sexta-feira, 1 de abril de 2022

Paulo Freire é homenageado com livro publicado em Portugal


Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

Nesta primeira semana de abril foi lançado no Portugal o livro-homenagem do grande educador brasileiro titulado Paulo Freire Centenário: Um educador no mundo. O livro é uma coletânea de artigos publicados por Freire no Chile e em Portugal, os quais foram organizados pelas professoras Adelaide Gonçalves e Débora Dias, junto com o autor desta coluna. Tal como se adverte na apresentação do mesmo: “Este é um livro de Paulo Freire, com a presença e a palavra do educador em entrevista, em debate e em escritos autobiográficos. É a reflexão e a memória de Paulo Freire por ele mesmo, uma memória que nunca foi em primeira pessoa, que se faz no plural mesmo quando diz de si, mesmo quando expõe sua sensibilidade e os modos como foi realizando sua leitura do mundo”.

Este livro-homenagem a Paulo Freire, lembra o seu centenário com a publicação de textos inéditos em Portugal, juntando escritos autobiográficos, debates e entrevistas. Freire tornou-se num educador do mundo e no mundo pela ampla difusão de suas ideias filosóficas, de seu método pedagógico e de sua ação, primeiro no Brasil, depois no Chile, seguindo para países da América Latina, Estados Unidos, Europa, Ásia e Oceania.

Em relevo estão momentos-chave da trajetória de Paulo Freire e o itinerário internacionalista de um pensamento cuja recepção por largos anos foi marcada pelo interdito, pela censura, por uma circulação clandestina e pelo exílio. No referido livro Paulo Freire conta suas experiências no âmbito da pedagogia e alfabetização de adultos em vários países do mundo, especialmente no Brasil, Chile, Guiné-Bissau, São Tomé e Príncipe, Angola e Cabo Verde.

Também reúne entrevistas e conferencias ditadas no Chile e Portugal, em que se apresentam suas ideias filosóficas e seu método de ensino que atualmente é aplicado a escala global. Dito método que foi sendo elaborado já nos anos cinquenta, superava o dualismo professor/aluno para construir em conjunto o processo da aprendizagem relevando o conhecimento e a realidade presente nos diversos sujeitos participantes nessa ação pedagógica.

Em muitos dos seus estudos, argumentava -a partir da leitura dialética realizada do ensaio de Frantz Fanon Os condenados da terra - que a opressão desumaniza tanto aos oprimidos como aos opressores e que as luchas emancipatorias daqueles que se encontram numa condição de subordinação são, em última instancia, uma tarefa que implica a libertação simultánea de si mesmos e de seus opressores. Em síntese, Paulo Freire entregou-se por inteiro a uma causa e a um projeto humanista e pedagógico, em que gerações seguiram aprendendo e pelo qual sempre será lembrado com admiração e respeito

O livro pode ser encomendado aqui: https://bit.ly/3lYucM0


quinta-feira, 24 de março de 2022

La paradoja de un desgobierno devastador


Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

La catastrófica gestión del gobierno Bolsonaro se podría caracterizar por una preocupante paradoja: por una parte, se presenta como una administración incompetente y el Jefe de Estado emerge como una figura totalmente dispensable para dirigir los rumbos del país. De manera aparentemente contradictoria, nunca antes un mandatario había efectuado un daño tan devastador y un desmonte tan feroz de las políticas públicas y las estructuras del Estado brasileño.

En este último caso, la administración de Bolsonaro se podría caracterizar como un desgobierno o un anti-gobierno en la medida que se ha dedicado sistemáticamente a destruir todo aquello que Brasil había venido implementando en términos de políticas públicas en educación, salud, vivienda, medioambiente, transporte, previsión, Derechos Humanos y seguridad, entre otros. Muchos de sus ministros han sido emblemáticos de la desfachatez y la incapacidad de conducir su respectiva cartera.

El daño causado, por ejemplo, en un sector tan sensible y fundamental como educación es incalculable. Hasta la fecha, ya se han rotado cuatro ministros en el puesto y el actual secretario Milton Ribeiro, un pastor evangélico, se encuentra amenazado de ser exonerado, precisamente por haber favorecido a otros dos pastores con recursos para aumentar su influencia local. Estos dos religiosos actuaban como asesores informales del ministro e intermediaban reuniones con gestores municipales para la obtención de recursos a cambio de “propinas” por cada proyecto adjudicado. En una grabación difundida por el diario Folha de Sao Paulo, el ministro también llega a comprometer los recursos de su Ministerio para la construcción de iglesias en algunos municipios donde existen pastores pertenecientes a su iglesia, la Presbiteriana.

El Ministerio de Educación se ha caracterizado por escándalos desde que asumió el presente gobierno en 2019. Por ejemplo, el segundo ministro escogido por Bolsonaro, Abraham Weintraub, emprendió una verdadera cruzada contra la globalización porque, según su opinión, ella formaba parte de una estrategia de dominación del marxismo cultural. Después de insultar a los miembros del Supremo Tribunal de Justicia (los llamó de vagabundos en una reunión de gabinete), el ministro terraplanista acabó completamente aislado y despreciado por los funcionarios de carrera de su propio ministerio.

Podríamos seguir describiendo el desmonte en diversos sectores, como lo que ha sucedido con el boicot a los programas de vacunación que acumulaban una experiencia exitosa de hace décadas y que en este gobierno retardó intencionalmente la aplicación de inmunizantes contra el Covid-19, el cual ya ha cobrado la vida de más de 658 mil personas. Por lo mismo, existe una campaña sostenida en defensa del Sistema Único de Salud (SUS), garantizado por la Constitución de 1988 y una de las mayores conquistas de la población desde la redemocratización del país. La extinción de los programas de control de los principales ecosistemas del país, es otro caso emblemático de las acciones de desconstrucción de las políticas públicas en la esfera medioambiental. Cuestionando la información del organismo encargado de monitorear la región amazónica, que detectó un aumento significativo de la superficie de quemadas y devastación de la floresta, el presidente y su ministro de medioambiente no encontraron mejor solución que cambiar a los científicos encargados de administrarlo. Lo mismo ha sucedido con los programas de vivienda, de combate al hambre y la pobreza, de transporte y movilidad urbana, de financiamiento de la cultura y el arte, de protección del patrimonio histórico y un largo etcétera.

Tal como lo señaló Bolsonaro en su discurso inaugural, su primera tarea sería destruir todo lo que –según él- habían realizado los gobiernos de izquierda. En eso el ex capitán se ha mostrado un eficiente ejecutor en la devastación de las políticas públicas, de la acción política y de las instituciones de la República. El país se mantiene precariamente funcionando debido o ayudado por cierta inercia del aparato gubernamental que no ha sido del todo demolido y a la acción de los contrapesos del sistema político que pueden operar en ciertas ocasiones, especialmente en el caso del Supremo Tribunal Federal y del Ministerio Público. Ya el poder legislativo se encuentra cooptado por las prácticas fisiologistas articuladas por los partidos del llamado “Centrao”, configurándose aquello que tiene de peor el sistema político brasileño, o sea, un modelo que se sustenta por un clientelismo grosero y nefasto.

Si por un lado Bolsonaro es el paladín de la destrucción, por otra parte, se distingue como un gobernante sin cualidades, inculto e irrelevante. Su viaje a Rusia pocos días antes de la invasión a Ucrania tuvo escasa importancia para alterar el curso del conflicto que estaba por desatarse. Adulado por sus fervientes seguidores como el enviado de la paz, pasó completamente desapercibido para la geopolítica mundial, confirmando una vez más la completa intrascendencia que posee actualmente Brasil en materia de relaciones internacionales (La desastrosa geopolítica del gobierno Bolsonaro).

Aunque Bolsonaro puede presionar a la clase política a través de favores para el financiamiento de proyectos y enmiendas parlamentarias, en el plano interno sus opiniones son consideradas bizarras, groseras o anecdóticas, recibiendo en varias ocasiones el apodo de “bufón de la corte”. Por eso no deja de ser una paradoja el hecho de que un presidente tan limitado y carente de calificaciones, mantenga todavía un apoyo incondicional por parte de un cuarto de la población. Este respaldo a su gestión puede parecer débil, pero es ciertamente relevante si pensamos en todo el daño que viene realizando su gobierno en estos poco más de 3 años de mandato.

Contrariamente a lo que se podría esperar, parece haber un desfase entre los desastres cometidos por su administración y la aprobación que aún mantiene por una parte de los electores: economía en recesión, inflación disparada, carestía, desempleo, hambre y miseria, millares de familias viviendo en las calles, creciente criminalidad, violencia e inseguridad ciudadana, son algunos de los problemas que se han agudizado en este periodo. Sin embargo, las movilizaciones se han paralizado hace meses y existe una especie de letargo de los movimientos populares y de las organizaciones sociales. Quizás esta pasividad sea alterada por la contienda electoral que se avecina, pues solo faltan seis meses para que los brasileños y brasileñas escojan un nuevo presidente y un nuevo Congreso Nacional. Con todos los riesgos y amenazas que se vislumbran en este futuro escenario, las elecciones representan una inmejorable oportunidad para destrabar los nudos de este proceso sociopolítico y desenmascarar definitivamente las maniobras y atrocidades del actual desgobierno.

sábado, 26 de fevereiro de 2022

El socialismo es para la humanidad


Adam J. Sacks
Jacobin América Latina

El objetivo final del socialismo es tan simple como hermoso: la liberación de todas las personas de la dominación, sustituyendo los sueños atrofiados y la alienación por el florecimiento humano y la creatividad.

Marx tenía un ojo agudo para el corazón en un mundo sin corazón. Desde muy joven se preocupó por la forma en que el capitalismo sumergía los «problemas humanos» en la lucha por la supervivencia material. Esperaba que llegara el día en que estos se vieran más claramente, una vez se hubiera levantado el velo opresivo del capitalismo y se hubiera creado finalmente una «sociedad humana».

En un momento en el que los socialistas están llamados a explicar su política de nuevo, es importante recordar que el socialismo siempre ha sido, y sigue siendo, un movimiento humanista que busca liberar a las personas de la dominación y la explotación, promoviendo el florecimiento individual, la creatividad e incluso el enriquecimiento espiritual en lugar de los sueños atrofiados y la alienación.

Los socialistas han mantenido durante mucho tiempo estos objetivos. Cuando el socialismo surgió como movimiento de masas a finales del siglo XIX, no era raro oírlo anunciar como el mayor avance humanitario desde el Nuevo Testamento. El socialismo, pensaban sus seguidores, podía proporcionar la renovación de conciencia necesaria para salvar la sociedad.

A principios del siglo XX, el socialista alemán Leo Kestenberg adoptó el lema «educación para la humanidad« para una Europa que se enfrentaba a un diluvio de fascismo. Esperaba que la lucha por el socialismo pudiera servir de puente hacia un nuevo humanismo radical, una sociedad que premiara la bondad en lugar de la explotación. El llamado «Papa del marxismo», Karl Kautsky, invocó la noción de una «conciencia socialista» como medio para «salvar a la nación» (tenía a Estados Unidos en mente).

Varias décadas más tarde, en su discurso de investidura ante el Parlamento chileno, Salvador Allende habló en un tono igualmente arrebatado, describiendo el socialismo como una «misión» que podría infundir sentido al país:

¿Cómo puede el pueblo en general —y los jóvenes en particular— desarrollar un sentido de misión que le inspire una nueva alegría de vivir y le dé dignidad a su existencia? No hay otro camino que el de dedicarse a la realización de grandes tareas impersonales, como la de alcanzar una nueva etapa en la condición humana, hasta ahora degradada por su división en privilegiados y desposeídos (…) Aquí y ahora, en Chile y en América Latina, tenemos la posibilidad y el deber de liberar las energías creadoras, particularmente las de la juventud, en misiones que nos inspiran más que ninguna del pasado.

Aquí estaba el corazón de la filosofía marxiana: el impulso del sujeto humano, el esfuerzo inspirado hacia el crecimiento. Rosa Luxemburgo, la gran socialista polaco-alemana, lo encarnó en su propia forma de vivir, escribiendo a una camarada:

Ser un ser humano significa arrojar alegremente toda tu vida «en la gigantesca balanza del destino» si así debe ser, y al mismo tiempo alegrarse de la luminosidad de cada día y de la belleza de cada nube… el mundo es tan hermoso, con todos sus horrores, y sería aún más hermoso si no hubiera débiles ni cobardes en él.

Con demasiada frecuencia, los críticos han confundido el lado ético y humanista del socialismo como una variante del socialismo «utópico» contra el que Marx arremetió. Marx contrapuso sus escritos a los de pensadores cuya imaginación, como Charles Fourier y Robert Owen, los llevó al terreno del hiperidealismo, si no de los vuelos casi mágicos de la fantasía. Identificó su propia obra como «científica». Sin embargo, esta palabra en castellano no capta del todo el significado del original alemán wissenschaft. Este último término implica la búsqueda humana holística del conocimiento dentro de las «ciencias», tanto naturales como humanas; en la connotación en español, la palabra «ciencia» a menudo excluye las humanidades. Pero la crítica de Marx a las condiciones actuales estaba impregnada de un compromiso con la realización de la dignidad humana: deploraba las mercancías «sin alma» del capitalismo y sus implicaciones para el ser humano.

Quizás el mayor teórico del socialismo como una especie de metamoral humanista postsecular fue Jean Jaurès, conocido por su libro de 1911 Historia socialista de la Revolución Francesa. Jaurès estudió los discursos dominantes en la Francia de fin de siglo y los encontró terriblemente anquilosados. El nacionalismo era una estrategia reaccionaria que buscaba impedir deliberadamente el pensamiento de una esfera superior. La religión oficial era una fuerza nociva cuya tan cacareada caridad simplemente encubría una nueva forma de opresión. Y los espiritualismos en boga de la época —como la teosofía, que atraía a la gente lejos de la religión organizada hacia nuevos cultos postseculares— equivalían a misticismos diletantes, que mermaban el valor de la gente para enfrentarse a las luchas de la vida real. Solo el socialismo, sostenía Jaurès, podía emancipar la conciencia humana y restaurar el sentido de las infinitas posibilidades humanas.

Más adelante, en el siglo XX, una de las voces más fuertes a favor de un marxismo de la conciencia fue Isaac Deutscher, más conocido por sus biografías definitivas tanto de Stalin como de Trotsky. Deutscher, un judío gallego que se decantó por el Partido Comunista Polaco en lugar de por el Bund, estaba en una posición única para observar tanto los desencantos del poder socialista de Estado en el Este como el pesimismo de la Nueva Izquierda en Occidente. Volvería una y otra vez a esa subjetividad humana fundamental en el corazón del marxismo. Deutscher observó que esta subjetividad humana, que ya existe dentro de cada uno de nosotros como potencial, está distorsionada, aplastada y anquilosada por el capitalismo. Reduce literalmente nuestra personalidad, lo que es perjudicial para nuestro bienestar social tanto como para nuestro sustento económico. La promesa del socialismo, para Deutscher, consistía en la expansión y reintegración de nuestra personalidad, en el redescubrimiento de partes de nosotros mismos que se habían perdido.

Tras el colapso de la Unión Soviética, una voz crítica para la esperanza humanista socialista fue la física cubana Celia Hart. Hija de la generación fundadora de revolucionarios, Hart murió trágicamente joven en un accidente de coche, pero no sin antes dar un nuevo impulso a lo que ella llamaba la «hermosa batalla». Crítica interna del socialismo de Estado cubano, defendió sin embargo el papel de los partidos políticos en la «mejora de la humanidad» y adoptó como lema una cita del poeta cubano José Martí: «la patria es la humanidad».

Pidió que se volviera a los orígenes del socialismo y se pronunció a favor de una especie de ecumenismo marxista: «necesitamos a todos los que dijeron una verdad a la humanidad». En estas tradiciones y figuras podemos ver un socialismo que ha buscado combatir no solo la escasez de bienes materiales, sino la escasez de valores inmateriales y humanistas como el respeto, la estima y la autorrealización. Los asuntos de la moral, la psique y el alma nunca han sido relegados a los márgenes, porque cada uno de ellos es integral para el libre crecimiento y florecimiento del sujeto humano.

«Espiritual, no religioso» es un tópico de nuestros días; en esta tradición, podríamos sustituirlo por el lema «socialista, no religioso», y plantear una aspiración diferente: no el fin de la historia humana, sino su verdadero comienzo.

sexta-feira, 18 de fevereiro de 2022

La desastrosa geopolítica del gobierno Bolsonaro


Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

El reciente viaje del ex capitán a Rusia y Hungría en momentos en que la primera nación se encuentra sumergida en una crisis de grandes proporciones con su vecina Ucrania, no hace más que confirmar los recurrentes errores cometidos por su política exterior en estos tres años de mandato. Primero fue Ernesto Araujo, el canciller terraplanista que prácticamente expulsó por la borda toda la experiencia diplomática de los ministros de Itamaraty en muchas décadas.

Coincidiendo con su gurú Olavo de Carvalho, el ex ministro Araujo llegó a declarar, entre otras afirmaciones bizarras, que la globalización era un invento del marxismo cultural o que la pandemia del Coronavirus era una maniobra de la China Comunista para dominar el mundo.

En esta ocasión, el actual ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Franca, calificó los encuentros con sus pares como una visita regular programada desde hace un tiempo y que no tiene relación con el apoyo de Brasil a las intenciones de Rusia de mantener una zona de seguridad en su frontera con Ucrania y de paso alejar su país de la amenaza de los misiles emplazados por la Otán a través de casi toda su frontera.

Para no volver de inmediato desde el viejo continente, Bolsonaro también visitó al único líder europeo que estuvo dispuesto a recibirlo, el primer ministro de extrema derecha de Hungría, Viktor Orban. En una reunión insustancial, ambos representantes de la ultraderecha mundial intercambiaron elogios y el ex capitán lo llamo de “mi hermano dadas las afinidades que significa compartir valores que pueden ser resumidos en cuatro palabras: Dios, patria, familia y libertad”. Esta es una declaración calcada de los panegíricos fascistas en la Italia de los años 20 y, posteriormente, en la década de los treinta por las dictaduras de Franco en España y Salazar en Portugal.

Con Orbán concordaron en sancionar leyes más severas contra los migrantes y restricciones a los derechos de los grupos LGBTQIA+ por considerarlos una amenaza a la niñez y a la familia tradicional. Nada más apropiado para un encuentro que busca reforzar y articular las fuerzas de la ultraderecha esparcidas en algunos rincones del planeta.

Con esta travesía el ex capitán pretende obtener dividendos políticos y aparecer frente a sus futuros electores como un estadista preocupado por los problemas y la paz mundial, emergiendo como un protagonista en la escena de negociaciones multilaterales y como un mediador en conflictos entre países de los cuales no tiene el mínimo conocimiento. En suelo patrio, sus acólitos siguen difundiendo imágenes de un Jesús que le dice a Bolsonaro “Va e impida la guerra, Jair”, en una patética demostración de fanatismo y delirio.

Sin embargo, como siempre, el inquilino del Palacio do Planalto no pasa de un charlatán tratando de alimentar la delirante narrativa de sus seguidores, que lo han erigido como un emisario de Dios para la construir la concordia entre las naciones. En las entrevistas concedidas, el presidente mitómano volvió a insistir en una idea maliciosa que busca arrogarse el éxito de sus gestiones por la paz a una eventual retirada de las tropas rusas de la frontera con Ucrania, aunque hasta el momento dicha crisis no está del todo superada.

Pero lo cierto es que Bolsonaro se encuentra cada vez más aislado, transformado prácticamente en un paria en la comunidad internacional por sus innumerables ataques a los derechos humanos, sus gestos autoritarios, su política devastadora con el medioambiente y su negacionismo obtuso con relación al impacto de la pandemia. De hecho, en estos momentos Brasil se encuentra frente a una nueva oleada de contagiados con un crecimiento acelerado del número de fallecidos, llegando a superar los 640 mil decesos por causa del Covid19. Según la organización Médicos Sin Fronteras, el enfrentamiento de la pandemia del gobierno Bolsonaro ha sido el peor conocido entre todos los países.

Siendo un admirador declarado de Donald Trump, las relaciones con el actual presidente norteamericano Joe Biden son pésimas, comprometiendo aún más la tradición de racionalidad de la política exterior brasileña para pasar a constituirse en un tipo de disputa personal caracterizada por su desastroso desempeño para los intereses del país, generando disputas y enfrentamientos innecesarios con naciones que han mantenido estrechas relaciones económicas, comerciales y culturales con Brasil a lo largo de su historia.

En América Latina el ex capitán cuenta con escaso apoyo en la región, ni siquiera captando la adhesión de mandatarios que se pueden ubicar dentro del espectro conservador como Sebastián Piñera en Chile, Iván Duque en Colombia o Luis Lacalle Pou en Uruguay.

Hace 16 años se formalizó la creación de un bloque entre las economías emergentes que se denomina BRICS, del cual Brasil es integrante. Esta iniciativa fue construida con una relevante participación de Lula y los posteriores gobiernos del PT, que vieron en el bloque una alternativa geopolítica a la hegemonía de Estados Unidos y la Unión Europea en la definición del llamado “nuevo orden mundial”. En ese sentido, su objetivo principal es favorecer la creación de mundo institucional multipolar que a través de la cooperación horizontal supere las estrategias de dominación de los países industrializados que han ejercido un papel hegemónico en las relaciones internacionales.

Por su postura pasiva con relación al bloque, hasta ahora el gobierno Bolsonaro había sido prácticamente ignorado por los otros miembros del bloque, pero la coyuntura beligerante existente entre Rusia y Ucrania/USA/Otán posibilitó la formación de un acercamiento entre Putin y Bolsonaro, hasta el año pasado un sumiso e incondicional servidor de los caprichos de Trump.

Además, la política exterior de Brasil ha indicado un alineamiento casi exclusivo con sus pares de la extrema derecha mundial (Orbán en Hungría, Endogan en Turquía, Abascal en España, Von Storch en Alemania, Dupont-Aignan en Francia o Kast en Chile), comprometiendo seriamente el papel que antes había desempeñado la diplomacia brasileña en los asuntos internacionales. La declaración conjunta de ex cancilleres denunciaba hace poco que toda la credibilidad y el prestigio de Brasil en el ámbito diplomático se ha comprometido seriamente, siendo visto ahora como un país anecdótico e irrelevante. Para ello -dicen los ex ministros- es urgente rescatar la política exterior brasileña respetando “los principios constitucionales, la racionalidad, el pragmatismo, el sentido de equilibrio, la moderación y el realismo constructivo que ha caracterizado dicha política desde hace muchas décadas”.

Son años demasiado sombríos para la política externa brasileña. Sin perspectiva estratégica e influido por tesis conspiratorias de diversa índole, el desastre causado por los alucinados bolsonaristas resulta incalculable para las pretensiones históricas de la cancillería que deseaba transformar a esta nación en una referencia en el ámbito diplomático.

quarta-feira, 9 de fevereiro de 2022

La vivienda no puede estar sometida a la lógica financiera


Camila Parodi
Jacobin América Latina

Raquel Rolnik es una arquitecta y urbanista brasileña. Lleva más de cuarenta años como investigadora en la academia pero también como activista por los derechos humanos en la participación de políticas de planeamiento, urbanismo y el problema de la vivienda. A su vez, ha sido impulsora de las políticas de vivienda popular, urbanismo y desarrollo local en el marco del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) encabezado por el expresidente Lula Da Silva. Entre 2003 y 2007 fue Secretaria nacional de los Programas urbanos del ministerio brasileño de las Ciudades.

En mayo de 2008, en plena crisis financiera hipotecaria, el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU la nombró Relatora Especial de las Naciones Unidas en lo que respecta a vivienda durante seis años. En ese rol, la investigadora evaluó y acompañó las denuncias de violaciones de Derechos Humanos en materia de vivienda.

Recientemente se realizó el lanzamiento en Argentina de su último libro La guerra de los lugares: La colonización de la tierra y la vivienda en la era de las finanzas, coeditado por la Editorial El Colectivo y Lom Ediciones con apoyo de la Oficina Cono Sur de la Fundación Rosa Luxemburgo. Desde Jacobin América Latina pudimos conversar con Rolnik en torno a la producción de la ciudad en el actual contexto y las posibles alternativas populares que responden a la financiarización del derecho a la vivienda.

Tu último libro, La guerra de los lugares, recientemente publicado en la Argentina, resulta un material imprescindible para repensar la ciudad y entenderla en el entramado de relaciones de poder. Allí hablas de la colonialidad del poder y de cómo impacta a través de las finanzas globales ¿Por qué es importante hablar del poder colonial hoy?

Toda la trayectoria del libro La guerra de los lugares ha salido de mi experiencia como Relatora Especial para el derecho a la vivienda adecuada para el Concejo Derecho Humanos de Naciones Unidas (ONU) a partir de 2008 que, justamente, coincidió con la crisis financiera hipotecaria. Entonces, al intentar investigar las razones y los orígenes de la crisis financiera hipotecaria, mientras hacía mi trabajo de relatora, recorriendo distintos países del planeta, me di cuenta de que estábamos ante de un proceso global, por encima de todos los procesos particulares y sus territorios.

Ahí lo tomé como una metáfora —que al final no era tanto— como una ocupación territorial del espacio construido por las finanzas. De tal manera que estamos hablando de un nuevo poder colonial ¿Por qué la idea de colonialidad es importante para intentar avanzar en nuestra comprensión de ese fenómeno? Porque estamos hablando de una triple ocupación: material, política y cultural. Se trata de una ocupación material, porque todas las partes del territorio del planeta son capturadas por una lógica de ocupación y de gestión del lugar instaurada a través de regímenes privados de control territorial con el objetivo de generar interés para el capital invertido.

Pero es también una ocupación política, porque, por ejemplo, en Brasil, cada vez que se discuten políticas públicas nacionales se anuncia en los medios: «El mercado está nervioso». Pero, ¿Qué es que el mercado «se ponga nervioso»? Es el mercado financiero. Hay algo más allá, que es abstracto, que no tiene vínculos con los territorios pero que se superpone sobre las dinámicas existentes, las controla y somete políticamente. Porque, por los «nervios» del mercado, caen presidentes, primeros ministros, coaliciones políticas, entonces es una ocupación política también.

Y finalmente, siguiendo con la metáfora de la colonialidad, esta también es una ocupación cultural. Es una imposición de ciertas maneras de organizar espacio de nuevo, si tomamos un ejemplo como los centros comerciales los shoppings centers, qué son sino una nueva manera de organizar sociabilidad y también ligadas a procesos de consumo. La imposición cultural de una manera de vivir, de una manera de existir, de estar en el planeta. La idea de colonialidad va mucho más allá de la idea del colonialismo, como algo que estuvo en el pasado. Estamos hablando de una renovación del concepto y de la presencia colonial en el planeta.

En el libro, también, mencionas que el alquiler es «la nueva frontera de financiarización de la vivienda». ¿Qué lugar ocupa el mecanismo de alquiler en el sistema financiero y cuáles deberían ser las respuestas de los gobiernos?

Es muy interesante mirarlo desde el proceso de acumulación y financiación de la vivienda. Lo que hemos podido observar en el ciclo anterior, que ha llevado hasta la crisis financiera hipotecaria, fue la promoción de la vivienda en propiedad como algo nuevo. Porque, si bien en algunos países de la socialdemocracia donde las luchas históricas de las y los trabajadores habían construido la idea de vivienda como un campo de inversión en vivienda social como una realidad, en muchos otros países fue una ilusión, como en el caso de América Latina. Pero, incluso como ilusión, también ahí estaba este cambio de que la vivienda no es un derecho social, no es parte de una política de bienestar —ya sea como realidad o como ilusión— para convertirse en una mercancía, en un activo financiero, y así han sido promovidas políticas muy amplias de inducción a la promoción de vivienda y propiedad vía crédito inmobiliario e hipotecario en todo el mundo, incluso movilizando mucho subsidio público en estas operaciones.

Las vivienda pasó a ser como un elemento de pasaje del circuito financiero, de los excedentes financieros para poder lograr interés y la vivienda. Entonces se convirtió en un activo y fue promovido también culturalmente, de tal manera que a partir de la vivienda como garantía se puede endeudar y financiar el consumo pero también financiar derechos. Es decir, financiar la educación paga, la salud privada y también como parte de la inversión de los sistemas privados de pensión, o sea, poner todo esto en un circuito permanente de valorización financiera y endeudamiento.

¿Y cuál fue el resultado?

El resultado de este primer ciclo fue una concentración enorme de lucros en gestores financieros y un ciclo de desposesión con la pérdida del valor, con la quiebra de constructoras, con ejecuciones hipotecarias. Estoy hablando mucho del proceso norteamericano. Pero después de este ciclo, el mismo modelo de promoción de vivienda y propiedad vía crédito inmobiliario también ha sido aplicado en la periferia del capitalismo. Esto lo vemos claramente a partir del modelo chileno, que luego se difundió en América Latina, en África, en varias partes de la periferia del capitalismo.

Claro que ni siquiera en la periferia del capitalismo de Europa y Estados Unidos han logrado acabar con el problema de la vivienda o el hecho de que mucha gente no tiene donde vivir o no tiene condiciones de pagar donde vivir y, por lo tanto, hay una nueva ola por todo lo que significó la emergencia habitacional en países del centro del capitalismo, toda una nueva ola de inversión la vivienda en esta segunda ola de alquiler.

El alquiler como un nuevo frente de financiarización de la vivienda, los mismos agentes financieros, gestores de finanzas globales que han sido involucrados en la promoción de la vivienda en propiedad, ahora se han convertido en señoríos, propietarios, corporativos de miles de viviendas de alquiler. Y ahora, en términos de política pública otra vez existe una promoción masiva en todas partes del mundo de la idea de que «hay que tener un sector profesional, corporativo de alquiler». Un poco con esto, abriendo el campo —que es exactamente lo que los Estados hacen— para esta nueva fuente financiera.

A su vez, fenómenos como el Airbnb, plataformas digitales de movilización del espacio construido junto con la privatización y venta de los estoques de vivienda que estaban con los bancos por las ejecuciones hipotecarias para gestores financieros. Todo este proceso también ha transformado al alquiler como un nuevo frente de finalización de la vivienda trabajando ahora mucho más con la idea de extraer el interés y rentabilidad del tiempo más que del espacio. El tiempo de permanencia en la vivienda también se convierte en unidad de extracción de valor y avanza aún más hacia una nueva forma de explotación de plusvalías. Por ejemplo, en Airbnb, la gente misma pone su trabajo y su tiempo para que las plataformas digitales puedan extraer esas plusvalías.



En el libro mencionas a las personas «sin lugar». En el contexto brasilero, el «sin techo» de hoy es el «sin tierra» de los años 80, lo que nos habla de una continuidad de la lógica de exclusión y marginación pero también de la permanente extracción de renta sobre el suelo rural y urbano ¿Cuáles son las experiencias de resistencia de las personas «sin lugar» hoy? Y, particularmente, ¿Cuál es el rol de las mujeres?

Todo este proceso activa la lucha en torno a la vivienda. Es un proceso que genera un nuevo grupo o un nuevo segmento de desposeídos y desposeídas. En el tema de la vivienda hay una presencia femenina importante, no solamente en el proceso de endeudamiento sino también en el proceso de desposesión como en la organización y la lucha por la vivienda. Entonces hay toda una nueva generación de organización y luchas en torno a la vivienda en distintas partes del mundo. Organizaciones de afectados por las hipotecas y ejecuciones hipotecarias, sindicatos de inquilinas e inquilinos, organizaciones de inquilinos, movimientos en torno al congelamiento de alquileres, a la denuncia de los alquileres abusivos, hacia una regulación. Por ejemplo, en Brasil, hay una nueva ola de ocupaciones de viviendas en las periferias pero también en áreas céntricas; San Pablo es un ejemplo muy fuerte de esta nueva ola.

Desde que la vivienda se ha transformado en un campo de aplicación financiera para las finanzas globales, la presión especulativa sobre los precios es mucho mayor, porque estamos hablando de una masa inmensa de capital financiero global que está buscando donde invertir. Hay nuevos instrumentos financieros que conectan el espacio construido con las finanzas y sus dinámicas de circulación, títulos financieros que conectan y permiten una entrada salida de los capitales. Es así que la pobre gente tiene que competir con sus ingresos bajos por la localización con este capital que está listo para entrar e invertir y con una expectativa de remuneración a mediano y largo plazo, no inmediata. Como es un activo financiero, ni siquiera es necesario que sea utilizado, entonces podemos hablar de una especie de «boom de precios inmobiliarios» que se mantiene incluso durante periodos de crisis que se conforma de manera más amplia y global.

De manera que se conforma una agenda de organización y lucha muy importante. En algunos países ya no se veían luchas en torno a la vivienda, y ahora esto renace. En países como Brasil y Argentina las luchas por la vivienda siempre han sido importantes y continúan de una manera aún más intensa.

Hablando de Brasil, este año se realizan las elecciones presidenciales. ¿Qué nos podrías decir del actual contexto y qué se juega para vos en 2022 en clave de derecho a la vivienda?

Durante la era de Lula, con el gobierno del PT, Brasil conoció una financiación de la vivienda por la promoción de vivienda vía crédito hipotecario masivamente, pero que tenía también uno de los componentes pequeños de la posibilidad de crédito a entidades por autogestión. También se construyeron viviendas por el mercado con un subsidio muy alto del presupuesto público, lo que se conoció como el programa «Mi casa, mi vida», que ha producido viviendas en la ciudad y en las afueras que efectivamente no ha logrado (por el modelo mismo, por una falla de su aplicación) garantizar la calidad de vivienda para la gente.

Pero lo que pasó después del golpe contra Dilma fue la interrupción total de los programas de vivienda. Todo el subsidio que estaba movilizado en el programa «Mi casa, mi vida» se terminó. Estamos atravesando una de las crisis más serias de vivienda que hemos visto en Brasil. La cantidad de población viviendo en la calle es algo absolutamente impresionante y en una escala como nunca había visto. La cantidad de nuevas ocupaciones también es muy grande en las periferias. Y no solo no existen políticas públicas a nivel federal del gobierno de Bolsonaro, tampoco hay a nivel estadual, municipal en las ciudades es como si nada.

En este contexto, también, creo que la lucha por la vivienda empieza a crecer. Una campaña muy importante que ha ganado mucho territorialmente en Brasil es la campaña «Cero desalojos» para impedir que la gente sea desalojada durante la pandemia. Es importante en términos de real articulación en torno a la vivienda con una cierta capacidad de aprobar algunas medidas de suspensión de desalojos que ha sido importante en algunos casos y que puso sobre la mesa el tema. Sin embargo, la decisión del Supremo Tribunal Federal donde se aprobó esta suspensión de los desalojos ya se termina en marzo.

Lo que tenemos es una situación muy complicada y creo que esto va a ser un tema importante en la campaña para las elecciones. También, el tema de las vivienda porque durante todo este periodo donde no hubo política, crecieron mucho las auto urbanizaciones y las ocupaciones de edificios, así que la lucha por la rehabilitación de los edificios ocupados, la lucha por la urbanización y consolidación de los asentamientos creo que va a ser una lucha muy importante.

Espero que haya una política importante de vivienda y que no volveremos a un programa como «Mi casa mi vida» porque creo que también esta es una discusión para todo lo que es reconstrucción poscrisis y pospandemia: un poco volver a lo que teníamos, la idea de que la vivienda y las políticas de vivienda históricamente han sido dibujadas por el sector de la industria, de la construcción civil y la industria financiera tiene que cambiar. Hay que insistir con que esto no puede ser, que las políticas de vivienda no pueden estar sometidas a la lógica financiera sino a la lógica de la necesidad de la gente y así generar políticas mucho más descentralizadas, de apoyo a las iniciativas populares vivienda, a las cooperativas que ya se organizaron, a las entidades y las experiencias de autogestión, que ya tenemos. Yo espero que tengamos un apoyo mucho mayor a estas propuestas y una visión mucho más crítica a lo que los programas de promoción masiva de vivienda en general en todas las partes del mundo incluso, no solamente, en Brasil.

Cómo planteas en tus trabajos, si miramos en clave global, existe actualmente un proceso de transformación que tiene que ver con la producción de la ciudad. Esto llevó a la reconfiguración del rol de los gobiernos locales y de los mecanismos de participación como así también la incorporación de organismos y leyes que atiendan la cuestión del hábitat. Sin embargo, muchas veces éstos se convierten únicamente en discursos, sin participación real. ¿Cuál es tu lectura sobre estos cambios institucionales?

Yo creo que la cuestión es definir el «locus de definición de la política pública». Especialmente en la política de vivienda, el locus de definición es la conversación con la industria de la construcción civil y la industria financiera y, por lo tanto, la pregunta central es cuántas nuevas viviendas podemos producir y cuánto crédito inmobiliario podemos poner. Esta es la pregunta central y no cuál es la necesidad de la gente. Cambiar totalmente el locus de definición implica hacer una lectura mucho más clara y desde abajo de las necesidades concretas de la vivienda.

También implica cortar el vínculo que hay entre las finanzas y las viviendas. Es imaginar maneras de organizar la vivienda que sean mucho menos susceptibles a la financiación. Por ejemplo, cooperativas, comicios colectivos, o sea, maneras colectivas y solidarias de organizar el vínculo con el territorio de tal manera que podemos ir generando espacios protegidos de la finalización espacios, reservados para la vida y no para la renta. Creo que esto es muy importante y que la política pública lo que tiene que hacer es apoyar estas iniciativas con recursos públicos, en vez de diseñar iniciativas que no dialogan con nadie.

quinta-feira, 23 de dezembro de 2021

Felices fiestas y un gran año 2022


 

Con la esperanza renovada en mejores días, les deseo a todas mis amigas y amigos unas excelentes navidades y un año 2022 lleno de alegrías, triunfos y realizaciones !! 

terça-feira, 21 de dezembro de 2021

Chile, el triunfo de la esperanza y los desafíos del futuro

 

Fernando de la Cuadra y Aglae Casanova
Socialismo y Democracia

Me siento heredero de una larga trayectoria histórica, la de quienes,
 desde diferentes posiciones, han buscado incansablemente la justicia social,
la ampliación de la democracia, la defensa de los Derechos Humanos, la protección de las libertades.

Gabriel Boric, Primer Discurso como Presidente Electo, 19/12/2021

Han sido días de mucha tensión y ansiedad, pero finalmente la ciudadanía puede celebrar hoy el contundente triunfo del candidato de una amplia coalición de izquierda (Apruebo Dignidad). Gabriel Boric, con cerca del 56 por ciento de los votos, derrotó al representante de los residuos de una cultura pinochetista, el candidato de la ultraderecha José Antonio Kast.

En un balotaje marcado por el aumento de la afluencia a las urnas con relación a la primera vuelta (55% contra 47%, respectivamente), el pueblo de Chile logró, no solo elegir al presidente más joven de su historia, sino que también, al presidente con la mayor cantidad de votos en la era republicana del país. Los chilenos, y especialmente, las y los jóvenes se movilizaron para detener el avance de la extrema derecha que irrumpió en el escenario político con una campaña llena de prejuicios y mentiras, tal como ya se ha visto en otros países. En contraposición a ello, la coalición ganadora, echó mano a la creatividad, al despliegue territorial y al trabajo mancomunado de miles de voluntarios que se movilizaron para detener el odio y hacer triunfar la esperanza. La noche de la victoria millares de personas se desplazaron hasta el centro de Santiago y de las principales ciudades del país para celebrar el éxito de un proyecto político y social que pretende realizar las transformaciones urgentes que requiere Chile para caminar hacia una patria justa y solidaria a la cual aspiran las grandes mayorías de la nación.

Es en parte la misma población que aprobó, contundentemente, la elaboración de una nueva constitución y que en mayo pasado escogió una Convención Constitucional que representa a los diversos grupos sociales, políticos, de género y etnias de Chile. La nueva Constitución que deberá someterse a un nuevo plebiscito (de salida) y, hacia la cual, ya se puede percibir la campaña de desprestigio que han emprendido los grupos más conservadores y retrógrados que desean continuar con la Carta Magna maquillada que se ha heredado de la dictadura cívico militar.

El Presidente electo Gabriel Boric, ya hizo la diferencia, en su compromiso de defender la Convención por la que él mismo luchó en las calles, reuniéndose con los convencionales encabezados por Elisa Loncón y Jaime Bassa, a sólo dos días del triunfo de su coalición, en contrapunto a lo que ha hecho Piñera y su gobierno en estos cinco meses y medio de funcionamiento de la entidad, la que vio dificultada su funcionamiento desde el primer día de su conformación, debido a que el gobierno no facilitó ni otorgó las condiciones más básicas y prácticas para su instalación y funcionamiento. El prolongado abrazo entre Boric y Loncón fue la imagen que marcó el día del encuentro, el que se caracterizó por la constructiva voluntad de un trabajo conjunto en pos del éxito de la Convención.

La derecha trató de instalar en los medios de comunicación y en las conversaciones cotidianas, la idea de que la sociedad chilena estaba polarizada, pero en realidad el único polo que existe hasta el momento es el de la ultraderecha, pues las fuerzas del cambio que apoyaron a Boric no representan a un polo de la ultraizquierda ni nada por el estilo. Es un proyecto que desea implementar mejores políticas públicas y sociales, más inclusivas y más universales.

Por cierto, los desafíos que deberá enfrentar el nuevo gobierno son enormes e, indudablemente, van a surgir muchos detractores, obstáculos y escollos por parte de los sectores empresariales que temen perder sus privilegios y, por supuesto, también vendrá el hostigamiento de una derecha ideológicamente pétrea ligada a la herencia pinochetista. Los cambios anunciados por el futuro presidente de ampliar la gratuidad en la educación, de expandir el sistema público de salud haciéndolo más universal, de transformar el sistema de pensiones a un modelo de reparto solidario y realizar la reforma tributaria, es decir, aumentar el impuesto a las megaempresas (mineras, forestales, agrícolas) y a las grandes fortunas para financiar estos cambios, son algunas de los principales materias sobre las cuales no existe un consenso nacional y que deberán ser debatidas en un Congreso bastante equilibrado o “empatado”, que posee una representación significativa de la derecha y de la extrema derecha.

Estas son algunas de las tareas pendientes que han dejado los sucesivos gobiernos desde la redemocratización del país, y especialmente de la propia Concertación, que aduciendo problemas de “correlación de fuerzas” no tuvo la voluntad política de emprender los cambios que la sociedad reclamaba con urgencia.

Pero Gabriel Boric ha ido más allá en sus propuestas de cambio, con un plan que refleja muchas de las demandas emanadas del estallido social ocurrido en octubre de 2019, cuando miles y miles de chilenos se dieron a las calles exigiendo no solo el fin del modelo neoliberal imperante, sino que también profundas transformaciones en temas como seguridad, zonas de sacrificio ambiental, conflicto en la Araucanía, entre muchos otros.

¿Una nueva oportunidad para la región?

La llegada de la coalición progresista como Apruebo Dignidad con Gabriel Boric a la cabeza, representa también una oportunidad para retomar los procesos de integración regional a partir de una mirada en clave progresista, superando el imperio exclusivo de los intercambios mercantiles entre las naciones del subcontinente. Temas como la crisis migratoria y la apertura de fronteras en un marco de respeto a los derechos de las personas, la abolición de la desigualdad de género, los problemas del narcotráfico y el comercio de armas, que asuma los desafíos para mitigar y revertir el cambio climático y la destrucción de los ecosistemas, el enfrentamiento de la pobreza y la exclusión, las respuesta a la pandemia y otras enfermedades catastróficas, el combate a grupos paramilitares de extrema derecha y las milicias urbanas, entre otros muchos temas, deben tener necesariamente una articulación hemisférica de largo plazo, que supere los acuerdos coyunturales según sea la orientación y conveniencia de gobiernos específicos para pasar a transformarse en políticas permanentes de los Estados que subscriben los respectivos acuerdos de cooperación y ayuda mutua.

Para Boric, “la justicia ambiental es también justicia social”, y considera que la sostenibilidad, la participación ciudadana y la defensa ambiental van de la mano con el desarrollo del país. En su primer discurso como presidente electo, hizo referencia directa a las zonas de sacrificio declarando un rotundo “No a Dominga”, uno de los proyectos más controversiales de la minería del hierro de Chile. Asimismo, se comprometió meses antes de las elecciones recientes a que, un eventual gobierno liderado por él, ratificaría y firmaría, durante los dos primeros meses de mandato, el primer acuerdo regional ambiental de América Latina y el Caribe, más conocido como acuerdo de Escazú, suscrito por la mayoría de los países de la región en 2018 que vincula, entre otros temas, derechos humanos y medio ambiente.

Probablemente el nuevo presidente intente reposicionar a Chile dentro de un nuevo ciclo progresista, estimulando la reconfiguración de acuerdos de integración regionales con ese sello, fortaleciendo el discurso crítico a las políticas neoliberales que han provocado el empobrecimiento y la exclusión de vastos sectores en Sudamérica y promoviendo alternativas con mayor énfasis en un desarrollo basado en el bienestar de las personas y no en el mero crecimiento del PIB, como ha sido la realidad hasta este momento.

Por otra parte, con la derrota del neofascista Kast, el proyecto retrógrado del Bolsonarismo pierde fuerza en Latinoamérica, generándose un “efecto demostración” virtuoso que podrá inaugurar un nuevo ciclo de gobiernos progresistas preocupados con el porvenir de sus pueblos y no con la imposición de políticas ultra liberales y depredadoras del ambiente sustentadas por regímenes con vocación autoritaria y regresivos en el ámbito moral, educativo y cultural. Ojalá que esta victoria de las fuerzas democráticas de izquierda en Chile sea la consolidación de un nuevo ciclo de transformaciones para América Latina.

quarta-feira, 8 de dezembro de 2021

Paulo Brondi: “Jair Messias Bolsonaro é a parte podre de um país adoecido.”


Paulo Brondi
Socialismo y Democracia

Bolsonaro é um cafajeste. Não há outro adjetivo que se lhe ajuste melhor. Cafajestes são também seus filhos, decrépitos e ignorantes. Cafajeste é também a maioria que o rodeia. Porém, não é só. E algo que se constata é pior. Fossem esses os únicos cafajestes, o problema seria menor. Mas, quantos outros cafajestes não há neste país que veem em Bolsonaro sua imagem e semelhança? Aquele tio idiota do churrasco, aquele vizinho pilantra, o amigo moralista e picareta, o companheiro de trabalho sem-vergonha… 

Bolsonaro, e não era segredo pra ninguém, reflete à perfeição aquele lado mequetrefe da sociedade. Sua eleição tirou do armário as criaturas mais escrotas, habitués do esgoto, que comumente rastejam às ocultas, longe dos olhos das gentes. Bolsonaro não é o criador, é tão apenas a criatura dessa escrotidão, que hoje representa não pela força, não pelo golpe, mas, pasmem, pelo voto direto.

Não é, portanto, um sátrapa, no sentido primeiro do termo. Em 2018 o embate final não foi entre dois lados da mesma moeda. Foi, sim, entre civilização e barbárie. A barbárie venceu. 57 milhões de brasileiros a colocaram na banqueta do poder. Elementar, pois, a lição de Marx, sempre atual: “não basta dizer que sua nação foi surpreendida. Não se perdoa a uma nação o momento de desatenção em que o primeiro aventureiro conseguiu violentá-la”.

Muitos se arrependeram, é verdade. No entanto, é mais verdadeiro que a grande maioria desse eleitorado ainda vibra a cada frase estúpida, cretina e vagabunda do imbecil-mor. Bolsonaro não é “avis rara” da canalhice. Como ele, há toneladas Brasil afora. A claque bolsonarista, à semelhança dos “dezembristas” de Luís Bonaparte, é aquela trupe de “lazzaroni”, muitos socialmente desajustados, aquela “coterie” que aplaude os vitupérios, as estultices do seu “mito”. Gente da elite, da classe média, do lumpemproletariado. Autodenominam-se “politicamente incorretos”. Nada. É só engenharia gramatical para “gourmetizar” o cretino.

Jair Messias é um “macho” de meia tigela. É frágil, quebradiço, fugidio. Nada tem em si de masculino. É um afetado inseguro de si próprio. E, como ele, há também outras toneladas por aí. O bolsonarismo reuniu diante de si um apanhado de fracassados, de marginais, de seres vazios de espírito, uma patuléia cuja existência carecia até então de algum significado útil. Uma gentalha ressentida, apodrecida, sem voz, que encontrou, agora, seu representante perfeito. O bolsonarismo ousou voar alto, mas o tombo poderá ser infinitamente mais doloroso, cedo ou tarde. Nem todo bolsonarista é canalha, mas todo canalha é bolsonarista. Jair Messias Bolsonaro é a parte podre de um país adoecido.

segunda-feira, 6 de dezembro de 2021

Um neoliberal fascista


Enzo Traverso/Rosane Pavam
Jacobin Brasil

Assim o historiador italiano Enzo Traverso definiu Jair Bolsonaro numa conversa com a Jacobin Brasil: um presidente em guerra contra os pobres, submisso ao capital financeiro internacional e que usa a mentira nas redes sociais como base política para retratar uma realidade paralela.

Aos 64 anos, o italiano Enzo Traverso é uma estrela em ascensão. Ele mora nos Estados Unidos, onde ensina história política e intelectual na Universidade de Cornell e, embora não se entenda midiático, é um autor cujos livros escritos de maneira direta instigam o pensamento no caminho da compreensão geopolítica e da ação crítica.

Historiador, Traverso não teme tocar nas feridas do presente. Ele constata um momento “pós-fascista” internacional, que seria caracterizado não exatamente pelo nacionalismo, marca de um fascismo antigo, mas pela submissão às leis financeiras internacionais. Mais que isso, o descompromisso com os fatos seria o fundamento de ação dos pós-fascistas, enquanto, para o fascismo clássico, imaginar um futuro grandioso embasava a ação política.

Suas palavras para o Brasil atual são aterradoras. Um presidente como Jair Bolsonaro, abertamente submisso ao capital financeiro e espelhado na ditadura civil-militar, seria, segundo Traverso, mais do que um pós-fascista, antes um neofascista liberal que exerceria um populismo personalista, trabalharia para a extinção do pobre e exerceria o racismo sem pudor, enquanto a extrema direita europeia, por comparação, ainda precisaria instigar o pavor ao Islã para implantar sua xenofobia.

A jornalista Rosane Pavam conversou com ele sobre o papel dos intelectuais hoje, o perigo e o poder das redes sociais e como o seu novo livro pode explicar o que vem acontecendo no Brasil.

Em seu livro As novas faces do fascismo: populismo e a extrema direita (editora Âyiné, 2021), você propõe intitular o momento presente de pós-fascista, já que a extrema direita assume o poder em alguns países sob novo formato, ainda em desenvolvimento. Mas chamá-lo de pós-fascista não diminuiria sua força?

A extrema direita é uma constelação muito variada e tem características distintas em diferentes países. Na Europa, distanciou-se do fascismo e sua ascensão depende em grande parte de sua capacidade de aparecer como uma alternativa – nacionalista, conservadora e xenófoba, mas ainda uma alternativa – às políticas neoliberais da União Europeia e do Banco Central europeu. Quando entra no governo, ela busca a mediação, mas seu perfil não é neoliberal. No Brasil, a situação é diferente: Bolsonaro afirma sua filiação à ditadura militar e sua política é abertamente neoliberal. No Brasil estamos diante de uma forma específica de neofascismo neoliberal ou neoliberalismo fascista.

O Brasil de Jair Bolsonaro de algum modo evocaria a Itália de Benito Mussolini?

O populismo, o estilo demagógico, os comportamentos transgressivos são típicos de uma certa retórica fascista. Sob muitos pontos de vista, Bolsonaro lembra Mussolini, mas esses são aspectos formais, externos. Mussolini não era um agente do capital financeiro, ele havia integrado o capitalismo em seu projeto de expansionismo militar, colonial, e lançou uma campanha contra a Liga das Nações que impôs sanções econômicas à Itália fascista após a guerra na Etiópia. Bolsonaro defende uma política neoliberal e uma guerra contra os pobres, se considerarmos suas políticas públicas em termos de saúde, educação e serviços sociais. Seu autoritarismo não é apenas nacionalista, mas abertamente fascista.

Nesta sociedade pós-fascista, as redes sociais têm feito usuários acreditarem em “verdades” que não passam de falsidades, às vezes muito evidentes. Como um absurdo desses pôde se estabelecer?

Em sua vigência, o fascismo fez “sonhar” e pintou um futuro mítico. Hoje, o pós-fascismo é incapaz de projetar a sociedade no futuro – seu imaginário não tem uma dimensão “prognóstica”. Mas ele inventa uma realidade paralela que espalha pela mídia, cria enredos e transfigura seus inimigos, pintando um retrato que absolutamente não corresponde à realidade. Existe uma continuidade entre Bolsonaro ou Trump e o fascismo? Sim, seu traço comum são as mentiras, eles não suportam a verdade.

Seria possível propor uma regulamentação das redes sociais para o bem do regime democrático? Sob quais condições?

A regulamentação das redes sociais é um assunto delicado. Por um lado, é necessário: as redes sociais devem estar sujeitas às mesmas leis que regulam a imprensa escrita e a televisão na maioria dos países democráticos; não se pode mentir impunemente, insultar os adversários, inventar tramas. A ética da discussão exige regras em um país livre. Por outro lado, se um poder autoritário regula as redes sociais, o risco é censurá-las, amordaçá-las, como ocorre na China. Acho que existem duas soluções: por um lado, deveria haver órgãos de controle independentes do governo ou da presidência, não sujeitos ao poder político; por outro lado, deveriam existir leis contra o monopólio das redes de televisão, porque elas constituem uma alternativa às informações controladas pelo poder financeiro e político.

Você afirma que o secularismo é o caminho percorrido pela extrema direita para exercer o racismo contra os povos islâmicos na Europa. E que, portanto, o exercício da blasfêmia deveria ser evitado em países seculares. Por que a liberdade de blasfemar não pode ser preservada?

Nunca propus leis contra a “blasfêmia” ou contra a sátira. Sempre considerei as caricaturas do jornal francês Charlie Hebdo islamofóbicas, sexistas e racistas, mas jamais propus censurá-las. A sátira política é indispensável em um país livre. O problema é fazer bom uso dela. Defender a liberdade de expressão significa defender o direito dos inimigos de se expressarem livremente. Caricaturas “blasfemas” são transgressivas e têm potencial crítico nos países muçulmanos, onde muitas vezes se veem censuradas e incomodam o poder. Nos países democráticos da União Europeia, as caricaturas contra a religião islâmica estigmatizam em muitos casos uma minoria, as classes populares, os imigrantes, os “diferentes”. Gostaria de estender o exemplo: a sátira contra o obscurantismo dos rabinos é divertida na imprensa israelense; na Alemanha nazista, ele apenas fez rir os antissemitas.

Você vê algum problema no crescimento das políticas identitárias?

Nada tenho contra as políticas identitárias se elas não forem concebidas como a reivindicação de identidades isoladas, separadas e incapazes de dialogar com os demais componentes da sociedade e as demais forças interessadas em uma transformação social e política. A solução não está na negação das identidades, mas na sua coexistência. O conceito de interseccionalidade permite que as identidades sejam articuladas em formas não hierárquicas, mas igualitárias, evitando que entrem em conflito. Identidades de gênero, classe e raça podem coexistir. Acredito que a noção de interseccionalidade é muito importante para um país grande como o Brasil, onde coexistem minorias e comunidades muito diferentes. Essa diversidade é sua riqueza.

Você se considera um intelectual midiático? Que problemas existem em trabalhar com a mídia atual?

Eu sou historiador e não estou muito na mídia de nenhum país. Certamente não sou um “intelectual midiático”. Mas acho que precisamos esclarecer o uso das palavras. O conceito de intelectual nasceu há mais de um século, na França, com o caso Dreyfus, e ao mesmo tempo em outros contextos linguísticos. Na época, os intelectuais eram uma elite, porque detinham o monopólio da expressão escrita, quando a grande maioria da população era excluída e a cultura era dominada pela imprensa. Régis Debray a define como a era da “grafosfera”, que terminou na década de 1960. Hoje, graças à universidade de massa, a cultura não é mais monopolizada por uma elite. Além disso, vivemos agora na esfera do vídeo, onde a cultura é dominada pela imagem. Posso dizer que sou um intelectual, porque meu trabalho é ler, escrever livros e artigos e ensinar, mas certamente não poderia dizer que integro uma elite. Isso seria bastante ridículo. Os “intelectuais midiáticos” geralmente não são intelectuais, não exercem nenhum espírito crítico, são agentes da indústria cultural e gerenciam a comunicação do poder.

Como pode um intelectual exercer livremente a crítica para sensibilizar a população sobre seus problemas? Depois de Jean-Paul Sartre, o intelectual ainda deve alertar essas consciências?

Não quero idealizar Sartre, uma figura que deve ser historicizada e cujas contradições não podem ser ignoradas. Mas acho que o intelectual ainda tem um papel a cumprir: ele deve falar a verdade, por mais incômoda que seja, criticar o poder, defender os fracos e não se preocupar com a própria popularidade. Se esse é o papel do intelectual, no Brasil de hoje o intelectual só pode ser antifascista, antirracista e anticapitalista.

terça-feira, 23 de novembro de 2021

Chile, entre el miedo y la esperanza

 

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

El viejo mundo se muere.
El nuevo tarda en aparecer.
Y en ese claroscuro surgen los monstruos.
Antonio Gramsci

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales que dan como ganador por estrecho margen al candidato de la ultraderecha, José Antonio Kast por sobre el postulante de una coalición de Izquierda, Gabriel Boric, expresa claramente el dilema al que se enfrentarán los chilenos en el balotaje o segunda vuelta electoral. Por una parte, tenemos un representante de una ultraderecha rabiosa y extemporánea que en su programa se propone eliminar el Ministerio de la Mujer, junto con atacar la “ideología de género” y derogar la Ley del aborto por 3 causales. Junto con ello, es contra el Matrimonio Igualitario, la Gratuidad Universitaria y la disolución de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP).

El programa de Kast plantea un indulto a criminales de la dictadura que se encuentran condenados por violaciones a los Derechos Humanos, algunos con más de 800 años de presidio por crímenes de lesa humanidad y también es partidario de declarar el Estado de excepción permanente en los territorios Mapuche de la macrozona sur. Pero, entre estas medidas regresivas, existe una que compromete profundamente la institucionalidad democrática: Kast está por el rechazo de la Nueva Constitución que actualmente se encuentra siendo elaborada por una Convención Constituyente. Aprobada por el 80 por ciento de la población en el plebiscito del 25 de octubre de 2020, el candidato de la extrema derecha vuelve a despertar los fantasmas de la dictadura de Pinochet, tratando de mantener por todos los medios su ilegitima Carta Fundamental de 1980.

El crecimiento de esta ultraderecha que enmascara posiciones decididamente neofascistas, tal como lo advertimos en un artículo anterior (La amenaza neofascista y las estrategias de contención democrática), se fue alimentando del miedo diseminado por el candidato Kast a través de sus redes y del apoyo cómplice de los medios de comunicación, especialmente la prensa escrita y la televisión. Diariamente los espectadores han sido bombardeados con tandas interminables de noticias sobre robos, asaltos, asesinatos y por el terror causado diariamente por las bandas de narcotraficantes. A ello, se suman los problemas de inmigración en la frontera norte y el conflicto con las comunidades Mapuche en la región de la Araucanía. Este último enfrentamiento entre el Estado y las empresas forestales, por una parte, y el pueblo Mapuche por el otro, hace aparecer a dichas comunidades como “terroristas” en pie de guerra contra la Nación y contra el conjunto de los chilenos y chilenas.

Bajo un falso ropaje de quien anhela la paz y la libertad, el ultraderechista Kast consigue mantener la adhesión de su reducto derechista y sumar votos entre quienes están saturados de ver tanta violencia y criminalidad difundida en los medios. Históricamente, la derecha chilena ha contado con un porcentaje cercano al 30 por ciento del electorado, aunque lo novedoso en este caso es que con su campaña del terror y los fake news difundidos por su comando, parte de una derecha más liberal ha decidido apoyar un candidato de una derecha más extrema, que reivindica el espanto de la dictadura cívico militar de Pinochet.

Por el contrario, Gabriel Boric encarna los anhelos de cambio que se expresaron en las movilizaciones que se iniciaron el 18 de octubre de 2019 y que continúan pendientes hasta ahora. Con sus eventuales debilidades, Boric y la coalición de partidos que lo apoya son los mejores garantes de que el proceso constitucional llegue a buen puerto y que las necesarias transformaciones en el plano social, laboral, previsional, tributario, ambiental, etc. permitan construir un país más inclusivo y efectivamente democrático.

Ante la diseminación del miedo y la amenaza de la ultraderecha, Boric y su proyecto para un nuevo Chile, expresan la esperanza de tener una patria que proporcione bienestar a las grandes mayorías y que resuelva los conflictos incubados desde hace mucho tiempo en la sociedad chilena por medio del diálogo, la tolerancia y el entendimiento.

Interpretando los futuros escenarios

Dentro de períodos claroscuros, aparecen sombras del pasado, de aquel pasado que aún duele. Las tiranías de uniforme y muerte se aparecen hoy, mostrando oscuridades amorfas y móviles, ya con otros rostros, aunque con similares códigos. Lo peor es quedarse en esas imágenes, sin levantar los rostros. La incertidumbre no se combate con negación a esa obscuridad, sino haciendo crecer la claridad. No es tarea fácil. Cuando el fascismo se disfraza de sonrisas y nuevos tonos de voz, cuando nos habla de libertad porque las rejas estarán cerrando el paso a los indeseables, induce a sus oyentes a creer que siempre serán otros y otras quienes padecerán el encierro, y no ellos mismos.

Observar la realidad chilena actual, después del primer turno de la elección presidencial - cuando sea el balotaje el que decidirá el sentido de los cambios y proyectemos los senderos que nos saquen de la nebulosidad de estos tiempos-, requiere fortalecer la esperanza que hace sólo algunos meses llevó a una numerosa población, a decidir que el país y su pueblo merecen una nueva Constitución. Eligió a sus representantes desde la cercanía, compartiendo reivindicaciones muy sentidas y marchas multitudinarias. Ese brillo expresado en arte, murales, carteles y consignas, ha optado por un camino ancho, por el cual avanzan los y las Constituyentes, en paridad de género y participación de los pueblos originarios. Se les acompaña y anima, a pesar de las campañas de desprestigio y de ataques a la autoestima de quienes integran esa Convención Constitucional.

La derecha, y particularmente aquellos que no se conforman por no alcanzar un tercio en dicha Convención, han tomado fuerza e ira para urdir una caricatura de paz y gobernabilidad, para mantener el statu quo de privilegios y las enormes brechas de desigualdad. Pero no es suficiente analizar cómo los negacionistas de violaciones de derechos humanos en tiempos de dictadura y democracia, cuya aspiración explícita es reducir el Estado, han sumado adeptos en la elección de este 21 de noviembre. Es preciso también observar el porcentaje y las características de la abstención (votó un 47% de ciudadanos y ciudadanas), la ubicación de los territorios y el perfil de aquellos votantes que inclinaron los sufragios hacia un candidato fascista del nuevo tipo (ur-fascista en la concepción de Umberto Eco).

En cualquier hipótesis, es necesario analizar la composición de votantes por la opción del candidato que mejor sintetiza las ideas que impulsaron una nueva Constitución. Gabriel Boric interpreta a quienes lo levantaron como una alternativa para la difícil etapa que se viene: elaborar una nueva Constitución que permita transitar hacia la implementación de un Estado Social de derechos, que abra camino para el establecimiento y garantía de derechos humanos sociales, individuales y colectivos.

Para abordar las tareas a realizar, se debería tener un primer diagnóstico que permita articular los aspectos comunes de los Programas de Gobierno de otros candidatos que, de modo general, se han pronunciado también a favor de la elaboración de una nueva Carta Fundamental. Esto también implica acordar políticas con quienes se declaran de Centro-Izquierda, así como seleccionar aspectos del discurso populista de Parisi (el candidato a distancia) para que, al menos un tercio de sus seguidores actúen por convicción propia, y su líder no les conduzca a una “negociación” con el candidato neofascista.

Muchos otros desafíos surgen como necesarios y urgentes en este periodo que culmina el día 19 de diciembre, entre ellas la de emprender conversaciones con aquellos jóvenes que no votaron el pasado 21 y que legítimamente aspiran a cambios estructurales en el modelo de desarrollo económico y social. Esta es una juventud ignorada que entre el malestar y los obstáculos cotidianos se han contagiado con la desesperanza y una justificada desconfianza en instituciones y personas que visualizan como barreras para alcanzar sus sueños de dignidad.

Recuperar la ilusión de los jóvenes y del mundo popular en su conjunto es la tarea urgente que se requiere para enfrentar este escenario complejo, donde las fuerzas de la reacción y el miedo buscan su espacio para convencer a los ciudadanos y ciudadanas que la mejor política es dejar las cosas tal como están, para que nada cambie en un país que justamente precisa de soluciones urgentes al conjunto de falencias que se vienen acumulando desde los tiempos de la redemocratización con sus promesas incumplidas. Ojalá en los próximos días los y las votantes le abran sus puertas y ventanas a la esperanza.

segunda-feira, 15 de novembro de 2021

La amenaza neofascista y las estrategias de contención democrática

 

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

Después de la sucesión de gobiernos progresistas que surgieron en el continente a partir de mediados de los años noventa del siglo pasado, podemos observar que en este último periodo se ha producido un recrudecimiento de expresiones de ultraderecha que superan a la propia derecha liberal y democrática. En parte, las grandes expectativas creadas por estos gobiernos entre la población se vieron frustradas por la avalancha de demandas acumuladas durante décadas que no pudieron ser concretizadas.

En Brasil, a pesar de todos los avances logrados por las administraciones del Partido de los Trabajadores a partir del año 2003, los millones de personas que fueron incorporadas a los programas de Fome Zero o Bolsa Familia aspiraban legítimamente a mejorar sus condiciones de vida: tener un trabajo seguro, estable y bien remunerado, una vivienda digna, una educación de calidad, una atención en salud apropiada y expedita, un sistema previsional que les permitiese vivir el futuro sin incertidumbres, etc. Parte de estas conquistas anheladas por los ciudadanos y ciudadanas pudieron ser satisfechas con la ampliación de políticas de inclusión, el mejoramiento del salario mínimo y el acceso al crédito subsidiado. Aunque por lo mismo, la política de inclusión del PT utilizó más este mecanismo de crédito fácil que la inserción de la clase trabajadora a una estructura productiva en expansión.

Su política macroeconómica privilegiaba especialmente el control de la inflación y el superávit primario, con lo cual la inversión estatal pesada en industrias de manufacturas quedó rezagada en función de un tipo de cambio favorable a la importación de bienes de consumo. Las personas comenzaron a consumir más sin una ampliación significativa del parque industrial. Al final, las deficiencias del aparato del Estado y el déficit estructural en la provisión de servicios a la población implicaron que los esfuerzos desplegados para ampliar la protección de los ciudadanos no resultaron suficientes para satisfacer las aspiraciones de la población y, consiguientemente, una onda de malestar se fue diseminando por todo el territorio. Esta acumulación de frustraciones tuvo su expresión más clara y concreta en las manifestaciones que ocuparon las calles de las principales ciudades durante la realización de la Copa de las Confederaciones en junio de 2013.

En el marco de estas movilizaciones aparecieron grupos que enarbolaban banderas con la esvástica y hacían el saludo característico del nazismo. En ese momento, pocos pensaron que una figura mediocre y odiosa como Jair Bolsonaro pudiera constituirse en una alternativa para gobernar un país como Brasil, una nación que a pesar de sus enormes problemas se encontraba transitando dentro del ciclo socialdemócrata inaugurado por Fernando Henrique Cardoso en 1994 y profundizado por los gobiernos del PT hasta el año 2016, cuando Dilma Rousseff fue apartada del cargo a través de un Golpe jurídico-político.

Durante la votación de destitución de la mandataria, el entonces diputado Bolsonaro dedicó su voto a favor del impeachment a uno de los mayores torturadores de la dictadura cívico militar, el Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, homenajeándolo como “el pavor de Dilma”. Lejos de salir detenido desde el hemiciclo de la Cámara de Diputados por su apología al terrorismo de Estado y la tortura, Bolsonaro emergió de ese juicio como un patriota anticomunista que deseaba salvar a Brasil del yugo de los izquierdistas del PT. El huevo de la serpiente del fascismo ya se estaba incubando. El resto de la historia se fue construyendo por el hartazgo de la población con la corrupción endémica, la falta de servicios decentes para atender sus necesidades fundamentales, la violencia y la criminalidad cotidiana, la crisis de los sistemas de representación política, la carestía y el desempleo y un largo etcétera. Si a eso le sumamos el bombardeo de noticias falsas inventadas y difundidas a través de las redes virtuales por Steve Bannon y su empresa Cambridge Analytica a millones de electores, nos deparamos con un escenario propicio para el fortalecimiento de un pensamiento fascista que se encontraba en estado larvado en la cabeza de millones de brasileños.

Esta es la misma estrategia que están utilizando algunas figuras emergentes del neofascismo en el cono sur, con especial destaque para José Antonio Kast en Chile y Javier Milei en Argentina. El primero se encuentra posicionado en segundo lugar para las próximas elecciones presidenciales en ese país y ha desplazado -según las encuestas de opinión política- al candidato de la derecha tradicional, Sebastián Sichel. Con una postura de apariencia mesurada e imperturbable, Kast es un defensor de construir zanjas en las zonas de frontera para combatir la migración, de excluir a las mujeres de hogares monoparentales de los beneficios y subsidios que otorga el Estado a las familias de escasos recursos, de la derogación de la Ley del aborto por 3 causales promulgada en septiembre de 2017 , del indulto a criminales y violadores de los Derechos Humanos durante la dictadura (1973-1990) o de la declaración de Estado de excepción ilimitada en la Macrozona Sur (Territorios Mapuche). Kast es un neofascista cínico que por detrás de su máscara de “persona gentil” y amante de la libertad se esconde un adulador de Pinochet y de la obra de la dictadura cívico-militar, con un oscuro pasado de su familia que participó activamente en las atrocidades cometidas por las Fuerzas Armadas luego del Golpe de Estado de 1973.

En el caso de Javier Milei, nos encontramos ante un publicista y divulgador de un pseudo pensamiento libertario que, con un lenguaje agresivo y un discurso contra el Estado, la política y sus “castas” privilegiadas ha conseguido crecer electoralmente, obteniendo el 17 por ciento del apoyo en las últimas elecciones legislativas en Argentina, siendo escogido diputado y encaminándose para la próxima contienda electoral de 2023 en ese país. Milei al igual que Bolsonaro y Kast se alimenta del hartazgo de una parte significativa de la población y de una juventud desengañada en el porvenir y en sus posibilidades de realización en medio de la crisis estructural de la civilización del capital por la que atraviesan las sociedades contemporáneas, agudizadas al extremo por la pandemia que devasta al planeta.

Ante los obstáculos de un Estado incapaz de resolver los problemas de la ciudadanía, Milei aparece como un redentor iluminado que va a conseguir contornar la crisis económica y llevar a la Argentina hacia una fase de prosperidad, crecimiento y mayores oportunidades individuales. En ese sentido, él promueve un tipo de individualismo exacerbado y se erige como un oponente de decisiones colectivas tales como la vacunación contra el Covid, siendo también un adversario de la mayor igualdad de género o defensor del genocidio provocado por la última dictadura argentina. Su individualismo antisocial lo lleva a plantear la futilidad de cualquier proyecto de bien común que tenga un espíritu de colaboración, para apostar en la acción de emprendedores atomizados y en permanente competencia, principios de un liberalismo recalcitrante que se asemeja a la concepción hobbesiana de la “guerra de todos contra todos”.

La producción artificial del miedo y la respuesta de las fuerzas democráticas

Un elemento común de los proyectos de ultraderecha en la región y en el mundo, consiste en la propagación constante del miedo y la incertidumbre entre las personas. El bombardeo mediático diario de noticias sobre asaltos, crímenes y pandillas de narcotraficantes es parte de un proyecto de inculcación del terror cotidiano en las personas, para que visualicen la inevitabilidad de la salida por la derecha o la extrema derecha como la mano dura necesaria para poner límites a la violencia y la criminalidad. En un escenario de profundas transformaciones, pandemia e inseguridad las formulas neofascistas resultan atractivas para los electores mayoritarios: el rechazo al pensamiento crítico y de representación compleja del mundo, el temor a la diferencia y lo desconocido, el nacionalismo burdo, el desprecio por los extranjeros, las tesis conspirativas de cualquier índole, la lucha constante contra los “otros”, el machismo atávico y la homofobia, el elitismo, la aporofobia y el sentimiento antipopular. De esta manera, las fuerzas de la ultraderecha avanzan en un contexto de mayor precarización laboral y de incertezas de la vida cotidiana.

Al analizar el fenómeno del fascismo en la Italia de la década del 20 del siglo pasado, Antonio Gramsci, señalaba que aquellas sociedades que se encuentran en una etapa de transición se ven enfrentadas a fases grises, de indefiniciones, donde lo viejo no ha terminado de desmoronarse y no nuevo no emerge con total claridad. En esos periodos sombríos se crean las condiciones propicias para el surgimiento de figuras mesiánicas que se arrogan la salvación de la patria, libertadores de estirpe autoritaria que vienen a llenar el vacío dejado por la inestabilidad del cambio y que responden a los deseos de identidad perdida y de sentido de futuro de las y los habitantes. Ese destino común anhelado por las personas se nutre muchas veces de lo más elemental y vulgar de esa búsqueda de pertenencia (la nación, la raza, la bandera, la tradición, los mitos) que es invocada por el líder predestinado que va a ser capaz de refundar el país y derrotar a sus enemigos. Es indudablemente una narrativa que convoca a muchos seguidores y electores como se puede constatar a lo largo de la historia.

Ante ello, ¿qué pueden hacer las fuerzas democráticas para detener el avance de estas modalidades de neofascismo? Primero que nada, denunciar por todos los medios posibles la sucesión de mentiras propagadas por los profetas del miedo y del caos, para generar las condiciones que permitan recuperar la confianza y la cooperación de las y los ciudadanos. Junto con ello debemos contrarrestar la embestida autoritaria por medio de la formación de un “bloque histórico antifascista” que congregue a todas las fuerzas democráticas que deseen participar de este esfuerzo destinado a consolidar las instituciones de la República.

Junto con ello, es necesario restaurar el tejido social y organizacional de la nación. Generar debates y cabildos ciudadanos en diversas instancias, implantar escuelas de formación política con el apoyo de los gobiernos locales progresistas, pero también con las propias organizaciones existentes en el espacio local, crear redes y diseminar la actividad cívico-política entre las comunidades, fundar talleres de diversa índole, centros culturales, grupos de teatro, asociaciones de artesanos y artistas, formaciones de equidad de género, organizaciones de jóvenes, de adultos mayores, de pueblos originarios y afrodescendientes, grupos ecologistas, etc.

Los partidos políticos cumplen un papel trascendente en este proceso, tanto en la denuncia de los embates despóticos de la ultraderecha como en la construcción de canales de participación de la gente, no solamente en la vida partidaria, sino que fundamentalmente en las expresiones extrapartidarias presentes en la vida de los territorios y espacios vecinales. La articulación entre los partidos y los movimientos sociales debe superar las desconfianzas mutuas que han sido estimuladas por el relato de la extrema derecha que se declara apolítica y anti partidaria.

La amenaza neofascista en América latina y en todo el mundo es un hecho que debe alertarnos y motivarnos para la acción mancomunada contra estas fuerzas deletéreas de la humanidad, pues tal como nos advirtió hace décadas el gran escritor italiano y víctima del nazismo, Primo Levi: “Si el horror ha sucedido, puede volver a suceder, y esto es la esencia de lo que tenemos que decir”.