domingo, 10 de agosto de 2008

Juntos venceremos


Marco Antonio Villa
Folha

Os cismas do socialismo são analisados pelo russo Mikhail Bakunin e o brasileiro Maurício Tragtenberg

Maurício Tragtenberg e Mikhail Bakunin [1814-76] foram dois adversários do capitalismo e dos socialismos autoritários. "Reflexões sobre o Socialismo" e "O Princípio do Estado e Outros Ensaios" permitem identificar os principais pontos desses embates.

Tragtenberg foi um intelectual crítico, questionador da modorra acadêmica. Foi um autodidata em um país de viés bacharelesco; erudito diante de uma intelectualidade de poucas letras e crítico da hipocrisia e inépcia universitárias.

Passou por várias universidades e nem sempre se deu bem com a estrutura de poder marcada pelo conservadorismo e ódio à cultura. Em São José do Rio Preto (SP), acabou defenestrado da Faculdade de Filosofia após o golpe de 1964, para satisfação dos conservadores locais, especialmente dos seus "colegas" professores (muitos que, anos depois, fizeram carreira na burocracia universitária). Mas nada o abatia. Afinal sabia que a universidade era simplesmente seu ganha-pão, e não um espaço intelectual de debate e produção de idéias.

Crítico dos partidos

Freqüentador de bibliotecas -algo que estranhamente não é hábito entre os intelectuais brasileiros-, acabou lendo os principais clássicos sobre as revoluções dos séculos 19 e 20. Mas não foi um mero repetidor de interpretações. Pelo contrário, construiu a sua visão das revoluções. O livro "Reflexões sobre o Socialismo" é produto dessas releituras. A primeira edição é de 1986, quando o "mundo socialista" ainda existia. O Muro de Berlim parecia eterno, indestrutível.

Analisa sinteticamente as três Internacionais, a Revolução de 1917, os movimentos de esquerda na Rússia de resistência ao poder bolchevique, as formas alternativas de autogestão no Leste Europeu diante do que chama de capitalismo de Estado na União Soviética.

Na época do lançamento do livro, ainda estavam presentes os acontecimentos da Polônia e a formação do sindicato Solidariedade; o eurocomunismo era uma opção diante do socialismo realmente existente.

Tudo isso foi varrido nos últimos 20 anos, e o modo de produção capitalista, com variantes, se transformou em forma quase única de organização econômica. Tragtenberg é um crítico do partido político, de sua atuação ambígua de estímulo/controle dos movimentos sociais e do político profissional, intermediário entre a classe e o Estado. Critica o sindicato: "O capitalista cuida das máquinas, o sindicato cuida da disciplina da mão-de-obra. Noventa por cento das entidades, grupos ou partidos que trazem o nome "operário" têm a finalidade de controlar o operariado".

Se algumas interpretações estão datadas -o que é absolutamente natural-, quando critica os sindicatos, acerta no alvo. Mas não imaginava que no Brasil, além de controlar os trabalhadores, os sindicatos iriam se transformar em máquinas políticas e econômicas, elegendo sindicalistas e -por meio dos fundos de pensões- detendo enorme poder financeiro.

Fim do Estado

Mikhail Bakunin é um velho conhecido de todos aqueles que militaram ou estudaram o movimento operário brasileiro. A publicação de "O Princípio do Estado e Outros Ensaios" é bem-vinda. Apresenta três textos tratando da concepção anarquista do Estado e do embate travado contra as outras correntes do movimento socialista. Os textos são de 1871, ano da Comuna de Paris, e apresentam as profundas divergências entre os anarquistas e os marxistas, estes uma tendência minoritária no movimento operário europeu, especialmente na França, o palco privilegiado da luta de classes no século 19.

Para Bakunin, "os comunistas crêem dever organizar as forças operárias para apoderar-se da potência política dos Estados. Os socialistas revolucionários organizam-se com vistas à destruição ou, se quiser uma palavra mais polida, com vistas à liqüidação dos Estados.""Os comunistas são os partidários do princípio e da prática da autoridade, os socialistas revolucionários só têm confiança na liberdade".

Os dois livros tratam do socialismo, ideologia negadora do capitalismo que teve na revolução de 1848 sua data efetiva de fundação. A reflexão de Bakunin foi realizada no calor da hora, em 1871; já Tragtenberg teve mais de um século para analisar o desenvolvimento das lutas sociais, o que permitiu buscar um diálogo do anarquismo com o marxismo. Evidentemente, merecem ser lidos, especialmente porque os dois autores foram defensores da liberdade e severos críticos da repressão estatal.

Bolivia decide su futuro

Alejandra Clavería

Bolivia enfrentará hoy domingo uno de los momentos políticos más importantes de su historia reciente. El referendo revocatorio convocado por el presidente Evo Morales marcará definitivamente la gestión del líder cocalero, aunque los resultados de la consulta ciudadana no aparecen como una solución de fondo para los problemas estructurales y la división que enfrenta el país desde hace décadas.

La crisis política, que protagonizan el Gobierno indigenista de Morales y la oposición autonomista, ha sido canalizada a través de una salida institucional: la decisión de convocar a la ciudadanía para ratificar o relevar de sus cargos a Morales y a ocho de nueve prefectos regionales electos en 2006, en su mayoría opositores. El camino hacia el referendo estuvo marcado por violentas manifestaciones que se cobraron dos vidas.

La posible victoria de Evo en las urnas no será más que la legitimación del proyecto político que lo llevó al poder en enero de 2006 y que tiene como eje central la reivindicación de derechos indígenas: “Revolución por igualdad y justicia” es uno de los lemas de líder cocalero, que busca además aglutinar el apoyo necesario para implantar una nueva Constitución que le permita consolidar su proyecto, sin las trabas que hoy enfrenta.

Por el contrario, una eventual victoria de la oposición sería el triunfo de los sectores que piden la autonomía departamental y que ven amenazado su mayor capital: el control de los recursos naturales (en especial los hidrocarburíferos), y la producción agrícola.

Sin embargo, la bandera opositora ya no sería patrimonio exclusivo de grupos de la élite conservadora, que tradicionalmente ha tenido el control de la tierra. “Hoy la oposición está aglutinada en torno a la administración centralista de Morales”, dice Marco Moreno, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). “El movimiento regionalista se amplió más allá de los márgenes de la élite”, agrega.

La consulta de hoy domingo fue una propuesta de Morales para poner fin a las constantes trabas a su gestión. Varios referendos anteriores habían permitido a la oposición decretar su autonomía y, por ende, el manejo de sus recursos económicos. A Santa Cruz, el departamento que lidera la oposición, le siguieron Beni, Pando y Tarija.

La respuesta de Morales fue entregar a la ciudadanía la resolución del conflicto, sin imaginar la posibilidad de perder el poder. “Evo no midió las consecuencias de su decisión”, dice Moreno de Flacso. “Decisión que demás puede transformarse en un precedente para exigir y demandar mayores prerrogativas por parte de la ciudadanía”.

Probablemente la confianza de Morales esté basada en las cifras de apoyo a su gestión, que partieron con un 53,7%, en la elección presidencial de 2005, y que posterior a una leve caída, se empinaron hasta el 59% en el mes de julio, según una encuesta de Ipsos. La Corte Nacional Electoral dijo que se necesita más del 53,7% de votos para revocar el mandato de Morales, pero sólo el 50% más uno para echar a cada uno de los prefectos.

sexta-feira, 8 de agosto de 2008

Uruguay toma distancia del Mercosur


Cristian Carrillo
Página 12

La Cancillería uruguaya volvió a poner el dedo en la llaga de la integración regional. Admitió que su país analiza ingresar al mercado norteamericano a través de un convenio con México. El Mercosur votó dividido en la OMC.

El gobierno uruguayo insiste en negociar por fuera del Mercosur. Ayer, el director de Asuntos Económicos de la Cancillería de ese país, Elbio Rosselli, adelantó que solicitará al bloque “flexibilidad en las negociaciones externas”. Días atrás se conoció que el gobierno uruguayo estudiaba la posibilidad de triangular sus ventas a través de México, con el objetivo de exportar a todo Norteamérica sin pagar aranceles. Por este motivo, el embajador de México en Montevideo, Cassio Luiselli, inició gestiones con sus colegas de Estados Unidos y de Canadá. Ahora pide más autonomía de la región. La justificación sigue siendo que el bloque Mercosur no contempla las “velocidades diferentes” que tienen los países miembros, pero el malestar se acrecentó desde el tema de las papeleras, mientras que el vía libre se lo dio la última discusión de la Organización Mundial de Comercio en Ginebra, Suiza.

La onda expansiva del estruendoso fracaso de la última Ronda de Doha aún está lejos de desaparecer y entre los que más frágiles quedaron ante ese hecho se encuentra el Mercosur. A duras penas, la Argentina y Brasil, principales socios de la región, logran dejar de lado sus diferencias en cuanto a la visión del comercio internacional, y Uruguay sigue mellando la integración del bloque. Rosselli argumentó que la Argentina “eligió un modelo de desarrollo muy distinto al resto de los socios, con un neoindustrialismo muy proteccionista del mercado interno, con el cual no será fácil compatibilizar la negociación externa del bloque”. La crítica del diplomático uruguayo aparece justo después de que Brasil se sumara a la posición de las naciones más poderosas, de cara a una apertura indiscriminada de la economía.

La administración de Tabaré Vázquez recibe desde el principio presiones, tanto desde la oposición como de algunos sectores internos del frente oficialista, para avanzar en acuerdos de liberación comercial. El propio ministro de Economía uruguayo, Danilo Astori, es uno de los precursores en la negociación extra Mercosur. Detrás de Tabaré, Astori es quien divide a la coalición gobernante del Frente Amplio y, llamativamente, el candidato más firme por esta fuerza para las elecciones presidenciales del año próximo. Por su parte, Rosselli, de la línea de Astori, considera que “puede haber muchas modalidades de flexibilidad dentro de una negociación conjunta”, y ejemplificó que una puede ser el “convenio marco Mercosur-México, dentro del cual el país pudo avanzar rápidamente hacia un acuerdo de Libre Comercio”. Uruguay y México tienen un Tratado de Libre Comercio (TLC) desde 2004.

El jueves de la semana pasada se conoció que el embajador de México en Montevideo, Cassio Luiselli, inició gestiones con sus pares de Estados Unidos y Canadá para que, a través del Tratado de Libre Comercio vigente con Uruguay, empresas de este último puedan exportar a todo Norteamérica como si fueran compañías locales. El mecanismo consiste en que México sirva de vehículo para exportar a Estados Unidos y Canadá, mientras que el objetivo es que las empresas uruguayas pasen a ostentar el sello de “origen NAFTA”, lo que les permitirá ingresar libremente su producción a los tres países de América del Norte. Uruguay puede abastecer a México con componentes e insumos para la industria automotriz, aeronáutica y electrónica.

La intención uruguaya de despegar del Mercosur se puso de manifiesto con mayor claridad en 2006. El gobierno de Tabaré recibió en ese momento de parte del Departamento de Comercio de los Estados Unidos una propuesta para llegar a un TLC por “vía rápida”. El convite fue rechazado por el oficialismo y el Ejecutivo planteó entonces la posibilidad de avanzar, en 2007, hacia un acuerdo más limitado, con el objetivo de facilitar el intercambio de bienes, sin “lesionar” el “corazón del Mercosur”, ya que no involucra cuestiones arancelarias, y protegiendo además algunos sectores sensibles, según las propias palabras del presidente uruguayo. Se denomina Acuerdo Marco de Comercio e Inversión y consiste en un convenio en que se fija un rango amplio de tarifas e impuestos y se incluyen garantías para las inversiones. Si bien es de carácter amplio y “simbólico”, abre las puertas a numerosas misiones comerciales que llegan a ese país y se retirar con importantes acuerdos comerciales bilaterales.

“¿Por qué, frente a esta realidad, entonces, no avanzamos a velocidades diferentes? ¿Por qué no se flexibiliza de tal modo que tres socios (Brasil, Uruguay y Paraguay) avancen en un acuerdo comercial más rápido que otro que tiene una estrategia nacional divergente?”, se preguntó ayer Rosselli, durante un contacto con la prensa local, olvidando, al igual que el presidente brasileño, la definición de integración.

quinta-feira, 7 de agosto de 2008

Da era petrolífera para a biocivilização


Ignacy Sachs
IPS

Vistos com uma ampla perspectiva, o encarecimento do petróleo e a recuperação dos preços dos alimentos se mostrarão positivos se nos ajudarem a nos libertarmos da dependência do petróleo e a melhorar a vida dos pequenos agricultores em lugar de beneficiar as multinacionais da alimentação.

A prolongada evolução conjunta do gênero humano e da biosfera foi marcada no passado por duas grandes transições. A primeira, ao passar da coleta e da caça para a agricultura e criação de animais, ocorreu muitos milhares de anos atrás. A segunda, a era dos abundantes e baratos combustíveis de origem fóssil (carvão, petróleo e gás) começou há poucos séculos. Agora estamos no umbral da terceira grande transição, que deixará para trás a era do petróleo e, esperamos, de toda a energia de origem fóssil. A transição levará décadas, mas, segundo muitos indícios, já começou, empurrada pela alta espetacular dos preços do petróleo e pela recuperação dos preços dos alimentos.

Quando analisarem os acontecimentos de nosso tempo, os futuros historiadores verão a era da “energia fóssil” como um breve, mas acidentado, interlúdio que provocou um grande aumento da população mundial. Agora somos 6,7 bilhões de habitantes, e estima-se que seremos 9 bilhões em meados deste século, com a maioria da humanidade vivendo em áreas urbanas. Mas, apresentam-se dois grandes e iminentes desafios: o de uma potencialmente catastrófica mudança climática e o dilema de uma abismal desigualdade social, de mãos dadas com um crônico e severo déficit de oportunidades para a obtenção de trabalho decente.

Para evitar o aquecimento do clima, devido às excessivas emissões de gases causadores do efeito estufa, devemos modificar drasticamente nossas pautas de uso da energia. Para conseguirmos isso são necessárias três coisas: redução do consumo de energia por meio de uma mudança nos padrões de consumo e de estilos de vida; melhoria da eficiência energética; substituição dos combustíveis fósseis pelas diferentes energias renováveis (solar, eólica, hidráulica, marinha e biomassa).

Ao mesmo tempo, devemos reabrir a discussão sobre um novo ciclo de desenvolvimento rural para evitar o beco sem saída da excessiva e prematura urbanização, como aponta Mike Davis em seu livro “Planeta de bairros marginalizados”. É fundamental criar oportunidades de trabalho decente para bilhões de pobres das áreas rurais.

Estes objetivos podem ser conciliados mediante a promoção de modernas biocivilizações que sejam baseadas na energia solar aproveitada através da fotossíntese e que explorem os múltiplos usos da biomassa (alimento para seres humanos, forragem para animais, fertilizantes orgânicos, bioenergias, materiais de construção, fibras, plástico e outros produtos de química orgânica elaborados por bio-refinarias, indústrias farmacêuticas e de cosméticos). Os biocombustíveis são apenas um segmento de um todo mais amplo. Todas as grandes civilizações da antiguidade foram “civilisations du vegetal” (Pierre Gourou). As civilizações que virão serão diferentes das antigas, já que a humanidade se encontra em um novo e superior ponto da espiral do conhecimento. Deste modo, as modernas biocivilizações não devem ser vistas de modo algum como uma regressão, mas como um salto para o futuro.

Para envolver os pequenos proprietários rurais na produção sustentável e no processamento de biomassa, deveremos recorrer a tecnologias que impliquem conhecimentos e trabalho intensivos e, ao mesmo tempo, economia de recursos. As soluções virão de sistemas integrados de produção de alimentos/energia agro-ecológicos adaptados aos diferentes biomas e realizados com os princípios da “revolução sempre verde”, segundo as palavras de M. S. Swarninathan, também conhecidos como os da revolução duplamente verde. Trata-se de um difícil desafio, já que se pretende transformar as ameaçadoras crises dos alimentos e da energia em uma oportunidade para avançar para civilizações mais justas e sustentáveis.

Vistos com uma ampla perspectiva, o encarecimento do petróleo e a recuperação dos preços dos alimentos se mostrarão positivos se nos ajudarem a nos libertarmos da dependência do petróleo e a melhorar a vida dos pequenos agricultores em lugar de beneficiar as multinacionais da alimentação. Naturalmente, neste momento são necessárias medidas urgentes para ajudar os pobres urbanos afetados pelo atual encarecimento dos alimentos. As apostas são altas, mas o resultado está longe de ser garantido. Os capitalistas de risco são rápidos para aproveitar as ocasiões para fazer dinheiro com as novas tecnologias para produzir energia que estão surgindo graças ao petróleo caro e para explorá-las sem transformação séria do tecido social e econômico.

O começo da terceira grande transição coincide com o esgotamento dos mais importantes modelos de desenvolvimento, que dominaram o cenário desde o fim da Segunda Guerra Mundial. O comunismo se desmoronou com a queda do Muro de Berlim. O reformado capitalismo do pós-guerra deu lugar ao neoliberalismo. Mas, para alguns observadores, a recente crise financeira anuncia o início do fim do neoliberalismo. Por sua vez, a social-democracia está presa na situação de “sim à economia de mercado, não à sociedade de mercado”. É por isso que, condenada a inventar novos modelos, a próxima geração se dirigirá a inexplorados e excitantes territórios.

Uma coisa é certa: a emergência de biocivilizações, quando ocorrer, mudará a geopolítica mundial, pois favorecerá os países tropicais, qualificados por Pierre Gourou como “Terras da boa esperança”. Tanto mais se esses países conseguirem ampliar a vantagem que lhes dá o clima natural por meio da pesquisa, uma apropriada organização de sua produção e um efetivo desenvolvimento da cooperação Sul-Sul.

Gramsci, o pensador da democracia


Giuseppe Vacca
Política Democrática

A partir da segunda metade dos anos setenta do século passado, os estudiosos que participam da renovação da interpretação do pensamento de Gramsci compartilham a convicção de que o núcleo dinâmico dos Cadernos esteja nos parágrafos dedicados ao Americanismo, de que a principal categoria analítica introduzida por Gramsci na pesquisa histórica seja o conceito de “revolução passiva”, e de que desta tenha tido origem o desenvolvimento de um pensamento original, baseado na teoria da hegemonia.

O pensamento de Gramsci no cárcere chega ao amadurecimento entre 1932 e 1934 e contém uma visão do século XX que antecipa um nexo de problemas hoje tornados ainda mais evidentes. São os problemas da globalização da economia mundial e do seu impacto sobre os sistemas nacionais. A reflexão de Gramsci culmina numa nova idéia da política.

As pesquisas sobre a história do marxismo contida no Caderno 11, sobre a filosofia de Benedetto Croce contida no Caderno 10 e sobre os intelectuais e a política (Cadernos 12 e 13) constituem os capítulos principais da filosofia da práxis. A teoria da hegemonia - definida por Gramsci como “desenvolvimento teórico-prático da filosofia da práxis” - compõe-se de uma gnosiologia e de uma analítica, cujos conceitos recebem a elaboração mais completa nos Cadernos 14, 15 e 16.

A partir da gnosiologia e da analítica da hegemonia germina uma concepção original da constituição dos sujeitos políticos, cujo principal laboratório é a história da Itália contemporânea (o Caderno 19, mas não só).

O programa de pesquisa dos Cadernos originou-se da reflexão sobre as conseqüências da derrota da revolução socialista na Europa no início dos anos vinte e sobre a mudança da natureza e da função internacional da URSS como desdobramento da “revolução pelo alto” e pelo desencadeamento da “guerra camponesa”. Segundo Gramsci, o fim da aliança entre operários e camponeses, provocado por Stalin, tinha conseqüências de alcance mundial. Com tal ruptura desaparecia a possibilidade de dar continuidade e orientação socialista ao revolucionamento das massas, prosseguindo o processo iniciado pela Revolução de Outubro.

O socialismo se territorializava e mudavam as bases sociais do Estado soviético. A URSS staliniana mostra-se, para Gramsci, como uma “forma extrema de governo dos funcionários”, uma forma primitiva, econômico-corporativa, de Estado operário, pobre de capacidade hegemônica e de elementos de plano, globalmente sem capacidade de expansão. Segundo Gramsci, a origem disso estava na interrupção da construção de uma “economia média”, baseada numa troca equilibrada entre cidade e campo.

Seu desaparecimento bloqueava a propagação internacional de processos análogos, baseados nacionalmente na aliança entre operários e camponeses. Ruía assim a idéia da revolução mundial, que Gramsci, fiel à lição original dos bolcheviques, entendera como difusão do industrialismo com base na cooperação entre cidade e campo de modo a romper o antagonismo que caracteriza suas relações na modernidade capitalista.

A investigação das causas da derrota faz Gramsci aprofundar a busca das dinâmicas do desenvolvimento capitalista e concentrar a atenção sobre a forma mais avançada de industrialismo, a de tipo americano, caracterizada pelo taylorismo e pelo fordismo. Em oposição à teoria oficial do movimento comunista, chega a uma diferente periodização e interpretação da era do imperialismo. Segundo Gramsci, a partir do final do século XIX, o desenvolvimento industrial, que unificara ainda mais o mercado mundial, havia deslocado o centro da “economia mundo” da Europa para os Estados Unidos. Aqui se afirmaram as formas mais avançadas de introdução da racionalidade científica nos processos de trabalho e na organização das empresas e dos mercados. Este tipo de industrialismo constituía a forma mais racional de desenvolvimento das forças produtivas, continha a tendência à formação de uma “economia programática” e, como tal, merecia ser difundido. Segundo Gramsci, com sua propagação se poderiam criar as condições para separar industrialismo e capitalismo, fazendo com que as classes trabalhadoras assumissem a direção dos processos de modernização.

Na visão de Gramsci, pois, a contradição principal da era contemporânea está no contraste entre o cosmopolitismo da vida econômica e o nacionalismo da vida política, baseada ainda nas prerrogativas do Estado-nação. A Primeira Guerra Mundial se originara da incapacidade por parte das classes dirigentes de resolver aquele contraste, adequando os espaços da política aos novos espaços da economia. As tentativas de solução nascidas da guerra - a revolução mundial projetada pelos bolcheviques e a criação da Sociedade das Nações projetada por Wilson - faliram rapidamente. A paz de Versalhes restabelecera as prerrogativas dos Estados nacionais e inaugurara uma época de nacionalismos exacerbados e de conflitos endêmicos. Segundo Gramsci, o contraste entre o cosmopolitismo da economia e o nacionalismo da política, que se reproduz depois da guerra, estava na origem da grande crise de 1929-1931. Sua superação só poderia se verificar favorecendo a difusão do industrialismo de tipo americano, que, graças à criação da economia dos consumos, indicava o caminho para conjugar desenvolvimento e democracia.
Não há quem não veja quanta distância então separa Gramsci das concepções do movimento comunista dos anos trinta. Sua visão do desenvolvimento econômico recusava as teorias do imperialismo, da “crise geral do capitalismo” e da inevitabilidade da guerra, que constituíam o fundamento analítico do bolchevismo e a justificação histórica da Internacional Comunista. Gramsci considerava que a expansividade do movimento comunista se esgotara rapidamente e, portanto, a direção do processo histórico-mundial voltara às mãos das velhas classes dominantes.

Mas a Grande Guerra havia inaugurado uma época nova: as imensas massas camponesas fizeram sua entrada na história; a guerra as inserira nos circuitos da modernidade, dando início a um processo de desenvolvimento irreversível da subjetividade dos povos. Com o esgotamento da onda revolucionária originada da Grande Guerra e da Revolução Russa, a difusão do industrialismo e da modernidade voltaram a ficar sob a direção das velhas classes proprietárias. Deste modo, originara-se uma forma de “revolução passiva”, que dominava a cena mundial. Nela se inseria também a URSS, de modo subalterno. Mas, em todo caso, para cumprir uma tarefa histórica improrrogável, as classes dominantes deveriam haver-se com as classes subalternas. Qual era o ponto de interseção de um outro programa, que se propusesse o objetivo de fazer com que as classes populares assumissem a direção do processo?

Segundo Gramsci, o principal evento político originado da mundialização da economia era a crise do Estado-nação. O cosmopolitismo da economia modifica as características das nações. No século XX — diz Gramsci —, a história é história mundial e só convencionalmente se pode escrever a história de um só país, a não ser que se captem suas relações com a história internacional. A despeito da restauração da velha Europa dos Estados nacionais, na seqüência da paz de Versalhes, a nação não mais pode ser restrita ao horizonte da vida estatal. Uma sociedade civil internacional está em formação. As nacionalidades são continuamente remodeladas pela variação das condições internas e internacionais do desenvolvimento. A difusão mundial do industrialismo tem seus epicentros nos mercados nacionais; a regulação do crescimento econômico torna-se a função fundamental dos Estados; a identidade nacional é redefinida pelos desdobramentos da socialização, isto é, pelas combinações de nação e desenvolvimento. A idéia de nação, pois, dinamiza-se e torna-se plural. Ela varia com base nos projetos de cidadania dos diversos grupos sociais e das classes contrapostas. Em outras palavras, muda com base nas alternativas que se oferecem à internacionalização da vida estatal, nas diversas combinações dos elementos nacionais e internacionais do desenvolvimento que podem se afirmar. Isto impõe uma nova concepção da política.

Cosmopolitismo da economia significa unificação econômica do mundo, ainda que antagônica. Tal unificação gera laços cada vez mais numerosos de interdependência econômica e política. Pela primeira vez na história, pode-se conceber uma idéia da política que preveja a subordinação permanente da força ao consenso. É o conceito da política como hegemonia, que se contrapõe à concepção tradicional da política como potência. A crise do princípio de soberania provoca uma distinção progressiva da política em relação ao Estado, um distanciamento em relação a ele. Para Gramsci, este processo deve ser levado até as últimas conseqüências, entrelaçando o desenvolvimento da democracia dentro dos Estados com a criação da democracia internacional. Para ele, o objetivo se mostra realista, uma vez que a construção da supranacionalidade está na ordem do dia. Assim, ele vê o agrupamento das economias e dos Estados europeus como uma possível etapa da construção de uma nova ordem mundial, baseada na cooperação entre os povos na interdependência e na reciprocidade.

Gramsci percebe lucidamente que os centros da difusão mundial do industrialismo de tipo americano são os Estados nacionais. Eles constituem o teatro da luta política e de classe. A concepção da política como hegemonia compreende o desenvolvimento nacional de modo aberto a diferentes alternativas. Com base no industrialismo de tipo americano é possível que se forme “uma nova vontade coletiva a partir de baixo”. Esta decorre das condições em que não só a classe operária, mas toda a sociedade se encontram em face da economia. A idéia de nação que as classes populares devem promover para afirmar sua hegemonia é a que se propõe contribuir, como nação de produtores, para a “formação de uma economia segundo um plano mundial”.

Portanto, traçando um programa para as classes trabalhadoras italianas, Gramsci lhes indica o objetivo de acolher a herança da tradição cosmopolita do nosso povo. É o tema do Caderno 19 (Risorgimento), que abre o caminho para a conciliação entre classe e nação e anuncia uma remodulação democrática da nação. Segundo Gramsci, esta é a única idéia que pode guiar os processos de internacionalização postos na ordem do dia pelos desenvolvimentos da economia mundial, de modo a sanar as taras de uma história nacional caracterizada por bases demasiadamente restritas do desenvolvimento econômico e da hegemonia das classes proprietárias.

A concepção da política como hegemonia relaciona-se assim com o pensamento de Maquiavel, que, para Gramsci, é o primeiro pensador da democracia porque percebe o caráter estruturalmente plural das sociedades modernas: o caráter organizado da cidade e do campo, que o surgimento do modo de produção capitalista põe em relação dinâmica entre si, ainda que antagônica, tornando ambos a base do desenvolvimento econômico e do Estado.

O Estado moderno, ao se fundar na unificação do povo-nação, é a única forma política que permite uma troca equilibrada entre cidade e campo, e, mais em geral, entre todos os interesses organizados que formam o tecido das sociedades modernas. Parece evidente que, ligando-se à concepção da política como hegemonia, a teoria da democracia se ilumina com uma nova luz e assume um caráter realista e concretamente universal.

Reelaborar o marxismo como filosofia da práxis torna-se assim o tema principal do programa de investigação dos Cadernos, com o objetivo de indicar às classes subalternas o caminho para refundar a nação e instituir novas relações entre dirigentes e dirigidos, intelectuais e povo. Este é o sentido que Gramsci confere à filosofia da práxis quando, no ponto culminante da sua investigação, define-a como uma “heresia nascida no terreno da religião da liberdade”.

quarta-feira, 6 de agosto de 2008

Sudamérica: Mapa político y económico


Pablo Stefanoni
CETRI

Entrevista de Néstor Restivo. Podríamos hablar de tres momentos recientes en Sudamérica, siguiendo algo que entre otros plantea Emir Sader desde Clacso: una fase neoliberal en los 90, crisis y surgimiento de varios gobiernos que en más o en menos revisan y cambian el modelo, y hoy una especie de contraofensiva de la derecha para reocupar posiciones. Vos vivís hace varios años en Bolivia y podés ver mejor eso en Santa Cruz de la Sierra.

¿Lo enmarcás en esa reacción general de la derecha en América Latina?

Pablo Stefanoni: En parte comparto el planteo de los tres momentos. Si miramos Argentina, es claro que hay un cambio comparativamente con el anterior gobierno de Néstor Kirchner: con Cristina y el conflicto con el campo, la oposición conservadora encontró un eje, es un tema bien complejo de todos modos, pero le permitió a la derecha cierta posibilidad de acción que no tenía con Kirchner, encontraron un terreno más firme desde el cual operar.

La oposición, en algunos momentos del conflicto, logró quitarle la iniciativa de la agenda a Cristina. Kirchner instalaba los temas, y ahora cuesta más, quizá por esta contraofensiva que estaría habiendo. Ahora, si aceptamos la idea de este tercer momento en que los sectores beneficiados en el neoliberalismo buscan reimponer condiciones, ¿se puede ubicar el arranque en la derrota de Chávez en su proyecto constitucional de 2007?

Pablo Stefanoni: La derrota en el plebiscito del fin de año alineó a la oposición y eso podría significar cierto giro, habría que ver qué pasa con las elecciones regionales de fin de año. Venezuela y Argentina quizá coinciden en que los dos gobiernos ya acumulan una cantidad de años –más Chávez, obvio- y eso puede producir cierto desgaste y también algún desfase entre cierta retórica nacional popular, por así decir, y en el caso argentino muchas continuidades, por ejemplo en materia petrolera. Eso le quita cierta credibilidad en la pelea entre el campo y el gobierno. Y a veces suena un poco a farsa el «cacerolazo» como la «recuperación popular» de Plaza de Mayo.

¿Y en Venezuela?

Pablo Stefanoni: Ahí veo un proceso más largo y un problema serio de gestión de Estado, un desfase entre el voluntarismo de Chávez de anunciar muchísimas cosas y un Estado que no está a la altura de llevarlas adelante, como las misiones o los mercales de venta de alimentos, que parece que no están funcionando del todo bien. Y luego de varios años, es un poco injustificable con los recursos que hay del petróleo, con los que se podría haber encarado más y mejor el tema de la industrialización. También hay problemas de corrupción en la nueva elite que se aprovecha del Estado y que Chávez no puede disciplinar. Todo esto llevaría a algún cansancio y se expresó en el último referéndum constitucional. Hubo una fuerte abstención chavista y eso definió el resultado. Lo mismo veo en la propia complejidad del Partido Socialista Unificado que no termina de cuajar como partido de nuevo tipo o más participativo y masivo.

Hay desgaste, claro. Chávez lleva casi una década, el kirchnerismo va por su sexto año y a Lula en Brasil le queda hasta el 2011. El caso de Chile, con ser diferente porque es el que mantiene el programa económico más neoliberal de los gobiernos progresistas de la región, va por el cuarto mandato de la Concertación y cada elección se le complica más vencer a la derecha de verdad, que profundizaría el modelo neoliberal. Veo ese desgaste, más la prevalencia de lo retórico sobre cambios más sustanciales como un espacio que también aprovecha la derecha para reacomodarse. Aunque el desgaste tiene que ver también con el límite que presentan las propias sociedades, no sólo los gobiernos, para encarar saltos cualitativos más altos.

Pablo Stefanoni: Hace poco el chileno Manuel Antonio Garretón decía que la izquierda en América Latina no está tomando el poder sino sólo tomando el gobierno. En el discurso de Chávez es más clásica esa idea de toma del poder, creer que es para siempre, que todo se juega a lo máximo, pero ¿la sociedad lo ve así? Me refiero por ejemplo a la idea de socialismo, de la cual se habla sobre todo en Venezuela, algo en Ecuador y no tanto en Bolivia. Digo, hay ahí cierto desfase entre la propuesta de la dirigencia chavista y bastante confusión en el mundo popular, donde la izquierda clásica venezolana no había llegado. Me parece que entre la cultura política que irradia el gobierno y la cultura popular heredada no se llegó a tender puentes más efectivos. ¿No es apresurado hablar de socialismo sin haber preparado antes más el terreno? En todo caso, para volver al planteo original, luego de la derrota de Chávez en 2007, a nivel regional ya se habla mucho menos del socialismo del siglo XXI como se hablaba antes, cuando ese concepto había logrado cierta expansión en la región.

Volvamos a ese planteo de la contraofensiva en Bolivia, y lo que está pasando en el oriente liderado por Santa Cruz. ¿Encaja en lo que estamos hablando, o tiene otros componentes?

Pablo Stefanoni: En un punto tiene que ver, aunque siempre hay particularidades en cada caso. En el de Bolivia, el accionar opositor de Santa Cruz empezó casi en paralelo al triunfo de Evo Morales, diría que aún antes. La demanda autonómica tiene dos partes, y cabalga sobre un tema histórico: hablamos de un país con muchas dudas sobre su integridad y unidad territorial por las guerras en las que perdió territorio con varios países vecinos y por los problemas concretos de falta de comunicación e infraestructura entre las regiones, un país donde no es sólo altiplano y oriente sino norte y sur (los de Tarija hablan de los «norteños» para referirse al gobierno central de La Paz). Dicho esto, y aclarando que observo una cierta inflación sobre el tema de la autonomía de Santa Cruz, tanto dentro como afuera de Bolivia, decía que la demanda autonómica tiene dos partes. Una más democrática y otra conservadora. La primera son reclamos atendibles a un Estado ferozmente centralizado. Santa Cruz ni siquiera habla de federalismo, no se anima por el tabú histórico del unitarismo y el te mor al separatismo, habla de una autonomía más ambigua, más a la española, donde algunos departamentos (provincias) sean más autónomos que otros menos. Recién en los años 80 en Bolivia pudieron elegirse los alcaldes (intendentes) y en 2005 los prefectos (gobernadores). Eso era muy indefendible.

Bueno, es que en la región, en el siglo XIX, predominó la forma unitaria, en Chile aún el presidente elige a dedo a los gobernadores de las regiones. Pero decías que la demanda autonómica tiene otra pata más reaccionaria.

Pablo Stefanoni: Sí, obviamente me refiero a que el oriente con eje en Santa Cruz se quiere blindar a los cambios que plantea Evo y ellos no quieren, en particular la política de tierras y en general el giro nacionalista e indigenista del gobierno. Toda vez que hubo un gobierno nacional o popular, por llamarlos de un modo que englobe al MNR y la Revolución del 52, a Juan José Torres en los 70 o Evo ahora, la organización del golpe o de la reacción provino y proviene ahora de Santa Cruz. Igual incluso pasó con la UDP de Siles en los años 80. Dicho sea de paso, Siles ni siquiera podía ira Santa Cruz, Evo al menos va.

No le va tan bien, hay un discurso racista muy fuerte contra su gobierno, agresiones de la extrema derecha...

Pablo Stefanoni: Pero igual puede ir, y se estima que tiene un tercio del electorado departamental con él. Bien, los movimientos revolucionarios o populares nacieron siempre en occidente, y el oriente se opuso. En la crisis del gas de 2003, hasta se barajó la idea de que Sánchez de Lozada fuera a gobernar desde Santa Cruz. Ahora, por más que Santa Cruz pase a la ofensiva contra la política de Evo, su fuerza no es nacional. Sus planteos son muy radicales pero pasan por evitar que esa política entre en su departamento, pero no tiene fuerza ni hasta ahora líderes (de ellos a los que apoyen) que puedan ofrecer una alternativa nacional.

Pablo, la elite cruceña fue penetrada en años recientes por inversores extranjeros, como los petroleros, o brasileños y argentinos dedicados a la soja o en menor medida a la ganadería. ¿Cómo juegan esos nuevos actores en la conformación de una nueva derecha en Bolivia?

Pablo Stefanoni: Todavía no son visibles en las elites, sí se habla de un cambio en el sentido que antes había logias cruceñas -Los Caballeros del Oriente y Toborochi- que controlaban las cooperativas de servicios públicos, muy importantes, y en general ciertos espacios de poder, como los comités cívicos. Pero en los 90 perdieron peso y se articula una elite de otro tipo por la entrada del capital extranjero en la soja y el petróleo y el gas por las privatizaciones. Tienen base en Tarija pero la sede de las empresas están en Santa Cruz.

Bueno, la Cámara de Hidrocarburos, por ejemplo, es parte del apoyo del comité cívico.

Pablo Stefanoni: Sí, en ese caso se ve que en la elite entraron intereses extranjeros. Es curioso cómo generan todo tipo de fantasma en la población, como la idea de que quieren dividir Bolivia. Y hay quienes dicen que como el embajador estadounidense Philip Goldberg (muy activo y criticado por el gobierno de Evo) fue embajador en Kosovo, y como hay dirigentes empresarios de origen croata, hablan de un peligro de «yugoslavización», como en la Segunda Guerra Mundial se hablaba de una «polonización» de Bolivia, por la partición de Polonia... imágenes exageradas que tienen que ver con aquellas dudas de la integridad territorial boliviana. Santa Cruz, en definitiva, lo que sí busca es la desconexión para tratar de impedir un programa de reformas de Evo sobre todo en tierras, en la reforma agraria, en recursos naturales, en impuestos. Y hay que decir que si antes de 2004 un Estado autonómico no era evidente, ahora lo es, y Santa Cruz lo ve como su logro histórico. Hoy la autonomía se acepta en todos lados (incluso el gobierno) aunque cada uno la interpreta a su modo en cuanto a las competencias. Y Evo está muy fuerte, lo vamos a ver en el referendum revocatorio de agosto, impulsado con un muy mal cálculo político por la oposición de Podemos, del Tuto Quiroga.

Hablemos de algo que me parece clave para no poder avanzar más en algunas reformas en toda la región: la capacidad técnica, los cuadros del Estado. Uno ve Bolivia y, si no estuvieran con Evo el vice Alvaro Linera o quizá Juan Ramón Quintana en el gabinete, pareciera que no hay mucho más como para mantener un proceso revolucionario. En Venezuela (como pasó en Bolivia con YPFB o en Argentina con YPF), la salida de cuadros de PDVSA en la era neoliberal vació de inteligencia a la empresa clave. En Ecuador quizá sí hay una segunda línea de Rafael Correa bien preparada, pero no mucho más allá. En Brasil sí el PT ha generado escuela de cuadros, aunque algunos se fueran por la política de Lula, además que el Estado, por ejemplo en Itamaraty (cancillería) tiene una línea de acción de largo plazo
¿Ves como un problema serio la falta de cuadros en estos gobiernos de la región, un déficit que en general no tiene la derecha cuando gobierna?

Pablo Stefanoni: Sí, no sé si tanto en Argentina, el peronismo logró mantener una estructura con capacidad de gestión, más allá de la opinión de cada uno.

A diferencia del APRA peruano, el PRI mexicano o el MNR boliviano, procesos digamos similares, ciertamente el peronismo, por su eje sindical o porque supo adaptarse a cada etapa reciclándose sorprendentemente, superó la crisis de los grandes partidos. Es un caso muy especial. En Bolivia o Venezuela y otros casos hubo una implosión de viejos partidos y surgieron nuevas elites (aun de derecha, como en Colombia, liderada por Uribe). Y por otro lado, los movimientos sociales no lograron imponer en Argentina, tras la crisis de 2001, un liderazgo distinto y con proyección nacional.

Pablo Stefanoni: Coincido. El peronismo fue capaz de reciclar mucha gente que por ejemplo había sido importante en el menemismo. Pero en la región sí se nota falta de liderazgo. El chavismo, por ejemplo, ocupó un vacío, igual Correa en Ecuador o el MAS en Bolivia. Con todo Ecuador es interesante porque es casi espejo de Bolivia: hay más cuadros en el gobierno y menos movimientos sociales, Correa defiende la idea de una revolución ciudadana que toma la idea de ciudadanía más individual que corporativa, y dijo que los corporativismos son malos así fueran empresarios, indígenas o sindicales. En Bolivia en cambio llegan al gobierno los movimientos sociales pero hay pocos cuadros. El MAS es bastante pobre en su rol. Evo ha avanzado bien en la alfabetización, en la cuestión sanitaria, pero en otras cosas no puede. Chávez igual, pasó una década y no se ven tantos resultados estructurales. Muchas veces debió hacer un estado ad hoc, como son las misiones. Y el tema de los cuadros y su preparación es un déficit. También influye la idea latinoamericana del caudillismo o de un presidencialismo fuerte.

Con todos los déficit que vemos, sin embargo sería imposible un proceso de integración sudamericana como el que se impulsa con una corriente mayoritaria de otro tipo de gobiernos. ¿Cómo ves ese proceso?

Pablo Stefanoni: Muchos proyectos son buenos, pero me parece que el déficit es que después no hay posibilidad de procesamiento institucional de las ideas, eso complica la integración muchas veces, incluso Chávez en algunas cumbres actuó así y Lula se enojó («el Mercosur no sirve para nada», llegó a decir en un momento el venezolano) o descalificó lo hecho por los cancilleres. Veo la integración hasta ahora como un proceso más político y de afinidad de los gobiernos que de hechos concretos.

Pero hay aspectos que avanzan, la complementación industrial en algunas ramas en Argentina y Brasil, la cuestión energética, el proyecto Banco del Sur, la posible coordinación algún día de temas monetarios o hasta de defensa, o una cara común frente a organismos globales. Claro, eso no quiere decir que todo vaya sobre ruedas ni que sea de resolución rápida, pero otro tipo de gobiernos no hubieran ido en esa línea. De hecho, proyectos «alternativos » de integración hay, como los del IIRSA que impulsa el Banco Mundial, pero supone una estrategia que mira al mercado externo para exportar recursos naturales, desde soja a cobre, pasando por otros productos agroganaderos o mineros básicamente. En ese sentido me pregunto si estos años con Lula, Chávez, Kirchner, o los más recientes Evo, Correa, Tabaré Vázquez en Uruguay, se aprovecharon lo suficiente como para dejar instituciones de integración perdurables y en avance, como defensa a futuras acciones que puedan poner en peligro esta construcción de unidad sudamericana.

En Venezuela o Bolivia se cambió mucho la subjetividad popular y eso no es poco, pero a nivel más estructural, si por ejemplo llegara otro tipo de gobierno a Venezuela, no está claro qué cambió estructuralmente en ese país con Chávez, me refiero a algo que sea difícil revertir, no las misiones u otras políticas que tuvieron y tienen efecto social pero no son medidas estructurales. Lo que habría que discutir es qué es un proyecto post-neoliberal hoy, más allá de lo retórico, creo que la izquierda latinoamericana está discutiendo poco los procesos nuevos. Cuba es un agujero negro, hay razones nostálgicas… pero no es bueno no discutir lo que está pasando con estas nuevas medidas de Raúl Castro. Por supuesto hay, para hablar de Cuba o de Venezuela o de otro país de la región, grupos duros, trotskistas, que están ahí para criticar y descalificar y decir que son medidas burguesas. Pero hablo de la izquierda que apoya este tipo de procesos. Me gustaría verla discutir más activamente.

Decís si gana otro gobierno en Venezuela. Ese era el tema de esta charla, ¿no? Qué pasa si la reacción logra imponerse. Este escenario no es fatal que se quede para siempre. En Argentina, y a veces lo olvidamos, en 2003 bien pudieron pasar a ballotaje Menem y López Murphy, estuvieron a muy pocos puntos. A Chávez en el golpe de 2002 quizá lo bajaban. Correa no ganó la primera vuelta. Si gana la derecha en Chile será otra cosa, más allá de todo lo tibia que sea la Concertación. En Uruguay, dentro del Frente Amplio hay una línea que maneja el Ministerio de Economía y la relación con EE.UU con Danilo Astori a la cabeza. Lula termina mandato en 2011. A veces me queda la sensación de que faltó capitalizar más este momento democrático en la región, aun aceptando lo difícil de un proceso transformador en esta época, la herencia recibida, los miles de muertos en el camino...

Pablo Stefanoni: Por eso creo que falta debatir y criticar más, con ánimo constructivo. Sería para entender más este proceso.
Y nos quedaron afuera varios temas, y países. Perú y Colombia, no casualmente los únicos, junto con Chile, con TLC con EE.UU. (en Colombia aún no ratificado, pero ellos tienen algo más peligroso como el Plan Colombia). Otro mapa que se puede hacer de Sudamérica es países que firmaron y que no firmaron ese tipo de TLC. Y nos quedó hablar más de Uruguay y Paraguay, ambos también con gobiernos de centroizquierda que vienen a darle a sus sociedades por primera vez la posibilidad de reformas a fondo luego de tanto tiempo con gobiernos conservadores.

terça-feira, 5 de agosto de 2008

O dia depois do referendo


Raúl Zibechi
La Jornada

No dia 10 de agosto ocorrerá uma batalha decisiva não somente para a Bolívia, mas para toda a América Latina. Uma vitória do governo Evo Morales e a derrota dos prefeitos opositores de La Paz, Cochabamba e Pando pode ser o começo de uma ofensiva para desarticular a oligarquia boliviana. Neste dia, os bolivianos decidirão se confirmam ou revogam o mandato do presidente e seu vice e de oito dos nove prefeitos departamentais.

O referendo revogatório de 10 de agosto pode consagrar uma decisiva vitória política do governo de Evo Morales e produzir assim uma virada que permita com que passe à ofensiva diante da direita do departamento de Santa Cruz. Neste dia, os bolivianos decidirão se confirmam ou revogam o mandato do presidente e seu vice, Álvaro García Linera, e de oito dos nove prefeitos departamentais. Com segurança, o governo conseguirá mais votos do que os obtidos nas eleições de dezembro de 2005, quando alcançou 53%. A oposição teme que vários dos prefeitos que apóiam a direita autonomista tenham seu mandato revogado pelos eleitores. O referendo foi convocado para frear a ofensiva dos autonomistas, que este ano promoveram vários plebiscitos nos departamentos da chamada “media luna”, que lhes deram vitórias com até 80% dos votos.

A direita está criando um clima de polarização para evitar uma consulta na qual tem todas as chances de perder, porque a popularidade do governo é muito alta como resultado das importantes mudanças introduzidas nestes dois anos e meio. O primeiro elemento que deve ser levado em conta é que dois terços dos bolivianos se reconhecem como indígenas, sendo que, pela primeira vez na história, tem um presidente de sua mesma cultura. O segundo é o que o governo está gerando algumas transferências de renda para os mais pobres, como o fundo escolar Juancito Pinto, pelo qual 1,8 milhão de estudantes recebem 200 bolivianos anuais (28 dólares) para frear a evasão. Além disso, há a Renda Dignidade, de até 3 mil bolivianos (425 dólares), que beneficia 570 mil pessoas maiores de 60 anos, e que é financiado pelo Imposto Direto sobre os Combustíveis.

Em terceiro lugar, cabe destacar as mudanças estruturais que resultam no fortalecimento do papel do Estado na economia e em uma importante melhoria econômica do país, em parte assegurada pelo aumento dos preços internacionais dos combustíveis, especialmente do petróleo. As reservas internacionais da Bolívia passaram de 1,7 bilhões de dólares (antes de Evo) para 7 bilhões de dólares. No final deste ano, as exportações terão se multiplicado cinco vezes, com destaque para minerais, combustíveis e produtos da agroindústria. Segundo García Linera, a participação do Estado na economia passou de 13 para 22% nestes 30 meses de governo. No que diz respeito à renda petroleira, o controle do Estado passou de 27% para 75%, elevando sua receita de 500 milhões de dólares anuais para 2 bilhões de dólares anuais.

Na área de mineração, terceiro núcleo do poder boliviano, o Estado passou a controlar 55% dos lucros (a partir da aprovação da lei de impostos sobre produtos de mineração). Antes, recebia apenas 20%. Além disso, o Estado entrou no negócio através das minas Huanuni e Vinto, e prevê outros quatro projetos de exploração para 2009. Mesmo sem nacionalizações com confiscos, as mudanças são notáveis. Nos setores da pecuária e da agroindústria, o Estado deixou de transferir aos grandes produtores 150 milhões de dólares anuais em infraestrutura e apoio técnico, para criar um programa de apoio a pequenos e médios produtores de arroz, trigo, milho e soja. Começou também a intervir no mercado da soja, comprando de pequenos produtores, aos quais paga preços superiores aos de mercado. Este ano, o governo espera administrar 80 mil toneladas, 10% da produção total.

Dos quatro principais setores da economia do país, o único onde o Estado não intervem é o financeiro. Essas mudanças, que tendem a se aprofundar, explicam o boicote e as ameaças das classes dominantes, que percebem a possibilidade de receber um duro golpe. Caso se confirme a vitória no referendo, o governo levará às urnas a nova Constituição, aprovada pela Assembléia Constituinte em 9 de dezembro de 2007. Até agora se absteve de dar este passo pela relação de forças criada nos primeiros meses do ano e pela ofensiva da direita com a convocação dos referendos autonômicos. Pode-se objetar que o governo não enfrentou com a força necessária a oligarquia de Santa Cruz, em particular na polêmica questão da terra. Até agora, entregou 800 mil hectares, dos 30 milhões que espera transferir às 200 mil famílias campesinas.

Limites e possibilidades do governo Evo Morales

Até aqui, o governo está distribuindo terras que não tocam nos interesses dos latifundiários, que boicotam de forma violenta os trabalhos do Ministério de Terras, em Santa Cruz, onde ainda vivem comunidades indígenas em situação de escravidão. Como assinala o antropólogo Pablo Regalsky, por momentos há a impressão de que o governo se situa como um árbitro acima dos interesses de classe, atitude que “o empurra a favorecer a direita de forma que ela cresça o suficiente para colocar na parede os movimentos sociais (Viento Sur, n° 97, maio de 2008). Mais do que derrotar o governo de Evo, essa oligarquia busca blindar seus interesses construindo um cordão, material e simbólico, para impedir que os movimentos indígenas, amplamente hegemônicos no altiplano, possam derrotá-la como fizeram entre 2000 e 2005 com as elites que governavam desde La Paz.

Neste sentido, Reglasky tem razão ao recordar que o cerco dos movimentos a La Paz não foi derrotado, razão que empurra à direita a querer mudar a capital para Santa Cruz ou Sucre. Mas, para além das insuficiências do governo de Evo, no dia 10 de agosto se joga uma batalha decisiva não somente para a Bolívia, mas para toda a América Latina. Uma contundente ratificação do governo e a possível derrota dos prefeitos opositores de La Paz, Cochabamba e Pando pode ser o começo de uma necessária ofensiva para desarticular a oligarquia cruceña, revertendo 50 milhões de hectares que obteve ilegalmente desde a reforma agrária de 1953. Para essa tarefa há força suficiente, como vêm mostrando os movimentos em todo o país, que nunca baixaram a guarda e agora estão em vigília para impedir qualquer manobra desestabilizadora.

América Central en el nuevo cuadro geopolítico


Frida Modak
ALAI

La crisis económica estadounidense, que el país del norte transmitió al resto del mundo está generando cambios importantes en América Latina, a los que no sólo hay que observar sino acompañar para que desemboquen en lo que a la región le conviene.

En las últimas semanas se han producido dos reuniones que tienen que ver con América Central, las que ilustran el cambio a que nos estamos refiriendo.Una de ellas fue la Décima Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla, que culminó el 28 de junio pasado en Villahermosa, México, en la que se reafirmaron los objetivos del Plan Puebla Panamá, al que se le cambió el nombre y en una denominación abreviada se le llamará Proyecto Mesoamérica. A ella asistieron los mandatarios y jefes de gobierno de los países miembros: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá, así como República Dominicana en su calidad de Estado Asociado del Sistema de la Integración Centroamericana, SICA, y el presidente de Colombia, país que es parte del Plan Puebla Panamá, hoy Proyecto Mesoamérica. Uno de los aspectos al que se le dio especial importancia y que abarcó 9 de los 60 puntos de la declaración final fue lo relativo al combate a la delincuencia organizada y a la adhesión a la Iniciativa Mérida financiada por Estados Unidos.

La otra reunión fue la Quinta Cumbre Extraordinaria de Petrocaribe, efectuada el 13 de julio en Maracaibo, Venezuela. Participaron los presidentes y jefes de gobierno de Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Cuba, Dominica, Granada, Guayana, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, República Dominicana, San Cristóbal y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Venezuela. Costa Rica asistió como observador. En esta ocasión se establecieron los nuevos términos en que Venezuela proporcionará petróleo a los miembros de Petrocaribe, los que mientras el combustible siga cotizándose sobre los 100 dólares tendrán un descuento y pagarán el 40 por ciento a los 90 días de recibido y el resto a 25 años. Si el precio supera los 200 dólares, pagarían el 30 por ciento a 90 días y el resto a largo plazo. Hasta ahora se pagaba el 50 por ciento a 90 días y el resto a 25 años, con dos años de gracia y un interés del uno por ciento.

Nuevas presencias

El contraste entre ambas reuniones ha dado origen a interesantes análisis. Hasta comienzos de los años noventa, las áreas de influencia o presencia de los países más grandes de América Latina estaba bastante clara. México ejercía un liderato en América Central, pero tenía escasa presencia en el Caribe, exceptuando el alto nivel de sus relaciones con Cuba.

Por su parte, Venezuela tenía presencia, más que influencia, en el Caribe y no en Centroamérica, a la que se acercó más cuando integró el Grupo de Contadora. Brasil estuvo bajo un régimen dictatorial hasta fines de los ochenta, al igual que los países del cono sur.

Restablecida la democracia en América Central y del Sur, el cuadro se ha modificado, como lo están constatando también analistas vinculados a organismos internacionales relacionados con América Latina. Se habla de lo que se califica como el desplazamiento de México de América Central y la presencia de Venezuela y Brasil en esa área en particular y en el Caribe y América del Sur en general. Aunque a menudo se intenta presentar a los presidentes Lula y Chávez como antagonistas, los acontecimientos se encargan de mostrar sus coincidencias.

En lo que a América Central se refiere cabe recordar que al constituirse Petrocaribe el año 2005, participaron en su creación sólo países del Caribe y los proyectos estaban referidos tanto a precios preferenciales del petróleo, como también a la construcción y remodelación de refinerías. Los países centroamericanos recibieron del gobierno de México el ofrecimiento de instalar gasolineras de PEMEX, de remodelar las viejas refinerías que ya no funcionaban y cuotas de petróleo rebajado. Este fue el origen de la controversia entre los presidentes Chávez y Fox, por la forma en que éste último se refirió al proyecto venezolano.

Pasados los años la oferta mexicana no se concretó. Incluso ha trascendido en el medio diplomático que en su entrevista con el entonces mandatario guatemalteco Oscar Berger, el presidente Calderón le habría manifestado que su país no estaba en condiciones de venderle la cantidad de petróleo que su antecesor había ofrecido. Las refinerías tampoco se remodelaron ni se instalaron las gasolineras. El alza de los precios del petróleo le costó a las naciones centroamericanas centenares de millones de dólares y, finalmente, a pesar de las presiones estadounidenses Honduras y Guatemala ingresaron a Petrocaribe y con ello a un proyecto de desarrollo regional que contempla también inversiones y generación de empleos.

Un nuevo perfil

En este contexto y en medio de la crisis económica que ya se admite como tal, América Latina, desde México a la Antártica se enfrenta a una nueva realidad. Nuestros recursos siempre han sido codiciados, pero hasta hace algunos años Estados Unidos se atribuía derechos que nadie le había concedido en lo que consideraba su área de influencia. Pero cuando en los setentas empezaron sus problemas económicos y para sortearlos se abrió a otro tipo de colaboración con Europa Occidental, ésta también empezó a incursionar en nuestros países. Hoy los europeos le disputan la hegemonía y ambos enfrentan el desafío ruso-asiático.

Resulta, entonces, que se nos ve como los que vamos a mantener a Estados Unidos como potencia en un mundo que ya no será unipolar o como parte de un nuevo alineamiento del sur. Esto significa que mientras se definen los futuros centros de poder vamos a ser objeto de innumerables presiones. La Amazonia y la Antártica esconden enormes recursos y ya los países llamados desarrollados están formulando reclamos sobre esos territorios. Si Estados Unidos no consigue el acceso a la Amazonia a través de Colombia, Centroamérica y el Caribe son otra vía. Gran Bretaña quiere la Antártica y los yacimientos petrolíferos que ha descubierto Brasil son una tentación, al igual que los del Golfo de México.

Este nuevo perfil que ha adquirido el subcontinente no ha sido aquilatado como corresponde. Brasil y Venezuela lo tienen claro. Los brasileños van a custodiar su petróleo con submarinos nucleares y están comprando nuevos aviones. Venezuela hace ya un tiempo que ha cambiado a sus proveedores de armamento, su presidente acaba de estar en Rusia y buscan una alianza estratégica ante la crisis. A iniciativa de Lula la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, creó un Consejo de Seguridad cuya importancia es obvia, tanto como la necesidad de abandonar esquemas que ya colapsaron. Se está diseñando un nuevo mapa geopolítico y nos toca decidir si seremos sujeto u objeto.

segunda-feira, 4 de agosto de 2008

Etanol, de herói a vilão


Maria Luisa Mendonça
ALAI

Apesar do esforço do governo brasileiro para convencer a comunidade internacional de que o etanol brasileiro é “renovável”, entre 2007 e 2008 houve uma mudança significativa em relação a essa imagem. Recentemente, denúncias de problemas sociais e ambientais fizeram com que a União Européia reduzisse sua meta de uso de agrocombustíveis, fixada inicialmente em 10% até 2020. Em 7 de julho de 2008, o Comitê de Meio Ambiente do Parlamento Europeu aprovou a redução dessa meta para 4% até 2015, quando uma nova resolução será adotada a partir de estudos mais aprofundados sobre seus impactos. A meta de 4% inclui o uso de hidrogênio e energia elétrica nos transportes, o que significa uma redução ainda maior na utilização de agrocombustíveis.Dois dias entes da votação, agência de notícias France Presse havia registrado uma reunião informal de ministros de energia da União Européia e descreveu que “o que parecia ser um impressionante engano por parte de políticos em Bruxelas chega a tal ponto que a imagem dos biocombustíveis mudou em um período de meses, de salvadores do clima para forasteiros do clima” (EU ministers 'discover' biofuels not an obligation after all, 5/7/2008).

Segundo nota da organização Amigos da Terra, “membros do Parlamento Europeu votaram para reduzir de forma significativa as metas de promoção de biocombustíveis diante de evidências crescentes de seus impactos no preço dos alimentos, nos povos e na biodiversidade, e de sua incapacidade de combater a mudança climática”. O próprio Comitê Científico da Agência Européia de Meio Ambiente (EEA - European Environment Agency) havia recomendado a suspensão da meta de 10% na utilização de agrocombustíveis e avaliado a necessidade da realização de estudos mais abrangentes sobre seus riscos. O problema de muitas pesquisas realizadas anteriormente foi excluir os impactos ambientais do modelo de produção, de utilização de recursos naturais (como terra e água) e da pressão sobre áreas de preservação ou de produção de alimentos. Uma reportagem da revista Time observa que a maioria dos estudos tem calculado o potencial de seqüestro de carbono dos agrocombustíveis sem levar em conta o impacto da implantação de monocultivos em áreas onde a vegetação e o solo acumulam uma quantidade maior de carbono. “É como se esses cientistas imaginassem que os biocombustíveis fossem cultivados em estacionamentos”, comenta a matéria (O mito da energia limpa, 14/4/08).

Um dos estudos mais importantes sobre a mudança nas formas de utilização da terra e sua relação com o aumento nas emissões de carbono foi publicado pela revista Science (28/2/2008). Os autores afirmam que “A maioria dos estudos anteriores descobriu que substituir gasolina por biocombustíveis poderia reduzir a emissão de carbono. Essas análises não consideraram as emissões de carbono que ocorrem quando agricultores, no mundo todo, respondem à alta dos preços e convertem florestas e pastos em novas plantações, para substituir lavouras de grãos que foram utilizadas para os biocombustíveis”. O artigo cita o aumento do preço da soja como fator de influência para acelerar o desmatamento na Amazônia e estima que seu cultivo para a produção de diesel resulta em uma “dívida de carbono” que levaria 319 anos para ser compensada. De acordo com o pesquisador Timothy Searchinger, da Universidade de Princeton, “Florestas e pastos guardam muito carbono, portanto não há como conseguir benefícios ao transformar essas terras em cultivos para biocombustíveis”.

Essa pesquisa demonstra que os efeitos da produção de agrocombustíveis devem ser avaliados a partir de todo o ciclo da expansão de monocultivos. No Brasil, sabemos que as plantações de cana avançam rapidamente, além de “empurrar” a fronteira agrícola das fazendas de gado e soja. Diante disso, um estudo confiável de impacto ambiental teria que incluir todo o setor agrícola.Em janeiro de 2008, o Instituto de Pesquisas Tropicais Smithsonian constatou que o etanol produzido a partir da cana-de-açúcar e o biodiesel feito a partir da soja causam mais danos ao meio ambiente do que os combustíveis fósseis. A pesquisa alerta para a destruição ambiental no Brasil, causada pelo avanço das plantações de cana e soja na Amazônia, na Mata Atlântica e no Cerrado. Segundo o pesquisador William Laurance, “a produção de combustível, seja de soja ou de cana, também causa um aumento no custo dos alimentos, tanto de forma direta quanto indireta” (Agência Lusa, 9/1/2008).

Um relatório da entidade The Rights and Resources Initiative (RRI) revelou que a atual demanda por alimentos, por novas fontes de energia e fibras de madeira para fabricação de papel deve causar “mais desmatamento, mais conflito, mais emissões de carbono, mais mudanças climáticas e menos prosperidade para todos” (BBC News, 14/7/2008, Forests to fall for food and fuel). A divulgação desses estudos confirma as denúncias de organizações sociais e demonstra a mudança de tom no debate internacional. Como observou o jornal El País “diversos centros de pesquisa e a maior parte dos grupos ecológicos e de direitos humanos emitem diariamente declarações, afirmando que os biocombustíveis não contribuem para combater as mudanças climáticas, que provocam graves impactos ambientais em regiões de alto valor ecológico, alteram o preço dos alimentos e que consolidam um modelo agrícola de exploração trabalhista e alta dependência de grandes multinacionais” (Biocombustíveis perdem o rótulo ecológico, 31/3/2008). No Brasil, há evidências de sobra para comprovar estes impactos. Como lembra a sabedoria popular, a pior cegueira é daqueles que não querem ver.

sábado, 2 de agosto de 2008

Walter Suter: "América Latina vive um momento nunca antes visto em sua história"


ADITAL

América Latina vive uma situação marcada, particularmente, pela esperança e por um despertar geral da consciência e da auto-estima. Essa é a tese central da análise de Walter Suter sobre a conjuntura atual que transita por esse continente marcado pela presença de inúmeros governos progressitas aos quais se somará, a partir do dia 15 de agosto, o governo de Fernando Lugo, no Paraguai. Agudo analista e experto em América Latina, Walter Suter desenha, nesta entrevista concedida a Sergio Ferrari, uma original radiografia da América Latina hoje.

A partir de um olhar histórico macro, quais são, em sua opinião, os traços principais que determinam a atual etapa em que vive a América Latina?

Walter Suter: Constato uma situação particularmente de esperança no continente, especialmente na América do Sul, onde se manifesta um despertar geral da consciência e da auto-estima. A convicção de povos e governos de que é possível resistir aos ditames do Norte, seja dos Estados Unidos ou da Europa. A decisão dos povos de ser eles mesmos, tentando superar mais de 500 anos de colonialismo, autoritarismo e verticalismo. Quando cheguei pela primeira vez nesse continente, várias décadas atrás, percebia certa resignação e cansaço. Porém, aconteceram processos muito importantes. E vemos na atualidade um mapa político onde predominam governos de esquerda -uns mais; outros menos progressistas-. Um fenômeno muito novo que não se vê em outras regiões do mundo. Destaco a importância, nesse mapa, do processo que se dá na Venezuela, a partir da eleição do presidente Hugo Chávez. Uma revolução pacífica no marco institucional, legal, não-violento. Um fenômeno muito novo para o continente. Uma mudança tremenda de qualidade, onde predomina a busca de alternativas em cada país e na região. Os postergados de antes se convertem em sujeitos de seu próprio destino. Dinâmica nova que pode, inclusive, ter um efeito global.

O que insinua ao falar de impacto global?

Walter Suter: A determinação de encontrar uma alternativa à globalização neoliberal que se impôs no planeta. Processos que tomam em suas mãos seu próprio destino. E que impulsionam um novo espírito de solidariedade que se percebe claramente quando lá se encontra. E esta realidade pode ter um valor direto também para nós, na Suíça, na Europa. Despertar-nos de certa inércia...

Argumenta que o que América Latina vive pode ser um sinal para a Suíça?

Walter Suter: Sim. Na América Latina vive-se novas formas de participação cidadã real, desde a base. Isso eu comprovei, por exemplo, na Venezuela, com os conselhos comunitários, onde as comunidades podem definir aspectos essenciais da política. Se isso não chama a atenção e não mobiliza o interesse de meus compatriotas suíços, seria uma pena. Porque nós conhecemos bem o valor da democracia direta participativa e a importância de alimentá-la e de renová-la.

Você tem uma visão muito positiva da atual dinâmica venezuelana. O que não coincide com a cobertura midiática que se dá na Suíça. Como explica seu marcado otimismo contrastado à crítica sistemática da grande imprensa sobre Chávez?

Walter Suter: Não quero fechar os olhos diante das mudanças profundas e diante das dificuldades que estão acontecendo na Venezuela. Não creio, por outro lado, que na Suíça se dê uma conspiração midiática contra esse país. Há poucos correspondentes suíços que vivem e cobrem diretamente a partir da América do Sul. As principias informações que temos diretamente chegam através das grandes agências de notícias que respondem a interesses e que, muitas vezes, são reproduzidas quase automaticamente aqui. Portanto, a desinformação da qual muita gente é objeto tem sua origem nessas agências que executam a política informativa das meias-verdades, que consiste, não necessariamente, em dizer mentiras, mas em calar uma parte importante da verdade. E isso é perigoso porque reproduz aqui na Europa uma imagem incompleta e, às vezes, distorcida do que realmente acontece lá. É importante dizer que também lá os grandes meios de comunicação pertencem a setores economicamente muito poderosos e que não têm interesse, por exemplo, que a revolução democrática avance na Venezuela porque vai tocar em seus interesses.

Fala de uma revolução democrática e me faz pensar na tentativa de Salvador Allende e de sua Unidade Popular em transformar a fundo o Chile pela via institucional. Não se corre o risco na Venezuela de que se reproduza o que aconteceu no Chile a partir de 1973?

Walter Suter: Não creio. Hoje, há duas diferenças bem marcadas. A primeira é a situação internacional. Naquele momento, prevalecia a guerra fria e os Estados Unidos impunham na América Latina suas peças para enfrentar os que eles consideravam a "ameaça comunista". Hoje, a realidade mundial é distinta. Chávez chega ao governo em outra conjuntura internacional. A segunda é a composição do exército. No Chile era classista, elitista, muito ligado ao grande poder oligárquico. Na Venezuela, a maior parte da oficialidade está composta por pessoas que provém de classes médias e populares.

O último governo progressista eleito na América do Sul foi o de Fernando Lugo, no Paraguai, país onde você viveu durante seis anos, no começo dos anos 90. Como interpreta este resultado inesperado?

Walter Suter: Tem sido uma tremenda luta após a queda de Strossner, há 19 anos, para chegar a uma real transformação democrática. Com muitos momentos de auge e outros de decepção, como em 1993, quando, através da fraude, o candidato do Partido Colorado venceu as eleições presidenciais, isto é, venceu o "stronismo". Então, abriu-se uma etapa de resignação, decepção, pessimismo. Até que sucedeu o recente milagre da vitória eleitoral de Lugo. Muita gente, todavia, não acredita e pensa que é um sonho. Um fator chave que possibilitou esta vitória é a própria personalidade de Fernando Lugo. Um religioso católico, sempre muito próximo das pessoas, da base, especialmente da base camponesa. Com um grande carisma e com a capacidade de unir a muitos setores diferentes para derrotar o principal inimigo, o continuísmo colorado. Essa é a grande sorte do Paraguai hoje.

Importantes teólogos progressistas latino-americanos, como Leonardo Boff e Frei Beto, falam de Lugo e de Correa, atual presidente do Equador, como "filhos da teologia da libertação". Essa é também sua opinião?

Walter Suter: Lugo não se considera como um teólogo, mas como um pastor. É real que seu discurso político e sua prática têm tudo da mensagem evangélica. E isso lhe dá uma grande credibilidade. Com a eleição de Lugo, deu-se, em minha opinião, o que alguma vez antecipou o bispo brasileiro dom Helder Camara: quando um sonha só, fica reduzido a um sonho; quando sonhamos juntos, começamos a transformar a realidade.

Que aconteçam, hoje, processos tão estreitamente ligados a personalidades carismáticas, a líderes fortes, não pode indicar uma certa fragilidade dos mesmos frente ao futuro?

Walter Suter: Vejo mudanças de impacto no continente. Porém, ao mesmo tempo, sei que esses processos têm algo de fragilidade. No entanto, estou convencido de que isso não acarreta a perda de seu valor. Protagonizadas por gente que tenta transformar a realidade, com todos os riscos que isso implica e resistências que produz. Ás vezes, me pergunto a causa de tudo isso. E percebo que a América Latina não viveu uma revolução democrático-burguesa como nós vivemos na Europa. E muitos desses processos de mudança implicam em saltos de estruturas quase feudais à modernidade da democracia participativa. Na mente dos setores dominantes, hoje, parcialmente deslocados, ficam enraizados estruturas feudais, sem nenhuma consciência de partilhar algo para não perder tudo. E diante dessa situação, com essas imagens feudais enraizadas também, às vezes, na cultura política de muita gente, explica-se melhor que as mudanças venham pela mão de líderes. E que sejam personalidades carismáticas -com o apoio de movimentos sociais- as que dirigem essas transformações. A fragilidade principal dar-se-ia, no futuro, nas experiências promovidas por esses líderes, se fica nisso e não se encontrem fórmulas de participação renovada, ampla, ativa, efetiva, dos setores populares na gestão do poder.

Para tratar de contrapor esses perigos de fragmentação e de fragilidade, no dia 23 de maio de 2008, no Brasil, os doze Estados soberanos da América do Sul deram um passo importante, prova da vontade de integração e da solidariedade ao assinar a constituição da nova União das Nações Sul-americanas (UNASUL), um projeto lançado em 2004 pelo presidente Chávez. É uma iniciativa que expressa claramente que os líderes mencionados têm consciência da importância de uma institucionalização dos processos democráticos participativos para garantir um marco sustentável para a região.

Nesse marco continental, como avalia a presença de Cuba, que começou sua revolução há quase meio século antes desses processos?

Walter Suter: Não conheço Cuba a fundo e nunca estive lá. Porém, percebo que vê com bons olhos esta nova etapa do continente. Que quer fazer parte disso. Não quer ficar de fora e nem aparecer como o mestre que dá lições. E isso é muito importante.

Quero terminar, voltando a um conceito que desenvolveu no início de nosso diálogo. O efeito de tudo o que a América Latina vive para a Europa e para o Norte. E também os desafios da solidariedade do Norte para com essa nova realidade latino-americana.

Walter Suter: Para Suíça, a cooperação e a solidariedade são pilares importantes que fundamentam nossa própria cultura política. Importantes setores da sociedade civil são sensíveis a estes temas. E deveríamos ter maior interesse, como país, de aproximar-nos mais do que acontece na América Latina. Por quê? Porque os objetivos que eles perseguem lá, as metas e os métodos para implementar ditas metas são também nossos. É de grande interesse partilhar essas experiências à luz de nossa própria experiência como nação. O de lá é um sinal para cá.

Quisera recordar um conceito muito importante do preâmbulo da constituição suíça, que assinala que a fortaleza de uma comunidade pode ser medida pelo bem-estar dos mais desfavorecidos. Insisto: deveríamos aproximar-nos mais da América Latina, inclusive, no âmbito da diplomacia oficial, para assumir esse esforço como causa comum dos organismos internacionais. Por outro lado, seria importante olhar nossa própria democracia direta no espelho daquilo que se vive em muitos processos latino-americanos. Com uma intensa participação cidadã. Creio que seria importante implementar aqui uma auto-avaliação e uma renovação. Redescobrir o valor de outros que seguem certos caminhos participativos como nós, mas que podem apontar-nos um renovado entusiasmo. E aprender deles o desafio de participar mais e delegar menos...

sexta-feira, 1 de agosto de 2008

Boaventura de Sousa Santos: "el nuevo nombre del socialismo es democracia sin fin"


Mientras que los jefes de Estado de Europa y América Latina se reunieron en Lima, “protegidos” por rejas y miles y miles de policías, para la Quinta Cumbre Oficial entre ambas regiones, la Universidad Nacional de Ingeniería fue el escenario de la Cumbre de los Pueblos: Enlazando Alternativas 3. Activistas de ambas regiones se juntaron para discutir alternativas al neoliberalismo, para la creación de un mundo más justo, democrático y solidario. El activista-investigador portugués Boaventura de Sousa Santos fue uno de los participantes más conocidos y queridos. Raphael Hoetmer lo entrevistó durante su estadía en Lima.

¿Como caracterizas el escenario actual en América Latina?

BdeSS: Los cambios en el mundo son rápidos, y muestran muchas contradicciones, debido a la asociación de eventos políticos que nos han impactado mucho en los años recientes. Ejemplos de ellos, son los cambios en Ecuador y Bolivia, y recientemente en Paraguay. En estos países han ganado un economista progresista, un campesino indígena y un sacerdote de la teología de liberación, materializando la resistencia contra las políticas neoliberales de las últimas décadas.

Por otro lado, América Latina es una pieza clave en las estrategias económicas actuales de las empresas transnacionales y los gobiernos del Norte global. Hay que entender que el sistema capitalista siempre necesita nuevos espacios para generar ganancia económica. De esta manera, la expansión del mercado ha llegado a convertir el agua, los servicios de salud, y la educación en mercancías. Algo que anteriormente era impensable. En este momento, la mercantilización de los recursos naturales es la estrategia fundamental para la acumulación de capital a mediano plazo, poniendo la biodiversidad enorme de América Latina en el centro de la atención.

Este proceso, de re-enfocar América Latina, ha sido acelerado por el fracaso de la guerra en Irak. Los Estados Unidos encontraron que durante su relativa ausencia en su backyard, se habían gestionado cambios en América Latina, que presentaron dos problemas a su agenda. En primer lugar, los procesos sociales habían avanzado fuera de su control, y más allá de sus planes, resultando en gobiernos progresistas, y en movimientos sociales fuertes. En segundo lugar, estos movimientos habían llegado al poder a través de la democracia, en una época en la cual los EE UU están usando el discurso de la lucha por la democracia para justificar sus intervenciones alrededor del planeta.

En este escenario se desarrolla una nueva estrategia de contra-insurgencia, que consiste de una mezcla entre las estrategias de la Alianza por el Progreso con una política conciente de división de los movimientos, y específicamente del movimiento indígena. Por otro lado, se intensificó en los últimos años, de manera brutal, la criminalización de la protesta, como también se profundizó la militarización.

En el escenario que usted ha descrito, se puedan dar cuenta de algunos cambios en el paradigma neoliberal. ¿Cree usted que podemos hablar de una modificación de este a un paradigma de seguridad?

BdeSS: Sí, me parece que esto es la perversión final del proceso de re-estructuración neoliberal. Efectivamente, el neoliberalismo intenta sustituir todos los conceptos existentes, como los de desarrollo y de la democracia, por los conceptos de control y de seguridad, tras su incapacidad de generar un apoyo popular sólido.

Esto es consecuencia de la profundización de la exclusión social, de la miseria y de la desigualdad creciente bajo el capitalismo neoliberal, que implica la emergencia de un fenómeno que quiero llamar el “fascismo social”. Este no es un régimen político, pero una forma de sociabilidad de desigualdades tan fuertes, que unos tienen capacidad de veto sobre la vida de otros. Corremos el riesgo de vivir en sociedades que son políticamente democráticas pero socialmente fascistas.

El mejor ejemplo de esta lógica es el doloroso incremento del hambre en el mundo, que muestra la contradicción entre la vida (la producción de alimentos accesibles para la población mundial), y la ganancia (la producción de los rentables bio-combustibles). La emergencia del “fascismo social” muestra que la modernidad como proyecto está roto, porque no ha cumplido sus promesas de libertad, igualdad y solidaridad, y ya sabemos que no va a cumplirlas tampoco.

En este escenario, se presenta entonces la contradicción entre el paradigma de la seguridad, y de la lucha contra el terrorismo a un lado, y al otro los Estados que reivindican su soberanía, los movimientos sociales, y específicamente las luchas de los pueblos indígenas. Es en los territorios indígenas donde se encuentra el ochenta por ciento de la biodiversidad latinoamericana. Las organizaciones como la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), la Confederación Nacional de Comunidades Afectadas por la Minería del Perú (Conacami), y la Coordinadora Nacional de Ayllus y Marqas (Conamaq), son en este sentido un peligro para el status quo.

No sorprende, por ende, que la criminalización de la disidencia que existe en toda América Latina, es aún más fuerte en contra de los indígenas, como vemos en el Perú y en Chile. Queda claro que existe la intención de transformar a los indígenas en los terroristas del siglo XXI, como muestran los documentos de la CIA. En Global Trends 2020, se puede ver que sus grandes preocupaciones son la radicalización del movimiento indígena y el control de los recursos naturales. De hecho, Alan García (el presidente del Perú) toma esto como inspiración cuando habla de las redes de terroristas que iban a atacar la Cumbre entre Europa y América Latina.

El llamado consenso post-Washington entonces es post, porque los neoliberales ya no confían solamente en la economía, y por lo tanto, aplican la guerra y la lucha contra el terrorismo, para mantener el sistema de desigualdad a nivel global. Ejemplos claros de esto, podamos ver en Santa Cruz de la Sierra, donde paramilitares colombianos entrenan a los grupos privados de seguridad de la oligarquía cruceña, que está decidida a defender el status quo.

En esta re-organización del mapa político continental, ¿que corrientes reconoces?

BdeSS: Es evidente que en el continente han emergido gobiernos con una lógica distinta al estado capitalista neoliberal. En sus gestiones económicas podemos señalar dos vertientes diferentes. A un lado, los gobiernos de Lula da Silva, Cristina Fernández y Michelle Bachelet mantienen la macro-economía neoliberal, pero profundizan la protección social en los márgenes de la sociedad. Otros gobiernos, como los de Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez intentan cambiar el sistema económico. Desde una lógica de mayor soberanía, aplican diferentes estrategias, como la nacionalización, la recontractualización de la explotación de los recursos naturales, o la entrega de esta explotación a empresas privadas pequeñas nacionales.

En todos los casos, se ve una mayor sensibilidad a la cuestión social, como también, de maneras diferentes, un cuestionamiento a las empresas transnacionales y sus actividades. La respuesta de las empresas a ello, es la invención de la responsabilidad social. Construyen escuelas y hospitales para sus relaciones públicas, para hacer aparecer que ellas también están preocupados por la desigualdad, en sociedades cada vez más desiguales. El Tribunal Permanente de los Pueblos, que se desarrolló durante esta Cumbre de los Pueblos en Lima, evidencia claramente que detrás de esta cara humana persisten las violaciones estructurales de los derechos humanos por parte de los transnacionales.

Es un proceso confuso y contradictorio, pero sostengo que podemos ver la emergencia de una solidaridad regional, con mayor apertura y tolerancia a las diferencias políticas. No obstante, la mayoría de estos gobiernos se dirigen por conceptos tradicionales del estado y del desarrollo, lo cual efectivamente limita su capacidad de transformación.

Al otro lado, Perú y Colombia representan al status quo neoliberal y a la agenda de los Estados Unidos en la región. Me da la impresión que además actúan desde una complementariedad. Colombia, representa la lógica militar, que busca la creación de conflictos y tensiones que crean condiciones para la creciente militarización e intervención en la región. En el Perú se está impulsando una lógica similar, con la fuerte criminalización de las organizaciones sociales. Este siempre es el primer paso que prepara la militarización posterior. De hecho, existen indicaciones muy claras, que la base de Manta en Ecuador se mudará a la Amazonía peruana.

Como ya dije, estos procesos de criminalización y militarización buscan asegurar el libre acceso y la mercantilización de los recursos naturales. Obviamente, en este modelo económico, el Perú juega un papel central, debido a sus enormes reservas de hidrocarburos, minerales y metales preciosos. Y las élites políticas y económicas del Perú están muy dispuestas a asumir este papel de exportador de recursos naturales en la división mundial del trabajo, ya que ellos ganan con esto. No obstante, la mayoría de los peruanos no ha ganado nada en los últimos años de crecimiento económico espectacular, y lógicamente buscarán alternativas al gobierno actual.”

El caso de Bolivia lució por mucho tiempo, como el proceso más transformador de la región, pero ahora ha entrado en crisis. ¿Cómo analiza usted el escenario boliviano y el proceso de regionalización subnacional que se está reivindicando en el país?

BdeSS:
La regionalización subnacional ha sido promovida por el Banco Mundial, en la forma de descentralización, que apuntó a desmontar el Estado central, a través de la transferencia de responsabilidades del Estado central a los niveles locales. En Bolivia había una posición de descentralización dirigida por las autonomías indígenas, desde una visión política y cultural sólida, que permitió que los indígenas ganaran algo con las políticas de descentralización, impulsadas por el Banco Mundial.

Pero la bandera de la descentralización ha sido asumida ahora por las oligarquías, en respuesta a su pérdida de control del Estado central. Ellos siempre habían sido centralistas, pero ahora tenían que tomar la bandera de la autonomía para defender sus privilegios económicos. En mi opinión, la declarada autonomía de Santa Cruz es ilegal, ya que no pueden hacer esto bajo la vieja constitución. En realidad, la decisión de las autonomías tocaría al Congreso, después de que se implemente la nueva constitución.

Yo he defendido en Bolivia, la distinción entre autonomías ancestrales y las de la descentralización. Propongo entender a las autonomías indígenas como extraterritoriales en relación a las autonomías departamentales. Es decir, se deberían basar en el control total de su territorio, fuera de la gobernabilidad descentralizada, ya que son anteriores al proceso de descentralización.

En todo caso, el debate actual es sumamente peligroso, ya que existen deseos recíprocos de enfrentamiento armado. Las oligarquías no quieren dejar sus privilegios, y los indígenas no van a dejar pacíficamente que se divida al país. Es muy interesante, ya que serían ellos los que defenderían al país.

¿En todo este escenario, cuál es el papel de Europa?

BdeSS:
Al nivel de los contactos entre las organizaciones sociales de ambas regiones hay cosas muy positivas. Un proceso como Enlazando Alternativas muestra la profunda solidaridad que exista entre los pueblos de ambos continentes y la voluntad de las organizaciones europeas de aprender de las luchas latinoamericanas.

Pero al nivel de los gobiernos, veo algo muy diferente. Crecientemente, Europa busca seguir las políticas de los Estados Unidos, enfocadas en el acceso a los recursos naturales, para mantener su posición competitiva en el mundo. Esto me repugna aún más, ya que Europa tiene una deuda cultural, social y ecológica histórica muy grande con América Latina, por el saqueo de los recursos naturales del colonialismo y el genocidio a los indígenas. Por lo tanto, me parece inaceptable implementar en la actualidad políticas neocoloniales, que dan continuidad al mismo saqueo. No obstante, todo indica que las empresas transnacionales europeas actualmente definen la agenda de la UE, imposibilitando una posición europea que fortalecería la democracia, los derechos humanos y la redistribución social en el continente.

¿En este mundo tan confuso, en el cual parecen chocar diferentes proyectos territoriales, como ve usted el futuro?

BdeSS:
Esta clarísimo que estamos entrando en una fase histórica de polarización. A un lado, las políticas de mercantilización buscarán el libre acceso a los recursos naturales, y la continuidad de los privilegios económicos de las élites. Al otro, existe un imaginario radicalizado en las fuerzas progresistas del continente, que han desarrollado concepciones distintas de la democracia, del desarrollo, de los derechos y de la sustentabilidad, que son compartidas por cada vez más personas y organizaciones. Me da la impresión de que las fuerzas dominantes ya no pueden cooptar este imaginario radical, con sus propuestas de protección social. Y por esto la represión. Entonces vemos la confrontación entre la represión y la imaginación utópica. Es difícil de decir, a dónde vamos. Como sociólogos prevemos bien el pasado, no tanto el futuro.

Para mí el horizonte sigue siendo la democracia y el socialismo, pero un socialismo nuevo. Yo he dicho, en diferentes ocasiones que el nuevo nombre del socialismo, es democracia sin fin. Mi apuesta es una para la democracia radical, ya que ella representa una alternativa a dos ideas fundamentales. No creo que se pueda cambiar el mundo sin tomar el poder, pero tampoco creo que podemos cambiar algo con el poder existente. Entonces, afirmo que debemos cambiar las lógicas del poder, y para ello las luchas democráticas son cruciales.

Estas luchas son radicales, porque están fuera de las lógicas tradicionales de la democracia. Sostengo que debemos profundizar la democracia en todas las dimensiones de la vida. Desde la cama hasta el Estado, como dicen las feministas. Pero también con las generaciones futuras y con la naturaleza, lo cual nos urge a parar la destrucción del planeta que actualmente se está desarrollando.

Nuestro objetivo es salir de una democracia tutelada, restringida, de baja intensidad, para llegar a una democracia de alta intensidad que realmente haga que el mundo cada vez sea menos confortable para el neoliberalismo. Pero la realidad no cambia espontáneamente. En política para hacer algo hay que tener siempre dos condiciones: hay que tener razón a tiempo, en el momento oportuno; y hay que tener fuerza para poder imponer la razón.