terça-feira, 28 de janeiro de 2025

El gobierno Lula es rehén del Parlamento brasileño

Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia

El próximo sábado 1 de febrero se concretizará la elección del nuevo presidente del Senado y de la Cámara de Diputados de Brasil. El favorito para el Senado es Davi Alcolumbre del Partido Unión Brasil. También existe bastante consenso que el candidato “tapado” para presidir la Cámara es Hugo Motta del Partido Republicanos. Lo que también es un hecho confirmado es que, desde antes de la proclamación de ambos candidatos, las demandas y presiones que ejerce el Congreso Nacional sobre el gobierno se ventilan a plena luz del día.

Se sabe que la actual gestión deberá realizar un ajuste ministerial en un futuro mediato, sin embargo, la Cúpula de la Cámara de Diputados aguarda la elección del nuevo comando de la Casa para negociar directamente con el presidente Lula da Silva la reforma ministerial, saltándose la ronda de negociaciones con el actual ministro de la Secretaria de Relaciones Institucionales y, por lo tanto, quien debiera ser el responsable de liderar la articulación política, Alexandre Padilha.

El argumento de los líderes de la Cámara, es que solo van a negociar con el presidente Lula, pues es él quien tiene la discrecionalidad de decidir al final los cupos ministeriales que reivindican los miembros del Centrão, que dominan sobradamente las acciones dentro del Congreso. A pesar de que el cargo de Padilha cuenta con el apoyo de Lula y es parte del andamiaje institucional del gobierno, los diputados no reconocen su legitimidad para realizar las negociaciones sobre el futuro de la composición ministerial.

Ellos también le hicieron llegar al Palácio do Planalto la información de que prefieren que en esta negociación no participen los líderes de los partidos de la amplia coalición, sino que los acuerdos sean realizados directamente por los presidentes de ambas Casas del Congreso Nacional. Para ello, se sabe que existe un diseño con todos los cambios propuestos para la reforma ministerial, con candidatos marcados para asumir los nuevos cargos, todos de partidos de derecha que antes habían formado parte del gobierno de Bolsonaro.

En un acto de chantaje político directo, descarado y sin escrúpulos, los líderes del Congreso vienen señalándole al gobierno que esa es la única manera de mantener los actuales equilibrios de fuerzas entre ambos Poderes del Estado, lo que a su vez es una condición que permitiría afirmar y garantizar la gobernabilidad de la presente gestión.

De hecho, en la primera mitad de este tercer mandato del gobierno Lula ha sido evidente la falta de colaboración y de presiones ejercidas por los Congresistas, quienes se han dedicado a boicotear la mayor parte de los vetos realizados por el Ejecutivo, desconociendo la voluntad del presidente y reponiendo prácticamente todos los proyectos propuestos por el Legislativo, que tiene la prerrogativa de dar la palabra final para la aprobación de las medidas provisorias y las leyes.

Actualmente, las enmiendas parlamentarias son el principal instrumento utilizado por los parlamentarios para reforzar sus corrales electorales, quienes destinan gran parte del tiempo de su labor legislativa a gestionar los recursos para obras e inversiones en sus reductos y articulando con los poderes locales y estaduales mayores cuotas de poder que les permitan la reproducción de su actuación política en esos territorios.

Desde 2015 hasta la fecha, los valores de las enmiendas fueron adquiriendo un crecimiento acelerado que las ha llevado a ocupar un impactante volumen dentro del presupuesto nacional, algo así como 50 mil millones de reales (aproximadamente 8 mil quinientos millones de dólares). Además de este enorme caudal de dinero, el Congreso aprobó la ejecución obligatoria para la mayor parte de estos fondos, inclusive con las contraindicaciones y bloqueos realizados por el Supremo Tribunal Federal, quien ha tratado de velar por la transparencia y trazabilidad de los dineros transferidos desde los cofres públicos.

Con los montos abultados que han acumulado las enmiendas impositivas, que en muchos casos superan los presupuestos de determinados ministerios, el poder de negociación y la influencia de los congresistas viene, en consecuencia, aumentando considerablemente. Anteriormente, tanto la ocupación de ministerios como los recursos públicos destinados a diversos tipos de emprendimientos daban una gran capacidad de negociación a los gobiernos. Actualmente, esta capacidad se encuentra definitivamente concentrada en el parlamento.

El carácter desmedido que ha tomado este empoderamiento de las huestes del atraso fisiológico del Congreso, coincide con la derrota sistemática que vienen sufriendo las fuerzas progresistas y de izquierda en las últimas elecciones parlamentarias y municipales, lo que les otorga a los representantes de la derecha y la extrema derecha una presencia mayoritaria en las decisiones más significativas de la legislatura, la mayoría de ellas marcadas por corrupción y cooptación del aparato institucional del país. En efecto, tales sectores se encuentran más habituados con las prácticas de esta índole durante décadas en la historia política brasileña.

Si bien es cierto Lula da Silva ganó las elecciones de 2022 -y, dicho sea de paso, por un margen estrecho-, la composición del Congreso Nacional le ha sido francamente adversa, debiendo ampliar la base de su administración a partidos de derecha que hasta hace muy poco formaban parte del gobierno Bolsonaro. De esta manera, Lula tuvo que distribuir al inicio de su mandato nada menos que nueve ministerios entre partidos de esta amplia coalición, entre ellos, Unión Brasil, Partido Social Democrático (PSD), Movimiento Democrático Brasileño (MDB), aumentando después la transferencia de nuevos ministerios para otros dos partidos ontológicamente de derecha, el Partido Progresistas (PP) y Republicanos.

No obstante, a pesar de participar en esta “amplísima” base gobiernista, muchos diputados y senadores que militan en los partidos indicados anteriormente, siguen siendo en los hechos de oposición, apoyando en escasas oportunidades las iniciativas emanadas desde el Ejecutivo o directamente boicoteando los proyectos presentados por el Palácio do Planalto.

Si a ello se suma la amenaza siempre latente de una sanción contra el gobierno a causa de cualquier posible acusación por irresponsabilidad fiscal y, por ello mismo, la consecuente aplicación medidas de contención de gastos promovidas por su actual Ministro de Hacienda, Fernando Haddad, hace que este tercer mandato del presidente Lula es claramente más deficitario en la promoción de programas sociales de gran impacto, como es el caso de los Programas Bolsa Família, Fome Zero, Minha Casa/Minha Vida o los diversos tipos de apoyos a la investigación científica y la formación universitaria.

Presionado por una oposición activa, grupos económicos decididamente contrarios, una prensa hostil y acosado por sus propios errores, el gobierno Lula parece una administración debilitada que debe enfrentar a un Congreso empoderado, manipulador y turbinado por el conjunto de enmiendas parlamentarias que le otorgan un poder expresivo a la hora de decidir sobre las políticas públicas y otro sinfín de materias. Estos órganos asumieron un nivel de protagonismo no solamente dentro del proceso político sino especialmente en la definición de las prioridades del presupuesto fiscal, que en concreto son las prioridades de los intereses de cada uno de los “excelentísimos” diputados y senadores.

Lejos del escrutinio popular, los parlamentarios no tienen que rendirle cuentas a nadie, menos a los electores y ciudadanos brasileños que hasta ahora han aceptado pasivamente el curso de los acontecimientos. Es decir, nos encontramos frente a una institución que detenta poderes casi omnímodos y que actúa sin grandes contrapesos institucionales. Ello permite vislumbrar un escenario sombrío y trágico que va a requerir de la movilización activa, comprometida y permanente de la sociedad civil y de los otros poderes, para garantizar una mayor transparencia y un ejercicio efectivamente democrático en los procesos políticos decisorios por parte de los diversos agentes que conforman ambas Casas Legislativas. Si no es así, el despotismo parlamentario puede comprometer seriamente el futuro de Brasil.

segunda-feira, 27 de janeiro de 2025

Invierno del 45. A 80 años de la liberación de Auschwitz

Elina Malamud
Página 12

Era pleno invierno en Europa del Este cuando un fotógrafo ruso, el capitán Alexander Vorontsov, llegó con el Ejército Rojo a las inmediaciones del pequeño pueblito de Osviecim, situado a poco menos de cincuenta kilómetros de Cracovia. Seguramente la imagen más famosa obtenida por Vorontsov que usted haya visto sea la foto que le tomó a trece niños, vestidos con unos harapos a rayas, tras un cerco de alambres de púa. Eran trece de entre los ochocientos prisioneros que habían quedado en la enfermería del lager cuando los alemanes los abandonaron a su suerte porque, en su atropellada huida, no podían cargar con los débiles y enfermos que no estaban en condiciones de soportar esa marcha forzada que se llamó marcha de la muerte.

En ese lugar del mundo, donde las idas y venidas de las guerras, y los consecuentes tratados de paz, dibujaban nuevas líneas de frontera, referenciaban culturas e imponían las nuevas designaciones y topónimos que dictaban las lenguas vencedoras, los alemanes establecieron un campo --que ellos, en su lengua, llamaban lager-- donde concentraron a malhechores y criminales, combatientes enemigos, opositores políticos y gentes de orígenes raciales imperfectos, para ponerlos a trabajar de manera que le dieran un sentido positivo a sus fallas intelectuales, sociales, ideológicas o genéticas disecando pantanos, cascoteando canteras, prestando sus cuerpos a pruebas científicas, ofreciéndose a la esclavitud laboral y/o sexual, tocando el violín en las mañanas heladas, a modo de burla mefistofélica, para acompañar a los que partían al trabajo o, finalmente, y para no andarse con vueltas, reunirlos sin prisa y sin pausa y de tres mil en tres mil, en amplias cámaras donde un soplido del famoso gas ZyklonB acababa con sus vidas en menos de media hora. Sus propios compañeros de prisión transportaban los cadáveres al quemadero para, al tiempo, correr ellos la misma suerte. Como usted ya se estará imaginando, espabilado lector, en la pronunciación y la grafía alemana, el inocente topónimo Osviecim se conoce como Auschwitz.

Fue hace ochenta años, el 27 de enero de 1945, que al ejército soviético se le reveló esa dimensión desconocida que descubrieron al aproximarse a Auschwitz. El doctor en química y escritor judeo italiano, Primo Levi, a quien no será la primera vez que nombro en esta columna, estaba ahí, en medio de un enchastre de nieve e incuria, regresando de depositar a un compañero de la enfermería que acababa de morir, en los afueras de una fosa en la que ya no cabían los cadáveres, cuando aparecieron, recortados en el contraluz del cielo gris, los cuatro primeros jinetes rusos. Primo Levi cuenta cómo le supo la imagen de los cuatro caballos que él veía allá arriba, enormes e imponentes, porque el suelo del lager estaba en un nivel más bajo que el de la carretera que bordeaba las alambradas.

No cuenta de saludos, ni de risas y alegrías, ni de gracias elevadas al cielo. Los soldados rusos se acercaban tímidos y absortos, empuñando sus metralletas desconcertadas, apoyando la mirada de sus ojos quizá incrédulos en los barracones semiderruidos, en los cadáveres descompuestos y olorosos sobre la nieve sucia y en los espectros medio humanos o semimoribundos que los observaban desde abajo. Se recuerda en un sentimiento de vergüenza como la que sentía, al seguir vivo, ante los seleccionados para morir, o la que experimenta el justo frente a la culpa que comete el otro, o porque su voluntad no fue suficiente para contrarrestar el Mal.

En esa nada llena de muerte en la que los sobrevivientes habían vagado durante los diez días que siguieron al desbaratado escape de los alemanes, lo recorría un estremecimiento de pudor por que se le traslucieran las memorias de la suciedad humana que habitaba su conciencia o el penoso asombro de que todo aquello hubiera sucedido, acompañando a esa triste alegría, recién sentida, del fin de la pesadilla nazi, de estrenar la libertad o, quizá sería mejor decir, el regreso de la dignidad al cuerpo y al alma. Un pasado lleno de días oscuros que de pronto convergía, se solidificaba en esos hombres que llegaban armados, pero, a diferencia de lo que venían de vivir, para salvarlos, para acogerlos y protegerlos.

También recuerda a las muchachas polacas que llegaron al lager a limpiar y a cocinar, a alimentar, vestir y abrigar a los redivivos y a atender y curar a los enfermos, de la mejor manera que se les daba, sin poder evitar una mezcla de asco y compasión que se reflejaba en la tiesura de sus mejillas, coloradas por el frío.

Es aquí que quiero decirle ¿tal vez advertirle? prevenido lector, que nada que a posteriori haya sucedido en la historia de Occidente revierte la penosa realidad de los hechos acaecidos, de la devastación humana perpetrada por el nazismo durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado, ni de la desaparición de las hermanas de mi abuela, de las que nunca supe si murieron fusiladas, o de frío y de hambre escondidas en el bosque, si se las llevaron a un campo de exterminio o si perecieron encerradas en un granero al que algún soldado fascista le prendió fuego.

Ochenta años después de aquel día en que el Ejército Rojo llegó a las alambradas de Auschwitz y que acabo de describir con sensaciones robadas a Primo Levi, he de encender una vela en memoria de cada judío, de cada gitano, de cada homosexual, de cada partisano, de todo aquel que por su pensamiento humanista o su raciocinio político haya sido mártir de aquella Barbarie.

Según lo que he podido averiguar, seis de los trece niños fotografiados por Vorontsov se establecieron en Israel, en algún momento después de terminada la guerra. Ochenta años después me pregunto cómo habrá sido la deriva emocional de la ofensa recibida y enquistada en ellos, y cómo se habrá transmitido y encarnado en sus hijos, nietos y bisnietos; si se perpetuó en ellos como cansancio moral y como renuncia, si sus almas desgarradas cedieron al odio y la sed de venganza y disfrutaron de encerrar al vecino entre muros y alambradas, con un instinto genocida parecido al que ellos mismos habían padecido --y que había pasmado a los cuatro jinetes del Ejército Rojo-- o alcanzaron a regodearse en la búsqueda de la justicia y el servicio del otro, en ese nuevo Estado nación que parece embarcado en una insaciable expansión mesiánica a la vez que, en yunta con los imperios atlantistas, se erige en guardián de la costa oriental del Mediterráneo, con la pretensión de ser lo que no es: la totalidad de lo judío.

Leer la historia, recordar los eventos del pasado, abre los ojos al advenimiento de lo que se está cuajando en el futuro. Podemos nombrarlo como lo que nos espera, como lo que nos acecha o con el ansia militante de lo que pretendamos construir.

Me cuesta salirme de mi caprichosa costumbre de andarme con circunloquios, rondando sin nombrar, pero hoy quiero denunciar directamente a Elon Musk, tal como lo vi, estirando todo su brazo derecho pa’lante y p’atrás después de palmotearse el corazón, en claro clamor nazi-fascista, homologado por su apoyo confeso al partido neonazi Alternativa para Alemania. Elon Musk es el dueño desregulado de las verdades o mentiras que se instalarán en las conciencias o inconciencias de miles de millones de seres humanos que votarán y/o portarán armas y es también el patrocinador de la pista resbalosa por la que nuestro presidente avanzará, tuiteo en ristre, contra el fantasma del comunismo soviético del siglo pasado.

Quiero decir que no está demás que esta noche, a la hora de dormir, echemos otra mirada a las alambradas de Auschwitz, antes de apagar la luz.

sexta-feira, 10 de janeiro de 2025

Julio Antonio Mella fue uno de los grandes revolucionarios cubanos


Luiz Bernardo Pericás
Jacobin América Latina

Este 10 de enero se cumple un nuevo aniversario del asesinato del joven revolucionario cubano Julio Antonio Mella, cuyo pensamiento político marcó un hito para la izquierda latinoamericana.

Julio Antonio Mella fue uno de los grandes pioneros del marxismo en América Latina. A lo largo de su breve vida, fue un destacado dirigente del movimiento estudiantil cubano, fundador del Partido Comunista de Cuba e impulsor de diversas organizaciones populares y revolucionarias. También obtuvo un amplio reconocimiento como intelectual audaz y provocador.

Nacido en La Habana en 1903, Mella pasó su juventud estudiando en escuelas de Cuba y Nueva Orleans. Antes de terminar el bachillerato, ya había leído obras de José Enrique Rodó, Manuel González Prada, José Ingenieros y Emilio Roig de Leuchsenring, pero sobre todo recibió la influencia de las ideas de José Martí, una de las figuras clave de la lucha por la independencia de Cuba.

En 1921 ingresó en la Universidad de La Habana como estudiante de Derecho, Filosofía y Letras. Fue a partir de ese momento cuando comenzó realmente la carrera de Mella como activista revolucionario e intelectual. Varios acontecimientos marcarían a la nueva generación, entre ellos las reverberaciones de la Revolución Mexicana, la crisis económica y política tras el final de la Primera Guerra Mundial y la influencia de la Revolución Rusa.

Juventud revolucionaria

La reforma universitaria argentina de 1918, que poco a poco se extendió a otras partes de América Latina, también desempeñó un papel fundamental en la agitación de los ánimos de la juventud cubana. Fue a través de su participación en el movimiento estudiantil que Mella comenzó a destacar. Fue uno de los fundadores (y más tarde presidente) de la Federación de Estudiantes Universitarios, organización creada en diciembre de 1922 por iniciativa suya, además de dirigir la revista Alma Mater, de la que fue fundador. Además, dirigió el primer Congreso Nacional de Estudiantes y creó la revista Juventud.

A partir de este momento, Mella trataría siempre, cuando fuera posible, de unir al movimiento obrero y a los estudiantes en una lucha amplia y unificada. Sus contactos con dirigentes obreros como Carlos Baliño y Alfredo López fueron producto de esa época. Fue uno de los principales protagonistas del movimiento de reforma universitaria y desempeñó un papel clave en la creación de la Universidad Popular José Martí, un experimento que acabaría siendo clausurado por el gobierno de Gerardo Machado, a quien Mella apodó el «Mussolini tropical».

En 1924, Mella fundó la Federación Anticlerical de Cuba como parte de la organización continental del mismo nombre, con sede en México. También creó el Instituto Politécnico Ariel con algunos amigos y se afilió a la Agrupación Comunista de La Habana. Ese mismo año contrajo matrimonio con una estudiante de Derecho llamada Oliva Zaldívar Freyre. La siguiente tarea de Mella fue fundar la sección cubana de la Liga Antimperialista de las Américas en julio de 1925. Esta era una organización que había sido fundada el año anterior en México por comunistas estadounidenses y mexicanos, junto con su periódico El Libertador.

En 1925, con solo veintidós años y una impresionante experiencia política, Mella participó en la fundación del Partido Comunista de Cuba (PCC). Ese mismo año fue expulsado de la universidad. El gobierno de Machado también llegó al poder en 1925 e inició una intensa campaña de represión política. Varios opositores al régimen fueron encarcelados, asesinados o (en el caso de los extranjeros) deportados.

Poco después de tomar posesión, Machado ordenó la detención de dos docenas de militantes comunistas y anarcosindicalistas, muchos de los cuales fueron puestos en libertad bajo fianza. Sin embargo, en septiembre se produjeron explosiones en distintos puntos de La Habana. Varios activistas de la oposición fueron acusados de los atentados y detenidos, entre ellos Mella, que ingresó en prisión a finales de noviembre.

Una vida de lucha

El 5 de diciembre inició una huelga de hambre, algo inusual en Cuba en aquella época, y comenzó una campaña nacional por su liberación. La huelga de hambre de Mella se convirtió en el principal tema de discusión en la prensa y en un verdadero drama nacional. Sin embargo, esto disgustó mucho al PCC, que le ordenó interrumpir el ayuno inmediatamente, aunque Mella no cumplió la instrucción.

Los dirigentes del partido acusaron a Mella de vanidoso, indisciplinado y propenso a actitudes pequeñoburguesas. Algunos le consideraban desobediente e inclinado a romper con la jerarquía del partido. Mella fue incluso tachado por sus correligionarios políticos de traidor y desertor y acusado de querer constituir su propia corriente, el «mellismo», lo que no era cierto. Pasó dieciocho días en huelga de hambre y sufrió un infarto debido a la gravedad de su estado. Pero Machado acabó cediendo bajo el peso de la presión pública. El 23 de diciembre de 1925 se dio la orden de liberación de Mella.

En enero de 1926, ante la posibilidad de ser enviado de nuevo a prisión, Mella decidió abandonar Cuba en secreto para exiliarse en México. Abandonó el país sin su esposa Oliva, que en ese momento estaba embarazada y pasó semanas sin tener noticias de su marido. Ese mismo mes, fue expulsado del PCC (según algunos, «excluido temporalmente», «sancionado» o «suspendido» del partido), a pesar de que pertenecía a su Comité Central y había sido uno de sus fundadores.

Esta actitud hacia Mella aisló a los comunistas cubanos de la época. La Comintern consideró su expulsión como una medida sectaria y exigió la revisión de la decisión. Cuando llegó a México, el presidente Plutarco Elías Calles concedió inmediatamente asilo político al joven militante. Mella se afilió al Partido Comunista Mexicano (PCM) con el apoyo de la Comintern.

Durante su estancia en México, Mella dirigió la Liga Antimperialista de las Américas, trabajó en la redacción de la publicación El Machete y participó en otras actividades políticas, tanto nacionales como internacionales. Al mismo tiempo, reanudó sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de México y fundó la Asociación de Estudiantes Proletarios y su órgano El Tren Blindado.

Mella fue también miembro del Comité Manos Fuera de Nicarágua (MAFUENIC) y del Comité Ejecutivo del Partido Revolucionario Venezolano. Incluso fue detenido durante unos días tras participar en las protestas contra la condena de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti frente a la embajada de Estados Unidos (junto con su esposa, que en ese momento se había trasladado a México para vivir con él).

Esta agotadora rutina de activismo político y las dificultades económicas que soportaba Mella prácticamente no dejaban espacio para una vida familiar tradicional. Después de un embarazo que terminó en un nacimiento sin vida en 1926, su esposa dio a luz a su hija Natasha al año siguiente. Poco después, extrañando a su familia, descontenta con la constante vigilancia de su actividad por parte de la Policía y los agentes de Machado y agotada por las privaciones diarias que sufrían, regresó a Cuba con Natasha. Mella no volvió a verlas. Al poco tiempo, inició una relación con la fotógrafa Tina Modotti.

Brillantez inusual

La labor política de Mella durante este periodo incluyó un viaje a Europa en febrero de 1927 para participar en el congreso fundacional de la Liga contra el Imperialismo y la Opresión Colonial en Bruselas, donde denunció el fascismo y el Ku Klux Klan al tiempo que exigía la libertad de los pueblos africanos. El congreso reunió a 174 delegados de veintiún países diferentes. Algunos de los asistentes, como el comunista argentino Vittorio Codovilla y el peruano Haya de la Torre, hicieron comentarios desfavorables sobre Mella, pero el novelista Henri Barbusse lo describió como «un delegado de una brillantez inusual».

Tras este evento, Mella visitó la Unión Soviética durante unas semanas, donde fue invitado a participar en la segunda conferencia del Socorro Rojo Internacional y fue elegido miembro de su comité como representante centroamericano. Preparó dos detallados informes políticos, uno sobre Cuba y otro sobre México. Parece ser que en esta ocasión también mantuvo contactos con miembros de la Oposición de Izquierda. Se dice que Codovilla lanzó varias acusaciones contra Mella, tachándolo de intelectual pequeñoburgués y oportunista sin disciplina revolucionaria.

De Moscú, Mella fue a París antes de regresar a México en junio de 1927. Quedó tan impresionado por la Unión Soviética que en una carta dijo haber vuelto «del paraíso». Mella escribió varios artículos sobre la URSS, en general bastante elogiosos. Vladimir Lenin aparece en los escritos de Mella como un punto de referencia fundamental: el líder bolchevique era para él «el maestro del proletariado internacional» y «el más exacto y práctico de los intérpretes de Karl Marx». Menciona a León Trotsky en algunos artículos, normalmente de forma positiva: en un texto, Trotsky es descrito como un «dínamo humano». Iósif Stalin, en cambio, no figura en ninguna de las obras del joven.

El Partido Comunista Mexicano tenía suficiente confianza en Mella como para nombrarlo secretario general interino del partido en junio de 1928. Sin embargo, cuando una delegación del partido regresó del VI Congreso de la Comintern en septiembre de ese año, Mella fue destituido no solo de este cargo interino, sino también del Comité Central. En diciembre de 1928, Mella decidió abandonar el Partido. Según el secretario del partido, Rafael Carrillo, entregó un «repudio insultante» a los dirigentes del PCM.

El motivo fue una carta que el PCC envió a los comunistas mexicanos, solicitando que el «grupo cubano» (Mella y sus socios) se subordinara al Comité Central del PCM en lugar de trabajar por su cuenta, lo que podría comprometer «de manera verdaderamente criminal» a los camaradas que trabajaban en la propia isla. Se supone que la respuesta de Mella fue tan impulsiva que los dirigentes del PCM pretendieron hacer circular una resolución al respecto entre todos los partidos latinoamericanos.

Sin embargo, Mella reconsideró su decisión unos días después y pidió disculpas en una carta, solicitando permanecer en el partido. En ese momento, Carrillo declaró que Mella siempre había tenido «debilidades trotskistas». El partido aceptó su petición, con la condición de que no asumiera ningún papel dirigente durante los tres años siguientes.

El enemigo de Machado

Los partidarios del régimen de Machado acusaron a Mella de antipatriótico, presentándolo como un mercenario y una marioneta de la Unión Soviética. Se trataba claramente de una imagen falsa destinada a reducir su gran popularidad en los círculos progresistas. De hecho, Mella perteneció a una generación de intelectuales latinoamericanos muy originales que tuvieron la capacidad de captar la realidad nacional de sus países, identificando posibles vías de acción y adaptando diversas líneas de pensamiento, tanto marxistas como no marxistas, para comprender la historia y la coyuntura local.

En la primera mitad de 1928, Mella llevó a cabo su proyecto más importante al crear la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC), una organización antimperialista, interclasista y declaradamente «democrática» con sede en Ciudad de México. Claramente inspirada en José Martí, el nicaragüense Augusto César Sandino y el Partido Revolucionario Venezolano, su objetivo inmediato era desalojar a Machado del poder.

Para Mella, la organización debía unir las luchas de todos los que se oponían al régimen —estudiantes, trabajadores, intelectuales e incluso miembros de la Unión Nacionalista liberal-burguesa— para iniciar un levantamiento armado en Cuba, sin perder de vista el objetivo socialista final. Sin embargo, el foco principal siempre estuvo en la clase obrera; después de todo, la publicación oficial de la ANERC tenía un título (¡Cuba Libre! Para los trabajadores) que indicaba claramente cuál era el objetivo principal del grupo.

Se trataba de preparar una expedición militar que zarparía de México e iniciaría una insurrección en la isla. El grupo estaba fuera del ámbito del PCC: ni su estructura ni su estrategia coincidían necesariamente con los proyectos de los comunistas cubanos. Según algunos autores, Mella pensaba que la lucha armada en Cuba abriría un nuevo frente contra el imperialismo norteamericano, que ya estaba ocupado en Nicaragua.

La ANERC fue fuente de fricciones entre Mella y miembros de la dirección del PCM. Los comunistas mexicanos consideraban el proyecto de carácter «golpista» y pequeñoburgués, que implicaba alianzas con sectores reformistas y liberales y no priorizaba la acción de las masas proletarias. Se lo acusó de no seguir las instrucciones de la Comintern y de albergar simpatías por el trotskismo.

Al mismo tiempo, los planes de Mella disgustaron mucho al régimen de Machado. El 10 de enero de 1929, hacia las nueve de la noche, mientras caminaba por una calle de Ciudad de México con Tina Modotti, recibió dos disparos por la espalda a quemarropa. Aunque fue trasladado a un hospital para ser operado, Mella no sobrevivió al ataque y exhaló su último aliento hacia las dos de la madrugada del día siguiente. Solo tenía veinticinco años.

Aunque hubo varias teorías especulativas sobre el móvil del atentado —desde un «crimen pasional» que implicaba a Modotti hasta el asesinato por militantes comunistas que actuaban en nombre del estalinismo—, quedó claro que los asesinos eran agentes contratados por Machado para eliminar a su rival político. A partir de ese momento, la leyenda en torno a Julio Antonio Mella no pararía de crecer.


Las influencias de Mella

Como todo personaje complejo, Mella no puede ser encasillado teórica ni ideológicamente. Luchó por la revolución sin descartar la posibilidad de lograr reformas radicales en el camino. Era antirracista, pero hacía especial hincapié en la lucha de clases. Defendió al proletariado como principal protagonista político sin dejar de incluir en sus proyectos a sectores de clase media, estudiantes e intelectuales progresistas. Fue «nacionalista» pero siempre mantuvo una perspectiva internacionalista y continental. Fue marxista sin dejar de estar comprometido con el legado de José Martí.

Mella podía trabajar tanto dentro como fuera de los partidos a los que pertenecía en organizaciones muy heterogéneas. Polémico y a veces contradictorio, fue un excelente organizador, y su activismo en diversos frentes fue constante y frenético. Combatió la dictadura de Machado con un proyecto de democracia, modernización institucional, desarrollo económico y verdadera independencia para Cuba. Mella apoyó una educación que abarcara a las clases populares, un antimperialismo intransigente y (en última instancia) una revolución social dirigida por los trabajadores.

Para entender la ideología de Mella necesitamos identificar las diferentes influencias teóricas que moldearon su pensamiento. Su primera gran influencia fue, sin duda, José Martí. Mella se propuso «redescubrir» y «reinterpretar» la obra del poeta, reivindicando su vida y su pensamiento para las luchas populares.

El vínculo entre Martí y Mella fue probablemente Carlos Baliño. Conocido como el primer marxista cubano (y quizás incluso el primer marxista de toda América Latina), Baliño fue un contemporáneo de Martí que se hizo amigo suyo y se afilió al partido que este fundó. Comprendió las particularidades de la historia cubana y la necesidad de una verdadera independencia política y económica, combinando estos elementos con el conocimiento del movimiento obrero, la participación en las luchas sindicales y el compromiso con la revolución socialista.

Baliño fue probablemente el primero en unir las ideas de Martí y Marx en la isla, además de ser un excelente organizador político y un gran admirador de Lenin y la Revolución de Octubre. Posteriormente mantuvo una estrecha relación con Mella y fue uno de los fundadores del PCC. Debemos recordar su papel en el desarrollo del pensamiento del joven.

También es digno de mención el impresor anarcosindicalista Alfredo López. Mella reconoció a López como su «maestro» en muchos aspectos. Cuando Mella era dirigente estudiantil, aprendió mucho de su colega, que contribuyó a acercar a los universitarios a los trabajadores.

Por supuesto, Marx sería una influencia decisiva para Mella, junto con Lenin y la Revolución Rusa. Aunque leyó obras de Trotsky y Nikolai Bujarin, fue la obra de Lenin la que más le impactó en aquella época. Mella creía que la existencia de «apóstoles», «héroes» y «mártires», junto con los «revolucionarios profesionales», era esencial para que la causa triunfara. En su opinión, el revolucionario debía dedicarse por entero a la causa y subordinar su propia personalidad a las necesidades políticas y sociales.

Patria Grande

Por un lado, Mella defendía un «nacionalismo revolucionario» con un claro carácter de clase, popular y proletario. Por otro, buscaba la unión de América Latina como Patria Grande de todo el continente. Llamaba a luchar por hacer realidad «el viejo ideal de [Simón] Bolívar, adaptado a los tiempos actuales»: la «unidad de América», una «América libre», no la América explotada y colonial que era feudo de unas pocas empresas capitalistas, apoyadas por gobiernos que actuaban como agentes del imperialismo.

Mella basó su visión del imperialismo principalmente en el libro de Lenin El imperialismo, fase superior del capitalismo y en los escritos de Martí. También es posible que leyera y se viera influido por las obras de Scott Nearing, a quien se refirió como un «formidable sociólogo estadounidense» (El Imperio Americano de Nearing fue traducido al español por Carlos Baliño). Mella creía que la teoría leninista del imperialismo era «universalmente aplicable», en lugar de ser específica para ciertas regiones, «como sostienen algunos “revisionistas” de manera simplista».

Mella fue uno de los opositores más acérrimos de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), el movimiento fundado por Haya de la Torre. Escribió un panfleto que posiblemente sea el texto crítico más importante sobre el APRA de aquella época. Para Mella, el APRA representaba una variante del populismo con un programa que en la práctica lo convertiría en el instrumento de una política reformista para las burguesías de América Latina.

Mella estaba ciertamente preocupado por las cuestiones de «raza» y racismo. En una entrevista señaló que un tercio de la población de Cuba tenía «sangre africana» y que estaban terriblemente explotados, encontrando grandes obstáculos en los campos de la política y la educación. También denunció con indignación el linchamiento de afroamericanos en Estados Unidos. A pesar de ello, Mella consideraba que la lucha de clases tenía prioridad sobre la cuestión racial.

Su posición se hizo más explícita en sus críticas al APRA, especialmente en relación con el papel de los pueblos indígenas de América Latina. Según Mella, era un error hablar del potencial revolucionario de los pueblos indígenas:

La penetración del imperialismo ha acabado con el problema de la raza, en su sentido tradicional, en la medida en que el imperialismo transforma a indios, mestizos, blancos y negros en trabajadores, es decir, le da al problema una base económica y no étnica.

Para Mella, la experiencia ya había demostrado que «el campesino —el indio en América— es extraordinariamente individualista y que su máxima aspiración no es el socialismo, sino la propiedad privada». Solo la clase obrera podría liberar al campesinado de este error, «sobre la base de la alianza que el Partido Comunista establezca entre las dos clases».

Por supuesto, existen limitaciones en los textos de Mella, que en general son bastante breves y no necesariamente desarrollan con gran profundidad las ideas que expone, quizás debido a su estilo de vida y a la falta de tiempo, con la gran cantidad de actividades políticas que desarrollaba simultáneamente. Hablamos de alguien todavía muy joven que a menudo preparaba artículos sobre la coyuntura política inmediata, muchos de los cuales tenían un sesgo propagandístico y una visión determinista de la historia. Su objetivo era ser lo más directo posible, lo que se traducía en obras de contenido polémico y provocador.

Aun así, se puede encontrar en Mella una marcada sensibilidad y una enorme capacidad para comprender la época en que vivió y las necesidades del momento. Su vida y su obra siguen inspirando a la gente en Cuba y merecen ser conocidas por la juventud progresista de hoy más allá de la isla.

domingo, 5 de janeiro de 2025

Un hito en la barbarie humana: "Gaza en el corazón"

Adolfo Estrella
El Desconcierto

En los próximos futuros, si es que los dueños del mundo dejan algo en pie, Gaza debería ser recordada como un hito en la barbarie humana. Pero eso no va suceder porque la masacre, ahora tecnificada y digitalizada, no se detiene y Gaza nos muestra, otra vez, que las “soluciones finales” persisten en la historia y las víctimas de ayer pueden ser los victimarios de hoy.

No hay progreso ético en la historia del mundo. Mundo e inmundicia tienen la misma etimología. Ni el Gulag, ni Auschwitz, ni Guernica, ni Hiroshima, ni Villa Grimaldi, ni La Escuela de Mecánica de la Armada, ni Sabra y Chatila, ni… por citar sólo unos pocos casos en una cronología de las matanzas recientes, fueron el final de un período negro. No fueron excepciones en la larga marcha de la humanidad desde un pasado malo hacia un futuro bueno.

La historia está sembrada de cadáveres de optimistas y buenistas que creyeron en eso. Otra vez, como siempre, "cae ceniza, cae hierro y piedra y muerte y llanto y llamas", escribía Pablo Neruda en su “España en el Corazón”, señalando la llegada de la bestia fascista.

Gaza es lo que nadie ve después de tanto mirarlo. El mal se hace transparente e inocuo en las pantallas mediáticas del totum revolutum y en el simulacro del espectáculo. Todo vale porque nada vale y viceversa. La sangre no se huele en las pantallas de la estupidez informatizada, ni se oyen los gritos de una amputación sin anestesia en un hospital bombardeado.

Mientras tanto los escombros, los heridos y muertos se acumulan en las calles de Gaza, la cárcel masiva que su verdugo, después de la limpieza étnica, después de los colonos, después del apartheid, después de las detenciones administrativas, después de las retóricas “condenas internacionales”, ha destruido a vista y paciencia de todos. "Y una mañana todo estaba ardiendo y una mañana las hogueras salían de la tierra, devorando seres y desde entonces fuego, pólvora desde entonces y desde entonces sangre. Venid a ver la sangre por las calles, venid a ver la sangre por las calles".

La razón de Estado, esta vez teocrático, militarizado y falsamente democrático, triunfa sobre la misericordia, la conmiseración y la bondad. Todo es crueldad revestida de destino manifiesto, de libros sagrados y argumentos arcaicos, de delirios y fantasías mesiánicas por parte de aquellos "seres del exterminio, los devoradores, que llegaron a tu arena terrenal".

El horror en Gaza y en toda Palestina no empezó con la reciente ofensiva, inútil y asimétrica, de Hamás. Comenzó mucho antes, comenzó con la idea falsa de un pueblo sin territorio que llegaba a un territorio sin pueblo, comenzó con la destrucción de aldeas, con el esfuerzo sistemático de borrar una cultura, con las deportaciones, con la construcción de “la cárcel más grande de la Tierra”, hechos que tan detalladamente han documentado historiadores israelíes valientes como Ilan Pape. Comenzó con la idea de superioridad, punto de partida de cualquier genocidio.

Vemos ahora Gaza como veían los ciudadanos alemanes pasar los trenes repletos de prisioneros hacia los campos de exterminio, es decir, sin hacer nada. Ni el humo de las chimeneas ni el olor de cuerpos quemados hizo que la cotidianeidad de entonces cambiara su curso. Lo mismo sucede ahora. El sadismo mecanizado de entonces es el mismo sadismo digitalizado de estos días.

La normalización del horror y la amnesia colectiva son unas de las mayores enfermedades éticas de la especie humana. En los bares de Tel Aviv y en los bares de todo el mundo se bebe y se festeja la llegada del nuevo año mientras las bombas no dejan de caer sobre la infancia aterrada.

Gaza la visible, Gaza la invisible, Gaza palestina, Gaza universal, Gaza sacrificada, Gaza heroica donde de cada niño muerto sale un fusil con ojos. ¿Se puede no sufrir por Gaza? ¿Se puede no sufrir con Gaza? "Yo no me olvido de vuestras desgracias, conozco vuestros hijos, y si estoy orgulloso de sus muertes, estoy también orgulloso de sus vidas". El "galope de bestias" continua entre "tanta tumba y tanto martirio". Y nuestra palabra, sobre las ruinas de Gaza, se hace impotente y, a la vez, necesaria.