto Politécnico Ariel con algunos amigos y se afilió a la Agrupación Comunista de La Habana. Ese mismo año contrajo matrimonio con una estudiante de Derecho llamada Oliva Zaldívar Freyre. La siguiente tarea de Mella fue fundar la sección cubana de la Liga Antimperialista de las Américas en julio de 1925. Esta era una organización que había sido fundada el año anterior en México por comunistas estadounidenses y mexicanos, junto con su periódico El Libertador.

En 1925, con solo veintidós años y una impresionante experiencia política, Mella participó en la fundación del Partido Comunista de Cuba (PCC). Ese mismo año fue expulsado de la universidad. El gobierno de Machado también llegó al poder en 1925 e inició una intensa campaña de represión política. Varios opositores al régimen fueron encarcelados, asesinados o (en el caso de los extranjeros) deportados.

Poco después de tomar posesión, Machado ordenó la detención de dos docenas de militantes comunistas y anarcosindicalistas, muchos de los cuales fueron puestos en libertad bajo fianza. Sin embargo, en septiembre se produjeron explosiones en distintos puntos de La Habana. Varios activistas de la oposición fueron acusados de los atentados y detenidos, entre ellos Mella, que ingresó en prisión a finales de noviembre.

Una vida de lucha

El 5 de diciembre inició una huelga de hambre, algo inusual en Cuba en aquella época, y comenzó una campaña nacional por su liberación. La huelga de hambre de Mella se convirtió en el principal tema de discusión en la prensa y en un verdadero drama nacional. Sin embargo, esto disgustó mucho al PCC, que le ordenó interrumpir el ayuno inmediatamente, aunque Mella no cumplió la instrucción.

Los dirigentes del partido acusaron a Mella de vanidoso, indisciplinado y propenso a actitudes pequeñoburguesas. Algunos le consideraban desobediente e inclinado a romper con la jerarquía del partido. Mella fue incluso tachado por sus correligionarios políticos de traidor y desertor y acusado de querer constituir su propia corriente, el «mellismo», lo que no era cierto. Pasó dieciocho días en huelga de hambre y sufrió un infarto debido a la gravedad de su estado. Pero Machado acabó cediendo bajo el peso de la presión pública. El 23 de diciembre de 1925 se dio la orden de liberación de Mella.

En enero de 1926, ante la posibilidad de ser enviado de nuevo a prisión, Mella decidió abandonar Cuba en secreto para exiliarse en México. Abandonó el país sin su esposa Oliva, que en ese momento estaba embarazada y pasó semanas sin tener noticias de su marido. Ese mismo mes, fue expulsado del PCC (según algunos, «excluido temporalmente», «sancionado» o «suspendido» del partido), a pesar de que pertenecía a su Comité Central y había sido uno de sus fundadores.

Esta actitud hacia Mella aisló a los comunistas cubanos de la época. La Comintern consideró su expulsión como una medida sectaria y exigió la revisión de la decisión. Cuando llegó a México, el presidente Plutarco Elías Calles concedió inmediatamente asilo político al joven militante. Mella se afilió al Partido Comunista Mexicano (PCM) con el apoyo de la Comintern.

Durante su estancia en México, Mella dirigió la Liga Antimperialista de las Américas, trabajó en la redacción de la publicación El Machete y participó en otras actividades políticas, tanto nacionales como internacionales. Al mismo tiempo, reanudó sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de México y fundó la Asociación de Estudiantes Proletarios y su órgano El Tren Blindado.

Mella fue también miembro del Comité Manos Fuera de Nicarágua (MAFUENIC) y del Comité Ejecutivo del Partido Revolucionario Venezolano. Incluso fue detenido durante unos días tras participar en las protestas contra la condena de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti frente a la embajada de Estados Unidos (junto con su esposa, que en ese momento se había trasladado a México para vivir con él).

Esta agotadora rutina de activismo político y las dificultades económicas que soportaba Mella prácticamente no dejaban espacio para una vida familiar tradicional. Después de un embarazo que terminó en un nacimiento sin vida en 1926, su esposa dio a luz a su hija Natasha al año siguiente. Poco después, extrañando a su familia, descontenta con la constante vigilancia de su actividad por parte de la Policía y los agentes de Machado y agotada por las privaciones diarias que sufrían, regresó a Cuba con Natasha. Mella no volvió a verlas. Al poco tiempo, inició una relación con la fotógrafa Tina Modotti.

Brillantez inusual

La labor política de Mella durante este periodo incluyó un viaje a Europa en febrero de 1927 para participar en el congreso fundacional de la Liga contra el Imperialismo y la Opresión Colonial en Bruselas, donde denunció el fascismo y el Ku Klux Klan al tiempo que exigía la libertad de los pueblos africanos. El congreso reunió a 174 delegados de veintiún países diferentes. Algunos de los asistentes, como el comunista argentino Vittorio Codovilla y el peruano Haya de la Torre, hicieron comentarios desfavorables sobre Mella, pero el novelista Henri Barbusse lo describió como «un delegado de una brillantez inusual».

Tras este evento, Mella visitó la Unión Soviética durante unas semanas, donde fue invitado a participar en la segunda conferencia del Socorro Rojo Internacional y fue elegido miembro de su comité como representante centroamericano. Preparó dos detallados informes políticos, uno sobre Cuba y otro sobre México. Parece ser que en esta ocasión también mantuvo contactos con miembros de la Oposición de Izquierda. Se dice que Codovilla lanzó varias acusaciones contra Mella, tachándolo de intelectual pequeñoburgués y oportunista sin disciplina revolucionaria.

De Moscú, Mella fue a París antes de regresar a México en junio de 1927. Quedó tan impresionado por la Unión Soviética que en una carta dijo haber vuelto «del paraíso». Mella escribió varios artículos sobre la URSS, en general bastante elogiosos. Vladimir Lenin aparece en los escritos de Mella como un punto de referencia fundamental: el líder bolchevique era para él «el maestro del proletariado internacional» y «el más exacto y práctico de los intérpretes de Karl Marx». Menciona a León Trotsky en algunos artículos, normalmente de forma positiva: en un texto, Trotsky es descrito como un «dínamo humano». Iósif Stalin, en cambio, no figura en ninguna de las obras del joven.

El Partido Comunista Mexicano tenía suficiente confianza en Mella como para nombrarlo secretario general interino del partido en junio de 1928. Sin embargo, cuando una delegación del partido regresó del VI Congreso de la Comintern en septiembre de ese año, Mella fue destituido no solo de este cargo interino, sino también del Comité Central. En diciembre de 1928, Mella decidió abandonar el Partido. Según el secretario del partido, Rafael Carrillo, entregó un «repudio insultante» a los dirigentes del PCM.

El motivo fue una carta que el PCC envió a los comunistas mexicanos, solicitando que el «grupo cubano» (Mella y sus socios) se subordinara al Comité Central del PCM en lugar de trabajar por su cuenta, lo que podría comprometer «de manera verdaderamente criminal» a los camaradas que trabajaban en la propia isla. Se supone que la respuesta de Mella fue tan impulsiva que los dirigentes del PCM pretendieron hacer circular una resolución al respecto entre todos los partidos latinoamericanos.

Sin embargo, Mella reconsideró su decisión unos días después y pidió disculpas en una carta, solicitando permanecer en el partido. En ese momento, Carrillo declaró que Mella siempre había tenido «debilidades trotskistas». El partido aceptó su petición, con la condición de que no asumiera ningún papel dirigente durante los tres años siguientes.

El enemigo de Machado

Los partidarios del régimen de Machado acusaron a Mella de antipatriótico, presentándolo como un mercenario y una marioneta de la Unión Soviética. Se trataba claramente de una imagen falsa destinada a reducir su gran popularidad en los círculos progresistas. De hecho, Mella perteneció a una generación de intelectuales latinoamericanos muy originales que tuvieron la capacidad de captar la realidad nacional de sus países, identificando posibles vías de acción y adaptando diversas líneas de pensamiento, tanto marxistas como no marxistas, para comprender la historia y la coyuntura local.

En la primera mitad de 1928, Mella llevó a cabo su proyecto más importante al crear la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC), una organización antimperialista, interclasista y declaradamente «democrática» con sede en Ciudad de México. Claramente inspirada en José Martí, el nicaragüense Augusto César Sandino y el Partido Revolucionario Venezolano, su objetivo inmediato era desalojar a Machado del poder.

Para Mella, la organización debía unir las luchas de todos los que se oponían al régimen —estudiantes, trabajadores, intelectuales e incluso miembros de la Unión Nacionalista liberal-burguesa— para iniciar un levantamiento armado en Cuba, sin perder de vista el objetivo socialista final. Sin embargo, el foco principal siempre estuvo en la clase obrera; después de todo, la publicación oficial de la ANERC tenía un título (¡Cuba Libre! Para los trabajadores) que indicaba claramente cuál era el objetivo principal del grupo.

Se trataba de preparar una expedición militar que zarparía de México e iniciaría una insurrección en la isla. El grupo estaba fuera del ámbito del PCC: ni su estructura ni su estrategia coincidían necesariamente con los proyectos de los comunistas cubanos. Según algunos autores, Mella pensaba que la lucha armada en Cuba abriría un nuevo frente contra el imperialismo norteamericano, que ya estaba ocupado en Nicaragua.

La ANERC fue fuente de fricciones entre Mella y miembros de la dirección del PCM. Los comunistas mexicanos consideraban el proyecto de carácter «golpista» y pequeñoburgués, que implicaba alianzas con sectores reformistas y liberales y no priorizaba la acción de las masas proletarias. Se lo acusó de no seguir las instrucciones de la Comintern y de albergar simpatías por el trotskismo.

Al mismo tiempo, los planes de Mella disgustaron mucho al régimen de Machado. El 10 de enero de 1929, hacia las nueve de la noche, mientras caminaba por una calle de Ciudad de México con Tina Modotti, recibió dos disparos por la espalda a quemarropa. Aunque fue trasladado a un hospital para ser operado, Mella no sobrevivió al ataque y exhaló su último aliento hacia las dos de la madrugada del día siguiente. Solo tenía veinticinco años.

Aunque hubo varias teorías especulativas sobre el móvil del atentado —desde un «crimen pasional» que implicaba a Modotti hasta el asesinato por militantes comunistas que actuaban en nombre del estalinismo—, quedó claro que los asesinos eran agentes contratados por Machado para eliminar a su rival político. A partir de ese momento, la leyenda en torno a Julio Antonio Mella no pararía de crecer.


Las influencias de Mella

Como todo personaje complejo, Mella no puede ser encasillado teórica ni ideológicamente. Luchó por la revolución sin descartar la posibilidad de lograr reformas radicales en el camino. Era antirracista, pero hacía especial hincapié en la lucha de clases. Defendió al proletariado como principal protagonista político sin dejar de incluir en sus proyectos a sectores de clase media, estudiantes e intelectuales progresistas. Fue «nacionalista» pero siempre mantuvo una perspectiva internacionalista y continental. Fue marxista sin dejar de estar comprometido con el legado de José Martí.

Mella podía trabajar tanto dentro como fuera de los partidos a los que pertenecía en organizaciones muy heterogéneas. Polémico y a veces contradictorio, fue un excelente organizador, y su activismo en diversos frentes fue constante y frenético. Combatió la dictadura de Machado con un proyecto de democracia, modernización institucional, desarrollo económico y verdadera independencia para Cuba. Mella apoyó una educación que abarcara a las clases populares, un antimperialismo intransigente y (en última instancia) una revolución social dirigida por los trabajadores.

Para entender la ideología de Mella necesitamos identificar las diferentes influencias teóricas que moldearon su pensamiento. Su primera gran influencia fue, sin duda, José Martí. Mella se propuso «redescubrir» y «reinterpretar» la obra del poeta, reivindicando su vida y su pensamiento para las luchas populares.

El vínculo entre Martí y Mella fue probablemente Carlos Baliño. Conocido como el primer marxista cubano (y quizás incluso el primer marxista de toda América Latina), Baliño fue un contemporáneo de Martí que se hizo amigo suyo y se afilió al partido que este fundó. Comprendió las particularidades de la historia cubana y la necesidad de una verdadera independencia política y económica, combinando estos elementos con el conocimiento del movimiento obrero, la participación en las luchas sindicales y el compromiso con la revolución socialista.

Baliño fue probablemente el primero en unir las ideas de Martí y Marx en la isla, además de ser un excelente organizador político y un gran admirador de Lenin y la Revolución de Octubre. Posteriormente mantuvo una estrecha relación con Mella y fue uno de los fundadores del PCC. Debemos recordar su papel en el desarrollo del pensamiento del joven.

También es digno de mención el impresor anarcosindicalista Alfredo López. Mella reconoció a López como su «maestro» en muchos aspectos. Cuando Mella era dirigente estudiantil, aprendió mucho de su colega, que contribuyó a acercar a los universitarios a los trabajadores.

Por supuesto, Marx sería una influencia decisiva para Mella, junto con Lenin y la Revolución Rusa. Aunque leyó obras de Trotsky y Nikolai Bujarin, fue la obra de Lenin la que más le impactó en aquella época. Mella creía que la existencia de «apóstoles», «héroes» y «mártires», junto con los «revolucionarios profesionales», era esencial para que la causa triunfara. En su opinión, el revolucionario debía dedicarse por entero a la causa y subordinar su propia personalidad a las necesidades políticas y sociales.

Patria Grande

Por un lado, Mella defendía un «nacionalismo revolucionario» con un claro carácter de clase, popular y proletario. Por otro, buscaba la unión de América Latina como Patria Grande de todo el continente. Llamaba a luchar por hacer realidad «el viejo ideal de [Simón] Bolívar, adaptado a los tiempos actuales»: la «unidad de América», una «América libre», no la América explotada y colonial que era feudo de unas pocas empresas capitalistas, apoyadas por gobiernos que actuaban como agentes del imperialismo.

Mella basó su visión del imperialismo principalmente en el libro de Lenin El imperialismo, fase superior del capitalismo y en los escritos de Martí. También es posible que leyera y se viera influido por las obras de Scott Nearing, a quien se refirió como un «formidable sociólogo estadounidense» (El Imperio Americano de Nearing fue traducido al español por Carlos Baliño). Mella creía que la teoría leninista del imperialismo era «universalmente aplicable», en lugar de ser específica para ciertas regiones, «como sostienen algunos “revisionistas” de manera simplista».

Mella fue uno de los opositores más acérrimos de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), el movimiento fundado por Haya de la Torre. Escribió un panfleto que posiblemente sea el texto crítico más importante sobre el APRA de aquella época. Para Mella, el APRA representaba una variante del populismo con un programa que en la práctica lo convertiría en el instrumento de una política reformista para las burguesías de América Latina.

Mella estaba ciertamente preocupado por las cuestiones de «raza» y racismo. En una entrevista señaló que un tercio de la población de Cuba tenía «sangre africana» y que estaban terriblemente explotados, encontrando grandes obstáculos en los campos de la política y la educación. También denunció con indignación el linchamiento de afroamericanos en Estados Unidos. A pesar de ello, Mella consideraba que la lucha de clases tenía prioridad sobre la cuestión racial.

Su posición se hizo más explícita en sus críticas al APRA, especialmente en relación con el papel de los pueblos indígenas de América Latina. Según Mella, era un error hablar del potencial revolucionario de los pueblos indígenas:

La penetración del imperialismo ha acabado con el problema de la raza, en su sentido tradicional, en la medida en que el imperialismo transforma a indios, mestizos, blancos y negros en trabajadores, es decir, le da al problema una base económica y no étnica.

Para Mella, la experiencia ya había demostrado que «el campesino —el indio en América— es extraordinariamente individualista y que su máxima aspiración no es el socialismo, sino la propiedad privada». Solo la clase obrera podría liberar al campesinado de este error, «sobre la base de la alianza que el Partido Comunista establezca entre las dos clases».

Por supuesto, existen limitaciones en los textos de Mella, que en general son bastante breves y no necesariamente desarrollan con gran profundidad las ideas que expone, quizás debido a su estilo de vida y a la falta de tiempo, con la gran cantidad de actividades políticas que desarrollaba simultáneamente. Hablamos de alguien todavía muy joven que a menudo preparaba artículos sobre la coyuntura política inmediata, muchos de los cuales tenían un sesgo propagandístico y una visión determinista de la historia. Su objetivo era ser lo más directo posible, lo que se traducía en obras de contenido polémico y provocador.

Aun así, se puede encontrar en Mella una marcada sensibilidad y una enorme capacidad para comprender la época en que vivió y las necesidades del momento. Su vida y su obra siguen inspirando a la gente en Cuba y merecen ser conocidas por la juventud progresista de hoy más allá de la isla.

domingo, 5 de janeiro de 2025

Un hito en la barbarie humana: "Gaza en el corazón"

Adolfo Estrella
El Desconcierto

En los próximos futuros, si es que los dueños del mundo dejan algo en pie, Gaza debería ser recordada como un hito en la barbarie humana. Pero eso no va suceder porque la masacre, ahora tecnificada y digitalizada, no se detiene y Gaza nos muestra, otra vez, que las “soluciones finales” persisten en la historia y las víctimas de ayer pueden ser los victimarios de hoy.

No hay progreso ético en la historia del mundo. Mundo e inmundicia tienen la misma etimología. Ni el Gulag, ni Auschwitz, ni Guernica, ni Hiroshima, ni Villa Grimaldi, ni La Escuela de Mecánica de la Armada, ni Sabra y Chatila, ni… por citar sólo unos pocos casos en una cronología de las matanzas recientes, fueron el final de un período negro. No fueron excepciones en la larga marcha de la humanidad desde un pasado malo hacia un futuro bueno.

La historia está sembrada de cadáveres de optimistas y buenistas que creyeron en eso. Otra vez, como siempre, "cae ceniza, cae hierro y piedra y muerte y llanto y llamas", escribía Pablo Neruda en su “España en el Corazón”, señalando la llegada de la bestia fascista.

Gaza es lo que nadie ve después de tanto mirarlo. El mal se hace transparente e inocuo en las pantallas mediáticas del totum revolutum y en el simulacro del espectáculo. Todo vale porque nada vale y viceversa. La sangre no se huele en las pantallas de la estupidez informatizada, ni se oyen los gritos de una amputación sin anestesia en un hospital bombardeado.

Mientras tanto los escombros, los heridos y muertos se acumulan en las calles de Gaza, la cárcel masiva que su verdugo, después de la limpieza étnica, después de los colonos, después del apartheid, después de las detenciones administrativas, después de las retóricas “condenas internacionales”, ha destruido a vista y paciencia de todos. "Y una mañana todo estaba ardiendo y una mañana las hogueras salían de la tierra, devorando seres y desde entonces fuego, pólvora desde entonces y desde entonces sangre. Venid a ver la sangre por las calles, venid a ver la sangre por las calles".

La razón de Estado, esta vez teocrático, militarizado y falsamente democrático, triunfa sobre la misericordia, la conmiseración y la bondad. Todo es crueldad revestida de destino manifiesto, de libros sagrados y argumentos arcaicos, de delirios y fantasías mesiánicas por parte de aquellos "seres del exterminio, los devoradores, que llegaron a tu arena terrenal".

El horror en Gaza y en toda Palestina no empezó con la reciente ofensiva, inútil y asimétrica, de Hamás. Comenzó mucho antes, comenzó con la idea falsa de un pueblo sin territorio que llegaba a un territorio sin pueblo, comenzó con la destrucción de aldeas, con el esfuerzo sistemático de borrar una cultura, con las deportaciones, con la construcción de “la cárcel más grande de la Tierra”, hechos que tan detalladamente han documentado historiadores israelíes valientes como Ilan Pape. Comenzó con la idea de superioridad, punto de partida de cualquier genocidio.

Vemos ahora Gaza como veían los ciudadanos alemanes pasar los trenes repletos de prisioneros hacia los campos de exterminio, es decir, sin hacer nada. Ni el humo de las chimeneas ni el olor de cuerpos quemados hizo que la cotidianeidad de entonces cambiara su curso. Lo mismo sucede ahora. El sadismo mecanizado de entonces es el mismo sadismo digitalizado de estos días.

La normalización del horror y la amnesia colectiva son unas de las mayores enfermedades éticas de la especie humana. En los bares de Tel Aviv y en los bares de todo el mundo se bebe y se festeja la llegada del nuevo año mientras las bombas no dejan de caer sobre la infancia aterrada.

Gaza la visible, Gaza la invisible, Gaza palestina, Gaza universal, Gaza sacrificada, Gaza heroica donde de cada niño muerto sale un fusil con ojos. ¿Se puede no sufrir por Gaza? ¿Se puede no sufrir con Gaza? "Yo no me olvido de vuestras desgracias, conozco vuestros hijos, y si estoy orgulloso de sus muertes, estoy también orgulloso de sus vidas". El "galope de bestias" continua entre "tanta tumba y tanto martirio". Y nuestra palabra, sobre las ruinas de Gaza, se hace impotente y, a la vez, necesaria.