segunda-feira, 15 de março de 2010

Italia: en las raíces de la decadencia



Rossana Rossanda
Il Manifesto

Sobre Italia se extiende un río de fango, escribe Asor Rosa. Lo repite Albero Burgio. Está recién publicado por la editorial Bollati Boringhieri el libro de Franco Cordero El caldo de las Once –el que le era servido al condenado antes de ahorcarlo—, donde el más erudito e iracundo de nuestros juristas nos pinta, tras de un primer capítulo sobre las fechorías de otro tiempo, la Italia de Berlusconi.

¿Por qué esta masa apestosa se propaga ahora? Y ¿a qué cabe achacarla? ¿Únicamente a Berlusconi? Sus intereses, pensamientos y modales –entre sus defectos no está la hipocresía, sino, al contrario, la insistencia inoportuna— eran notorios para los italianos que lo han votado en tres ocasiones, y cada vez durante mandatos más largos. Habían sido bastante más cautos con respecto a Bettino Craxi, que era el amigo de Berlusconi y el hombre al que Enrico Berlinguer le echó en cara el problema moral.

¿Existe en Italia quizá una inclinación a corromperse y a ser corrompido, debida a los siglos de sometimiento bajo el dominio extranjero o a prepotentes señores locales, con la excepción del luminoso intervalo del periodo municipal? Pero incluso en Dante halló malversadores en su Infierno, y Petrarca se sentaba, melancólico, a orillas del Arno observando las plagas mortales de la Italia de su tiempo. Se puede decir que parece ser algo fatal la adherencia al poder de una dosis de inmoralidad. No existe país alguno, por otro lado, en donde los escándalos no se produzcan , y estamos apenas al comienzo -mejor dicho, estamos ya dentro- de una tempestad mundial de delitos financieros, a lo que parece, bastante difícil de castigar y de prevenir, y por sumas tan asombrosas, que los cinco mil euros públicos que el ex alcalde de Bolonia hizo que le fuesen librados a la mujer de su corazón, para no hablar de los mil o dos mil a los invitados de Berlusconi, parecen una simple propinilla. Y sin embargo, no se puede decir que la principal característica de los Estados Unidos de Madoff sea la malversación por doquier acompañada del escarnio contra la magistratura y los cambios en la ley para favorecer al presidente. Por el contrario, entre nosotros, sí. Hablar de Italia significa hablar de esto, tanto, que en el extranjero se ha convertido en signo de fair play no mencionarlo. Hemos desaparecido de la escena internacional.

¿Cómo hemos venido a parar en esto? Ya habíamos inventado el fascismo apenas acabada la unificación nacional, pero incluso después del duro despertar de la guerra y de una resistencia que quiso limpiar el país y se dio una de las mejores constituciones europeas, no faltaron las porquerías . Para no hablar de la Mafia y de la Camorra, percibidas como un mal genético, la inmoralidad privada/pública estuvo siempre asediándonos, desde Lauro, que compraba votos con paquetes de pasta, hasta otros ejemplos que no podrían ser considerados meros casos de inmoralidad local. No lo fueron ciertamente las fechorías de la Federconsorzi de Bonomi, las oscuridades de la Casa del Mezzogiorno, el escándalo de Lockheed (exactamente, ¿quién habrá sido Antílope Cobbler?) por citar los primeros que se me vienen a la mente, y por no hablar de Gladio y de los servicios secretos, perpetuamente desviados de su cometido. Todo esto pesaba sobre los hombros de la Democracia Cristiana, el partido convertido en Estado, pero –como dijo Aldo Moro en el parlamento sin que temblasen los escaños— la Democracia Cristiana no se procesa. Y en efecto, no supieron entender su memorial, no sólo las Brigadas Rojas conducidas a la propia ruina por su secuestro y asesinato, sino tampoco las dos cámaras de la Comisión de investigación. ¿Distraídos? ¿Cómplices?

No lo creo. En tiempos más serios, el PCI y el primer PSI invitaban a no confundir la clase dominante con los pinches de cocina, y a distinguir las distintas responsabilidades y culpas de una y otros, haciendo salir a luz en las Cámaras y en los consejos municipales, tal como sucedió en el caso de Roma, los escándalos, y haciendo aprobar, prescindiendo de los números de mayoría y oposición, las únicas reformas que tuvo el país. No se identificó nunca a Italia ni a la detestada Democracia Cristiana con sus, gordos, episodios de inmoralidad.

Durante los años 70 la escena política cambió. El PCI persiguió inútilmente un acuerdo “histórico” con la DC, desarmando y dividiendo a la oposición institucional y desorientando las listas de izquierda. Con la muerte de Aldo Moro, a quien la DC no trató de salvar tal como él pedía y ella hubiera hecho de ser otro el que hubiera estado en su lugar, el partido democristiano quedó sumido en la mayor confusión, mientras que Berlinguer echaba en falta al único interlocutor que resultaba haber tenido, lo cual convertía en completamente vana la estrategia que había perseguido. De golpe, en el 79 cambiaba la línea, obstaculizado por un grupo dirigente y por cuadros locales que estaban, por el contrario, a la búsqueda de “amplios acuerdos” cuyos únicos resultados fueron el desmesurado crecimiento de los costes de la clase política y el fin de la oposición parlamentaria y popular. Así una mayoría ya sin un verdadero jefe y una izquierda desnorteada se enfrentaron, sin verla, a una ofensiva capitalista de escala mundial que emprendía un vuelco de tendencia, reorganizando brutalmente la propiedad y la organización del trabajo. En 1984 el referéndum sobre la escala móvil acarreaba, por primera vez desde 1948, una derrota de los trabajadores, y tres años después, las elecciones de 1987 esbozaban el resquebrajamiento de los equilibrios de la primera república. Dos años después, y sobre un PCI ya en dificultades, caía el hacha del 89, ante la cual Occheto ofrecía voluntariosamente el cuello; a Craxi y al gobierno DC- PSI, Tangentópoli les daba el golpe de gracia.

A varios años de distancia, se ve que bien pocos de los peces gordos imputados por Manos Limpias permanecieron en las redes de la justicia. Pero el impacto político, sumado a los procesos antes mencionados fue enorme porque la corrupción no dejó de crecer. Sobre un paisaje de partidos devastados por recíprocos tsunamis, aparecía en escena Berlusconi, símbolo del beneficio, de la empresa en estado puro, de la competencia sin escrúpulos que de golpe se presentaba como el único anclaje sólido con respecto a patrañas “ideológicas” tales como las clases, la explotación del trabajo, la perversidad de la especulación financiera e inmobiliaria, el primado del bien común o la necesidad de una ética pública…

Anclaje sólido y de manga ancha. Si su único precepto era producir al precio más bajo, hacer cesar cualquier mediación social para ser más generosos con el capital y los accionistas, vender a los ricos y obligar a los más pobres a comprar lo que no podían ya producir (¿qué otra cosa es, si no, el África?) especular a mansalva con el riesgo y con lo inexistente, ¿por qué demonizar cierta astucia, cierto modo de hacer la vista gorda, cierta mercantilización de la cosa pública? En el fondo, en los Estados Unidos, la compraventa de los miembros del Congreso y del Senado está legitimada por los lobbies, con los cuales está tratando Obama para lograr hacer pasar al menos un tercio de su proyecto de reforma sanitaria. Entre nosotros, el lobby más poderoso es una mayoría blindada mediante el voto de confianza, del cual nadie puede desembarazarse sin perecer. Las instituciones pierden por completo su naturaleza neutra en el caso de que la hayan tenido nunca, y todos dan por bueno que se privaticen funciones o bienes públicos. Si la ley se opone a ello, se cambia la ley. El parlamento podría ser cerrado también, tal como Berlusconi no ha dudado en decir, proponiendo que se sienten a votar sólo los jefes de grupo parlamentario, en proporción con los electores que representan, y ni tan siquiera en esta ocasión las cámaras se alzaron aullando. Nuestro hombre tiene el nivel cultural de Sarah Palin y la falta de escrúpulos de Dick Cheney. Sólo que la mitad de los norteamericanos ha votado en contra de ambos, mientras que un poco más de la mitad de los italianos se pronuncia por él.

Entre los años setenta y los ochenta están las raíces de la actual proliferación de esta mala hierba. Contra la cual se yergue sin vacilaciones tan solo un magistrado ambicioso, para el cual la sociedad entera se compone y divide entre honrados y corruptos. Antes había propuesto esta filosofía a los industriales reunidos en Cernobbio; ahora hace fortuna entre el pueblo, más o menos violeta, de una ex izquierda o dimisionaria o hecha trizas. Y luego hay quien especula sutilmente sobre el origen de la antipolítica.

domingo, 14 de março de 2010

Continuidad expansiva y colonización cultural



Xavier Aguirregaviria & Borja Cabo
Gara

Las últimas decisiones israelíes de proclamar patrimonio cultural propio determinados enclaves especialmente significativos para la población palestina, si bien pudiera no modificar sobre el terreno en algunos casos la situación ya consolidada -es el caso de la tumba de Raquel en Belén-, suponen un esfuerzo estratégico de colonización del imaginario cultural y simbólico, herramienta con la cual también se deshilachan, conquistan y aniquilan los pueblos.

En otros lugares como la Mezquita de Ibrahim o Tumba de los Patriarcas en Hebrón, compartida durante años por el fuerte contenido simbólico para ambos pueblos, se ha prohibido la entrada de los árabes, mientras que al mismo tiempo se ha protegido una celebración por el XVI aniversario de la matanza del médico israelí de origen estadounidense Baruj Goldstein, quien el 25 de febrero de 1994 mató a 29 palestinos que estaban rezando en el interior de la mezquita de Abraham.

La provocación atenta intencionadamente contra los lugares de reconocimiento de lo colectivo y contra los rituales de conmemoración. Lugares vetados para el recuerdo, nueva abolición de los símbolos que permiten a un pueblo al menos reconocerse y reconciliarse con su historia, como la nueva ley israelí que prohíbe a los palestinos expresar luto y dolor el 15 de mayo, día de la Nakba.

En Jerusalén continúa la expansión descarada de colonias, y la expropiación de viviendas

El Ayuntamiento de Jerusalén tiene previsto demoler 88 viviendas palestinas en el barrio árabe de Silwan, en el este de la ciudad, para levantar en su lugar un parque arqueológico. Se tratará de una de las operaciones de demolición más importantes desde que la entidad sionista anexionó, en 1967, el sector oriental de Jerusalén, tradicionalmente árabe. A su vez, planea construir otras 600 viviendas en Jerusalén Este a pesar de que a finales del año pasado la Corte Internacional de Justicia (CIJ) declaró ilegal un plan urbanístico similar. Las excavaciones arqueológicas avanzan ocupando también el subsuelo, como metáforas, ya que mientras se perfora la Ciudad Vieja (existen tours de hasta hora y media de visita subterránea) ésta se va derrumbando, pasando a estar bajo el control del Gobierno israelí, que deniegan cualquier permiso de rehabilitación a los árabes. El Gobierno ha anunciado el cierre de la Puerta de Damasco por dichos trabajos arqueológicos; esta puerta es el principal acceso a la Ciudad Vieja para los árabes y donde se encuentran concentrados el grueso de sus comercios. En Al-Aqsa, se prohíbe el paso a los menores de 50 años.

El leitmotiv patrimonial (una forma más aséptica y eficaz de expulsión) legitima la expropiación de enclaves de identificación para la población palestina. Por supuesto, estos últimos movimientos de la entidad sionista vuelven a violar directamente diferentes artículos de la legalidad internacional (como sucede con las colonias sionistas en Cisjordania y Jerusalén) Lo cierto es que, a día de hoy, resulta inútil ampararse en una legislación que sólo se cumple cuando atiende a los intereses de las grandes potencias. Como muestra, cabe recordar que Israel en sus apenas 62 años de ilegal existencia posee el honor de ser el Estado que más veces ha incumplido las resoluciones de las Naciones Unidas, sin que ello le haya impedido alcanzar recientemente acuerdos preferenciales con Estados Unidos o la Unión Europea.

En Beit Sahour, Belén, la que fue base militar primero jordana y después israelí de Oush Grab, convertida desde agosto de 2008 en un parque palestino de disfrute público, se recoloniza a palazo limpio, tras sucederse ataques de colonos extremistas con el fin de recuperar la zona. Si lo consideramos de forma aislada, se trata de un atropello abusivo más; sobre el mapa, una calculada jugada estratégica que a efectos prácticos supone que la zona de Belén va estar rodeada completamente por doce asentamientos, la colonia israelí de Har Homa, y una carretera de circunvalación hacia el sur, lo que imposibilita la expansión de los árabes.

Parecieran aunarse las condiciones que aun con menos razón provocaran otrora levantamientos populares como las dos anteriores intifadas. Peligroso sería jalearla, sin embargo, obviando todo un proceso de desgaste e incluso proyectando nuestra incapacidad internacional como potencia que ha permitido que se vuelvan a dar lugar las peores condiciones de la zona en años, caldo de cultivo de insurrecciones legítimas y necesarias.

El descaro de la provocación responde a la impunidad de Israel, y a su certeza de la imposibilidad de levantamiento del pueblo palestino. Certezas sembradas a base de minuciosos mecanismos de partición de la sociedad palestina, capturando sistemáticamente a sus líderes de base, deslegitimando el proceso democrático tantas veces exigido, u otros más efectistas como la aniquilación a bombazos del pedazo de territorio más densamente poblado de la tierra, la Franja de Gaza.

Por su parte, Abbas, al frente de la ANP y recientemente salpicado por nuevos casos de corrupción y chantaje sexual de altos cargos de su partido, documentados con pruebas audiovisuales aireadas en la televisión israelí, encara su última etapa en el Gobierno retomando la vía muerta de las negociaciones (indirectas, en este caso) como en un desesperado intento por apuntarse un tanto en un haber desierto durante todo su mandato, Unas negociaciones que, mientras no cimenten su base sobre el cumplimiento de la legalidad internacional, seguirán constituyendo un falso reclamo y el desvío de la atención bajo el amparo del ilusorio paraguas del «Proceso de Paz». El resto son diferentes formas de normalizar la masacre de la población autóctona. De fondo, las pugnas internas de reestructuración de Al-Fatah tratan de salvarlo de su putrefacción.

Y la población palestina, desgastada y desmoralizada hasta la indefensión, afronta la resistencia debilitada y descoordinada, en ocasiones, y a sabiendas de que las consecuencias serán más duras que nunca, aunque no por ello ceja. Pese a que los medios no se hagan eco, las protestas se suceden a diario y no son cuatro jóvenes radicales como dijo el jefe de la Policía israelí. El alcance y duración de su impacto depende en parte de su capacidad (y la nuestra apoyándoles) de recomponer sus organizaciones de base, más allá de los intereses partidistas que poco a poco amplían su grieta de separación interna. La retrasmisión y difusión de su lucha, depende de nuestra capacidad para hacernos eco de la misma, y de nuestra escasa valía democrática para exigir a nuestros gobiernos que no se les olvide.

sábado, 13 de março de 2010

Argentina abraza a Chile

Página 12

"¡Chile, te abrazamos!", arengó el popular cantante argentino León Gieco ante una multitud que participó este sábado en Buenos Aires de un concierto solidario donde se presentaron Gustavo Cerati, Andrés Calamaro y otros artistas a beneficio de las víctimas del sismo en el vecino país.

"Argentina abraza a Chile" fue el lema del recital gratuito realizado al aire libre en el barrio porteño de Núñez, donde unas 50.000 personas donaron casi 40 toneladas en alimentos, ropa, pañales, medicamentos y materiales para la construcción, según reportaron los organizadores.

"Agradecemos con el corazón que estén acá, que se hayan sumado a la intención de hacer llegar este abrazo a los hermanos chilenos que lo necesitan y mucho", dijo como maestro de ceremonias el actor Ricardo Darín, protagonista de "El secreto de sus ojos", la película que acaba de ganar el Oscar al mejor film extranjero.

Acompañado en un dúo de guitarras por el laureado músico Gustavo Santaolalla, Gieco abrió el recital con su tema "Pensar en nada" en una tarde cálida y agradable que colaboró con la amplia respuesta a la convocatoria.

"Qué bueno que es poder ayudar, celebremos que podemos ayudar a nuestros hermanos en Chile", dijo Santaolalla antes de interpretar "Mañanas Campestres", hit de su mítico trío Arco Iris y partir raudo del escenario. "Santaolalla iba camino al aeropuerto, pero quiso venir para dejar parte de su música", reveló Darín al destacar que "muchos artistas se sumaron con espontaneidad y sin mezquindades a la convocatoria".

El momento cúlmine del concierto fue la interpretación a capella que hizo Gieco del tema "Cinco siglos igual" junto al vocalista del grupo D-mente, Andrés Giménez, que el creador de "Sólo de pido a Dios" dedicó al presidente de Bolivia, Evo Morales.

A su turno Gustavo Cerati tocó varios temas junto a Andrés Calamaro y recordó los lazos personales que lo unen con Chile. "Tengo una relación especial con Chile, mis hijos nacieron allí. Tenemos que aprender de esa unión de los chilenos, nosotros tenemos nuestros terremotos, aunque de otro tipo", dijo. "Recuerden que esto lo hacemos por los pobres que son los que más sufren y no por los gobiernos", advirtió el ex Soda Stéreo.

Por el escenario pasaron también Pedro Aznar, Raúl Porchetto y Los Fabulosos Cadillacs, quienes participaban en Chile del Festival de Viña del Mar el 27 de febrero al momento del devastador sismo que dejó unos 800 muertos y dos millones de damnificados.

"Chile es un país rico, con la riqueza mayor que se puede tener, la de su gente, por eso se va a levantar pronto", dijo Aznar, quien logró un momento de profundo recogimiento con el tema "Manifiesto" del chileno Víctor Jara, asesinado por la dictadura de Agusto Pinochet.

El recital respondió a una convocatoria conjunta de la entidad civil Red Solidaria y del canal de televisión estatal Encuentro. "Queremos que sepan los chilenos que no estan solos, no los vamos a abandonar,", dijo Juan Carr, titular de Red Solidaria al anunciar que la entidad canalizará donaciones para Chile hasta la próxima Navidad.

sexta-feira, 12 de março de 2010

Chile: Aviso importante



Se le anuncia a nuestra Distinguida Clientela y público en GENERAL, que Chile, a partir del 11 de Marzo de 2010, comenzará a ser atendido por sus propios dueños.

quinta-feira, 11 de março de 2010

O que significa Sebastián Piñera para o Chile?

Antonio Lassance
Carta Maior

O que significa Sebastián Piñera para o Chile? Neoliberalismo na economia, gerencialismo na administração pública, tentativa de esvaziamento da"Concertación", diplomacia orientada para o dólar e o euro e polarização de posições ideológicas. Um presidente que pode ser aclamado pelo clube dos adeptos do Sr. Scrooge (o personagem de Dickens), que hoje em dia é assombrado pelo espírito de Milton Friedman.

Na economia, neoliberalismo. É certo que boa parte das "tarefas" neoliberais executadas no Chile o foram durante o Governo Pinochet - a propósito, um mestre em execuções. O ditador era adepto do fundamentalismo econômico liberal de Milton Friedman, da Universidade de Chicago. Friedman visitou e colaborou ativamente com o ditador e deu-lhe o gosto pelos "Chicago Boys" (os "garotos de Chicago"), alunos ou adeptos de Friedman e que olhavam para o departamento de Economia desta universidade como a uma Meca. A afinidade com este "espírito do capitalismo" levaria o ditador a tornar-se fã e amigo de Margareth Tatcher, figura imbatível como garota-propaganda do neoliberalismo, autora do bordão "não existe essa coisa de sociedade, o que existe são os indivíduos".

O gosto pelos "Chicago Boys" está de volta. A equipe do governo Piñera foi antecipadamente anunciada em fevereiro. Dos 22 ministros, 13 não têm filiação partidária, o que desagradou até a "Renovación Nacional" (partido do próprio Piñera) e a "Unión Demócrata Independiente" (UDI, de extrema-direita). Ambos têm apenas 4 representantes cada, o que pode ser um ingrediente futuro de tensão, sobretudo com a UDI. Os títulos de PhD que os ministros não partidários ostentam é mera perfumaria diante do essencial em seu currículo: a relação umbilical com os grandes grupos econômicos chilenos (ou baseados no Chile).

A vitória de Piñera, "strictu sensu", se explica pelo desgaste do modelo da Concertación, que tem como centro dois partidos: o Socialista (PS) e o Democrata-Cristão (DC). Ambos governaram o Chile desde os anos 90. Mas a indiferença à política de quase 30% dos chilenos (aquela idéia do "tanto faz se um ou outro") em relação ao processo eleitoral pesou decisivamente - em favor de Piñera. Havia também um cansaço diante do candidato Eduardo Frei, que sequer era mais do mesmo, e sim o mesmo do mesmo, tendo em vista já ter sido presidente. De modo mais amplo, porém, a vitória se explica pela permanência histórica do projeto pinochetista, que conseguiu criar as condições e os atores (extremamente ricos) interessados em uma "economia liberal, uma sociedade hierarquizada e uma cultura conservadora", como definiu o historiador Cristián Gazmuri ("El lugar de Pinochet en la historia. Una interpretación política de la experiencia autoritaria - 1973 a 1990").

O padrão de autoritarismo tecnocrático pode dar fôlego à estratégia de Piñera, apesar da parca experiência política dos "Chicago boys". Primeiro, pelo fato de reviver o padrão pinochetista, ao qual parte dos chilenos está acostumada e do qual uma parcela é fervorosa adepta. Em segundo, é preciso levar em conta que o terremoto dá a Piñera o seu "11 de setembro": o tema da agenda que tende a ocupar espaço central em todo o seu mandato. Ele mesmo já disse que vai refazer seu programa para se adequar ao pós-terremoto. O resto pode ser embalado pela lógica de reconstruir o país sob novas bases. Assim, muitos dos aspectos negativos do que vier a ser implementado poderá justificar-se como efeito colateral do esforço de reconstrução.

Na administração pública, Piñera é a reedição do gerencialismo, adaptação do neoliberalismo à administração pública. Sua orientação pode seguir a linha agressiva do tatcherismo, significando: a) a substituição de serviços públicos pela gestão privada; b) o abuso do modelo de relação custo-benefício como critério de eficiência (reconhecidamente, um modelo limitado de gestão de políticas públicas e que, em várias áreas, produz resultados notória e comprovadamente perversos); c) a limitação do rol de direitos e sua transposição para a lista de oportunidades de exploração econômica empresarial. O jornal argentino "El Clarín" (14/2/2010) fez um detalhado "quem é quem" dos indicados e de suas ligações empresariais, o que emoldura o comentário do colunista deste jornal, Rafael Gumucio, de que o presidente "governará da única forma que a direita chilena sabe fazer: concebendo o país como a uma empresa", o que é uma definição sintética e precisa do gerencialismo. O detalhe é que, ao contrário de Tatcher ou Reagan, que eram políticos profissionais, Piñera é empresário profissional e político "por tabela", o que já o coloca na mira dos críticos que pretendem tipificar suas possíveis reformas econômicas como eivadas de conflitos de interesse. É o que dá razão à análise do professor Emir Sader, publicada em Carta Maior, comparando Piñera a Berlusconi (O Berlusconi chileno).

Na política, sua prioridade vem sendo a de desmantelar a Concertação. A tentativa de atrair políticos do atual governo para a sua futura equipe acirrou os ânimos e levou o PS e a DC a acusar de traição os que aceitassem o convite, além de ameaçar com a sumária expulsão dos quadros partidários. O fato sinaliza que a Concertação, apostando ou não no fracasso de Piñera, deve radicalizar suas posições, até como estratégia de sobrevivência. O aprendizado da derrota também se constitui em forte estímulo para que se delimite melhor as diferenças. A sucessão de Bachelet não teve características plebiscitárias, aspecto decisivo para a interrupção dos sucessivos mandatos da coalizão. Na diplomacia, o Chile deve continuar com sua política orientada pelo dólare pelo euro. Recentemente, foi aceito na OCDE (Organização para a Cooperaçãoe Desenvolvimento Econômico), "clube" dos países ricos, desenvolvidos e industrializados. O feito, conseguido no governo Bachelet, inclui, entre suas exigências, a de estabelecer penas para pessoas jurídicas que cometam crimes como lavagem de dinheiro.

Nas Américas, Piñera desenhou um eixo que divide o Continente e inclui, apenas, além do Chile, a Colômbia, de Álvaro Uribe, o Peru, de Alan García, e o México, de Felipe Calderón. Mas seu foco é menos o desse círculo restrito das Américas e mais o seleto grupo conservador europeu. Piñera deve figurar como parceiro privilegiado da ultradireita européia, que aguarda ansiosamente a vitória dos conservadores no Reino Unido para contarem com um possível porta-voz oficial do tatcherismo: David Cameron, do Partido Conservador, líder nas pesquisas de opinião, até o momento.

O clube do Sr. Scrooge (o célebre personagem de Charles Dickens, inspiração, entre outros, do Tio Patinhas) precisa incessantemente de exemplos de "casos de sucesso", mesmo que sucesso controvertido, como aqueles campeonatos ganhos com gol de mão. O Chile tende a ser de novo colocado neste pedestal. Quiçá, até tomar o lugar da Universidade de Chicago como Meca do neoliberalismo. Por isso, o governo Piñera pode ter relevância para muito além das fronteiras deste país e de nosso continente. Exemplo recente do que pode acontecer foi a polêmica travada pela socióloga Naomi Klein contra o articulista do Wall Street Journal, Bret Stephens. Stephens havia dito, poucos dias após o terremoto, que "o espírito de Milton Friedman salvou o Chile" ("How Milton Friedman Saved Chile"). Por causa dele, as pessoas no Chile moravam em casas de tijolo, enquanto no Haiti se vivia ainda em casas de madeira, fáceis de serem derrubadas pelo lobo. Klein ("Milton Friedman did not save Chile": "Milton Friedman não salvou o Chile" - postado neste mesmo Blog) respondeu a esta fábula lembrando que as principais diferenças entre o Chile e o Haiti eram, primeiro, em termos de desenvolvimento. O Chile já exibia um padrão socioeconômico muito superior não só ao do Haiti, mas ao dos demais países latinoamericanos, já nas décadas de 50 e 60. A segunda diferença, o rigoroso código de edificações chileno, exemplo básico da atividade de controle exercida pelo Estado, é obra do Governo Allende. O código é de 1972. A lógica impede que este fato seja atribuído a Pinochet, cujo governo é posterior (1973-1990). O irmão de Sebastián Piñera, José Piñera, que foi ministro do ditador, escreveu "Milton Friedman y sus Recomendaciones a Chile". Lá mesmo podemos ver que Friedman só começou a trabalhar para Pinochet a partir de 1975. A não ser que alguma coisa tenha mudado e ainda não tenhamos sido informados, algo que vem depois não pode ser causa de algo que vem antes.

Mais do que prosaico, o embate contra Bret Stephens demonstra o quanto o Clube Fundamentalista do Senhor Scrooge (CFSS) preparou-se, com artilharia pesada e desfaçatez, para criar uma mitologia a respeito do Chile. Uma mitologia que, mais uma vez, deforma sua história e não guarda o mínimo respeito a qualquer racionalidade que não seja a da maximização dos ganhos. Custe o que custar, ou, como dizia um ex-presidente daqui, "duela a quien duela".

Luis Maira “Allende hubiera hecho el mismo aprendizaje que nosotros”

Mario Wainfeld
Página 12

A punto de dejar la embajada chilena en Buenos Aires por el cambio de gobierno en su país, Maira repasa desde adentro el desempeño de la Concertación en 20 años. La fuerza de la dictadura, las trabas que impuso. Los logros y la gran deuda: la desigualdad. Los desempeños económicos, en derechos humanos, en la integración regional. Lo que sumó Bachelet. El futuro del centroizquierda chileno. Y un recuerdo de Allende.

¿Dónde estaba usted y qué hacía el día en que la Concertación ganó su primera elección presidencial?

Estaba en Concepción, una zona donde teníamos una base sindical muy fuerte. Fui candidato y presidente de un partido instrumental que armamos para incluir en las listas a todos los proscriptos por la Constitución de Pinochet, que eran muchos. Como yo era uno de los cinco dirigentes del comando electoral que había ganado el plebiscito de 1988 tenía una situación impecable y fui cabeza de lista. Competimos, hubo apoyo a (el luego presidente Patricio) Aylwin, pero no hubo pacto parlamentario con la Concertación. Salí segundo pero, por el sistema electoral establecido por la derecha, el tercero logró superarme. Perdimos ahí pero vivimos la experiencia de un triunfo en la elección presidencial y la derrota de la dictadura.

A tantos años vista, ¿qué objetivos no logrados por la Concertación deplora especialmente?

Chile, miraba recientemente estadísticas, está primero en 18 de veintitantos indicadores internacionales. En libertad económica, en competitividad global, en conectividad con la economía mundial, en paz y tranquilidad, en calidad de vida, en desarrollo humano. Pero hay un dato que balancea y neutraliza todo ese progreso: la desigualdad de ingresos. Chile, sobre 126 países, es el 114º. Y en América latina, decimocuarto, en la columna más baja del bloque. Todo lo logrado, en casi todos los rubros económicos y sociales (tan importantes como mortalidad infantil, desnutrición, analfabetismo), contrasta con la desigualdad y la distribución del ingreso.

¿Encuentra una explicación o un atisbo de explicación...?

Primero, una base histórica que no se ha podido corregir. La desigualdad viene de mucho tiempo atrás. Los gobiernos de la Concertación han hecho enormemente ricos al 10 por ciento más rico y menos pobres al diez por ciento más pobre... pero la relación entre ambas series se ha mantenido. El diez por ciento más rico debe ganar treinta veces más...

Ahora ganó la derecha. Aun con esas reservas que usted señala, ¿lo mejor ya pasó?

Hoy nos damos cuenta de que la dictadura militar logró muchas cosas. Una, sin duda, es la refundación de Chile, más moderno, más eficiente, que obligó a que muchas medidas que tomamos después siguieran por ese cauce. En el escenario político se pasó de un escenario de tres fuerzas equilibradas: derecha, centro e izquierda que permitía que el tercio que creciera más tomara el poder (Alessandri, Frei y Allende por cada sector hasta 1970) a uno en el que país estaba dividido más o menos en mitades. Ya se vio en el plebiscito de 1988 y se ha confirmado desde entonces. El tercio que creció hasta ser cerca de la mitad fue el que juntaba a la centroderecha: centro y derecha. Nosotros tuvimos que construir ese instrumento político que fue la Concertación para contrarrestar ese ascenso y formamos una coalición de centro e izquierda. Eso puede ser similar en Brasil con José Serra, en Uruguay también la centroderecha ronda la mitad. En ese cuadro de dos grandes bloques, hay alternancia, lo que no hay que ver como catastrófico, hay que pensar el futuro.

En Chile la centroizquierda se retira ordenadamente, con un buen resultado. Está viva, puede plantearse nuevos programas y proyectos. Se trata de una fuerza que ejerció el poder por veinte años (el período más prolongado de una coalición en la historia moderna y contemporánea de Chile) y que no tuvo la capacidad de repensar la sociedad y los cursos de acción con la profundidad que lo hizo en los años ‘80. Ahora, tiene un conocimiento muy profundo del Estado y del arte de gobernar. Con ese conocimiento y un segundo impulso hay que proponerse revertir la desigualdad. Con la presidencia de Michelle Bachelet se había agotado el proceso de la transición. El presidente (Ricardo) Lagos, con un proceso muy complicado, consiguió en agosto del 2006 extirpar de la Constitución las reglas más arbitrarias, las reglas de la tutela autoritaria.

Teníamos una democracia, reglas más o menos establecidas, estábamos en posibilidad de pensar de una manera más abierta. La presidenta Bachelet se hizo cargo de esa situación, sobre todo desde el punto de vista de la inclusión social. El sello de su gobierno fueron cambios muy drásticos en el sistema de seguridad social para darle una oportunidad a personas que no tenían cotización o participación formal en el sistema de pensiones. Establecimos una suerte de pensión universal para amas de casa y trabajadores en negro. Se le dio estímulo, mediante un programa muy amplio, a las mujeres jefas de hogar para que pudieran trabajar y educar a sus hijos. Avances en el sistema de salud, en el educativo. Eso se reforzó, cuando vino la crisis, con políticas contracíclicas. Eso fue visto por la gente como un hecho positivo... pero no alcanzó. La Concertación deberá aceitar esos avances pero revisando otras desigualdades.

Cuando se discute el modelo chileno se los acusa de haber transigido con los lineamientos neoliberales, haber conciliado con los partidarios de la dictadura. Mucho de eso se expresó en el discurso de Marco Enríquez Ominami. ¿Cómo respondería a esas críticas?

Primero, destacando que nunca seguimos las reglas del Consenso de Washington. Luego, señalando la complejidad de nuestro proceso de construcción de la democracia. El terreno quedó minado con factores sofisticados y diversos: un sistema electoral binominal que privilegia a la primera minoría, los “senadores designados”, no surgidos del voto, mayorías inalcanzables para las reformas constitucionales importantes. Por otro lado, en materia económica, la dictadura tuvo un comportamiento, digamos, discreto: en todo su gobierno el PBI creció un promedio del 2,9 por ciento, según estudios de uno de nuestros economistas más serios, Ricardo French Davis. Pero en el último quinquenio tiene una recuperación, es de 6,4 por ciento anual, muy alto. Eso permite a los defensores del régimen militar identificar el ciclo virtuoso con toda la dictadura. Los primeros gobiernos de la transición estaban forzados, políticamente (para no perder elecciones), a no bajar ese crecimiento durante sus primeros mandatos. El gran test era tener esos resultados. Se logró y se superó pero a costa de postergar cualquier esfuerzo de cambio social o de medidas transformadoras. Y otra cuestión: la Concertación no es un partido de izquierda: para poderle ganar a la derecha hubo que sumar varios componentes de centro. Su programa nacional buscó varios equilibrios. Con los gobiernos finales, con personas que tenían un tono socialista (Lagos, Bachelet) el componente de cambio se pudo acentuar. Aparte, el tiempo había levantado algunas hipotecas, ya no había riesgo de asonadas militares. Las hubo al comienzo, no menores que las de (Aldo) Rico y (Mohamed Alí) Seineldín.

¿Cuál es el saldo en materia de derechos humanos?

La reivindicación, como en todos los países, se planteó en términos de verdad y justicia. Creo que nuestro desempeño, sin ser perfecto, fue más que aceptable. La dictadura dejó muchas trabas y restricciones que debimos vencer. Años después, se logró conformar una comisión restringida a investigar al principio los casos con resultado de muerte. No era posible abordar situaciones tan dramáticas como el exilio, la tortura y las listas negras. Se relevaron las denuncias y la Comisión presentó un informe con casos perfectamente documentados. Durante el gobierno del presidente Lagos se formó la llamada “comisión Valech” (por el obispo que la presidía) que se concentró en los casos de tortura, que documentó 25.000 casos. Siempre es un número referencial, porque la estimación de estudios de derechos humanos es que la cifra fue de 140 o 150 mil casos. Hubo mecanismos de compensación para los familiares de las víctimas en caso de muerte y para las propias víctimas, en caso de tortura. Luego, en el gobierno de la presidente Bachelet se construyó un Museo de la Memoria, estética y materialmente muy impresionante, paradójicamente muy hermoso desde el punto de vista arquitectónico. Se ha rendido homenaje, recordado y restablecido la dignidad de las víctimas, fue acogido muy bien por la sociedad. Y están los juicios que se han iniciado, empezando el que afectó al propio general Pinochet. Hubo desafueros a muchísimos oficiales, muchos detenidos de alta graduación. No ha sido un proceso fácil ni rápido, ha durado años y hasta décadas. El balance es bastante impresionante, en una mirada comparativa con otras dictaduras de seguridad nacional, piense en Brasil o en Uruguay, por ejemplo.

¿Es paradójico o es lógico que la derecha haya debido esperar hasta poco después de la muerte de Pinochet para llegar al poder?

Es lógico, la derecha tenía que desprenderse del desprestigio en el que cayó Pinochet. Recuerde que en Chile la derecha se “pinochetizó” y mantuvo altos niveles de adhesión democrática. En 1989 veíamos que mucha gente que con orgullo se confesaba continuadora de la obra del general Pinochet, negaba la existencia de violaciones de derechos humanos, atribuía a la dictadura niveles altos de probidad pública. Luego se logró probar la corrupción de la dictadura y del propio general Pinochet. En los últimos años, él era un problema para la derecha. La verdad, ahora un hombre no comprometido con la dictadura en el plebiscito del “No” (se refiere al presidente electo Sebastián Piñera) podía decir “¿hasta cuándo hablamos de cosas que pertenecen a las páginas de la historia? Hablemos del presente y del futuro”.

Recorramos su lectura sobre la relación entre Chile y la región en estas décadas.

La Concertación trabajó con dos módulos de inserción internacional. Uno era intentar estar activamente presente en la nueva tendencia de intensificación de la economía global. Se consideró favorable para Chile tener una inserción equilibrada entre los bloques del mundo capitalista desarrollado (Europa, América del Norte y Oriente asiático). El segundo impulso (más político que económico) fue estar más activamente en América latina. En el gobierno que nosotros recibimos ya había aranceles muy bajos. En el promedio de aranceles de Mercosur había 6 a 8 puntos de diferencia más que en Chile. Si queríamos entrar como miembros plenos del Mercosur hubiéramos tenido que hacer la paradoja de subir nuestros propios aranceles para favorecer la integración comercial, lo que no era posible ni razonable. Nuestra inserción económica en Mercosur como país asociado tuvo derivaciones, como la integración política, cultural, subnacional entre provincias argentinas y regiones chilenas. En eso, no estamos descontentos del resultado. Hemos sido socios fundadores, en 2004, de la Comunidad Sudamericana de Naciones y hemos sido socios fundadores de su cambio a Unasur. Fuimos el primer país que ejerció la dirección pro tempore. La conducción de Michelle Bachelet, creo que hay consenso en toda la región, fue activa, inquieta, sensible. Resolvió la crisis de Bolivia en la reunión de todos los presidentes en el Palacio de la Moneda. Sancionó la existencia de un consejo latinoamericana de seguridad, a propuesta de Brasil. Y trató, sin éxito, de resolver la existencia de una autoridad ejecutiva permanente. En América latina hemos hecho un gran esfuerzo, el intercambio económico es mucho mayor, tres o cuatro veces más que en 1990.

Le pido una reflexión (o una autocrítica) acerca de cómo verían ustedes mismos lo que hizo y dejó de hacer la Concertación, comparado con el imaginario que tenían en los ’70.

Quienes estábamos militando en partidos de izquierda en esos años teníamos otra clase de sueños. No me refiero sólo a Chile, en América latina: éramos más pobres y teníamos ilusiones mucho mayores. Pensábamos que el mundo iba hacia la izquierda, hacia el socialismo. Que una sociedad con mayores niveles de igualdad, de libertades públicas vendría, casi inexorablemente, en reemplazo de las sociedades que teníamos. Esa ilusión se desvaneció con el fin de la Guerra Fría. De una izquierda voluntarista que se negaba a ver la realidad, se pasó a una pragmática y desencantada. Hay un dato muy real: las elecciones en que Aylwin le ganó al candidato de Pinochet, Hernán Büchi, fueron el 14 de noviembre de 1989, un mes exacto posterior a la caída del Muro de Berlín. Fue un viraje drástico en la historia, seguramente el más grande en el siglo veinte. Ni siquiera lo igualan las guerras mundiales, que reordenaron mucho el sistema internacional. Se terminó la existencia de bloques en torno de las dos superpotencias, que competían por un proyecto de ideas. Eso convulsionó a la izquierda chilena. Convivían un sector más ortodoxo, vinculada al Partido Comunista, cercano al modelo de los socialismos reales, y una izquierda heterodoxa que lideraba el Partido Socialista, de raíz latinoamericana, vinculada a una idea del Movimiento de Países No Alineados que quería hacer una síntesis de la búsqueda de igualdad de los socialismos reales y la búsqueda de más amplias libertades públicas, más afín a las socialdemocracias europeas. Cuando llegamos al gobierno, estábamos muy lejos de las expectativas de otro tiempo: los sueños de otras décadas eran inimaginables en 1990.

El mundo no fue para el lado imaginado en los ’60 y ’70. Hoy ¿parece que va para algún lado?

En septiembre de 2008 estalló la crisis más severa que el capitalismo ha tenido desde la Gran depresión de 1929. Eric Hobsbawm dijo muy acertadamente que esa crisis iniciada en Estados Unidos es para el capitalismo de Wall Street lo que la caída del Muro de Berlín representó para los socialismos reales. Una bancarrota de un tipo de concepción del hombre, del mundo y de la historia, propias del pensamiento neoconservador. Lo cual parecía muy alentador para colocar sobre el escenario visiones alternativas y hacer una crítica tan devastadora como ellos hicieron cuando vino el desplome de la Unión Soviética. Dos años después, se comprueba que no se hizo. Más bien tenemos un proceso de ajuste y reacomodo donde (colocando una cantidad sideral de recursos) se logró reflotar, nadie sabe si definitiva o temporalmente, las instituciones que cayeron en bancarrota. Pero nadie hizo el balance que posibilitaba diseñar caminos distintos, otro tipo de programas y proyectos. Especialmente, en una región como América latina que esta vez no fue el epicentro del surgimiento de la crisis sino más bien un refugio. Hemos pasado de largo momentos que eran muy promisorios. Teníamos acumulada una cierta capacidad mayor de resistencia a la crisis, producto de cinco años y medio de crecimiento muy bueno, reducción de la pobreza y de la desigualdad, acumulación de reservas internacionales... Es un tiempo para que hagamos una cierta autocrítica, de pensar por qué no avanzamos más en los años de vacas gordas, cuando había esta hegemonía tan clara de los gobiernos llamados progresistas, por más que fueran distintos entre sí. Se podría haber avanzado más en la integración latinoamericana.

Cuando dice “hagamos una autocrítica”, no habla exclusivamente de Chile...

Hablo de todos los que nos definimos como progresistas. Dejamos pasar la oportunidad y el agua vuelve al cauce.

Le propongo un juego de imaginación. Imagine que usted y sus compañeros se encontraran ahora con Allende. Y éste les preguntara: “¿Muchachos, qué hicieron con mi legado, con nuestra tradición?”. ¿Cómo dialogaría con él?

La última conversación que tuve con el presidente Allende fue durante un almuerzo en el Palacio de La Moneda, una semana antes de que muriera. Tuve la sensación de que él tenía muy clara la frustración del desenlace de la experiencia que había encabezado. Ese mismo día fue el último gran desfile de militantes, de trabajadores, de los partidarios de la Unidad Popular. Se asomó a la ventana y dijo “esa gente, cuando mi gobierno se termine, va a pagar la irresponsabilidad y la falta de acuerdo que hemos tenido los políticos”. El aprendizaje del fracaso del gobierno de la Unidad Popular que hicimos luego muchos de nosotros, tengo la impresión, también lo habría hecho Allende... si la dignidad de su conducta no lo hubiera llevado a disponer de su vida para no caer en manos de los militares. No se pueden hacer grandes transformaciones con respaldos minoritarios, el gobierno de la Unidad Popular entró al poder con 36,4 de los votos, luego subió sin llegar al 50 por ciento. Las cosas tenían que ir a un ritmo proporcional a la relación de fuerzas. Muchas actitudes de extremo voluntarismo al interior de nuestra propia fuerza nos llevaron al desenlace que tuvimos. La otra cosa que Allende hubiera apreciado, porque era un político tremendamente agudo y lúcido, era la fortaleza del régimen militar que lo sucedió. Chile tuvo una tecnocracia civil que instrumentó un modelo neoliberal más exitoso que el de Argentina o Uruguay. Allende habría percibido esa fortaleza y, realista como era, hubiera propuesto un programa de acercamiento gradual a desmontar esa poderosa maquinaria y abrir algunos horizontes nuevos. Hubiera sido interesante, también, ver con él lo que fue el derrumbe del proyecto de la Unión Soviética y de los socialismos reales y las muchas miserias que muchos conocimos en ese momento y que no habíamos visto antes.

quarta-feira, 10 de março de 2010

Piñera asume en un Chile que debe levantarse tras el violento terremoto


Agencias

Analistas dicen que el sismo abrirá una oportunidad para que Piñera pueda lograr consensos que antes parecían esquivos en torno a su proyecto, y así levantar las ciudades que fueron arrasadas por el cataclismo.

El multimillonario de derecha Sebastián Piñera asumirá mañana jueves como presidente de Chile tras dos décadas de gobiernos de centroizquierda, en un traspaso que pese a lo histórico será austero por el devastador terremoto y posteriores tsunamis que azotaron al país.

El sismo de magnitud 8,8 que sacudió la zona centro-sur del país, en la madrugada del 27 de febrero, dejando unos 500 muertos identificados hasta ahora y severos daños materiales, llevó a Piñera a poner a la reconstrucción como la máxima prioridad al inicio de su mandato.

Analistas dicen que el sismo abrirá una oportunidad para que Piñera, de 60 años y el primer mandatario de derecha electo en el país en medio siglo, pueda lograr consensos que antes parecían esquivos en torno a su proyecto para levantar las ciudades que fueron arrasadas por el cataclismo.

El terremoto sorprendió a Chile justo cuando dejaba atrás su primera recesión en una década contagiado por la crisis global. Ahora, en el corto plazo, la recuperación tendrá una pausa y una reactivación está prevista para la segunda mitad del año. Las primeras estimaciones privadas y de Piñera apuntan a daños por al menos unos US$30.000 millones debido al terremoto, que devastó a las regiones del Maule y del Bío Bío.

Nada de festejos. Piñera recibirá la banda presidencial de manos de la popular mandataria saliente, Michelle Bachelet, en una ceremonia en la sede del Congreso en Valparaíso, luego de lo cual almorzará en el balneario de Viña del Mar con una decena de jefes de Estado que confirmaron su asistencia.
Luego, viajará acompañado de algunos ministros en helicóptero a la ciudad costera de Constitución, que fue arrasada por los tsunamis que siguieron al terremoto y que no fueron advertidos a tiempo a la población.

"Teníamos varios festejos, comidas y recepciones (...) pero luego del terremoto la situación en el país cambió por completo. No estamos en tiempos de festejos. No podemos estar festejando cuando hay compatriotas que están sufriendo", dijo Ena von Baer, quien será ministra portavoz de Piñera. "La reconstrucción nacional va a marcar fuertemente el cambio de mando, para dar una señal al país de que vamos a salir adelante", agregó en una reunión con periodistas.

Piñera, quien ha anunciado un gobierno de "más músculos y menos grasa", se sumará al bloque de presidentes de centroderecha que ya mandan en México, Colombia y Perú, y que han tomado distancia del izquierdista mandatario venezolano, Hugo Chávez.

El terremoto también acalló momentáneamente a quienes critican a Piñera por no haberse desprendido antes de todos sus negocios, en medio de la venta de sus acciones en la aerolínea LAN, con la que ya ha obtenido unos US$875 millones. El futuro mandatario comenzó en el negocio de las tarjetas de crédito durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y extendió sus intereses a un amplio abanico de industrias, que en una parte pasó a un fideicomiso ciego antes de asumir.

Con viento a favor. Piñera venció en las urnas al candidato de la Concertación, el bloque de centroizquierda que gobernó tras la dictadura de Pinochet, con promesas de cambio y un millón de nuevos empleos durante su mandato de cuatro años.

Un sondeo de la firma Adimark GfK indicó que 59% de los encuestados afirmó que a "Chile le irá bien" con Piñera, que debutará con un gabinete dominado por empresarios. "El nuevo gobierno asume en un entorno de expectativas altamente positivas y con mayor unidad que la situación previa a la catástrofe del 27 de febrero", dijo la encuestadora.

Analistas dicen que las urgentes necesidades de los afectados de uno de los más potentes terremotos registrados en el planeta probablemente llevarán a otros grupos a postergar las demandas y movilizaciones que habían anunciado para cuando Piñera asumiera su cargo. Las posturas proempresariales ya han chocado con las de sindicatos y estudiantes, que habían advertido de movilizaciones una vez que Piñera tomara las riendas del país.

El terremoto obligó a Piñera a cambiar su agenda, pero "a la vez, es una oportunidad para mejorar la infraestructura, la capacidad del Estado para reaccionar ante emergencias", opinó Robert Funk, analista y profesor de Ciencias Políticas del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile (INAP). "Yo creo que para él es más positivo que negativo", agregó el analista sobre lo que implicará la gestión de la reconstrucción tras el terremoto.

terça-feira, 9 de março de 2010

Terremoto: primeras réplicas institucionales y sociales

Gonzalo de la Maza
El Mostrador


En su excelente libro “Invitación a la Sociología”, Peter Berger plantea que esta disciplina actúa como lo hace un terremoto: echa abajo las fachadas y deja a la vista el interior de casas, oficinas y todo tipo de actividad que normalmente queda oculta. Vale decir la sociedad “por dentro”. En Chile acabamos de sufrir un terremoto de verdad que, junto al dolor y la desgracia, deja al descubierto diversas características actuales de nuestra sociedad que no son visibles en el día a día y que sólo se revelan frente a tensiones extremas como la que estamos viviendo. Caen las fachadas y aparece lo que no se quería o podía ver.


Me interesa sobre todo reflexionar sobre la fortaleza relativa que mostramos como sociedad para enfrentar nuestros problemas. Quizás es temprano para evaluar, sin embargo lo que se ve es más debilidad de la esperada. Un país atávicamente obsesivo con el “orden” no logra manejar una crisis del mismo. La respuesta gubernamental parece tardía, mal coordinada e incluso errática por momentos. La provisión de servicios básicos -casi toda en manos privadas- absolutamente colapsada y de lentísima reposición (obviamente no es rentable prever y costear las emergencias). Las comunicaciones, limitadas e ineficientes. La infraestructura básica –la gran prioridad de inversión de los últimos 20 años- con fallas en puntos clave. La organización social pareciera ni siquiera existir para todo efecto práctico de afrontar la crisis (hablo de la primera semana): mucho más visible resulta la consigna de “sálvese quien pueda”. Y finalmente tenemos el asunto de la seguridad y la protección, esa obsesión de la sociedad chilena. No sólo el terremoto y su maremoto consecuente la hacen precaria; más tarde es la propia energía social des/atada la que se vuelve contra sí misma: nosotros mismos somos los saqueadores, nosotros mismos somos los grupo de autodefensa, todos presas de la misma des/esperanza.


Un cartel improvisado en Talcahuano decía “Farkas sálvanos, el gobierno no existe”. Una hipótesis de interpretación del “terremoto social” en la región del Bío Bío indicaría que en ausencia de las garantías básicas que sólo puede proporcionar el Estado -vale decir confianza y derechos- la sociedad debilitada por treinta años de neoliberalismo no es capaz de reproducir el orden mínimo requerido para afrontar un problema como éste. Una sociedad fuerte necesita de un Estado fuerte, y viceversa. Se vieron saqueos –mitad producto de la necesidad, mitad el “aprovechamiento de oportunidades” que nos enseña el mercado como regulador social- pero no se vio la toma de control de un supermercado por parte de fuerzas sociales organizadas. Se vio a la alcaldesa de Concepción denunciar el abandono y anunciar la violencia, pero no se vio autoridades edilicias asumir su rol de gobierno local, por ejemplo requisando alimentos para su justa distribución en la población. Tampoco parlamentarios, intendentes y consejeros regionales, líderes vecinales, dirigentes políticos, empresariales o sindicales asumir la conducción de la emergencia ante la ausencia o la tardanza del gobierno central. Seguramente hay más de lo que muestran los medios de comunicación, convertidos mayoritariamente en amplificadores del espectáculo más que en servicios públicos. Pero aún así la sociedad parece haberse “adelgazado” a niveles críticos que le impiden retroalimentar las líneas caídas de un Estado que ha renunciado a algunas de sus tareas esenciales. Hay que profundizar sobre la “fractura social” y sus consecuencias.

La explicación por la tardanza e indecisión gubernamental pueden ser muchas: el gobierno ya terminaba en 10 días más, estábamos al final de las vacaciones. Pero más allá de eso lo que se ve es la incapacidad del Estado chileno para enfrentar los desafíos que le son propios. Habiendo privatizado la mayoría de los servicios, sólo le queda apelar a la “buena voluntad” de los empresarios para que colaboren con sus fines. Pero ocurre que, como a los propios empresarios les gusta recalcar, ellos no son filántropos ni están para la beneficencia. Han calculado sus costos y sus márgenes de ganancia dentro de las reglas que les fija el sistema político y económico y éstos no incluyen las emergencias como esta. Si es un proyecto inmobiliario, los municipios revisan los papeles, pero no tienen capacidad de supervisar la obra que finalmente se construye. Si es una carretera concesionada, la rentabilidad a 20 años nada dice sobre durabilidad a plazos mayores. Un Estado que renunció a diseñar e implementar sus proyectos, convirtiéndose en un gestor de la inversión privada, debilitó también sus recursos profesionales que actuaban como contraparte pública de las entidades lucrativas. No es pensable en 2010 una epopeya como la del Riñihue en 1960, donde los ingenieros de la CORFO movilizaron a la comunidad para conjurar el riesgo producido por el terremoto. Hoy sólo se pueden hacer reuniones de coordinación para ofrecer estímulos a los privados a ver si eso les satisface lo suficiente para asumir los roles públicos que están abandonados. Pero no hay resortes para tomar control de empresas y servicios de utilidad pública y reorientarlos según la necesidad de la coyuntura. O si existen –como en el Estado de Catástrofe- no se los utiliza.

El terremoto desnudó también mitos de los que nos gustaba enorgullecernos: la mejor conectividad del continente estaba basada en el negocio de los celulares y la penetración de la internet, pero se habían abandonado los recursos comunicativos que realmente sirven en estas situaciones. Al final fue la radio -la vieja y querida radiodifusión amenazada por las grandes fusiones y las cadenas multimediales- la que pudo comenzar a reponer la comunicación mínima indispensable. Imposible no mencionar esa cadena construida “a la antigua” que es Radio Bío Bío: descentralizada, con corresponsales en cuanto pueblo perdido existe en Chile. También las llamadas “redes sociales”, que permiten al menos el acceso del ciudadano de a pie y le dan un amplificador a sus simples demandas y deseos, cumplieron un rol (cuando volvió la electricidad).

La crisis producida por esta catástrofe puede ser interpretada de muchos modos. Si nos conformamos con la idea de déficits de gestión o con creer que un gobierno de “los técnicos” lo hará por definición mejor que uno de “los políticos”, estaremos apenas arañando la realidad (¿no son técnicos los del Servicio Hidrológico y Oceánico de la Armada?). Propongo poner el acento en los roles del Estado, como son la regulación, la provisión de bienes públicos y el aseguramiento de derechos y la indispensable tarea de fortalecer las capacidades de la propia sociedad. Esto requerirá de descentralización y estrategias participativas serias para los asuntos públicos. La tarea se ve difícil cuando hemos dado un viraje a la derecha, encargando a un multimillonario por los problemas de todos. Pero en fin, esa es harina de otro costal, cuyo desarrollo será cuestión del futuro.

segunda-feira, 8 de março de 2010

Milton Friedman no salvó a Chile



Naomi Klein
The Nation

Desde que la desregulación causó un desastre económico mundial en septiembre de 2008 y todo el mundo se ha vuelto otra vez keynesiano, no ha sido fácil oficiar de seguidor fanático del difunto economista Milton Friedman. Tan generalmente desacreditada está su variedad de fundamentalismo de libre mercado que sus admiradores están cada vez más desesperados por reivindicar victorias ideológicas, por exageradas que sean.

Viene al caso un ejemplo especialmente desagradable. Justo dos días después de que un demoledor terremoto golpeara Chile, Bret Stephens, columnista del Wall Street Journal informaba a sus lectores de que "el espíritu de Milton Friedman aleteaba protector sobre Chile", puesto que "gracias en buena medida a él, el país ha resistido una tragedia que, si no, habría resultado un apocalipsis (...) No por azar vivían los chilenos en casas de ladrillo – y los haitianos en casas de paja – cuando llegó el lobo intentando derribarlas de un soplido".

De acuerdo con Stephens, las medidas radicales de libre mercado prescritas al dictador chileno Augusto Pinochet por Milton Friedman y sus infames "Chicago Boys" constituyen la razón por la que Chile es una nación próspera que dispone "de códigos de edificación que se encuentran entre los más estrictos del mundo".

Hay un problema realmente de bulto con esta teoría: el código moderno de edificación sísmica en Chile, redactado para resistir terremotos, se adoptó en 1972. La fecha es enormemente significativa, dado que se trata de un año antes de que Pinochet tomara al poder mediante un sangriento golpe de Estado respaldado por los Estados Unidos. Eso quiere decir que si hay alguien a quien atribuir el mérito de esa ley no es a Friedman, ni a Pinochet, sino a Salvador Allende, el presidente socialista chileno democráticamente elegido (lo cierto es que hay que agradecérselo a muchos chilenos, puesto que las leyes respondían a una historia llena de terremotos, y las primeras disposiciones se adoptaron en la década de 1930).

Parece significativo, empero, que la ley se promulgara aun en medio de un agobiante embargo económico ("que rechine la economía", gruñó, según es fama, Richard Nixon cuando ganó Allende las elecciones de 1970). El código se actualizó en los años 90, bastante después de que Pinochet y los Chicago Boys abandonasen finalmente el poder y retornase la democracia.

Poco sorprenderá que, como apunta Paul Krugman, que Friedman fuera ambivalente respecto a los códigos de edificación, pues los considera otra violación más de la libertad capitalista. Por lo que se refiere al argumento de que las medidas friedmanianas son la razón por las que los chilenos viven en "casas de ladrillo" en vez de "paja", queda claro que Stephens no sabe nada del Chile anterior al golpe. El Chile de los años 60 gozaba del mejor sistema sanitario y educativo del continente, además de disponer de un efervescente sector industrial y una clase media en rápido crecimiento. Los chilenos creían en su Estado, razón por la cual eligieron a Allende para ampliar aún más ese proyecto.

Tras el golpe y la muerte de Allende, Pinochet y sus Chicago Boys hicieron todo lo que pudieron para desmantelar la esfera pública chilena, subastando las empresas del Estado y reduciendo las regulaciones financieras y comerciales. Se creó una enorme riqueza en este periodo, pero a un precio terrible: para principios de los 80, las medidas de Pinochet recomendadas por Friedman habían provocado una rápida desindustrialización, multiplicando el desempleo por diez y creando una explosión de barrios de mediaguas claramente inestables. Llevaron también a una crisis de corrupción y deuda tan grave que en 1982 Pinochet se vió forzado a despedir a los asesores de los Chicago Boys y nacionalizar varias de las instituciones financieras desreguladas (¿les suena familiar?).

Afortunadamente, los Chicago Boys no lograron destruir todo lo logrado por Allende. La empresa nacional del cobre, Codelco, continuó en manos del Estado, insuflando riqueza a las arcas públicas e impidiendo que los Chicago Boys hicieran entrar la economía de Chile en un rápido y completo declive. Tampoco lograron deshacerse del riguroso código de edificación de Chile, un descuido ideológico por el que debemos dar todos las gracias.

A propósito de la crisis, ¿qué pasa con la de los cuidados?

Sandra Ezquerra
Diagonal

Pocas veces se menciona la otra cara de la crisis del sistema: una que evidencia de forma directa la irresoluble contradicción entre la lógica del beneficio económico y la del bienestar de las personas, y que, teniendo en cuenta que las mujeres hemos sido, de manera histórica, las principales responsables de cuidar a quienes nos rodean, nos golpea a nosotras de manera particularmente dramática. Numerosos países, entre ellos el Estado español, sufren desde hace años lo que se llama la crisis de los cuidados.

Dicha crisis es el resultado de la entrada generalizada de las mujeres en el mercado laboral, del envejecimiento progresivo de la población y de los efectos privatizadores que décadas de políticas neoliberales han tenido sobre el Estado del bienestar. Estos factores, junto a los nuevos modelos de crecimiento urbano, así como la precarización y la atomización de nuestras vidas cotidianas, han multiplicado las cargas y responsabilidades de muchas mujeres con familiares en situación de dependencia, y han visibilizado la creación de un vacío de presencia y de cuidado para numerosas personas en situación de autonomía restringida. Todo ello ha puesto de manifiesto la insostenibilidad de la organización tradicional del cuidado, que ha sido realizado históricamente por las mujeres de forma invisible y no remunerada, así como la necesidad acuciante de redistribuir de una forma socialmente justa y colectiva la responsabilidad por el bienestar de las personas.

Ante esta situación, la respuesta de los distintos actores implicados ha sido decepcionante. El trabajo de cuidados continúa considerándose una tarea inherentemente femenina, socialmente marginal y económicamente irrelevante. Las medidas propuestas por el Estado español son insuficientes y no cuestionan la división sexual del trabajo.

La compra de los cuidados

Las mujeres seguimos siendo consideradas como las principales abastecedoras del cuidado en el marco de la familia. Ello se da de manera paralela a nuestra sobreexplotación específica en el mercado laboral y a la multiplicación de la doble presencia femenina. Las más privilegiadas, ante la dificultad de obtener apoyo por parte del Estado o de sus compañeros, recurren al mercado para comprar un cuidado que, en gran medida, es llevado a cabo en condiciones de gran precariedad por mujeres inmigrantes.

Si bien los Estados occidentales evaden su responsabilidad a la hora de proporcionar soluciones públicas y sociales a la crisis de los cuidados, no muestran ningún pudor a la hora de diseñar leyes de extranjería que canalizan la entrada de mujeres inmigrantes a la Europa-fortaleza, incluyendo el Estado español, ofreciéndoles como única oportunidad laboral y vital la realización de tareas domésticas y de cuidados. Pero el escenario es aún más complejo: la llegada de cuidadoras extracomunitarias al Estado español no es más que el resultado del creciente éxodo de millones de mujeres de países del Sur, fruto de la reestructuración económica impuesta desde Occidente y sus instituciones financieras durante decenios, que han desembocado en elevadas tasas de paro y asfixia del sector público y han golpeado de manera particularmente severa a las mujeres de esos países. Ante la imposibilidad de mantener a sus propias familias, muchas de ellas emigran a lugares como el Estado español para cuidar a las familias de otros y otras. En el marco de una creciente división jerárquica internacional del trabajo y de los derechos, mientras que estas mujeres preparan nuestras cenas, hacen nuestras camas, cuidan a nuestros hijos y acompañan a nuestros ancianos, sus hijas se crían solas durante años, hasta que acaban viniendo a sustituir a sus madres, dejando, ellas también, a sus familias atrás.

De esta manera, la “cadena transnacional del cuidado” se convierte en un dramático círculo vicioso que garantiza la pervivencia del statu quo a la vez que invisibiliza su naturaleza excluyente. Es importante y urgente observar la crisis de los cuidados como fruto de un sistema que no incluye el bienestar de las personas, de unas ideologías de género que siguen garantizando que las mujeres cuidemos de todos, de todas, de todo y de unas desigualdades internacionales que provocan el éxodo de millones de mujeres y que sirven de coartada para la mercantilización del cuidado y su imparable marginación.

Día Internacional de la Mujer


domingo, 7 de março de 2010

Chile, el otro terremoto



Leonardo Ogaz
Alai

Pareciera que una especie de maldición hiciera recaer hasta los fenómenos naturales sobre las espaldas de los más pobres, pero en realidad no hay ninguna maldición, ni castigo divino, lo que existe son estructuras de desigualdad destinadas a golpear a los más vulnerables. Chile es uno de los países que tiene uno de los índices más regresivos de distribución de la riqueza, ocupa el puesto número 14 del mundo de la peor distribución de la riqueza (indicador Gini), la distancia entre la minoría rica y la mayoría pobre son obscenas.

El terremoto y el maremoto que se produjo en Chile tuvieron una propiedad develadora, pusieron en evidencia lo que es el desarrollo desigual de una sociedad capitalista, las grietas telúricas también mostraron las profundas fisuras sociales, se habló del “terremoto social”. Se vio un Chile de adobe, de construcciones precarias, si el 68% de los chilenos gana menos de 340 dólares al mes las posibilidades de construcción de casas antisísmicas son pocas, se observó edificios, carreteras y puentes mal construidos por la insaciable sed de ganancias, con tal de aumentar los beneficios no se cumple con las normas y especificaciones técnicas para un país de alta sismicidad, se vio la lentitud e inoperancia de las instituciones del Estado, se apreció el colapso del sistema de comunicaciones, en fin, se pudo ver un gobierno que no fue capaz de dimensionar la magnitud del desastre, se manifestó una arrogancia estúpida proclamando que Chile no necesitaba ayuda y por otro lado se solicitaba teléfonos satelitales revelando la imprevisión negligente de los sistemas de comunicación, la Armada a cargo de indicar y activar las alertas del tsunami no lo hizo en términos adecuados lo que costó muchas vidas.

Chile se reveló como un país de agudas contradicciones sociales, la delincuencia fenómeno social que adquirió proporciones preocupantes durante la dictadura, y que los veinte años de democracia no solo que no han podido resolver sino que ha ido en incremento, hizo aparición en forma terrible al resquebrajarse los mecanismos de la dominación normal. Tuvo que ser militarizada la zona del desastre y se puso en primer término la defensa de la propiedad antes que la ayuda. Un empresario dueño de un frigorífico en Concepción no podía salir de su asombro al comprobar que un colega había participado en los saqueos con su camión y que después se encontraba vendiendo los productos en el mercado negro, esto hay que separarlo de la desesperación e indignación popular en contra de los grandes supermercados que no encontraron mejor idea que cerrarlos dejando a la población totalmente desabastecida.

Se percibió un gobierno que priorizaba la defensa clasista de los más pudientes antes que la atención de los más olvidados. Pero también se observó una fractura profunda en los valores de amplios sectores de la población que reveló la acción de 37 años de neoliberalismo, ruptura de las relaciones solidarias y cooperativas y el egoísmo y la codicia lumpen campearon por las calles y pueblos de Chile. La dictadura y la democracia han incentivado la competencia, el individualismo y la frivolidad. También, es cierto, han existido sublimes muestras de solidaridad sobre todo en aquellos pueblos donde las relaciones capitalistas y neoliberales no han carcomido todavía el tejido social.

Pero lo más asombroso de todo es como Chile ha mostrado su vacío político moral. Los más audaces razonamientos de Guy Debord sobre la sociedad del espectáculo han quedado empequeñecidos ante lo que está ocurriendo. El viernes 5 de marzo se monta un espectáculo, una Teletón para reunir fondos para la reconstrucción y el discurso central e inicial no lo dan los líderes políticos conductores o conductoras de la nación, sino un presentador de televisión que se ha convertido en el único personaje que representa una ficticia unidad nacional. Los contenidos falaces, populistas, manipulador de emociones, del discurso revelan este desfondamiento político y ético, la tragedia no golpeó de la misma manera a los ricos y a los pobres como se afirmó. Lo más increíble es como escuchaban seducidos la presidenta saliente, el nuevo presidente electo, los presidentes de la cámara de diputados y el senado , el cardenal , los ministros es decir toda la cúpula del poder completamente subordinados ante la potestad mediática. En Chile, en una dosis importante, se controla socialmente política e ideológicamente el país a través de los medios de comunicación en poder de grandes empresas privadas. Y la televisión pública se ha entregado totalmente a la dictadura de las mediciones de audiencia que supuestamente indican que la gente ama volverse estúpida.

El haber escogido una Teletón como medio de hacer una catarsis espectacular que permita el ejercicio normal de la dominación está demostrando como el espectáculo se impone como gran director de la conducta frívola, superficial que el neoliberalismo, y el pensamiento débil han conducido a una sociedad que antes se enorgullecía de sus premios nobel de literatura y de la capacidad crítica de sus intelectuales. Además esos teletones son el espacio que utiliza la empresa privada para hacer sus grandes operaciones de mercadeo, legitimándose con una supuesta generosidad con la cual posteriormente no pagan impuestos, como lo denunció alguna vez el cantante del grupo de rock los Prisioneros al interior del propio espectáculo.

El pueblo pobre de Chile merece de la solidaridad de sus propios congéneres y de los pueblos del mundo, pero no debe ser ni paternalista, ni asistencialista porque eso nos des- constituye, los teletones los sumen en la sensiblería, el patrioterismo y la frivolidad. La ayuda debe impulsar su dignidad, su capacidad de organización y decisión, como la que están haciendo los sectores de la izquierda anticapitalista en Chile.

sábado, 6 de março de 2010

La reconstrucción económica de Chile después del terremoto

AméricaEconomía

El feroz sismo de 8,8 grados también fue un fuerte golpe a la economía del país, aunque no la dejará fuera de combate. Expertos consideran que los daños en la infraestructura productiva son reparables y que habrá financiamiento disponible.

La historia de Constitución tuvo un giro hace 40 años: en 1969, el gobierno chileno decidió instalar en ese puerto una gran planta productora de celulosa. Desde entonces, el destino de este poblado estuvo íntimamente ligado al de la pulpa de madera. La ciudad creció, se enriqueció y contaminó con una de las mayores fábricas del commodity forestal.

Esa historia llegó a su fin el pasado sábado 27 de febrero. La ciudad de Constitución, que albergaba a 50.000 habitantes, prácticamente desapareció con el terremoto de 8,8° que la sacudió y el posterior maremoto. Al cierre de esta edición, se contabilizaban unos 360 muertos y varios desaparecidos que se seguían buscando entre los lotes de escombros donde antes había casas. La planta no corrió mejor suerte. Como acompañando el destino de sus habitantes, las instalaciones de Celulosa Arauco y Constitución (Celco), propiedad de Empresas Copec, se perdían entre toneladas de barro y escombros.

El desastre convierte a Copec en una de las empresas más afectadas del país por el sismo. Al cierre de esta edición, la firma mantenía todas sus plantas cerradas, sin prever una fecha de reapertura. Sólo en la de Constitución, que producía 350.000 toneladas de celulosa -el 10% del total de Celco-, trabajaban 700 personas.

El hecho es sólo un ejemplo del golpe a la economía y al sector productivo de Chile que implicó el cataclismo. Las tres regiones más afectadas por el terremoto, la VI, VII y VIII, acumulan 25% de la población del país y el 18% del Producto Interno Bruto (PIB). Los daños tendrán efectos inmediatos en la economía, entre los que están la caída en la actividad y un alza de precios. No obstante, los esfuerzos de reconstrucción y la capacidad de Chile para financiarlos sin complicar sus equilibrios macro podrían neutralizar en el mediano plazo los efectos del terremoto e, incluso, incentivar una nueva ola de crecimiento.

En términos de la academia económica, lo que Chile ha sufrido con el terremoto es un gran shock de oferta negativo, producido por la destrucción de una porción del stock de capital. “Una parte de las construcciones está inutilizada, al igual que parte de la red vial; los aeropuertos han sufrido daños y eso es una destrucción del stock de capital”, dice el economista chileno Guillermo Le Fort, socio de Le Fort Economía y Finanzas, y ex director ejecutivo del FMI en representación de varios países del Cono Sur. “Eso se traduce en una tasa de depreciación muy alta, probablemente del doble de lo habitual”.

Para Andrés Velasco, el saliente ministro de Hacienda, aún no es el momento de hacer balances, sino de ayudar a las víctimas. “Las proyecciones las haremos responsablemente, como siempre, cuando tengamos toda la información disponible”, dijo al cierre de esta edición. No obstante, varios empezaron a sacar cuentas.

Eqecat, un centro de investigación de catástrofes localizado en Estados Unidos, que realiza estudios para la industria aseguradora en base a modelos de simulación, estima preliminarmente entre US$15.000 millones y US$30.000 millones los costos del terremoto en los activos.

“Esta es una cifra de locos”, dice Matías Braun, socio del banco de inversiones IM Trust. “Las tres regiones más afectadas acumulan cerca del 20% del capital físico del país, unos US$60.000 millones… Estimar pérdidas de US$30.000 millones significaría que el 50% se destruyó, lo cual no fue así”.

Braun estima hasta en un máximo de US$8.000 millones los daños. De esa cifra, unos US$2.500 millones vendrían de la destrucción del 20% de los hogares de las zonas afectadas; US$1.500 millones en edificaciones comerciales e industriales; US$2.000 millones en infraestructura vial y portuaria; US$500 millones en maquinaria y equipos, y unos US$500 millones en inventarios perdidos.

Efectos macro. Con menos activos en pie, la capacidad productiva de la economía cae. El sector más afectado es el forestal, que exportó US$4.100 millones en 2009. Casi la mitad de ese monto lo representa la celulosa, y del cual Celco es responsable de US$1.250 millones. La forestal CMPC Celulosa, del grupo Matte, también paralizó plantas. “Esto afectó toda la cadena de abastecimiento”, dijo Sergio Colvin, gerente general de la empresa en una carta enviada a sus clientes.

Las acereras cuentan una historia similar. Huachipato, la siderúrgica del grupo CAP ubicada en Talcahuano, a pasos del mar, fue seriamente dañada. La compañía informó que demorará al menos tres meses en volver a funcionar normalmente. Las plantas de la procesadora de chatarra Gerdau Aza, en la Región Metropolitana, también detuvieron su operación.

Hay otros casos: 50% de la capacidad instalada de los pesqueros de la zona centro y sur del país quedó inutilizable con el terremoto, y las posteriores marejadas de la Región del Biobío, según la Sociedad Nacional de Pesca (Sonapesca).

“El impacto de la oferta va a ser inmediato”, dice Le Fort. “Vamos a tener malos Imacec en los meses que siguen y en 2010 un crecimiento del PIB menor al esperado”. El análisis coincide con el de variados analistas. “En términos de actividad, el terremoto creará una seria interrupción durante unas pocas semanas, lo cual impactará negativamente al PIB real durante el primer trimestre y el segundo”, dice Alberto Ramos, economista jefe de Goldman Sachs.

No obstante, eventos como este tienen un efecto neutro en el mediano y largo plazo. Así lo comprueba Le Fort en un estudio realizado junto a los economistas Helmut Franjen y Eric Parrado, en el que analizan los ciclos económicos y la resistencia a los shocks en Chile durante 50 años, hasta 2003. “La conclusión es que el efecto sobre el PIB de las tragedias de los terremotos o grandes inundaciones con lluvias o sequías, termina por anularse”, dice Le Fort. “Pasamos por un período agudo, pero luego la recuperación permite ponernos en el mismo punto al que habríamos llegado sin el desastre natural”.

Desde el Banco Central lo complementan. “Es difícil anticipar el impacto del terremoto en la economía, pues un evento como éste tiene impacto para los dos lados”, dice su presidente, José De Gregorio. Esto se podría ver facilitado por la buena posición y credibilidad fiscal de Chile, así como por la capacidad del sector privado. Ambos factores permiten augurar que habrá financiamiento para iniciar un generoso plan de reconstrucción, el que incluiría un gran plan de reedificación de viviendas. Según el ministerio de Vivienda, cerca de 1,5 millón de viviendas fueron dañadas, de las cuales 500.000 tendrían daños severos, lo que significa un esfuerzo de edificación inédito en la historia de país. “Probablemente veremos un rebote adicional de la actividad, anclado en los esfuerzos de reconstrucción del capital perdido o dañado de la economía”, dice Ramos, de Goldman Sachs.

Para que ello ocurra, el nuevo presidente, Sebastián Piñera, y su ministro de Hacienda, Felipe Larraín, deberán impulsar un fuerte plan de gasto desde el gobierno, lo cual probablemente los llevará a operar con déficit fiscal durante 2010. Nadie descarta que así sea, pese a las fuertes críticas que ambos hicieron a la Concertación por haberlo hecho durante 2009 para enfrentar la crisis global. No obstante, el dinero ahorrado por el alto precio del cobre en 2002-2008, en el Fondo de Estabilización Económica y Social, sirve de respaldo para emprender la campaña sin perjuicio a los fundamentos macroeconómicos.

“Chile tiene más de US$11.000 millones en activos financieros y una particularmente baja carga de deuda de menos de 7% del PIB”, dice Gabriel Torres, vicepresidente de la calificadora de riesgo Moody’s, la cual asegura que no revisará la positiva calificación que tiene la deuda soberana chilena producto del terremoto. “Eso permitirá al país incrementar sus pasivos en caso necesario”.

Tampoco es esperable que haya un salto en las tasas de interés en el corto plazo. “Tenemos una política monetaria expansiva que va a seguir siendo expansiva por un tiempo más, lo cual permite (...) que la inversión y el gasto se hagan con el costo financiero adecuado”, dice de Gregorio.

En palabras más simples, el Central favorecerá una mantención de tasas, estirando al máximo posible el estímulo monetario para favorecer la recuperación. Sí se espera que por efectos directos del terremoto muchos precios suban, especialmente en el área afectada, lo que haría a las tasas de corto plazo aún más bajas. Sin embargo, no es esperable que se mantenga así por mucho tiempo. “Una vez que se dé la recuperación, el Banco va a verse obligado a subir la tasa significativamente”, dice Le Fort. “Va a haber un aumento de tasas más fuerte de lo normal, pero va a ser rezagado”. Matías Braun lo dice de otra forma: “la mayor necesidad de recursos para financiar proyectos de largo plazo hará subir las tasas largas”.

Sin feriado bancario. Para los bancos, el impacto del terremoto fue inmediato. Una muestra fueron sus sucursales cerradas, sitios de internet caídos y centrales telefónicas que no funcionaron por varios días. El Banco de Chile, por ejemplo, fue uno de los más liados, pues su proveedor de servicios de almacenamiento de datos, Global Crossing, tuvo serios problemas en sus centros de servidores ubicados en Huechuraba. Las autoridades, no obstante, vieron con calma cómo los mecanismos de transacciones de valores y de pago funcionaron normalmente.

“Cualquier país del mundo habría decretado feriado bancario el lunes, después del terremoto”, dice De Gregorio. “Acá no lo hicimos y el mercado financiero operó normalmente, pese a algunas fallas puntuales”. Es bueno que sea así, pues según Cristián Gardeweg, economista de Celfin Capital, los bancos y aseguradoras (por los pagos que realicen) serán los que proveerán de la liquidez necesaria para el sistema. Y están en condiciones de hacerlo. “Hay liquidez suficiente”, dice. “El sistema financiero va enfrentar una mayor demanda por crédito, por lo tanto, puede haber un alza de colocaciones más fuerte de lo que se esperaba”. Las fuentes serán principalmente recursos internos. Y si los US$4.000 millones que deberán pagar las aseguradoras tienen respaldo de reaseguros en el exterior, no debiera haber problemas.

Pero la mayor demanda de créditos que favorece a los bancos, podría verse contrarrestada por un incremento de la morosidad. “Esperamos un deterioro mayor al esperado de la cartera de créditos, por la menor capacidad de pago y garantías sin seguros contra sismos”, dice Javier Pizarro, analista sénior del Departamento de Estudios de LarrainVial. Eso afectará sus utilidades, aunque en un margen menor. Según un estudio de la corredora de bolsa de BCI, el terremoto podría impactar con una caída de 5,9% en las utilidades del sistema bancario, en un modelo que simula una morosidad equivalente al 1% de las colocaciones en las zonas afectadas.


La velocidad de la infraestructura. El terremoto ocurre en el peak de la temporada de cosecha de la zona centro-sur. Aunque gran parte de la fruta ya estaba embarcada con rumbo a sus mercados del norte, los daños provocados en la infraestructura afectarán el proceso de exportación del remanente.

“Los puertos no sufrieron daños de consideración”, dice el informe del BCI. “Lo más grave es el transporte por las carreteras de la zona hacia los puertos”. Y es que la velocidad de recuperación de muchas industrias depende de la velocidad con que vuelva a operar la infraestructura que las sostiene. No hubo área de las infra que no se viera afectada por el sismo. Desde el agua potable, hasta las telecomunicaciones, pasando por la electricidad y los puertos. No obstante, los tiempos de recuperación son distintos entre unos servicios y otros.

La energía eléctrica tiene sus problemas focalizados en la distribución eléctrica, pues las grandes generadoras, tanto hídricas como térmicas, pueden seguir operando sin problemas. Es en las redes de cables que llevan esa energía, a los distintos puntos del país, donde está la crisis.

El suministro se comenzó a normalizar poco a poco, al igual que los servicios de telecomunicaciones. La Asociación Gremial de Telefonía Móvil, Atelmo, que reúne a las compañías Entel PCS, Movistar y Claro, aseguró que el problema de la red de celulares radica en que las radioestaciones y antenas repetidoras funcionan con energía eléctrica y baterías de respaldo, las que se agotaron rápidamente.

Los procesos de reparación serán mucho más largos en la infraestructura vial y puertos. Valparaíso, por ejemplo, reinició operaciones un día después del terremoto, pero sólo en algunos de sus terminales, lo que reducirá su capacidad de embarque por un tiempo. Por su parte, los daños en autopistas y carreteras totalizarían entre US$200 millones y US$300 millones, según estimaciones del sector. Los principales problemas estarían en las concesiones Vespucio Norte Express y Ruta 5 Sur, donde no se descarta que las restauraciones duren entre seis y ocho meses.

Los supermercados, pequeños comerciantes y las industrias de distribución de alimentos fueron unas sorpresivas víctimas del terremoto ante la fiebre de saqueos que siguió al sismo. No obstante, es un hecho puntual que poco afectará a sus cuentas para 2010.

“Los supermercados están abastecidos y los pequeños comerciantes también”, dice Carlos Jorquera, presidente de la Cámara Nacional del Comercio. “Si bien hay un retraso, porque los camiones en lugar de tardarse ocho horas de Santiago a Concepción, se están demorando 18, la comida está llegando a todos lados, incluso en la zona del terremoto”.

Algunos proveedores claves del comercio también se vieron afectados. Las lácteas como Nestlé y Soprole tuvieron daños en sus plantas y centros de distribución. “Las fábricas de Nestlé de Los Ángeles y Graneros presentan problemas estructurales. La primera de ellas recepciona leche de nuestros proveedores, por lo tanto, decidimos recibirla en la VIII Región y luego transportarla a las fábricas lecheras de la compañía en Osorno y Llanquihue, para procesarla. Con esto la recolección de la leche está normalizada”, dice Fernando del Solar, presidente ejecutivo de Nestlé Chile. “Por otra parte, los centros de distribución presentan daños que están siendo evaluados en terreno. Por el momento tenemos claro que los de Santiago y Temuco tienen problemas serios, y el de Talca está inhabitable”.

El terremoto tuvo pocos efectos en compañías de bebidas como Andina. Sus filiales, Envases Centrales y Vital S.A., sufrieron daños de mediana magnitud, pero al cierre de esta edición ya se anunciaba su reapertura. En el caso de CCU, se prevé que los principales problemas estarían ubicados en su filial vitivinícola San Pedro, que tiene alrededor de 3.000 hectáreas de viñedos en Chile. Y es que acá sí hay daños fuertes.

“El de los vinos fue uno de los sectores más afectados”, dice Luis Mayol, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura en Chile. Las bodegas de vino, desde Casablanca hasta el valle de Curicó y el Maule, fueron dañadas. En Colchagua, ciudad devastada por el sismo, se veían ríos de vino fluir por la calle. En muchas bodegas, los sistemas antisísimicos que tenía instalados simplemente no funcionaron. En algunos, los tanques se cayeron empujando unos a otros, en un verdadero efecto dominó enológico. La industria estima en US$250 millones las pérdidas por el sismo. Muchos adelantan una vendimia muy triste para este 2010, la que terminará con un nivel de exportaciones inferior a los US$1.381 millones exportados en 2009, y que permitirá el paso a competidores como los vinos argentinos.

Sebastián Piñera asume la presidencia 12 días después del sismo, cuando ya habrá pasado la parte más urgente y critica del desastre, y empiecen a tomar forma los esfuerzos de reconstrucción. Su capacidad de gestión y sintonía con el sector privado serán escenciales para tener éxito. No obstante, deberá transformar al Estado en el motor fundamental de este proceso. Si logra superar las trabas ideológicas de sus aliados, será bueno para él, pues transformará en capital político los buenos resultados que debiera tener Chile en este proceso de reconstrucción, y para el golpeado país que tiene a la mano las herramientas para salir adelante.