quinta-feira, 19 de maio de 2016

Brasil: Contra-revolução social?

Álvaro Vasconcelos
Público


O governo Temer fracassará se, em nome da racionalidade macroeconómica, tentar pôr em prática uma agenda de contra-revolução social.

No dia 17 de Abril, o mundo assistiu em directo a uma lamentável cena de populismo parlamentar na Câmara dos Deputados brasileira, com justificações ridículas para a votação a favor da destituição da Presidente Dilma. Rapidamente surgiram algumas vozes a afirmar que tal espectáculo era um reflexo da realidade brasileira. Seria um erro grave confundir-se o Brasil, e o seu futuro, com as declarações, messiânicas ou de outro teor, dos seus deputados, mas também seria um erro não entender o peso crescente das correntes conservadoras evangélicas e sua influência política, que veio para ficar.

Se o espectáculo deplorável reflecte um certo Brasil que persiste, do caciquismo local, dos coronéis e da corrupção, e o peso crescente do fundamentalismo evangélico na política, também é verdade que o Brasil é hoje um país com uma vibrante sociedade civil, cosmopolita, com centros culturais de primeiro plano mundial – como é o caso de São Paulo, que é uma Nova Iorque dos trópicos. O mistério desta contradição é explicado pela persistência das velhas práticas de clientelismo, pela natureza do sistema politico, pela pulverização partidária, pelo desinteresse de muitos com a política parlamentar e a sua convicção que o que conta são os executivos, sejam federais, estaduais ou municipais.

Nos últimos vinte anos, o Brasil conheceu uma autêntica revolução social, sob o impulso da democracia reencontrada e da legitimidade das forças políticas progressistas e herdeiras da teologia da libertação, nomeadamente o PT. O PSDB dos anos 90 era no essencial um partido social-democrata e iniciou, com a Presidência de Fernando Henrique Cardoso, o processo de reformas que facilitou a revolução social dos governos da Presidência Lula, continuado no primeiro mandato de Dilma, apesar das enormes dificuldades e erros na gestão da crise financeira de 2008 e os casos de corrupção que comprometeram a agenda ética do PT.

Nos anos 80 do século passado, o Brasil era um dos países mais injustos do mundo. Edmar Lisboa Bacha consagrou a Belíndia, um país fictício onde uma pequena minoria vivia como na rica Bélgica e a imensa maioria partilhava as condições de vida das zonas mais miseráveis da India de então.

Tal como na China e na Índia, a classe média brasileira conheceu um crescimento significativo. Entre 1993 e 2012, de acordo com Marcelo Néri, no livro A Nova Classe Média, 60 milhões de brasileiros terão saído da pobreza e integrado a classe média. No entanto, são muitos os milhões de brasileiros nesta situação que actualmente, perante a recessão, se preocupam com o seu futuro.

Esta revolução social foi acompanhada por progressos significativos no domínio da emancipação das mulheres, da educação, da saúde pública, mesmo se os desafios nestas áreas continuam a ser enormes, nomeadamente o de integrar os que se definem como não brancos (51% da população segundo o censo de 2010).

Mas talvez o fenómeno mais significativo do novo Brasil tenha sido a emergência de uma poderosa sociedade civil, muito dela comprometida com a agenda social, da inclusão e de defesa dos direitos das minorias, que foi empoderada pelas tecnologias de informação e fez das redes sociais um instrumento de afirmação política e cultural. Sociedade civil sem paralelo fora da Europa ocidental e dos Estados Unidos.

O Brasil é um dos países do mundo onde os cidadãos mais utilizam as redes sociais. O Brasil já é o quarto país em número de utilizadores do Facebook, com 70,5 milhões, e também o quarto em percentagem da população, com 34,5%. O Brasil é o segundo país com maior número de utilizadores do Twitter e com uma utilização extremamente criativa do YouTube, que multiplica os canais de televisão individuais dos Youtubers e rompe com a hegemonia da TV Globo.

Através das tecnologias de informação, a sociedade civil brasileira conseguiu, assim, limitar, em certa medida, o monopólio dos grandes grupos de informação que, da hiperconservadora Veja à mais plural Folha de São Paulo, representam os interesses do passado, tendo apoiado os golpes contra as tentativas de fazer vingar uma agenda social: foi assim contra João Goulart em 1964.

quinta-feira, 12 de maio de 2016

Brasil: El 18 Brumario de Michel Temer

Fernando de la Cuadra
ALAI

“La historia se repite dos veces,
primero como tragedia y después como farsa…”
Karl Marx

Solo bastaba certificarlo: el golpe está consumado. Como ya era previsible, con la aprobación por parte del Senado de la admisibilidad de la denuncia contra Dilma Rousseff, la mandataria quedará inhabilitada hasta por 180 días -o mientras dure el proceso- para ejercer sus funciones de Jefe de Estado, ocupando el cargo aquel que hasta antes de la votación actuaba como su vicepresidente, Michel Temer. El desenlace fatal de la conjura venía siendo fraguado casi desde el mismo instante en que la presidenta consiguió en las urnas la reelección para un segundo mandato de cuatro años.

De esta forma, ha sido acometido el golpe parlamentario de las fuerzas conservadoras que se arrogan falsamente la defensa de las libertades democráticas y la recuperación de la estabilidad política y económica, cuando lo que resulta más evidente es que la propia democracia está siendo negada y la mentada estabilidad no pasa de una declaración demagógica, considerando el periodo sombrío y turbulento que a partir de ahora amenazará la convivencia pacífica en este país.

Que se puede decir de Michel Temer. Político de la vieja escuela, conspirador en las sombras del poder, articulador de bambalinas, hasta hace poco Michel Temer era una figura sin brillo, meramente decorativa, como el mismo se encargaba de difundir a los cuatro vientos. Si existe alguna unanimidad con respecto a su persona, quizás esta sea la de alguien desprovisto del carisma y la capacidad de movilizar sentimientos empáticos. No ha ejercido anteriormente la conducción de ningún gobierno, sea a nivel municipal, estadual o federal. Por lo mismo, se ha rodeado de operadores que desde hace un tiempo le vienen dictando la agenda de lo que debe hacer. Especialmente ahora que va a comandar los destinos del país por lo que resta del mandato, es decir, hasta el 31 de diciembre de 2018.

Estamos en presencia de un hombre sin cualidades, un personaje que estará al servicio de los intereses de las grandes asociaciones empresariales -como la Federación de las Industrias del Estado de São Paulo (FIESP)-, las empresas contratistas, los bancos y las entidades financieras, las administradoras de pensiones, la agroindustria, la industria farmacéutica, los conglomerados comunicacionales, las empresas de seguridad, etc. La plutocracia ha vencido y va a desfilar a sus anchas por los pasillos del Palacio do Planalto. Sus ministros ya han sido negociados con los gremios empresariales y también con los partidos que forman la base del gobierno, lo que demuestra además el manifiesto carácter fisiológico de la composición ministerial. Contrariamente a los discursos de unidad y reconstrucción nacional, los partidos se han disputado enconadamente cada ministerio para aumentar su cuota de influencia y poder, olvidando casi que instantáneamente las promesas de “hacer el sacrificio” por el bien la nación. Al anuncio original de formar un gobierno de gestores y profesionales de alto nivel le ha seguido una repartición oportunista de cargos y secretarías. El problema actual de Temer es que con la eliminación de diez ministerios tiene menos cupos que ofrecer a los partidos aliados.

Junto con ello, el programa de gobierno expuesto en el documento “Un puente para el futuro” posee un claro sesgo a favor de las empresas, imponiendo condiciones restrictivas para los trabajadores y la población en general. Su principal eje se sitúa en torno a un ajuste estructural que se realizará específicamente por medio de la contención de los gastos sociales y la contracción salarial, junto con la pérdida de derechos de los asalariados, la flexibilización y la tercerización de los contratos de diversas categorías laborales. El Plan defiende el fin de todas las indexaciones ya sea para salarios o jubilaciones. Además postula acabar con la obligación de gastar en Educación el 18 por ciento y en Salud el 15 por ciento de los ingresos recaudados con los impuestos. Dado lo anterior, ya se anuncian cortes significativos en programas emblemáticos de los gobiernos del PT, como Bolsa Familia, Minha Casa Minha Vida, Universidad para Todos (ProUni), Fondo de Financiamiento Estudiantil (FIES), Programa de Acceso a la Enseñanza Técnica y Empleo (Pronatec), Farmacia Popular, entre otros.

Otro indicador de las restricciones que se auguran es el documento llamado “Travesía Social” en el cual se presenta una propuesta de focalización para el combate a la pobreza, renunciando a las políticas universalistas que venían siendo aplicadas por las administraciones de Lula y Dilma Rousseff. El argumento contenido en este folleto es que aquellos segmentos que se ubican entre el 5 y el 40 por ciento de los más pobres del país, se encuentran insertos en el mercado de trabajo y, por lo tanto, es en ese mercado donde dichos grupos deberían obtener una mejoría en sus ingresos y no a través de las políticas sociales impulsadas por el Estado. La educación es considerada en ese contexto, simplemente como una herramienta para aumentar la productividad del trabajo y no como un factor fundamental para la formación crítica de la ciudadanía.

Si por una parte el futuro se percibe comprometido, por otra también se vislumbran tiempos de disputa en todos los ámbitos: en la calle, en los lugares de trabajo, en las escuelas y universidades y en el Estado. Sabemos que el Estado moderno no constituye un bloque homogéneo y monolítico de dirección única, sino que representa un campo de luchas y de equilibrios inestables en el que la correlación de fuerzas va definiendo los destinos que se le imprimen a un país. Exactamente por ello, es posible presagiar que pasada esta oleada revanchista, una amplia movilización ciudadana permitirá superar el actual impasse conservador y dar el viraje hacia una renovada agenda progresista. Solo así el pueblo brasileño podrá robustecer aquellas conquistas adquiridas en más de tres décadas de luchas por la profundización de la democracia y la justicia social.

quinta-feira, 5 de maio de 2016

Max Horkheimer: Eclipse da razão




Em meados da década de 1940, o filósofo alemão Max Horkheimer questiona como evitar que a barbárie, representada pelo nazifascismo e então recentemente derrotada na Europa, retorne ao Ocidente. Para ele, o avanço dos meios técnicos de esclarecimento foi acompanhado por um processo de desumanização, de modo que o progresso ameaça anular o próprio objetivo que deveria realizar: a ideia de homem. O foco aqui é entender como a promessa de uma sociedade mais humana desabou na barbárie e de que maneira podemos evitar recair no pesadelo nazifascista. Para o filósofo, expoente da Escola de Frankfurt, o progresso tecnológico ameaça nossa noção de humanidade, colocando também em risco as potencialidades de realização social aberta com a vitória e os sacrifícios da guerra. Seu objetivo declarado é “investigar o conceito de racionalidade subjacente à nossa cultura industrial contemporânea, a fim de descobrir se esse conceito não contém defeitos que o viciam em sua essência”.

Horkheimer toma como ponto de partida a diferenciação entre razão objetiva e razão subjetiva, sendo que a primeira se relaciona à faculdade de calcular probabilidades, de coordenar os meios com um fim, enquanto a segunda remete ao problema do destino humano, à organização da sociedade e à maneira de realização de fins últimos. Da tensão entre ambas, com o predomínio da razão objetiva em relação à subjetiva, emergiu um pensamento transformado em simples instrumento. O autor empreende, assim, uma profunda investigação sobre as intensas mudanças que o advento da industrialização, e com ela o predomínio da técnica, e da racionalização teve sobre a natureza humana, considerando também as implicações filosóficas destas mudanças

terça-feira, 3 de maio de 2016

Brasil: La clase política está sepultando la Política

Fernando de la Cuadra
El Ciudadano

A esta altura de los acontecimientos no existen muchas dudas de que el proceso de inhabilitación de la presidenta Dilma Rousseff será aprobado por el Senado. Lo que también resulta evidente es que los argumentos esgrimidos para justificar la casación de la mandataria no poseen base jurídica consistente y apelan indudablemente a un sentimiento de revancha política de quienes no consiguieron obtener el apoyo de la ciudadanía por medio de las urnas.

De hecho, la tesis de que el gobierno incurrió en crimen de responsabilidad utilizando el mecanismo de las llamadas “pedaladas fiscales” es una cuestión que no ha sido dirimida por los especialistas en Derecho Constitucional y lo más probable es que tal controversia jurídica continúe por mucho tiempo y se prolongue a lo largo de los años, cuando se proceda a realizar un juicio histórico de lo que sucede actualmente en Brasil. Si se descarta la dimensión jurídica de la acusación instaurada contra el ejecutivo, salta a la vista su carácter estrictamente político.

La solución para un gobierno malo no es su destitución. Problemas e ineficiencia gubernamental no pueden ser motivo para derrocar a un presidente, ya que las reglas del juego democrático son muy claras e implican que quien perdió en una contienda electoral tendrá que esperar una nueva oportunidad para convencer a los electores de que su proyecto es el mejor. Lo anterior es la base de la alternancia. No se puede desconocer esta cláusula pétrea de la democracia arguyendo que se incurrió en crímenes de responsabilidad por un mal uso de normas y procedimientos administrativos, los cuales además son objetos de las más variadas interpretaciones.

Si tanto el gobierno como la mandataria cometieron errores en la conducción del país, ello no puede en hipótesis alguna justificar una deposición, con toda la carga de dramatismo que esto representa para un sector mayoritario de la población, que observa con creciente preocupación la inestabilidad institucional y social que se apodera del país. En ese contexto, lo que se percibe en estos días sombríos es la voluntad obstinada de la clase política -preferencialmente de la oposición- en bloquear y obstruir toda y cualquier vía de diálogo que permita construir las posibles alternativas de solución a la crisis sistémica que se viene instalando, negándose vehementemente a debatir salidas de consenso en un clima de respeto por el pluralismo y la aceptación de lo diferente.

Hace algunos años atrás Hannah Arendt señalaba que la política se basa en el respeto por la pluralidad, porque ella trata fundamentalmente de la convivencia entre personas diferentes que habitan un espacio común. La familia en ese sentido es la negación de la plaza pública en la que se discuten los destinos de la comunidad o el país. La familia representa -según la pensadora alemana- un refugio, un abrigo para el individuo que se encuentra en una soledad existencial frente a un mundo inhóspito y extraño. Es una especie de fortaleza que nos aísla del mundo exterior. Por lo mismo, el parentesco se configura como una perversión de la cosa pública que anula la consideración por la alteridad, por la diferencia y por lo plural.

Este fenómeno se puso claramente de manifiesto cuando un porcentaje significativo de los diputados que votaron a favor del impeachment dedicaron su decisión a la esposa, los hijos, los padres, los nietos o los sobrinos. Desaparecieron los motivos que invocaban a la nación, los ciudadanos, el pueblo soberano, la polis… La política se ha transformado en un frio cálculo personal de costo-beneficio, en una estructura de preferencias individuales en donde cada agente evalúa cuales son los mejores escenarios y decisiones para adquirir más poder, dinero y prestigio. Por eso es que la política ha terminado siendo dominada por las empresas, que imponen su lógica competitiva y su gen darwinista cuando se dedican a financiar las campañas de aquellos candidatos que tienen mayores posibilidades de sobrevivir y que además se comprometen a efectuar un retorno incrementado de la inversión. La política perdió su vocación de servicio público y se convirtió en un oficio de especuladores y oportunistas. La operación Lava-Jato ha mostrado en este último año como existe un vasto entramado entre las principales empresas de la construcción civil, la clase política y los altos ejecutivos del aparato gubernamental. Un fenómeno transversal, del cual muy pocos partidos políticos se han mantenido al margen.

En la actual configuración del Congreso, lo único que parece consolidado es la influencia del poder económico sobre la mayoría de los parlamentarios. La reforma política que todavía es una agenda incompleta y urgente, considera una alteración drástica para el financiamiento de campañas, de manera que la subordinación de la clase política a los intereses de las empresas pueda ser revertida o moderada a través de mecanismos de financiamiento democrático que combina un financiamiento público con los aportes de los militantes o personas físicas que deseen contribuir con un monto limitado para determinado candidato o conglomerado partidario. De esta manera, cualquier intento por reivindicar la política como una actividad que recoja los anhelos y aspiraciones de la población pasa necesariamente por el fin de la manipulación de las empresas en la vida de los partidos y de la clase política.

A lo anterior se debería sumar un fortalecimiento de las prácticas de democracia directa en la cual los ciudadanos puedan discutir y deliberar sobre aquellos aspectos que afectan su vida colectiva en temas tan relevantes como las concesiones de los servicios públicos, las privatizaciones, la construcción de obras que tienen un enorme impacto ambiental o la definición de modalidades en las que se puede realizar una impugnación presidencial luego que el sufragio universal ha expresado su decisión soberana. Mientras estos aspectos tan básicos como fundamentales no sean resueltos y superados por el conjunto de los actores políticos, la democracia brasileña continuará siendo una promesa traicionada.

quarta-feira, 27 de abril de 2016

Brasil: El sombrío escenario del post-impeachment

Fernando de la Cuadra
Rebelión

Después del triste espectáculo protagonizado por la Cámara de diputados que dio luz verde para la admisibilidad del proceso de impeachment, ahora es el senado quien debe decidir si aprueba o rechaza la apertura del proceso. La previsión es que ello sucederá el día 11 de mayo. La oposición ya cuenta con más 41 votos favorables para la casación del mandato de la presidenta, por lo que es altamente probable que Dilma Rousseff sea apartada del cargo por 180 días, lugar que asumirá el actual vice-presidente Michel Temer, un personaje que ha conspirado entre bambalinas la destitución de la mandataria. De una mera figura decorativa se ha transformado en el principal instigador del golpe institucional y parlamentario que se cierne sobre el país.

A pesar de todos los argumentos que pueda esgrimir la oposición, es indiscutible que lo que se encuentra en curso es un golpe político disfrazado de procedimiento jurídico, impulsado por quienes perdieron las elecciones y por otros aspirantes al poder que nunca lo conseguirían por medio del escrutinio popular. Ello quedó aún más evidencia a partir de una exposición secuencial de los motivos más bizarros invocados por los diputados que votaron a favor del impedimento: Dios, la familia cuadrangular, el cumpleaños de la nieta, la paz de Jerusalén, el sector agropecuario, etc.

De consumarse el golpe, un primer escenario que se vislumbra a más corto plazo, es que Michel Temer asumirá interinamente la presidencia, mientras concluye el proceso contra Dilma Rousseff. La previsión es que una absolución o condenación definitiva (en este caso se requieren 54 de 81 votos) recién sea realizada a mediados de septiembre -antes de las elecciones municipales del 2 de octubre- periodo en el cual pueden ocurrir muchas cosas. Aunque existen algunas razonables incertezas, por la actual composición del senado y por el efecto estampida que se observó en la Cámara, todo parece indicar que la tendencia es que la presidenta sea condenada y automáticamente destituida, asumiendo Michel Temer el cargo de presidente en forma definitiva hasta concluir el mandato en diciembre de 2018. Además de la casación, Dilma Rousseff quedaría inhabilitada durante ocho años para ejercer cualquier tipo de función pública.

Asimismo, el propio Michel Temer tampoco está libre de ser objeto de otro proceso de impedimento en su contra. En efecto, ya existe un proceso derivado de una acción popular que se encuentra estacionada en la Cámara en espera de una resolución de admisibilidad por parte de su presidente. Este recurso se sustenta en el hecho de que cuando ocupó interinamente el cargo de presidente por ausencia de la mandataria, Michel Temer también firmó algunas resoluciones que constituyeron “pedaladas fiscales”, es decir, existen fuertes indicios de que igualmente incurrió en crimen de responsabilidad fiscal.

Por otra parte, existe la posibilidad de que sea sancionado próximamente un parecer del Supremo Tribunal Electoral (TSE) que debe impugnar la chapa Rousseff-Temer por financiamiento ilícito de la campaña presidencial de 2014. Si este proceso se sanciona antes de la primera mitad del actual mandato (diciembre de 2016), se anula la chapa vencedora de la última elección y asume interinamente el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, que deberá convocar a nuevas elecciones en un plazo de 90 días. Si la casación ocurre a partir de la segunda mitad de mandato, la elección del nuevo mandatario o mandataria es realizada indirectamente por el Congreso Nacional. En esta hipótesis y considerando el conservadurismo y la baja índole moral del actual Congreso, no es para nada remota la posibilidad de que el escogido sea aun peor que Michel Temer y su cuadrilla del PMDB. El propio Eduardo Cunha, un personaje siniestro y declarado reo por el Supremo Tribunal Federal (STF) por innumerables casos de corrupción, puede llegar a ser, en función de sus articulaciones, el próximo presidente de Brasil. Esta posibilidad representa un futuro más que tenebroso para el país.

Además existe la alternativa de la renuncia inmediata de la presidenta y la convocación a nuevas elecciones. Pero a juzgar por las declaraciones de sus asesores y de la propia mandataria, la defensa de su inocencia va a ser llevada a cabo hasta la instancia final del juicio en su contra. De igual manera, Michel Temer también puede renunciar en caso de asumir la presidencia y llamar a nuevas elecciones. Ello va a depender de la vulnerabilidad que tenga, ya sea por los problemas de legitimidad que pesan en su contra, por una escalada de movilizaciones populares y una consecuente situación de ingobernabilidad en todo el país o por el avance del proceso de inhabilitación en su contra que lo dejaría inmune a una alta inestabilidad jurídica y administrativa.

Lamentablemente todos estos posibles escenarios permiten augurar que Brasil continuará sumergido en una crisis política profunda, a la que se viene a sumar una recesión económica grave y una casi completa falta de credibilidad moral y ética en la clase política y empresarial. Lo más previsible es que Brasil sea palco de muchas manifestaciones de protesta y descontento en un clima de creciente conflictividad, que ni siquiera la próxima Olimpiada podrá atenuar. Sin embargo, pensando dialécticamente, ello también puede representar una oportunidad para que las fuerzas progresistas se unan en torno a un amplio bloque histórico que impulse un proyecto de transformación con el fin de preservar y superar las conquistas ya alcanzadas.

sexta-feira, 15 de abril de 2016

Crisis en Brasil: “Es un golpe político encubierto de barniz jurídico”

Meritxell Freixas
El Ciudadano

Semanas clave para la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, y para el Partido de los Trabajadores (PT). Tras la aprobación por la Comisión de la Cámara de Diputados del juicio a la exmandataria, el próximo viernes será el pleno de la Cámara el que emitirá el voto a favor o en contra del impeachment.

Se habla de golpe de estado, pero también de corrupción, tanto del oficialismo como de la derecha. Esto, en medio de un clima de crisis política que divide a la sociedad brasileña y la sumerge en una profunda incertidumbre. El Ciudadano conversó con el Doctor en Ciencias Sociales y profesor de Ciencia Política de la Facultad de Derecho de la Universidad Estácio de Sá (Brasil), Fernando de la Cuadra.

Cada vez son más fuertes las voces que hablan sobre un posible golpe de Estado inminente en el país. ¿Cómo es el clima social y político hoy?

Hay una enorme tensión y expectativa de la ciudadanía sobre lo que podrá suceder a partir del viernes cuando se iniciarán los alegatos a favor y en contra de la destitución de la presidenta en el pleno de la Cámara de Diputados. Para los gobiernistas no existen pruebas contundentes de que la mandataria haya incurrido en algún hecho criminal o de responsabilidad fiscal que justifique su enjuiciamiento. Es, por lo tanto, una modalidad sui generis de golpe o una forma de neogolpismo como los que permitieron la destitución de los presidentes Manuel Zelaya en Honduras y Fernando Lugo en Paraguay. Es un golpe político encubierto de barniz jurídico.

Para la oposición, sí existen pruebas suficientes de que la presidenta Dilma incurrió en crimen de responsabilidad fiscal al desconocer la meta presupuestaria y utilizar las llamadas “pedaladas fiscales” durante el ejercicio de 2015. Me atrevo de decir que el país se encuentra dividido en una proporción similar, a pesar de que el último estudio de opinión realizado por Datafolha apunta que el 61% de los electores consultados piensa que los diputados deberían votar a favor del impeachment, mientras que sólo un 33% señala que los parlamentarios deberían votar en contra.

Precisamente, la comisión especial parlamentaria de la Cámara de Diputados aprobó este lunes el juicio político contra la mandataria Dilma Rousseff con 38 votos a favor y 27 en contra. ¿Cuál es el proceso para que el juicio sea aprobado definitivamente y ejecutado?

El siguiente paso es la votación en el plenario de la Cámara. De tener luz verde allí, debe seguir para el Senado, donde se instaura una Comisión que tiene 10 días para emitir un nuevo parecer. Dicho parecer es votado en el plenario del Senado, donde puede ser rechazado o aprobado por mayoría simple, es decir, por 41 senadores (son 81 en total). En el primer caso, de rechazo, el proceso es archivado y se extingue. Si es aprobado, se declara la instauración del proceso y la mandataria debe apartarse del poder por un periodo de 180 días, asumiendo transitoriamente el cargo el actual vice-presidente Michel Temer.

A partir de ese momento, el proceso se debate en el plenario del Senado que es presidido excepcionalmente por el Presidente del Supremo Tribunal Federal. Luego, se vota nuevamente en el plenario del Senado, pero en esta oportunidad se requiere una mayoría de dos tercios de los votos para aprobar la condenación definitiva, es decir, 54 de los 81 senadores. En caso de ser condenada, la presidenta es automáticamente destituida y el vice-presidente asume lo que resta del mandato. En este escenario, Dilma Rousseff quedaría impedida por ocho años de ejercer cualquier tipo de cargo público.

¿Qué probabilidades existen de que el proceso llegue hasta el final y la presidenta termine siendo destituida?

La disputa que se instaló esta semana para captar el voto de los indecisos es muy intensa y los últimos sondeos -aunque nada es seguro hasta última hora- indican que los partidarios a favor del impeachment están sumando los votos necesarios, que son 342 diputados. Diversos cálculos y estimaciones estadísticas vienen siendo realizadas por “expertos” que confirman uno u otro escenario.

Sin embargo, muchos de los periodistas especializados que acompañan diariamente las actividades en Brasilia, advierten que el resultado final sólo se va a conocer a última hora, debido a que el movimiento permanente de parlamentarios indecisos hace que algunos sean una hora a favor y otra hora en contra de la impugnación de la mandataria. Considerando lo incierto del momento, lo mejor es esperar hasta el final de la votación en la Cámara.

¿Qué tan real es el apoyo que el Partido de los Trabajadores (PT) ha perdido por parte del pueblo brasileño?

Según diversos estudios recientes, el PT ha ido perdiendo su base electoral. Pero no deja de ser una paradoja que, no obstante esta realidad aparentemente incontestable, el preferido de los electores para la próxima contienda electoral en el 2018 – según Datafolha – es el propio expresidente Lula (21%), una figura que ha sido bombardeada en las últimas semanas con diversas acusaciones de corrupción, uso indebido de influencia y obstaculización a la justicia, entre otras denuncias. Es de todas formas una ventaja relativa, pues el resto de los candidatos como Aécio Neves o Ciro Gomes no logran entusiasmar al electorado.

Lula mantiene un apoyo que se basa mayormente en su carisma que en una plataforma de cambios y en un proyecto consistente De cierta manera el PT puede haber perdido apoyo por parte de sus adherentes, pero el nombre de Lula sigue siendo, a pesar de los pesares, una marca registrada que genera apoyo entre algunos electores al momento de decidir por quien desean ser gobernados.

En segundo lugar, en la mencionada encuesta de intención de voto, aparece Marina Silva (19%), una ex militante del PT y ex ministra de Medio Ambiente del Gobierno Lula y que ahora ha creado su propio partido llamado Rede Sustentabilidade. Es decir, si el PT parece haber perdido apoyo popular, Lula y Marina Silva mantienen un apoyo significativo que quizás mayormente se basa en el carisma que despliegan ambas personalidades que en una plataforma de cambios y en un proyecto consistente que permita sacar a Brasil de la actual crisis sistémica (económica, política, moral) en la cual se encuentra.

¿Podría mantener Lula este liderazgo hasta las elecciones de 2018? ¿Cuál es el apoyo de la sociedad brasileña al exmandatario?

Es el candidato mejor posicionado en las encuestas (21%), pero considero que ello no es suficiente para liderar un proceso de reconstrucción nacional como el que Brasil necesita. El porcentaje de rechazo a Lula es muy alto y el 53% de los entrevistados afirmaron que no votarían por él de ninguna manera.

Además, existe una alta probabilidad de que Lula sea denunciado en nuevas causas que se han ido acumulando, tanto en el marco de la Operación Lava-Jato (Petrobras) como también del periodo en que fue presidente de la República (2003-2010). Considero que el futuro de Lula es incierto y que ese 21% que sustenta hoy puede desvanecerse si queda comprobado que incurrió en actos ilícitos durante su Gobierno o en otras instancias en que fue construyendo un poder casi incontestado de 35 años dentro del PT, etapa que algunos cientistas políticos han calificado de ‘ciclo Lulista’. Si nos encontramos al final de este ciclo, los días venideron lo dirán con mayor claridad.

quinta-feira, 17 de março de 2016

Los grandes desafíos del ministro Lula

Esther S. Sieteiglesias
Diario La Razón

¿Cómo valora el movimiento de Lula da Silva? ¿Entra en el Gobierno brasileño para protegerse de la Justicia?

Solo en parte, porque el fuero privilegiado que le otorga a Lula asumir el cargo como Ministro de la Casa Civil sólo le evita seguir en el proceso a cargo del juez Sergio Moro, en el Tribunal de Curitiba, Estado de Paraná. Ese “blindaje” no le sirve del todo, pues las investigaciones deberán pasar a manos del Tribunal Supremo Federal, instancia que tiene absoluta autonomía del Gobierno y que bajo ninguna hipótesis permite sospechar que participaría de algún tipo de colusión con Lula, el Gobierno o el Partido de los Trabajadores. Existen demasiadas evidencias de que Lula no contará con el beneplácito de los magistrados, que han demostrado que el principio de isonomía funciona –aunque sea tardíamente- en la República de Brasil. En todo caso es un movimiento complejo, pues la oposición ya está preparando una batería de acciones legales en todos los estados del país para impedir que el ex presidente asuma dicha cartera ministerial, con el argumento de que el ex mandatario se encuentra en estos momentos inhabilitado para ejercer cualquier cargo público debido a que está siendo investigado por la Justicia.

Al frente de este importante ministerio, ¿qué podrá hacer el ex presidente Lula?

Si Lula llega a asumir efectivamente este jueves el Ministerio de la Casa Civil, tendrá que resolver dos importantes desafíos. El primero es evitar que prosiga el "impeachment" contra la presidenta Rousseff. El Gobierno y sus partidarios, esperan que Lula haga gala de sus habilidades de articulador y consiga el apoyo de un sector mayoritario del PMDB (partido de la base aliada) y de otros partidos para bloquear en la Cámara de Diputados la apertura del pedido de impugnación del mandato y, por el contrario, consiga que dicho proceso sea archivado en forma definitiva. El segundo gran desafío que tiene Lula es lograr que la economía brasileña salga de la crisis recesiva y de “un salto hacia adelante” a través de la la vuelta ael crecimiento por vía de políticas neo desarrollistas con aumento de la inversión, generación de empleo y mantenimiento de las políticas sociales que han sido el sello de las administraciones del PT desde 2003. Por cierto, ambas tareas son muy difíciles y existe una alta probabilidad de que Lula fracase en su esfuerzo, comprometiendo seriamente su imagen política y sus pretensiones de ser el candidato favorito en las próximas elecciones presidenciales de 2018.

Lula da Silva es muy querido en Brasil, ¿cree usted que la presidenta Rousseff le hace ministro para mejorar su popularidad?

Sí, efectivamente Lula es muy querido en Brasil, pero especialmente en los sectores populares que han sido los principales beneficiarios de las políticas asistencialistas de transferencia de renta condicionada impulsadas por los diversos gobiernos del PT. Pero existe un porcentaje no despreciable de brasileños que sospechan que Lula y su familia se enriquecieron durante los últimos años y las manifestaciones del último domingo representan una demostración de que el malestar provocado por la corrupción y el asalto a los cofres públicos -siendo un problema transversal a todos los partidos- se agudizó en este último periodo principalmente debido a la gestión del Gobierno y de los vínculos sospechosos que se generaron entre éste, los partidos de la coalición y las empresas contratistas. El caso Petrobras viene a corroborar el nivel de compromiso entre importantes funcionarios del Gobierno, líderes de partidos y gerentes de las empresas en desvíos millonarios de recursos. La delación premiada del senador Delcídio do Amaral (ex líder del gobierno en el Congreso) está provocando un torrente de acusaciones, principalmente entre sus ex correligionarios del PT.

Con Lula al frente, ¿pasa Rousseff a un segundo plano?

A pesar de este escenario complejo y adverso, la presidenta Dilma y miembros de su Gobierno confían en que el ex presidente Lula podrá superar los escollos que se vislumbran en el camino a partir de su carisma personal y de su gran capacidad de persuasión y negociación. Un problema –muy serio por lo demás- derivado de la decisión de nombrar a Lula en un cargo de indiscutible importancia política, es que la presidenta virtualmente abdica de su papel de primera mandataria y cede a Lula la función de gobernar y poner “orden en la casa”, con el riesgo de transformarse en poco tiempo en una mera figura decorativa que circula por los corredores del Palacio de Planalto. No creo que la nominación de Lula le permita mejorar su popularidad, que ya se encuentra muy deteriorada. A lo más, le permitirá un respiro de corto plazo en medio de la crisis, pero cuyas proyecciones en un futuro cercano son bastante grises, considerando entre otros elementos, que la oposición está convencida en acabar con su mandato lo más rápido posible y que la recesión económica puede mantenerse por otro par de años.

Los votantes y simpatizantes del Partido de los Trabajadores, ¿están contentos con este movimiento?

En el clima de polarización que se ha apoderado del país en este último periodo, un sector de la militancia apoya incondicionalmente al partido y al Gobierno, es un nosotros contra ellos, las fuerzas progresistas y populares contra las fuerzas golpistas y reaccionarias. Sin embargo, un sector crítico de las acciones del PT, tanto a nivel de ciertos líderes como de su militancia, observan con preocupación la pérdida de orientación en que se encuentra el proyecto petista, producto de su política pragmática y de abandono de sus principios ético-políticos en que se enaltecía el papel del sujeto colectivo, de las bases partidarias, de la honestidad y la vocación pública de sus militantes y, especialmente, de sus dirigentes. Este proceso de descomposición del partido no es nuevo, aunque se profundizó efectivamente desde que el PT asumió el Gobierno. Desde ese 1 de enero de 2003 muchas figuras emblemáticas y militantes del conglomerado han renunciado a sus filas ya sea para formar otras organizaciones (PSOL, REDE) ya sea para renunciar definitivamente a la vida partidaria.

¿Esperaban algo más de sus políticos, sobre todo tras los escándalos de corrupción?

Muchos de los militantes del PT están decepcionados, no solo de la corrupción sino también de la política de ajuste que impulsa el Gobierno para contener los gastos. Pero en el actual contexto de confrontación que existe en Brasil, se presenta un falso dilema del tipo o estoy a favor del Gobierno, del PT y la democracia o estoy con los golpistas que quieren retrotraer las conquistas populares. Insisto en el hecho de que este es un falso dilema, porque los gobiernos del PT no han sido ni revolucionarios ni anti-capitalistas. Sus políticas se enmarcan dentro de lo que podríamos llamar como un ciclo socialdemócrata imperfecto, en el cual se despliegan un conjunto de acciones de perfil asistencialista y de protección social que buscan crear mayores condiciones de igualdad y justicia social entre los brasileños. Todo ello realizado en un marco de respeto a las instituciones y observancia de la ley y la Constitución.

La marca del patrimonialismo y la corrupción endémica existente en el país también contaminó al gobierno y al partido creando una estructura burocrática llena de privilegios que estableció relaciones fraudulentas con las grandes empresas y que se enriqueció a costa de las aspiraciones ciudadanas de una vida más digna. Pienso que en un futuro próximo esta tergiversación subterránea, dramática, de los principios ético-políticos puede llevar a la decadencia del partido en términos de tener un papel irrelevante en el escenario político. A no ser que un profundo proceso de autocrítica le permita al PT recuperar su legado original junto con una renovación dialéctica de su proyecto, que lo posicione nuevamente como la gran esperanza de justicia social e inclusión para la enorme mayoría del pueblo brasileño.

domingo, 13 de março de 2016

El cambio climático agrava la desigualdad entre ricos y pobres

Ecodiario

Un estudio revela que el cambio climático y el poder que ejerce sobre los recursos naturales de la Tierra, agrava la desigualdad entre comunidades ricas y pobres. Como ejemplo, los expertos señalan que el cambio climático está obligando a algunas especies migratorias de peces a cambiar su ruta hacia los polos, lo que significa un gran cambio para las personas cuyo sustento depende de los peces. "Lo que encontramos es que los recursos naturales como el pescado están siendo empujados por el cambio climático y afecta a quién tiene acceso a ellos", ha señalado uno de los autores del trabajo, Malin Pinsky.

Así ha señalado que, cuanto más fuerte sea la conservación orientada a la gestión del recurso natural en una comunidad, mayor será el valor de dichos recursos naturales y si esos recursos aumentan o disminuyen. De este modo, si las comunidades y los países más ricos son más propensas a tener una gestión fuerte de los recursos, estos grupos tienen más probabilidades de beneficiarse, lo que agrava la desigualdad.

La riqueza se está desplazando

Pinsky y sus co-autores han explicado que "la riqueza inclusiva" -en peces, plantas y árboles y otras especies importantes para los seres humanos- se está desplazando fuera de las zonas templadas y hacia los polos ya que las temperaturas globales aumentan. La riqueza inclusiva no es solamente la suma de los activos de capital de una comunidad, incluyendo los activos naturales como el pescado o los árboles, sino también la salud humana y la educación, así como los activos construidos como carreteras, edificios y fábricas. Dado que el clima cambia de manera desigual de lugar en lugar, los recursos naturales migran -o se reproducen- de forma desigual.

Su trabajo, publicado en Nature Climate Change utiliza datos que Pinsky desarrolló en sus estudios sobre la migración de peces y una fórmula matemática desarrollada por el economista Eli Fenichel de la Universidad de Yale, para ilustrar la relación entre el movimiento de los recursos y el movimiento de la riqueza.

Para ilustrar su punto, los autores establecieron un modelo con dos comunidades ficticias, Northport y Southport, cada una dependiente en cierta medida de una pesquería en particular. Luego, los autores imaginaron escenarios de interacción entre las dos comunidades, la acción de sus peces y entre sí.

"Tendemos a pensar en el cambio climático sólo como un problema de la física y la biología. Pero la gente reacciona también y, por el momento, no tenemos una buena comprensión de los impactos de la conducta humana sobre los recursos naturales afectados por el cambio climático", ha apuntado el científico.

Uno de los próximos proyectos para el equipo se inclinará hacia el lado humano de la ecuación. Los expertos pasarán parte de la primavera y el verano hablando con personas involucradas en la pesca comercial en gran parte de la costa este de Estados Unidos.

quarta-feira, 9 de março de 2016

Las trampas de una polarización peligrosa

Fernando de la Cuadra
Rebelión

Las tormentas de marzo

Una conocida canción de Tom Jobim tiene ese sugestivo estribillo con tono melancólico “son las aguas de marzo, cerrando el verano…”. Pero lo que está sucediendo en Brasil con el inicio del mes no tiene nada de evocador ni romántico, sino más bien se presenta con un horizonte lleno de nubarrones y tempestades. Son más bien tiempos tormentosos.

La semana pasada fue un enjambre de acontecimientos. Ya el jueves había salido en circulación la revista Isto É, con la filtración de las denuncias realizadas por el senador Delcídio do Amaral, militante del PT y ex líder del gobierno en el Senado, dentro de la figura jurídica conocida como “delación premiada” la cual fue instaurada por el Ministerio Público para obtener mayores informaciones de los involucrados en el escándalo de corrupción de la estatal Petrobras. En estas declaraciones, Delcídio acusa tanto al ex presidente Lula como a la actual mandataria Dilma Rousseff de intentar obstaculizar las investigaciones realizadas por la justicia, por medio de la presión ejercida para que los jueces a cargo del proceso liberen a algunos de los detenidos en el marco de la Operación Lava-Jato (lavado de autos) que ya se encuentra en su vigésima cuarta etapa.

Cuando el viernes en la mañana la Policía Federal irrumpió en el departamento donde reside el ex presidente Lula da Silva, en San Bernardo, trasladando de manera compulsoria al ex presidente hacia una sede de la Policía Federal instalado en el Aeropuerto de Congonhas, São Paulo, para que prestase declaraciones sobre acusaciones de corrupción, aceptación de coimas y tráfico de influencias. Los supuestos delitos se habrían cometido a cambio de información privilegiada y del favor en la aprobación de licitaciones que beneficiaron a determinadas empresas contratistas, algunas de las cuales (OAS y Odebrecht) le donaron en compensación una importante suma de recursos para la compra de dos sitios en la localidad de Atibaia y un departamento en el Balneario de Guarujá, ambos localizados en el Estado de São Paulo. La noticia de la conducción coercitiva de Lula para prestar esclarecimientos cayó como una bomba en la prensa y en las redes sociales, que estuvieron todo el día difundiendo informaciones sobre lo sucedido y sus posibles desdoblamientos.

Lo cierto es que la llegada de la Policía Federal en el departamento de Lula a las 7 de la mañana fue truculenta. Los funcionarios venían con una orden del juez Sergio Moro, para conducir al ex presidente de forma coercitiva, lo cual representaría una acción totalmente innecesaria. Lula nunca se había negado a declarar, pero había entrado con una medida cautelar en la Justicia por la cual se anulaba cualquier orden de llevarlo a declarar de manera compulsoria. El juez Moro revertió esta decisión judicial y utilizó a la Policía Federal para proceder como órgano ejecutor de una orden arbitraria y prepotente. El debate fue instalado entre los especialistas, algunos de los cuales esgrimen el principio de isonomia por el cual, según la Constitución, nadie está por encima de la ley. El problema es que la acción del juez Moro fue desproporcionada para una figura que nunca había evitado su presencia en un tribunal, en caso de ser convocado. Por lo mismo gana fuerza la versión de que dicha intimación responde más bien a una campaña en contra del ex presidente Lula con la intención de que éste no pueda ser el candidato de la situación para las próximas elecciones a ser realizadas en octubre del 2018.

El clima de enfrentamiento y polarización se ha instalado en el país. La oposición promete obstruir la pauta del Congreso hasta que la comisión de impeachment sea constituida, adicionando al pedido de casación de mandato de la presidenta las últimas declaraciones de ex líder del gobierno. En efecto, con la delación premiada del senador Amaral la derecha ha retomado su agenda en la cual se refuerza la centralidad de abrir un proceso de destituir a la presidenta por medio de este recurso. Junto con ello, la oposición ha convocado a manifestaciones en todo el territorio para el próximo domingo 13, con las cuales espera robustecer la adhesión de la ciudadanía con relación a la inviabilidad del actual gobierno y su reemplazo por uno de transición, encabezado por el actual vice-presidente Michel Temer (PMDB).

Por su parte, el ejecutivo y los partidos de la base aliada también han llamado a manifestarse a favor de la presidenta Dilma y de las conquistas sociales y democráticas efectuadas en los últimos 13 años de mandato del Partido de los Trabajadores. La convocación a las fuerzas que apoyan al gobierno es fundamental para dirimir la voz de las calles y demostrar que la presidenta no se encuentra aislada y sin capacidad de respuesta frente a la agresiva arremetida de la derecha. Y es que existe la convicción de casi todos los sectores del espectro político que una batalla importante para acelerar o neutralizar el proceso de impugnación pasa por la correlación de fuerzas que se exprese en las calles y plazas de las principales ciudades del país. Además, la despropositada conducción coercitiva del ex presidente Lula le ha permitido al PT movilizar y reanimar a su militancia, que se encontraba un poco paralizada y expectante frente a los casos de corrupción que se ventilan casi diariamente en los medio de prensa.

¿A quién le conviene la polarización?

Las acusaciones cruzadas de que tanto el gobierno como la oposición están haciendo todos los esfuerzos posibles para dividir al país se escuchan ininterrumpidamente. Pero, ¿quién sale ganando con esta radicalización en aumento? Ciertamente el clima de enfrentamiento favorece a los sectores que quieren derrocar al gobierno, pues la violencia política puede fortalecer el discurso de ingobernabilidad y estimular a los grupos más virulentos de la oposición a invocar a los militares como una fuerza restauradora del orden y la paz social.

Por otra parte, cualquier observador externo de la política y la sociedad brasileña puede pensar naturalmente que el proyecto del actual gobierno y el de la oposición son diametralmente opuestos, pero la realidad desmiente dicho supuesto. Ambos se pueden encuadrar dentro de un ciclo socialdemócrata imperfecto, que sin alterar radicalmente las bases estructurales del desarrollo económico, político y social del país, se han propuesto profundizar los programas asistencialistas y de protección social de los sectores más vulnerables. Sin duda los esfuerzos e iniciativas de los gobiernos del PT en estos 13 años son bastante más significativos que aquellos realizados por las anteriores administraciones del PSDB, pero en todo caso nada que permita sostener que se encuentra en curso una transformación substantiva del padrón de desarrollo imperante desde que Brasil recuperó la democracia hace poco más de treinta años.

De hecho, independiente de la voluntad de integración y desarrollo regional impulsado por el Estado brasileño en los últimos años, los principales beneficiarios de las grandes obras de infraestructura realizadas en diversos países del continente (Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Venezuela) han sido las mayores empresas contratistas como Odebrecht, Camargo Correa, OAS, Mendes Junior, Andrade Gutiérrez, Queiroz Galvão, entre otras. Los grupos financieros también han experimentado enormes ganancias en el último tiempo, algunos de los cuales tiene una agresiva política de expansión de sus actividades en la región (Bradesco, ITAÚ, Unibanco, BTG Pactual). Por último, es evidente que la política económica impulsada en este segundo mandato de la presidenta Dilma se encuentra muy alejada de sus promesas de campaña en torno a una mayor inclusión social y mejor distribución de la renta. ¿Por qué últimamente se han declarado tantas huelgas en Brasil? Probablemente porque el gobierno está eliminando los derechos de los trabajadores, flexibilizando el empleo, privatizando el sistema previsional, reduciendo los salarios, aumentando los impuestos al consumo.

Entretanto, si no bastasen los problemas del campo político, el gobierno también enfrenta enormes dificultades en el ámbito económico. La reciente divulgación de los principales indicadores de desempeño económico del país, han renovado la artillería de la oposición. Los datos revelan que el Producto Interno Bruto experimentó una caída del 3.8% en 2015 y las previsiones son de que dicho producto también va a caer en torno de un 3% durante 2016. Además el déficit primario registrado en 2015 llegó a ser de 115 millones de reales (cerca de 30 millones de dólares). Según los especialistas, esta cifra fue fundamentalmente el resultado de una desaceleración de la recaudación pública causada por la recesión que tuvo una caída del 6.4 por ciento con relación al año anterior, mientras que los gastos aumentaron en un 2,2 por ciento. En este contexto, el nivel de desempleo sigue aumentando, con estimativas de que llegue a superar el 10 por ciento en el presente año. El congelamiento de los salarios, el aumento de los bienes de primera necesidad y la inestabilidad laboral son apenas una pequeña muestra de los aspectos que han empeorado la calidad de vida de los brasileños.

La política en Brasil se ha transformado en una gran Caja de Pandora de intrigas, corrupción e ilegalidades y la vorágine de los acontecimientos torna temerario presagiar el epilogo de esta tragedia. Desde que se iniciaron las manifestaciones en junio del 2013, el país ha experimentado un ciclo de agitación política, con momentos de mayor o menor intensidad y polarización en los enfrentamientos, con un alto grado de conflictividad en muchas ocasiones, por ejemplo, como sucedió durante la contienda electoral de 2014 en que fue reelecta Dilma Rousseff. Es por lo mismo difícil augurar con certeza los escenarios que se presentan en el futuro, pero como lo han indicado diversos especialistas -inspirándose en Gramsci- tal parece ser que con el agotamiento del ciclo socialdemócrata, Brasil se encuentra actualmente en una etapa de transición en que lo viejo no terminó de morir y lo nuevo no emerge clara y totalmente. Los próximos meses serán fundamentales para resolver algunas claves de esta incógnita.

terça-feira, 8 de março de 2016

Los impasses de la política brasileña

Meritxell Freixas
El Ciudadano

¿Qué efectos puede tener la detención del ex mandatario Lula? ¿Cómo se recuperará el Partido de los Trabajadores de la sacudida al candidato para 2018 y a la actual presidenta Dilma Rousseff? ¿Será Brasil otro país de la región latinoamericana que dé un giro hacia la derecha? Lo responde un experto en Ciencia Política de la Universidad brasileña de Estácio de Sá.

La detención del  ex-presidente Lula da Silva del pasado viernes dejó a Brasil profundamente conmocionado. Algunos expertos consideran que fue “ilegal” y la tildan de operación mediático-judicial articulada desde la derecha, en otro intento más de desestabilizar el país.

Para comprender los cambios políticos que el país ha vivido en los últimos años y lo que podría enfrentar Brasil en el año en que será el anfitrión de los Juegos Olímpicos 2016, El Ciudadano conversó con el Doctor en Ciencias Sociales y profesor de Ciencia Política de la Facultad de Derecho de la Universidad Estácio de Sá (Brasil), Fernando de la Cuadra.

Tras los hechos ocurridos en los últimos días con el exmandatario Lula, ¿podemos hablar de una polarización política de los brasileños y brasileñas?

Sí, efectivamente. El país se encuentra bastante polarizado, con fases de menor o mayor intensidad en los enfrentamientos, con un alto grado de conflictividad en muchos casos, por ejemplo, la que hubo durante la campaña para las elecciones de 2014, en la que fue reelecta Dilma Rousseff.

Lo desconcertante de esta polarización para un observador de la política brasileña es que es bastante artificial. El proyecto que viene impulsando el PT y los partidos de la base aliada desde hace 13 años no es radicalmente diferente de las propuestas del Partido Social Democrático Brasileño (PSDB), liderado por Fernando Henrique Cardoso. Es decir, son políticas, planes y proyectos que se enmarcan dentro de un ciclo socialdemócrata imperfecto, en el cual se despliegan un conjunto de acciones en el plano asistencialista y de protección social que buscan crear mayores condiciones de igualdad y justicia social entre los brasileños.

No hay nada en el programa del PT de esencialmente revolucionario o anticapitalista. Sin duda los esfuerzos de inclusión del PT en estos 13 años de gobierno son más significativos y profundos que los del período anterior, pero nada que permita sostener que ellos representan una transformación sustantiva del patrón de desarrollo imperante en Brasil en los últimos 30 años, o sea, desde el fin de la dictadura cívico-militar.

Dilma Rousseff también ha sufrido un fuerte desgaste por el supuesto enjuiciamiento político que el diputado Eduardo Cunha impulsó por, según dijo, aumentar ilegalmente el gasto público. Ahora la presidenta tiene un porcentaje de aprobación muy bajo. ¿Serán necesarios nuevos liderazgos para que el PT pueda enfrentar exitosamente las elecciones de 2018?

Bueno, en primer lugar el pedido de impeachment fue solicitado por tres juristas y el papel de Eduardo Cunha, como presidente de la Cámara, fue solamente el de dar curso a dicha solicitud. Este pedido se encuentra en una etapa en la cual se debe conformar la Comisión que juzgue los méritos de la solicitud y aprobar o rechazar y archivar dicho pedido.

Por otra parte, pienso que el PT no sólo necesita nuevos liderazgos sino que necesita urgentemente reflexionar sobre la propuesta que le ofrece al país y a los sectores más desfavorecidos. Lamentablemente el PT, que fue fundado para hacer una política diferente, sustentada en una nueva ética y compromiso con lo popular, se fue desperfilando a lo largo del tiempo, sobre todo cuando asumió el gobierno. Ahí se dio inicio a un proceso de burocratización, lucha por el poder y descomposición de sus principios originales, lo cual fue profundizado por los casos de corrupción que comenzaron a surgir de forma frecuente. Eso significó una desmoralización severa de la militancia original y reiterados fraccionamientos y/o salidas de figuras emblemáticas del partido, como Heloisa Helena, Marina Silva, Chico Alencar, Leandro Konder, Marta Suplicy, entre otros.

Nuevos liderazgos son necesarios, pero insisto, ellos deben venir acompañados de una reingeniería partidaria y de una renovada propuesta que recupere algunos de los elementos ético-políticos que se encuentran en los orígenes del PT y que fueron quedando en el camino a manos de una pretensa política pragmática, de alianzas espurias y de la obtención de resultados por sobre los compromisos que se desprendían de sus bases programáticas.

Desde el oficialismo siempre se habló de una estrategia de la derecha para desestabilizar el gobierno. ¿Cuál es su mirada sobre eso?

La derecha se ha empeñado desde su derrota en las últimas elecciones en hostigar permanentemente al Gobierno, pero la disminución del apoyo popular a la figura de Lula no es solo producto de la campaña de desprestigio difundida por la oposición y vehiculada por la “prensa burguesa”. El problema es más profundo. Las relaciones sospechosas entre el PT, Lula y los empresarios son de larga data. Existen serios indicios de que las propiedades que compró el ex presidente Lula en Atibaia (dos parcelas de agrado) y en el balneario de Guarujá (un penthouse triplex) fueron en gran parte producto de propina recibida por empresas contratistas (OAS y Odebrecht) que se adjudicaron contratos millonarios durante su mandato.

Para el Ministerio Público Federal existen pruebas convincentes de que Lula recibió recursos significativos por parte de estas empresas para proceder a la compra de estos bienes. Fuera de eso, empresas de transportes, telefonía, comunicaciones, etc. han favorecido a Lula y su familia desde la época en que él ocupaba el cargo de presidente.

Si la situación se observa de manera maniqueista, en blanco y negro, cualquier crítica que se haga a Lula, por más sutil que sea, parece que proviene desde el lado de la reacción. Pero si observamos el panorama con cierta distancia y objetividad, lo cierto es que Lula ha incurrido en prácticas sospechosas, de falta de probidad y de otorgamiento de favores. Puede ser procesado por estos y otros delitos que probablemente surgirán en el futuro. Sin embargo, valga aclarar que este no es un problema exclusivo de Lula y del PT sino que representa una tragedia transversal a toda la clase política brasileña, con muy raras excepciones.

¿Será Brasil el próximo país de la región latinoamericana (después del parlamento venezolano, Argentina) en girar hacia la derecha?

Es difícil saber, aunque no se puede descartar esta posibilidad. En un primer escenario podemos pensar que lo que sucedió en estos países que mencionas no va a ocurrir en Brasil. Ello se debe a que pese a todos los problemas, este país se transformó en los últimos años y en este proceso de cambio muchas personas salieron de la pobreza gracias a los programas de transferencia directa de renta por parte de los gobiernos del PT. Algunos calculan que son aproximadamente unos 30 millones de personas. Eso mantiene una base de apoyo electoral que puede estar expectante y silenciosa en estos momentos debido a la profunda crisis económica, pero que puede resurgir con fuerza en momentos de contienda electoral.

Por otra parte, la campaña contra la administración del PT y su incapacidad de gobernar puede penetrar la mentalidad de los electores e inclinar la balanza a la hora de sufragar. Especialmente si la oposición es capaz de presentarse como una salida a la crisis y enarbolar las banderas del “cambio” después de 16 años continuados de hegemonía lulista. Para responder con mayor certeza esta pregunta, es necesario acompañar los acontecimientos por venir y el epílogo que pueda tener el gobierno de Dilma Rousseff. Todavía existe una gran incógnita sobre esta cuestión.

¿Qué rol puede jugar un evento como el que acogerá este año el país, los Juegos Olímpicos de 2016, para superar la imagen de desencanto que se instaló en el país suramericano?

Pienso que los Juegos pueden hacer muy poco. En gran parte porque la sensación de desencanto que se instaló en el país es demasiado profunda para que unos Juegos realizados en situación de crisis económica, desempleo, carestía galopante, inestabilidad laboral, corte de gastos sociales, violencia desatada, retroceso en muchas conquistas laborales, etc., puedan llegar a tener algún impacto positivo en la subjetividad de los brasileños. Al contrario, el riesgo es que aprovechando las cámaras y la difusión internacional de un evento de esta magnitud, los ciudadanos aprovechen para salir a protestar a las calles, tal como lo hicieron durante la Copa de las Confederaciones en junio de 2013.

En ese sentido, los juegos pueden desempeñar un papel contraproducente, es decir, que ante la belleza plástica de los atletas y sus logros olímpicos, las personas perciban este contraste como una agresión, con sus vidas cada vez más dominadas por la batalla diaria por la sobrevivencia y las promesas de un mundo mejor. Promesas que indudablemente se encuentran comprometidas por la propia crisis, que deberá continuar por lo menos un par de años. Lamentablemente pienso que el escenario no es el más apropiado para vitorear a los ídolos del deporte y sí, en cambio, para expresar la rabia y el malestar contenido por muchos años de frustración y miseria. Espero sinceramente estar equivocado en mis predicciones.

quinta-feira, 3 de março de 2016

Buen Vivir: En busca de una alternativa post-capitalista

Fernando de la Cuadra
ALAI

La irrupción del Buen Vivir

La concepción del Buen Vivir se propone desnudar y superar los errores y las limitaciones de la matriz de pensamiento eurocentrista, de una determinada narrativa de la modernidad y del capitalismo como única forma posible de pensar y vivir. Ello se encuentra asociado a las diversas nociones y teorías tradicionales del progreso y el desarrollo que se sustentan en el crecimiento exponencial de bienes y servicios lo cual supone la explotación ilimitada de los recursos naturales y humanos que existen en el planeta. Para alcanzar los beneficios que presume la distribución de los frutos de este crecimiento económico persistente, se elaboran políticas, planes y programas de desarrollo, proceso reforzado por un conjunto de instancias financieras, de capacitación y transferencia de conocimientos desde el mundo desarrollado hacia el mundo en vías de desarrollo. Esta especie de mandato sacrosanto se transformó en una verdad única e incuestionable que acabó por someter o ignorar toda y cualquier perspectiva surgida fuera del canon occidental de formación de la modernidad y del capitalismo como proyecto civilizatorio.

La abundante información elaborada hasta ahora por los científicos dejaría meridianamente claro que dicho paradigma está destinado al fracaso. En efecto, el presente modelo ha generado un crecimiento exponencial en la explotación de los recursos naturales y ha estimulado un consumismo desenfrenado, especialmente en los países del hemisferio norte. Por lo mismo, es responsable tanto de provocar un agotamiento de los recursos como de producir toneladas de basura que contaminan diariamente las aguas, el aire y la tierra. [1] Cada año se pierden millones de hectáreas de bosques y miles de especies, reduciendo y erosionando irreversiblemente la diversidad biológica. Continúa la devastación de las selvas, con lo cual el mundo pierde anualmente cerca de 17 millones de hectáreas, que equivalen a cuatro veces la extensión de Suiza. Y como no hay árboles que absorban los excedentes de CO2, el efecto invernadero y el recalentamiento se agravan. La información generada por los científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) señala que necesitamos reducir el nivel de equivalentes de CO2 en la atmósfera para 350 partes por millón. Actualmente este nivel se encuentra en 390 partes por millón y la tendencia es que continúe en aumento. El dióxido de carbono presente en la atmósfera se ha incrementado en un 32% respecto del siglo XIX, alcanzando las mayores concentraciones de los últimos 20 millones de años, y se calcula que estas emisiones se acrecienten un 75% entre 1997 y 2020. La capa de ozono, a pesar del Protocolo de Montreal, no se recuperará hasta mediados del siglo XXI. Cada año emitimos cerca de 100 millones de toneladas de dióxido de azufre, 70 millones de óxidos de nitrógeno, 200 millones de monóxido de carbono y 60 millones de partículas en suspensión, agravando los problemas causados por las lluvias ácidas, el ozono troposférico y la contaminación atmosférica local.

En definitiva, un conjunto de indicadores medioambientales estudiados en las últimas décadas parecen revelar cada vez con mayor claridad que si la humanidad no cambia su estilo de desarrollo, en menos de un siglo colocaremos en serio riesgo la supervivencia del planeta y del género humano. Muchas de las soluciones que se han elaborado para contornar los efectos perversos del modelo productivista que impera en el mundo ha sido la generación de mecanismos de mercados para limitar la emisión de contaminantes, como el sistema de mercado de carbono. Este tipo de respuestas solo vienen a legitimar la acción de las empresas y naciones contaminadoras que compran en la bolsa “verde” su licencia para seguir contaminando. Como nos recuerda Mészáros, a cada nueva fase de postergación forzada, las contradicciones del sistema del capital sólo se pueden agravar, acarreando consigo un peligro aún mayor para nuestra propia sobrevivencia.

Contrariamente, el Buen Vivir cuestiona la esencia de este padrón productivista y consumista que viene organizando el planeta a partir de una perspectiva evolucionista, lineal que supone que todas las sociedades deben transitar desde un ámbito atrasado, tradicional o subdesarrollado hacia una etapa superior identificada con la modernidad, la industrialización y el progreso. El Buen Vivir nos advierte sobre la inviabilidad de continuar manteniendo el actual esquema de producción y consumo, concebido como un dispositivo legítimo de crecimiento basado en la acumulación permanente de bienes materiales. Para el Buen Vivir, diferentemente, la riqueza no consiste en tener y acumular la mayor cantidad de bienes posibles, sino en lograr un equilibrio entre las necesidades fundamentales de la humanidad y los recursos disponibles para satisfacerlas.

Sumak Kawsay en Quechua, Suma Qamaña en Aymara o Buen Vivir en la traducción más difundida, representa una cosmovisión construida a través de muchos años por los pueblos altiplánicos de los Andes. Ella no encarna necesariamente una manera de pensar y actuar de las comunidades altiplánicas, pues dicha perspectiva también es parte de la vida de otros pueblos originarios, como las comunidades Mapuche del sur, las poblaciones que habitan en la región amazónica o los diversos grupos autóctonos diseminados por todo el continente. De esta forma, el Buen Vivir se ha constituido en una propuesta y en una oportunidad para pensar otra realidad en las cual los seres humanos forman parte de un todo más armónico con la naturaleza y con los otros humanos, con la alteridad que nos enriquece cotidianamente. Es el reconocimiento de que existen diversos valores y formas de concebir el mundo, de respeto por todos los seres vivos que integran y conviven en nuestra casa común, la tierra. Su visión utópica se ha venido complementando y ampliando a través de la incorporación de múltiples discursos y saberes diseminados por los más diferentes rincones del planeta.

Por lo tanto, el Buen Vivir no es patrimonio de ningún grupo o sector social en particular, ni tampoco supone una fórmula mágica o catecismo al cual hay que adherir religiosamente. Es una propuesta en construcción permanente, es una concepción que parte de la idea de que existe una diversidad cultural, una pluralidad que se enriquece permanentemente en la convivencia cotidiana y que encuentra su armonía precisamente en el reconocimiento de esas diferentes formas de vivir. Es la búsqueda de una vida en fraternidad y cooperación del ser humano consigo mismo, con sus pares y con el conjunto de los seres que habitan en la naturaleza, todos formando parte de una entidad indisoluble e interdependiente, cuya existencia se delimita a partir de los otros. Tal visión no implica por cierto desconocer que en la sociedades coexisten las diferencias sociales, los conflictos y las desavenencias entre sus miembros. Lo que el Buen Vivir plantea es que se puedan superar estos obstáculos y desacuerdos en torno a una consciencia y un compromiso colectivo que permita cimentar una vida más plena y sustentable para todos.

En América Latina la emergencia de gobiernos progresistas auguraba la expectativa de que las nociones tradicionales de desarrollo y progreso, asociadas a la idea de crecimiento, fueran modificadas o expurgadas del vocabulario coloquial. Sin embargo, ello no ha ocurrido y podemos observar que la mayor parte de los gobiernos llamados de “progresistas” continúan cautivos a una visión tradicional del desarrollo, afectando con sus actividades (públicas y privadas) a pueblos originarios y comunidades campesinas existentes en la región. Por lo mismo se torna pertinente pensar en valores que han sido parte del arsenal de la humanidad, pero que han sido postergados en función de las fuerzas económicas y mercantiles. El Buen Vivir sintetiza esta alternativa o la posibilidad de pensar otro tipo de modelo. No obstante lo anterior, es necesario consignar que la noción de Buen Vivir es lo suficientemente amplia y abstracta – y por lo mismo muchas veces ambigua – que impide o limita su aplicación como política pública.

En el caso de Bolivia o Ecuador, países que han incorporado en sus constituciones los derechos de la Naturaleza, las medidas concretas hacia el Buen Vivir se han visto bloqueadas por las diferentes concepciones sobre las formas más adecuadas de operacionalizar o poner en práctica una agenda del Buen Vivir a través de las acciones gubernamentales. En efecto, el gobierno de Evo Morales se ha dedicado preferencialmente a desarrollar una política social intensa, de alfabetización, distribución de renta, participación del Estado en la producción de gas y petróleo, incentivo a la mediana y pequeña empresa, pero manteniendo una relación contradictoria y tensionada con las comunidades originarios y con la naturaleza. El caso TIPNIS quizás sea el ejemplo más expresivo de esta modalidad discordante para llevar adelante los principios del Buen Vivir.

Articulación con otras propuestas alternativas

Considerando los problemas y límites impuestos por los modelos clásicos de desarrollo, han surgido diversas corrientes de pensamiento o paradigmas que pretenden erigirse como alternativas al padrón dominante. Muchas de estas iniciativas han sido impulsadas por una variedad de grupos relativamente pequeños, pero que en su globalidad representan un porcentaje significativo de la población mundial. Precisamente desde una crítica vehemente a la noción clásica de desarrollo, un grupo de autores (Escobar, Shiva, Esteva, Rahnema y Bawtree, entre otros) han propuesto una perspectiva que pretende superar las limitaciones y ampliar los horizontes de dicha concepción. Partiendo de la constatación de que este concepto fue cimentado históricamente desde la exclusión de las diversas voces y saberes, el llamado postdesarrollo se constituye como un modelo que parte de la valorización de las culturas vernáculas y de la idea de depender menos del conocimiento de los expertos y más del conocimiento generado por las personas que aspiran a construir un mundo más humano y sostenible en términos culturales y ecológicos. Ello implica la necesidad de cambiar las prácticas del “saber” y del “hacer” que definen el actual régimen de desarrollo y, por lo tanto, multiplicar los centros y agentes de producción del conocimiento. Lo anterior supone visibilizar aquellas formas de conocimiento que son generadas por quienes supuestamente son los objetos del desarrollo para que puedan transformarse en sujetos y agentes.[2]

El postdesarrollo concibe también que las personas y las comunidades no están necesariamente abocadas a satisfacer sus necesidades materiales, pues ellas forman parte de una constelación más amplia, pero acotada, de necesidades construidas culturalmente. Anteriormente, una crítica a la afirmación del carácter infinito de las necesidades ya había sido realizada por la vertiente del desarrollo a escala humana (Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn). En efecto, los defensores del desarrollo a escala humana plantean que a diferencia de lo que generalmente se piensa, las necesidades humanas son finitas y se encuentran en permanente interacción. Ellas pueden ser pueden ser definidas y clasificadas de acuerdo con dos criterios: existencial y axiológico.[3] En síntesis, dicha concepción sostiene la idea de que el desarrollo se debe concentran en constituir un conjunto de satisfactores adecuados para atender las necesidades humanas fundamentales que permitan la generación de niveles crecientes de interdependencia entre los seres humanos, entre ellos mismos y en su articulación con la naturaleza, en la interacción de los procesos globales y los comportamientos a escala local y en la imbricación del ámbito personal con su entorno social.

En dialogo fecunda con esta concepción en que la humanidad puede efectivamente alcanzar a satisfacer sus necesidades dentro de un umbral sustentable y por medio de mecanismos que no pasan obligatoriamente por los mercados capitalistas, se encuentra toda la tradición derivada de aquello que fue llamado por Marcel Mauss como el “espíritu del don”. Esta perspectiva pretende dar cuenta de un tipo de relación que se establece entre los hombres en la cual la reciprocidad desempeña un papel fundamental, contrariamente a los intercambios de equivalentes realizados simultáneamente que se producen en la economía de mercado capitalista. A partir de la noción de los tres momentos de la reciprocidad expuestos por Marcel Mauss en sus estudios sobre las comunidades aborígenes (dar – recibir – retribuir), un conjunto de autores (Boilleau, Caillé, Godbout, Insel, Kolm, entre otros) viene rediscutiendo la función del mercado, el valor de cambio, el interés, la impersonalidad y el utilitarismo como iconos incontestados de la sociedad moderna. Estos autores descubrieron que el espíritu de don o dádiva posee una fuerza indiscutible entre las personas, fuerza que permite establecer y consolidar los lazos existentes en la comunidad y en las sociedades contemporáneas. Por ejemplo, autores principalmente franceses vinculados al grupo M.A.U.S.S. (Mouvement anti-utilitariste dans les sciences sociales) demostraron que los circuitos de reciprocidad no se producen solamente en la sociedades tribales estudiadas por el propio Mauss, sino que tales circuitos de trocas reciprocas están íntimamente presentes y actuantes en nuestras sociedades. Prácticamente todos los sistemas de voluntariado, cuidados de enfermos, donación de sangre y de órganos, trabajos por el bien de la vecindad, etc. se basan en comportamientos de generosidad con los extraños, acciones derivadas de gestos de buena voluntad, desprendimiento y libertad del donante. Esta dimensión de la actividad humana representa para estos autores, una forma de reconstruir y consolidar el tejido o lazo social existente entre las personas.[4] Estas nuevas formas de reciprocidad constituyen, por lo tanto, un tipo de contrato de la civilidad, que no es más el contrato político con el Estado, sino un contrato de cada persona con todos aquellos que forman parte de la colectividad. El espíritu del don - a diferencia de los intercambios de mercado- crea una relación, un vínculo entre los actores de dicho intercambio, el cual no tiene un límite de tiempo demarcado. Aquí, los bienes que participan en la permuta poseen principalmente un valor simbólico, valor de uso marcado por las relaciones que surgen y se establecen en función de ese bien.

Una perspectiva que también privilegia una relación ponderada entre las necesidades humanas, los bienes de consumo y una producción delimitada para satisfacer estas necesidades fundamentales ha recibido el nombre de decrecimiento.[5] Tal como lo advierte uno de sus principales propulsores, la palabra decrecimiento posee más que nada una fuerza propagandística, es un slogan político que posee implicaciones teóricas:

“La palabra de orden ‘decrecimiento’ tiene como principal meta enfatizar fuertemente el abandono del objetivo del crecimiento ilimitado, objetivo cuyo motor no es otro sino la búsqueda del lucro por parte de los detentores del capital, con consecuencias desastrosas para el medio ambiente y por tanto para la humanidad. No solo la sociedad queda condenada a no ser más que el instrumento o el medio de la mecánica productiva, sino que el propio hombre tiende a transformarse en la víctima de un sistema que va a transformarlo en un inútil y prescindir de él”. (Latouche, 2009, pp. 4-5).

El decrecimiento es una opción de desarrollo diferentemente de los presupuestos del modelo productivista, es una perspectiva que nació para enfrentarse a aquellas visiones del desarrollo sostenible que era y continúa siendo enarbolada por las empresas y que quieren convertir el llamado desarrollo verde o ecológico en una nueva oportunidad de negocios. Es un proyecto global y a la vez revolucionario, pues implica un cambio a largo plazo en que las empresas y los consumidores estén dispuestos a mudar el patrón predatorio y de consumo existente hasta ahora, su objetivo es lograr que la sociedad se autolimite para conseguir el bienestar de todos. Supone poner en marcha una reorganización de nuestras vidas, la producción, el transporte y el consumo a través de formas más conscientes de consumo y por medio de una vida más simple, sin grandes parafernalias que nos rodeen, utilizando estrictamente lo que necesitamos para llevar una vida digna y plena.

La idea del decrecimiento ha sido considerada ilusa y atacada desde diversos ángulos. En primer lugar, porque el mundo necesita seguir creciendo para alimentar a sus habitantes. Pero el decrecimiento no implica necesariamente dejar de producir, sino que producir a una escala moderada. Y de hecho las recientes evidencias sobre el calentamiento global y cambio climático que aquejan al planeta apuntan en otra dirección; la alternativa por el decrecimiento y la discusión sobre el poder y la desigual distribución del uso de los recursos naturales es ciertamente parte imprescindible de cualquier agenda que pretenda discutir el futuro de la humanidad. En ese sentido, el debate sobre el decrecimiento puede ser considerado un elemento fundamental para pensar en la construcción de un proyecto ecologista y socialista, puesto que incluye en su seno la concepción de que es preciso avanzar hacia una modalidad diferente de funcionamiento de la sociedad, más democrática, más igualitaria y más incluyente que redefina drásticamente el actual modelo de producción y consumo, intentando alcanzar el bienestar de todos en el marco de un nuevo relacionamiento de la humanidad entre ella misma y con la naturaleza.

Una corriente ciertamente vinculada a la anterior es aquella inaugurada con la publicación del libro Elogio de la lentitud de Carl Honoré[6] que como lo dice el subtítulo, se ha transformado en una especie de biblia que desafía el culto a la vorágine contemporánea en que estamos todos envueltos. Esta visión se vincula con el movimiento por una opción de simplicidad voluntario y un estilo de vida leve, más liviana, más lenta, como aquel levantado por el también movimiento slow food. En esta búsqueda de una vida más relajada, más consciente, otras iniciativas similares dentro del movimiento slow han surgido en este último periodo. Por ejemplo, luego se agregaron a esta tendencia un grupo -todavía reducido- de ciudades que consolidaron un estilo de vida armonioso, sin el ruido y la agitación de las grandes urbes, las cuales se denominan cittaslow. Dichas ciudades se caracterizan por organizar su vida en torno a las plazas, “que funcionan como puntos de encuentro de la población (…), donde la gente puede pasear y, si lo desea, observar productos y comprarlos, ya que en estas plazas suelen abundar las pequeñas tiendas de comercio local y de vez en cuando también se celebra algún mercado temporal con productos típicos de la zona”.[7] Derivado de este creciente ethos, el slow fashion incorpora una perspectiva que superar la rápida obsolescencia de la ropa estimulada por la industria de la moda. Son nuevas búsquedas por crear prendas que duren mucho más que una temporada pasajera y fugaz.

Finalmente, en estrecha relación y dialogando con el proyecto por el decrecimiento y el movimiento slow, se encuentra toda la tradición por un socialismo ecológico, tendencia inaugurada por William Morris en el siglo XIX. Este socialismo ecológico o eco-socialismo representa también una reorganización de la vida en muchos ámbitos, supone pensar en el uso de energías alternativas y limpias, supone reducir la huella ecológica a través de actividades en escala local y de relaciones más equitativas entre los miembros de la comunidad. De esta manera, el ecosocialismo busca romper drásticamente con las prácticas destructivas y las formas predadoras que derivan de un modo de producción y consumo altamente demandante de recursos naturales y humanos. La respuesta ecosocialista representa una ruptura tanto con el modelo expansionista del capital como con la perspectiva productivista del “socialismo real”. Para los ecosocialistas, ya sea la lógica del mercado y del lucro o ya sea el productivismo burocrático del marxismo economicista y vulgar, son considerados modelos totalmente incompatibles con la urgente e impostergable exigencia de preservar y cuidar del medioambiente y las personas.[8]

Así, la propuesta del socialismo ecológico y la perspectiva del decrecimiento representan una reorganización de la vida en muchos ámbitos, suponen renunciar al consumo artificial para emprender un consumo auto-limitado y adecuado a las necesidades reales de las personas, lo cual supone pensar también en el uso de energías alternativas y limpias y recudir la huella ecológica a través de actividades en escala local y de relaciones más equitativas y armónicas entre los miembros de la comunidad.

Interrogantes y comentarios finales

A partir de estas breves consideraciones, surgen inevitablemente algunas interrogantes esenciales: ¿El Buen Vivir representa un nuevo paradigma para reencontrar este equilibrio? o ¿representa una alternativa factible para concebir una sociedad post-capitalista? O también cabe cuestionarse si ¿El Buen Vivir puede convertirse en una revolución cultural que, en el marco del capitalismo, reduzca las consecuencias perversas del individualismo, el hedonismo extremo y el consumo desatado? ¿Existe el riesgo de que el Buen Vivir no pase de ser una moda conceptual que con el transcurso del tiempo se vaya diluyendo hasta convertirse en una palabra más que se incorpora al léxico de las agencias del poder supranacional? Una primera tentativa para responder tales cuestiones, nos lleva a sostener que el Buen Vivir puede efectivamente pensarse en términos propositivos como un camino factible para construir una vida más armónica del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con el mundo natural, entendiendo que frente a los efectos nocivos del crecimiento ilimitado que impera actualmente es ineludible conjugar y poner en práctica una nueva forma de vida más digna y sostenible para el conjunto de los habitantes del planeta. Sin embargo, la concepción y el debate sobre el Buen Vivir continúa siendo una temática abierta e inacabada. Por lo mismo, no se puede pensar éste como una categoría estanco a la cual se le asignan una serie de pre-requisitos, características e indicadores para medir si funciona. Las posibilidades de que alteraciones profundas se produzcan en la mentalidad y el quehacer de la humanidad también dependen de la convergencia de un sinnúmero de experiencias – a veces aisladas – que se articulen en torno de la urgencia por transformar el actual modo de vida que está condenando a la humanidad a su autodestrucción. El desafío de gobiernos, instituciones supranacionales y, especialmente, de las propias comunidades por sacudirse y eliminar la matriz productivista/consumista que hemos incorporado a través de los siglos, requiere una enorme voluntad de cambio y la convicción de que no existe otro camino para hacer de la tierra un lugar habitable.

NOTAS
[1] Por ejemplo, se calcula que si el consumo medio de energía de Estados Unidos fuese generalizado para el conjunto de la población mundial, las reservas conocidas de petróleo se agotarían en sólo 19 días. Junto con ello, si todos fuésemos tan contaminadores como los ciudadanos medios de Estados Unidos y Canadá, necesitaríamos de nueve planetas Tierra para absorber las emisiones generadas. Ver Raj Patel, O valor de nada, Rio de Janeiro: Zahar, 2010.
[2] Arturo Escobar, Una minga para el postdesarrollo, Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2010.
[3] En la primera categoría se encuentran las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar. Y en la segunda categoría se encuentran las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación y Ocio. Ver Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, Desarrollo a Escala Humana: Una opción para el futuro, Uppsala: CEPAUR/Fundación Dag Hammrskjöld, 1986.
[4] Jacques Godbout y Alain Caillé, L’esprit du don, Paris: Éditions La Decouverte, 1992.
[5] Serge Latouche, Pequeno tratado do decrescimento sereno; traducción Claudia Berliner. São Paulo: Editora Martins Fontes, 2009.
[6] Carl Honoré, Elogio de la lentitud. Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad. Madrid: RBA Libros, 2009.
[7] José Luis Vicente, “Movimiento slow contra la inmediatez capitalista”, en el sitio El Salmón Contracorriente http://www.elsalmoncontracorriente.es/?Movimiento-slow-contra-la, accesado en 25/02/2016.
[8] Joel Kovel y Michael Löwy, Manifiesto Ecosocialista, en Revista Capitalism, Nature, Socialism, vol. 13, marzo 2002.