segunda-feira, 18 de julho de 2011

La revolución cubana en discusión



Claudia Hilb
Gramsci e o Brasil


O mais democrático dos antigos Partidos Comunistas, o PCI, jamais se negou a encarar crítica e analiticamente os desafios colocados pelas chamadas sociedades pós-revolucionárias, que, vítimas das suas contradições, entre as quais a falta de liberdades básicas, caíram sob os escombros do Muro de Berlim.

Claudia Hilb, professora de Teoria Política na Faculdade de Ciências Sociais da Universidade de Buenos Aires, é autora de numerosos estudos publicados em seu país e no exterior, entre os quais destacamos Leo Strauss: el arte de leer (2005) e Gloria, miedo e vanidad: el rostro plural del hombre hobbesiano (em colaboração, 2007). Editou ainda um livro em homenagem a um dos símbolos do pensamento gramsciano em toda a América Latina, El político y el científico. Ensayos en homenaje a Juan Carlos Portantiero (2009).

Seguindo esta tradição, Gramsci e o Brasil convidou Claudia Hilb, autora de um instigante livro sobre a sociedade e o Estado cubano, a aprofundar suas reflexões ali expostas, como forma de incentivar um debate aberto e não dogmático sobre uma das realidades remanescentes daquilo que um dia se chamou de socialismo real. O resultado deste convite são as respostas dadas a Fernando de la Cuadra, na entrevista abaixo reproduzida.

Siendo una militante de la “izquierda radical” y perteneciente a una generación en que la revolución cubana ocupa un lugar importante, ¿en qué momento usted comienza a percibir los derroteros autoritarios que vendría a asumir este proceso revolucionario?

Cuando partí al exilio, en 1976 (tenía 21 años), ya partí con la sensación de que algo de lo que estaba sucediendo en Argentina con las fuerzas de izquierda radicalizada merecía ser interrogado seriamente. Pero era una sensación muy vaga. Fue en Francia donde empecé a transformar esa sensación en objeto de mi indagación, a interesarme en la literatura de la disidencia y de la crítica de los regímenes de la órbita soviética — desde Orwell y Koestler hasta Bahro, Hahnemann, y varios otros, y fue así, con esa inquietud, que llegué a frecuentar la obra y el seminario de Claude Lefort, que ejerció en ese sentido un gran impacto sobre mí, ya que de algún modo encontraba en su reflexión formuladas de manera brillante las preguntas que rondaban por mi cabeza. Para la pequeña historia, diré que en el principio de este proceso, hacia 1977-1978, también tuvo una gran influencia sobre mí la amistad con Elizabeth Souza Lobo, que fue profesora mía en la Universidad de Paris VIII, a través de quien tuve la primera evidencia de que era posible desarrollar una postura no religiosa ni dogmática de izquierda. Aprovecho para decirlo aquí, porque nunca tuve la oportunidad de decirlo en voz alta, y estoy segura de que ella desgraciadamente nunca supo cuan importante fue su amistad para mí.

¿Cómo surgió la idea de escribir un libro que marcase una posición cuestionadora desde la izquierda democrática?

Desde los comienzos de lo que podría llamar mi actividad intelectual, al mismo tiempo en que me dedicaba al estudio de la teoría política moderna y contemporánea, me interesó especialmente tratar de interrogar las certezas de la izquierda de la que provengo, de contribuir a la revisión de nuestra tradición y sobre todo de nuestra práctica, con la idea de que si no lográbamos revisar esa historia no habría manera de revitalizar la política desde un polo de pensamiento de izquierda, o por así decir “progresista” (lo pongo en comillas, porque es un término que ya no me convence mucho por múltiples motivos). Esto último me ha llevado a escribir sobre la violencia política en Argentina, sobre la cuestión de la justicia transnacional en el caso de las dictaduras argentina y chilena, sobre el asalto guerrillero al regimiento de La Tablada, en una suerte de “revival” de las prácticas setentistas en Argentina en 1989, y luego, sobre la Revolución cubana. Actualmente estoy tratando de escribir algunas cosas sobre el modo en que se articulan verdad y justicia en los procesos post-traumáticos en Argentina y Uruguay, a la luz del modo bien distinto en que ello fue tratado en Sudáfrica. En suma, mi libro sobre Cuba forma parte, para mí, de la necesidad de revisar más globalmente la tradición, las creencias y la práctica política de la izquierda radical en Argentina, en mi caso, pero por supuesto, no solo en Argentina.

¿No cree que su posición con relación a los caminos seguidos por la revolución cubana es también tardía, considerando que su libro sólo llega a publicarse en 2010, es decir, después que transcurrieron más de 50 años desde el triunfo de Fidel y sus compañeros?

En términos generales, por supuesto que es tardía. Por suerte, ha habido quienes han hablado antes, y mejor, que yo (aunque pocas veces hayan sido escuchados desde la izquierda, que ha tendido a desecharlos más fácilmente como “traidores”). Es curioso, el otro día un amigo me envió un viejo reportaje a Jorge Semprún donde le hacen una pregunta similar, referida en ese caso a la URSS. Y Semprún responde que a su criterio “lo esencial no está en saber cuándo fulano o mengano ha roto con la mistificación de las organizaciones que se proclaman marxistas, sino ver hasta dónde habrá ido en este camino de ruptura”. Sea como fuere, en mi caso no creo que yo pueda atribuir la tardanza a la negativa a revisar mi adehsión pretérita, cosa que comencé a hacer bastante joven, favorecida por el clima intelectual de cierta izquierda en Francia, sino más bien a razones, si ud. quiere, más ligadas a mis obsesiones más inmediatas. Como le decía antes, desde 1983 que intento pensar algunos problemas de la concepción y la práctica de la izquierda, en particular de la izquierda argentina, como quien diría “a contrapelo” de lo que es para mí el sentido común progresista inexaminado, ese sentido común que responde automáticamente con respuestas que si en algún momento pueden haber sido el resultado de reflexiones complejas, hoy han tomado en buena medida la forma de clishés. De modo que si recién hace pocos años decidí concentrar mi atención en la Revolución cubana creo que es porque hasta entonces estaba sobre todo arreglando las cuentas con el asunto de la violencia política de la izquierda radical en Argentina, que me involucraba más existencialmente, por así decir. Siempre sentí esto último como una suerte de deber de responsabilidad, hacia las nuevas generaciones, sometidas al tableteo romántico de los relatos heroicos de tiempos de plenitud, pero también hacia los amigos que tuve que murieron en el ejercicio de esa violencia y que desaparecieron en un destino atroz. Porque contrariamente a quienes se niegan a revisar nada invocando la memoria de las víctimas, siempre creí que nada me impedía pensar que de haber sobrevivido, muchas de ellas habrían podido llegar a pensar como yo. Pero bueno, en determinado momento sentí que ya había dicho lo que quería decir al respecto, y pude si usted quiere ampliar un poco el foco de mi mirada. En todo caso, como le decía, sinceramente creo que la tardanza a encarar el tema de Cuba no obedeció en mí tanto a una resistencia de tipo intelectual, sino más bien de un sino biográfico. De hecho, empecé a tomar la decisión de escribir sobre Cuba cuando Fidel Castro visitó la Argentina en 2003, a comienzos del gobierno de Néstor Kirchner, y despertó una “fidelmanía” entre los jóvenes, y no tan jóvenes, que me perturbó profundamente, porque entraba en sintonía con una suerte de “revival” de lo que en Argentina se llama el “setentismo”, la exaltación del activismo político de los primeros años de la década del setenta, y que era uno de los focos contra los cuales yo intentaba argumentar. Fue ese revival “setentista” el que me llevó a querer indagar un poco en las claves de esa adhesión tremendamente entusiasta a Fidel Castro entre buena parte de la izquierda democrática. Lo curioso es que desde el primer momento en que empecé a escribir sobre Cuba (escribí algunos pequeños textos sobre el tema antes del libro) recibí muestras de admiración por lo que muchos amigos que compartían a grandes rasgos mi mirada denominaban mi coraje. Yo, la verdad, no sentí ni siento que era necesario coraje para escribir como lo hice, pero esa reacción no hizo sino reafirmar para mí la conciencia del punto hasta el cual el tema Cuba era casi impronunciable.

En la introducción de su libro, usted deja claro y explicito que el bloqueo comercial de Estados Unidos a Cuba no será objeto central de su análisis. ¿Pero, realmente no piensa que el embargo que afectó a Cuba pudo haber influido forzosamente en ese proceso de estigmatización de los potenciales enemigos y en la subsecuente concentración de poder en manos del grupo dirigente y de Fidel en particular?

Es interesante, claro está, imaginar contrafácticamente qué habría sucedido si no se hubiera producido el bloqueo comercial de los EEUU, si en tal caso los dirigentes de la Revolución habrían optado por llevar adelante otra forma de constituir el poder. Por mi parte, viendo las señales de monopolización del poder que se producen muy rápidamente en Cuba desde los primeros meses, y viendo también cual ha sido la experiencia de las revoluciones del Siglo XX, tiendo a pensar que si bien el bloqueo pudo a la vez debilitar las chances de quienes habrían querido conservar un destino más plural para la Revolución, y eventualmente convencer a algunos de ellos de la necesidad de concentrar férreamente el mando, la tendencia a la construcción omnímoda del poder forma parte integral de la idea revolucionaria constructivista, de constitución de una sociedad a imagen y semejanza de una idea. El apartamiento y persecución, en los primerísimos tiempos de la Revolución, de hombres como Matos, Boitel, Salvador, por nombrar a algunos, no puede ponerse a cuenta del bloqueo — parcial, desde octubre de 1960, total a partir de 1962 — provocado por los EEUU respecto del comercio con Cuba. De todos modos, un tema que me parece muy interesante y pertinente es el de reflexionar acerca del equilibrio entre radicalidad de las medidas de igualación y consecuencias políticas. ¿Puede llevarse adelante un proceso radical de igualación “desde arriba” sin concentración absoluta del poder? En caso de que, a la luz de la mirada sobre la historia del Siglo XX tendamos a pensar de que la respuesta es negativa, habrá entonces que imaginar cuales pueden ser las formas de igualación que no conduzcan a regímenes de dominación total — a menos que nos resignemos, y no estoy dispuesta a que sea el caso, a optar entre el apoyo a revoluciones totalitarias o la renuncia a la lucha por una mayor igualdad.

En varias oportunidades, usted resalta que la cultura fue cooptada por el gobierno y que el poder central consigue desarticular toda posibilidad de organización autónoma de los intelectuales y artistas cubanos en nombre de la revolución. A pesar de ello, también pudimos ver la creación de obras críticas apoyadas con recursos del gobierno, como es el caso de Fresa y Chocolate o Guantanamera de Tomás Gutiérrez Alea, películas que fueron ampliamente difundidas en el circuito internacional.

Por supuesto, ha habido en estos cincuenta años algunos momentos de deshielo, o más exactamente, algunas brechas a través de las cuales puede expresarse un pensamiento autónomo, de los cuales las películas de Gutiérrez Alea son una buena muestra. Pero al mismo tiempo, es cierto también que la apertura o el cierre de esas brechas está siempre sometida a la voluntad del poder político, y que se requiere un coraje cívico importante para insertarse en ellas. En el libro yo cito el ejemplo del Centro de Estudio de las Américas, cuyos integrantes eran respetadísimos intelectuales, que fue cerrado de manera abrupta por orden de Raúl Castro en 1994, tras varios años de existencia, no sin antes pasar por unas lamentables sesiones de interrogatorio ideológico político a sus prestigiosos directivos. Del mismo modo, constato hoy en día la prudencia con que se mueven en Cuba algunos grupos, muy reducidos por cierto, de intelectuales independientes, que aprovechan de la mejor manera los resquicios que pueden aparecer, pero que no se engañan respecto de la posibilidad de persecución eventual, o de ahogo de esos resquicios. En suma, tal como yo entiendo el funcionamiento del régimen, considero que lo que hace a su naturaleza no es la eventual tolerancia, aquí o allá, de tal o cual hecho, sino la discrecionalidad plena que posee el régimen para permitir o prohibir, para tolerar o perseguir estas manifestaciones, discrecionalidad que como decía recién exige de quien fuerza esos espacio una dosis notable de coraje cívico.

¿No piensa que la democracia sin la garantía de derechos mínimos universales, como educación, salud y seguridad social, puede ser tan sofocante para las personas como un régimen autoritario que ofrece estos beneficios a cambio de lealtad y obediencia?

Preferiría plantear la cosa de este modo: considero que la democracia sin garantía de derechos universales mínimos es una democracia tremendamente imperfecta, sofocante, injusta para quienes carecen de aquella garantía, y que es necesario, para quienes nos identificamos con la izquierda democrática, obrar por la ampliación y la generalización de esos derechos. Ahora bien, creo también que la generalización de esos derechos, la lucha por la generalización, puede hacerse e incluso debe hacerse en los mismos términos que son provistos por la dinámica democrática: esto es, la sociedad democrática moderna no puede determinar, de una vez y por todas, cual es la extensión de los derechos, quienes son sus portadores, qué es y qué no es un derecho universal. Y es solo en la disputa política que estos asuntos pueden dirimirse cada vez. En otras palabras, la universalización de los derechos mínimos de los que usted habla debe ser un objetivo irrenunciable de una política de izquierda. Más aún, hoy en día la defensa de esta universalización, unida a la defensa de la libertad igualmente universal, es lo que a mis ojos puede distinguir una política o una sensibilidad “de izquierda” de una política o una sensibilidad “de derecha”. Lo que precisamente no quiero abonar es a la idea de que no puede haber igualdad con libertad, ni libertad con igualdad. Vuelvo a lo que decía al principio: si estas dicotomías reaparecen es porque no hemos sabido recrear suficientemente un pensamiento de izquierda, a la luz de los desastres políticos de las izquierdas, o así llamadas izquierdas, realmente gobernantes bajo la forma de los totalitarismos. Como lo señalo también en el libro, no se trata para mí de saber quien vive mejor, o quien vive peor, si un habitante de una casa semiderruida de Centro Habana, o un habitante de una villa miseria del conurbano argentino. Más aún, no tendría empacho en admitir que vive mejor el primero. Pero nunca a nadie se le habría ocurrido que ser de izquierda es defender como mejores las condiciones de vida del habitante de la villa miseria del conurbano argentino. Y tantos creen que ser de izquierda es defender los resultados políticamente inadmisibles y socialmente hoy también lamentables del régimen de la revolución cubana.

terça-feira, 5 de julho de 2011

15 milhões de pessoas correm risco de fome na Europa


Esquerda.net

Um regulamento aprovado pela Comissão Europeia corta 80% da ajuda alimentar para os pobres. A Federação Europeia dos Bancos Alimentares apela ao Conselho Europeu. Apelo foi apoiado por Conselho Internacional Geral de São Vicente de Paulo, Comunidade de Santo Egídio e Caritas Italiana.

A Comissão Europeia aprovou no passado dia 10 de Junho o Regulamento 562/2011, que reduz o programa europeu de ajuda alimentar de 500 milhões de euros para 113 milhões, um corte de 77,4%. A Federação Europeia dos Bancos Alimentares (FEBA) lançou um apelo ao Conselho Europeu de ministros da Agricultura a que chegue a um acordo sobre novas formas de financiamento.

Segundo a FEBA, em 2010 a sua rede “cobriu 40% dos alimentos fornecidos pelo Programa Europeu. Os 240 bancos alimentares distribuíram 360 mil toneladas de alimentos para associações caritativas e serviços sociais em 21 países europeus. Por sua vez, as organizações de caridade distribuíram alimentos para pessoas indigentes, tais como pacotes ou refeições. 51% desses suprimentos vieram do Programa Europeu, a outra parte de doações de empresas e colectas locais. Se nada for feito, esta decisão levará a uma grave crise”.

A FEBA lembra em comunicado que, de acordo com as estatísticas europeias, 43 milhões de pessoas estão em risco de pobreza alimentar, ou seja não podem pagar uma refeição adequada em cada dois dias, salientando que “o alimento é a base da vida e é um direito humano fundamental” e que “a aplicação desta decisão poderá reforçar a percepção de uma Europa tecnocrática que não se preocupa com o destino das pessoas”.

sábado, 2 de julho de 2011

Israel se ha convertido en una sociedad basada en la violencia



Gideon Levy
Haaretz


¿En qué piensan los israelíes mientras alimentan esas historias de miedo acerca de la flotilla, si no es sobre el uso de la fuerza? ¿Esos activistas quieren matar a los soldados de las FDI? Saldremos a su paso y los mataremos primero. ¿Nos escuchamos a nosotros mismos? ¿Somos aún conscientes del ruido abominable que viene de aquí? ¿Nos damos cuenta de cómo el discurso es cada vez más violento y cómo el lenguaje de la fuerza se ha convertido en el casi único idioma oficial de Israel?

Un grupo de activistas internacionales se dispone a navegar a bordo de una flotilla rumbo a las costas de la Franja de Gaza. Muchos son activistas sociales y luchadores por la paz y la justicia, veteranos de la lucha contra el apartheid, el colonialismo, el imperialismo, las guerras inútiles y la injusticia. Se puede afirmar que es difícil aquí, puesto que ya han sido calificados como delincuentes.

Hay entre ellos intelectuales, sobrevivientes del Holocausto y personas de conciencia. Cuando lucharon contra el apartheid en Sudáfrica o la guerra de Vietnam, se ganaron la admiración por sus acciones, incluso aquí. Pero decir una palabra de elogio ahora sobre estas personas, algunas de edad avanzada, que están arriesgando sus vidas e invierten su dinero y su tiempo en una lucha que consideran justa, se ve como una traición a la patria. Es posible que algunas personas violentas se hayan mezclado con ellos, pero la gran mayoría es gente de paz, no odian a Israel, lo que odian son las injusticias. Han decidido no permanecer en silencio y desafiar el orden existente que es inaceptable para ellos, que no puede ser aceptable para cualquier persona moral.

Sí, tienen la expectativa de crear una provocación, la única manera de recordar al mundo la situación de Gaza, que a nadie interesa a menos que sea por los cohetes Qassam o las flotillas. Sí, la situación en Gaza ha mejorado en los últimos meses, en parte debido a la flotilla anterior. Pero aún Gaza no es libre y está lejos de ello. No tiene salida ni por mar ni por aire, no hay exportaciones y sus habitantes siguen parcialmente encarcelados. Los Israelíes que se salen de quicio si el aeropuerto internacional Ben-Gurion se cierra durante dos horas deberían ser capaces de entender cómo resulta la vida sin un puerto. Gaza tiene derecho a su libertad, y los que van a bordo de la flotilla tienen derecho a actuar para que los gazanos la logren. Israel debería permitirles esa demostración.

Pero miren cómo está reaccionando Israel. La flotilla ha sido descrita inmediatamente por todos como una amenaza a la seguridad, han calificado a sus activistas como enemigos y no caben dudas sobre las ridículas suposiciones que hacen rodar con avidez los funcionarios de defensa y la prensa. Aún no se han apagado los ecos de la campaña de demonización de la flotilla anterior, en la que fueron asesinados varios ciudadanos turcos sin motivos, y, sin embargo, ya comenzó la nueva campaña. Tiene todas las expresiones de moda: peligro, sustancias químicas, combate cuerpo a cuerpo, musulmanes, turcos, árabes, terroristas y tal vez algunos atacantes suicidas. ¡Sangre, fuego y columnas de humo!

La conclusión inevitable es que sólo hay una manera de actuar en contra de los pasajeros de la flotilla y es por la fuerza, y sólo por la fuerza, como con todas las amenazas a la seguridad. Este es un patrón recurrente, la satanización primero, luego la legitimación (para actuar de forma violenta). Recuerden los largos cuentos sobre las sofisticadas armas que venían a través de los túneles de contrabando hacia la aprisionada Gaza. Luego se desplegó la Operación Plomo Fundido y los soldados, por más que buscaron, no encontraron nada de eso.

La actitud hacia la flotilla es una continuación de la misma conducta. La campaña de tácticas de miedo y demonización es lo que contribuye a la retórica violenta que se está apoderando de todo el discurso público. Y, ¿qué debe pensar un israelí que está continuamente alimentado con historias de miedo acerca de la flotilla, si no es sobre el uso de la fuerza? ¿Los activistas quieren matar a soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel? Saldremos a su paso y los mataremos antes.

Ahora los políticos, los generales y los comentaristas están compitiendo entre ellos a ver quién puede ofrecer la descripción más aterradora de la flotilla, qué historia puede inflamar más a la opinión pública, quién alaba mejor a los soldados que nos van a salvar y quién puede entregar la más pomposa retórica de la que podría esperarse para antes de una guerra. Un comentarista importante, Dan Margalit, ya se puso poético en su columna del periódico: "Benditas sean las manos", escribió sobre las manos que sabotearon uno de los barcos destinados a tomar parte en la flotilla. Es otra acción ilegal y digna de matones que aquí gana el aplauso inmediato sin que nadie se haga la pregunta: ¿Con qué derecho?

Esta flotilla tampoco pasará. El primer ministro y el ministro de Defensa lo han prometido. Van a demostrar a esos activistas quién es más hombre, quién es más fuerte y quién está al mando, en el aire, por tierra y por mar. Las "lecciones" de la flotilla anterior se han aprendido bien, no las de los asesinatos inútiles o las del ataque violento e innecesario a las naves, sino la de la humillación de los militares de Israel.

Pero la verdad es que la humillación real radica en el hecho de que los comandos navales se enviaron en primer lugar a interceptar a los barcos, y eso es algo que nos retrata a todos nosotros: ¿cómo nos hemos convertido en una sociedad cuyo lenguaje es la violencia, un país que pretende resolver casi todo por la fuerza, y sólo por la fuerza?

sexta-feira, 1 de julho de 2011

¿Una nueva sociedad o un tsunami social y ecológico?


Leonardo Boff
Koinonia


En mi último artículo lancé la idea, sustentada por minorías, de que estamos ante una crisis sistémica y terminal del capitalismo, y no es una crisis cíclica. Dicho en otras palabras: las condiciones para su reproducción han sido destrozadas, sea porque los bienes y servicios que puede ofrecer han llegado al límite por la devastación de la naturaleza, sea por la desorganización radical de las relaciones sociales, dominadas por una economía de mercado en la que predomina el capital financiero. La tendencia dominante es pensar que se puede salir de la crisis, volviendo a lo que había antes, con pequeñas correcciones, garantizando el crecimiento, recuperando empleo y asegurando ganancias. Por lo tanto, los negocios continuarán as usual.

Las mil millonarias intervenciones de los Estados industriales salvaron los bancos y evitaron el derrumbe del sistema, pero no han transformado el sistema económico. Peor aún, las inyecciones estatales facilitaron el triunfo de la economía especulativa sobre la economía real. La primera es considerada el principal desencadenador de la crisis, al estar comandada por verdaderos ladrones que ponen su enriquecimiento por encima del destino de los pueblos, como se ha visto ahora en Grecia. La lógica del enriquecimiento máximo está corrompiendo a los individuos, destruyendo las relaciones sociales y castigando a los pobres, acusados de dificultar la implantación del capital. Se mantiene la bomba con su espoleta. El problema es que cualquiera podría encender la espoleta. Muchos analistas se preguntan con miedo: ¿el orden mundial sobreviviría a otra crisis como la que hemos tenido?

El sociólogo francés Alain Touraine asegura en su reciente libro Después de la crisis (Paidós 2011): la crisis o acelera la formación de una nueva sociedad o se vuelve un tsunami, que podrá arrasar todo lo que encuentre a su paso, poniendo en peligro mortal nuestra propia existencia en el planeta Tierra (pp. 49-115). Razón de más para sostener la tesis de que estamos ante una situación terminal de este tipo de capital. Se impone con urgencia pensar en valores y principios que puedan fundar un nuevo modo de habitar la Tierra, organizar la producción y la distribución de los bienes, no sólo para nosotros (hay que superar el antropocentrismo) sino para toda la comunidad de vida. Este fue el objetivo al elaborar la Carta de la Tierra, animada por M. Gorbachev que, como ex-jefe de Estado de la Unión Soviética, conocía los instrumentos letales disponibles para destruir hasta la última vida humana, como afirmó en varias reuniones.

Aprobada por la UNESCO en 2003, la Carta de la Tierra contiene efectivamente «principios y valores para un modo de vida sostenible, como criterio común para individuos, organizaciones, empresas y gobiernos». Urge estudiarla y dejarse inspirar por ella, sobre todo ahora, en la preparación de la Río+20.

Nadie puede prever lo que vendrá después de la crisis. Solo se presentan insinuaciones. Todavía estamos en la fase de diagnóstico de sus causas profundas. Lamentablemente son sobre todo los economistas quienes hacen los análisis de la crisis y menos los sociólogos, antropólogos, filósofos y estudiosos de las culturas. Lo que va quedando claro es lo siguiente: ha habido una triple separación: el capital financiero se desenganchó de la economía real; la economía en su conjunto, de la sociedad; y la sociedad en general, de la naturaleza. Y esta separación ha creado tal polvareda que ya no vemos los caminos a seguir.

Los “indignados” que llenan las plazas de algunos países europeos y del mundo árabe, están poniendo el sistema en jaque. Es un sistema malo para la mayoría de la humanidad. Hasta ahora eran víctimas silenciosas, pero ahora gritan fuerte. No sólo buscan empleo, reclaman principalmente derechos humanos fundamentales. Quieren ser sujetos, es decir, actores de otro tipo de sociedad en la que la economía esté al servicio de la política y la política al servicio del bien vivir, de las personas entre sí y con la naturaleza. Seguramente no basta querer. Se impone una articulación mundial, la creación de organismos que hagan viable otro modo de convivir, y una representación política ligada a los anhelos generales y no a los intereses del mercado. Hay que reconstruir la vida social.

Por mi parte veo indicios en muchas partes del surgimiento de una sociedad mundial ecocentrada y biocentrada. Su eje será el sistema-vida, el sistema-Tierra y la Humanidad. Todo debe centrarse en esto. De no ser así, difícilmente evitaremos un posible tsunami ecológico-social.

quinta-feira, 30 de junho de 2011

Indiferentes



Antonio Gramsci
La Città futura


Odeio os indiferentes. Como Friederich Hebbel, acredito que "viver significa tomar partido". Não podem existir os apenas homens, estranhos à cidade. Quem verdadeiramente vive não pode deixar de ser cidadão e de tomar partido. Indiferença é abulia, parasitismo, covardia, não é vida. Por isso odeio os indiferentes.

A indiferença é o peso morto da história. É a bola de chumbo para o inovador, é a matéria inerte em que se afogam frequentemente os entusiasmos mais esplendorosos, é o fosso que circunda a velha cidade e a defende melhor que as mais sólidas muralhas, melhor que o peito dos seus guerreiros, porque engole nos seus sorvedouros de lama os assaltantes, os dizima e desencoraja e às vezes os leva a desistir de gesta heroica.

A indiferença atua poderosamente na história. Atua passivamente, mas atua. É a fatalidade e aquilo com que não se pode contar; é aquilo que confunde os programas, que destrói até mesmo os planos mais bem construídos; é a matéria bruta que se revolta contra a inteligência e a sufoca. Aquilo que acontece, o mal que se abate sobre todos, o possível bem que um ato heroico (de valor universal) pode gerar, não se deve tanto à iniciativa dos poucos que atuam quanto à indiferença, ao absentismo dos outros que são muitos. O que acontece, não acontece tanto porque alguns querem que aconteça quanto porque a massa dos homens abdica da sua vontade, deixa que se faça, deixa que se enrolem os nós que, depois, só a espada pode desfazer, deixa que se promulguem leis que depois só a revolta fará anular, deixa que subam ao poder homens que, depois, só uma sublevação poderá derrubar.

A fatalidade, que parece dominar a história, não é mais do que a aparência ilusória desta indiferença, deste absenteísmo. Os fatos amadurecem na sombra, poucas mãos, não submetidas a qualquer controle, tecem a teia da vida coletiva, e a massa ignora, porque não se preocupa com isso. Os destinos de uma época são manipulados de acordo com visões limitadas e fins imediatos, de acordo com ambições e paixões pessoais de pequenos grupos ativos, e a massa dos homens ignora, porque não se preocupa com isso. Mas os fatos que amadureceram vêm à superfície; a teia tecida na sombra chega a seu fim, e então parece que é a fatalidade a arrastar tudo e todos, parece que a história não é mais do que um enorme fenômeno natural, uma erupção, um terremoto, de que todos se tornam vítimas, os que quiseram e os que não quiseram, quem sabia e quem não sabia, quem se mostrou ativo e quem foi indiferente. Estes então se zangam, gostariam de eximir-se às consequências, gostariam que ficasse claro que não deram o seu aval, que não são responsáveis. Alguns choramingam piedosamente, outros blasfemam obscenamente, mas nenhum ou poucos se perguntam: se eu tivesse também cumprido o meu dever, se tivesse procurado fazer valer a minha vontade, o meu parecer, teria sucedido o que sucedeu? Mas nenhum ou poucos se culpam pela sua indiferença, pelo seu ceticismo, por não terem dado o seu braço e a sua atividade àqueles grupos de cidadãos que, precisamente para evitar aquele mal, combatiam com o propósito de procurar o tal bem que pretendiam.

A maior parte deles, porém, perante fatos consumados, prefere falar de insucessos ideais, de programas definitivamente desmoronados e de outras brincadeiras semelhantes. Recomeçam assim a falta de qualquer responsabilidade. E não porque não vejam as coisas com clareza, e às vezes não sejam capazes de projetar belas soluções para os problemas mais urgentes ou para os problemas que, embora requerendo ampla preparação e tempo, são todavia igualmente urgentes. Mas essas soluções permanecem belissimamente infecundas, mas essa contribuição para a vida coletiva não é animada por nenhuma luz moral; é produto da curiosidade intelectual, não do pungente senso de responsabilidade histórica que quer que todos sejam ativos na vida, que não admite agnosticismos e indiferenças de nenhum gênero.

Odeio os indiferentes também porque suas lamúrias de eternos inocentes me dão tédio. Peço contas a cada um deles pela maneira como cumpriram a tarefa que a vida lhes impôs e impõe cotidianamente, pelo que fizeram e sobretudo pelo que não fizeram. E sinto que posso ser inexorável, que não devo desperdiçar minha compaixão, que não posso repartir com eles as minhas lágrimas. Sou partidário, vivo, sinto nas consciências viris dos que estão comigo pulsar a atividade da cidade futura que estamos a construir. Nessa cidade, a cadeia social não pesará sobre poucos, qualquer coisa que aconteça nela não será devido ao acaso, à fatalidade, mas sim à obra inteligente dos cidadãos. Ninguém estará à janela a olhar enquanto os poucos se sacrificam, se acabam no sacrifício. E não haverá quem esteja à janela, emboscado, com a pretensão de usufruir do pouco bem que a atividade de poucos tenta realizar e afogue a sua desilusão vituperando o sacrificado porque não ter conseguido seu intento.

Vivo, sou partidário. Por isso odeio quem não toma partido, odeio os indiferentes.

quarta-feira, 29 de junho de 2011

¿Puede sobrevivir Grecia? ¿Puede sobrevivir la Unión Europea?



Randall Wray
New Economic Perspectives


Para quienes entienden la Teoría Monetaria Moderna (TMM) resultó siempre obvio que el lanzamiento de la Unión Monetaria Europea cometió yerros fatales. Sabíamos que a la primera crisis financiera y económica seria, se vería amenazada su misma existencia. En cierto sentido, ha pasado desde el principio como en los EEUU de 1929, en vísperas de la Gran Depresión: un fraude crediticio excesivo, una excesiva deuda de las familias y de las empresas, y un boom económico que duró demasiado tiempo. Cualquier cosa podría haber disparado la crisis que siguió, pero fue el descubrimiento de que Grecia había estado cocinando su contabilidad lo que selló el destino de Eurolandia. Y como en los EEUU posteriores a 1929, Eurolandia pugna por comprender y por lidiar con la crisis. Ahora se desliza hacia otra gran depresión.

Muchos economistas y muchos responsables políticos –incluso algunos suficientemente ortodoxos— empiezan a reconocer que el obstáculo atravesado en el camino es la incapacidad para armar una respuesta en términos de política fiscal efectiva. Esa incapacidad nace de la ausencia de una autoridad fiscal a escala europea. De aquí las semimedidas tomadas por el BCE y otras autoridades para poner parches al problema de la deuda.

Ello es que hay un conflicto entre las distintas autoridades respecto de la solución al problema, como no podía ser de otra manera, dada la ausencia de una autoridad fiscal. Muchos desean imponer una austeridad equivalente a las sangrías "terapéuticas" medievales. Sostienen que el problema real es la falta de autodisciplina en los países periféricos. Y no puede dejar de observarse que esa idea es ampliamente compartida por las elites de esos mismos países. Esas elites se sentirían felices arrojando a sus propios países al abismo de la depresión, a fin de desbaratar toda resistencia a los recortes salariales y de llevarse por delante todos los programas sociales a favor de la población trabajadora. Esa es siempre la solución preferida por las elites ignaras. Con este método se pretende rebajar los costos salariales en las naciones periféricas y hacer más competitiva la producción.

Esa es también, huelga decirlo, la posición de los miembros más poderosos de la UE. La prudente Alemania ha mantenido a raya los salarios durante la pasada década, disparando la productividad. Consiguió así convertirse en el país con producción de menos coste en Europa, y pasito a pasito, podría llegar a poder competir hasta con Asia. No, desde luego, en la producción fundada en trabajo intensivo barato, sino en la producción que de verdad cuenta, en el sector exportador de alto valor añadido.

Y esa es también la perspectiva más común también entre las clases trabajadoras en los países centrales, que comparten el prejuicio de unas poblaciones periféricas tan holgazanas como exageradamente remuneradas. Más asombroso aún que la falsedad de esa actitud, es el hecho de que si la sangría fiscal y el recorte de los salarios se pusieran efectivamente por obra en los países periféricos, no tardarían las fábricas en comenzar a salir de Alemania buscando trabajadores menos costosos. En otras palabras, el éxito de la periferia sería a costa de los trabajadores alemanes, que tendrían que aceptar salarios más reducidos para poder competir. Lo que de todos modos ocurrirá, espoleado por la pérdida de puestos de trabajo, si Alemania no puede encontrar ventas para sus productos fuera de la UE, en donde la demanda caerá indefectiblemente a medida que las naciones periféricas se hundan más en la depresión. El resultado será una bonita carrera hacia el abismo, de la que sólo puede beneficiarse la elite europea. Muy bonito.

Para decirlo todo, yo no creo que la UE pueda llegar a chupar suficiente sangre de los griegos (y españoles e italianos e irlandeses y portugueses) para que eso pueda funcionar. Harto más razonable sería ahora un aumento salarial en Alemania para conseguir competitividad dentro de la UE por la vía de elevar el nivel general. Pero tampoco eso parece nada probable, habida cuenta de que Alemania mira hacia más allá de las fronteras europeas, sobre todo en dirección al Este. Por consiguiente, seguirá empeñada en recortar sus propios costes laborales, y las naciones periféricas nunca conseguirán atrapar a Alemania en el común despeñadero.

Eso deja sólo dos alternativas. La primera es una reestructuración continua de la deuda, con compras del BCE por la puerta trasera (permitiendo a los bancos centrales comprar la deuda), y con garantías y préstamos del propio BCE. Todo en la esperanza de que las instituciones financieras tenedoras de toda la deuda pública periférica puedan, o bien sacarla de su contabilidad, o bien servirse del método norteamericano de ir proponiendo el ajuste a la baja de sus balances alargando indefinidamente el proceso de ajuste para no reconocer su insolvencia. El problema es que casi todos los datos económicos de las últimas semanas son malos –en prácticamente todo el mundo—, lo que hace más probable que se produzca algún tropezón en algún sitio y que se propague a través de los mercados financieros tan rápidamente como lo hizo en la Crisis Financiera Global de 2007.

Muchos bancos europeos quedarán con las nalgas al aire como insolventes sin remedio, y la deuda pública de los PIIGs será un problema añadido. Además, el BCE está legítimamente preocupado por los "precedentes" y los "efectos de incentivos". No se trata de las normas reguladoras de lo que el BCE puede o no hacer: tiene tanta licencia como la Reserva Federal para intervenir en una crisis y comprar o prestar a cambio de prácticamente cualquier tipo de activo. Se trata de lo que el BCE entiende que es su independencia. Los mercados verían un rescate de estilo norteamericano del sistema financiero europeo (con garantía de la deuda pública de la distintas naciones, por añadidura) como una pérdida de independencia. Lo cierto es que el BCE ya la ha entregado, pero se agarra a la esperanza de poder recuperar de algún modo la virginidad perdida.

Eso deja sólo una tercera posibilidad: crear la necesaria autoridad fiscal. Eso permitiría al BCE limitarse a la política monetaria, cediendo al Tesoro europeo las riendas para lidiar con la crisis. Yo he venido sosteniendo desde 1996 que este es el único camino para hacer viable el proyecto de la UE. La teoría económica subyacente a ese punto de vista es sencilla, y es la que vale por doquiera en todos los países desarrollados. En efecto: los EEUU son en realidad una Unión Monetaria Norteamericana (UMN), pero una unión monetaria bien constituida, que dispone de un Banco Central y de un Tesoro. Sin embargo, por razones políticas, eso no va a ocurrir en la UME. Estamos ahora más lejos de ello aún que en 1996, porque la crisis ha hecho crecer la hostilidad entre sus miembros. Nadie quiere ceder poderes al centro.

Así pues, nada de todo eso va a suceder. ¿Qué queda? Salir de la unión.

terça-feira, 28 de junho de 2011

Los estudiantes contra Piñera



Christian Palma
Página 12


Ni los tres días feriados del fin de semana detuvieron el ímpetu de los estudiantes en Chile. Luego de numerosas reuniones en Santiago y Valparaíso, adonde llegaron representantes de todo el país, los dirigentes secundarios y universitarios junto al Colegio de Profesores oficializaron ayer el total rechazo a las propuestas del gobierno y reiteraron el llamado a un gran paro nacional para el próximo jueves 30 de junio.

El presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo, que se dio cita ayer con los líderes estudiantiles, fue tajante al señalar que “no aceptaremos una mesa de diálogo o negociadora si no están presentes todos los estamentos educacionales, es decir, universitarios, secundarios, profesores, asistentes, apoderados. Esa es nuestra primera condición”, explicó el dirigente. Aseguró, no obstante, la búsqueda de diálogo, pero sin terminar con las movilizaciones. “Ratificamos el paro social y ciudadano por la educación pública, pues existe un denominador común”, añadió Gajardo.

La semana pasada, el ministro de Educación, Joaquín Lavín, respondió en parte al petitorio de los universitarios ofreciendo una inyección de 75 millones de dólares y avanzar hacia el fin del lucro en la educación. Además propuso revisar la gratuidad de la movilización escolar, más dinero para la reconstrucción de colegios dañados por el terremoto y revisar alternativas para acabar con la municipalización de las escuelas.

Con la carta en la mano, los líderes se replegaron, informaron de la situación a sus bases y decidieron ayer continuar con las movilizaciones, pues consideran ambiguo y poco claro el ofrecimiento de Lavín. Para los estamentos involucrados, éstos son los planteamientos básicos, los cuales, de implicar modificaciones constitucionales, se deben hacer mediante un plebiscito.

En este escenario, la Confech –que reúne a las universidades tradicionales– espera convocar a más personas que en las anteriores marchas. El pasado jueves 16 de junio, sólo en Santiago unos 80 mil jóvenes salieron a las calles.

Camilo Ballesteros, vocero de la Confech, dijo que el movimiento busca afinar una “plataforma única” donde se discuta todo lo que ocurre hoy día en educación, no tan sólo a nivel secundario o universitario. Más radical se mostró la presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile y líder de la Confech, Camila Vallejo, quien sostuvo que “rechazamos profundamente las dos propuestas del ministerio. No se trata de que se entreguen más o menos recursos para la educación superior, sino que es necesario que se realice una reforma mucho más profunda”.

A la convocatoria para el jueves se sumó la Confederación Nacional de Funcionarios de Salud Municipalizada (Confusam). La presidenta de la organización, Carolina Espinoza, dijo que la educación y la salud son un derecho y una responsabilidad del Estado, por lo que “es un deber ético y moral hacerse parte del paro nacional”.

Por el lado de los pingüinos, Rodrigo Rivera, vocero de la Coordinadora de Estudiantes Secundarios –que aglutina al 80 por ciento de los estudiantes del país–, confirmó la adhesión al paro. Invitó además a las autoridades a impulsar una mesa de diálogo ampliada. “Dialoguemos, trabajemos y mejoremos la educación”, señaló.

Desde el gobierno, el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, aseguró empatizar con algunos de los reclamos, pero criticó la forma como se han llevado las tratativas, pese a la propuesta de Joaquín Lavín. “Hay demandas con las que empatizamos como gobierno, pero quiero decir muy francamente que creo que se les ha pasado la mano en las tomas de los colegios y en la destrucción. Ha habido mucha violencia en las marchas”, afirmó en TVN.

En esa línea, reiteró que los establecimientos educacionales deben operar como tal y no como en la actualidad. “Las tomas le están haciendo un daño a la educación del país”, sentenció. En ese sentido, el subsecretario del ramo, Fernando Flores, advirtió que las tomas y la falta de clases podrían costar el año a muchos secundarios, situación que fue descartada por los dirigentes. Dentro del petitorio de los estudiantes se destaca la estatización de los establecimientos educacionales, la mejora de la infraestructura de los liceos técnicos y el funcionamiento del pase escolar durante todo el año. Poner fin al lucro y más equidad y gratuidad también forma parte de sus demandas.

segunda-feira, 27 de junho de 2011

¿El próximo tsunami israelí?



Immanuel Wallerstein
La Jornada


Los palestinos prosiguen con su proyecto de buscar un reconocimiento formal como Estado independiente por parte de Naciones Unidas, cuando en otoño se reúna la Asamblea General. Intentan solicitar una declaración de que el Estado palestino existe dentro de los límites que existían en 1967 antes de la guerra israelí-palestina. Es casi seguro que la votación será favorable. La única cuestión al momento es: en qué sentido es favorable.

El liderazgo político israelí está muy consciente de esto. Hay tres respuestas diferentes que se discuten en el seno de tal liderazgo. La posición dominante parece ser la del primer ministro Netanyahu. Él propone ignorar dicha resolución por completo y continuar, simplemente, con el impulso a las políticas públicas actuales del gobierno israelí. Netanyahu considera que, por mucho tiempo ya, ha habido resoluciones adoptadas por la Asamblea General de Naciones Unidas que han sido desfavorables hacia Israel. Israel ha logrado ignorar todas estas resoluciones. ¿Por qué tendría ésta que ser diferente?

Hay algunos políticos de extrema derecha (sí, hay una posición más a la derecha que la de Netanyahu) que dicen que, en represalia, Israel debería anexarse formalmente todos los territorios palestinos ocupados hasta el presente y ponerle fin a toda mención de negociaciones con los palestinos. Algunos quieren también que se fuerce un éxodo de todas las poblaciones no judías que viven ahora en este Estado israelí expandido.

El ex primer ministro (y hoy actual ministro de Defensa) Ehud Barak, cuya base política es ahora casi inexistente, le está advirtiendo a Netanyahu que no está siendo realista. Barak dice que la resolución será un tsunami para Israel, y que por tanto Netanyahu mostraría su sabiduría si de algún modo hiciera un trato con los palestinos ahora, antes de que pase la resolución.

¿Tiene razón Barak? ¿Será éste un tsunami para Israel? Hay mucha probabilidad de que esté en lo cierto. Sin embargo, casi no existe la posibilidad de que Netanyahu atienda el consejo de Barak e intente, con seriedad, hacer un tratado con los palestinos antes de entonces.

Consideremos lo que es probable que ocurra en la Asamblea General. Sabemos que casi todos (tal vez todos) los países en América Latina y un buen porcentaje de naciones en África y Asia votarán en favor de la resolución. Sabemos que Estados Unidos votará en contra e intentará persuadir a otros de que voten en contra. Los votos inciertos provienen de Europa. Si los palestinos logran un número significativo de votos europeos, su posición política se verá muy reforzada.

Entonces, ¿será que los europeos voten por la resolución? Eso depende en parte de lo que ocurra por todo el mundo árabe en los próximos dos meses. Los franceses han dado indicios abiertos de que, a menos que vean progresos significativos en las negociaciones israelí-palestinas (algo que no ocurre en este momento), votarán en favor de dicha resolución. Si lo hacen, es casi seguro que los países del sur de Europa harán lo mismo. Y también podrían hacerlo las naciones nórdicas. Es una pregunta más abierta si Gran Bretaña, los Países Bajos y Alemania están listos para firmar en favor. Si estos países deciden ir en pro de la resolución, esto resolvería las dudas de varias naciones del este de Europa. En este caso la resolución obtendría la vasta mayoría de votos europeos.

Necesitamos entonces ver qué está ocurriendo en el mundo árabe. La segunda revuelta árabe sigue a todo vuelo. Sería muy aventurado predecir exactamente cuáles regímenes caerán y cuáles se mantendrán en los próximos dos meses. Pero lo que parece claro es que los palestinos están al borde de lanzar una tercera intifada. Los palestinos, aun los más conservadores de ellos, parecen haber abandonado la esperanza de que pueda haber un arreglo negociado con Israel. Este es un claro mensaje de acuerdo entre Fatah y Hamas. Y dado que las poblaciones árabes de virtualmente todos los estados árabes están en revuelta política directa contra sus regímenes, ¿cómo podrían mantenerse relativamente quietos los palestinos? No se mantendrán quietos.

Y si no se mantienen quietos, ¿qué harán los otros regímenes árabes? Todos atraviesan tiempos difíciles, por decir lo menos, para manejar los levantamientos en sus propios países. Apoyar activamente una tercera intifada sería la posición más fácil como parte del esfuerzo que hacen por recuperar el control de sus propios países. ¿Qué régimen se atrevería a no respaldar una tercera intifada? Egipto ya se movió con toda claridad en esa dirección, y el rey jordano Abdulá ha dado indicios de que también lo haría.

Así que imaginen la secuencia: una tercera intifada, seguida de respaldos activos a esa tercera intifada en el mundo árabe, seguida de la intransigencia israelí. ¿Qué harán los europeos? Es difícil ver que se nieguen a votar en favor de la resolución. Podemos llegar a la votación con tan sólo Israel y Estados Unidos, más algunos cuantos minúsculos países en contra, y tal vez algunas cuántas abstenciones. Esto me suena a un posible tsunami. El miedo principal de Israel en los últimos años es la “deslegitimación”. ¿No sería justamente un voto así la cobertura del proceso de deslegitimación? ¿Y no sería acaso el aislamiento de Estados Unidos en este voto algo que debilitará aún más su posición en el mundo árabe como un todo? ¿Qué hará Estados Unidos entonces?

sexta-feira, 24 de junho de 2011

Krugman: “No lloren por Argentina”



Tomás Lukin
Página 12


“Me sorprende que digan que Argentina no es un país serio. No veo cómo el default argentino puede ser presentado, entre todos los ejemplos posibles, como una advertencia para Grecia”, escribió ayer en su blog del New York Times el economista Paul Krugman. En una breve publicación titulada Don’t cry for Argentina –No lloren por Argentina–, el ganador del Premio Nobel en 2008 destacó el sostenido crecimiento del PIB argentino desde 2003 y cuestionó la zonzera vernácula que afirma que el país está aislado del mundo desde que declaró el default. El post de Krugman responde a las declaraciones de un miembro del consejo directivo del conglomerado empresario local IDEA, quien consultado para un artículo de la edición impresa del diario estadounidense afirmó: “Argentina ya no es considerado un país serio”.

A medida que se profundiza el capítulo griego de la crisis estructural en la Zona Euro, distintos analistas, periodistas, banqueros y consultores recurren con distintos objetivos al default argentino para recomendar algún curso de acción. En ese debate, el New York Times publicó ayer un extenso artículo titulado “Mientras Grecia delibera el default, lecciones desde Argentina”. La nota que lleva la firma de Alexei Barrionuevo y Charles Newbery evalúa y destaca la evolución macroeconómica y marca diferencias con la situación griega. Entre las fuentes argentinas consultadas por los periodistas figura Jaime Abut, titular de una sociedad de Bolsa rosarina y vocal del consejo directivo de IDEA, quien aseguró: “Defaultear no es gratuito. Hay que pagar las consecuencias, y hay que hacerlo por un largo tiempo. Argentina ya no es considerado un país serio”.

Las declaraciones del empresario Abut forman parte de un discurso poco novedoso para el público local, pero Krugman quedó perplejo al leer su visión en el diario. “Me sorprendió la persona que dijo que Argentina ya no es considerado un país serio. ¿No debería ser considerado serio un país como este [en referencia al gráfico con el PIB per cápita]?”, se pregunta el economista, para rematar: “En Argentina, y en cualquier otro lado del mundo, ser serio fue un desastre”. El texto que Krugman publicó ayer al mediodía está acompañado por un ilustrativo gráfico con la evolución del PIB real per cápita argentino entre 1998 y 2010, donde se observa el fuerte crecimiento económico luego del default y la devaluación.

El post del economista norteamericano que puede leerse en su blog “La consciencia de un liberal” sostiene que “Argentina sufrió terriblemente entre 1998 y 2001, mientras intentó ser ortodoxo y hacer lo correcto. Después de que defaulteó a fines de 2001 atravesó una breve pero severa caída, pero al poco tiempo comenzó una rápida recuperación que continuó por mucho tiempo”. Antes que recomendar un default para Grecia, Krugman refuta los argumentos de quienes recurren al caso argentino para desestimar una cesación de pagos como salida para el país helénico. “El ejemplo argentino sugiere que el default es una gran idea. Los argumentos contra el default griego deben ser que se trata de un país diferente. Aspecto que, para ser justo, es discutible”, advierte el economista, quien cuestiona a los líderes europeos por postergar una solución a la crisis griega, ya sea la salida del euro o una reestructuración de la deuda acompañada por asistencia desde la Unión Europea.

A pesar de su reciente defensa a la evolución macroeconómica y la consecuente “seriedad” del país, durante su última visita por Argentina, en octubre de 2009, antes del estallido de la crisis en Europa, Krugman cuestionó la orientación de la política económica por considerarla demasiado “heterodoxa”. Durante la conferencia que brindó en Buenos Aires resaltó, al igual que lo hizo en su post de ayer, el crecimiento luego del default y la reestructuración de la deuda. Sin embargo, consideró que “es un error quedarse demasiado en la heterodoxia y no saber ponerle fin a eso. Ahora es momento de cultivar una imagen de ciudadano respetable, para volver a ser heterodoxo cuando se necesite”, opinó en ese momento frente a un auditorio lleno de empresarios.

quinta-feira, 23 de junho de 2011

Manifiesto contra la persecución y criminalización de la democracia




Las protestas colectivas vividas a lo largo de estos últimos meses, encarnadas en el movimiento 15-M, las acampadas y las movilizaciones contra los recortes sociales, son una muestra del profundo malestar ante el peligro de ruptura social que estamos viviendo en estos momentos. En una sociedad donde la exclusión social, la precariedad, el paro y la perdida de derechos son una realidad creciente, la política realizada desde nuestras instituciones ha desplazado el centro de atención de las medidas para crear ocupación y proteger a los más afectados por la crisis al debate sobre el déficit público. Un debate preñado de un fuerte déficit democrático, impuesto desde instancias no democráticas y que pretende profundizar en un nuevo modelo de sociedad marcado por la falta de equidad y justicia social. En nuestra realidad, las dos herramientas más evidentes de este proceso son en estos momentos la Ley de Presupuestos y la Ley Ómnibus, impulsadas por el gobierno de CIU. Dos leyes no refrendadas en ningún programa electoral ni por ningún proceso de negociación previo.

El malestar está en la base de la protesta social; la creatividad y la generosidad es la que la ha dado forma y contenido, y la actuación pacífica propia de la desobediencia civil ha sido su signo de identidad más claro. La reacción frente esta protesta por parte de medios y políticos se ha caracterizado primero por la sorpresa, en la medida que no lo entendían; después por la preocupación, en la medida que los impugnaba, seguida por la represión más descarnada, en la medida que no lo aceptaban, y ahora, finalmente, por la criminalización. Asistimos en este último sentido, a partir de unos incidentes totalmente condenables, a la estigmatización política de una protestas que ha señalado los principales problemas de nuestro país fuera de los consensos políticos y mediáticos imperantes. En la medida que las instituciones representativas obedecen a los dictados realizados desde instituciones que la población no ha escogido (como el FMI, los mercados financieros o las agencias de rating), la democracia se vacía de contenido a ojos de una parte creciente de la población; en la medida que las protestas sociales pacificas reclaman un retorno a la soberanía de los ciudadanos y ciudadanas, estas protestas toman una clara dimensión de defensa de la democracia. No al contrario.

Los firmantes de este manifiesto condenan en este sentido la criminalización mediática y política que toma la parte por el todo y que se realiza desde la pretensión de transformación social más radical que ha vivido nuestro país desde el inicio de nuestra democracia, así como saludamos la capacidad de respuesta que está mostrando una parte creciente de la población. Una criminalización que deviene discurso de amenaza contra ciudadanos pacíficos y contra aquellos que, como Arcadi Oliveres, les dan apoyo. La protesta y la revuelta han sido las bases constitutivas de la conquista de nuestras libertades; su criminalización y persecución sólo pueden ser el prologo de su perdida.

terça-feira, 21 de junho de 2011

Grecia: Papandreu enfrenta decisiva moción de confianza



Agencias

El gabinete del primer ministro griego, Giorgios Papandreu, se enfrenta esta noche a una decisiva moción de confianza. Se trata de la primera de tres pruebas que el Gobierno debe pasar para evitar el primer cese de pagos de la deuda soberana en la historia de la zona euro. La expectación en la Plaza Sintagma de Atenas es máxima. Centenares de 'indignados' griegos se congregan a las puertas del Parlamento heleno a la espera de una votación decisiva.

La votación se producirá después de que la zona euro haya advertido al endeudado país mediterráneo que debe aprobar un nuevo paquete de fuertes reformas económicas a cinco años en dos semanas, o de lo contrario perderá un tramo de ayuda por 12.000 millones de euros que necesita para evitar la bancarrota. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, aumentó la presión al decir que Grecia enfrentaba un "momento de la verdad" y necesitaba demostrar que estaba realmente comprometida con el paquete.

"No se puede ayudar a alguien en contra de su voluntad", dijo Barroso en Bruselas, agregando que el apoyo de la oposición política -que hasta el momento ha rechazado el paquete y llamado a elecciones- era importante para el éxito. Mientras el Parlamento debate el voto de confianza en medio de un profundo malestar público contra las medidas de austeridad, un grupo de inspectores del Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea visitaban Atenas para discutir los cambios requeridos por Grecia al paquete de reformas.

Sindicatos y activistas protestan en el Parlamento antes de la votación, después de más de tres semanas de manifestaciones que se recrudecieron la semana pasada y dividieron al gobernante partido PASOK. Papandreou contuvo estas disensiones reemplazando algunas figuras impopulares del Gobierno con críticos del plan. Con 155 de los 300 escaños del Parlamento, se espera que el Gabinete gane la moción de confianza en una votación prevista para las 21 horas, pero que podría extenderse hasta las primeras horas del miércoles.

Fijado un plazo para la austeridad

Asumiendo que sobrevive el voto, el Gobierno debe lograr la aprobación del paquete a cinco años de 28.000 millones de euros (39.840 millones de dólares) en alzas tributarias y reducciones de gastos para el 28 de junio. Posteriormente, deberá aprobar leyes que implementen el paquete -lo que podría ser más difícil ya que se abordarán privatizaciones individuales, medidas tributarias y reducciones de gastos- a tiempo para un encuentro extraordinario de ministros de Finanzas de la zona euro el 3 de julio. "Esta noche es sólo el inicio de lo que aún es un largo y postergado proceso", dijo Gavin Friend, estratega del National Australia Bank.

"Aún hay muchos obstáculos que sortear", agregó. Expertos dicen que es muy improbable que el gabinete no logre reunir a todos sus parlamentarios para aprobar el voto de confianza, ya que esto llevaría a un caos político y a elecciones anticipadas que el PASOK perdería. También empujaría al país más cerca de una moratoria, escalando el riesgo de una calamitosa desestabilización de los mercados financieros globales.

segunda-feira, 20 de junho de 2011

Después de la acampada



Manuel Castells
La Vanguardia


Los reprobables incidentes ante el Parlament de Catalunya, en cuyo desarrollo está por aclarar la posible provocación de policías infiltrados captados en vídeo, no pueden obviar el cuestionamiento que los indignados, con amplio apoyo social, han planteado a las instituciones políticas. Ahora parece que lo grave son las tribulaciones de los diputados y no el comportamiento de la clase política, origen de la indignación. Agresividad y violencia no sólo son actos condenables, sino también estúpidos, porque pueden deslegitimar una protesta y un debate de gran calado. Pero si hay un deseo sincero de dialogar con quienes se atreven a plantear en la calle lo que muchos piensan en su casa, hay que aislar a unos pocos energúmenos y tomar en serio un movimiento que es explícitamente no violento y que ha rechazado las agresiones. Empezando por investigar qué pasó exactamente frente al Parlament.

Tras las acampadas, el movimiento sigue bajo otras formas. Porque si entendemos que los procesos de transformación social empiezan por un cambio de mentalidad y por la pérdida del miedo, entonces los indignados del 15-M representan un cambio cualitativo en el empoderamiento de la ciudadanía en busca de una democracia real. No se trata de unos miles de jovencitas utópicas, sino de un amplio movimiento de opinión que simpatiza con sus ideas. En eso coinciden diversas encuestas.

Así, según la encuesta de Metroscopia publicada por El País, el 66% de los ciudadanos tienen simpatía por el 15-M, el 81% piensa que los indignados tienen razón y el 84% que tratan de los problemas que afectan directamente a los ciudadanos. El 51% piensa que los partidos representan sus propios intereses. El 70% no se siente representado por ningún partido y el 90% piensa que tienen que cambiar. Los votantes socialistas simpatizan con el movimiento en un 78%, pero también lo hace el 46% de los votantes del PP. La crítica va más allá de la frontera izquierda-derecha. Los indignados son apartidistas, no apolíticos. Es un movimiento político que buscar transformar las formas de representación y decisión. Porque, en medio de una crisis estructural que corroe la existencia cotidiana, la condición previa para cambiar de modelo es cambiar las formas de elaboración y gestión del modelo. Pero ¿qué proponen los ex acampados, ahora asamblearios? Hay que escuchar para entender, en lugar de proyectar ideas preconcebidas que no corresponden a lo que se está debatiendo en este movimiento. Y lo que observo es que lo fundamental es el proceso más que el producto. No son tanto las propuestas concretas como las formas de debate, decisión y acción que caracterizan este movimiento. Si hay un acuerdo central en un movimiento tan diverso, es que las personas se representan a sí mismas, que no hay organizaciones aparatadas, que no hay líderes. De ahí la importancia de las asambleas en barrios, pueblos y lugares de trabajo. La idea es que las asambleas canalicen las propuestas de la gente en su entorno cotidiano y se conecten con asambleas más visibles, como Sol o plaza Catalunya. De ahí también la importancia de las comisiones, creaciones espontáneas de todo tipo, que tratan mil cuestiones, desde la medicina natural hasta la reforma de la ley electoral.

Un sistema tan descentralizado y plural de deliberación y decisión se apoya para funcionar en dos condiciones clave. Por un lado, el respeto y la tolerancia. Hay fuertes discusiones en las asambleas, sobre todo cuando algunos, generalmente mayorcitos, intentan meter cuchara ideológica. O cuando surge el individualismo irreductible coherente con la premisa de no imposición de nadie a la libertad de cada una. Pero por regla general, el desacuerdo, incluso práctico, se da en la tolerancia del otro y es gestionado por equipos de facilitación que están aplicando una metodología de mediación que ya quisieran tener muchas empresas. Por otro lado, siempre están las redes de internet como estructura de apoyo y comunicación para informar, para debatir, para pedir solidaridad y auxilio en momentos duros. En suma: para no sentirse solas. Porque hay miedo en todo esto. Es un desafío radical, aunque no violento, al orden social, y hay conciencia de las consecuencias: desde los palos policiales hasta el rechazo en el mercado laboral. Y el miedo sólo se supera juntándose. En la red y en las plazas. Sabiendo que hay muchas personas semejantes y que juntas podemos, como repiten en el movimiento. La cuestión que se plantean es cómo incidir en las decisiones que afectan a todos. Rechazan hacerse partido porque piensan que es caer en la trampa de unas instituciones en que está todo atado y bien atado. De ahí la protesta mediática para llegar a la conciencia de la ciudadanía. Dificultar el ronroneo del sistema político, que continúa como si nada pasara, mediante sentadas, bloqueos, manifestaciones. Desobediencia civil activa no violenta. Frente al intento deliberado de incitar a la violencia para deslegitimar la protesta.

¿Adónde van? A otra sociedad, porque piensan que las instituciones están podridas y que la crisis no es tal, sino una estafa de los poderosos. Lo que venga saldrá de un debate que incluya al conjunto de los ciudadanos y del que surjan nuevas formas de vida y de política. Reivindican el derecho a equivocarse. Pero rechazan pagar las equivocaciones de los que mandan. Tienen tiempo. Quieren ir despacio porque van lejos. Y mientras luchan por decidir cómo decidir, viven la vida ya, en la alegría de sentirse libres, enredados en el proyecto de reinventar la vida, empezando por la suya, por la de cada uno.

Por eso los políticos no pueden entender, ni siquiera los que simpatizan desde la vieja izquierda. Porque plantean las preguntas erróneas: ¿qué organización? ¿Qué programa? ¿Qué estrategia? Si no hay respuestas, vaticinan con la condescendencia de quienes renunciaron a sus sueños, desaparecerá el movimiento. Tal vez. Pero no sus ideas, no sus esperanzas, no las semillas rizomáticas de una nueva política sembradas hoy. Porque puede ser una última llamada de vida antes de precipitarnos en el torbellino de destrucción que nos arrastra.

domingo, 19 de junho de 2011

“Democracia en construcción. Perdonen las molestias”



Ángeles Diez
Socialismo y Democracia


¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
(Gabriel Celaya)


El movimiento que surgió de Sol el 15 de Mayo irradia hacia los barrios y pueblos. Las palabras asamblea, consenso y democracia se han regado por las plazas, los parques y las conciencias. Algo está cambiando en las gentes y hay quienes comienzan a sentirse muy preocupados. La clase política se refugia en sus cargos y en sus parlamentos. Algunos sobrevuelan en helicópteros sobre sus representados para no oírles. Otros amenazan con ilegalizar al pueblo –el presidente del Congreso dice que “los manifestantes cometen un delito”, que es “inadmisible e intolerable que no se respete a los parlamentarios”-; hay quien habla de “caos violento” y de "respeto a los derechos de los que gobiernan". Otros afirman llevar años defendiendo lo que ahora el pueblo reclama en las calles, y hay quien, como el ministro de la presidencia Sr. Jáuregui, dice que “no hay alternativa a esta democracia”.

Mi barrio es un barrio conservador. No hablo de ideología. Les ha pasado a todos los barrios y pueblos de esto que llamamos España -otros lo llaman estado Español, otros todavía estamos por buscarle un nombre con el que no ofendamos ni nos sintamos ofendidos-. Los motivos por los que mis vecinos decidieron conservar lo que en su día conquistaron son distintos pero tenían un eje común con el resto de los barrios y pueblos: después de la dictadura franquista a lo que se podía aspirar, sin volver a un conflicto civil, era a esta especie de pseudo-democracia, de estado de bienestar escaso y de paz social autista. Todo ello, con la esperanza de que algún día, no muy lejano, pudiéramos disfrutar de un Estado de Derecho pleno, de un sistema político independiente de los poderes económicos, de salud, de trabajo, de educación pública de calidad… Bueno, quizá estoy idealizando. Quizás en mi barrio, como en los demás, sólo aspirábamos a vivir bien y a estar tranquilos. Por eso nos hicimos conservadores de lo que pudimos arrebatarle a un sistema económicamente desigual, socialmente injusto y ecológicamente depredador.

Desde que empezamos a hacer asambleas en mi barrio, mis vecinos han descubierto que no podemos conservar lo que tenemos sin aspirar a conquistar lo que nos deben. Eso que nos deben se llama democracia. Lo mismo que se produjo en las asambleas de Sol y de otras ciudades, las personas hemos comenzado a hablar y a escucharnos. Como dijo uno de nuestros poetas de postguerra, Blas de Otero, estamos pidiendo “la paz y la palabra”. Hemos descubierto que, de hecho, casi hemos perdido más de lo que conquistamos. Estamos descubriendo cómo es realmente el lugar en el que vivimos, la necesidad que tenemos todos de hablar y contarnos, cómo somos y cómo podemos ser, incluso descubrimos que tenemos memoria y recordamos las luchas que nos precedieron.

Las personas de mi barrio se levantaron a finales de los años setenta con el lema “la vaguada es nuestra” para reclamar un espacio público que pusiera límites al gran especulador José Banús. Hoy, una vecina del barrio nos recordaba que gracias a esa lucha podíamos tener nuestra asamblea sentados en el césped, rodeados de hermosos árboles y con los niños jugando alrededor. Cuando alguien señaló que hay que ir buscando un lugar bajo techo para continuar asambleando en septiembre nadie dudó de que hay que reclamar los lugares públicos que son de todos. Una señora dijo que, hace muchos años, en la Ventilla, un barrio próximo, ellos ocuparon un ambulatorio abandonado porque lo público es de todos ¿o no? Los del grupo de infraestructuras dicen que hay un colegio vacío que se llama Guatemala, y sólo lo abren los sábados para dar clases de coreano. ¿De coreano? El chico se encoge de hombros, “igual hay coreanos en el barrio y no les conocemos” Otra vecina dice que quizá esté sin rampas de acceso o que no esté en condiciones. Inmediatamente un chico joven dice que eso es lo de menos, que nosotros podemos construir las rampas y reparar lo que esté mal, que no vamos a esperar a que nos lo arreglen. Tal vez estemos ante un nuevo paradigma de autogestión.

En la asamblea de mi barrio, contrariamente a la imagen que machaconamente difunden los medios, hay mucha gente mayor. Antes de empezar la reunión hay muchos jóvenes que aparecen cargando sillas de plástico para la gente que no puede sentarse en el suelo, algunas de ellas las cede un bar que está en el parque. Mis vecinos son personas de clase media, profesionales, obreros cualificados, emigrantes, comerciantes, obreros sin más… los roles y estereotipos están siendo erosionados por la palabra. Cuando alguien se atranca, se lía o se confunde, surge un aplauso, una palabra de ánimo y se le pide seguir adelante. Hemos descubierto que la paciencia es transitiva –transita de viejos a jóvenes y al revés-.Hay varias personas con minusvalías en nuestra asamblea. Tres de ellas son jóvenes. Uno de ellos fue el moderador la semana pasada. Una compañera le ayudaba con el micrófono. El humor y la soltura con la que moderó la asamblea hizo que a las tres de la tarde nadie tuviera prisa por terminar, éramos unos doscientos. En mi barrio se están destruyendo las barreras cerebrales que nos mantienen en compartimentos estanco.

Hoy, al finalizar el orden del día, nos tocaba traer lemas para las pancartas de la marcha de mañana 19 de junio. Por la tarde habría un taller para fabricarlas con las telas, papel, pinturas, esprays que cada uno llevara. Cuando el moderador pidió que nos pusiéramos en fila detrás del micrófono, como en un resorte, viejos, jóvenes y de mediana edad fueron desfilando risueños a exponer sus propuestas. La más aplaudida fue “Democracia en construcción. Perdonen las molestias”. Mañana, hoy, estamos en construcción, para construir la democracia hemos de deconstruir nuestros prejuicios. Decía un cartel en Sol: vamos lentos porque vamos lejos.

sexta-feira, 17 de junho de 2011

A esquerda democrática e a revolução cubana



Fernando de la Cuadra
Gramsci e o Brasil


Claudia Hilb. Silêncio, Cuba. A esquerda democrática diante do regime da Revolução Cubana. Trad. Miriam Xavier. São Paulo: Paz e Terra, 2010. 112p.

Quando os tanques soviéticos invadiram as ruas de Praga e o socialismo real se apresentava aos nossos olhos — junto com o fascismo — como um grande pesadelo do século XX, a revolução cubana surgia como uma experiência inédita, diáfana e enaltecedora. E, inclusive, os fuzilamentos que se seguiram ao triunfo de Santa Clara foram considerados consequências inevitáveis das dores do parto.

Mas como fazer a critica de uma revolução que gerou tanta esperança na região e no mundo? Como questionar um processo que se enraizava nos valores mais elevados da humanidade, o fim da exploração dos mais desprovidos, dos mais vulneráveis? Como abordar as práticas autoritárias do regime cubano, sem fazer causa comum com os setores mais “reacionários”? Estas e outras perguntas de similar teor acabaram por imunizar Cuba da crítica da própria esquerda democrática. Por isso, já passadas mais de cinco décadas desde aquele 1º. de janeiro de 1959, ainda existe um silêncio cúmplice sobre os erros de rumo de uma revolução que continua assombrando os intelectuais progressistas e a esquerda assumidamente democrática.

É precisamente esse silêncio incômodo que estimula a reflexão de Claudia Hilb. Esta socióloga e cientista política argentina, militante da esquerda radical, teve de sair para o exílio depois do golpe de 1976. Em Paris, realizou estudos de pós-graduação e frequentou os seminários de Claude Lefort, sua principal fonte de inspiração intelectual. Colocada diante da pergunta sobre a razão pela qual a esquerda democrática tem guardado um conspícuo silêncio frente aos traços autoritários do regime cubano, ela tenta responder através da seguinte hipótese: a recusa desta esquerda a se pronunciar a respeito da natureza repressiva do governo se deve, em grande parte, ao fato de que reconhece o esforço realizado pelo regime em termos de justiça social, ou seja, este setor da esquerda reconhece “algumas realizações indiscutíveis do regime em questão, particularmente o fato de igualar as condições sociais e universalizar o acesso à saúde e à educação” (Hilb, 2010, p. 14).

Mas isso é suficiente para legitimar um regime político que diz lutar por um mundo mais justo, livre e solidário? Certamente não. Claudia Hilb decompõe os meandros deste dilema e conclui com a certeza inquietante de que os esforços pela igualação radical das condições de vida do povo cubano, na primeira década da revolução, foram um fenômeno entrelaçado com o processo de concentração total do poder nas mãos de Fidel Castro.

Ainda mais, no percurso do texto a autora demonstra consistentemente como uma vocação de dominação total, sustentada na vontade do líder máximo, transformou o entusiasmo e a virtude revolucionária em obediência acrítica. De modo análogo, a gesta revolucionária de inspiração emancipadora produziu, através do medo, um comportamento oportunista e paralisador dos mesmos sujeitos ativos da revolução. Ela argumenta que o processo de concentração de poder nas mãos do Comandante Fidel foi um fenômeno de teor organicista, pelo qual o líder se vê como reitor de uma sociedade, situado legitimamente no topo de uma pirâmide a partir da qual o social torna-se visível em sua plenitude.

Foi assim que, como consequência inevitável desta visão, Fidel Castro se transformou na encarnação suprema da revolução. Tudo o que provém dele representa a revolução, e, como ele mesmo sentenciou na mensagem dirigida aos intelectuais cubanos no ano seguinte ao seu triunfo, “dentro da Revolução, tudo; contra a Revolução, nada.”

Desta forma — relata Hilb —, o regime passou a cooptar ou subordinar a totalidade das dimensões que conformavam a realidade cubana — as universidades e o movimento estudantil, as fábricas e os sindicatos, os intelectuais e as entidades da cultura —, numa velocidade vertiginosa e arrasadora que se consolida já nos primeiros anos do regime socialista, sepultando qualquer vestígio de critica, ainda que fosse realizada por eminentes figuras surgidas no seio da própria luta revolucionária, como Huber Matos, Carlos Franqui ou Heberto Padilla. O caso deste último foi o mais dramático e patético: “A lamentável paródia da sua confissão de culpa foi o sinal definitivo de que a possibilidade de discordar dentro da área cultural revolucionária ficava eliminada e também foi um sinal que, apesar dos esforços por ignorar o rumo que a Revolução tomava já há muito tempo, muitos dos seus antigos amigos já não conseguiram ou quiseram deixar de ouvir” (Hilb, op. cit., p. 35).

A excepcionalidade da experiência cubana se transformou no mesmo pesadelo de matriz stalinista, em que o poder do povo se transforma em poder do partido revolucionário, deste se transfere para o comitê central e, finalmente, o dito poder acaba concentrado nas mãos do ditador. Mas o que salienta a autora, e certamente representa uma importante afirmação, é que este processo de concentração do poder foi concomitante com as intensas e veementes ações em prol do nivelamento das condições de vida da população cubana. As mobilizações espontâneas de apoio à revolução — como a campanha pela alfabetização, o trabalho voluntário durante a safra do açúcar — foram constituindo-se numa prática formal destinada a obter maiores benefícios e prebendas da parte do regime. Por sua vez, à vasta e incondicional adesão e ao entusiasmo inicial captado pelo movimento revolucionário seguiu-se um período de desconfiança e medo, causado pelo crescente e perverso patrulhamento ideológico, a espionagem e a delação entre vizinhos, fato este não só amplamente documentado em milhares de relatórios sobre direitos humanos na ilha, mas também em inumeráveis expressões no campo da cultura (literária e artística), como o romance de Guillermo Cabrera Infante, Três tristes tigres, ou o livro autobiográfico de Reinaldo Arias, Antes que anochezca, levado posteriormente para o cinema.

Assim, o regime cubano foi institucionalizando apoios e alimentando medos, e, paradoxalmente, o custo político evidente de uma manifestação de descontentamento também se estendeu a uma postura neutra. A neutralidade, afinal, era uma posição mais sintomaticamente política que qualquer adesão resignada e conservadora marcada pelo interesse individual para obter benefícios do governo ou como disfarce diante de possíveis represálias dos aparelhos de vigilância (por exemplo, os Comitês de Defesa de Revolução — CDR). A “neutralidade” gerava igual ou maior suspeita que uma posição decididamente opositora e, em definitivo, resultava ser tanto ou mais perigosa que o enfrentamento direto: se falo, sou um inimigo, mas, se não falo, também sou um inimigo em potencial. Como depois seria emulado pelo socialismo bolivariano, o regime cubano foi criando uma extensa trama de aduladores e seres desprezíveis que fazem da complacência acrítica uma fórmula fácil para ganhar as simpatias do líder e aceder aos privilégios proporcionados pelo Estado, no melhor estilo stalinista descrito magistralmente por George Orwell em seu romance distópico 1984.

Neste breve e contundente ensaio, a autora nos lembra também que o ponto de vista organicista não é privilégio somente das correntes “reacionárias” do pensamento, mas também de certas vertentes que se dizem de esquerda ou socialista. No caso cubano, é sintomático que qualquer arroubo de crítica tenha sido automaticamente reprimido, qualquer sinal de pensamento dissidente imediatamente expurgado, qualquer indício de criatividade distinto do cânon institucionalizado igualmente extirpado, como um câncer maligno que pretendesse se alastrar pelo conjunto do corpo social.

Sistemas conceituais fechados de explicações absolutas e totalizadoras não dão espaço para o debate democrático, pois, qualquer que seja a natureza do questionamento das restrições às liberdades políticas e individuais, a resposta quase sempre será que aquele que age dessa forma pensa a partir de uma perspectiva “pequeno-burguesa”, razão pela qual possui valores deturpados e uma compreensão ofuscada da realidade derivada da sua condição privilegiada de classe. Portanto, não existe espaço para devaneios e diletantismos teóricos: “dentro da Revolução tudo; contra a Revolução, nada”, segundo o axioma mencionado. O Comandante encarna, em última instância, o fulgor e a epopeia revolucionária e, consequentemente é também quem decide o que está dentro e o que está fora.

Atribuindo-se a si mesmo o espírito e o comando da revolução, Fidel conseguiu num breve período de tempo — durante a primeira década do regime — concentrar todo o poder do Estado cubano e sufocar qualquer tipo de iniciativa política que pudesse colocar em risco sua liderança e autoridade. E precisamente neste ponto a autora nos conduz para uma reflexão perturbadora a respeito do fato de que a experiência revolucionária acumulada — Rússia e China, entre outras — nos demonstraria que a afinidade entre personalização e concentração de poder revolucionário representa uma tendência constante e inevitável, baseada na “convicção de que o afã construtivista, a pretensão de moldar de cima a sociedade está indissoluvelmente ligada à convicção de que esta tarefa deve ser encarada de modo onipotente desde o ponto mais alto da sociedade”. É aí que a figura do Líder emerge como uma espécie de alquimia para organizar o todo social, para definir metas, funções e responsabilidades de cada um dos membros desse organismo. Assim, durante o processo de construção da Revolução Cubana esse papel foi concentrado na pessoa de Fidel, que com seu carisma e liderança resolveria, “definitiva e brutalmente”, a polissemia revolucionária.

No entanto, esta síntese que define o destino do povo cubano perde desde muito cedo seu verdadeiro caráter emancipatório. Se bem que o projeto revolucionário tenha conseguido resolver drasticamente a desigualdade prevalecente nos tempos de Batista, ele não permitiu, simultaneamente, realizar os anseios de autonomia e participação democrática entre os habitantes da ilha. Pelo contrário, a aspiração liberadora das “garras” da ditadura batistiana transformou-se num breve espaço de tempo no império da censura, do medo e da submissão.

Tal contradição do socialismo “realmente existente” já tinha sido denunciada, há anos, por Rudolf Bahro no seu livro Die Alternative (1977) [1]. Nele o escritor alemão constata — entre outros aspectos — como o socialismo real dos países da Europa Oriental optou por priorizar (ainda que com evidentes limitações) a resolução da questão da igualdade e da justiça social, à custa dos princípios da liberdade civil e política e do respeito aos direitos de participação democrática e autorrealização dos cidadãos.

Também em Cuba a pretensão construtivista e igualitária supôs que um conjunto de valores coletivistas poderia ser inoculado nas pessoas para que elas superassem o individualismo e o egoísmo particularista, criando uma entidade — com características do tipo puro ideal weberiano — chamada de “homem novo”. Mas este projeto transformador se realizou desde cima, desprezando e coibindo qualquer pulsão dos indivíduos em prol da formação de um novo organismo ou corpo social em que primassem os princípios igualitários consagrados pela épica revolucionária: “A fabricação vertical da sociedade exige que cada um cumpra um papel que o poder, desde a cúpula, lhe atribui; se não cumprir por consciência, cumprirá por temor”.

De tal modo, o desejo de liberdade se transformou em aceitação da opressão, o Terror e o medo substituíram a adesão e o fervor revolucionário do povo cubano. Quem não compartilha estes princípios converte-se em traidor e pária: um gusano [2]. A execração das “Damas de Branco”, que viraram arquétipo da deslealdade e alvo do repúdio dos populares, que descarregam contra elas a palavra de ordem: “as ruas são de Fidel”, expressa sem maiores subterfúgios a consagração de uma sociedade amordaçada e imobilizada pelo temor.

Por isto, nos interrogamos — tal como se interroga a autora —, o que resta da promessa da Revolução? O que resta do sonho libertário e emancipatório que encarnava a façanha revolucionária dos barbudos? O que dele pode restar para uma esquerda democrática e plural que acredita na construção de uma sociedade mais justa, igualitária e livre da opressão? Muito pouco ou nada.

A Revolução que se fez para igualar e libertar os “de baixo” acabou por se construir pelo alto, domesticando a população através de mecanismos de persuasão e de coerção. Transformou-se, assim, na negação da esperança de um mundo pluralista e tolerante, marca iniludível de um socialismo moderno que não pode abjurar dos princípios democráticos. Ou quiçá, também, na negação da esperança de um tipo de socialismo associativo que, segundo a formulação de Paul Hirst, aspire a constituir-se numa democracia social alternativa ao socialismo autocrático de Estado e ao liberalismo do livre mercado [3].

Nesse contexto, adquirem maior significado as palavras do desaparecido Antonio Cortés Terzi, para quem os ideais inovadores e pioneiros de Allende têm mais de “socialismo do século XXI” que as práticas ortodoxas dos irmãos Castro ou de Chávez. Estas últimas parecem aproximar-se mais do legado stalinista do século passado que de um socialismo renovado e projetado para resolver os desafios futuros de nossas sociedades.

Notas
[1] No Brasil: A alternativa – Para uma critica do socialismo real. São Paulo: Paz e Terra, 1980.
[2] Este temor ao linchamento social cria paralelamente uma “dupla moral”, uma dissociação entre a moral pública de fidelidade e apoio ao regime e a moral privada, de sobrevivência, que utiliza inúmeros recursos ilegais para resolver restrições e problemas da vida cotidiana.
[3] Paul Hirst. A democracia representativa e seus limites. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Editor, 1992.