Fernando de la Cuadra
Socialismo y Democracia representan la síntesis de un camino hacia la transformación política, económica, social y cultural inspirada en los principios de dignidad, justicia, libertad, equidad y solidaridad que caracterizaron la vía chilena al socialismo, de la cual me siento tributario.
quarta-feira, 31 de março de 2021
Los cambios que se vislumbran en un escenario siniestro
Fernando de la Cuadra
quinta-feira, 18 de março de 2021
A cartilha de um genocida
Ruth de Aquino
O Globo
Chamar Bolsonaro de genocida parece provocação. Genocídio é o extermínio deliberado de uma coletividade indefesa, por diferenças étnicas, nacionais, religiosas ou sociopolíticas. O massacre de milhões de judeus por Hitler cunhou a expressão. Esse crime contra a humanidade é julgado em tribunais internacionais, com pena de até 30 anos de prisão. Não prescreve. Raramente os crimes de gestão pública chegam a Haia, na Holanda.
Por que então esse aprendiz de ditador que bajula as Forças Armadas, ameaça poderes, despreza minorias e persegue a imprensa é acusado de genocida? Em julho de 2020, quando os mortos por Covid eram 85 mil no Brasil, já havia em Haia três denúncias contra Bolsonaro por incitar mortes, asfixiar indígenas e propagar o vírus. No Supremo Tribunal Federal, há na pauta uma notícia-crime de genocídio. Um líder pode construir ou destruir consciência cívica. No início da pandemia, a população era mais comedida. Depois, imitou os negacionistas.
Como Bolsonaro boicotou as vacinas e nos aproximamos de 300 mil mortos, sua rejeição aumentou. Não importa quem é o ministro da Saúde (aliás, não importa quem é ministro de pasta nenhuma). É Bolsonaro quem manda. As pesquisas mostram. É Bolsonaro o culpado. É Bolsonaro o incapaz de governar. É Bolsonaro o autor do colapso do Brasil.
Fiz uma cartilha com sete fatos. Um bê-a-bá de como se tornar ou se reconhecer um potencial genocida. Não listei características pessoais. A frieza, por exemplo. Só um genocida não se emociona com a morte de milhares de pessoas – especialmente idosos, vulneráveis, ou não produtivos. Que tomem tubaína. O deboche diante do luto nacional pode ser traço de um genocida. As ações são ainda mais gritantes e perniciosas. Aí vão elas:
1 – Negar a pandemia. É uma gripezinha. Nada vai acontecer se você tiver histórico de atleta. Todos vamos morrer um dia. Não podemos ser maricas e ficar em casa. Isolamento social não adianta nada.
2 – Não usar máscara e promover aglomerações em bares, ruas, praias, contrariando os especialistas. Propagar o vírus. Apertar a mão, abraçar, beijar, tirar selfie, repreender ministros com máscara, vetar máscaras em presídios.
3 – Demitir um médico, Mandetta, como ministro da Saúde, por suas entrevistas diárias, explicando à luz da Ciência como reduzir contágio e mortes. Emparedar outro ministro da Saúde, também médico, por condenar a cloroquina. Gastar R$ 90 milhões em remédios ineficazes e fazer propaganda, tentar impor aos médicos. Efetivar na Saúde um general boneco de ventríloquo e incompetente.
4 – Vetar divulgação de mortos e contaminados, optando por revelar apenas quem se curou. A censura foi contornada com o consórcio inédito de jornais e TV Globo.
5 – Criar conflitos com o Supremo e a Câmara, incitando extremistas de direita a atacar essas instituições, nas redes sociais e fisicamente. Ameaçar ruptura institucional. Só mudar de atitude depois que a família começou a ser investigada por corrupção, rachadinhas e ligação com milícias. Trocar cargos e verbas por apoio no Congresso.
6 – Rachar com governadores e prefeitos, relegando a eles a condução da pandemia. Inventar que o Supremo Tribunal Federal tirou sua autonomia como presidente. Estrangular estados com a falta de liderança federal e de cilindros de oxigênio. Chantagear quem impõe lockdown ou restrições de circulação.
7 – Boicotar as vacinas. Rejeitar a Coronavac, por ser chinesa e “do Doria”. Recusar vacinação obrigatória. Desencorajar. Não se vacinar. Não comprar milhões de doses da Pfizer que estariam aqui em dezembro. Proibir negociações com os laboratórios. Barganhar o preço até obrigar estados a suspender a vacinação. Solapar o SUS, a Fiocruz, o Butantan e todos os que poderiam já estar produzindo e imunizando em massa. Talvez estejam no seu colo 100 mil cadáveres.
Como você chamaria quem age assim?
sexta-feira, 12 de março de 2021
Ausencia y presencia de Marielle Franco
Fernando de la Cuadra
¿Qué
paga este sudor del tiempo que se va?
¿Qué
tiempo están pagando el de su vida?
¿Qué
vida están sangrando por la herida?
De
virar esta tierra de una vez…
(De una vez, Silvio Rodríguez)
Este
14 de marzo se cumplen 3 años desde el cobarde asesinato de Marielle Franco y
Anderson Gomes en una emboscada perpetrada por dos Policías Militares que
operaban como sicarios de una organización criminal de milicianos con sede en
Rio das Pedras conocida como “Escritorio del crimen”. Los ahora ex PM, Ronnie
Lessa y Élcio Vieira de Queiroz continúan presos a la espera del juicio que
será realizado con la participación de un jurado popular.
A
pesar de que existen fuertes indicios del vínculo que tiene la familia
Bolsonaro con este grupo miliciano, hasta ahora la Policía Federal y la
justicia no han podido recoger las pruebas necesarias y suficientes que
permitan demostrar fehacientemente la asociación del Clan con dicha
organización. En parte, ello es debido a un conjunto de obstáculos que se han
interpuesto para que los investigadores puedan efectuar su tarea de la manera más
acuciosa y pormenorizada posible, con el objetivo de conocer los motivos de los
mandantes y la cadena de responsables que existen hasta que se consumó la
ejecución del crimen.
Por
lo mismo, sigue abierta la pregunta que se ha transformado en el lema de la
campaña para obtener la verdad y la justicia en el caso de Marielle y Anderson:
¿Quién mandó a matar Marielle y por qué? Tal como nos recuerda el proverbio “la
justicia tarda, pero llega” y en este caso quizás estemos cada vez más cerca de
conocer la verdad sobre este atentado, a la luz de todos los elementos
probatorios que se han ido acumulando a lo largo de estos tres años de pesquisas.
Solamente
señalaré algunos de los principales antecedentes recabados hasta el momento. Adriano
da Nóbrega, un miliciano amigo de la familia Bolsonaro fue ultimado en extrañas
circunstancias al interior del Estado de Bahía, donde se había ocultado luego que
la justicia determinó su captura por diversos delitos. Ex capitán del Batallón
de Operaciones Especiales de la Policía Militar (BOPE), Adriano era considerado
el jefe del Escritorio del crimen, además de ser un estrecho colaborador de Flávio
Bolsonaro. En efecto, la esposa y la madre de Adriano trabajaron en el gabinete
del entonces Diputado Estadual y participaron activamente en el esquema de
desvíos de salarios de funcionaros que había montado Flávio (la conocida
“rachadinha”) que hasta ahora es investigada por la Justicia de Rio de Janeiro.
Otro actor clave en el funcionamiento de dicho esquema era el chofer y
guardaespaldas del diputado, el también ex PM y miliciano Fabricio Queiroz, el
cual se encuentra actualmente con prisión domiciliar por este y otros delitos.
Si
Adriano de Nóbrega fue el mandante del crimen de Marielle Franco es una
incógnita, difícil de resolver en la medida que ya no podrá comparecer ante la
justicia, pues su muerte puede ser considerada ciertamente como una estrategia
de “quema de archivo”. Sin embargo, otras pruebas pueden surgir hasta el día
del juicio y es muy probable que ellas permitan comprobar el involucramiento
del Clan Bolsonaro en el asesinato de Marielle.
En
el documental Marielle realizado en
2020, el director Caio Cavechini realiza un recuento cronológico de las últimas
horas de la concejala asesinada junto a su chofer Anderson. En el documental,
se van intercalando aspectos de la vida de Marielle, desde la infancia y hasta
el fatídico día de su homicidio. Nacida en la favela Complexo da Maré en Rio de
Janeiro, Marielle, desde muy joven manifestó una fuerte sensibilidad social.
Ello la llevó justamente a elegir la carrera de sociología, la cual concluyó en
2007. Luego, realizó estudios en el Programa de Postgrado en Administración de
la Universidad Federal Fluminense (UFF). Su disertación de Magister se
transformó ulteriormente en el libro “UPP. A redução da favela a três letras: uma análise da
Política de Segurança Pública do Estado do Rio de Janeiro”, la cual se transformó al poco tempo en una
referencia obligada entre quienes se dedican a la problemática del papel
desempeñado por las políticas estatales en materia de seguridad pública y
ciudadana.
En
ese periodo comenzó a incorporarse más activamente a la actividad política,
militando en el Partido Socialismo y Libertad (PSol). Posteriormente, en 2017, fue
electa concejala por este partido, desde el cual desplegó una enorme energía en
la defensa de los derechos de los residentes en comunidades pobres, los grupos
LGBTI, las mujeres, la población negra y todos quienes experimentaron alguna
violación a sus derechos por agentes del Estado o por grupos paramilitares,
como las milicias y los escuadrones de la muerte. En su actividad política,
Marielle fue reconocida por muchas organizaciones nacionales e internacionales
(como Amnistía o Human Rights Watch)
en su lucha por la defensa de los Derechos Humanos.
“El
golpe para quien viene de la favela es atroz, nosotras somos violadas y
violentadas hace mucho tiempo y en muchos momentos. En ese período, por
ejemplo, donde la intervención federal se concretiza en la intervención
militar, quiero saber ¿Cómo quedan las madres y los familiares de las niñas revisadas?
¿Cómo quedan las médicas que no pueden trabajar en sus puestos de salud? ¿Cómo
quedan las mujeres que no tienen acceso a la ciudad? Esas mujeres son muchas.
Son mujeres negras, mujeres lésbicas, mujeres trans, mujeres campesinas,
mujeres que construyen esta ciudad…”
Por
lo mismo Marielle representaba un obstáculo indiscutible para la expansión de
estas bandas criminales en las comunidades pobres de Rio. Y no solo eso, ella
también era una amenaza para la hegemonía política del Clan Bolsonaro en los
sectores periféricos de la ciudad de Rio, una alternativa poderosa a los esfuerzos
de esa familia para imponer su proyecto de extrema derecha entre los grupos más
carentes de esos territorios, especialmente entre los adherentes al
pentecostalismo. Proyecto que se vio concretizado con el triunfo del
neofascismo en las elecciones de octubre de 2018.
Un
cómplice miliciano de los criminales dijo en una entrevista, pocos días después
del homicidio, que luego la sociedad brasileña se olvidaría de Marielle. Al
contrario de la profecía de este emisario de la muerte, la figura de Marielle
Franco ha ido creciendo cotidianamente, transformándose en una gran inspiración
y baluarte en la defensa de los derechos de las minorías violentadas por los
poderes abyectos del Estado y la necropolítica. Su presencia no solo se
encuentra inmortalizada en millares de murales que surgen en diversas ciudades
de Brasil y América Latina, sino que también su sonrisa seguirá iluminando
eternamente todas las manifestaciones y movilizaciones que se convoquen en defensa
de la vida, la justicia y la dignidad de las personas.
quinta-feira, 11 de março de 2021
Por que Lula seria hoje o único capaz de destronar Bolsonaro?
quinta-feira, 4 de março de 2021
¿Quién puede detener al genocida?
segunda-feira, 22 de fevereiro de 2021
Albert Camus y 'La Peste': libertad y existencia bajo asedio
En la famosa novela del gran escritor Albert Camus (1913-1960), 'La peste', se plantean de manera magistral, lúcida y sin concesiones, los rasgos esenciales de la condición humana ante la enfermedad, quizás en su forma más severa, la epidemia, y se pone en evidencia el profundo pensamiento humanista de su autor, merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1957, a los cuarenta y cuatro años de edad. En nuestros tiempos de Covid-19, su lectura es mucho más que pertinente.
Perspectiva Histórica: pandemias de ayer y de hoy
La ruta de la pandemia ocasionada por el virus Sars-Cov-2, causante de Covid-19, que sigue provocando estragos a nivel mundial, es bien conocida: grosso modo, de Asia pasó a Europa –con especial presencia en Italia– y de ahí se extendió a todo el planeta. Precisamente el primer caso mexicano fue el de una persona que había viajado a Italia.
De inmediato, la epidemia por un virus cuyo origen todavía se discute –se habla de murciélagos, pangolines y otros posibles transmisores originarios– cobró dimensiones globales y, en el particular caso de México, tres meses y once días después de iniciada en la que hasta ese momento era la internacionalmente ignota ciudad de Wuhan, en el sureste de la República Popular China, la pandemia quedó instalada no como tema único, pero, de manera inevitable, sí como el principal, recurrente y subordinante de cualquier otro asunto, que sin remedio quedó supeditado a lo que sucediera o dejara de suceder a consecuencia de la pandemia.
Como se ha insistido desde el principio, la actual crisis sanitaria sólo puede ser comparada con la pandemia que tuvo lugar a principios del siglo xx, también ocasionada por la expansión irrefrenable de un virus, para decirlo en términos técnicos, de influenza tipo a, subtipo H1N1, pero que (des)consideraciones de orden geopolítico movieron a denominarla, no sin insidia, como la gripe española.
Entre febrero de 1918 y hasta abril de 1920, lapso que a grandes rasgos es considerado como su duración real, aquella peste cobró la vida de aproximadamente 50 millones de personas alrededor del mundo, para un porcentaje apocalíptico si se pone en la perspectiva de dos datos duros, tanto de aquel tiempo como de éste: en 1920, la población mundial rondaba los mil 800 millones de habitantes; eso significa que, en sólo veintiséis meses, la influenza de 1918-1920 cortó la vida del 2.7 por ciento de la población mundial, para un promedio de 63 mil 291 muertes diarias. Un siglo más tarde, a la Tierra la poblamos alrededor de 7 mil 500 millones de seres humanos, y aunque la cifra de contagios y decesos naturalmente sigue y seguirá aumentando durante un lapso imposible de conocer, al día de hoy no rebasa los 2 millones 400 mil muertes, para un promedio aproximado de 5 mil 700 fallecimientos diarios por Covid-19, o 0.03 por ciento de la población mundial. Por supuesto, este comparativo numérico de ningún modo tiene la intención de minimizar la emergencia y la tragedia actuales; sólo pretende mirar el actual estado de las cosas desde una perspectiva histórica.
La de principios del siglo xx y la del Covid-19, como es natural y como, a estas alturas, lo sabe incluso el menos enterado, no son las únicas –y tampoco las peores– epidemias que la humanidad ha sufrido: sería imposible agotar el registro en un espacio como éste, pero apúntense al menos un par: la tristemente célebre peste negra medieval, que en el siglo xiv cortó la existencia de aproximadamente 200 millones de seres humanos en Europa y Asia, y otra que tuvo lugar en el siglo xix, pocos años antes de la acaecida en 1918-1920: la que asoló la ciudad argelina de Orán en 1849, de la cual se hace eco La peste, la conocida novela de Albert Camus, que en los días que corren ha cobrado nueva relevancia, como resulta obvio considerando tanto el tema del libro como la relevancia mundial de su autor
Perspectiva literaria: una y todas las pestes.
Breve, concisa, espléndida y durísima, La peste no fue ni el primer libro ni la primera novela publicada por Camus: un lustro antes había dado a la imprenta El extranjero, esa otra obra maestra, así como publicado alrededor de siete títulos, entre piezas teatrales y ensayos, incluyendo esa cúspide del pensamiento occidental llamada El mito de Sísifo
Publicada en 1947 –una década antes de que Camus recibiera, a sus cuarenta y cuatro años de edad, el Premio Nobel de Literatura–, a La peste se le ha querido entender como una gran metáfora de la invasión nacionalsocialista alemana en territorio francés. Asimismo, se le ha querido interpretar como si se tratara de una enorme alegoría relativa a la amenaza permanente de la maldad, contra la cual el género humano debe permanecer alerta si acaso lo que busca es no sólo sobrevivir y prevalecer sino realmente vivir o, quizá mejor dicho, realmente existir, y que la existencia misma tenga algún sentido, para expresarlo en los términos filosóficos que alguna vez le fuesen caros al propio Camus: los del existencialismo.
En tanto La peste se hace eco de un hecho histórico verídico, sólo que adaptado a la realidad de mediados del siglo xx, cabe por supuesto la interpretación más sencilla de todas: una evocación, estremecida y estremecedora, del pasado relativamente reciente, así como una revisión de la idiosincrasia nacional del propio autor, nacido en Argelia a finales de 1913 –en otras palabras, a los cinco años de edad Camus vivía en un mundo azotado por una pandemia. No en balde, los acontecimientos de ficción de La peste tienen lugar casi exactamente un siglo después de los que asolaron a la ciudad de Orán.
Empero, y sin demérito de las interpretaciones arriba apuntadas, con su segunda novela Camus alcanzaría, y de igual manera con una novela más bien corta –apenas arriba de doscientas páginas que, dicho clásicamente, se leen de un tirón porque resulta imposible soltar el libro sin llegar hasta el final–, lo mismo que Thomas Mann tres décadas y un lustro antes, con su también celebérrima Muerte en Venecia –contextualizada, como bien se sabe, durante una epidemia de cólera–: hablar no de una, sino de todas las epidemias, presentes, pasadas e incluso futuras, como los actuales habitantes de esta Tierra podemos constatar.
En aras de comprobar lo antedicho, es grande y difícil de resistir la tentación de citar profusamente, pero se hará un esfuerzo de brevedad, comenzando por el final de la novela, incluida la idea que, para muchos, sintetiza el existencialismo según Albert Camus, que no sería otra cosa que un humanismo profundo, diríase telúrico y, en su caso, henchido de generosidad y calidez:
El viejo tenía razón, los hombres eran siempre los mismos. Pero esa era su fuerza y su inocencia y era en eso en lo que, por encima de todo su dolor, Rieux sentía que se unía a ellos. […] para testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.
Lo que el narrador dice de Rieux, ese doctor infatigable para quien la piedad con sus semejantes tiene forma de persistencia, disciplina y olvido de sí mismo, es por supuesto lo que movió al propio Camus no sólo en la escritura de La peste y de otros libros suyos, en particular El hombre rebelde y El mito de Sísifo: la resistencia, casi que la obcecación ciega, contra la adversidad o la indiferencia de un mundo al que ni le sobra ni le falta la presencia o la ausencia del ser humano en su seno.
Sigue hablando el narrador, a nombre de ese espíritu noble del doctor Rieux, acerca de la conveniencia de no cantar victoria nunca, en particular si el enemigo a combatir es la peste, ya sea que se trate de un virus, del desaliento, del egoísmo o de la indiferencia respecto de la suerte del prójimo:
…sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva. No puede ser más que el testimonio de lo que fue necesario hacer y que sin duda deberían seguir haciendo contra el terror y su arma infatigable, a pesar de sus desgarramientos personales, todos los hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a admitir las plagas y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos. Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.
El doctor Rieux y, a su personalísimo modo, el resto de los personajes que pueblan la historia –Tarrou y su desapegado escepticismo, paradójicamente no exento de ternura; el anciano Grand y su contribución tan discreta como indispensable en la ejecución de las faenas a que la epidemia obliga; Rambert, uno de quienes “llegaron incluso a pensar que seguían siendo hombres libres, que podían escoger”, más el resto, unos escépticos, otros exasperados, otros más esperanzados, otros todo lo contrario–, todos sin excepción viven, cada uno, su propia epidemia y reivindican su derecho a ser libres, así sea solamente para volver a la molicie prepandémica o, si la libertad bien entendida y mejor aprovechada es mucho pedir en medio de la tragedia, al menos reclaman su derecho -tan inalienable en la Edad Media como en los siglos xiv, xix, xx y el actual, sea en Wuhan, Orán o Ciudad de México- a seguir existiendo.
sexta-feira, 19 de fevereiro de 2021
La mentira como forma de acción política
Fernando de la Cuadra
quarta-feira, 3 de fevereiro de 2021
Brasil: Sin impeachment para el genocida
quarta-feira, 27 de janeiro de 2021
La renta básica ciudadana en tiempos del coronavirus
quarta-feira, 20 de janeiro de 2021
Na pandemia, Exército volta a matar brasileiros
Luiz Fernando Vianna











