
Socialismo y Democracia representan la síntesis de un camino hacia la transformación política, económica, social y cultural inspirada en los principios de dignidad, justicia, libertad, equidad y solidaridad que caracterizaron la vía chilena al socialismo, de la cual me siento tributario.
quinta-feira, 12 de novembro de 2009
quarta-feira, 11 de novembro de 2009
La dolorosa muerte del sueño americano
Larry ElliottThe Guardian
Los confines del mercado se fueron ensanchando durante dos décadas, abarcando a China e India, así como a la antigua Unión Soviética y sus satélites. El veloz crecimiento produjo una impresionante reducción de la pobreza en China e India; y hay pocos polacos o checos que añoren los días en que Moscú manejaba los hilos.
Pero resultaba inevitable en todo momento que, tarde o temprano, la globalización se diera de bruces con la crisis, y lo que hemos visto en los últimos dos años no es más que el comienzo de ello. No dejemos que nos engañe la recuperación para necios de los últimos seis meses: los americanos andan de nuevo agotando sus ahorros para consumir bienes que no pueden permitirse; las exportaciones de Chines se disparan.
Han vuelto los desequilibrios globales. La combinación de cambio político y revolución tecnológica siempre ha producido agitación. Lo que fue verdad al coincidir la hiladora de husos múltiples con la Ilustración no resultó menos cierto cuando una segunda oleada de inventos -el cine, la luz eléctrica, el automóvil, el aeroplano- coincidió con el desmoronamiento del equilibrio de poder decimonónico.
La tecnología digital y la biociencia impulsarán la tercera revolución industrial, pero estos cambios tienen lugar en un momento en el que la difusión del mercado ha incrementado inmensamente el ejército de reserva laboral. La hegemonía de Norteamérica se ve amenazada por el ascenso de China.
Son, pues, tiempos combustibles. Esta crisis ha tardado en llegar, y la historia sugiere que el periodo de trastorno será prolongado y doloroso, como lo fue entre 1914 y 1945.
No tardaron en aparecer las primeras grietas en el nuevo orden global. La edad de oro duró apenas la mitad de una década, el periodo entre el alzamiento del telón de acero y la creación de la Organización Mundial del Comercio en 1994. A lo largo incluso de ese lustro se registraron señales de inquietud, de las que no fue la menor el impacto del tratamiento de choque aplicado a la economía rusa a principios de los años 90.
Pero fue la sucesión de crisis financieras que se iniciaban en la periferia de la economía global y se abrían gradualmente camino hacia el centro lo que desmintió la noción de que habría una transición suave y regular al nirvana del mercado. Se ignoraron los avisos de México, Tailandia y Corea del Sur, del derrumbe de los fondos de protección ("hedge funds") de Long Term Capital Management a la burbuja de los punto com.
A los políticos no les costó nada desechar estos detonantes como dolores de una dentición en desarrollo. El crecimiento era fuerte y la inflación baja. Desde principios de los años 90 a mediados de la primera década posterior al 2000 tuvimos lo que Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, describió como la década "bonita" o NICE, es decir, los años de "noninflationary continual expansion" (continua expansión sin inflación).
Por supuesto, la clave estuvo en la deuda. La pérdida de poder adquisitivo y de negociación de los trabajadores de Occidente quedó compensada con los feroces periodos de auge del precio de los activos que permitió a los consumidores pedir prestado sobre la base del valor creciente de sus hogares.
Eso no sólo era cierto de economías desarrolladas tales como los EE.UU. y Gran Bretaña. El informe anual de transición del Banco Europeo de Recostrucción y Desarrollo, publicado hoy, afirma que la afluencia de capital a gran escala a los países del Este de Europa había "contribuido al auge del crédito y del préstamo en moneda extranjera. Estas cosas, a su vez, hicieron más profunda la crisis y complicaron su gestión".
Al igual que en Gran Bretaña y los Estados Unidos, la fácil disponibilidad del crédito vino a suponer niveles de deuda excesivos cuando la economía se resintió y exigió una acción internacional concertada para impedir un desplome de la banca del género del ocurrido en Islandia. Como es comprensible, los políticos se han quedado perplejos ante la primera crisis sistémica de la era global. Hasta 2007 pensaban que su trabajo consistía en hacer pequeños ajustes en las economías de mercado; y se enfrentan en cambio a un desafío existencial: ¿hacia dónde tiramos partiendo de aquí?
La opción uno es la schumpeteriana: esta es una época de destrucción creativa, de modo que bien podemos aguantarnos y soportarlo. El problema del sistema financiero es que no se le ha permitido que funcione como debiera: hay que dejar caer a la banca mal gestionada para que los buenos bancos puedan prosperar. La segunda opción es "business as usual", que todo siga como de costumbre, la cual, como resulta previsible, es la que prefieren la City y Wall Street. Considerando el volumen de los cheques del bienestar aportados por el contribuyente, las grandes finanzas apenas pueden presentar objeciones ante la perspectiva de una regulación más estricta, pero están cabildeando duramente en contra de cambios más radicales. Se habla mucho de tirar al niño con el agua del baño y matar a la gallina de los huevos de oro.
Los conservadores militan este campo, y no sólo porque David Cameron piense de modo excéntrico que la crisis la causó el exceso de gobernación más que su ausencia, sino debido a que Boris Johnson [alcalde conservador de Londres] anda cabildeando activamente en nombre de los hedge funds y las empresas de capital riesgo de la City con el fin de bloquear una reglamentación europea más estricta.
La opción tres consiste en seguir como de costumbre añadiéndole algunos extras. Reconoce que se ha producido un problema sistémico en el sector financiero, pero considera que la respuesta ha de consistir en una supervisión más estricta, una vigilancia mejorada de la economía global por parte del Fondo Monetario Internacional, cambios en las normas sobre capital de riesgo para garantizar que los bancos no puedan tomarse tantas libertades a la hora prestar en periodo de auge, y nuevas estructuras de incentivos para financieros que favorezcan el crecimiento a largo plazo de los negocios por encima de la actividad especulativa a corto plazo. Aquí es donde encontraríamos, no hay que ser un lince para adivinarlo, a Gordon Brown y Barack Obama.
Pero existe un variopinto hatajo de descontentos para quienes el que todo siga como de costumbre, cualquiera que sea la forma, significa que estallará otra crisis en no mucho tiempo. Sostienen que la exigua naturaleza de de las actuales propuestas de reforma se explica por el cautiverio institucional al que han reducido a los gobiernos los bancos de inversión, los grupos de presión más poderosos del mundo.
Las ideas de King de separar los bancos en divisiones comerciales y de inversión le coloca en el grupo de la opción cuatro, al igual que el apoyo de Adair Turner a imponer tasas a las transacciones financieras. Hay quien iría más allá. Un informe reciente del Comité de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (Unctad) urgía a repensar "la suposición convencional de que desmantelar todos los obstáculos transfronterizos a los flujos de capital privado es la mejor receta para que los países avancen en su desarrollo económico". Quienes apoyan un "new deal" verde -políticas monetarias y fiscales expansioniarias destinadas a impulsar las energías renovables y apoyar a las empresas que desarrollan tecnologías medioambientales- afirman que debería haberse utilizado el ajuste cuantitativo [imprimir moneda y ponerla en circulación] para apoyar la inversión sostenible y productiva en lugar de volver a hinchar los precios de los activos. Si la causa de raíz de la crisis financiera estuvo en los desequilibrios de la economía global provocados por la búsqueda de mayores beneficios, la reforma real exigirá salarios reales más altos en Occidente, de modo que los consumidores dependan menos de la deuda. Eso significa un desplazamiento en el equilibrio de poder entre trabajo y capital; significa también repensar el modelo de capitalismo de accionistas.
Por último están quienes creen que cualquier reforma convencional está destinada a fracasar porque cualquier modelo basado en el crecimiento está reñido con la viabilidad del planeta. ¿Dónde está hoy el centro político de gravedad? En algún sitio entre la opción dos y tres. Eso no sólo representa una oportunidad perdida sino una profunda falta de juicio. Se están sembrando las semillas de la próxima crisis. Aquí mismo, ahora mismo.
terça-feira, 10 de novembro de 2009
La caída del Muro, versión Cisjordania
AgenciasMuy cerca de ellos, unas 50 personas que se habían congregado en la zona del muro cercana al puesto de control israelí de Qalandiya jaleaban a los activistas mientras el fragmento de hormigón, atado al vehículo con una cuerda, se venía abajo. Acto seguido, los soldados israelíes han lanzado gases lacrimógenos para dispersarlos.
"Hoy conmemoramos 20 años dede la caída del Muro de Berlín", ha afirmado Abdulá Abu Rahma, líder de la Campaña Popular de Lucha contra el Muro. "Este es el primer paso en una serie de actividades que realizaremos en los próximos días para expresar nuestro firme apego a nuestra tierra y nuestro rechazo a este muro".
segunda-feira, 9 de novembro de 2009
Berlín, 9 de noviembre de 1989
Agencias
Alemania celebra hoy el 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín con una gran "Fiesta de la Libertad", una colección de actos que tendrán lugar a lo largo del día y que han comenzado con un oficio religioso al que ha asistido la canciller alemana, Angela Merkel. La fiesta culminará ante la Puerta de Brandeburgo con el derribo de un muro simbólico en forma de fichas de dominó decoradas por artistas de todo el mundo y un concierto de la Staastkpelle de Berlín dirigida por Daniel Barenboim, actos a los que asistirán numerosos jefes de Estado y Gobierno.
El 9 de noviembre de 1989, el puesto fronterizo de la Bornholmer Strasse abrió sus puertas de forma que los ciudadanos del Berlín comunista pudieran pasar libremente al otro lado. Miles de berlineses del este cruzaron ese y otros puestos fronterizos para conocer el otro lado, derribando de forma pacífica un muro levantado hacía 28 años y que separaba no sólo dos mitades de una misma ciudad, no sólo dos versiones de un mismo país, la RFA y la RDA, sino dos visiones antagónicas del mundo, la comunista, que se venía abajo aquella noche, y la capitalista.
Por ese mismo paso se acercó a Berlín oeste esa misma noche la que hoy es canciller de la Alemania unificada, la primera jefa de Gobierno procedente de la ex RDA y hoy volverá a hacerlo a primeras horas de la tarde, acompañada por los Premios Nobel de la Paz Mijail Gorbachov, ex jefe de Gobierno soviético, y Lech Walesa, ex presidente polaco.
Precisamente Walesa será el encargado de iniciar el acto central y simbólico en el que se derribará el muro por segunda vez. Se trata de la caída en cadena de un gran dominó formado por piezas de la misma altura del muro original y distribuidas por un tramo del antiguo trazado, entre la Potsdamer Platz y el Reichstag, con la Puerta de Brandeburgo como epicentro. Las cerca de mil piezas han sido pintadas por artistas y jóvenes de todo el mundo.
La fiesta comenzará hacia las 18.00 GMT con un concierto de la Staastkpelle de Berlín que dirigirá Daniel Barenboim. A continuación, los jefes de Estado y Gobierno atravesarán simbólicamente la Puerta de Brandeburgo desde el lado oriental hacia el occidental, donde ha sido instalado otro estrado, en el que habrá varios discursos. Las primeras intervenciones serán de la canciller Angela Merkel y el alcalde-gobernador de Berlín, Klaus Wowereit, a los que seguirán los representantes de las cuatro potencias aliadas que se repartieron Berlín tras la guerra.
Por parte de Rusia y Francia participarán sus respectivos presidentes, Dmitri Medvedev y Nicolas Sarkozy; por parte del Reino Unido asistirá el primer ministro británico, Gordon Brown, y de Estados Unidos llegó ya ayer la secretaria de Estado, Hillary Clinton.
Los festejos contarán también con la presencia de jefes de Estado y Gobierno de los 27 países miembros de la Unión Europea, entre ellos el español Jose Luis Rodríguez Zapatero, que llegará a Berlín junto a su colega polaco, Donald Tusk, tras celebrar una reunión bilateral en el balneario polaco de Sopot. Finalmente, los invitados a las celebraciones por el aniversario de la caída del Muro de Berlín cenarán en la Cancillería Federal con Merkel y su marido, el científico Joachim Sauer.
domingo, 8 de novembro de 2009
Capitalismo e modernidade no Brasil

William Vella Nozaki
Carta Maior
O que se tornou o capitalismo brasileiro? Essa questão elementar não cessa de ser formulada. Muitos a perguntam na discrição das reflexões solitárias ou na distração das conversas informais; alguns a respondem de forma excessivamente retórica ou de maneira demasiadamente abstrata. Tratada de maneira indireta e oblíqua essa indagação soa mais como demonstração de estilo do que como manifestação de perplexidade. Talvez isso ocorra porque de tão natural, direta e ingênua, tal questão só possa mesmo ser feita por um pensamento maduro, cansado de tergiversar e pronto para a hora de falar concretamente. É precisamente esse o exercício proposto em Capitalismo tardio e sociabilidade moderna.
O texto foi escrito no bojo dos ataques contra o neoliberalismo e veio a lume pela primeira vez como parte da coleção História da Vida Privada no Brasil, em 1998. Trata-se de obra com espírito crítico e com ímpeto de balanço, que, publicada agora como livro, não deixa de revelar sua atualidade. Esse pequeno ensaio sobre a modernidade brasileira reúne o método crítico de um historiador reconhecido por sua habilidade em clarificar a nossa herança mercantil e a perspectiva analítica de um economista conhecido por sua destreza em esclarecer o nosso fado industrial. Ao atarem essas duas pontas, Fernando Novais e João Manuel Cardoso de Mello, produzem um curto-circuito revelando como a industrialização brasileira criou e foi tragada por uma sociedade mercantil nos trópicos.
A interpretação dos dois autores aborda meia dúzia de décadas fundamentais para a compreensão do Brasil. Parte-se do otimismo da década de 1930, período em que o progresso industrial colore a nação, e caminha-se em direção à desilusão da década de 1990, momento em que o regresso monetário descaracteriza qualquer nacionalismo. O livro se divide em sete pequenos capítulos, neles se analisam: (1) a indústria e o consumo; (2) o campo e a cidade; (3) a estrutura de classes e a mobilidade social; (4) os valores capitalistas e os princípios modernos; (5) a concentração de riqueza e a distribuição de renda; (6) o autoritarismo político-econômico e a massificação sócio-cultural; (7) a globalização e o neoliberalismo no Brasil.
Capitalismo
Nos três primeiros capítulos do livro abordam-se as principais transformações responsáveis pela modernização do país, trata-se de enfatizar a aura de otimismo que tomou conta do país apesar da manutenção de algumas distorções. Retomando interpretações consagradas, os autores relembram como nas décadas entre 1930 e 1950 acelera-se o processo brasileiro de industrialização, modernizam-se os setores industriais mais tradicionais (alimentos, têxteis, calçados, móveis) e formam-se os setores industriais mais complexos (aço, petróleo, alumínio, químicos e farmacêuticos). Além disso, ensaiando interpretações inéditas, enfatiza-se como nesse período emergem mudanças significativas no processo de comercialização dos produtos, com o surgimento dos supermercados, shopping centers, cadeias de lojas de eletrodomésticos, revendedora de automóveis e lojas de departamento.
O objetivo é demonstrar como as relações entre a alteração na oferta de produtos e na circulação de mercadorias implicaram novos hábitos de vestuário, de alimentação, de higiene pessoal, de limpeza da casa etc. ensejando um novo padrão de consumo.Para tanto, os exemplos mobilizados são muitos e diversos, trata-se de ilustrar a relação entre as mudanças na estrutura produtiva e as transformações na dinâmica do consumo. Como, por vezes, a profusão de casos listados pode ofuscar a interpretação sugerida pelos autores, aos deslumbrados com os exemplos recomenda-se cautela, aos ansiosos pela análise pede-se paciência. A leitura ponderada será recompensada ao final.
Durante esse período, notam ainda os autores, a industrialização acelerada não poderia deixar de significar também uma urbanização desenfreada. Assim é que a estrutura rígida do campo cede lugar à estrutura competitiva da cidade; a extrema pobreza e a miséria são sobrepujadas pela esperança e pelo desejo da migração; a família conjugal, dos compadres e vizinhos, é substituída pela família unicelular, de pais e filhos; e a educação pelo trabalho é trocada pela educação escolar.
Nesse processo o imigrante estrangeiro pôde usufruir de sua pequena vitória na luta por melhores posições sociais, dada sua melhor posição financeira de saída, muitos passaram de mascates a empresários, de trabalhadores especializados converteram-se em profissionais liberais. A mesma sorte não se deu com os migrantes rurais, ainda que sua situação tenha melhorado, a pobreza do campo foi substituída por não mais do que algumas tarefas de pouca qualificação e de baixa remuneração. Os negros urbanos, em sua grande maioria, permaneceram confinados ao trabalho subalterno, rotineiro e mecânico.
Tais mudanças e permanências, denunciam os autores, revelam como o capitalismo cria a ilusão de que as oportunidades econômicas são iguais para todos, quando na realidade a mercantilização da sociedade é que se apresenta como o único denominador comum.
No topo dessa sociedade abriga-se um pequeno conjunto de capitalistas, banqueiros e industriais, menos interessados em liderar o desenvolvimento econômico do país e mais interessados em tirar proveito da ação do Estado e da atuação da grande empresa multinacional. Na faixa intermediária, acotovelam-se uma classe média alta de profissionais em busca da qualificação fundada no ensino superior e uma classe média baixa de operários à procura de especialização. Na base dessa pirâmide subsistem incontáveis famílias de trabalhadores comuns, de migrantes recém-chegados e de citadinos empobrecidos.
O que os separa é uma hierarquia rígida de trabalhos e remunerações, o que os une são certas necessidades e desejos de consumo. Sendo assim, ressaltam os autores, é importante notar como entre nós os processos de diferenciação do trabalho e de generalização do consumo se deram no mesmo compasso. Desse modo, entre nós a corrida pela ascensão social apresentou-se menos como um fruto do progresso industrial e tecnológico e mais como uma corrida de miseráveis, pobres, remediados e ricos pela atualização dos padrões de consumo.
Modernidade
Desse descompasso entre a produção industrial e a circulação mercantil é que emerge nossa modernidade interrompida. Esse tema encontra-se muito bem desenvolvido no quarto capítulo, que é uma espécie de ponto de viragem no livro, fazendo a passagem entre a formação da nossa economia capitalista e a deformação da nossa sociedade de mercado. Nos três últimos capítulos do livro, dessa vez, abordam-se as principais patologias e distorções responsáveis por interditar a modernização do país, trata-se de encarar o fantasma da desilusão que se generalizou pelo Brasil.
Isso porque entre as décadas de 1960 e 1980, os valores capitalistas foram reinventados entre nós sem grandes contestações. O privatismo patriarcalista da casa-grande se prolongou no familismo empresarial; a desvalorização do trabalho, herança da escravidão, se redefiniu na cisão entre funções intelectuais e tarefas manuais; a reverência pela hierarquia das ordens tradicionais se transfigurou na suposta concorrência que seleciona superiores e inferiores; e a idéia de país tomado como negócio, mas não como nação, ganhou fôlego redobrado. Isso tudo porque a aspiração à ascensão individual no Brasil não se lastreou no progresso técnico, mas na corrida pelo consumo.
Em contrapartida, os valores modernos foram obstruídos por grandes barreiras. A secularização, o racionalismo e a ilustração, capazes de inculcar as idéias de autonomia, igualdade e liberdade, trazem consigo conteúdos éticos e humanistas que não ecoam diante dos limites impostos pela lógica utilitarista e mercantil vigente no Brasil. Ou seja, sem os valores modernos capazes de refrear os valores capitalistas, imperou entre nós a exploração econômica e a dominação política que perpetuam as desigualdades sociais fundadas num capitalismo sem iluminismo. Em última instância, pode-se dizer que o industrialismo foi sobrepujado pelo consumismo como lógica de organização social.
Tal alteração ocorre, precisamente, por ocasião do Golpe de 1964, a política econômica capaz de combinar crescimento econômico e concentração de renda abria espaço para a acumulação de lucros e riqueza ao mesmo tempo em que patrocinava a diferenciação entre os salários e, por extensão, entre as capacidades de consumo.
O que se originava era uma sociedade deformada, fraturada em três dimensões: um mundo desfrutado por ricos e privilegiados, caracterizado pelo consumo de luxo, regado à ostentações e suntuosidades; um mundo permeado pelas várias classes médias e remediados, marcado por um tipo de consumo que é o simulacro e a imitação do primeiro; e, por fim, um mundo povoado por pobres e miseráveis, nesse ambiente os salários baixos permitem a reprodução daqueles padrões de consumo, mas impedem a difusão da capacidade de consumir.
Mas as agruras impostas ao país pela ditadura militar não se restringiram ao plano político e econômico, notam os autores, elas também se esprairam pela esfera social e cultural. Isso porque ao cerceamento do espaço público seguiu-se, imediatamente, o estabelecimento de uma opinião privada. Disfarçando-se em meio a entretenimentos ou revestindo-se de objetividades, as empresas televisivas e jornalísticas formavam uma pequena confraria que, com a anuência do governo militar, patrocinavam a instauração de uma indústria cultural americanizada no país.
A prioridade da TV e do entretenimento sobre a informação e a educação, e a preeminência de empresas privadas sobre a opinião pública, apontam os autores, promoveu, novamente, o triunfo de normas mercadológicas sobre princípios modernizantes. Desse modo, a sociedade brasileira passava diretamente da deseducação para a massificação, criavam-se consumidores sem que se houvesse formado cidadãos. Esse será o país lançado, nos anos 1990, sobre os estertores da globalização e do neoliberalismo.
Na melhor tradição do pensamento social brasileiro, o livro destaca como ao mesmo tempo em que criávamos condições para o nascimento e o desenvolvimento do capitalismo, impúnhamos obstáculos para o florescimento e a consolidação da modernidade no país. Tudo analisado à partir das justaposições entre a produção econômica e a reprodução social, entre a lógica da industrialização e os nexos do consumismo.
sábado, 7 de novembro de 2009
Muchachas afganas se inmolan tratando de escapar de matrimonios forzados

Shirin, de 17 años de edad, fue llevada a la Unidad de Quemados del Hospital Regional de Herat pocos días antes de nuestra visita allí. El noventa por ciento de su cuerpo se había convertido en una inmensa quemadura de tercer grado. Su suegra dijo que Shirin se había quemado accidentalmente. La muchacha estaba en la cocina preparando una comida pero algo hizo que confundiera la gasolina para cocinar con el petróleo, dijo. Pero el Dr. Mohamed Aref Jalali, director de la Unidad de Quemados, nos dijo que Shirin le contó en privado que se había prendido fuego deliberadamente tras pelearse con su suegra y su cuñada.
El día que la visitamos, Rezagul parecía tranquila y casi feliz. Ya no estaba casada. Su padre había ido a buscarla y había vuelto con su familia. Estaba excitada pensando que pronto acudiría al colegio por primera vez en su vida.
En realidad, con sus quemaduras aún cubriéndola, Rezagul parecía la foto de la salud, como Brunel, la enfermera, le decía tomándole el pelo, un testimonio del éxito de la Unidad de Quemados.
De hecho, tuvo un papel decisivo en el comienzo de la unidad (que en sus orígenes formaba parte del hospital principal con sólo un puñado de camas y personal aún no preparado) tras una reunión con el entonces gobernador de Herat, Ismael Khan, que comprendió e impulsó la creación de un lugar donde tratar las quemaduras.
sexta-feira, 6 de novembro de 2009
20 años después del Muro la historia continúa
Mijaíl GorbachovIPS
Veinte años han pasado desde la caída del Muro de Berlín, uno de los símbolos vergonzosos de la guerra fría y de la peligrosa división del mundo en bloques y en esferas de influencia enfrentadas. El periodo actual nos permite observar aquellos acontecimientos y formarnos una opinión menos emocional y más racional.
La primera observación optimista es que el anunciado fin de la Historia no se ha producido en absoluto. Pero tampoco ha llegado lo que los políticos de mi generación confiaban sinceramente que ocurriría: un mundo en el cual, con el fin de la guerra fría, la humanidad podría finalmente olvidar la aberración de la carrera armamentista, de los conflictos regionales y de las estériles disputas ideológicas y entrar en una suerte de siglo dorado de seguridad colectiva, uso racional de los recursos, fin de la pobreza y la desigualdad y restauración de la armonía con la naturaleza.
Otra consecuencia es la interdependencia de importantes aspectos que tienen que ver con el sentido de la existencia de la humanidad. Esta interdependencia no se da sólo entre los procesos y hechos que ocurren en los diferentes continentes, sino también en el vínculo entre los cambios en las condiciones económicas, tecnológicas, sociales, demográficas y culturales de miles de millones de personas. La humanidad ha comenzado a transformarse en una civilización única.
Al mismo tiempo, la desaparición del llamado telón de acero y de las fronteras ha yuxtapuesto no solamente a aquellos países que hasta hace poco representaban diferentes sistemas políticos, sino también a civilizaciones, culturas y tradiciones.
Los políticos del siglo pasado podemos estar orgullosos de haber evitado el peligro de una guerra termonuclear. Sin embargo, para millones de personas el mundo no se ha convertido en un lugar más seguro que antes. Innumerables conflictos locales y guerras étnicas y religiosas han aparecido en el nuevo mapa de la política mundial. Una prueba evidente del comportamiento irracional de la nueva generación de políticos es el hecho de que los presupuestos de defensa de muchos países, grandes o pequeños, son ahora mayores que durante la guerra fría, así como que los métodos represivos son una vez más el medio general para resolver conflictos y un aspecto común y corriente de las actuales relaciones internacionales.
Desafortunadamente, a lo largo de las dos últimas décadas el mundo no se ha vuelto un lugar más justo: las disparidades entre la pobreza y la riqueza incluso se incrementaron, no sólo en los países en desarrollo, sino también dentro de las propias naciones desarrolladas. Los problemas sociales de Rusia, como en otros países poscomunistas, son una prueba de que el simple abandono de un modelo defectuoso de economía centralizada y de planificación burocrática no es suficiente para garantizar tanto la competitividad del país en una economía globalizada, como el respeto por los principios de la justicia social.
Deben añadirse nuevos desafíos. Uno es el terrorismo, convertido en la "bomba atómica de los pobres", no sólo en sentido figurado sino en sentido literal. La incontrolada proliferación de las armas de destrucción masiva, la competencia entre los antiguos adversarios de la guerra fría para alcanzar nuevos niveles tecnológicos en la producción de armas, y la emergencia de nuevos pretendientes a desempeñar un papel protagonista en un mundo multipolar, incrementan la sensación de caos que está afligiendo a la política global.
El verdadero logro que podemos celebrar es el hecho de que el siglo XX marcó el fin de las ideologías totalitarias, en particular las inspiradas en creencias utópicas. Pero pronto resultó evidente que también el capitalismo occidental, privado de su viejo adversario histórico e imaginándose a sí mismo como el indiscutible ganador histórico y la encarnación del progreso global, puede conducir a la sociedad occidental y al resto del mundo a un nuevo y ominoso callejón sin salida.
En este marco, la irrupción de la actual crisis económica ha revelado los defectos orgánicos del presente modelo occidental de desarrollo impuesto al resto del mundo como el único posible. Asimismo, demuestra que no solamente el socialismo burocrático sino también el capitalismo ultraliberal tiene la necesidad de una profunda reforma democrática y de la adquisición de un rostro humano, una suerte de perestroika propia.
Hoy en día, mientras dejamos a las espaldas las ruinas del viejo orden, podemos pensar en nosotros mismos como activos participantes en el proceso de creación de un mundo nuevo. Muchas verdades y postulados considerados indiscutibles (tanto en el Este como en el Oeste) han dejado de serlo. Entre ellos estaban la fe ciega en el todopoderoso mercado y, sobre todo, en su naturaleza democrática. Había una arraigada creencia de que el modelo occidental de democracia puede ser difundido mecánicamente a otras sociedades cuyas experiencias históricas y tradiciones culturales son diferentes. En la situación presente, incluso un concepto como el del progreso social, que parece ser compartido por todos, necesita una información más precisa y una redefinición.
quinta-feira, 5 de novembro de 2009
El siglo más largo
Joaquín EstefaníaEl País
Cuando acaba de estudiar ese periodo, Hobsbawm manifiesta su preocupación por la existencia de un planeta cautivo, desarraigado y transformado por el colosal progreso económico y tecnológico del capitalismo dominante en los dos últimos siglos, que había mejorado las condiciones de vida de mucha gente. Y concluye: "Cuanto he escrito hasta ahora no puede decirnos si la humanidad puede resolver los problemas con los que se encuentra al final del milenio, ni tampoco cómo puede hacerlo. Pero quizá nos ayude a comprender en qué consisten esos problemas y qué condiciones pueden darse para solucionarlos, aunque no en qué medida estas condiciones se dan ya o están en vías de darse. Puede decirnos también cuán poco sabemos y qué pobre ha sido la capacidad de comprensión de los hombres y las mujeres que tomaron las principales decisiones públicas del siglo, y cuán escasa ha sido su capacidad de anticipar -y aún menos de prever- lo que iba a suceder, esencialmente en la segunda parte del siglo". (Historia del siglo XX).
Todavía cuando escribe esto el planeta está beneficiándose de los mejores efectos de la nueva economía, aquel paradigma que afirmaba que habían acabado los ciclos económicos (como se había terminado la historia) y que las sociedades no podían más que crecer y progresar. Hoy sabemos que la nueva economía fue en el mejor de los casos una ensoñación, y en el peor, una ideología cuyo objetivo era beneficiar a unos pocos. No es seguro, y tampoco probable, que nuestros hijos vayan a vivir mejor que nosotros. Cuando llevamos más de dos años de Gran Recesión y se empiezan a desvelar con crudeza las huellas que va a dejar en términos de paro, empobrecimiento de las clases medias, marginalidad, hambre, desigualdad o endeudamiento, ¿es demasiado arriesgado analizar esta crisis, heredera de la Gran Depresión, como una continuación natural de ese futuro desconocido y problemático que define al siglo XX, y aseverar que a medida que avanza el nuevo milenio está cada vez más claro que la tarea principal será reconsiderar los abusos intrínsecos del capitalismo? Entonces, el siglo XX no sería un siglo corto sino un siglo largo.
Son bastantes los que definen a la actual crisis como un cisne negro, en la descripción de Nassim Taleb: un acontecimiento inesperado que ocasiona enormes impactos; en este caso, una tormenta que surgió en un cielo casi sin nubes, imprevista, que se abatió sobre un planeta que creía que tales acontecimientos extremos no se iban a repetir. Otros, sin embargo, consideran que las bases para el actual derrumbamiento de la economía estaban puestas desde hace al menos dos décadas, cuando la autodestrucción del socialismo real cambió la naturaleza del poder y el escenario de los miedos; aumentó el temor de los ciudadanos comunes que empezaron a soportar, con más intensidad que nunca, la inseguridad a perder el puesto de trabajo, a quedar atrás en una distribución de recursos cada vez más desigual, a zozobrar en el control de las circunstancias y rutinas de sus vidas cotidianas; y quizá, y sobre todo, alarma ante el hecho de que quienes tienen la autoridad delegada hayan perdido su control a favor de fuerzas que están más allá de su alcance, como consecuencia de la globalización realmente existente. Por el contrario, perdieron esos miedos los poderosos, que a partir de principios de los años noventa no se tenían que enfrentar ya a la existencia de un sistema político y económico alternativo, con todos los defectos que se le quieran poner (y que eran ciertos), y tenían barra libre para experimentar a su favor con cualquier ungüento de serpiente, como era la desregulación de mercados inestables, con información asimétrica y competencia imperfecta.
Llevamos más de dos años componiendo el juego de culpables de esta crisis: los bancos centrales, que no la previeron o la facilitaron con su política de gran liquidez; las agencias de calificación de riesgos que nos engañaron sobre el verdadero valor de los activos financieros; los fondos de alto riesgo, totalmente libres; los banqueros, que sacaban de balance multitud de riesgos imprecisos; los organismos reguladores, que dedicados a lo que estaba dentro de sus fronteras no previeron que éstas ya no existían para los movimientos de capital; los gobiernos que permitieron todo lo anterior y lo legitimaron con su inacción. Pero para comprender esta Gran Recesión debemos ir más allá de ese espejo de culpables parciales o de chivos expiatorios, porque sólo ahondando en la fuente de los errores puede señalarse el sistema de ideas que dio lugar a ellos. Como acertadamente ha señalado Robert Skidelsky (El regreso de Keynes), cuando algo va mal el primer instinto es señalar a los responsables prácticos de la cosa y sólo empezamos a culpar a las ideas cuando resulta evidente que aquellos responsables no eran excepcionalmente corruptos, avariciosos ni incompetentes, sino que estaban actuando sobre lo que creían ser unos sanos principios y no lo eran: el pensamiento único.
Así que las prácticas de todos esos agentes, por escandalosas que hayan sido, deben remontarse a las ideas que las acogieron. Estas ideas (la autorregulación, el Estado es el problema y el mercado la solución, presupuestos equilibrados en sociedades con muchas necesidades, primero es crecer y sólo luego distribuir, la inflación como prioridad económica absoluta...) llegan siempre a la arena pública mezcladas con la política, los intereses creados, las circunstancias de cada época y lugar y devienen en la ideología dominante.
No sólo Skidelsky defiende esta interpretación de lo sucedido. El Nobel de Economía George Akerloff, y otro economista que puede serlo en cualquier momento, Robert Shiller, se preguntan en qué hemos estado pensando los ciudadanos durante la parte alta del ciclo, por qué no nos dimos cuenta de lo que estaba sucediendo si era evidente la artificiosidad de la economía, hasta que no se nos cayó el mundo encima con acontecimientos como bancos que quiebran y han de ser nacionalizados, empresas que desaparecen, contabilidad creativa, pérdida de centenares de miles de empleos, ejecución de hipotecas, sequía de préstamos, bonus desequilibrantes de la estructura social... Y se responden: porque el público y los Gobiernos se sentían respaldados por una teoría que les decía que estaban seguros, que todo iba perfectamente y que no corrían ningún peligro.
Aseguraba Schumpeter que las fluctuaciones cíclicas de la economía capitalista, hoy tan abundantes, no son como las amígdalas, órganos aislados que pueden extirparse por separado, sino como los latidos del corazón, parte de la esencia del organismo que los pone de manifiesto.
Quién nos iba a decir que más de 60 años después de su muerte, Keynes iba a ser tan reivindicado por el fracaso intelectual de las ideas que lo arrumbaron, que íbamos a volver a contemplar la historia mucho más como una escalera de espiral que con la linealidad que con tanta falsedad nos vendieron, y que no íbamos a poder dejar tan fácilmente el siglo XX, olvidándonos de lo terrible que fue.
quarta-feira, 4 de novembro de 2009
Honduras: Congreso dilata futuro de Zelaya
AgenciasLa decisión, informada por dos legisladores, desafía un acuerdo alcanzado la semana pasada entre negociadores de Zelaya y el Gobierno de facto con la mediación de Washington, cuyo punto central es que el Congreso vote sobre la vuelta al poder del derrocado mandatario. "Confirmado, se acordó enviar a la Corte, al Ministerio Público y a la Procuraduría General de la República", dijo a Reuters Antonio Rivera, subjefe de bancada del Partido Nacional. "Una vez que hayan los reportes de los tres órganos nos reuniremos", añadió.
El acuerdo logrado la semana pasada, dentro de los intentos por superar la crisis desatada por el golpe de Estado de fines de junio, contemplaba la posibilidad de que el Congreso pidiera la opinión no vinculante de la Corte Suprema, pero la directiva parlamentaria sumó a otros órganos del poder público.
La decisión de la Junta Directiva del Congreso no fue unánime. Tres de los 13 miembros votaron en contra de pedir la opinión de la Corte Suprema e intentaron fijar un plazo de 24 horas para que los órganos consultados den su informe y así pudiera ser convocada la sesión para votar sobre el futuro de defenestrado mandatario.
El diputado liberal Erick Rodríguez dijo que pidieron la opinión de forma "urgente" a la Corte Suprema, Procuraduría y Fiscalía, pero no fijaron un plazo. "En Honduras 'urgente' a veces dilata. Hablás a la policía de urgencia y vienen en cuatro o cinco horas", dijo al comentar que por esa razón los dictámenes y un posterior llamado a la sesión "podría tardar una semana, un mes después de las elecciones".
Los parlamentarios están en receso por la campaña electoral para las elecciones presidenciales del 29 de noviembre. Zelaya dijo que, si para el jueves no era reinstaurado, la comunidad internacional desconocería las elecciones, que ya estaban convocadas desde antes de su derrocamiento y que han sido la punta de lanza del Gobierno de facto como la vía para cerrar la peor crisis política en América Central en décadas. El acuerdo también dispone la conformación esta semana de un Gobierno de unidad nacional, plazo que estaría en duda con la decisión de los líderes parlamentarios.
La Corte Suprema dictaminó en el pasado que el golpe de Estado que derrocó a Zelaya fue legal, debido a que el mandatario depuesto habría violado la Constitución al querer forzar la reelección presidencial.
¿El pueblo se levanta? La decisión de la Junta Directiva tomó mal parada a la comisión de verificación de la Organización de Estados Americanos (OEA), que llegó a Tegucigalpa poco antes de la votación con la esperanza de una rápida aplicación del acuerdo. Además, enfureció a cientos de simpatizantes de "MEL", como llaman popularmente a Zelaya, que amenazaron con manifestar ante el Congreso para presionar por su restitución.
La comisión de la OEA es liderada por el ex presidente chileno Ricardo Lagos, quien más temprano el martes dijo a una radio de su país que cree que el camino para salir de la crisis es "restablecer al presidente Zelaya por el escaso tiempo que le queda en la presidencia".
Por su parte Hilda Solis, secretaria de Trabajo de Estados Unidos, dijo que está dispuesta a hacer todos los esfuerzos hasta saber "dónde y cómo vamos a alcanzar una solución para la gente de Honduras". En las afueras del Congreso, enfurecidos simpatizantes de Zelaya gritaban "¡Mel, aguanta, que el pueblo se levanta!", con el puño en alto.
Muchos juraron mantener la vigilia hasta que vuelva al poder su líder, refugiado desde el pasado 21 de septiembre en la embajada de Brasil en la capital hondureña tras haber ingresado de manera clandestina al país. El Congreso era custodiado por policías antimotines, provistos de escudos, palos y bombas lacrimógenas.
terça-feira, 3 de novembro de 2009
Emerge una nueva izquierda en Europa
Daniel BensaidEl País
Varios factores explican este fenómeno y, ante todo, el hundimiento o el retroceso de los partidos socialdemócratas y comunistas que han estructurado desde hace medio siglo la izquierda tradicional. Los partidos comunistas, que se habían identificado con el "campo socialista" y con la Unión Soviética, han desaparecido o han visto disolverse su base social, a excepción relativa de Grecia y Portugal. En cuanto a la socialdemocracia, al acompañar e impulsar las políticas liberales en el marco de los tratados europeos, ha contribuido activamente a desmantelar el Estado social del que obtenía su legitimidad. Bajo pretexto de "renovación", de "tercera vía" y de "nuevo centro", se ha metamorfoseado además en formación de centro izquierda, a semejanza del Partido Demócrata italiano. A medida que sus vínculos con el electorado popular se debilitaban, se reforzaba su integración en los medios de negocios. El paso de Schröder al consejo de administración de Gazprom, y la promoción de dos "socialistas" franceses (Dominique Strauss-Kahn y Pascal Lamy) a la cabeza del FMI y de la OMC simbolizan esa transformación de altos dirigentes socialistas en hombres de confianza del gran capital. Paladina de la "economía social de mercado" y del compromiso social, la socialdemocracia alemana ya ha pagado por ello, al registrar en las elecciones del 27 de septiembre una pérdida de 10 millones de electores en 10 años.
Mientras que esta izquierda del centro cada vez se distingue menos de la derecha del centro, ha crecido tras la caída del muro de Berlín una nueva generación que no habrá conocido más que las guerras calientes imperiales, las crisis ecológicas y sociales, el desempleo, y la precariedad. Una minoría activa de estos jóvenes retoma el gusto por la lucha y la política, pero mantiene su desconfianza ante los juegos electorales y los compromisos institucionales. Al rechazar un mundo inmundo sin llegar a concebir "el otro mundo" necesario, esta radicalidad puede tomar direcciones diametralmente opuestas: la de una alternativa claramente anticapitalista, o la de un populismo nacionalista y xenófobo (el Frente Nacional en Francia, el National Front en Reino Unido), e incluso la de un nuevo nihilismo. Sin embargo, es alentador constatar que el electorado de Die Linke, como el de Olivier Besancenot en las elecciones presidenciales francesas de 2007, se caracteriza por tener un componente joven, precario y popular, proporcionalmente superior al de los otros partidos.
Sin embargo, la nueva izquierda no constituye una corriente homogénea reunida en torno a un proyecto estratégico común. Se inscribe más bien en un campo de fuerzas polarizado, de un lado, por la resistencia y los movimientos sociales, y del otro, por la tentación de la respetabilidad institucional. La cuestión de las alianzas parlamentarias y gubernamentales ya es para esta izquierda una verdadera prueba de verdad. Rifundazione Comunista, que todavía ayer aparecía como el buque insignia de esta nueva izquierda europea, se suicidó al participar en el Gobierno Prodi sin impedir el retorno de Berlusconi. Mucho más allá de las tácticas electorales, estas opciones revelan una orientación que Oskar Lafontaine resume con acierto: "Hacer presión para restaurar el Estado social".
Por tanto, no se trata de construir pacientemente una alternativa anticapitalista, sino de "hacer presión" sobre la socialdemocracia para salvarla de sus demonios centristas y hacerla volver a una política reformista clásica dentro del marco del orden establecido. En cuanto a "restaurar el Estado social", para ello haría falta empezar por romper con el Pacto de Estabilidad y el Tratado de Lisboa, reconstruir unos servicios públicos europeos y someter el Banco Central Europeo a instancias elegidas. En resumen, hacer exactamente lo contrario de lo que han hecho los gobiernos de izquierdas durante los últimos 20 años y siguen haciendo cuando están en el poder. La moderación de la socialdemocracia ante la crisis económica y su declaración común durante las últimas elecciones europeas demuestran que su sometimiento a los imperativos del mercado no es reversible.
En cambio, el día después de las elecciones portuguesas, Francisco Louça, el diputado que coordina el Bloque de Izquierda, rechazó los cantos de sirena gubernamentales, al declarar rotundamente que su formación estaría "en la oposición", en contra de las privatizaciones anunciadas, del desmantelamiento de los servicios públicos y del nuevo código de trabajo; por tanto, en la oposición del Gobierno Sócrates. Esta opción también está en el corazón de las divergencias entre el NPA de Olivier Besancenot, que rechaza toda alianza de gobierno con el Partido Socialista, y el Partido Comunista francés, claramente comprometido con la perspectiva de reconstruir la "izquierda plural", cuyo gobierno condujo al desastre de 2002 con Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
Estas dos opciones atraviesan, sin duda, la mayoría de los partidos de la nueva izquierda y, en concreto, Die Linke, cuya coalición con el SPD, ya muy discutida en el Ayuntamiento de Berlín, tendería a generalizarse como parece anunciarlo la alianza trabada últimamente en el land de Brandenburgo.
De este modo, se esboza la opción estratégica a la que se verá confrontada la nueva izquierda. O bien se contenta con un papel de contrapeso y presión sobre la izquierda tradicional privilegiando el terreno institucional; o bien favorece las luchas y los movimientos sociales para construir pacientemente una nueva representación política de los explotados y oprimidos. Esto no excluye de ningún modo que busque la más amplia unidad de acción con la izquierda tradicional, en contra de las privatizaciones y las deslocalizaciones, y a favor de los servicios públicos, la protección social, las libertades democráticas y la solidaridad con los trabajadores inmigrados y sin papeles. Pero esto exige una independencia rigurosa respecto a una izquierda que gestiona lealmente los asuntos del capital, a riesgo de hacer aborrecer la política a las nuevas fuerzas emergentes.
La crisis social y ecológica está todavía en sus inicios. Más allá de posibles recuperaciones o mejoras, el desempleo y la precariedad se mantendrán en unos niveles muy elevados y los efectos del cambio climático seguirán agravándose. En efecto, no estamos ante una crisis como las que ha conocido frecuentemente el capitalismo, sino ante una crisis de la desmesura de un sistema que pretende cuantificar lo incuantificable y dar una medida común a lo inconmensurable. Es probable que estemos, por tanto, al principio de un seísmo, con recomposiciones y redefiniciones, del que saldrá un paisaje político dentro de unos años totalmente recompuesto. Hay que prepararse para ello y no sacrificar el surgimiento de una alternativa a medio plazo por operaciones de politiqueo e hipotéticas ganancias inmediatas que traen amargas desilusiones.
segunda-feira, 2 de novembro de 2009
Mario Bunge: "Hay nubes negras en el horizonte"
Héctor PavónRevista Ñ
Critica a casi todos. Dice que las redes virtuales son superfluas, que los economistas son enemigos del pueblo, que Heidegger era un charlatán y que vendrán guerras por los recursos. Pero apuesta por la democracia participativa, el desarrollo, la igualdad y el bien común. El Estado es imprescindible, dice, y agrega que no puede estar sometido a unos pocos, a una minoría.
Además de físico, filósofo y epistemólogo, Mario Bunge es humanista en la teoría y en la práctica. Un hombre que reivindica la actitud liberal de quien defiende la libertad y ejercita un pensamiento progresista. Y también provocador. Polémico y con pocas pulgas: así se refiere a quienes no respeta. Bunge ha llegado a la síntesis hegeliana de su pensamiento al publicar un libro enorme en tamaño y en ideas que se llama simplemente Filosofía política (Gedisa). Desde que la Noche de los bastones largos lo expulsó del país, Bunge vive en Canadá, donde también piensa y escribe sobre este mundo, que muchas veces suele indignarlo. Una mañana, desde Montreal conversó por teléfono con Ñ y contó cómo es la democracia, la ideología, el bien común y el sistema lógico que desearía compartir con muchas personas de este planeta.
¿Cómo opera la lógica en la política cotidiana? Usted cita frases de George Bush que no resisten el análisis lógico...
En la política cotidiana no se trata de argumentar a favor o en contra, sino más bien de persuadir. Se usa el arte de la retórica, de la persuasión que es muy diferente de la lógica que usan los científicos. El discurso político, aun cuando sea honesto, recurre a trucos retóricos porque se trata de convencer al votante y se recurre a argumentos de tipo sentimental. En este momento, se está debatiendo en EE.UU., algo muy raro porque el debate de ideas casi no existe en ese país, acerca de los planes de Obama, de reformar el sistema de salud. Las compañías farmacéuticas, las de seguros y el Partido Republicano recurren a mentiras. Dicen que el sistema canadiense es malo cuando es al revés, es muchísimo mejor y más barato que el norteamericano; unos dicen que la socialización de la medicina equivale al comunismo y otros, al nazismo. Amenazan: mucha gente va a los mitines con armas, las exhiben y dicen que están dispuestas a defender la medicina privada con sus ¡vidas! Cuando hay grandes intereses de por medio, la retórica reemplaza a la lógica.
Usted dice que en la política es tan común la estupidez como la racionalidad. ¿Quiénes son los que pregonan esa estupidez?
Los malos filósofos. Como Nietzsche que no era filósofo sino panfletista: no resolvió ningún problema filosófico importante, pero sí difundió una ideología reaccionaria, proto-fascista. Los anarquistas admiraban a Nietzsche porque era anticristiano, porque peroraba en contra del establishment, y no se daban cuenta de que era antidemocrático, misógino, que estaba en contra de los sindicatos, que preconizaba la dictadura, el predominio del súper hombre. Nietzsche era el filósofo favorito de Hitler, otro: Heidegger preconizaba la estupidez, porque se reía de la lógica, negaba la racionalidad, y porque escribía de manera totalmente incomprensible. Se cree que Heidegger fue un filósofo nazi, pero eso fue un error. No era un filósofo, era un charlatán.
En su libro elogia las redes sociales. ¿La aparición de comunidades virtuales como Facebook, ha modificado ese espíritu?
Sí, pero son comunidades muy flojas porque los vínculos que los unen son puramente informáticos; una cosa es una relación cara a cara y otra es una relación a través de una pantalla. Yo tengo amigos postales a quienes nunca he visto en mi vida, con quienes me escribo desde hace 20, 30 años, y los considero amigos porque intercambiamos ideas, nos ayudamos mutuamente, pero en un plano muy abstracto. Las relaciones que suele hacer la gente en Internet son muy superficiales. Cuando yo era chico había otra red: la de los radioaficionados, tipos que tenían un equipo de radioemisora, retrotransmisora y receptora en un altillo y se comunicaban con gente en Australia, por ejemplo. Las conversaciones eran del tipo: "Hola, ¿qué tal?, ¿qué estás haciendo? ¿Hace lindo tiempo ahí? ¿qué comiste?" Todos temas intrascendentes. Es muy diferente de las redes profesionales, de científicos o de políticos que están tratando problemas serios, ya sea cara a cara o a través de la pantalla. La pantalla disminuye mucho la intensidad de las relaciones sociales.
¿Usted asesoraría a un gobernante como intelectual?
Sí, cómo no, desde luego. Pero la desgracia es que los gobernantes casi nunca consultan a los científicos; consultan a los economistas, y casi siempre a los malos. Por ejemplo, Obama, a pesar de sus buenas intenciones, está rodeado de economistas de la época de Bush o de Clinton, que son responsables de la crisis actual. Son personas que asesoraron a los gobiernos anteriores diciéndoles que había que desregular ésta o aquella industria; empezando por Ben Bernanke, que es el presidente del Banco Central, Larry Summer, que fue presidente de Harvard University. En ese entonces, Summer dio sugerencias sobre las inversiones y Harvard llegó al borde de la bancarrota. Ronald Reagan se hizo asesorar por Milton Friedman quien dio recomendaciones que hicieron que la economía norteamericana cayera en crisis. En cambio, en la gran recesión que empezó en 1929, el gobierno de Roosevelt se asesoró por discípulos de Keynes. Es decir, esa vez sí consultaron a un buen economista, uno de los pocos que no era enemigo del pueblo. La mayor parte de los economistas son enemigos del pueblo. Como dijo Nassim Nicholas Taleb: son como astrólogos pero mucho más peligrosos.
¿Cuánto cree que se ha transformado el concepto de seguridad? Pareciera que en nombre de la seguridad hoy se resigna libertad. ¿Es un mal necesario?
No, yo creo que no, que es al revés. Solamente en una sociedad democrática puede haber seguridad, porque la gente participa y, en lugar de esconderse en pequeños grupos subterráneos ilegales, saca la cara y combate en defensa de las libertades. Por otro lado, en la sociedad actual no hay seguridad económica, a uno lo pueden dejar cesante de la noche a la mañana. Tampoco hay seguridad ambiental; uno no puede tener seguridad de que el aire que respira o el agua que bebe están libres de contaminantes. No hay seguridad sanitaria, digamos. Hay muchas clases de seguridad. La política de Bush fue igual que la de Hitler: decirle a la gente que estaba bajo amenaza para que aguantaran cualquier cosa. Cuando en el Juicio de Nüremberg le preguntaron al mariscal Goering cómo se las arreglaron para persuadir al pueblo alemán de que tenía que seguir fielmente las órdenes del Führer, dijo: "Es muy simple, los convencimos de que estaban bajo amenaza, de que la nación alemana estaba en peligro de ser destruida de adentro por los judíos y de afuera, por los bolcheviques". Bastó eso para que aceptaran todas las medidas de emergencia. Y lo mismo pasó con el 9/11. Bush convenció, con la complicidad de los grandes medios, a la población de que EE.UU. estaba bajo ataque. Y era mentira. Eso de la guerra contra el terrorismo es ridículo, lo que requiere es una operación policial, no una movilización de todo un pueblo. Los norteamericanos estaban completa y políticamente ciegos.
¿La idea de un bien común, se modifica cuando se multiplican los guetos? Hay guetos voluntarios de ricos, involuntarios de pobres, hay minorías sexuales, tribus urbanas, que busca cada una su bien común. ¿Quién busca el bien común...?
Es que no son bienes comunes. El bien común existe desde el comienzo de la civilización. Justamente ésa es una de las características del comienzo de la civilización; aparece la división de clases, aparecen los ejércitos permanentes, pero también aparece un hecho nuevo: el bien común para el cual hay que imponer impuestos. Por ejemplo, las carreteras, los puentes, los templos, los graneros, las reservas de agua, etcétera, son todos bienes comunes, y la función del Estado es doble: no solamente mantener el orden social sino también administrar el bien común. Es cierto que cada grupo tiene sus intereses particulares y también es cierto que la escuela nos enseña –o nos enseñaba– que hay un bien común que hay que proteger y enriquecer; pero es muy difícil, sin democracia participativa es muy difícil convencer a la gente de que no tiene que dañar los edificios públicos, de que tiene que tratar de mejorar el alumbrado o el servicio sanitario y agruparse en sociedades vecinales, de fomento.
¿Qué se entiende por ideología hoy? ¿Existe aún?
Una ideología es un sistema de juicios de valor, de propuestas sobre la conducción de la política; contiene una visión de la sociedad, y datos. Lo que se puede prescindir es de una mala ideología, de una ideología fundada sobre mentiras o de una que sirve solamente a una pequeña minoría. Yo creo en las posibilidades de construir ideologías científicas, es decir, ideologías que se basen sobre los datos de las ciencias, de las distintas ciencias, en particular las ciencias sociales. Por ejemplo, que la libertad hace bien a la salud, y que la opresión daña la salud. Ese es un dato importante. También, es un dato importante saber que los chicos desnutridos no aprenden bien. Los mexicanos encontraron ya hace medio siglo que la corteza cerebral de los chicos pobres es mucho más delgada que la corteza cerebral de los chicos de familias acomodadas, por eso es que andan mal en la escuela, su cerebro funciona mal porque están hambrientos. Una ideología progresista, una ideología científica va a tener en cuenta esos datos de las ciencias médicas, de las ciencias sociales.
¿La democracia ha cambiado lo suficiente para adaptarse al mundo de hoy...?
Fue una gran revolución la introducción de la democracia política. Pero no basta porque no da de comer, hace falta la democracia económica, es decir, una repartición más justa de los bienes materiales, hace falta democracia biológica, o sea, igualdad de sexos, de los tres sexos; igualdad de razas también; hace falta democracia ecológica o ambiental, para evitar que los recursos naturales, que la naturaleza sean apropiados por unas pocas corporaciones que la arruinan, que la explotan en forma que no es sostenible. Yo propongo una democracia integral, que sea a la vez biológica, económica, cultural y política. En la Argentina, desde la época de Sarmiento en adelante se ha gozado de cierta democracia cultural o por lo menos educativa. La enseñanza ha sido siempre gratuita, abierta a todo el mundo. Pero lo malo es que una escuela gratuita pero pobre no sirve.
¿Cómo imagina que será la democracia en el futuro?
Todo depende de si los ciudadanos siguen en su mayoría apáticos, indiferentes a la política o asqueados por la política, en lugar de tratar de mejorarla. Tenemos que actuar en política, discutir y ver cuáles son los problemas que debieran abordar los partidos políticos y las agrupaciones políticas no partidarias. En cada barrio debería haber una agrupación no gubernamental que estudie los problemas del barrio, los problemas urbanos, económicos, culturales, y que sugiera soluciones, que inviten a conferencistas, que hagan trabajos sobre distintos problemas; que la ciudadanía participe activamente en la construcción, reconstrucción y modernización de las instituciones.
¿Hacia dónde va el papel del Estado, teniendo en cuenta la importancia que tuvo en la definición de la crisis global?
El Estado es imprescindible, pero no puede estar sometido a unas pocas empresas, no puede estar sometido a una minoría. Hay Estados más o menos neutros en que eso no pasa, por ejemplo en Suecia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Finlandia, donde predomina el Partido Socialdemócrata. Es cierto que Berlusconi en Italia es un delincuente que los italianos estúpidamente han elegido tres veces; pero lo único que ha logrado Berlusconi es cambiar la industria de la comunicación, se ha apoderado de casi todos los medios, pero los gobiernos de Berlusconi no han cambiado la estructura social. Italia sigue siendo un país en que la mayor parte de la población es propietaria de su casa, la mayor parte de la población es de clase media y no hay ya la miseria que había hace 50 años. El Estado moderno en los países llamados de bienestar capitalista, o llamados socialistas, cumple un papel positivo, bastante positivo.
¿Es optimista o pesimista sobre el futuro de la humanidad?
No soy pesimista ni optimista, soy realista. Creo que hay posibilidades de desarrollo progresivo, de mejorar la manera en que vive la gente, pero no estoy para nada seguro de que se realicen porque hay muchas nubes negras en el horizonte. Los recursos energéticos básicos están disminuyendo, de modo que es casi inevitable que haya nuevas guerras de petróleo. La sobrepoblación sigue siendo una nube negra; la erosión de la tierra; la contaminación del ambiente. Pero también es cierto que se dispone cada vez más de una ingeniería y de una química capaz de resolver muchos problemas. Hay posibilidades de ir adelante, y también hay posibilidades de ir atrás. Si seguimos poniendo la economía en manos de aventureros y de gente ignorante, entonces, vamos a seguir sufriendo crisis. Y con cada una de estas crisis se barren, desaparecen miles y miles de millones de bienes; y por supuesto, millones de vidas quedan arruinadas, las vidas de los desocupados. Hay maneras de ir para adelante, la cuestión es saber si los ciudadanos van a tomar interés en el futuro o van a seguir apáticos, marginados.
domingo, 1 de novembro de 2009
O governo do submundo
Euclides Mendessábado, 31 de outubro de 2009
A televisão como Moderno Príncipe
Giulio Ferronisexta-feira, 30 de outubro de 2009
Repensando os Trópicos: um retrato intelectual de Gilberto Freyre

O livro valoriza um Freyre crítico cultural e intelectual público, que se pronunciava sobre arquitetura, raça, regionalismo e sexo. Conta também como ele lia e escrevia intensamente, tendo o apoio de familiares, amigos e discípulos que digitavam seus manuscritos (originalmente escritos a lápis) ou copiavam documentos para ele nos arquivos. É mostrado como um rompedor de tabus, dono de um estilo coloquial que ofendeu alguns de seus primeiros leitores no início da década de 1930.
Na tentativa de explicar o multidisciplinar pesquisador - que além de historiador foi um ativo sociólogo, jornalista, crítico cultural, deputado, romancista, poeta e artista plástico - Maria Lúcia e Peter Burke buscaram em entrevistas a conhecidos do pernambucano, em teses acadêmicas, pesquisas sobre hábitos brasileiros e documentos redigidos pelo próprio Freyre a fonte para construir uma narrativa substancial sobre sua vida e trabalho. Ao mesmo tempo em que fazem uma abordagem crítica da obra escrita pelo pernambucano, os Burke reconhecem suas muitas qualidades positivas, apresentando uma rica variedade de contextos culturais e políticos, em vez de simplesmente analisarem textos.
Repensando os Trópicos contextualiza e atualiza o pensamento e os acontecimentos que levaram às análises do sociólogo, descrito pelos autores como "um grande pensador social; um dos poucos que não surgiram da Europa Ocidental ou dos Estados Unidos" e que, por esse mesmo motivo, é singular em sua maneira de interpretar os fatos. Uma obra que destaca uma das forças de Gilberto Freyre, a de conseguir observar o Brasil tanto de um ponto de vista externo quanto interno.
