sexta-feira, 18 de julho de 2008

Agronegocio y conflictos en Argentina


Norma Giarracca
Página 12

Si hay un aspecto de la sociedad que es no sólo constitutivo sino motor de su dinámica es el conflicto. Un libro reciente de Chantal Mouffe sostiene una dura crítica a las posiciones pospolíticas del (neo) liberalismo que borran la presencia del antagonismo en sus análisis. Los conflictos que importan son los que ponen en jaque un pacto fundante de determinado orden que en el capitalismo neoliberal es injusto, desigual, jerarquizante y excluyente.

La expansión de la conflictualidad social durante toda la década del ‘90 puso en jaque un estilo de gobierno que llevaba los peores rasgos del sistema y se cerró como ciclo de protestas con las rebeliones de 2001–2002. Sin esos tiempos de protestas y rebeliones hubiese sido muy difícil descentrar los elementos más aberrantes del sistema. Desde 2003 se abre otra etapa, con fuerte crecimiento económico donde los ejes de las protestas viran hacia las disputas por la redistribución del ingreso y por los recursos naturales entregados a devastadoras corporaciones. En estos conflictos, los actores siempre son tres: 1) asalariados o poblaciones afectadas, 2) empresas/corporaciones, 3) Estado. El reclamo al Estado es por su función facilitadora o neutral tanto en el acaparamiento de ganancias (relación empresas/trabajadores) como en la apropiación de los bienes naturales, su devastación y el acaparamiento de rentas extraordinarias. Allí, a mi juicio, están los conflictos que hoy ponen en jaque un orden cuya legislación fundamental se fue construyendo en los ‘90 sin rectificaciones posteriores. No dudo de que haya otros conflictos sensibles a la democratización necesaria de esta sociedad, como aquellos derivados de la memoria y verdad por las atrocidades de la dictadura, por ejemplo. Pero aquí se trata de centrarnos en la riqueza material generada por estos territorios y sus poblaciones trabajadoras, así como las apropiaciones sectoriales que dan lugar a la vergonzosa polarización social de la Argentina de nuestros días.

En la década del ‘70 hubo otro gobierno peronista, entre 1973 y 1976 (aunque tomaría hasta 1974 con la muerte del general Perón) que, acorde con su tradición de generar cambios redistributivos desde el Estado, vio en las rentas agrarias una posibilidad no sólo de una nueva etapa de industrialización exportable, sino de distribución de la riqueza. No existían “trabajadores rurales” o “campesinos” que jaquearan el poder terrateniente y este trabajo quedó, una vez más, en manos del Estado. Por eso se eligió para la Secretaría de Agricultura un hombre cuyo solo nombre suponía una posibilidad cierta de desconcentrar la tierra, ponerla en producción y tributar a la sociedad: el ingeniero Horacio Giberti. Como él mismo suele contar, siempre tuvo el apoyo del ministro de Economía y de altos funcionarios del gobierno: la suya fue una política de Estado. El paquete de leyes generado en la secretaría pasó por el Congreso Nacional y contenía la Ley de Arrendamientos Forzoso, la Ley de Renta Normal Potencial y la Ley Agraria. Es decir, uno de los conflictos centrales en la lucha por democratizar económicamente el país, pasaba por la clase terrateniente. Sólo leer los editoriales de la revista Anales de la Sociedad Rural Argentina presidida en aquellos tiempos por Celedonio Pereda, basta para darse cuenta de cómo se preparaba el sector para ganar esa disputa y hasta donde estaba dispuesto a llegar (y llegó sin lugar a dudas).

Pero desde 1976 hasta hoy la estructura económica y social del país cambió profundamente. Nos llevó muchos años y trabajos comprender la nueva gramática del poder agroindustrial en la Argentina, aquello que con Miguel Teubal conceptualizamos y tratamos de definir como “agronegocio”, con sus componentes financieros, corporativos internacionales, científicos y culturales-comunicacionales. A medida que investigamos y difundimos esos conocimientos comprendimos el papel subalterno de los propietarios agrarios argentinos (el otrora poder terrateniente) en el nuevo esquema que la geopolítica internacional reservaba al país agrario. Grandes y medianos propietarios fueron complacientes con el “agronegocio” porque, como capitalistas oportunistas, trataron por todos los medios de acoplarse a los nuevos tiempos. Pero lo que deseamos remarcar es que no son ellos los actores claves del conflicto social que llevaría a una redefinición del pacto fundante del poder económico agroindustrial en la Argentina de 2008 y dudamos de que comenzando por ellos se llegue al verdadero poder.

Este deslizamiento del conflicto desde los actores poderosos –extranjeros y nacionales– que realmente manejan concentradamente el negocio agrario en la Argentina hacia los propietarios agrarios tradicionales, me parece un juego político peligroso. Fomentar esa “picardía” oficial, sobre todo desde “opinólogos” que celebraron el modelo sojero o ignoraron de qué se trataba hasta hace unas semanas, me parece una irresponsabilidad infinita. No creo tener que aclarar que estoy a favor de las retenciones y de limitar la expansión sojera (y hasta prohibirla cuando es transgénica por muchas razones, incluida la salud pública), pero ese debate debe darse en el Congreso Nacional, que es donde se transforma el enemigo en adversario y se renuncia a la violencia como forma de decisión.

quarta-feira, 16 de julho de 2008

Democracia participativa e controle social das prefeituras

Frei Betto

Em outubro, iremos às eleições municipais. Através do nosso voto e dos nossos impostos, vamos dar emprego e poder a quem, em nosso nome, deve administrar o município. Muitos eleitores votam sem conhecer os candidatos a vereador e prefeito, pressionados pela mídia, pela propaganda eleitoral, por familiares, amigos e até chantageados por cabos eleitorais.

A democracia brasileira, porém, tem amadurecido, apesar de políticos que acertam alianças sem nenhuma proposta programática, centrados apenas numa obsessão: perdurar no poder. Nem sempre lembramos o nome do candidato a vereador em quem votamos nas últimas eleições. Agora, fortalece-se em todo o Brasil o movimento por negar o voto a quem sofre processo na Justiça. Pelo menos o eleitor tem o direito de saber se o seu candidato tem currículo, folha corrida, prontuário ou sentença condenatória.

Numa democracia participativa, os vereadores deveriam representar a vontade dos eleitores. Quantas vezes o seu vereador o convocou a opinar? Em geral, muitos vereadores acabam representando interesses corporativos, como o das empresas de transporte público ou da especulação imobiliária. E não são raros os que, cooptados pelo executivo municipal, contrariam, no exercício do mandato, tudo aquilo que prometeram na campanha eleitoral.

Agora, há algo de novo, não no reino da Dinamarca, mas na democracia brasileira: o controle do poder público municipal pela sociedade civil. Às vésperas das eleições de novos prefeitos, a iniciativa merece ser reproduzida em todo o Brasil. Trata-se do Movimento Nossa São Paulo.

Destituído de caráter partidário, ele congrega cerca de 450 movimentos sociais e instituições interessados em melhorar a qualidade de vida da maior metrópole brasileira e reduzir o abismo entre o governo municipal e a população, fortalecendo a democracia participativa.

O Movimento Nossa São Paulo nasceu há cerca de dois anos. Criou grupos de trabalho para estudar como a cidade pode se tornar melhor habitável e a administração mais eficiente. Em fevereiro deste ano, conseguiu introduzir uma emenda à Lei Orgânica do Município, que obriga o próximo prefeito a apresentar, em 90 dias após a posse, um programa detalhado de metas, baseado em indicadores para cada área da administração municipal e cada uma das 31 subprefeituras e os 96 distritos de São Paulo.

Ao estabelecer metas, o poder executivo contribui para maior controle dos gastos públicos, ou seja, o modo de administrar e aplicar o dinheiro do povo confiado a ele através dos impostos. Em maio, o Movimento promoveu o 1º Fórum Nossa São Paulo - Propostas para uma Cidade Justa e Sustentável, do qual participei ao lado de 750 representantes da sociedade civil. Foram analisados os principais desafios sociais, econômicos, políticos, ambientais e urbanos da capital bandeirante, apontados pela sociedade civil e pelos grupos de trabalho do movimento.

Agora, no próximo 21 de julho, serão entregues aos candidatos à prefeitura da capital paulista as 1.500 propostas de movimentos sociais, universidades, empresas e cidadãos interessados em construir uma cidade justa e sustentável. Na ocasião, cada candidato poderá fazer uso da palavra durante dez minutos. Espera-se que incorporem as propostas a seus programas eleitorais e de governo.

Iniciativas como esta, contribuem para melhorar o nível de nossos representantes políticos. Ética não é só rechaçar a corrupção e não se aproveitar do cargo para vantagens pessoais, familiares e corporativas. É também coerência de princípios, serviço ao bem comum, respeito à vontade e às aspirações dos cidadãos. Queira Deus – e nós eleitores – que essa moda pegue. Assim estaremos elevando o nível da democracia brasileira, tornando-a verdadeiramente participativa.

terça-feira, 15 de julho de 2008

La trayectoria y el gesto de Salvador Allende


Tomás Moulian
La Nación

Hoy día no es un fantasma agobiado, más bien es la bandera de un combate que sigue vivo

Allende no ingresa a la historia por su muerte, ingresa en ella por su vida, aunque su final lo convierte en un mito. Por su instinto político y su realismo histórico el Presidente mártir fue la expresión simbólica de una “nueva forma” de acceder al socialismo, en un momento en que los síntomas de crisis de los socialismos reales ya empezaban a apreciarse.

El análisis de la trayectoria global de Salvador Allende y en especial de sus posiciones en el agitado periodo de la Unidad Popular se hace necesario para interpretar de manera adecuada el término de su vida.

En una izquierda que desde temprano se coloca al amparo del marxismo y en un partido que en los ’60 deriva hacia el maximalismo, Allende representó un tipo particular de político revolucionario, aquel que cifraba esperanzas en el poder electoral como una de las expresiones del poder de masas y que creyó que era posible en Chile acumular fuerzas para el socialismo desde dentro del propio sistema político.

Allende no fue un tribuno revolucionario amante de la retórica, sino un político forjado en las luchas cotidianas por conseguir espacios para una política popular dentro de un sistema democrático representativo, en el cual las alianzas eran factibles para una parte de la izquierda de los cincuenta pero no para las de los sesenta del siglo XX. Pero, pese a eso, nunca abandonó la crítica al capitalismo y el deseo del socialismo. En este punto reside la gran diferencia de las posiciones de Allende con las del partido actual. Que fuera un gran político realista no significa que negara el futuro como posible realización de una alternativa y que se conformara con una política pragmática.

Su visión de la política empezó a fraguarse desde 1933, cuando siendo todavía un joven universitario militó en el grupo Avance y participó en Valparaíso en la fundación del Partido Socialista, pero en especial se elaboró en el período de las coaliciones de centro izquierda (1938-1947), en particular en el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda, del cual fue ministro de Salud en 1939.

En esa actividad gubernamental plagada de contradicciones y más tarde en 1943 como secretario general del PS, dio los primeros pasos hacia la búsqueda de unidad entre los dos grandes partidos populares, el PS y el PC, una práctica que desde 1952 en adelante sería el centro de su estrategia. Para realizar la política de unidad socialista-comunista Allende se vio obligado en 1952 a un gesto paradójico, abandonar su partido. La pequeña organización socialista a la que se incorporó había quebrado el partido madre cuando éste se opuso a la ilegalización de los comunistas. Como se observa, la ruptura original tuvo motivaciones de derecha, pero cuando Allende se retiró del partido socialista mayoritario al volcarse éste al ibañismo, impulsó a la organización a trabajar con los comunistas aún en la ilegalidad. Con ellos creó el Frente de la Patria, del cual surgió, en 1952, su primera candidatura presidencial.

La política llevada a cabo desde esa fecha convirtió al futuro Presidente en el líder de la unidad de acción entre las dos grandes formaciones populares. Esa estrategia fue favorecida por la influencia en el PCCh del 20º Congreso del PCUS, realizado en 1956, que elaboró la política de la coexistencia pacífica y, por ende, creó las bases de una estrategia de tránsito pacífico al socialismo, en un momento en que no existía aún en el continente latinoamericano una experiencia confrontacional exitosa, como la cubana.

Los resultados electorales de 1958, donde Allende casi obtuvo el triunfo, lo convirtieron en el líder de los ’60. Siguió siéndolo aunque su realismo lo alejó de las posiciones de su partido y lo colocó más cerca del PC. No se dejó arrastrar por el viraje a la izquierda que los socialistas emprendieron después de la derrota en la campaña presidencial de 1964. Entonces muchos se apresuraron a decretar el cierre de las posibilidades electorales y anunciaron la necesidad de cambiar de estrategia sin darse el trabajo de estudiar las especificidades del caso chileno. Se mantuvo al margen. Sin dejar nunca de valorar y apoyar a Cuba, siguió pensando, casi en solitario, que era posible triunfar en las presidenciales y desde allí impulsar un tránsito institucional al socialismo. Esa actitud lo hizo blanco de muchas críticas, en especial de la acusación de tradicionalismo.

La mentalidad triunfalista de la década del ’60, un período optimista respecto a la actualidad de la revolución y a su necesidad para superar las incapacidades del capitalismo, impidió que los partidos y los intelectuales marxistas se plantearan las preguntas que requería la construcción del socialismo en Chile por la vía institucional. ¿Era posible en condiciones de aislamiento de los sectores progresistas del PDC, potenciados por el liderazgo de Tomic? Dicho de otro modo, ¿cómo conseguir mayoría estatal y de masas, requisito esencial, sin construir un bloque por los cambios, un amplio arco progresista?

Durante el intenso período de la UP, Allende fue más allá que nadie en la definición del horizonte estratégico. En su discurso del 21 de mayo de 1971, hablando de la meta y no sólo de la fase, definió el socialismo chileno como libertario, democrático y pluripartidista. Esa concepción lo transformó en vanguardia, en adelantado de las tesis del eurocomunismo. Avanzó más allá que los comunistas chilenos, porque éstos no abandonaron la concepción ortodoxa y fueron por ello atrapados por la lógica del momento decisivo, aquella coyuntura en el cual por fin se obtendría el "poder total". Los comunistas, eso sí, prolongaban esa fase en el tiempo, lo que era un mérito político, pero no prescindieron de ella. La famosa metáfora de Luis Corvalán sobre el destino final del tren, lo decía con precisión: llegaría hasta Puerto Montt, aunque algunos aliados transitorios decidieran desembarcarse antes.

Pero Allende, aun teniendo claro que no había tránsito institucional exitoso sin la creación de una alianza estratégica con los sectores progresistas que generara una sólida mayoría, no fue capaz de imponer esas políticas. Su lucidez fue vana. Nunca quiso abandonar su ética humanista para usar los recursos autoritarios del poder, como lo hicieron casi todos los Presidentes entre el ’32 y el ’70. Actuó correctamente, aunque con eso privara a su "revolución" del recurso de atemorizar. De otro modo, el avanzado grado de desarrollo de la crisis de principios de 1973 lo hubiese obligado no sólo a reprimir legalmente a ciertos opositores sino a los grupos de izquierda. Fue siempre un político democrático, aun en aquellos tiempos de constantes amenazas a la gobernabilidad.

Creo que sin llegar al autoritarismo debió haber jugado más a fondo el papel tradicional del Presidente fuerte, que adquiere autonomía de las orgánicas e impone sus decisiones. Fueron las vacilaciones de los partidos y la lentitud del Jefe de Estado lo que precipitó el final e hizo el golpe más fácil para los enemigos. Lo que sucedía es que la UP estaba desgarrada por el empate catastrófico entre quienes aceptaban la necesidad de negociar y quienes postulaban el "avanzar sin transar".

Allende no ingresa a la historia por su muerte, ingresa en ella por su vida, aunque su final lo convierte en un mito. Por su instinto político y su realismo histórico el Presidente mártir fue la expresión simbólica de una "nueva forma" de acceder al socialismo, en un momento en que los síntomas de crisis de los socialismos reales ya empezaban a apreciarse.

Como hoy se sabe de manera indudable, Allende se suicidó. No se entiende ahora por qué se ocultó durante tantos años. Optó por una muerte intencional, no una procurada por el azar. Fue un acto de combate. En esa terrible mañana del 11 el Presidente pasó del dolor a la lucidez. Primero lo abrumó la traición. Múltiples testigos hablan de su preocupación por "Augusto". En uno de los discursos de esa mañana conminó a los militares leales a salir en defensa del Gobierno. ¿En quién otro podía haber pensado que en Pinochet?

Allende había dicho en un discurso en el Estadio Nacional en presencia de Fidel Castro que no saldría vivo de La Moneda. En el escenario de los bombardeos, buscó conseguir el mayor efecto político. Descartó el avión que le ofrecían los golpistas y preparó la respuesta más adecuada, que debía ser la mejor expresión de sus ideales y que debía producirle el mayor daño al general desleal que ejecutó la tragedia. Ese es el gesto del suicidio. Aquel acto salpicó a Pinochet para siempre con la sangre de Allende. Esa fue su primera marca, huella indeleble.

En el mismo momento de triunfar, Pinochet comenzó a caminar hacia donde terminó, como soldado sin honor, que huyó de su responsabilidad. Otra hubiese sido la suerte de este hombre si no se hubiera embarcado en la máxima crueldad, si hubiese aplacado las fuerzas oscuras que lo condujeron a bombardear La Moneda y forzar el suicidio de Allende. Con la muerte de Allende, Pinochet quedó para siempre manchado. Aparente triunfador, no podrá tener jamás el sitial del héroe, porque, como lo dice la tragedia griega, héroe puede ser Agamenón pero no Egisto, el traidor.

Allende perdió la primera batalla por un nuevo socialismo. Pero hoy día no es un fantasma agobiado, más bien es la bandera de un combate que sigue vivo, pues el socialismo del siglo XXI tiene que ver con su ideario, con sus luchas por una democratización profunda y también gradual y no violenta de las sociedades capitalistas.

segunda-feira, 14 de julho de 2008

Balmaceda, ou o drama latino-americano


Francisco Carlos Teixeira
Gramsci e o Brasil


Ao escolher o presidente José Manuel Balmaceda (1840-1891), do Chile, como alvo de seu relato histórico no calor da hora — diríamos hoje, um episódio da história do tempo presente —, Joaquim Nabuco foi além da explicação dos fatos. Seu livro busca entender as condições que envolveram o projeto de reforma do Estado e da sociedade chilenas no final do século XIX.

Balmaceda, um político progressista, modernizador e ambicioso, buscou sacudir as estruturas oligárquicas e conservadoras do país, impor uma agenda ultraliberal, talvez mesmo radical (no sentido francês da palavra), resultando seu projeto, em verdade, numa guerra civil. Derrotado, o presidente preferiu o suicídio ao banal e costumeiro exílio dos líderes latino-americanos decaídos. Tal drama político, com cores de tragédia existencial, constituiu-se, a partir de então, num roteiro dos impasses latino-americanos. Vargas, mas sobretudo Salvador Allende, são prisioneiros históricos do drama de Balmaceda.

A historiografia chilena, principalmente depois da dramática morte de Allende e da cruel repressão que se abateu sobre o país — em tudo um roteiro de 1891 — debruçou-se sobre o fenômeno Balmaceda. As fontes ainda estão sendo estudadas, e os relatos de época revisitados. Disso tudo nos dá conta o brilhante prefácio do chileno Jorge Edwards.

Contudo, passado mais de um século, a atualidade do livro de Joaquim Nabuco não reside, somente, na própria atualidade do drama de Balmaceda. O relato de Nabuco — estilístico, elegante, cheio de referências clássicas e com recurso constante às fontes históricas — é, em si mesmo, o objeto central para a atenção do leitor. Nabuco não esconde suas preferências — sempre conservadoras em se tratando do arranjo político-institucional das jovens repúblicas sul-americanas. Nem mesmo a sua preferência monárquica. Tais “lugares de fala” são demarcados, sem engodos, numa defesa clara do ordenamento oligárquico, o único capaz, pela excelência de suas elites, de garantir o funcionamento institucional do Estado.

Isso não faz, de forma alguma, de Nabuco um reacionário. Longe disso. A postura de Nabuco frente à questão da escravidão comprova o seu avanço social. O autor prende-se diretamente a uma das vias mais importantes da modernidade: o pensamento conservador pós-Revolução Francesa. Em especial Edmund Burke (lembremo-nos da sua máxima: “Odeio as Revoluções!”). O grande pensador inglês é a fonte teórica mais importante na análise proposta por Nabuco para as instituições sul-americanas.

Sua preocupação reside na dupla eficácia das instituições republicanas: de um lado, em prover as necessidades da Nação e, de outro, evitar que o aventureirismo — sob o nosso sol travestido de caciquismo, coronelismo ou caudilhismo — se aposse do Estado, muitas vezes numa aliança direta com as massas — as temidas massas! —, ultrapassando o poder moderador e mediador das elites e suas instituições.

Por esta razão, hoje na América do Sul, o Balmaceda de Joaquim Nabuco é incrivelmente contemporâneo. Seu texto e suas idéias lançam desafios fundamentais para a construção da modernidade, impondo-se como questões centrais sobre a definição de cidadania e participação popular, bem como os limites do Estado nas suas relações com a sociedade. Hoje, mais do que nunca, precisamos manter o debate proposto por Nabuco vivo e aberto. Tais debates — hoje trazidos por intelectuais que honram a tradição nabuconiana, tais como Roberto Romano e José Murilo de Carvalho — ainda são os mesmos.

Esperemos que a tragédia, contudo, nunca mais se repita sob nosso sol.

Capitalismo del desastre: estado de extorsión


Naomi Klein

Desde que el petróleo sobrepasó los 140 dólares el barril, hasta los locutores de derechas más furibundos se ven forzados a demostrar su credo populista dedicando una porción de sus programas a machacar a las compañías petrolíferas. Algunos han ido tan lejos como para invitarme para mantener una amistosa charla sobre un insidioso nuevo fenómeno: “el capitalismo del desastre”. La cosa marcha bien... hasta que empieza a torcerse.

Por ejemplo, el locutor “conservador independiente” Jerry Doyle y yo mantuvimos una conversación perfectamente amistosa sobre las turbias compañías aseguradoras y la ineptitud de los políticos cuando ocurrió lo siguiente: “Creo que hay una sistema para abaratar rápidamente los precios”, anunció Doyle. “Hemos invertido 650 mil millones de dólares para liberar a una nación de 25 millones de personas. ¿No va siendo hora de que reclamemos algo de petróleo a cambio? Deberían de haber un montón de camiones cisterna, uno tras otro, formando un atasco en dirección al Túnel Lincoln, el apestoso Túnel Lincoln, en hora punta, cada uno de ellos con una nota de agradecimiento de parte del gobierno iraquí... ¿Por qué no vamos y cogemos sencillamente el petróleo? Nos lo hemos ganado liberando un país. Puedo arreglar el problema del precio del petróleo en diez días en vez de en diez años.”

Había un par de problemas con el plan de Doyle, por supuesto. El primero es que estaba describiendo el mayor latrocinio de la historia mundial. El segundo, que llegaba demasiado tarde: “nosotros” ya estamos robando el petróleo de Irak, o al menos estamos en el momento cumbre de ello.

Han pasado diez meses de la publicación de mi libro, La Doctrina del Shock: el auge del capitalismo del desastre, en el cual argumento que el método preferido para reformar el mundo de acuerdo con los intereses de las corporaciones multinacionales es actualmente el de explotar sistemáticamente el estado de miedo y desorientación que acompaña a la población en momentos de shock y crisis. Ahora que el mundo está siendo sacudido por múltiples shocks, parece un buen momento para ver cómo se está aplicando la estrategia.

Los capitalistas del desastre han estado ocupados: desde los bomberos privados que actuaron en los incendios del norte de California, a los desposeedores de tierras tras el ciclón Burma, a la nueva ley sobre la vivienda abriéndose paso hacia el Congreso. La ley no habla demasiado sobre las viviendas asequibles, desplaza la carga del impago de hipotecas a los contribuyentes y asegura a los bancos que proporcionan malos préstamos conseguir algunos pagos en devolución por los mismos. No sorprende que se la denomine en los pasillos del Congreso como el “plan Credit Suisse”, en honor a uno de los bancos que, generosamente, la propuso.

El desastre de Irak: “si lo rompe lo paga”

Pero estos casos de capitalismo del desastre son bastante amateurs en comparación con lo que se está llevando a cabo en el ministerio del petróleo iraquí. Empezó con la adjudicación de contratos fuera de subasta a ExxonMobil, Chevron,Shell, BP y Total (aún no se han firmado, pero continúan siendo válidos). Pagar a las multinacionales por su bagaje técnico no es algo raro. Sí lo es que estos contratos vayan casi invariablemente a compañías petrolíferas que se dedican a su distribución, y no a las que se dedican a explorar, producir y guardar la riqueza procedente de la explotación de estos recursos combustibles y liberadores de dióxido de carbono. Como apunta el experto en petróleo londinense Greg Muttitt, los contratos sólo tienen sentido según las informaciones de que las grandes compañías petrolíferas han insistido en el derecho a poder rechazar contratos otorgados para producir en los campos de petróleo iraquíes, dirigiéndolos. En otras palabras, aunque otras compañías podrán pujar por los contratos en el futuro, serán éstas quienes siempre los ganarán.

Una semana después de que no se anunciaran acuerdos fuera de subasta, el mundo pudo ver el precio real del petróleo. Después de años presionando a Irak en la trastienda de la opinión público, el país ha abierto repentinamente a los inversores seis de sus mayores campos petrolíferos, que reúnen en conjunto casi la mitad de sus reservas. De acuerdo con el ministro del petróleo iraquí, se empezarán a firmar contratos a largo plazo a lo largo de este año. Aunque ostensiblemente bajo el control de la Compañía Nacional de Petróleo Iraquí (CNPI), las empresas extranjeras mantendrán el 75% del valor de los contratos, dejando el 25% restante a sus socios iraquíes.

Este tipo de porcentaje no tiene precedentes en los estados árabes y persas ricos en petróleo, en los que el control mayoritariamente nacional del petróleo fue una victoria decisiva en las luchas anticoloniales. Según Muttitt, la suposición hasta ahora era que las multinacionales extranjeras traerían el desarrollo a los nuevos campos petrolíferos en Irak, no que tomarían aquellos cuya producción ya está en marcha y en consecuencia requieren una inversión técnica mínima. “La política era la de asignar estos campos a la Compañía Nacional de Petróleo Iraquí por completo”, me explicó. Este cambio supone una inversión de aquella política, ya que da a la CNPI solamente un 25%, en vez del 100% acordado.

Así pues, ¿qué es lo que hace que contratos tan pésimos como ésos sean posibles en Irak, un país que tanto ha sufrido? Irónicamente, es el sufrimiento de Irak -su crisis sin fin- la base para un acuerdo que amenaza con drenar de su tesoro nacional su principal fuente de ingresos. La lógica es como sigue: la industria petrolífera de Irak necesita expertos extranjeros porque los años de sanciones punitivas la privaron de nueva tecnología, y la invasión, y la violencia que la siguió, la degradaron todavía más. E Irak necesita urgentemente producir más petróleo. ¿Por qué? Por la guerra, una vez más. El país está en ruinas, y los miles de millones repartidos en contratos fuera de subasta a las compañías occidentales no han conseguido reconstruir el país. Ahí es donde aparecen los nuevos contratos fuera de subasta: lograrán recaudar más dinero, pero Irak se ha convertido en un lugar tan peligroso que se debe inducir a las compañías petrolíferas para que éstas se arriesguen a invertir. De se modo la invasión de Irak crea limpiamente el argumento para el saqueo ulterior.

Muchos de los arquitectos de la guerra de Irak ya ni siquiera se preocupan en negar que el petróleo fue el motivo principal para desencadenarla. En el programa To the Point de la National Public Radio [Radio Nacional Pública], Fadhil Chalabi, uno de los principales consejeros iraquíes de la administración Bush antes de la invasión, describió recientemente la guerra como un “movimiento estratégico de los EE.UU. y el Reino Unido para tener una presencia militar en el Golfo con la que asegurar en el futuro las reservas [de petróleo].” Chalabi, que ejerció de viceministro del petróleo y se reunió con las compañías petrolíferas antes de la invasión, describió este movimiento como “un objetivo fundamental.”

Invadir países para apoderarse de sus recursos naturales es ilegal según la Convención de Ginebra. Esto significa que la gigantesca tarea de reconstruir la infraestructura en Irak -incluyendo su infraestructura petrolífera- es responsabilidad financiera de los invasores. Son ellos quienes deberían ser forzados a pagar las reparaciones. (Recuérdese que el régimen de Saddam Hussein pagó 9 mil millones de dólares a Kuwait en concepto de reparaciones por la invasión del país en 1990.) En cambio Irak está obligado a vender el 75% de su patrimonio nacional para pagar el precio de su propia invasión y ocupación ilegal.

El shock del precio del petróleo: o nos dais el Ártico o nunca volveréis a conducir

Irak no es el único país involucrado en un atraco petrolífero. La administración Bush está atareada en la labor de usar una crisis relacionada -la del alza del precio del combustible- para reavivar su viejo sueño de perforar el Refugio Natural Ártico (Artic National Wildlife Refuge, ANWR en sus siglas inglesas). Y de perforar la costa. Y también de explotar las reservas de petróleo bituminoso de la cuenca de Green River. “El Congreso tiene que enfrentarse a una dura realidad”, dijo George W. Bush el 18 de junio. “A menos que los miembros del congreso estén dispuestos a aceptar los dolorosos precios del combustible actuales, o puede que aún más altos, nuestra nación debe producir más petróleo.”

Habla el Presidente como Extorsionador en Jefe, apuntando a la cabeza de su rehén (nada menos que el país entero) con el surtidor de gasolina: o me dais la ANWR o todo el mundo tendrá que pasar sus vacaciones en el patio trasero de su casa. El último robo del presidente-cowboy.

A pesar de las pegatinas de “Perfore aquí y ahora y pague menos”, perforar en la ANWR tendría un impacto apenas discernible en las actuales reservas petrolíferas mundiales, como sus defensores bien saben. El argumento de que podría provocar una reducción de los precios del petróleo no está basado en la economía pura y dura sino en el psicoanálisis de mercado: perforar “enviaría un mensaje” a los empresarios del petróleo de que aún queda más petróleo, y esto haría que empezasen a bajar los precios.

Se siguen dos puntos de este razonamiento. El primero, es el intento por mentalizar a los hiperactivos empresarios de qué es lo que ocurre realmente en el gobierno de la era Bush, incluso en medio de una emergencia nacional. El segundo, es que nunca funcionará. Si hay alguna cosa que podamos predecir del reciente comportamiento del mercado del petróleo es que el precio va a seguir subiendo, no importa cuántas nuevas reservas se anuncien.

Tomad por ejemplo el enorme boom que está teniendo lugar en las famosas reservas de petróleo bituminoso de Alberta. Con tales reservas de petróleo bituminoso, conocidas también como “arenas petrolíferas”, ocurre lo mismo que con los otros emplazamientos propuestos por Bush para la perforación: son cercanos y seguros, pues el Tratado para el Libre Comercio en Norteamérica (NAFTA en sus siglas inglesas) contiene una cláusula que impide a Canadá cortar el suministro a Estados Unidos. Sin hacer mucho ruido, el petróleo de estas fuentes en gran medida sin explotar ha estado fluyendo hacia el mercado en tal cantidad que ahora Canadá es el mayor proveedor de petróleo de los Estados Unidos, por encima de Arabia Saudí. Entre el 2005 y el 2007, Canadá aumentó sus exportaciones a los Estados Unidos en casi 100 millones de barriles. A pesar del significativo crecimiento de estas reservas seguras, los precios del petróleo han ido en aumento durante todo este tiempo.

Lo que se esconde tras la campaña de perforación de la ANWR no es de hecho otra cosa que pura estrategia del shock: la crisis del petróleo ha creado las condiciones con las que es posible vender una política antes invendible, pero desde luego altamente rentable.

El shock del precio de los alimentos: o modificación genética o hambruna

Ligada estrechamente al precio del petróleo encontramos la crisis alimentaria global. No sólo los elevados precios del petróleo hacen subir los precios de los alimentos, sino que el boom de los biocombustibles ha desdibujado la frontera entre comida y combustible, expulsado a los agricultores de sus tierras y alentado una especulación rampante. Muchos países latinoamericanos han insistido en que se reexamine la pujanza de los biocombustibles como alternativa a los combustibles fósiles y en que se reconozcan los alimentos como un derecho humano y no como una mercancía más. El subsecretario de Estado de los Estados Unidos John Negroponte tiene en cambio otras ideas al respecto. En el mismo discurso en que trataba de vender el compromiso de EE.UU. en la ayuda alimentaria de emergencia pidió a los países que bajaran sus “restricciones a la exportación y elevadas tarifas” y eliminaran “las barreras para el uso de las innovaciones tecnologías en la producción animal y vegetal, incluyendo la biotecnología.” Hay que reconocer que esta amenaza era más sutil que las anteriores, pero el mensaje era claro: los países pobres harían mejor en abrir sus mercados agrícolas a los productos norteamericanos y sus semillas genéticamente modificadas. En caso contrario se arriesgan a perder su ayuda.

Los cultivos genéticamente modificados han aparecido de súbito como la panacea para la crisis alimentaria, al menos según el Banco Mundial, el presidente de la Comisión Europea -“valor y al toro”, vino a decir- y el Primer Ministro británico Gordon Brown. Y, claro está, según las empresas del agribusiness. “No se puede alimentar hoy al mundo sin organismos genéticamente modificados”, declaró recientemente Peter Brabec, presidente de Nestlé, al Financial Times. El problema con este argumento, al menos por ahora, es que no hay pruebas de que los organismos genéticamente modificados aumenten la producción de los cultivos, sino que más bien la disminuyen.

Pero si incluso hubiera una varita mágica con la que resolver la crisis alimentaria global, ¿querríamos que estuviese en manos de los Nestlés y Monsantos? ¿Cuál sería el precio a pagar por que la empleasen? En los últimos meses Monsanto, Syngenta y BASF han estado comprando frenéticamente patentes de las llamadas semillas “todoterreno”, un tipo de plantas que pueden crecer incluso en la tierra agostada por la sequía o salada por las inundaciones.

En otras palabras: plantas modificadas para sobrevivir a un futuro de caos climático. Ya sabemos hasta qué punto está dispuesta a llegar Monsanto a la hora de proteger su propiedad intelectual, espiando y demandando a los granjeros que se atrevan a guardar sus semillas de un año para el otro. Hemos podido ver cómo las medicaciones patentadas contra el VIH impiden salvar a millones de personas en el África subsahariana. ¿Por qué los cultivos “todoterreno” patentados iban a ser diferentes?

Mientras tanto, entre tanta charlatanería excitante sobre nuevas tecnologías perforadoras y genéticas, la administración Bush anunció una moratoria de hasta dos años en los proyectos federales para la investigación en energía solar, debido a, aparentemente, preocupaciones medioambientales. Nos vamos acercando a la frontera final del capitalismo del desastre. Nuestros dirigentes no invierten en tecnologías que nos prevengan de una manera efectiva de un futuro climáticamente caótico, y en vez de eso se deciden a trabajar codo con codo justamente con quienes traman planes cada vez más endiablados para aprovecharse de las desgracias ajenas.

La privatización del petróleo iraquí, el aseguramiento de los cultivos genéticamente modificados, la reducción de las últimas barreras comerciales y la apertura de los últimos refugios naturales a la explotación privada... no hace mucho estos objetivos eran conseguidos uno tras otro mediante corteses acuerdos comerciales presentados con el pseudónimo de “globalización”. Ahora esta agenda completamente desacreditada está obligada a cabalgar sobre las espaldas de crisis cíclicas, vendiéndose a sí misma como la medicina que curará de una vez por todas el dolor del mundo.

domingo, 13 de julho de 2008

Crise política racha governo chileno


Helena Carnieri
Gazeta do Povo

Protestos urbanos não arranham tanto a imagem da presidente quanto denúncias de corrupção no partido

Quem ouve que a coalizão governista chilena – a Concertación, que reúne quatro partidos e faz presidentes desde 1989 – tende a rachar nas próximas eleições, provavelmente acusa os protestos sociais que movimentaram as ruas do país no mês passado, com direito a estudantes acorrentados na embaixada do Brasil em Santiago.

Mas, para consultores em política e acadêmicos, os problemas da presidente Michelle Bachelet não são pontuais, e sim estruturais, ligados a impostos, corrupção, lobby e insegurança pública. Vale dizer, mais difíceis de resolver.

Nas eleições municipais de outubro próximo, a Concertación (Partido por la Democracia, Partido Demócrata Cristiano, Radical Social Demócrata e Socialista) apresentará duas chapas.

“É a primeira vez que se dá essa situação. É um mal sinal para a unidade e permanência da aliança governista”, diz o diretor-executivo do Centro de Estudos Sociais chileno Avance, Antonio Cortés Terzi.

O resultado deve ser a competição entre partidos integrantes da coalizão, abrindo um precedente para que haja dois candidatos da Concertación nas eleições presidenciais de 2010. O sistema eleitoral do Chile não permite a reeleição.

Desafios

E quais serão os principais problemas a serem enfrentados pelo próximo presidente do Chile, país conhecido por seus bons vinhos mas não por sua desigualdade de renda?

Em matéria de proteção social, o Chile ainda apresenta falhas tanto em saúde quanto em educação, na opinião do doutorando de Ciências Sociais da UFRRJ (Universidade Federal Rural do Rio de Janeiro), o chileno Fernando de la Cuadra. “Há uma brecha muito grande entre a educação privada e a pública”, diz. Foi essa diferença que levou estudantes às ruas para protestar no mês passado pelo fim do lucro no sistema de ensino.

Para o professor Fernando de la Cuadra, que foi assessor do secretário de Agricultura no governo anterior, de Ricardo Lagos, os efeitos dos protestos sobre a popularidade da presidente (que beira os 40%) dependem do alarde que a direita conseguir fazer com eles.

“A direita acusa Bachelet de ser uma mulher sem autoridade, uma ‘mãe boazinha’, enquanto Ricardo Lagos era forte, um ‘pai autoritário’.”

Para o diretor-executivo do Centro de Estudos Sociais chileno Avance, Antonio Cortés Terzi, “o que mais afeta a popularidade da presidente não são os protestos, mas as denúncias de corrupção e (problemas com) o transporte público, principalmente em Santiago”. O sistema integrado de transporte da capital, Transantiago, revelou erros de planejamento e falhas de funcionamento.

Por sua vez, de la Cuadra vê na violência um problema maior. “A segurança será muito debatida nas eleições. A elite mora bem, mas a diferença de renda e o desemprego aumentaram e criam ressentimentos”, diz.

Ele acrescenta como problemas do governo a dificuldade de Bachelet em elevar tributos. “Ela não consegue, porque existe muito lobby para influenciar contrariamente o Congresso. Mesmo dentro da sua coalizão”, diz. “As mudanças pós-ditadura levaram o país para um parlamentarismo extra-oficial”, explica o professor Alberto Aggio, referindo-se ao grande poder adquirido pelo parlamento desde 1990. Resta saber se nos próximos dois anos e meio de mandato, Bachelet irá recuperar as rédeas do governo.

Bolso também preocupa a população

A economia também é alvo de muita preocupação por parte dos chilenos – e motivo de cobranças para o governo. “Os grandes problemas que afligem Bachelet nas últimas semanas se referem a assuntos econômicos: inflação, baixa taxa de crescimento e os altos preços dos combustíveis”, diz o diretor do Centro de Estudos Sociais Avance, Antonio Cortés Terzi.

Com economia fortemente internacionalizada – o país é exímio exportador de cobre, vinho, salmão e frutas – o Chile se torna uma presa fácil à inflação globalizada de alimentos e combustíveis.

Por muitos anos, o país viveu com baixas alterações de preço, motivo pelo qual a sociedade se tornou sensível a qualquer elevação. “Principalmente quando são os produtos de maior consumo que estão aumentando de preço”, lembra Terzi. “A crise global pesa muito numa economia muito internacionalizada”, concorda o professor de História da Unesp, Alberto Aggio. “A bonança internacional já acabou. Os tempos serão mais duros”, prevê.

Nichos

A salvação da lavoura são os nichos de mercado de alto poder aquisitivo conquistados pelos Chile. “Apesar de ter indústria fraca e depender da exportação de produtos primários que podem ser considerados supérfluos (e cortados da lista de compras), exportamos produtos muito específicos que o consumidor de alta renda continua comprando, independentemente da crise”, diz o doutorando em ciências sociais da UFRRJ, o chileno Fernando de la Cuadra. “Também assinamos um Tratado de Livre Comércio com a China, em maio, o que abre um mercado espetacular”, diz de la Cuadra.

Aggio justifica a atitude da presidente de conter o gasto público, apesar das pressões populares por mais investimentos sociais. “Nessa hora, o gasto público é algo sério.” Entre os produtos de exportação do Chile, o principal deles – o cobre, em que o país é rico – foi, ironicamente, o que caiu de preço, de US$ 3 a libra para US$ 2,70. “Isso tem impacto nos sálarios. Quando o governo faz seu orçamento e plano plurianual, planeja com base no preço do cobre”, diz de la Cuadra.

Uma das garantias do país é um fundo governamental formado por excedentes da venda do cobre em anos de alta da commodity, justamente para anos de vacas magras. Em 2007, o estoque ultrapassou os US$ 20 bilhões (R$ 32 bilhões).

Um povo sem decência


Kenneth Serbin
Especial para Folha

Desprovida de valores, sociedade americana perdeu o respeito pelo outro e se tornou insensível aos problemas dos demais países do Globo.

A disputa presidencial McCain-Obama vai mergulhar os EUA em um debate histórico e acalorado sobre segurança nacional. Enquanto os candidatos irão se concentrar nas decisões de política externa tomadas pela elite, as políticas só irão melhorar, porém, se eles enfocarem o debate na responsabilidade pessoal dos próprios americanos pela segurança.

Os norte-americanos estão desorientados. Um claro exemplo do que está errado com a segurança nacional na base da sociedade ocorreu em um recente concerto de rock ao ar livre do grupo The Police, em San Diego [no final de maio]. O problema se concentra nas noções de decência básica, coerência nas regras e regulamentos e respeito à lei. Também tem muito a ver com hipocrisia.Eu e minha mulher, que é mineira, somos fãs de Sting, o líder do grupo The Police, em parte por causa de sua dedicação à causa dos povos indígenas do Brasil. Em vez de uma demonstração de solidariedade do mesmo nível do talento e da consciência social de Sting, no entanto, presenciamos um comportamento arrogante e irresponsável de muitos de nossos concidadãos. Apesar da proibição de cadeiras no gramado, os seguranças permitiram que as pessoas as levassem, mas exigiram que fossem reclinadas de modo a não obstruir a visão de outras pessoas. Mas muitos que chegaram tarde ficaram de pé no gramado, bloqueando a visão dos que estavam sentados. Então os seguranças desdenharam de seu próprio regulamento sobre altura e não os obrigaram a se sentar.

O cheiro de maconha enchia o ar. Nenhum segurança impediu as pessoas de fumar. Vimos apenas dois policiais, que não detiveram ninguém por posse de maconha. Nenhum agente federal estava à procura de traficantes ou verificava se outras drogas ilícitas circulavam entre o público.

A cena contrastou acentuadamente com uma recente blitz contra estudantes usuários de drogas e traficantes em uma universidade pública local [a Universidade Estadual de San Diego, no início de maio]. Esse incidente, ocorrido depois de duas overdoses fatais sofridas por estudantes, revelou a variedade de substâncias ilegais disponíveis para compra nos EUA: cocaína, maconha, óleo de haxixe, pílulas de ecstasy, cogumelos alucinógenos, metanfetamina e remédios por receita usados ilicitamente. Perguntei-me por que não se aplica o mesmo rigor ao público dos concertos e às operações criminosas que o abastecem. Parte da resposta está no fato de que o público tinha entre 40 e 60 anos. Enquanto muitos dessa geração contribuíram para a justiça social, muitos outros nesse grupo mais privilegiado da história se sentem com direito a tudo, inclusive a desrespeitar os outros e a lei.

Essa geração trouxe para os EUA a cultura da droga e hoje é um mau exemplo para a juventude. Os organizadores de shows querem o dinheiro dessa geração, e por isso a segurança nos concertos é frouxa. O governo americano gasta bilhões combatendo as drogas no exterior, mas em casa tanto os cidadãos quanto a polícia ignoram o consumo individual.

Uma sociedade sem decência comum e sem vontade para atacar o tráfico de drogas enfrenta uma séria ameaça à sua segurança interna. Não são questões abstratas. Os usuários de drogas ilegais dão lucro para as organizações criminosas internacionais e ameaçam a linha de frente da segurança nacional: a educação das crianças.

Crise cultural

Como muitos americanos não têm mais valores, a cultura dos EUA está em crise. Essa crise revelou uma clara fraqueza social que deriva de arrogância, complacência e insensibilidade e permitiu que Osama bin Laden atacasse o país com a mais facilidade.

Essa mesma cultura exige um alto padrão de vida à custa dos outros e é a mesma que assumiu hipotecas altamente duvidosas a juros baixos e, depois, ficou indignada quando o chão sumiu. As soluções arranjadas por políticos irresponsáveis só vão exacerbar a crise cultural.

Os norte-americanos adoram carros obscenamente grandes, que bebem muito combustível, e depois se indignam com os altos preços da gasolina enquanto permanecem alheios ao fato de que o resto do mundo sempre pagou preços mais altos e dirigiu carros mais econômicos.

Com o poder do dólar, os EUA financiam imprudentemente sua dívida recorrendo cada vez mais a governos e investidores estrangeiros enquanto compram produtos baratos feitos por trabalhadores em países com salários absurdamente baixos e condições de trabalho arriscadas.

Os americanos não conseguem enxergar como o seu comportamento mina a segurança nacional. As civilizações declinam tanto por causa de fatores externos quanto internos. Nos EUA os fatores internos parecem estar se acelerando em um ritmo estonteante. A cultura insensibilizou as pessoas para si mesmas e para seus vizinhos, aqui e em outras partes do mundo, e assim aumentou a vulnerabilidade do país.

Somente uma mudança de atitude pode solucionar esta crise. Para começar a mudança, Obama e McCain devem discutir a posição dos EUA no mundo não com frases padronizadas sobre o terrorismo, a força dos EUA e o apoio às tropas, mas reconhecendo que a verdadeira liderança mundial envolve uma dose de autocrítica e consciência sobre o impacto das ações individuais nos assuntos mundiais. A questão é se os candidatos têm coragem para pedir que os norte-americanos se olhem no espelho.

sábado, 12 de julho de 2008

Terremoto de longa duração

Boaventura de Sousa Santos

Consiste na convulsão social e política que vai decorrer da destruição progressiva do chamado modelo social europeu – uma forma de capitalismo muito diferente da que domina os EUA – assentado na combinação virtuosa entre elevados níveis de produtividade e elevados níveis de protecção social.


Um terremoto está a assolar a Europa. Não é detectável nos sismógrafos convencionais porque tem um tempo de desenvolvimento atípico. Não ocorre em segundos se não em anos ou talvez décadas. Consiste na convulsão social e política que vai decorrer da destruição progressiva do chamado modelo social europeu – uma forma de capitalismo muito diferente da que domina os EUA – assentado na combinação virtuosa entre elevados níveis de produtividade e elevados níveis de proteção social, entre uma burguesia comedidamente rica e uma classe média comedidamente média ou remediada; na eficácia de serviços públicos universais; na consagração de um direito de trabalho que, por reconhecer a vulnerabilidade do trabalhador individual frente ao patrão, confere níveis de proteção de direitos superiores aos que são típicos no direito civil; no acolhimento de emigrantes baseado no reconhecimento da sua contribuição para o desenvolvimento europeu, e das suas aspirações à plena cidadania com respeito pelas diferenças culturais.

A destruição deste modelo é crescentemente comandada pelas instituições da União Europeia e pelas orientações da OCDE. Três exemplos recentes e elucidativos. A directiva européia que permite o alargamento da semana de trabalho até às 65 horas. A chamada Diretiva de Retorno, aprovada pelo Parlamento Europeu, que permite a detenção de imigrantes sem documentados até dezoito meses, incluindo crianças, o que virtualmente cria o delito de imigração

As alterações ao Código do Trabalho em vias de serem aprovadas no nosso país, cujos principais objectivos são: baixar os níveis de proteção ao trabalhador consagrados no direito do trabalho, já de si baixos pelos níveis de violação consentida; transformar o tempo de trabalho num banco de horas gerido segundo as conveniências da produção por maiores que sejam as inconveniências causadas ao trabalhador e à sua família e com o objetivo de eliminar o pagamento das horas extraordinárias; desarticular o movimento sindical através da possibilidade da adesão individual às convenções coletivas por parte de trabalhadores não sindicalizados, o que objetivamente abre as portas a todo o sindicalismo dependente e de conveniência.

Há em comum nestas medidas dois fatos que escapam por agora à opinião pública. O primeiro é que, ao contrário do que aconteceu na legislação européia anterior (que procurou harmonizar pelo padrão dos países com proteção mais elevada), a atual legislação visa harmonizar por baixo, transformando os países mais repressivos em exemplos a seguir. O segundo fato é o objectivo de fazer convergir o modelo capitalista europeu com o norte-americano. A miragem das elites tecno-políticas européias – muitas delas formadas em universidades norte-americanas – é que a Europa só poderá competir globalmente com os EUA na medida em que se aproximar do modelo de capitalismo que garantiu a hegemonia mundial deste país durante o século XX. Trata-se de uma miragem porque concebe como causas da hegemonia norte-americana o que os melhores economistas e cientistas sociais dos EUA concebem hoje como causas do declínio da hegemonia norte-americana, fortemente acentuado nas duas últimas décadas.

A transformação do trabalhador num mero fator de produção e a transformação do imigrante em criminoso ou cidadão-fachada, esvaziado de toda a sua identidade cultural são as duas fraturas tectônicas onde está a ser gerado o terramoto social e político que vai assolar a Europa nas próximas décadas. Vão surgir novas formas de protesto social, muitas delas desconhecidas no século XX. A vulnerabilidade do Estado será visível em muitas delas, tal como aconteceu com a greve de caminhoneiros, vulnerabilidade reconhecida por um primeiro-ministro cuja eventual ignorância da história contemporânea foi compensada pela intuição política: foi a greve de caminhoneiros que precipitou a queda do governo de Salvador Allende.

A quem beneficiará o fim de um sindicalismo independente e agravamento caótico do protesto social? Exclusivamente ao Clube dos Bilionários, os 1125 indivíduos cuja riqueza é igual ao produto interno bruto dos países onde vive 59% da população mundial.

sexta-feira, 11 de julho de 2008

El bumerán neoliberal

Joseph Stiglitz

La idea de que los mercados se corrigen a sí mismos y asignan por sí solos de manera más eficiente y equitativa los recursos estuvo en la base de las crisis de la década pasada y vuelve a mostrar su inconsistencia de cara a los riesgos actuales de la economía mundial.

El mundo no ha sido piadoso con el neoliberalismo, ese revoltijo de ideas basadas en la concepción fundamentalista de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos eficientemente y sirven bien al interés público. Ese fundamentalismo del mercado era subyacente al thatcherismo, a la reaganomía y al llamado "Consenso de Washington" en pro de la privatización y la liberalización y de que los bancos centrales independientes se centraran exclusivamente en la inflación.

Durante un cuarto de siglo ha habido una pugna entre los países en desarrollo y está claro quiénes han sido los perdedores: los países que aplicaron políticas neoliberales no sólo perdieron la apuesta del crecimiento sino que, además, cuando sí crecieron, los beneficios fueron a parar desproporcionadamente a quienes se encuentran en la cumbre de la sociedad.

Aunque los neoliberales no quieren reconocerlo, su ideología salió reprobada también en otro examen. Nadie puede afirmar que la labor de asignación de recursos por parte de los mercados financieros a finales del decenio de 1990 fuera estelar, en vista de que el 97% de los inversores en fibra óptica tardaron años en ver la salida del túnel; pero al menos ese error tuvo un beneficio no buscado: como se redujeron los costos de la comunicación, la India y China pasaron a estar más integradas en la economía mundial.

Pero resulta difícil ver beneficios semejantes en la errónea asignación en masa de recursos a la vivienda. Las casas recién construidas para familias que no podían pagarlas se deterioran y se destruyen, a medida que millones de familias se ven obligadas a abandonar sus hogares en algunas comunidades y el gobierno ha tenido que intervenir por fin... para retirar las ruinas.

En otras, se extiende la plaga. De modo que incluso los que han sido ciudadanos modélicos, han contraído préstamos prudenciales y han mantenido sus hogares, ahora se encuentran con que los mercados han disminuido el valor de sus hogares más de lo que habrían podido temer en sus peores pesadillas. Desde luego, hubo algunos beneficios a corto plazo del exceso de inversión en el sector inmobiliario: algunos americanos (tal vez sólo durante algunos meses) gozaron de los placeres de la propiedad de una vivienda y de la vida en una casa mayor de aquella a la que, de lo contrario, habrían podido aspirar, pero, ¡con qué costo para sí mismos y para la economía mundial!

Millones de personas van a perder sus ahorros de toda la vida, al perder sus hogares, y las ejecuciones de las hipotecas han precipitado una desaceleración mundial. Existe un consenso cada vez mayor sobre el pronóstico: la contracción será prolongada y generalizada.

Tampoco los mercados nos prepararon bien para unos precios desorbitados del petróleo y de los alimentos. Naturalmente, ninguno de esos dos sectores es un ejemplo de economía de libre mercado, pero de eso se trata en parte: se ha utilizado selectivamente la retórica sobre el libre mercado... aceptada cuando servía a intereses especiales y desechada cuando no.

Tal vez una de las pocas virtudes del gobierno de George W. Bush es la de que el desfase entre la retórica y la realidad es menor de lo que fue durante la presidencia de Ronald Reagan. Pese a su retórica sobre el libre comercio, Reagan impuso restricciones comerciales, incluidas las tristemente famosas restricciones "voluntarias" a la exportación de automóviles. Las políticas de Bush han sido peores, pero el grado en que ha servido abiertamente al complejo militar-industrial de los Estados Unidos ha estado más a la vista. La única vez en que el gobierno de Bush se volvió verde fue cuando recurrió a las subvenciones del etanol, cuyos beneficios medioambientales son dudosos. Las distorsiones del mercado de la energía (en particular mediante el sistema tributario) continúan y, si Bush hubiera podido salirse con la suya, la situación habría sido peor.

Esa mezcla de retórica sobre el libre comercio e intervención estatal ha funcionado particularmente mal para los países en desarrollo. Se les dijo que dejaran de intervenir en la agricultura, con lo que expusieron a sus agricultores a una competencia devastadora de los Estados Unidos y Europa. Sus agricultores habrían podido competir con sus colegas americanos y europeos, pero no podían hacerlo con las subvenciones de los EE.UU. y de la Unión Europea.

Como no era de extrañar, las inversiones en la agricultura en los países en desarrollo fueron disminuyendo y el desfase en materia de alimentos aumentó. Quienes propagaron ese consejo equivocado no tienen que preocuparse por las consecuencias de su negligencia profesional. Los costos habrán de sufragarlos los de los países en desarrollo, en particular los pobres. Este año vamos a ver un gran aumento de la pobreza, en particular si la calibramos correctamente. Dicho de forma sencilla, en un mundo de abundancia, millones de personas del mundo en desarrollo siguen sin poder satisfacer las necesidades nutricionales mínimas.

En muchos países, los aumentos de los precios de los alimentos y de la energía tendrán un efecto particularmente devastador para los pobres, porque esos artículos constituyen una mayor proporción de sus gastos. La indignación en todo el mundo es palpable. No es de extrañar que los especuladores hayan sido en gran medida objeto de esa ira. Los especuladores afirman no ser los causantes del problema, sino que se limitan a practicar el "descubrimiento de precios" o, dicho de otro modo, el descubrimiento --un poco tarde para poder hacer gran cosa sobre ese problema este año-- de que hay escasez.

Pero esa respuesta es falsa. Las perspectivas de precios en aumento y volátiles animan a centenares de millones de agricultores a adoptar precauciones. Podrían ganar más dinero, si acaparan un poco de su grano hoy y lo venden más adelante y, si no lo hacen, no podrán sufragarlo, en caso de que la cosecha del año siguiente sea menor de lo esperado. Un poco de grano retirado del mercado por centenares de millones de agricultores en todo el mundo contribuye a formar grandes cantidades. Los defensores del fundamentalismo del mercado quieren atribuir la culpa del fracaso del mercado a un fracaso del gobierno. Se ha citado a un alto funcionario chino, quien ha dicho que el problema radicaba en que el gobierno de los EE.UU. debería haber hecho más para ayudar a los americanos de pocos ingresos con su problema de la vivienda.

Estoy de acuerdo, pero eso no cambia los datos: la mala gestión del riesgo por parte de los bancos de los EE.UU. fue de proporciones colosales y con consecuencias mundiales, mientras que los que gestionaban esas entidades se han marchado con miles de millones de dólares de indemnización. Hoy hay una desigualdad entre los rendimientos privados y los sociales.

Si no están bien a la par, el sistema de mercado no puede funcionar bien. El fundamentalismo neoliberal del mercado ha sido siempre una doctrina política al servicio de ciertos intereses. Nunca ha recibido una corroboración de la teoría económica, como tampoco --ahora ha de quedar claro-- de la experiencia histórica. Aprender esta lección puede ser el lado bueno de la nube que ahora se cierne sobre la economía mundial.

quinta-feira, 10 de julho de 2008

América Latina: necesidad y posibilidades de otra economía


José Luis Coraggio
Red de Investigadores Latinoamericanos de Economía Social y Solidaria


El sistema capitalista muestra en la periferia latinoamericana sus peores tendencias: arrasar con lo que se haya logrado de las mismas condiciones que ese sistema institucionalizó como mecanismo material y simbólico de integración: el trabajo asalariado con derechos sociales que debían ser garantizados por el Estado; arrasar con las bases naturales de la vida, llevándose no sólo los productos de la tierra sino la tierra misma, su fertilidad, su agua, sus balances climáticos. Y ni siquiera en los países donde logra tasas inéditas del tan ansiado crecimiento económico se revierte ese proceso. La pobreza y la indigencia pueden cambiar momentáneamente sus números pero la tendencia a la degradación de la calidad de la vida continúa, se extiende el avance de las formas más perversas de explotación de los seres humanos y la naturaleza. Esta economía capitalista periférica no va a integrar por sí sola sociedades justas, que requieran y permitan el reconocimiento y el desarrollo pleno de las personalidades y capacidades de todos los individuos y comunidades. Se requiere una política democrática y poder social de las mayorías.

Los trabajadores, precarizados, excluidos, fragmentados como clase, reaccionan, actúan y reflexionan. Economía solidaria, de la solidaridad, popular, social, social y solidaria, comunitaria, del trabajo, de la vida. En esta región estamos buscando un nombre para una variedad de prácticas de construcción de formas económicas no capitalistas que intentan resolver el acuciante problema del sustento cotidiano inmediato, pero no sólo eso, sino la institucionalización de valores de solidaridad. La solidaridad entre los trabajadores de una cooperativa de producción o de consumo, entre los miembros de una comunidad étnica, entre los vecinos de una asociación por un hábitat saludable, entre los trabajadores sindicalizados, entre los trabajadores que recuperaron y autogestionan una empresa quebrada, entre los miembros de una familia ampliada, entre los participantes en una red de comercio justo, entre los pobres, entre las diversas formas del saber, esa solidaridad, que no es fácil de obtener, pues supone una práctica compleja, con aspectos político-ideológicos, tecnológicos, organizacionales, jurídicos, comunicativos, afectivos, y una lucha constante para mantenerla, ampliarla y consolidarla, es insuficiente.

Para dar un ejemplo: la cooperativa puesta a competir por su supervivencia en el mercado actúa competitivamente, motivada por el egoísmo particular no ya de ganar sin límite, pero sí de asegurar la mejor calidad de vida para sus miembros. Y al hacerlo, lucha contra las fuerzas del mercado: la de otros productores, capitalistas o no, nacionales o del extranjero, pugnando por vender sus productos, compitiendo por precios o tratando de ganar la fidelidad de los consumidores; la del sistema financiero que usualmente los discrimina; la de las regulaciones y normas que aplica el Estado, usualmente pensadas para la empresa de capital; o las rígidas instituciones del cooperativismo tradicional. Confronta también la hegemonía de una cultura individualista, calculadora, mercantilista, de manipulación del otro, de la desconfianza y el escepticismo, del inmediatismo, de la preferencia por el pequeño emprendimiento bajo control personal antes que por la asociación con otros.

No es suficiente, entonces, con generar nichos de solidaridad, de eficiencia social según criterios que la sociedad no internalizó y reproduce como sentido común. Es preciso ir por más: por otra economía, por otra política, por otra sociedad, por otra cultura, por otro mundo.

Como megaestructuras tan complejas no se modifican por la pura acción decidida de unos pocos (la idea de la “toma del poder” para revolucionar la sociedad no goza de legitimidad, o en todo caso se reconoce que el poder social se construye lenta y trabajosamente), y como no existe un paradigma plausible de esa otra sociedad, de sus instituciones, de sus subjetividades, de sus formas de sociabilidad en la diversidad, de su modo de actuar lo político, de su vinculación con otras sociedades en un mundo global, estamos en un momento de reacción, experimentación, aprendizaje, de lenta recuperación de la memoria, de la perspectiva histórica y de una mirada con un horizonte del largo período, de reflexión sobre las prácticas, de articulación desde lo micro y lo local en procesos de coalescencia a nivel mesosocial de proyectos, grupos, comunidades, redes, movimientos que atinan a saltar las fronteras nacionales como el Foro Social Mundial demuestra.

Las nuevas iniciativas microsociales para resolver lo que Polanyi llamaba “el sustento del hombre” tienen un potencial para mostrar opciones individuales o grupales, y se están difundiendo, pero no tienen aún ni la escala, ni la complejidad adecuadas, ni se ha logrado avanzar lo suficiente en la vinculación práctica entre la Teoría Crítica y la indispensable racionalidad instrumental. Franz Hinkelammert ha planteado la irracionalidad social del abandonarnos a la racionalidad formal de medios a fines, que caracteriza tanto las propuestas de la teoría económica hegemónica, como el sentido común legitimador de este sistema. Y propone una perspectiva de racionalidad reproductiva de la vida de todos, una economía en que quepamos todos, como dicen los Zapatistas.

Paul Singer y Luiz Inacio Gaiger han explorado la idea de que pueda existir un Modo de Producción Solidario, capaz de reproducir sobre sus propias bases una sociedad con esos valores (sin conclusiones definitivas). Para ampliar el espacio de diálogo, recordemos que para autores incluso antiutilitaristas como Alain Caillé, la posibilidad de que la economía sea ella misma solidaria es un sinsentido, porque la solidaridad social se logra por la política democrática y por una sociedad de asociaciones libres que limitan, regulan, encastran a esa economía que no podría dejar de ser un aspecto de la vida, el relativo al economizar, al calcular, al intercambiar buscando ventajas y soluciones para las propias necesidades. Jean-Louis Laville propone mantener la diferenciación Polanyiana entre la economía formal y la sustantiva y afirma la necesidad de una teoría pluralista de la acción económica como acción social. Volviendo a América Latina, Aníbal Quijano considera que, más allá de formas fragmentarias, no podrá existir una economía alternativa sin una estructura de autoridad alternativa a cualquiera de las variantes del Estado capitalista.

Desafíos
Enfrentamos muchos desafíos: ¿puede haber un sistema de comercio justo generalizado, no limitado a círculos que vinculan grupos muy desiguales en su nivel de riqueza? ¿Cómo establecer no sólo algunos precios justos para algunos productos y algunos grupos concretos, sino un Sistema de Precios alternativo al que hoy producen los mercados globales? ¿Puede transformarse radicalmente el sistema financiero y el control del dinero, cuando los mismos actores de la economía popular aceptan y valoran un microcrédito usurario y disciplinador y prefieren la moneda de curso legal a las monedas locales? ¿Qué eficacia tiene la autonomía del proceso de trabajo autogestionado, si no se dan transformaciones radicales en las mediaciones culturales y políticas que entretejen el lazo social, incluido el de la participación en un sistema de división del trabajo?

¿Podemos recuperar el poder del conocimiento en todas sus formas, el ancestral, el práctico, el científico-técnico, e incorporarlo como “intelecto general” en todos los actores e instituciones de esa otra economía y no sólo en el capital fijo y esa capa de analistas simbólicos? ¿Podemos recuperar el acceso justo a la tierra y el agua para los que la trabajan y producir los alimentos que necesitan las comunidades y regiones para asegurar su sustento y a la vez contribuir a producir lo que necesitan los trabajadores de otros continentes, superando no sólo el comercio sino el consumo desigual? ¿Podemos construir otra economía sin previa o simultáneamente construir otra política, que reconstituya la voluntad de las mayorías por una transformación social anticapitalista? ¿Cómo pensar en el sujeto de esa economía si no es superando al sujeto metafísico de la modernidad por el sujeto corporal, necesitado, superando el eurocentrismo y posicionándonos éticamente del lado de las víctimas del colonialismo?

Esos desafíos auguran una larga fase de transición, en la que los promotores colectivos compartiendo estrategias y el Estado en todas sus instancias (nacional, provincial y local) deberán cumplir un papel crítico. La aplicación con justicia reparatoria y eficacia social del principio de redistribución de recursos materiales y de conocimiento, la redefinición de los marcos normativos, la producción y provisión de bienes públicos de alta calidad, y políticas macroeconómicas que contribuyan a la protección de este sector son condiciones generales del desarrollo de un sector orgánico de economía social que, a nuestro juicio, nunca se podrá sostener exclusivamente sobre sus propias bases sin un Estado coherente y activo. Todas las políticas públicas tienen repercusión sobre ese desarrollo posible, no es cuestión de un Ministerio, Secretaría o Dirección a cargo, salvo que tenga la posibilidad de convocar y coordinar los diversos programas sectoriales. Esto, por sí mismo, supone cambios significativos en la cultura política y burocrática del Estado.

Por debajo de las tendencias de las agobiantes estadísticas y el sentido común legitimador del posibilismo, la barroca América Latina está en movimiento. De la conjunción del imperativo de subsistir, las pedagogías reflexivas y las acciones que van recuperando, sintetizando, esa amplia gama de movimientos e intelectuales no academicistas que actúa, explora, registra y sistematiza
participativamente, que recuperan y desarrollan la cultura comunitaria y anticolonial de los pueblos originarios o de los descendientes de esclavos, el socialismo de Mariategui y otros grandes pensadores de esta región, la teología de la liberación, la educación popular freireana, la teoría de centro-periferia, la cultura popular de la “informalidad”, cabe esperar que emerjan anticipaciones plausibles de uno o varios sistemas de producción y reproducción cuya articulación en una larga transición puede generar otro modo de resolver la cuestión del sustento y la reproducción ampliada de la vida de todos con dignidad y justicia.

Noam Chomsky: "EUA insistem em manter uma atitude de Estado fora da lei"


Entrevista concedida a Wajahat Ali, cidadão paquistanês e norte-americano, muçulmano, autor teatral, ensaísta, humorista e advogado.

P: Em 1969 o senhor publicou seu primeiro trabalho político de importância, “American Power and the New Mandarins” (O poder norte-americano e os novos mandarins) uma acerada crítica à intervenção dos Estados Unidos no Vietnã e no Sudeste asiático. Como sabe, muitos estabelecem paralelos entre a atual guerra do Iraque e a do Vietnã. Outros, é claro, rejeitam esta comparação. O senhor, como pessoa com grande experiência no estudo de ambos os momentos, tão significativos historicamente, considera que esse paralelismo é prematuro e ousado? Ou acredita que podem ser estabelecidas semelhanças importantes entre ambas as guerras no que se refere à intervenção norte-americana?

Chomsky
: A primeira semelhança guarda relação com o modo de considerar as guerras nos Estados Unidos e no Ocidente em geral. Marginais a parte, as opiniões oscilam entre o que se conhece como falcões e pombas. Em ambos os casos, os falcões garantiam que uma intervenção maior dos Estados Unidos poderia levar à vitória. As pombas, também nos dois casos, participam da opinião expressa por Barack Obama sobre o Iraque (trata-se de uma gafe estratégica, que está saindo cara demais para nós) ou pelo destacado historiador de centro-esquerda e assessor de Kennedy, Arthur Schlesinger, em 1966, quando o Vietnã já aparecia como uma aventura custosa demais para os Estados Unidos. Schlesinger afirmou na época: todos rezamos para que os falcões tenham razão e que um número maior de tropas nos traga a vitória. E, se no fim, resultar que temos razão – dizia – todos elogiaremos a sabedoria e a liderança do governo norte-americano, que conseguiu uma vitória deixando para atrás esse trágico país destripado e devastado pelas bombas, queimado pelo napalm e desertificado pela defoliação química, um país de ruína e escombros, com seu tecido político e institucional totalmente destruído.

Mas Schlesinger não acreditava que a escalada teria sucesso, e sim, pelo contrário, que poderia nos custar caro demais, o que parecia indicar a necessidade de pensar novamente toda a estratégia. A posição das pombas em relação ao Iraque é bastante parecida. Se, por exemplo, o general Petraeus pudesse conseguir algo parecido ao que Putin conseguiu na Chechênia, seria elevado aos altares, com o aplauso das pombas progressistas.

É quase inconcebível, dentro dos rumos estabelecidos da cultura intelectual ocidental, a possibilidade de se fazer uma crítica da guerra baseada em questões de princípio, ou seja, o tipo de crítica que fazemos, reflexiva e adequadamente, quando algum país inimigo comete uma agressão: por exemplo, quando a Rússia invadiu a Checoslováquia, o Afeganistão ou a Chechênia. Não criticamos estas ações por razões de custo, erro, por terem sido uma grande gafe ou por estancamento. Em vez disso, condenamos essas ações como horrendos crimes de guerra, tanto se elas são bem-sucedidas quanto se não.

Em si mesmas, as guerras do Vietnã e do Iraque, contudo, são muito diferentes por seus motivos e caráter. O Vietnã não tinha, por si mesmo, nenhum valor para os Estados Unidos, embora o presidente Eisenhower tenha tentado conseguir apoio para a sua violação dos acordos de paz de Genebra recorrendo aos recursos, de estanho e borracha disponíveis naquele país. Se o Vietnã tivesse desaparecido do mapa, afundado no mar, isso não teria significado grande coisa para os planejadores norte-americanos. O Iraque é uma coisa totalmente diferente. Tem, provavelmente, as segundas maiores reservas petrolíferas do mundo, com a particularidade extra de que são de fácil extração. E, além disso, está exatamente no centro geográfico mundial dos maiores recursos energéticos mundiais, facilmente exploráveis.

No caso do Vietnã, a preocupação consistia em que um desenvolvimento independente e bem-sucedido desse país podia ser um vírus que poderia estender o contágio para outros, se aceitarmos a retórica de Henry Kissinger em relação ao socialismo democrático no Chile. Este raciocínio tem sido o motivo primordial de intervenção militar e de subversão em todo o mundo a partir da II Guerra Mundial, é a versão racional da teoria do dominó. O contágio consiste em que outros que sofrem dos mesmos males possam ver em um desenvolvimento independente e exitoso um modelo, e possam tentar seguir por esta mesma via, o que provocaria a erosão do sistema de dominação. Por isso, até o mais pequeno e débil país representa uma ameaça extrema à ordem.

Os assuntos internacionais são, em grande medida, como os assuntos da máfia: um Padrinho não pode tolerar a desobediência, nem sequer a de um pequeno lojista que se recuse a pagar pela proteção, porque a maçã podre poderia fazer apodrecer o barril inteiro, na terminologia dos planejadores norte-americanos: aqui, a podridão consiste em um desenvolvimento independente exitoso, à margem do controle norte-americano. Temia-se que o Vietnã pudesse infectar seus vizinhos, como a Indonésia, com seus ricos recursos. E que o Japão – que o destacado historiador da Ásia John Dower chamava de superdominó– pudesse acomodar-se a uma Ásia Oriental independente, transformando-se, com isso, em seu centro industrial e tecnológico, tornando realidade a nova ordem que o Japão fascista havia tentado construir pela força durante a II Guerra Mundial. Os Estados Unidos não estavam dispostos a perder a fase do Pacífico da II Guerra Mundial apenas poucos anos depois.

Quando se teme que o contágio possa se estender é preciso destruir o vírus e inocular aqueles que poderiam se infectar. E esta operação foi feita. O Vietnã sofreu uma quase total destruição (assim como toda a Indochina, quando os EUA estenderam sua guerra para o Laos e a Camboja). No fim de 1960, era evidente que nunca poderia ser modelo para ninguém e que a mera sobrevivência seria obra da providência. E a região foi inoculada por meio da imposição de tiranos assassinos: Suharto na Indonésia, Marcos nas Filipinas, etc. O golpe militar de Suharto, em 1965, foi particularmente importante, e foi descrito com toda precisão: o New York Times afirmou que se tratava de um “assassinato massivo horripilante” –e também como “um raio de luz na Ásia”–, em momentos em que o exército do ditador assassinava um número estimado em um milhão de pessoas, em sua maior parte camponeses sem terras; destruía o único partido político popular de massas do país, um partido dos pobres, como foi descrito pelo especialista australiano Harold Crouch, e abria a porta dos ricos recursos do país para sua exploração pelas corporações ocidentais. A euforia nem sequer foi dissimulada. Retrospectivamente, o assessor de segurança nacional de Kennedy e Johnson, McGeorge Bundy, afirmou que os Estados Unidos poderiam ter posto fim à guerra do Vietnã em 1965, depois desta grande vitória da liberdade e da justiça.

Os Estados Unidos conseguiram uma significativa vitória na Indochina, apesar de não terem conseguido seu objetivo máximo: instalar um Estado satélite. Por conseguinte, para a consciência imperial a guerra do Vietnã foi um desastre.

Como já disse, o Iraque é outra coisa. É valioso demais para ser destruído. É fundamental que permaneça sob o controle dos EUA, na medida de tudo o que for possível, em forma de Estado satélite obediente que abrigue importantes bases militares norte-americanas. Sempre foi evidente que este era o objetivo primordial da invasão, mas agora isso não precisa sequer ser discutido. Estes planos foram explicitados pelo governo Bush com sua declaração de novembro de 2007 e por afirmações posteriores, acompanhadas da descarada exigência de que as grandes corporações norte-americanas do petróleo tenham acesso privilegiado às enormes reservas de cru do Iraque.

P: Parece que o público norte-americano finalmente descobriu, depois de 60 anos, a existência do Paquistão. O general Musharraf é sincero quando afirma querer reconstituir a democracia em seu país? Concretamente, por que os Estados Unidos confiam em Musharraf mais do que em outros rivais potenciais, como Bhutto e Zardari, do PPP, Nawaaz Sharif, etc., em sua guerra contra o terrorismo e sua busca e captura de Bin Laden?

Chomsky
: Não devemos perder tempo valorando as intenções de Musharraf de reconstituir a democracia. Os Estados Unidos apoiaram-no tanto tempo quanto possível, do mesmo modo que apoiaram outros tiranos, como Zia ul-Haq. A escolha de um determinado aliado é feita seguindo um critério muito simples: trata-se de buscar o satélite mais leal, aquele que mais nos garanta que vai obedecer ordens. Apesar de alguma exceção ocasional, a uniformidade é impressionante.

P: Recentemente, um relatório dos serviços secretos dos EUA afirmava que o Irã tinha finalizado com sucesso um programa de armas nucleares há quatro anos. O Irã afirma que, na verdade, nunca teve um programa deste tipo. Contudo, o presidente Bush, o presidente israelense Olmert e altos cargos de Washington garantem que o Irã continua sendo uma grande ameaça e que persegue a obtenção de armas nucleares. São sustentáveis estas opiniões dos EUA e Israel? E se não são, qual é a razão da retórica de enfrentamento com o Irã, e de que modo favorece a política exterior dos EUA na região do Oriente Próximo?>

Chomsky: Estas afirmações deveriam ser avaliadas pela Agência Internacional de Energia Atômica. Eu, é claro, não tenho nenhum conhecimento especial. Não seria tão surpreendente que descobrissem que o Irã tem algum tipo de programa de armas nucleares, junto, talvez, com planos de emergência. As razões foram expostas por um dos mais importantes historiadores de Israel, Martin van Creveld, quando disse que o Irã estaria completamente louco se não desenvolvesse uma arma de dissuasão nuclear nas atuais circunstâncias: com as forças hostis de uma superpotência violenta em duas de suas fronteiras e uma potência regional hostil (Israel) que dispõe de centenas de armas nucleares clamando por uma mudança de regime no Irã.
Contudo, as provas disponíveis indicam que se esse país já teve um programa assim, ele foi encerrado há alguns anos.

Da perspectiva norte-americana, o Irã cometeu um grave crime em 1979. Como é sabido, em 1953, os Estados Unidos e o Reino Unido desmantelaram a democracia parlamentar iraniana e instalaram um brutal tirano, o Xá, que foi um baluarte do controle norte-americano na rica região petrolífera até 1979, quando foi deposto após um levantamento popular. Tratava-se de um caso bastante parecido ao da derrocada do ditador Batista em Cuba, em 1959, e de outros atos de desafio exitoso aos princípios de Washington, segundo o termo cunhado em seus documentos internos. O Padrinho não pode tolerar um desafio exitoso. É uma ameaça grande demais ao que chamam de estabilidade, ou seja, à obediência aos senhores.

A independência iraniana não é um problema menor. Ameaça o controle norte-americano de um dos butins mais valiosos do mundo, o petróleo do Oriente Próximo. Como conseqüência, desde 1979 os Estados Unidos têm sido duramente hostis com o Irã. Washington respaldou o feroz e mortífero ataque de Sadam Hussein contra o Irã e, inclusive, uma vez terminada a guerra continuou apoiando esse aliado até o ponto de convidar engenheiros nucleares iraquianos para receberem formação avançada para o desenvolvimento de armas nucleares, em 1989. Mais tarde, promulgou graves sanções contra o Irã, ao mesmo tempo que lançava freqüentes ameaças de atacar esse país e derrocar seu governo.

E assim até hoje. Atualmente, 15 de junho de 2008, a agência de notícias Reuters informa o seguinte: “Os analistas estimam que se forem oferecidas ao Irã garantias de segurança –uma idéia lançada pela Rússia– seria possível sair do ponto morto atual, considerando que estas garantias constituem o objetivo fundamental do Irã, dada a política de Bush de mudança de regime referente a esse país. Mas os Estados Unidos afirmaram, no mês passado, que as grandes potências não tinham planos de compromisso em matéria de segurança com Teerã.”

Em poucas palavras, os EUA insistem em manter sua atitude de Estado fora da lei, rejeitando os princípios fundamentais do Direito Internacional, entre outros a Carta das Nações Unidas, que proíbe o uso da força nos assuntos internacionais. Bush conta com o apoio dos dois principais candidatos presidenciais de 2008 e com o das elites dos EUA e da Europa, ainda que não com o da opinião pública norte-americana, que apóia com grande margem a diplomacia e opõe-se às ameaças de guerra. Mas a opinião pública é, em grande medida, irrelevante na hora de elaborar as políticas, e não apenas neste caso.

A classe política, em toda sua amplitude e com raras exceções, está comprometida com a manutenção do controle norte-americano dos principais recursos energéticos do mundo, e com o castigo dos desafios exitosos. Por conseguinte, os EUA têm feito grandes esforços para mobilizar uma aliança contra o Irã entre os Estados sunitas da região, embora sem muito sucesso. As duas viagens de Bush para a Arábia Saudita, no início de 2008, foram, neste sentido, fracassos sem paliativos.

A imprensa saudita, normalmente muito comedida com os visitantes importantes, condenou as políticas propostas por Bush e pela secretária de Estado, Condoleezza Rice, como “não uma diplomacia em busca da paz, mas uma loucura em busca da guerra.” As monarquias do Golfo Pérsico não são amigas do Irã, mas aparentemente preferem acomodar-se e não entrar em confronto, o que constitui um duro golpe para as políticas norte-americanas. Washington está diante de problemas similares no Iraque e no Líbano. Em um segundo plano, existe uma preocupação mais profunda: que os países produtores de energia da região possam voltar-se para o Leste e, inclusive, que sigam o exemplo do Irã de estabelecer vínculos com a Organização de Cooperação de Shanghai (1), na qual a Índia, Paquistão e Irã participam como observadores, participação que foi negada a Washington.

P: O conflito entre sunitas e xiitas tem se agravado sensivelmente nestes últimos anos, especialmente no Iraque, devido à crescente insurgência e à guerra civil desatada pela queda de Sadam Hussein e o vazio de poder que seguiu. O senhor acha que esse conflito sunita-xiita pode se estender para todo o Oriente Próximo. Em caso afirmativo, como isso ocorreria, especialmente em países como Iraque, Irã e Líbano e em relação à guerra contra o terrorismo? Vamos testemunhar mais atos terroristas, mais extremismo e mais antiamericanismo, ou será que este “divide e vencerás” pode ajudar as forças norte-americanas e as políticas estrangeiras a pacificarem a região?

Chomsky: Segundo estudos sobre a opinião pública iraquiana, realizados pelo Pentágono, os conflitos sectários do Iraque não foram causados “pela queda de Sadam Hussein e o vazio de poder que seguiu”, senão pela agressão norte-americana. Se você me permite citar o resumo, publicado pelo Washington Post, dos documentos do Pentágono publicados em dezembro de 2007, ele afirma: “Iraquianos de todos os grupos sectários e étnicos acreditam que a invasão militar norte-americana é a raiz primordial das violentas diferenças entre eles e consideram que a saída das forças de ocupação é fundamental para a reconciliação nacional.”

Como eu já disse, os Estados Unidos não tiveram muito sucesso em sua inspiração de um conflito regional entre sunitas e xiitas, mesmo que as tensões entre eles sejam bem reais e inquietantes. A invasão do Iraque potencializou os atos de terrorismo muito mais do que teria sido possível pensar de antemão, ao ponto de que algumas estimativas, como as realizadas pelos especialistas em terrorismo Peter Bergen e Paul Cruickshank após a análise de cifras semi-oficiais, chegam a considerar que se multiplicaram por sete. O que vai acontecer a seguir depende, em larga medida, de quais sejam as políticas norte-americanas, apesar de que também há muitos fatores internos próprios desta complexa região.

P: No dia 20 de setembro de 2006, o presidente venezuelano, Hugo Chávez, promoveu seu livro “Hegemony or Survival: America’s Quest for Global Dominance” (2) na Assembléia Geral das Nações Unidas, e elogiou o senhor por demostrar que o maior perigo para a paz mundial, nestes momentos, são os Estados Unidos. Imediatamente, houve um grande alvoroço nos meios de comunicação. O senhor, por sua vez, recusou os pedidos de entrevistas porque, na sua opinião, os entrevistadores nem sequer haviam se incomodado em ler o livro e discutir seu conteúdo e estavam, em vez disso, à procura de sensacionalismo. Existe nos meios de comunicação norte-americanos um lugar para o jornalismo informativo e educativo e para a informação contrastada que não esteja tingida de sensacionalismo ou retórica promocional? O surgimento da Internet –os blogs, YouTube, os webzines, etc.– permite contrabalançar o que o senhor tem chamado de fabricação do consenso, consistente em que organismos poderosos, como as grandes corporações e o governo norte-americano, forneçam à mídia e ao público informação preparada, propaganda e meias-verdades adequadas?

Chomsky: Se eu tivesse que me limitar a um único jornal, escolheria o New York Times, apesar de já ter escrito centenas de páginas nas quais documento em detalhe suas falsas representações, distorções e cruciais omissões à serviço do poder. E faria essa escolha por sua importância e recursos superiores aos demais. Aprende-se muito com uma leitura atenta e crítica dos meios de comunicação dominantes, apesar de que existem outras fontes também valiosas. A Internet permite ter acesso a uma grande variedade de informação, opinião e interpretação. Mas, como qualquer outra fonte, é útil só com a condição de que seja utilizada de um modo discriminado e reflexivo. Os melhores biólogos não são aqueles que leram mais publicações técnicas de seu âmbito, mas aqueles que dispõem de um marco de compreensão que lhes permite selecionar o que pode ser significativo, mesmo que de resto um determinado documento tenha pouco valor. Este mesmo tipo de discernimento é necessário no estudo dos assuntos humanos.

P: Seus críticos –e há muitos deles– afirmam que sua retórica e ideologia parece um disco riscado: uma interminável ladainha e um monte de ataques repetitivos à política exterior norte-americana e às suas ações militares. Como o senhor responde aos críticos que afirmam que sua descrição da política exterior dos EUA é simplista e cínica? Os Estados Unidos são, realmente, um império do mal? Não existem casos em que a intervenção norte-americana ou a ajuda desse país tenha respondido a critérios altruístas, seguindo os ideais da Constituição?

Chomsky: Este tipo de crítica de que você fala tem sido feita aos dissidentes de quase todas as sociedades na história da Humanidade, ou seja, não se deve dar a mínima para elas. Se os críticos têm argumentos e provas, vou estudá-los com prazer, neste âmbito assim como em qualquer outro. Quando o único que há são crises de birra do tipo que você menciona, podemos descartá-las como novos exemplos daquilo que o criador da teoria das relações internacionais realistas, Hans Morgenthau, chamou “nossa conformista obediência àqueles que têm o poder”, referindo-se aos intelectuais norte-americanos –e aos ocidentais em geral–, apesar das eventuais excepções. Eu não respondo a estas acusações de que descrevo os Estados Unidos como um império do mal, porque esta acusação é uma montagem infantil feita por apologistas desesperados do poder estatal.

De fato, costumo insistir em que os Estados Unidos são como qualquer outro sistema de poder. É verdade que esta afirmação é intolerável para nossos nacionalistas, que insistem no excepcionalismo dos EUA, assim como é para os líderes políticos e as classes intelectuais em outros Estados poderosos, passados e presentes, com muita freqüência. Quanto ao caráter genuinamente altruísta das nossas intervenções, é difícil encontrar exemplos no passado, tal como a pesquisa histórica demonstra, mesmo que, é claro, cada intervenção seja apresentada como altruísta por parte de seus perpetradores, por mais monstruosas que sejam. A imagem é mais ambígua no que se refere à ajuda, mas não muito diferente quando observamos em detalhe, e se ajusta também a um universal histórico, como eu tenho dito.

P: Na sua opinião, o veto que a Universidade DePaul impôs à nomeação do professor Norman Finkelstein, devido à sua mordaz crítica e refutação do livro de Alan Dershowitz, “Case for Israel” é indicativa do clima de probidade e integridade intelectual nos Estados Unidos? Será que é um aviso aos acadêmicos e intelectuais que não se ajustam às consignas e questionam abertamente a ideologia que defendem os poderosos grupos de interesses e os lobbies? Ou será que é só um incidente isolado, que não tem outras implicações em relação ao ambiente intelectual pós 11 de setembro?

Chomsky: O comportamento da Universidade DePaul ao rejeitar a recomendação dos professores para a nomeação de Finkelstein foi, sem dúvida, deplorável, mas este caso não pode ser generalizado. Tem características específicas, especialmente o papel do desesperado e fanático professor da Faculdade de Direito de Harvard, Alan Dershowitz. Finkelstein demonstrou com impecável rigor acadêmico que Dershowitz é um difamador, um mentiroso e um vulgar apologista dos crimes do Estado que defende. Em um primeiro momento, Dershowitz removeu céu e terra para impedir a publicação do escrito de Finkelstein; após fracassar nisso, lançou uma cruzada histérica para tentar suprimir seu conteúdo. Não é um idiota e sabe que não pode responder em termos de fatos e argumentos, ou seja que recorreu àquilo que é habitual nele: uma seqüência de ataques e insultos e uma extraordinária campanha de intimidação, à qual, finalmente, sucumbiu a direção da Universidade, aparentemente por temor a uma eventual mobilização de seus patrocinadores. Esta depravada atuação tem sido analisada com muito detalhe em publicações apropriadas, como Chronicle of Higher Education , e não vou me estender mais aqui.

É verdade que há iniciativas importantes para impedir um debate honesto e independente dos assuntos do Oriente Próximo, especialmente os relativos a Israel. Não obstante, este é um caso especial, que não tem nenhuma relação com o ambiente intelectual posterior ao 11 de setembro.

Notas:
(1) A Organização de Cooperação de Shanghai (OCS) é um organismo intergovernamental fundado em 14 de Junho de 2001 pela R.P. da China, Rússia, Kazaquistão, Kirguistão, Tadjiquistão e Uzbequistão, dedicado a assuntos de cooperação econômica, cultural e de segurança. (N. do T.)
(2) Hegemonia ou sobrevivência : Estats Units a la recerca do domini global, Editorial Empuries, 2004 (em catalão); Hegemonia ou sobrevivência: a estratégia imperialista dos Estados Unidos, Edições B, 2005 (em espanhol).

Tradução para o Português: Naila Freitas/Verso Tradutores