sábado, 15 de novembro de 2008

La tormenta ya está sobre América Latina

AméricaEconomía

Mientras Alemania ya se declaró oficialmente en recesión técnica y Estados Unidos enfrenta una fuerte desaceleración, el contagio de la epidemia global comienza a sentirse en la región.

La recesión en Alemania, que el gobierno declaró oficialmente este jueves, y la confirmación de que China se encuentra sumergida en el menor ritmo de crecimiento industrial en siete años, son apenas las más recientes evidencias del declive económico global. Para el 2009, el panorama no será mejor. Estados Unidos, país clave para el desarrollo de América Latina, también está ingresando a un período de desaceleración cuyos efectos ya se sienten en la región.

Según dijo este jueves la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el club de los 30 países más industrializados, la mayor economía del mundo va a arrastrar a muchas naciones a una larga recesión y será la más golpeada por la actual situación. Y aunque muchos especialistas aseguraron en su momento que América Latina no se vería tan afectada por las complicaciones de su vecino, ahora algunos no son tan optimistas.

De forma categórica, Javier Santiso, director del Centro de Desarrollo de la OCDE, declaró que "América Latina no está desacoplada con ninguna región del mundo y en particular con Estados Unidos. No hay inmunidad (...) a un choque que venga de Estados Unidos", aseguró, aunque matizó que hay países latinoamericanos que "han hecho los deberes" o "tienen una mayor capacidad de resistencia".

"Los que han conseguido hacer este esfuerzo de estabilización económica están mejor preparados para absorber choques", dijo, y recordó que "el año pasado, cuando la crisis financiera se estaba desarrollando muy fuertemente, no afectó a los países latinoamericanos (...) ahora sí que alcanza porque está traspasando a la economía real", alertó.

En esa línea, Augusto de la Torre, economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, señaló que “la convergencia de formidables shocks externos -la crisis financiera y desaceleración del crecimiento mundial, junto a la caída de los precios de los commodities- va a golpear a la región”. El experto explica que, en comparación con crisis anteriores, la región navega en un bote mejor construido, aunque señala que “está viviendo una tormenta cada vez más difícil”.

Una opinión similar tiene el profesor de economía en la Universidad de California, Los Angeles (UCLA), Sebastián Edwards. En una columna en el diario Portafolio, señala que “la mayoría de las economías emergentes siguen siendo frágiles y están afectadas por lo que sucede en los países avanzados. Los efectos de esta recesión serán particularmente severos en América Latina”, asegura.

A su juicio, Brasil y México fueron los más afectados hasta el momento. Sin embargo, advierte que de atravesar por una prolongada recesión, Argentina se vería seriamente perjudicada ya que “sus necesidades de financiación externa son inmensas y sus exportaciones caerán marcadamente”.

"En Brasil cada día que pasa sin que Estados Unidos ecuacione su problema, más fuerte será el impacto en la desaceleración en 2009”, dijo el economista Dirceu Bezerra, quien también prevé caídas en el superávit comercial del país, afectado por una caída en la demanda y menores precios de las materias primas.

Para México, la segunda mayor economía de América Latina, las perspectivas de crecimiento fueron revisadas a la baja recientemente por el Fondo Monetario Internacional. La economía se vería afectada por menores envíos a Estados Unidos, mercado al que destina un 80% de sus exportaciones. También disminuiría el ingreso de remesas al país por parte de los emigrados.

En Argentina, la sensación de crisis económica está instalada. Para María Castiglioni, de la consultora Asesores Económicos, "la economía el año que viene va a crecer poco y nada. Hemos revisado nuestro pronóstico de crecimiento real (...) Tenemos un pronóstico del 1,6 por ciento de expansión, con caída de inversión", dijo la analista argentina. La caída de los precios de las materias primas agrícolas resulta especialmente grave, ya que golpea a su poderoso sector rural y por extensión a la agroindustria y al comercio. Ese ciclo negativo golpeará también los ingresos fiscales, que se han nutrido estos años de un impuesto a las exportaciones que representa más de la totalidad del superávit primario del país.

Las perspectivas tampoco son alentadoras para Venezuela, donde el tipo de cambio no oficial se ha disparado por un deterioro de las perspectivas económicas, proporcionales a la caída del precio del petróleo. Con menores ingresos petroleros, analistas como David Duarte, de 4CAST, creen que la nación caribeña, donde el gasto del Gobierno central se ha disparado en un año un 33%, enfrenta el peligro de "una recesión que pueda tener graves consecuencias políticas".

La pequeña economía de Bolivia también se vería afectada por la caída de los precios de los hidrocarburos y una disminución en el envío de remesas, aunque el Gobierno espera una leve desaceleración del crecimiento en el 2009 respecto a este año.

En Perú, el Gobierno del presidente Alan García ya advirtió que el ciclo de explosiva expansión se está moderando. Para este año espera un incremento del PIB del 6,6%. En tanto, analistas económicos esperan una desaceleración a 4,8% en el 2009.

El panorama no es distinto en Chile, considerada una de las economías emergentes más estables del mundo. Pablo Correa, jefe economista en Chile de Santander GBM dijo que la expansión del PIB en el país no será superior a 3% el año próximo, con el impacto de "un menor crecimiento en las exportaciones reales, del consumo privado y de la inversión", lo que afectará el empleo.

Según diversos analistas, los principales bancos centrales han perdido millonarias reservas para contener una depreciación de las monedas, mientras la disminución de la confianza empresaria y de los consumidores anticipan fuertes caídas del consumo, la producción y el empleo.

“La menor demanda por nuestras exportaciones va a tener un efecto adverso importante sobre la actividad económica de la región. Es obvio que los países de Latinoamérica no pueden evadir esta caída cíclica”, concluye De la Torre, del Banco Mundial. Señal de que la tormenta está entre nosotros.

sexta-feira, 14 de novembro de 2008

The New York Times: “Termina la guerra de Irak”


Reuters

Un grupo de activistas estadunidenses repartió este miércoles más de un millón y medio de ejemplares falsos del diario The New York Times en Nueva York y Los Angeles, con una portada que afirmaba: “Termina la guerra de Irak”.

La elaborada edición de 14 páginas, fechada el 4 de julio de 2009, sería obra de un grupo llamado Yes Men, que anteriormente se hizo pasar por autoridades de la Organización Mundial de Comercio y anunció la disolución del organismo internacional. “Es falso y lo estamos examinando”, dijo la portavoz del New York Times, Catherine Mathis.

Un comunicado enviado desde una página en Internet para la edición falsa, dijo que tomó seis meses crear el diario, que se imprimió en seis imprentas diferentes y que después se entregó a miles de voluntarios para que lo distribuyeran.

“Queremos que (el presidente electo Barack) Obama y los otros demócratas estén seguros de hacer lo que les pedimos que hicieran”, dijo Bertha Suttner, identificada como una de las escritoras del periódico, en un comunicado. “Después de ocho, o quizás 28 años de infierno, necesitamos empezar a imaginarnos el cielo”.

Obama asumirá el cargo el 20 de enero, tras ocho años de administración de George W. Bush y 28 años después de la llegada a la presidencia de Ronald Reagan. El diario incluye una historia en la portada que asegura que la “ex secretaria de Estado Condoleezza Rice aseguró a los soldados que el gobierno de Bush sabía antes de la invasión de Irak que Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva”. El gobierno de Bush declaró que en las fechas de la invasión, en marzo de 2003, pensaba que Irak tenía armas químicas y biológicas y que estaba intentando desarrollar una bomba nuclear.

Otros titulares anunciaban la nacionalización del petróleo para financiar los esfuerzos contra el cambio climático y la creación de un modelo de economía sana. También hay una página completa de anuncios falsos de la mayor compañía petrolera del mundo, Exxon Mobil, que aplaude el fin de la guerra en Irak, y que la paz es “una idea de la que el mundo puede beneficiarse”.

Yes Men fue objeto de un libro y un documental en 2004 y sus integrantes se han hecho pasar por representantes de Exxon Mobil y del National Petroleum Council para ofrecer un discurso en una conferencia petrolera en Canadá.

Domenico Losurdo: "El lenguaje del Imperio. Léxico de la ideología americana"


Prolijo autor, polemista inmisericorde, punzante escritor, Domenico Losurdo (Sannicandro di Bari, 1941) ha sabido poner en claro y sobre el papel las ambivalencias, zonas de sombra y claroscuros de la filosofía clásica alemana. Buena muestra de ello son libros como Autocensura y compromiso en el pensamiento político de Kant (de próxima aparición en Escolar y Mayo Editores), La comunidad, la muerte, Occidente: Heidegger y la “ideología de la guerra” (Losada, 2003) o Nietzsche. El rebelde aristocrático (Bollati Boringhieri, 2004), en los que Losurdo conjuga el rigor documental y la lucidez interpretativa que le han dado fama internacional –no en vano sus obras han sido traducidas a las principales lenguas europeas– con un insobornable espíritu crítico que desvela los flancos ideológicos, aún por hollar, de los grandes clásicos de la filosofía política.

Este mismo espíritu crítico adquiere todavía mayor intensidad, sin menoscabo alguno de la solidez argumentativa que recorre toda su obra, en los ensayos donde Losurdo trata de desenmascarar las fallas e inconsecuencias, los déficit de justificación, de una ideología imperiosa y dominante que no se encuentra en disposición –como es el caso de toda ideología– de revertir sobre sí misma los criterios de enjuiciamiento, legitimidad y ejemplaridad que aplica por doquier. Así, Losurdo ha puesto al descubierto la otra cara del liberalismo clásico, no tan individualista y humanitarista como quisieran sus mentores (Contrahistoria del liberalismo, El Viejo Topo, 2007), o ha desvelado las falsificaciones de un revisionismo histórico empeñado en negar y abolir el legado de las grandes revoluciones europeas (El revisionismo histórico, Laterza, 2002).

En El lenguaje del imperio el filo crítico de Losurdo apunta, si cabe con mayor vigor y rotundidad, hacia la ideología de la guerra que ampara y promueve, que ensalza y justifica, la cruzada política, religiosa y militar que se dirige desde Washington contra quienes resisten, o siquiera cuestionan, la hegemonía estadounidense, y apunta hacia ella con la suficiente destreza como para mostrar que todos los cargos esgrimidos contra el enemigo –Terrorismo, Fundamentalismo, Antiamericanismo, Antisemitismo, Antisionismo, Filoislamismo y Odio contra Occidente– son más bien dudosos, cuando no rigurosamente imputables a ese imperio planetario que se pretende a salvo de cualquier incriminación.

quinta-feira, 13 de novembro de 2008

El imperio de los Estados Unidos sobrevivirá a Bush


Arno J. Mayer
Sin permiso

Estados Unidos puede emerger sano y salvo del fiasco de Irak. Si bien momentáneamente desconcertado, el imperio americano continuará su camino, bajo dirección bipartidista, presionado por las mega-corporaciones y con las bendiciones evangélicas. Una característica que define a los estados imperiales maduros es que pueden permitirse errores burdos y caros que no pagan las élites, sino las clases bajas. Las predicciones sobre el inminente declive del imperio americano son exageradas: sin un rival militar real, continuará siendo por algún tiempo el único hiperpoder mundial.

Pero aunque aguanten, los imperios demasiado extensos sufren daños en su poder y prestigio. En tales momentos, tienden a golpear violentamente para evitar que se los tome por tigres de papel. Dada la situación de Washington en Irak, ¿aumentarán los Estados Unidos su intervención en Irán, Siria, Líbano, Afganistán, Pakistán, Sudán, Somalia o Venezuela? Los EEUU tienen el ejército más fuerte que el mundo haya jamás conocido. Preponderantes en el mar, en el aire y en el espacio -incluido el ciberespacio—, los EEUU tienen una capacidad impresionante para proyectar con rapidez su poder a través de enormes distancias, con un sheriff autodesignado para ir a controlar o explotar crisis reales o figuradas en cualquier parte del planeta.

En palabras del anterior Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld: “Ningún rincón del mundo es lo suficientemente remoto, ningún monte lo suficientemente alto, ninguna cueva o bunker lo suficientemente profundos, ningún todoterreno lo suficientemente rápido, para dejar a nuestros enemigos fuera de nuestro alcance”. Los EEUU gastan más del 20% de su presupuesto anual en defensa, casi la mitad del gasto del resto del mundo en su conjunto. Lo cual es bueno para las grandes corporaciones fabricantes de armas y para sus exportaciones. Los estados del Golfo, liderados por Arabia Saudita, les compran miles de millones de dólares del más moderno armamento.

En lugar de las clásicas colonias territoriales, los EEUU aseguran su hegemonía a través de unas 700 bases militares, navales y aéreas distribuidas en más de 110 países, las últimas en Bulgaria, la República Checa, Polonia, Rumania, Turkmenistán, Kirjikistán, Tajikistán, Etiopía y Kenya. Por lo menos 16 agencias de inteligencia con estaciones en todo el mundo proporcionan oídos y ojos a este imperio sin fronteras.

Los EEUU tienen 12 portaaviones. Salvo tres, todos están provistos de energía nuclear, diseñados para transportar 80 aviones y helicópteros, así como soldados, marineros y pilotos. Un equipo basado en un súpertransportador comprende buques, cazatorpederos y submarinos, muchos de ellos provistos de energía atómica y equipados con misiles teledirigidos, ofensivos y defensivos. Apostada en bases globales y patrullando constantemente vías marítimas vitales, la armada estadounidense constituye la espina dorsal y el sistema arterial del nuevo modelo de imperio. Los barcos están sustituyendo a los aviones como principales suministradores tácticos y estratégicos de tropas y equipos. La armada tiene actualmente preponderancia sobre los ejércitos de tierra y aire en el Pentágono y en Washington.

La presencia militar en el Mediterráneo oriental, Mar Rojo, Golfo Pérsico y Océano Indico desde 2006 a 2008 demuestra que Estados Unidos puede imponer su poder más allá de medio globo (y ofrecer ayuda humanitaria a punta de pistola para obtener ventajas políticas). Al menos dos grupos de combate aeronavales con equipo de aterrizaje, vehículos anfibios y miles de soldados y marinos, junto con equipos de Operaciones Especiales, operan en las costas de Bahrain, Qatar y Djibouti. Constituyen el testimonio de que, según declaró en Kabul en enero de 2207 el actual Secretario de Defensa, Robert Gates, los EEUU seguirán teniendo “una fuerte presencia en el Golfo durante mucho tiempo”.

Una semana más tarde, el Subsecretario de Estado para asuntos políticos, Nicholas Burns, dijo en Dubai: “El Oriente Medio no es una región que deba ser dominada por Irán. El Golfo no es una zona marítima que deba ser controlada por Irán. Esta es la razón por la que hemos previsto el estacionamiento de dos grupos de combate aeronaval norteamericanos en la región”. No es nada nuevo. En su discurso de despedida en Enero de 1980, semanas después del inicio de la crisis de los rehenes en Teherán y de la invasión soviética de Afganistán, el Presidente Jimmy Carter dejó “absolutamente claro” que cualquier intento de apoderarse del Golfo Pérsico por parte de una fuerza exterior sería interpretado como un ataque a los EEUU, y que dicho ataque sería repelido por todos los medios, incluida la fuerza militar. Dijo que las tropas rusas en Afganistán no sólo amenazaban a una región que “contiene más de dos tercios del petróleo mundial exportable”, sino que estaban listas para la acción “a 300 millas del Océano Indico y cerca del estrecho de Ormuz, una vía marítima a través de la cual debe transitar la mayor parte del petróleo mundial”.

Un cuarto de siglo más tarde, el antiguo Secretario de Estado Henry Kissinger puso al día la Doctrina Carter desplazando la amenaza de Moscú a Teherán: si Irán “insiste en combinar la tradición imperial persa con el actual fervor islámico, sencillamente no se le puede permitir que realice su sueño imperialista en una región tan importante para el resto del mundo”.

Las fuerzas armadas y los armamentos ultramodernos y convencionales no se adaptan bien a las guerras contemporáneas asimétricas contra actores no-estatales que utilizan tácticas y armas no convencionales. Pero los súpertransportadores, los aparatos aéreos supersónicos, misiles anti-misil, satélite militares, robots de control y los vehículos y barcos no pilotados no van a quedarse desfasados. La intervención, directa e indirecta, abierta y encubierta, militar y civil, en los asuntos internos de otros estados ha sido una política exterior paradigmática de los EEUU desde 1945. Los EEUU no han dudado en intervenir, casi siempre unilateralmente, en Afganistán, Pakistán, Irak, Líbano, Palestina, Irán, Siria, Somalia, Sudán, Ucrania, Georgia, Kazakjstán, Bolivia y Colombia, persiguiendo sus intereses imperiales.

Tomando como modelo la USAID (United States Agency for International Development), el Programa Fulbright y el Congreso para la Libertad Cultural de la guerra fría, los adeptos de la nueva guerra global contra el terror han creado sus equivalentes con el Desafío del Milenio y la Iniciativa de Partenariado del Oriente Medio, del Departamento de Estado. El Departamento de Defensa recluta universitarios a través del Proyecto Minerva para colaborar en el nuevo modelo de lucha contrainsurgente y en operaciones no convencionales de construcción de un estado militar.

La economía estadounidense, la cultura sincrética y la “Big Science” no tienen igual. A pesar de los enormes déficits fiscal y comercial y del embrollo de las compañías de seguros y los bancos de Wall Street, que han desestabilizado su sistema financiero y repercutido en toda la economía global, en conjunto, la economía de los EEUU continua robusta y competitiva en destrucción creativa. No importan los costes sociales internos y externos. Pero sus sectores industrial y manufacturero en retroceso pueden ser su punto débil.

Los EEUU todavía detentan un liderazgo substancial en investigación, desarrollo y patentes en materia de cibernética, biología molecular y neurociencia. Ello es debido a la investigación, financiada por el sector público, por particulares y corporaciones, de universidades y laboratorios que establecen bases en el extranjero y atraen al interior cerebros de todo el mundo.

Continúan siendo el modelo para el resto del mundo, así como lo son sus museos globalizadores, el lenguaje arquitectónico de sus empresas corporativas y sus estrategias de marketing (políticas y comerciales). No es sorprendente que los EEUU tengan una cosecha desproporcionada de Premios Nobel, no solo en economía sino también en ciencias naturales; o que el inglés americano se haya convertido en una lengua global. Ello es a la vez causa y efecto de la inmensa influencia de las transnacionales estadounidenses. Las culturas popular y consumista de los EEUU penetran en los más remotos lugares del planeta. Al lado de la periferia móvil, Washington y K Street (la calle de Washington conocida por sus lobbies) juntan fuerzas con las élites y los regímenes colaboradores.

Este imperio americano tiene semejanzas familiares significativas con imperios pasados por lo que respecta a su acaparamiento de recursos naturales críticos, mercados de masa y bases exteriores. Los americanos saben que tienen intereses considerables en la permanencia de su imperio. Algunos estratos sociales se benefician más que otros de sus estropicios. Sin embargo, es provechoso desde un punto de vista social, cultural y psicológico, especialmente para sus intelectuales, profesiones liberales y medios de comunicación.

El imperio tiene reservas extraordinarias de poder duro y suave para persistir en su intervencionismo. Los EEUU tienen la capacidad y la voluntad para intentar salvar la cara en Irak. Hay un déficit de tropas de combate para amplias operaciones de terreno convencionales y una incoherencia estratégica frente a una guerra irregular contra la guerrilla insurgente y las fuerzas terroristas. Pero se pondrá remedio al déficit de soldados. Los constructores privados reclutarán mercenarios armados y civiles, preferiblemente procedentes de sus dependencias del tercer mundo, con salarios de saldo.

Washington disimula sus intereses egoístas con declaraciones sobre la promoción de los derechos civiles, bienestar social, feminismo, el estado de derecho y la democracia.

Sin embargo, para las élites en el poder en los EEUU, de cualquier partido que sean, hay una necesidad y una prioridad absolutas: hasta la implosión de la Unión Soviética era agitar el espectro del comunismo; desde el 11 de septiembre, pasa por agitar el espectro de la serpiente del islamismo radical.

El informe del Grupo de Estudios sobre Irak de 6 de diciembre de 2006, preparado por la comisión bipartidista Baker-Hamilton, mostraba menos preocupación por los disturbios en el Tigris que por su impacto en el imperio estadounidense: “Irak es vital para la estabilidad regional e incluso global y es crítico para los intereses de los EEUU. Se sitúa a lo largo de las líneas de separación del Islam chiita y sunita y de las poblaciones kurdas y árabes. Tiene las segundas mayores reservas de petróleo mundiales conocidas. Actualmente es una base operativa del terrorismo internacional, incluida Al-Qaeda. Irak es una pieza central de la política exterior norteamericana, que influye en la percepción de la región y en el resto del mundo respecto a Estados Unidos”.

Irak es importante porque si “continúa despeñándose por el caos”, corre el riesgo de perjudicar “la posición global de Estado Unidos”. James Baker (Republicano) y Lee Hamilton (Demócrata) dan por sentado que Washington continuará dictando la ley en el Gran Oriente Medio, tal como ha venido haciendo desde 1945. El informe lo deja claro: “Incluso después de que Estados Unidos haya retirado todas sus tropas de combate de Irak, deberíamos continuar manteniendo una presencia militar considerable en la región, con unas fuerzas todavía significativas en Irak y con fuertes despliegues aéreo, terrestre y naval en Kuwait, Bahrain y Qatar, así como una mayor presencia en Afganistán.

Baker-Hamilton pidieron la colaboración de las mejores y más brillantes organizaciones no-o-bipartidistas y a los think tanks que proliferaron después de la guerra de Vietnam. Algunas de esas instituciones, cuyo personal preparó cuestiones, opiniones y borradores parciales para el informe sobre Irak, no ocultan sus tendencias.

El Center for Strategic and International Studies (CSIS), "bipartidista", financiado en parte por la fundación Bill&Melinda Gates, fue uno de los principales participantes en la Comisión. Sus consejeros y patronos proceden “tanto del mundo de la política pública como del sector privado”, y su objetivo es “garantizar la seguridad global y la prosperidad en una era de transformación económica y política, ofreciendo puntos de vista y soluciones prácticas a quienes toman decisiones”.

El International Republican Institute, “no-partidista”, está profundamente implicado en Irak y está presidido por John McCain; su objetivo es “garantizar la libertad y la democracia en el mundo desarrollando los partidos políticos, instituciones cívicas, elecciones abiertas, la buena gobernanza y el estado de derecho”. El National Democratic Institute for International Affairs, organización sin ánimo de lucro presidida por la Antigua Secretaria de Estado Madeleine Albright, trabaja para “reforzar y extender la democracia en el mundo”. El Washington Institute for Near East Policy, que se autodeclara bipartidista, aunque sea de extrema derecha, dice “garantizar una comprensión equilibrada y realista de los intereses americanos en Oriente Medio [así como] promover un compromiso americano en Oriente Medio.”

La comisión Baker-Hamilton también pidió consejo a exfuncionarios y a celebridades de institutos homologados de investigación y política pública, tales como el Council on Foreign Relations, la Brookings Institution, la Rand Corporation y el American Enterprise Institute. Cualesquiera que fueren sus tendencias políticas, lo cierto es que muy pocos de los colaboradores, asociados y patronos de estos centros de política cuestionaron de forma rigurosa los costes y beneficios sociales, políticos o económicos del imperio para los EEUU y para el mundo. Sus desacuerdos y debates versan sobre el mejor modo de afianzar, sacar provecho y proteger al imperio.

Subrayando que el papel de los EEUU es único en un mundo en el que pocos problemas pueden resolverse sin ellos, la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, afirma que “nosotros los americanos nos comprometemos en política exterior porque debemos, no porque queramos, hacerlo, y es una sana disposición: la de una república, no la de un imperio”. El Secretario de Defensa Gates dice que los EEUU deben mantener su “libertad de acción en los asuntos globales comunes y su acceso estratégico a importantes regiones del mundo para mantener nuestras necesidades de seguridad nacional”, lo que supone mantener un contingente económico global preparado para el acceso a las fuentes de energía.

Ni siquiera las censuras centristas ponen en entredicho el apoyo incondicional de Washington a Israel. Lo mismo que los neocons, rechazan sin pestañear cualquier relación entre el marasmo iraquí y el impasse israelí-palestino. Ambos se oponen a la sugerencia del informe Baker-Hamilton de que los US “no pueden conseguir sus objetivos en Oriente Medio a menos que se ocupen directamente del conflicto árabe-israelí y de la inestabilidad regional”. Demócratas y republicanos están igualmente determinados a incrementar operaciones encubiertas en Irán, respaldadas con la amenaza de un bloqueo económico total o una acción militar.

Ninguno de los candidatos a la presidencia propone una alternativa a la responsabilidad imperial, como no sea, acaso, la suavización de la retórica moralizante y mesiánica en los contenciosos con Irán, China, India y la Rusia resurgente, cuatro naciones con formas de capitalismo no experimentadas y nacionalmente condicionadas. Ninguno de los dos candidatos se ha privado realizar estancias en capitales extranjeras para dejar testimonio de la genuinidad de su determinación imperial.

quarta-feira, 12 de novembro de 2008

El genocidio de los transgénicos

Andrew Malone
Global Research

Cuando el Príncipe Carlos afirmó que miles de campesinos de la India estaban suicidándose tras utilizar cultivos GM [transgénicos], fue tachado de alarmista. En realidad, como este escalofriante informe revela, es aún peor de lo que él temía. Los niños estaban inconsolables. Mudos de miedo y luchando por contener las lágrimas, se acurrucaban junto a su madre mientras amigos y vecinos preparaban el cuerpo de su padre para la cremación sobre una ardiente hoguera levantada sobre los agrietados y estériles campos cercanos a su casa.

Mientras las llamas consumían el cadáver, Ganjanan, de doce años, y Kalpana, de catorce, se enfrentaban a un futuro sombrío. Aunque Shankara Mandaukar había confiado en que su hijo y su hija tendrían una vida mejor bajo el boom económico de la India, se tienen que enfrentar ahora a un trabajo de esclavos por unos cuantos peniques al día. Sin tierra y sin hogar, se hundirán en lo más hondo.

Shankara, campesino respetado, marido y padre cariñoso, había puesto fin a su propia vida. Menos de veinticuatro horas antes se había bebido una taza de insecticida químico al tener que enfrentarse a la pérdida de sus tierras a causa de las deudas. Se desesperó al no poder devolver una deuda equivalente a las ganancias de dos años. No pudo encontrar solución.

Aún había huellas en la tierra por donde se había retorcido en su agonía. Otros campesinos le miraron –sabían por experiencia que no tenía sentido intervenir- cuando se dobló sobre la tierra, gritando de dolor y vomitando. Gimiendo, se arrastró hasta un banco situado en el exterior de su sencillo hogar, situado a unas 100 millas de Napgur en la India Central. Una hora después, ya no se oía ruido alguno. Había dejado de respirar. A las cinco de la tarde de un domingo, la vida de Shankara Mandaukar se apagó.

Cuando los vecinos se reunieron para rezar alrededor de la casa familiar, Nirmala Mandaukar, de 50 años, les contó cómo volvió a todo correr de los campos para encontrar muerto a su marido. “Era un hombre afable y cariñoso”, dijo llorando suavemente. “Pero ya no podía más. La angustia mental era demasiado grande. Lo hemos perdido todo”.

La cosecha de Shankara fracasó durante dos años seguidos. Desde luego, el hambre y la pestilencia forman parte de la antigua historia de la India. Pero la culpa de ha muerte de este respetado campesino la tiene algo más moderno y siniestro: los cultivos genéticamente modificados (GM). A Shankara, como a millones de campesinos indios, le habían prometido anteriormente insólitas cosechas e ingresos si dejaba de cultivar con las semillas tradicionales y en su lugar plantaba semillas GM. Pero las cosechas fueron un fracaso, y no le quedaron más que fuertes deudas y ningún ingreso.

Por eso Shankara se convirtió en uno de los 125.000 campesinos que se estima se han quitado la vida como consecuencia de la despiadada campaña que ha convertido a la India en un campo de pruebas de los cultivos genéticamente modificados.

La crisis, denominada por los activistas el “Genocidio del GM”, se puso recientemente de relieve cuando el Príncipe Carlos afirmó que la cuestión del GM se había convertido en una “cuestión moral global” y que ya era hora de poner fin a su imparable marcha. Hablando a través de vídeo-conferencia en la capital india, Delhi, enfureció a los dirigentes de las compañías dedicadas a las biotecnologías y a algunos políticos al condenar “la tasa verdaderamente atroz y trágica de suicidios de pequeños campesinos en la India, producto… del fracaso de muchas de las variedades de cultivos GM”.

Poderosos grupos de presión GM y prominentes políticos se han alineado contra el Príncipe, afirmando que las cosechas genéticamente modificadas han transformado la agricultura de la India, proporcionando mayores cosechas que nunca. El resto del mundo, insisten, abrazará ese “futuro” imitándoles. Entonces, ¿quién dice la verdad? Para averiguarlo, viajé al “cinturón del suicidio” en el estado de Maharashtra.

Lo que me encontré fue tremendamente inquietante, con graves implicaciones para los países, incluido el Reino Unido, que hacen preciso debatir si al permitirse la plantación de semillas manipuladas por los científicos no se están violentando las leyes de la naturaleza. Las cifras oficiales del Ministerio indio de Agricultura confirman efectivamente que, conformando una crisis humanitaria inmensa, más de 1.000 campesinos se quitan aquí la vida cada mes.

Gente sencilla, rural, que se está quitando la vida agonizando lentamente. La mayoría ingieren un insecticida, una cara sustancia que les prometieron no necesitarían cuando les coaccionaron para plantar los caros cultivos GM. Al parecer, muchos están masivamente endeudados con los prestamistas locales, habiéndose endeudado hasta las cejas para poder comprar esas semillas GM. Los expertos que están a favor de los GM afirman que es la pobreza rural, el alcoholismo, las sequías y las “preocupaciones agrícolas” las razones de esa horrorosa cantidad de víctimas. Pero como descubrí durante un viaje de cuatro días a través del epicentro del desastre, esa no es toda la historia.

En un pueblecito que visité, 18 campesinos se habían suicidado después de que se los tragaran las deudas de los GM. En algunos casos, las mujeres se habían hecho cargo de las granjas de sus maridos muertos, sólo para acabar matándose ellas también. Latta Armes, de 38 años, bebió insecticida cuando sus cosechas fracasaron, dos años después de que su marido desapareciera cuando las deudas GM le desbordaron. Dejó a un hijo de diez años, Rashan, al cuidado de familiares. “Llora cuando piensa en su madre”, dijo la tía de la fallecida, completamente desmoralizada, sentada a la sombra cerca de los campos.

Pueblo tras pueblo, las familias cuentan cómo han ido endeudándose después de que les convencieran de comprar semillas GM en vez de las tradicionales semillas del algodón. La diferencia de precio es escandalosa: 10 libras por 100 gramos de semillas GM, comparado con lo que cuestan las semillas tradicionales: menos de 10 libras por mil veces la cantidad anterior. Pero los vendedores de los GM y los funcionarios del gobierno habían prometido a los campesinos que esas eran unas “semillas mágicas”, que producían mejores cosechas libres de parásitos e insectos.

En efecto, en aras a promocionar el consumo de semillas GM, en muchos bancos de semillas del gobierno se prohibió la venta de las variedades tradicionales. El gobierno indio, desesperado por escapar a la devastadora pobreza de los años posteriores a la independencia, estuvo de acuerdo en permitir que los gigantes de las nuevas biotecnologías, como el líder del mercado estadounidense Monsanto, vendieran sus nuevas creaciones en semillas.

A cambio de permitir que las compañías occidentales accedieran al segundo país más poblado del mundo, con más de 1.000 millones de personas, el Fondo Monetario Internacional concedió préstamos a la India en las décadas de los ochenta y los noventa, ayudando así a lanzar una revolución económica. Pero mientras ciudades como Mumbai y Delhi han avanzado mucho, las vidas de los campesinos han retrocedido hasta la Edad Media.

Aunque las zonas de la India en las que se han plantado semillas GM se han duplicado en dos años –hasta alcanzar los 17 millones de acres-, muchos granjeros han pagado un precio terrible. Lejos de ser unas “semillas mágicas”, las variedades de plantas de algodón GM a prueba de pestes han sido desvastadas por unos gusanos que atacan los capullos y que son un parásito voraz.

Tampoco les dijeron a los campesinos que esas semillas requerirían el doble de riego. Y esto ha acabado siendo una cuestión de vida o muerte. A causa de la sequía sufrida durante los últimos dos años, muchos cultivos GM se atrofiaron y murieron, dejando a los campesinos con deudas agobiantes y sin medio alguno para poder pagarlas.

Al haber pedido préstamos a los prestamistas tradicionales a intereses abusivos, cientos de miles de pequeños granjeros se han tenido que enfrentar a la pérdida de su tierra al fracasar las caras semillas, mientras que los que aún podían luchar se enfrentaron a una nueva crisis.

En el pasado, cuando las cosechas fracasaban, los campesinos podían aún salvar las semillas y volverlas a plantar al año siguiente. Pero con las semillas GM no se puede hacer eso. Y se debe a que las semillas GM contienen la denominada “tecnología de exterminio”, lo que significa que han sido genéticamente modificadas para que las cosechas resultantes no produzcan semillas aprovechables. Como consecuencia, los campesinos tienen que comprar nuevas semillas cada año a los mismos prohibitivos precios. Para muchos, eso significa la diferencia entre la vida y la muerte.

Tomemos el caso de Suresh Bhalasa, otro campesino que fue incinerado esta semana, dejando viuda y dos niños. Al caer la noche, una vez terminada la ceremonia y mientras los vecinos salían fuera de sus casas a la par que las vacas sagradas regresaban de los campos, su familia no dudaba de que sus problemas se originaron en el momento en que se les animó a comprar Algodón BT, una planta genéticamente modificada creado por Monsanto. “Ahora estamos arruinados”, dijo la viuda del muerto, de 38 años. “Compramos 100 gramos de semillas de Algodón BT. Nuestra cosecha fracasó dos veces. Mi marido se deprimió mucho. Se fue al campo, se tumbó entre el algodón y tragó insecticida”. Los habitantes del pueblo le colocaron en un rickshaw y le llevaron al hospital por caminos de cabras. “Gritaba que había tomado el insecticida y que lo sentía mucho”, dijo, mientras su familia y vecinos acudían a su hogar a expresarle su solidaridad. “Cuando llegaron al hospital ya estaba muerto”.

Al preguntarles si el muerto era un “borracho” o sufría otros “problemas sociales”, como alegan los funcionarios partidarios de los GM, el tranquilo y digno grupo de campesinos estalló colérico: “¡No! ¡No!”, exclamó uno de los hermanos del muerto. “Suresh era un buen hombre. Enviaba a sus niños al colegio y pagaba sus impuestos”. “Se vio asfixiado por esas semillas mágicas. Nos venden las semillas diciendo que no necesitarán pesticidas caros pero sí los necesitan. Tenemos que comprar las mismas semillas a la misma compañía cada año. Nos están matando. Por favor, cuéntele al mundo lo que está pasando aquí”.

Monsanto ha admitido que la deuda desorbitada había sido un “factor en la tragedia”. Pero, al señalar que la producción se había duplicado en los últimos siete años, un portavoz añadió que había otras razones para la reciente crisis, tales como las “lluvias intempestivas” o la sequía, añadiendo que los suicidas siempre habían formado parte de la vida rural india. Los funcionarios declaran también que las encuestas dicen que la mayoría de los campesinos indios quieren semillas GM, sin duda animados por las agresivas campañas de marketing.

Durante el curso de mis averiguaciones en Maharastra, me encontré con tres investigadores “independientes” rastreando los pueblos para informarse sobre los suicidios. Insistieron en que las semillas GM eran sólo un 50% más caras, para terminar admitiendo que la diferencia era de 1.000%. Un portavoz de Monsanto insistió después en que sus semillas “sólo cuestan el doble” del precio de las semillas “oficiales” que no son GM, pero admitió que la diferencia podía ser inmensa si las tradicionales y más baratas semillas eran vendidas por comerciantes “sin escrúpulos”, que a menudo también venden “falsas” semillas GM, propensas a las plagas.

Ante los rumores de inminentes indemnizaciones del gobierno para detener la oleada de muertes, muchos campesinos dijeron que estaban desesperados por conseguir cualquier ayuda. “Queremos superar nuestros problemas”, dijo uno. “Sólo queremos que nos ayuden para que se acabe esta cadena de muertes”.

El Príncipe Charles está tan consternado por la grave situación de los suicidios de los campesinos que está montando una entidad de beneficencia, la Fundación Bhumi Vardaan, para ayudar a los afectados y promover los cultivos orgánicos indios en lugar de los GM.

Los campesinos de la India están también empezando a contraatacar. Además de tomar como rehenes a los distribuidores de semillas GM y de organizar protestas masivas, el gobierno de uno de los estados está emprendiendo acciones legales contra Monsanto por los costes desorbitados de las semillas GM. Todo eso llega tarde ya para Shankara Mandaukar, quien tenía unas 80.000 rupias (alrededor de 1.000 libras) de deudas cuando se quitó la vida. “Le dije que podríamos sobrevivir”, dijo su viuda, con sus niños junto a ella mientras la oscuridad lo invadía todo. “Le dije que podríamos encontrar una salida. Me contestó que prefería morir”.

Pero la deuda no murió con la muerte de su marido: a menos que pueda encontrar una forma para devolverla, no podrá permitirse llevar a sus niños a la escuela. Perderán sus tierras, teniendo que unirse a las hordas que mendigan por miles a los lados de la carretera por todo este inmenso y caótico país.

Precisamente lo más cruel de todo es que son los jóvenes los que más sufren por el “Genocidio GM”, la misma generación que se suponía iba a salir de una vida de dureza y miseria gracias a esas “semillas mágicas”. Aquí, en el cinturón suicida de la India, el coste del futuro genéticamente modificado es homicidamente alto.

Consecuencia indeseable


terça-feira, 11 de novembro de 2008

¿La esperanza china?

AméricaEconomía

Un ambiguo plan de estímulo económico anunciado por China, que podría ayudar a sostener el precio de las materias primas, inyectó optimismo en los mercados latinoamericanos. Pero también sembró dudas.


Con Estados Unidos caminando hacia una recesión profunda, y mientras los países del G-20 discuten una nueva arquitectura financiera global que permita evitar la mayor depresión desde los años 30, un ambiguo paquete de estímulo económico anunciado por el Gobierno de China logró inyectar moderado optimismo a los mercados de América Latina.

Es que, si el paquete económico por cerca de US$ 600.000 millones anunciado el domingo por el gigante asiático tiene éxito y logra mantener la expansión de su economía en los niveles actuales, podría amortiguar la caída de los precios de las materias primas. La noticia, como era de esperar, generó grandes expectativas en el mercado de commodities latinoamericano, alerta por la cada vez más probable entrada en recesión de las grandes economías mundiales. Sin embargo, la falta de precisiones sobre el alcance y los plazos del anuncio de Pekín sembró dudas entre los economistas.

China dijo que estudia destinar los fondos a la construcción de aeropuertos, vías férreas y carreteras en todo el país hasta 2010. “Una parte de la señal es clara: se quiere mantener la demanda externa por commodities. Eso beneficia a nuestra región, exportadora en buena parte de materias primas, como metales y productos alimenticios. La otra parte de la señal, aquella que tiene que ver con la intensidad del plan, no es tan clara”, señaló Rodrigo Díaz, director de AméricaEconomía Intelligence.

Dudas sobre el paquete. Hasta el cierre de esta edición no había detalles sobre cuánto del dinero anunciado es nuevo, adicional a los presupuestos que ya se conocen. Algunos economistas, como Ken Peng del Citigroup en Shanghai, dijeron que, en realidad, podría tratarse de una combinación de partidas presupuestarias ya anunciadas previamente, como la reconstrucción de zonas devastadas por un terremoto en Sichuan, a principios de este año. Otros, como Yu Song, de Goldman Sachs, señalaron que la medida simplemente apuntaba a acelerar la ejecución de fondos presupuestados para el año próximo.

Un interrogante adicional es acerca del volumen del estímulo. Al anunciar el plan, el Gobierno chino lo calificó como un gasto adicional que representaría alrededor del 15% del Producto Interno Bruto (PIB) estimado para este año. Pero como el dinero se gastará hasta fines del 2010, el efecto del paquete se distribuirá a lo largo de nueve trimestres en lugar de aplicarse de una sola vez, lo que reduciría el estímulo a alrededor de un 6% del PIB por año. “Si los casi US$ 600.000 millones se diluyen en varios años, entonces, el programa de apoyo va a ser menos fuerte de lo estimado inicialmente”, consideró Díaz, de AméricaEconomía Intelligence.

El impacto se sintió igual. A pesar de las dudas entre los analistas, en general el plan de estímulo de China impulsó a las bolsas mundiales. Las acciones chinas subieron más de 7% mientras que la Bolsa de Tokio cerró con un alza de un 6%. La excepción fue Wall Street, en donde el promedio industrial Dow Jones cerró con una pérdida de un 0,82%, en una sesión donde llegó a perder incluso más de un 2%.

Las bolsas de América Latina operaron con ligeras alzas. El índice de acciones latinoamericanas MSCI trepó un 0,3%. El alza se produjo básicamente por la expectativa de que la región se verá beneficiada por la inyección de recursos del gigante asiático.

“Los sectores primarios debieran ser los más favorecidos por el anuncio chino: pesca, agrícola, forestal y minero, esto a través de los precios de los metales, madera, celulosa, carne, lácteos, frutas y granos”, señaló Díaz, de AméricaEconomía Intelligence, quien explica que todos los países de la región esperan que la demanda china se sostenga en el largo plazo. “Pero no hay que olvidar que no es bueno poner todos los huevos en la misma canasta y para las exportaciones, la regla de oro también es diversificar”, aclara.

La bolsa de México terminó la sesión con un incremento del 0,78%, pero la moneda local cayó. El índice brasileño Bovespa cerró con un alza del 0,19%, mientras que el IPSA de Chile ganó un 1,4%. La bolsa peruana cerró con un alza de 2,78%.

Reunión del G-20 y el rol de los emergentes. El plan de estímulo chino se conoce en la antesala de una cumbre en Washington que reunirá a los integrantes del G-20, en búsqueda de una solución a la crisis y de una nueva arquitectura que establezca mayores regulaciones a los mercados y controles sobre la especulación financiera.

“Lo más esperable es un principio de acuerdo sobre sistemas unificados de mecanismo de control financiero y mayores exigencias sobre auditorías y clasificaciones de riesgo”, afirmó Díaz. “Asimismo, es posible que se restrinja el uso de los vehículos estructurados de inversión y la securitización de activos”, adelantó el director del departamento de estudios de AméricaEconomía.

En las deliberaciones se espera que las economías emergentes de la región, como Brasil y México, hagan escuchar su voz. “Son economías fuertes y grandes, actores que siempre tienen algo que decir en el contexto latinoamericano”, dijo Díaz. “Ahora, como miembros del G-20, ellos serán nuestros representantes. Las economías latinoamericanas están más robustas que las economías avanzadas, y quizá, por primera vez, nuestras economías tengan algo que enseñarle a los del G-7”, concluyó.

segunda-feira, 10 de novembro de 2008

Grandes expectativas


Tariq Alí
Sin permiso

La victoria de Barack Obama supone un cambio generacional y sociológico decisivo en la política estadounidense. Es difícil, en estos momentos, predecir su impacto, pero las expectativas suscitadas entre la gente joven que ha impulsado a Obama siguen siendo grandes. Tal vez no haya sido una victoria arrolladora, pero sí lo suficientemente amplia como para permitir a los demócratas hacerse con más del 50% del electorado (62.4 millones de votantes) e instalar a una familia negra en la Casa Blanca.

El significado histórico de este hecho no debería subestimarse. Basta recordar que ha ocurrido en un país en el que el Ku-Klux-Klan llegó a tener millones de miembros capaces de desplegar un campaña de terror y muerte contra ciudadanos negros con el apoyo de un sistema jurídico discriminatorio ¿Cómo olvidar aquellas fotos de afroamericanos linchados ante la mirada complaciente de familias blancas que disfrutaban sus picnics mientras contemplaban –para decirlo en la voz memorable de Billie Holliday- "cuerpos negros balanceándose con la brisa del sur/ un fruto extraño colgando de los álamos"?

Más tarde, las luchas de los años 60 por los derechos civiles forzaron la reversión de la segregación y apuntalaron las campañas a favor del voto negro, pero también condujeron al asesinato de Martin Luther King y Malcom X (justo cuando éste comenzaba a insistir en la unidad de blancos y negros contra un sistema que los oprimía ambos). Se ha vuelto un lugar común señalar que Obama no forma parte de esta lista. No es así, sin embargo, como lo ve el 96% de los afroamericanos que salieron de su casa para votarle. Puede que se desilusionen, pero por ahora celebran la victoria y nadie puede culparles por ello.

Hace apenas dos décadas, Bill Clinton advertía a su rival, el progresista gobernador de Nueva York, Mario Cuomo, que los Estados Unidos no estaban preparados para elegir a un presidente cuyo nombre acabara en "o" o en "i". Hace apenas unos meses, los Clinton cedían abiertamente al racismo insistiendo en que los votantes de clase obrera blancos rechazarían a Obama y recordando a los demócratas que también a Jesse Jackson le había ido bien en primarias anteriores. Una nueva generación de votantes les demostró que estaban equivocados: un 66% de los que tenían entre 18 y 29 años, es decir, el 18% del electorado, votó por Obama; el 52% de los que tenían entre 30 y 44 –un 37% del electorado- hizo lo propio.

La crisis del capitalismo desregulado y de libre mercado disparó los apoyos a Obama en estados hasta entonces considerados territorio republicano o de demócratas blancos, acelerando el proceso que derrotaría al tándem Bush/Cheney y su pandilla de neo-cons. Sin embargo, el hecho de que McCain/Palin obtuvieran, a pesar de todo, 55 millones de votos, es un recordatorio de la fuerza que conserva aún la derecha estadounidense. Los Clintons, Jo Biden, Nancy Pelosi y muchos otros pesos pesados del Partido Demócrata utilizarán este dato para presionar a Obama con el fin de que permanezca fiel al guión que le permitió ganar la elección. No obstante, los eslóganes bienintencionados y anodinos no serán suficientes para acceder a un segundo mandato. La crisis ha avanzado demasiado y las cuestiones que preocupan a los ciudadanos estadounidenses (como pude comprobar estando allí, hace unas semanas) tienen que ver con el empleo, la salud (40 millones de ciudadanos sin seguro de salud) y la vivienda.

Sólo con retórica no es posible afrontar la caída de la economía: las deudas del sector financiero ascienden a un billón de dólares y podrían desplomarse más gigantes bancarios; el declive de la industria automotriz generará desempleo a escala más amplia y continuarán los efectos del salto al vacío que ha hipotecado a Wall Street a generaciones futuras de norteamericanos. Las medidas adoptadas en medio del pánico por la Administración Bush, medidas diseñadas y orquestadas por el amigo de banqueros y secretario del tesoro Paulson, han privilegiado a unos pocos bancos y han sido subsidiadas con fondos públicos.

Los demócratas y Obama han apoyado los acuerdos y lo tendrán difícil para desdecirse y moverse en otra dirección. La profundización de la crisis, sin embargo, puede forzarles a hacerlo. Las medidas de austeridad siempre se ceban con los menos privilegiados, y la manera en que el nuevo presidente y su equipo afronten el nuevo escenario resultará determinante para su futuro.

Es un momento horroroso para ser elegido presidente, pero también un desafío. Franklin Roosevelt lo aceptó en los años 30 e impuso un régimen socialdemócrata de regulación de la economía, basado en empleos públicos y en una apelación imaginativa a la cultura popular. La existencia de un fuerte movimiento obrero y la izquierda estadounidense contribuyeron de manera decisiva al surgimiento del New Deal. Y la existencia de los Reagan-Clinton-Bush, a liquidar su legado. Lo que hay ahora, por tanto, es una economía nueva, en unos Estados Unidos desindustrializados y fuertemente dependientes de las finanzas globales.

¿Tiene Obama la visión o la fuerza para regresar en el tiempo y avanzar a la vez? En materia de política exterior, la posición de Obama/Biden no ha diferido demasiado de la de Bush o McCain. Un New Deal para el resto del mundo exigiría una salida rápida de Irak y Afganistán y un punto final a estas aventuras en cualquier otra región del planeta. Biden se ha comprometido prácticamente a la balcanización de Irak. Pero esta alternativa resulta cada vez más improbable: el resto del país, Irán y Turquía se oponen, si bien por razones diferentes, a la creación de un protectorado norteamericano-israelí en el norte de Irak con bases permanentes de los Estados Unidos. En realidad, alguien debería aconsejar a Obama el anuncio de una retirada rápida y completa. Sobre todo teniendo en cuenta que los costes de quedarse en Irak son ahora prohibitivos.

Lo mismo puede decirse de un eventual desplazamiento de tropas de Irak a Afganistán: sólo supondría recrear el lío actual en otro sitio. Como numerosos expertos de inteligencia, militares y diplomáticos británicos han advertido, la guerra en el sur de Asia está perdida. Sin duda Washington es consciente de ello. De ahí las negociaciones, propiciadas por el miedo, con los neo-Talibanes. Sólo cabe esperar que los consejeros de Obama en materia de política exterior fuercen una retirada también en este frente.

¿Y qué decir de América del Sur? Seguramente Obama debería imitar el viaje de Nixon a Beijing, volar a La Habana y acabar con el embargo diplomático y económico a Cuba. Incluso Colin Powell se dio cuenta de que el régimen había hecho mucho por su gente. Obama lo tendrá difícil para predicar las virtudes del libre mercado, pero en cambio los cubanos podrían ayudarle a establecer un sistema sanitario decente en los Estados Unidos. Este es un cambio en el que la mayoría de estadounidenses querría creer. Otros países de América del Sur que previeron la crisis del capitalismo neoliberal y comenzaron a reconstruir sus economías hace una década también podrían ofrecer algunas lecciones.

Si el cambio se resuelve en que nada cambie, entonces podría ocurrir que, pasados unos años, quienes han aupado a Obama a la Casa Blanca decidan que la creación de un partido progresista en los Estados Unidos se ha vuelto una necesidad.

domingo, 9 de novembro de 2008

El daño causado por décadas de erosión de la confianza y de la democracia


Benjamin Barber
Sin permiso

El conocido teórico norteamericano de la democracia republicana radical Benjamin Barber argumenta en este artículo que las raíces de la turbulencia financiera se encuentran también en el déficit democrático. Restablecer la confianza cívica resulta crucial para que funcionen la economía en una sociedad democrática.

Los remedios económicos de la crisis fiscal siguen frustrando a quienes los respaldan políticamente. En ese Lunes Negro en el que el Congreso se negó a aprobar el plan de rescate de 700.000 millones de dólares, el mercado se desplomó 477 puntos. Unos cuantos días después, cuando el Congreso dio marcha atrás y aprobó el rescate de los 700.000 millones, el mercado cayó casi 800 puntos. Desde entonces ha ido dando vueltas con furia, llevando a los mercados de Gran Bretaña, Europa continental y Asia hacia el abismo. ¿Qué es lo que sucede, una crisis del capital económico o de confianza fiscal?

Ninguna de las dos cosas exactamente. Como deja en evidencia la histeria global, está en juego la confianza, pero no la confianza puramente fiscal o económica. Desapalancar los bancos, asegurar los depósitos, penalizar a los directivos y socializar el riesgo no basta para lo que hace falta porque la confianza es en última instancia política, y más concretamente, democrática. La confianza es una forma crucial de capital social, un reconocimiento del terreno común en el que nos movemos como ciudadanos. Es el pegamento que mantiene unidos a productores y consumidores rivales y les permite hacer los negocios que de otro modo acabarían con ellos. Mientras que toda la clave del mercado estriba en la competencia, en el egoísmo y el narcisismo como instrumentos de cálculo del mercado.

Sin embargo, el obscuro secretillo es que el capitalismo de mercado sólo funciona cuando puede nutrirse de forma parasitaria del capital social democrático activo. Cuando fallan demasiadas hipotecas y demasiados bancos se ven presionados y se vende demasiado papel de mala calidad y demasiados hedge funds no se dan cuenta de lo que han comprado y el crédito se congela y los valores se tambalean, aparece el déficit de confianza. Y ninguna dosis de ajuste fiscal, empuje del gobierno, reforma bancaria, resuelto desapalancamiento o retórica presidencial o ministerial pueden llenar este déficit democrático.

Porque el secreto de la mano invisible no es el capital económico sino el capital social. Adam Smith sabía que los sentimientos morales no son menos importantes para asegurar la riqueza de las naciones que los mercados de capital. La crisis de liquidez es una crisis política; el déficit crediticio es un déficit democrático. Porque la confianza es el capital social que permite la transacción del capital privado, que se respeten los contratos, que se mantengan las promesas, que se cumplan las expectativas. La democracia es el océano común en el que se mantienen a flote todos esos barcos en competencia del mercado y sus pendencieros marineros fiscales.

De manera que, aunque son los malos préstamos, y los banqueros avaros, y los estúpidos gestores de los hedge funds, y los inversores ignorantes, los que han organizado este desastre, han sido cuatro décadas de desdemocratización las responsables del verdadero daño. Una hemorragia de capìtal social de la que nadie se daba cuenta porque se suponía que el gobierno era el problema y los mercados la solución. El thatcherismo desbocado y el exuberante reaganismo lanzaron sus invectivas contra el gobierno hasta disuadir literalmente a los ciudadanos respecto a la democracia.

El gobierno era presuntamente el malvado, sólo que el gobierno no era más que la herramienta de la democracia, no muy eficiente siempre y a menudo insuficientemente responsable, pero herramienta de la democracia, no obstante. Y el verdadero producto de la democracia era la confianza. A medida que la guerra contra el gobierno se convirtió en guerra contra la democracia, iba secando el pozo del capital social y erosionaba la confianza, provocando que los ciudadanos perdieran la fe en los demás y en su poder de gobernarse a sí mismos. ¿Por qué tendrían que confiar ahora los consumidores en los bancos? ¿O confiar los banqueros unos en otros? ¿O confiar los inversores en el mercado de valores? ¿O fiarse cualquiera en absoluto del presidente de los EE.UU o de su Secretario del Tesoro o de los miembros del Parlamento o del Congreso que no se fían de su propia dirección?

La confianza es a la vez preciosa y precaria, fundacional pero frágil. No hay apalancamiento sin confianza. No hay mercado de viviendas sin fe. No hay mercado de valores sin fidelidad. No hay comercio internacional sin fiabilidad. Todos son productos del capital social, todos víctimas del "nexo del dinero" que Marx asociaba con la esencia del capitalismo. Porque el capitalismo tiene sus raíces en el egoísmo y el propio interés y se consagra necesariamente al bienestar de los accionistas y no a los bienes comunes, y de este modo es incapaz de generar la confianza de la que depende. La salida de la crisis exige algo más que sostener a los bancos y bombear miles de millones al mercado crediticio congelado. Significa que los consumidores deben ser también ciudadanos si van a respetarse contratos, promesas e hipotecas.

¿La lección? El remedio hoy en día no estriba simplemente en desapalancar sino en redemocratizar. Seguirá recrear el capital social y la confianza. Entonces, y sólo entonces, se calmarán los mercados y las entidades crediticias prestarán de nuevo, los inversores invertirán otra vez, los consumidores volverán a adquirir viviendas y -con la economía privada subordinada una vez más al bien público- la prosperidad será de nuevo posible, disciplinada por la confianza cívica y la justicia democrática.

sábado, 8 de novembro de 2008

Obama e a política


Valor Econômico

"Ele lutou muito e por muito tempo nessa campanha. Ele lutou ainda mais e por mais tempo ainda por esse país que ama. Ele enfrentou sacrifícios pela América que a maioria de nós nem pode começar a imaginar. Nós estamos melhores graças aos serviços desse líder corajoso e altruísta".

O trecho de seu primeiro discurso em que o presidente eleito dos Estados Unidos, Barack Obama, se refere ao seu adversário, tem várias traduções. Uma delas é que a mesma democracia que convive com sistemas arcaicos de votação e um colégio eleitoral que pode se contrapor ao voto popular, não abre mão da reverência à instituição da Presidência da República. É também uma tradução possível para o discurso de John McCain - "Ele era meu oponente, agora é meu presidente". Esta reverência reflete a confiança, na pátria do capitalismo, de que é o poder político que comandará as saídas da crise. E são saídas que apontam para a não conformidade do Estado americano com uma revisão da organização financeira mundial que ponha em questão, por exemplo, a centralidade do dólar. O tema, que vai dominar a transição Bush-Obama, já começou, com a atuação do Tesouro americano, o FED e o FMI, de garantir liquidez dos bancos centrais mundo afora, como demonstrou José Luís Fiori. É uma iniciativa de tanto significado para o futuro das relações do governo americano com a ordem financeira internacional quanto o foi o histórico discurso do então candidato em Berlim para a Obamania mundial.

Outra tradução do discurso é o pragmatismo que deve nortear o seu governo. Se os desastrosos anos Bush, a crise econômica sem precedentes e as mudanças demográficas de um país mais jovem e miscigenado, foram determinantes para sua eleição, é da busca de convergências com os Republicanos rumo à conquista do centro político do Congresso que depende seu governo. Esse centro foi mais radicalmente abandonado pelo único presidente eleito sem a maioria popular dos últimos 132 anos da história americana.

Na era republicana dos anos Bush no Congresso, o governo foi capaz de reduzir a carga fiscal do Estado, aliviando a taxação sobre grandes empresas, aumentando os gastos militares e diminuindo as despesas com saúde pública e previdência, que afetaram a vida da maioria da população. "Desde o pós-guerra, o Congresso americano funcionou à base de coalizões interpartidárias, que possibilitaram os avanços ora da agenda republicana, ora da democrata. Isso acabou com a era Reagan. O governo Clinton foi muito difícil do ponto de vista congressual e, com o Bush Jr., as divisões interpartidárias ficaram mais radicalizadas", diz o professor Fabiano Santos, que ministra o curso de Política Contemporânea nos EUA na pós-graduação do Iuperj.

Filho dessa convergência política que, a partir dos anos 60, possibilitou a ampliação da agenda dos direitos civis nos Estados Unidos, é a ela que Barack Obama terá que recorrer para governar. Ainda que sem a composição final do Congresso americano, dado o atraso na apuração, não havia ontem apostas de que os democratas teriam a maioria de 60 cadeiras no Senado, capaz de derrubar obstruções republicanas na Casa. Fabiano Santos não vê como Obama possa colocar em ação seus planos de soerguimento da economia americana sem reverter as isenções fiscais concedidas a grandes conglomerados. E acredita que o presidente eleito tem habilidade política suficiente para fazer uso da legitimidade popular conquistada nas urnas e dobrar a resistência republicana no Congresso. "Nem ele nem a bancada democrata são totalmente identificados com teses liberais, mas deverá haver momentos de maior radicalismo para que a polarização que hoje domina o Congresso retorne ao status quo do centro", diz Santos.

O professor do Iuperj acredita que as iniciativas parlamentares do presidente eleito podem vir a ser facilitadas pelo enfraquecimento, decorrente da crise econômica, dos grupos de pressão neoconservadores que oxigenaram ao longo desses últimos anos os extremismos da bancada republicana. Sempre haverá o risco de esses grupos de extrema direita, desalojados do jogo institucional no Congresso, recorrerem à sociedade civil organizada - muitas vezes rude e violenta - para dar sobrevivência à agenda neoconservadora. Um poderoso antídoto para isso está no comparecimento inédito do eleitor americano nesta que foi a verdadeira superterça. A tradicional apatia eleitoral, no país do faça-você-mesmo, foi sacolejada quando o Estado apontou os mísseis para seu próprio território ao empreender uma guerra que se dizia santa.

sexta-feira, 7 de novembro de 2008

¿Tiembla el capitalismo?


Víctor Toledo
La Jornada

No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que Venini, el conocido fabricante de cristal italiano, ha creado una edición limitada de su jarrón Veronese; que Prada ha lanzado su muy esperada nueva fragancia para mujeres que destila toques de flor de naranja y mandarina; que ya está a la venta el navegador GPS de mano, por si el cliente desea esquiar o escalar; y que se ha creado el USB más potente y rápido, cuya parte trasera semeja las nalgas de una vedette famosa. También sabemos de la gran sofisticación relojera, el Blancpain 1735, con un costo por debajo de su precio de lista de un millón de dólares; del Annaliese, el gran surcador de mares, el yate que cuenta con cine, spa y helipuerto y que cuesta 103 millones de dólares; del whisky con sabor a frutas oscuras y especias con toques de madera, cuya botella se consigue por tan sólo 38 mil dólares; del caviar extraído de un esturión de 80 años proveniente del mar Caspio y envasado en oro de 24 kilates, con un costo de 24 mil dólares el kilogramo; y, especialmente, de la taza de café más exquisita del mundo: aquella que se obtiene de los excrementos de los civetos de Indonesia, la criatura arborícola que se alimenta de las cerezas de café y cuyos intestinos le dan un toque único al sabor del aromático. Su precio: mil 200 dólares el kilo.

No se asuste. Estos y otros muchos productos y servicios forman parte del consumo normal de quienes se señalan como los principales causantes de la “burbuja financiera” (oh, burbujeante realidad), la misma que arrastró a la crisis, en un “efecto dominó”, a buena parte de los países del mundo. La lista de sus productos exclusivos es extensa e incluye jets, autos deportivos, palos de golf, joyas, obras de arte, rubíes, instrumentos musicales, zafiros, damas y caballeros de compañía, excusados de oro, diamantes, masturbadores autorregulables, pieles de animales en peligro de extinción, pipas platinadas, sombreros, vajillas, tinas llenas de vino y helados, muchos helados. Las boutiques para las elites se multiplicaron en los últimos años y alcanzaron ciudades nunca soñadas como Pekín, Shanghai, Estambul, Río de Janeiro, Moscú, Yakarta, Bombay, Panamá, entre otras. En los últimos años los multimillonarios crecieron a un ritmo de 8.5 por ciento anual.

¿Quiénes son los acusados? No son pocos, pero ya puesta la lente sobre ellos tampoco son tantos: los 10 millones de miembros de la especie con patrimonios de un millón o más de dólares, dueños, gerentes y dirigentes de alto rango de corporaciones, bancos, tiendas, fábricas; además de especuladores, terratenientes y sátrapas provenientes de las mafias, todos los cuales forman parte de la lista del Reporte mundial de la riqueza 2007, editado por las consultoras Merryll Lynch y Grupo Capgemini. La lista incluye a los casi 100 mil individuos que disponen de al menos 30 millones de dólares, y por supuesto a los 100 hombres (¿por qué no hay mujeres?) más ricos del mundo. Representan, en conjunto, 0.15 por ciento de la población del planeta. Los de la punta de la pirámide. Un puñado de respetables parásitos.

¿Tiemblan estos capitalistas? Es probable que sí, sobre todo cuando se percatan de que han sido víctimas de sus propios excesos, de una suerte de “efecto bumerán”. Sin embargo, tendrán opciones para salir de su “pobreza” y algunos hasta quizás se hagan preguntas o enfrenten las incómodas dudas. ¿Por qué si como la suerte, la esperanza o el amor, el poder y la riqueza son parte esencial de los deseos humanos, tenemos que ser acusados, estigmatizados, señalados? ¿Cuál es nuestro pecado? ¿Por qué no hay deidad, dios o santidad que detenga este deseo insaciable de lujurioso lujo? No hubo correa, ley, límite, restricción o discurso que lograra detener la especulación, el maldito deseo por el cual el abandonado, el simple, el terrible ser humano, desde su propia soledad, prefiere seguir apostándole a la mayor ganancia, antes que ponerle freno a su lujo-lujuria, a su obscena ambición.

Si el capitalismo es una bola de nieve que crece y crece acicateada por los múltiples mecanismos de la acumulación, quienes han quedado anestesiados por su “natural embrujo”, por su afán de poder, por su vértigo y violencia, se vuelven también seres incapaces de detener(se). El capital domina al mercado y la cosa domina al ser humano. En el casino planetario en el que se ha convertido la economía capitalista todos ganan, pero también todos pierden cuando las fuerzas incontrolables fulminan e incendian, es decir, se hacen incandescentes.
Los que sí tiemblan, y mucho, pobrecillos, son los economistas llamados neoclásicos, los mismos que se empeñaron durante décadas en demostrarnos “científicamente” que el mercado dominado por el capital era una fuerza progresista, un surtidor de abundancias, un motor de progreso y bienaventurada modernidad, ignorando sus efectos sobre el trabajo humano y sobre la naturaleza. Los acontecimientos financieros recientes han resquebrajado la teoría económica dominante y han puesto a tiritar a miles de investigadores de la economía de mercado (los del CIDE incluidos).

El economista, como el brujo, el chamán o el sacerdote, perdió el control, rebasado por las circunstancias. Los eventos sorpresivos de las últimas semanas han hecho trizas la “magia del capital”, y hoy de nuevo, los seres modernos se comportan frente a los fenómenos económicos y financieros como nuestros ancestros lo hicieron frente al rayo, el trueno o los temblores. ¡Dios nos proteja!, dijo el secretario de la Reserva Federal frente a la posibilidad de que fallaran las acciones de rescate. Y las declaraciones y los encabezados hablaron del “vendaval”, el tsunami, el “huracán”, la “tormenta” y el “temporal” financieros. Tuvo que intervenir el presidente del Banco Mundial para recordarles a todos que esos eran “fenómenos provocados por el hombre”. Ya un investigador, hoy pasado de moda, había dicho premonitoriamente en el siglo XIX que “las leyes de la economía en toda producción no planificada ni articulada se contraponen a los hombres como leyes objetivas sobre las cuales éstos no tienen ningún dominio, es decir, en forma de leyes naturales”.

Seguimos, pues, en la prehistoria, asustados frente a fenómenos inesperados, sorpresivos y caóticos, como lo señaló en estas páginas Alejandro Nadal, y si bien lo que estamos viendo no es ciertamente el derrumbe del capitalismo, pues éste vendrá una vez que surja una fuerza política capaz de proponer y llevar a la práctica un modelo alternativo de sociedad, sí somos testigos del derrumbamiento de la ilusión inventada por los investigadores de la economía neoclásica (incluyendo quienes fueron distinguidos con el Nobel). Tiemblan, pues, los capitalistas, tiembla el mercado y sus economistas, tiemblan los funcionarios y los políticos, hasta las moscas tiemblan, temblamos nosotros. En el casino-mundo, “todo lo sólido se desvanece en el aire”.

quarta-feira, 5 de novembro de 2008

Obama logra un histórico triunfo en elección de Estados Unidos


El candidato demócrata ganó una extenuante batalla de dos años para llegar a la Casa Blanca. En una jornada de participación histórica, se convirtió en el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos.

El senador demócrata Barack Obama ganó el martes una extenuante batalla de dos años para llegar a la Casa Blanca, venciendo al republicano John McCain para convertirse en el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos.

Obama, de 47 años y en su primer período como legislador por Illinois, será investido como el presidente estadounidense número 44 el 20 de enero del 2009. El líder demócrata deberá enfrentar de inmediato varios desafíos, incluyendo paliar la crisis económica, finalizar la guerra en Irak y cumplir con su compromiso de reformar el sistema de salud.

McCain vio evaporarse sus esperanzas de lograr la victoria cuando perdió los cruciales estados de Ohio, que Bush conquistó por una leve diferencia en su reelección del 2004, y Virginia, que no había votado por un demócrata desde 1964.

McCain dijo a sus seguidores en Phoenix que llamó a Obama para felicitarlo por su victoria y alabó a quienes lo acompañaron en la campaña. "Hemos llegado al final de una larga jornada", dijo a sus seguidores. "Le pido a todos los estadounidenses que me respaldaron que se me unan para no sólo felicitarlo (a Obama) sino para mostrarle a nuestro próximo presidente nuestra buena voluntad. El pueblo americano habló claramente. El fracaso es mío, no de ustedes", dijo a sus adherentes.

Obama llevó a los demócratas a una victoria electoral aplastante que amplió las mayorías del partido en ambas cámaras del Congreso e implica un fuerte repudio a los ocho años de liderazgo del presidente republicano George W. Bush, quien también se comunicó con Obama para felicitarlo por su victoria en las elecciones. "Usted está cerca de llegar a uno de los mejores días de su vida. Felicitaciones y disfrútelo", dijo Bush a Obama según la portavoz presidencial Dana Perino.

El triunfo de Obama, hijo de un padre negro proveniente de Kenia y de una madre blanca de Kansas, marca un hito en la historia de Estados Unidos. La victoria se da 45 años después del apogeo del movimiento por los derechos civiles liderado por Martin Luther King.

El anuncio de las cadenas de televisión estadounidenses de la victoria de Obama desató las celebraciones de sus seguidores a lo largo del país, desde Times Square en Nueva York hasta la Iglesia Bautista de Ebenezer en Atlanta, el templo al que iba King. Decenas de miles de seguidores de Obama se reunieron en el Grant Park de Chicago en la noche de las elecciones. Allí celebraron el anuncio de cada victoria demócrata en los estados clave. Se esperaba un discurso de Obama más tarde durante la noche.

En una campaña dominada de principio a fin por una serie de malas noticias sobre la economía, el liderazgo y las propuestas de Obama sobre cómo manejar la crisis inclinaron la carrera en su favor. Los sondeos a boca de urna mostraban que seis de cada 10 votantes creen que la economía era el tema más importante en la votación.

McCain, un senador por Arizona de 72 años y ex prisionero de guerra de Vietnam, esperaba convertirse en el presidente de mayor edad en asumir un primer mandato en la Casa Blanca y buscaba que su compañera de fórmula, Sarah Palin, fuese la primera mujer que alcanza la vicepresidencia del país.

Día histórico

La elección del primer afroamericano para la presidencia de Estados Unidos comenzó en la localidad de Bennington, en Vermont, pero los primeros votos llegaron desde el pueblo de Dixville Notch, en New Hampshire, dando la primera victoria a Obama. El dato no es menor, ya que después de 40 años de predominio del Partido Republicano en dicho lugar, el senador demócrata obtuvo 15 votos frente a los seis que dieron su apoyo al candidato republicano, John McCain. Todo un anticipo de lo que vendría.

Pero la jornada no sólo fue histórica por su resultado, sino también por la cantidad de votantes que movilizó la elección. Cerca de 153 millones de estadounidenses, el 75% del censo, se han registrado para poder votar: el índice más alto desde la aprobación del voto femenino en 1920, según un estudio del Centro de Estudios Electorales de la Universidad Americana difundido este martes, según publica El Pais. Todo un récord si además se considera que en Estados Unidos la jornada electoral no es un día festivo y los votantes deben encontrar tiempo en su rutina para acercarse a las urnas. El candidato que abrió los fuegos fue Obama. A las 07.40 hora de Chicago depositó su votación junto a su esposa Michelle y sus dos hijas. Mientras tanto, cerca de las 9.15 horas fue el turno de su rival McCain, en Phoenix, Arizona. La votación de cada candidato marcó el fin de una larga y dura campaña marcada en la recta final por duros comentarios y acusaciones entre ambos candidatos.

Pero este martes 4 de noviembre los candidatos no se quisieron dar ventajas y aprovecharon la jornada para reforzar sus ideas y visitar lugares claves. "Votar con mis hijas fue algo importante", declaró el candidato demócrata. Posteriormente, Obama hizo una última parada de campaña en Indianápolis, visitó un sindicato para agradecer a sus miembros y hacer varias llamadas telefónicas a votantes. McCain, votó cerca de su apartamento de la ciudad de Phoenix antes de sus últimas paradas de campaña en Colorado y Nuevo México. Posteriormente regresó a Arizona. Buscando revertir los pronósticos, dijo que estaba ganando terreno. "Vamos a trabajar duro hasta que cierren los comicios", dijo el republicano a la cadena de televisión CBS.

Ambos candidatos reforzaron los temas de sus campañas en las últimas horas de la carrera. Obama acusó a McCain de representar un tercer mandato para las políticas de Bush y de estar peligrosamente fuera de contacto en temas económicos. McCain, cuya campaña calificó a Obama de socialista y lo acusó de ser "amigo" de terroristas, lo describió como un liberal que va a elevar los impuestos. Pero McCain intentó, sin éxito, distanciarse de Bush en medio de un complejo escenario político para los republicanos.

El desenlace de la batalla electoral comenzó a escribirse con el cierre de estados claves. Tras ganar en Ohio, el candidato demócrata Barack Obama cimentó su camino hacia la Casa Blanca. La gran victoria, junto con la captura del estado de Pensilvania, provocó que las esperanzas de triunfo de McCain comenzaran a desaparecer. "En este punto necesitamos un milagro", dijo en ese momento un asesor de McCain según lo citó el sitio en internet de CBS News.

Desafíos. Cuando se acaben las celebraciones y los abrazos, el demócrata Barack Obama deberá trabajar duro ya que deberá enfrentar graves problemas económicos porque recibirá un país que enfrenta la peor crisis desde la Gran Depresión. Incluso, analistas aseguran que el país atraviesa por una recesión que podría empeorar hacia enero del 2009, fecha en que asumirá el poder.

Pero la crisis financiera no será su única preocupación. Obama también reconoce como una prioridad bajar los altos costos del cuidado de la salud y reformar el sistema sanitario. Su propuesta es un programa nacional de seguro con el cual individuos y pequeñas empresas podrían contratar sistemas de salud similares a los de los empleados federales, suplementados en parte por un impuesto a los empleadores que no brinden cobertura.

En el ámbito energético, considera que la dependencia del país del petróleo extranjero es una amenaza a la seguridad y la economía. Por tal motivo, está abierto a la excavación costa fuera y la energía nuclear, pero enfatiza el impulso a la eficiencia en energía y el aumento masivo de la inversión en fuentes renovables. Por otra parte, apoya un impuesto puntal cada cinco años sobre los beneficios de las grandes compañías petroleras.

Otro tema sensible son los impuestos. El presidente electo quiere expandir el Crédito Impositivo por Ingreso y el Crédito Impositivo para Niños y Cargas Familiares. Además espera crear un "Crédito de Hipoteca Universal" reembolsable del 10% de interés hipotecario para dueños de casas que no se beneficien de devoluciones impositivas y eliminar el impuesto a las ganancias para los adultos mayores que perciban menos de US$ 50.000 al año.

segunda-feira, 3 de novembro de 2008

Argentina: La eliminación del régimen de capitalización financiera de aportes previsionales


Rubén Lo Vuolo
Sin permiso

Argentina necesita reconstruir su sistema de previsión social sobre la base de un pilar que garantice un ingreso básico y universal a las personas en edad pasiva, además de mejorar las relaciones técnicas y la sustentabilidad financiera del régimen de reparto que pasaría a ser único. La mayor parte de los trabajadores no están en condiciones de cumplir los requisitos que se exigen para acceder al sistema contributivo, sea este público o privado. La unificación del sistema y la eliminación del pilar de capitalización financiera de aportes es un paso que parece necesario para ello. Pero el proyecto de ley que se está discutiendo en el Congreso deja sin resolver muchos interrogantes y puede significar un salto al vacío similar al de la pasada década.

La reforma que en 1994 creó el actual Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones (SIJYP) en Argentina, fue parte de una ola alentada por los Organismos Multilaterales en toda América Latina. Estas reformas se caracterizan por la incorporación de un componente de cuentas individuales que capitalizan aportes financieramente bajo la administración de empresas privadas. Ese componente se combinó de distintas formas con pilares públicos de reparto. Así, el sistema chileno, reformado durante la dictadura militar de Pinochet, sustituyó totalmente al antiguo régimen público. Las reformas de Bolivia (1997), México (1997) y El Salvador (1997), se asemejan en ese carácter sustitutivo. En Perú (1993) y Colombia (1994) serían sistemas “paralelos”; Uruguay (1996) sería “mixto”. El de Argentina es “paralelo” (porque hay dos regímenes que compiten entre sí) y, a la vez ,“mixto” (porque el beneficio combina varios pilares que se superponen).

Diversos trabajos han demostrado el fracaso de esas reformas. En la Argentina se profundizó el patrón regresivo de distribución de derechos e ingresos, bajó la cobertura de los activos y pasivos en un mercado laboral precario e informal, crecieron el déficit financiero, los costos administrativos y la evasión y cayó el valor de los beneficios pagados, incumpliendo normas legales. La reforma no sirvió para construir un mercado de capitales que financie la inversión de largo plazo y no hay la menor prueba de que haya aumentado el ahorro. Más de la mitad de los trabajadores argentinos no tienen expectativas de cumplir con los requisitos para acceder a una jubilación bajo el actual esquema.

Los aportantes efectivos al Régimen de Capitalización administrado por las AFJP son menos de la mitad de sus propios afiliados (del sector formal de mejores ingresos); la competencia entre administradoras es ficticia y se asienta en elevados gastos de promoción más que en costos y rentabilidades; las comisiones son muy elevadas; la mayoría y las más grandes AFJP pertenecen a grupos financieros (nacionales y extranjeros) que ofrecen el servicio como parte de su cartera de productos. El monto del beneficio es incierto por definición y depende del valor del fondo al momento de retirarse El valor del fondo muestra rentabilidades muy volátiles y vulnerables al ciclo económico y a las pocas oportunidades de colocación del mercado local. Tanto la crisis financiera y el default de la deuda pública argentina en 2001, como la actual crisis financiera internacional, han demostrado las contradicciones de estos sistemas que pretenden garantizar “seguridad social” mediante instrumentos que, por su naturaleza, son inseguros, fuertemente dependientes de los títulos de la deuda pública y de mercados volátiles.

La necesidad de una reforma integral del actual régimen de previsión social argentino está ampliamente justificada. Pero el proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, que elimina el sistema de capitalización individual de aportes transfiriendo todos los afiliados al sistema de reparto público con el cual compite, adolece de múltiples problemas. Es razonable la pretensión de unificar los dos regímenes en uno solo de reparto, dejando que la capitalización financiera e individual de aportes sea un complemento voluntario. Esto permitiría además recuperar los recursos transferidos a las AFJP y utilizarlos para mejorar la cobertura, los actuales beneficios y la solidez financiera del sistema unificado. Pero nada de esto está garantizado y hay serias sospechas de que la reforma apunta más a atender las necesidades urgentes de caja del Tesoro y a la pretensión del Gobierno de derivar fondos a otros destinos.

En primer lugar, el proyecto no se acompaña por ningún estudio que avale la consistencia actuarial y financiera del sistema unificado. Tampoco se especifica cómo se han de reconocer los derechos de los afiliados que se traspasan del régimen de capitalización al de reparto, lo cual puede dar lugar a manipulaciones, injusticias y reclamos judiciales de todo tipo. Por su naturaleza, el beneficio de las cuentas individuales de capitalización es “indeterminado” hasta el día en que se accede a la jubilación, cuando se establece el valor del fondo financiero y el monto a cobrar según la alternativa de pago que se elija. El gobierno solo dice que se traspasan al sistema de reparto bajo las reglas de este último, pero esas reglas son muy diferentes y, por lo tanto, serán motivo de controversias.

En segundo lugar, no está claro cómo se han de manejar los activos de los Fondos propiedad de los trabajadores que hoy administran las AFJP y que pasarían a formar parte de un Fondo de Garantía y Sustentabilidad administrado por una dependencia del Poder Ejecutivo. No se crea ningún ente autárquico para la administración, ni se establecen reglas para la misma. La historia muestra que el valor de estos fondos de previsión se erosionó por efecto de malas inversiones y desvío para otros fines. Este gobierno ya goza de amplias y discrecionales facultades administrativas y hace años presenta presupuestos no confiables. Aquí también pueden generarse litigios judiciales de todo tipo.

En tercer lugar, tampoco se establece el destino de los aportes mensuales de los afiliados al régimen de capitalización que ahora van a engrosar la caja corriente del régimen de reparto. El gobierno no anuncia aumentos para los actuales beneficios ni propone ninguna reforma para ampliar la cobertura. El problema involucra al reparto con de los impuestos con las Provincias, porque hoy se destinan fondos de rentas generales para el sistema de previsión como resultado, entre otras cosas, del agujero fiscal generado por la reforma de 1994. De hecho, el sistema de previsión social hoy financia al Tesoro, pese al bajo nivel de beneficios y a que solo recientemente se reconoció la movilidad de los beneficios.

Argentina necesita reconstruir su sistema de previsión social sobre la base de un pilar que garantice un ingreso básico y universal a las personas en edad pasiva, además de mejorar las relaciones técnicas y la sustentabilidad financiera del régimen de reparto que pasaría a ser único. La mayor parte de los trabajadores no están en condiciones de cumplir los requisitos que se exigen para acceder al sistema contributivo, sea este público o privado. La unificación del sistema y la eliminación del pilar de capitalización financiera de aportes es un paso que parece necesario para ello. Pero el proyecto de ley que se está discutiendo en el Congreso deja sin resolver muchos interrogantes y puede significar un salto al vacío similar al de la pasada década. En esa disyuntiva está el país, donde muchos de los que lo embarcaron en los dogmas del Consenso de Washington, hoy lideran este cambio, justificable, pero muy cuestionable en su forma y en sus resultados prácticos.

domingo, 2 de novembro de 2008

El próximo líder de Estados Unidos: el capitalismo

Eva Golinger
Aporrea

En pocos días se realizarán las muy anticipadas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Hay expectativas alrededor del mundo sobre el cambio en Washington y el fin de la época Bush-Cheney que causó tanto daño y terror al mundo. Lo que si es cierto, es que George W. Bush no volverá a la vida política por un largo tiempo, probablemente nunca. Su mandato fue posiblemente lo peor en toda la historia del país; su política internacional incrementó de manera sustantiva la cantidad de ciudadanos en el mundo que detestan a Estados Unidos; su política financiera destruyó la economía del país y dejó el gobierno, los ciudadanos y hasta los bancos en bancarrota; su política interior acabó con los programas sociales (los pocos que quedaban), favoreció a la clase alta y resultó en un deterioro grave en la calidad del sistema educativo nacional; y las guerras iniciadas (o mejor dicho, continuadas) por su gobierno han resultado en millones de muertos en el Medio Oriente sin obtener ningun beneficio para nadie, menos para la “democracia” y la “libertad”.

Bush se va y estamos felices, más porque ya no tendremos que escuchar sus patéticos discursos del teleprompter que ni siquiera leyéndolos en letra grande era capaz de pronunciar y articular bien. También estamos contentos porque con Bush se va Dick Cheney, el verdadero poder del duo dinámico. Cheney es uno de los arquitectos de la última perversión de la política imperial con su sed insaciable para la dominación mundial. Junto a sus compatriotas Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Robert Zoellick, John Negroponte, Elliot Abrams y otros del club de neoconservadores, lograron implementar el plan del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano (PNAC) que habían diseñado desde el año 1994. Su objetivo era asumir control sobre las reservas energéticas mundiales, enfocándose en el Medio Oriente. Los miembros del PNAC, que incluían a Condoleezza Rice, Cheney, los otros mencionados anteriormente, George H.W. Bush (papá del actual presidente) y otros de la misma ideología, abogaban por la invasión a Irak, el asesinato de Saddam Hussein y la occupación de sus pozos petroleros. Cheney también fue el impulsor de la “privatización de la guerra”, entregando contratos multimillonarios a empresas del Complejo Industrial Militar, incluyendo a su empresa personal, Halliburton, cuyas ganancias han asegurado Cheney y su familia una vida lujosa.

Se va Bush y su combo, pero lamentablemente con ellos no se va el sistema capitalista-consumista. No se va el Complejo Industrial Militar que controla la política internacional de Washington, ni se van las grandes multinacionales y corporaciones que controlan el mercado global. Entonces, ¿cuál es el cambio?

Si John McCain ganara la presidencia de Estados Unidos el próximo 4 de noviembre significaría un gran retraso ante la posibilidad de mejorar la imagen de Washington en el mundo. McCain traería consigo asesores y políticos de la vieja guardia, como Henry Kissinger, James Woolsey (antiguo Director de la CIA y ex presidente de Freedom House), Richard Armitage (ex Subsecretario de Estado del 2001-2005 bajo George W. Bush, miembro del PNAC), William Kristol y Robert Kagan (directores del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano “PNAC”). McCain también favorecería un aumento de tropas estadounidenses en Irak porque ve ese conflicto como parte de una lucha mayor contra el extremismo islámico que según él y sus asesores, “amenaza la seguridad de Estados Unidos”. Su candidata a la vicepresidencia, la gobernadora del Estado Alaska, Sarah Palin, abogaría por una invasión en Venezuela para derrocar “ese dictador Chávez” y garantizar el control sobre las reservas petroleras en el país suramericana (para no tener que explotar más las de Alaska). Entonces, con un McCain, Washington seguiría el camino de la guerra y la destrucción de la humanidad. Sería más de lo mismo, una continuación de la era Bush-Cheney, sin los mismos personajes, pero con el mismo espiritu guerrerista e imperialista. Y aunque McCain como Presidente de Estados Unidos sería un retraso para los pueblos del mundo, sería un paso adelante para la caída el imperio.

Si Barack Obama ganara la presidencia de Estados Unidos el próximo 4 de noviembre cambiaría la cara de Washington ante el mundo, pero no necesariamente cambiaría lo demás. Claro, con Obama haríamos historia: primer presidente afro-americano de Estados Unidos; primer político con tan poca experiencia en llegar al cargo más poderoso de la nación; uno de los más jóvenes en llegar a la presidencia; y primer presidente de Estados Unidos con un nombre tan extranjero. Si, Obama sería un cambio fresco con su gran intelecto y discurso inteligente y poético (que también lee del telepromter) sobre la “esperanza” y el “cambio”. Cualquier presidente que puede pronunciar una palabra con más de dos sílabas sería un gran cambio para Estados Unidos después de ocho años de lenguaje vaquero.

Pero un Obama no podría detener el Complejo Militar Industrial, ni lo va a querer hacer, porque pronto se daría cuenta que las empresas, personas y agencias que componen esa industria son quienes lo mantendrían a él en el poder. Y Obama tampoco podría controlar las transnacionales y corporaciones que manejan la economía global; tendría él que subordinar su política a los deseos de Exxon, Chevron, Coca Cola, Disney, Warner, Monsanto y otras multinacionales que dominan el mercado internacional.

¿Y su política exterior? Pués, su asesor principal es Zbigniew Brzezinski, antiguo Asesor de Seguridad Nacional del Presidente Jimmy Carter y arquitecto de la política de dominación mundial de Washington. Brzezinski es miembro fundador de la Comisión Trilateral, entidad compuesta por grandes empresarios, políticos, dueños de medios de comunicación y gobernantes de Europa, Asia y Estados Unidos, que formulan las estrategias que manejan la economía y la política mundial. Es miembro también de instituciones y centros de estudios (think tanks) como Freedom House, International Crisis Group, Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) y Council on Foreign Relations (CFR), que promueven la política imperial de Washington en el mundo. Todas esas organizaciones también son críticas de Venezuela y el Presidente Chávez y abogan por una acción más directa y efectiva de Estados Unidos para “detener” la influencia y la amenaza del jefe de estado venezolano en la región.

Entonces, tal vez Obama buscaría retirar las tropas estadounidenses de Irak dentro de unos años, pero no pararía la Guerra Mundial que ejecuta Estados Unidos contra la humanidad. No transformaría el sistema capitalista-consumista que está devorando el planeta tierra y acabando con los recursos naturales a algo más decente y amistosa para los pueblos del mundo. No, Obama no cambiaría mucho en el final, al menos si bajo su imagen oportunista y ambiciosa existiera un verdadero radical revolucionario que solo estaba esperando su juramentación en la Casa Blanca para quitarse la cara del establishment y romper con las cádenas del imperialismo. Esa es la esperanza que tenemos muchos; queremos, deseamos un verdadero cambio profundo en Estados Unidos. Por eso me duele decirlo a los que están agarrándose de esa esperanza, que lamentablemente el próximo líder de Washington simplemente sería el mismo de antes: el capitalismo.