domingo, 17 de janeiro de 2010

Chile: La derecha gana las elecciones


Agencias

Se dio a conocer el segundo cómputo oficial de los comicios, tras escrutarse el 99,2 por ciento de las mesas de votación de todo el país y que corresponde a un total de 6.903.358 votos válidamente emitidos.

Por una diferencia de 3,23 puntos, el candidato de la Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera, se impuso a su adversario de la Concertación, Eduardo Frei y se convirtió este domingo en el nuevo presidente electo.

Así lo indicó el subsecretario del Interior, Patricio Rosende, al dar a conocer el segundo cómputo oficial de los comicios, luego de escrutarse el 99,2 por ciento de las mesas de votación de todo el país, y que arrojaron que el abanderado de la derecha consiguió el 51,61% de los votos contra el 48,38% de Frei.

Haití ya no existe

Pablo Ordaz
El País

La anarquía se adueña del país ante la falta de una autoridad que ataje el caos. Una riada de mujeres y hombres deambulan por las calles y se empiezan a escuchar tiros en el centro de Puerto Príncipe. La ayuda internacional sigue siendo una anécdota.

Cualquier cifra de muertos es falsa. Para que el número de víctimas del terremoto de Haití se acercara algo a la realidad harían falta dos cosas. La primera es que alguien los hubiera contado, supiera cuánta gente estaba comprando a las cinco de la tarde del martes en el supermercado Caribe o cuántos niños de hasta cinco años durmiendo la siesta o jugando en la guardería Le Petit Prince. Pero nadie lo sabe. Tampoco nadie ha contado cuántos cadáveres han sido quemados ya en las esquinas o cuántos continúan abandonados en medio de las calles -el reportero perdió este sábado la cuenta al llegar a 20 tras la primera media hora de recorrido por el centro de Puerto Príncipe-. La segunda cuestión necesaria es que aquí, en este país antes llamado Haití, hubiese algún tipo de autoridad, municipal o estatal, que tras el seísmo se hubiese hecho cargo de la situación. Pero Haití ya no existe. Su capital sólo es ya un inmenso cementerio en ruinas por el que pasean sin saber hacia dónde millones de personas convertidas en vagabundos.

Ivania y sus dos hijas forman parte de ese ejército silencioso. Al pasar por la puerta de la morgue privada La vida eterna se tapan la nariz con sus camisetas. Seis cadáveres sin siquiera cubrir se agolpan en el garaje sin rejas de la funeraria. Uno más está tirado en plena acera. Después de cuatro días al raso, tal vez sea mejor no describir su estado ni el olor que desprenden. Dicen los vecinos con naturalidad que los cuerpos están ahí porque ya dentro no caben más. Ivania se santigua y relata: "Esta ropa que llevo puesta y estas dos hijas que me acompañan son todo lo que tengo. De mis otros cinco hijos no he vuelto a saber desde el día del terremoto". Cuando se le pregunta adónde se dirige, Ivania responde lo que todos: "No sé. A intentar buscar algo de comida. Hace días que no he probado nada".

Todo el mundo habla del número probable de muertos, del último niño rescatado milagrosamente por un bombero europeo que sale sonriente en los telediarios o de la inminente llegada de Hillary Clinton y de sus 10.000 soldados. Pero nadie habla de esa riada interminable de mujeres y hombres silenciosos que deambulan como sonámbulos por una ciudad que, mal que bien, era la suya. Sabían a dónde dirigirse cuando tenían un problema de tráfico, o de salud, o cuando querían comprar un medicamento o un pantalón para sus hijos. Ya nada de eso es posible. El terremoto se llevó hasta el último resquicio de vida cotidiana. Lo hizo en menos de un minuto, pero con una eficacia mayor que muchos meses de bombardeo. Tampoco están las autoridades. Ninguna. La última imagen del presidente René Preval es la de un hombre que balbuceaba ante las cámaras, sin corbata y con los pantalones sucios, que había tenido que abrirse paso entre cadáveres, eso dijo, y que esa noche, la primera tras el terremoto, no sabía dónde iba a dormir. Pero ya han pasado cuatro días con sus noches y nadie sabe a ciencia cierta dónde está Preval ni quién manda en Haití. Tal vez no se sabe porque ya no manda a nadie. O porque, como dice Bernard, un funcionario haitiano que acompañó al reportero en su recorrido por Puerto Príncipe, "el país ha desaparecido, Haití ya no existe".

Sólo existen cadáveres y gente que anda, y niños rotos que lloran toda la noche junto a la tapia del hotel, fundiéndose su dolor con el sueño, con las imágenes repetidas de los cadáveres sin sepultura. Lo que queda de Haití se resume en los carteles improvisados que, en francés y en inglés, van apareciendo en las calles. Dicen: "Necesitamos ayuda". Pero nadie parece leerlos, porque cuatro días después del terremoto la ayuda internacional sigue siendo una anécdota, gestos de buena voluntad descoordinados, sobrepasados, impotentes. Son dos bomberos franceses llegados de Niza que solos y sudorosos introducen una y otra vez sus cuerpos por el esqueleto de un edificio que ya ha arrojado 20 cadáveres. Son unas enfermeras belgas que hacen lo que pueden ante una avalancha de gente que implora un calmante para sus hijos. La misma avalancha que se agolpa ante la puerta de una base militar controlada por la ONU cercana al aeropuerto. Son personas enfermas y heridas que quieren acceder al hospital de campaña instalado allí. Una mujer con muletas, otra con la cabeza vendada, una tercera apoyada en otra más joven, probablemente su hija. El guarda de la puerta va a dejarles entrar, pero un soldado de la ONU llega entonces, se interpone entre la veintena de heridos y el guarda y grita:

-No deje entrar más heridos.

El del fusil obedece y cierra la puerta. Luego, como si su actitud necesitara de una explicación, el soldado de la ONU dice: "Es que ya no hay más medicamentos". Hasta este sábado al menos, la ayuda internacional sólo era buena voluntad y poco más. Su imagen más gráfica es la de un camión lleno de bomberos de Los Ángeles con sus trajes azules impolutos y sus cascos amarillos relucientes varados en medio de un caos de tráfico, de gente que quiere huir del infierno en autobuses atestados. De un infierno que empezó a perder la calma. Se escucharon tiros en el centro de la ciudad. En una calle que antes era comercial y ahora es el decorado imposible de una película de dolor y miedo.

Urgencia por frenar a las derechas



Raúl Zibechi
La Jornada

Una de las mayores dificultades para frenar la ofensiva de las derechas latinoamericanas es la fragilidad política e ideológica del progresismo. En los próximos años podemos asistir a un hecho paradójico: que la retirada del imperio en la región vaya de la mano del ascenso de nuevas derechas, en algunos casos de carácter empresarial y en otros vinculadas al progresismo gobernante.

Estos días se desarrollan debates y batallas políticas en el Cono Sur del continente que ponen de relieve ese crecimiento del derechismo. En Chile este domingo la derecha puede volver a La Moneda, pero si lo hace será porque el progresismo presentó al peor candidato posible, Eduardo Frei, quien para muchos chilenos presenta pocas diferencias con Sebastián Piñera, al punto que no pudo siquiera cosechar la mitad de las simpatías con que cuenta la presidenta Michelle Bachelet.

En Argentina la derecha se enfiló detrás del presidente del Banco Central, Martín Redrado, quien se negó a seguir las órdenes de la Casa Rosada de pagar parte de los vencimientos de la deuda externa con reservas monetarias. Una vez más el gobierno de Cristina Fernández aparece jaqueado desde dentro, como sucedió hace casi dos años cuando el vicepresidente Julio Cobos se pasó a la oposición ante el conflicto entre el gobierno y las gremiales rurales. Por bochornosas que puedan ser estas actitudes, no debe olvidarse que fue el oficialismo quien los colocó en los cargos que ocupan, aun sabiendo que el actual presidente del Banco Central es un hombre cercano al ex ministro de Economía de Carlos Menem, Domingo Cavallo.

En Brasil, Lula está dando marcha atrás en su Programa Nacional de Derechos Humanos ante la andanada de críticas de los medios, los militares, la Iglesia y la oposición. La tercera edición de este programa contempla la creación de una comisión de la verdad para desvelar los crímenes de la dictadura militar (1964-1985), revisar la Ley de Amnistía de 1979, promover la despenalización del aborto y dar carácter legal a la unión civil entre personas del mismo sexo, así como varias iniciativas de carácter social. Aunque los movimientos sociales y sindicales apoyan el programa, el presidente se mostró dispuesto a congelarlo para no perjudicar a la candidata del PT y actual ministra de la Casa Civil, Dilma Rousseff, en las elecciones presidenciales de octubre.

En los tres casos mencionados las ofensivas de las respectivas derechas, siempre apoyadas por los grandes medios, pueden prosperar solamente por las tibias y frágiles respuestas del progresismo. Sin embargo la ofensiva derechista menos conocida es la que estos días tiene lugar en Uruguay, en Punta del Este, en plena temporada turística. Una juez de Maldonado, capital del departamento donde está el balneario, decidió aplicar el polémico Código de Procedimiento Policial para expulsar del balneario a inminentes delincuentes, o sea personas con antecedentes penales o sospechosas, aunque no estuvieran cometiendo ningún delito. En pocos días fueron expulsadas 28 personas.

Como señaló el semanario Brecha, la derecha y los empresarios de Punta del Este vienen exigiendo que se establezca algo así como una zona libre de sucios, pobres y feos, que en los hechos es un castigo a los trabajadores pobres que acuden a esos sitios en busca de empleos temporales. Aunque algunos magistrados condenaron la decisión de la justicia por considerarla inconstitucional, mientras los empresarios y los policías la aplauden, lo sorprendente es la reacción de una parte de la izquierda. Eduardo Bonomi, tupamaro y futuro ministro del Interior cuando asuma la presidencia José Mujica el 1º de marzo, se mostró partidario de la mano dura y aseguró que en la propia izquierda hay un proceso de aprendizaje en temas como seguridad y delincuencia.

Un hombre como Bonomi, que estuvo años preso por haber tomado las armas en nombre de la revolución, dijo a un semanario de la derecha justo lo que ese sector quiere escuchar: llegó a justificar que se proceda contra los chicos que limpian los parabrisas en los semáforos o piden dinero en la calle. En su opinión, la finalidad de la policía es detectar a los eventuales delincuentes antes de que cometan el delito. Esta actitud preventiva implica una suerte de criminalización de la pobreza y va de la mano de la militarización de los barrios periféricos y otras zonas calientes. Ha sido, siempre, el discurso de la derecha que apela a la seguridad ciudadana como forma de control de los de abajo.

El caso uruguayo es grave porque en este país nunca se había llegado tan lejos en el combate a la delincuencia. Pero, sobre todo, porque la izquierda acaba de ganar las elecciones con holgura y no hay ningún riesgo de que la derecha desplace del poder al Frente Amplio. Las opiniones del futuro ministro del Interior revelan un viraje de largo aliento que es similar al que se está produciendo en otros progresismos del continente. Quiero decir que no estamos ante un repliegue táctico sino ante la adopción de aspectos centrales de la ideología de la derecha.

Mucho más allá de lo que suceda este domingo en Chile, y del modo como se resuelva la crisis argentina, es cada vez más evidente que el progresismo, o sea una cierta izquierda de clases medias y profesionales, ha tocado techo y ya no es capaz de producir algo que la diferencie verdaderamente de las derechas. Estamos ante una fractura social sin paliativos, provocada por el neoliberalismo pero que el modelo extractivista en curso sigue profundizando, donde las clases medias y los trabajadores con empleo formal están cada vez más alejados –cultural y socialmente– de los pobres de las periferias urbanas. En la medida que los pobres salen de sus guetos son visualizados como peligrosos y se los acusa de delincuentes o de narcos. Sólo en la Bolivia de Evo Morales el gobierno acepta que los de más abajo puedan ser sujetos políticos. En el resto del continente, aun cuando se organizan en movimientos, se los busca distraer con programas sociales o se les envía la policía.

sábado, 16 de janeiro de 2010

Haití se fractura por el sismo

Agencias

El devastador terremoto que sacudió a Haití el martes dejó a la nación no sólo con miles de muertos y damnificados, sino que quebró los cimientos mismos de su débil sistema institucional y las palabras anarquía, caos e inseguridad definen el estado del país.

El gobierno está partido institucionalmente: el presidente, René Preval, no tiene desde donde gobernar, ya que el Palacio y su domicilio particular están destruidos. Su puesto y morada están ahora en una estación de policía y se queja de que ni siquiera tiene señal en su celular.

Los miembros del Gabinete también se quedaron sin sus despachos, no pueden reunirse y tomar decisiones. “Debemos reconstruir todo. El palacio se cayó, el Parlamentó está destruido, el Palacio de Justicia se vino abajo”, declaró Preval, y agregó que la ONU estima que se necesitan más de US$500 millones para la reconstrucción de Puerto Príncipe.

Las denuncias de algunos medios locales contra el gobierno son taxativas, como la del sitio de internet Radio Metropole, que apuntó que “no se ha puesto en marcha ni siquiera una célula de gestión de la crisis”.

Inseguridad rampante

Las autoridades están especialmente preocupadas por el aumento de la inseguridad, ya que el hambre y la desesperación comenzaron a derivar en brotes de violencia.

Tres días después del sismo, pandillas comenzaron a atacar a los sobrevivientes que viven en las calles en campamentos de toldos improvisados con sábanas y palos, entre escombros y cadáveres en descomposición.

En ese contexto, el presidente Preval dio órdenes para que Estados Unidos tome el control temporal del aeropuerto para darle velocidad a la coordinación de la ayuda y de esta manera calmar los ánimos de una población en necesidad.

El enviado especial de BBC Mundo a Puerto Príncipe, Carlos Chirinos, indica que esta decisión obedece, probablemente, a la llegada de la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, a la ciudad este sábado.

Paralelamente la policía local con la ayuda de las fuerzas de paz de la ONU intentan hacer frente a la crisis de seguridad. “Estamos enviando a nuestra policía a las áreas donde los bandidos están comenzando a operar”, dijo el secretario de Estado para la Seguridad Pública, Aramick Louis.

Cifras y más cifras

El gobierno falla hasta para dar las cifras de los muertos: el presidente Preval dijo este viernes que ya no va a arriesgar un número sobre cuántos muertos han sido sepultados, cuando un día antes había dicho que eran 7.000. Mientras, un funcionario aseguró que los enterrados en fosas comunes alcanzaban los 40.000 y Naciones Unidas los 9.000.

Y con respecto al número de las víctimas fatales, las autoridades aseguran que nunca sabrán la cifra exacta. “Ya hemos recogido alrededor de 50.000 cadáveres y anticipamos que habrán entre 100.000 y 200.000 muertos en total…”, le dijo el ministro del Interior, Paul Antoine Bien-Aime, a la agencia de noticias Reuters.

Por lo pronto, algunos funcionarios dicen que “no hay nada que podamos hacer. Salimos a la calle para mostrar que nos importan, que sufrimos con ellos. “Por el momento, esto es una anarquía”, señala Adolphe Reynald, asesor del alcalde de Puerto Príncipe.

Por su parte, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, -quien prometió arribar este domingo- advirtió que la ONU está enfrentándose a una situación “caótica” a la hora de coordinar los esfuerzos desde el dañado aeropuerto de la capital para intentar agilizar la distribución de ayuda y la evacuación de personas.

Sin embargo, el corresponsal Chirinos observa que “la falta de rápida respuesta institucional es una crítica que no sólo se le hace al debilitado gobierno haitiano, sino a las principales organizaciones multilaterales que trabajan en el país, como la misión de la ONU o la Cruz Roja Internacional.

“Muchos se preguntan por qué estas organizaciones, que en la práctica sustituyen al gobierno haitiano en muchas áreas, no han asumido el control de la situación”, agrega Chirinos.

Peligro de impunidad

La situación encendió las alarmas de Amnistía Internacional (AI), que le pidió a la ONU que adopte medidas “para la protección de los derechos humanos y de las personas más vulnerables entre los sobrevivientes”.

Gerardo Ducos, investigador de AI especializado en Haití, señaló que “la situación actual de anarquía en Haití y la creciente vulnerabilidad de las mujeres y los niños crea el entorno perfecto para que se abuse de los derechos humanos y para que se cometan crímenes como la violación y el abuso sexual”.
Dada la situación institucional del país, existe, según Ducos, el riesgo de que esos delitos “no sean perseguidos ni castigados”.

AI consideró que el terremoto ha afectado a la capacidad de la Policía Nacional Haitiana y del sistema judicial para supervisar por el cumplimiento de la ley, ya que la mayoría de las infraestructuras han quedado destruidas y muchos oficiales y jueces han muerto.

Tierra de nadie y de todos

Ya la visión de las calles y plazas de la capital haitiana, convertidas por las noches en un gran dormitorio colectivo donde los vivos se acuestan al lado de los cadáveres da cuenta de un país que se ha convertido en tierra de nadie y tierra de todos, socorristas y periodistas incluidos.

El portal Haiti Press Network, al informar de cómo miles de personas toman por asalto los jardines públicos y cualquier lugar donde no haya escombros para pasar la noche, indicó que “dada la confusión actual esta situación puede durar muchos días”.

Entre tanto, la ayuda humanitaria ha comenzado a llegar. El aeropuerto de Puerto Príncipe está a duras penas operativo, sin torre de control y con escasa luz eléctrica, pero siguen aterrizando aviones con cargamentos de alimentos y medicamentos, y equipos humanos.

Reportes desde Haití relatan de cómo un Preval aturdido descansa en las promesas del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y del jefe de la ONU, Ban Ki-moon: “Ellos ofrecieron compasión y dijeron que harán todo lo que puedan para ayudar”. En medio de tanta escasez y miseria, Preval indicó que la máxima prioridad del país es “todo”.

La doble maldición de Haití


Maurice Lemoine
Le Monde diplomatique

«A la muerte le gustan los pobres», decía Le Monde diplomatique en febrero de 2005 tras el tsunami que acababa de golpear a Indonesia, las costas de Sri Lanka, el sur de la India y Tailandia. Es muy pronto para hacer balance del terremoto de 7 grados en la escala Ritcher que ha arrasado el país más pobre de América Latina, Haití, el 12 de enero. Pero se puede temer lo peor. Ahora se trata, urgentemente, de buscar y rescatar a las víctimas, llevar asistencia sanitaria a los supervivientes, habilitar refugios, proporcionar alimentos y agua y evitar las epidemias. La solidaridad internacional y la ayuda humanitaria de todos, de la ONU a Estados Unidos pasando por la Unión Europea -especialmente Francia, que no puede desentenderse de su deuda histórica con la isla- o América Latina, se moviliza según (o no) sus posibilidades.

Otra vez el seísmo golpea una región del globo poco respetada por los fenómenos naturales. En 2008, Haití ya sufrió el infierno de cuatro huracanes tropicales –Ike, Anna, Gustav y Fay-. No se pueden comparar con este terremoto, obviamente tan imprevisible como imprevisto, difícil de anticipar. Sin embargo, surge la primera pregunta: ¿Por qué durante esos huracanes, que las arrasan de la misma forma (con consecuencias económicas desastrosas), en Haití hubo que lamentar setecientas noventa y tres muertes y «sólo» cuatro en Cuba? Como un efecto de lupa, las catástrofes ponen de manifiesto el estado «real» de las sociedades.

Una vez pasado el choque inicial y la conmoción, los gobiernos, ONG, instituciones internacionales y medios de comunicación se dedicarán, todos a una, al tema de la «reconstrucción». Si es que se puede emplear el término «reconstruir» en un país que carece de todo.

Pero, ¿de qué reconstrucción hablarán? Después del huracán Micht, que en octubre y noviembre de 1998 se cobró casi diez mil vidas y cientos de miles de damnificados en América central, los movimientos sociales avanzaron la idea de vincularla a un nuevo tipo de desarrollo destinado a reducir la vulnerabilidad social. El tiempo se ha encargado de demostrar que desde entonces no se ha hecho nada en ese sentido. El único intento, emprendido mucho después por el presidente hondureño Manuel Zelaya, acabó por el golpe de Estado del 28 de junio de 2009…

A una clase política haitiana amenazada por el espectro de la autodestrucción, y que no está exenta de responsabilidad en el estado calamitoso del país, ¿quién le va a leer la cartilla? ¿Las instituciones financieras internacionales que han demorado el proceso de anulación de la deuda a pesar de los problemas a los que ya se enfrenta la población? ¿Washington, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo, etcétera? ¿Los países denominados «amigos» que cínicamente han empujado al descenso a los infiernos a la sociedad haitiana?

Desde 1984, el FMI obligó a Puerto Príncipe a liberalizar su mercado. Los escasos y últimos servicios públicos se privatizaron negando el acceso a ellos a los más necesitados. En 1970, Haití producía el 90% de los alimentos que consumía, actualmente importa el 55%. El arroz estadounidense subvencionado ha matado la producción local. En agosto y septiembre de 2008, el estallido de los precios alimentarios mundiales hizo que aumentaran su precio el 50%, lo que dio origen a los «motines del hambre».

Un cataclismo natural se puede imputar a la fatalidad. El vergonzoso e insoportable empobrecimiento de las poblaciones urbanas y rurales de Haití, no.

sexta-feira, 15 de janeiro de 2010

Nuestro papel en la tragedia haitiana

Peter Hallward
The Guardian

Cualquier gran ciudad del mundo habría sufrido daños considerables por un terremoto como el que asoló la capital haitiana en la tarde del martes, pero no es ningún accidente que buena parte de la ciudad de Puerto Príncipe parezca ahora una zona de guerra. Gran parte de la devastación causada por la más reciente y desastrosa calamidad que ha golpeado a Haití se comprende mejor como el resultado de una larga e infame secuencia de acontecimientos históricos causados por el hombre.

El país ya ha tenido que enfrentar más catástrofes de las que en justicia le corresponden. Cientos de personas perecieron en Puerto Príncipe por un terremoto en junio de 1770, y el gigantesco terremoto del 7 de mayo de 1842 pudo matar a 10.000 personas solamente en la ciudad norteña de Cabo Haitiano. Los huracanes golpean a la isla con regularidad, los más recientes en 2004 y 2008; las tormentas del año 2008 inundaron la ciudad de Gonaives y destruyeron la mayor parte de su frágil infraestructura, matando a más de mil personas y destruyendo varios miles de viviendas. La extensión del actual desastre puede que no se conozca hasta dentro de varias semanas. Incluso reparaciones mínimas pueden tardar años en completarse, y el impacto a largo plazo es incalculable.

Sin embargo, lo que ya está bastante claro es que ese impacto será el resultado de un proceso histórico aún más largo de debilitamiento y empobrecimiento deliberado. Haití se suele describir rutinariamente como “el país más pobre del hemisferio occidental”. Esa pobreza es el legado directo del que tal vez haya sido el sistema de explotación colonial más brutal de la historia, agravado por decenios de sistemática opresión poscolonial.

La noble “comunidad internacional” que en estos momentos se prepara con gran estruendo para enviar su “ayuda humanitaria” a Haití es en gran parte responsable de la extensión del sufrimiento que ahora quiere aliviar. Desde la invasión y ocupación norteamericana de 1925, cada tentativa política seria de permitir que el pueblo haitiano pudiera pasar (en la frase del anterior presidente Aristide) “de la miseria absoluta a la pobreza digna”, ha sido bloqueado deliberada y violentamente por el gobierno de EEUU y algunos de sus aliados.

El propio gobierno de Aristide (elegido aproximadamente por el 75% del electorado) fue la última víctima de esa injerencia al ser derrocado en 2004 por un golpe patrocinado internacionalmente en el año 2004, que mató a varios miles de personas y dejó gran parte del país hundida en resentimiento. Las ONU ha mantenido en el país desde entonces una enorme y muy onerosa fuerza militar de pacificación.

Haití es hoy un país donde, según el mejor estudio disponible, cerca de 75% de la población “vive con menos de 2 dólares al día, y el 56% -cuatro millones y medio de personas– vive con menos de 1 dólar diario”. Decenios de “ajuste” neoliberal e intervención neoimperial han despojado al país de cualquier porción significativa de capacidad para invertir en su pueblo o regular su economía. Condiciones punitivas de comercio y financiación internacional garantizan la permanencia, en un futuro previsible, de esa indigencia e impotencia como hechos estructurales de la vida haitiana.

Es exactamente esa pobreza e impotencia lo que explica la extensión del actual horror en Puerto Príncipe. Desde los últimos años de la década de los 70, un implacable asalto neoliberal a la economía agraria de Haití ha obligado a decenas de miles de pequeños agricultores a trasladarse a viviendas informales y deficientes, a menudo encaramadas en las faldas de barrancos deforestados. La selección de la gente que vive en tales lugares no es en si misma más “natural” o accidental que la extensión de las heridas que ha sufrido.

Como indica Brian Concannon, director del Instituto por la Justicia y Democracia en Haití, “esa gente llegó a esos lugares porque ellos o sus padres fueron expulsados intencionadamente de las áreas rurales por políticas de ayuda y de comercio diseñadas específicamente con la intención de crear en las ciudades una fuerza de trabajo cautiva, y por lo tanto fácil de explotar; por definición se trata de gente que no cuenta con los medios para construir casas resistentes a los terremotos”. Entretanto, la infraestructura básica de la ciudad –agua corriente, electricidad, carreteras, etc– permanece deplorablemente inadecuada, a menudo inexistente. La capacidad del gobierno para movilizar cualquier tipo de ayuda contra catástrofes es prácticamente nula.

La comunidad internacional ha gobernado efectivamente Haití desde el golpe de 2004. Los mismos países que ahora alardean con el envío de ayuda de emergencia a Haití han votado sin embargo consistentemente, durante los últimos 5 años, contra cualquier extensión del mandato de la misión de la ONU más allá de sus objetivos estrictamente militares. Propuestas para desviar parte de de estas “inversiones” hacia programas para la reducción de la pobreza o el desarrollo agrario se han bloquedado, en consonancia con las pautas de largo plazo que siguen caracterizando la “ayuda” internacional.

Las mismas tormentas que mataron a tanta gente en 2008 golpearon a Cuba con la misma fuerza, pero aquí dejaron solamente 4 muertos. Cuba ha eludido los peores efectos de las “reforma” neoliberales y su gobierno conserva la capacidad de defender a su pueblo contra los desastres naturales. Si queremos seriamente ayudar a Haití a salir de su última crisis, deberíamos tomar en consideración esos resultados. Juntamente con el envío de ayuda de emergencia, deberíamos preguntarnos qué podemos hacer para favorecer el fortalecimiento de la autodeterminación del pueblo de Haití y sus instituciones públicas. Si queremos en serio ayudar, tenemos que dejar de intentar controlar el gobierno haitiano, pacificar a sus ciudadanos, y explotar su economía. Y luego tendremos que empezar a pagar al menos una parte del destrozo que ya hemos causado.

Crecimiento y cohesión social: los términos del debate

Fernando Luengo
Sin Permiso

El debate sobre la relación que vincula el crecimiento y la cohesión social no es nuevo, pero posiblemente nunca antes como ahora, con la crisis económica internacional, ha alcanzado tanta centralidad.

Un punto de partida obligado para entrar en ese debate es ser consciente de que los mercados no están "vacios", ni están gobernados por leyes o principios invariables. En la economía realmente existente, gobernada por las imperfecciones y los fallos de los mercados, la competencia imperfecta y la información asimétrica, operan actores, tanto privados como públicos, tanto nacionales como transnacionales. Los protagonistas de estos mercados son las grandes corporaciones –productivas, comerciales, financieras-, las coaliciones de firmas y las redes empresariales y los Estados nacionales de las economías ricas.

En torno a estos actores se tejen tramas de intereses y relaciones de poder que constituyen "las manos visibles" de los mercados. Esos intereses y relaciones a veces se expresan abiertamente en el espacio político, y otras veces se configuran de manera opaca, en espacios difusos, muy lejos de los controles democráticos establecidos por los gobiernos o por las sociedades civiles (ello no debe interpretarse necesariamente como que se sitúan en terrenos ilegales).

Así pues, muy lejos de aquellos analistas que imaginan un "campo de juego nivelado", abundan las posiciones jerárquicas y de subordinación que condicionan, en gran medida, los beneficios y los costes de las políticas económicas aplicadas. Desde esta perspectiva, los mercados no se configuran tanto como resultado de la interacción –múltiple y dinámica- de las fuerzas de la oferta y la demanda, sino sobre todo fruto de la interacción de grupos sociales que ocupan posiciones asimétricas.

Desde esta perspectiva, los aspectos concernientes con la distribución del ingreso y la riqueza pasan a ocupar una posición central en un análisis que pretenda dar cuenta de la naturaleza de los procesos económicos. En ningún caso cabe presuponer en ese análisis la presunción de un juego de suma positiva, donde los beneficios superen necesariamente los costes o donde lo recibido por los perdedores les compense de su frágil posición y les mantenga en condiciones de participar activamente en los segmentos dinámicos del tejido productivo.

No se trata sólo ni siquiera fundamentalmente de la existencia de gap temporales, perspectiva habitual de instituciones como el Fondo Monetario Internacional, desfase que se podría reducir, nunca eliminar, si se aplicara el paquete de políticas económicas que podríamos asimilar al conocido (con cierta imprecisión) como consenso de Washington. Se trata, más bien, de la existencia de desequilibrios en las capacidades de negociación y de presión de los diferentes grupos sociales en beneficio de las rentas del capital y de algunos grupos de trabajadores laboral y productivamente bien posicionados; desequilibrios que, antes de la eclosión de la crisis financiera internacional, ya eran claramente visibles en el mundo capitalista desarrollado, también en la Unión Europea, y que parecen ampliarse con el transcurrir del tiempo.

¿Qué papel desempeñan las instituciones o, en términos más generales, el Estado en esta deriva? Buena parte del debate ha permanecido instalado en la existencia de un supuesto antagonismo "Mercado versus Estado". En realidad, se trata de un falso y confuso dilema que apenas ayuda a comprender el capitalismo realmente existente. Los mercados reclaman, de manera insistente, la intervención de las instituciones; la agenda neoliberal exige "Más no menos Estado" (al menos en términos cualitativos). Al mismo tiempo, argumentando una supuesta ineficiencia de los poderes públicos como proveedores de servicios, se desarrollan estrategias y se organizan grupos de presión para convertir en negocio parcelas donde hasta ahora prevalecían criterios sociales (como la salud y la educación). Podría decirse que la globalización, más que expulsar al Estado de la economía, está provocando que los entornos institucionales y las políticas públicas cambien de signo (posiblemente, este efecto sea más importante que el adelgazamiento de los Estados nacionales) y que se contraigan las parcelas sociales ofrecidas por las administraciones públicas.

El corazón del debate no reside tanto en la reducción del peso de los Estados nacionales (aunque en mucho casos también suceda esto) cuanto en las tramas, en la colisión de intereses que orientan sus políticas. Emergerían así nuevos consensos sociales, propiciados por los ganadores de la liberalización y la globalización de los mercados, donde el Estado jugarían un papel subalterno de estos intereses.

Dado el abanico de costes y beneficios, de perdedores y ganadores que sugiere este escenario, cualquier opción de política económica está obligada a proceder a una cuidadosa evaluación de los aspectos distributivos. Dicho cálculo no puede quedar en manos del mercado, dado que, inercialmente o como consecuencia de la actuación de las "manos visibles" que lo dan forma, producirá un reparto desigual de la renta y la riqueza.

Una puntualización final, a modo de conclusión, que va más allá del debate entre crecimiento y cohesión social y que debería ayudar a encuadrar una reflexión -económica, que no economicista- al que estamos emplazados como ciudadanos: Los espacios sociales tienen vida propia, encuentran su justificación y legitimidad más allá de la economía, pues alrededor de la lógica social se generan derechos y capacidades cuyo despliegue hace que la vida de las personas sea digna y creativa.

quinta-feira, 14 de janeiro de 2010

Chile: Empate técnico mantiene incertidumbre de resultado

Martín Romero
La Nación

Empate técnico a cuatro días de la segunda vuelta entre Eduardo Frei y Sebastián Piñera, es la principal conclusión que dejó la encuesta MORI, único estudio realizado a nivel nacional y en terreno antes del balotaje.

Es así que el margen de error en el sondeo entre los dos candidatos es del tres por ciento, algo que mantiene la incertidumbre respecto del resultado del próximo domingo. Frei presentó un alza considerable en relación a su votación del 13 de diciembre, llegando a marcar en la MORI un 49,1%, mientras que Piñera se mantuvo adelante con un 50,9%.

El estrecho escenario de un 1,8% de distancia entre ambos candidatos -unos 124 mil votos a nivel nacional y 3,7 votos por mesa de votación según los cálculos de la encuestadora- puso al candidato de la Concertación en posición de poder ganar al haber “alcanzado” al abanderado de la derecha.

En opinión de la directora de MORI, Marta Lagos, las cifras demuestran que la campaña de segunda vuelta de Eduardo Frei significó una clara progresión con respecto a la hecha antes del 13 de diciembre. “Estos resultados indican que Frei ha acortado la distancia con Piñera, y que los acontecimientos después del término de la encuesta pueden acortar aún más esa distancia”, explicó. Sin embargo el candidato-empresario, añadió Lagos, “tiene una ventaja que tiene más probabilidades de mantenerse que de anularse”.

La directora de MORI precisó que la encuesta se terminó de realizar a ocho días de la elección, dejando así importantes acontecimientos políticos fuera de la muestra, por lo que “no refleja los cambios que se puedan producir en la última semana de campaña electoral”.

Un aspecto interesante dentro del estudio, al parecer de Lagos, es la importancia política que tiene la dictadura de Augusto Pinochet a la hora de elegir una preferencia. El 70% de los que votaron No en 1988 votarán por Frei, mientras que el 86% de los que eligieron Sí lo harán por Piñera. Este será prácticamente el único sondeo de empresas encuestadoras reconocidas antes del balotaje del domingo próximo.

“Impacto” de votos de Marco Enríquez-Ominami

Una situación particular se vivirá el 17 de enero -según esta predicción electoral- al duplicarse la cifra de los votos nulos y blancos con respecto a la primera vuelta y a la tendencia observada desde 1990. Lagos espera que estos números alcancen el 7%, “constituyendo una fuente de cambio en la última semana de campaña”.

Según este análisis la mayoría de estos votos nulos y blancos son personas que en primera vuelta votaron por Marco Enríquez-Ominami, por lo que el anuncio del ex candidato independiente de apoyar a Frei “podría tener un impacto”.

quinta-feira, 17 de dezembro de 2009

Valenzuela: "Los empresarios dicen que estaban mejor con Menem"



Mercedes López
Página 12

Obama dijo en la Cumbre en Trinidad y Tobago que comenzaba una nueva era en la relación entre Estados Unidos y América latina. Entre esa frase dicha en abril y el fin de año su administración dio señales ambiguas: condenó el golpe en Honduras, pero apoyó las elecciones y cerró un acuerdo con Colombia para instalar a sus militares en siete bases en el país sudamericano. Ayer la señal fue dirigida a la Argentina. El flamante secretario de Estado adjunto para América latina, Arturo Valenzuela, afirmó ante medios argentinos convocados en la embajada de EE.UU. en Buenos Aires que los empresarios norteamericanos le expresaron su “preocupación”. “Escuché que existe preocupación por temas de seguridad jurídica y de manejo económico en Argentina y que, a menos que haya cambios, no podrían realizarse las inversiones que se planean”. Por las dudas, aclaró que “vine a escuchar, no vine a dictar cátedra. Escuché distintos puntos de vista, de distintos sectores”.

Estas declaraciones referidas a temas internos del país motivaron la reacción del Gobierno. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, afirmó que la Argentina vive una etapa de plena garantía institucional y jurídica. “Ha dejado atrás la etapa en la que un funcionario de otro país venía a decirle cuáles eran las garantías que pretendían en beneficio de sus propios intereses. Si hay algo diferente a la década del 90 en Argentina es que el Gobierno hoy defiende los intereses de su pueblo y en aquel entonces defendía los de las empresas que se llevaban millones de dólares al exterior”. A estas críticas se sumó un comunicado del ministro de Justicia Julio Alak, que calificó de “insólitas e injustificadas” las declaraciones de Valenzuela. “La seguridad jurídica es un bien fundamental en el país, que ha sido protegido y rescatado incluso en las condiciones más adversas, derivadas de la crisis de 2001 y 2002”, aseguró. También la Cancillería dijo lo suyo: “El gobierno de Cristina Fernández no recibió quejas de empresas estadounidenses con intereses e inversiones en Argentina”, puntualizó.

Durante la conferencia de prensa, el ex asesor en temas regionales de Bill Clinton había agregado que él, como ex funcionario del Departamento de Estado, había recibido una versión mucho más optimista de los empresarios en el ’96, durante el gobierno de Carlos Menem, como un dejo nostálgico de la época de las relaciones carnales.

Valenzuela estuvo en Buenos Aires por dos días como parte de una gira por los países del Mercosur. Durante la conferencia, el representante para América latina dijo cómo ve la relación bilateral, pero sin explayarse. “Los temas que le podrían preocupar a Estados Unidos sobre Argentina son muchos, pero lo que quiero subrayar es que se busca un diálogo para tener un mejor entendimiento.”

Este académico de la Universidad de Georgetown asumió el cargo el 10 de noviembre, pero su nombramiento estuvo congelado desde julio en torno de la posición de Estados Unidos en el conflicto en Honduras. Al parecer, fue confirmado en el Congreso luego de que la administración demócrata diera garantías a la bancada republicana de que iba a reconocer los comicios en el país centroamericano, realizados el pasado 29 de noviembre.

Página12 le preguntó a Valenzuela por qué Estados Unidos no presionó lo suficiente para que el presidente legítimo de Honduras, Manuel Zelaya, fuera restituido. El experto en temas relacionados con el origen y la consolidación de la democracia contestó con amabilidad. “No hay ningún país que haya hecho un esfuerzo más grande por la restitución de Zelaya. La elección de Honduras venía de antes. La apreciación de Estados Unidos era que esta salida electoral era parte del retorno a la democracia en Honduras. Pero era solamente una parte. Fuimos siempre consistentes: primero condenamos el golpe, luego acompañamos la voluntad unánime de la OEA de suspender a Honduras como miembro del sistema interamericano. Y después apoyamos la firma de la declaración de San José el 30 de octubre (para que se formara un gobierno de unidad nacional y que el Congreso votara la restitución o no de Zelaya).

Pero el Congreso hondureño recién votó la “no” restitución tras los comicios.

Avalamos la firma del acuerdo de San José y después aceptamos los comicios. A mí me detuvieron la nominación porque un senador no quería que fuera confirmado, quería que apoyáramos las elecciones sin condiciones (el senador era el republicano Jim DeMint). Eramos conscientes de que había violaciones a los derechos humanos, interferencia a la prensa y que algunos candidatos se retiraron, es decir que el contexto era de autoritarismo. Seguimos reconociendo a Zelaya como el presidente legítimo de Honduras hasta que no haya un traspaso de mando y la vuelta de Honduras a la OEA para ver que se cumplan hacia adelante los elementos que están en el acuerdo de San José.

Antes de llegar a Buenos Aires Valenzuela, quien se desempeñó como subsecretario adjunto en Asuntos Latinoamericanos durante la Administración Clinton, estuvo en Brasil, en una cita con el asesor de Lula en temas internacionales, Marco Aurelio Garcia. Allí quedaron evidenciadas las diferencias de Washington y Brasilia en torno de la situación en Honduras y la instalación de las siete bases norteamericanas en Colombia.

¿No cree que el acuerdo militar con Colombia va en sentido contrario a un acercamiento con la región?

Es un acuerdo bilateral de cooperación en seguridad. Tiene que ver con la cooperación que hemos establecido en la lucha contra el narcotráfico; no tiene un alcance extraterritorial.

Se le preguntó si habían quedado superadas las críticas que hiciera Obama a su par colombiano Uribe por la situación de los derechos humanos en Colombia. Valenzuela lo negó. “Nos preocupa el tema de los derechos humanos. Lo de los falsos positivos es algo muy serio. El Congreso norteamericano ha sido reticente en aprobar un tratado de libre comercio con Colombia por las preocupaciones que ha habido sobre la situación de los sindicalistas en ese país... Pero buscamos relaciones maduras, entre socios que se tienen confianza.”

En esta nueva era Valenzuela se muestra esperanzado. “Soy de los que ve para las Américas un momento promisorio.”

quinta-feira, 10 de dezembro de 2009

Arrate y la construcción de un Frente Amplio de Izquierda



Esteban Silva
Reportajes

Tan pronto se cuente el último voto este 13 de diciembre, sea que Jorge Arrate pase a segunda vuelta o no, miles de chilenos iniciaremos la constitución de un Frente Amplio de Izquierda, que se reconoce en las tradiciones de las luchas del pueblo chileno y que asume el desafío de transformar el Chile del siglo XXI.

A pesar del pensamiento conservador hegemónico y de la invisibilidad mediática, Arrate logró perforar la apatía y consiguió respeto por las ideas en que el interés colectivo debiera imponerse sobre el interés privado. Arrate retomó el legado de Salvador Allende. Instaló la necesidad de enfrentar las causas que generan la desigualdad. Terminar con la exclusión, renacionalizar nuestro cobre y una Asamblea constituyente para una nueva constitución, rechazando el poder del dinero en la política.

Arrate fue capaz de derrotar a aquellos que desean y trabajan para que nuestras ideas no se reproduzcan y adquieran adhesión ciudadana. Con propuestas concretas y en base del respeto de quienes viven de su trabajo y salario, para los jóvenes y las minorías, Arrate demostró que se puede forjar una política capaz de enfrentar y de poner término a la voracidad de quienes los consumen y expolian. Miles de ciudadanos están concientes hoy que votar por Arrate es un voto de futuro y de incidencia política real.

Nada bueno espera a nuestro país si la derecha triunfa, si la concertación en crisis no cambia. Si la desigualdad se profundiza y la crisis de representación no termina con el binominal. Con Arrate el Juntos Podemos/Frente Amplio finaliza esta campaña con el suficiente arsenal de ideas y credibilidad como para que esta elección se transforme en un hito, en un punto de partida, en el impulso de un nuevo camino para construir una nueva hegemonía cultural, social y política en la sociedad.

quarta-feira, 9 de dezembro de 2009

Mercosur rechaza elección en Honduras

Agencias

El bloque sudamericano Mercosur, junto a Venezuela, expresó el martes su rechazo al proceso electoral de Honduras, que calificó de "ilegal", y propuso relanzar las paralizadas negociaciones para buscar un difícil acuerdo comercial con la Unión Europea (UE).

En el debate del que participaron los presidentes del bloque -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay-, y de Venezuela, que aspira a sumarse al grupo, los mandatarios mostraron divergencias con el vicepresidente de Colombia y la canciller de México, presentes en la cumbre semestral del Mercosur, sobre cómo ayudar a Honduras a superar su crisis institucional.

En el terreno comercial, la unión aduanera mantiene conversaciones con la UE desde hace más de una década para un acuerdo, pero las tratativas han naufragado por diferencias respecto al intercambio agrícola e industrial. "Lo hemos comprometido todos los presidentes del Mercosur de avanzar decididamente en ese proyecto de intercambio, de relacionamiento con la UE, que está lamentablemente estancado, pero que felizmente podemos relanzar y lo haremos muy rápidamente", dijo el jefe de Estado de Uruguay, Tabaré Vázquez, a cargo de la presidencia rotativa del bloque. "Estamos abocados a lograr el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur", dijo por su parte la presidenta de Argentina, Cristina Fernández.

La próxima reunión entre el bloque Mercosur y la Unión Europea se realizará en mayo en Madrid. En el debate entre los presidentes, los jefes de Estado de Paraguay y Venezuela, Fernando Lugo y Hugo Chávez respectivamente, advirtieron sobre el peligro que representaría para la región la crisis institucional de Honduras. "Se ha sentado un mal precedente político peligrosísimo, resulta que ahora nos quieren presentar un golpe de Estado como vía apta para organizar un acto electoral", dijo el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, durante el plenario de la cumbre en la capital uruguaya.

El país centroamericano eligió el mes pasado al conservador Porfirio Lobo como jefe de Estado tras el derrocamiento en junio del presidente Manuel Zelaya. La mayoría de los países sudamericanos rechazan esos comicios, que consagraron a Lobo, por haber sido organizados por el Gobierno de facto instalado tras el derrocamiento de Zelaya.

Al concluir la cumbre, los presidentes de Mercosur y el mandatario venezolano, Hugo Chávez, presentaron un comunicado conjunto expresando su "total y pleno desconocimiento del proceso electoral desarrollado en un ambiente de inconstitucionalidad, ilegitimidad e ilegalidad". El vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, dijo que no se podía dejar aislado al pueblo hondureño, pero Chávez reiteró que no reconocerá al nuevo Gobierno del país centroamericano.

"Pido que nosotros apretemos ahí. No podemos reconocer ese Gobierno (...) pero no sólo no reconocerlo, ahí hay un pueblo en resistencia, estoy seguro de que ese pueblo va a seguir en resistencia", dijo Chávez, quien reiteró su deseo de que Venezuela se integre pronto al Mercosur. "El Mercosur llega hasta el Caribe", dijo Chávez, luego que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, indicara que el Congreso de su país aprobaría el miércoles el ingreso de Venezuela al bloque aduanero.

El Congreso de Paraguay aún no ha ratificado el acuerdo para que Venezuela sea el quinto miembro pleno del bloque. Tampoco han avanzado las negociaciones técnicas para la integración de Venezuela a la unión aduanera, que comenzaron hace más de tres años.

América Latina entre la aspiración y el realismo


Daniela Estrada & Raúl Pierri
Tierramérica

América Latina llega a Copenhague con la intención de que el Norte rico pague su deuda climática obligándose a reducir gases contaminantes y proveyendo recursos al Sur en desarrollo. Pero, ante los riesgos de que esta estrategia fracase, nadie descarta aceptar al menos compromisos políticos.

El propósito latinoamericano es que en la capital danesa se adopte un acuerdo legalmente vinculante, pero la región no rechaza la idea de sumarse a un eventual pacto político que establezca reducciones voluntarias de gases de efecto invernadero (GEI) causantes del recalentamiento planetario.

Todo se dirimirá en la XV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-15), que desarrolla desde el 7 hasta el 18 de este mes en la capital danesa. En la "cumbre del clima" se debería adoptar un nuevo régimen de reducción de emisiones más allá de 2012, cuando venza el primer período de compromisos del Protocolo de Kyoto, único instrumento internacional contra este problema ambiental. En vigor desde 2005, el Protocolo no establece disminuciones obligatorias de GEI a los países en desarrollo.

América Latina en su conjunto es responsable de apenas cinco por ciento de las emisiones de dióxido de carbono, uno de los principales gases causantes del recalentamiento planetario, pero es una de las regiones más vulnerables al cambio climático. La región ya experimenta sequías, inundaciones, derretimiento de glaciares, aumentos de temperaturas, nuevas plagas agrícolas y enfermedades, como detalla el Primer Informe Regional sobre Cambio Climático, publicado en noviembre por Tierramérica en base a consultas con 23 especialistas latinoamericanos.

"Todos los países de América Latina y el Caribe, incluido Chile, estamos buscando un acuerdo jurídicamente vinculante", dijo a Tierramérica el director ejecutivo de la Comisión Nacional del Medio Ambiente de Chile, Álvaro Sapag, quien integra la delegación de este país austral a Copenhague. "En el estado actual de la discusión, pensando que estos acuerdos deben construirse por consensos, probablemente no vamos a salir de Copenhague con un texto jurídicamente vinculante que puedan firmar los jefes de Estado", acotó.

El secretario (ministro) de Medio Ambiente de México, Juan Elvira, comparte esta percepción. "Iríamos por un acuerdo legal, con metas muy bien definidas, pero no descartamos como última línea de negociación un acuerdo político", planteó a Tierramérica. "No pierdo las esperanzas, pero no es un tema fácil", sostuvo Sapag, quien espera, en el último de los casos, "un acuerdo político robusto, que permita en un periodo corto afinar los detalles para tener otro jurídicamente vinculante", posiblemente en la COP-16 de diciembre de 2010 en México.

Las esperanzas mundiales de que en Copenhague se adopte un firme y ambicioso acuerdo revivieron cuando China y Estados Unidos, los dos mayores contaminantes, anunciaron recortes voluntarios de GEI para 2020, tomando como referencia los volúmenes de 2005.

Según la lectura del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, la decisión de su país de disminuir voluntariamente entre 36,1 y 38,9 por ciento de sus emisiones de GEI hacia 2020, en buena medida frenando la deforestación de la Amazonia, movilizó a las naciones que "se resistían a presentar números".

Varios países latinoamericanos adelantaron que en la COP-15 se mantendrán en las posturas del Grupo de los 77 y China (G-77), integrado por 130 naciones en desarrollo.El G-77 insiste en la primacía del principio de las "responsabilidades comunes, pero diferenciadas", consagrado en la Convención y en el Protocolo, y que implica dejar el mayor peso de la mitigación a las naciones ricas, principales emisoras de gases contaminantes en la era industrial.

Además, este grupo negociador exige al Norte que contribuya con financiamiento y tecnología para que las naciones pobres puedan hacer frente a los dañinos efectos del cambio climático y buscar formas de desarrollo que emitan menos gases invernadero. Pero la postura de América Latina no es monolítica."Yo diría que hay una opinión única en ciertos temas, como las 'responsabilidades comunes, pero diferenciadas' y en la necesidad de muchos recursos para mitigación y adaptación en los países en desarrollo y la responsabilidad histórica" de las naciones industriales, resumió Sapag.

Los gobiernos de la región están alerta ante el riesgo de que, por cuenta del cambio climático, se erijan barreras a la exportación de sus productos. "Hay países de América Latina que no aceptan instrumentos de mercado como una herramienta que contribuya a la reducción de gases de efecto invernadero, mientras que otros los aceptan. Algunos quieren que todas las acciones sean reportables, medibles y verificables, y otros que sólo sean voluntarias para los países en desarrollo", describió.

México, que arroja a la atmósfera 715 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono, pretende bajar voluntariamente 50 millones de toneladas para 2012, aunque aclaró que asumiría una disminución obligatoria a largo plazo sólo si recibe fondos y tecnología.

En la Cumbre Iberoamericana que concluyó el 1 de este mes en Estoril, Portugal, el presidente mexicano Felipe Calderón sostuvo que los países ricos tienen la principal responsabilidad, pero añadió que la tarea no puede recaer exclusivamente en ellos, porque tarde o temprano "todos pagaremos la inacción". Calderón reiteró en Portugal su propuesta de crear un nuevo Fondo Mundial contra el Cambio Climático ("Fondo verde"), de unos 140.000 millones de dólares, al que cada país contribuiría de acuerdo con su economía y su responsabilidad ambiental.Aunque ya existe un Fondo de Adaptación del Protocolo de Kyoto, México considera que su propuesta garantizaría mayor dinamismo a los esfuerzos de adaptación y mitigación.

Argentina propone dos juntas ejecutivas que tengan asociados fondos públicos de países industrializados en el ámbito de la Convención sobre el Cambio Climático --no del Protocolo-- que se integren con un porcentaje del producto interno bruto, que puede oscilar entre 0,5 y uno por ciento. Buenos Aires también ha insistido en la necesidad de "una transición justa" en el desarrollo sustentable para que la reducción de emisiones no implique impacto en el empleo.

Mientras, Venezuela parece mostrar una postura definida: el Norte industrializado tiene la responsabilidad histórica y debe actuar primero."Nos manejamos sobre la base de responsabilidades comunes, pero diferenciadas. Si soy un gran emisor de gases de efecto invernadero, mi responsabilidad es diferente a quien no aporta o comienza a aportar", afirmó el viceministro de Ordenación y Administración Ambiental del Ministerio de Ambiente de Venezuela, Sergio Rodríguez. "Estados Unidos es el país que ha almacenado mayor cantidad de dióxido de carbono históricamente en la atmósfera. No es posible que haya auxiliado a los bancos y a las grandes automotrices, pero no pueda disponer de recursos para atender el cambio climático", señaló en una reunión sobre el tema con otros funcionarios.

Según Rodríguez, el gobierno de Hugo Chávez se plegará en Copenhague a la posición del G-77, al igual que Argentina. "No tenemos un peso propio como país emisor y tampoco pisamos fuerte en esta negociación", dijo a Tierramérica el director de Cambio Climático de la secretaría de Ambiente de Argentina, Nazareno Castillo.Otros países, como Uruguay y Chile, no han anunciado metas concretas de reducciones de emisiones GEI, pero sí han validado las Acciones de Mitigación Nacionales Apropiadas (NAMAs, según sus siglas en inglés), entre las que se incluyen programas de eficiencia energética y la introducción de energías renovables no convencionales.

Para el ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente de Uruguay, Carlos Colacce, este pequeño país sudamericano de 3,3 millones de habitantes ha adoptado una "posición novedosa" ante la cumbre de Copenhague, porque si bien apoya la postura del G-77, está tomando medidas propias para reducir sus emisiones de GEI, "aún sin recibir fondos de los países desarrollados para realizar esta tarea".

terça-feira, 8 de dezembro de 2009

Co2penhague

Marcos Peres
Folha

O risco real de aquecimento global e o esgotamento das reservas de petróleo podem colocar em risco a existência das democracias tal como as entendemos hoje, defende o professor do Instituto de Ciências Políticas de Paris -Sciences Po- e da Universidade de Lausanne (Suíça) Dominique Bourg. Para ele, a democracia ocidental foi construída sobre a perspectiva enganosa de que os recursos naturais não se esgotariam. Isso é cada vez menos verdade, à medida que a produção de petróleo chega perto do seu ápice, e as energias alternativas são pouco mais do que uma promessa. Bourg defende uma estratégia efetiva e de alcance imediato, como a mudança de estilos de vida -basicamente, menos consumo. Caso contrário, alerta, não haverá mais espaço para deliberações -apenas para medidas autoritárias. Como lembra o pesquisador, regimes autoritários "estão mais aptos" a lidar com atitudes drásticas, ainda que necessárias. Pessimista, vê com preocupação a cúpula de Copenhague sobre o clima, que acontece na capital dinamarquesa. Bourg avalia que as reuniões preparatórias para o encontro não funcionaram, e que os graves problemas de fundo permanecem intactos.

Em entrevista ao semanário francês "Le Nouvel Observateur", o sr. disse que a crise ecológica pode levar a um novo "paradigma democrático" e que corremos o risco de viver em "ecogulags". Que relação há entre ecologia e fascismo?

Não há, em si, relação entre ecologia e fascismo, mas uma provável deriva autoritária dos atuais regimes democráticos, caso não consigam lidar com as grandes dificuldades atuais e futuras. Penso, em primeiro lugar, na mudança climática, em relação à qual já ultrapassamos o limite do perigo. E, em segundo, no pico da produção de petróleo, que estamos prestes a atingir. Nos dois casos, há contradição entre o curso atual das democracias, fundadas sobre o consumo crescente de recursos naturais (e isso vai muito além da energia) e as consequências daqueles dois fenômenos. De fato, não é possível reduzir em 40% as emissões de CO2 [dióxido de carbono] até 2020 (meta defendida pelo Painel Intergovernamental sobre Mudança Climática) só por meio do avanço tecnológico. Também será preciso modificar nossos modos de vida, tanto em termos de consumo quanto de transporte. Em outros termos, ou as democracias mudam, reintroduzindo o primado do coletivo diante de um hiperindividualismo consumista, ou elas tenderão a se apagar diante dos regimes autoritários. Pois esses governos estão mais aptos a resistir à penúria, à violência e às mudanças abruptas de todo tipo.

Qual é sua expectativa quanto à cúpula de Copenhague?

Estou muito preocupado, porque não se alinhavou nenhuma possibilidade real de acordo durante as reuniões preparatórias. De resto, os problemas de fundo são sérios: as dificuldades que têm os antigos países industrializados de reduzir a dependência de suas populações dos combustíveis fósseis; a necessidade, para os países ricos, de pagarem a conta da adaptação dos países pobres; a impossibilidade de um acordo homogêneo etc. A proposta dos EUA para 2020 é ridícula, pois lida com dados de 1990 e defende uma redução [na emissão de gases] de 3%! Já a proposta da China de reduzi-la em 45% para cada ponto percentual do PIB é muito construtiva. No entanto somente medidas rápidas e importantes de redução na emissão de gases podem garantir um mínimo de segurança à humanidade.

O sr. alerta para o efeito "rebond", que pode ser definido como o aumento de consumo devido à redução dos efeitos nocivos graças ao uso de uma nova tecnologia...

Chamo de efeito "rebond" o mecanismo que, por meio de ganho de produtividade industrial, promove uma baixa de preços de determinado produto e, por consequência, um aumento do consumo. Desse modo, um carro "econômico" permite que se rode mais pagando-se o mesmo preço. Um computador consome hoje menos energia do que há cinco anos, mas a potência necessária, os diferentes tipos de utilização e o número de usuários não param ce crescer. Logo, o consumo global de energia também cresce: segundo a Agência Internacional de Energia, ele triplicará em 2030. Mesmo não podendo consumir mais do que um tipo de produto (não irá haver mais mortes só porque o preço dos caixões baixou!), a quantidade de capital liberada pelos ganhos de produtividade permitirá financiar outros tipos de consumo. Uma tecnologia nunca tem valor em si, mas em razão do contexto e da relação que se estabelece com ela. As tecnologias nunca constituem soluções puras e simples -a não ser nos manuais de economia.

Meios alternativos de energia, como a eólica, estão longe de serem viáveis em larga escala. O que se pode fazer a esse respeito?

Você tem razão, mas isso não deve se constituir em obstáculo para seu desenvolvimento no interior de um "mix" energético. Vários países investem na criação desse tipo de tecnologia, garantindo a compra da eletricidade produzida a um preço mais alto que o do mercado. Além disso, o preço do petróleo deverá subir cada vez mais.

A Europa tem um discurso ecologicamente responsável e toma várias iniciativas nesse sentido. Porém, é responsável por boa parte das emissões de CO2 e pelo aquecimento global, que tem nos países pobres suas maiores vítimas. Como superar esse paradoxo?

A constatação é de fato justa, e isso vale especialmente para os antigos países industriais. Mas, nessa insanidade, são os EUA que foram mais longe. Um norte-americano emite em seu território 20 toneladas de CO2 por ano e 29 toneladas se considerarmos as emissões ligadas às importações. A média para um europeu é de, respectivamente, 8 e 15 toneladas. Esse é o dilema moral dos povos ocidentais, explicitado pelo filósofo Jean-Pierre Dupuy: ou preservamos, como valor supremo, a igualdade entre os homens -mas então esse valor não poderá ser respeitado, já que a universalização de nosso modo de vida não é materialmente suportável pelo planeta.Ou, então, decidimos seguir com nosso modo de vida atual -mas então deveremos renunciar à igualdade universal entre todos os homens.

Na recente visita ao Brasil do líder iraniano, Mahmoud Ahmadinejad, o presidente Lula defendeu o uso de energia nuclear para fins pacíficos...

O caso da energia nuclear é muito complexo. Do lado negativo, seu uso permanece perigoso, e a questão dos resíduos radioativos, que têm vida longa, não encontrou solução satisfatória em lugar nenhum. A isso tem que se acrescentar o risco do uso da energia nuclear para fins bélicos e terrorismo. Mas, ao mesmo tempo, permanece a única forma de produzir eletricidade pobre em carbono. É possível que uma nova geração de reatores possa funcionar com outros combustíveis e, assim, eliminar os dois maiores obstáculos, que são o risco de acidente e a questão dos resíduos. Mas para países muito envolvidos com a produção elétrica nuclear, como a França, é impossível abandoná-la sem levar às alturas a emissão de CO2.

O Brasil está em via de se tornar uma potência energética, por conta do petróleo e do biodiesel. No futuro, que papel exercerá?

O pico da produção de petróleo encorajará, sem dúvida, a produção de etanol a partir da cana-de-açúcar, mas também irá colocar novos problemas, como o desmatamento.Contudo o Brasil é conhecido na Europa por uma política ambiental interessante, e espera-se muita inventividade dos grandes países emergentes.

segunda-feira, 7 de dezembro de 2009

Evo Morales arrasa en las elecciones de Bolivia

Fernando Gualdoni
El País

El presidente Evo Morales logró ayer su reelección por un periodo de cinco años al frente del Gobierno boliviano. Los sondeos a pie de urna le dieron una enorme ventaja sobre sus rivales, el conservador Manfred Reyes -un ex gobernador de Cochabamba procesado por corrupción- y el empresario Samuel Doria Medina. Morales arrasó en las presidenciales con más del 60% del sufragio de los 5,1 millones de bolivianos habilitados para votar en su país y los 168.000 en el exterior. El Movimiento al Socialismo (MAS) también dio por conseguida la mayoría de los dos tercios en la primera Asamblea Plurinacional (130 diputados y 36 senadores), la llave que necesita el dirigente aymara para crear el nuevo Estado, para desarrollar sin trabas su Constitución de corte indigenista y reconstruir a su medida instituciones democráticas clave como el Tribunal Constitucional, la Corte Suprema y la Corte Electoral.

El presidente salió al balcón del palacio presidencial en la céntrica plaza Murillo de La Paz bien entrada la noche para proclamar su victoria. Agradeció al pueblo que le permitiera seguir cinco años más en el puesto y profundizar su "revolución democrática y cultural al servicio del pueblo". "Hoy Bolivia nuevamente demuestra una vocación democrática (...) Hemos demostrado que es posible cambiar el país en base al voto del pueblo". Morales enfatizó que la clase media no le había dado la espalda como habían augurado sus críticos. "Aquí también están los profesionales", exclamó el dirigente.

Durante la campaña Morales cortejó a la clase media ante el temor que aún infunde en este segmento de la población. "Deseo servir cinco años más porque he aprendido a gobernar en los cuatro últimos (...) Algunos compañeros de la clase media dicen: será indio, pero nos hace respetar, nos da dignidad; por eso quiero decir a la clase media: Bienvenidos a este proceso revolucionario", dijo en el acto de cierre. El respaldo de la clase media de toda Bolivia ha sido clave para obtener la victoria en la elección de los senadores de la Asamblea, cuatro por cada una de las nueve provincias.

Con una oposición desunida y con escasas ideas, Morales tiene vía libre para profundizar su reforma del Estado y caer en la tentación de buscar la reelección indefinida, una tendencia que ya se ha propagado a Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Colombia. Las propuestas del MAS para gobernar hasta 2015 merecen estar en un museo de novedades. Morales ofreció un proyecto que recuerda al capitalismo de Estado, donde el Gobierno profundizará el control de los sectores energético y minero y con los excedentes de esos negocios creará empresas públicas -los habitualmente ineficientes elefantes blancos- y financiará las ayudas sociales. Otra prioridad se supone que será la constitución de las autonomías indígenas, pero aún no hay una ley que las defina, por lo que no se conoce con certeza cómo se financiarán o cómo convivirán con las autoridades regionales, provinciales y municipales ya existentes.

El presidente arrancó su fulgurante carrera nacionalizando en mayo de 2006 el sector de los hidrocarburos y aumentando los impuestos de las petroleras en plena escalada de los precios internacionales de la energía. Con esta medida garantizó al Estado una enorme cantidad de dinero que utilizó para sentar las bases de un nuevo país plurinacional con el fin de acabar con la marginación social y económica de los indígenas, el 62% de la población. Otorgó subvenciones directas para los niños, las mujeres embarazadas y los pensionistas. También concedió tierras a los indígenas y cerró el capítulo del analfabetismo a escala nacional. Su proyecto de transformación del Estado encontró una fuerte oposición en el llamado Oriente boliviano, la región criolla rica en gas y petróleo, que estuvo a punto de fracturar el país.

La popularidad de Morales ha ido en aumento a pesar de que sus primeros cuatro años de mandato estuvieron plagados de denuncias de abuso de poder por parte de la prensa y la oposición. Los escándalos de corrupción, que el dirigente había prometido erradicar, tampoco faltaron. Los más sonados fueron los vinculados a la gestión de la petrolera estatal YPFB, la madre de la riqueza boliviana. La empresa pasó por las manos de cinco presidentes y todos dimitieron bajo la sospecha del fraude. El último directamente fue a la cárcel.

La producción de hidrocarburos ha caído drásticamente por la falta de una buena gestión y de inversiones, tanto locales como extranjeras. Esta situación, añadida al retroceso de las exportaciones de gas y crudo (casi el 50% del total) y de los precios internacionales, le restarán este año más de mil millones de dólares a las arcas públicas (el 17% del presupuesto). Los problemas en este sector son una de las principales amenazas que se cierne sobre el futuro de Bolivia tal y como está planteado el plan de desarrollo económico.

A pesar del alto crecimiento en el último lustro, la sociedad boliviana sigue echando de menos la creación de empleos estables. No hay datos oficiales de paro desde 2007 y la informalidad de la economía sigue siendo tan grande que hace imposible consolidar la inclusión social y económica de la mayoría de los 10 millones de bolivianos, entre los que el 60% es pobre y más de la mitad de este porcentaje raya la indigencia.

domingo, 6 de dezembro de 2009

El segundo entierro de Víctor Jara



Manuel Délano
El País

Más de 12.000 personas acompañaron ayer el cortejo fúnebre de quien 36 años después de ser torturado y asesinado por los militares pudo recibir homenaje y despedida. La viuda del cantautor, director teatral y versátil artista chileno Víctor Jara le había dado sepultura de manera semiclandestina en septiembre de 1973, acompañada de dos personas, en un modesto nicho del Cementerio General, el mayor de Santiago. Fuera del camposanto, la capital vivía bajo el miedo y la persecución de la dictadura del general Augusto Pinochet.

A Víctor Jara lo devolvieron ayer al mismo nicho donde estuvo todos estos años, pero ahora llegó rodeado del cariño popular, junto a una multitud que conocía bien su figura y entonaba sus canciones.

Fue una marcha más alegre que fúnebre, sin incidentes ni vigilancia policial, que recorrió a pie y paso lento unas 40 cuadras durante más de cinco horas bajo el inclemente sol primaveral de Santiago. Fue el recital que esta vez miles de chilenos quisieron brindarle a Víctor Jara.

El juez que investiga el crimen de Jara resolvió en junio exhumar los restos del cantautor para someterlo a exámenes forenses en los que se determinó que murió por múltiples disparos después de ser torturado. Al finalizar las pericias y devolver los restos a su viuda, Joan Turner, y a sus hijas Manuela y Amanda, ellas y la Fundación Víctor Jara, que cuida de la memoria del artista, resolvieron brindarle el funeral y un velatorio de dos días, como el que merecía el autor de piezas antológicas como Te recuerdo, Amanda, El cigarrito y Manifiesto, que muchos artistas han incorporado en sus repertorios.
La carroza fúnebre no iba en cabeza del cortejo, como es lo habitual, sino en medio de la multitud, como un signo democrático más, rodeada por una guardia de honor. Cientos de coronas iban apiladas en un camión que transitaba delante. Al paso del cortejo, gentes agolpadas en las aceras le arrojaban claveles y rosas rojas.

Al salir de la Fundación Jara, el ataúd fue cargado a hombros por varios de los que fueron de los mejores amigos del cantautor, entre ellos algunos miembros del conjunto Inti Illimani. En uno de los edificios céntricos por donde pasó, desde un balcón en lo alto un guitarrista comenzó a acompañar el cántico de la marcha, que entonaba "Te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel".

Una variopinta y multicolor multitud se extendía por 10 cuadras, y muchos otros fueron al cementerio. Predominaban los jóvenes, entre ellos grupos rockeros, punkis, mapuches, bailarines de danzas del norte chileno, organizaciones gay, estudiantes, la barra Los de Abajo de la Universidad de Chile, uno de los clubes de fútbol más populares del país, junto con ex prisioneros políticos, agrupaciones de víctimas y militantes.

Sólo un pequeño grupo de familiares y los amigos más cercanos pudieron entrar en el cementerio para presenciar el instante en que el ataúd volvió al nicho donde estuvo desde 1973. Cuando la carroza fúnebre entró en el recinto, los asistentes se tomaron las manos, cantaron el himno nacional y después se escuchó La partida, de Jara.

Un bosque de banderas rojas con el rostro de Víctor rodeó el cortejo gritando "¡Justicia, verdad, no a la impunidad!". El presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, describió a Jara en su discurso como un "símbolo de nuestras luchas, el más temible con su guitarra y canciones". Su obra, continuó, "perdurará para dar esperanzas (...) con tus canciones, mil veces venceremos".

Entre los asistentes estaban también la ministra de Cultura, Paulina Urrutia, y el candidato presidencial de la coalición que encabeza el Partido Comunista (PC), el ex ministro Jorge Arrate, un socialista que debió renunciar a su partido para postular a La Moneda.

Muchos de los asistentes se quedaron hasta el final. Para Héctor Torres, del conjunto folclórico Umbral, formado por amigos que desde la dictadura han interpretado a Jara en decenas de recitales gratuitos en barriadas obreras, "Víctor es más grande que su propia muerte. Sus obras han resistido el paso del tiempo. Como cantante tenía un timbre muy bonito y una tesitura excepcional, que le permitía algo muy difícil, dar bien las notas bajas y altas".

El director de un centro cultural que viajó 500 kilómetros para asistir al funeral afirmó: "Se lo debía a Víctor. Era un deber moral, una deuda que el pueblo tenía con él".

La muerte lenta de Víctor Jara

Manuel Délano
El País

Cansados y con sus manos entrelazadas en la nuca, los 600 académicos, estudiantes y funcionarios de la Universidad Técnica del Estado (UTE) tomados prisioneros por los militares golpistas iban entrando al Estadio Chile, un pequeño recinto deportivo techado cercano al palacio de La Moneda. Un oficial con lentes oscuras, rostro pintado, metralleta terciada, granadas colgando en su pecho, pistola y cuchillo corvo en el cinturón, observaba desde arriba de un cajón a los prisioneros, que habían permanecido en la universidad para defender el Gobierno del presidente socialista Salvador Allende. Era el 12 de septiembre de 1973, día siguiente del golpe militar, en el alba de la dictadura de 17 años encabezada por el general Augusto Pinochet.

Con voz estentórea, el oficial repentinamente gritó al ver a un prisionero de pelo ensortijado:

-¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! -gritó a un conscripto, recuerda el abogado Boris Navia, uno de los que caminaba en la fila de prisioneros.

"¡A ese huevón!, ¡a ése!", le gritó al soldado, que empujó con violencia al prisionero. "¡No me lo traten como señorita, carajo!", espetó insatisfecho el oficial. Al oír la orden, el conscripto dio un culatazo al prisionero, que cayó a los pies del oficial.

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial. Navia rememora. Es uno de los testigos del juez Juan Fuentes, que investiga el asesinato del cantautor, uno de los crímenes emblemáticos de la dictadura, porque Jara fue con su guitarra y con sus versos el trovador de la revolución socialista del Gobierno de Allende en Chile. Por su impacto y la impunidad en que están los culpables, el crimen de Jara es en Chile el equivalente al asesinato de Federico García Lorca en España.

"Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente", cuenta a este periódico el abogado Navia.

Los prisioneros se habían quedado pasmados mirando la escena. Cuando el oficial, conocido como El Príncipe y hasta hoy no identificado con plena certeza, se cansó de golpear, ordenó a los soldados que pusieran a Jara en un pasillo y que lo mataran si se movía. El autor de canciones como El cigarrito y Te recuerdo Amanda, que Serrat, Sabina, Silvio Rodríguez y Víctor Manuel han incorporado en sus repertorios, entró así al campo de prisioneros improvisado por los militares donde vivió sus últimas horas.

Muchos recordaron a Jara con emoción esta semana, cuando su viuda e hijas y la fundación que lleva su nombre organizaron el funeral que no pudo tener en 1973, la despedida popular que merecía, para sepultar los restos del cantautor, exhumados en junio por orden del juez y devueltos a la familia después de una nueva autopsia, que confirmó las huellas de bala y torturas.

El ensañamiento con Jara fue uno de los signos de la dictadura de Pinochet (1973-1990), que truncó con brutalidad el Gobierno de Allende y los sueños socialistas, dejando un reguero de más de 3.200 muertos y desaparecidos, alrededor de 30.000 torturados y decenas de miles de exiliados. El Chicho, como era conocido Allende, un médico socialista y masón, había llegado a la presidencia en 1970, en su cuarto intento, con el 36% de los votos, encabezando la Unidad Popular, la coalición que reunía a la izquierda chilena en un arco multicolor.

Con un programa que ofrecía reforma agraria, medio litro de leche diaria para los niños y la nacionalización del cobre, principal riqueza de Chile, en manos de empresas norteamericanas, la victoria de Allende en las urnas, la primera de un marxista en Occidente en plena guerra fría, sorprendió a Estados Unidos e insufló esperanzas en muchos países, incluidos los opositores de Franco en España. Un irritado presidente Richard Nixon ordenó en la Casa Blanca intensificar las acciones desestabilizadoras.

Pero en Chile se vivían tiempos de efervescencia. Las movilizaciones sociales iban en ascenso y con Allende en La Moneda, el Gobierno ganó apoyo en las urnas en lugar de perderlo. El cerrojo norteamericano se apretó con el embargo de las exportaciones de cobre, en réplica a una nacionalización en la que Chile resolvió no indemnizar a las empresas expropiadas por haber obtenido ganancias excesivas, mientras la oposición de centro y derecha se reunió en una coalición contra Allende, y la izquierda más radicalizada comenzó a desbordar al Gobierno acusándolo de reformista. La lucha política se exacerbó.

El Gobierno socialista concitó una amplia adhesión de artistas e intelectuales. En los tres años de Allende, Chile vivió un destape cultural como nunca antes y Víctor Jara fue uno de los protagonistas. Hijo de inquilinos campesinos, conoció de la explotación y miseria en su infancia y juventud. Aprendió música por la intuición de su madre. Cuando ella falleció, viajó a Santiago a estudiar teatro. Como director teatral recibió premios de la crítica y la prensa por sus montajes e hizo giras por dos continentes.

Mientras estudiaba dramaturgia, comenzó a tocar y componer con el grupo Cuncumén. Después trabajó con la pléyade del folclor chileno: Quilapayún, Inti Illimani, Ángel e Isabel Parra, Patricio Manns, Rolando Alarcón. Violeta Parra, la autora del universal Gracias a la vida, fue una de las que descubrió tempranamente el talento de Jara como compositor e intérprete.

Militante comunista, Jara defendió a la Unidad Popular con su guitarra, hizo canciones de protesta, pero sus obras mayores, aquellas más sencillas e imperecederas, son las que brotan desde la tierra y de la pobreza de las barriadas periféricas de Santiago, las fuentes de su saber. Víctor creía que "la mejor escuela para el canto es la vida", recuerda su viuda, Joan Turner, en Un canto trunco, las memorias de Jara. Nombrado embajador cultural por Allende, prefería compadrear en una peña popular a los cócteles de diplomáticos.

Durante el paro de octubre de 1972, con el que la oposición quiso poner de rodillas al Gobierno, junto con decenas de miles de personas, Jara salió a realizar trabajos voluntarios para impedir que la economía se detuviera. En la vorágine escribió Manifiesto, su testamento musical: "Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón".

Con la inflación desbocada, desabastecimiento y mercado negro, el transporte paralizado y con el mayor partido opositor, la Democracia Cristiana, cerrando las puertas al diálogo para encontrar una salida, a Allende casi no le quedan opciones, y muchos creen que un golpe militar es inminente. Resuelve que el martes 11 septiembre llamará a un plebiscito que decidirá si sigue o no en el poder. Enterados, los militares adelantan el golpe militar para ese martes.

El escenario que había escogido Allende para pronunciar este discurso que podría haber cambiado la historia es la sede de la UTE. Nunca llegó. Enterado de la sublevación militar, Allende acude con sus colaboradores más cercanos a La Moneda, a defender la democracia. Dispuestos a todo, los militares bombardean el palacio y Allende, que sólo saldrá sin vida de ese lugar, pide a los trabajadores que permanezcan en sus puestos, pero que no se dejen provocar, y anticipa en su lúcido discurso final que otras generaciones superarán ese momento.

En asambleas por facultad, la comunidad de la UTE resolvió permanecer en la sede universitaria, como pidió Allende. Entre ellos, Víctor Jara, que trabajaba en extensión en la universidad e iba a cantar en el acto de Allende. Habla dos veces por teléfono con Joan y cree que volverá a casa al día siguiente. Esa noche anima a los estudiantes en su último recital, mientras en todo Santiago suenan las balas de los militares.

Al día siguiente, los militares instalan un cañón frente a la universidad y disparan a la rectoría mientras un centenar de soldados vacía sus cargadores. No hay resistencia: estaban desarmados. Rompen puertas y cerrojos y toman prisioneros a los 600 que permanecían ahí.

El infierno está a un par de kilómetros, en el Estadio Chile, rebautizado en democracia como Estadio Víctor Jara. Ahí el cantautor queda tendido en el suelo. A un estudiante peruano que confunden con cubano le cortan una oreja con un cuchillo. A un profesor de ciencias sociales que llevaba pruebas recién corregidas de sus alumnos le piden las dos mejores notas, las entrega y lo obligan a que se coma las hojas. Los amenazan con barrerlos con "las sierras de Hitler", ametralladoras de gran calibre cuyas balas cortan los cuerpos. Un obrero grita: "¡Viva Allende!", y se arroja desde las graderías, muriendo desangrado. En el recinto caben apretadas 2.000 personas, pero hacinan a más de 5.000 prisioneros.

El Príncipe tiene visitas de oficiales y quiere exhibir a Jara. Un oficial de la Fuerza Aérea que está con un cigarrillo le pregunta a Jara si fuma. Con la cabeza, niega. "Ahora vas a fumar", advierte, y le arroja el cigarrillo. "¡Tómalo!", grita. Jara se estira tembloroso para recogerlo. "¡A ver si ahora vas a tocar la guitarra, comunista de mierda!", grita el oficial y pisotea las manos de Jara, relata Navia.

"Cuando llegaron más prisioneros y los soldados fueron a recibirlos, Víctor se quedó sin custodia. Entre varios lo arrastramos adonde estábamos y comenzamos a limpiar sus heridas. Llevaba casi dos días sin comida ni agua", dice Navia. Un detenido consigue que un soldado le regale un tesoro: un huevo crudo. Se lo dan a Jara. Con un fósforo, el cantautor perfora el huevo en ambos extremos y lo sorbe. "Nos dijo que así aprendió en su tierra a comer los huevos", recuerda.

A Jara le vuelven las energías. "Mi corazón late como campana", dice. Y habla, de Joan y sus hijas. Dos detenidos logran salir libres gracias a contactos. Varios escriben mensajes breves para que avisen a sus parientes de que están vivos. Víctor pide lápiz y papel. Navia le pasa una libreta pequeña de apuntes, que hoy conserva la Fundación Jara como pieza de museo. Escribe con dificultad sus últimos versos: "Canto que mal que sales / Cuando tengo que cantar espanto / Espanto como el que vivo / Espanto como el que muero".

Repentinamente, dos soldados lo toman y arrastran, y Jara alcanza a arrojar la libreta. Navia se queda con ella. Comienza una golpiza más brutal que las anteriores, a culatazos. Otros prisioneros lo verán con vida horas después. Un conscripto, José Paredes, confiesa 36 años después que jugaron a la ruleta rusa con Jara antes de acribillarlo en los subterráneos. Es el único procesado vivo en el caso. El otro, el jefe del recinto, el coronel Mario Manríquez, falleció. La primera autopsia, en 1973, revela 44 disparos. La nueva, en 2009, confirma que Jara murió por múltiples impactos. Pero Paredes se retracta de su confesión.

Al anochecer del sábado 15 de septiembre trasladan a los prisioneros del Estadio Chile al mayor recinto del país, el Estadio Nacional. "Al salir al foyer para irnos, vemos un espectáculo dantesco. Hay entre 30 y 40 cadáveres apilados, y dos de ellos están más cercanos. Todos están acribillados y tienen un aspecto fantasmagórico, cubiertos de polvo blanco, porque cerca estaban apilados unos sacos de cal para hacer reparaciones, que cubre sus rostros y seca la sangre. Reconozco a Víctor en primer lugar, y después al abogado y director de Prisiones Littré Quiroga", relata Navia.

A Jara le han quitado el chaquetón que otro prisionero le había pasado porque tenía frío. Esa noche, los soldados arrojan seis de estos cadáveres, Jara entre ellos, junto al Cementerio Metropolitano, en el acceso sur de Santiago. Una vecina reconoce al cantautor y avisa para que lo recojan. Cuando el cuerpo llega a la morgue, un trabajador de este servicio, que era comunista, también reconoce a Jara y avisa a su esposa Joan para que lo sepulte antes de que lo sepulten en una fosa común.

El cuerpo del cantautor está junto al de cientos de víctimas en un mesón de la morgue, al final de una fila de jóvenes. Sólo tres personas acompañan a Joan en el funeral semiclandestino que se celebró en el Cementerio General de Santiago, donde fue inhumado en un humilde nicho. Jara está en su cenit creativo, poco antes de cumplir 41 años, y quienes tronchan su vida no saben que lo están haciendo más universal, a él, pero también a ellos mismos.

sábado, 5 de dezembro de 2009

Italia: Testigo vincula Berlusconi a la Mafia

Miguel Mora
El País

Unos minutos antes de las 12 del mediodía, en medio de un silencio sepulcral, entraba en la sala búnker del Tribunal de Turín Gaspare Spatuzza, el capo arrepentido de la mafia siciliana citado como testigo en el juicio de apelación contra el senador Marcello Dell'Utri, estrecho colaborador de Silvio Berlusconi desde la década de los setenta y condenado en primer grado a nueve años por complicidad mafiosa.

Spatuzza iba protegido por 10 carabineros de paisano y se tapaba la cara con una gorra azul. Fue sentado tras un biombo blanco que le protegía de las miradas de los más de 200 periodistas acreditados y del numeroso público, y comenzó su declaración diciendo: "Diré toda la verdad y no esconderé nada".

El interrogatorio ha empezado con retraso porque la defensa de Dell'Utri intentó frenarlo al considerarlo improcedente. El tribunal ha desestimado la petición y Spatuzza, de 45 años, que se hizo colaborador de la justicia en marzo de 2008 con la bendición de sus capos y el apoyo espiritual del obispo de L'Aquila, comenzó a relatar su historia.

Con voz segura, ha reconocido que desde 1980 hasta 2000 había pertenecido a una "organización terrorista mafiosa llamada Cosa Nostra"; ha recordado que formaba parte de la familia de Giuseppe Graviano, y ha admitido que fue condenado a varias cadenas perpetuas por "una cuarentena de asesinatos, secuestros de personas y atentados".

Ha aclarado que decía "terrorista" porque a principios de los años noventa, Cosa Nostra realizó varios atentados con bombas, "cosas que antes no hacíamos". Se acusó del atentado que mató al juez Paolo Borsellino, y admitió que la mafia celebró esa muerte y la del juez Giovanni Falcone en 1992, "porque eran nuestros enemigos principales".

El hombre de confianza de la familia de Brancaccio (Palermo) también se encargó de ejecutar otros atentados posteriores, en 1993 y 1994, en Roma, Milán y Florencia, que causaron diez muertos. Eran, dijo, atentados "anómalos": "Esos muertos no nos pertenecían; un día se lo dije a Giuseppe, que era como mi padre: 'Hemos matado a niños como la pequeña Nadia'. Él me dijo: está bien que los hayamos matado, así se mueve quien se tiene que mover".

La clave del relato llega en ese momento. Spatuzza recuerda una cita en 1994 con su capo directo, en Roma: "Me encontré con Giuseppe en el bar Doney de Vía Veneto, estaba contento como si le hubiera tocado la lotería. Nos sentamos y me dijo que teníamos que matar a unos cuantos carabineros para dar el golpe de gracia. Que habíamos obtenido todo lo que buscábamos gracias a la seriedad de las personas que habían llevado adelante esta historia, y no como esos cuatro cornudos socialistas que habían recogido nuestros votos en 1988 y 1989 y luego nos habían hecho la guerra", ha dicho.

"Me dio dos nombres, entre ellos el de Berlusconi", ha afirmado el pentito. "Yo pregunté si era el de Canale 5 y me dijo que sí, y que también estaba un paisano nuestro, Dell'Utri. Graviano dijo que gracias a la seriedad de estas personas teníamos el país en nuestras manos".

Más adelante, Spatuzza glosa un encuentro con Filippo Graviano, otro jefe del mismo clan, en la cárcel de Tomezzo, donde el boss cumple cadena perpetua. "En 2004 él estaba muy mal, yo le hablé de nuestros hijos, de no hacerles llevar la misma vida que nosotros... Me dijo que hiciera saber a su hermano Giuseppe que si no llegaba una cosa que tenía que llegar, habría que hablar con los jueces".

Ante la petición del fiscal Gatto de que explique "de donde debía llegar", Spatuzza vuelve a mencionar a Berlusconi y a Dell'Utri. ¿Por qué tardó tanto tiempo en hablar de ellos?, inquiere el fiscal. "Mi miedo a hablar del primer ministro era y es mucho. Cuando comencé a hablar con los fiscales antimafia, Berlusconi era primer ministro, y ministro de la Justicia uno (Angelino Alfano) que yo consideraba vice de Marcello Dell'Utri".

Spatuzza comenzó a alejarse de Cosa Nostra en 1999. "Inicié un proceso de arrepentimiento personal, un camino que ha sido muy hermoso y doloroso a la vez", ha dicho. Fue ayudado por el capellán de la prisión y por el obispo de L'Aquila, monseñor Mollinari, que le confesó "dos o tres veces", según contó.

Probablemente, una vez convertido a la religión, el pentito necesitaba ver revocada la excomunión que recayó sobre él por el asesinato de un cura siciliano, don Pino Puglisi. "Tengo que honrar a todos aquellos muertos, toda aquella tragedia. Pasé muchos años en el mal y ahora debo hacer el bien. Es mi deber", ha afirmado.

Las acusaciones de Spatuzza han sido calificadas de "absurdas" por Silvio Berlusconi. "Son acusaciones que se comentan solas. En Italia no hay nadie dispuesto a creer este absurdo", ha comentado a la salida del Consejo de Ministros.

Marcello Dell'Utri, que habló con los medios presentes en el Tribunal de Turín, ha dicho que el interés de la mafia es "hacer caer al Gobierno que está luchando contra Cosa Nostra como nadie lo había hecho hasta ahora". "Spatuzza es un arrepentido de la mafia, no de la antimafia", ha subrayado.

Los jueces quieren contrastar ahora la credibilidad del testimonio. El juicio de apelación de Dell'Utri proseguirá en Palermo el 11 de diciembre con las declaraciones de los jefes Giuseppe y Filippo Graviano a través de vídeo conferencia.